miércoles, 25 de diciembre de 2024

(T3) CAPÍTULO 63: ME ENCANTA TENERTE AQUÍ

 


Narra Henry:

 

Unos gritos desgarradores, hicieron que recuperase la consciencia.

Abrí los ojos lentamente sin ser capaz de reconocer la panorámica que tenía frente a mis ojos.

El avión se había estrellado. Un grupo de supervivientes chillaba a más no poder entre el medio de los árboles. 

Una niebla espesa opacaba prácticamente todo el lugar. Era muy difícil saber donde nos encontrábamos. 

Pude ver a lo lejos una de las alas del avión, más destrozada que intacta. O eso parecía. 

Había restos del mismo por todos los lugares del bosque. 

La niebla era provocada por el humo y por los motores de la aeronave, totalmente quemados.

¿Dónde estaría Lola? ¿Miguel y Marina estarían bien? Debía buscarles entre la muchedumbre y los árboles.

Coloqué mis manos en el suelo, sobre un montón de hojas y tierra seca pero me fue imposible estirar el brazo derecho. Creo que estaba distendido. 

Intenté apoyarme en el izquierdo, haciendo toda la fuerza posible para poder impulsarme y así, levantarme. 

Encontré una de las ruedas del tren de aterrizaje en mi intento, totalmente cubierta de tierra y carcomida.

Me puse de cuclillas y apoyándome nuevamente en el brazo izquierdo, por fin, conseguí erguirme de pie. Al estar recostado, no me resultó tan complejo.

Di un paso al frente comprobando mis capacidades cognitivas. Mis cinco sentidos parecían estar en orden. Aunque un grave dolor de cabeza, me consumía por completo.

- Lola - murmuré aún resentido por el dolor que estaba sintiendo - ¡Lola! - bramé esta vez más fuerte para que pudiese escucharme.

Los pasajeros seguían chillando sin cesar. Eran gritos incomprensibles, no sabía de donde provenían.

- ¡Miguel! ¿Dónde estás? - grité un poco más fuerte esta vez para que pudiesen escucharme - No veo nada.

Tropecé contra algo y me caí de rodillas. 

- Maldita sea - susurré mientras intentaba incorporarme apoyando una mano en la tierra. Pero esta vez, no era lo que estaba tocando. Bajé la mirada y vi un cuerpo totalmente desfigurado. 

-¡Joder! - grité mientras me desplazaba por el suelo intentando apartarme lo máximo posible. Me quedé sentado mientras las lágrimas comenzaban a botar bruscamente por mi rostro. 

Nos íbamos de vacaciones, a pasar unos días de relax, lejos de la rutina y de los problemas que nos rodean y aquí estamos, en un círculo de miedo y terror. Lleno de sangre, de almas sin vida y olor a hierro.

Había convencido a Lola para venir y había puesto su vida en riesgo. Solo esperaba que estuviese bien. Todo esto había sido mi culpa, la he expuesto a este dolor, después de aquella noche en el pub que aún ronda su mente. No iba a perdonarme en la vida.

- ¿Henry? - escuché una voz conocida a lo lejos. Mis sentidos parecieron ponerse alerta de nuevo - Me pareció escuchar tu voz.

Vi a alguien entre la niebla que de repente, se desplomó ante mis ojos. Me acerqué como pude, aún entre lágrimas. Pude ver el rostro de Marina. Tenía alguna herida en el rostro, no parecían profundas. Su jersey estaba lleno de sangre y deshilado. Levanté el jersey buscando alguna herida en el torso, no había ninguna salvo pequeños moratones. La sangre no era de ella. 

- Marina, ¿me oyes? - puse ambas palmas de las manos en su rostro. Comencé a zarandearla intentando que recuperase el conocimiento. Puse la oreja sobre su sistema respiratorio, le costaba respirar.

- No te vas a ir, tú no - comencé a realizarle una reanimación cardiopulmonar. Esperando no romperle las costillas. Era la primera vez que la hacía, aunque la teoría me la sabía a la perfección.

Le hice compresiones, mientras el dolor de mi brazo aumentaba por minutos. Era muy complicado hacerlo bien de esta forma. Presioné con un poco de fuerza sobre el esternón mientras la canción de "Stay in Alive" resonaba en mi mente. Realicé 30 compresiones y luego comencé con el boca a boca, Colocándole dos dedos bajo la barbilla, incliné su cabeza hacia atrás con la otra mano y abrí su boca. 

Apreté con suavidad su pequeña nariz y tomé una respiración profunda antes de sellar su boca con mis labios y expulsar todo el aire contenido en ella. Su pecho comenzó a elevarse. Eso significaba que lo estaba haciendo bien. Cuando bajó de nuevo, repetí los pasos una vez más. Al terminar, volví a realizar las comprensiones y de nuevo, dos respiraciones.

De repente, Marina comenzó a toser y poco a poco fue abriendo los ojos. 

- Pensé que me moría - habló entre susurros mientras aún recuperaba el aliento. 

- No hables, debes recuperar fuerzas. Inhalaste mucho humo - susurré mientras acariciaba su rostro con mis pulgares y una pequeña sonrisa se dibujaba en mi rostro.

- Perdí mi anillo. Perdí mi anillo - escuchamos una voz masculina resurgir de entre los árboles - ¿Podéis ayudarme a encontrarlo? Perdí mi anillo.

Era un hombre de mediana edad. Tenía una gran herida en la cabeza que aún sangraba y nos mostraba su mano, tan solo tenía dos dedos. El accidente había provocado que tres de ellos fuesen rasurados.

- Perdí mi anillo.

- Tranquilícese, está en estado de shock - le respondí sin separarme de Marina que continuaba callada recuperando aliento.

- Por favor, ¿podéis ayudarme a encontrarlo?

El señor hacía caso omiso a mis palabras. Me acerqué a él, ni siquiera me buscó con la mirada. Tenía la mente totalmente ida, estaba en su mundo. Le cogí de la mano que tenía sana.

- Me llamo Henry, tengo veintidós años y estoy esperando un hijo. ¿Y usted como se llama?

- Perdí mi anillo. 

- Por favor, hábleme de usted. Así no voy a poder ayudarlo - insistí mientras su mirada seguía congelada y continuaba mostrándome su mano herida.

- Por favor, ¿podéis ayudarme a encontrarlo? 

- Sí, te ayudaremos - respondí siguiéndole el cuento. Era imposible sacarlo del estado de shock en el que estaba.

- Es mi anillo de casado - me dijo antes de darse la vuelta y desaparecer entre la niebla.

- ¡Señor, señor! - bramé sin resultado alguno. Vagaba como un completo zombie, sin rumbo. 

Era imposible sacarle del ensimismamiento en el que estaba hundido.

La penumbra parecía disiparse cada vez más. Marina permanecía tumbada en el mismo sitio que hace un rato y mientras, yo estaba sentado a su lado cogiéndole de la mano. Ambos en silencio totalmente absortos pensando en nuestro destino o en nuestro final.

Parecía que las palabras no eran necesarias, tan solo los chillidos de la gente y el sonido aún de alguna de las partes del avión deteniéndose por completo, eran suficientes para nosotros.

Cerré los ojos poco a poco hasta no pensar en nada más. 



Narra Coque:

 

Los ojos comienzan a entrecerrarse. Llevo bastante tiempo tendido en el suelo, con los labios rasgados del frío, las manos entumecidas, el cuerpo completamente congelado y sin llegar a sentir las articulaciones inferiores.

Tengo muchísimo miedo, lo reconozco. 

El avión se ha estrellado, no veo a ningún superviviente y tampoco tengo las fuerzas necesarias para levantarme e ir a ver si alguien aún permanece con vida.

Giré la cabeza hacia el lado izquierdo, pude ver los timones y estabilizadores del avión totalmente destrozados y más al fondo, una pequeña fogata de fuego.

Volví a mirar al frente, el cielo estaba nublado y algo ennegrecido. Ojalá se pusiera a llover, al menos tendríamos agua potable para hidratarnos. Creo que en mi equipaje llevaba una cantimplora de agua. Salvo que se me olvidase sobre la cama. Llevábamos mucha prisa cuando hicimos las maletas, Jess no se estaba quieta de la emoción, me dio tiempo a coger lo indispensable. 

Menos mal que la idea de viajar como un mochilero, fue descartada de mi mente con rapidez.

Creo que me encontraba en estado de shock. 



Narra Marina: 


La tos iba en aumento. Era algo bueno, mi cuerpo estaba encargándose de limpiar todo el humo que había inhalado mis pulmones durante el accidente. Gracias al sonido de la voz de Henry, pude caminar entre la niebla totalmente desorientada, buscándole y poniendo fin a esta agonía. Me costaba caminar a causa de que tenía un esguince en el tobillo pero eso, no evitó que pudiera encontrar a Henry.

La niebla se había disipado más y ya se podía ver mucho mejor lo que nos rodeaba. Hacía un día soleado opacado por la niebla pero en cambio, la temperatura era reducida. No me sobraba el jersey, de hecho, si me dieran otro me lo pondría. La cola del avión estaba bastante conservada, había supervivientes dentro intentando buscar cosas útiles entre el equipaje. El hombre del anillo, se encontraba sentado sobre una roca, con la mirada totalmente perdida mientras sostenía una foto entre sus manos. 

No había rastro de la hélice del avión ni de la zona de los tripulantes, lo que me hacía pensar, que había estallado en pedazos y que nada era servible.

Tampoco sabía donde estaban Miguel y Lola. Estaban a nuestro lado en el avión, no tenía sentido que hubiesen caído más lejos de lo que estábamos nosotros. 

- Henry - susurré mientras lo zarandeaba. Estaba dormido o totalmente ido. Cualquiera de las dos era válida en estos instantes - Henry, despierta.

- ¿Estás bien? - respondió lentamente mientras abría los ojos.

- Sí, lo estoy. Gracias por salvarme.

Intentó esbozar una sonrisa pero no fue capaz. Miró a los alrededores intentando orientarse.

- Vamos a unirnos al resto. Necesito que me recoloques el brazo , ¿podrás? - mencionó intentando levantarse. 

- Sí - respondí de forma concisa mientras imitaba sus pasos - Necesito que me ayudes a caminar, tengo un esguince. 

- Apóyate en mis hombros - anunció mientras se agachaba un pelín y hacía una mueca de dolor. Procuré no hacer mucha presión sobre su espalda, eso repercutía en su brazo.

Caminamos entre los restos del avión, acercándonos a la cola del mismo, la escena era terrorífica. 

Había una chica con la pierna totalmente destrozada, haciéndose un torniquete para no morir desangrada, luego; dos hombres con moratones en el cuerpo rebuscaban entre las maletas intentando encontrar objetos de valor para poder subsistir. Luego, una madre y lo que parecía ser su hijo, estaban sentados en unos de los asientos de la aeronave que se habían conservado. La mujer acariciaba al niño que temblaba entre sus brazos mientras ella tosía, por culpa del humo.

Seguía sin haber rastro de Lola y Miguel. Pero no era momento de pensar en ellos, debíamos ayudarnos mutuamente entre los supervivientes. La chica de la pierna no dejaba de gritar, me acerqué a ella mientras Henry ayudaba a los muchachos a rebuscar en las maletas. Me puse a su altura.

- ¿Puedo echarte un cable? - murmuré observando su rostro de sufrimiento.

- Dudo que puedas hacer que mi pierna sirva para algo más que para dar de comer a esos buitres que vuelan sobre nuestras cabezas - respondió estallando a reírse dando por hecho que la situación, le sobrepasaba.

Miré al cielo, estaba en los cierto, no se dónde podíamos estar, pero el bosque parecía bastante gigantesco teniendo en cuenta que no se escuchaba ningún sonido de civilización al respeto.

- Te ayudaré a ajustar el torniquete, si me dejas - susurré mirándola a los ojos, intentando que su confianza en mí aumentase.

- Estoy bien, gracias. Aunque con unos calmantes estaría mejor - elevó la voz soltando un chillido mientras intentaba poner recta la pierna.

La herida le llegaba hasta la rodilla, un objeto de metal ayudaba a que la hemorragia no se excediera. 

- Déjame ayudarte.

Ambas nos miramos en completo silencio. Ella asintió con la cabeza, adoptando una postura relajada. Dándome a entender que depositaba toda su confianza en mí.

Me acerqué y agarré las vendas que tenía a su lado. Provenían de un pequeño botiquín de primeros auxilios.

- Estaban debajo de unos asientos del interior de la cola del avión - murmuró como leyéndome la mente - Me la entregó aquella mujer que está con el niño. 

- Bien - respondí envolviendo el objeto de metal con las vendas para evitar que se infectase y así siguiese taponando la hemorragia. Sus gritos de dolor, hacían que me temblasen las manos. Aseguré el torniquete con una tabla y las pocas vendas que quedaban. Intenté hacerlo lo más rápido posible para causarle el menos dolor.

- Gracias - susurró en voz baja mientras sus gritos de dolor cesaban - Me llamo Sophie. Iba a Irlanda por mi despedida de soltera - elevó su palma de la mano con el anillo en el dedo anular. El anillo de compromiso - Éramos cinco amigas. Katie no pudo venir porque su abuelo estaba enfermo. Carol posiblemente este muerta, igual que Julieta y Nuria. Sin mis damas de honor y con la pierna echa morcilla, se me han quitado las ganas de casarme - embozó una pequeña sonrisa mientras su expresión volvía a trasmitir el dolor que estaba padeciendo - ¿Y tú? ¿Qué te hizo montar en ese avión?

- Veníamos de vacaciones. Mi pareja, mi cuñado y su novia. Aún no sé donde están, al menos mi cuñado me encontró. Desperté y solo pude ver el puto cielo sobre mi cabeza. Todo al mi alrededor estaba echo añicos. 

Henry se acercó a nosotras con una manta de franela en su manos. Se la puso encima a Sophie mientras se ponía de cuclillas a nuestro lado.

- Así al menos no tendrás tanto frío.

- Gracias.

Henry se levantó y me hizo una seña con las cejas para que nos apartásemos a un lado. Lo hice.

- Lola y Miguel deben estar más en el interior del bosque. Podemos dividirnos e intentar buscarlos. Seguramente necesiten ayuda. Aquí ya hemos ayudado todo lo posible, debemos buscar supervivientes - anunció susurrando mientras miraba a ambos lados.

- Vale, sí, tienes razón. 

- Bien, yo iré hacia el norte, viendo la trayectoria de como están distribuidas las piezas sin vida del avión, lo más probable es que estén en esa dirección.

- Siento decirte que eso es irrelevante, pueden estar en cualquier lugar del bosque - murmuré con ojos lacrimosos mientras Henry me miraba con desaprobación.

- Tú ve hacia el oeste. En una hora nos encontraremos en este mismo punto. ¿De acuerdo?

- Sí, está bien - dije viendo como hacía caso omiso a mi comentario.



Narra Coque: 

En un amago por levantarme de lugar donde me encontraba, casi pierdo el conocimiento. Una herida ocupaba gran parte frontal de mi cerebro.

No sé si es mi imaginación o es real pero unas voces comienzan a resonar a lo lejos. Me apoyo contra uno de los árboles aguardando que mi visión se enfoque, algo que resulta imposible. 

- Coque, ¿eres tú? - las voces se acercan mientras la vista se me nubla. Creo que voy a perder el conocimiento - No tienes muy buena cara - repite la voz consiguiendo agarrarme de la cintura antes de desvayecer. 

- Creo que nunca tuve tanta alegría por verte - respondí mientras me iba encontrando mejor al sentarme.

 Visualicé a Henry y aunque en otra ocasión le hubiera escupido en la cara, me alegraba de verlo en estos momentos. Verlo me tranquilizaba y me hacía ver que no era el único superviviente.

- Yo también me alegro de verte, Coque. Te daba por muerto.

- A lo mejor eso te hacía feliz - reí mientras una tos me atacaba dejándome paso de nuevo a la realidad. Seguía algo mareado y en shock. 

- ¿Pero qué dices? Eres tú el que estaría feliz, me odias Coque y es entendible. Sigue sin ser el mejor momento para decírtelo pero lo siento. Siento todo lo que ha pasado, todo sería muy diferente si nunca hubiera hecho lo que hice, ahora mismo estaríamos los dos viajando y no por separado.

- Me hiciste un favor, Henry. Érika es una puta, lo hubiera hecho con otra persona. Tú solo eras un loco enamorado rogando amor. Aunque sabías que estábamos juntos cuando os liasteis. Además, lo hiciste varias veces, eso no te priva de la culpa - sonreí mientras nos sincerábamos por primera vez en mucho tiempo. No era el momento, estábamos envueltos en una enorme tragedia y nos encontrábamos sentados al lado de un árbol de bastante edad mientras mirábamos a la nada. Pensando en nuestro futuro, en si saldríamos de esta y si en la gente desaparecida estaría viva. 

- Lo sé, por eso quiero volver a disculparme. 

- Me jode estar así contigo, Henry. Eras un gran amigo para mí y el mejor para Miriam. Siento que he roto vuestra linda amistad. No puedo prometerte que vuelva a ser igual pero me gustaría dejar todo atrás y llevarnos bien.

- ¿Lo dices enserio? - se asombró Henry irguiéndose de repente con lágrimas en los ojos. 

- Por supuesto, ahora vamos a buscar supervivientes. Me encuentro mejor, ayúdame a levantarme - mosqueé mientras él me ofrecía su hombre. Suspiró de dolor mientras me posaba en su hombro. 

- ¿Te duele?

- Me disloqué el hombro, no es nada de verdad - susurró mientras emprendíamos el camino hacía el bosque.

- ¿Y la gente con la que ibas Henry? Uno era tu hermano, ¿no?

- Y mi novia junto a mi cuñada - bajó la cabeza mientras su expresión se nublaba.

- ¿No las encontraste?

- Solo a mi cuñada. No hay rastro de ellos, Coque.

- Debemos empezar la búsqueda. No te desanimes antes de empezar. ¿Dónde dejaste a tu cuñada? - susurré mientras seguíamos caminando sin rumbo fijo y a paso lento para no tropezar en las raíces de los árboles. 

- Nos separamos para buscarlos. 

- ¿Sabes que eso es lo que suelen hacer en las pelis y nunca sale bien? - sonreí intentando mantener la calma aunque sin muchas ganas.

- Tienes razón, esto parece una maldita peli de terror, solo hay sangre y muertos.

- La encontraremos de nuevo, no te preocupes. 

- ¿Y tú venías solo? - preguntó Henry sacándome de mi ensimismamiento. 

- Mierda, Henry. He venido con Jess. No está - grité mientras el shock se iba desvaneciendo dando paso a la locura. Henry me abrazó por los hombros mientras susurraba que todo iba a salir bien.

- La encontraremos.

Me alejé y continuamos caminando. Un silencio bastante molesto cubría el ambiente ennegrecido. Las nubes iban cubriendo el cielo y poco a poco se iba desvaneciendo más la luz del día. No sabíamos como pasaríamos aquí la noche, entre el frío y los animales salvajes que escuchábamos atemorizados en el interior del bosque. 

No se cuanto tiempo llevábamos caminando pero ambos estábamos agotados. Necesitábamos descansar, nos sentamos en una gran piedra al lado de otro roble antiguo. 

- No sé ni donde estamos.

- Yo tampoco lo sé, tengo mucho frío. Como no encontremos un lugar donde protegernos del frío, moriremos de hipotermia. Aún nos quedan un par de horas de luz creo - anuncié mientras intentaba taparme con la ropa que tenía puesta.

Un resplandor en el medio de la hierba llamó mi atención. Me levanté con la ayuda de Henry y lo recogí del suelo. 

Era el collar de Jess. El que me había regalado cuando éramos mejores amigos, aunque ambos sabíamos que lo que teníamos no era para nada una amistad. Estaba tan ciego por Érika que no me atrevía a ponerle fin y decirle a Jess lo mucho que la amaba. 

Dios santo, Jess. ¿Dónde estás? Nunca podré perdonarme no habértelo dicho si te pasa algo. 

Henry volvió a abrazarme mientras las lágrimas rozaban mis mejillas.

- Es de ella Henry, es de ella.

- Tranquilo, la vamos a encontrar - dijo relajándome mientras seguía abrazándome.

- Menos mal que os he encontrado - susurró una voz de mujer apareciendo de repente.

- Marina, al fin - respondió Henry abrazándola sin soltarme a mi. Se lo agradecía la verdad, el calor corporal que podíamos darnos entre todos era agradable. Cada vez hacía un frío más insoportable y como no encontráramos un refugio, nos íbamos a congelar. 

- Encontré a Lola. Tienes que venir conmigo Henry.

- Dios santo, gracias a dios - bramó Henry suspirando de alegría mientras emprendía el camino de nuevo. 

- No está muy bien Henry... - le preparó Marina mientras le seguíamos desde cerca.

Tuvimos que caminar un rato hasta que Marina se paró en seco.

- ¿Es aquí? ¿Dónde está? - pronunció Henry como loco mirando hacia todos los lados.

Marina se acercó hacia una de las partes del avión. Se puso de cuclillas con dificultad y nos miró con lágrimas en los ojos.

- ¿Cómo te encuentras Lola? Te he traído a alguien.

- Sigo sin sentir la parte izquierda de mi cuerpo, no se si está ahí - susurró en voz muy baja mientras intentaba acabar la frase entre sílabas dispares. 

Henry se acostó en la hierba mientras comenzaba a llorar sin dar credibilidad a lo que estaba viendo.

Lola se encontraba debajo de una parte del fusilaje del avión. Una de las partes frontales estaba aplastándole el cuerpo y solo podíamos ver su cabeza y uno de sus brazos. Tenía la cara cubierta de heridas y la sangre brotaba desmesuradamente de su boca.

- Lola, estás bien. Todo va a salir bien. Vamos a sacarte de ahí, ¿sí? - susurró Henry mientras se levantaba y agarraba una de las partes del fusilaje. 

Me senté al lado de Marina que permanecía en cuclillas mientras sus ojos no dejaban de derramar lágrimas. Le agarré de la mano, aún sin conocerla notaba su desesperación y lo mal que lo estaba pasando presenciando esta escena.

- ¿Qué hacéis ahí? ¡Ayudadme! - bramó Henry haciendo toda la fuerza posible con muecas de dolor por su hombro dislocado.

- Saben que no va a servir de nada - exclamó Lola en un pequeño susurro mientras luchaba porque su voz fuese escuchada.

- No digas eso. ¡Ayudadme joder! - volvió exclamar Henry mientras volvía a coger fuerzas e intentar levantar el fusilaje de nuevo.

- Déjalo ven aquí - dijo Lola entre tartamudeos mientras extendía su mano.

- Voy a sacarte de aquí, aunque sea lo único que haga - bramó Henry volviendo a intentarlo. Me levanté e intente ayudarle por otro extremo. 

Ambos sin suerte, nos miramos mutuamente mientras los sollozos de Marina eran los únicos que se escuchaban en el lugar junto los aullidos de los lobos en la penumbra.

Henry se limpió las lágrimas con el dorso de la mano y se dio por vencido. Se echó en la hierba y agarró con fuerza la mano de Lola.

- Te quiero, ¿me oyes? Vamos a salir de esta, los servicios de emergencia deben estar de camino.

- Si no han venido aún, no van a venir - murmuró Lola con una sonrisa triste en la cara - Yo también te quiero Henry. Veniste de supetón y no supiste que hacer hasta que aceptase ser tu maldita novia.

Aunque le costase hablar, Henry mantenía la mano agarrada a la suya. Comenzó a acariciarle la cara como podía y a darle besos por la cara mientras su boca seguía sangrando desmesuradamente.

 - Ha sido un año caótico. Siento lo que pasó, tendría que haber estado contigo. 

- No... No tienes la culpa. Tengo que contarte - la tos interrumpió lo que quería decirle.

- No te preocupes, no te fuerces - murmuró Henry mientras seguía dándole besos por la cara.

Marina y yo nos manteníamos con la mano agarrada también contemplando aquella terrible escena. Henry estaba con el corazón desgarrado y aún no había pasado lo peor. Las despedidas siempre fueron dolorosas pero, ¿quien está preparado para decir adiós para siempre?

- He tenido un aborto. Después del pub, no pude contártelo. 

- Dios Lola, tenías que habérmelo dicho. ¿Por eso desapareciste? 

- No sabía como contártelo - susurró mientras su aliento iba desapareciendo.

- Te habría apoyado pequeña. Lo tuviste que pasar fatal tú sola - dijo Henry mientras las lágrimas seguían rozando sus mejillas y mientras le acariciaba el rostro con cariño.

- Te quiero, Henry. 

- Y yo a ti, pequeña. Vamos a ser muy felices, vamos a casarnos y tener dos bebes muy lindos. Tu pastelería va extenderse por el mundo, vamos a tener todo lo que queramos mi pequeña. Vamos a ser muy felices juntos.

- David y Valeria - susurró mientras sus ojos iban perdiendo la luz y con una sonrisa en el rostro.

- Si mi pequeña. Vamos a formar una gran familia, van a querer mucho a su madre. Te verás preciosa con el vestido de novia y tu madre se sentirá muy orgullosa de ti - dijo Henry entre sollozos mientras acariciaba su rostro con intensidad y volvía a darle besos por el rostro - Te quiero muchísimo pequeña. Te quiero, mucho. Te quiero.

La luz en los ojos de Lola se desvaneció por completo y perdió la fuerza de su mano. Henry continuaba repitiendo una y otra vez cuanto la quería mientras no dejaba de llorar.

Marina y yo nos miramos sin decir palabra mientras el frío de la noche y los aullidos de los lobos se hacían cada vez más cercanos. Se había hecho de noche por completo, la luz había desaparecido.









lunes, 16 de diciembre de 2024

(T3) CAPÍTULO 62: UN REFLEJO EN EL CORAZÓN

 


Narra Miriam:


- Please, you can leave your seats in numerical order. I hope you enyoyed your trip and we wish you a good stay in San Francisco.

La voz de la chica de megafonía del avión, me hizo despertar de mi profundo sueño. Y se lo agradecía, más que sueños parecían pesadillas sacadas de una película donde Derek era el protagonista y yo una simple antagonista.

Esperé mi turno, ya que mi asiento y el de la señora de los ronquidos pertenecía a la cola final del avión. 

Cogí mis maletas de mano, mientras tanto; del compartimento que se hallaba sobre mi cabeza y el bolso que me había acompañado todo el viaje con objetos básicos.

Salí detrás del último integrante del avión con un largo camino aún para poder abandonar el aeropuerto y encaminarme a mi lugar de destino, cerca del mirador de Spencer Battery, con vistas al Golden Gate. Una de las zonas más turísticas y caras de San Francisco, en California. Tuve muchísima suerte de viajar en un vuelo directo, me aburriría muchísimo estar de escala en escala durante a saber cuantos días hasta llegar a mi destino. Aparte, la academia me había conseguido los billetes en tan solo un par de días, supongo que al ser el mes menos turístico del año, no tuvieron muchos problemas. 

Miré el reloj, una vez estaba en la cola de control de pasaportes o también llamado, migraciones. Aún me quedaba un buen rato. Debía encontrarme con mi supuesto mánager a las 9.00 de la noche en el hotel The Gables Inn Sausalito. Eran las 6.00 aún pero aún tenía que coger el bus Muni hasta allí y salir del aeropuerto laberíntico en el que me encontraba. Había visualizado en la cola a la señora ronquidos, tenía pensando seguirla para encontrar la salida y no perderla de vista en ningún momento o eso significaría un verdadero tormento para mí.

Cuando por fin, me revisaron el pasaporte conseguí salir del aeropuerto y encontrar la parada de buses. También me dio tiempo a comprar un billete a mi destino. Civic Center, la última parada, era en la que debía bajarme.

Llegó el bus a las 7:42 y hasta las 8.08 no llegué a mi destino para coger otro bus, a las 8.23 y llegar al Bridgeway y Bay St, a las 8.55. Tuve que caminar durante unos cuatro minutos hasta llegar a mi hotel. Donde pasaría los primeros días hasta poder encontrar un piso de alquiler cerca de la zona del estudio.

Así que era algo puntual que esperásemos durase poco tiempo. Por tan solo 18 dólares, estaba ahora mismo frente al The Gables Inn Sausalito, sobreviviendo a las calles laberínticas de San Francisco y a mi poco conocimiento sobre inglés, al menos de forma auditiva, hablarlo no se me daba del todo mal.

Esperaba con ansias que el mánager, supiese español si no, la experiencia cambiaría por completo y se convertiría en una pesadilla, al menos los primeros días.

Al poco rato, un coche llegó y de el salió un chico de unos 40 y tantos, con un aire bastante español. Suspiré aliviada cuando lo escuché decir "Hola". Le saludé algo nerviosa.

- Supongo que tendrás hambre, ¿cenamos en un lugar que pienso que te va encantar y hablamos? Por cierto, que maleducado. Mi nombre es Mike, obviamente soy español - dijo mientras me tendía la mano. La acepté embozando una sonrisa mientras trataba de relajarme.

- Claro, ¿debería hacer check-in antes? 

- Sí, además dejamos tus cosas en el hotel.

Y así lo hicimos, accedió a acompañarme hasta la puerta de mi habitación. Una vez dentro aluciné. Era enorme la habitación, con una cama extragrande y una chimenea artificial para pasar la noche de la forma más acogedora posible. Al lado de la ventana, había un pequeño escritorio que tenía por sentado que sería lo que más usaría de la habitación junto a la cama. En vez de armario, había una gran cómoda al lado de la puerta de la habitación y en el otro extremo, tenía un pequeño balcón que daba a la parte trasera del hotel, unas vistas impresionantes del lugar y de la pequeña ciudad. Era mucho más bonita que todo el centro, lleno de edificios altísimos y poca vegetación.

Dejé todas las maletas sobre la cama y decidí irme sin ni siquiera asegurarme que la habitación contaba con bañera. 

Una vez en el exterior, me subí en el coche de Mike. Puso la música más española que puede a ver a  través del Bluetooth de su teléfono y recorrimos la pequeña ciudad de Sausalito hasta llegar al restaurante. El lugar era increíble. En tres minutos llegamos a Copita, Tequilería y Comida. Pensé que iríamos al típico restaurante con comida del lugar pero no. El mánager parecía ser de comida mexicana. 

Nada más entrar y sentarnos, nos recibieron con unos increíbles chupitos de tequila y nos dejaron las cartas en la mesa. Vaya, este sitio es increíble.

Después de pedir unos Tacos al Pastor y el mánager pedirse un plato grande que no tenía idea de lo que era, ya que el menú estaba en inglés y me costaba un poco pillarlo. No era experta en comida mexicana por desgracia, observé el lugar con detenimiento. Apenas había separación entre mesas, creo que lo hacían aposta para aprovechar el espacio y además, comer como una gran familia. Todo estaba hecho de madera y repleto de lámparas con forma de velas colgadas por todas partes. Se podía contemplar incluso al cocinero, ya que la cocina comunicaba con la barra y toda la parte del restaurante. Era increíble la cantidad de Tequilas, de diferentes clases y marcas que había en ese lugar. Sencillamente guau. El decorado de azules blancos y azules junto a las paredes rojas pasión. 

Una vez nos trajeron la comida, comenzamos a comer mientras nos sonreíamos mutuamente.

- Bueno, como deducirás seré tu mánager durante estos dos años. Mañana sobre las 8.00 de la mañana te recogeré para llevarte a la academia donde estarás yendo todo este año. Una vez termines, es cuando por fin, podremos comenzar con la maqueta de tu primer álbum y dispondrás de un año exacto para terminarla y posteriormente, publicarla. Por supuesto, contarás con los mejores del equipo. Tanto para la elaboración de los beats como para los coros y el detrás de cámaras. Son unos verdaderos profesionales, te lo prometo. Hay algo que debes saber, debes aprobar todo durante este año y no te será fácil. Las academias españolas no tienen nada que ver con las de aquí. Aquí salir de una academia con todo aprobado es como sacarte una matrícula de honor en una carrera universitaria y culminar con la elaboración de tu primer disco, es el máster que te sacas luego. En un año como comprenderás poco puedes aprender, por eso te exigen mucho a nivel práctico, vocal y artístico. Con 8 horas de clases durante los cinco días de la semana. Te recomiendo que busques un trabajo los fines de semana para compensar gastos. La beca es elevada pero San Francisco es caro. Hasta aquí, ¿bien?

Le miré atentamente mientras disfrutaba de mis tacos, nunca había probado unos tan buenos.

- Entonces, hasta el año que viene, ¿no serás mi mánager? - comenté con la boca aún llena de comida.

- Por supuesto que sí. Te ayudaré en todo lo que pueda, me tendrás para lo que necesites las 24 horas del día. De hecho, me he cogido una habitación en el mismo hotel para que te sientas lo más tranquila y cómoda posible hasta conseguirte un apartamento aunque al ser en un sitio relativamente turístico, tendrás que compartirlo con más compañeros de la academia. Eso lo hablaréis mañana. No te preocupes por nada, eso lo arreglaremos nosotros. 

- Vale, si decido por cualquier motivo, dejar todo a medias. ¿Qué inconvenientes tendría?

- No te lo recomiendo para nada, Miriam. ¿Puedo llamarte Miriam? - preguntó dando un bocado a lo que fuese que estuviese comiendo, tenía una pinta horrible pero en cambio, olía de maravilla. Asentí con la cabeza a su pregunta - Tendrías que devolver todo el importe. Tan solo el viaje que llevas hasta aquí, el hotel de esta noche y la matrícula de la academia son cerca de mil dólares. Cuanto más sigas en el curso más sube esa cantidad. Por eso, quería explicarte que debes estar segura por completo. Esto no es como la matrícula de la universidad en España que puedes cancelarla cuando quieras y demás. Esto es más serio, Miriam. Te enfrentas a una nueva vida, si triunfas tendrás todo el éxito bajo tus pies pero si en cambio, no consigues llegar a lo alto, no volverás a tener una oportunidad. Hazme caso. Si es lo que llevas soñando toda tu vida, es tu momento. No puedes irte.

- Ya veo, ¿y cuál es el principal empleo por aquí? Imagino que la academia estará en esta zona, ¿no?

- Por supuesto. podrías hasta ir andando desde el hotel pero prefiero llevarte yo. Necesitas un apoyo en estos momentos. El principal empleo es de comensal o en el club como limpiadora de lanchas y barcos. Lo demás es demasiado complicado de conseguir.

- ¿Y concesionarios? Es la poca experiencia de la que poseo. 

- Aquí no se suele poseer de vehículo propio, la gente se mueve por transporte público en esta ciudad. Es más rápido y está disponible las veinticuatro horas del día.

- Vaya, a ver si tengo suerte - mascullé ingiriendo el último bocado de mis tacos.

- ¿Postre? - sonrió Mike rellenándome la copa. 

- Estoy llenísima, voy a pagar.

- De eso nada - dijo Mike agarrándome la mano y parándome los pies - Dije que te invitaba a cenar esta noche. Debes acostumbrarte, es propio en la vida de artista.

Reí incrédula. Todo esto aún me resultaba surrealista.

- Aparte aún es muy pronto, debemos celebrar tu estrellazo. Un sueño cumplido. ¿No?

- Claro - dije orgullosa mientras Mike llamaba a la camarera y pedía dos chupitos de Don Julio bien frescos.

Nos los trajo al momento, eso que había muchísima gente en el local.

- Brindemos por tu llegaba a San Francisco.

- Y por ti, Mike - reí acercando el vaso al suyo y brindando.

Nos lo bebimos y me levanté a la barra a pedir otro chupito. Y así, elegir otra tequila que llamase mi atención.

Cuando iba dispuesta de nuevo en la mesa, un chico chocó conmigo tirándome uno de los chupitos en mi camiseta de los Backstreet Boys.

- Mierda, mi camiseta de la suerte - bramé sin ni siquiera captar el rostro del chico y cogiendo unas servilletas de la barra.

- Tener una camiseta de la suerte es más raro que escuchar nunca - bramó una voz italiana justo delante de mí - ¿Poder ayudar? - chapurreó el chaval extendiendo una mano sobre mi camiseta.

- Gracias pero ya hiciste bastante - murmuré alzando la cabeza. Unos ojos marrones como la miel me miraban con curiosidad. Por fin, pude fijarme en su rostro. Una mandíbula totalmente perfecta conformaba el rostro del italiano, junto a una mirada llena de arrepentimiento y una sonrisa tímida en sus labios. Su pelo azabache le caía en cascada sobre su frente y no paraba de acicalárselo para que no ocupara en gran medida su rostro.

- ¿Cómo? Non capisco - exclamó con una sonrisa de oreja a oreja mientras volvía a acercarse a mí intentando ayudarme a limpiar la camiseta.

- He dicho que lo dejes, imbécil - bramé enfurecida desapareciendo de su vista. 

Realmente, no estaba tan enfurecida como aparentaba. Pero estaba segura al cien por cien que el chico estaba fingiendo no saber inglés para usar el italiano y poder conquistarme con el acento o evitar la conversación excusándose. 

Propio de italianos, engatusar a cualquier mujer con sus aires victorianos y extravagantes.

Volví a sentarme en la mesa con Mike volviendo a brindar con los chupitos. Mientras, unas mesas más al norte, el italiano me miraba risueño mientras se pasaba la lengua por el labio lentamente. Tenía unas ganas de acercarme y decirle un par de cosas que no le iban a gustar absolutamente nada.



Desperté por la mañana con un sueño increíble, eran las 7 de la mañana. Miré a mi alrededor totalmente desorientada. No me había percatado que estaba en la habitación del hotel y no en el cuarto de mi casa.

Maldita sea, ayer nos pasamos con el tequila. Estuvimos hasta las dos de la mañana celebrando mi llegada y me dolía mucho la cabeza. Suerte que llevaba unos ibuprofenos en la bolsa. Eran muy necesarios a mi manera de ver.

Me tomé uno y me separé de la enorme y cómoda cama de dos metros. Mis pies me condujeron hasta el cuarto de baño. Mierda, no tenía bañera, si no una mampara gigantesca. Igualmente me duché rápidamente y me puse lo primero que encontré. Una sudadera larga y unos pantalones cortos junto a unos botines. Al poco rato, sentí como golpeaban la puerta de mi cuarto. Me apuré a abrir al mismo tiempo que cogía mi bolso.

- ¿Lista?

- Por supuesto, Mike - salí del cuarto a su paso cogiendo la tarjeta y siguiéndole hasta la salida del hotel. Aún no me había quedado muy claro, la salida de este lugar tan laberíntico. Nos subimos al coche y llegamos en diez minutos. Habíamos llegado media hora antes así que Mike aprovechó para mostrarme alguna de las salas más frecuentes. El lugar era enorme. Nada que ver con la academia española. La cuatriplicaba, en todas las proporciones.

Existían como cuatro edificios, sin contar el principal. Un extenso camino de piedra conducía a la entrada de la academia donde tan solo había algunos de los profesores, los conserjes y personal de limpieza. Les saludamos en inglés y proseguimos por nuestro camino. El sitio era fascinante, más por fuera que por dentro obviamente, por dentro era un laberinto como todo San Francisco hasta ahora. 

Lo primero, eran las cabinas individuales de estudio y para cámaras adaptadas, eran pequeñas pero muy funcionales. Disponían de todo lo necesario para grabar buenos acústicos.

- Esta sala es la que más le gusta a la gente, también es donde pasarás la gran parte del tiempo, te asignarán siempre la misma, no te preocupes.

Luego, me mostró la Aula Magna que contenía todo el equipo profesional de audición y grabación, a su lado, estaba el aula de coro, la de la banda, orquesta y la última, de música de cámara.

- Esta es el aula de informática musical, cada una cuenta con 6 puestos de trabajo. ¿No es genial? Es super luminosa. 

Seguimos caminando por los largos pasillos, la mediateca con un montonazo de partituras, discos, libros de consulta, puestos de escucha individuales...

- Como la biblioteca de los músicos, ¿no? - mencioné a Mike antes de que pudiera explicarme en que consistía.

- Parece que vas introduciéndote en el mundillo Miriam - se rio mientras observaba el lugar a mi lado - Sí, es donde más tiempo pasarás, si me haces caso y te preparas bien el año.

Luego, el auditorio para las bandas sinfónicas y finalmente, me indicó los lugares de gestión para cuando tuviese que cumplimentar todo el papeleo y si tuviera que reclamar o informarme sobre cualquier tema. 

Como no, lo más importante, la cafetería y el restaurante.

- Ya puedes dejarme aquí - dije sin coñas a Mike observando la hora.

- Solo quedaría el edificio de los de fotografía y otro sobre artes plásticas, no solo es una academia de música, es de más artes inexplotadas. 

- Me daré un paseo por los jardines centrales en mi tiempo libre, no te preocupes. Tal vez, le eche un ojo. A lo mejor decido cambiar de especialidad - dije mientras le guiñaba un ojo a modo de burla.

- Me caes cada vez mejor, Miriam. Nos vemos a la tarde, iré a verte a tu habitación para que me consultes cualquier duda que tengas. Y para cualquier cosa, tienes mi número. Nos vemos - se despidió zarandeando su gran pelo largo y negro por los habitáculos. 

Me senté en una de las mesas de la cafetería y me tomé un café con una especie de palmera de crema.

Mientras esperaba la hora de entrar, mis piernas se tambaleaban. Empezó a llenarse la cafetería de jóvenes muy variopintos entre ellos que no dejaban de conversar entre sí.

Era hora de ir a clase. Esperaba no perderme. Comencé a recorrer los enormes pasillos con la esperanza de no tener que llamar a Mike para hacerle regresar nuevamente a mi lado. Quedaría fatal en ese caso.

De repente, me pareció dar con el lugar y como no, decidí entrar. Efectivamente, debía ser este el lugar. 

Me senté en las primeras filas, dado que el inglés no era mi fuerte, quería estar lo más atenta posible para entender bien todo.

Llego una rubia de unos treinta y tantos a la sala, todos nos quedamos en silencio observándola. Poco se habla de que debíamos ser al menos cien personas en esa sala de audiencias. Era increíble.

Sus ojos verdes y su sonrisa de recién levantada, me dieron una buena primera impresión.

Comenzó a explicarnos como sería el primer año, un poco más específico de lo que me había comentado Mike ayer. Posteriormente, nos entregó a todos los libros que utilizaríamos durante el año. Eran cinco libros super gordos y anchos. Lo que me esperaba...

Finalmente, digo que el día lo dedicaría a hacernos numerosas pruebas a todos, tanto acústicas como vocales. Mientras llamaban a los primeros de la lista, comencé a dar un rodeo visual a la gente que me rodeaba. Veía mucho francés, italiano e inglés. Por increíble que pareciese, la profesora iba llamando por apellido y nombre a cada uno de los presentes, hasta el momento; ningún español aparecía reflejado en la lista. 

De repente, una cara muy familiar se hizo presente en el escenario. El chico se hacía llamar Steven Leone, como no era italiano y tenía 21 años. Su pelaje moreno y esa forma de apartarse el flequillo de la frente me hizo recordar la noche de ayer en la Tequilería. 

Maldita sea, me tocaba compartir clase con el guapito italiano que chapurreaba el inglés de forma graciosa.

Cuando la profesora le hacía preguntas, hablaba el inglés como si no le costase apenas, eso me hizo cuestionarme muchísimas cosas con respeto a él. ¿Había fingido no saber inglés para no tener que disculparse conmigo o lo traía preparado de casa?

Al tocarle la prueba de canto, quedé impresionada. Hizo un acústico casi perfecto de Stromae y su famoso Papaoutai. Cuanto más este chico no dejaba de impresionarme. No solo sabía, inglés e italiano. También sabía francés. Ayer me había tomado totalmente el pelo. Aparte tenía una voz impresionante, no creo ni que necesitase una banda para brillar, ya lo hacía él. 

La profesora elogió su actuación y se sentó. Las horas seguían pasando hasta que fue mi turno y como no, el italiano me miró de las misma forma que yo a él. Se sorprendió al comunicar que era española y una vez me presenté, hice mi prueba de canto. No estuvo mal, aunque podría haberlo hecho mejor. Obviamente elegí una canción en español. La de Dani Martín, Cero.

Creo que nadie la conocía pero me sentí muy contenta al compartirla con todos los californianos. Era una obra de arte y todos debían saberlo.

La profesora me dio las gracias y me senté en mi sitio. Después de cuatro largas horas, muy aburridas, nos dieron media hora libre. La cual aproveché para pasearme por los jardines mientras degustaba un bocata. Al terminar, me quedaban diez minutos aún para volver al aula. Entré igual recuperando mi sitio anterior y me puse a mirar el móvil. No tenía ninguna llamada, ni siquiera de Coque. Aunque era normal, él solía dormir a estas horas. 

- Así que española - dijo el italiano dándome un gran susto y haciendo que me sobresaltara lanzando el móvil por los aires - Tranquila, no voy a hacerte daño.

- Sí, ¿y tú? Ya no sé si eres inglés, francés, italiano... Hasta podrías ser español, lo hablas a la perfección - dije llena de razón. O eso pensaba, ¿el chico realmente me estaba hablando español o lo estaba soñando?

- Soy todo lo que tú quieras que sea - se rio de las misma forma que cuando nos conocimos. No pude evitar poner los ojos en blanco y recoger mi móvil que seguía en el suelo.

- Así que también estudias canto.

- Si crees que estoy aquí porque sabía que estabas en la clase. No es así. De verdad - bramó bromeando mientras se sentaba a mi lado - No está ocupado, ¿no?

- Tal vez la persona que estaba aquí sentada, quiera recuperar su sitio - susurré mientras las primeras personas comenzaba a ocupar los asientos vacíos.

- Eres muy divertida, me gustas - murmuró en el mismo tono de voz que yo acomodándose a mi lado.

- Tú a mi no - exclamé sin apenas pensarlo. Las personas tan prepotentes me repudiaban. Al menos, alguien de aquí entendía el español, no solo Mike.

- Eso ya lo verás. ¿Cómo te llamas? 

- Lo dije en la presentación - le miré incrédula. Yo me había quedado con su nombre y él con el mío no.

- Estaba ocupado observando estas hermosas piernas - continuó mientras pasaba la lengua por su labio inferior, justo como me había observado ayer. Le respondí con una mirada efusiva y la clase volvió a comenzar. Nos quedamos callados, el uno sentado junto al otro durante las siguientes cuatro horas y al terminar, se despidió de mí con un tono seductor. 

Steven me resultaba de lo más cansado y prepotente pero al menos, se podía decir que había conocido a alguien aquí dentro y no estaba sola. 

Me volví al hotel donde me esperaba Mike en la puerta, tenía ganas de contárselo todo. Menos lo de Steven claramente.





Narra Coque:


- ¿Tienes todo, Jess?

- Me faltas tú - murmuró cogiéndome de la cintura y depositando un tierno beso en la comisura de mis labios.

- Me tienes justo aquí - sonreí como si viera lo más lindo del mundo en esos momentos. La agarré por la cintura mientras llevaba en la otra mano mi maleta de mano.

- ¿Solo llevas eso?

- Es todo lo que necesito, vamos a estar cinco días, no cinco meses. Tú parece que te vas dos años como Miriam.

- No me lo recuerdes - dijo volteándose y contemplando sus tres maletas. Esta llena de ropa puedo dejarla y llevar solamente esta, me llega y tengo mis zapatos preferidos para salir de fiesta.

- A mi no me digas nada, no pienso opinar sobre conflictos de tia.

- Por estas cosas te adoro tanto - sonrió Jess cogiendo las dos maletas y dirigiéndose a la salida. Nos montamos en el taxi que vino por nosotros y nos despedimos de nuestra querida casa. 

Decidimos no llevar el coche por seguridad y porque el aparcamiento del aeropuerto cuesta una millonada. De hecho, vete tú a saber donde dejaría Miriam su auto.

Una vez entramos en el aeropuerto, pasamos por aduanas y decidimos comprar unas bebidas para el viaje en avión. Nos sentamos a esperar a que abran las puertas de embarque.

- Me voy a echar semejante siesta en el avión.

- Dos horas, casi tres dan para mucho - susurré mientras apoyaba la cabeza en mi hombro. Le acaricié el rostro con cariño.

- ¿Crees que Miriam estará bien en California? No entiendo como fue capaz de irse completamente sola. Yo estaría aterrada.

- Hagamos una promesa.

- Te escucho - dijo irguiendo el mentón y mirándome fijamente.

- Nada de hablar de Miriam en todo el viaje. Desde que subamos a ese avión, Miriam ha muerto para nosotros. ¿Te parece?

- Está bien - sonrió Jess mientras acariciaba su mentón y depositaba un beso cauto en sus labios.

Una vez se abrieron las puertas de embarque entramos en el avión por orden, y como acordamos, dejé el lado de la ventanilla a Jessy. A mi me aterraban las alturas y a ella le encantaban. Estábamos justo en el centro del avión. Cada fila de asientos contaba con tres asientos. Esperábamos o más bien deseábamos que no fuese ocupado por alguien el tercer asiento.

Mientras Jessy se encargaba de dejar el móvil en modo avión, me quedé en vilo viendo hacia la puerta de embarque. De repente, vislumbré el rostro de Henry junto a su novia imagino y otra pareja entrar en el avión. ¿Qué como sabía que venían todos juntos? Porque hablaban entre ellos buscando como locos el asiento que les correspondía.

- Lo que nos faltaba.

- ¿Qué ocurre? - balbuceó Jess adormecida mientras su atención se desviaba a la puerta del avión - No me jodas. 

Al poco rato, Henry se dio cuenta de nuestra presencia en el avión y quedó tan pálido como el queso fundido. Sobre todo, cuando se paró a mi lado diciéndole a su novia "es aquí".

Le tocó justo en los asientos de al lado del pasillo. Básicamente los teníamos al lado. Él se sentó a la altura de la ventana, su novia al lado y finalmente, la otra chica al lado del pasillo.

La pareja de la chica, se sentó a mi lado y saludó abiertamente. Le respondí con una sonrisa forzada.

- También es mala suerte - comentó Jess en voz baja al lado de mi oreja.

- Y que lo digas. Espero estar igual de cansado que tú y dormir todo el viaje - dije en voz baja mientras me escurría en el asiento y me ponía el cinturón de seguridad. Pronto despegaríamos.

Mientras Henry y la novia miraban en nuestra dirección, seguramente hablando sobre nosotros y criticando la mala suerte que han tenido, nuevas caras entraron en el avión. Y desgraciadamente, el día no podía ir a peor. 

La rubia de ojos castaños, comenzó a desplazarse con su pequeño bolso de mano por todo el pasillo del avión. Nada más verme, sus mejillas tornaron de un color rojizo pero cambiaron totalmente, al ver quien había sentado a mi lado, la pequeña Jess. Mis puños se cerraron a lo que Jess, saltó como si estuviera leyéndome la mente.

- Estoy por bajarme del puto avión.

Esta vez lo dijo de forma que pudiera escucharla hasta Érica, aunque eso era lo de menos. La situación que estábamos viviendo en estos momentos era la peor en mucho tiempo. No podía ser una jodida coincidencia, al menos; lo de Érica no podía llegar a serlo. Tenía que ser una jodida cámara oculta. 

Su enorme barriga, le impedía caminar con facilidad. Tranquilamente, debía de tener ocho meses de embarazo, No creo que fuera muy recomendable viajar en su estado. Y tampoco era de mi incumbencia preocuparme ni por ella ni por el pobre bebé.

Se sentó atrás de todo del avión, algo que me reconfortó increíblemente. El chico de mi lado, se puso el cinturón y los auriculares. Jess me cogió de la mano con cariño. Dado por finalizado el embarque, me acerqué a la oreja de Jess, quería decirme algo.

- Todo saldrá bien, una vez lleguemos cada uno se irá por su lado. Duerme un poco para que sea más llevadero - susurró poniéndose un antifaz sobre los ojos.

- Complicado - murmuré de forma casi inaudible.

Una vez explicado el protocolo de emergencias, comenzó el despegue. Tenía la fantástica costumbre de comer chicles durante el vuelo, siempre me daba la impresión de que se me taponaban los oídos en el despegue del avión y así estaba tranquilo. Una persona que odia las alturas, creedme que lo pasa increíblemente mal en estos casos. Todo le resulta una amenaza hasta que por fin dicen por megafonía que pueden quitarse el cinturón. 

El sonido del avión despegando amenaza con matarme, observo a Jess. Ya está profundamente dormida, el chico de mi lado, también parece quedarse frito. Y eran horas de dormir, eran las once de la noche. 

Cuando por fin emprendimos el vuelo y una vez nos estabilizamos en el aire, me deshice del cinturón y decidí ponerme los auriculares y verme una película de terror. Increíblemente, me tranquilizaba en estos casos. Miré hacia Henry, hablaba con su novia tranquilamente mientras la otra chica se había quedado frita como Jess.

Esta situación era horrible, no creo que consiguiera cerrar los ojos de una vez.

Mientras mi mente no dejaba de divagar en todo lo ocurrido los últimos meses, la cabeza no dejaba de atormentarme. Desde la muerte de mi madre, la marcha de Miriam, el desengaño de Érica, mi mala experiencia en Cuba y este desencuentro con todos los que me hicieron daño en este jodido avión.

No podía más, me encaminé hacia el baño intentando no despertar a nadie. Esperé en la cola para poder acceder al baño de hombres. De repente, vi como Henry se acercaba apresuradamente a mí y se puso a la cola, justo a mi lado. Cabizbajo, comenzó a hablar y a distraerme de mi mente.

- Te juro que no soy un acosador, seguro que lo estás pensando por el mensaje del otro día. Solo quería decirte que ambos somos dos víctimas, no tenemos porque llevarnos mal. Siempre fuimos buenos amigos y separarnos por una mujer...

- ¿Es qué no eres consciente aún? Me importa una mierda lo ocurrido en la iglesia. Para mí sigues siendo un falso de mierda y una mala persona. Sabías perfectamente que estábamos juntos. Me da igual, como si te haces sacerdote para enmendar tus pecados. Nunca voy a poder perdonar lo que has hecho. Me das asco, tanto tú, como ella. De hecho, ahora aún más - escupí interrumpiéndole para que dejase de pensarse que podíamos ser amigos en algún momento de nuestras vidas.

- Lo siento de verdad, nunca me cansaré de decirlo. No puedo explicar ni justificar lo que hice, pero de lo que estoy seguro es de que nunca cometería el mismo error. Ahora soy feliz, muy feliz. Me gustaría que formaras parte de mi vida, ahora que la mujer que nos ha hecho pelearnos ha desaparecido.

- Me da igual, Henry. No quiero escucharte, ¿es que aún no te ha quedado claro? - grité totalmente fuera de sí mientras apretaba los puños - Si ahora te mueres, no sentiría ni el más amago de pena por ti, te lo mereces totalmente.

Me di la vuelta, dejándolo en la cola del baño mientras algunos de los presentes que estaban en los asientos y que nos habían escuchado, se miraban entre ellos descolocados.

Caminé por el pasillo del avión de camino a mi asiento. De repente, un sonido muy estridente captó mi atención. Todos, lo escuchamos y alarmados comenzamos a preguntarnos que podía haber sido.

Venía de la parte derecha del avión, era como un estallido. Al estar de pie cerca aún de los baños, caminé lentamente desde la cola hasta el asiento. Ante más sonidos totalmente semejantes al anterior, comprendí que se trataba de los motores seguramente. 

Vimos a la azafata desplazarse rápidamente hasta el teléfono para ponerse en contacto con la cabina y sus tripulantes. Su rostro pálido me comunicaba que tampoco sabía lo que estaba ocurriendo, pero la preocupación inundaba sus cinco sentidos.

Decidí sentarme en uno de los asientos que estaba libre, toda la fila estaba vacía, me desplacé al que estaba cerca de la ventanilla y me dispuse a observar las alas del avión con esperanza de poder contemplar el fallo. Algo totalmente inverosímil. 

La estructura aérea parecía funcionar con normalidad. En cambio, esos estallidos repentinos, no tenían ningún sentido, algo debía estar pasando. El avión y sus pasajeros entraron en cólera. Muchos, comenzaron a utilizar el botón de llamada a los asistentes de vuelo, muy preocupados. 

De repente, sonó una voz del interfono.

- Señores pasajeros, me informan desde la cabina de seguridad de los tripulantes que estamos teniendo un problema con la potencia del motor derecho. El piloto está recuperando el control de los mandos, no deben preocuparse. Si necesitan cualquier cosa, pueden utilizar el botón de llamada que está sobre sus cabezas. No se levanten de sus asientos y pónganse el cinturón. Muchas gracias.

Era la azafata, que nada más terminar, acudió a cada una de las llamadas que emitían los pasajeros. Me compadecí de ella, seguro que también estaba asustada como todos y debía hacerle frente, tranquilizando a los demás. 

Me preguntaba como estaría Jess, tal vez asustada, preguntándose mi paradero. No era seguro, levantarme e ir hacia mi asiento, era más seguro quedarme aquí.

Llevábamos volando un poco más de una hora, seguramente aún estábamos a la altura de Francia. Al mirar por la ventanilla del avión, no se veía nada. Una niebla lo había cubierto todo. Seguramente, estuviésemos sobrevolando el mar. Eso era mala señal, si la situación empeoraba y necesitaban hacer un aterrizaje forzoso, no tendrían donde.

Un olor a quemado y a humo comenzó a extenderse por el interior del avión junto a un nuevo estallido, esta vez procedente del lado izquierdo. Empezamos a perder potencia creo. Estaba muy desorientado y por mi mente, solo podía pasar la imagen de mi madre. Ahora entiendo, como debió sentirse cuando aguardaba su final. Una desesperación, una incompresión y una sensación de alerta que no disminuía. 

Las máscaras de oxígeno se deslizaron hasta nuestras cabezas, el sistema se activó solo. Los pasajeros comenzaron a emitir fuertes sonidos de desesperación. Agarré la máscara y me la coloqué como nos habían explicado en el embarque mientras mi corazón latía fuertemente.

La azafata volvió a hablar por el interfono obligando a los pasajeros a utilizarla y ayudándoles a no perder la calma. Aunque ya era demasiado tarde. Todo el mundo estaba descontrolado pero obedecieron y se pusieron las máscaras. 

Se hizo un silencio absoluto, parecíamos un pájaro volando en el aire. Todos estábamos muy asustados. Los tripulantes intentaron volver a encender los motores, provocando que el motor izquierdo comenzase a arder. Utilizaron el extintor de incendios del motor izquierdo para extinguirlo, lo que significaba, que nos habíamos quedado sin motor.

Las luces del avión comenzaron a parpadear, toda la electricidad estaba fallando. El avión comenzó a caer como una pelota de béisbol.  El motor derecho estaba dejando de funcionar por completo, ya no existía la potencia en el cielo. 

- ¡Agáchense, agáchense, agáchense! - gritó la azafata desesperadamente sacándome de mi mente - Aterrizaje forzoso, aterrizaje forzoso - se notaba el temblor en su voz, muy desesperante.

Me agarré de las rodillas mientras cerraba los ojos, los motores habían dejado de funcionar por completo.

Todos comenzaron a gritar, alguno quitándose la máscara del oxígeno, algo bastante inseguro que yo no hubiese hecho.

Sentimos un fuerte golpe, una niebla se discernió sobre nosotros y cuando me di cuenta, había perdido el conocimiento y el olor a quemado se había extendido sobre todo el avión. 

Somos una maldita pelota de béisbol y estamos cayendo al vacío.




viernes, 19 de mayo de 2023

(T3) CAPÍTULO 61: ME PIERDO EN LA SOLEDAD

 

Narra Coque:


- ¿No te parece... muy presuntuoso? - murmuré mientras daba una segunda vuelta a la milanesa.

- ¿Crees que tu ex pretende perseguirte y saber dónde estás en todo momento? - respondió con una pregunta mientras se llevaba un trozo de tortilla a la boca y se balanceaba en la silla de la cocina.

- No sé, Jess. ¿Qué cojones hacía en la agencia de viajes? Lo más probable es que fuese a ver si había utilizado los billetes de la luna de miel para saber de mi paradero. 

- Te flipas un poco. Está loca, es decir; no es de persona razonable atar a una persona y dejarla encerrada en su casa por celos pero sabe el daño que ella te hizo. No creo que tenga las narices de acercarse a ti - me miró fijamente a los ojos con una sonrisa sincera - Y ahora, deja de darle vueltas a la milanesa o se hará de más.

- Está bien, comilona. Dejaré de darle vueltas -me reí mientras ponía la milanesa en un plato y lo dejaba en la mesa. -El problema es que legalmente, estamos casados.

- Coque, eso se soluciona hablando con un abogado y enviándole unos papeles. No tenéis ni que sentaros y miraros a la cara - respondió terminándose el plato.

- Mmm... Ahora mismo no tengo aún la cabeza en su sitio para meterme en esas mierdas legales.

- Nunca la tuviste.

- Oye - sonreí cogiéndola por la cintura y atrayéndola a mi silla. Enrolló sus manos en mi cuello mientras me miraba fijamente a los labios - ¿Quién te crees para meterte conmigo de esa forma?

- Quien te salvo de casarte con el mismísimo diablo - murmuró a centímetros de mis labios con su linda sonrisa pilla. Acorté la distancia y la besé apasionadamente. 

- Nunca tendré suficientes palabras para agradecértelo, creeme - dije volviendo con mi milanesa.

- Tal vez no debas agradecérmelo con palabras solamente - murmuró mordiéndose el labio.

Me terminé el último trozo que quedaba en el plato. La cogí a horcajadas mientras refunfuñaba riéndose y dándome golpecitos inofensivos en la espalda. La llevé hasta el salón y la acomodé en el sofá bajo mi cuerpo. Enrolló sus piernas en mi abdomen y me besó apasionadamente.

Nos separamos un momento para respirar y me acomodé a su lado.

- Deberíamos celebrar que mañana viajamos con Vodka - murmuró encendiendo la tele y apoyando la cabeza en mi pecho como una dulce bebé.

- Eres demasiado osito amoroso para soltar esas cosas de repente.

- Echo de menos verte borracho y que me comas la boca.

- Te lo compro, anda ve a la cocina. El primer armario al lado de la puerta - susurré mientras me peinaba el cabello.

Se levantó y mientras tanto, cogí mi celular del bolsillo de mi pantalón. Era un mensaje de Henry, sorprendentemente. Decía que le gustaría hablar conmigo, que el tampoco tenía idea de su embarazo y menos que fuese suyo y que debíamos aclarar ciertas cosas. 

Guardé el celular al ver a Jess volver. Si le veía lo más probable es que acabase a ostias con él. Sé perfectamente que en lo del bebé estamos ambos igual pero no en lo de liarte con una chica que sabías que tenía novio, y que además era un buen colega tuyo. Nunca me entrará en la cabeza el porqué lo hizo y a mi manera de verlo, nunca tendría la suficiente bondad como para perdonarlo. Tendrían que cambiar mucho las cosas.

- Aquí tienes, lindo bebé - me sacó Jess de mis pensamientos mientras me ofrecía un trago - Miriam me acaba de pasar una foto desde el avión. Está atravesando el Pacífico ya. Por cierto, Pris está flipando. Dice si puede pasarse.

- ¿Ahora? - le dije poniendo morritos mientras la atraía a mis brazos y le robaba la copa.

- Oye, eso es mío.

- Tú eres mía - sonreí dándole un beso cauto en los labios.

- No, no lo soy - murmuró mordiéndose el labio mientras se retorcía debajo de mí.

- ¿Cómo?

- No me pediste que lo fuera en ningún momento - murmuró estirando el brazo para beber otro trago. Sí, era común en nosotros beber directamente de la botella. 

- Jess... Sabes en la situación que estoy. Estoy medio casado.

- Llevas medio casado un año, estoy harta de esperar -alzó la voz, escurriéndose de mí. Se puso de pie mientras bebía otro largo trago de la botella y se deshacía de los zapatos.

- Sé lo que has estado esperándome, Jess. No fue solo difícil para ti, yo también te deseaba a cada minuto. Verte con otros tios me crispaba.

- ¿Por eso te cargaste a Brandon? El pobre no me habló jamás - murmuró sarcástica mientras se bajaba los pantalones.

- Es una de las razones, sí. Pero Jess, tú también hiciste que tuviese mil discusiones con Érica, ¿recuerdas la foto en la piscina? Casi le da algo - me reí bebiendo un trago largo de la botella. 

- Tenemos media hora hasta que llegue Pris con su novio. He tenido que decirle que sí, vi la preocupación - dijo cambiando totalmente de tema mientras se desprendía de su camiseta.

- ¿Ves la preocupación por chat? ¿Y por qué cojones te estás desnudando? - reí dando otro trago mientras ella se sentaba sobre mí enlazando sus manos con las mías. 

- De verdad, ¿tengo que decirlo? Quiero follarte, hemos esperado mucho. No puedo más, Coque. Compláceme - dijo mientras intentaba desprenderse de la ropa interior. Me levanté cogiéndola de las manos para que parase.

- Para, actriz porno, vas muy rápido. Todo a su debido tiempo. Eso debe ser especial, contigo quiero que lo sea. No eres una más, Jess.

- Oh vamos Coque, ¿no esperamos ya mucho? 

- No puedo Jess. Mereces algo mejor. Tal vez, en nuestro viaje - murmuré acercándome a ella y depositando un beso en su cuello. 

- Eres odioso, estoy literalmente casi desnuda frente a ti y ni te inmutas. Quiero estrangularte el maldito cuello - me espetó mientras se volvía a poner la camiseta.

Sonó el timbre de la puerta.

- Debe ser Pris. Gracias a Dios - gritó cogiendo la botella y volteando los ojos.

Se acercó a la puerta y la acompañé dado que empezaba a perder el sentido de la orientación. Abrí la puerta por ella y la agarré de la cintura por si había algún percance.

Vaya, no era Pris precisamente, y me acababa de dar cuenta que Jess estaba enfrente de un hombre, semidesnuda.

- Hola, venía a ver a Miriam - saludó sin pelos en la lengua mientras cargaba un ramo de flores. Parecían girasoles.

Jess y yo nos miramos sin saber que decirle. Creo que no tenía ni idea de que Miriam se había marchado a la otra punta del planeta. Jess empezó a reírse sin parar a causa de todo el alcohol que se había tomado y Derek nos miró completamente desorientado.

Vaya, la que había liado mi hermana.





Narra Derek:


Ver a Jessy no era una novedad para mí. Básicamente, era muy común; lo que no era tan habitual era verla borracha y provocativa al lado de Coque. Eso llamó especialmente mi atención pero no iba a decir nada fuera de lugar. Imagino que su risa descontrolada al verme fue debido a su estado de embriaguez y no por mi cara de desesperación y arrepentimiento, como un perro que sabe que ha hecho cabrear a su dueño; e intenta darle cariño para que olvide todas las meadas que ha dejado en el piso.

- Entra, Derek.

Coque se echa hacia un lado cogiendo a Jessy a su vez del antebrazo y arrastrándola a su pecho.

Decido aceptar la invitación y sigo a Coque al salón. Mientras Coque, le acerca una manta a Jessy de forma disimulada, intento mantenerme inmóvil, con el ramo de flores aún entre los brazos.

- Verás Derek, no es fácil para mí, contarte todo esto. No sé el tipo de relación que tenías con mi hermana, pero por lo que he podido ver con mis propios ojos, la tensión sensual era bastante evidente - comenzó Coque con sutileza. Noté como mis mejillas se teñían por momentos, maldita sea, esto es más incómodo de lo que pensaba. Además, me siento increíblemente ridículo con las flores en la mano. Aún así, decido dejarle continuar.

- A nosotros nos sorprende aún más que a ti. La conocemos mejor que nadie y no sabemos porque ha tomado las decisiones que ha tomado en estos últimos meses. Sabemos que ha pasado por una situación, cuanto más complicada; pero no son motivos para aislarte y volverte una zorra con todos los que te aprecian - murmuró Coque con efectos de la embriaguez subiendo por su organismo. Genial, me tocaba charlar con dos estúpidos borrachos.

- A ver, deja de enrollarte, Derek es un hombre de negocios. No puede perder el tiempo con estas tonterías y además, fijo que tiene más obligaciones de las que... - Jessy interrumpe su discurso por culpa del hipo y prosigue - En fin, Derek. Miriam nos pilló enrollándonos esta mañana y se enfadó muchísimo. Le gusta meterse en vidas ajenas y ser el centro de atención. Si estuviste trabajando estos meses con ella y comiéndote sus morros en horas laborales, fijo que lo sabes como nosotros.

 Jessy, joder, no seas bestia - le reprochó Coque mientras soltaba una risa tonta.

- En definitiva, Miriam se ha ido y nos ha dado a todos por el mismísimo culo. No le importa nada, ni nadie - finalizó Jessy mientras se tambaleaba hacia los lados intentando coger algo de la mesilla. Por fin lo consiguió, la botella de Vodka que estaba casi terminada.

- ¿Cómo que se ha ido? - bramé interrumpiendo a Jessy y su estrecha relación con el alcohol y sacando a Coque de su ensimismamiento. ¿Debería hacerle caso a unos locos alcohólicos?

Tal vez, debería irme y hablar con ella el lunes cuando venga a trabajar, o buscar sus cosas... Dado que lo último que me comunicó es que quería dejar de verme y el trabajo le obligaba a hacerlo.

- A ver, lo que Jessy quiere decir, sin ser tan bestia; es que Miriam ha decidido irse a estudiar al extranjero, le han ofrecido una beca en donde está estudiando canto y no se lo ha pensado siquiera. Apareció de repente con una maleta gigante y una cara de amargada impresionante. ¿Habéis discutido recientemente?

- No tengo porque responder a esa pregunta. Me extraña siendo como es Miriam que se haya ido sin ser de forma premeditada y sin decir nada a nadie - murmuré sin estar muy seguro de la certeza de las palabras de Coque. Me llevé una mano al cabello refunfuñando. ¿Y si era verdad y los borrachos estos no estuviesen exagerando? ¿Miriam se había ido por mí? ¿Por todo lo que pasamos en nuestra relación?

Si eso era cierto, acababa de demostrar que era una cobarde y que no estaba dispuesta a luchar por nuestra relación. Algo que me decía, que nunca me había querido como yo a ella, que estuve a su lado en su peor momento, cuando casi se muere delante de mis ojos y cuando como no, estábamos peleados. Toda nuestra relación, había sido así. Llena de discusiones, odio, mentiras e infidelidades derivadas de la mala comunicación entre nosotros y el no sabernos querer. De la necesidad extrema de estar juntos y de unirnos en una increíble sed de pasión inigualable y a los dos segundos, estar discutiendo por quien lleva las riendas de la relación.

Habíamos comenzado así y habíamos terminado de la misma forma. Si era cierto que se había largado, esto significaba el fin. Todo se había acabado y ya no quedaba manera de solucionar nuevamente nuestros conflictos. Miriam ya no estaba dispuesta a darnos una última oportunidad y si ella no quería, yo no podía seguir luchando e insistiendo. Se había acabado.

- No sé si la has llamado, supongo que sí. Imagino que no te ha comentado nada. Te propongo algo - comentó Coque sacándome de mi mente - Puedo llamarla y hablarle del tema y así comprobarás que ninguno de los dos te estamos mintiendo.

- No hace falta, ya me pondré en contacto con ella.

Coque se negó con la cabeza y sacó su teléfono del bolsillo. Jessy, mientras tanto, seguía zarandeando la botella de un lado a otro como si necesitara desconectar del presente hundiéndose profundamente en su mente.

- Sé por lo que estás pasando. La incertidumbre, el estará bien, le habrá pasado algo... Me pasó lo mismo cuando Coque se fugó despechado de su boda - intervino de repente Jessy, captando la atención de ambos. 

- No empieces, Jessy. Derek no tiene porque saber todo el follón de mi mujer adultera y con bombo de regalito - chapurreó Coque con un tono de voz elevado mientras buscaba el contacto de Miriam y se ponía el auricular en la oreja.

- Déjalo, enserio.

Me hizo una señal con las manos para tranquilizarme. Queriendo decir "todo está bien" pero se equivocaba. Nada lo estaba. Miriam se había desprendido de mis brazos y de mi vida. 

- Hola hermana. ¿Cómo te va? Tengo a alguien conmigo que pregunta por ti - saludó Coque con una sonrisa acercándome el auricular. Me negué por completo con ambas manos, pero se irguió poniéndome el móvil en la oreja. No puedes negarte ante un borracho.

- ¿Qué dices, Coque? ¿Has vuelto a beber? Se te nota perfectamente en la voz. Oye no tengo tiempo para tus idas de olla ahora mismo, estoy en control de pasaportes y me queda un buen rato aún.

- ¿Ves como no te mentí? - bramó Coque riendo y totalmente feliz por tener la razón.

Mi mundo se desplomó y escuchar su voz serena y completamente, abierta y dispuesta a emprender una nueva vida y dejar a un lado su familia, a Dylan y sobre todo, a mí. Me entristecía, me dejaba con las ganas locas de decirle cuatro cosas en la cara. Pero no valía la pena, no lo valía en absoluto. Con el tiempo, se daría cuenta de todo lo que estaba perdiendo y principalmente, de que me estaba perdiendo a mí.

- ¿A dónde dices que te ibas? - dijo Coque de nuevo con una amplia sonrisa en la cara mientras tomaba asiento a mi lado.

- California. Bueno, te dejo. Te llamo a la noche. Te quiero - se despidió casi sin dar tiempo a respuesta.

- Adiós, Miriam - bramé dándole a colgar mientras mis ojos amenazaban con traicionarme y dejarme en ridículo delante de los borrachos.

- Vaya, eso ha resultado muy desgarrador - exclamó Jessy tomando asiento a mi otro lado. Lancé las flores contra la pared mientras me erguía dispuesto a abandonar la casa. Ya no pintaba nada allí, al menos; había resuelto mis mil dudas. Descubrí que ya no le interesaba, que Miriam ya no era mi princesa, ni yo era el príncipe que le había ayudado a salir del vacío en el que se había desvanecido los últimos meses.

- Oye, las flores no tienen culpa. Eran lindas - susurró Jessy irguiéndose y poniéndome la mano en el hombro - Sé que la amas, pero Miriam es la chica más compleja del mundo y tú, eres un encanto. Me recuerdas a mí, nunca te rindes. Seguí vuestra relación de cerca, y puedo decirte sin dudas que siempre te he apoyado. Tu amor hacía ella siempre me pareció real pero en cambio, nunca vi amor en sus ojos al verte. Siempre la he visto muy indiferente y confusa - acarició mi antebrazo con delicadeza poniéndose delante mía aún semidesnuda. Era difícil tomarla enserio - Mereces algo mejor, Derek. Eres un buen chico. Yo me iría con la cabeza muy alta de aquí. Eres atractivo, un buenazo e inteligente. Te sobran mujeres en el mundo. Es tu momento de ser feliz. Ya está bien de que jueguen contigo - me miró directamente a los ojos. Esta vez, me lo estaba diciendo enserio. Sus palabras eran sinceras y certeras. Jessy me tenía más aprecio del que pensaba o más bien, se veía reflejada en mí y en mis sentimientos. 

Su mirada lagrimosa y su preciso agarre en mi brazo, me comunicaban; que efectivamente era lo último. Jessy estaba en una situación muy similar a la mía. Estaba cansada de darlo todo y recibir solamente pedazos. Su mirada apenada me decía, que ella estaría en mis zapatos posiblemente, en poco tiempo. Aún así me abrazó cariñosamente recuperando la sonrisa en sus labios.

- Gracias. Creo que es hora de que me vaya.

- Te acompaño a la salida - murmuró Coque adelantándome por la izquierda.

Le seguí y salí al exterior. 

- Espero verte pronto, Derek. Siento lo ocurrido - se despidió Coque. No fui capaz de responderle, seguramente esta era una despedida para siempre, no creo que nos volviésemos a cruzar y si lo hacíamos, ni siquiera miraríamos en la misma dirección. Ninguno nos caíamos bien, y si estábamos hablando ahora mismo era por un bien común. Por su querida hermana. Sentí el alivio en su rostro al murmurar aquel "Adiós, Miriam" y verme colgar. Nunca estuvo de acuerdo con nuestra relación y siempre lo puso en manifiesto.

Era el momento de irme y no mirar atrás. 

Iba a emprender una nueva vida, sin Miriam. 

Por cierto, debía buscarme una nueva empleada cuanto antes o el lunes, Miriam no solo perjudicará mi vida personal si no también la profesional.




Narra Pris:


- Vaya, veo que el orden no es lo vuestro - Fue lo primero que dije al entrar en la casa de Coque y Miriam y tomar asiento.

- Con tantas visitas, el tiempo para limpiar es inexistente - respondió Jessy tomando asiento a mi lado con las piernas acomodadas como un indio sobre el sofá. Llevaba puesto un pijama veraniego de tiras con un estampado de Dumbo. 

Coque, se sentó al lado de Álvaro mientras charlaban de a saber qué. A diferencia de Jessy, llevaba puesto unos vaqueros y una camiseta básica, lo que me hizo pensar que había sido avisado de nuestra presencia. A Jessy siempre se la sudó muchísimo su presencia física ante invitados, y más aún siendo de confianza. Recuerdo como iba vestida en su cumple, muy informal. 

- ¿Y eso? ¿Quién vino hoy? - examiné mientras contemplaba a ambos.

- Derek - murmuró en tono bajo Coque, dando por finalizada su pequeña conversación con Álvaro.

- ¿El del concesionario?

- Sí, imagínate nuestras caras al verlo en la puerta de casa. Le invitamos a entrar, era lo menos que podíamos hacer - contestó Jessy cambiando totalmente su expresión, parecía apenada y empática ante la situación.

- Imagino que vino por Miriam.

- Él no tenía ni idea de que se había ido. Ella no se despidió de él ni le comentó absolutamente nada. Aunque su relación fuese mal, merecía un mínimo por su parte. Ya no como su novia, si no como su empleada - criticó Jessy poniéndose totalmente en el lado de Derek. Por mi parte, no podía posicionarme. Y menos, en una relación tan compleja como la de ellos dos. Eran tal para cual y solo ellos sabían lo que había detrás.

- Yo no quiero entrometerme, vine solo para poder informar a Dani, Eran buenos amigos, él le cedió esa increíble oportunidad y creo que merece saberlo todo. Con pelos y detalles. Pero no debió irse sin decir nada a nadie. Bueno, os lo comentó a vosotros pero si os lo dijo por teléfono como hizo con Pris, sin posibilidad para despedirse personalmente. No sé, me pareció una forma muy infantil de huir.

Álvaro, interrumpió la conversación dando su más sincera opinión. Él estaba a mi lado cuando me llamó desde el aeropuerto diciéndome que se marchaba a California a estudiar durante dos años. Que intentaría llamarme una vez por semana por lo menos y que lamentaba no poder despedirse personalmente. Mandándome un beso y un abrazo y acto seguido, colgando la llamada. No me dejó tiempo para decirle nada. Era como si lo hubiese planificado todo a la perfección para irse sin que nadie pudiese pararle los pies. Totalmente, absurdo.

- Nosotros no sabíamos más que vosotros. Lo único es que tuvo la obligación de despedirse porque vivimos en la misma casa. No podía llevar cientos de maletas al coche y dejar su habitación vacía sin que nos enterásemos. Era lógico. Aunque cuando la vi bajar las escaleras de forma sigilosa, me dio la impresión de que sus intenciones eran precisamente esas - vaciló Coque mientras se levantaba abandonando la sala - ¿Queréis tomar algo?

- Un agua estaría bien. Gracias - susurré con la poca confianza que tenía con Coque. Seguramente, él sabía la buena relación que tenía con su archienemigo Henry y aunque nos tratásemos con respeto, no podíamos entablar una relación amistosa como la que tenía con Jessy.

Aprovechando la ausencia de Coque, Jessy se acercó al sillón donde permanecía Álvaro sentado.

- ¿Cómo está Carlos?

- Bien, increíblemente bien - murmuró mi chico soltando una sonrisa traviesa. La respuesta de Jessy fue una mirada incrédula, no entendía el porqué de la travesura de sus palabras - Digamos que está en un buen momento ahora mismo.

Jessy me observó sin entender nada a lo que yo le respondí encogiéndome de hombros, no era el momento de tratar el tema Carlos. El tema de Miriam y su huida ocupaba nuestras mentes por completo. Aunque parecía que su hermano, ya estaba acostumbrado a estas rabietas por parte de su hermana. 

- ¿En su mejor momento? ¿A nivel profesional?

- Más bien personal, está muy ilusionado - respondió Álvaro.

- ¿Quién está ilusionado? - intervino Coque, dándome el agua y sentándose nuevamente al lado de mi chico.

- Dani, por la nueva gira. ¿Cuándo comenzaba? - masculló Jessy antes de que nadie pudiese adelantársele. Parecía que el tema de Carlos no contentaba mucho a Coque. ¿Por qué si no iba a ocultárselo de esa forma? Nunca entendería la relación de estos dos. Aunque sé que si Coque le comiera la boca a Jessy en estos momentos ella se derretiría y caería totalmente, aunque solo la quisiera por el sexo. Llevaba enamorada de él desde el momento que establecieron una relación más cercana, desde antes de conocerla en la firma de discos.

- Comenzamos el próximo mes. Nos vamos a Irlanda - murmuró Álvaro con una sonrisa y una mirada cómplice. Sabía perfectamente que no estaba muy contenta sobre su gira. Ya que duraba dos meses y no estaba acostumbrada a estar tan lejos de él. Pensar en eso, me mataba.

- Bueno, regresando al tema Miriam. ¿Qué os contó al irse? - interrumpí para no comenzar a llorar delante de todo el mundo. Iba enserio, no soportaba ese tema de conversación.

- No mucho - Jessy y Coque se miraron entre ellos momentáneamente - Que había aceptado la beca y que se iba durante dos años. No nos dijo si vendría de vacaciones, si iba sola, si tenía apartamento... Básicamente, sabemos lo mismo que vosotros. Eso si, lo de la beca nos lo dijo el mismo día que se la ofrecieron. Pero no la vimos convencida. Sospecho que en esos tiempos estaba bien con Derek aún.

- ¿Pero salían realmente o era un simple rollito? - ignoró Coque dejando el tema de su fuga a otro lado.

- Estaban juntos. Con muchas peleas y demás pero eran pareja formal - dijo Jessy poniendo los ojos en blanco - ¿Cómo puedes preguntar eso aún? Era tan obvio que estaban saliendo.

- Para mí no. Aunque lo de venir a cenar a casa sin previo aviso me pareció sospecho para que engañaros y aquellas marcas en su espalda...

- Ella tampoco fue clara con nadie. Nunca nos dijo, estoy saliendo con Derek. Simplemente, la veíamos salir a cenar con él o ir a su casa. Y ahí fue cuando supimos que estaban juntos - interrumpí obviando el discurso de Coque.

 - Era una relación tóxica así que es fácil saber los motivos de su ruptura.

- Creo que no es de nuestra incumbencia el tema Miriam y como se llame el chico. Lo importante es que ya no está y no podéis hacer nada. Ni vosotros ni nadie. Ya es mayorcita para saber lo que hace - finalizó Álvaro la conversación.

- Tienes razón. Tenemos que contaros algo, a diferencia de Miriam queremos avisaros. 

- ¿Qué pasa? - exclamé mirando a Coque como si guardara cien secretos en su mente.

- Nos vamos una semana a Irlanda - bramó emocionado mientras observaba a Jessy con cariño. 

- Vaya, ¿y eso? - pregunté incrédula. Jessy y Coque de viaje juntos después de ella haber roto con Carlos y con Coque seguramente preparando los papeles del divorcio me resultaba extraño. ¿Es que acaso estaban ocultando algo? La increíble sonrisa de Jessy me hizo replanteármelo más. ¿Qué había pasado entre estos dos? El motivo por el que se fue Miriam no tenía absolutamente nada que ver con el motivo de estos dos.

Era como si quisieran vivir su amor escondidos del mundo y que mejor que hacerlo en otro país.

O era demasiado desconfiada o lo que pensaba era real y estos dos se habían enrollado. No puedo juzgarlos, ambos acaban de salir de relaciones complejas y sucesos traumáticos. Que curaran sus heridas morreándose era una buena forma de olvidar. 

Quien me preocupaba realmente era Jessy, temía que sus sentimientos pudieran confundirla y que Coque jugase con ella. Debía tener claro que seguramente, esto era puntual y Coque solo quería desconectar su mente a su lado.

Esa era una conversación que debía tener con ella, quería protegerla. Sé lo que es enamorarse y que no sea correspondido. Abrirte en canal y que te utilicen a su antojo por tener sentimientos encontrados. Jessy ya había sufrido mucho, no se merecía sufrir más.

- La casa se nos cae encima y eso que Miriam aún acaba de irse. Creo que merecemos divertirnos un poco.

Jessy se sonrojó. Creo que pensamos lo mismo, eso ha sonado bastante peor de lo que pensaba Coque. Creo que acaba de ser consciente de ello.

- Podríais venir con nosotros.

- No, no, no. Tengo mucho que hacer antes de la gira y además, Pris tiene un gran negocio que dirigir - sonrió Álvaro mientras me guiñaba un ojo.

- Es cierto, mi padre me ha cedido sus acciones. Prácticamente, el cincuenta por ciento de la tienda es mía lo que equivale al triple de papeleo y muchísimas más horas de trabajo.

- Ostias, Pris. Felicidades, quien diría que te volverías una empresaria - me felicitó Jessy abrazándome con cariño mientras depositaba un beso en mi mejilla. Decidí aprovechar el momento en el que los chicos estaban distraídos y su oreja estaba pegada a mis labios.

 Tú y yo debemos hablar seriamente.

Me separé de ella. Miró hacía los lados con timidez y se levantó. 

- Debo irme, debo hacer la compra de la semana. ¿Nos vemos otro día?

Eso quería decir que mis sospechas eran ciertas. Estos dos se habían liado y ella no me lo contó. No sé que está pasando últimamente, antes las tres nos contábamos todo y ahora cada una hacía su vida por separado sin contar la una con la otra. No podía entenderlo. Aunque al menos, me daba satisfacción saber que yo seguía estando ahí, de pie, esperando a que ellas se dignaran a contar conmigo.




Narra Miriam:


Mi cabeza durante el viaje no paraba de dar vueltas y más vueltas. El vuelo era de doce horas y media y gracias a dios no tenía que hacer escala, llevábamos la mitad del vuelo y mis piernas ya parecían spaguettis.

Tenía muchas ganas de llegar, el calor amenazaba con acabar conmigo antes de finalizar el viaje y la señora que tenía al lado, en el asiento al lado de la ventana, llevaba todo el viaje durmiendo y roncando. O tal vez, solo roncaba porque era insoportable. Incluso con los cascos puestos se escuchaba. 

Dylan se me venía a la cabeza a cada rato, nuestra despedida había sido corta pero intensa. Las últimas palabras que me dijo antes de despedirnos fueron, "una vez cumplas tu sueño, ven a verme".

Aquella frase hizo que me rompiera en pedazos y las lágrimas inundaran mi rostro. Dylan a pesar de ser un niño, entendía más que nadie lo que era romperse la espalda para conseguir lo que llevabas esperando toda tu vida. Todo lo que habías luchado, por fin tenía su recompensa. No todos los días te vas al otro lado del planeta a grabar tu primer disco con una gran discográfica y todo un equipo disponible bajo tus pies. La emoción recorría todo mi ser pero la tristeza, inundaba mi mundo. Por eso, no era capaz de dormir aunque quisiera hacerlo y lo necesitase.

Jessy y Coque no se merecían aquella despedida tan fría y cuanto menos, Pris. Siempre estuvieron tan cercanos a mí y me ayudaron tanto estos últimos meses que me resultaba extraño dejarlos atrás sin ni siquiera voltearme para despedirme. Nunca me gustaron los "hasta luego", me resultaban antipáticos y dolorosos. 

Tal vez, después de estos años no quisiera regresar, tal vez me sintiera tan a gusto en esta nueva vida, que fuera un gran aliciente para comenzar un nuevo mundo. Sin mirar atrás y siendo totalmente egoísta por una vez en mi vida.

Siguiendo así el trayecto de mis padres, siempre viajando de un lugar a otro, persiguiendo sus sueños, enseñándole al mundo que eran los mejores en lo que hacían.

Ante la muerte de mi madre, mi padre huyó, de nosotros, de sus sentimientos y de toda la monotonía y recuerdos que le rodeaban. 

Antes no lo entendía, pero hoy en día me siento muy identificado con él. Lo entiendo y no le juzgo. A día de hoy es exactamente lo que hubiera hecho al enterarme del fallecimiento de mi madre.

Muchas cosas me lo impedían, pero a veces, es momento de pensar en ti y en tu salud mental y eso es lo que estaba haciendo ahora mismo. Cogiendo este vuelo, diciendo sí, sin consultarle a nadie que me hiciera dar marcha atrás. Simplemente, estaba dejándome llevar, por mi corazón y mis ideas. 

Tal vez, la semana que viene, esté cogiéndome un avión de vuelta pero mientras dure esta etapa de incierto empoderamiento, voy a aprovecharlo haciendo lo que mejor se me da.

Lanzándome a la aventura, sin saber como terminará todo esto.

Miré a la ventanita del avión, un montón de nubes desaparecían a nuestro paso, estaba atardeciendo, pero desde el cielo, poco se podía contemplar. Además, la mujer de los ronquidos, no me dejaba contemplar las vistas con tranquilidad y plenitud.





Cerré los ojos con la imagen de Derek en mi mente. Poco a poco, me fui dejando llevar mientras la música acústica que sonaba a través de mis auriculares, me conducía al sueño profundo.

La imagen de Derek fue difuminándose y de repente, se escuchó "Adiós, Miriam" en un murmullo apenas audible. Vacío de esperanza, roto de sentimientos y olvidado en la penumbra de la noche. 

Todo se ha inundado, se ha terminado.







jueves, 2 de junio de 2022

(T3) CAPÍTULO 60: YA PASÓ LA TEMPESTAD

 

Narra Jessy: 

 Bajé las escaleras aún haciendo un esfuerzo por recuperar la consciencia. Me froté los ojos y entré en la cocina acompañada de un fuerte e intenso bostezo.

 Cuando al fin era consciente de lo que sucedía al mi alrededor, vi a Coque en gallumbos tarareando una canción mientras hacía el desayuno. Ese era el motivo de que toda la casa oliera a tortitas. 


- Buenos días - le dije sonriendo mientras me sentaba a un lado de la encimera con las piernas colgando.

- Buenos días, Jess - murmuró volteándose hacia mí. Se apoyó en frente de mí, dejando sus brazos alrededor, impidíendome escabullirme. Se acercó cuidadosamente y depositó un beso tierno en mis labios.

Como si me fuese la vida en ello, lo enrollé con mis piernas y lo atraje más a mí. Le sujeté del cabello tirando un poco de el y respondí con otro beso intenso pero con lengua.


Se alejó unos centímetros para coger aire y me miró fijamente a los ojos con una sonrisa.

- Tengo algo que proponerte - dijo captando mi atención aunque ciertamente, ya la tenía - ¿Qué te parece un viaje a Irlanda? Es un país con mucha cultura y a muchos, muchos kilómetros de todo lo que nos rodea. No sé tú, pero tengo ganas de desconectar de todo.

- ¿Solos tú y yo? Además, acabas de volver de Cuba. Estuviste desaparecido sin dar señales de vida, meses. ¿Pretendes volver a irte y dejar a tu hermana sola de nuevo? - me sorprendí sermoneándole por su falta de empatía y su poco sentido de la responsabilidad.

- Mi hermana está encoñada del rarito de los coches. ¿Crees que le importa lo que haga y con quién? No conoces bien a mi hermana entonces - respondió entornando la mirada y obviando lo evidente.

- Ajá. Y digo yo, ¿no le parecerá raro ir nosotros dos solos?

- Jess - murmuró cogiéndome las manos con una sonrisa - Me da igual lo que piense, nos llevamos guay y estoy pasando por un mal momento. Tú acabas de romper con el rubito y también lo estás pasando mal. ¿Por qué no compartir nuestra mierda? - Me agarró de la mano poniéndome ojitos como un corderito enamorado.

- Yo no quiero solo compartir nuestra mierda. Si nos vamos juntos a Irlanda estarás dando comienzo a algo más serio...

- ¿Cómo algo más serio? No te pillo, Jess - respondió separándose unos centímetros para observarme mejor.

- A tener algo más... estable. Tú y yo. Me refiero a nosotros. A lo que tenemos o a lo que estamos estableciendo. Bueno, da igual - susurré en tono bajo mientras desviaba la mirada y notaba como mis mejillas cambiaban a un color más resultón.

- Oh Jess...-me cogió de la barbilla buscando mi mirada y acercándose a mis labios. Pude sentir su aliento en mi rostro. La piel se me puso de gallina - Ahora mismo no es que tenga muy claro que cojones quiero hacer con mi vida, lo que si sé claro es que he perdido muchas cosas y personas importantes para mí que finalmente, no merecían serlo. Lo único que tengo claro es que quiero pasar tiempo contigo. Quiero besarte, abrazarte, dormir a tu lado y reírnos juntos. Solo quiero desconectar de todo y disfrutar con alguien que si me aporte algo en mi vida. Y tú querida - dijo empujándome para atrás con su dedo índice - Eres la única persona con la que quiero hacer todo eso. 

- Eres horrible, Coque. Yo tampoco tengo muy claro que hacer - le confesé poniendo los ojos en blanco mientras le cogía de las manos.

- Entonces, déjate llevar y vente a la agencia de viajes conmigo. Pago yo.

- No, eso si que no - le corté de inmediato pensando en partirle el cuello con la mente. 

- ¿Por qué no aceptas un regalo? Eres tan testaruda - dijo mientras se acercaba con una sonrisa a mis labios. Comenzamos a comernos a besos mientras los dos sonreíamos como completos lerdos. O como lerdos enamorados.

Ojalá estuviera en la mente de Coque para averiguar que es lo que siente por mí. Es demasiado desconcertante no saberlo, a veces, es como si me amara y quisiera hacerme hijos. Otras, es como si le diera igual y simplemente, fuera otra florecita más en su camino. Tal vez, el viaje fuera la clave para aclarar nuestros sentimientos de una vez por todas. Tanto los de él como los míos.

De repente una voz nos distrajo de nuestros pensamientos.

- ¿Hola? ¿Qué cojones? ¿Desde cuando os liais y es más, desde cuando en mi puta cocina?

Ambos dejamos de besarnos y nos sorprendimos al ver a Miriam, mirándonos con cara de culo desde la puerta de la cocina acompañada de dos maletas que sujetaba con las manos, que pasados unos segundos depositó en el suelo. Vimos como se cruzaba de brazos furiosa mientras Coque y yo nos mirábamos sin saber que decir. 

- ¿Vais a explicarme que está pasando aquí? 

- Déjame a mí - me susurró Coque a lo bajo mientras se despegaba de mi lado y se acercaba a Miriam.

- Surgió hace unas semanas, no te dijimos nada porque tampoco es que sea algo... Serio - me miró de reojo sin saber muy bien que palabras utilizar para que no sonase mal o me hiciesen daño.

- Eres mi hermano - murmuró levantando el tono de voz- Luego, me miró a mi - Y tu mi mejor amiga. ¿Cómo se os ocurre? Sois las personas más importantes en mi vida y... ¿Os puto coméis la boca?

- Miriam, somos ambos adultos para saber que hacer. Gracias por preocuparte por nosotros pero somos perfectamente conscientes de lo que estamos haciendo. Yo estoy pasando un mal momento por lo de Érica y ella pues igual. ¿Qué más da?

- ¿Íbais a contármelo algún día? ¿O era la única forma de descubrirlo? - volvió a interrumpir a Coque con el mismo tono de voz pero mucho más cabreada.

- No creo que fuese una información muy relevante. Al menos, eso creo. Además, nunca estás en casa Miriam. Entre tu chico de los coches y la academia de música...

O no... Eso la va a hacer estallar... 

- ¿De qué vas? Estoy esforzándome por construír un futuro. Trabajo para el chico de los coches para pagarme la maldita academia y ser dueña de mi futuro. No me gustaría acabar como tú, dejando mis sueños de lado por miedo al fracaso y estudiando una carrera que no me llena lo suficiente. Casándome con una estúpida que tiene un hijo con un amigo mío y liándome con la mejor amiga de mi hermana para calmar el picor de polla. Lléndome, hasta el otro lado del continente porque no soporto mi vida y simplemente, evado los problemas como siempre. Hiciste lo mismo con la muerte de mamá. Simplemente, fue el funeral y comenzaste a currar al día siguiente. Te importó una mierda. Me veías llorar cada día y te la sudaba - gritó fuertemente dejando que toda la rabia que tenía dentro se fuese apresuradamente.

- Al menos, no me enrollo con un empresario que vende coches que me lleva casi el doble de mi edad y termino trabajando para él y queriendo adoptar un hijo con él. Mi vida es real no un maldito cuento de hadas como el tuyo. Te veo muy tranquila ahora porque todo te va bien, pero no siempre es así. Cuando todo se complique a ver como reaccionas. A ver como consigues recomponer el rompecabezas y levantar cabeza. Cuando tengas que enfrontarte a engaños, a desamores, a sueños frustados y a hijos que no son tuyos. 

- Chicos... Os estáis llendo por las ramas... Calmaros, por favor - murmuré yo con tono bajo viendo el panorama como si se tratase de una guerra de lobos. Constantemente, uno quería quedar encima del otro y se tiraban toda la mierda del mundo centrándose en los puntos débiles. Esta conversación parecía desbordarse por minutos. Era hora de detenerlo antes de que terminasen tirándose de los pelos. 

- Sois los dos tan estúpidos. Así no solucionaréis nada, solo arruinar vuestra amistad y la relación conmigo porque después de esto, no pienso miraros de la misma forma que antes. Eso tenedlo claro.

 - Nos quedo claro. Es culpa tuya eso. Nosotros somos libres de hacer lo que queramos. Si te molesta es tu problema - respondió Coque cruzando los brazos y haciendo gestos obscenos.

- Por cierto, ¿a dónde vas con esas maletas? - interrumpí para que no volviesen a discutir de nuevo.

- He cogido la beca al final. Me voy a California - dijo tan serena como si estuviera meditando desmasiado esa toma de decisión.

- ¿Cómo? ¿En qué momento...? ¿Te vas ya hoy? - dije sorprendida ante lo que acababa de escuchar.

- Me lo comentaron hace una semana, lo estuve cavilando y es una gran oportunidad. No puedo rechazarla y me decidí ayer.

- ¿Cuánto tiempo? - intervino Coque de la nada aún furioso ante la situación.

- Dos años en un principio.

- ¿Enserio? ¿Qué pasa con Dylan y Derek? ¿Irá contigo? - pregunté al ver que ella lo tenía demasiado decidido como para pensar en todo lo que dejaba aquí.

- Derek se queda y lo de Dylan... Lo intentaré de nuevo cuando vuelva. Ahora no es el momento.

- ¿Y se lo tomó bien? - volví a preguntar. Al menos así, no volvían a discutir.

- ¿Podemos dejar de hablar de esto? Tengo que irme al aeropuerto, el vuelo sale en dos horas y aún debo ir a despedirme de Dylan.

- Está bien, ¿te acompañamos? - preguntó Coque relajándose aún por los últimos minutos de discusión de antes.

- No, ya hicisteis suficiente hoy. Tendré pesadillas en el avión con tu lengua metida en la boca de Jessy, succionándole hasta el alma - volteó los ojos mientras soltaba una risilla inocente.

- En el fondo, estás contenta por nosotros - respondió Coque. Acercándose para abrazarla.

- Cuando vuelva espero que ya hayáis terminado con vuestras cochinadas - murmuró abrazando a Coque y depositando un beso en su mejilla.

- Quien sabe, a lo mejor, nos encuentras casados.

- Cállate - reí mientras Miriam venía hacia mí para abrazarme.

- Como le vuelvas a hacer daño te mato. Cuídalo, ¿sí? - dijo en voz baja en mi oído. Asentí depositando un beso en su mejilla.

- Me voy, os quiero. No hagáis muchas cochinadas en mi casa y aprended a cocinar, cerdos.

- También te queremos - respondió Coque mientras le ayudaba con las maletas.

Salimos todos fuera, le ayudamos a meter las maletas en el coche e intercambiamos miradas.

- Buen viaje hermana.

- Gracias - sonrió dedicándonos una última mirada con los ojos humedecidos.

Se metió en el coche y desapareció de nuestra vista en un par de segundos. Vimos el coche desaparecer en la primera salida. Nos abrazamos y volvimos a entrar en casa.

- Ni se te ocurra irte ahora, estoy más solito que un perro abandonado - dijo poniendo pucheros mientras me agarraba de la cintura.

- Nunca se me ocurriría dejarte - respondí abrazándole fuerte como una niña pequeña emocionada en la fiesta de su cumpleaños. Y era cierto, aunque quisiese, era imposible. No podía dejarle.




Narra Henry: 

Desperté con la luz del exterior. Me encontré a Lola sobre mi hombro izquierdo mirándome como si fuese lo más valioso para ella. No la entendía.

Me había dejado, abandonado... Ahora estaba en mi cama, diciéndome que me quería mientras me miraba fijamente sonrojada. Parecía la misma chica del principio. La tímida, sin experiencia en el amor, torpe y cariñosa. Aquella chica que me había robado el corazón desde el momento cero. 

Sus celos terminaron con todo pero tal vez, era el momento de volver a recomponer las cosas. Mejorar la situación y emprender un nuevo viaje. Una relación más sana y pura. ¿Quién sabe? Era el momento de tratar las cosas con ella y ver en que punto estábamos de la relación.

- Buenos días pequeña - bostecé mientras esperaba que me dejase levantarme.

- Buenos días - respondió apoyando su mentón en mi pecho y mirándome con firmeza.

- ¿Cómo dormiste?

- Hacía tiempo que no dormía tan bien - suspiró poniéndome ojitos como si intentase que dijese o hiciese algo que la sorprendiese.

- Mis puertas están siempre abiertas, ya lo sabes. ¿Comenzaste a trabajar o sigues de baja?

- Empiezo en un par de semanas - contestó acercándose más a mi rostro. 

- Me alegro mucho. Te veo mucho mejor. La última vez fue horrible la verdad. 

- Lo sé, siento todo lo que te dije. No iba enserio. Pero estaba dolida y perdida. Pensé que te haría daño - murmuró desviando la mirada y cambiando su expresión facial.

- ¿Daño? El único daño que me hiciste fue separarme de ti, pequeña - dije acariciando su mejilla. Sorprendentemente, ya no se apartaba de mí cada vez que intentaba acercarme a ella o simplemente, rozarla.

- Lo sé, por eso quería disculparme. Hiciste mucho por mí, Henry. Quiero recompensarte - me contestó quedando a centímetros de mis labios mientras me acariciaba el rostro con cariño.

- ¿Recompensarme? - pregunté sin saber de qué estaba hablando. Pero no me dejó decir ni una palabra más, se abalanzó sobre mí y comenzó a besarme como si le fuera la vida en ello. 

Le rodeé la cintura con mis brazos mientras ella me agarraba los mofletes con sus manos pequeñitas. Me deshicé de amor jugueteando con su lengua, mordiendo sus finos labios. Era como volver a casa por Navidad. Mi corazón comenzó a latir cada vez más rápido. Los sentimientos volvían a estar a flor de piel y no podía estar más feliz por recuperar a la chica que había iluminado mis días después del pozo en el que estaba perdido. 

- Te quiero, quiero entregarme a ti Henry. Es el momento - soltó sin más mientras comenzaba a desabotonarse los botones del pijama que le había prestado.

- ¿Qué haces? Ni de broma voy a consentir que tu forma de recompensarme, sea esta - dije poniéndome serio mientras ponía mi mano sobre la suya evitando que siguiese desvistiéndose.

- Lo hago porque quiero, no porque quiera recompensarte de esa manera.

Apartó mi mano y continuó hasta liberarse de la parte de arriba del pijama. 

- Para, por favor - murmuré intentando apartar la mirada de ella y su fantástico cuerpo.

Pero ella no quería parar, se puso a horcajadas sobre mi miembro y comenzó a moverse suavemente haciendo que mi amigo se pusiese duro apretándose sobre ella.

Dirigí la mirada a su rostro, jadeaba mientras mantenía la cabeza hacia atrás y se acicalaba el pelo al mismo tiempo. Puse la palma de la mano sobre uno de sus pechos aprentándolo con delicadeza. Me deshice rápidamente por debajo de su sujetador y apreté con fuerza. Se encorvó soltando un gemido. Reaccioné inclinándome hacia ella mientras jugaba al Rubik con el cierre de su sujetador. Al poco tiempo, conseguí deshacerme de el mientras le comía el cuello a besos. Bajé hasta sus pechos y los chupeteé hasta que ella se corriese de placer. 

Luego, me deshice de la parte de arriba de mi pijama. Ella comenzó a toquetear mis pectorales mientras yo seguía comiéndole el cuello furtivamente. Noté su corazón bajo la palma de mi mano. Latía a una fuerza sobre humana.

Bajó su mano hasta mi paquete, lo apretó con delicadeza a lo que yo respondí gimiendo en su oído. Y como si no le importase absolutamente nada de lo que ocurría a su alrededor, entrometió su mano dentro del pantalón de mi pijama y comenzó a pajearme a un ritmo constante que cada vez aumentaba más. Eso hizo que perdiera el control. Y como pidiéndole permiso para entrar en casa, me acerqué a su oreja y la mordisqueé. Susurrando un casi inescuchable "¿puedo? ". A lo que ella, solo asintió mientras ambos moríamos de placer. 

Me entrometí entre sus pantalones. Acaricié sus bragas de encaje mientras notaba como todo su cuerpo se arqueaba. La cogí de la cintura con el otro brazo poniéndola debajo de mi cuerpo semidesnudo. Me deshice de la última ropa que llevaba encima y continué mi trayecto introduciendo mi mano en el interior de su cuerpo mojado. Volvió a gemir y arquearse de placer. Seguí recorriendo con mis dedos toda la profundidad de su ser hasta que noté como se arqueaba más de la cuenta y paré.

- No, no quiero que termines ya - susurré en su oído mientras le bajaba las bragas del todo y me metía debajo de las mantas. Quería que tuviese la mejor experiencia que nunca había tenido. Que tuviese las mismas ganas que yo de volver a repetirlo una y otra vez. Quería hacerle el mejor oral que pudiesen hacerle. Pero a los cinco minutos de estar bajo las mantas. Noté como me agarraba y tiraba de mí hacia el exterior. Me miró fijamente a los ojos y lo dijo.

- Fóllame, ya - recalcando alto y claro el "ya" y con una sonrisa muy traviesa. 

- Oído cocina - murmuré siguiéndole el juego.

Me apresuré a coger un condón de la mesita. Me lo pusé y volví a ponerme en horcajadas sobre ella. Con mucho cuidado me introduje en su interior. Obviamente después de la vivencia de unos meses, no sangró aunque si se inmutó. Soltó un largo gemido mientas me agarraba el trasero marcándome el ritmo que ella quería seguir. Me moví en su interior mientras jugueteaba con sus orejas. Eran tan suaves y comibles. En diez minutos, me encontré a una Lola excitada, empujándome contra el colchón y tomando el control. Se puso sobre mí, levanté las manos en señal de "ten cuidado" y me mordí el labio mientras volvía a meterme en su interior. Comenzó a moverse rápidamente encima de mí. Comenzó a botar sobre mi miembro y cada vez era más excitante. Notar su piel sobre mí, su respiración agitada sobre mi cuello y su pelo enredado volar de un lado a otro del cuarto. 

De repente, nuestros aparatos parecieron estallar, ella apretó fuertemente su cuerpo sobre el mío mientras cerraba los ojos balanceándose hacia atrás. Se había corrido y como buena pareja, me corrí detrás de ella emitiendo ambos un gemido que parecía que habíamos terminado la clase de ópera.

Se lanzó sobre mi cuerpo acostándose a mi lado y sudando a chorro suelto. Nos destapamos del todo y nos miramos agotados sonriendo.

- ¿Qué tal? - dije aún jadeando mientras acariciaba mi cabello mojado.

- ¿Enserio aún lo preguntas? - respondió con cara de sorpresa. Nos reímos a la vez mirándonos con cariño. Besé su mejilla y la miré con dulzura.

- Yo también te quiero - murmuré respondiendo a su comentario de ayer por la noche.

Ella me miró de nuevo asombrada y sonrió como una niña pequeña mientras sus mejillas se teñían de rojo.

 


 

Narra Coque: 

Llegué a la agencia de viajes con una sonrisa de oreja de oreja. Jessy iba detrás de mi cogiéndome de la mano igual de sonriente que yo. 

Entramos y esperamos hasta que hubiese una mesa libre. De repente, como si el infierno se alzara ante nosotros vimos a Érica entrar y sentarse en frente de nosotros. Tenía una barriga enorme, pronto saldría de cuentas supongo. Alzó la mirada y nos vió, su cara ennegreció de un momento a otro. 

- Vaya, que sorpresa - murmuró ella captando la atención de Jessy. La agarré de la mano porque sabía lo que podía pasarle por la mente y no quería que cometiese tal equivocación.

- Anda, da gracias de que no te denunciaste por secuestrarme y atarme en tu casa. ¿Sabías que es delito penal? - murmuró Jessy totalmente enfurecida.

- Aún te hice un favor, por lo que veo. No tardaste en comerle el culo como una perrita faldera.

- Al menos mis sentimientos son sinceros, no ando con varios teniendo hijos y esas cosas - respondió con una sonrisa de lado.

- Todos cometemos errores.

- ¿Y qué haces aquí? ¿Huyendo del país? ¿A quién más estafaste? - murmuró Jessy mientras apretaba mi mano con más fuerza.

- Estoy recuperando el dinero de mi billete a Cuba.

- Vaya, eres una bruja hasta para eso. Te importa una mierda lo que sientan los demás y siempre fue así.

- Seguro que vosotros os vais de vacaciones con esos billetes. ¿Qué ladras entonces? - dijo palpándose la barriga con malicia.

- Te equivocas reina, vamos a hacer nuestra propia luna de miel.

- Chicos, sois los siguientes - murmuró la chica acercándose a nosotros avisándonos.

- Bye Érica. Púdrete - se despidió Jessy.

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Una vez compramos los billetes, ya teníamos la fecha de nuestra partida, era en una semana y teníamos que ir preparando todo y coger vacaciones en nuestros respectivos trabajos para poder partir sin preocupaciones. Estaríamos una semana allí. Lo estábamos deseando. 

Antes de salir de allí pude percibir la voz de Érica.

- ¿A dónde va a ir la pareja que acaba de salir?

Me reí, era tan estúpida que no podía centrarse en su propia vida, tenía que meterse nuevamente en la mía. Si no la hubiera cagado, ahora seguiría con ese monstruo.



Narra Miguel:

 

¡Lola! Hace mucho que no te veía. ¿Cómo estás? - me sorprendí al encontrármela en el pasillo. La abracé como si la vida me fuese en ello.

- Muy bien, la verdad. Me sorprende no encontrarte en el baño o desnudos uno de los dos como de costumbre.

- Bueno, me pillaste bien esta vez - me reí mientras la miraba como si de una niña indefensa se tratase.

- ¿Pasaste la noche aquí?

- Sí, digamos que la relación con Henry ha mejorado.

- Me alegro, espero volver a poder llamarte cuñada. Me hacía mucha ilusión que alguien quisiera a mi hermano.

Se rió como solía hacerlo antes. Eso me hizo sonreír, al fin volvía a ser la misma Lola de antes. Poco a poco, claro, pero ese brillo en los ojos, volvía a aparecer.

- Ven, vamos a hacer de desayunar - la cogí por los hombros llevándola a la cocina.

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- Y bueno, estábamos pensando en coger un vuelo la semana que viene, ya que están todos los billetes llenos y fue el único que pudimos encontrar disponible por la web. Es la compañía más barata que encontramos, ¿verdad cielo? - dijo Marina devorándose una magdalena mientras Lola y Henry la observaban con curiosidad.

- Sí, va todo dios al festival. Deberíais venir, podríamos ir en parejitas. Haremos un tour por la zona, cojeríamos dos habitaciones en el hotel, comeríamos comida irlandesa y beberíamos hasta caer muertos.

- ¿Lo dices enserio? - dijo Henry mirando a Lola esperando una respuesta por su parte.

- Claro, ahora que volvéis a estar bien, aunque no hayáis formalizado la relación. Es el momento para hacer una escapada - respondí mirando a Marina mientras ella asentía con una sonrisa.

- No es mala idea, Lola necesitas desconectar después de todo el estrés que sufriste estos últimos meses - respondió Marina apoyando mi propuesta.

- No digo lo contrario, pero llevo meses sin trabajar, no puedo permitírmelo - mencionó llevándose una magdalena a la boca.

- Te lo pago yo - reclamó Henry cogiéndole la mano. Marina y yo intercambiamos miradas sonriendo. Se notaba que estaban mucho mejor, de hecho, demasiado bien. Parecían una relación nueva, más madura y sana sin dudarlo.

- ¿Estás loco? - respondió agitada casi atragantándose con la magdalena.

- Ya me lo devolverás. Venga, nos lo pasaremos bien - ronroneó Henry poniéndole ojitos. A lo que ella, le besó en la mejilla con cariño.

- Está bien, cojan dos billetes más - dijo poniendo los ojos en blanco - Nos vamos a Irlanda.

Todos gritamos victoriosos mientras Henry abrazaba a Lola alegremente.