miércoles, 12 de septiembre de 2018

(T2) CAPÍTULO 49: TÚ Y YO





Narra Miriam:




- Creo que han sido las mejores vacaciones de mi vida - me cargo en su hombro mientras la azafata avisa de ponerse el cinturón.

- Y que lo digas, te dije que unas vacaciones eran lo que necesitábamos - sonríe mientras por el megáfono el piloto nos avisa de que vamos a despegar.

Me quedo callada mirando por la ventanilla del avión casi todo el camino.

Cuando miro a Derek, este se encuntra durmiendo con la boca abierta y una expresión muy cute en el rostro. 
Cojo la cámara de fotos y le saco una foto desde la mejor posición.

- Y esta foto es la última de nuestra viaje - sonrío obsevándola y recordando los buenos momentos que pasamos en Ibiza. 

Nos perdimos, fuimos a la playa, charlamos con turistas, fuimos a restaurantes, nos pasamos las noches en el jacuzzi haciendo el amor...
Y por no hablar de la comida. ¡Eran mangares! 
Sin duda, fue un mes increíble, por no decir el mejor de mi vida.














Narra Jessy:


 - ¿Quieres ser mi acompañante en la boda?

Me entormeto en sus pensamientos mientras le robo un puñado de palomitas.

- ¿Cuándo es?

- La semana que viene - susurro haciéndome a la idea de que Coque, nuestro Coque se iba a casar con esa zorra.

- Por supuesto, ¿tengo que llevar traje?

- ¡Carlos es una boda! - grito riéndome mientras hundo la cabeza en su cabello rubio.

- ¿Y qué? - brama abriendo mucho los ojos mientras acaricia mi pierna.

 - Siempre se debe ir elegante - murmuro mientras él pasa su brazo por mi espalda.  

- Humm... ¿incluso a la boda de una perra?

Le pego un codazo riendo.

- Incluso a la boda de una perra - afirmo mientras apoyo mi mentón en su hombro para mirarle.

- Sabes que Coque se casa con ella porque está embarazada, ¿no? 

- Ojalá fuese así pero está enamorado de ella... - susurro entre dientes intentando restarle importancia.

- ¿Quién afirma lo contrario? Se casan por el bebé, solamente - se encoge de hombros.

- Le conozco bien, sé que no es por eso. Eso solo fue el incitante.

- Lo que tú digas - se gira para ver la película y me deja pensativa durante un rato.







Narra Henry:


- ¡La puerta! - se ecucha un grito ahogado desde la habitación de Miguel.

- ¿Qué? - pregunto soñoriento aún con los ojos cerrados.

- Llaman a la puerta - vuelve a gritar mientras me froto los ojos intentando desvelarme.

Ayer, Miguel insistió en llevarme de fiesta junto a sus amigos y liberarme un poco de todo pero lo único que consiguieron fue emborracherme brutalmente y que terminase la noche en el barril de cerveza con todos los presentes riéndose de mi.

Okey, borrad esa imagen de mi. No soy yo en absoluto. No me gusta la borrachera, ni las resacas, ni el alcohol, ni el humo del tabaco, ni el efecto que causan los porros.

Fue por presión social y para que me dejasen en paz de una vez.

Me levanté, la cabeza me dolía muchísisimo. Ojalá pudiese arrancármela de la cabeza.

Bajé las escaleras y me precipité al piso de abajo. Casi me como los últimos escalones.

Abrí la puerta y que sorpresa me llevé.









Narra Miriam:



- ¡Ya estoy en casa panda de dormilones! - grité grotescamente nada más abrir la puerta principal.

Coque fue el primero en venir a recibirme. Salía de la cocina en calzones con una taza de café en la mano. Vino a abrazarme con una sonrisa de oreja a oreja.

- Falto un mes y ya se te olvida ponerte los pantalones - sonrío mirándole de arriba a abajo.

- Oye, estás... cambiada. Te veo muchísimo mejor - dice después de abrazarme mientras Érica se asoma por la puerta de la cocina con timidez.

- ¡Dios, cómo te ha crecido la tripa! - bramo nada más verla emocionada. Me acerco a acariciársela.

- Digamos que el pequeño Coquito, ha crecido mientras estuviste ausente - susurra riendo ante mi sorpresa.

- Va a ser igual de cabezón que el padre.

- ¡Oye! - se queja Coque fingiendo estar ofendido.

- ¿Qué tal los preparativos de la boda? La boda se celebra en una semana. ¿Lo tenéis todo ya?

- Si, mañana voy a recoger mi vestido y ya tendemos todo.

- Cuánto me alegro. La madrina ha llegado a tiempo - bramo subiendo mis maletas al piso superior. Antes me volteo - Os eché de menos - les digo una última vez mientras ellos se miran mutuamente con una sonrisa de oreja a oreja.

Entro precipitadamente en el cuarto de Jessy sin ni siquiera llamar a la puerta.

- ¡LA REINA DE LA CASA A REGRESADO! - grito nada más entrar mientras observo el panorama.

Me quedo petrificada al encontrarme a Jessy desnuda en la cama junto a Carlos.





- Upp, lo siento - salgo de la habitación en seguida avergonzada.

Ahora entiendo lo de llamar antes de entrar...

Al poco rato, sale Jessy con una bata cubriéndole el cuerpo.

Viene a abrazarme con una sonrisa tímida.

- Pillina, tienes que contarme muchas cosas - susurro a su oreja.

- Poco hay que contar - se encoje de hombros - Estoy saliendo con Carlos.

- ¡Enhorabuena! Eso ya es un gran progreso - la felicito mientras ella sonríe tontamente.

- Es tan mono tia... - se muerde el labio.

- Ya me contarás. Tengo que pasarme por el trabajo.

- Si acabas de llegar.

-Debo rellenar unos formularios - me excuso.

- Está bien, luego ya me contarás que tal el viaje - alza ambas cejas sonriendo malévolamente.

Pongo los ojos en blanco y me dirigo hasta el trabajo.

Una vez allí, llamo a la puerta del despacho de mi jefe.

Derek me abre la puerta mirando a los alrededores y me deja pasar.

Al entrar, cierra la puerta y corre las persianas.

Se abalaza sobre mi y comienza a besarme intensamente.

- Dios, esto cada vez es más excitante.

- Y que lo digas, sin que nadie del trabajo llegue a saber lo nuestro - susurramos en voz súper baja.

Me siento sobre el escritorio de su trabajo. Él se cuela entre mis piernas y se deshace de mi camiseta en un par de segundos. Luego, me desabrocha el sujetador y comienza a acariciarme los pechos y a mordisquearlos.

Intento no gemir mientras todo mi cuerpo se remueve debajo de él.

- ¿Piensas hacerlo aquí?

- Llevamos 24 horas sin sexo. Eso es demasiado, ¿no crees? - levanta el mentón observándome con sus hermosos ojos castaños.

- Estoy comenzando a pensar que estoy saliendo con un ninfómano - le sonrió de lado mientras pongo las manos en su trasero.

- Tal vez - susurra bajando por mi abdomen con su lengua. Me recuesto sobre el escritorio con las piernas enrolladas en su cintura. Finalmente, me baja las bragas con los dientes por mis piernas hasta conseguir quitármelas del todo. Sus dientes me rozan la ingle lo que me provoca cosquillas y comienzo a reírme suavemente.

Pongo mis manos sobre la pitrina de su pantalón. Se la abro comprobando que no lleva puesto ropa interior. Me sorprendo ante tal hecho y suelto una risa pillina.

Su miembro erecto me comunica que está preparado para la acción. Le tiro de la corbata acercándolo a mi y muerdo su cuello mientras él secoloca un condón a la velocidad de la luz.




En nada, me coge entre sus brazos empujándome contra la pared. Una vez me tiene totalmente abierta de piernas, enrollo las piernas en su cintura y se hunde dentro de mi.

Le beso furtivamente enrollando mis brazos en su cuello y evitando así gemir atrayendo la atención de todos.

Cuando estaba al borde de llegar al orgasmo una voz masculina se escuchó al otro lado de la puerta.

Derek, se fue de mi interior y me acercó la ropa para vestirme.

Me puse la ropa a la velocidad de la luz y me escondí debajo del escritorio.

Derek se peinó y acicaló su ropa.

 Abrió la puerta y Justin apareció con una torre de documentos.

- Jefe Karev, ¡cuánto tiempo! - quiere darle un abrazo pero Derek le hace una cobra cogiendo los documentos.

- Ponme al día, Harley - susurra echándole un vistazo.

Cuando Justin va a tomar asiento, me doy cuenta de que me dejé las bragas sobre la silla.

Justin se percata antes que yo y las coge con dos dedos mostrándoselas a Derek.

- Perdone... - murmura sonrojado.

Derek las coje velozmente y las guarda en el bolsillo de su americana.

- Son de mi madre - se excusa y yo me aguanto la risa - Vamos a recepción, hay mejor iluminación.

Y ambos se marchan del despacho. Salgo de mi escondite y aún si bragas me dirigo a la salida.

Esta vez estuvimos a esto de ser pillados. Un pequeño despiste y todo se iría a la mierda.







 Narra Henry:





Nos sentamos en la sala y un silencio invadió el ambiente.

Pris se mantenía nerviosa y encogida en el sillón.

Decidí intervinir para romper el hielo.

- ¿Quieres tomar algo?

- Un colacao frío estaría bien.

- Vuelvo enseguida.

Me escabullo velozmente a la cocina. Estaba claro que nuestra relación amistosa se había enfriado y que hacía meses que no nos veíamos pero tanto como para ni siquiera sacar un tema de conversación...

Miguel interrumpe mis pensamientos.

- ¿Quién es?

- Pris, una amiga.

- Vaya, pensé que sería Lola... - parece decepcionado.

- Estás... obsesionado con ella. Llevas días sin parar de hablar de ella.

- Solo... me preocupa.

- Fuimos a verla, está bien - doy el tema por finalizado calmando la situación.

- Claro... - susurra casi inaudible - Voy a hincar los codos, mañana tengo examen.

- Dale duro, hermano - le sonrío.

- Y tú tómate una aspirina para la resaca - apoya su mano en mi hombro ofreciéndome una sonrisa de lado.

- Gracias supongo - ruedo los ojos y llevo el colacao a la sala.

Se lo tiendo.

- Gracias, Henry.

Comienza a remover el colacao con la cuchara tranquilamente.

- Oye Pris... - le interrumpo captando su atención - No quiero ser irrespetuoso pero... ¿a qué has venido? - sonrío inocentemente.

- Oh si... Perdona - se disculpa mientras sus manos temblorosas rozan sus rodillas.

- No pasa nada.

- Verás... ¿Cómo... cómo te van las cosas con Lola?

Trago saliva. Prefería seguir callados.

Me froto la cabeza y sonrío forzoamente.

- Ya no existe un Lola y yo.

- ¿Qué? - parece sorprendida.

- Surgieron ciertos... inconvenientes que hicieron que nuestra relación se fuese al garete.

Se pone ambas manos en la boca confundida.

Luego me mira a los ojos con expresión compasiva.

- Dios... Sabía que esto tendría consecuencias pero no me imaginé que fuera para tanto.

- Ya... Lola no podía con tanta presión y antes de empeorar las cosas. Decidió cortar por lo sano conmigo.

- Es grave pero tampoco es para tanto. Quiero decir, vuestra relación podía funcionar.

- Eso pienso yo - me rasco la nuca - Pero es un trauma importante.

- Muchas parejas continúan después de todo - dice pensativa - aunque sea difícil.

- Lo sé pero no quiero presionarla a hacer algo que no quiere.

- Pero Érica se ocupará de todo. No debe preocuparse, no tendrá mucha repercusión entre vosotros.

Lo que acaba de decir me descoloca por completo. Le miro confuso y frunzo el ceño.

- ¿Érica? ¿Qué tiene que ver en todo esto?

- Ella es el pilar de todo.

- Creo que no nos estamos entendiendo. ¿De qué hablas tú?

- Del bebé que tendrá Érica.

- ¿Qué pasa con él?

-  ¡Oh dios...! No lo sabes - traga saliva y coje sus cosas apresuradamente.

Le cojo del brazo antes de que se diriga a la puerta.

- ¿Qué no sé? Cuéntamelo ahora mismo.

- Suéltame... Creeme, no debes saberlo...

- Pris, ahora no vas a callártelo. Desde luego que no.

Ella intenta soltarse pero ve que no tiene suficiente fuerza y decide sentarse con cara de mal humor.

- ¿De qué hablabas tú?

- Lola fue... forzada. Es decir, un hombre la forzó a tener relaciones con él sin su consentimiento.

Su cara se vuelve un testamento. Baja la mirada y luego me mira fijamente a los ojos.

- No tenía ni idea... Cuanto lo siento.

- No pasa nada, no quisimos contárselo a todo el mundo...

- Claro, lo entiendo... Mi boca estará sellada, no te preocupes.

- Ahora dime. ¿Qué pasa con el bebé de Érica? - vuelvo a regresar al tema inicial.

Pris observa a los lados como si quisiese evadir la pregunta de todas las formas posibles.

- Debería contártelo ella... Yo no debí enterarme - levanta ambos manos intentando mostrarse inocente.

- ¿Enterarte de qué?

- Henry... ¿Cómo sabes que el bebé que ella espera es...? - su voz se entrecorta. No puede proseguir.

Le tiendo una mano animándola a continuar.

- No te preocupes, ¿si?

- ¿Cómo sabes que es de Coque?

Me encojo de hombros.

- Supongo que ella en el caso contrario me lo habría contado además... fueron solo un par de veces. Es casi imposible que ese bebe sea mío.

- ¿Y si te dijera que si lo es?

Engruño la nariz y suelto su mano.

- ¿Qué intentas decirme? - me río sin creérmelo.

- Érica hizo una prueba de paternidad. Ese bebé no es de Coque.

Me levanto confuso.

- ¿Cómo no va a ser de él? - levanto la voz espectante.

Ella se levanta cogiéndome de las manos.

- ¿Cómo vas a saber tú eso?

- Leí una conversación...

- No puede ser Pris. ¿Te estás escuchando? ¿Hace cuánto lo sabes? - pregunto fuera de si sin creerme ninguna de sus palabras.

- Hace unas semanas.

Doy vueltas a la sala y me froto la cara con las dos manos.

- Escúchame, no te lo conté porque sabía que entorpecería tu relación con Lola - dice cogiéndome de las manos y buscando mi mirada - Érica ya te hizo demasiado daño, Henry... No permitas que te haga más daño.

- Si eso es cierto... Si Érica espera un bebé mío...

- Si... ella está mintiendo. Le dijo a Coque que era suyo...

- ¿Pero enserio es tan hija de puta como para mentir en algo así?

- Ella no es buena persona, desde luego Henry... - menciona pasando una mano por mi rostro - Lo siento muchísimo, sentí que debías saberlo antes de que se casasen.

- ¿Pero que puedo hacer? No tengo pruebas de que eso sea cierto y no me puedo presentar en su casa con esas afirmaciones sin pruebas.

- No lo sé. No te van a creer.

- Dios Pris. Voy a tener un hijo del cual no me dejan ser el padre...

Unas lágrimas comienzan a brotar de mis ojos. Pris me abraza fuertemente secándome las lágrimas con el pulgar.

- Oye, arreglaremos esto. Ya se nos ocurrirá algo. No te preocupes.

- ¿El qué Pris? - levanto la vista zarandeando la cabeza - En una semana, estarán cruzando el altar y después no podremos hacer nada.

- Por eso, debemos pensar algo rápido...

- Es imposible. Se saldrá con la suya - levanto la voz enfurecido - Luego, se irá con él de luna de miel y seguramente, Coque nunca llegué a enterarse de que ese bebé no es suyo.

- Salvo si encontramos las pruebas de paternidad que le hizo a Coque - dice pensativa mientras toma asiento.


Me siento a su lado y ambos comenzamos a tramar un plan para conseguir destapar la verdad y dejar a Érica como lo que es, una vil perra mentirosa que lo único que sabe hacer es jugar con los pensamientos de los demás.












Narra Dani:



- Al fin, pensé que habías desaparecido del mapa.

- No estuve en Barcelona - entra y se sienta encima de la mesa de la cocina.

Me cruzo de brazos.

- ¿Por qué me ignoraste? 

- Después de lo ocurrido tenía miedo...

- ¿Miedo de qué? 

- De la imagen vulnerable y estúpida que tendrías de mi...

- Miriam, dios. ¿Sabes que imagen tengo de ti? - digo acercándome y mirándola fijamente a los ojos. Ella mantiene su mirada en mi - Pienso que eres la persona más fuerte que conozco. Que pasaste por mucho y aún así sigues manteniendo esa sonrisa.

Ella se sonroja y me mira dulcemente. Se abalanza sobre mi y nos hundimos en un profundo y sincero abrazo.

- Te echaba de menos, Danielo - me pega suave en el brazo - Lo siento mucho, haberte ignorado... Pero tenía muchísimo miedo de que cambiases tu comportamiento conmigo y comenzases a tratarme con delicadeza, como... a una...una

- Una chica que ha perdido a su madre.

Ella levanta la mirada y asiente volviendo a disculparse.

- Lo importante es que estás de vuelta. Quiero que me cuentes que tal en la escuela de canto. Ponme al día.

 - He faltado un mes... - dice inocentemente encogiéndose de hombros.

- Miriam - le riño de forma graciosa.

Ella se parte el culo.

- Echaba de menos esto.

- Yo también - sonrío dulce y ella agarra mi mano.

 


 








 

viernes, 7 de septiembre de 2018

(T2) CAPÍTULO 48: VIAJE DE NOVIOS



Narra Derek:


 - Esto es genial. Tienen barra libre - reí mientras Miriam se dirigía al ascensor - ¿No vas a cenar?

- Solo quiero echarme. Llevamos 6 horas de viaje y estoy reventada - me miró con ojos pesados acicalándose el cabello.

- Está bien. Te llevaré un poco de champán luego.





Me paseé con mi plato de aquí para allá escogiendo un poco de todo. 
Una vez lleno mi plato, me dirigí a las bebidas con una sonrisa de oreja a oreja pero alguien entorpeció mi estrecha relación con los hielos.

- Upps, lo siento. No te había visto.

Su bebida acabó en mi camisa nueva.
Sin ni siquiera mirarla comencé a secarme con algunas servilletas que me topé en la barra.

Ella recogió su vaso y el mío.
La miré directamente a los ojos. No puede ser.

- Derek - susurró ella mientras una sonrisa inocente iluminaba su cara.






 Narra Pris:


- Soy gilipollas.

Es lo que me repito una y otra vez dando vueltas frente a la puerta del piso de David y Álvaro. 

- Seguramente no estén en casa. Estén ensayando o yo que sé...

Pongo los ojos en blanco.

- Vale, si has venido aquí. Que no sea en vano.

Y elevo mi puño frente a la puerta. No puedo, me tiemblan las manos y el cuerpo entero.

- Mierda - bramo furiosa conmigo misma - ¿A quién voy a engañar? - bajo la mano lentamente.

Bajo la mirada con el ceño fruncido.

¿Por qué vine hasta aquí? ¿Con qué intención? ¿Y qué pensaba decirle? 

Camino directa a la salida pero una voz interrumpe mis pensamientos.

- ¿Pris?

Me volteo totalmente sonrojada. Sus ojos marrones me interrogan con la mirada. Le observo, se me hace gracioso verle con una bolsa de basura entre las manos y con el pelo totalmente alborotado como si hiciese meses que no lo peinase.

- ¿Qué haces aquí?

Pregunta después de un rato aguantando un incómodo silencio.

- Pues... pasaba por aquí y me dije. ¿Por qué no hacerle una visita a Álvaro? - sonrío mientras guardo mis manos en los bolsillos de atrás del pantalón. Me encojo de hombros mientras su ceño se frunce cada vez más.

- Dado como terminamos...- traga saliva - pensé que no querías saber más nada de mi.

Le miro confundida. Si, yo pensé lo mismo de ti sobre mi... Es decir, fue mi culpa.

No, no pienso decirle eso.

- ¿Yo?

Dios, soy gilipollas.

 Él se acerca a mi y con ojitos de cordero degollado acaricia mi mejilla suavemente.

Me estremezco al sentir su contacto. Es dulce pero a la vez intimidante. 

- Pris, lo siento. Fue... una tontería por mi parte. Demonios, no sé que tenía en la cabeza - se golpea el rostro de forma divertida.

- Oh vamos - suelto una carcajada leve y poso mi mano en su hombro - Eres impulsivo. No pasa nada... solo me descolocó un poco... - respondo pensativa.

 - ¿Tú crees? - se rasca la nuca con una sonrisa inocente.

Asiento y me acerco a él. Álvaro me observa con curiosidad.

Le abrazo y él me corresponde totalmente aliviado.



No quiero separarme jamás de sus brazos.

Calla, voz de mi subconciencia.

Calla tú y dale un buen morreo.

No.

Vamos si lo estás deseando.

Me separo y él se queda un rato mirándome mientras echa un mechón de mi cabello detrás de mi oreja.

Me muerdo el labio sonrojada.

Le agarro por la cintura y acorto la distancia.

Puedo sentir su respiración agitada, consumiéndose a medida que voy reduciendo la distancia.

Cierro los ojos y justo cuando voy a posar mis labios sobre los suyos...

David nos interrumpe.

- Hey chicos - saluda como si no ocurriese nada.

Nosotros nos separamos sonrojados.

- Emm... si, pues hablamos mañana - me rasco la nuca y trago saliva. Solo quiero que la tierra me trague.

- Vale, te llamaré - responde Álvaro mientras me alejo.

 David se saca los cascos de las orejas y mira a Álvaro interrogante.

- ¿Qué sucede? ¿Por qué se comportó tan extraño? - susurra antes de que yo desaparezca de su vista.

Álvaro se encoje de hombros sin saber muy bien que responder y entra de nuevo al apartamento. 






Narra Érica:



- Tia estás... espectacular. Dios este es el vestido.



- ¿Qué dices Betsy? Es mejor el otro.

- ¿Pero quién eres tú para elegirlo?

- La dama de honor.

 - Yo soy la madrina, tengo más poder en la decisión.

Volteo lo ojos. Llevan así toda la tarde. Miro a la modista con expresión de disculpa a lo que ella me sonríe forzosamente.

- Voy a probarme el último - digo cogiendo la cola del vestido.

Pero ellas están demasiado ocupadas discutiendo como para prestarme atención.

- Okey, ¿a alguien le importo? 

No obtengo respuesta. Me froto la tripa. Ya estoy empezando a tener más y lo cierto es que 5 meses se notan muchísimo. 

Reconozco que al principio me parecía un horror por las naúseas y demás pero ahora es más llevadero y Coque me contagia su ilusión.

- Tú si me escuchaste, ¿no? - rio observando mi barriga y la modista mientras tanto me ayuda a quitarme el vestido y a colocarme el siguiente.

Me miro al espejo impresionada. Me disimula muchísimo la barriga y la pedrería es preciosa sin duda. 
Los volantes y la pomposidad que lo forman es sorprendente. 



- ¿Quieres enseñarlo?

- No pero este es el vestido. Sin duda.

La modista me sonríe mientras toma las medidas necesarias. 

Salgo del probador ya vestida con mi ropa habitual. Veo que las dos siguen discutiendo sobre el vestido. Me cruzo de brazos aburrida.

- Son unas tigresas - susurra la dependienta mientras coloca unos cuantos vestidos de novia en su lugar correspondiente.

- Y que lo digas.

- ¡Chicas! He elegido ya mi vestido. Podemos irnos.

Capto la atención de ambas que se me quedan mirando atónitas.

- ¿Cómo? - mencionan a la vez.

- Que nos vamos. Tengo que ir a buscar los anillos antes de ir a casa - miro el reloj despreocupada.

- Pero no vimos el vestido - responde Betsy por ambas.

- Haber estado atentas y no discutiendo - ruedo los ojos.

- Érica... - se queja Alli.

- Me tenéis hasta el moño ya. Vámonos - digo enfurecida dirigiéndome hasta la salida.

Ellas me siguen mientras siguen discutiendo.

- Todo esto es tu culpa.

- No, es tuya.

Inflo los mofletes mientras vuelvo a frotarme la tripa.

- Nadie nos entiende pequeñín - balbuceo irritada.






Narra Derek:




 - Melanie - gruño fuertemente mientras la cocacola se me cae de las manos.

- Vaya - se relame los labios - que sorpresa tan agradable - ladea la cabeza riendo.

- Y que lo digas - le doy un apretón de manos falso.

Estoy empezando a pensar que mi exnovia es una acosadora obsesiva que me sigue a mi y a mi novia.

- ¿Viaje de negocios?

- Vacaciones - susurro frunciendo el ceño.

- Interesante. ¿Tú solo?

- No sé si recuerdas a Miriam.

- ¿Así que al final despertó del coma?  Yo la daba por muerta.  Fíjate - se cruza de brazos fingiendo sorpresa.

- No se juega con la muerte de nadie, Melanie.

- Claro, papi. Tendré más cuidado la próxima vez - suelta una carcajada.

- Eres irritable, Melanie - hago una mueca de asco.

- Estoy irritablemente buena. Lo sé. Sé que sigues colado hasta las trancas de mi - se suelta el cabello.

- Sigue en tu nube soñadora querida. Nadie te quiere, asúmelo.

- Lo asumiré cuando tú comprendas que solo estás con Miriam para olvidarme a mi.

- Sabes que no es cierto - gruño. Me saca de mis casillas.

- Sabes que si, si no no te enfadarías de esta forma - me señala riendo mientras se muerde el labio  Dios, eres tan sexy enfadado - susurra al lado de mi oído mientras pasa la palma de su mano por mi pecho.

Aparto su mano con fuerza mientras miro a los alrededores.

Ella niega con la cabeza.

- ¿Qué te crees que estás haciendo?

- Apuesto a que echas de menos nuestros polvos. Si, lo recuerdo tan bien. Siempre te apetecía Derek. Estuviesemos en el sitio que estuviéramos. Eso me encantaba. Daba muchísimo morbo. De hecho, lo repetería ahora sin dudarlo - afirma observándome penetrante.

- No sé como coño te ofrecí quedarte en mi apartamento.

- Porque me sigues amando, estúpido. Abre los ojos.

- Los tengo abiertos y solo puedo ver a Miriam.

- Sabes que no. Sabes que no tenéis ningún tipo de futuro.

- ¿Sabes? Me importa una mierda tu opinión de novia despechada.

- ¿Despechada? Recuerda que te dejé yo - brama soltando una carcajada.

- Adios para siempre,  Melanie. Deja de entrometerme en mi vida.

-  Al contrario que tú, estoy aquí por trabajo. Gracias - me da un pequeño empujón pasando por mi lado.

La observó rabioso y cuando desaparece de mi vista doy una patada a la máquina de hielos atrayendo la atención de todos los presentes. 




Subo hasta la habitación 113.


Una vez dentro, me encuentro a Miriam en el jacuzzi.

Dios está increíblemente sexy entre ese mar de espuma. 

La contemplo, hacía tiempo que no la veía así.

Una pequeña sonrisa iluminaba su rostro mientras los altavoces emitían la canción 5 In The Morning - Charli XCX.



Ella meneaba su cabeza de lado a lado con los ojos cerrados.

Me acerqué a ella por detrás mientras todo mi cabreo desaparecía.

Rodeé su cuello con mis brazos. Ella soltó un grito ahogado mientras yo la apretaba con fuerza riendo. Miriam me aporreó llenándome el torso de espuma y también el rostro.

- Te vas a enterar - murmuró traviesa mientras depositaba más espuma en mi camiseta.

- Mira lo que hiciste - digo con la boca abierta mostrándole mi camiseta empapada.

- Te lo mereces por casi matarme del susto - suelta riéndose.

Termino quitándome la ropa y sumergiéndome con ella en el jacuzzi.

- Mmm... está templada - digo acariciando su cabello mientras hundo mi nariz en su cuello.

Ella suelta un gemido estremeciéndose y se voltea cogiéndome las manos y posándolas en su trasero. 

Ambos sonreímos sumerguiéndonos en un apasionado beso.

Le miro a los ojos mientras subo y bajo mis manos a lo largo de todo su cuerpo. 

Ella baja sus manos a mi miembro a lo que yo me sorprendo abriendo mucho los ojos.

Comienza a acariciarme mientras muerdo su cuello cuan vampiro. Ella gime y yo suelto un gemido detrás del suyo. 

Terminamos hundiéndonos el uno en el otro por primera vez después de hace meses. 

Finalmente, nos fuimos a dormir totalmente cansados.

- Mierda.

- ¿Qué?

- Se me olvidó el champán.

Me pegó suave en el hombro y se abrazó a mi. Así permanecimos toda la noche. 










Narra Érica:



- Te eché de menos - bramo sin dejar de darle besitos por todo el rostro.



Estoy encima de él sobre el sofá de la sala de su casa. Todo está tan silencioso que hasta asusta.

- Solo estuvimos separados una semana.

- Aún así, la decisión del vestido fue muy agoviante.

- Dímelo a mi. Aún encima mi hermana está de viaje y no pudo echarme una mano. Le pedí ayuda a Jessy pero le gustaban todos - ríe contagiosamente.

Frunzo el ceño.

- ¿Fuiste solo con ella?

- No, vinieron también mis amigos. ¿Recuerdas a Mark?

- Como no - sonrío leve.

- Al final consiguió una cita con la doctora.

- ¿Enserio?

- Y tanto. Hoy tendrán su segunda cita. Él está súper entusiasmado.

Acaricia mi tripa con una sonrisa de oreja a oreja.

- ¿Cómo está el pequeño Coquito? - posa su oído sobre ella.

- Hoy fue tolerante con las patadas y no hizo vomitar a mamá. Estuvo tranquilo.

- Eso es genial - ríe. Cada vez tengo más ganas de saber como será. Si heredará tu nariz y el color de mis ojos o si será rubio o castaño.

- Y yo de saber si será Coquito o Ériquita.

Él suelta una gran carcajada pero se detiene al momento.

- ¿Has oído eso?

- ¿El qué? - frunzo el ceño curiosa.

- ¡A dado una patadita! - sonríe sorprendido.

Le miro completamente feliz mientras me toca la tripita otra vez.

- Te amo, Coque y a ti también Coquito - digo mirando mi barriga que cada vez comienza a tener más forma.

- Yo si que te amo amor. Estoy deseando casarme contigo con anillos de verdad y no con chasquis - rueda los ojos juguetón.

- Yo simplemente promerte una vida a tu lado.

- Que hermosa eres - brama acariciando mi mejilla y depositando un beso en la comisura de mis carnosos labios.








Narra Miguel:




- ¿Qué haces aquí?

- ¿A ti qué te parece? ¿Qué forma es esa de recibirme? - bramo entrando en el interior del apartamento. Tomo asiento y ella me mira indiferente.

Lo sé nena. Soy un grosero y lo que tú quieras pero vas a explicarme todo esto.

Ella se acerca arrastrando su larga manta por el suelo. Se sienta frente a mi y coje su taza de café entre las manos. Da un pequeño sorbo y la posa de nuevo en la mesa de la sala.

- ¿Y bien? - murmura con la voz entrecortada.

- Vas a contarme de que va todo esto. ¿Oiste? Henry está muy preocupado por ti.

Digo intimidante alzando la voz.

- ¿De qué vas? ¿Qué tengo que contarte? - murmura sin darse cuenta de la situación, totalmente perdida.

- Deja de hacer preguntas. Pareces estúpida. Céntrate anda. ¿Qué se te ha escapado por contar?

- No sé de lo que hablas, Miguel. 

- No te hagas la tonta. Las vi.

- ¿Qué viste? - susurra cada vez en voz más baja.

Me levanto con rápidez a lo que ella pega un chimpo asustándose. 

Cojo su brazo con fuerza y ella suelta un quejido de dolor.

Remango su brazo y señalo las cortadas.

- Hablo de esto, Lola. No te hagas más la tonta. ¿Cuándo pensabas decírnoslo?

Ella suelta un bufido y se tapa aún más con las mantas. Baja la mirada sin dignarse siquiera a mirarme.

- ¿Lo sabe Henry?

- No, por tu suerte quiero que se lo digas tú.

- Bien...

- Dime. ¿Qué coño te pasa por la cabeza? Hacerte daño de esa forma.

- Mierda, Miguel. Tú no lo entiendes. Nadie lo entiende - grita sacándose de sus casillas.

- Sé que lo que pasaste es muy traumático pero nos tienes aquí. No seas una debilucha Lola. Echale ovarios - le reprendo mientras ella se queda callada mirando el suelo - Oh vamos. Si Henry se entera de esto si que estás literalmente muerta, es que vamos ni se lo piensa un mínimo segundo - me levanto y comienzo a dar vueltas alrededor de la sala - Además, ¿por qué cortaste con él? Henry te salvó Lola, tendría que ser lo contrario...

- Estoy embarazada - suelta de la nada levantando la cabeza por primera vez.

Trago saliva mientras observo sus ojos brillosos.

 - Estoy embarazada de 1 mes y no sé como contárselo a Henry.

- Lola... - me siento totalmente aturdido.

- Ya le he hecho sufrir demasiado y le quiero. No quiero que sufra más por mi y menos tener conmigo un hijo del cual él no es responsable.

- ¿Vas a tenerlo?

- No tengo dinero para abortarlo.

- Yo te lo prestaré si hace falta pero no hace falta que te responsabilices de un hijo que te recordará toda la vida este terrible suceso.

Le miro comprensivo.

- No puedo abortarlo, no tengo ovarios suficientes para ello.
No podré con la culpa, Miguel...

- Pero no es culpa tuya, Lola. Es de lo más comprensible que te deshagas del feto.

- No, Miguel. Debo tenerlo.
 La decisión está tomada y Henry nunca debe enterarse de esto. ¿Si?

- ¿Te estás escuchando? Recapacita, Lola.

- Cállate. Es mi vida y mi decisión.

- ¿Por qué te cortas?

Pregunto sumado en mis pesamientos mientras unas lágrimas pequeñas comienzan a brotar de sus ojos.

- Es la única forma de sentir que sigo estando viva aunque sea por medio del dolor.

- Lola... Hay más formas de sentir. Hacerte daño a ti misma es mucho peor. Tú no eres culpable de todo lo que te está pasando - me acerco a ella y le cojo de la mano.

Dios, está temblando.

- Si lo soy, si no hubiera accedido a la copa... Tal vez esto no hubiera pasado - murmura temerosa mientras se seca las manos con la otra mano.

- No, ¿cómo ibas a saber eso? Anda, déjame. 

Cojo el pañuelo y le limpió las lágrimas y los mocos.

- Todo va a salir bien. Estás a salvo, no va a ocurrir nada más. Nadie permitirá que te hagan más daño.

Ella me abraza mientras intenta calmarse.



Me separó de ella y seco las últimas lágrimas que aparecen en su rostro con el dedo pulgar.

- Voy a hacerte una tila, ¿si? - murmuro acercándome a la cocina.

Ella asiente y se vuelve a tapar con las mantas.

Se la preparo pero cuando regreso para entregársela, las mantas están esparcidas por el suelo y la puerta del apartamento totalmente abierta.

La taza se me cae de las manos.

- Mierda.