
Narrador Onmisciente:
Se resguardó en la oficina. Aquel era el único lugar donde podía dejar de pensar, centrarse en el trabajo y dejar todo lo ocurrido atrás. Nadie podía entrometerse entre sus pensamientos y él.
Han pasado casi dos meses y ojalá pudiera decir que todo ha vuelto a ser lo mismo pero sería engañarse a si mismo.
La ha perdido por completo, ella ya no estaba y eso solo le resultaba agobiante y desesperante. Se sentía culpable de lo ocurrido, si no le hubiese dejado ir... Tan solo si le parase los pies...
Ella seguiría a su lado pero no se puede cambiar el pasado. Solo debes aceptarlo y hacerte a la idea de que nada será lo mismo y que la vida que tenías o creías tener nunca volverá a ser igual.
Unas pequeñas lágrimas rozaban sus mejillas. No pudo aguantar más. Toda esa culpabilidad, desesperación y tristeza le estaban destrozando el aura por completo. Se encontraba harto de fingir que ya nada le importaba, que estaba bien y que no se preocupasen.
Unos golpes sonaron repentinamente en la puerta. Segundos después una cabellera castaña se asomó con una sonrisa tensa y a la vez consoladora.
Le molestó que entrara en su despacho justo ahora. Limpió su rostro con el dorso de su mano y suspiró levemente intentando que no se le notase la angustia.
- ¿Interrumpo? - bramó la chica para captar su atención. Se acercó a su mesa de oficina y se apoyó en ella observándole con ojos brillosos. - Oh, Derek...
Melanie se dio cuenta de que ha estado llorando. Se puso a su altura y le cogió de las manos para tratar de cesar su llanto. Derek apartó la mirada de ella. Le avergonzaba que le vieran de esa forma. Siempre presumió de ser un chico fuerte, sensato e inteligente. Que sabía reaccionar correctamente ante cualquier situación.
- ¿Es por Miriam? Deberías superarlo de una vez. Han pasado dos meses...
La voz dulce y tímida de Melanie no impidió que Derek se enfadase ante sus palabras.
Apartó sus manos de las suyas y le miró con lágrimas contenidas en sus ojos.
- Es por mi culpa. Todo lo ocurrido fue culpa mía. Así que no, no lo superaré, no lo olvidaré, cargaré con esa culpa hasta el resto de mis días.
- Ella se entrometió donde no debía. Hizo la mayor tontería que alguien se pudiese imaginar. Miriam fue la culpable. Tú debes de continuar con tu vida, Derek - señaló con una media sonrisa inocente mientras la rabia inundaba cada vez más a Derek. Miriam le importaba como nunca antes le había interesado una mujer. Es decir, fue su luz después de la mierda que sucedió entre Mel y él.
El comportamiento de la joven le pareció insensato e infantil. Propio de alguien como ella.
Él solo venía a buscar un poco de tranquilidad pero Mel se lo había arrebatado.
Nunca la odió tanto como en ese mismo instante.
Profanando adjetivos negativos a la mujer que amaba y acercándose demasiado a él.
- Fue una estúpida, ya viste como no le importó abandonarte. Corrió detrás de su hermano como una perra en celo sin importarle más nada, Olvídala como ella te olvidó en su momento. Debes abrir tu corazón a otra persona que si te quiera de verdad y te lo demuestre.
Mientras ella continuaba hablando, sus manos se enroscaban en su cabello tirando de el levemente.
Derek apartó la mirada de ella y se cruzó de brazos. Melanie frunció el ceño al ver su reacción.
Melanie solo quería recibir cierto amor por parte de él pero Derek lo único que deseaba es que le dejase en paz de una vez por todas.
- Si viniste solamente a insultar a Miriam puedes irte por donde has venido. Me dan igual tus palabras. La quiero y siempre será así. Ahora lárgate, Mel - bramó de una vez por todas dejando detrás al chico amable y educado que acostumbraba ser.
Los ojos de Mel se entristecieron en cambio, la mirada intensa y llena de furia de Derek cada vez se mantenía más despierta.
- No la amas. Lo sabes. Sigues sintiendo algo muy fuerte por mi, Derek. No lo escondas - pasó sus manos alrededor del cuello de él y se sentó suavemente sobre él entrometiendo sus labios en su cuello.
Derek giró el rostro mientras intentaba respirar hondo y no ponerse de los nervios aunque tenía claro que esto no terminaría bien.
- Melanie, apártate, no quiero hacerte daño.
Ella pasó la lengua por su suave cuello y depositó suaves besos provocando que su piel se enrojeciera.
- ¿Ahora me amas? - dijo moviendo sus caderas en busca de una reacción por parte de él.
Derek la miró por unos segundos. Ella acarició su rostro con ambas manos y se acercó a sus labios lentamente y con una sonrisa muy pícara.
Él viendo sus intenciones rompió su paciencia y su lado más oscuro salió a la luz.
Alzó su mano empujándola con fuerza. Melanie cayó al suelo con gran rapidez dándose un golpe en la nuca muy leve.
Derek alistó su ropa colocándose bien el cabello y no le dirigió la mirada ni una sola vez.
Ella se quejaba de dolor mientras intentaba levantarse del frío suelo de la oficina.
Al conseguirlo, puso su mano sobre su nuca y soltó un quejido leve pero sonoro.
- Te avisé, Melanie. Pensé que lo de que estabas sin blanca iba enserio pero por lo que veo, todo lo que sale de tu boca son mentiras e idioteces. Tus intentos de volver a conquistarme no han funcionado ni funcionarán. Métetelo en la cabeza. Nunca volveré a quererte. Estás realmente loca. No quiero volver a verte, es más, quiero que recojas tu asqueroso equipaje de mi casa y que te marches bien lejos o no pararé hasta destruirte por completo. Si no lo haces, yo mismo me encargaré de ello - alzó por primera vez en largos minutos la mirada. Era seca y fría. Nunca antes Derek sintió algo así por Mel. Siempre le encantó, esa chica le volvía loco pero Miriam mucho más. Se coló en su corazón como nada y se adueñó de él como si toda la vida lo llevase haciendo. Definitivamente, la quería - Hasta nunca, Melanie - se despidió grotescamente y le dedicó una sonrisa notoriamente falsa antes de que ella frunciese el ceño y le mirara con desprecio.
- Ojalá te vaya como el mismísimo culo, Derek - hizo una mueca de asco y fingió ignorancia y resentimiento antes de abandonar el lugar cerrando la puerta con fuerza.
Ese sonido fue la inmensa felicidad para Derek. Nunca imaginó que algún día trataría de esa forma a una dama y mucho menos a la cual hace unos meses era aquella loca de la que estaba enamorado y en verdad, aún seguían vivos algunos sentimientos hacia ella.
La paz volvió a su oficina. Los pensamientos volvieron a comerle el coco y pronto, se vio sumergido de nuevo en su peor pesadilla. Perderla.
[Flashback]
Picnic
No hacía un día que podamos decir confortable pero Pris se encontraba muy aburrida y como no tenía nada que hacer ( más bien no le apetecía ) decidió salir y dar una vuelta por el centro.
El cielo cada vez se llenaba más de nubes grises. Tristes y apagadas que no lograban bajar el ánimo de la pequeña Pris.
Se sentó en uno de los bancos y se distrajo leyendo un libro mientras escuchaba los sonoros ruidos que causaban los niños. Esos pequeños rebeldes de 8 brazos y 5 cabezas nunca le agradaron lo suficiente. Nunca supo comportarse con ellos. Es decir, no sabía como cuidar de ellos y tratarlos como lo que eran, niños.
Cuando los ruidos se hacían plenamente insoportables, Pris hizo una mueca descarada y guardó el libro al mismo tiempo que sacaba el celular.
Observó su última conversación con Álvaro y no pudo evitar sonreír. Hacía casi una semana que le bloqueó y realmente, echaba de menos sus estupideces y chorradas muy propias de él.
Álvaro era un chico que realmente le agradaba, tanto como persona que como amigo. Pensó en desbloquearle pero inmediatamente se le esfumó la idea de la mente.
Amaba hablar con él pero no tanto como hacerle rabiar.
Se levantó dispuesta a regresar a casa, pues el cielo se estaba nublando de más y no había traído paraguas.
Cuando alzó la mirada de su celular después de estar un rato hablando no pudo creer lo que vieron sus ojos.
Blas, cargado hasta las cejas de neveras y bolsitos caminaba a paso lijero mientras se quejaba de forma pesada.
Apretó sus labios y no dudó en ir a echarle una mano. Cargó una de sus neveras y el chico se sorprendió mucho al verla.
- ¡Pris! ¿Cuánto hace que no nos vemos? ¿Desde el concierto? - continuó caminando con una gran sonrisa en los labios. Le confortaba mucho volver a verla y sobre todo en ese mismo instante.
La pequeña chica sonrió y caminó junto a él mientras le observaba de arriba a abajo. Blas no había cambiando. Seguía siendo el mismo chico soñador, chismoso, alocado y parlachín de siempre y eso le agradaba lo suficiente.
- Puff. Ya ni lo recuerdo. ¿Qué tal? Te veo muy... muy Blas - finalizó sin poder encontrar un adjectivo que le describiese a la perfección. Cierto, Blas era único e inigualable.
- ¿Quieres decir caliente y sexy? - dijo marcando la última palabra con un movimiento suave de cadera y una voz ardiente.
Nada más llegar al césped, depositaron todas las bolsas en la hierba y Blas extendió una manta para que ambos pudiesen sentarse.
Pris rió y abrió alguna de las bolsas con curiosidad. Lo que más abundaba era comida, mucha comida. Luego, había cosas sin importancia como pañuelos, raquetas, pelotas, ropa y mantas.
- ¿Vas a comerte esto tú solo?
- Por desgracia no. Álvaro se apoderará de un poco más de la mitad - la miró con cariño y luego bostezó con firmeza estirándose como si fuera un gato afilando sus largas uñas - Mira, por ahí viene. Que cara de orgasmo trae el muy... - expresó observando a su amigo con cierta rabia y a la vez envidia.
Pris no pudo evitar seguir la mirada de Blas. Su cara de desagrado lo expresaba completamente todo. Álvaro charlaba desde lejos con una chica muy linda. A su forma de ver, superaba su propia belleza.
Pelirroja de ojos castaños y piel ligeramente morena por el solarium era lo que más destacaba de ella. Todo eso sin contar como su pantalón hacía que su trasero se viera lindo y acolchado. Sus senos eran increíblemente grandes, a ella le llamaban la atención.
Después de echar una mirada rápida a Álvaro, Pris bajó su mirada observándose a si misma. ¿A quién iba a engañar? Su cabello no tenía nada que hacer contra su gran melena roja, sus grandes pechos le superaban enormemente. Ojalá Dios la dotara con unos buenos melones como aquellos. Ella era flaca, casi anoréxica y en cambio, la perra odiosa tenía un buen cuerpo. Tal vez, 90/60/90, o tal vez no.
El caso es que Blas se percató de la incomodidad de Pris y le miró con un cierto hilo de tristeza. Ojalá pudiera ayudarla, reconfortarla... Pero por una vez en su vida, fue capaz de pensar con lógica. Eso no serviría de nada.
Cuando ambos llegaron hasta el jardín, Pris decidió ignorar su presencia. Ambos reían con descaro y eso provocaba que el enfado de Pris fuese más allá.
- ¡Hey! - saludó Álvaro que solo tardó unos pocos segundos en darse cuenta de la presencia de su amiga. Su sorpresa fue enorme. Hace una semana le pedía casi de rodillas que aceptara quedar con él y ahora se encontraba en una situación incómoda.
Se rascó la nuca sin saber exactamente como reaccionar y optó por ser amable y fingir que nada de esto le importaba - Hola Pris.
- Hola Álvaro.
Pris ni siquiera le dirigió la mirada. Sabía que verle cogido de la mano de otra mujer solo le haría sentirse peor.
- Me la encontré en el parque. Fue una grata sorpresa - sonrió Blas acariciando su espalda. Ella sonrió y miró a Blas con pánico.
- Oye Blas, me ha encantado charlar contigo peor debo irme. Mis padres me esperan - suspiró y alzó ambas cejas mientras él fruncía los ojos.
- Cla...Claro.
Pris se levantó teniendo que cruzarse con la mirada penetrante de Álvaro.
Su cuerpo se interpuso en su camino y ella no dudó en apretar sus puños alzando poco a poco la mirada.
- Quédate Pris, abunda numerosa comida y no creo que seamos capaces de comérnosla toda.
- No creo que sea buena idea. Debo irme - Pris se mordió el labio. Si no estuvieran acompañados de la chica pelirroja tal vez, accediese a quedarse con ellos.
Ella avanzó rozando su hombro derecho.
Álvaro se quedó pensativo durante unos segundos. Pris continuó su camino mientras su mente no dejaba de pensar en ese chico. Tal vez, odiaba que hiciese caso a otra chica que no fuese ella o lo había pensado mejor y se comportó como una zorra con él o simplemente... Él le importaba más de la cuenta.
Mientras estaba enfrascada en su mente, una mano se posó en su hombro. Ella se detuvo y se volteó casi de inmediato.
Álvaro mostró una de sus mejores sonrisas y se encogió de hombros.
- Te acompaño a tu casa y no es una pregunta - señaló comenzando a andar con las manos en los bolsillos. Luego, al ver que Pris no mostraba ninguna reacción la miró fijamente - ¿Vienes o qué? - hizo un gesto.
- ¿Qué pasa con Blas y...? - tragó saliva deteniéndose en seco.
- Ya me despedí de ellos. Espero que Blas y mi prima logren congeniar.
Pris le miró y luego cerró los ojos por unos segundos mientras una sonrisa iluminó su rostro.
Creo que fue la cosa más linda que escuchó en su vida.
Golpeó su brazo con fuerza y Álvaro dio un brote con sorpresa.
- ¿Qué coño haces? - bramó alzando la voz mientras se toqueteaba el brazo con el ceño fruncido.
- Eres un cerdo, Alv.
Comenzó a andar rápidamente y Álvaro se quedó pensativo sin entender su reacción. Luego, la siguió intentando llegar hasta a ella.
- ¡Oye, no corras tanto! Para ser tan flaca eres realmente rápida - bramó casi sin aliento mientras ella se detenía y reía observándole.
- Eres un viejo, Gango - le echo la lengua. Y al poco rato, el chico la alcanzó y le rodeó la cintura haciéndole cosquillas en la tripa.
Ella comenzó a reirse con fuerza pidiendo que se detuviese. Finalmente, tuvo que lanzar ciertos piropos a Alv para que le dejase en paz.
- ¿Cómo dices? No te escuché bien - dijo él una última vez muy sensualmente a su oído.
- Que eres el chico más guapo del mundo y con la mejor sonrisa del universo. Además, tienes un increíble pene... -se quedó pensativa y él la observó lentamente - No recuerdo el resto.
- ¡Más alto!
- Está bien, está bien... - Pris le agarró de las manos y él sonrió mientras esta intentaba apartarlas de su cintura - ¡Álvaro es el chico más gilipollas que he conocido en mi vida. Y seguramente, tendrá un pene enano del cual se siente orgulloso! - gritó con todas sus fuerzas - Y además se hace el duro pero es un puto... - Álvaro le paró los pies. Puso una mano sobre su boca evitando que continuara diciendo esa serie de barbaridades sobre él.
Cuando ambos contemplaron a su alrededor, un núcleo de personas les observaban con desprecio y rareza.
Finalmente, Pris le mordió la mano y este se quejó apartándola de su rostro. Luego, le dio un suave empujón mientras ella se reía más de la cuenta.
- Eres una zorra. Siempre odiaré el día que te conocí - murmuró con cierto asco mientras observaba su mano detenidamente.
- ¡Vamos! Ni que te hiciese tanto daño - puso los ojos en blanco acercándose a él.
-Ni te me acerques, bicho. Si haces esto con mi mano no sé que le harás a mi anaconda - bramó Álvaro retrocediendo mientras ella continuaba riéndose altamente.
- Dirás tu gusanito, Gango - indicó alzando ambas manos con obviedad.
En ese mismo instante, un niño se acercó a Álvaro y le señaló.
- ¿Tienes un gusanito? Mi madre dice que dan asco pero a mi me gustan.
Su voz dulce e inocente provocó una sonrisa en los labios de Álvaro.
- Tu madre tiene razón. Los gusanos no son buenos para ti - le despeinó poniéndose a su altura - Ahora ve a donde tu madre y no vuelvas a separarte de su lado, ¿entendido campeón? - mencionó guiñándole un ojo a la vez que chocaban sus puños.
El niño asintió y salió corriendo en busca de su madre. Álvaro no le perdió de vista.
Pris se acercó a él y le miró levantando ambas cejas mientras cruzaba sus brazos.
- Nunca pensé que el chico malote y perverso pudiera ser dulce y realmente cariñoso. Tienes un corazón muy grande, Álv.
- Cállate y mueve el puto culo. Empezará a llover si no nos damos prisa.
Álvaro comenzó a caminar. Sus mejillas se sonrojaron ante las palabras de Pris. Mostró su lado más cariñoso y le confortó que a ella le gustase.
La chica le siguió el paso y cuando estuvo lo suficientemente cerca, agarró su mano con firmeza y ambos caminaron de la mano en completo silencio.
Álvaro contempló sus manos unidas y sonrió inocentemente.
Ella le agradaba realmente.
No se parecía en nada al tipo de chica perfecta para él que tenia en mente pero en verdad, Pris se estaba ganando ese puesto.
- Es aquí - murmuró soltando su mano y volteándose para mirarle una última vez.
Álvaro bufó. Se lo estaba pasando increíblemente bien y no quería que se terminase. Miró a los alrededores y silvó. Era una casa muy bien cuidada, alegre y colorida.
Pris buscó de nuevo su mirada y sonrió.
- No me dijiste que el negocio en la tienda te fuese tan bien.
- En realidad, el dinero lo invirtió mi padre. En esta situación, no tuve nada que ver por muy extraño que te parezca - ladeó su cabeza mientras él se acercaba a su rostro.
- Me lo he pasado muy bien. Gracias por ridiculizar mi pene y dejar mi mano esteril - dijo mostrándosela mientras encogía los hombros.
Ella rió sin poder apartar la mirada de él.
- Recuérdame, que te debo una piscina - murmuró golpeando su hombro.
Álvaro tiró levemente de su mano encontrándose con su rostro muy cerca de él.
Rió una última vez. Quería acabar el día de la mejor posible, necesitaba hacerlo, la necesitaba a ella.
Se abalanzó contra sus labios y antes de que pudiera siquiera rozarlos, ella se separó de él girando su rostro.
- Álvaro... - pronunció en un susurro - Debo irme.
La tez blanca del chico, expresaba correctamente lo que ahora mismo estaba sintiendo.
Pensó... que tal vez, ella podía sentir lo mismo que él sentía. Él la deseaba pero parece ser que no ocurría el efecto contrario.
Ella bajó el rostro soltando sus manos y le miró una última vez con cierta compasión mientras retrocedía. Finalmente, se volteó por completo mientras Álvaro se sentía como un completo idiota.
Había alejado de él a la única persona que de verdad le importaba, a la que de verdad le interesaba y todo porque dejó a la luz sus sentimientos.
Su temor se había hecho realidad. Siempre se comportó como un chico frío y siniestro por miedo a que alguien pudiese herirle. Todo el esfuerzo de nada sirvió.
La había asustado y tal vez, lo arruinó completamente todo.
Apretó sus puños y con una furia impresionante hacia si mismo, golpeó una de las papeleras que se encontraba en la calle. Su fuerza fue impresionante, pues de una sola patada la había hecho saltar por los aires.
Mientras ella, suspiraba pensativa en su cuarto sin poder dejar de comerse la cabeza, él metía las manos en los bolsillos y regresaba a su casa como si no hubiese ocurrido nada.
Aunque en verdad, lo sabía muy bien.
No le apetecía hablar, no lo apetecía regresar con los chicos y mucho menos pensar en ella.
Tenía que aprender a quitársela de su mente o acabaría perjudicándose a si mismo y a Pris también.
[Flashback]
Tiroteo
Coque ya no podía más y los nervios y lloros de Jessy le hacían perder la esperanza aún más. Él adoraba a su mejor amiga pero necesitaba que se tranquilizara o ambos obtendrían un destino muy oscuro.
Hablaba en alto, bastante alto aunque no se daba ni la más mínima cuenta.
Coque se detuvo frente a un laboratorio. Puso su mano sobre la boca de Jessy y le mandó callar mientras esta temblaba tanto por el contacto de su cuerpo con el de Coque como por la situación que estaban viviendo.
El hombre armado caminaba de un lugar a otro. Coque se acercó a uno de los pequeños ventanujos. Lo que pudo ver fue sangre, mucha sangre, objetos completamente destrozados y balas sin usar por el suelo.
Aquello se estaba llendo de las manos. Anteriormente, en aquella habitación lograron sobrevivir pero si esta vez los veía. ambos se volverían vegetales.
Jessy sollozaba intentando no decir absolutamente nada mientras Coque la presionaba contra su cuerpo para tranquilizarla y darle confianza pero le resultaba difícil ya que ni él mismo estaba seguro de tenerla en esos instantes.
Vieron al armado pasar con rapidez por el otro lado del pasillo y suspiraron aliviados mientras escuchaban como los pasos se alejaban cada vez más.
Coque dejó a la pobre Jessy respirar y la abrazó con fuerza no solo para calmarla si no también para tranquilizarse a él mismo.
- Tal vez lo que te dije antes no fuera de todo cierto - se rascó la nuca y tragó saliva mientras le cogía de las manos - De hecho, debimos de quedarnos en donde estábamos.
Jessy alzó la mirada. Se encontraba más tranquila pero el miedo seguía consumiéndola.
- C-creo que va-vayamos donde vayamos... Él nos encon-contrará - tartamudeó Jessy respirando hondo mientras Coque pasaba las manos por su rostro. Ella cerró los ojos con fuerza.
- Nos quedaremos en este laboratorio. Correremos las cortinas y nos mantendremos con la luz apagada por si las moscas. Tiene mucho espacio. Creo que es el lugar más acertado.
Jessy asintió volviendo a tragar saliva. Él limpió sus lágrimas con sus pulgares rozando levemente sus labios.
Ella abrió los ojos y le miró fijamente.
- No quiero mo-morir, Coque.
Exclamó con sinceridad lo que le carcomía los pensamientos. Coque hizo una mueca. Él tampoco lo quería pero eso no estaba en sus manos.
- Oh pequeña, te prometo que te protegeré en todo lo que este en mi mano.
Una sonrisa forzada apareció en su rostro. Eso animó bastante a Jessy.
Coque le tendió su mano y ambos entraron en aquel lugar.
Era frío y oscuro. Lo primero que hicieron fue correr todas las cortinas. Luego, observaron el lugar. Pocos muebles se mantenían intactos, casi todo estaba completamente destrozado.
Las paredes eran blancas como el resto del hospital y el suelo era de una extraña moqueta de un color apagado, no sabría decir cual exactamente.
Miró sus zapatillas completamente cubiertas de sangre y luego, gracias a la ayuda de Jessy accedieron más al interior del cuarto con mucho cuidado de no pisar nada realmente extraño. Los productos químicos y Coque nunca se llevaron bien. De hecho, detestaba física.
Jess quiso sentarse debajo de una de las mesas del fondo. Apenas se veía algo. El laboratorio estaba en completo silencio, solo se escuchaba el ruido del aire entrando y saliendo por sus fosas nasales.
- ¿Crees que saldremos algún día de aquí?
Acarició el cabello de Jessy. Su cabeza se mantenía reposada en sus muslos y no le molestaba ya que eso conseguía tranquilizarla.
Pensó detenidamente en una respuesta complaciente. En verdad, no lo sabía pero ¿quién realmente intúe la realidad? Nadie y las cosas sobrenaturales e irreales no entran dentro de sus conceptos. Siempre será un escéptico.
- Supongo que los refuerzos ya estarán a punto de venir a por nosotros. No te preocupes - la tranquilizó con una voz dulce y suave.
- Tengo hambre - protestó ella sin soltarle la mano - Mi turno empezaba a las siete - dijo unos segundos después contemplando el reloj.
Suspiró y reposó su cabeza en una de las patas de la mesa.
- ¿Te encuentras bien? - mencionó cogiéndole de la barbilla y mirándole lentamente con curiosidad - Estás pálido - torció los labios y él le miró a los ojos.
- Ingresé en el hospital porque un chico al que consideraba mi amigo resulta que no lo era y me golpeó, cuando me examinaban me encontraron un tumor en el estómago y después de superar esa operación tan sumamente arriesgada... Un tipo con una pistola amenaza con matarme. No es que crea en el karma pero si salgo vivo de esta rectificaré mis fallos, seré mejor persona y sin duda, no volveré jamás a un hospital - respiró hondo y agarró más fuerte su mano - Érica me dijo que vendría por la noche...
- Coque, estás vivo. No sé que mierda tienes para que Dios te amé con locura y te salve la vida continuamente pero joder, vas a salir de aquí. Es decir, vamos a irnos de aquí. Alguien vendrá a rescatarnos y así tú podrás ver a Érica y yo podré disculparme ante Carlos por tener un comportamiento tan infantil - puso los ojos en blanco. Ella se encontraba mucho más tranquila ahora que el hombre había abandonado la planta y por su mente no dejaban de pasar recuerdos bellos y hermosos que le hacían sonreír.
- ¿Al fin decidiste perdonarle?
Cambiar de tema y actuar como si realmente no pasase nada les servía para dejar de preocuparse y estar relajados por un tiempo.
- Si. Me comporté como una lagarta. No recuerdo quien besó a quien pero eso es igual. Iré a su casa y le pediré perdón personalmente.
- ¿Y qué ocurrirá después? ¿Amistad o algo más? - insistió él mientras ella sonreía y cerraba sus ojos.
- Obviamente amistad. No me imagino a Carlos como pareja.
- Yo tampoco me figuré que terminaría con alguien como Érica. La chica más popular y la más hermosa del curso.
Pensar en Érica solo lo entristecía más. Ya le hizo sufrir una vez y no consentiría volver a hacerle más daño.
Jessy lamentaba que el chico del cual estaba secretamente enamorada quisiera a su novia más que nada en este mundo. Iba a decírselo, iba a declararse justo cuando el tema de ella y Carlos salió a la luz pero al darse cuenta de que Coque solo pensaba en su novia, no dijo nada más y de nuevo, lo que sentía por el hermano de Miriam, seguía siendo secreto.
Cuando escuchó el revólver, quiso abrir la puerta con rapidez y ver con sus propios ojos que no le había disparado pero el miedo le paralizó y cuando pudo comprobar que el chico estaba bien e intacto se quitó un gran peso de encima. Ella no se podía imaginar una vida sin su mejor amigo. Le amaba aunque Coque no sintiese lo mismo.
Jessy tembló mientras se abrazaba a si misma. Tenía muchísimo frío y sus labios se estaban secando mientras su rostro emblanquecía.
Coque la contempló e hizo una mueca. No tenía ninguna prenda para abrigarla. Se encogió de hombros y le indicó que se sentara entre sus piernas. Él le abrazó la cintura aportándole calor corporal.
El rostro de Jessy cogió un color rojizo con rapidez y no dudó en colocar sus manos sobre los bíceps de él. Su cuerpo le aportaba calor y el frío desaparecía poco a poco.
Estar pegada a él le complacía y su corazón parecía salirle del pecho.
Los minutos continuaban pasando y la planta continuaba en completo silencio.
El hospital era enorme. El ruido de sus tacones resonaba levemente y cada rincón que traspasaba le resultaba completamente idéntico. Tal vez, estaba dando vueltas en círculos y no se había dado ni cuenta pero cuando visualizó el cartel de la UCI supo con seguridad que estaba yendo por el camino correcto y que no estaba completamente perdida.
Mientras caminaba más deprisa, los únicos pensamientos que pasaban por su mente era la posibilidad de que ya fuese muy tarde para su hermano.
Desde que entró en la clínica solo contempló objectos completamente destrozados, sangre fría y fresca y cuerpos totalmente sin vida.
¿Qué ser podría hacer algo así? Asesinar a montones de personas en un lugar público porque se despertó con esa necesidad.
Ella intentaba ser rígida y despreocupada pero el miedo le amenazaba continuamente, sobre todo cuando un extraño sonido llegaba a sus oídos.
¿Existen de verdad personas tan insensibles como estas? Montones de insultos pasaron por la mente de Miriam.
Nada más llegar a la UCI, las puertas mecánicas no se abrieron. Estaban obstruidas por completo.
Miriam suspiró y apoyó ambas manos en los cristales de las puertas haciendo fuerza para que ambas se moviesen y pudiese entrar al fin. Al principio le costó pero finalmente, la puerta cesó y la satisfacción de Miriam comenzó a crecer hasta que presenció a su madre al fondo del pasillo.
Si no era ella resultaba muy parecida. De hecho, tenía sus mismos rasgos.
Miriam cruzó el pasillo teniendo que esquivar unos cuantos cadáveres en su camino.
Luego, alzó la mirada. No pudo evitar observarla con rabia porque ella estaba aquí y este lugar no era seguro para ninguna.
- ¿Qué haces aquí? No deberías estar en este lugar - se cruzó de brazos mientras sermoneaba a su madre.
- Tú tampoco.
Un fuerte ruido provocó que ambas se alarmasen. Lo sabían. Él estaba aquí y no tardaría en descubrirlas. Miriam observó a su madre con cierta inquietud.
- Debemos marcharnos de aquí - musitó en voz muy baja mientras aparentaba estar relajada. Aunque se engañaba a si misma. Se encontraba totalmente horrorizada y no saber nada de Coque la ponía aún peor.
Susan en cambio, estaba asustaba y no podía esconderlo. Su aura lo trasmitía, sus gestos la delataban y su mente estaba completamente consumida.
- No hay tiempo, está aquí. Tenemos que escondernos
Nada más acabar la frase, Susan atrapó la mano de su hija y ambas corrieron desesperadamente por los pasillos encontrando un buen lugar donde no ser vistas.
Finalmente, Susan se detuvo y pensativa miró el conducto de ventilación que se mantenía en el techo.
- ¿Qué ocurre? ¿Te pasa algo mamá? - susurró Miriam al darse cuenta de que se había parado en el medio del pasillo.
Ella señaló el techo mientras las pisadas eran cada vez más constantes y sonoras. El hombre armado estaba cada vez más cerca de ellas. Si no se daban prisa en poco tiempo, se convertirían en un fiambre.
- Ayúdame a subir.
Y sin más, Susan se subió a la espalda de Miriam agarrándose a su cuello con delicadeza. Con una mano le resultaba imposible deshacerse de la rejilla. Finalmente, su hija pudo sujetarla con sus manos y ella aprovechó para retirarla haciendo un poco de presión.
Alzó un poco el talón de sus pies para facilitarle la subida.
Cuando Susan ya se encontraba dentro de su refugio, tendió ambas manos a Miriam para ayudarle a subir también.
Pero ya era tarde, no tenía tiempo y Miriam lo comprendía porque podía contemplar como un hombre con un revólver en sus manos se manifestaba desde el fondo del pasillo.
Todo ocurría con rapidez.
Miriam tragó saliva mientras su madre insistía en ayudarla. Sus manos se volvieron puños y aunque intentaba por todos los medios ser fuerte hasta el final, una pequeña lágrima se derrumbó por su mejilla. Los ruegos de Susan e intentos por detenerla no surgieron efecto.
- Miriam, no. No te atrevas a dar un paso más - bramó su madre estirando sus brazos y hundiéndose entre sus largos sollozos.
Pero ella no parecía escucharla. Avanzaba por el pasillo afrontando lo que estaba apunto de ocurrir.
El hombre sonrió y solamente un metro de distancia separó a ambos.
La mirada de Miriam se mantenía fija en la de él. Su madre se mantenía observando desde lejos, tapando su boca con su mano derecha mientras las lágrimas le obligaban a ver completamente borroso.
- Vaya, mira a quien tenemos aquí - murmuró el hombre con picardía mientras sonreía de lado caminando en círculos a su alrededor.
- A que esperas para apretar el gatillo - aclaró Miriam pareciendo más una afirmación que una pregunta. Los juegos del asesino no eran necesarios. Eso lograba ponerla aún más de los nervios.
El chico rió y acarició su mejilla con el revólver mientras se quedaba a pocos centímetros de su cara.
Ella volteó su rostro con una mueca preguntándose cuando acabaría todo aquello.
- Veo que hasta te asusta un simple roce. ¿Enserio quieres que te dispare? - murmuró esta vez él poniendo de nuevo el arma justo apuntando su cabeza. Apretó el gatillo provocando que Miriam cerrase los ojos con fuerza.
Volvió a reírse descaradamente y se volteó poniendo los brazos detrás de su nuca.
- ¿Por qué haces esto?
Él volvió a mirarla con una sonrisa muy falsa mientras su madre salía de su escondite y contemplaba como el hombre apuntaba a su hija con un arma. Se apoyó contra la pared mientras sus ojos se humedecían de nuevo.
- Porque los médicos se creen Dios cuando no lo son - volteó sus ojos y se encogió de hombros - Cometieron una negligencia y mi hermana falleció.
- Los pacientes no tenemos culpa de lo que hagan los médicos.
Miriam tragó saliva y el chico cargó su revólver. Esta vez, si apretaba el gatillo todo se esfumaría.
- ¿Quién dice que tú seas una paciente? No llevas puesto el camisón y pareces inteligente - volvió a apuntarle con el arma y meneó su cabeza a un lado haciendo un ruido obsceno. Ella alzó ambas manos y entornó la mirada.
- Tú tampoco pareces un asesino pero ya ves. Ojalá te caiga la perpetua, no estaré viva para verlo pero lo disfrutaré desde el cielo - susurró bien alto bajando la mirada mientras el hombre se enfurecía.
Y de pronto, el gatillo apretó y el bramido de su madre fue consumido por el sonido de la pistola.
La bala fue a parar directamente en la parte de arriba de su brazo izquierdo. La aceleración de la bala provocó que Miriam perdiese el equilibrio y se diese de bruces contra el suelo.
Apretó su brazo con fuerza sintiendo un dolor indudable mientras todo se volvía inaudible. Apenas podía escuchar con claridad lo que sucedía a su alrededor. Llevó la mano a su rostro secando sus lágrimas y se sorprendió al ver numerosa sangre en la palma de su mano. Se estaba desangrando y probablemente la bala le había perforado el brazo más de la cuenta.

- Eres un idiota, asqueroso, repugnante... - escupió sus zapatos y le miró asesinamente mientras se retorcía de dolor. Su voz era fuerte y dura - Espero verte en el infierno, no sabes cuanto disfrutaré viéndote sufrir por todo el daño que has hecho a tantas personas inocentes.
Nada más finalizar la frase, otro disparo fue a parar en el otro brazo de Miriam. Ella volvió a retorcerse de dolor y finalmente, quedó recostada sobre el suelo sin fuerza alguna.
- Bien, acabemos con esto de una vez - afirmó colocándose frente a ella y cargando el revólver nuevamente - Despídete de tu vida.
- Hazlo... - susurró con apenas fuerzas para mantener los ojos abiertos mientras lágrimas caían por su rostro.
Y cerró los ojos mientras el hombre se acercaba a ella contemplándola.
Entonces a su mente llegó Derek, el chico al que amaba y que intentó protegerla desde el minuto cero. Debió hacerle caso. tenía que haberse alejado del hospital y aguardar como el resto para recibir noticias.
- Adiós, zorra - exclamó él con ironía volviendo a apuntarle con el arma aunque ya todo le daba exactamente igual. Sus fuerzas habían desaparecido y comenzaba a ver borroso. Sonrió unos instantes y pensó que era lo mejor para todos. Desaparecer.
- ¡No! - gritó Susan apareciendo de entre la nada e interrumpiendo sus pensamientos.
Ella amaba a su hija y aunque pasaron por unos baches terribles, no quería perderla por nada en el mundo.
Ya había pasado por eso. La desesperación de perder a una persona tan importante en tu vida es gigantesca.
De pronto, un disparo sonó y el dolor se consumió por completo.
Miriam terminó cerrando sus ojos totalmente y el daño desapareció, el silencio comenzó a estenderse por todo el lugar y de pronto, todo se desvaneció.
Unos segundos después, el equipo de policías consiguió entrar y no dudó en atrapar al asesino que reía con fuerza entregando su pistola.
El resto de los policías se distribuyeron por todo el hospital y consiguieron desalojarlo por completo.
Lo que antes era un hospital caótico y completamente agotador se convirtió en un lugar opaco, solitario y escalofriante. Nada volvería a ser lo mismo. Todo cambiaría a partir de ahora y nadie lo podría cambiar.
Jessy y Coque lograron ser atendidos. Casi cogieron una pulmonía debido al frío que inundaba el laboratorio pero lograron rescatarlos a tiempo y por supuesto, le dieron de comer a ambos ya que se mantenían pálidos y sensibles.
Los trasladaron a otro hospital de la zona y los ingresaron en habitaciones contiguas para que descansasen y repusiesen fuerzas.
Mientras tanto, la noticia comenzó a extenderse y las personas más cercanas a los chicos no dudaron en acompañarlos en esta situación tan traumática.
Derek estaba completamente desesperado. Se culpaba así mismo por haberla dejado entrar. La había perdido hace poco y no soportaría volver a perderla pero esta vez, para siempre.
Intentó numerosas veces que le dejasen entrar pero no lo consiguió y eso le angustió aún más y encima, Melanie no dejaba de llamarle para saber en donde se encontraba a estas horas de la noche.
Finalmente, todo se había esfumado. Las palabras cesaron y el tiempo también.




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