miércoles, 12 de septiembre de 2018

(T2) CAPÍTULO 49: TÚ Y YO





Narra Miriam:




- Creo que han sido las mejores vacaciones de mi vida - me cargo en su hombro mientras la azafata avisa de ponerse el cinturón.

- Y que lo digas, te dije que unas vacaciones eran lo que necesitábamos - sonríe mientras por el megáfono el piloto nos avisa de que vamos a despegar.

Me quedo callada mirando por la ventanilla del avión casi todo el camino.

Cuando miro a Derek, este se encuntra durmiendo con la boca abierta y una expresión muy cute en el rostro. 
Cojo la cámara de fotos y le saco una foto desde la mejor posición.

- Y esta foto es la última de nuestra viaje - sonrío obsevándola y recordando los buenos momentos que pasamos en Ibiza. 

Nos perdimos, fuimos a la playa, charlamos con turistas, fuimos a restaurantes, nos pasamos las noches en el jacuzzi haciendo el amor...
Y por no hablar de la comida. ¡Eran mangares! 
Sin duda, fue un mes increíble, por no decir el mejor de mi vida.














Narra Jessy:


 - ¿Quieres ser mi acompañante en la boda?

Me entormeto en sus pensamientos mientras le robo un puñado de palomitas.

- ¿Cuándo es?

- La semana que viene - susurro haciéndome a la idea de que Coque, nuestro Coque se iba a casar con esa zorra.

- Por supuesto, ¿tengo que llevar traje?

- ¡Carlos es una boda! - grito riéndome mientras hundo la cabeza en su cabello rubio.

- ¿Y qué? - brama abriendo mucho los ojos mientras acaricia mi pierna.

 - Siempre se debe ir elegante - murmuro mientras él pasa su brazo por mi espalda.  

- Humm... ¿incluso a la boda de una perra?

Le pego un codazo riendo.

- Incluso a la boda de una perra - afirmo mientras apoyo mi mentón en su hombro para mirarle.

- Sabes que Coque se casa con ella porque está embarazada, ¿no? 

- Ojalá fuese así pero está enamorado de ella... - susurro entre dientes intentando restarle importancia.

- ¿Quién afirma lo contrario? Se casan por el bebé, solamente - se encoge de hombros.

- Le conozco bien, sé que no es por eso. Eso solo fue el incitante.

- Lo que tú digas - se gira para ver la película y me deja pensativa durante un rato.







Narra Henry:


- ¡La puerta! - se ecucha un grito ahogado desde la habitación de Miguel.

- ¿Qué? - pregunto soñoriento aún con los ojos cerrados.

- Llaman a la puerta - vuelve a gritar mientras me froto los ojos intentando desvelarme.

Ayer, Miguel insistió en llevarme de fiesta junto a sus amigos y liberarme un poco de todo pero lo único que consiguieron fue emborracherme brutalmente y que terminase la noche en el barril de cerveza con todos los presentes riéndose de mi.

Okey, borrad esa imagen de mi. No soy yo en absoluto. No me gusta la borrachera, ni las resacas, ni el alcohol, ni el humo del tabaco, ni el efecto que causan los porros.

Fue por presión social y para que me dejasen en paz de una vez.

Me levanté, la cabeza me dolía muchísisimo. Ojalá pudiese arrancármela de la cabeza.

Bajé las escaleras y me precipité al piso de abajo. Casi me como los últimos escalones.

Abrí la puerta y que sorpresa me llevé.









Narra Miriam:



- ¡Ya estoy en casa panda de dormilones! - grité grotescamente nada más abrir la puerta principal.

Coque fue el primero en venir a recibirme. Salía de la cocina en calzones con una taza de café en la mano. Vino a abrazarme con una sonrisa de oreja a oreja.

- Falto un mes y ya se te olvida ponerte los pantalones - sonrío mirándole de arriba a abajo.

- Oye, estás... cambiada. Te veo muchísimo mejor - dice después de abrazarme mientras Érica se asoma por la puerta de la cocina con timidez.

- ¡Dios, cómo te ha crecido la tripa! - bramo nada más verla emocionada. Me acerco a acariciársela.

- Digamos que el pequeño Coquito, ha crecido mientras estuviste ausente - susurra riendo ante mi sorpresa.

- Va a ser igual de cabezón que el padre.

- ¡Oye! - se queja Coque fingiendo estar ofendido.

- ¿Qué tal los preparativos de la boda? La boda se celebra en una semana. ¿Lo tenéis todo ya?

- Si, mañana voy a recoger mi vestido y ya tendemos todo.

- Cuánto me alegro. La madrina ha llegado a tiempo - bramo subiendo mis maletas al piso superior. Antes me volteo - Os eché de menos - les digo una última vez mientras ellos se miran mutuamente con una sonrisa de oreja a oreja.

Entro precipitadamente en el cuarto de Jessy sin ni siquiera llamar a la puerta.

- ¡LA REINA DE LA CASA A REGRESADO! - grito nada más entrar mientras observo el panorama.

Me quedo petrificada al encontrarme a Jessy desnuda en la cama junto a Carlos.





- Upp, lo siento - salgo de la habitación en seguida avergonzada.

Ahora entiendo lo de llamar antes de entrar...

Al poco rato, sale Jessy con una bata cubriéndole el cuerpo.

Viene a abrazarme con una sonrisa tímida.

- Pillina, tienes que contarme muchas cosas - susurro a su oreja.

- Poco hay que contar - se encoje de hombros - Estoy saliendo con Carlos.

- ¡Enhorabuena! Eso ya es un gran progreso - la felicito mientras ella sonríe tontamente.

- Es tan mono tia... - se muerde el labio.

- Ya me contarás. Tengo que pasarme por el trabajo.

- Si acabas de llegar.

-Debo rellenar unos formularios - me excuso.

- Está bien, luego ya me contarás que tal el viaje - alza ambas cejas sonriendo malévolamente.

Pongo los ojos en blanco y me dirigo hasta el trabajo.

Una vez allí, llamo a la puerta del despacho de mi jefe.

Derek me abre la puerta mirando a los alrededores y me deja pasar.

Al entrar, cierra la puerta y corre las persianas.

Se abalaza sobre mi y comienza a besarme intensamente.

- Dios, esto cada vez es más excitante.

- Y que lo digas, sin que nadie del trabajo llegue a saber lo nuestro - susurramos en voz súper baja.

Me siento sobre el escritorio de su trabajo. Él se cuela entre mis piernas y se deshace de mi camiseta en un par de segundos. Luego, me desabrocha el sujetador y comienza a acariciarme los pechos y a mordisquearlos.

Intento no gemir mientras todo mi cuerpo se remueve debajo de él.

- ¿Piensas hacerlo aquí?

- Llevamos 24 horas sin sexo. Eso es demasiado, ¿no crees? - levanta el mentón observándome con sus hermosos ojos castaños.

- Estoy comenzando a pensar que estoy saliendo con un ninfómano - le sonrió de lado mientras pongo las manos en su trasero.

- Tal vez - susurra bajando por mi abdomen con su lengua. Me recuesto sobre el escritorio con las piernas enrolladas en su cintura. Finalmente, me baja las bragas con los dientes por mis piernas hasta conseguir quitármelas del todo. Sus dientes me rozan la ingle lo que me provoca cosquillas y comienzo a reírme suavemente.

Pongo mis manos sobre la pitrina de su pantalón. Se la abro comprobando que no lleva puesto ropa interior. Me sorprendo ante tal hecho y suelto una risa pillina.

Su miembro erecto me comunica que está preparado para la acción. Le tiro de la corbata acercándolo a mi y muerdo su cuello mientras él secoloca un condón a la velocidad de la luz.




En nada, me coge entre sus brazos empujándome contra la pared. Una vez me tiene totalmente abierta de piernas, enrollo las piernas en su cintura y se hunde dentro de mi.

Le beso furtivamente enrollando mis brazos en su cuello y evitando así gemir atrayendo la atención de todos.

Cuando estaba al borde de llegar al orgasmo una voz masculina se escuchó al otro lado de la puerta.

Derek, se fue de mi interior y me acercó la ropa para vestirme.

Me puse la ropa a la velocidad de la luz y me escondí debajo del escritorio.

Derek se peinó y acicaló su ropa.

 Abrió la puerta y Justin apareció con una torre de documentos.

- Jefe Karev, ¡cuánto tiempo! - quiere darle un abrazo pero Derek le hace una cobra cogiendo los documentos.

- Ponme al día, Harley - susurra echándole un vistazo.

Cuando Justin va a tomar asiento, me doy cuenta de que me dejé las bragas sobre la silla.

Justin se percata antes que yo y las coge con dos dedos mostrándoselas a Derek.

- Perdone... - murmura sonrojado.

Derek las coje velozmente y las guarda en el bolsillo de su americana.

- Son de mi madre - se excusa y yo me aguanto la risa - Vamos a recepción, hay mejor iluminación.

Y ambos se marchan del despacho. Salgo de mi escondite y aún si bragas me dirigo a la salida.

Esta vez estuvimos a esto de ser pillados. Un pequeño despiste y todo se iría a la mierda.







 Narra Henry:





Nos sentamos en la sala y un silencio invadió el ambiente.

Pris se mantenía nerviosa y encogida en el sillón.

Decidí intervinir para romper el hielo.

- ¿Quieres tomar algo?

- Un colacao frío estaría bien.

- Vuelvo enseguida.

Me escabullo velozmente a la cocina. Estaba claro que nuestra relación amistosa se había enfriado y que hacía meses que no nos veíamos pero tanto como para ni siquiera sacar un tema de conversación...

Miguel interrumpe mis pensamientos.

- ¿Quién es?

- Pris, una amiga.

- Vaya, pensé que sería Lola... - parece decepcionado.

- Estás... obsesionado con ella. Llevas días sin parar de hablar de ella.

- Solo... me preocupa.

- Fuimos a verla, está bien - doy el tema por finalizado calmando la situación.

- Claro... - susurra casi inaudible - Voy a hincar los codos, mañana tengo examen.

- Dale duro, hermano - le sonrío.

- Y tú tómate una aspirina para la resaca - apoya su mano en mi hombro ofreciéndome una sonrisa de lado.

- Gracias supongo - ruedo los ojos y llevo el colacao a la sala.

Se lo tiendo.

- Gracias, Henry.

Comienza a remover el colacao con la cuchara tranquilamente.

- Oye Pris... - le interrumpo captando su atención - No quiero ser irrespetuoso pero... ¿a qué has venido? - sonrío inocentemente.

- Oh si... Perdona - se disculpa mientras sus manos temblorosas rozan sus rodillas.

- No pasa nada.

- Verás... ¿Cómo... cómo te van las cosas con Lola?

Trago saliva. Prefería seguir callados.

Me froto la cabeza y sonrío forzoamente.

- Ya no existe un Lola y yo.

- ¿Qué? - parece sorprendida.

- Surgieron ciertos... inconvenientes que hicieron que nuestra relación se fuese al garete.

Se pone ambas manos en la boca confundida.

Luego me mira a los ojos con expresión compasiva.

- Dios... Sabía que esto tendría consecuencias pero no me imaginé que fuera para tanto.

- Ya... Lola no podía con tanta presión y antes de empeorar las cosas. Decidió cortar por lo sano conmigo.

- Es grave pero tampoco es para tanto. Quiero decir, vuestra relación podía funcionar.

- Eso pienso yo - me rasco la nuca - Pero es un trauma importante.

- Muchas parejas continúan después de todo - dice pensativa - aunque sea difícil.

- Lo sé pero no quiero presionarla a hacer algo que no quiere.

- Pero Érica se ocupará de todo. No debe preocuparse, no tendrá mucha repercusión entre vosotros.

Lo que acaba de decir me descoloca por completo. Le miro confuso y frunzo el ceño.

- ¿Érica? ¿Qué tiene que ver en todo esto?

- Ella es el pilar de todo.

- Creo que no nos estamos entendiendo. ¿De qué hablas tú?

- Del bebé que tendrá Érica.

- ¿Qué pasa con él?

-  ¡Oh dios...! No lo sabes - traga saliva y coje sus cosas apresuradamente.

Le cojo del brazo antes de que se diriga a la puerta.

- ¿Qué no sé? Cuéntamelo ahora mismo.

- Suéltame... Creeme, no debes saberlo...

- Pris, ahora no vas a callártelo. Desde luego que no.

Ella intenta soltarse pero ve que no tiene suficiente fuerza y decide sentarse con cara de mal humor.

- ¿De qué hablabas tú?

- Lola fue... forzada. Es decir, un hombre la forzó a tener relaciones con él sin su consentimiento.

Su cara se vuelve un testamento. Baja la mirada y luego me mira fijamente a los ojos.

- No tenía ni idea... Cuanto lo siento.

- No pasa nada, no quisimos contárselo a todo el mundo...

- Claro, lo entiendo... Mi boca estará sellada, no te preocupes.

- Ahora dime. ¿Qué pasa con el bebé de Érica? - vuelvo a regresar al tema inicial.

Pris observa a los lados como si quisiese evadir la pregunta de todas las formas posibles.

- Debería contártelo ella... Yo no debí enterarme - levanta ambos manos intentando mostrarse inocente.

- ¿Enterarte de qué?

- Henry... ¿Cómo sabes que el bebé que ella espera es...? - su voz se entrecorta. No puede proseguir.

Le tiendo una mano animándola a continuar.

- No te preocupes, ¿si?

- ¿Cómo sabes que es de Coque?

Me encojo de hombros.

- Supongo que ella en el caso contrario me lo habría contado además... fueron solo un par de veces. Es casi imposible que ese bebe sea mío.

- ¿Y si te dijera que si lo es?

Engruño la nariz y suelto su mano.

- ¿Qué intentas decirme? - me río sin creérmelo.

- Érica hizo una prueba de paternidad. Ese bebé no es de Coque.

Me levanto confuso.

- ¿Cómo no va a ser de él? - levanto la voz espectante.

Ella se levanta cogiéndome de las manos.

- ¿Cómo vas a saber tú eso?

- Leí una conversación...

- No puede ser Pris. ¿Te estás escuchando? ¿Hace cuánto lo sabes? - pregunto fuera de si sin creerme ninguna de sus palabras.

- Hace unas semanas.

Doy vueltas a la sala y me froto la cara con las dos manos.

- Escúchame, no te lo conté porque sabía que entorpecería tu relación con Lola - dice cogiéndome de las manos y buscando mi mirada - Érica ya te hizo demasiado daño, Henry... No permitas que te haga más daño.

- Si eso es cierto... Si Érica espera un bebé mío...

- Si... ella está mintiendo. Le dijo a Coque que era suyo...

- ¿Pero enserio es tan hija de puta como para mentir en algo así?

- Ella no es buena persona, desde luego Henry... - menciona pasando una mano por mi rostro - Lo siento muchísimo, sentí que debías saberlo antes de que se casasen.

- ¿Pero que puedo hacer? No tengo pruebas de que eso sea cierto y no me puedo presentar en su casa con esas afirmaciones sin pruebas.

- No lo sé. No te van a creer.

- Dios Pris. Voy a tener un hijo del cual no me dejan ser el padre...

Unas lágrimas comienzan a brotar de mis ojos. Pris me abraza fuertemente secándome las lágrimas con el pulgar.

- Oye, arreglaremos esto. Ya se nos ocurrirá algo. No te preocupes.

- ¿El qué Pris? - levanto la vista zarandeando la cabeza - En una semana, estarán cruzando el altar y después no podremos hacer nada.

- Por eso, debemos pensar algo rápido...

- Es imposible. Se saldrá con la suya - levanto la voz enfurecido - Luego, se irá con él de luna de miel y seguramente, Coque nunca llegué a enterarse de que ese bebé no es suyo.

- Salvo si encontramos las pruebas de paternidad que le hizo a Coque - dice pensativa mientras toma asiento.


Me siento a su lado y ambos comenzamos a tramar un plan para conseguir destapar la verdad y dejar a Érica como lo que es, una vil perra mentirosa que lo único que sabe hacer es jugar con los pensamientos de los demás.












Narra Dani:



- Al fin, pensé que habías desaparecido del mapa.

- No estuve en Barcelona - entra y se sienta encima de la mesa de la cocina.

Me cruzo de brazos.

- ¿Por qué me ignoraste? 

- Después de lo ocurrido tenía miedo...

- ¿Miedo de qué? 

- De la imagen vulnerable y estúpida que tendrías de mi...

- Miriam, dios. ¿Sabes que imagen tengo de ti? - digo acercándome y mirándola fijamente a los ojos. Ella mantiene su mirada en mi - Pienso que eres la persona más fuerte que conozco. Que pasaste por mucho y aún así sigues manteniendo esa sonrisa.

Ella se sonroja y me mira dulcemente. Se abalanza sobre mi y nos hundimos en un profundo y sincero abrazo.

- Te echaba de menos, Danielo - me pega suave en el brazo - Lo siento mucho, haberte ignorado... Pero tenía muchísimo miedo de que cambiases tu comportamiento conmigo y comenzases a tratarme con delicadeza, como... a una...una

- Una chica que ha perdido a su madre.

Ella levanta la mirada y asiente volviendo a disculparse.

- Lo importante es que estás de vuelta. Quiero que me cuentes que tal en la escuela de canto. Ponme al día.

 - He faltado un mes... - dice inocentemente encogiéndose de hombros.

- Miriam - le riño de forma graciosa.

Ella se parte el culo.

- Echaba de menos esto.

- Yo también - sonrío dulce y ella agarra mi mano.

 


 








 

viernes, 7 de septiembre de 2018

(T2) CAPÍTULO 48: VIAJE DE NOVIOS



Narra Derek:


 - Esto es genial. Tienen barra libre - reí mientras Miriam se dirigía al ascensor - ¿No vas a cenar?

- Solo quiero echarme. Llevamos 6 horas de viaje y estoy reventada - me miró con ojos pesados acicalándose el cabello.

- Está bien. Te llevaré un poco de champán luego.





Me paseé con mi plato de aquí para allá escogiendo un poco de todo. 
Una vez lleno mi plato, me dirigí a las bebidas con una sonrisa de oreja a oreja pero alguien entorpeció mi estrecha relación con los hielos.

- Upps, lo siento. No te había visto.

Su bebida acabó en mi camisa nueva.
Sin ni siquiera mirarla comencé a secarme con algunas servilletas que me topé en la barra.

Ella recogió su vaso y el mío.
La miré directamente a los ojos. No puede ser.

- Derek - susurró ella mientras una sonrisa inocente iluminaba su cara.






 Narra Pris:


- Soy gilipollas.

Es lo que me repito una y otra vez dando vueltas frente a la puerta del piso de David y Álvaro. 

- Seguramente no estén en casa. Estén ensayando o yo que sé...

Pongo los ojos en blanco.

- Vale, si has venido aquí. Que no sea en vano.

Y elevo mi puño frente a la puerta. No puedo, me tiemblan las manos y el cuerpo entero.

- Mierda - bramo furiosa conmigo misma - ¿A quién voy a engañar? - bajo la mano lentamente.

Bajo la mirada con el ceño fruncido.

¿Por qué vine hasta aquí? ¿Con qué intención? ¿Y qué pensaba decirle? 

Camino directa a la salida pero una voz interrumpe mis pensamientos.

- ¿Pris?

Me volteo totalmente sonrojada. Sus ojos marrones me interrogan con la mirada. Le observo, se me hace gracioso verle con una bolsa de basura entre las manos y con el pelo totalmente alborotado como si hiciese meses que no lo peinase.

- ¿Qué haces aquí?

Pregunta después de un rato aguantando un incómodo silencio.

- Pues... pasaba por aquí y me dije. ¿Por qué no hacerle una visita a Álvaro? - sonrío mientras guardo mis manos en los bolsillos de atrás del pantalón. Me encojo de hombros mientras su ceño se frunce cada vez más.

- Dado como terminamos...- traga saliva - pensé que no querías saber más nada de mi.

Le miro confundida. Si, yo pensé lo mismo de ti sobre mi... Es decir, fue mi culpa.

No, no pienso decirle eso.

- ¿Yo?

Dios, soy gilipollas.

 Él se acerca a mi y con ojitos de cordero degollado acaricia mi mejilla suavemente.

Me estremezco al sentir su contacto. Es dulce pero a la vez intimidante. 

- Pris, lo siento. Fue... una tontería por mi parte. Demonios, no sé que tenía en la cabeza - se golpea el rostro de forma divertida.

- Oh vamos - suelto una carcajada leve y poso mi mano en su hombro - Eres impulsivo. No pasa nada... solo me descolocó un poco... - respondo pensativa.

 - ¿Tú crees? - se rasca la nuca con una sonrisa inocente.

Asiento y me acerco a él. Álvaro me observa con curiosidad.

Le abrazo y él me corresponde totalmente aliviado.



No quiero separarme jamás de sus brazos.

Calla, voz de mi subconciencia.

Calla tú y dale un buen morreo.

No.

Vamos si lo estás deseando.

Me separo y él se queda un rato mirándome mientras echa un mechón de mi cabello detrás de mi oreja.

Me muerdo el labio sonrojada.

Le agarro por la cintura y acorto la distancia.

Puedo sentir su respiración agitada, consumiéndose a medida que voy reduciendo la distancia.

Cierro los ojos y justo cuando voy a posar mis labios sobre los suyos...

David nos interrumpe.

- Hey chicos - saluda como si no ocurriese nada.

Nosotros nos separamos sonrojados.

- Emm... si, pues hablamos mañana - me rasco la nuca y trago saliva. Solo quiero que la tierra me trague.

- Vale, te llamaré - responde Álvaro mientras me alejo.

 David se saca los cascos de las orejas y mira a Álvaro interrogante.

- ¿Qué sucede? ¿Por qué se comportó tan extraño? - susurra antes de que yo desaparezca de su vista.

Álvaro se encoje de hombros sin saber muy bien que responder y entra de nuevo al apartamento. 






Narra Érica:



- Tia estás... espectacular. Dios este es el vestido.



- ¿Qué dices Betsy? Es mejor el otro.

- ¿Pero quién eres tú para elegirlo?

- La dama de honor.

 - Yo soy la madrina, tengo más poder en la decisión.

Volteo lo ojos. Llevan así toda la tarde. Miro a la modista con expresión de disculpa a lo que ella me sonríe forzosamente.

- Voy a probarme el último - digo cogiendo la cola del vestido.

Pero ellas están demasiado ocupadas discutiendo como para prestarme atención.

- Okey, ¿a alguien le importo? 

No obtengo respuesta. Me froto la tripa. Ya estoy empezando a tener más y lo cierto es que 5 meses se notan muchísimo. 

Reconozco que al principio me parecía un horror por las naúseas y demás pero ahora es más llevadero y Coque me contagia su ilusión.

- Tú si me escuchaste, ¿no? - rio observando mi barriga y la modista mientras tanto me ayuda a quitarme el vestido y a colocarme el siguiente.

Me miro al espejo impresionada. Me disimula muchísimo la barriga y la pedrería es preciosa sin duda. 
Los volantes y la pomposidad que lo forman es sorprendente. 



- ¿Quieres enseñarlo?

- No pero este es el vestido. Sin duda.

La modista me sonríe mientras toma las medidas necesarias. 

Salgo del probador ya vestida con mi ropa habitual. Veo que las dos siguen discutiendo sobre el vestido. Me cruzo de brazos aburrida.

- Son unas tigresas - susurra la dependienta mientras coloca unos cuantos vestidos de novia en su lugar correspondiente.

- Y que lo digas.

- ¡Chicas! He elegido ya mi vestido. Podemos irnos.

Capto la atención de ambas que se me quedan mirando atónitas.

- ¿Cómo? - mencionan a la vez.

- Que nos vamos. Tengo que ir a buscar los anillos antes de ir a casa - miro el reloj despreocupada.

- Pero no vimos el vestido - responde Betsy por ambas.

- Haber estado atentas y no discutiendo - ruedo los ojos.

- Érica... - se queja Alli.

- Me tenéis hasta el moño ya. Vámonos - digo enfurecida dirigiéndome hasta la salida.

Ellas me siguen mientras siguen discutiendo.

- Todo esto es tu culpa.

- No, es tuya.

Inflo los mofletes mientras vuelvo a frotarme la tripa.

- Nadie nos entiende pequeñín - balbuceo irritada.






Narra Derek:




 - Melanie - gruño fuertemente mientras la cocacola se me cae de las manos.

- Vaya - se relame los labios - que sorpresa tan agradable - ladea la cabeza riendo.

- Y que lo digas - le doy un apretón de manos falso.

Estoy empezando a pensar que mi exnovia es una acosadora obsesiva que me sigue a mi y a mi novia.

- ¿Viaje de negocios?

- Vacaciones - susurro frunciendo el ceño.

- Interesante. ¿Tú solo?

- No sé si recuerdas a Miriam.

- ¿Así que al final despertó del coma?  Yo la daba por muerta.  Fíjate - se cruza de brazos fingiendo sorpresa.

- No se juega con la muerte de nadie, Melanie.

- Claro, papi. Tendré más cuidado la próxima vez - suelta una carcajada.

- Eres irritable, Melanie - hago una mueca de asco.

- Estoy irritablemente buena. Lo sé. Sé que sigues colado hasta las trancas de mi - se suelta el cabello.

- Sigue en tu nube soñadora querida. Nadie te quiere, asúmelo.

- Lo asumiré cuando tú comprendas que solo estás con Miriam para olvidarme a mi.

- Sabes que no es cierto - gruño. Me saca de mis casillas.

- Sabes que si, si no no te enfadarías de esta forma - me señala riendo mientras se muerde el labio  Dios, eres tan sexy enfadado - susurra al lado de mi oído mientras pasa la palma de su mano por mi pecho.

Aparto su mano con fuerza mientras miro a los alrededores.

Ella niega con la cabeza.

- ¿Qué te crees que estás haciendo?

- Apuesto a que echas de menos nuestros polvos. Si, lo recuerdo tan bien. Siempre te apetecía Derek. Estuviesemos en el sitio que estuviéramos. Eso me encantaba. Daba muchísimo morbo. De hecho, lo repetería ahora sin dudarlo - afirma observándome penetrante.

- No sé como coño te ofrecí quedarte en mi apartamento.

- Porque me sigues amando, estúpido. Abre los ojos.

- Los tengo abiertos y solo puedo ver a Miriam.

- Sabes que no. Sabes que no tenéis ningún tipo de futuro.

- ¿Sabes? Me importa una mierda tu opinión de novia despechada.

- ¿Despechada? Recuerda que te dejé yo - brama soltando una carcajada.

- Adios para siempre,  Melanie. Deja de entrometerme en mi vida.

-  Al contrario que tú, estoy aquí por trabajo. Gracias - me da un pequeño empujón pasando por mi lado.

La observó rabioso y cuando desaparece de mi vista doy una patada a la máquina de hielos atrayendo la atención de todos los presentes. 




Subo hasta la habitación 113.


Una vez dentro, me encuentro a Miriam en el jacuzzi.

Dios está increíblemente sexy entre ese mar de espuma. 

La contemplo, hacía tiempo que no la veía así.

Una pequeña sonrisa iluminaba su rostro mientras los altavoces emitían la canción 5 In The Morning - Charli XCX.



Ella meneaba su cabeza de lado a lado con los ojos cerrados.

Me acerqué a ella por detrás mientras todo mi cabreo desaparecía.

Rodeé su cuello con mis brazos. Ella soltó un grito ahogado mientras yo la apretaba con fuerza riendo. Miriam me aporreó llenándome el torso de espuma y también el rostro.

- Te vas a enterar - murmuró traviesa mientras depositaba más espuma en mi camiseta.

- Mira lo que hiciste - digo con la boca abierta mostrándole mi camiseta empapada.

- Te lo mereces por casi matarme del susto - suelta riéndose.

Termino quitándome la ropa y sumergiéndome con ella en el jacuzzi.

- Mmm... está templada - digo acariciando su cabello mientras hundo mi nariz en su cuello.

Ella suelta un gemido estremeciéndose y se voltea cogiéndome las manos y posándolas en su trasero. 

Ambos sonreímos sumerguiéndonos en un apasionado beso.

Le miro a los ojos mientras subo y bajo mis manos a lo largo de todo su cuerpo. 

Ella baja sus manos a mi miembro a lo que yo me sorprendo abriendo mucho los ojos.

Comienza a acariciarme mientras muerdo su cuello cuan vampiro. Ella gime y yo suelto un gemido detrás del suyo. 

Terminamos hundiéndonos el uno en el otro por primera vez después de hace meses. 

Finalmente, nos fuimos a dormir totalmente cansados.

- Mierda.

- ¿Qué?

- Se me olvidó el champán.

Me pegó suave en el hombro y se abrazó a mi. Así permanecimos toda la noche. 










Narra Érica:



- Te eché de menos - bramo sin dejar de darle besitos por todo el rostro.



Estoy encima de él sobre el sofá de la sala de su casa. Todo está tan silencioso que hasta asusta.

- Solo estuvimos separados una semana.

- Aún así, la decisión del vestido fue muy agoviante.

- Dímelo a mi. Aún encima mi hermana está de viaje y no pudo echarme una mano. Le pedí ayuda a Jessy pero le gustaban todos - ríe contagiosamente.

Frunzo el ceño.

- ¿Fuiste solo con ella?

- No, vinieron también mis amigos. ¿Recuerdas a Mark?

- Como no - sonrío leve.

- Al final consiguió una cita con la doctora.

- ¿Enserio?

- Y tanto. Hoy tendrán su segunda cita. Él está súper entusiasmado.

Acaricia mi tripa con una sonrisa de oreja a oreja.

- ¿Cómo está el pequeño Coquito? - posa su oído sobre ella.

- Hoy fue tolerante con las patadas y no hizo vomitar a mamá. Estuvo tranquilo.

- Eso es genial - ríe. Cada vez tengo más ganas de saber como será. Si heredará tu nariz y el color de mis ojos o si será rubio o castaño.

- Y yo de saber si será Coquito o Ériquita.

Él suelta una gran carcajada pero se detiene al momento.

- ¿Has oído eso?

- ¿El qué? - frunzo el ceño curiosa.

- ¡A dado una patadita! - sonríe sorprendido.

Le miro completamente feliz mientras me toca la tripita otra vez.

- Te amo, Coque y a ti también Coquito - digo mirando mi barriga que cada vez comienza a tener más forma.

- Yo si que te amo amor. Estoy deseando casarme contigo con anillos de verdad y no con chasquis - rueda los ojos juguetón.

- Yo simplemente promerte una vida a tu lado.

- Que hermosa eres - brama acariciando mi mejilla y depositando un beso en la comisura de mis carnosos labios.








Narra Miguel:




- ¿Qué haces aquí?

- ¿A ti qué te parece? ¿Qué forma es esa de recibirme? - bramo entrando en el interior del apartamento. Tomo asiento y ella me mira indiferente.

Lo sé nena. Soy un grosero y lo que tú quieras pero vas a explicarme todo esto.

Ella se acerca arrastrando su larga manta por el suelo. Se sienta frente a mi y coje su taza de café entre las manos. Da un pequeño sorbo y la posa de nuevo en la mesa de la sala.

- ¿Y bien? - murmura con la voz entrecortada.

- Vas a contarme de que va todo esto. ¿Oiste? Henry está muy preocupado por ti.

Digo intimidante alzando la voz.

- ¿De qué vas? ¿Qué tengo que contarte? - murmura sin darse cuenta de la situación, totalmente perdida.

- Deja de hacer preguntas. Pareces estúpida. Céntrate anda. ¿Qué se te ha escapado por contar?

- No sé de lo que hablas, Miguel. 

- No te hagas la tonta. Las vi.

- ¿Qué viste? - susurra cada vez en voz más baja.

Me levanto con rápidez a lo que ella pega un chimpo asustándose. 

Cojo su brazo con fuerza y ella suelta un quejido de dolor.

Remango su brazo y señalo las cortadas.

- Hablo de esto, Lola. No te hagas más la tonta. ¿Cuándo pensabas decírnoslo?

Ella suelta un bufido y se tapa aún más con las mantas. Baja la mirada sin dignarse siquiera a mirarme.

- ¿Lo sabe Henry?

- No, por tu suerte quiero que se lo digas tú.

- Bien...

- Dime. ¿Qué coño te pasa por la cabeza? Hacerte daño de esa forma.

- Mierda, Miguel. Tú no lo entiendes. Nadie lo entiende - grita sacándose de sus casillas.

- Sé que lo que pasaste es muy traumático pero nos tienes aquí. No seas una debilucha Lola. Echale ovarios - le reprendo mientras ella se queda callada mirando el suelo - Oh vamos. Si Henry se entera de esto si que estás literalmente muerta, es que vamos ni se lo piensa un mínimo segundo - me levanto y comienzo a dar vueltas alrededor de la sala - Además, ¿por qué cortaste con él? Henry te salvó Lola, tendría que ser lo contrario...

- Estoy embarazada - suelta de la nada levantando la cabeza por primera vez.

Trago saliva mientras observo sus ojos brillosos.

 - Estoy embarazada de 1 mes y no sé como contárselo a Henry.

- Lola... - me siento totalmente aturdido.

- Ya le he hecho sufrir demasiado y le quiero. No quiero que sufra más por mi y menos tener conmigo un hijo del cual él no es responsable.

- ¿Vas a tenerlo?

- No tengo dinero para abortarlo.

- Yo te lo prestaré si hace falta pero no hace falta que te responsabilices de un hijo que te recordará toda la vida este terrible suceso.

Le miro comprensivo.

- No puedo abortarlo, no tengo ovarios suficientes para ello.
No podré con la culpa, Miguel...

- Pero no es culpa tuya, Lola. Es de lo más comprensible que te deshagas del feto.

- No, Miguel. Debo tenerlo.
 La decisión está tomada y Henry nunca debe enterarse de esto. ¿Si?

- ¿Te estás escuchando? Recapacita, Lola.

- Cállate. Es mi vida y mi decisión.

- ¿Por qué te cortas?

Pregunto sumado en mis pesamientos mientras unas lágrimas pequeñas comienzan a brotar de sus ojos.

- Es la única forma de sentir que sigo estando viva aunque sea por medio del dolor.

- Lola... Hay más formas de sentir. Hacerte daño a ti misma es mucho peor. Tú no eres culpable de todo lo que te está pasando - me acerco a ella y le cojo de la mano.

Dios, está temblando.

- Si lo soy, si no hubiera accedido a la copa... Tal vez esto no hubiera pasado - murmura temerosa mientras se seca las manos con la otra mano.

- No, ¿cómo ibas a saber eso? Anda, déjame. 

Cojo el pañuelo y le limpió las lágrimas y los mocos.

- Todo va a salir bien. Estás a salvo, no va a ocurrir nada más. Nadie permitirá que te hagan más daño.

Ella me abraza mientras intenta calmarse.



Me separó de ella y seco las últimas lágrimas que aparecen en su rostro con el dedo pulgar.

- Voy a hacerte una tila, ¿si? - murmuro acercándome a la cocina.

Ella asiente y se vuelve a tapar con las mantas.

Se la preparo pero cuando regreso para entregársela, las mantas están esparcidas por el suelo y la puerta del apartamento totalmente abierta.

La taza se me cae de las manos.

- Mierda.




 




















domingo, 14 de enero de 2018

(T2) CAPÍTULO 47: CARTAS EN EL BUZÓN



Narra Pris:



El chocolate caliente sienta estupendamente.
El otoño comienza a notarse. Las camisetas de tiras cortan el sentido y por no hablar de los pantalones cortos.

La encargada de una tienda de ropa es especialista en detectar el cambio de las estaciones.
La ropa de verano deja de venderse y se reemplaza por los típicos abrigos, bufandas y botas que suelen llegarte hasta la rodilla.

Mi padre se ha ofrecido a ayudarme con las facturas de la tienda al verme tan completamente agotada al llegar a casa. Teniendo en cuenta que eso es lo que más le gusta a él, no le resultará un trabajo tan pesado como a mi.

Miré el reloj eran las 10:30 pasadas y aún me sentía lo suficientemente despierta y consciente como para consultar mis mensajes.


"7 mensajes de 3 chats".


No hay señales de Miriam pero si de Jessy. 

Sus mensajes no me parecen importantes así que los contesto con rapidez. El resto son de trabajo.
Suspiro y deslizo la pantalla unos centímetros más abajo.

Y allí estaba, el chat de Álvaro. Su foto de perfil destacaba entre todas las demás.
Más abajo destacaba un "OK" de nuestra última y depravada conversación y más arriba la fecha, "03/09".

Si, exactamente hacía un mes que ninguno de los dos se atrevía a comenzar una conversación y seguramente él no la echaba de menos tanto como yo.
Aunque siempre le insultase o rechazase, hablar con él me encantaba y sus estupideces aún más. 

Me duele admitirlo pero no pensé que alejarme de Álvaro pudiera causar una herida bastante profunda en mi corazón.

¿Pero qué puedo hacer? Mis sentimientos por él no están claros y después de tratarle de esa manera no creo que quiera volver a saber de mi en una temporada.

Tal vez lo mejor sea dejar pasar el tiempo aunque corra riesgos, riesgos de que conozca a alguien más, de que se olvide de mi o de que simplemente comprenda que yo solo era para él un quebracabezas.

Salgo del WhatsApp rápidamente, antes de que mi parte inmadura e impulsiva salga a la luz y me dejé quedar como la más estúpida y egoísta del universo.

Debo aclarar mis ideas. Ha pasado un mes y aunque ya lo eche de menos aún no tengo claro que es lo que quiero que Álvaro aporte a mi vida.

Él actuó bien y ahora me toca a mi.
Solo espero que él esté dispuesto a esperarme y dejarme espacio sin olvidarse completamente de mi.





Narra Miguel:


La luz que incidía por el ventanal del edificio era cálida y frágil. 

Henry estaba apoyado contra la puerta con los ojos cerrados y respiraba profundamente.
Me quedé callado. Sabía que si decía algo seguramente se sintiese presionado y prefería no intervenir.

Finalmente, me observó y asintió con la cabeza. Llamó al timbre y aguardó deseperadamente una respuesta al otro lado. 

Pasaron unos segundos que semejaron largos e inquietantes minutos. 
Henry volvió a presionar el timbre y finalmente, la puerta se abrió.

La cara de mi hermano era de puro alivio y al mismo tiempo satisfacción. Llevaba esperando durante un largo tiempo y fue muy considerable al dejarle espacio y tiempo para asimilar todo lo que había ocurrido. Todo fue muy caótico para todos pero no puedo ni imaginarme lo mal que lo debió de pasar y lo está pasando Lola. 
Me encantaría ofrecerle mi apoyo y consolación porque es lo único que puedo ofrecerle lamentablemente. 


Frente a mis ojos, aparece una chica flaca y demacrada. Sus labios están totalmente secos, las ojeras cubren totalmente los alrededores de sus ojos, tiene la nariz roja y una expresión triste y sombría.
 Nuestra visita no parece agradarle. No muestra ni una mueca de sorpresa. Simplemente, se mantiene indiferente y totalmente callada.

Me fijo en su vestimenta. Lleva un chándal holgado, no lleva zapatillas solo unos calcetines de inverno y una manta cubre su flaco y débil cuerpo.

- Lola. Nosotros... queríamos saber como estabas. Nos tienes muy preocupados y no recibir noticias tuyas aún más - dice Henry bastante cohibido y poniendo especial atención a sus palabras. 

Ella traga saliva y se frota la frente con cansancio.

- Lo siento. No me sentía muy sociable que digamos - se limita a responder.

- ¿Podemos pasar? - interrumpo como de costumbre mientras Henry no aparta la mirada de ella.


Nos sentamos.
Ella se sienta justo frente a nosotros y se tapa con más mantas mientras un escalofrío recorre su cuerpo. 

Bajo la mirada. Odio verla así, tan frágil. Siento que cualquier palabra o movimiento que diga o haga puede romperla. 

Por una vez en mi vida, cuido lo que voy a decir, pienso antes de hablar y no digo estupideces.
No quiero molestarla, eso me rompería el corazón.
Ya la han lastimado lo suficiente. 

Cuando me doy cuenta, un silencio absoluto nos absorbe y Henry y yo nos miramos como decidiendo quien debe lanzar la primera piedra.

Finalmente, Henry se da por vencido.

- ¿Cómo te encuentras? 
Su voz es tenue y dulce. Eso logra captar la atención de Lola que sonríe amargamente mirándole como puede.

- ¿Cómo piensas que me encuentro? Solo mírame - abre sus brazos y hace una mueca - No tengo ganas de nada. Cada vez que pienso, cada vez que cierro los ojos... Solo puedo recordar esa escena.
La escena de un desconocido sobre mi, manoseándome, desvistiéndome y utilizando mi cuerpo como si fuera un simple juguete. El dolor que sentí es equivalente al dolor que siento en estos momentos - Unas lágrimas comienzan a brotar de sus ojos mientras su voz es quebrante y casi inaudible - Vosotros no sois los únicos que vinieron a ver si aún estaba viva. Muchas personas vinieron pero mis ganas de verles y charlar con ellos eran nulas.
Solo quiero borrar ese puto recuerdo de mi mente pero me resulta totalmente imposible. Es frustante - termina tapándose el rostro con ambas manos a la vez que limpia sus lágrimas con las mangas.





Henry se levanta. No puedo impedírselo porque sé que diga lo que diga no me hará el más mínimo caso.

- Ojalá pudiera calmar tu dolor. Ojalá fuera yo el que estuviera pasando por esto y no tú. Odio verte así pero lo que más odio es sentir que no puedo hacer absolutamente nada. Quiero ayudarte, quiero estar junto a ti. Solo... déjame. Comparte tu dolor conmigo - le consuela cogiéndole de la mano. 

Lola centra su mirada en él. Sus ojos aún inundados en lágrimas revelan un brillo especial. 
Su rostro expresa un dolor totalmente incalculable. 

- Olvídalo, Henry.  Lo que menos quiero es arruinar tu vida también - suelta su mano lentamente y aparta su mirada - Creo que lo mejor es que os vayáis. 

- No quiero irme, Lola. No pienso dejarte así. ¿Hace cuanto que no comes? ¿Hace cuanto que no duermes?

Los ojos de Henry comienzan a nublarse. Sigue arrodillado a los pies del sofá. 

Siento una gran compasión por ambos. Esta claro que ella necesita su apoyo pero no quiere hacerlo sentir mal, no quiere que sienta lo que ella está sintiendo. Los dos se quieren muchísimo pero...

- Lo solucionaré, Henry. Solo... vete, por favor. 

- Te juro que si encuentro de nuevo al hijo de puta que te hizo esto... Cuando lo vea su madre no lo va a reconocer. Seguramente ni salga vivo.

Henry muestra su furia mientras pequeñas lágrimas no tardan en salir de sus ojos.

- Mierda, Lola. Cuídate, ve a terapia... Si me dejases cuidarte, estar contigo... Todo sería diferente. 
Dios, Lola. Siento todo lo que dije. Te quiero tanto. Antes de lo sucedido y ahora. Fui un gilipollas por dejarte ir aquel día, por no decírtelo claramente. A quien quiero es a ti, me la suda todo. 
Por favor Lola, perdóname y vuelve. Regresa a mi, regresa a mis brazos. Déjame amarte... Joder - Su voz se vuelve cortante y tartamudeante. 

Los ojos de Lola vuelven a humedecerse. Trago saliva, me siento un estúpido contemplando tan horrible escena totalmente callado. Tal vez debería intervenir pero a su vez también pienso que necesitaban hablar de todo esto, que necesitaban explicarse y hablar tranquilamente de todo lo que está ocurriendo.

Sé que ella quiere con todas sus fuerzas que Henry vuelva a su vida pero el miedo y la incertidumbre se lo impiden de una forma hipnótica.

Ella le abraza sin decir ni una sola palabra. Él se aferra a sus brazos dejándose llevar por el llanto.

La está perdiendo, o tal vez ya la haya perdido. La mierda es que él se siente culpable de todo cuando no lo es. 

Henry la salvó. Pudieron haberla matado después de forzarla. 
A saber que tenía en mente. 

No sé durante cuanto tiempo estuvieron así. Abrazados, en su propio mundo y sin decir ni una sola palabra. 




Yo me limité a dejarles todo el tiempo que necesitasen. Tampoco quise interrumpir el momento. 

Después de todo, esto era un adiós. Una despedida.

No se sabe durante cuanto tiempo pero lo que si estaba claro es que resultaría muy dolorosa.
Algo interrumpió mis pensamientos. Lola seguía abrazada a Henry y las mangas de su sudadera se habían remangado dejando su antebrazo al descubierto.

En ellos, unos pequeños cortes que parecían muy recientes se hacían visibles...






 Narra Jessy:




- Tienes guacamole en la punta de la nariz.

- Tú en la barbilla así que deja de reírte de mi - respondió él mientras besaba mis labios.

- Oye, ¿te he dado permiso para que me beses? - mencioné con voz dulce mientras Carlos no dejaba de mirarme a los ojos.

- No pero tus ojos lo dijeron por ti, querida.

Pongo los ojos en blanco mientras un ligero rubor aparece en mis mejillas.

Por primera vez, invité a Carlos a casa de Miriam. ¿Por qué?
Bueno, aprovechando que Miriam no estaría en toda la semana y Coque estaba desaparecido no lo dudé.

Era la primera vez que nos encontrábamos totalmente solos. Siempre había alguien incordiando o interrumpiendo nuestros encuentros.

- ¿Sabes? Es una mierda que haga tanto frío. Podíamos nadar un rato en la piscina - le guiñé un ojo mientras me sentaba encima de él. Pasé mis brazos alrededor de su cuello y me acurruqué en su regazo. Sin duda, me encantaba acurrucarme a su lado y escuchar los latidos de su corazón. Simplemente, me relajaba.

- Cierto, es una putada. Me gustaría verte nadar como un perrito. Me echaría unas risas - pasó sus brazos alrededor de mi cintura. Me balanceé sobre él mordiéndole la nariz. Me relamí los labios mientras Carlos se quejaba de mi acto caníbal.

- Estás delicioso. ¿Lo sabías?

- Eso no sirve para excusarte, gilipollas - emitió un pequeño gruñido que me hizo reír - Agh... ¿Cuándo me enseñarás tu habitación? Ya nos comimos medio frigorífico y me prometiste que me la enseñarías.

Me muerdo el labio jugueteando con los dedos de su mano. Entrelazco mis dedos con los suyos.

- Es que tengo miedo que después tengas una opinión diferente de mi - le hice pucheros y él respondió tirando de mis mejillas y sonriendo.

- Eres tan linda - me piropeó alargando la "i" - Aunque seas una puta desordenada... Eso no cambiaría lo que siento por ti - hizo una pausa peinándose el cabello ingenuamente - ...o si. Depende de lo que guardes en tu cuarto. Condones esparcidos por el suelo, un amante debajo de tu cama...

Me reí y me erguí tendiéndole la mano.

- Lo más asqueroso que hay en mi cuarto son botellas de Ginebra completamente vacías. Así que yo no me preocuparía.

Hizo una mueca y me cogió de la mano aún dudoso.

Ambos abandonamos el sofá y nos mantuvimos cogidos de la mano hasta mi cuarto. Una vez allí, Carlos lo inspeccionó con curiosidad incluso mirando ligeramente debajo de la cama.

- Di algo. Me estás asustando, capullo - acabé con el silencio pegándole un codazo en el brazo.

- Sinceramente, pensé que sería peor.

- ¿Me tomas por una jodida guarra? - le regalé una bofetada en el moflete sin controlar mi propia fuerza. Él hizo una mueca falsa frotándose la mejilla.

- ¿Acabas de abofetear a tu increíble, sexy y cachondo novio?

- Dirás a mi subnormal y capullo novio - le eché la lengua burlándome de sus facetas.

Él me miró irónicamente enfurecido. Eché a correr por el pasillo principal pero Carlos no tardó en alcanzarme. Me cogió por las piernas alzándome sobre su hombro izquierdo. Me quedé bocabajo pataleando y dándole golpes en su espalda mientras le ordenaba que me soltase.

Él solo se reía mientras me transportaba hasta la planta baja.



Una vez allí me dejó tumbada sobre el sofá. Yo continuaba pataleando incansablemente pero Carlos logró igualmente ponerse sobre mi con una sonrisa en sus labios.

- Así que gilipollas, eh - mencionó rozando sus labios sobre los míos con voz tenue. Intenté abalanzarme sobre él pero se apartó con una sonrisa pícara dejándome totalmente con las ganas.

- Eres odioso. Si intentas persuadirme no podrás, te lo aseguro - me crucé de brazos girándole el rostro.

Carlos sonrió cogiendo mi barbilla con sus dedos para que le mirase.

- No creo que quieras besar a un gilipollas.

- MI gilipollas - me lamí los labios y finamente acabó besándome dulcemente.

Nuestros besos fueron incrementándose igual que la temperatura del ambiente que nos rodeaba.

Las lenguas no paraban de juguetear entre ellas y comenzamos a acariciarnos más de lo debido.



El corazón de Carlos comenzó a latir más bruscamente mientras su cadera comenzaba a moverse suavemente. Pronto se deshizo de su ropa superior dejando sus pectorales totalmente al descubierto.

Le miré fugazmente acariciándolos y dejando suaves besos por su nuca.
Él gimió leve cuando le pellizqué el cuello con los dientes y eso hizo que mi estómago estallase.

Carlos entrometió sus manos en el interior de mi falda haciendo que mi respiración se volviese totalmente agitada. Ambos nos manteníamos totalmente callados, solo nuestras resonantes respiraciones eran audibles.
Cuando nos dimos cuenta, nada separaba nuestros cuerpos destellantes y enormemente calientes. Ambos nos deseábamos físicamente y no había duda de que los dos estábamos deseando entregarnos por completo. Después de un mes de abundantes citas, los dos creíamos que era el momento adecuado para mostrarnos más íntimamente el amor que hacía cabida entre nosotros.

Solté una risa nerviosa y Carlos me besó una última vez. (Que conste que seguía oliendo a guacamole). Finalmente, se introdujo en mi interior. Ambos soltamos un leve sonido. Él continuó moviendo sus caderas y marcando un ritmo soportable y placentero para ambos.
Terminamos completamente agotados. No tenía ni idea del tiempo que estuvimos haciendo el amor pero me gustó y estuvo realmente bien. Actuó con mero cuidado pero a la vez, ofreciéndome todo el placer que estuvo en su mano. No sé si Carlos sintió lo mismo pero me daba vergüenza preguntárselo.




Abrí los ojos dándome cuenta de que estábamos echados en el suelo y de que el fuego de la chimenea era el único que hacia visibles nuestros cuerpos totalmente desnudos.

- ¿Cómo terminamos aquí? - interrumpí el silencio irguiendo la cabeza para mirarle.

- Estoy tan confuso como tú - me sonrió acariciando mi cabello - ¿Sabes? Gracias a ti recordaré el guacamole hasta la eternidad.

Cogí una manta para taparnos y crucé mis brazos sobre su pecho apoyando mi mentón en ellos.

Nuestras miradas permanecían totalmente conectadas y el deseo aún brillaba en sus claros ojos.

- Mierda, ¿tan jodidamente mal huelo? - reí echando el aliento sobre mi mano sin lograr percibir un olor molesto.

- No lo decía por eso. El guacamole acaba de convertirse en mi comida preferida.

Nada más escucharle, acorté la distancia entre ambos dándole un beso ardiente y explorando cada rincón de su boca.

Eso significaba que le gustó tanto como a mi y no podía sentirme más orgullosa.

Su teléfono sonó y él puso los ojos en blanco extendiendo su mano para alcanzar su cazadora.
Tocó mi nariz con el dedo índice haciendo que mi rostro se estremeciese.

- ¿Si?... No, estoy con Jessy... - Acaricia mi cabello mientras yo vuelvo a acurrucarme en su pecho - Tranquilo, tio... No la llames más si no te lo coje... Es normal, está de viaje con su novio... Habla con ella cuando vuelva y deja de comerte la puta cabeza... Anda, distráete un rato. ¿No sales hoy con Blas?... Ok, entiendo. Y sabes lo salido que está últimamente... JAJAJAJ tampoco siempre, tio... Hablamos en casa, estate tranquilo Fernández... Bye.

Colgó y me dio un beso en la cabeza.

- Ammm... ¿Dani sigue con lo de Miriam? - decidí entrometerme mientras él continuaba acariciándome.

- Creo que le gusta si no... no se obsesionaría tanto. Debería entender por lo que Miriam está pasando ahora, tiene que dejarle espacio.

- Bueno, yo entiendo que se preocupe. No quiere perderla y no creo que ella le gusté. Simplemente son buenos amigos.

Puso sus ojos en blanco mirando a otro lado.

- ¿Qué? - pregunté molesta.

- Eres tan ingenua, querida. Todos nos dimos cuenta, incluso Pris.

- Tal vez los ingenuos sois vosotros. ¿No crees?

Me cogió de la mano con una sonrisa dibujada en su rostro.

- Además de ingenua testaruda.

- Cállate - bramé inflando lo mofletes. Carlos puso un dedos índice en cada uno haciendo que todo el aire contenido saliera de ellos.

- Tienes suerte de que te quiera justo por ser así.

- Tan mentiroso como siempre - alcé las cejas a lo que él respondió pellizcándome la pierna.

Solté un chillido dándome la vuelta y quedando sentada sobre él.
Intenté pegarle nuevamente pero él actuó más rápido cogiéndome ambas manos e inmovilizándome.

Gruñí mientras Carlos tiraba de mi hacia él y volvía a darme besos cortos y continuos.



Un ruido nos hizo volver a la realidad. Escuchamos unos silbidos que cada vez se acercaban más a nosotros y un suave tintineo de llaves.
Extendí mi brazo apartando a Carlos de mis labios. Este quedó tendido bocabajo en el suelo con una mueca de dolor.

- Escóndete - susurré nerviosa mientras me tapaba con la manta. Cogí un cojín y se lo lancé apresuradamente para que reaccionase.



- ¿Qué mierda pasa... aquí?

La voz baja y leve de Coque captó nuestra atención. Me giré hacia él. Estaba parado de pie contemplándome. A los pocos segundos, Carlos se irguió a mi lado tapando su desnudez con el cojín que minutos antes le había lanzado directamente a la cabeza.







- ¿Quién eres? - preguntó Carlos rascándose la nuca. Le di un codazo para que mantuviese su boca cerrada. Eso solo empeoraría las cosas.

- Eso tendría que preguntarlo yo, ¿no crees? - respondió él. Tragó saliva.

Creo que está mosqueado. Debí haberle dicho que invitaría hoy a Carlos a casa pero pensé que estaría con Érica toda la semana.

Bajé la cabeza totalmente avergonzada. Aún más que la vez en la que me desperté en casa de Brandon.

- Yo... pienso que es mejor que me vaya.

Carlos interrumpió el silencio cogiendo su ropa y acercándose a mi.

- Llámame más tarde, querida - depositó un beso en la comisura de mis labios y me sonrió con compasión.

Finalmente, se acercó a Coque tendiéndole la mano. Él le miró furtivamente. Si las miradas matasen, Carlos ya estaría jodidamente muerto.

Carlos hizo una mueca con timidez y retiró su mano.

- Adiós.

Salió por la puerta aún en pelotas. Me mordí los labios ante tal situación. Me sentía muy avergonzada
pero a la vez tenía ganas de reírme ante lo ocurrido. Decidí contenerme y me acicalé el pelo.

- Pensé... que te quedarías en casa de Érica.
Tal vez Carlos tuviese razón con lo de excusarme. Cada vez lo hacía más a menudo.

- Ya ves que no. La próxima vez asegúrate antes de traerte rollos a casa.

Se volteó dirigiéndose a la cocina. Le perseguí mosqueada por lo que acaba de oír.

- ¡Oye! ¿Me estás tratando de puta? Que yo sepa nunca traje ningún otro chico a esta casa - puse ambas manos en las caderas mientras él evitaba mirarme.

Se dispuso a coger una cerveza del frigorífico y se apoyó en la encimera.

- ¿Quieres que te recuerde el chico de la fiesta de tu cumpleaños?

Alcé los ojos colocándome frente a él.

- ¿Cuántas veces me juzgarás por ello? Ya te dije que no lo tenía planeado, además, él no me gustaba.

- ¿Entonces este si que te gusta? - se dignó finalmente a mirarme a los ojos.

- Pues si, si me gusta. Para tu información no es un simple rollo como tú denominas -entorné la mirada cogiendo otra bebida del frigorífico.

- Genial - susurró bajo.

- ¿Pero cuál es tu puto problema? Deberías de estar feliz por mi no poniéndome esa cara de pedo - bramé enfurecida mientras pasaba una mano por mi cabellera.

- ¿Cómo pretendes que este contento al encontrar a un desconocido en mi jodido sofá y a mi amiga desnuda en mi propia casa? Además se largó con mi cojín - señaló estrugando la lata de cerveza entre sus manos.

No pude evitar reírme.

- Coque. Si es por el cojín, te compraré otro. No te rayes por eso.

- El puto cojín me importa una mierda. Solo... follad en un puto cuarto como una persona normal - bajó la mirada frunciendo el ceño.

- Vale cascarrabias - puse los ojos en blanco y nos mantuvimos en silencio mientras nos terminábamos nuestras cervezas. Tragué saliva. Antes hablábamos todos los putos días, pasábamos mucho tiempo juntos pero desde el embarazo de Érica, nos habíamos distanciado incluso conviviendo en la misma casa.

Le echaba de menos. Él era el primero en ser conocedor de mis mierdas y en aconsejarme y ahora, siempre era el último. A veces, ni llegaba a contarle las cosas. Todos sabían mi relación con Carlos... menos él.

Así que decidí cambiar de tema y probar suerte. No parecía muy enfadado conmigo solo frustrado.

Me senté encima de la encimera justo a su lado sin ser consciente de que aún me encontraba cubierta solamente por una manta.

Coque me miró a los ojos y suspiró.

- ¿Cómo llevas lo de tu padre?

Hizo una mueca centrando su atención en la lata vacía que contenía en sus manos. Refunfuñó intentando ser escuchado.

- No quiero hablar de ello.

- ¿Pero... aún sigues mosqueado con él?

- Es complicado. Por un lado, lo entiendo pero por otro... Lo sé, soy un jodido egoísta por querer que esté con nosotros.

- No lo eres. Necesitas a tu padre en estos momentos. Vas a casarte y ser papá y necesitas todo el apoyo y cariño del mundo por parte de los que ocupan un rinconcito en tu corazón - hice una mueca al pensar en su compromiso con Érica pero rápidamente, ladeé la cabeza centrándome nuevamente en lo que estaba diciendo - Si mi padre siguiese con vida... Me gustaría que me ayudase con los preparativos, leyera en la ceremonia y me acompañase al altar. Así que te entiendo perfectamente.

Embocé una sonrisa a lo que él levantó la mirada encontrándose con la mía.

- Mierda, Jess. No me había dado cuenta, lo siento. Me quejo por chorradas. ¿Sabes algo de tu hermano? - cambió de tema.

Dejé la lata a un lado y negué con la cabeza.
Coque me dedicó una sonrisa compasiva y unió sus fríos dedos entre los de mi mano derecha. Sentí un escalofrío recorrerme la espina dorsal y tragué saliva. Le miré con ojos brillosos y él respondió agarrando mi mano más fuertemente.

Echaba de menos el contacto de su piel con la mía, deseaba tanto charlar nuevamente con él, que ambos fuésemos nuevamente confidentes el uno del otro y que me provocase esa sonrisa jodidamente estúpida en los labios.

Pero su teléfono comenzó a emitir la canción de "Sirens Over Paris" de Fytch y su mano se separó de la mía haciendo que volviese a estar fría y... sola.



- ¡Hey! Si no deja de dar patadas es porque me echa de menos, como la madre - se rió mientras abandonaba la cocina.

Di el último sorbo a mi cerveza con decepción.



Había fallado. Nuestra amistad seguía en el mismo punto, continuaba desmoronándose por segundos y ella... le importaba muchísimo más que yo.

Debía de alejarme de su vida, solo era una molestia para él. No significaba nada en su vida.
Así que tenía que hacerme a la idea de que Coque no era el mismo, de que ahora formaría una familia con una mujer que no era de mi agrado y de que las cosas cambiarían.

Cerré los ojos forzosamente evitando a toda consta que las lágrimas saliesen de mis ojos.




Me dolía perderle aunque me dolía más saber que ya lo había perdido.
He perdido la esperanza.