Narra Derek:
Me había quedado hasta tarde ya que no pude acabar la presentación para el día siguiente. Debía reunirme con el jefe de Nissan para conseguir un par de las nuevas marcas que habían salido este año. Esperaba que mi labia y mi currículum llegaran para convencerle de que podía sacar grandes beneficios gracias a nosotros.
Llamaron a la puerta, era Harley. Entró reprimiendo un bostezo mientras miraba el reloj de pulsera.
- Señor, es casi medianoche. ¿Puedo irme? Si no mañana no seré persona en la presentación - preguntó con cautela asomándose un poco.
- Claro, yo estoy terminando y después me iré también.
- Gracias, señor. Por cierto - dijo regresando a la misma posición y apoyándose en mi puerta - Una mujer pregunta por usted en recepción, ¿le digo que pase?
Me extrañaba tener visitas a estas horas pero asentí y aguardé a la mujer misteriosa. Al fin, terminé la conclusión y apagué el portátil. Podía atender a la mujer e irme felizmente a casa. Tomarme un vino y dormir.
Llamaron nuevamente a la puerta.
- Pase.
La chica entró. No me sorprendió ver a Melanie tras la puerta con una sonrisa de oreja a oreja y con ojos brillosos.
- No te veo sorprendido. ¿Esperabas mi visita cabrón? - susurró tomando asiento delante mía por su cuenta como siempre.
- Me lo esperaba sinceramente.
- ¿Por qué? ¿Mucho tiempo sin venir a visitarte verdad? - se rió mientras yo la miraba seriamente.
- Mucho tiempo sin incordiarme.
- Oye, te vi este día con la muerta en vida. Se me quedó mirando como si me conociera de algo. Pensé que no me recordaría con todo lo que pasó.
- Aléjate de Miriam - murmuré alzando la voz y apartando la mirada de las cosas que estaba recogiendo.
- ¿Por qué? No he hecho nada Derek. Aún claro - soltó una risita boba y se sentó sobre mi escritorio. Se volteó colgando las piernas sobre el lado en el que yo estaba sentado. Se acomodó irguiéndose sobre mi y haciendo que sus curvas estuvieran a mi alcance visual. Los mismos trucos de siempre, ya se los conocía todos. Ya no hacían efecto.
- ¿A qué has venido? - dije separándome de ella.
- A avisarte.
- ¿De qué? - me levanté cogiendo mis cosas para irme lo más pronto posible. Odiaba estar con ella. No me gustaba como me hacía sentir.
- De lo que pasó entre nosotros. Supongo que Miriam no sabe nada y no debería de ser así. ¿No crees? - jugueteó con sus pies.
- ¿Qué quieres?
- O se lo cuento yo o se lo cuentas tú - alzó ambas cejas sonriendo malíficamente.
- ¿Perdona? Ni siquiera estábamos juntos - respondí riendo falsamente.
- Lo sé pero a ella eso le dará igual. Será una infidelidad igual.
- Haz lo que quieras Melanie. Me tienes harto. Supérame ya anda - dije cogiendo mis cosas y accediendo a la salida. No podía escuchar esa vocecita de rata durante más tiempo. ¿Por qué de rata? No lo sé. Es lo que se me vino a la mente.
- Ya te arrepentirás Derek, ya lo verás - respondió levantándose de su lugar y accediendo a la salida antes que yo - Lo hago por tu bien - me dió un beso en la mejilla y desapareció de mi vista.
Me pasé una mano por la mejilla intentando que su saliva desapareciera de mi piel.
Puse una cara de completo horror y cerré el concesionario dándole vueltas a las palabras de Melanie. La creía capaz pero de verdad, no sabía que reacción tendría Miriam.
¿La creería?
¿Le daría igual?
¿Me mandaría a la mierda?
Ni puta idea y tampoco quiero saberlo. Lo que sé, es que no pienso decirle nada. Ahora estamos bien y no pienso dejar que Melanie lo arruine todo. Pues claro que no.
Narra Carlos:
Estábamos en un pub privado alquilado por los chicos. Celebrando lo bien que nos estaba llendo la gira. Mañana nos íbamos a México y habíamos invitado a Pris y a Miriam para que lo celebrasen con nosotros y así la parejita se despedía. Estarían dos meses sin verse y quieras que no se notan muchísimo.
Llegó Pris y Álvaro y se sirvieron unas copas en la barra.
- Vaya, es un buen bajo para celebrar fiestas, quedaos con el número para alquilarlo más veces - victorió Álvaro dando un rodeo a la zona y luego poniendo su brazo en mi hombro.
Hice una mueca, últimamente odiaba más que nadie el contacto físico. Me incomodaba notablemente pero no decía nada para que no me tomasen por bicho raro o sacasen el tema de Jessica.
- Pues sí, amor. Aún os sirve hasta para ensayar.
- No creo que me concentrase aquí y menos contigo mirándome - me soltó y suspiré hondo. Menos mal, mientras le comía la boca a Pris, llegaron Dani y David. Blas y yo fuimos los primeros en llegar para comprobar la zona y pagar al señor del local.
- Hola babes y bebitos, si lo digo por ti Carlos no me mires así - gritó David nada más entrar por la puerta.
- Oye, el más peque soy yo - sonrió Dani mientras David acariciaba su pelo de pollo.
- Seh, pero después viene él.
- ¿Y Miriam? - preguntó Pris mirando a los alrededores.
- Llegará en nada, le estaba haciendo de comer a su hermano - dijo Dani apartando la vista de su celular.
- Bueno, vamos a poner musiquita guapa - soltó Blas frotándose las manos con cara de malicia. Le gustaba siempre ser el DJ de la fiesta y ninguno protestaba pues las canciones que ponía nos gustaban a todos.
Comenzó a sonar reggaeton y encendieron la bola de discoteca que colgaba del techo junto a las luces de colores que iluminaban el lugar. Todas las luces comenzaron a dar vueltas a los alrededores, si seguía mirando seguramente me marearía.
Fui a la barra por una copa de Ginebra sola. No me gustaba mezclar el alcohol. Me gustaba el sabor puro, por ello, siempre era el primero en estar borracho como una cuba.
Todos se rellenaron las copas. Escuchamos pasos a lo lejos, seguramente sería Miriam. Vimos a una chica entrar, pero cuando se acercó más comprobamos que no era nuestra amiga. Si no una chica con el pelo rosa corto y los ojos verdes. Llevaba un moño despeinado con un pañuelo alrededor del peinado e iba muy finamente maquillada con un vestido que combinaba con su cabello y destacaban sus zapatos fluorescentes debido a las luces del lugar.
Se nos quedó mirando extrañada y la mayoría de los presentes nos quedamos mirándola con atención.
- Que poca gente - susurró mirando a los alrededores.
- ¿Quién eres? - dijo Blas acercándose con la copa en la mano.
- ¿Eres el portero? Normalmente están en la entrada - sonrió. Dios, tenía una sonrisa increíble. Sus dientes eran súper blancos e iluminaban su rostro.
- Esto es una fiesta privada - le respondió con los ojos en blanco.
- Upps, es que vi las luces a lo lejos y la puerta abierta. Lo siento, pensé que era un pub normal y corriente - se volteó para irse. Pero justo, mi boca se fue de la lengua. Y de verdad, que no sé porqué lo dije.
- Puedes quedarte, hay sitio de sobra.
Todos se me quedaron mirando con cara de idiotas. Sí, lo siento. No había consultado pero mi boca piensa más rápido que mi mente y así me va.
La chica se me quedó mirando y asintió con una sonrisa. Dejó las cosas en el perchero y por fin pude ver su vestido a la perfección.
- Eres un capullo - dijo David acercándose a mi y arruinándome las vistas - Era solo con los amigos y vas e invitas a una completa desconocida. ¿Qué cojones te pasa?
Y se alejó. Reí y fui a donde la chica sin nombre.
- ¿Qué tal? ¿Te sirvo una copa?
- Claro, emm... - dijo pensativa.
- Carlos, un placer.
- Betsy - dijo dándome la mano. Se la acepté y nos acercamos ambos a la barra - Me suena muchísimo tu cara - intervino con una sonrisa de oreja a oreja.
- A lo mejor nos conocimos en otra vida.
- ¿Crees en eso?
- Quien sabe - sonrió nada más contestarle.
- ¿Intentas hacerte el interesante?
- ¿Tú que crees? No me hace falta hacerme el interesante, lo soy - dije mientras cogía una botella de Martini - ¿Te gusta? - dije señalándole la botella.
- Claro, chico interesante - sonreí mientras echaba el contenido en dos copas. Le entregué una y nuestras manos se rozaron - Nos vemos a lo largo de la noche - se despidió guiñándome un ojo.
Me quedé mirándola mientras bailaba. Se veía tan preciosa moviendo sus caderas al ritmo de la música. Y ese vestido parecía que lo habían hecho a medida para ella. Le quedaba estupendo no, lo siguiente.
Álvaro se me acercó.
- ¿Qué tal? Veo que no paras de mirar a la acoplada. Ya sé porqué le dejaste pasar - sus cejas se menearon con insinuación.
- Sois tan pesados - respondí volteando los ojos.
- No te juzgo chico, está buena. No tanto como Pris pero...
- ¿Por qué no estás con ella? No os veréis en dos meses - juzgué para que me dejase en paz.
- Está en el baño. No soy un acosador - se rió de mí y ambos contemplamos a la chica.
En ese momento, centró su atención en mí mientras bailaba sensualmente. Se relamió los labios sonriente y su cabello desordenado le caía en cascada por su rostro.
- Te está llamando con la mirada, ve - dijo Álvaro guiñándome un ojo.
Reí, mira que son. Pero le hice caso y me acerqué a ella.
Comenzamos a bailar en la pista, me cogió por el cuello y yo la agarré de la cintura y seguimos el ritmo de la canción. Blas nos puso una más lenta.
Aproveché para hundir mi rostro en su cuello. Me di cuenta que ella al llevar tacones alcanzaba mi altura. No nos hizo falta decir nada. Nuestros pasos lo decían todo y nuestros gestos también.
- Hacía frío afuera. Ahora ya no - susurró ella en mi oído.
- Me pregunto porqué será - sonreí maliciosamente. A lo que ella, me agarró del rostro y me besó fugazmente. Le seguí el beso y me sorprendió lo increíblemente bien que sabía besar. Sus labios eran carnosos y suaves y encajaban perfectamente con los míos.
Seguimos bailando como si no pasase nada y espero que los presentes no se dieran cuenta de ese pequeño detalle.
Narra Pris:
- Bailemos que la noche aún es joven, salgamos a la pista y desmelenémonos, bebamos hasta cogernos un pedo, dancemos hasta que nos mareemos, riamos hasta perder el norte, fumemos hasta ver todo violeta - llegó Álvaro cantando a mi lado.
Le miré de arriba a abajo. Con la mirada recorrí su cuerpo, pude apreciar su chaqueta negra de traje y un "bulto" más abajo que me sonreía. Me reí como una tonta.
Lo besé apresuradamente en un intento de desviar su atención de mi atontamiento. No creo que se percatara, pues llevaba dos cubatas en el cuerpo y tenía el tercero en la mano.
Me siguió el beso y yo le robé el vaso. Le di un buen trago y él se me quedó mirando petrificado, aún con la boca abierta del sorbo que estaba pensando darle.
¿Qué estaría rondando por su mente? ¿Algo acerca de la noche anterior? ¿O de la noche que estábamos a punto de presenciar?
Y presencié su mano sobre mis posaderas. Me agarró la nalga con su particular "bulto" de seducción.
No pude resistirme a bajar mis manos por su pecho semidesnudo, pero no por mucho tiempo. El alcohol empezaba a subirme y su pecho a descubrirse.
¿Lanzarme directamente a su particular seducción o voltearme y dejar que él marque el ritmo de este baile?
Eran las dos posibilidades que los dos hielos del cubata me planteaban.
Le di un trago largo y me aclaré. Me lancé a sus labios sin darle más vueltas.
Entrometí mis manos en su paquete. Se retorció de placer. Me miró con ojos centellantes y el vaso resbaló de sus manos. Este golpeó el suelo rompiéndose en mil pedazos pero a nadie le importaba.
- Rompimos el hielo - exclamé aún a milímetros de su boca.
Y no respondió, al menos no con palabras.
Me apretó las nalgas decidido, pegándome más a su palpable erección. Pues seguía con las manos en sus huevos. Era mío y él lo sabía, le gustaba.
- Vámonos de aquí - susurró sensualmente al lado de mi oído. Solo asentí y le cogí la mano. Estaba sonrojada, no sé si por los efectos del licor o porque por mi cabeza, solo pasaba la idea de echarle el polvo de su vida.
No sé cuantos pasos dimos pero ya tenía su rabo entre mis labios.
Con una mano, él sujetaba mi cubata y con la otra, mi coleta. Le follé la polla con la boca.
Acaricié su miembro, era largo y curvado. Aún no estaba completamente erecto pero me encantaba. Lo saboreé como si fuera un Chupa Chups y jugué con mi caramelo. Lo agarré del palo de gol como la noche anterior, lo relamí como sabía hacerlo y me lo comí como si me fuera la vida en ello. Tomé una bocanada de aire y otra de su pene.
- Chupa, mala zorra - dijo totalmente ido y disléxico tras el alcohol. Lo notaba subir por sus venas. Las exprimía una y otra vez. Quería dejarlo sin sangre.
De repente, me jaló fuertemente del pelo haciéndome mirarle a los ojos.
- Te voy a follar duro - murmuró entre jadeos.
Y me bajó las bragas mientras me apoyaba en las paredes de aquel baño cutre de un pub de Barcelona.
Se introdujo en mi interior brutalmente y sin miramientos. Subió sus manos por todo mi torso, se entrometió bajó mi top y acarició mis senos. Se pusieron duros bajo sus palmas y jadeé mientras todo mi vello se electrizaba por momentos. Los apretó con fuerza al ritmo de sus embestidas. Me mojé de placer. Al poco tiempo, no pude aguantar más, subió la intensidad y me corrí junto a él. Ambos gritamos en un orgasmo explosivo mientras su pene eclosionaba en mi vagina. Pude sentirlo.
Estuvimos un tiempo en la misma posición, sin fuerzas, él seguía con el cubata en la mano. Dio un sorbo mientras salía de mi interior. Entonces se quedó paralizado, me volteé bajándome el vestido.
- ¿Qué ocurre?
- El condón...
Y nos miramos horrorizados durante unos instantes eternos. Hasta que ambos nos sumimos en risas producidas por el licor.
Narra Miriam:
Iba por el quinto cubata de Ron Miel, me lo había traído Coque de Cuba y aproveché para llevarlo a la fiesta. Aquí no estaba en venta aún.
Dani se me acercó con una copa de piña colada entre las manos. Casi sin alcohol. Fue imposible no echarme a reír.
- ¿Qué ocurre? - preguntó poniendo morritos al ver que no podía parar.
- ¿Eso es un cubata? Dani que estamos de fiesta - exclamé llamando la atención de David, que estaba casi a nuestro lado.
- ¿Qué tiene de malo? No soy mucho de beber, Miriam. Soy un chico sano.
Se encogió de hombros y David se le asomó por su derecha apoyando su brazo en él. En la otra mano sujetaba la colilla de un cigarrillo que aún seguía sujetando. De lo bebido que estaba ni se había dado cuenta.
- ¿Habéis contemplado a Carlos? No pierde el tiempo con tonterías - miramos ambos en su dirección, la cual señalaba con los ojos.
- ¡Madre mía! Se están comiendo los morros - bramó Dani sorprendido mientras torcía la cabeza a los lados con cara de asco. Qué chico más inocente.
- Pensé que seguía con Jessy - exclamé yo detrás extrañada.
No me extrañaba para nada que esos dos rompieran, lo que me extrañaba era que Carlos la olvidase tan pronto.
Quería hablar con él pero me di cuenta que estaba sumida bajo los efectos del alcohol y que mi mente no razonaba suficientemente coherente.
- ¿Y tú qué David? ¿Alguna churri por tus tierras? - alcé ambas cejas sugerente.
- Ya sabes, vienen y van pero ninguna a la que le haya echado el ojo. El otro día, fuimos de fiesta con Álv y tu amiga Pris, me ayudó un poco en la forma de conquistar a una mujer pero que va tia, olvídate. No entiendo la feminidad.
Estallé en risas y Dani también nos miramos y zarandeamos la cabeza. Estos chicos están totalmente tarados. Es decir, cada uno es diferente y especial a su manera.
- Tienes que venir de fiesta con nosotras y te presentamos a unas amigas que no son para nada raras o algo por el estilo.
Se me empezó a trabar la lengua. Mierda, estaba empezando a decir cosas sin sentido.
¿Presentarle a mis amigas a mi colega famoso de una boyband?
¡Qué locura!
- No te preocupes, estoy bien solo la verdad. A mis 26 añazos aún me queda tiempo para disfrutar de mi soltería - dijo meneando su cabello de un lado a otro.
- Eso es verdad, este chico nunca tuvo novia, bueno en preescolar - contó Dani haciendo memoria. Pues era el único cuerdo de la noche.
- Algo es algo, ya le vendrá la chica de sus sueños.
Y cuando nos dimos cuenta, David ya no estaba, se fue a molestar a Carlos y a la chica desconocida.
Desde que llegué, pregunté su nombre a los presentes pero ninguno lo sabía y no quería interrumpir a Carlos. Se veía extremadamente ocupado.
- Bueno chica, ¿qué es de tu vida?
- Poco hay que contar, la verdad - sonreí dándole un sorbo a mi copa. Sí, si que había.
- ¿Qué tal las clases?
- Bien, el miércoles tengo una reunión con el director y a ver qué me dice, estoy algo nerviosa.
- Uh, con el dire. Seguro que es algo bueno, no te preocupes - me consoló pasándome una mano por la espalda.
- Eso espero - le sonreí ofreciéndole un trago de mi cubata cargado - No hay huevos a bebértelo todo de un trago.
Le reté y él cogió el vaso en las manos observando el contenido.
- ¿Qué es?
- No lo recuerdo - sonreí de nuevo poniéndome colorada por la calor.
- Mmm... Lo intentaré.
Y lo bebió todo de un trago. Retar a un chico siempre funciona la verdad, no quieren que los vean como gallinas.
Entonces, empezó a sonar música más movida y saqué a Dani a bailar a la pista. Y como no, al principio, estaba algo ido y teniendo hipo pero después se le pasó y sus ojos brillaban. Estaba muy ido, le hablaba y me preguntaba continuamente que le había dicho. Yo solo podía reírme, porque estaba como él o peor.
Entonces, sonó "Flannel" de Lil Peep y el ambiente se relantizó. Bailamos agarrados porque si dabamos más vueltas acabaríamos mareados como patos y a lo mejor en el suelo.
Blas se quitó la camiseta y comenzó a cantar la canción en inglés. Al estar como una cuba, su inglés era horrible e inentendible. Intentó colgarse de la bola de discoteca en vano y cayéndose. Todos nos reímos y contemplamos la imagen dejando de bailar.
- Está loquísimo - susurró Dani a mi oído entre risas e hipo.
- Y que lo digas - respondí mientras Dani me rodeaba la cintura con las manos - ¿Cómo te encuentras?
- Bueno... Enamorado - dijo mirándome fijamente a los ojos mientras perdía el ritmo de la canción.
- ¿Qué? - mencioné sin poder comprender nada.
- Llevo enamorado de ti durante mucho tiempo. Desde que te conocí.
Me quedé atónica, Dani debía de estar bromeando conmigo.
¿Cómo le podía atraer? Si sabía perfectamente que estaba con Derek. ¿Por qué ahora? ¿Por qué se confesaba? No entendía nada. Me aparté de él mientras intentaba retroceder lentamente. Él intentó que no me escapase de su lado pero ya era tarde, había tomado la decisión y quería marcharme cuanto antes de allí.
Me alejé de todos y dejé a Pris con la palabra en la boca. Ni siquiera escuché lo que intentaba decirme. Estaba demasiado confusa para darme de cuenta de lo que ocurría a mi alrededor. Mi mente no paraba de hacerse la misma pregunta una y otra vez. ¿Por qué me pasaban a mi siempre estas cosas tan random?
No sabía que hacer, no me apetecía irme a casa y pasarme la noche pensando en lo ocurrido. El alcohol bajó precipitadamente de mi organismo al escuchar a Dani y no quería emborracharme para no pensar. Mañana tenía la entrevista con el jefe, decidí acercarme al piso de Derek y contarle lo ocurrido o que simplemente me diera todos los mimos del universo. Los necesitaba, le necesitaba más bien.
Fui andando, dado que el pub se encontraba a unas manzanas de su edificio. Vivíamos en una zona bastante céntrica a mi favor.
Cuando estaba cruzando, el único puente que comunicaba ambos lugares, comenzó a llover de forma brusca. No tenía con qué resguardarme, pues me había olvidado la chaqueta en la fiesta.
Maldecí a todos los dioses del budismo y me apresuré hasta que al fin llegué. Imagínate mi sorpresa al ver una sombra de traje intentando abrir la puerta del edificio. Me asusté pero cuando este se volteó, ví que era mi Derek. Corrí a sus brazos para abrazarle, pues necesitaba hundir mi rostro en su pecho y no abrir los ojos hasta la mañana siguiente. Me separé un poco para besarle con firmeza y saboreé cada uno de sus paladares. Lo sé, solo tiene uno pero sabía a mil cosas diferentes.
Pero él me apartó cogiéndome de los hombros al poco rato. Le miré extrañada.
- ¿Qué ocurre? ¿Te pasó algo? - aguardé una respuesta mientras él me tendía su chaqueta por los hombros para que el frío no me cogiera.
- Tenemos que hablar, Miriam- dijo frotándose la cabellera con nerviosismo.
Me quedé en shock, asombrada.
Cuando alguien decía esa frase, algo iba mal...








