martes, 7 de enero de 2020

(T3) CAPÍTULO 54: UNA HISTORIA DE DOS













 Narra Miriam:

Acababa de hacer la peor imbecilidad de mi vida.  ¿Me sentía mal? Si.
¿Me arrepentía? No. 

Llegué a mis límites, al puto borde del precipicio.

Como mi madre me decía: "cuando tengas la tentación de tirarte un tiro en la cabeza. Haz lo imposible por evitarlo, no caer al vacío. Distráete con las cosas más importantes de tu vida."

Mi hermano seguía incomunicado, Jessy estaba como yo y Derek... No pienso ni hablar de él...
 Lo único que realmente valía la pena era Dylan. Y ahora que lo había "secuestrado" me sentía confusa y me esperaba lo peor.  

¿Cuánto tardarían en darse cuenta de su ausencia? Y lo peor, después de esto, podía irme olvidando de su adopción.
Eso era lo más jodido. ¿Por qué le haría caso a los consejos de mi madre muerta?

Ya no me comprendía ni a mi misma. Pensaba que eran los demás los que me atormentaban y los acontecimientos pero solo yo era la culpable de mis desgracias. 
Mi impulsividad, mi curiosidad, mi egoísmo propio. 

- Miriam, ¿está es tu casa? Es bonita - dijo el pequeño sacándome de mi oscura mente y sentándose en uno de los sófas.

Dirigí mi mirada a él con los ojos vidriosos y llenos de miedo. 

- ¿Qué te pasa? ¿Estás enferma? No tienes buena cara - continuó mirándome fijamente.

- ¿Tienes hambre? Puedo hacer sandwiches.

- Sii - afirmó pegando un saltito lo que por un momento me hizo sonreír - Allí no me daban comida basura, solo verduras y pescado - hizo una mueca de asco.

- Yo pienso que es importante alimentarse bien pero un poco de comida basura, no viene mal. ¿No crees? 

Asintió con la cabeza y le pasé el mando de la televisión.

- Pon lo que quieras, vengo ahora con la cena.

- ¿Cómo se enciende esto? - dijo dándole vueltas al mando.

No me había dado cuenta de que apenas tenía cinco años y que seguramente su padre no tenía dinero para comprar un televisor. Tal vez no valga para cuidar a un niño, ni para ser madre. Soy un desastre.

Le expliqué su funcionamiento y me fui a la cocina donde Jessy estaba apoyada en la encimera mirando a la nada.

- No sabía que hacer, Jessy. Cuando me di cuenta lo tenía en la parte de atrás del coche y conduciendo hasta casa. Parece de locos pero necesitaba pasar un tiempo con él lejos de esas cuatro paredes - me apoyé a su lado. Ella ni siquiera alzó la mirada.

- ¿Sabes lo que te puede caer por esto? ¡Estás loca, joder! ¿A quién se le ocurre? Es un delito, un secuestro. ¿Lo sabes no? - me miró sin ninguna muestra de expresión. Salvo el tono de enfado de sus palabras.

- Claro que lo sé...

- ¿Le has dicho algo a Derek? Debería saberlo. Aunque obviamente no tendría una buena reacción...

- No sabe nada y no lo sabrá - la interrumpí bajando la cabeza. No era momento para contárselo y tampoco me apetecía hablar de ello. Seguía teniendo el corazón roto en dos mitades exactas. Aún no me creía todo lo que me había dicho. 
 Resultó tan posesivo que hasta me causó miedo pero aún así seguía amándole, hasta lo más hondo de mi cuerpo. 

No entendía como en dos meses podía haber creado un sentimiento tan grande y poderoso. Casi tóxico pero Dylan era lo que más me importaba. Y no renunciaría a él por nada.

- Oye Miriam, siento haber reaccionado así. Entiendo tu posición, el porqué pero debes pensar con claridad. Imagínate lo que pensaría Coque...

Los pelos se me pusieron de punta y el cuerpo se me estremeció. Tampoco quería hablar de mi hermano, ahora no.

- No metas a Coque en esto. No está, se ha ido. Somos tú y yo y necesito tu ayuda.

Suspiró hondo y se sentó en la mesa de la cocina. 
Comencé a coger los ingredientes para preparar el sandwich.

- ¿Cómo puedo ayudarte? Nadie puede. Si vas a otro lugar con Dylan, el delito es peor. Si te quedas aquí, te encontrarán con facilidad pero al menos no pensarán que escapaste con él. Si vais al apartamento de Derek, le meterás en esto y empeorarás las cosas. 

- Me quedo aquí. Es lo más razonable.

- Miriam, no hay nada razonable en lo que hiciste - respondió seria mientras bebía un sorbo de su café.

- Solo quiero pasar el tiempo con él.

- Ese tiempo te saldrá caro.

Jessy dió por terminada la conversación y abandonó la cocina. Al acabar la comida, me reuní con Dylan. 

Me quedé en la puerta viéndole reír mientras veía unos dibujos animados. Me pareció la cosa más dulce del mundo.
No, no me arrepentía en absoluto y tampoco entendía porqué Derek no aceptaba a Dylan. 
Necesita tanto cariño y compañía y pensaba dárselo... Hasta donde me permitieran claramente.

  


Narra Lola: 



Todo se me hacía enorme. Muy cuesta arriba y cada día me sentía con menos fuerzas para seguir adelante. Obviamente, no había dejado de hacerlo. Me sentía aliviada. 
Ver la sangre fluír por mi piel, acariciándome cada mínima parte, derramándose entre mis manos, goteando y volviéndose cada vez más oscura.

Era liberador, no me asustaba. Al contrario, me parecía una de las cosas más hermosas del mundo.

Cuando era pequeña, me hacía bullying por mi problema de sobrepeso. Era incapaz de hacer frente al problema.
No tenía fuerza de voluntad ni disponía de ningún tipo de ayuda. Mi madre nunca estaba en casa, el instituto no era consciente de los problemas de los alumnos y no tenía amigos. Nadie se me acercaba.

La cuchilla y yo nos hicimos amigas, completamente inseparables. Hasta que un día, un médico descubrió mis cicatrices. 
Me pasé los tres años siguientes asistiendo al psicólogo. Me recetaron pastillas para la supuesta depresión que tenía.

¿Pastillas para la felicidad? Que tontería.. Me reía cuando las veía desaparecer en el agua mientas sonaba la cadena. Era placentero. Dejé de cortarme al poco tiempo. Mi madre miraba cada mínima zona de mi cuerpo.

Comencé a adelgazar. Mi tristeza interior se volvió superior. No disponía de mi pasatiempo favorito. Me lo arrebataron y no pude poner pegas o lo siguiente sería internarme en un sitio de locos. 
Siento el eufemismo pero odio esos lugares. Creo que existe mucha gente que no debería estar encerrada allí.

Muchos son por traumas personales, aquellos que nunca superas incluso metiéndote en esa institución. 

Cuando conocí a Henry, estaba enfrentando mi anorexia y todo en mi vida comenzaba a tener sentido. Por fin tenía amigos y a una persona que daría lo que fuese por mi aunque me asustaba. No tenía motivos para celarme de Érica. Henry nunca pronunciaba su nombre pero me sentía tan inferior. Tan poca cosa para él que le dí en lo que más le podía joder y lo sigo amando pero no me arrepiento. Quiero que sea feliz y nunca lo será con una chica como yo. Llena de problemas pise donde pise. 

Acabo de resumir mi vida en unos pocos párrafos. Existe mucha historia detrás de esto, la cual aún no me atrevo a confensar. Esto solo fue el incentivo, el inicio de la destrucción masiva de mi vida.

¿Qué porqué hago esto? Para intentar desahogarme tal vez. Los brazos me arden para continuar con mi pasatiempo y necesito distraerme o si no las imágenes en aquel baño vuelven a mi mente. Me siento indefensa, frágil... 
Necesito quemar todo esto, puede llegar a las manos equivocadas y entonces si que cogeré la vía fácil.

No puedo volver al psicólogo. No pienso arruinar mi vida aún más. 





Narra Derek:  








Quería llorar pero quedé rendido,
rendido al sueño de haberte tenido,
tan sentido, 
tan querido,
un lamento que coincido,
en que te llevé al olvido...




 No me salían las palabras, cuando quería acabar los informes mi mente me traicionaba y un montón de recuerdos inundaban mi mente. Escuché llamar a la puerta.

- Pase.

Justin se presentó y me sonrió.

- Ya no quedan más clientes y he terminado el papeleo. ¿Puedo irme? Tengo muchísima hambre.

Puse los ojos en blanco y solté el bolígrafo de mis manos.

- Vete, Harley. Ya me encargo yo de cerrar.

- Gracias, jefe - soltó una risita y se marchó cerrando la puerta a su paso.

Decidí acabar mañana e irme a tomar algo para desconectar un poco. Tener que verla mañana se me hacía tan pesado...

No podía verla triste o feliz... No sé como estaría. Solo sé lo destrozado que yo me encuentro. 
 Maldición. ¿Por qué no aceptaría lo de Dylan? Al menos seguiríamos bien y no la perdería por completo. 

La haría feliz y sé lo mal que lo está pasando desde lo de su madre. Tal vez, solo necesite un cambio. Algo en lo que centrar su tiempo para no pensar en nada. 

Debí sentir esta empatía cuando discutimos y no ponerme a la defensiva. 


Al poco tiempo, me encontraba en el bar de enfrente, pidiendo un Ron con cola sabiendo perfectamente que mañana tenía una conferencia a primera hora.

Deseaba que fuera fin de semana para descansar la mente. No tenía ni mente, ni cuerpo para trabajar. Era un auténtico asco.

- Hola, tomaré lo mismo que el caballero.

Alcé la mirada y mi cara emblanqueció. No, ahora no era el puto momento. Ya me había tocado mucho los cojones y no pensaba aguantarla ni un minuto más. Su sonrisa impactó frente a mi rostro. Era una sonrisa cálida, malvada y realmente seductora. 

Las tres cualidades que más me gustaban de Melanie pero todo había cambiado. Con el tiempo comprendí que solo la malvada era la verdadera. 

- ¿Qué tal empresario? ¿Por qué tan sólo?

Como siempre su ironía me descolocaba y al mismo tiempo, me hacía rabiar. Siempre elegía el momento. Lo odiaba.

- Melanie. Vine a tomarme un trago tranquilamente. No necesito tu innecesaria compañía - dije sin levantar la mirada mientras pagaba al camarero.

- ¿Acaso molesto? No mientas Derek. Conozco esa mirada. Triste, aislada... ¿Qué te pasa? - murmuró como si aún siguiese conociéndome aunque era verdad. Había acertado pero mi asertividad continuaba.

- Si, molestas.

Soltó una carcajada. Me quedé perplejo ante su reacción. ¿Acaso no lo había entendido bien? ¿Por qué no desaparecía de mi vista de una maldita vez? Como siempre hace, bueno, hacía...

- ¿Qué ocurre?

- Sigues siendo igual de testarudo. No cambiaste nada. No es algo malo, de hecho es lo que me hizo enamorarme de ti. 

Puse los ojos en blanco. Ahora si que acababa de provocar la Tercera Guerra Mundial.

- ¿Perdona? ¿Enamorada? Tú solo te quieres a ti misma, en tu vocabulario no existe el término "enamorarse" - dije marcando las comillas con los dedos.

- Claro, tú tienes tanta experiencia en eso, ¿no? Siempre es culpa de los demás.

- No siempre... En nuestro caso si - tragué saliva. Se me hacía rarísimo referirnos a "nosotros". Hacía mucho que no lo hacía. 

- ¿Problemas con tu actual pareja? Por qué sigues con la medio muerta, ¿no?

- ¿Por qué eres así Melanie? Te acogí en mi casa aún después de todo lo que me hiciste, te mofaste de mi en mi propia cara, te metes con mi exnovia como si nada te importase. ¡¿Por qué?! - salté alzando la voz mientras todos dirigían su mirada a nosotros. Ni siquiera me di cuenta de que le había confesado mi ruptura.

Bufé y me dirigí a la salida pero su brazo me impedió continuar con lo planeado.

Me volteé.

- Nunca te pedí perdón. Sé que para ti soy un monstruo pero las personas cometemos fallos, herimos a otras sin darnos cuenta del daño que provocamos y también nos dañan a nosotras. La vida es un continuo bucle de mierda pero de algo estoy segura Derek. Te mereces ser feliz, aunque no pueda ser conmigo. Me meto contigo porque me da gracia, ¿vale? - miraba continuamente al suelo hasta que alzó la mirada - Nunca dejaré de quererte, fuiste fundamental en mi vida.

Me quedé observándola un par de segundos mientras procesaba todo lo que acababa de decir. ¿Enserio esta era Melanie? ¿Dónde estaba la chica fría con la que salí un par de años? 

- Lo siento, Derek. Solo quería acercarme un día y decírtelo pero dolía, la lengua se me trababa y las palabras no conseguían salir de mis labios - se encogió de hombros - Intento ser más sincera y cariñosa pero es muy difícil cuando nunca lo has sido - me miró tímida. Una parte de ella que nunca había conocido y que me gustaba. - A si que, siéntete priviligiado. Eres la primera persona a la que le pido disculpas, de manera totalmente sincera quiero decir. 

Sonreí, la Melanie que conocía se reflejó completamente en esa frase. 

- ¿Qué? - le contagié mi risa y ambos parecíamos estúpidos o bipolares. No lo sé pero fue una risa sincera, la cual hacía tiempo que no tenía con ella. Los buenos recuerdos eran geniales. 

La conexión volvió a surgir entre nosotros y ambos nos fuimos acercando sin darnos cuenta. Hasta que perdimos el control y ambos nos besamos pasionalmente, recordando y a la vez, olvidando...








Narra Jessy: 


Llamé a Carlos. Me sentía preparada para comentarlo todo y para disculparme por no avisarlo de mi plan. Le dejé tirado y ni siquiera había pensando en él cuando ocurrió todo. 

Me gusta pero llevamos poco tiempo, es normal que no le ame. Solo siento un cariño especial por él. Me ayudó cuando lo necesitaba cuando Coque estaba demasiado ocupado con todo lo demás. No pienso mencionar a la zorra de su esposa. 

Ni siquiera sabía lo que Coque tenía planeado hacer con ella al regresar. Supongo que divorciarse. 
¿Por qué mi mente se desvía continuamente a él? 

Tal vez, le echo más en falta de lo que pensaba. Debí haberme ido con él pero mi vida personal no me dejaba. 

Por fin, al sexto tono Carlos respondió al otro lado de la línea.

- ¿Si?

- Oye, llamaba para disculparme sobre lo sucedido. Siento no haberte dicho nada. Se me fue la olla por completo.

- Aja.

- ¿Estás enfadado? - respondí ante su respuesta completamente borde. Algo impropio de él. 

- Jessy, ahora no puedo hablar. Tengo ensayo. Hablamos otro día, ¿si?

- Okey... 

Y colgó sin ni siquiera darme tiempo a despedirme. Contemplé la hora, las once de la noche. ¿Cómo podía ensayar a estas horas? 

Me había mentido. 
Me estaba evitando. 
¿Por plantarle ante una situación tan fundamental e importante?
En seis simples palabras,
que- se- vaya- a- la- mierda. 





Narrador Onmisciente:









 
Miriam y Dylan reforzaron su relación. Comenzaron a hablar desde la vida del pequeño hasta de la más mínima tontería que se les ocurriesen.

La madurez del pequeño la sorprendía notablemente. Era muy sabio para tener la edad que tenía. Conocía poco de la vida pero sabía exactamente que caminos tomar. 

- ¿Y qué quieres ser?

- Tú primero - respondió Miriam con una sonrisa de oreja a oreja mientras ambos estaban recostados en el sofá con dos chocolates calientes y una manta. Estaba finalizando el verano y el frío cada vez era más notorio.

- Bombero. Siempre quise ayudar a las personas y el fuego no me da miedo.

- Pues yo cantante, para que las personas disfruten de mi música. ¿Qué te parece? 

- Genial, ojalá lo consigas, Miriam.

Ella comenzó a pensar en la posibilidad de que algún día le llamase mamá y eso le ponía los pelos de punta pero en el fondo, le encantaba. Cada vez conocía más cosas del pequeño y la posibilidad de cuidarle y apoyarle como una madre era más posible hacerla realidad.

Era consciente de que lucharía por esto. 

- Así que los dibujos animados aparte de hacerte más listo también son divertidos.

Miriam no supo identificar si era una pregunta o una afirmación pero de lo que estaba segura es que le resultaba hermoso que se acordase de sus palabras. Prestaba atención en ella y era un gran comienzo.

- Algo así, es una buena forma de explicarlo.


Se escucharon unos golpes en la puerta. Miriam no prestó mucha atención. Solo tenía ojos para Dylan. 

Jessy acudió a abrir la puerta y se esperaba lo que vieron sus ojos. Dos hombres trajeados y con placa se presentaron frente a su casa.

- ¿Miriam Fernández?

- Voy a llamarla - respondió emprendiendo el paso.

Entró a la sala y tragó saliva.

- Llegó el momento de despediros... - murmuró captando la atención de ambos que cambiaron su sonrisa por una expresión totalmente contraria. 

- ¿Tengo que volver allí? - expresó el niño cuando Jessy abandonó el lugar para avisar a los polícias.

- Será por poco tiempo. Saldrás cuando menos te lo esperes, Dylan - cogió sus manos mientras unas lágrimas comenzaban a inundar sus ojos. No quería perderlo, otra vez no. Estaba harta de perder a todo el mundo.
No podía estar sola, eso la mataría por dentro. Cada día estaba más destrozada y era más difícil de remediar.



- ¿Volveré a verte? - contestó el pequeño mientras sus ojos cielo parecían oscurecerse.

- Puede. Aunque no esté a tu lado, siempre estaré en tu corazón... - sonrió forzosamente. No quería que lo último que viese Dylan fuera lágrimas. Ya había tenido mucho dolor en su vida, no podía causarle más.

- Te quiero, Miriam - dijo sinceramente dándole un gran abrazo mientras Miriam se rompía en pedazos.

Ambos caminaron de la mano decididos hasta la puerta principal. Se llevaron al pequeño y Miriam continuó observando su mano completamente vacía. Así se sentía, vacía.

- Acompañenos a comisaría, por favor. 

- Iré a buscarte, ¿si? - anunció Jessy mientras la coraza de Miriam se deshacía por completo y las lágrimas inundaban su rostro. Estaba harta de fingir estar bien.

Asintió y uno de los policía la esposó llevándola al interior del coche. 

Mientras observaba el paisaje por la ventana, Miriam solo podía pensar en lo merecido que se lo tenía. 

Todo era por su culpa, todo completamente.







No hay comentarios :

Publicar un comentario