domingo, 29 de junio de 2014

CAPÍTULO 3: JESSY EN APUROS





DÍA:28 DE JUNIO





























Narra Jessy:


 Seguía enfadada con mi madre así que llegué a mi casa y trepé por el balcón de mi habitación hasta abrirme paso hacia ella. Entré y rápidamente me puse a realizar la maleta. Escuché una voz, era mi madrastra. Acabé de realizar la maleta y la deposité por el balcón. Su voz cada vez se escuchaba más fuertemente y notaba como se acercaba. Rápidamente me escondí debajo de la cama con cuidado de que ella no supiera que me encontraba allí. Permanecí allí durante un tiempo.

- Vaya, esta niña tiene todo desordenado. Cuando vuelva me va ha escuchar - habló para si misma.

- Ya te estoy escuchando, zorra - pensé mientras intentaba aguantar la respiración con todas mis fuerzas.

La puerta se cerró y yo salí de mi escondite. Suspiré aliviada y me dispuse a salir de allí. Salí y cerré la ventana, luego, me agarré al posa manos del balcón y miré detenidamente la maleta que se encontraba como a unos 8 metros de distancia. Sin más reparo, salté cayendo encima de la maleta. El daño que me hice fue mucho menor que la bofetada de mi madrastra por la mañana.

Miré detenidamente la casa, sabía que hasta dentro de dos semanas no la pisaría. Al único que echaría de menos sería a mi hermano.
Decidí encaminarme hasta la casa de Miriam. Por el camino, no dejaba de pensar en el misterio hermano de Miriam. Sentía muchísimas ganas de conocerle personalmente y este era el momento.

Mi madrastra estaba cabreada conmigo pero en cambio, yo con ella no. Para mí esto resultaba como una rutina, estaba tan acostumbrada a mis discusiones con ella que ya ni me inmutaba y lo peor es que todo comenzó cuando mi padre murió. Todo cambio: ella empezó a maltratarme, a desentenderse de mí y a dejar de obsequiarme con cariño como lo hizo durante tiempo atrás.
Mientras pensaba en todo eso, una fuerte tormenta de lluvia se hizo presente. Llevaba un día...
Por fin, a las siete y cinco de la tarde llegué a casa de Miriam. Llegué demasiado tarde y pensé que Miriam me estaría esperando ansiosa.

Toqué el timbre con habilidad y esperé a que la puerta se abriera. Seguía lloviendo cada vez más.

- Ábrete coño - susurré con desesperación.







Narra Coque:



El día trancurrió con normalidad. A mi hermana no la había visto desde la hora de comer, se encerró en su cuarto durante toda la tarde.
Cuando estaba llegando a la final de Monster Truck en la PlayStation4, escuché el ruidoso sonido del timbre de la puerta principal. Al principio, pasé pero cuando la impaciencia y pesadez se hicieron más intensos, decidí dejar el juego pausado durante unos segundos y abrir la puerta.

- Ya voy - grité con sarcasmo.

Abrí la puerta y vislumbré a una chica rubia, pequeña, de ojos y mirada intensa y bastante empapada por la lluvia.







 - Vaya, lo siento. Pasa, por favor - respondí con una sonrisa - La que está cayendo.

- Si. Gracias - respondió con frialdad. Entró y miró detenidamente la vivienda.
Cerré la puerta y me dirigí al salón.

- ¿Vienes?

Se quitó la sudadera empapada por la lluvia y me siguió con lentitud.

- Siéntate, por favor.

- Ohh, si - obedeció.

- ¿Quieres tomar algo? - pregunté mirándola fijamente.

- No, no tengo hambre. Gracias de todas formas.

Me senté a su lado. Un silencio inundó la sala.

- Por cierto, no me he presentado. Soy Jessy. Tú debes de ser Coque si no me equivoco.

- Si. Dudaba que fueras tú.

- Jajaja - rió sin ganas.

- Oye, ¿te encuentras bien?

- Si, si.

- Mi hermana no me dijo que fueras tan seria sino todo lo contrario - suspiró.

- Sólo son problemas familiares. No tiene importancia.

- ¿Tienes frío? - susurré.

- Un poco.

- Espera.

Me levanté y cogí una de las mantas de lana del aparador que componía el salón.

Me acerqué a ella y se la arrimé por los hombros con suavidad.
Me senté a su lado y le ofrecí una taza de chocolate con leche.

Ella la aceptó con timidez.
La observé con delicadeza y fijándome lentamente en todos sus rasgos físicos.

Su pelo estaba lijeramente mojado y casi no se notaba. En cambio, la piel de sus brazos estaba erizada y bastante mojada. Sus pupilas se encontraban demasiado dilatadas y parecía que había llorado hace poco.
Jessy asemejaba estar muy delgada y pálida pero aún así era un chica bastante hermosa.
Me centré en sus labios, eran finos y alargados. Acercó la taza a su mentón y bebió el chocolate con tranquilidad.


- No te imaginaba de esta forma.

- ¿Cómo? - respondió sin levantar la vista hacia mí.

- Linda.

- ¿Pensabas que era fea?

- Un poco - sonreí - pero eres todo lo contrario.

- No sé si tomármelo como un halago o...

Se terminó la taza y la dejó en la mesa.

Me reí.

- ¿ De qué coño te ries?

- Estás manchada de chocolate - dije entre risas.

- ¿Dónde? - sonrió por primera vez.

- Aquí, mira - me acerqué más a ella y limpie la superficie de sus labios con el dedo índice.

Se la enseñé y luego chupé el chocolate de mi dedo.

- Cerdo.

- ¿Por? - sonrió - oye, ya sé que nos acabamos de conocer y todo eso pero... ¿qué clase de problemas familiares?


- ¿Piensas que por una taza de chocolate caliente y una manta roja te voy a contar mi vida personal?


- Sólo te he pedido que me contarás tu problema con la familia - le miré con esperanza.


- Está bien pero debo de comenzar desde el principio.


- Tranquila, tenemos tiempo de sobra - sonreí.


- No se lo cuentes a nadie. Ni siquiera Miriam lo sabe.


- No diré nada al respecto. Para no querer contárselo ni a mi hermana debe de ser algo muy
personal.


- Verás... - comenzó a contarme - Desde que mi padre murió mi vida familiar se fue a la mierda. Cuando tenía 9 años, mis padres se divorciaron y mi madre se fue para no volver jamás. El caso es que...mi padre se volvió a enamorar y se casó tres años más tarde con mi actual madrastra: Vanessa.

- ¿Tu madre os abandonó? Dios, Jessy. ¡Es terrible! - exclamé con delicadeza.


- Si. Pues desde la muerte de mi padre, Vanessa me ha estado cuidando pero...justamente esta mañana hemos discutido por lo de quedarme a dormir en vuestra casa. Intentó de todas las formas que yo no me fuera pero no lo consiguió. Al marcharme, tuvimos una discusión y ahora mismo, ella está enfadada cuando debería ser justamente lo contrario.


- ¿Fue tan fuerte la discusión?


- Mi madrastra quiere obligarme a quedarme con ella hasta que decida lo contrario. Pronto cumpliré los 18 y quiero marcharme de casa.

- Es tu vida, es tu decisión. Cuando cumplas los 18 años puedes irte sin que nadie te lo impida. No eres su propiedad ni mucho menos - me sonrió compasivo.

 -  Además, estoy harta de hacer todas las tareas de casa mientras mi madre cuida de mi hermano recién nacido.
A veces, siento que no me quiere que solo quiere a mi hermano y a mi me deja de lado. Yo creo que solo me utiliza y que le dá exactamente igual mi vida y todo lo que tenga que ver conmigo.

- Eiii. No digas eso ni de broma. Ella te quiere sino no habría accedido a cuidarte y a adoptarte.

- Coque, mi sueño es ser libre de una puta vez y ella no me lo permite.
Sueño con eso. No lo aguante más - las lágrimas empiezan a fluír por su rostro.







- No llores. Serás libre cueste lo que cueste. Te ayudaré a salir de esta como sea. Todo se solucionará - le cogí de la mano con cariño e intenté tranquilizarla.







Ella se abalanzó sobre mi pecho y siguió llorando contra mis brazos.

- Gracias, enserio. Muchísimas gracias.

- Cálmate y deja de sollozar o me pondré a llorar yo también.
Saqué de mi bolsillo del pantalón, un pañuelo de seda y se lo entregué.

- Gracias.

Se fue relajando mientras la tenía entre mis brazos. Era una situación demasiado extraña aunque creo que yo le trasmitía seguridad y bastante confianza.

- Oye, todo se solucionará. Ya verás. Para todo hay solución, menos para la muerte.

Mientras le decía esto dejo de llorar y me miro con eses ojitos de cordero maltratado.



- Gracias eres la única persona a la que le puedo contar esto porque tu también eres el hermano mayor.

 - De nada y para lo que necesites estoy aquí.
Anda, Miriam te está esperando.


- No quiero que me vea en este estado.

- Antes, tranquilízate - la volví a abrazar con todas mis fuerzas.

- Hecho de menos a mi padre.

- Lo superarás. Sólo tienes que darte un tiempo. Venga, vé a ver a Miriam. Hace rato que te espera - sonrió.
Me devolvió la sonrisa y me miró detenidamente. Esa mirada me mató por dentro literalmente.

 Nos levantamos del sofá y cuando se iba a marchar volvió y me dijo susurrándome al oído:

- Gracias y fue un honor conocerte.

Y se fue, no sé pero con Jessy me sentí muy bien como si todos mis sentimientos mas profundos me salieran de dentro.
Me quede riéndome un rato en la sala, Jessy era alegre y muy simpática. Su historia me había entristecido y anonadado un poco. No tenía ni idea de que su pasado fuera tan oscuro.




Más tarde,volví a mi habitación a seguir jugando...






No hay comentarios :

Publicar un comentario