DÍA: 29 DE AGOSTO
Narra Miriam:
- Así que mi padre ha muerto - repitió para si mismo mientras yo me sentaba a su lado y acariciaba su espalda.
- Lo siento mucho, Dylan. Tu padre ha sido muy fuerte pero llegó la hora en la que no pudo aguantar más. No es un perdedor, siempre será un ganador - susurré para consolarle.
- Prometió llevarme al pueblo de Rupit antes de irse a Irak. Me lo prometió y ahora... ya no está - dijo con la cabeza bajada mientras sus ojos comenzaban a humedecerse.
Al verle así, mi corazón se conmovió en el interior de mi pecho. Este pequeño, no se merecía todo lo que le estaba pasando. No me extrañaba que no creyese en la felicidad ni en nada.
- ¿Y ahora que pasará conmigo, Miriam? - me miró fijamente aguardando una respuesta pero... ¿qué podía decirle?
¿Qué desde ahora se había convertido en un huérfano y una familia totalmente desconocida se haría cargo de él?
Desde luego que no, no pensaba terminar con su minúsculo corazón una vez más.
- Pues... una familia muy maja te cuidará durante un largo tiempo pero antes debes de convivir con otros niños de tu misma edad, más pequeños o un poco más mayores - Miré su expresión deprimida y sin vida. Torcí los labios intentando darle ánimos y me puse a su altura mirándole fijamente - No te preocupes, Dylan. Es cierto que tu vida cambiará radicalmente pero con el tiempo lograrás adaptarte.
- Pero yo no quiero otro papá ni otra mamá. Solo quiero a mis padres, Miriam. No sabes los recuerdos que se me vienen a la mente cada vez que visito la tumba de mamá. Siempre termino más triste de lo que estaba porque sé que todos esos momentos tan bonitos e inolvidables nunca volverán a repetirse. Si pudiera dar marcha atrás te aseguró que haría todo lo posible para aprovecharlos mejor.
Pero no puedo vivir siempre en el pasado, me estoy perdiendo muchas cosas, tanto buenas como malas y aunque quiera no puedo olvidarlos - dijo mientras se derrumbaba tapándose el rostro con ambas manos.
No dudé en acojerlo entre mis brazos mientras le apretaba con fuerza.
Sus palabras me habían dejado sorprendida. Nunca en toda mi vida había escuchado hablar a un niño de siete años con tanta madurez, seriedad...
Me había contado lo que de verdad sentía y solo por eso ya lo consideraba un verdadero héroe.
Mis mejillas se mojaron con mis lágrimas que salían descontroladamente por mis ojos.
Mis lágrimas se unieron con las suyas y ambos nos miramos fijamente.
- Lo siento tanto, Dylan. Te lo digo enserio. Si pudiera hacer algo por ti... - me sequé la gotas con las manos.
- No puedes hacer nada, no es culpa tuya - defendió mirándome con cierto cariño como si agradeciese mi gesto.
- Buenos días. ¿Eres Dylan Michael? - escuchamos una voz justo detrás de nosotros.
Ambos nos volteamos. Una mujer vestida con un traje negro muy oscuro nos observaba por encima de unas gafas enormes. Tenía el pelo rizo y repleto de mechas rubias.
Muy revuelto y estropeado.
Su expresión era seria y amargada como una caja completamente vacía.
- Si, lo soy. ¿Quién eres? - afirmó él extrañado al escuchar su nombre.
- Soy de servicios sociales. Me han asignado su caso. Debo hacerle una serie de preguntas acerca de su situación actual.
Dylan me observó dudoso. Yo le apreté la mano para darle seguridad.
- Adelante - exclamó al fin tomando la decisión adecuada.
- Usted, debe marcharse. Nuestra conversación debe de ser estrictamente confidencial - anunció excluyéndome y tomando asiento al lado del pequeño.
- Por supuesto, estaré por aquí cerca - dije informando a Dylan. No quería dejarlo sólo ni un misero segundo.
Él asintió mostrando una pequeña sonrisa casi inexistente.
Me dirigí a la puerta. Justo en ese instante, vi a Dani sentado en la sala de espera. Nada más salir, este se levantó mirándome con una amplia sonrisa y guardando sus manos en los bolsillos traseros de su pantalón.
- Hola Miriam - me saludó mientras yo miraba a ambos lados perdida y me encaminaba hacia él.
- ¿Qué haces aquí? Te dije que no vinieras - le reñí con voz susurrante. Él me tocó el brazo derecho como muestra de apoyo.
- No soy tonto, Miriam. Te ocurre algo y quieras o no contármelo voy a estar a tu lado a cada segundo que pase. Solo pretendo ayudarte - se justificó mirándome con ojos brillantes.
- No me estás ayudando, solo lo empeoras.
- No seas tan negativa. Conseguiré sacarte una sonrisa. Me da igual, como si tengo que quedarme en calzoncillos y bailar la macarena. Quiero ver esa parte que tanto me gusta de ti - me guiñó un ojo ignorando mi comportamiento tan borde y desagradable.
Suspiré mirando hacia la habitación de Sharon. Dylan observaba a la mujer tembloroso e intentando pillar algo de lo que decía.
- Vamos, chica indecente. ¿Piensas ignorar esta carita? - hizo pucheros mientras me agarraba del brazo atrayéndome a él. Me quedé frente a él, di un paso atrás intentando no reírme en ningún momento y le miré desde abajo esperando que me soltase de su agarre.
- ¿Piensas soltarme algún día? - mencioné meneando mis manos entre las suyas.
- Cuando te dignes a sonreír te soltaré.
Suspiré fuerte desviando mi mirada de él.
Él me agarró la cara con una mano. Intenté de nuevo soltarme de sus manos. Me fue imposible, era más fuerte de lo que me esperaba.
- Venga, aunque sea forzado... - dijo mientras usaba la técnica del gato con botas. Ladeé la cabeza sonriendo de lado mientras miraba al suelo de nuevo.
Dani se limitó a sonreír y a besarme la mejilla orgulloso de su logro.
Me soltó y se sentó en uno de los asientos sin dejar de mirarme.
- ¿Ahora piensas contarme algo o tengo que volver a esposarte? - probó suerte de nuevo mientras me sentaba a su lado con la mirada perdida en Dylan.
Ambos quedamos en silencio un rato. Dani me miró insinuante esperando aún una respuesta por mi parte.
Mantuve mi mirada en el pequeño y comencé a hablar.
- ¿Ves a ese niño? Su madre ha muerto hace poco y su padre ha fallecido hoy después de estar unos cuantos meses en coma. Quiero ayudarle y... no sé como. Está asustado y por mucho que intente convencerle de que todo irá mejor es imposible porque ni yo misma puedo creerlo - susurré mientras mis ganas de echarme a sollozar aumentaban por minutos.
- Eh, nada de echarte a llorar. Eres más fuerte que eso - sonrió mientras me obligaba a apoyar mi cabeza en su hombro. Me acarició el cabello intentando tranquilizarme mientras seguía sonriendo cerca de mi oreja.
- ¿Qué puedo hacer? - me separé de él encogiéndome de hombros.
- Salvo que le devuelvas a sus padres no veo otra cosa más. Le asignarán una familia y ya verás como se adapta fácilmente. ¿No tiene tíos, abuelos...? Una persona conocida le vendría bastante bien - mencionó aportándome ideas.
- No, no tiene a nadie Dani. Solo a... mi - bajé la mirada intentando indagar algo. Pero me era imposible pensar algo que ciertamente fuera estupendo y que pudiese ayudarle al pobre Dylan.
- Alguien conocido... ¿Puede valer una persona que haya conocido hace apenas un par de meses? - dije mientras me venía a la mente una idea pésima y alocada que tal vez, pudiese funcionar.
- Si, lo importante es que tenga una persona en la que confiar. No importa el tiempo que haya pasado con ella. Me estoy poniendo en su situación - murmuró pasando su mano derecha por su cabello pensativo.
- Gracias... Dani. No le conté esto a nadie así que espero que no te vayas de la lengua y perdóname por ser tan sumamente gilipollas porque... - ladeé la cabeza en forma de negación.
- Shh - dijo poniendo un dedo sobre mis labios - No te disculpes. Me alegro de que estés más animada.
- Has sido tú aunque aún queda tiempo para el baile de la macarena - anuncié arqueando una ceja.
Él se removió en su sitio y besó mi frente.
- De eso nada, chica indecente. ¿Conoces el famoso sarcasmo? - pronunció entre risas señalándome con su dedo índice. Odiaba que me señalaran. Simplemente me parecía una falta de educación.
Al poco tiempo, el silencio me hizo perderme en mis pensamientos. Me di la vuelta y mi expresión cambió totalmente.
Me levanté y caminé detenidamente hacia Dylan tragando saliva.
- Miriam, ayúdame. No quiero que me acoja una familia que apenas conozco. ¿Qué pasa si son narcotraficantes o ladrones? Sácame de aquí - suplicó con el terror dibujado en sus ojos.
- Ei - me puse a su altura cogiéndole de las manos - No vas a ir a ningún sitio. Haré lo que pueda para que me cedan tu custodia. No te preocupes, Dylan. No me rendiré hasta conseguir la victoria - le anuncié acariciando su cabello mientras él sonreía por primera vez en toda la noche.
- ¿Enserio? ¿Cuidarás de mi? ¿Y cómo piensas conseguirlo?
- Con esperanza, un poco de suerte y con la ayuda de la lámpara mágica de Aladdín - le sonreí para para convincente.
- ¿Aladdín? - exclamó el niño sin enterarse de lo que estábamos hablando.
- Si. ¿No conoces la historia? Aladdín encontró en una cueva muy profunda una lámpara mágica y al frotarla salía de ella un poderoso genio, el cual concedía tres deseos. Un viejo malvado también perseguía la lámpara mágica pero Aladdín era mucho más audaz y listo que él.
- Vaya, una historia llena de fantasía. No parece muy interesante.
Hice una mueca sin darle mucha importancia.
Me levanté y caminé hacia la mujer rubia de aspecto serio.
- ¿Cómo puedo presentarme a su adopción? - le pregunté imaginándome los pasos que debía tomar.
- Es un proceso muy largo. Tendrá ciertos inconvenientes. Ciertos pros y ciertos contras. No todos pueden conseguirlo y no creo que esta vez pueda ser usted la afortunada. Tenemos una larga lista de familias que llevan esperando mucho tiempo tener un hijo. Es un asunto muy serio y no se debe tomar así de pronto. Es necesario pensarlo bien y detenidamente.
- Ya lo he pensado y no pienso dar marcha atrás - exclamé con firmeza mirándola desde abajo.
- Bien, si lo tiene tan claro... Aquí le dejo unos formularios con ciertas cosas que debe de cumplir para poder pedir la custodia de Dylan Richard - dijo abriendo su maletín y extendiéndome una serie de papeles que parecían no tener fin.
Me di la vuelta una vez me despedí de Dylan y de la mujer tenebrosa.
Él se despidió desde lejos con cara triste y decepcionada. No quería marcharse con ella, en cierto modo, tenía miedo a todo lo que le venía encima.
- Miriam - exclamó Dani aspirando fuertemente mientras llamaba mi atención.
Me volteé observando su expresión. Se mantenía serio, con el ceño fruncido y la mirada perdida.
- ¿Qué coño has hecho? - me preguntó sin dar crédito a lo que había escuchado y ladeando la cabeza de lado a lado.
Yo le miré con una sonrisa de lado y me encaminé hacia él.
Dani me observó una vez estaba frente a él. Contuvo la respiración y se mantuvo inmóvil.
- Lo que debía hacer - respondí mirándole fijamente, segura de mi decisión.
~~~*~~~
Era de noche, mis piernas temblaban. Me encontraba tan cansada que no tenía tiempo ni a pensar.
El apartamento de Derek me quedaba lo suficientemente cerca, decidí ir caminando y pasar la noche allí.
Podrían ser tranquilamente las doce de la noche, todo esto me recordaba a cenicienta.
Lo único que fallaba era la existencia del príncipe azul.
Cenicienta no existe, es una historia infantil que transmitía una felicidad totalmente ficticia.
¿Cómo podía encajar solamente el zapato en el pie de Cenicienta?
Lo que decía, la felicidad es irreal y cuando crees que la puedes coger con las manos se escabulle como un ligero pajarito.
Es así de simple.
Según Jessy, mi madre estaba preocupada por mi.
Llevaba dos días sin pisar la casa, nunca me había esfumado durante tanto tiempo.
Si no fuera tan tarde y no estuviese tan agotada posiblemente conduciría hasta mi cómoda cama pero la suerte no estaba de mi parte y además, debía de dejar las llaves del apartamento de Derek en su buzón. No creía que volviese a utilizarlas.
Llegué en más o menos media hora, un récord teniendo en cuenta mi malestar psicológico.
Ahora que lo pienso, eso ha sonado como si ciertamente tuviera una deficiencia mental que en cualquiera de los casos no es cierto.
Era extraño, Jerry no se encontraba por ninguno de los rincones del apartamento. No era frecuente en él desaparecer de la noche a la mañana. Siempre solía ocupar su puesto de trabajo.
Saqué la llave de la cartera y frunciendo el ceño comprobé que la llave no me haría falta. La puerta estaba totalmente abierta.
Pensé que tal vez, hubiese algún ladrón entrometido en la casa de Derek o tal vez no...
¿Qué puede tener Derek guardado de valor? ¿Peces de colores y maquetas de barcos?
La idea se fue de mi mente en un par de segundos.
Decidí entrar de una vez y dejar de discurrir en mi mente. No necesitaba gastar las pocas fuerzas que me quedaban.
Al entrar, lo único en lo que pude fijarme fue en las maletas que se encontraban al fondo del pasillo.
Derek había vuelto.
O tal vez había alquilado su piso aceptando el trabajo en Madrid.
Si, eso era más convincente. ¿No creéis?
De repente, comprendí que mi mente enloquecedora había acertado.
Vislumbré a Derek saliendo de la cocina.
En sus manos llevaba una copa de champán totalmente llena.
Me fijé en su pelo totalmente despeinado, su traje desplanchado y su corbata completamente descolocada y arrugada.
No era propio de él.
Se llevó las manos a su cabello y se quedó paralizado al nada más verme. Yo me mantuve inmóvil sin saber exactamente como justificar mi presencia allí.
Seguía siendo él, el chico tan rico y sexy que se mordía los labios cada vez que me tenía cerca.
Tal vez, intentase con aquello crear un efecto morboso y agraciado en mi y no comprendía que con una sola mirada ya era capaz de seducirme.
- Miriam - dijo por fin con una amplia sonrisa y recorriendo todos mis sentidos con su tierna voz.
No sé como lograba hacerlo pero de nuevo, mi corazón volvió a latir con más fuerza de lo normal.
- Verás... Yo... - intenté explicarme sin saber como comenzar. Mi voz era tenue, culpable... Quizá fuese así como me sentía. Culpable de mis actos, de mi deslealtad, de mi abyección...
Si, probablemente me había anticipado con la llamada de la noche anterior. Él había vuelto y yo era consciente de ello.
La puerta de su cuarto se abrió de golpe y de ella salió una mujer que podía ser tranquilamente de su edad.
- Derek - llamó su atención pronunciando su nombre con el mismo afecto que solía trasmitir yo.
Se quedó paralizada junto a la puerta mientras yo intentaba mantener la compostura y no dejar sin pelos a nadie. Me miró y se cruzó de brazos. Supongo que ambas pensamos lo mismo en el momento exacto.
- Tengo... que irme - anuncié mientras notaba como mi corazón se encogía por momentos.
Agarré mi bolso con fuerza y me dirigí a la puerta.
No podía creerlo. ¿Había buscado a otra en tan solo un día?
Ahora lo comprendía todo, no significaba nada para él.
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Cuando tenía cinco años, mi madre me perdió en un parque. No recuerdo mucho, solo que estaba montando en el carrusel y cuando me di cuenta ella ya no estaba. No recuerdo cómo la encontré. No recuerdo cómo llegué a casa. Lo único que recuerdo es lo que pasó después. Ella me dijo que no me preocupara, me dijo que todo iría bien. Me dijo que tenía que jugar a estar callada, así que sabía que no tenía que hacer preguntas. Si no, quizás le habría dicho que había olvidado mi muñeca. Me encantaba esa muñeca. Me mató dejarla. ¿Es gracioso verdad? La forma en que funciona la memoria. Las cosas que no puedes recordar y las que nunca puedes olvidar.
Las cosas no son siempre lo que parecen. A menudo son un indicador de que está pasando algo más grave, muy en el fondo. Síntomas, banderas rojas, señales de aviso, son cosas a las que deberíamos prestar atención, cosas que no deberíamos ignorar jamás, cosas que están mal, cosas que podrían hacernos realmente daño, cosas que puede que sea demasiado tarde para arreglar.
Fuente: Grey´s Anatomy
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Tenía miedo, miedo a perderle, miedo a dejarle escapar y sobre todo, me entraba el pánico solo de pensar que ahora me tocaba volver a enfrentarme al pasado.
Me dirigí a la puerta con pies de plastilina, intentando no dar un paso en falso, pretendiendo no derrumbarme en ningún momento.
- Miriam, espera - escuché detrás de mi.
No sé porqué lo hice pero cada vez que pienso en ello me pongo a pensar en una sola razón que me impulsara a darme la vuelta y mirarle a los ojos.
Lloré, las ganas eran descontroladas y las razones bastante obvias.
Él se acercó a mi y me abrazó. Me rodeó con sus brazos con una fuerza indiscutible, difícil de describir y no dijo ni una sola palabra más.
Aunque intentase escurrirme me era totalmente imposible. Lo necesitaba, Precisaba de una muestra de cariño por su parte y no tenía las fuerzas suficientes para negarme a ello.
Fue un abrazo largo y dramático. Semejaba una despedida pero cuando se separó con ojos brillantes y rojos por las lágrimas lo comprendí mucho mejor.
- Te quiero - repitió apoyando su frente sobre la mía sin dejar de llorar y cogiéndome de las manos - Sé que posiblemente ya te he perdido hace mucho tiempo pero no pienso rendirme. Voy a luchar y a ganar porque tú eres lo que necesito, Miriam. No preciso de una gran empresa, ni de una gran cantidad de dinero, ni siquiera del fabuloso puesto que mi padre deseó toda su vida. Te deseo a ti y a nada ni a nadie más.
Ladeé la cabeza mientras secaba sus lágrimas con mis pulgares.
- No lo hagas, no...
- Claro que lo haré, un millón de veces si hace falta. Te quiero, Miriam Fernández - gritó mirando al techo mientras sonreía cerrando los ojos.
Le miré con ojos brillantes, no podía decirle que yo no sentía lo mismo porque no era cierto.
~~~*~~~
- He vuelto por ti y... No me arrepiento en absoluto de haberlo hecho. Quiero aclarar las cosas, hablar tranquilamente y llegar a un mismo acuerdo. Por favor, Miriam. Si te vas por esa puerta... - la señaló hablando con dificultad - ...Sé que no volverás. Quédate.
- Derek, has bebido y no sabes lo que dices - miré hacia arriba intentando no derramar ni una sola lágrima.
- Lo sé muy bien, Miriam. Llevo tiempo reflexionando sobre que decir, en que momento y en que lugar pero te anticipaste y mi puto discurso se fue a la mierda así que si, estoy improvisando pero mis palabras igualmente son ciertas aunque no lo creas - susurró afirmando.
No podía no confiar en él. Realmente le creía y no entendía el porqué.
Me mordí el labio inferior y le observé pensativa.
Debía de tomar un paso a continuación.
Debía de tomar un paso a continuación.
Irme a casa y abandonar o creer en sus palabras y hablar sobre el tema.
Era así de simple y complejo a la vez.
A veces, cuesta tomar una decisión por muy segura que estés de hacer lo correcto.
A veces, cuesta tomar una decisión por muy segura que estés de hacer lo correcto.
- Está bien. Es demasiado tarde y tu estado actual no es muy fiable así que terminemos cuanto antes - dije acomodándome en una de las sillas de la cocina y mirándole fijamente.
- Bien - se sentó frente a mi e intentó cogerme de la mano. Me negué en redondo apartando mi mano de entre las suyas. Él sonrió compadeciéndose a si mismo al verse rechazado y aún con lágrimas en los ojos comenzó a hablar - Me propusieron un viaje de negocios. A lo largo de toda mi carrera profesional me sugirieron muchísimos y algunos los aceptaba y otros no. Lo único que hacía allí era solucionar temas sin importancia o sustituir a algún empresario. Esta vez fue diferente. Durante estas dos semanas me entretuvieron con entrevistas y trabajos que no venían al cuento pero al final, esa señorita que acabas de ver salir por esa puerta me ofreció una oportunidad única. La oportunidad que mi padre llevaba deseando durante toda su puñetera vida - rió jugueteando con su copa de champán y me miró inexpresivo - Supongo que lo primero que se me vino a la mente fue esa increíble oportunidad. Tenía tiempo para pensarlo y lo hice. Por eso no te llamé durante unos días. ¿Qué coño iba a decirte? Se me caía la cara de vergüenza. Luego fue cuando recibí tu llamada que me dejó totalmente trastornado, desesperado y... Decidí regresar cuanto antes, abandonarlo todo y arreglar las cosas contigo.
Tenía un plan preparado, quería que te mudaras conmigo a Madrid. Te buscaría un buen empleo en la capital pero luego pensé que te negarías completamente y con razón. Dejar tu familia, tus amigos, tus estudios... Técnicamente era una putada y no quería obligarte a hacerlo pero tampoco quería dejarte marchar.
Así que para tu información he rechazado el trabajo. Si, por ti. Porque te quiero y necesito que tú lo comprendas. Que te hagas a la idea de que no soy capaz de abandonarte aunque me lo supliques mil y una veces. Volví por ti - me miró con ojos esperanzados. Esos ojos que solía poner el gato con botas para conseguir todos sus propósitos.
Así que para tu información he rechazado el trabajo. Si, por ti. Porque te quiero y necesito que tú lo comprendas. Que te hagas a la idea de que no soy capaz de abandonarte aunque me lo supliques mil y una veces. Volví por ti - me miró con ojos esperanzados. Esos ojos que solía poner el gato con botas para conseguir todos sus propósitos.
- Eres un completo idiota. Te dije que no debías de irte a Madrid. Intenté convencerte para que esa idea se fuera de tu mente pero no lo conseguí y sabía que estaba ocurriendo algo malo al no recibir noticias tuyas. Me preocupé pero pensé que me estabas engañando con otra, no me imaginé que fuera por motivos de trabajo. En cierto modo, fue un alivio para mi - suspiré, me costaba hablar con tanta facilidad de este tema con él.
- Lo siento, sabía que lo estabas pasando mal por lo de tu hermano. ¿Cómo se encuentra por cierto? - se interesó al fin.
- Desde que lo operaron no ha dado ni una señal de vida. Ni ha empeorado ni mejorado. Es como una uva pasa - reí intentando quitarle importancia al tema. Supongo que a esas horas mi cabeza no estaba en su sitio.
- Lo siento mucho, Miriam. Si no te importa me gustaría ir a visitarlo algún día...
- Cuando quieras - anuncié y minutos después, un silencio abrumador volvió a consumirnos.
- Oye, Miriam. No me dejes. No puedo vivir sin ti. Esto se ha convertido en una puta costumbre. Te recuerdo a todas horas, a cada segundo... Te echo de menos - exclamó con los ojos llorosos y muy rojos.
Eso me llamó la atención. Estaba drogado, sabe dios lo que llevaba bebiendo durante toda la tarde y estaba llorando.
Miré hacia otro lado, me mordí el labio e intenté no caer de nuevo en sus palabras. Ya había caído como una tonta numerosas veces pero esta vez no estaba dispuesta a volver a hacerlo.
- Yo puedo vivir sin ti. Llevo mucho tiempo viviendo a mi aire y ya estoy acostumbrada - sonreí mirándole a los ojos. Luego, cambié mi expresión y adopté una pose pensativa - Pero no quiero, Derek. No quiero vivir sin ti y eso me asusta. No sólo el hecho de quererte si no el miedo de perderte algún día. No puedo vivir así continuamente, con ese cierto miedo porque es realmente agobiante y no puedo soportarlo.
- Pero Miriam, no me has perdido y no me vas a perder. Deja el miedo atrás, volvamos a empezar... - intentó cogerme de la mano. Yo la aparté, no estaba dispuesta a sucumbir, debía de mantenerme fuerte. No podía debilitarme o todo esto se iría a la mierda.
- No lo entiendes, Derek. Te fuiste y me abandonaste. ¿Cómo sé que no volverás a hacerlo ante cualquier posibilidad que se te presente? - fruncí el ceño mientras él ladeaba la cabeza sin darme la razón.
- No confías en mi. Tal vez sea eso lo que nos atormenta, lo que no nos deja dar el siguiente paso... Debes confiar en mi - expresó apoyando su mano izquierda en su pecho.
Puse los ojos en blanco. ¿Cómo iba a hacerlo? ¿Era imposible?
- Oye, Derek. Yo no te dije por teléfono. "ESTO SE HA TERMINADO". ¿Me equivoco?
- Dijiste que si eso era lo que tú me importabas... - miró el suelo cruzándose de brazos y prosiguió en un suspiro - Fue una indirecta. Totalmente directa y la interpreté correctamente. No soy gilipollas, Miriam.
- Pensé que no volverías, pensé que te quedarías escondido eternamente en Madrid y cumplirías tu puñetero sueño mientras yo me pudría aquí - me sequé las lágrimas. Era inevitable no llorar ante esta situación y por más que lo intenté no pude conseguirlo - Sigo en mi punto de partida, Derek. Te conocí, me enamoré y ahora... ¡PAM! Me abandonas y este vache debo superarlo y continuar pero me es imposible porque estoy enamorada de ti aunque tú no sientas lo mismo.
- Otra vez... - susurró ladeando la cabeza de nuevo - No confías en mi. ¿Cuántas veces tengo que decirte que abandoné todo por ti? ¿Qué más razones puedo contarte? Mi único propósito eres tú joder - levantó la voz mirándome a los ojos.
- Pues demuéstramelo. Que hayas vuelto a Barcelona no demuestra nada. Esfuérzate por volver a tenerme en tus manos.
- No importa el como. Sólo hazlo - le dije mientras cogía mi cazadora y le miraba con los labios fruncidos - Vuelve a conquistarme. Haz lo mismo que hiciste la primera vez que te conocí y no me negaré ante nada.
- ¿Te marchas? - me preguntó con ojos suplicantes mientras cogía con su mano izquierda la botella de whisky que se había estado bebiendo poco tiempo antes.
- Voy un momento al baño. Dame eso - me acerqué a él y le arrebaté la botella - No pienso dejar que te compadezcas de ti mismo con una simple botella de alcohol - me la llevé al cuarto de baño conmigo mientras él ladeaba la cabeza con expresión nerviosa.
Aproveché para beber un par de sorbos y pensar detenidamente que hacer.
Aproveché para beber un par de sorbos y pensar detenidamente que hacer.
Regresé en unos míseros segundos con una decisión tomada.
Me acerqué a la cocina intentando alegrar la cara.
- ¿Cuándo vas a contárselo?
Me detení al escuchar esa voz. Se trataba nada más y nada menos de la zorra de antes, la cual, seguía sin caerme bien y eso que no había ni abierto la boca.
- ¿Acaso debo hacerlo? Es irrelevante.
- Te aseguro que no lo es. Debe de conocer la verdad antes de que sea demasiado tarde - exclamó bajando el tono de voz.
- Pues adelante. Yo no pienso enfrontarme de nuevo - escuché una risa ahogada por parte de él.
Entré. Tenía la mente totalmente confusa. Un sentimiento confuso se apoderaba de mi, tanto por lo que acababa de escuchar como por lo que mi mente llegaba a interpretar.
¿Estaba mintiéndome de nuevo? ¿Tenía una relación con esa mujer y a la vez deseaba volver conmigo?
- Miriam, he pensado que podrías quedarte a dormir esta noche... Si no quieres dormir conmigo, tengo una habitación libre que tal vez sea de tu agrado.
No podía quedarme, debía de marcharme lo antes posible.
Quería aclarar mis ideas y la verdad... Desde que se fue no pude dormir ni siquiera una sola noche entera pensando en él.
Quería aclarar mis ideas y la verdad... Desde que se fue no pude dormir ni siquiera una sola noche entera pensando en él.
- No, enserio. Mis padres deben de estar preocupados... Debo volver a casa - suspiré mintiéndole.
-Es verdad, ya no lo recordaba. Lo siento - se pasó una mano por la nuca y me miró desde abajo.
- Espero que todo... Te vaya bien, Derek - dije como despedida sintiendo algo en el pecho.
- Lo mismo digo, Miriam.
Me dirigía a la puerta cuando mi orgullo dejó de actuar en un momento concreto y aproveché para intervenir de nuevo.
- ¡Derek! - grité sin poder evitarlo volviendo a dirigirme a la cocina.
- ¿Qué? - se volteó para mirarme con ojos esperanzados.
- Tengo un enorme dilema. Desde que llegué aquí, mi mente no para de dar vueltas y tengo que soltarlo o me volveré terriblemente loca - me expliqué extendiendo mis manos mientras él me observaba con ojos brillantes - ¿Quién es ella? - anuncié tragando saliva y desafiándolo.
Se quedó callado durante unos segundos. Bajó la cabeza y sonrió para si.
- Es Melanie, la ex novia de la que te hablé.
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Pero cuando intentas solucionarlo y dar un paso adelante...
La otra persona te da otro motivo por el que tu mente vuelve a dar más y más vueltas y vuelves a encontrarte en el mismo punto de partida.
¿Que hacer o no hacer... ?
¿Perdonar o abandonarlo todo?
Parece fácil aunque sinceramente es todo lo contrario.
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Narra Érica:
- ¿Sonreirás algún día? Desde que ese monstruito se ha alojado en tu barriga no pareces tú. Has cambiado - vaciló Allison mientras se sentaba a mi lado dejando sobre la mesa montones de donuts y dos tazas de café.
- Sigo siendo yo - bufé cogiendo el café entre mis manos y esperando a que se enfriase.
- ¡Já! Eso dices tú.
- No me pongas los ojos en blanco - sonreí ante su expresión - Ambas sabemos que tengo mis razones.
- ¿Enserio? Eri, vas a tener un puto bebé. Yo creo que es lo más lindo del mundo. Albergar una criaturita durante nueve meses y ver su preciosa carita - destacó acomodándose a mi lado.
- Cállate. No compares mi caso con el de las demás. Soy muy joven y ni siquiera sé quien es el puto padre.
Me he metido en un buen lío y tengo miedo a decírselo a Coque, bueno si es que se despierta.
Me he metido en un buen lío y tengo miedo a decírselo a Coque, bueno si es que se despierta.
- Es que a quien se le ocurre...
Primero le rechazas y luego te acuestas con él. Muy bonito por tu parte - volvió a poner los ojos en blanco. Era una cualidad muy propia de ella.
Primero le rechazas y luego te acuestas con él. Muy bonito por tu parte - volvió a poner los ojos en blanco. Era una cualidad muy propia de ella.
- ¡Qué mierda! Yo al menos no me tiro a cualquier pendejo que me entre como haces tú - me enfurecí levantando el tono de voz. No me gustaba que mencionasen el tema siempre.
- Bueno, yo al menos no tengo una relación con alguno de ellos y me paso la vida poniéndole los cuernos. Creo que es justo darse cierto placer sin tener una relación estable - alzó las cejas al ver mi comportamiento.
- Fue una vez. Una sola vez - dije levantando mi dedo índice para que sonase más convincente.
- Pero eso no quita que se los pusieses bien puestos a Coque.
- No soy una puta, eso lo serás tú.
- En ningún momento te he insultado. Solo he dicho la pura realidad y si no te gusta ya sabes donde tienes la puerta - aclaró mirándome sin pestañear ni una sola vez.
Cerré el pico y me limité a sorber el café.
Al poco tiempo, Ryan, el nuevo rollete de Allison apareció por la puerta del salón. Aún se estaba poniendo la camiseta y traía una cara de adormilado que no podía con ella.
- ¡Vaya! El perezoso al fin se despertó - balbuceé observándole de arriba a abajo mientras Allison se volteaba con una sonrisa de arriba a abajo. Se mordió el labio violándole con la mirada.
- Por lo menos no pesó una tonelada como tú - respondió guiñándome el ojo con una falsa sonrisa.
Le eché el dedo finjiendo que me importaba una mierda lo que dijera.
Él rió acercándose a Alli y dándole un buen morreo de buenos días. Aparté la vista relamiéndome los labios.
- Ya puedes mirar - anunció Allison mirándome desde su sitio mientras Ryan se acoplaba a su lado y le besaba la mejilla.
- A ver cuanto os dura el love - murmuré dejando la taza sobre la mesa y secándome los labios con una servilleta.
- Más que tú y el otro seguro - respondió Ryan cogiendo un par de donuts y observando a Allison con ojos brillantes.
- Supera mi récord, Eri. Tres semanas - mencionó Alli robándole los donuts al señor perezoso.
- Te recuerdo que ya lo superé hace tiempo. En unas semanas, haremos 2 años juntos.
- No me hagas hablar cariño - mencionó guiñándome el ojo.
- Pobre chaval. No me extraña que acabase en el hospital. Teniendo que aguntarte durante tanto tiempo... - añadió Ryan riendo como un poseso.
- Ya sabes, no todos son como tú que se rinden a la primera de cambio.
- Chiquita, por si no lo sabes yo no soy de esos. Siempre sois vosotras las que pasáis de nosotros - se defendió mientras Alli lo miraba con la boca entreabierta.
- ¿Perdona? Dime una sola vez en la que me haya rendido - frunció el ceño mirándole a la defensiva y esperando su respuesta.
- Cuando no me dejaste comer las aceitunas de anchoa de tu nevera. Se pasaron por tu culpa.
Ella se rió como una tonta y apoyó la cabeza en su hombro.
- Come algo, tonta. No has probado bocado - mencionó Allison recomponiendo su postura.
- No tengo hambre, enserio - alcé ambas manos para dejárselo bien claro. Cuando se le empeñaba algo no había forma de quitárselo de la cabeza.
- Estás embarazada, necesitas alimentar a tu bebé.
Lo sabía.
- No quiero pesar una tonelada. Ryan se burlaría de mi - susurré poniendo pucheros.
- Ya lo hago, aunque si quieres le aumento una más - respondió estirándose de una manera muy sensual.
- Tonterías, puedes comer lo que quieras. Eso es lo bueno de estar embarazada.
- Déjalo Alli, enserio. Tengo que irme, he quedado con la ginecóloga - me levanté y me puse la cazadora.
- Me compadezco de ella. Sabe dios lo que tienes ahí - rió Ryan como siempre.
- Ya te gustaría verlo, idiota - anuncié despidiéndome de Alli que lo único que hacía era descojonarse de nosotros dos.
- Adiós pequeña. Ya me contarás - dijo una vez recuperado el aliento.
- Claro - anuncié dirigiéndome a la puerta.
No tenía muy claro si me apetecía saber quien era el padre del bebé.
Solo de pensarlo, la idea me asustaba.
Solo de pensarlo, la idea me asustaba.
Pero debía saberlo, la curiosidad vencía al miedo.
Allison siempre fue muy directa. Me gustaba esa cualidad de ella, te decía lo que pensaba sin ningún impedimiento. La admiraba muchísimo aunque a veces, las cosas que llegaba a decirte eran bastante fuertes y te afectaban demasiado.
Allison siempre fue muy directa. Me gustaba esa cualidad de ella, te decía lo que pensaba sin ningún impedimiento. La admiraba muchísimo aunque a veces, las cosas que llegaba a decirte eran bastante fuertes y te afectaban demasiado.
Sabía que tenía la razón respecto a lo de Henry pero me costaba reconocerlo. Nunca fui de reconocer mis errores, ni mucho menos.
Prefería quedarme callada y tenerlo bien guardado en mi mente para que no volviese a repetirse.
Prefería quedarme callada y tenerlo bien guardado en mi mente para que no volviese a repetirse.
De los errores se aprende y yo había aprendido la lección o tal vez no, aunque no necesitaba un bebé de aquel individuo. En cualquiera de los casos, tenía que ser de Coque.
Si, eso esperábamos todos.
No quería ser la puta del barrio por acostarse una vez con el mejor amigo de su novio. Sería muy traumático.
No quería ser la puta del barrio por acostarse una vez con el mejor amigo de su novio. Sería muy traumático.
La suerte debe de estar de mi parte. ¿No?
Narrador Onmisciente:
Él sabía donde podía encontrarla por eso no se rindió y decidió ir a disculparse de nuevo personalmente.
- Hola, ¿puedo hablar con Jessy? - dijo nada más ver la puerta abrirse.
- Lo siento, Jessy acaba de irse. Si quieres puedo decirle que has venido - exclamó la mujer con compasión. Su rostro le trasmitía cierto sentimiento de pena y no le gustaba ver al pobre chico de aquella manera.
- ¿Y sabe donde puedo encontrarla?
- En el hospital. Ha ido a hacerle una visita a mi hijo - bajó la mirada acariciándose a si misma con una mueca.
- Gracias.
La mujer no pudo decirle ni una sola palabra más. El chico hulló de golpe y sin despedirse subió de nuevo a su auto con la intención de encaminarse al hospital.
Prometió no rendirse, no retroceder ante nada y cumplir su cometido fuese como fuese. No fallaría su propia palabra.
~~~*~~~
- Hola Coquito - dijo ella bajando la mirada y sentándose justo a su lado - Sé que odias que te llamé así pero... Ya sabes como soy. Testaruda hasta la sanidad - embozó una pequeña sonrisa mientras sus ojos se llenaban de lágrimas. Cogió su mano izquierda con ambas manos y la llevó a sus labios. Estes le obsequiaron un dulce beso en los nudillos.
Ella le observó mientras intentaba reprimir las lágrimas lo cual aparentaba ser imposible.
- Miriam ha desaparecido del planeta. He recorrido el hospital de arriba a abajo y no... No la encuentro. Pensé que estaría aquí, sinceramente - interrumpió aquel silencio tan incómodo.
Él no podía moverse, responder... Ni siquiera podía escucharla con claridad. Estaba en su propio sueño, en su propio mundo y posiblemente, no era capaz de salir de el.
Se estaba perdiendo muchas cosas y no podía hacer absolutamente nada por evitarlo.
- ¿Sabes qué? Han ocurrido muchísimas cosas. Si, por increíble que resulte es completamente cierto - continuó ella limpiándose las lágrimas con los pulgares - Tus padres han vuelto y están muy preocupados por ti. De hecho todos lo estamos. Miriam está pasando por un momento muy difícil y no sé como es capaz de aguantar tanta presión.
Es fuerte y dura como un roble. Supongo que eso lo lleva en los genes.
Es fuerte y dura como un roble. Supongo que eso lo lleva en los genes.
Si Coque, por increíble y extraño que te parezca todos creemos en ti y tenemos fe en que algún día despertarás y nos alumbrarás con tu tierna y dulce sonrisa de nuevo. Te echamos muchísimo de menos - apretó su mano con más fuerza de lo habitual mientras las gotas de agua seguían rozando sus mejillas y resbalan por las manos de ambos.
Ella suspiró sintiendo como sus palabras se convertían en polvo.
No tenían ningún valor. Él no podía escucharla ni tan siquiera hacer un mínimo gesto.
No tenían ningún valor. Él no podía escucharla ni tan siquiera hacer un mínimo gesto.
Coque estaba conectado a montones de aparatos médicos. Incluso, una de aquellas máquinas respiraba por él.
Jessy solo de observar aquella escena no podía evitar seguir llorando.
Jessy solo de observar aquella escena no podía evitar seguir llorando.
- Mierda, Coque. ¿Cómo ha acabado todo esto de esta forma? Te dije que no te operaras, te dije que no... - gruñó en un susurro - Bueno, ahora no hay nada que hacer... No vale la pena lamentarse por el pasado.
Carlos llegó al hospital y preguntó en recepción por la habitación de Coque. No tuvo ningún problema en emcontrarla ya que él era el único que se llamaba de esa forma en toda la planta.
Dio la casualidad de que la puerta estaba entreabierta. Carlos se decidió a entrar pero se paró en seco al escuchar la vocecilla apagada de la pequeña Jess.
- ¿Sabes qué? La doctora dijo que te había extirpado todo el tumor pero que al llevar tanto tiempo anestesiado es posible que no llegues a despertar - suspiró mirando al techo.
Carlos cerró los ojos con fuerza mientras el pomo de la puerta resbalaba lijeramente entre sus manos.
- Tienes que despertar. Debes hacerlo.
Daría lo que fuera por que abrieras los ojos, me miraras de nuevo con esos ojos azules tan sinceros y me dijeras: "Tranquila, estoy bien".
Sé que te he fallado muchísimas veces, que te di la espalda en los peores momentos y que no merezco tu cariño pero tú si que mereces el mío y siempre lo tendrás. Ten fe en ello.
Coque, me has hecho cambiar. Me has abierto una puerta llena de luz y esperanza. Algo que pensé que nunca vería, nunca. Pero tú me lo has entregado y si me abandonas ahora, si te vas de mi lado... - hizo una pequeña pausa. Su aliento cada vez se desvanecía más y más a causa de las increíbles ganas de echarse a llorar - Si te vas, yo me iré contigo porque no quiero volver a sentirme como antes, como un perro sin dueño, un avión sin destino o una mariposa sin alas. Tú eres mi dueño, mi destino y mis alas.
Y todo esto me está matando, no puedo acabar con esta soledad.
Quiero estar contigo, el problema es que no estás. Mi mejor amigo ha desaparecido y no puedo encontrarlo, no puedo hacer absolutamente nada. Solo esperar y tener confianza de que este hueco que ahora existe en mi corazón algún día pueda volver a renovarse, a cobrar vida....
Si, creo que estoy enloqueciendo - alzó la mirada sonriendo mientras las lágrimas seguían cayendo por sus mejillas - Tal vez, puede ser. Solo sé que daría todo por volverte a ver.
Porque no sé como ocurrió ni porqué pero creo que estoy enamorada de ti - su risa desapareció por completo y las lágrimas volvieron a surgir. Carlos sintió un fuerte dolor en el pecho al escuchar sus palabras.
¿Todo este tiempo le había engañado?
En cierto modo no era así. Ellos no tenían absolutamente nada, solo eran amigos hasta que él le dio un beso en los labios sin previo aviso el cual le continuó y le ordenó insistivamente que abandonara el lugar.
Carlos no pensó en ello, en que posiblemente no significara nada. Solo se llenó la cabezas de posibles expectativas sobre lo que le llevó a darle esa respectiva muestra de cariño.
Daría lo que fuera por que abrieras los ojos, me miraras de nuevo con esos ojos azules tan sinceros y me dijeras: "Tranquila, estoy bien".
Sé que te he fallado muchísimas veces, que te di la espalda en los peores momentos y que no merezco tu cariño pero tú si que mereces el mío y siempre lo tendrás. Ten fe en ello.
Coque, me has hecho cambiar. Me has abierto una puerta llena de luz y esperanza. Algo que pensé que nunca vería, nunca. Pero tú me lo has entregado y si me abandonas ahora, si te vas de mi lado... - hizo una pequeña pausa. Su aliento cada vez se desvanecía más y más a causa de las increíbles ganas de echarse a llorar - Si te vas, yo me iré contigo porque no quiero volver a sentirme como antes, como un perro sin dueño, un avión sin destino o una mariposa sin alas. Tú eres mi dueño, mi destino y mis alas.
Y todo esto me está matando, no puedo acabar con esta soledad.
Quiero estar contigo, el problema es que no estás. Mi mejor amigo ha desaparecido y no puedo encontrarlo, no puedo hacer absolutamente nada. Solo esperar y tener confianza de que este hueco que ahora existe en mi corazón algún día pueda volver a renovarse, a cobrar vida....
Si, creo que estoy enloqueciendo - alzó la mirada sonriendo mientras las lágrimas seguían cayendo por sus mejillas - Tal vez, puede ser. Solo sé que daría todo por volverte a ver.
Porque no sé como ocurrió ni porqué pero creo que estoy enamorada de ti - su risa desapareció por completo y las lágrimas volvieron a surgir. Carlos sintió un fuerte dolor en el pecho al escuchar sus palabras.
¿Todo este tiempo le había engañado?
En cierto modo no era así. Ellos no tenían absolutamente nada, solo eran amigos hasta que él le dio un beso en los labios sin previo aviso el cual le continuó y le ordenó insistivamente que abandonara el lugar.
Carlos no pensó en ello, en que posiblemente no significara nada. Solo se llenó la cabezas de posibles expectativas sobre lo que le llevó a darle esa respectiva muestra de cariño.
Miles de veces, ella se había sincerado ante él diciéndole lo que sentía por Coque pero nunca la había visto de esta forma. Tan perdida, triste, apenada...
Carlos se llevó una gran decepción y perdió toda la esperanza de arreglar las cosas y volver a ser como eran antes.
Tal vez, él si sintiera algo por ella pero propiamente, no estaba muy seguro de sus sentimientos.
- Lo sé. ¿Yo enamorada de ti?
Si, fue esa misma pregunta la que se me pasó mil y una veces por mi cabeza pero no podía engañarme más y abrí los ojos de una puñetera vez.
No era capaz de decírtelo. ¿Sabes? Y menos aún, sabiendo que estabas teniendo una relación con una chica. Si, una chica guapísima, más o menos de la misma edad que tu, modelo y profundamente enamorada de ti que no te da problemas, ni te mete en rollos inmaduros que no tienen nada que ver contigo. Si, ella es técnicamente perfecta comparada conmigo y sé que siempre será Érica el primer plato pero necesitaba decírtelo de alguna forma. Soltarlo y no volver a mencionarlo nunca más.
Te amo, Álvaro Fernández y siempre lo haré por muy descabezado e increíble que llegue a ser. Por eso tienes que curarte, tienes que abrir los ojos y seguir diciéndome que soy la mejor amiga del mundo aunque a mi me gustase ser la mejor novia del mundo - se encogió de hombros con timidez. Se levantó y le obsequió con un dulce beso en la frente. Luego supiró para si misma. Se había quitado un gran peso de encima y eso le reconfortaba un poco aunque no lo suficiente.
Si, fue esa misma pregunta la que se me pasó mil y una veces por mi cabeza pero no podía engañarme más y abrí los ojos de una puñetera vez.
No era capaz de decírtelo. ¿Sabes? Y menos aún, sabiendo que estabas teniendo una relación con una chica. Si, una chica guapísima, más o menos de la misma edad que tu, modelo y profundamente enamorada de ti que no te da problemas, ni te mete en rollos inmaduros que no tienen nada que ver contigo. Si, ella es técnicamente perfecta comparada conmigo y sé que siempre será Érica el primer plato pero necesitaba decírtelo de alguna forma. Soltarlo y no volver a mencionarlo nunca más.
Te amo, Álvaro Fernández y siempre lo haré por muy descabezado e increíble que llegue a ser. Por eso tienes que curarte, tienes que abrir los ojos y seguir diciéndome que soy la mejor amiga del mundo aunque a mi me gustase ser la mejor novia del mundo - se encogió de hombros con timidez. Se levantó y le obsequió con un dulce beso en la frente. Luego supiró para si misma. Se había quitado un gran peso de encima y eso le reconfortaba un poco aunque no lo suficiente.
Carlos siguió su camino. Salió del hospital metiéndose de nuevo en el coche. Su cabeza no dejaba de dar vueltas y más vueltas.
Su corazón cada vez estaba más roto y sus ojos eran cada vez más incapaces de aguantar las ganas de llorar. Dio un golpe fuerte y lleno de rabia al volante y luego, se acomodó sobre él dejando salir de dentro todo lo que tenía acumulado.
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Somos grandes, poderosos... Así nos hizo Dios. Fortaleza, ganas... Pero... ¿sirve de algo todo esto?
Los sentimientos son el peor elemento que puede sentir el hombre.
¿Por qué?
Es muy fácil.
Cuando todo parece ir bien puede convertirse en lo mejor del universo pero cuando todo da la vuelta...
Todo cambia. Los sentimientos son simples pero a la vez muy complejos. Rabia, tristeza, celos, avaricia, egoísmo...
Es propio del alma.
Sentir... Duele, es como una brecha que cada vez se hace más y más honda y la cual parece no tener
final.
¿Llorar? ¿Reír?
Que importa, todo se vuelve de color negro alguna vez. El arcoiris no existiría sin la lluvia ni las
estrellas brillarían sin la noche.
Todo está hecho a la perfección.
Los sentimientos son el peor elemento que puede sentir el hombre.
¿Por qué?
Es muy fácil.
Cuando todo parece ir bien puede convertirse en lo mejor del universo pero cuando todo da la vuelta...
Todo cambia. Los sentimientos son simples pero a la vez muy complejos. Rabia, tristeza, celos, avaricia, egoísmo...
Es propio del alma.
Sentir... Duele, es como una brecha que cada vez se hace más y más honda y la cual parece no tener
final.
¿Llorar? ¿Reír?
Que importa, todo se vuelve de color negro alguna vez. El arcoiris no existiría sin la lluvia ni las
estrellas brillarían sin la noche.
Todo está hecho a la perfección.
La positividad no existiría sin la negatividad. Lo malo y lo bueno están totalmente relacionados y no existe manera de romper esa unión.
Todos y cada uno de nosotros estamos condenados...









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