lunes, 22 de abril de 2019

(T3) CAPÍTULO 52: SE MURIÓ DE CELOS







Narrador Onmisciente:




La lluvia lo había inundado todo.
Todo se había ido a la mierda.
El cabello de Jessy y el maquillaje se estropearon por completo mientras sus pies se encharcaban al correr bajo la lluvia.
Se perdió en el camposanto buscando un sitio donde refugiarse de la lluvia.
Justo en frente de la tumba de la madre de Coque, encontró a un chico moribundo, con la corbata desata y los ojos rojos. Sus lágrimas no se distinguían de la lluvia.
Lo vió tan débil y desprotegido, allí sentado. Sólo, mientras se cogía las rodillas con las manos.
Los pasos de Jessy le hicieron levantar la cabeza. 
Sus miradas se encontraron y Jessy no pudo evitar sollozar al ver al chico del que aún seguía enamorada completamente roto.

 - Coque...

 No apartó la mirada de ella.
Ella se sentó a su lado, imitando su postura.
Se agarró las rodillas y miró al horizonte.
Jessy extendió las manos cogiendo las pequeñas gotas que caían del cielo.


- Cuando el reverendo me estaba preguntando si quería pasar el resto de mi vida al lado de ella. Solo tú 
me pasaste por la cabeza, Jess. Todos nuestros recuerdos. Y te mentí, cuando te dije que no recordaba la noche en la que ambos estábamos borrachos. No dejo de recordarla una y otra vez desde que ocurrió. Así que tal vez, esto haya sucedido por algo, Jess. No creo en las casualidades pero si en el amor y nunca he tenido en mi vida algo tan claro, Jessy. Me gustas, me gustas muchísimo - Coque alzó la mirada con lágrimas aún en los ojos por todo lo que había ocurrido. Jessy le miró completamente sorprendida ante lo que acababa de decir. Pensaba que desde que había planeado casarse con Érica, todo lo que había ocurrido entre ellos estaba olvidado e incluso se estaban alejando el uno del otro. Se equivocaba, el chico que le gustaba le acababa de demostrar lo que sentía por ella después de haberse casado con una mujer a la que realmente no quería. - Solo quiero saber, si tú sientes lo mismo o me estoy montando una película yo solo - soltó una risa cargada de cansancio y frustación y se frotó los ojos - Soy gilipollas, pensarás que solo te digo esto porque me acaban de dejar plantado y que eres el segundo plato pero siempre fuiste el primero, Jess. Lo siento por no darme cuenta antes. 

Jessy le mira perpleja sin saber muy bien que responder. Era el chico del que estaba enamorada ¿no?, ¿aún seguía enamorada de él?

- Jess, contéstame. Di algo, me pones nervioso - sonrío acercándose a ella. 

- No sé Coque. Estoy con Carlos. Él es quien me importa ahora. Reconozco que antes sentía algo por ti pero ahora no lo tengo tan claro - susurró apenada dándose cuenta del error que estaba cometiendo.
Coque le miró consternado y bajó la mirada.

- Me iré unas semanas a Cuba. Aprovecharé la luna de miel. Si vinieras conmigo te demostraría que aún sigues enamorada de mi, Jess.

- Coque... - susurró Jessy bajando la mirada.

- Carlos, lo sé pero dame una oportunidad.

- No es solo Carlos, es también el trabajo y la próxima semana empiezan las clases. Son muchas cosas juntas, Coque. No puedo irme sin más, desaparecer. Además, ¿qué pensaría Miriam si se entera de que nos fuimos juntos de viaje?

- ¿Qué más da lo que piense la gente? Vamos, Jessy.

- No estoy segura de que sea lo mejor... Lo siento.
Coque se levanta y limpia las manos a su traje.

- No pasa nada. Nos vemos en unas semanas,  Jessy. Piensa en lo que te dije, voy a hacer las maletas - se despide acercándose para darle un beso cauto en la mejilla.

En un autoreflejo, Jessy gira la cara y quedan a dos centímetros el uno del otro. Se miran a los ojos y Coque lleva su mano a su mejilla. Jessy se derrite por dentro y cierra los ojos mientras Coque se impulsa. 
Ambos se unen en un tierno beso. Un beso de despedida. 




Jessy sube las manos por sus brazos y continua recorriendo cada centímetro de su boca mientras las gotas de lluvia caen sobre ambos empapándolos aún más.

Se separan y Coque apoya su frente sobre la de Jess y la mira a los ojos.

- Me encantas - susurra dulcemente mientras es Jessy esta vez la que se abalanza sobre él.

Lo que no saben, es que alguien muy cerca de donde están los observa.
Los observa muy detenidamente entre los matorrales y se marcha con las manos en los bolsillos...






Narra Miriam:







Llego a casa y busco en todas las habitaciones a Coque. Cuando llego a la suya y veo toda la ropa esparcida por la cama y que la maleta no está me doy cuenta de que realmente ha pasado.
Le llamo pero no recibo respuesta. Ya es la tercera vez y aunque sé que no me responderá, no dejo de
hacerlo, por la preocupación que tengo.

Llaman a la puerta. Al abrir veo a Derek con un enorme ramo de flores.


- Hey, ¿está tu hermano?

Le dejo pasar mientras niego con la cabeza.

- Lo siento mucho, Miry. ¿Cómo estás? - me tiende las flores y las cojo admirándolas.

- En shock. ¿Cómo pudo hacerle Érica algo tan despreciable a mi hermano y él marcharse sin ni siquiera echarle las cosas en cara? Flipo - me siento en el sofá totalmente confundida.

- Yo también me quedé flipando pero él que más flipó fue Carlos. Cuando vió a Jessy en el altar y ni siquiera le dirigió la mirada. Lo dejó tirado...

- Fue por una buena razón. Yo la entiendo, totalmente.
No lo sé, Derek. Me parece fatal lo que Érica hizo.

- Ya, es que ocultarle un hijo... Es demasiado fuerte. Además que no es suyo. - anunció Derek sacando el móvil del bolsillo y leyendo los e-mails del trabajo.
Miriam se quedó pensativa. Tal vez era el momento de comentarle lo de la adopción de Dylan. Tarde o temprano debía contárselo.

- Oye Derek... 

- ¿Si? - dijo aún mirando el móvil.

- Tengo que contarte algo.

- Dime, soy todo oídos - dijo guardando el móvil.

- ¿Te acuerdas de Dylan? ¿El niño huérfano?

- Si claro.

- He estado visitándolo al orfanato...

- Ah - suelta una sonrisa sincera - ¿Qué me quieres decir con eso?

- Verás. He comenzado con los primeros trámites para su adopción. Quiero adoptarlo, Derek. No tiene a nadie y conmigo se siente... seguro. Él mismo lo dijo. Le encantaría.
- Dime que es una broma.
Mi mirada se mantiene sobre la suya, trago saliva sin saber que contestar y bajo la mirada. Me intimida. Sobre todo cuando se enfada.

- ¿Cómo lo sueltas así? Como si fuese lo más normal del mundo. ¿Te das cuenta de lo que pretendes hacer?

- ¿Y que pretendo Derek? - alzo la voz irguiéndome también - ¿Darle un hogar? ¿Cariño? ¿Confianza? La vida que todo niño tiene y deben tener no convivir en un orfanato echando su infancia a perder.
Las lágrimas comienzan a brotar de mis ojos sin control. Este tema es muy delicado.
Sabía que algún día saldría a la luz pero nunca pensé que sería tan pronto.

- ¿Salvar su vida y echar a perder la tuya? ¡Por dios, tienes 18 años Miriam! - exclama exhausto pasándose la mano por el cabello más de una vez.

- Y tú 26, puedes ayudarme en esto. Quiero formar una familia contigo Derek.

- ¡Si ni siquiera llevamos un año saliendo! - se pasea por el salón completamente fuera de si ajustándose la corbata.

- No importa el tiempo si no la calidad y en estos meses te he querido más que nadie que haya querido en esta vida.
Un silencio incómodo inunda el salón. Derek baja la mirada incapaz siquiera de mirarme y sale de la casa dando un portazo. Cierro los ojos con fuerza reteniendo las lágrimas que amenazan con salir disparadas nuevamente de mis ojos.





- Mierda... - me muerdo el labio arrepintiéndome por habérselo contado. Tal vez no era el momento idóneo. ¿Aunque cuando debería serlo?

Fui sincera, en todo momento. Le he dicho todo lo que pensaba a la cara y creo que eso es más que suficiente para que me entienda y confíe en mi. Si de verdad me ama, lo aceptará. Es un riesgo al que debo someterme.
Tal vez, debería dejar que lo asimilase... 









Narra Jessy:

Llego a casa y me encuentro a Miriam en el sofá mirando a la nada, pensativa.

- ¿Viste a Coque? 

- Se ha ido.

- ¿Y a Carlos?

- Se marchó detrás de ti cuando fuiste a buscar a Coque. ¿No lo viste?

- No - frunzo el ceño pensativa - Voy a buscar a Coque. No puede irse - digo cogiendo las llaves del coche de Miriam.

- Oye, en mi coche no. Que no tienes carnet y el paquete me cae a mi.

- No me veran. Iré por un atajo. Tranquila - digo saliendo por la puerta y cogiendo el coche lo más rápido que puedo.

Aparco justo en el aparcamiento del aeropuerto cruzando los dedos para que Coque no se haya ido ya. 
Lo había pensado y si, lo quería, era el momento y necesitaba estar con él. Lo necesitaba. Era el momento.

Fui corriendo por los pasillos de embarque. Me colé en la cola para uno de los vuelos y pregunté por el último vuelo a Cuba. Me dijeron que estaban a punto de despejar.
Corrí por el pasillo deseando llegar a tiempo pero no llegué.
Miré a la puerta de embarque. Estaba siendo cerrada por los seguratas y por el ventanal podía verse como un avión despejaba rumbo a su destino. 
Había llegado tarde.
No había podido decirle a Coque, que también me gustaba.
Era mi oportunidad para estar con él.
Y la había desperdiciado.
La había roto. 
Todo se había acabado...
Regresé a casa cabizbaja e ignoré a Miriam hasta llegar a mi cuarto. Una vez allí puse el cerrojo y hundí mi cabeza entre los cojines. Comencé a sollozar como nunca lo había hecho.
Que tonta había sido. Debería haberle dicho que lo quería desde el primer momento. Ahora él estaría aquí. Estaríamos juntos y no a trece mil kilómetros de distancia. Debí llegar a tiempo. Ahora él, quizá no regrese jamás...


Noté algo bajo las mantas llenas de lágrimas.
Era un sobre que contenía una carta. Me sequé los ojos y la abrí con delicadeza.
Conocí la letra al momento. Olí la carta, olía a él, a su perfume y por ello supe, que la había escrito recientemente. 






A veces el camino es tan largo que asusta el siguiente paso que vayas a dar, asusta de tal forma que tus pies se quedan parados frente al próximo obstáculo y el miedo te paraliza por completo.
Suponemos que la vida es un destino, en el que tú tomas las decisiones pero tarde o temprano ella te pondrá en su lugar dependiendo de si tus pasos son los acertados o no.
Escucho una voz en el fondo de mi subsconsciencia que me avisa de mis malos actos pero iluso de mi, la ignoro y sigo con lo que realmente quiero hacer o estoy obligado a hacer.
Siento si te hago daño pero no es a propósito, no tengo fuerzas ni para disculparme por ello pero espero que tú, sepas entenderlo y lo valores.
Te quiero, Jessy.



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