viernes, 30 de enero de 2015

CAPÍTULO 19: ¿7?





DÍA: 7 DE AGOSTO








Narra Miriam:






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 Intentas romper esa barrera que nos separa, pero...¿Cuál es el motivo de que tú y yo no podamos estar juntos? ¿ Por qué no puedo decirte "te quiero" sin sentirme culpable de haberlo hecho?

No puedo más, esto me esta matando y destruyendo el corazón. Necesito decírtelo así sin mas y olvidarme de las cosas malas de la vida centrándome solo en ti y en tu sonrisa que me despierta cada mañana.

¿Podemos ser felices? Si, solo si tú quieres serlo o no... no compliques más las cosas...



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Salí como un rayo del apartamento de Derek. 
Estaba de cara a la puerta ,cerrándola lentamente cuando una voz detrás de mí me hizo asustarme durante unos segundos y dar un grito agudo que podría despertar a un nido de pájaros.
Me dí la vuelta e intente relajarme inspirando y expirando aire.
Cuando recuperé mi ritmo cardíaco normal, unas frases salieron de mi boca:


- Jerry, que... ¡qué susto me acabas de dar! - le dije con una mano apoyada en mi muslo izquierdo y con la otra apartando un mechón de pelo de mi rostro.

- Perdone, señorita Fernández-  dijo mirándome fijamente. Apoyó la escoba con la que limpiaba el recinto de la planta séptima y se acercó a mí.

- No me llame por mi apellido, Jerry. Llámeme Miriam- le respondí con una sonrisa.

- Por supuesto, señori... Miriam- pronunció tartamudeando- Veo que ha pasado la noche con el señorito Karev. ¿No es cierto?

- Que salga de su casa a las...- observé un momento el reloj para comprobar la hora que era- ...nueve de la mañana no significa que me quedara a dormir con él.

- No hace falta que me oculte la verdad, Miriam. Llevo diez años trabajando en este bloque de apartamentos. He visto entrar y salir a un montón de chicas de esa misma habitación.
Y...sólo fijarse en los pelos que lleva...

- Emm...Jerry...tú y yo como si no hubiéramos tenido esta conversación ¿¿ehh??

- ¿Así que es cierto?- dijo volviendo a coger la escoba y apoyándose en la parte superior ,imitó a una de estas viejas cotorras a las que les encanta la vida de los demás.

Miré al alrededor, en aquel momento me sentí perdida.


- ¿ La acompaño a la planta baja?

- Si, gracias, si no es molestia.

- Que va, si me viene de paso- dijo sonriendo.

Subimos al estridente ascensor y una vez dentro,las puertas se cerraron.

- Jerry... ¿Cuántos años tiene?- le pregunté sabiendo que no me iba a responder pero no fue así...

- Tengo 48, me conservo bien- dijo pulsando el botón "P0" que significaba "Planta Baja"- Le voy a preguntar algo que espero que no le incomode...¿Usted...va enserio con el señor Karev?

- Desde que lo conocí no dejo de preguntarme la misma pregunta, que ronda por mi cabeza cada vez que le veo. ¿Me estoy enamorando de él de verdad?
Lo intento y lo vuelvo a intentar pero no consigo...-tartamudeé-...darle respuesta a esa pregunta .¿Qué debo hacer?- suspiré- valla,lo siento. Nos acabamos de conocer y te estoy contando mis problemas- bajé la cabeza sin mirarle y me apoyé en el fondo del ascensor.Jerry susurró unas palabras que fueron escasamente irreconocibles tras el ronroneo de los cables que ayudaban al ascensor a parar en la planta adecuada.

- Sólo...debes imaginarte...una vida con él, debes imaginarte como sería tu futuro a su lado y si él es realmente la persona con la que quieres pasar el resto de tu vida o unos años.
Si él está completamente enamorado de ti se lo notarás y te sentirás con muchas más fuerzas para tomar tu decisión .

Las palabras de Jerry me llegaron muy adentro. Sabía que tenía razón.

- Yo...es...único. Me hace sentir cosas que nunca he sentido con otro chico.

- Pues eso es lo que debes sentir.

- ...

Un  silencio inundó el ascensor pero Jerry lo mató.


-  Le quería comentar una cosa...- dijo poniéndose serio. Era la primera vez que lo hacía delante de mí- ¿ No ha escuchado esta noche ruídos extraños?

- ¿Ruídos extraños?- repetí sorprendida.

- Si, como unas garras y unos gemidos bastantes suaves y penetrantes.

- No, no he escuchado nada.

- Me lo habrá parecido a mi estos días. Seguro que es alguna tubería rota o algo por el estilo.

- Si.

Las puertas del ascensor se abrieron y salimos los dos del interior del ascensor.

- Espero verla a menudo, Miriam- dijo Jerry como dándome la despedida.

- No se preocupe, lo hará- dije riéndome.

- Jajjjaj, por cierto, dile a Karev que cambie la cerradura de la puerta que está muy vieja ya.

- Se lo diré. Adiós Jerry.

- Adiós.

Me despedí con la mano y me dirigí a la puerta. Antes de salir volví a mirar atrás y ví como una sombra, la sombra de Jerry pero sin Jerry, pero luego al pestañear ya no estaba... su sombra había desaparecido y Jerry no se encontraba en ningún lugar.

¿Qué coño...?






















Narra Jessy:








Ayer, Pris se fue a las 00:00 al final a casa y yo me quedé toda la noche durmiendo en la sala de espera.

Por la mañana, una voz muy fina me despertó:

- ¡¡¡Señorita, señorita!!! ¡Despierte por favor!- intentó despertarme la doctora sin levantar mucho el tono de voz por los pacientes y la enfermera que había en la otra punta de la planta que la miraba con cara de mala ostia.

- ¿Qué, qué pasa?- dije frotándomelos ojos.

- Ya es de día. Vengo a informarle.
Hemos escayolado a Coque y lo hemos examinado, lo más rutinario y no le encontramos nada pero para asegurarnos le haremos unas pruebas que correrán de nuestra cuenta.

Si quiere puede verlo un minuto antes de que nos lo llevemos.

- Pero...es que tendría que avisar a la hermana del paciente... se lo prometí y...- no me dejo acabar la frase, que maleducada.

- No hay tiempo, es ahora o dentro de unos días, usted decide.

- Vale,gracias doctora.

- Nada, valla a la habitación número 7.




Le hice caso y recorrí los pasillos de la planta de consulta buscando el misterioso número 7.
La encontré, giré sigilosamente el pomo engrosado y brillante de la puerta, la puerta se abrió poco a poco como en las pelis de miedo cuando las visagras están muy viejas y hacen ese estridente ruído que asusta hasta a un elefante.

Pude ver su rostro, su sonrisa y sus ojos acaramelados mirándome.

Si, era él...














Narra Henry:







Me dí cuenta de que realmente " LA HABÍA CAGADO" .

No sabía nada de Coque, Miriam estaba enfadada conmigo y Jessy no me hablaba. Todos estaban enfurecidos con mi existencia en este mundo.

Había llegado la hora, decidí aventurarme hasta la casa de Érica y hablar con ella seriamente de lo ocurrido y lo que ocurriría.

No sé que pasaría...










Narra Érica:

  



  Era un día súper caluroso de verano, no aguantaba esa órbita de calor que no dejaba de dar vueltas y vueltas alrededor de mi rostro exterior.

Mis padres se habían ido dejándome sola en casa, sólo con la compañía del inusual ruído de la cafetera donde tranquilamente se hallaban los polvos de café descafeinado mezclado con agua y leche semidesnatada. Todo esto, hacía una combinación impresionante, lo que daba más morbo, era cuando, sonaba el "¡Din!" avisándote de que esa preciosa taza de café ya estaba lista para conquistar tus papilas gustativas mientras esa deliciosa mezcla bajaba por tu garganta conduciéndote a tu propio mundo.

Por increíble que fuera, esa taza no contenía nada más que un simple café pero para mí, era la luz que iluminaba mi día, lo mejor que me había pasado hoy.

Alargué mi mano y bebí un sorbo de mi descafeinado. El borde exterior de mis labios, se inundó por el escalofriante café negro. Cogí un pano y me limpié los morros iluminando una apetecible sonrisa.

Un ruído sonó del exterior, era la puerta principal.
Parece que detrás de la puerta se hallaba un invitado, lo que me fastidió mucho por mi parte ya que quería acabarme el café tranquila.

Abrí la puerta y apareció delante de mi Henry, el chico más cabezón del mundo y él que menos quería ver en estos momentos.
Pensé en cerrar la puerta y dejarle allí con una cara de cateto pero sería bastante inapropiado y vil por mi parte.
Ninguno de los dos pronunciaba palabra y yo aún seguía con mi descafeinado en las manos.

- Emm...Hola - dijo interrumpiendo el intrigante silencio.

- ¿Qué haces aquí?- le pregunté inocentemente.

- Necesito apoyo moral - respondió, entrando en casa sin que yo le diera permiso para pasar.

- Pues como en tu casa entonces - pronuncié en voz baja.

Cerré la puerta y le dije a Henry que fuéramos a hablar a mi cuarto dado que era la habitación más apropiada y con mayor calefacción.

- Entra. Mis padres no están y no volverán hasta las doce del mediodía así que si quieres hablar este es el momento - dije ofreciéndole asiento.

- Estoy bastante confuso.

- Ya...

- ¿Qué piensas?

La verdad es que no le podía decir que estaba pensando en la elaboración del café, de como, seres humanos podrían crear una cosa tan deliciosa y a la vez tan mágica como para enamorarse de ella.

Es que no le podía encontrar ningún defecto a esas burbujas que sobresalían haciéndose cosquillas unas a las otras al tocarse por culpa de la inestabilidad del plato que mantenía la taza de café.

Era maravilloso y justo Henry tuvo que venir y estropearme "MI MOMENTO".

- Sé que me vas a preguntar si pensé lo que me dijiste el viernes.

- No te lo voy a exigir pero me gustaría saber tu respuesta.

- Mi respuesta desde el principio siempre fue la misma.

Henry esperó en silencio a que yo prosiguiera.
Me hecho un ojo contemplando mi vestido nevado de punto con adornos ilustrados de esmeraldas originales y mis bailarinas negras como el carbón que se disipaban cuando era de noche.












Yo no proseguí y eso le incomodó lo suficiente como para dar un suspiro lo suficientemente apto para que yo lo escuchara.


- Sé tu respuesta.

- Si la sabes ya no hace falta que te lo diga.

- Coque...- me interrumpió.

- Coque es el chico de quien estoy enamorada y eso por mucho que quieras no va a cambiar.
Lo siento Henry, pero ya sabes que entre nosotros solo puede haber una fuerte amistad y nada más.

- Y lo acepto... - dijo mirando al suelo.

- Mírame - dije levantándome y cojiéndole de la barbilla - tienes que olvidarte de lo que sientes por mí porque no es real, es ficticio.

- No lo entiendo - dijo susurrando y levantándose al mismo tiempo. Caminó hacia un lado de la habitación y yo dejé mi taza de café en la mesita de mi cuarto.
Me acerqué a él.

- Debes entenderlo, no estamos hechos el uno para el otro - se volvió hacia mí y me miró. Esa mirada nunca la contemplara en el rostro de Henry. No era tierna, ni amable, todo lo contrario, ERA FRÍA.

- No entiendo porque no puedo siento nada ante estas palabras. No siento nada, absolutamente nada.
Ni dolor, ni compasión, ni celos, ni desesperación. Siento liberación porque en el fondo sabía que pasaría esto pero una parte de mi pensaba que no. No...no lo entiendo.

- No digas nada... - dije acercándome lentamente a él mirándole a los ojos, le sonreí y me incliné.

Él dudo pero al final me rodeó la cintura con sus suaves manos y yo me estremecí por un segundo.

Apoyé mi frente con la suya y cerré mis ojos lentamente. Le acaricié sus rasgos que estaban hechos a la perfección para mis cálidas manos. Al hacer este sencillo gesto, las mejillas de Henry se tiñeron de rojo oscuro pudiendo apreciar en su sonrisa un gesto de seguridad y felicidad.

Me centré en su suave pelo que llamaba toda mi atención en ese mismo instante.

Bajé la cabeza y parpadeé pudiendo ver en la pierna derecha de su pantalón, el numero 7 dibujado en color turquesa.








Levanté la mirada y centré mi atención en su amable sonrisa que me llegaba al corazón.

Él bajó sus manos a mis posaderas deslizando sus manos al mismo tiempo que se escuchaba el ruído de las agujas del reloj que musitaban a cámara lenta dentro de mi mente.

Miré al techo y luego a Henry que seguía con sus manos en mi trasero sin decir ni una sola palabra que pudiera estropear este momento tan perfecto.
Me acerqué a él, sentí que había llegado el momento y que los dos estábamos impacientes porque eso ocurriera.
Asentí en mi mente y dejé mis pensamientos, miedos y cargos de conciencia atrás. Debía hacerlo, cueste lo que cueste.

Cogí su cara con mis dos manos, me abalancé suavemente sobre él y le dí un apetecible beso en los labios lleno de dulzura y desaprobación.


Él siguió besándome hasta que nos tuvimos que separar por culpa del aire que se respiraba en el ambiente.







- ¿Y ahora...Sientes algo? - dije sonriendo y dirigiéndome a la puerta de mi cuarto, atravesando la puerta y refugiándome en el baño para dejarlo allí, sólo, pensativo.

Pasó poco tiempo y decidí salir del baño, pensé que ya se habría ido pero no, seguía allí de pie pensativo mirándome desde el otro extremo del pasillo.

- No entiendo.

- ¿Qué no entiendes?- dije apoyándome en el marco de la puerta.

- ¿Quieres a Coque o me quieres a mí? Me estoy liando, confundiendo e imaginando cosas que de verdad no son - me acerqué lentamente a él y a pocos centímetros le susurré al oído.


- Intento demostrarte que el beso que yo te acabo de dar, no fue con amor si no por placer propio. No estás enamorado de mí, solo lo crees por el hecho de pasar la mayoría del tiempo juntos.
Quiero demostrarte que...que es cosa de tu imaginación y de que pronto te olvidarás de mí encontrando otras chicas- le acaricié la mejilla- esto no es amor y lo sabes.

- No puedo resistirme- él muy idiota me vuelve a besar y yo caigo en su seducción sin darme cuenta.

- Apártate- digo sin parar de besarle.

- ¿Por qué no te apartas tú?- preguntó con ironía.

- Oye- vacilé dándole un pequeño empujón, apartándole de mí con mis manos apoyadas en su pecho- no puedo besarte.

- Nadie se enterara- anunció apoyando la punta de su nariz en mi oreja.

- Joder- me abalancé sobre él y trás dulces besos, él deslizó su lengua por mi cuello hasta llegar a mi pecho.




Hizo que me tumbará en la cama y él se puso encima mía. Agarró mis brazos y los deslizó poniéndolos encima de mi cabeza para que no pudiera escurrirme.

Siguió dándome pequeños mordiscos en la oreja, un escalofrío recorrió mi cuerpo.
Acaricié su pelo pero él volvió a cogerme las manos.

- Eres malo- dije mientras él bajaba la cremallera lentamente de mi vestido de tela francesa.

- Lo sé- dijo con una leve sonrisa.

Acabó quitándomelo por completo y siguió besando cada parte de mi cuerpo.
Entre terribles gemidos, miré el reloj. Era demasiado pronto y noté como el café que se encontraba en mi mesilla se iba enfriando poco a poco.

Henry se levantó un poco y se quitó los pantalones volviendo a ponerse encima de mí.
Bajé mi mirada y apuesto a que él sabía lo que estaba mirando mientras me mordía el labio superior.

Deslicé mi mano por su cuerpo semidesnudo cubierto por su ropa interior...









Narra Coque:





Me acababa de despertar cuando la doctora dijo que antes de hacerme los escáneres podría recibir la visita de un familiar que se encontraba fuera.

La doctora cerró la puerta y me comunicó que avisaría a esa persona de que podía pasar.
Mientras, trás saber que se habían acordado de mí, mi estado de humor mejoró y me imaginé que sería Miriam.

Está siempre en todo.

Me reí y sonreí.

Llamaron a la puerta.

- Puede pasar- exclamé con la voz algo grave y desentonada.

La puerta se abrió, me sorprendí al comprobar que no era Miriam, era Jessy.

Me sonrojé, pensar que ella llevaba puesto un vestido muy estiloso y yo vestido con un trapo de hospital...

 Se acercó a mí después de cerrar la puerta.

- ¿Te ha comido la lengua el gato?- me preguntó riéndose y cogiéndome la mano.

- Sigo sorprendido. Me alegro muchísimo de verte ,Jessy.

Dije mientras le daba un abrazo.

- Me quedo más tranquila al saber que te encuentras mejor- empezó a llorar y a reír al mismo tiempo.

- Eh...Pequeña, ¿qué te pasa?- dije agarrándole la mano.

- Es que... por un momento...sentí miedo.
Al desmayarte y...- no podía pronunciar palabra. 

- Anda ven aquí.

Se acurrucó en mi pecho y se limpió las lágrimas que caían por su mejilla.
La abracé suavemente. Me acerqué a su oído y le susurré en tono de súplica.






-Estoy bien. Me harán pruebas y ya verás como no me pasa nada. Tenía muchas ganas de verte.
Si no fuera por tí, no estaría vivo y hablando contigo ahora mismo. Gracias, Jessy. No sé que haría sin tí - al acabar le dí un beso en la cabeza.
Se tranquilizó y un silencio inundó la habitación. Ví como cerraba los ojos y más tarde los volvía a entre abrir.

- ¿Eres feliz con Érica?- soltó mirándome a los ojos.

- ¿A qué viene eso?- pregunté separándome un poco.

- Solo preguntaba. Después de lo que pasó... Sabes...dejémoslo - dijo bajando la cabeza.

- Si, la quiero. Y a pesar de lo que pasó, la seguiré queriendo.

- Me alegro - dijo finjiendo una falsa sonrisa - por cierto, Miriam está de tu parte.

- ¿A si?

- No le habla a Henry. Está cabreada con él.

- ¿Y tú lo estás? - pregunté acariciándole la mejilla.

- Ese chico...nunca ,me cayó bien y después de esto aún... menos.
Si quieres a una persona y esa persona no te quiere es mejor dejar que sea feliz. ¿No crees?

- Ahora enserio. ¿De quién estas enamorada?

- ¿Yo?

- Si, Jessy. Lo estás y no sabes cuanto se te nota.
Cuéntame. ¿Quién es?

-Es uno.

- Venga, ¿no tienes compasión por un chico enfermo?

- Me da que no - sonrió - es un chivo que me hace ser otra persona y que influyó mucho en mi vida desde que nos conocimos. Pronto lo sabrás.

- Jessy.

- No, no te lo voy a decir - me dijo sonriendo.

Cogí un recipiente y ante un impulso vomite.
Al observarlo un segundo, ví que había sangre. Lo que hizo que Jessy se preocupara aún más.

Me dió palmaditas en la espalda.

- ¿Estás bien?

- Si.

- Espera un segundo, voy a... voy a avisar a la enfermera.
Estás muy pálido.

Apoyó su mano en mi frente.

- Y además tienes fiebre.
¿Puedes esperar aquí un segundo?

Asentí y observé como salía del cuarto casi corriendo. Se puso muy nerviosa, se notaba solo con ver sus manos temblando al ponerme la mano en la frente.
Cerré los ojos y pensé en cosas bonitas...me estaba muriendo, lo notaba.











Narra Jessy:







Fui corriendo por el pasillo cuando al fin, encontré a una enfermera. Estaba firmando unos documentos.


- Hols, perdone. Necesito ayuda. En la habitación número 7 se encuentra un chico que no se encuentra bien y yo como amiga suya que soy pues me preocupa. ¿ Podría ayudarle?

- ¿ Qué eres un familiar del chico?

- Soy su... mejor amiga.

- Vamos, no hay tiempo que perder.


Seguí a la enfermera y recorrimos juntas el pasillo de la planta de la UCI.
Llegamos a la habitación donde se encontraba Coque.

- ¿ Es aquí?

Asentí y entramos.
Ella se acercó a él.


- Buenas, ¿cómo se llama? - dijo mientras cogía el historial del paciente.

Ví como Coque intentaba aguantar las ganas de vomitar.
La enfermera cojió un recipiente que se encontraba debajo de la cama y se lo colocó debajo de la barbilla.

- Me llamo Coque.

- Tranquilo Coque, te pondrás bien. 
Veo que tenía reservadas para hoy unos escáners y otras pruebas.

Se acercó a mi.

- Lo siento pero usted tiene que salir de la habitación.

- Claro, ¿ me informará?

- Si, por supuesto.

Me acerqué a Coque y le dí un beso en la frente y cuando iba a irme, me cogió de la mano.





- No olvides que te quiero muchísimo, Jessy.

- No digas eso, esto no es final, Coque.

Me soltó la mano y yo salí de la habitación y empecé a dar vueltas por la sala de espera.

- ¡Mierda!- grité dándole una patada a una máquina de agua.

Miriam estaba sentada en la otra punta y nada más verme, se acercó a mí y me dió un abrazo.

- ¿Qué tal está Coque?

- Me dejaron verlo.

- ¿Y por qué no me avisaste? - me preguntó medio sorprendida.

- Porque me dijo la doctora que solo podría verle unos minutos y luego le harían las pruebas- en realidad quería hablar a solas con él pero no podía decirle eso, una que me daba corte y otra que se enfadaría

- Ah, vale.

- Pero tranquila, se pondrá bien. Ahora le harán las pruebas.

No quería contarle que en el ultimo momento se puso mal por no decir fatal. Yo nunca miento pero era lo mejor que podría hacer en estos momentos.

- ¿Qué tal? ¿ Dormiste?

- Si...

- Sentemos y hablemos- le dije intentando aguantar las ganas de no contarle lo que le ocurría a Coque.¿ Tendría que decírselo, ¿verdad?

- Si.

No sentamos y charlamos de un número infinito de cosas ya que la doctora tardaría en avisarnos.












Narra Coque:






La enfermera no sabía que hacer así que llamó a la doctora para que la viniera a ayudar pidiendo Código Azul.
Sabía que ese botón... es para las personas críticas.

No me acuerdo de nada más, solo de perder el conocimimiento.











Narra Miriam:



Hoy al estar muy liada y angustiada, no pude ir a ver a mi hermano al hospital. Tardaban mucho y me dí cuenta de que se me hacía tarde. Jessy y yo decidimos que mañana por la mañana lo veríamos. Necesitaba ver a Derek y hablar con él.. Pedí un taxi, que me llevó a donde él se encontraba.

Me aventuré hacia el establecimiento de coches. Note, como mis tacones Loures hacían un suave ruído al tocar el suelo. Eso me intimidaba y a la vez, me tranquilizaba.

Seguí avanzando hasta que llegue a la puerta principal.


-Hola, señorita. ¿Puedo ayudarla?- dijo un chico dándome un susto.

Parecía joven de ojos oscuros y rubio. Con una enorme sonrisa, el chico de 21 años se acercó a mí.
Me peiné el pelo en respuesta a su saludo y le sonreí.






- Busco el despacho del Señorito Karev.

- Disculpeme un momento- respondió mirando la tablet donde tenía apuntado el horario- a las 18:00 tuvo una cita de negocios con el señor Sulivan y ahora se encuentra en el despacho con los papeleos.

- Hola, buenos días, vengo a recoger un Nissan A4- reclamó una chica desde el otro lado del mostrador.

- Disculpe, espere un segundo y ahora la atiendo- me respondió. Yo me quedé observando el lugar ya que se me hacia extraño encontrarme allí.
El chico se volvió hacia mi.

- Sígame- me dijo.

Recorrí los pasillos del establecimiento me enseñó donde se encontraba el despacho de Derek .

- Gracias emm...- le respondí mientras me miraba de arriba a abajo.

- Justin, Justin Hartley encantado. ¿Y usted como se llama?

- Miriam, Miriam Fernández, señor Hartley y igualmente.

- ¿Así que viene a ver al señor Karev?

- Si, señor. Vengo a proponerle una negociación sobre la compra de un coche.

- Me alegro de haberla conocido, señorita Fernández. Valla, le estoy haciendo perder el tiempo, mejor me voy. Lo siento.

- Que va. Es usted de lo más encantador señor Hartley.

- Muchisimas gracias. Usted también lo es señotita Fernández. Espero verla a menudo por aquí.

- Lo hará, no se preocupe.

 Me cogió la mano y la besó. Pude sentir sus labios recorriéndome todo el cuerpo sintiendo un escalofrío, le miré a los ojos y él se incorporó.






Luego, se marchó riéndose y se volvió a girar para mirarme, yo le sonreí.
Se vuelve a girar y justo hago que se detenga en la esquina.

- ¡Señor Hartley!- le reclamó.

 Se vuelve a girar.

- ¿Si?

- Gracias- dije sonrojandome.

- Un honor- me hizó una reverencia- señorita Fernández.

Lo perdí de vista y me dí la vuelta en dirección a la puerta del despacho de Derek.
La verdad es que la iluminación era estupenda y el color blanco del pasillo iluminaba por la radiante sonrisa del señor Hartley. Muy amable de verdad.



Llame a la puerta:

-Entre- respondió una voz del interior.

Abrí la puerta del despacho número 7 y me apoyé como una stripper en el marco de la puerta.





- ¿Intentas impresionarme?- preguntó Derek con picardía y levantando el entrecejo.

- Señorito Karev- dije acercándome a su mesa y apoyándome en ella dejando mi escote al aire.






Derek no pudo evitar morderse el labio mientras contemplaba aquella buenas vistas.

- Vengo a buscarte para irnos a casa, bueno a su casa- dije con una voz bastante sensual.

- Cielo- le toqué la punta de la nariz y él se ruborizó. Derek, el temible Derek, ruborizandose. Sonreí.

- ¡¡SHHTT!!!- susurré poniéndole un dedo entre los labios- nadie puede enterarse de nuestra relación secreta Señorito Karev.

- ¿Relación secreta?- preguntó confundido.

- Nuestro noviazgo en horas de trabajo- me levanté y cerré la puerta con pestillo.
Lo miré con ganas y con ganas me refiero a ganas sexuales.

Fui otra vez a su lado y me senté en su regazo mientras él me miraba con esos ojos de enamorado perdido que me encantaban.
Me acomodé en su regazo dejando a la vista mi ombligo.
Una falda corta no era la mejor opción.
Me mordí el cordón de la sudadera de una manera bastante sexual como para hacer que Derek me mirara frunciendo la ceja derecha.

- Eres...tan...

- ¿Sexy? ¿Erótica? ¿Linda?- dije atrapándolo y al mismo tiempo rodeándole la cintura con mis piernas.

- Iba a decir...manipuladora.- dijo sonriendo al mismo tiempo que me rodeaba el cuello con sus brazos.

- Soy única y lo sabes cielo - dije abalanzándome sobre él.

- Déjame comprobar lo buena que eres haciendo lo que mejor sabes hacer - dijo rozando su mano contra mi culo al mismo tiempo que me elevaba la falda.

- Karay, señorito Karev, ¿ Atiende a si a todas sus clientas? - dije mordiéndome el labio.

- No, solo a las que me regalan una noche sexual y se ponen mis camisas para dormir.

- Señorito Karev, ¿que le parece si me enseña este coche?

- ¿Señorita, que le parece si le enseño algo mejor? - anunció mientras se me echaba encima del cuello como un vampiro hambriento, yo solo podía reírme.

-Le limpiaré la mesa con mi culo- dije tirando los papeles al suelo y sentándome en la mesa, acercándome a él.

- Señorita, le enseñare el mejor auto de la casa- cogí el boli que tenía en sus manos con la boca y luego lo tiré hacia la puerta.

- Valla, valla.

- Señorito Karev, ¿que le parece si le enseño una de mis mejores cualidades?- dije mientras me ponía encima de él que se encontraba encima de la silla.

- Ohh si. Porque no, muñeca- dijo mientras se mordía el labio superior en un gesto indeseablemente sexy.

Me quité la sudadera y la tiré hacia la pared, está cayó al suelo haciendo que Derek se excitase de una de las mejores formas.

- ¿Sabes? Eres la única clienta que me pone a 1000.

- Soy muy...sexy- dije mordiéndole la oreja y haciendo que un escalofrío recorriese su cuerpo.

Él, bajó sus manos a mi cintura y según lo iba besando por el cuello y boca.
Derek iba bajando cada vez más sus manos hasta centrarse en mi trasero.
Me lo rozó suavemente con sus cálidas caricias que me provocaban bastante.

- Muy mal nena, eso no se hace- me regañó mientras hacia suaves movimientos encima de él y de su miembro - voy a tener que hacer que te mantengas quieta.

- Te pone bastante.

- Me pone palote- sonreí y le quité la camisa al mismo tiempo que besaba sus abdominales.
Él se inclino hacia atrás y luego me subió la falda lentamente al mismo tiempo que me besaba.

A pesar de ser las 9 de la noche y de estar el establecimiento casi vació, se respiraba un aire cálido que recorría mi cuerpo.

Luego de quitarme la falda, Derek se levantó y me acorraló entre él y la pared mientras jugaba con la goma de mi tanga.

- Quítamela de una vez- repetía varias veces entre profundos gemidos de satisfacción.

El sexo con Derek era el paraíso.Si, el mismo.
Cada vez que nuestras lenguas jugueteaban, que nuestros cuerpos sudados por el esfuerzo se rozaban, cuando accidentalmente rozabamos nuestras partes mas íntimas, cuando nos provocabamos el uno al otro y sobre todo cuando me introducía su miembro dentro de mi cuerpo...este proceso era mágico y disfrutaba mucho haciéndolo, pero con el paso del tiempo me dí cuenta de que solo podía ser tan maravilloso el sexo, con él.
¿Por qué? Bueno, porque entre nosotros dos había química que era lo que realmente nos unía. El amor que sentíamos el uno con el otro y el placer que compartíamos a la hora de hacerlo.

Derek, me quitó la ropa interior dejándome completamente desnuda mientras yo conteplaba su increíble cuerpo.

Se había quitado los pantalones y reconozco que estaba muy provocativo.

Hizo unos suaves movimientos que me acorralaban aún más entre él y la pared.

 - Joder, pero si aún tienes los boxers puestos.

- Si- afirmó sonrojado.

- Pues te puedo sentir rozando mi anatomía sexual.

- Jajajaj. Estas ansiosa.

- Uff, no sabes cuanto- lo cojí desprevenido y lo empujé contra la silla, besé cada parte de su cuerpo excitándolo.

-¿Lista?- preguntó mirándome fijamente con una ternura impresionante. Me dió ganas de comérmelo a besos.

- Claro que sí- le dí un beso y él prosiguió.





- Relajate, estás muy tensa - dijo con una voz muy sexy rozándome la piel.

- ¿Yo?¿Tensa?- reaccioné extrañada.

- Ehh, ¿por qué estás nerviosa? No es la primera vez- me preguntó acariciándome el brazo.

- No lo estoy.

- Debes tranquilizarte si no, no podré...o sea que no llegarás al climax. Perdón, llegaremos.

- Estoy tranquila.

- Te doy unos minutos si eso y te tranquilizas.

- No hace falta.

- Hazme caso, señorita.

- Jajajaj, idiota...

Pasaron 10 minutos y entre risas y algún beso, logré tranquilizarme.

-¿Lista?- volvió a preguntar.

- Si.

- Jajajaj.

Me agarré a su espalda mientras él se introducía dentro de mí, varias veces.

Valla, en pocos segundos, llegué al orgasmo.

- ¿Paro?- preguntó mientras las gotas de sudor le caían de su rostro.

- ¡No! Ohh, debes seguir, ohh... o me matarás- me besó y casi sin respiración besé sus mejillas sonrojadas mientras seguía dentro de mí.


Me cogió por la cintura y me pusó encima de la mesa.

- Joder, que fría está.

- Jajajjaj, mejor- seguía acariciándome la espalda y dándome suaves besos en mi pecho.
Yo me incliné hacia atrás dejándole hacer su trabajo.

Besaba cada rincón de mi cuerpo hasta que se paró en mi cintura.
Mejor dicho,yo le paré en mi cintura.


- Jajja te voy a enseñar algo  - dije volviéndole a besar mientras colocaba una de mis  manos en su abdomen- está es la marca de un antes y un después contigo- dije mirándole fijamente.

- Joder, que bonito ajjajja- me volvió a besar.

- Te propongo un juego- levantó el ceño y me miró.

-Mmm... ¿Cuál?

-¿Tienes un rotulador?

Estiró su brazo y cogió un rotulador permanente del cajón.
Me lo dió y me besó el hombro mientras me acariciaba la espalda.




- Lo que haremos será escribir cada uno en el cuerpo del otro lo que más le guste de esa persona.

- Permanente ¿ehh?

- Si- le sonreí y me mordí el labio mientras él me abrazaba fuertemente.






- Empiezo yo, acurrúcate.

Me apoyé en su regazo. Él estaba sentado en la mesa.

-Cierra los ojos. Sin miedo.

- Tengo miedo de lo que vallas a hacerme.

- Jajjajjaj, escribir en tu cuerpo- dijo cogiéndome de la cintura y mirandome fijamente.

Cerré los ojos en señal de respuesta. Él me colocó una venda azul en los ojos.





- Esto no se hace- dije sonriendo.

- Para darle emoción- solo podía escuchar su voz- Voy a empezar.Espero que no tengas cosquillas.

Empezó rozando sus dedos por mi barriga y luego fue subiendo hasta mi pecho.

- ¡¡Eso es acoso!!

- ¿Em?

Me apoyó en la mesa y luego él, suavemente, se abrió paso entre mis piernas y sentó encima de mis partes.

Notaba la cálida punta del rotulador rozando el costado derecho de mi barriga, moría de ganas por verlo.

-Listo.

Me saqué la venda y me pusé a su altura.

- ¿Estás cómodo ahí sentado?

- No sabes cuanto- le dí un leve empujón y él se quitó de encima mía.

Miré lo que ponía, " I LOVE FOR LIFE" y un corazón dibujado.





Le dí un beso y me abalancé sobre él.

- Me toca.

Se apoyó en la mesa  y puso su manos a la altura de su cabeza como si estuviera tumbado en la toalla de la playa.

- Te faltan las gafas de sol.

- Tengo la venda- dijo giñándome el ojo.

-¿Y el rotulador?- pregunté sonriéndole y poniéndome encima suya.

- Aquí- miré para él y justamente lo tenía en la boca.
Me acerqué a él y al mismo tiempo que me apoyaba en su pecho, le besé quitándole el rotulador de su boca.





- Malota- respondió colocándose bien la venda de los ojos.






Me acerqué a él e hice un brusco movimiento encima de él como señal de que iba a comenzar, Derek se mordió el labio lentamente, apoyó sus manos en mi trasero haciendo que me cayera encima de él.
Me besó, acariciándome la espalda y yo me aparté de él tocándole las mejillas.

- No se vale tocar- dije riéndome.

-Mmm...

Solté una risita casi invisible y proseguí a escribirle algo en su cuerpo.

Me lo pensé y luego al rozar el rotulador con cuerpo se estremeció gimiendo.

- Fiera- le grité- ya está.

Dió un chimpo y se quitó la venda.

Miró la inscripción.

"QUÍMICA ES LO QUE HAY ENTRE NOSOTROS Y LO DEMÁS SON TONTERÍAS".

-Bastante largo, lo sé.

Se acercó a mí y me rozó la mejilla.

-Te quiero, eres única.

Me sonrojé y no pude evitar soltar unas lágrimas de felicidad.

- ¡Eiii! No me llores que me derrito- me cogió del mentón con la mano derecha y con la izquierda me acarició la mejilla- no me bajes la cabeza.

Me secó las mejillas con cautela y luego le besé.

- Ven aquí que te como a besos.

- Te amo- me susurro al oído con una sonrisa de oreja a oreja.

Se abalanzó sobre mí y se metió dentro de mi.

Creo que los gemidos se podrían escuchar detrás de la puerta.

-Derek- susurré sin respiración.

- Calla y disfruta- dijo entre gemidos.

- Puto amo, como pares te rajo.

Sonrió.

-Oye, Miriam - dijo sin parar.

- Dime - dije inclinándome hacia atrás y apoyando mis manos en el escritorio. Él me tenía rodeada la cintura con sus brazos.

- ¿Quieres...salir conmigo?

 Hizo un suave movimiento que me hizo soltar un chillido descomunal.

Se escuchó una voz desde fuera.

- ¿Va todo bien por ahí jefe?- era la voz de Justin.

- Emm...si.

- Necesito hablar con usted.

- Esperese un minuto que ahora salgo.

- Vale, le espero en recepción- se sintieron los pasos de Justin alejándose.

Derek se separó un poco de mí y apoyó su mano en mi hombro.

- ¿Estás bien?

- Si- dije casi sin poder hablar.

El dolor me consumía por dentro, no pude evitar soltar unas lágrimas que cayeron por mi mejilla. Era un dolor insoportable.

Me recordaba a aquella noche con Jimmie Bolter en la que perdí mi más preciada virginidad.
Aquel momento en el que sentí un dolor tremendo como el que ahora mismo estaba sintiendo.

- Dios, lo siento. ¿Te hice daño?-preguntó preocupado y arrepentido.

- Me...me duele pero se me pasará. Vete vistiendo.

-¿Seguro?

Asentí y el cojió su ropa vistiéndose a toda prisa y peinando su pelo color azabache muy fuerte.

Se acercó a mí.

Yo me pusé la parte de arriba de mi ropa.

- Oh, dios. Estás...¿sangrando?

Miré y sí, definitivamente estaba sangrando. Puta vida.

- Joder.

- Te duele y mucho. Déjame ayudarte.

- No pasa nada. Tengo...tengo una compresa en el bolso. Ya después en casa si eso pues...no sé.

Me miró apenado y me ayudó con la ropa.
Me cogió de la mano y salimos los dos del despacho.

Él me acopaño hasta su coche cogiéndome de la mano, salimos por la parte de atrás para no levantar sospechas.

- Espera un momento aquí, cerraré todo y nos iremos a casa.
¿Vale?

- Si, claro.

Me dió un beso en la mejilla y me quedé sola en el coche... el dolor cada vez era más profundo. No lo aguantaba.











Narra Derek:




Me sentía fatal por lo de Miriam, era todo por mi culpa.

Fui al vestíbulo y después de cerrar todo con llave, Justin se dirigió a mí.

- Oye, la clienta, Miriam. Hablé un rato con ella y...parece muy amable y super guapísima. Será más o menos de mi edad. ¿Crees que tendría posibilidades con ella?- ese tío me empezaba a tocar un poco los huevos.

Le sonreí.

- No sé. Lo más seguro es que te rechace. Supongo que tendrá novio y eso.

- Gracias por los ánimos. Yo me lanzó haber que pasa- me sonrió y se fue.

- Pasa, que te rechaza - dije cabreado.

Yo cerré la puerta principal, la que me quedaba y entré en el coche.

- ¿Qué tal?- dije tocándole la pierna.

- Mejor.

- Vamonos a casa.

El camino a casa la verdad es que fue un poco incómodo.

Nos aventuramos en el edificio donde nos encontramos con Jerry que nos saludo guiñándole un ojo a Miriam, ella sonrió en señal de respuesta.
Jerry estaba en la entrada pasando la fregona por última vez.

Entramos en mi cuarto y le preparé algo de cenar, bueno cena para los dos.

Después, de una fuerte tensión el la mesa, ella se fue al baño y al salir yo estaba en la puerta esperándola.

Ella sonrio y me dió un beso en la mejilla.

- ¿Qué tal estas? ¿ Has cesado de sangrar?- pregunté interesándome por ella y su salud.

- Mucho mejor, me he tomado algo para el dolor y ya no sangro así que sí, estoy bien, cielo- dijo mirándome fijamente.

- Lo siento muchisimo, Miriam- dije abrazándola y ella se acurrucó en mi pecho- no sé como pudo pasar.






- A juzgar por lo que ha ocurrido, yo creo que fue por culpa del condón que me rasgo.
No sé.

- Pudo ser. Mañana si quieres te acompaño al ginecólo. 

- Veré como voy esta noche y si eso pues pido una cita de urgencia.

- Claro. Venga, vamos a dormir.

Entramos en mi cuarto, después de que ella saliera del baño y de tener la conversacion anterior pues...se puso el pijama.

Yo igual, me acurruqué en la cama.

- Buenas noches, te quiero - me dijo mientras me daba un dulce beso con lengua yo se lo continué y luego le volví a pedir perdón por lo sucedido.

- Estoy bien, cielo. Vamos, a dormir. Buenas noches.

- Buenas noches. Descansa.

Me abracé a Miriam y ella se acurrucó en mi pecho.

Apagé las luces y todo se volvió negro...



Miriam se despertó por la noche dando un chimpo y levantándose alterada a toda velocidad.
Me levanté a su vez y le acaricié la espalda con suavidad para que se relajara mientras le dedicaba una de mis mejores miradas. Siempre le relajaba que le frotasen la espalda.

-¿Qué pasa? ¿Te encuentras bien?

- ¿Has escuchado eso?-  espero a que termine la frase pero no lo hace.

- ¿Qué has escuchado?- pregunté preocupado.

- ¡¡¡Dios!!!

- ¿Qué tendría que haber escuchado?

- Ese ruído. Era la voz de una mujer que susurraba: "El miedo te acorrala, solo intenta comprenderlo".

- No he oído nada, anda, sigue durmiendo. Seguro que fue una pesadilla. Aquí no hay nadie, Miriam.

Se acostó y miró hacia el techo.
Le cogí la mano y mientras le peinaba el pelo con la otra mano, suavemente. Me quedé dormido en su pecho.






Antes de dormirme pude ver en una de las paredes de la habitacion la sombra del número 7 .
Me pareció extraño.





                                      


     




"Está es la marca de un antes y un después contigo..."


domingo, 18 de enero de 2015

CAPÍTULO 18: AFRÓNTALO




DÍA: 6 DE AGOSTO









Narra Jessy:

La preocupación me carcomía por dentro.
Coque estaba grave en el hospital y yo estaba inquieta en la sala de espera.
Lo quería tanto, que lloraba por él. Sólo quería decirle que le quiero y que no podía vivir sin él pero algo en mi subsconciente me decía que no podía.
Le mandé un WhatsApp a Pris, la necesitaba en ese momento:
[06/08/2010 18:01] Jessy: Pris, ¿puedes venir al hospital de la calle Rosalinda? Es muy urgente. Gracias
PD: Estoy en la sala de espera. Ven te necesito y te cuento lo que ha pasado.
Aguardé su respuesta con impaciencia.
[06/08/2010 18:09] Pris: Claro, llego en 15 minutos, espérame.




Narra Miriam:


Me fui a la sala con Henry. Intente que me contara la causa de su disputa con Coque mientras comprobaba su estado:
-  Siéntate en el sofá - le ordené.
Hizo caso a mis indicaciones.
- Estoy bien, el que debe de estar mal es Coque - bajó la mirada frotándose el brazo con dolor.
- ¿Bien? Deberías de estar arrepentido, avergonzado. Pero es que... como se te ocurre... - ladeé la cabeza sin creérmelo y empecé a cabrearme.
Una rabia recorría mi cuerpo, no sabía quien había empezado la pelea pero si sabía quien la remató.
-  ¿Por qué os peleásteis? - bajé la mirada con tono ensordecedor.
- Estaba enfadado.
- ¿Enfadado? Todo el mundo se enfada a veces por cosas insignificantes pero si conversáis el conflicto se soluciona y no ocurrirían estas cosas - fruncí el ceño. No podía ni mirarle a la cara.
Cogí un poco de algodón y alcohol.
- Tienes un corte en el labio y... y una sucesión de moratones sobre todo por la cara - mencioné abriendo con rabia el recipiente de alcohol.


No le miré ya que me encontraba rotundamente cabreada con él por el hecho de que le pegara a Coque.
Todo el rencor que le tenía a mi hermano por lo de Derek se esfumó.
- Te dije que estaba bien - sé que me volteó los ojos.
- Bueno pues... no sé como tendrás el pecho, el abdomen y esas cosas. Pero la cara la tienes bien - mencioné salpicándole con el alcohol. Él cerro los ojos al momento y volvió a abrirlos con la misma expresión anterior.
Se quitó la camiseta mientras yo volvía a cerrar el bote de alcohol.
- No tengo nada - mencionó mostrando su abdomen.
- Vuelve a ponerte la camiseta - le ordené aún enfadada y sin mirarle nuevamente.
- ¿Estás cabreada conmigo?
- Que va - solté irónicamente.
En aquel momento me dí cuenta, todo el golpe se lo había llevado mi hermano, tenía unas ganas de dejar a Henry ahí colgado con la palabra en la boca. No era tan irrespetuosa como para atreverme a hacerlo porque si no, ya lo hubiera hecho.
- Tuviste mucha suerte de que mi hermano no te hubiera partido la cara - rompí el envoltorio de la venda con mis dientes.
- ¿Coque? Que me va a hacer que no... - rió arqueando la ceja.
- Mi hermano casi no te hizo daño, en cambio, Coque está muy mal. ¿No crees que es injusto? - alcé ambas cejas con rabia acumulada e interrumpiéndola.
- Reconozco que fui yo quien empezó la pelea - bajó la mirada avergonzándose al fin de lo que hizo.
Le coloqué la venda en el labio.
- ¡Auch! Cuidado - me advirtió simulando una mueca de extremo dolor - Haber, sé que es tu hermano y que me odias por haberle partido la cara pero cuando te lo explique lo entenderás.
- Haber, dime - le dije bordemente guardando los utensilios que usé para curarle. Crucé mis brazos y me senté sobre mis rodillas.
- Hace cuatro días, antes del concierto, fui a verme con Érica a la plaza. Estaba muy guapa y le conté lo que sentía por ella.
Érica me rechazó - se encogió de hombros haciéndose el inocente.
- Y...¿qué tiene que ver mi hermano en todo esto? - pestañeé.
- Ella me dijo que no porque estaba saliendo con Coque.
Entonces yo me lo pensé y decidí venir a hablar seriamente con tu hermano pero se me fue de las manos.
Quería hablar con él tranquilamente pero pensar que me lo habían ocultado... Así que, nada más verlo salir por la puerta, la rabia me recorrió por dentro y comenzó la pelea - me informó. Yo fruncí los labios dirigiéndole la mirada sin abrir la boca - Lo siento, Miriam - se disculpó al ver que no reaccionaba.
- Coque está en el hospital... - mencioné mirando al suelo mientras una lágrima rozaba mi mejilla.


- ¿Cómo?
- Torció el tobillo y tenía varias heridas. A lo mejor le encuentran algo más no sé - bajé la mirada rápidamente. No soportaba que la gente me viera sollozar.
- No llores. Lo siento - acarició mi brazo y yo ante un impulso, me separé rápidamente sin ni siquiera mirarle.
- No me toques, no me hables, no... - rompí a llorar sin poder terminar la frase.




- Miriam, tranquilízate. Te juro que no sabía nada de que se encontraba en el hospital.
- Pues ahora ya lo sabes - me sequé las lágrimas con mi brazo izquierdo.
Me levanté del sofá y me dirigí a la cocina.
Una vez allí, Henry me cogió del brazo e hizo que le mirara. Maldición, me había seguido.
- Miriam, siento lo ocurrido pero por favor. Yo te lo expliqué te dije que estaba enamorado de ella y que haría todo lo posible para que se enamorara de mi.
- ¿Todo lo posible? - me limpié las lágrimas de nuevo chillando - A mi no me tienes que pedir perdón sino a Coque. Mi hermano no tiene la culpa, él está enamorado y eso no se puede evitar. Le has pegado y si le ocurre algo eso caerá siempre en tu conciencia - le advertí ladeando la cabeza.
- ¿Qué quieres? ¿Qué deje pasar todo esto? - me soltó elevando el tono de voz.
- Se quieren y no puedes separarlos - intenté hacerle reaccionar.
Seguí llorando cada vez más y él me rodeo con su brazo por la espalda.
- No ¿vale? no.
Di un paso atrás y alcé ambas manos como sobreprotegiéndome - Estaba contigo en esto pero ya no.
Es mi hermano y me importa mucho más.
- Iré a verle al hospital - buscó mi mirada preocupado.
- Después de pegarle, ¿no? Haz lo que quieras pero yo como si no existiese - le miré por última vez y rocé su brazo al pasar por su lado.
Salí de mi casa dando un portazo e intenté calmarme. Seguí sollozando sin poder evitarlo.
Quería ir a ver a Coque pero no tenía coche y los taxistas hoy no trabajaban.
Pensé que tal vez una persona me podría ayudar y quien mejor que él para ayudar a una dama en apuros.
Le llamé.
- Hola, te necesito - me aparté de mi casa y caminé decida por la carretera.



- ¿Estás llorando? - mencionó él.
- No - ladeé la cabeza aspirando con fuerza y frotándome la nariz.



- Si que lo estás.
¿Qué te pasa enana? - se preocupó por mi desde la otra línea.
- Ven y te lo cuento - jugueteé con el cordón de mis zapatillas mientras desviaba la mirada.
- ¿Estás en casa?
-Si, por favor, ven te necesito - hice pucheros.
- Voy ahora mismo - afirmó con rapidez.
- Gracias - mencioné un poco ñoña.



Narra Derek:

Rápidamente, al recibir la llamada de Miriam, cerré el establecimiento - ya que era hora de cerrar - y cogí mi auto.
Fui a casa de Miriam, la encontré fuera esperándome.
Nada más verme vino directamente a donde mi y me abrazó.


- Menos mal que has venido - me susurró al oído mientras entrelazaba sus manos alrededor de mi nuca. Suspiró aliviada.
- ¿Qué ocurre?
¿Por que lloras? - pregunté cuando se apartó y me miro fijamente con ojos llorosos.


- Aquí no, puedes llevarme al hospital y te lo cuento - suplicó agarrándome del brazo.
- Vale, sube - le señalé mi auto.
- Gracias - besó mi mejilla y se sentó en el asiento del copiloto.
Terminó de secarse las lágrimas que rozaban su mejilla derecha y me miró. Yo me empecé a poner nervioso antes sus miradas pero me daba corte decirle algo.
- Emm... y... ¿ por qué vamos al hospital? - me senté a su lado y arranqué el vehículo.
- Cuando lleguemos te lo cuento - suspiró observando por la ventanilla del auto.
- Tanto secretismo me preocupa, no es propio de ti - dije sin apartar los ojos de la carretera.
- ¿Y qué es propio en mi?
- Poner esa dulce sonrisa que me derrite el corazón acompañada de esos ojos acaramelados que me miran detenidamente. Quiero decir... ERES FUERTE, ERES MUY FUERTE - ladeé la cabeza nervioso.
- Aja - me miró de ojo estudiando mi reacción.
- Por fin llegamos.
Aparqué el auto justo en frente del hospital.
- Parece que si.
- Cuéntame ahora lo que te pasa - puse ambas manos sobre el volante, me recosté en el asiento y giré la cabeza para mirarla.
- Vale. Pues... resulta que uno de mis amigos y mi hermano tuvieron una fuerte pelea porque resulta que mi amigo está enamorado de la novia de mi hermano. Terriblemente, Coque, salió fuertemente perjudicado de la pelea teniendo que ir de urgencia al hospital.
No sé si es o no es grave porque llevo dos horas intentando contactar con mi amiga Jessy que fue quien lo llevó al hospital para que me diga solo si está bien - hizo gestos con las manos mientras me lo explicaba.
- Y...¿tú como te encuentras? - le acaricié el brazo recapacitando sobre lo que me acababa de decir.
- Me siento no sé... enfadada con Henry porque se siente satisfecho de haberle partido la cara a mi hermano y ¿sabes qué? , es mi hermano y... y... NO QUIERO QUE LE HAGAN DAÑO POR NADA DEL MUNDO - mencionó marcando las últimas palabras.
- Todo se solucionará ya verás.
Ven aquí, anda.
La abracé con fuerza y ella seguía llorando en mis brazos.
- Tranquila - busqué su mirada y le acaricié el cabello.
Me separé un poco y le sequé las lágrimas de su rostro.
- Quiero ver una sonrisa en esa carita tan dulce - mencioné admirando su rostro mientras colocaba ambas manos sobre sus hombros.
- ¿Por qué eres tan bueno conmigo?
- Porque me caes bien - incliné la cabeza haciendo una mueca con los labios.
- Gracias por todo Derek, eres un buen chico - acercó su mano derecha a mi rostro y me acarició.
- Una cosa más - puse mi mano sobre la suya entrelazando nuestros dedos.
- Dime - volvió a limpiarse las lágrimas.
- ¿Por qué me llamaste a mi para que te trajera al hospital?
- Porque confío en ti - me miró fijamente con ojos vidriosos.
Sonreí. Esas palabras fueron la luz que iluminaba mi mañana. Era impresionante lo que esta chica provocaba en mi.
- Mmm... - dije apretando los labios, divertido.
Ella sonrió tímidamente tapándome la boca con la mano derecha. Reí mordiéndole la mano con suavidad.
Ella la apartó y se colocó sobre mi, de frente. Le miré fijamente adivinando sus intenciones.

Bajé ambas manos hacia su trasero y se lo acaricié hábilmente.
Ella se mordió el labio y bajó la mirada hacia mis manos. Moví ambas piernas haciéndole dar pequeños saltitos. Ella sonrió como una niña pequeña. Paré y le acaricié la mejilla mientras la miraba directamente a los labios. Ella inclinó la cabeza hacia mi mano. Acerqué mi rostro al suyo intentando juntar nuestros labios hundiéndonos en un mismo beso.
El sonido de un pitido infernal procedente del auto nos interrumpió.
- Maldición - mascullé mientras ella
se sobresaltaba apartándose del volante y abrazándome con fuerza.
Se apoyó a mis hombros y me miró desde otro ángulo.
- Tengo que irme. Te llamaré, te lo prometo - me besó la mejilla y abrió la puerta del auto. Salió y se inclinó para mirarme.
- Te vengo a ver a las diez de la noche si sigues aquí claro - le avisé buscándola con la mirada.
- Vale, adiós - sonrió y cerró la puerta del auto.
Hice un pequeño gesto con la mano despidiéndome de ella.
Me quedé un rato pensativo en el coche.
¿Qué querría decir Miriam con lo de confío en ti?
¿IBA CON INDIRECTAS?


Narra Coque:

Me desperté lentamente, abrí los ojos y me encontré en una habitación de hospital. Miré al mi alrededor. Tonos blancos y grisáceos rodeaban el lugar, solo había una cama de hospital en el medio del cuarto, montones de aparatos médicos se encontraban junto a mi. Podía oler sin ninguna dificultad el olor característico de la sangre, si, el hierro. Era el lugar más espantoso que había conocido jamás.
Me toqué la cabeza, me dí cuenta de que me dolía.
Me habían curado y puesto puntos. Escuché como los médicos hablaban entre ellos en el pasillo. Me arropé con las mantas, temeroso.
Yo los podía escuchar gracias que la puerta de mi habitación se encontraba literalmente entreabierta.
- Las heridas no me preocupan pero habrá que hacerle más pruebas - dijo una voz masculina.
- Y el tobillo... ¿se lo escayolo? Se ha hecho un esguince en el - exclamó la doctora.
- Si, mejor, pero procura que no le cambie de color sino habrá que quitarle la escayola - susurró el doctor - Antes de todo, informa a sus familiares y no les preocupes demasiado.
- Claro doctor, no se preocupe - asintió marchándose.
Al escuchar eso no me sentía mejor sino aún peor.
Un mareo después del fuerte dolor de cabeza se apoderó de mi hasta que finalmente perdí el conocimiento...





Narra Jessy:


Estaba sentada en la sala de espera, muy preocupada y secándome las lágrimas de los ojos.
Tenía miedo, mucho miedo y sentía un dolor intenso en mi pecho.
Pensé que como le pasara algo a Coque, mataría a Henry.
Me levanté y empecé a recorrer la sala de espera cruzada de brazos, en esos momentos necesitaba una tila para poder relajarme.
Minutos después, vi a Miriam entrar, vino corriendo hacia mí:
- ¡Jessy! - me abrazó con fuerza.
- ¡Miriam! - exclamé siguiéndole el abrazo.
- Dime, ¿Cómo está Coque? - se separó agarrándome de las manos.
Me lo dijo bastante preocupada y no sabía como responderle.
- Verás... siéntate - bajé la mirada cambiando mi expresión.
Nos sentamos y justo en ese instante se me cayó una lágrima que rozó mi mejilla izquierda.


- ¿Qué te pasa?
- Nada, estoy bien - limpié la lágrima con rapidez.
- ¿Cómo está? - volvió a preguntarme.
- A Coque le fueron a poner puntos y resulta que no fue una simple fractura en el tobillo porque tenía muchos mas síntomas graves al par con aquel.
- ¿No ha salido alguien ha dar más información? - me miró fijamente.
- Hace más de dos horas que entró en esa habitación - se la señalé - y nadie ha venido a informar.
- ¿Y no puede recibir visitas? - insistió.
- No sé nada más, Miriam - me encogí de hombros observándola fijamente.
Terminamos la conversación cuando entró Pris y vino directamente hacia nosotras abrazándonos.


- Chicas, ¿Qué tal esta Coque? - pronunció cuando volvimos a sentarnos.
- Le están examinando pero ya lleva un buen rato en la habitación - le informé.
- No sabemos nada más de él - Miriam ladeó la cabeza.
- ¿Qué tal esta Henry? - se interesó.
- Esta genial, contento y sólo tiene un corte en el labio y unos cuantos moratones.
Me dió ganas de hacerle otro moratón pero en la cara - le contestó Miriam con una especie de odio en sus palabras.
- ¿Sabes porque se pelearon? - siguió Pris interrogándonos.
- Si, al final me lo contó.
- Yo creo que lo sé, Coque me contó su versión hace tiempo - les interrumpí.
- ¿Te lo contó a ti y a mí no? - dijo Miriam mostrándose ofendida.
- Oye, que tú tampoco le contaste lo de Derek y a mi si que me lo contaste - me defendí irguiéndome.
- ¿Quién es Derek? - mencionó Pris abriendo los ojos.
- Nadie. No incluyas a Derek en esto - me miro enfurecida.
- De... - comencé a pronunciar cuando fui interrumpida por Miriam.
- Cálla...te - refunfuñó entre dientes mirándome de reojo.
- Bueno, y ¿qué paso? - nos interrumpió Pris.
- Que Coque está saliendo con Érica, eso es lo que pasa - respondí con obviedad.
- Y Henry está enamorado de Érica y al enterarse que ellos dos salían, se enfado, y así es como comenzó todo o por lo menos así me lo contó Henry - terminó Miriam de aclararnos.
- ¿¿¿¡¡¡HENRY ESTÁ ENAMORADO DE ÉRICA!!!??? - dijimos las dos a la vez. ¡Qué coordinación!
- ¡¡SHH!!! No gritéis, no quiero que se enteren mis vecinos - dijo Miriam con un tono divertido - Y tú, Jessy, sabías que Coque salía con Érica. ¿No sabías que Henry estaba colado por ella?
- No.
- Cuantas cosas me estáis ocultando.
Cuéntame lo de Derek - se dirigió a Miriam.
- No - afirmó con decisión.
- Me lo estáis ocultando soys malas - Pris se cruzó de brazos haciendo pucheros.
Volteé los ojos y decidí contárselo.
- Derek es el coronado gillipollas con el que Miriam quedó para que le rebajara el coche pero resulta que esa cena no acabó ahí y esa misma noche ella fue a su casa.
Miriam dice que no le atrae para nada y que ese día estaba colocada, nada más pero yo creo que se está enamorando de él - asentí entrecerramdo los ojos.
- Eso es mentira - me hizo burla poniendo los ojos en blanco - Derek es un buen amigo... NADA MÁS.
-  ¿Ves como se pica?
Eso es que le gusta - reí con obviedad.
- ¿Derek robar corazón Miriam? - Pris arqueó una ceja divertida.
-  ¡¡¡NOO!!! - se sonrojó.
- ¡Se sonroja, se sonroja! - repetimos Pris y yo a la vez con voz burlona.
Sentí como si alguien me tocase el brazo. Me volteé aún sonriendo.
- Cotilleos fuera, por favor. Aquí hay pacientes y vuestros jueguecitos les molestan - susurró la enfermera a las tres - Hay que estar en completo silencio.
- OK. No se preocupe, no volverá a ocurrir - Miriam nos lanzó una mirada asesina.
Pris y yo asentimos con la cabeza.
La enfermera se fue enfurruñada. Yo reí a carcajadas sobre el asiento.
Seguimos hablando hasta que salió de la habitación de Coque una doctora.
- ¿La familia del Señor Fernández? - se dirigió al centro de la sala.
- Aquí - Miriam se irguió elevando la mano.
- ¿Soys sus familiares? - volvió a mencionar.
- Si, soy su hermana y ellas unas amigas - señalo Miriam de nuevo.
- Al Señor Fernández le hemos curado las heridas más profundas y le escayolaremos el tobillo, finalmente le haremos unas pruebas - la doctora sujetó fuertemente los historiales.
- ¿ Podemos verlo? - me atreví a preguntar.
- Primero tendré que escayolarle. Lo siento son las reglas del hospital pero os avisaré cuando podréis verlo - sonrió ofreciéndonos confianza.
- Gracias Doctora - asintió Miriam acomodándose la falda. Pude ver un chupetón cerca de su ingle. Me aguanté la risa como pude y observé a la doctora con precisión.
La doctora asintió y se fue. Seguimos hablando un rato más, un buen rato.
- Miriam, deberías de llamar a tus padres y contarles todo lo que ha pasado - dijo Pris, la más madura. 
- Tienes razón pero no les mencionaré nada de las peleas. Primero esperaré, haber que dice Coque - asintió Miriam.
- Mirad, ya es muy tarde, la Doctora se ha retrasado bastante en venir a avisarnos.
Miré el reloj, eran casi las diez de la noche.
- Yo me tengo que ir, es que mis padres han organizado una cena familiar y si llego tarde...pobre de mí - susurró Pris jugueteando con sus dedos.
-Miriam, tú también. Vete a casa y ya os llamaré a las dos cuando Coque pueda recibir visitas - les mencioné a ambas - Descansa que después de este día tan duro... te hace falta - me dirigí a Miriam.
- Mejor vete tú. Yo me quedo, tú has estado todo el día y necesitas descansar más que yo.
- No. Mentira. Venga, yo me quedo a dormir aquí. Estaré mas segura y tranquila.
- Jessy tiene razón. Mejor es que te vallas a casa a descansar - asintió Pris dándome la razón.
- ¿Nos avisarás no? - preguntó Miriam.
- Claro, no te preocupes 
- Gracias chicas, adiós - sonrió levántandose. Ambas le abrazamos y nos despedimos de ella. Finalmente, abandonó el lugar.
Nos abrazó y se fue. Pris se quedó diez minutos más para hacerme compañía, si fuera por ella se quedaba toda la noche conmigo pero una, que yo no le dejaba y dos, tenía la cena familiar.
- No te preocupes, se pondrá bien - se levantó y me dió un achuchón para tranquilizarme.
- Eso espero - le miré fijamente y se fue por el mismo lugar que Miriam.







Narra Coque:


Me desperté. Pensé que lo que había visto y oído antes era un sueño pero me dí cuenta de que no, de que era cierto.
Una Doctora me estaba escayolando el tobillo. Lo sabía por la conversación que escuché entre ella y el Doctor.
- Veo que ya se ha despertado, Señor Fernández - me saludó observando la vía clavada a mi brazo izquierdo- ¿Qué tal se encuentra? - se recompuso y abrazó con fuerza los historiales de los pacientes.
- Mareado.
- Mañana le haremos unas pruebas así que hoy, se quedará ingresado en el hospital - me explicó revisando por última vez mis constantes.
-¿ Y mi hermana?
- Está en la sala de espera preocupada por usted - sonrió tiernamente.
- ¿ Puedo recibir visitas? - seguí preguntando.
- Mañana podrá recibirlas. Ahora lo mejor que puede hacer es descansar.
Hoy por la noche, una enfermera de guardia se quedará con usted vigilando su estado y sus constantes. Tengo que irme, buenas noches - se inclinó y se volteó abriendo la puerta de la habitación.
- Que descanse - me despedí antes de que desapareciese de mi vista.
Me quedé sólo en la fría y aburrida habitación de hospital. Me paré a pensar en todo lo ocurrido y lo que aún quedaba por ocurrir.










Narra Miriam:

Al final, decidí irme a casa.
Salí del hospital y bajé las escaleras principales cuando de repente aparece Derek apoyado en su coche de brazos cruzados y mirándome fijamente.


Pensé," Mierda". Me había olvidado de él por completo. Sonreí forzosamente y suspiré hondo.
Me acerqué a él.
- Vaya, que puntual... - me acerqué aún más.
- Por supuesto, señorita. Sería incapaz de incumplir mi palabra - se inclinó agarrándome de la mano. La besó con ternura. Yo le seguí el juego haciéndole una reverencia. Empecé a sentirme como una verdadera princesa. Él sonrió y se acomodó apoyando su barbilla sobre ambas manos en la puerta del conductor del auto.
- Me voy a casa. No quería pero Jessy me obligó - volteé los ojos.
- Creo que Jessy tiene razón, necesitas dormir - asintió volviendo a acercarse a mi.
-No.
- ¿Qué tal Coque? - se preocupó.
- Pues aún no hemos podido verlo pero la Doctora nos dijo que le habían puesto puntos y estaban a punto de escayolarle, luego, le harían unas pruebas - le informé frunciendo los labios.
- Entonces va bien.
- Eso espero - suspiré alzando la mirada a sus indomables ojos.
- Seguro que dentro de nada ya saldrá del hospital. No te preocupes.
- Si. Bueno, ¿ me llevas a casa? - arqueé una ceja y le agarré de la mano haciendo pucheros.
- Si, claro. Y... ¿ quién te espera en casa si tu hermano y tu amiga están en el hospital? - bajó la mirada a nuestras manos entrelazadas.
- Nadie. Estaré sola - comencé a juguetear con el anillo de su dedo pulgar sin dirigirle la mirada.
- Pues eso no está bien. Te propongo algo - se frotó la nariz muy sutílmente y chocó nuestras manos.
Incliné la cabeza arqueando ambas cejas. Una sonrisa se iluminó en su rostro.
-Mmm... ¿el qué? - seguí jugueteando con sus dedos. 
- Una chica no puede estar sóla durante toda la noche. Porque... ¿no...te vienes a mi casa...? - dijo con una mirada muy sensual ,al mismo tiempo que se mordía el labio inferior y esperaba nervioso mi respuesta. Yo dejé un rastro de silencio. Quería ponerle una excusa tradicional para cambiar de tema pero... ¿cómo huír de sus ojos penetrantes?
- Una pregunta. ¿Para qué quieres que me quede en tu casa? - solté sus manos y le miré extrañada poniendo morritos.
- No sé... podríamos dormir juntos esta noche - frunció los labios sin cambiar su expresión y espero una posible reacción por mi parte.
Me quedé en shock. ¿Enserio me estaba proponiendo lo que acababa de escuchar?
- ¿Lo dices enserio? - abrí la boca 
-¿Sabes qué? Da igual olvídalo. Yo te lo decía porque... como esta mañana estabas débil y triste lo mejor no es quedarte sola en casa. Necesitas todo el apoyo del mundo en este momento - bajó la mirada haciendo pucheros.
Se dirigía hacia el otro lado del coche para conducir cuando yo le cogí del brazo, él me miró extrañado abriendo la boca para decirme algo pero al momento, la volvió a cerrar sin decir nada.
 Tienes razón. Una chica no puede estar sola de noche, necesita a alguien con quien estar segura y protegida - asentí embozando una sonrisa al mismo tiempo que me sonrojaba.
-¿Eso es un sí?
- ¿A ti qué te parece? - puse ambas manos detrás de mi espalda y ladeé mis caderas a ambos lados.
- Pues vámonos - dijo acariciando mi pelo mientras yo le miraba con una sonrisa de oreja a oreja.
Subimos al coche y nos acomodamos. Derek encendió el auto y yo la radio, en ese instante, sonaba "Stay". Mediante un impulso de adrenalina me puse a cantar mientras Derek comenzaba a recorrer la ciudad.
- I blame it on her lips, blame it on her face.
I know you were nervous when you let me in.
I promise that your heart will be better with me
And girl we both know that we ain't going nowhere - cerré los ojos ladeando la cabeza a ambos lados.
Derek sonrió y cantó bajito a continuación de mi.
- Cuz I would go a thousand miles a day
Even if the sun don't shine my way.
And I'd keep pushing through so I can say
"There ain't nobody perfect,
But baby you're perfect for me."
-  So stay ay stay ay (need you to stay with me) 
And I would walk a thousand miles to say:
"That I want you, want you;
I need you, need you to stay with me."
So stay ay stay ay (Need you to stay with me)
So stay ay stay ay (Baby you're perfect for me)
So stay ay stay ay (Need you to stay ) - cantamos a la vez terminando así la canción.
Nada más terminar, bajé el volumen de la radio y comencé a reírme.
- ¿Te la sabes? - le miré fijamente sin esconder una grata sorpresa en mi rostro.
- Es de tanto que la echan en la radio y de oírla siempre pues... se me quedó en la cabeza - me explicó sin apartar la vista de la carretera.
- Cantas muy bien - asentí sin apartar la mirada de él.
- Nunca se lo conté a nadie pero yo a los 13 años tenía una banda llamada "Granders Teys" tocábamos muy bien.
- ¿Enserio? Y.. .¿ por qué no sigues en la banda? - le miré curiosa.
- Triunfábamos, en todos los lugares de los alrededores hasta que un día un gran amigo y componente del grupo le hayaron cáncer de pulmón.
Fuimos dejando la banda poco a poco porque le acompañábamos a todas las consultas de hospital.
Eramos una banda estábamos juntos hasta la muerte.
Al cabo de tres meses, dimos nuestro último concierto y días después, él murió.
Desde ese día, nunca quise saber más de la música ni de mi guitarra. Prometimos entre todos no contárselo nunca a nadie - me miró un par de segundos y volvió a posar la vista en la carretera.
- Lo siento mucho, Derek. Ha debido de ser muy grave para ti la muerte de un gran amigo.
- No pasa nada. Lo he superado - sonrió forzosamente.
- ¿ Has pensado en volver a ejercer en la banda? ¿Volver a juntaros todos y continuar vuestra gira?
- Nunca, no quiero saber nada más de la banda. Decidimos separarnos en la honra de nuestro amigo fallecido.
- ¿ Qué edad tenías cuando abandonasteis? - me giré hacia él para escucharle mejor.
- 19 años.
- Lo siento mucho- fruncí el ceño recapacitando en sus palabras.
- No es nada, tranquila - acarició mi muslo sin apartar la vista del parabrisas.
- A veces piensas que... tienes un gran sueño pero siempre hay otra cosa que se interpone y que te impide cumplirlo. Por eso, no debes rendirte y si eso es realmente lo que te gusta no debes parar hasta conseguirlo porque la vida es corta y tienes que aprovecharla al máximo. Es verdad que hay momentos malos pero debes pasar de ellos y superarlos pero también hay momentos buenos que son las bonitos y los mas pequeños - dije más para mi misma que para él.
Derek sonrió ante mi comentario y me dirigió la mirada por tercera vez.
- Eres...preciosa.
- Gracias - puse pose de diva y comencé a reírme.
- Soy muy feliz a tu lado - rió volviendo a apoyar ambas manos sobre el volante.
Acaricié su brazo derecho con cariño apoyándome en su hombro como respuesta a su comentario.
- Bueno, es aquí.
Aparcó el coche y luego nos dirigimos a la entrada principal del edificio número 65 de la Carrer de Berlín
Ya había estado en aquel lugar pero no me había fijado mucho en los pequeños detalles.
Me quedé observando un cuadro de la entrada principal, era una pintura de Picasso bastante expresiva, me sonaba bastante pero no recordaba su nombre.
- Eeh, que te pierdes - se acercó a mi tomándome del brazo.
- Ohh, perdón me... da igual.
- Bonito cuadro - rió acercándoseme. Me agarró de la mano y la zarandeó de delante a atrás - Es la Guernica de 1937 - asintió observándolo.

Le miré sorprendida. ¿Acaso sabía las obras de Picasso?




Comenzó a caminar por el vestíbulo. Yo me dejé llevar aún agarrándole de la mano.
Subimos por el ascensor. Este, se paró en la planta número 6, las puertas se abrieron. Me sentí muy intimidada ante su presencia en estos momentos. Me acariciaba la mano con ternura.




- ¡¡¡AWWWWWW!!! - grité cuando las puertas se abrieron por completo y nos disponíamos a salir.
Ante el susto, retiré mi mano de la de Derek.
- Perdone señorita. Soy el conserje - se presentó el hombre que me acababa de matar de un susto -Siento haberla asustado. ¿Es nueva por aquí?
- Es una amiga - murmuró Derek abandonando el ascensor.
- Encantado de conocerla. Yo soy Jerry el conserje del edificio - me sonrió complaciente extendiendo su mano.
- Miriam - me presenté agarrando su mano. Él la zarandeó de arriba a abajo. Un escalofrío invadió mi cuerpo y la retiré rápidamente. Jerry me observó extrañado cambiando totalmente su expresión por una de preocupación - La verdad es que con la escoba me... asustaste - mencioné con voz ronca.
- Y aún encima sin luz - rió nervioso - Los focos se fundieron. Iba a arreglarlos.
- Bien - reí incómoda.
Me continuó la risa.
- Espero verla a menudo por aquí - frunció los labios divertido.
- Igualmente, Jerry - asentí continuando nuestra caminata hasta su habitación.
Jerry parecía un señor muy bueno. Simpático y buena persona. Llevaba un uniforme de trabajo y unas botas color crema. No evite fijarme en su gorro verde que le cubría la cabeza. Tenía como una especie de Z dibujada en la parte posterior. Yo le echaba unos 40 años más o menos.
Finalmente, llegamos a nuestro destino.
Abrió la puerta y los dos entramos.
Miré a todos lados. Recordaba algunas partes del lugar.
- Veo que esto no ha cambiado mucho desde la última vez - volví a contemplar el lugar.
- Sigue todo ordenado.
- Es un bonito edificio - asentí con una muestra de diversión - Y los vecinos parecen amables - insinué aunque me cruzase con ninguno.
- Elegí bien - rió acercándose al perchero.
Derek se acercó a mi por detrás y me quitó la chaqueta.




- La colgaré en el perchero - susurró a mi oído.
- Muchas gracias - sonreí nerviosa ante su tacto.
- Tú como en tu casa - posó la chaqueta en el perchero.
- Ya lo sé - asentí cuando se volteaba hacia a mi.
- Que graciosa. ¿Quieres cenar? - se colocó enfrente de mi.
- Ahora que lo mencionas... tengo hambre - me rasqué la barbilla.
- Anda vamos a la cocina.
Accedió a la cocina. Le seguí.
Me sirvió una copa de vino y cogió un enorme tazón de fideos que tenían una pinta estupenda.
- Hoy por la tarde, me puse a hacer fideos acompañados con una exquisita salsa de barbacoa, es muy suave.
- Se me cae la baba - los observé sentándome a la mesa.
- Toma - me sonrió ofreciéndome un plato.
Comimos y luego nos fuimos a la sala. Llevamos dos copas y una botella de vino. Nos sentamos en el sofá y nos pusimos a hablar.



- Vaya ya son las doce de la madrugada, como pasa el tiempo - me sonrió radiante.
-  Si, oye, cuando nos encontramos con el conserje... - bajé la mirada pensando como continuar.
- Si - asintió extrañado apoyándose en el respaldo del sofá.
- ¿Por que le dijiste que era una amiga? ¿Eso es lo que soy para ti? - alcé la mirada encontrándome con su mirada penetrante.
- No  o sea... - me miró acariciándome la mejilla. Me agarró de la barbilla para que le mirase. Me perdí en sus ojos y puse una mano sobre la suya - No sé lo que somos. Amigos, pareja, desconocidos, compañeros... Lo único que se es que no eres una simple amiga, eres mucho más que eso.
Me apoyé en su pecho y levanté mi mirada.

- Cuando fue la cena en mi casa. Mi hermano te preguntó si tenías novia y tú le respondiste que no y me miraste fijamente... - interrumpí el silencio.
- Oye, eso fue una tontería...
-¿Me ... quieres? - tartamudeé sonrojándome mientras le agarraba del brazo.
- Pues claro que si - dijo achuchándome entre sus brazos y besando mi mejilla.
-Yo...también te quiero.
Los dos sonreímos a la vez.
Se acercó a mí. Me agarró de la nuca y miró mis labios acercándose cada vez más. Me levanté del sofá y lo dejé medio cortado. No sé porque lo dije. Llevé mis manos a mis labios y me los acaricié pensativa dándole la espalda a Derek.





- Es tarde y... tengo sueño - me volteé mirándolo.
- Claro. ¿Tienes pijama? - se levantó del sofá.
- ¿Me ves pinta de tener un pijama - alcé ambas mano y golpeé a ambos lados de mi cadera.
- Ok, te prestaré una camiseta mía - me observó de reojo.
- Gracias, ¿bueno y donde voy a dormir? - cambié de conversación con rápidez.
- Puedes...dormir conmigo. Es que sólo hay una habitación y... no vas a dormir en el sofá - murmuró mordiéndose el labio inferior y mirando a través de sus pestañas.
¿Y no podía conformarse con dormir el en el sofá? Vaya por dios.
- ¿Contigo? - tragué saliva.
- ¿No te parece bien?
- No sé...  - miré el techo abrazándome a mi misma, pensativa - Está bien - refunfuñé jugando con mis zapatos.
- Te buscaré una camiseta larga que te tape el trasero
- Tonto - me senté en el sofá de nuevo.
Se sonrojó. Aguardé a que volviese. Al cabo de unos minutos, me trajo la camiseta y nos fuimos a la habitación.
- Es un poco corta - dije extendiéndola.
- Mejor - me guiñó un ojo pervertidamente.
- Claro, claro - le miré desafiante.
- Tengo también una camisa, es más larga...
- Pues... prefiero la camisa - caminé hasta la cama y comencé a quitarme los tacones.
- Tómala - me la extendió y la cogí.
Le miré fijamente y me levanté de la cama.
- ¿Y el baño? - pregunté extendiendo la camisa.
- ¿ Te vas a cambiar en el baño? - preguntó arqueando una ceja.
- Si - dije secamente.
- Miriam, no hay nada que no haya visto ya - rió bajo escondiendo su rostro.
- Puto pervertido - mencioné fulminándole con la mirada.
- Lo sé - entrecerró los ojos.
- Vale, me cambio aquí. Ya que insistes... - suspiré agotada.
Derek se puso una camiseta y en la parte de abajo se puso unos shorts blancos. Reí observándolo. Su torso era divinamente perfecto y se me saltaban los ojos apreciándolo.
- Normalmente siempre duermo en ropa interior pero como tengo una invitada... - me observó de reojo.
- Por mi puedes dormir como te dé la gana. Como si duermes en pelotas, me importa una mierda - susurré ladeando la cabeza.
Se mordió el labio inferior muy provocativamente y se volteó para mirarme fijamente.
- Está bien - se limitó a responderme.
¡¡¡Pues si está bien, duerme desnudo conmigo!!! - dijo la voz de mi subconsciente- .
- ¿Vas a dormir en pijama? - me recosté sobre la cama panza abajo y elevé mis pies jugueteando con ellos.
- Si. ¿Acaso importa?
- ¿A mi? Para nada - agité la cabeza y apoyé mis codos sobre las colchas para sujetar mi barbilla con ambos puños. Mis pies seguían jugueteando entre ellos.
Pasó un rato y luego decidí cambiarme ya que Derek se mensajeaba con alguien.
- Me voy a cambiar - dije elevando mi tono de voz.
Asintió sin apartar la vista del aparato y frunciendo los labios.
Sonreí y viendo que estaba distraído, me quité la blusa. Al elevar la mirada, Derek me contemplaba fijamente con ojos saltones.
- Date la vuelta y no mires - chillé tirándole un cojín al rostro.
- Joder, me perderé lo mejor - se mordió el labio y se volteó sin dejar de mirarme de reojo.
- ¡Que no mires! - volví a gritar.
- Vale, vale - levantó ambas manos como sobreprotegiéndose.
Me desabroché el sujetador dejándolo sobre la cama.
-Derek. ¿Me pasas la camisa? - susurré bajándome la falda.
Se giró para tendérmela y me miró de arriba a abajo arqueando una ceja. Me abracé a mi misma acariciando mis antebrazos. Cogí la camiseta y le pegué una bofetada a Derek en el rostro.
- Puta, ¿qué mosca te ha picado? - murmuró entrecerrando los ojos y reprimiendo el dolor mientras se frotaba la parte dolorida.
- Un abejorro de los grandes - volteé los ojos - Te he dicho que no me mirases - coloqué ambas manos sobre mis caderas.
- ¿Y? Los ojos están para mirar y las manos para tocar - arqueó una ceja divertido y siguió contemplándome inclinando la cabeza.
Extendí su camisa y me la puse por los hombros.
- Ahora ya puedes mirarme todo lo que desees - volví a elevar la voz mientras cruzaba los brazos a su defensiva.
Ladeó la cabeza cerrando los ojos.
- Los botones están para algo - me guiño un ojo y extendió su mano derecha para abrochármelos.
Le dejé paso asintiendo con la cabeza y bajé la mirada a sus dedos.
Él comenzó a abrocharme la camisa frunciendo el ceño. Mi respiración se volvió más agitada mientras le miraba a los ojos y continuaba su recorrido hasta mi pecho. Rozó su mano accidentalmente con uno de mis senos. Solté un pequeño gemido inclinando mi cabeza hacia atrás. Él sonrió y entrelazó mis manos con las suyas sin abrocharme todos los botones. Silvó dando un paso atrás para contemplarme.
- Mira que bien te queda - asintió.
- Transparenta bastante - me quejé bajando la mirada sonrojada.
- ¿Qué te esperabas de una camisa blanca?
- Que fuera de una buena tela - puse los ojos en blanco y me acerqué un poquito más a él.
- Vámonos a dormir - se escabulló cambiando de tema.
- Si - me metí en la cama escondiéndome entre las mantas.
- Estás tan sexy con esa camisa - me susurró al oído apoyando su mano derecha a mi lado.
Me volteé mirándole fijamente y tiré de su brazo para que se acostara a mi lado.
- Siempre lo estoy - susurré en tono muy bajo.
- Lo que tú digas - me devolvió el susurro a pocos centímetros de mi rostro.
- Señor Karev, ¿me está dando la razón? - sonreí cogiéndole de la barbilla y mirando fijamente sus labios
- En parte si, en parte no - acortó la distancia enrollando sus manos a mi cuello.


Rocé sus labios temerosos y le di un corto beso pero a él no le bastó y volvió a besarme con lengua. Bajé mis manos a sus antebrazos y cerré los ojos disfrutando del sabor de sus besos. Era imposible resistirse a él.
Me sonrojé y posé ambas manos sobre su pecho para separarlo de mi. Abrí los ojos y él se apartó dejándome respirar.

- Casi me ahogas - reí cogiendo una gran cantidad de aire.
- Perdona - sonrió mordiéndose el labio - Sabes tan bien... - se relambió los labios.
- Fue tu salsa de barbacoa - le guiñé un ojo divertida.
- Tienes razón.
Dijo con una voz sensual y cariñosa. Él me desabrochó el primer botón de la camiseta lentamente con sus suaves dedos que rozaban mi pecho provocándome escalofríos. Luego, me desabrochó otro pero aún más suavemente. Mi respiración se volvió más agitada y observé sus dedos moverse con destreza.



- Duerme Derek - susurré mirándole a los ojos.
Él sonrió mordiéndose el labio y se recostó de nuevo mientras yo me giraba dándole la espalda.
- Eres muy testaruda.
- Lo sé. Me gusta salirme con la mía - sonreí de lado sabiendo que no podía verme.



- Buenas noches, gordilla - se despidió.
- Buenas noches, salido - le seguí acomodándome sobre la almohada.
Me da un beso en la mejilla y así sin más, la sonrisa de idiota volvió a iluminar mi rostro. Apagó las luces y dentro de poco tiempo se quedó dormido.





















DÍA: 7 DE AGOSTO











Narra Jessy:


Toda la noche durmiendo en la sala de espera para nada, bueno... para que la Doctora no me dejara ver a Coque. Genial Jessica, genial.
Me fui a la cafetería del hospital a comprar algo de comida. Me estaba muriendo de hambre y mis tripas gruñían.





Narra Pris:


Hoy me tocaba doble jornada de trabajo así que me levanté un poco antes y llamé a Miriam para saber si tenía información sobre el estado de Coque.






Narra Miriam:


Estaba tranquilamente durmiendo cuando el estridente ruído del móvil me despertó.
- Dime que es el tuyo - le susurré a Derek sin ni siquiera abrir los ojos.
- ¿Sí? - anunció perezosamente Derek a la otra línea.
- Hola, soy Pris. Miriam estás... un poco ronca...
Abrí los ojos de cuajo. ¿Es qué Derek lo cogió sabiendo que era mi teléfono? Mierda, Pris.
- No soy Miriam - rió - Se la paso ahora.
Se puso sobre mis costillas y me ofreció el móvil.
- Es una tal... - empezó a explicarme.
- Lo sé - dije de mala forma interrumpiéndole. Cogí el móvil entre mis manos y me di la vuelta acostándome de frente.
Se apoyó sobre su codo derecho mirándome fijamente y jugueteando con mi cabello.
- Perdona que te llame a estas horas es muy pronto pero... ¿te ha llamado Jessy por lo de Coque? - me preguntó.
- No, aún no. Ya nos avisarán cuando llegue el momento - miré a Derek de reojo que continuaba jugueteando con mi cabello mientras rozaba mi pecho muy sensualmente.
- Ok. Te veo después es que me tengo que ir a trabajar.
- Claro, que te vaya bien - me despedí.
- Ya me contarás... - sonó muy desafiante.
- Si, ya te contaré - ladeé la cabeza y colgué. Dejé mi móvil en la mesita de al lado de mi cama.
- Pris me ha despertado - hice una mueca girándome para mirarle.
- Me confundió contigo. No sabía que fuera tan femenino - anunció alzando ambas cejas divertido.
- Calla y acércate - reí bajo haciéndole señales con los dedos.
- ¿Por? - me miró fijamente a los ojos con desconfianza.
- Tú hazlo.
Se acercó a mi temeroso sin saber como iba a reaccionar. Cuando estaba lo suficientemente cerca, me puse sobre él riendo y le agarré de los mofletes suavemente.
- Siempre me sorprendes - susurró riendo a mi vez.
- Quiero agradecerte que me dejaras quedarme a dormir en tu casa - moví las caderas inconscientemente mientras él rozaba mi trasero con las palmas de sus manos.
- Suena bien - arqueó una ceja acercándose a mi para besarme. Le hice la cobra provocativamente y besé su mejilla.
- Aquí la que mandó soy yo - le susurré al oído moviéndome ligeramente hacia delante.
Le agarré de las muñecas volviendo a recostarlo sobre la cama al mismo tiempo que lo inmovilizaba.
- Está bien. Haber que sabes hacer - sonrió mordiéndose el labio.
Entrelacé mis manos con las suyas poniéndolas a la altura de mi cintura y rocé mis labios con los suyos hundiéndome en un profundo beso.
Él me siguió el beso entrecerrando los ojos sin soltarme de las manos.
Deslicé mis manos por su torso hasta llegar a los bajos de su camiseta y empecé a subírsela por los brazos. Él se separó de mi boca y alzó ambos brazos ayudándome.
- Me gusta su forma de ser la que manda - susurró alzando una ceja.
- Cierra el pico - reí frente sus labios mientras bajaba mis manos por su cintura. Lo empujé fuertemente recostándolo de nuevo en la cama.
Me senté sobre sus partes pasando mis manos por su abdomen y lamiendo cada parte de su torso.
Él me agarró de la barbilla y volvió a besarme. Cuando abrí los ojos me encontré bajo su cuerpo siguiendo cada uno de sus movimientos con especial atención.
Rozó su erección contra mi ingle. Solté un pequeño gemido lamiéndome los labios.
- Creo que voy a dejarte con las ganas - rió bajo dándome un pico.
- Estás de coña - afirmé suspirando entre gemidos.
Me desgarró los tres primeros botones de la camisa. Recorrió cada centímetro de mi pecho con sus dedos hábiles y sensuales. Luego, se apartó y se elevó recogiendo su camiseta del suelo.
- Tengo que irme a trabajar - susurró mirándome mientras se ponía la camiseta.
- ¿A las ocho de la mañana? - me miró con ojos brillantes de deseo.
- Dentro de dos horas - rió ante mi reacción y se acomodó el cabello con prisa.
- Dos horas dan para mucho - se sentó sobre la cama con la postura de indio.
- De eso nada. No pienso hacerlo contigo - me acarició la mejilla poniéndose a mi altura.
- Nadie es capaz de resistirse a mis encantos - incliné mi cabeza para mirarle y acaricié su mejilla haciéndole pucheros.
- ¿Intentas confundirme? Ayer no querías y hoy me suplicas. Tengo la cabeza como un bombo - se irguió de nuevo y se dirigió a la puerta del cuarto.
- Derek. Solo es...
- Explícame, ¿qué coño quieres de mi? - alzó ambas manos encogiéndose de hombros - Vale, soy un puto jueguecito sexual para ti. Genial.
Abrió la puerta y se asomó a la salida. Me levanté rápidamente. Lo agarré del brazo y lo pegué a mi.
- Sé perfectamente lo que quiero. Te quiero a ti - entrelacé mis manos con las suyas.
- Pues demuéstramelo - exclamó mirándome fijamente a los ojos. Su reacción era de enfado. Me observó por última vez llendosé del lugar y cerrando la puerta.
Me quedé con una cara de atontada que hasta me dió vergüenza.
Me senté en la cama y comencé a pensar.
¿Me estaría enamorando de verdad de este chico?
Vale. Era encantador, simpático, amable, guapo y esa sonrisa se la comía a besos.
Joder, no tenía ni idea de que hacer. Mis sentimientos estaban revolucionados, como mis hormonas.
Mi móvil sonó.
Lo cogí. Eso me distrajo por un momento de mis pensamientos y preocupaciones.
- ¿Hola? ¿Quién es? - pregunté.
- Tu madre - afirmó seriamente.
Ladeé la cabeza. Ya había hablado con ellos. Ya aclaré todos los conflictos. Todo estaba olvidado. ¿O no? Suspire y volví a colocarme el auricular en el oído.
- ¿Qué?
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A veces, puedes esperar que te ocurra lo mejor. Entrar en la universidad, cumplir tu sueño, conocer a tus ídolos, tener una gran familia, conocer incluso a una de tus mejores amigas... pero en la vida también hay que aceptar las cosas malas como tener a tu hermano en el hospital y no saber de su estado, que te llame tu madre en un mal momento, que tu mejor amigo te haya traicionado o que ames a una persona y no te des cuenta.
Hay que disfrutar los buenos momentos y luchar contra los malos.
Porque todo tiene una solución no le tienes que buscar tres pies al gato. No puedes querer a una persona e intentar olvidarte de ella al día siguiente porque es imposible, siempre estará en tu corazón aunque la intentes eliminar.
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- ¿Qué?
- Ya sé que no te he llamado nunca. Siempre me has tenido que llamar tú...
- No me importa llamaros. Lo que si me importa es que siempre tenga que hacerlo yo. Cuando tú nos llamas es que ha pasado algo grave - volteé los ojos.
- Lo siento, pero yo y tu padre hemos estado muy liados, el trabajo de periodista es muy duro y no ha pasado nada grave. Tranquila - anunció amable. Más de lo normal.
- ¿Tienes idea de cuando volvéis? - le interrumpí cambiando de tema. Vinieron hace apenas un mes y medio pero tengo ganas de verles.
- Con tanto trabajo... volveremos aproximadamente sobre el 1 de septiembre.
- Oh bien - asentí con la mirada perdida.
- ¿Qué tal por ahí?
- Lo de siempre, hay algunas novedades pero bueno...
- Cuéntame.
Mi madre siempre tan... entrometida. Le gustaba mantenerse al día en todas las novedades.
- ¡¡¡Pues...he conocido a mi grupo favorito, he dado mi primer concierto y me voy a la uni!! - exclamé con un tono de emoción.
- ¡Dios, tu sueño hecho realidad! Me alegro mucho por ti, hija - sabía que desde la otra línea había embozado una sonrisa.
Me erguí de la cama y me tumbé sobre mi panza ladeando los pies de delante a atrás y apoyando mis codos en las mantas perfectamente alisadas. De este modo, mi barbilla se mantenía erguida y mirando hacia el frente.



- Bueno, me has contado novedades de tu vida profesional pero...¿ y tu vida personal? ¿Algo que tengas que contarme?
No pensaba contarle mi aventura erótica con Derek. Está bien. Me gustaba pero no sabía si lo suficiente para decirle un simple "Te quiero". Tenía que recapacitar y pensar con claridad en todo lo ocurrido.
- Bien, poco a cambiado - tragué saliva nerviosa.
- ¿Algún chico que te haya robado el corazón? - preguntó con un tono erótico.
Cuando iba a abrir la boca para responderle. La puerta del cuarto se abrió y Derek apareció cargando una bandeja con el desayuno. Tenía una pinta exquisita. Le hice una señal para que se diese cuenta de que estaba hablando por teléfono.
Él cerró la puerta y posó la bandeja sobre la mesita de noche. Luego me dió un azote en el trasero y se recostó a mi lado de la misma postura que yo.
- No, mamá - puse los ojos en blanco - Mi corazón sigue en su sitio. Bien guardadito dentro de su caja toráfica - miré de reojo a Derek.
- ¿Seguro? Y... ¿qué tal Coque?
Derek se entretenía comiendo una tortita rellena de miel.
- Le podríais haber llamado, la penúltima vez que os fuisteis no lo llamasteis en nueve meses y se cabreo con vosotros. Espero que esta última vez no volváis a hacerlo.
- Es que Coque nunca me cuenta nada es muy reservado.
Nunca me cuenta nada. En cambio, tú me lo cuentas todo.
- ¿Todo... todo? - se sorprendió Derek en alto. Me miró arqueando una ceja y dejó de masticar su tortita.
Aparté el celular del oído y le pegué en el brazo a Derek mirándolo divertida.
Él me dió un pico sonriente. Suspiré mordiéndome el labio y volviendo a colocar el móvil en mi oreja. Él podía escuchar nuestra conversación perfectamente. Me recosté panza arriba sobre la cama. Derek se acostó a mi lado hundiendo su nariz en mi cabello. Yo sonreí ante el cosquilleo que me provocaba.
- Eres una mentirosa, amor - me susurró Derek al oído contrario del celular. Sonrió radiante apoyándose en mi hombro izquierdo. Apoyé mi cabeza sobre su pecho y le miré desde arriba. Él acarició mi cabello con ternura. Me perdía en sus ojos negros brillantes.
- Bueno... pues tiene una pequeña pelea con Henry y no sé si se solucionara y no sé más aparte de que está acabando los estudios y pronto empezara a trabajar - le expliqué a la otra línea. Me había olvidado completamente de mi madre. Tartamudeé nerviosa y jugueteé con los dedos de la mano derecha de Derek que me apretaban la cintura con fuerza.
- Coque hasta es reservado contigo - respondió la otra línea.
- Papá también es así, viene de los genes - miré de nuevo a Derek sonriente.
- Bueno, pronto te tendré que dejar que estamos apunto de llegar a nuestro destino.
- ¿Está papá contigo? - pregunté inocentemente dejando en paz la mano de Derek.
- Si, pero roncando como un lobo feroz - dijo con tono burlante.
- Te iba a decir que me lo pasaras pero da igual.
- Hace tiempo que tu padre no duerme tan bien como hoy - intentó justificarle.
- Me alegro.Oye mami, una cosa.
- Dime.
- Es que tengo una amiga que me ha pedido consejo y no sé que decirle - me encogí de hombros.
- Suelta, ¿qué le pasa a tu amiga? - sonrió inexpresiva.
Miré de reojo a Derek que continuaba acariciando mi cabello con la mirada perdida. Bajé la mirada centrándola en un sitio concreto.
- Ella ha conocido a un chico amable, cariñoso, simpático y quedó con él. Poco a poco se está enamorando de él sin darse cuenta y no sabe que hacer para asegurarse de que es su verdadero amor. A parte de que ella nunca ha estado enamorada, enamorada como en este instante.
No sé que decirle - fruncí los labios sonrojándome. Derek seguramente había prestado atención a mis palabras.
- Dile que no piense con la cabeza, que piense con el corazón y él le dirá lo que realmente siente. Pero sobre todo que si está enamorada de él que no intente olvidarlo y le transmita lo que siente.
- Es un buen consejo, se lo diré. Gracias mami.
- Que tarde es ya, hija. Te tengo que dejar, seguiremos en contacto.
- Claro, suerte mami.
- Te quiero mucho.
Besos. Por cierto, dile a tu amiga que riegue las plantas o se marchitarán.
Reí bajo. Las madres siempre son tan... Jugueteé con mi lengua con la mirada aún perdida.
- No soy tonta. Si de verdad estás enamorada de ese chico, díselo y luego ya irás viendo.
- Tenemos muchas cosas de que hablar, mami.
- Lo sé - colgó. Dejé el móvil sobre la mesilla. Derek me agarró del brazo pegándome a él. Me agarré a sus antebrazos aún recostada sobre la cama y le rodeé la nuca con mis brazos. Él me acorraló entre sus dos brazos y mi su propio cuerpo.
- Así que soy cariñoso, simpático, amable... - susurró cerca de mis labios rozándome con su aliento.
- Cierra el pico - le besé con ternura encogiendo mis piernas bajo él. Derek se colocó entre ellas y continuó mi beso cerrando los ojos. Acarició mis muslos subiéndome la camisa con rapidez.
- Oye, tenía un discurso, un buen discurso preparado para decirte pero aún me lo estoy planteando... - se recostó a mi lado dejándome un buen calentón. Me mordí el labio y me giré para mirarle.
- ¿Qué quieres decirme? Por cierto, gracias por hacerme el desayuno tiene tan buena pinta como el chico que lo preparó - reí como una adolescente enamoradiza y besó mi mejilla.

- No es nada, me gusta cocinar - me miró fijamente observando cada uno de mis movimientos. Sonreí juntando nuestras narices.
- Prepárate para lo que voy a decirte porque... - me interrumpió cogiéndome de la barbilla.

-  Me asustas enserio - le agarré de las muñecas inmovilizándolo.
- Tranquila, no es nada malo.
Incline la cabeza y entrelacé mis manos con las suyas sin apartar la mirada de él. Derek, con su mano izquierda me rodeó por los hombros. Bajó la mirada mirando nuestras manos entrelazadas. Por fin, aclaró la voz para comenzar a hablar y me miró fijamente a los ojos.
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"Nunca he conocido a una chica como tú. Simpática, guapa, con una sonrisa de oreja a oreja y que me mirara de esa forma tan especial.
No se me da bien esto, soy principante en expresar mis sentimientos.
Lo único que sé es que te quiero y si ahora mismo te perdiera me moriría. No podría vivir sin ti, sin tus labios, sin tu bonita forma de hacerme cerrar el pico, sin el calor de tu piel, sin tu manera de provocarme, sin tu sentido del humor que me hace iluminar una sonrisa.
Quiero una vida contigo, no quiero doce horas ininterrumpidas contigo, quiero una vida entera a tu lado.
Quiero ayudarte en los malos momentos.
Quiero ser tu paño de lágrimas cuando estés triste.
Quiero sentir lo que tu sientes, saber lo que realmente estás pensando.
Necesito abrazarte y sentir que estás a mi lado porque si ahora mismo no estuvieras aquí, conmigo, cogiéndome de la mano y con lágrimas en los ojos por estas palabras que te estoy diciendo no sería Derek.
Eres y siempre serás una parte de mí que no podría separarse aunque quisiera porque estás en mi corazón por siempre y para siempre.
No quiero perderte.
Sé, que ahora no sabes lo que realmente sientes pero puedo esperar, es más esperaré a que estes lista para dar ese primer paso porque te quiero.
Y no sabes las ganas que tengo ahora mismo de abrazarte y no soltarte porque estás llorando y riendo a la vez y es encantador y triste a la vez."
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Cuando terminó le dí un increíble beso, lleno de amor que podría durar como unos cinco minutos pero no me importaba, porque ahora lo sabía, había tomado una decisión...




- Te quiero, Derek Karev.
Las lágrimas recorrían mis mejillas con rapidez. No eran lágrimas de tristeza sino todo lo contrario. La alegría rebosaba por mis venas. Cerré los ojos achuchándolo con fuerza mientras él me acariciaba la espalda asombrado ante mis últimas palabras.

























                                                                     TE 













       QUIERO....