sábado, 18 de julio de 2015

CAPÍTULO 25: ENCUENTRO SORPRESA




DÍA: 9 DE AGOSTO













Narra Derek:



- Oye, has usado protección, ¿no? - me preguntó Miriam. Al no escuchar mi respuesta, se irguió y me miró con cara de espanto - ¡¡¡Derek!!! - se levantó y comenzó a vestirse.

- Miriam - la agarré del brazo. Me miró fijamente mientras esperaba mis palabras - Miriam, dime que te tomas la píldora.

- No lo hago - se acabó de vestir - ¡Levanta! Tenemos que solucionar esto - me golpeó en el brazo.

Me levanté y repetí sus pasos.

- Creo que en el armario del baño queda una caja de píldoras del día después - mencioné mientras me dirigía al cuarto de baño.

- Te sigo - me siguió hasta llegar a la puerta del baño. Me dirigí hasta la pileta y abrí la puerta del armario que se encontraba encima de ella.

Visualicé la caja y la retiré al exterior.

- Sabía que quedaba una caja - sonreí y se la entregué - Toma, voy a por un vaso de agua.

- Gracias - se sonrojó.

Salí del baño y me dirigí a la cocina. Llené un vaso de agua y volví a mi sitio anterior. Miriam me esperaba mientras observaba la pastilla que contenía en sus manos.

- Aquí tienes - le entregué el vaso de agua. Ella lo cogió entre sus manos y después de unos minutos raccionó.

Absorbió la pastilla y el contenido del vaso.

- Listo - reí abrazándola por la cintura.

- Quiero hacerte una pregunta - susurró dándose la vuelta y cogiéndome de las manos.

- Suelta - la observé fijamente.

- ¿Por qué guardas una caja de anti-conceptivos en tu cuarto de baño? - arqueó una ceja.

- Ohh, se la olvidó Melanie - respondí.

- ¿Quién es Melanie? - frunció el ceño.

- Mi ex - susurré.
La miré, su cara en esos instantes parecía un cuadro. Expresaba temor.

- Háblame de ella - dijo volviendo a la habitación y sentándose en el borde de la cama.

La seguí y me senté a su lado. Ella apoyó la cabeza en mi hombro izquierdo.

- Melanie era preciosa, divertida, risueña, amable y generosa aunque era muy fría, celosa y no era capaz de mantener una relación seria. Yo realmente la quería pero ella buscaba otra cosa. Mantuvimos una relación abierta durante unos meses. Justamente, el mes pasado cortamos definitivamente - sonreí al recordar a Mel.

- Le querías... - bajó la mirada.

Le agarré la mano con fuerza y ella elevó la barbilla mirándome fijamente pero sin una muestra de sonrisa.

- Si pero ahora te quiero a ti - la abracé con cariño y ella se acurrucó en mi hombro. Finalmente, me di cuenta de que se había quedado dormida. La tomé entre mis brazos y la acosté en la cama. Le despojé la chaqueta y la arropé con las mantas.

La miré fijamente mientras le acariciaba las piernas. Realmente, Miriam cambió mucho de humor desde lo que le ocurrió a su hermano. Estaba más distante, más fría y la verdad, no era ella.
Deseaba que terminara todo esto para recuperarla de una santa vez. Verla sufrir me angustiaba. La miré fijamente con dulzura y sonreí. Observarla mientras descansaba me tranquilizaba. Sentí la sensación de que debía protegerla pasase lo que pasase.

Me levanté y cerré la puerta del cuarto. Me senté en mi despacho y rellené unos papeles que debía entregar del trabajo.







Narra Miriam:


Me desperté y comprobé la luz tierna del sol que iluminaba todo el cuarto principal gracias a los grandes ventanales que componían la habitación.

Bostecé y miré al mi alrededor. Derek no se encontraba en la habitación. Miré el despertador de la mesita de noche. Eran las 12:31 de la mañana.

Me levanté estirando las extremidades. Me ausenté ocupando el pasillo y busqué a Derek.

- ¡Derek! - grité - ¡Derek!

Visualicé una puerta al final del pasillo. Nunca entré en esa parte del apartamento. Decidí comprar si Derek se encontraba allí. Abrí la puerta y una espantosa canción invadió mis tímpanos.
Miré al mi alrededor, el espacio era muy sobreacojedor, extenso y sencillo.
Era el despacho de Derek, tenía un estilo muy vintage.
Al fondo de la estancia destacaban grandes ventanales como en la mayoría de las habitaciones y la sala de estar que creaban un efecto luminoso y agradable.
Las paredes laterales estaban repletas de estanterías y estantes llenos de papeles, documentos, historiales y papeles informativos. Debajo de los estantes se encontraba un radiador de alta eficiencia para soportar el invierno. Como estábamos en época veraniega, el radiador se encontraba apagado y cubierto por una fina lona de algodón.
En el medio y medio del cuarto, un escritorio con una mesilla a su lado componía la decoración afrodisiaca que abundaba por todos los rincones de su casa.
Un ordenador, más documentos, bolígrafos de todos los colores en sus respectivos lapiceros, un radiocaset muy moderno que encajaba con el tono de color de la habitación... esos eran los materiales que se encontraban en encima del escritorio.
Por último, una lujosa alfombra de piel cubría el suelo de mármol de su despacho.

Él se encontraba de pie ladeando la cabeza al ritmo de la música mientras contemplaba las vistas por la ventana.

- ¡Derek! - volví a mencionar. Él se volteó y me miró embozando una dulce sonrisa.

- Despertaste, cielo - me agarró por la cintura mientras me obsequiaba con deleitoso beso en los morros.

- Es que he quedado con Dani - miré su reloj de pulsera - en dos horas.

- Dani...¿ el rubio? - frunció el ceño mientras se liberaba de mi.

- Si. Necesito hablar con él sobre unos asuntos - me expliqué mirándome de reojo.

- Amm...vale - me retiré y me senté en el escritorio.

- No estarás... ¿celoso? - me reí mientras me acercaba a él y apoyaba sus manos en el escritorio desde el otro lado de la mesa. Le miré fijamente mientras sonreía por lo bajo.

- No - cruzó los brazos y se apoyó en el respaldo de la silla.

Me aproximé a él y me senté en sus rodillas rodeándole el cuello con mis extensos brazos.

- Me gusta cuando te pones celoso - le acaricié la mejilla y me acerqué a sus labios sonriendo.

- Tonta - rió robándome un beso.

- Tú. Te amo - le abracé mientras me acurrucaba en su pecho.

- Venga, ¿tienes hambre? - me agarró de la mano y me ayudó a erguirme.

- No tengo hambre - le miré fijamente mientras él suspiraba.

- Miriam, desde lo de tu hermano...no eres tú.
No eres capaz de pegar ojo, bebes para intentar olvidarlo, no pruebas bocado y lo que más me preocupa; finjes estar bien cuando realmente no lo estás. Quiero que seas sincera conmigo, que me cuentes que sientes,
que te desahogues conmigo. Solo intento ayudarte pero es imposible porque te cierras tanto... - me miró con ojos cristalinos mientras me cogía de las manos - Por favor, Miriam. Cuéntame, ¿cómo te sientes? ¿qué necesitas? Solo dime algo... - desvió la mirada mientras silenciaba el reproductor de música.

- Necesito que dejéis en paz el tema de mi hermano y que no sintáis compasión por mi. Yo no soy la que tengo un cáncer que puede arrebatarme la vida. Así que pregúntale a mi hermano como se siente y luego ya hablaremos - bajé la mirada alejándome de él.
Salí rápidamente de la estancia sin ni siquiera mirarle a los ojos. Mientras avanzaba por la sala unas pequeñas gotas de agua muy finas resvalaban por mi mejilla consumiéndome en mi propia realidad. Pensé que al convivir con Derek... él me haría olvidar por unos segundos, minutos o incluso horas todo lo que estaba sucediendo en mi día a día, que me haría olvidar quien soy, donde me encuentro y porque estoy aquí. Mis expectativas no eran ciertas, Derek se empeñaba al igual que el resto en recordarme la triste verdad y los terribles sucesos que debía aguantar día a día, noche trás noche, segundo trás segundo...

Derek apareció de la nada rodeándome la cintura con sus musculosos brazos mientras me mordía la oreja.

- No te pongas así, solo me preocupo por ti - me susurró al oído mientras me abrazaba con ternura.

- Lo sé pero necesito un respiro, Derek - me dí la vuelta y le sujeté de las manos - Y gracias por preocuparte por mi.

- Bueno, he terminado de arreglar unas ventas pendientes. ¿Seguro que no tienes hambre? - me miró mientras embozaba una sonrisa forzada pero tranquilizadora.

- Debo irme a casa - le devolví la mirada mientras entrelazaba los dedos de las manos con los de él.

- Bien, ¿te llevo o...? - se frotó la testuz con inseguridad.

- Pediré un taxi, no quiero abusar de tu afabilidad - reí con timidez.

- Me gusta que abuses de mi - rió con ganas - Además, no me importa. Me viene de camino.

- Calla mi celosín - le rodeé el cuello con mis brazos - Bésame - se acercó a mi y rozó mis labios con suavidad mientras sonreía ante mi reacción. Nuestro beso se hizo más intenso hasta que tuvimos que separarnos por culpa del aire.

- Te acompaño a la salida - caminó hacia ella con una sonrisa de oreja a oreja.

Le seguí por el estrecho pasillo lleno de fotos de su infancia. Abrió la puerta principal y se apoyó en ella mirándome fijamente.

- Espero verte pronto - sonrió dejándome paso.

- Antes de lo que piensas - sonreí mirándole de reojo. Avancé hasta la salida y me volví para despedirme de él.

- Adiós - se despidió.

- Hasta la vista - sonreí mientras me dirigía al ascensor.

Cerró la puerta dirigiéndome una última mirada. Accedí hasta las puertas del ascensor y presioné la planta "0". Esperé y finalmente las puertas se abrieron y entré en el interior.
Aguardé en el interior hasta que el ascensor se detuvo. Esperé unos segundos a que las puertas se descubrieran pero no lo hicieron.

- ¿Hola? - levanté la mirada y apoyé mis manos en las puertas del ascensor.

No obtuve respuesta.

- Si esto es una broma de mal gusto... más vale que... - al apagarse las luces, mi frase quedó interrumpida y decidí no continuarla.

Golpeé las puertas del ascensor con extensas ganas. Mi respiración comenzó a acelerarse y mi corazón aumentó su velocidad rápidamente.

- ¡¡¡¿¿Hay alguien??!!! ¡¡¡Ayúdenme, por favor!!! - balbuceé casi sin voz.

Grandes lagrimones comenzaron a rozar mis mejillas con lentitud.

Yo era propensa a la claustrofobia. Los lugares cerrados me causaban nerviosismo y fustración.
Permanecer allí tanto tiempo con las luces apagadas... no era mi fuerte.

Caí derrotada en el suelo del ascensor y comencé a sollozar mientras sujetaba mis rodillas a la altura de mi cabeza.
Cerré los ojos fuertemente y pensé que todo esto era una simple pesadilla.
El ambiente seguía totalmente a oscuras, nadie se encontraba en el exterior, mis gritos eran insuficientes y el chirriante sonido de los cables conductores del ascensor me ponían aún más de los nervios.


- ¿Señorita Fernández? ¿Señorita Fernández? - escuché esas mismas palabras resonar en mi interior.

Abrí los ojos poco a poco y aclaré la imagen que tenía enfrente de mi.

- Menos mal que despertaste. Estuve a punto de llamar a la ambulancia - reconocí el rostro arrugado de Jerry.

Hablaba con compresión.

Miré a los alrededores. Me encontraba tumbada en uno de los sofás que componían la planta principal del edificio.

Me erguí con cuidado recordando lo del ascensor y observé a Jerry con miedo en mi interior.

- ¿Se encuentras bien? - me susurró.

- Si. Por supuesto - le miré sonriendo forzosamente - Lo siento, Jerry pero tengo que irme - dije dirigiéndome a la salida.

- Bien, espero volver a verla - me devolvió la sonrisa y se dispuso a continuar con su trabajo.

Salí corriendo del edificio y pedí un taxi que me recogió al instante.

Por el camino, me entretení observando los verdes paisajes que rodeaban el camino hasta mi destino.

Lo que ocurrió en el ascensor debió de ser parte de mi imaginación.
Si, fue eso.

Recorrimos el centro de la ciudad y la general. Finalmente, entramos en los límites de mi localidad y el auto se detuvo enfrente de mi morada.
Pagué y le agradecí el viaje.

El taxi se alejó y yo, me apresuré a subir los escalones de la entrada y a acceder al interior de mi hogar.

Todo parecía estar como siempre aunque más ordenado que la última vez. Jessy se puso las pilas.


Miré la hora. Las 13:07. Quedaba menos de una hora para mi encuentro con Dani.
Seguía sin tener mucho apetito así que me apresuré a prepararme.

Me alisé el pelo, me di una ducha caliente, me maquillé con un poco de rimel y gloss (no muy cargado)  y comencé a elegir el look.


























Me decidí por una falda colegial de color azul marino, una camiseta de tiras con estampados florales y unos sports a juego con todo el conjunto.








Me miré detenidamente en el espejo para comprobar el resultado de mi look. Sonreí al comprobar que había elegido correctamente.

Volví a llamar al taxi. En esta vez tardó unos minutos más que la vez anterior.

Al llegar el auto, saludé al conductor y le comuniqué el lugar al que debía dirigirme. El bar "Vecina".

Él, reconoció el lugar al momento y se puso en marcha.







Narra Jessy:




Me desperté comprobando la hora y mirando al mi alrededor. Eran las 12:35 de la mañana. Por dios, ¿cómo podía haber dormido tanto?
Por primera vez, me fijé en todos los detalles de la habitación que ocupaba Coque mientras seguía apoyada en su pecho. él me abrazaba dulcemente como si fuera de su posesión y eso me encantaba.

El espacio era luminoso, las paredes estaban recubiertas de un color blanquecino. El suelo antibacteriano de vinilo asemejaba ser de un color muy apagado y se dividía formando un mosaico por toda la estancia. No me gustaba para nada.
Al lado de la cama de hospital se encontraba una mesilla blanca que concordaba con el color de las paredes.
En el paredón izquierdo se encontraba una pequeña ventana con vistas a los demás edificios y plantas que formaba el hospital. ¿No podrían poner un bonito jardín para entretenerse con las vistas en vez de más bloques gigantescos de color grisáceo? Ahora entendía porque los pájaros no se admiraban por el mirador. Les parecería tan aburrido el color que rodeaba la estancia que ni siquiera le prestarían atención.


El resto del cuarto era sencillo y cutre pero todos los hospitales eran así. No era de extrañar...


Escuché un pequeño bostezo sobre mi testera.

Dirigí la mirada a Coque que se frotaba los ojos adaptándose al cúmulo de luz que entraba por la ventana.

- Buenos días - me sonrió acercándose a mi mientras me besaba la frente.

- Mejor dicho, buenas tardes - le devolví la sonrisa aún entre sus brazos.

Le observé timidamente. Poseía cara de cansancio, sus ojos verdes grisáceos estaban prendados en mi ser, sus labios finos y carnosos embozaban una sonrisa y su pelo lijeramente despeinado hacían la combinación perfecta. Estuvimos durante unos minutos mirándonos fijamente sin saber que decir.
Al final, bajé la mirada sonrojada.


- ¿Qué tal te encuentras hoy? - le acaricié la mejilla mientras volvía a clavar mi mirada en él.

- Muy bien. Parece que me voy recuperando - sonrió observando mi mano sobre sus pómulos.

- Oye... Ayer, la doctora nos habló y explicó los resultados de las pruebas - descendí la mirada hasta mis nudillos que temblaban asombrosamente.
La sonrisa se borró al instante de mi rostro y creo que él lo noto.

- Cuéntame. ¿Cómo han salido? - dijo irguiéndose un poco mientras buscaba la respuesta a su mirada.


Vale. ¿Cómo coño se lo decía? ¿Aguantaría las ganas de llorar en sus brazos cuando tendría que ser lo contrario?


- Siento decirte que no han salido muy bien - volví a bajar la cabeza evitando que se enterase de que me encontraba apunto de sollozar.


- Me estás preocupando... - sonrió para calmar el ambiente. Lentamente, levanté el mentón fijándome en su dulce y cariñosa sonrisa.


- No me mires así por favor... - mis ojos se volvieron cristalinos y me balanceé sobre él dándole un cálido abrazo para evitar que las lágrimas recorrieran mi rostro.


- Cuéntame - me siguió el abrazo y luego, me acarició el antebrazo mientras me apoyaba en su hombro.


- La doctora nos dijo que lo que te pasó no fue por culpa de la discusión sino que fue por otra causa que si no hubieras venido jamás sería diagnosticada a tiempo - intenté tranquilizarme mientras ligeras lágrimas rozaban mis mejillas. Coque se dió cuenta y me limpió las lágrimas con el dedo pulgar mientras apoyaba su mentón en la parte superior de mi cabello.

- Tranquilízate - me susurró lo suficientemente bajo para indicarme que prosiguiera.

- Te diagnosticaron un tumor estomacal que por el momento se está extendiendo poco a poco - empecé a sollozar sin límites. Me sentí ridícula y me cubrí el rostro con las dos manos mientras me separaba de él.


- Nunca pensé que lo que me ocurrió no fuera por culpa de la pelea sino por una enfermedad pero la verdad, lo que acabo de escuchar me tranquiliza pero al mismo tiempo... - bajó la mirada acariciándome la espalda para tranquilizarme.

Descubrí mi cara y evité observarle.

- ¿Cómo que te tranquiliza? ¿Es que no lo entiendes? Solo hay una posibilidad de que salgas de esta y es operándote. Aún así, existe un 45% de posibilidades de que sobrevivas a la operación. ¿Por qué no te afecta? - gimoteé mientras intentaba limpiarme las lágrimas.

- Oye... debemos de pensar en positivo. No podemos rendirnos tan fácilmente. Lucharé a muerte para salir de esta. Voy a operarme. Total, sino lo hago moriré de todas formas. Solo necesito que me apoyes en esto y que no te alejes de mi lado - me agarró de la mano mirándome con ojos cristalinos.

- Pues claro que te apoyaré. ¿Cómo no iba a hacerlo? Eres mi mejor amigo y recorrería cielo y tierra para salvarte de esto - me limpié las últimas lágrimas dirigiendo la mirada a su rostro.


- Gracias por confiar en mi. Lo único que no necesitamos es perder el tiempo lloriqueando por lo rincones. La clave del éxito es la esperanza y la despreocupación. Así que libérate de la tristeza y empieza a pensar en positivo - sonrió forzosamente mientras me miraba a los ojos.

- Tienes razón. Lo solucionaremos - le devolví una entresonrisa mientras me erguía y me volvía para observar su expresión.

- Ven, quiero enseñarte algo - me agarró de nuevo de la mano para que me sentase a su lado.
Se irguió - Solo le mostré a Érica lo que verás a continuación. Ni siquiera Miriam lo sabe.

Comenzó a desabrocharse la camisa mirándome de reojo. Nunca lo había visto sin camiseta. Hasta recuerdo la vez en la que disfrutamos los dos juntos de una tarde en la piscina. Él, llevaba una camiseta de tiras por encima evitando descubrir su abdomen y pectorales. Me sorprendí cuando la desechó.

- Mira, me lo hicé hace exactamente dos meses y sigue intacto - se volteó y sonrió señalándome un extenso tatuaje que cubría un palmo más arriba de su cadera. Justamente en el costado izquierdo.

Era un diente de león y gracias al viento, sus vilanos del fruto volaban cómodamente por el cielo.
Me sorprendió comprobar que los vilanos del fruto finalmente se transformaban en pequeños ruiseñores que aleteaban sus alas al son del ruido del viento.







- Es realmente sensacional y fascinante. ¿Tiene algún significado? - sonreí mientras me acercaba más a él para contemplarlo.

- Tiene un hermoso significado para mi. El diente de león está preso y unido al terreno por culpa de la raíz. Él, va creciendo día trás día, mes trás mes hasta que finalmente, se desarrolla por completo,
El viento interviene haciendo que los miles de vilanos de fruto se dispersen por el cielo y los alrededores liberándolos del fuerte martirio que tuvieron que soportar. Al terminar, los vilanos siguen su propio camino hasta que acaban convirtiéndose en hermosos y liderables ruiseñores.
Es una compleja metáfora de la vida. Al principio, te sientes atado y atrapado pero finalmente te das cuenta de que puedes escapar y terminar siendo liberado y libre - sonrió mientras me observaba de reojo.


- Nunca lo habría visto así. Es realmente fantástico pero está inacabado.

- ¿Inacabado? - exclamó sorprendido.

Asentí.

- Los ruiseñores no se detienen aún en ese instante - me expliqué ante su reacción.

- Por supuesto que no pero siguen siendo libres y ese es realmente el significado.

- ¿Puedo...? - pregunté timidamente. Sentía muchísimas ganas de pasar mis manos por ese asombroso tatuaje.

- Por supuesto - sonrió dejándome paso.

Me acerqué timidamente arrodillándome encima de la cama. Posé mis manos en sus hombros para acomodarme y no perder el equilibrio.
Deslicé mis manos hasta el tatuaje y mi dedo índice prosiguió a continuar las líneas que originaban el diente de león. Era asombroso. Aquel dibujo imprentado en su piel no tenía ningún defecto y era delicadamente especial. Sonreí al terminar de seguir las líneas volví a apoyarme en él pero esta vez, mis manos terminaron acariciando sus portentosos bíceps.


- Me encanta. Tu tatuaje es realmente especial y al contrario del resto... tiene su propio significado.
Una pregunta, ¿practicas levantamiento de pesas? - bajé la mirada aún acariciando sus bíceps.

- Hacía. Lo dejé hace unos meses. Antes, estaba alistado en el gimnasio pero con los estudios... no tenía tiempo así que lo dejé y me desapunté - se volvió de frente hacia mi y atrapó de nuevo su camisa de hospital.

- Se nota - me sonrojé mordiéndome el labio inconscientemente.

- Si tienes hambre hay una cafetería justo debajo de tus pies - susurró mientras se abrochaba la camisa de nuevo.

- No tengo hambre. ¿Por qué lo mencionas? - pregunté confundida.

- Te mordiste el labio superior. Debes de tener mucha hambre para comenzar a morderlo - sonrió descaradamente.
Golpeé su brazo izquierdo mientras recordaba la imagen de él sin camiseta. Era la silueta perfecta del chico perfecto.

- Idiota - reí.

Cuando me encontraba a su lado todos mis pensamientos negativos se difuminaban. Una sensación que solo me hacía sentir Coque.






Narra Miriam:



El taxi se paró enfrente del bar. Volví a pagar y salí del auto. Justamente antes de entrar. Mi teléfono comenzó a sonar.

No tenía ni idea de quien podría ser. Lo cogí sin reconocer el número.

- Diga - pronuncié extrañada.

- ¿Señorita Fernández? Soy Justin Hartley, el responsable de su Toyota. Tengo muy buenas noticias que anunciarle - sonrió desde la otra línea - Ya esta listo. Puede venir a recogerlo cuando quiera.

- Genial. Qué rápido - le devolví la sonrisa mientras caminaba de un lado a otro por la acera de la entrada.

- Ya ve. Somos muy serviciales - ¿serviciales?

- Iré a recogerlo cuando pueda. Espero que esta tarde me dé tiempo - reí.

-  No se preocupe. Aguardaré por usted - mencionó.

- Llevaré la documentación y el registro. Además, del cheque - me expliqué.

- Magnífico.

- Gracias por todo.

- A usted. Muy buenas tardes - se despidió.

- Igualmente. Hasta pronto - reí y colgué.

Si, esta tarde recogería mi auto y lo conduciría por primera vez.
Me adentré en el bar y busqué a Dani con la mirada. Al momento, él me reconoció y levantó la mano zalandeándola de un lado a otro para indicarme donde se encontraba.

Sonreí guardando el móvil y acercándome al reservado...









Narra Henry:




Eran exactamente las 13:50.  Había tardando tanto en arreglarme que no me fijé en la hora hasta ese momento. Yo era de lucir colores apagados así que la ropa que elegí era básicamente oscura.
Salí de casa a la velocidad de la luz. Entré en mi auto y me dispuse a conducir hasta llegar al sitio asignado. Tenía muchísimas ganas de hablar con Lola. Esa chica me había caído estupendamente.












Narra Pris:



A veces odiaba mi trabajo. Despertarse a las 7:30 de la mañana, elegir un look estupendo para no decepcionar a la clientela, coger el auto para llegar lo antes posible y pasarme la tarde en la tienda teniendo solo un descanso para comer.

Elegí la ropa y pensé en dejarme el pelo suelto.































Cuando me encontraba a punto de maquillarme, hallé una llamada perdida en mi móvil. Era de Miriam. También, descubrí que tenía un mensaje de voz en mi buzón. Desde ayer no lo cogí.

Lo escuché y me sorprendí al comprobar que Miriam deseaba con ansias hacer las paces conmigo.
Por supuesto que deseaba arreglar las cosas con ella.

Pensé en llamarla pero no me quedaba apenas tiempo. Debía de maquillarme y partir a la tienda para no llegar tarde y dar un mal ejemplo de mi superioridad en mi empresa.
Hoy me esperaba mucho trabajo y las empleadas no daban abasto con todo.

Decidí llamarla más tarde, en el descanso para comer.