DÍA: 5 DE AGOSTO
Narra Miriam:
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Saber lo que has,harás o HAS HECHO es fundamental pero... ¿y si no lo sabes?¿Es una bendición o un castigo?
Creo en la mala o en la buena suerte.
Tan solo un segundo bastó para darme cuenta de lo que realmente pasaba o dejaba de pasar.Solo quería saber el momento,sólo el momento en que empezó todo.
Te lo imaginas y intentas pensar e imaginar que no es verdad que todo esto es un sueño,una historia inventada o incluso piensas que es el insomnio producido por la falta de sueño.
Tienes que asimilar la realidad y dejar de usar tus neuronas para afirmar un hecho que tú sabes que no es verdad. Buscas soluciones donde no las hay y te esfuerzas por decirle a tu mente y a tu corazón que lo que realmente está pasando no es cierto aunque lo sabes,sabes que es verdad y que ha o está ocurriendo.
Sólo piensa...si haces algo en la vida luego no podrás rentificar lo que has hecho por eso, piensa y recapacita antes lo que harás o si no te pasará esto...
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La luz del sol que entraba por los grandes ventanales de la habitación me cegaron. Abrí los ojos y me encontré en un lugar desconocido para mi. Miré al mi alrededor. La iluminación del cuarto era excepcional y numerosas puertas rodeaban las puertas de la habitación. No había ni un solo cuadro. Me estiré debidamente bostezando.
Me dí cuenta de que era por la mañana como todas las mañanas y como siempre me costaba levantarme.
Me dí la vuelta y... ¡que vieron mis ojos!
Los tenía entre cerrados y los abrí de cuajo.
Me encontré al lado de Derek en su cama y aún encima desnuda.
Me quedé pensativa unos quince minutos pensando QUE HACER si levantarme cuidadosamente o seguir esperando a que el tiempo pasase. Pensé que Coque estaría enfadado y preocupado por saber en donde me había metido o más bien refugiado.
Tenía inseguridad y miedo. Decidí quedarme unos minutos más mirando como las agujas del reloj se movían lentamente,como pasaban los segundos al ritmo de mis suspiros de preocupación.
Pensé que escondiéndome no haría nada.Tenía que hacerle frente.
Me levanté silenciosamente con cuidado de no despertar a Derek.
Lo conseguí, pensé que se había despertado pero no, sólo había cambiado de postura.
Cogí mi ropa y busque el baño. Recordé que ayer Derek me había dicho que su habitación poseía una puerta que conducía a un baño personal. El cuarto estaba compuesto por tres puertas a los laterales. Abrí una de ellas y sonreí al comprobar que había acertado. Era un cuarto de baño inmenso. Accedí al interior. Cogí mi bolso y abrí el registro de llamadas. Tres eran de Coque. Me vestí a la velocidad de la luz con la ropa de ayer. Cogí un poco de maquillaje del estuche pequeño de mi bolso y busqué entre los cajones de debajo de la pileta algún cepillo. Encontré varios peines y dos coleteros en el cajón de debajo de todo.
Cogí los coleteros entre mis manos con expresión extraña y me hice una cola de caballo.
Me retoqué el maquillaje disimuladamente.
Salí disparada de la casa de Derek sin decir palabra. La entrada principal era muy visible. Recogí mi chaqueta del perchero y cogí el ascensor principal. Me sentí perdida en cuanto llegué al vestíbulo. Estaba lleno de cuadros de paisajes, un mostrador principal y algunos sofás para sentarte. Aún así cogí un taxi y me dispuse a irme de aquel lugar.
No sé como se quedaría Derek al despertar y saber lo ocurrido. Yo...aún estaba en shock.
Narra Jessy:
Me desperté por la mañana y miré a mi alrededor. Me encontraba en mi habitación y al lado de mi cama se encontraba una botella de alcohol vacía. Si, lo de ayer fue fantástico y esperaba que para Coque también lo fuera.
Me levanté y recorrí el pasillo aún con el pijama de ayer. Aún tenía e móvil en el bolsillo de atrás del mismo. Me detení frente a la puerta de la habitación de Coque. Se mantenía totalmente cerrada. Me disculpé ante Pris mandándole un WhatsApp. Abrí la puerta de su habitación y guardé el móvil.
Lo encontré de espaldas sentado frente a su escritorio con la mirada perdida y la cabeza apoyada sobre su mano derecha.
Me acerqué a él por detrás y toqué su hombro izquierdo. Él me dirigió la mirada sonriendo.
- Buenos días - se irguió accediendo hasta su mesilla de noche.
- Hola - le devolví la sonrisa volteándome para comprobar lo que estaba haciendo - ¿Cómo estás? - incliné la cabeza guardando mis manos en los bolsillos de atrás de mi pantalón.
- Bueno... me levanté con un tremendo dolor de cabeza. Me tomé dos aspirinas pero el dolor sigue ahí. Además... no me preocupé demasiado pero... hace varios días que siento un dolor muy profundo en el abdomen - cogió nuestro colgante compartido y se lo puso alrededor del cuello.
- ¿No has ido al médico? - pregunté frunciendo el ceño y acercándome a él.
- No, tranquila. No creo que sea grave - me sonrió forzosamente - Vamos, te voy a preparar el desayuno.
Salimos ambos de su cuarto y bajamos las escaleras en completo silencio. Entramos en la cocina y miramos a los alrededores. Varias botellas de alcohol se mantenían aún esparcidas por la mesa, un gran charco de cerveza se encontraba frente al frigorífico y los platos medio vacíos de la cena de ayer.
Sonreí y comencé a recoger los platos.
- Vaya, ¿qué pasó anoche? - se frotó la nuca cogiéndome los platos de las manos.
- ¿No... no lo recuerdas? - bajé la mirada culpable.
- No. A veces cuando bebes demasiado te olvidas de todo lo ocurrido, ¿o no? - me sonrió llevando los platos al fregadero y recogiendo las botellas vacías.
Limpié la mesa pensativa. ¿Enserio no se acordaba de la inolvidable noche que pasamos ayer?
No me lo podía creer. Estoy empezando a odiar el alcohol.
- Bueno... supongo que lo recordarás en algún momento - susurré sonrojada.
No me atrevía a contárselo. Sabía que empeoraría las cosas y acababa de solucionar las cosas con él, no me apetecía volver a experimentar esa sensación.
- Bien, ¿qué quieres para desayunar? - me preguntó sacando el brick de zumo de naranja de la nevera.
- Me da igual. Algo rápido - le sonreí sentándome frente a la mesa.
- Creo que quedan magdalenas. ¿Leche con magdalenas? - se volteó para mirarme.
- No te olvides del colacao - le indiqué sacando el móvil del bolsillo de mi pantalón.
Pris aún no me había respondido. Tenía miedo de que se enfadara. conmigo por no acudir a nuestra fiesta de pijamas.
- ¿Con quién chateas? - me preguntó Coque entornando los ojos.
- Oh, con Pris. Ayer no me presenté a la fiesta de pijamas y... le pedí perdón por no hacerlo. Aún no me contestó.
- ¿No fuiste? - se sentó a mi lado mientras el microondas calentaba el tazón de leche.
Colocó una fuente de magdalenas frente a mi y un vaso gigante de zumo de naranja.
- Gracias - le agradecí - No, me quedé contigo en casa - le miré rascándome el lóbulo de la oreja.
- Mi memoria se murió - rió mirándome mientras apoyaba la cabeza sobre la mesa y entrecerraba los ojos.
- Oye, sé lo que hiciste - arqueé una ceja golpeándole en el brazo.
- ¿El qué? Soy inocente - se incorporó alzando ambas manos como sobreprotegiéndose.
- Bloqueaste a James y borraste la conversación - miré a la pantalla de mi móvil sonriendo.
- Jess, lo siento pero ese chico tiene algo que no... - frunció el ceño apoyando su mano sobre la mía.
- Calla - dije seria mirándole. Él apartó la mano bajando la mirada con culpabilidad - Gracias por protegerme - sonreí besando su mejilla.
- ¿Enserio? ¿No te importa? -miró la pantalla de mi móvil y luego me miró a mi.
- Por supuesto que no. Me ahorraste un favor. Ya no sabía que hacer para que me dejase en paz - volteé los ojos sonriendo - Borraré su número. No quiero saber nada más de él.
Él sonrió y se irguió para recoger la taza de leche.
- Como vuelva a acercarse a ti se las verá conmigo - me susurró con rabia.
- ¿Por qué me defiendes tanto? Me recuerdas a mi padre - me volteé para mirarle.
Él se volteó y se acercó a mi. Apoyó la taza frente a mi y se sentó de nuevo a mi lado mirándome y virando su cuerpo en mi dirección. Sujetó su pierna derecha acariciando mi cabello con ternura.
- Eres como una más de la familia, Jess - sonrió inclinando la cabeza.
- Gracias - mis ojos se volvieron cristalinos y mi rostro embozó una amplia sonrisa.
Remejí el colacao y mojé la magdalena en la leche llevándomela a la boca. La atenta mirada de Coque me puso la piel de gallina. Le miré fijamente al terminar la primer magdalena.
- ¿Tú no desayunas?
- No, aún contengo el sabor de la borrachera de ayer - sonrió bajando la mirada a mis piernas y luego la elevó hasta mi rostro.
- Es que me pones muy nerviosa. No soporto que me vean comer - me expliqué sonrojada.
- Tranquila. Me comeré una manzana, ¿sirve? - se levantó intentando desviar la mirada de mi.
- Cuidado. No te envenenas - reí regresando a mi desayuno.
Volvió a sentarse a mi lado con una manzana en sus manos.
- Me convertiría en Blanconieves - mordió la manzana roja lentamente y la masticó muy sensualmente.
Me quedé prendada mirándole fijamente y raccioné segundos más tarde.
- Bueno, yo ya terminé - recogí el lado de mi mesa y llevé la taza al friegaplatos.
Limpié la mesa con un trapo mojado. Intenté no mirarle de nuevo y continué con lo que estaba haciendo.
- Vuelvo ahora. Voy a cambiarme - le sonreí nerviosa.
- Venga, te ayudo a elegir el conjunto de hoy - se irguió tirando a la basura los restos de la manzana.
- Sé lo que pretendes - le dediqué una mirada fulminante mientras subía las escaleras sabiendo que él me seguía desde cerca. No me equivoqué.
- ¿Qué pretendo? - sonrió mientras me volteaba para mirarle al llegar al último escalón.
- Cotillear mi ropa interior - sugerí mientras se acercaba mi.
- No, desde luego que no.
- Está bien pero de la ropa interior me ocupo yo - reí dirigiéndome a mi habitación.
- Como quieras - alzó ambas manos y me siguió mientras observaba a ambos lados.
El cuarto se mantenía perfectamente ordenado y la cama ya estaba hecha en comparación con la de Coque. Él se sentó al borde de la cama y siguió los alrededores de la habitación con la mirada.
- Vaya. Eres muy... ordenada - asintió con la cabeza sorprendido.
- Si, Vanesa me obligó a serlo o sino me tiraba las cosas que estuvieran esparcidas por el suelo - me expliqué abriendo el gran armario que contenía el cuarto de invitados.
- Tu madre es muy estricta - recapacitó levantándose.
- Mucho - le miré mientras le daba paso a mi armario.
- Veamos... Voy a elegirte la ropa - sonrió - Me aburro demasiado y se nota.
- La verdad es que si - me senté en el borde de la cama - Mira lo que quieras.
Rió y buscó una prenda de ropa para ponerme. Me dió mucha gracia las caras que ponía a cada uno de los conjuntos. Muchos no le convencían.
- Miriam aún no regresó - afirmé comprobando la hora que era.
- Le llamé varias veces y no me lo cogió. Me olvidé de ella completamente - bajó la mirada.
- Seguro que estará bien. No te preocupes.
- Como no aparezca, llamaré a la policía - sacó del perchero un conjunto muy veraniego.
- No creo que haga falta. Solo... ten paciencia - le sonreí compasiva.
- Bien, encontré el conjunto perfecto - me lo mostró entregándomelo.
- Gracias - lo cogí y le miré fijamente. Viendo que seguía inmóvil mirándome paré de lanzarle indirectas - Coque, ¿puedes irte? Saldré en cuanto esté lista.
- Claro, perdona - salió del cuarto y cerró la puerta.
Me vestí y me maquillé un poco la raya.
- Miriam, es la cuarta vez que te llamo. Coge el puto teléfono. Estoy apunto de llamar a la policía y denunciar tu desaparición. Llámame - colgó y se volteó. Al verme, su expresión de cabreo total cambió y una sonrisa muy forzada apareció en su lugar. Se acercó a mi y me tomó de la mano.
- Estás preciosa - me hizo dar un giro de 360 grados sin moverme del sitio. Sonrió conforme de su elección.
Me soltó de la mano quedándose frente a mi.
Observó el colgante que colgaba de mi cuello y sonrió muy agradablemente.
- Veo que aún lo conservas - señaló el colgante con su cabeza y yo bajé la mirada - ¿Ocurre algo? - frunció el ceño ante mi reacción buscando mi mirada.
- Estás preocupado por Miriam e intentas fingir que no es así - le miré.
Suspiró nervioso sin saber que decir.
Estaba desesperado por Miriam que no daba llegado.
No sé porque pero pensaba que Miriam... se pasó ayer un poco de la raya y seguramente me imaginaba donde estaría.
Ella me dijo que no le contara nada a Coque pero no sabía si podría aguantar ni un segundo más sin llegar a contárselo.
Coque estaba nervioso y preocupado y nunca antes lo había visto así. ME PREOCUPABA.
Decidí aguantar por Miriam que sabía que me mataría si llegaba a contárselo y no quería que me matase. Soy muy joven para morir.
- Es imposible no preocuparse - susurré - No tengo ni idea de su paradero.
- Estará con sus amigos pasándoselo bien o más bien durmiendo en cualquier recuncho que pudiera encontrar - encogí los hombros sin saber que decirle.
- JAJA. Me parto - lme dedicó una mirada fulminante.
- Solo intento...calmarte - le miré.
- ¿Pues sabes qué? No funcionan tus tonterías de niña pequeña conmigo - pronunció frunciendo el ceño y levantando el tono de voz.
- ¿Perdona? - abrí los ojos y mi rostro cambió su expresión - Miriam tiene 18 años sabe muy bien lo que hace.
- No, no lo sabe. No es madura - ladeó la cabeza dando por terminada la conversación.
Se dirigió a su cuarto y cerró la puerta con fuerza. Ladeé la cabeza sin comprender nada de lo que estaba sucediendo.
Decidí ir a hablar con él. ¿Se enfadó conmigo?
Me acerqué a su puerta.
- ¿Puedo pasar? - abrí la puerta un poco y me asomé a su cuarto.
Coque me miró sin contestar. Él se encontraba tumbado en la cama mirando sus uñas.
Me acerqué dando pequeños pasos y me arrodillé a su lado mirándole fijamente mientras él me ignoraba.
- Coque, me parece bien que te preocupes por tu hermana pequeña pero ya no es tan pequeña.
Ya es mayor y tienes que dejarla irse. Dejar que eche sus propias alas y empiece a volar - le miré compasiva.
- No me vengas con esas charlas. Estoy bien, no es esa la razón de que esté preocupado.
Lo que pasa es que la llamé y ella siempre atiende al teléfono, eso es lo que realmente me preocupa - me explicó poniéndose a mi altura.
- Ya te dije que regresará pronto - acaricié su mejilla. Él bajó la mirada intentando tranquilizarse.
- ¿Cómo lo sabes?
- Coque, es Miriam. Ya sabemos como es - sonreí apartando mi mano de su rostro - Anda, ven a la cocina que te preparo una tila para que te tranquilices.
- Gracias pero no hace falta - se irguió cogiéndome de la mano para ayudarme a levantarme. Se la acepté.
- No me vengas con excusas - sonreí mientras tiraba de mi y quedábamos uno frente al otro cogidos de las manos.
Bajé la mirada nerviosa. Él, me soltó las manos y elevó la mano derecha acercándola a mi escote. Me sonrojé sin decir palabra. Me acomodó el escote de la blusa por los hombros y salió del cuarto bajando el primer escalón.
- ¿No vienes? - susurró volteándose mientras me miraba fijamente.
- Por supuesto - le alcancé sonriendo y ambos llegamos a la cocina.
Sonreí encaminándome al friegaplatos. Cogí un plato y lo engaboné con agua. Coque se acercó y me lo quitó de las manos.
- ¿Qué pretendes hacer? - insunuó.
- Lavar... ¿los platos? - susurré.
- De eso nada. Eres una invitada - se volteó queriendo dejarlo de nuevo en su lugar.
Suspiré pensativa y abrí el grifo. Mojé mis manos y le salpiqué la espalda de agua aguantando la risa.
Él se volteó frunciendo el ceño y arqueando una ceja.
- Jessica Voe, ¿enserio pretendes empezar la guerra? - mencioné.
Reí sin responderle y entrecerré los ojos. Al ver que me observaba sin reaccionar, cogí de nuevo otro plato y volví a engabonarlo con agua. Busqué el jabón por todas partes. Cuando me volteé y alcé la vista comprendí quien había robado el jabón.
Coque contenía la botella en su manos, abierta. Vertió el líquido en su mano derecha y frotó ambas manos haciendo espuma.
Al terminar, sopló la espuma y la misma terminó en mi rostro.
Me froté la cara y pusé mi mano izquierda sobre la derecha cogiendo agua ante mis espaldas.
Se la lancé mojándole de nuevo.
Empezamos a mojarnos mutuamente con jabón y agua sin parar de reírnos. Coque terminó con una barba de espuma en su barbilla. Ambos estábamos empapados al completo. La ropa de Coque se le pegaba al cuerpo. Reí cerrando el grifo. Al dar el primer paso resbalé cayendo al suelo. Cooque se sentó a mi lado.
- ¿Estás bien? - su risa cesó pero aún mantenía ese son de picardía en su voz.
- Idiota - me puse encima de él frotándole el jabón de su camiseta para que se formase espuma.
- Déjame - rió escabulliéndose y poniéndose sobre mi - Adiós a la ropa que te elegí - hizo una mueca.
- No importa. Valió la pena, solo por ver tu pelo empapado - reí doblando mi rodilla bajo él.
Se irguió dejándome sobre el suelo mojado y se quitó la camiseta totalmente empapada. La escurrió y me miró fijamente.
- ¿Vas a quedarte ahí todo el día? - sonrió observándome.
- Por mi - bajé la mirada.
Me tendió la mano y yo se la agarré sin pensármelo.
Me apoyé en sus hombros desnudos. No logré verle la espalda.
Me solté mirándole de nuevo. Él, se volvió a poner la camiseta y miró mi entrepierna.
Doblé mis piernas incómodamente y me sonrojé.
Desvié la mirada a mis piernas y me bajé la falda. Ya comprendía porqué me miraba de esa forma.
Narra Miriam:
Llegué a la puerta de mi casa. Antes de abrir la puerta repiré hondo y me tranquilicé.
Sabía que me esperaba una gran bronca por parte de mi hermano. Giré el pomo después de introducir la llave y entré volviendo a cerrar la puerta.
Me asomé a la cocina y vi como Jessy y Coque charlaban tranquilamente sentados al lado del fregadero y empapados de agua.
- Mi pelo está empapado - sonrió Coque mirándola.
- Te lo merecías. Además, por lo menos los platos están lavados - respondió ella devolviéndole la sonrisa.
- En eso tienes razón - rió pegándole en el hombro. Ella sonrió apartándose un poco.
- Te lo merecías. Además, por lo menos los platos están lavados - respondió ella devolviéndole la sonrisa.
- En eso tienes razón - rió pegándole en el hombro. Ella sonrió apartándose un poco.
- Vaya, estaréis contentos. La cocina está inundada de agua - suspiré dejando de esconderme.
Cortaron la conversación al verme llegar.
Antes se reían y al verme ya no se reían, Coque tenía una cara de enfado y de sorpresa al mismo tiempo.
Puse ambas manos sobre mi cintura al mismo tiempo que Coque se erguía.
- ¿Y a ti qué te importa? Total, el que voy a limpiar soy yo - mencionó cabreado ante mi comentario.
Jessy se irguió y lo jaló del hombro.
- Tranquilízate - le acarició la espalda mirándolo fijamente.
- Vale, estás enfadado - di un paso atrás alzando ambos brazos para sobreprotegerme.
- ¿Cómo no voy a estarlo? Estuve horas intentando contactar contigo y tú no respondías - me señaló con su dedo índice.
- Si, por supuesto que lo estabas. Por eso andabas de risas con Jessy - fruncí el ceño ladeando la cabeza.
- Oye, no me metáis en vuestros rollos. Yo solo intentaba hacerle olvidar por unos segundos su preocupación por saber donde te encontrabas - apartó su mano de la espalda de mi hermano y miró a ambos arqueando una ceja.
- Gracias Jess - susurró Coque mirándome sin pestañear - ¿Y bien? ¿Dónde estuvistes? - me miró amenazante.
- ¿Y a ti qué te importa? Total, el que voy a limpiar soy yo - mencionó cabreado ante mi comentario.
Jessy se irguió y lo jaló del hombro.
- Tranquilízate - le acarició la espalda mirándolo fijamente.
- Vale, estás enfadado - di un paso atrás alzando ambos brazos para sobreprotegerme.
- ¿Cómo no voy a estarlo? Estuve horas intentando contactar contigo y tú no respondías - me señaló con su dedo índice.
- Si, por supuesto que lo estabas. Por eso andabas de risas con Jessy - fruncí el ceño ladeando la cabeza.
- Oye, no me metáis en vuestros rollos. Yo solo intentaba hacerle olvidar por unos segundos su preocupación por saber donde te encontrabas - apartó su mano de la espalda de mi hermano y miró a ambos arqueando una ceja.
- Gracias Jess - susurró Coque mirándome sin pestañear - ¿Y bien? ¿Dónde estuvistes? - me miró amenazante.
- Antes de todo... Hola... - bajé la mirada acomodándome el cabello.
- Hola - susurró Jessy cortante.
Coque le dedicó una mirada fulminante - Vale, ya me callo - bajó la mirada.
- Hola - susurró Jessy cortante.
Coque le dedicó una mirada fulminante - Vale, ya me callo - bajó la mirada.
- ¿Dónde has estado? - preguntó de nuevo distante.
- Verás... es que después de ir a la discoteca me propusieron ir a un pav y les dije que si porque pensaba que estaríamos poco tiempo pero no fue así. Lo que pasó es que me entretení más de la cuenta e intente irme pero ellos me convencieron y me quedé. Al final, una amiga me ofreció quedarme a dormir con ella y acepté. Eso es todo - soné convincente. Me abracé a mi misma mirando a ambos.
- Ah... - dijo Jess asintiendo con la cabeza.
- Te llamé y pasaste de mi - Coque frunció el ceño.
- Estaría ocupada - Jessy cruzó los brazos volteando los ojos.
- No escuché el móvil. Había muchos ruidos por los alrededores - desvié la mirada, pensativa.
- ¿Enserio? - Jessy abrió los ojos como platos ante mi comentario.
- No cu... - las palabras de Coque fueron interrumpidas por la voz ilusionasta de Jessy.
- ¿Enserio de fuiste justamente al pav? - arqueó una ceja. Sabía a que me refería. Las indirectas las había cogido perfectamente.
- Si, estaba muy bebida la verdad.
- ¿Y cuando te fuiste, tu amiga seguía durmiendo? - siguió preguntando.
- Si, no se dio cuenta de que me fui - le expliqué.
- Por lo menos avisa cuando no vengas a casa. Llevo toda la noche y parte de la mañana intentando contactar contigo. Intentando recibir una señal sólo una para saber que estabas bien pero no fue así - cruzó los brazos sin cambiar su expresión de enfado. Miró su reloj de pulsera mientras yo bajaba la pirada y jugueteaba con mis pies - Son las dos en punto. ¿Te parece una hora razonable para llegar a casa? - suspiró enfurruñado.
- Déjame. No soy una niña pequeña para que me eches broncas por llegar tarde a casa - volteé los ojos - Si me apetece llegar tarde lo haré.
- Señorita, no te atrevas a hablarme en ese tono - indicó señalándome con su dedo índice.
- Te hablaré como a mi me de la gana - pestañeé elevando la mirada.
- Oye, no te creas tan guay por hacer lo que hiciste - se acercó a mi.
- Ah, ¿no? - sonreí - ¿Qué hice? ¿Quedarme dormir en casa de una amiga?
- Después de irte de marcha por ahí - se volteó suspirando.
- Vale, ya basta - Jessy apareció de la nada entrometiéndose entre ambos - Tú - me señaló haciendo una pausa - Te fuiste de marcha y no avisaste de que no volverías a casa porque te quedarías a dormir en casa de una amiga. Tu hermano y yo estábamos preocupados aguardando tu llegada. Lo que hiciste fue muy inmaduro e irresponsable pero... - se giró dirigiendo la mirada a mi hermano - Tú tampoco debes ponerte de esa forma. ¡Estabas a punto de llamar a la poli! - volteó los ojos - Miriam tiene 18 años y debes dejarle más espacio. No debes ponerte histérico al ver que no regresa - miró a ambos - Tenéis mucha suerte de teneros el uno al otro. Miriam, yo ni siquiera tengo casa por eso te pedí quedarme unos días contigo. Tuve una pelea con mi madre y me fui de casa. Por eso, no perdáis esa esencia y la comunicación entre vosotros - ladeó la cabeza abandonando el lugar.
- Jess - Coque la llamó sin resultado. Ella le ignoró marchándose - Mierda - se sacudió el pelo aún mojado - Estarás contenta - frunció los labios mirándome.
- ¿Tú sabías algo de esto? - bajé la mirada.
- Si, sabía lo de la bronca entre ambas - cogió la fregona que estaba apoyada al lado del frigorífico y se dispuso a limpiar el gran charco de agua que inundaba el suelo.
- ¿Y no me lo contaste? - ladeé la cabeza mirándolo.
- Ella no quería contártelo - colocó la fregona detrás de la puerta de la cocina y se volteó para mirarme - Cada uno tiene sus propios remordimientos.
- Ya hablaremos de esto - señalé - Oye, siento no haberte avisado y llegar a estas horas a casa. Me entretení más de la cuenta y también me emborraché más de la cuenta. Lo siento - bajé la mirada.
- Olvidémoslo. Lo importante es que te lo pasases bien - se frotó la nuca.
- Y lo hice, créeme - sonreí mirándole- No recuerdo nada de nada de lo que pasó anoche sólo hasta que me encontré en casa de mi amiga me dí cuenta de lo que acababa de pasar o incluso estaba pasando - hablé más para mi que para él.
- El alcohol es como una pócima. Te hace olvidar la noche anterior - me sonrió por primera vez desde que llegué.
- Bueno, entonces... ¿solucionado? - reí ofreciéndole mi mano.
- Solucionado - me cogió de la mano zarandeándola de arriba a abajo.
- Bien, estoy súper cansada y me duelen los pies. Voy a echarme una siesta - sonreí quitándome los tacones y cogiéndolos con la mano izquierda.
- Te perderás la hora de comer - afirmó mirándome.
- Mejor - volteé los ojos subiendo las escaleras.
Escuché un refunfuño por su parte pero aún así subí las escaleras ignorándolo. Sonreí al llegar al segundo piso y recorrí el piso hasta llegar a mi habitación. Miré a mis alrededores, todo seguía exactamente igual. Me desmaquillé y me puse el pijama. Estaba tan cansada que nada más tumbarme me quedé frita entre las mantas. Soñé con Derek y la noche perfecta. Solo recordaba la cena en el restaurante, no sé como terminé en su cama.
Narra Coque:
Al irse mi hermana, preparé unos fideos mientras escuchaba música en mi IPhone. Sonreí al escuchar la canción de Julia Stones con la que bailé semanas atrás con Jessy. Escurrí los fideos y los repartí en varios platos. Preparé la mesa y la cubertería. Cogí la jarra de agua y la apoyé en el medio y medio de la mesa.
Sonreí y observé la decoración asintiendo. Había quedado estupendamente. Me crucé de brazos y decidí avisar a las chicas para que vinieran comer. Subí las escaleras y caminé con seguridad hasta la habitación de mi hermana. Me asombré al ver que continuaba durmiendo. Sonreía, supongo que estaría soñando. Me dió pena despertarle así que sonreí y cerré la puerta de su habitación.
Me dirigí a la habitación de Jessy y al ver que no estaba bajé las escaleras y me entrometí en la sala.
Tampoco estaba, la tele se mantenía apagada y el mando de la PlayStation en su lugar. Me llevé el dedo índice a la barbilla y pensé en donde se habría metido. La puerta del baño estaba abierta así que no podía estar allí. El resto de las habitaciones de la casa no se utilizaban ni se visitaban así que a mi mente regresó el día que le enseñé nuestro patio y supe con seguridad que ese era su paradero. Deslicé las puertas correderas de cristal que llevaban al jardín y salí a su búsqueda. Recorrí el césped lentamente y mirando a los alrededores comprobando que no encontraba en ningún callejón.
Cuando por fin llegué a la piscina , vi una sombra que rodeaba el árbol y que poseía forma humana.
Me acerqué más transpasando la piscina y vislumbré a Jessy sentada al lado del árbol con un bolígrafo en la mano y agarrada a sus piernas. Tenía un cuaderno sobre ellas.
- ¿Quién soy? - le tapé los ojos apareciendo detrás de ella.
- Mmm... no sé. Si eres James lárgate - sonrió apartando mis manos.
- No soy James - rió sentándome a su lado.
- Menos mal - escondió la cabeza.
- ¿Qué haces? - le miró.
- Coque, te presento a mi diario - lo cerró enseñándomelo.
- Vaya, ¿no eres demasiado mayor para seguir con estos juegos? - aparté la mirada cogiéndoselo de las manos.
- El diario es como mi refugio. Me ayuda a liberarme y a expresar lo que verdaderamente siento - me explicó mientras yo le echaba un ojo.
- "Miriam y Coque han vuelto a pelearse. Siento una gran compasión por él" - leí en alto sorprendiéndome. Seguí pasando las páginas. Algunas se mostraban cubiertas por gotas de agua y otras por manchas de sangre ya secas.
- ¿Lloras cuando escribes? - le miré fijamente cambiando mi expresión.
- Depende, solo en algunos casos. Por ejemplo, en la muerte de mi padre. Lloré tanto que la página se humedeció y tuve que volver a reenscribirlo. Poseo varios diarios de mi infancia y de mi adolescencia.
- Bien. Siento haberte molestado - le devolví el diario irguiéndome - ¿Estás bien por lo de antes?
- Oh, si. No es eso lo que más me preocupa.
- ¿Qué ocurre? - suspiré sentándome a su lado de nuevo.
Dejó el diario a su lado y me miró con ojos vidriosos.
- ¿Sigues sin acordarte de lo que sucedió anoche?
Asentí.
- Lo siento, sigo sin recordarlo.
Alzó la mirada y se irguió.
- No entiendo porqué... ¿por qué no lo recuerdas? - chilló recogiendo el cuaderno - Oh, lo siento. Sé que no es tu culpa. Es... una simple anemia producida por el hecho de estar ebrio - bajó la mirada disculpándose más para si misma que para mi.
- ¿Qué pasó anoche?
- ¿Por qué me lo preguntas a mi? - impuso frunciendo el ceño.
- Porque está claro que lo sabes y que quieres que lo recuerde. ¿Qué paso anoche? - volví a repetir más seriamente.
- Nada, olvídalo - bajó la mirada conteniendo las lágrimas.
- Mierda Jess.
Nada más soltar ese comentario, se puso a sollozar. Me levanté y le abracé con ternura al mismo tiempo, que apoyaba su cabeza en mi pecho
- Lo que pasó fue importante para mi - logró decir entre lágrimas.
- Lo siento, Jess. Siento no recordarlo - me disculpé mientras ella enrollaba sus brazos en mi cuello.
La agarré por la cintura y me apoyé en su hombro - No llores.
- No, perdóname tú. No tienes porque recordarlo - bajó la mirada apartándose.
- Eres tan frágil, Jess - le sonreí rozando su hombro derecho.
Le hice sonreír.
- Sigues mojada - rocé su mejilla limpiándole las lágrimas.
- Tú también - logró sonreír.
- Por cierto, ¿qué hacías aquí?
- Se ha convertido en mi sitio favorito también - arqueó una ceja y comenzó a caminar rozando mi brazo derecho. Me volteé siguiéndola.
- Espérame - le alcancé. Agarré su mano - La comida está lista.
No respondió y ambos trancurrimos el patio y nos sentamos en la mesa de la cocina mientras ambos charlábamos tranquilamente. Elogió mi comida y al terminar, se irguió y fue a su cuarto a cambiarse.
Recogí los cubiertos y limpié la mesa. Luego, me sequé las manos y fui en su búsqueda. Llamé a la puerta de su habitación y entré.
Ella se encontraba frente al espejo de pared retocándose el maquillaje.
Me apoyé en el marco de su puerta y le observé.
Jessy paró en seco y soltó el lápiz de ojos. Me miró a través del espejo embozando una sonrisa. Bajó la mirada y recogió su pintalabios. Terminó de maquillarse y se volteó apretando los labios para esparcir el pintalabios rojo. Se asustó al verme justo detrás de ella.
- Un día vas a matarme - posó una mano sobre su pecho y me miró por encima de sus pestañas.
- Perdona - sonreí - ¿A dónde vas? - le pregunté confundido.
- He quedado con Jeremy y Lexie. Se marchan mañana así que hoy será la despedida en casa de sus padres. Volveré tarde. Te lo digo para no preocuparte.
- Gracias - sonreí divertido - Estás preciosa.
- Gracias por el halago - sonrió - ¿Miriam aún no despertó?
- No, estará cansada. Bien. Pásatelo bien - sonreí falsamente y finalicé el tema de conversación con rapidez.
- Gracias - agarró mi mano como despidiéndose y cogió su bolso de mano. Soltó mi mano y se marchó.
Sonreí y llevé mi pulgar a la punta de mi nariz. Me fui a la cocina a leer un libro de psioterapia.
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
Leí unas cuántas páginas. Escuché el sonido de la puerta y cerré rápidamente el libro que estaba leyendo.
Caminé hasta la entrada y abrí la puerta sin mucho entusiasmo.
- ¡Hola!
Traigo palomitas y "La Matanza De Texas" - sonrió con entusiasmo mirándome fijamente y enseñándome el DVD que contenía en sus manos.
- ¿Érica? ¿Dónde estabas? He estado llamándote durante días - me lancé a abrazarle y después me incorporé.
- Es que me fui a Las Vegas. Me ofrecieron desfilar en las pasarelas de una de las ciudades más reconocidas de Estados Unidos. ¿No es impresionante? Estuve toda la semana desfilando para varias compañías - dió saltitos aplaudiendo.
- ¿Y por qué no cogiste el teléfono?
- Me olvidé el cargador en casa y se me terminó la batería - frunció los labios - Lo siento.
- Bien, tienes que contarme más de tu aventura por Las Vegas - sonreí - Pasa.
- Por supuesto - me entregó las palomitas y le dejé pasar mientras cerraba la puerta.
Entramos ambos a la cocina. Ella se sentó en la encimera acomodándose.
- Bien, habrá que preparar estas palomitas - sacudí el paquete en el aire y metí la bolsa en el microondas. Me senté a su lado mientras esperaba a que las palomitas se hicieran.
- ¿No hay nadie en casa? - me dirigió la mirada.
- Miriam duerme como un tronco así que no, no hay nadie en casa - le sonreí. Ella no tenía ni idea de que Jessy convivía con ambos. Sbía que si se lo contaba, las cosas entre ellas se volverían aún peor de lo que ya estaban.
- O sea... que tenemos la casa para nosotros sólos - alzó una ceja formando con su dedo índice una línea recta por el abdomen.
- Así es - me mordí el labio. El pitido del microondas nos despertó de nuestras fantasías. Ella se irguió y fue a buscarlas. Las virtió en un bol y se sentó sobre mis piernas mientras yo la agarraba por la cintura.
- Cuéntame como fue tu viaje - mordí el lóbulo de su oreja. Soltó un suave gemido dándome acceso a su cuello.
- Pues... todas nos dirigimos al aeropuerto en un mini bús. Luego, cogimos el avión hasta llegar a Las Vegas y luego ya fuimos directamente a desfilar. También, nos dejaron varias horas al día para explorar la ciudad. Los edificios, los monumentos, las estatuas... Todo fue realmente impresionante pero lo que más me sorprendió fue el parque de atracciones. Ojalá pudieras venir conmigo - hizo pucheros recordando.
- A mi también me gustaría ir pero estoy terminando los estudios y pronto me sacaré el título - besé su cuello dándole pequeños mordisquitos. Era su debilidad.
- ¿Pronto? Si por pronto te refieres a un año... - anunció.
Reí sin contestarle y seguí recorriendo con mis labios cada centímetro de su rostro.
- Eres tan irresistible - me perdí entre el precioso olor del perfume de su cabello.
- Lo sé, amor - rió metiéndose una palomita entre los dientes - ¿Quieres?
- Por supuesto - le robé la palomita y aproveché para besarle.
Érica rió dejando el bol a un lado de la encimera y se recostó sobre ella mientras yo continuaba besándole mientras apoyaba ambas manos en los laterales de su cabeza.
Ella se apartó y al ver el colgante que compartíamos Jessy y yo colgar de mi pecho, lo cogió entre sus manos y lo observó con curiosidad.
- ¿Y esto? - lo rodeó con sus manos.
- Oh, es un colgante compartido - me erguí volviendo a sentarme sobre la encimera.
- Es precioso - mencionó soltándolo y sentándose de nuevo a mi lado.
- ¿Sabes qué? - le pregunté volviendo a coger las palomitas.
- ¿Qué? - sonrió robándome el bote.
- Ya he visto la matanza de Texas dos veces.
- Mierda. No sé, podemos ver... - se llevó el dedo índice a su frente pensativa.
- ¿Enserio quieres ver una peli? - solté una sonrisa ladeando la cabeza.
- ¿No quieres? - me miró fijamente terminándose las palomitas.
- Pues no - me acerqué a ella.
- Entonces... ¿qué quieres hacer?
- Besarte - susurré tartamudeando.
- Hazlo. Bésame - sonrió acercándose a mi.
[FlashBack:]
- Solo lo haré si tu me lo pides
- Bésame
[Fin del FlashBack]
- Coque, te quedaste en shock - me explicó mirándome fijamente mientras yo reaccionaba.
- Perdona - le sonreí y acaricié su mejilla acercándome a ella para besarle.
Ella se acercó con rapidez enrollando sus brazos a mi nuca y besándome mientras aumenta cada vez más la intensidad de nuestros besos.
Volví a recostarla sobre la encimera. Ella cogió los bordes de mi camiseta y me la retiró con rapidez tirándola al suelo.
Siguió besándome y tomó el control de mi cuerpo. Se incorporó levantándose. Yo le seguí y le agarré del brazo.
- ¿A dónde vas? - sonreí besándola.
Ella me empujó contra la nevera y agarró mis muñecas con fuerza elevándolas.
Introdució ambas manos por dentro de mis pantalones sonriendo. Solté un pequeño gemido mientras seguía inmovilizándome.
Antes de que nuestras lenguas volvieran a juguetear entre si, el móvil de Miriam sonó interrumpiéndonos.
- Perdona - me solté ignorando su bufido de desesperación y cogí el teléfono de mi hermana entre mis manos. No miré quien era y respondí de inmediato.
- ¿Hola? - lo cogí acercándolo a mi oído derecho y me volteé sin mirar a Érica.
- Hola, ¿Miriam? - preguntó confuso.
- No - reí - Soy su hermano. ¿Puedo ayudarle en algo? - miré a Érica que continuaba impasible.
- Me alegro de volver a charlar con usted. Soy Derek Karev, jefe de la compañía de automóviles.
- ¿Derek? Oh, ya me acuerdo - sonreí.
- ¿Puedo hablar con Miriam? - dijo nervioso.
- Vale, no importa - trató de decir con naturalidad.
- ¿Es muy importante? - suspiré cambiando el móvil y apoyándolo sobre mi oído contrario.
- Bueno... en mi trabajo todo es realmente importante - rió.
- Bien, déjeme el recado para Miriam - me senté sobre la mesa y me mordí el labio superior.
- Gracias, me haces un gran favor. Dile que el precio final del automóvil ya no es el que acordamos. El precio con equipamiento incluído y sacado de fábrica se reduce a veinte mil euros - murmuró removiendo unos cuantos papeles.
- ¿Enserio? Cuando se lo comunique se pondrá a saltar por los aires - sonreí amablemente.
- Si. Le conseguí una de mis mejores ofertas.
- Muchísimas gracias, Derek. Mi hermana no se merece todo lo que has hecho por ella - me erguí acercándome a Érica que mantenía el ceño fruncido y me miraba distante.
- No hay de qué. Mi equipo ya le llamará cuando el vehículo esté preparado - sonrió como despidiéndose.
- Derek, estoy pensando y... - bajé la mirada - Quería agradecerle la increíble oferta que le esta haciendo a Miriam.
- Ya te dije que no es nada - volvió a sonreír.
- Claro que lo es. Le invito esta noche a cenar a nuestra casa como agradecimiento - asentí con la cabeza.
- Gracias pero no creo que vaya a ser posible que pueda asistir. Tengo que rellenar mucho papeleo - se excusó.
- Es una invitación, no puedes rechazarla así por así - protesté haciendo una mueca.
- De verdad, no puedo escaquearme - cambió su expresión.
- No aceptaré un no por respuesta. El papeleo puede rellenarlo otro día - levanté ambas cejas - Nos vemos en mi casa. Esta noche a las nueve y media. No faltes.
- Está bien. Eres muy terco - sonrió.
- Mi hermana es peor. Te lo aseguró - le devolví la sonrisa - ¿Sabes la ubicación de mi casa?
- Si, por supuesto. Lo miraré en el folleto que rellenó Miriam - se escuchaban diversos ruidos a través de la otra línea telefónica.
- Bien.
- Bueno, debo colgar. Me aguarda una clienta.
- Bien, hasta esta noche - me despedí dirigiendo la mirada a Érica.
- Buenas tardes - sonrió y colgó sin aguardar ni un segundo.
Dejé el móvil en su lugar anterior y me volteé cruzando los brazos.
- ¿Sueles responder a las llamadas de tu hermana? - arqueó una ceja enfadada.
- No, pero esta era importante - reí acercándome a ella. Acaricié su mejilla cerca de sus labios - ¿Continuamos?
- No, se me ha cortado el rollo - se bajó de la cocina.
- Puedo hacer que lo recuperes - reí bajando mis manos a su trasero. Ella me lanzó una mirada asesina.
- Eres indomable - me besó mientras apartaba mis manos de su trasero - Olvídate de lo que estás pensando - susurró a centímetros de mis labios.
Reí sin poder evitarlo.
- Me voy, amor. Tengo una entrevista - me besó con intensidad y se separó de mi.
- Te echaré de menos - hago pucheros cogiéndole de las manos.
- Te llamaré a terminar - se dirigió a la puerta y dándome un último beso se despidió de mi - Adiós.
- Hasta que termines - sonreí mirándola con deseo y cerré la puerta al ver que se alejaba del alcance de mi vista.
Me puse de nuevo la camiseta al llegar a la cocina y regresé a mi libro de antes.
Me quedé pensativo.
¿Por qué le había bajado tanto el precio del coche?
A las seis de la tarde, decidí despertar a Miriam. Cerré de nuevo mi libro y subí las escaleras de la casa hasta llegar al pasillo y recorrerlo. Me entrometí en su habitación y me asombré al abrir la puerta y verla despierta peinándose el cabello. Se había quitado el vestido de antes y en su lugar un lujoso conjunto formado por una falda corta y una blusa componían su torso. Sonreí llamando su atención.
Narra Miriam:
Me desperté un poco tarde, el encuentro de ayer con Derek fue...como decirlo...
Lo único que sé es que lo que acababa de ocurrir hace una horas no ocurriría jamás o por lo menos tenía la esperanza de que no ocurriría.
Me levanté y cogí un colgante que tenía en el escritorio.
Escuché unos pasos, por un momento pensé que sería Jessy pero no.
Era mi hermano,entró a mi cuarto sin llamar y con una cara algo peculiar,entre asombro y enfado.
- ¿No sabes llamar a la puerta? - dejé el colgante entre mis piernas.
- No, es que no tengo manos - alzó ambas manos como sobreprotegiéndose.
- Por supuesto - le miré entrecerrando mis manos.
- Ya - cruzó los brazos apoyando la cabeza en el marco de la puerta.
- ¿Te vas a quedar ahí apoyado contra la puerta o vas a decirme algo? - arqueé una ceja sin apartar la mirada de él.
Seguí sentada sobre la cama esperando su respuesta.
Lo único que sé es que lo que acababa de ocurrir hace una horas no ocurriría jamás o por lo menos tenía la esperanza de que no ocurriría.
Me levanté y cogí un colgante que tenía en el escritorio.
Escuché unos pasos, por un momento pensé que sería Jessy pero no.
Era mi hermano,entró a mi cuarto sin llamar y con una cara algo peculiar,entre asombro y enfado.
- ¿No sabes llamar a la puerta? - dejé el colgante entre mis piernas.
- No, es que no tengo manos - alzó ambas manos como sobreprotegiéndose.
- Por supuesto - le miré entrecerrando mis manos.
- Ya - cruzó los brazos apoyando la cabeza en el marco de la puerta.
- ¿Te vas a quedar ahí apoyado contra la puerta o vas a decirme algo? - arqueé una ceja sin apartar la mirada de él.
Seguí sentada sobre la cama esperando su respuesta.
- Venía a decirte algo - se acercó a mi adentrándose en el interior del cuarto.
- Me vas a echar la bronca, ¿verdad? - le hice una señal para que se sentase a mi lado. Él la comprendió e hizo caso a mis órdenes.
- Hermana, ya eres mayor de edad y... no pienso ser el típico hermano mayor protector tienes que cuidar de ti misma sin depender de mí.
Me parece bien que hayas salido con tus amigos pero... podrías volver a una hora decente por lo menos. O... devolverme las llamadas - me observó con una expresión normal. Ni de enfado ni de decepción.
- Bien, quería pedirte perdón. No pensé que se alargara tanto - le sonreí tranquilamente.
- Olvidémoslo. Ya está solucionado - zanjó el tema y suspiró - Venía a decirte que... Derek te llamó.
Mi rostro se puso pálido y mis dientes se rozaban los unos con los otros. Ahora mismo, deseaba esconderme debajo de la cama y no seguir escuchando las palabras de Coque.
- Bueno, ¿y que quería? - tragué saliva tartamudeando. Abracé mi pierna derecha.
- Rebajarte el precio del coche - susurró con normalidad - Me extrañó lo suficiente.
- Soy una clienta especial - le guiñé un ojo sonriendo.
- Para agradecérselo le invité a cenar esta noche a las nueve y media - exclamó levantándose.
- Espera, ¿qué has hecho qué? - abrí los ojos atónita. No podía creerme lo que acababa de escuchar.
No quería ver a Derek en aquellos momentos y mucho menos cenar a su lado. Tuvimos una cena amistosa que terminó en su cama. Me sientía ridícula solo de pensarlo.
- ¿Por qué te quejas? Sólo es una cena para agradecérselo, créeme se lo merece. Ha hecho mucho por ti - insistió intentando hacerme recapacitar - Y no intentes escaquearte - anunció volteándose sin mirarme y dirigiéndose a la salida.
- Está bien. ¿Jessy también cenará con nosotros? - pregunté levantándome.
- Si ella quiere, si - se marchó cerrando la puerta.
- Mierda - solté cuando se fue.
Ahora debía ponerme a la obra y buscar el look para ponerme esta noche. Decidí darme una ducha relajante para calmarme. Al salir, me sentí mucho mejor. Tenía que sacarme de la cabeza la imagen de mi que le había ofrecido a Derek la noche pasada. Aún no podía creerme que ocurriese eso entre ambos. Derek era un buen chico pero yo no estaba preparada para enfrentarme a una seria conversación con él.
Coque la había cagado.¿Qué iba a hacer? De momento, rizarme el cabello y después ya veríamos.
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
UNA HORA ANTES DE LA CENA:
Coque estaba preparando la cena y mientras yo me arreglaba para esta noche.
Jessy regresó de la gran fiesta. La verdad era que no se lo pasó muy bien y se escabullió de la misma.
Decidí contarle todo lo ocurrido. Ella me escuchó con total atención y se sorprendió riéndose de mi.
Se ofreció de nuevo para ayudarme con el look para la cena. Me encantaba pasar tiempo con ella. Nos lo pasamos genial completando el conjunto para ponerme. El cuento de Derek se me olvidó por completo en toda la hora que estuve con ella. Decidió elegir mi maquillaje. Me senté frente al tocador y me dejé a sus manos. Tenía plena confianza en un buen resultado. Ya terminaba de maquillarme los labios cuando interrumpió el tema anterior de conversación con la cena de esta noche. Volteé los ojos al escucharla.
- Yo cuando llegue Derek me voy y más tarde cuando se marche vuelvo así os dejo hablando solos.
- ¿No vas a quedarte? - le miré suplicante.
- No, lo siento pero quedarme con Coque y la parejita no me hace mucha gracia - hizo una mueca bajando la mirada a mis labios recién pintados.
- Te he dicho mil veces que no estamos saliendo y que no habrá nada entre nosotros - le susurré amenazadora.
- Estaba de coña - se puso a mi altura apoyando sus manos en las rodillas - Una cosita que creo que se te ha pasado.
- ¿Qué? - pestañeé.
- ¿Hablaste con Derek sobre lo de anoche?
- Aún no. No hablé con él - bajé la mirada apretando los labios.
- Pues estás jodida. Habrá mucha tensión sobre la mesa - abrió los ojos aterrorizándome,
- Supongo que si. Estoy muy confusa e intento olvidar lo que pasó, intento olvidarme de él - llevé mis manos a mi cabello acomodándolo con cara de preocupación.
- Miriam, ¿a ti realmente te gustó? - me miró fijamente aguardando mi respuesta.
- No lo sé porque no lo recuerdo - me volteé mirándola de nuevo con cara de preocupación.
- ¿Cómo que no lo recuerdas? - susurró sin creérselo - O sea, ¿no recuerdas como es en la cama?
- No recuerdo como terminé en su cama. Solo... bebí demasiado y creo que eso me ocasionó la perdida de memoria.
Jessy bajó la mirada ladeando la cabeza.
- Tal vez, no lo recuerdes porque para ti no tiene importancia pero a lo mejor para él si y puedes estar dañando sus sentimientos - habló más para si misma que para mi.
- Estoy muy confundida. Necesito saber exactamente lo que pasó pero me dá corte preguntárselo a Derek - me expliqué levantándome y sentándome en el borde de la cama.
- Haber, repasemos lo sucedido. Os conocéis en un establecimiento de venta de automóviles, él días después consigue tu número y te telefonea. Te invita a cenar y tú accedes, la cena es perfecta y termináis emborrachándoos y no siendo dueños de vuestros actos. ¿Me salté algo? - cruzó las piernas en posición de indio e hizo cálculos mentales mientras observaba el techo y se rascaba la barbilla.
- Si. Me invitó a tomar la última en su casa y yo accedí. Después de eso, mis recuerdos se esfuman.
- Y... al día siguiente te encuentras desnuda al lado de él y en su cama - me miró fijamente juntando ambas manos y dado por zanjado el tema.
- Pero, tú estabas desnuda y él a lo mejor no. Puede ser que te quedaras a dormir pero que no ocurriera nada entre vosotros - arqueó una ceja, dudosa.
- Él, también estaba desnudo. Así que no hay duda de que ocurrió - confirmé.
- ¿Pero enserio no te acuerdas de como fue...eso?
- Nada de nada - ladeé la cabeza de un lado a otro repetidas veces.
- ¿Y si lo volvéis a hacer? Así sabrás si es bueno en la cama o no - sonrió mirándome distraidamente.
- Por supuesto - dije sarcásticamente - Le llamo y le digo: " Hola Derek, perdona pero no recuerdo si me gustó nuestra noche de sexo, ¿podríamos volver a repetirla?" - incliné la cabeza elevándo los brazos.
- Bueno, tal vez te diga que si - sonrió levantándose. Se volteó mirándome - ¿Volverá a ocurrir?
- ¿El qué?
- ¿Lo de la noche pasada entre vosotros? - me miró fijamente.
- No, ni de coña. No soy de repetir con un tio. Es como rebajarme a su nivel - puse los ojos en blanco haciendo gestos con las manos.
- Apuesto que volverás a picar en el anzuelo - me señaló con su dedo índice.
- No, no me atrae además, existe el puñetero autocontrol. Guardo varios recursos debajo de la manga - sonreí.
- A ver cuanto te dura el autocontrol- sonrió acercándose a la salida de mi cuarto - Oye, tu siesta de hoy a sido muy larga. Derek te habrá dejado súper cansada.
Cogí un zapato de tacón que estaba posado sobre el escritorio y lo lancé hacia la puerta. Lástima que fallara el tiro.
- JAJA. ¡Fallaste! - se regobizó saliendo del cuarto.
Sonreí mirándola. Cerró de nuevo la puerta pero la dejó entre abierta cuando mi hermano se le acercó.
Podía escuchar su conversación desde mi habitación.
Mientras, me senté en el escritorio y me retoqué el maquillaje y el peinado.
Mis tímpanos ejercían su función distraidamente.
- Jess, has vuelto - rió mientras su voz se acercaba aún más.
- Si, fue muy aburrida la despedida. Por eso me fui. Además, tu hermana me necesitaba para elegir el look de esta noche - se explicó.
- ¿Tú no te quedas a cenas?
- No. No conozco de nada a ese chico. Sería una situación bastante incómoda - sonrió tímidamente.
- Yo tampoco lo conozco mucho.
- Bien, yo me largo - rió despidiéndose - No vaya ser que Derek llegue antes de que me vaya - rió mientras su tono de voz se hacía más difícil de escuchar. Se estaba alejando.
- ¿Y a dónde vas?
- He quedado con Pris. Debo recompensarle la fiesta de pijamas de ayer.
- Vale, nos vemos - Coque se despidió y ambos dieron por terminada la conversación.
Odiaba admitirlo pero Jessy tenía razón. En la mesa habría mucha tensión por las dos partes y con Coque por medio...
No sabía si iba exactamente bien para la cena pero bueno. Me peiné como siempre. Antes de salir del auto, me miré en el espejo del retrovisor y comprobé mi aspecto. Sonreí y salí del mismo. Observéa los alrededores y aguardé un rato frente a la puerta pensando las palabras exactas para decirle.
Llamé a la puerta e intenté dar buen aspecto utilizando una de mis mejores sonrisas.
Esta se abrió segundos después.
- Hola - susurré sonriente antes de que se abriera completamente.
- ¡Hola! Pasa, por favor - exclamó Coque devolviéndome la sonrisa.
- Muchas gracias - asentí accediendo a interior de la vivienda.
- Puedes hacer lo que te dé la gana. como si estuvieras en tu casa - me dejó espacio para acceder al interior.
Reí ante su comentario y observé a todos los lados. El pasillo era muy extenso y estaba dividido en cuatro caminos. Uno que llevaba a la sala, otro a las escaleras, el siguiente a la cocina y el derradero al cuarto de la lavadora supongo. La entrada era realmente confortable y un pequeño escalón la aislaba del extenso pasadizo. Montones de zapatos se encontraban en el armario y una puerta estándar llevaba hasta el armario donde dejé mi cazadora de cuero. Sonreí y ambos caminos hasta las escaleras.
- ¿Te costó encontrar el lugar? - me interrumpió la visión global.
- No. Fue muy fácil - sonreí - Solo tenía que seguir las indicaciones del GPS.
- Bien, me encanta tu conjunto - arqueó una ceja observándome.
- Gracias, y a mi el tuyo - le observé asintiendo - Oh, he traído una botella de "Romanée Conti" - se la extendí.
- No hacía falta que te molestases - me sonrió cogiéndola entre sus manos - ¿Es francesa?
Asentí.
- De pequeño me crié en Francia, en la pequeña ciudad de Monaco. La visito una vez al año y aprovechó para llenar mi bodega de exquisitos vinos franceses - le sonreí.
- Es asombroso - susurró - Mi hermana aún está preparándose. No tardará.
- Siempre suele tardar, ¿no? - reí acordándome de la cena de anoche. Su retraso me causó mucha gracia. Ninguna de las chicas con las que quedaba llegaban tarde a nuestro encuentro.
- Si, no puedes contar con ella para nada porque le lleva tiempo arreglarse y siempre llega tarde a cualquier sitio - volteó los ojos.
- Las chicas son así.
Lo hombres somos de los que nos ponemos unas camiseta al azar y ya estamos listos. ¿Para que necesitamos estar perfectos? - reí.
- Hombre, eso es lo mejor. Escoger una camiseta al azar y caso arreglado - me dió la razón.
- No sé yo si... - Mis palabras se cortaron cuando escuche unos pasos por las escaleras principales.Era Miriam aunque no se le veía por las luces apagadas del pasillo y la oscuridad de la noche reflectada desde la ventana - ... es lo apropiado - mi mirada se perdió en ella.
- Por fín. A tardado pero... - Coque me observó extrañado al ver que tardaba en responderle.
- Si - seguí inmóvil con la atenta mirada de Coque clavada en mi.
Por fin la pude ver, con un precioso conjunto y sus ojos acaramelados mirándome detenidamente sin pestañear ni un segundo. Sonrió forzosamente y bajó las escaleras ayudándose de la mano que le tendió su humilde hermano.
IBA ASÍ:
- Que linda, hermana - Coque le soltó de la mano observándola.
- Gracias - le dedicó una sonrisa.
Asentí.
- Divina - sonreí observándola con ojos brillantes.
- Gracias, Derek - me dirigió la mirada durante un instante.
Nuestras miradas se cruzaron detenidamente y antes de que alguno soltara alguna tontería sobre lo ocurrido la noche pasada Coque, intervino.
- Chicos, voy a llevar la bebida a su lugar. Vuelvo enseguida. Charlar mientras tanto.
Se fue dejándonos sólos a ambos.
- Tú y yo tenemos que hablar - susurró suspirando sin dirigirme la mirada.
- Creo que no es un buen momento - mencioné observándola de arriba a abajo.
- ¿Cómo se te ocurre aceptar la invitación de mi hermano? - dijo entre dientes y observando a los lados.
- No tenía... - me froté la nuca.
Miriam me observó de reojo con expresión seria y pasó por mi lado rozándome el brazo
Le agarré del antebrazo antes de que accediera al interior de la cocina que se encontraba a unos palmos haciendo que se volteara hacia mi. La acorralé entre la pared y mi cuerpo y le agarré de las muñecas a pocos centímetros de rozar su piel.
Ella intentó soltarse y me miró fijamente a los ojos muy inquieta y nerviosa.
- ¿Intentas ignorarme? - sonreí intimidante. Miriam apoyó la cabeza contra la pared y bajó la mirada hacia mis labios - Contesta - me acerqué más a ella.
- Suéltame - susurró en un gemido zarandeando las muñecas.
- Me encanta que me supliquen - sonreí sensualmente apartando un mechón de pelo de su rostro.
- Y a mi que me lo pidan - susurró casi sin aliento.
- Fíjate, que casualidad - sonreí rozando sus labios. Ella me besó acortando la distancia. El beso se intensifico hasta que la temible voz de su hermano nos hizo detenernos.
- Chicos, entrad. Ya está todo preparado - anunció Coque desde la cocina.
Ella se separó entre cortadamente mientras yo le soltaba las muñecas. Sonreí y le dejé marchar. Ella accedió al interior de la cocina y luego, segundos más tarde yo también entré.
Coque me observó sonriente mientras Miriam tomaba asiento.
Miré a los alrededores. La cocina era espaciosa, poco luminosa pero cohibida. La decoración era realmente estupenda y servicial y el menú tenía pinta de estar delicioso: "Gazpacho" como primer plato, de segundo "Verduras salteadas con pollo" y de postre una deliciosa pieza de fruta. Acompañado del vino francés hacia una combinación única y realmente especial.
Coque me señaló uno de los asientos. Yo me senté frente a Miriam que evitaba mis miradas nerviosamente. Más tarde, Coque se sentó a mi lado mostrando el primer plato. Sonreí y comenzamos a comer. La verdad es que estaba delicioso.
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- Cuéntanos Derek.
¿Tienes vida personal o solo vives del trabajo? - sonrió Coque sirviéndome el vino.
- Mi vida personal comienza a partir de las siete de la tarde de cada día hasta las diez de la mañana del día siguiente - le observé mientras se servía a si mismo.
- Vaya, estás muy solicitado - comenzó a devorar la comida del plato - ¿Y te gusta ser vendedor de automóviles?
- No mucho pero al ser mi padre el antiguo dueño del local... Me siento responsable de ocupar su lugar en la empresa. Él estaría orgulloso de mi, supongo - miré a ambos sin ocultar una sonrisa.
- Ohh, no lo sabía. Lo siento - se compadeció Coque. Ladeé la cabeza - ¿Tienes muchos clientes en esta época del año?
- Si, los clientes poco varían de mes en mes. No existe una época en la que vendamos más.
- Todo eso me asusta. Yo aún estoy terminando los estudios - tomó la copa entre sus manos.
Miriam bajaba la mirada intentando parecer despercibida.
- ¿Y cuándo terminas los estudios? - me entrometí.
- Dentro de unos meses. Me falta realizar el examen final y si lo apruebo me dan el diploma terminando así la carrera.
- ¿Y tienes pensado a que dedicarte? - bebí un sorbo de mi bebida.
- La psioterapia. Como te he dicho estoy terminando la carrera.
- ¿Y tú? - dirigí la mirada a Miriam.
- ¿Yo? - levantó la mirada dejando el gazpacho. Soltó la cuchara.
- Si - le miré fijamente.
- Me han ofrecido unas clases de canto y supongo que las aceptaré. Me encantaría ejercer en el mundo de la música - frunció los labios observándome.
- Genial - aparté la mirada y me terminé el gazpacho - El gazpacho estaba buenísimo - asentí con la cabeza dejando la cuchara a un lado y recogiendo una servilleta para limpiarme los morros.
- Gracias, es una receta familiar - Coque terminó a la vez que Miriam y se levantó retirando los platos y preparando el segundo plato.
- Derek, ¿cuántos años tienes? - volvió a mencionar.
- Ventiséis. El mes que viene cumplo los veintisiete - aclaré.
- Pareces más joven - Coque trajo el segundo plato relamiéndose los labios.
- Pues y ves - sonreí contemplando mi plato - ¿Soys vegetarianos?
Miriam sonrió guardándose una carcajada. Le miré fijamente y ella elevó por un momento la mirada.
- No - rió Coque segundos después - ¿No te gustan las verduras?
- Si, por supuesto. Solo... me extrañó que el menú constara completamente de ellas - comencé a comer al verlos a ellos - ¿El postre que es? ¿Tarta de puerro?
Miriam rió en un susurro tapándose la boca con la mano derecha.
- Pues no exactamente - continuó observando su plato - ¿Tienes novia? - preguntó cuando ambos - Miriam y yo - estábamos distraídos. Ella al escuchar la pregunta de Coque aclaró la voz emitiendo un sonido fustrante.
Aguardé unos segundos desviando la mirada y luego decidí responder a su pregunta.
- No - mostré mirando a Miriam fijamente. Su rostro se puso pálido y ella se encontraba nerviosa intentando no mirarme fijamente a los ojos. Quería tranquilizarla de alguna forma pero sabía que así solo empeoraría las cosas.
- Pensé que si ya que pareces un chico muy atractivo - Coque continuó cenando.
- Gracias. Aunque lo importante es el interior, ¿no? - sonreí amablemente.
- Si, exacto - asintió mientras terminaba el segundo plato - ¿Verdad, Miriam?
Ella levantó la mirada frunciendo medianamente el ceño.
- Supongo - desvió la mirada tomando su copa. Su dedo meñique temblaba posesivamente.
Volví a mirarla. Estaba súper pálida.
- Miriam, ¿te encuentras bien? - acaricié su antebrazo. Ella lo apartó velozmente.
Me miró desafiante.
- Miriam, esos modales - Coque le miró fijamente echándole la bronca.
- Estoy bien - dejó la servilleta sobre la mesa y se levantó para acomodarse el vestido.
- Estás muy pálida - continuó Coque.
- Solo... tengo calor - bajó la mirada sentándose de nuevo.
- Está bien - Coque finalizó la conversación.
- Bien, ya terminé - anuncié mirando a ambos.
- Ahora te sirvo el postre - se mostró Coque desinteresado.
Seguimos charlando y finalmente acabamos de comer. Todo estaba muy rico. El postre constaba de un pieza de fruta. Coque me explicó quien era Jessy.
- Si, es muy atenta y muy buena persona - siguió explicándome.
- Pues eso es lo más importante - asentí sonriendo.
- ¿A qué si? - dijo Coque. La verdad era que me caía estupendamente. Se notaba que ambos eran hermanos.
- Si. Oye, necesito ir al baño - mencioné.
- Por supuesto. Miriam te mostrará donde se encuentra mientras yo recogó la mesa - se levantó recogiéndola.
- Sígueme Derek - volteó los ojos levantándose.
Me erguí absorbiendo el resto del contenido de la copa y le seguí. Ella no aguardaba por mi y ni siquiera se molestaba en averiguar si le seguía. Ascendimos por las escaleras a paso rápido. Recorrimos el segundo piso y finalmente ella se paró en seco frente a una de las puertas.
- Es aquí - suspiró volteándose.
- Gracias - sonreí accediendo al interior.
- Yo te espero fuera - mencionó apoyándose en la pared al lado de la puerta. Miró al techo y cruzó sus piernas pensativa.
- No tardaré - entré en el mismo.
Cerré la puerta poniendo el pestillo. Me miré en el espejo y suspiré. Me encontraba nervioso ante la presencia de Miriam en aquel momento.
En un pequeño instante, las luces se fueron y me quedé a oscuras.
- Mierda - encontré el pomo de la puerta y esta se abrió.
Salí del cuarto de baño.
- Derek, se ha ido la luz - escuché la voz de Miriam frente a mi.
- ¿No me digas? No lo sabía - mencioné sarcásticamente.
- Idiota - mencionó molesta.
- Ven, hay velas en el desván de arriba.
- ¿Tengo que ir contigo? ¿No sabes ir tú sola? - susurré mientras dibujaba una pequeña sonrisa muy tierna y sensual.
- Mmm...Tengo miedo a la oscuridad, ¿vale? - anunció subiendo las escaleras que conducían a una única puerta.
- ¿Enserio? - reí siguiéndola como pude. Gracias a los ventanales aún se podía ver algo trás la oscuridad.
- ¿Me acompañas o qué? - se volteó.
- ¿No ves que ya lo estoy haciendo?
Miriam sonrió y volvió a encaminarse hasta el desván.
Abrió la puerta de hierro y me dejó pasar. Entré y miré a los alrededores. El desván era bastante extenso y acogedor aunque en su interior el frío inundaba todos los rincones. Pequeños ventanales rodeaban la estancia y pocos materiales cubiertos por sábanas o en cajas de cartón se encontraban esparcidos por todo el espacio.
- Vale, veamos...
- ¿Te ayudo? - me acerqué a ella.
- Si, gracias - digo distraídamente.
Sonó un trueno por toda la casa y luego un destello alumbró desde la pequeña ventana que se encontraba en la parte superior del techo del desván.
Miriam suspiró deslizando sus manos por ambas piernas.
- ¿Estás bien? - le susurré levantando la mirada del interior de una de las cajas.
- Si, solo me pilló por sorpresa - se irguió y volvió a soltar el aire acumulado.
- ¿Te asustan los relámpagos? - seguí rebuscando en el interior de la caja.
- Depende de lo cerca que estén de mi - susurró.
Me adentré más al fondo del desván.
Se escuchó otro trueno pero aún más fuerte y la puerta del desván se cerró resonando en un portazo.
La puerta parecía muy vieja y pesada y sobre todo muy difícil de romper.
- Se cerró la puerta - Miriam caminó hacia ella e intentó abrirla. Varias palabrotas salieron de su boca y finalmente, se rindió al ver que era imposible de abrir.
- Déjame a mi - me acerqué a ella.
- Si yo no puedo tú tampoco vas a poder - intentó hacerme entrar en razón. Se apartó de la misma dejando espacio. Tomé el pomo entre mis manos y lo giré con fuerza, luego probé a golpearla pero finalmente descubrí que la puerta no cedía.
- No hay manera - me volteé soltándola.
La puerta era muy dura y aún encima de hierro así que fue un caso imposible.
Cogimos los dos nuestros móviles y activamos la linterna de los mismos. Por lo menos, nos iluminaba el camino.
- ¡Socorro! ¡¡¡Estamos atrapados!!! - golpeó la puerta intentando que alguien nos escuchase.
- No gastes saliva, es imposible que nos oigan. Tu hermano se encuentra en el piso de abajo - murmuré apoyándome en una silla de la habitación.
- Estamos encerrados - paró de golpear la puerta y se volteó buscándome con la linterna de su móvil.
- ¿Tienes miedo de perderme? - le miré.
- No, tengo de perderme yo - caminó hacia mi suspirando - Es la única salida y entrada existente.
- A lo mejor existe otra - murmuré cruzando los brazos.
- Derek, llevó dieciocho años viviendo aquí. Me sé todos los rincones y escondrijos de esta casa - señaló a pocos metros de mi.
- Y te creo - Miré por un pequeño ventanal - Las tormentas de verano son las más jodidas - razoné.
Miriam no me hacía caso. Solo se limitaba a mirarme con detenimiento y con cara de preocupación.
Se sentó en una esquina del desván al lado de la pared. Yo me senté en otra esquina al frente de ella.
Miriam miraba por la ventana del desván y esperaba que las tormentas se calmaran.Yo me limitaba a mirarla detenidamente, no podía evitarlo.
Unos minutos después, ella levantó la cabeza y me miró.
- Derek - frunció el ceño.
- Dime - seguí mirándola.
- ¿Puedes parar de mirarme? Me pones nerviosa - volvió a desviar la mirada.
- ¿Nerviosa? - arqueé una ceja.
- Nerviosa - afirmó con una mirada amenazadora.
Sonreí ignorándola por completo. Seguí mirándola pero más fijamente y sin pestañear.
- Para, enserio - rió lamiéndose el labio inferior.
- Vale, pararé. Eso si, no volveré a mirarte - asentí apretando los labios y cerré los ojos.
Ella rió con ganas.
- Idiota, no debes tomártelo tan a pecho.
- No abriré los ojos - ladeé la cabeza. Ella se levantó caminando hacia mi. Lo sé por el ruido de sus tacones.
Se situó frente a mi y me dió una bofetada en la mejilla izquierda.
- ¡AU! - exclamé rozando mi mejilla que se encontraba ardiendo en esos instantes.
- Mírame - se sentó sobre mis rodillas sujetándome la barbilla para que le dirigiese la mirada. Yo mantenía los ojos cerrados - Vale, acabo de quitarme el vestido. Tú te lo pierdes - me susurró al oído.
Agarrándose a mi nuca para no caerse. Yo abrí los ojos agarrándola por el trasero.
- Eres una puta mentirosa - exclamé observándola y levantándome.
Ambos reímos entre si.
- Quiero salir de aquí - susurró haciendo pucheros.
- No eres la única - volteé los ojos burlándome de ella. Se irguió poniéndose a mi lado.
- Todo es culpa tuya.¿Para que tenías que ir al baño? - sonrió divertida.
- Fuiste tú quien decidiste venir al desván.
- Aceptaste la invitación de mi hermano es que eres idiota - rió golpeándome en el brazo y separándose de mi.
- ¿Qué querías que le dijese? Verás, no puedo ir. Es que ayer me acosté con tu hermana y me da un poco de corte cenar con vosotros después de lo ocurrido. Además, ella y yo aún no hablamos del tema.
- No puedo porque tengo planes.
¡ Y PUNTO! - hizo gestos con las manos mientras se explicaba.
Ladeé la cabeza mirándola.
- Derek, tenemos una conversación pendiente - bajó la mirada.
- Lo sé pero no creo que tú estés preparada para hablar de lo ocurrido - le señalé a unos palmos de distancia.
- ¿Por? - me vaciló golpeando sus nalgas con ambas manos sin creérselo.
- Te fuiste cuando yo aún estaba durmiendo. No estás preparada - susurré jugando con mi lengua.
- Vale - volteó los ojos - Me entró el pánico. Verme completamente desnuda en tu cama es muy frustrante. No sabía como reaccionar así que para evitarme problemas... decidí abandonar el lugar. Pensé... que no volvería a verte pero nunca ocurre lo que de verdad piensas que va a ocurrir si no todo lo contrario.
- Miriam, ¿pensabas que no volverías a verme o realmente querías no volver a verme? - introducí mis manos en ambos bolsillos de mis pantalones y le miré fijamente aguardando su respuesta.
- No lo sé. Ahora que te tengo justo delante de mi... es muy difícil saber lo que verdaderamente siento - ladeó la cabeza mientras sus dientes temblaban. Tal vez por miedo o seguramente por frío. No lo sé.
Permanecí callado y poco a poco fui acercándome a ella. Alcé la mirada y le tomé de la mano. Ella me miró fijamente con ojos vidriosos intentando averiguar lo que estaba planeando.
- Te juro que fue una noche súper especial y que siempre la recordaré como uno de los mejores momentos de mi vida. Una simple cena amistosa terminó convertiéndose en sexo salvaje. Además, me lo pasé genial. Me has trasmitido una simpatía y una afabilidad impropia de mi persona. Nunca había conocido a una persona con tanta energía y que fuera tan adorable. No soy de relaciones. La última que he tenido ha sido muy dura para mi. Me dejó terriblemente tocado. Yo soy de relaciones abiertas. Tampoco soy de rollos de una noche. Con todo esto quiero decirte que no me arrepiento en absoluto de lo que ocurrió la noche pasada y nunca me arrepentiré - le miré fijamente aguardando una respuesta convincente por su parte.
- Lo poco que recuerdo de la noche fue perfecto. No recuerdo nada de nuestro encuentro sexual, se que suena ridículo pero es cierto. Tal vez, estaba borracha de más o... yo que sé. Nunca me he enamorado de alguien. Siempre fueron ellos quien se enamoraban de mi. No siento que la noche pasada fuera solamente un rollo de una noche. Creo que fue algo más especial y... sinceramente... me gustaría volver a repetirlo pero no... no. Eso no va a suceder - sonreí ante sus palabras y dirigí mi mirada a nuestras manos entrelazadas. Ladeé a cabeza y le miré tímidamente.
- No me mires así - rió - He apostado con mi mejor amiga que no pasaría nada entre nosotros.
- ¿Acaso crees que volverá a repetirse lo de la noche anterior? - alcé una ceja divertido.
- No la recuerdo así que no puedo opinar sobre ello - alzó la mirada lamiéndose el labio superior.
- Cenamos, me pediste que te llevara a mi casa, bebimos, seguimos bebiendo, vomitaste en mi váter, me contaste tu vida y finalmente... - dí un paso hacia delante.
- Nos acostamos - me interrumpió mirándome fijamente con un brillo característico en sus ojos.
- No, antes de hacerlo, te corriste cuando te masajeé los pies - sonreí recordándolo.
- ¿Enserio? - rió sin poder creérselo - Eres un masajista de diez - siguió mirándome mientras jugueteaba con su cabello.
- ¿Sabes? Creo que poco a poco vas aceptando lo que ocurrió.
- Tal vez, aunque no es este el lugar más apropiado para ajustar cuentas.
Estamos atrapados en un desván, sin luz...sólo los dos encerrados en un extenso desván - miró a los alrededores sonriendo levemente.
- Aún no hemos terminado con esto. Quedan muchas cosas que aclarar entre nosotros - me senté bajando la mirada. Mi sonrisa frenética me hacia parecer un imbécil pero no podía esconderla. Ella me hacía sonreír ante cualquier tontería o comentario que realizaba.
Caminó hacia mi y sentó justo a mi lado.
Buscó mi mirada y apoyó su cabeza sobre mi hombre izquierdo.
- Fue un equivocación. Un error satisfactorio para ambos. Las personas cometemos errores a diario y nos arrepentimos de ello. Una parte de mi quiere olvidarlo pero le supera el resto que de verdad, no quiere hacerlo - observó la penumbra mientras yo jugueteaba con mis dedos pulgares.
- Oye, fue fantástico, si. Conocerte a sido magnífico pero aún no te conozco lo suficiente y quiero hacerlo. Quiero saber cosas sobre ti. No te estoy pidiendo que salgas conmigo o que iniciemos una relación. Solo creo que... podríamos dar inicio a una simple amistad - sonreí mirándola por el rabillo del ojo.
- Claro, ¿amigos con o sin derecho a roce? - alzó el entrecejo sonriendo. Yo al mirarle no pude contenerme y me reí junto a ella.
- No voy a responderte a eso - cambié la expresión.
Me levanté y me dirigí a la ventana del desván. Observé los reflejos de la ventana.
- Derek, solo era una broma no pretendía... - me siguió contemplando a pocos palmos de mi ser.
- Lo sé - sonreí - Tranquila - me volteé mirándola.
- ¿Amigos entonces? - me ofreció un apretón de manos. Se lo acepté asintiendo - Bien, me alegro de que lo hayamos arreglado al fin - acaricié su mejilla en modo de confirmación. Ella cerró los ojos sonriendo y posando su mano sobre la mía.
- Tenemos que salir de aquí - abrió los ojos interrumpiendo en silencio. Deslicé mi mano sobre la suya y la aparté definitivamente.
La puerta estaba atascada y los móviles se encontraban sin cobertura por la tormenta. Ambos miramos a los alrededores, perdidos sin saber que hacer o que decir en el momento oportuno.
- Mmm...¿Estas segura de que no hay otra salida? - desvié la mirada hacia ella.
- Derek, llevo dieciocho años viviendo aquí. Me se todos los rincones de esta casa - me miro desafiante pero sin perder el entusiasmo.
- Tal vez... alguno... estuviera fuera de tu alcance - insinué sin dejar de apreciar su belleza.
- Idiota. No dudes de mis capacidades físicas - se frotó la nariz dudosa.
- Tu hermano sabrá donde nos encontramos y vendrá a sacarnos de aquí - pronuncié para mi mismo. Solo era una posibilidad.
- Supongo que si - se sentó al otro borde del desván.
Ladeé la cabeza sonriente y me senté en otro rincón del mismo.
Un trueno se escuchó y un silencio absoluto inundó el desván.
Miriam, asustada, se desplazó hasta la esquina más alejada de la ventana principal del desván.
A pesar de estar allí atrapados,
solo con la luz que destellaban nuestros móviles y aún encima con la luz de los rayos justo a nuestro lado, no era muy agradable pero me encontraba seguro y confortable al lado de Miriam.
Por lo menos no me encontraba sólo.
Ella se encontraba al final del desván. Me miraba tímidamente con un aire especial.
Al yo, levantar la cabeza y mirarla le hizo mirar a otro lado y dibujar en su rostro una sonrisita acompañada por sus mejillas teñidas de color rojo intenso .
Me levanté y me senté a su lado. Ella se extrañó pero se le notaba cómoda y feliz de que la acompañara en aquellos momentos.
Se volvió a escuchar otro estruendo. Miriam, aún más asustada, se escondió entre sus piernas.
Yo,en acto seguido, le cogí cariñosamente de la mano y se la apreté con una fuerza indescutible.
Me miró y yo le sonreí, ella se acurrucó en mi hombro derecho y cerró lo ojos.
Yo me limité a acariciarle la oreja mientras la miraba detenidamente.
Era preciosa.
Sus ojos amarronados y la manera en la que expresaba su intensa sonrisa me volvía loco.
No me arrepentía de haberme acostado con ella si no todo lo contrario. Me alegraba que lo hubiese hecho. Así pude conocerla de otra forma diferente. Sea como sea, la noche pasada nos unió lo suficiente como para estar ahora mismo acurrucados el uno sobre el otro.
Al abrir los ojos, me interrumpió de mis dulces pensamientos.
- A este paso nunca saldremos de aquí - susurró adormilada.
- Ya verás como si - intenté tranquilizarla.
Se levantó y se dirigió a la puerta. Se dispuso a comprobar si la puerta seguía totalmente cerrada.
No fue capaz de abrirla.
Ella golpeó la puerta fuertemente con su impotente enfado. Se deslizó por la puerta y se sentó a sus pies, rendida. No consiguió abrirla de ninguna de las formas posibles.
- No hay forma - bajó el rostro sin mirarme ni un segundo. Las gotas de agua seguían resbalando velozmente por la ventana.
Miriam volvió a levantarse y miró por el ventanal detenidamente.
La tormenta no cesaba y cada vez nos sentíamos más agotados de estar en aquel desván.
Yo me levanté y me acerqué a Miriam sin hacer mucho ruído.
La cogí por la cintura y le besé la mejilla para tranquilizarla.
- No te preocupes aquí estamos a salvo de la tormenta - le susurré al oído. Respiré el dulce aroma de su cabello y volví a besar su mejilla.
Ella cerró los ojos y se rió. Fue una sonrisa muy abrumadora y al mismo tiempo muy sensual.
- Menos mal que no estoy sóla.
- Mucho mejor que eso, me tienes a mi - le susurré sin apartar mis labios de su mejilla.
Abrió los ojos y siguió contemplando las gotas de agua que rozaban el cristal de la ventana.
Caían velozmente al mismo tiempo que yo le besaba el cuello. Deslicé mis labios por su pescuezo utilizando en pequeños instantes mis pequeños dientes.
Miriam no se apartaba ni se resistía todo lo contrario, le encantaba.
- Estamos sólos - susurré de nuevo en su oído.
- ¿Oh si? - sonrió.
Se giró y me miró con sus esos ojos que literalmente me derretían el alma y me recordaban a aquella noche pasada.
Me acarició la cara con las dos manos y se acercó lentamente a mi mirándome los labios discretamente.
- Si - asentí.
Dí un paso hacia delante sin apartar la vista de ella. Se escuchó otro intenso trueno pero el rayo ni siquiera se escuchó. Estaba muy lejos.
- Tú y yo.
En aquel momento, estábamos rozando nuestros labios. La luz de los móviles se apagó y en su lugar la penumbra oscuridad del desván se apoderó de todo el espacio.
Sólo nos iluminaba la luz exterior de las farolas que reflectaba por la ventana.
Sonreímos a la vez y por fin Miriam me besó.
Un dulce y apasionado beso con lengua que no terminó justo en aquel momento.
Ambas lengua jugueteaban entre si mientras el beso se hacia más intenso.
De un momento a otro, me separé volteándome y caminé lentamente hasta el centro del desván. Me palpé los labios y limpié el resto de rimel de labios producido por el beso anterior.
- ¿Ocurre algo? - preguntó ella acercándose lentamente.
- No podemos cometer el mismo error dos veces seguidas - le miré de reojo sin intentar voltearme - Solo somos amigos.
- Derek, no contestaste a mi pregunta - se apoyó en mi hombro derecho y acarició mi cabello tiernamente.
- ¿Cuál? - me volteé mirándola fijamente.
- ¿Amigos con o sin roce? - susurró marcando la última palabra muy sensualmente. Sonrió al ver que no contestaba.
- ¿Y tú? ¿Qué clase de amistad quieres entre nosotros? - pregunté con ojos fugazes mientras ella apartaba la mano de mi cabello.
- ¿Tú que crees? -se mordió el labio bajando el rostro.
Le miré fijamente durante unos segundos. Mierda, esta chica arruinaba mi autocontrol dejándolo por los suelos. Reí maliciosamente y la empujé contra la pared. Puse ambas manos en los laterales de su nuca y me apegué a ella acorralándola contra la pared. Rocé mi erección contra su ingle. Ella sonrió sensualmente mirando mis labios. Acorté los centímetros que nos separaban dándole un beso fugaz e imparable. Ella me lo siguió sonriente y divertida. Había conseguido lo que deseaba.
- Tu erección me hace cosquillas - rió bajando la mirada.
Siguió sonriendo. Esta vez fue ella quien inicio de nuevo nuestro morreo. Me agarró de la nuca haciendo que me acercara más a ella. Yo bajé mis manos deslizándolas por sus brazos, su cintura, su pelvis y deteniéndolas sobre su trasero. Ella sintió un cosquilleó pero no se detenió.
De repente, uña araña roja se asomó por las estruendas paredes del desván y comenzó a recorrer la pared donde nos encontrábamos hasta llegar a nosotros. Miriam la vió y abrió los ojos temerosa cesando nuestro beso.
- ¡Aww! ¡Una araña! - chilló agarrándose a mi nuca.
Se sujetó a mi cintura con ambas piernas y apoyando la espalda sobre la pared. Me separé de la misma y caminé hasta un rincón del desván con Miriam entre mis brazos. Ella continuaba besándome y agarrando mis mejillas desesperadamente. Bajó de mis brazos y se apoyó sobre una pequeña mesa de roble que se encontraba en el desván. Me acerqué a ella y barrí todos los objectos que se encontraban sobre la mesa. Ella volvió a besarme empujándome sobre la mesa. Ladeé la cabeza sin creérmelo.
Me senté encima de la misma mientras ella se metía en medio de mis piernas y me seguía besando. Esta chica era insaciable.
- ¿Te asustó la araña? - reí.
- Por supuesto. Es un bicho infernal - alzó una ceja y acarició mi muslo derecho acercándose a mi erección.
- Eh, ¿a dónde vas? - sonreí deteniéndola.
- A ninguna parte. ¿No ves que estamos encerrados? - alzó el entrecejo y me miró fijamente. Posé mi mano sobre su mano apoyada en mis muslo y la deslicé hasta llegar a mi parte íntima. Ella sonrió y dejó que yo le llevara. Sonrió y continuó besándome. Apartó su mano lentamente y sonriendo.
- ¿Por qué paras? - le susurré al oído.
- ¿Quieres que siga? - sonrió acercándose más a mi y rozando sus piernas contra las mías.
- Si - le besé lentamente agarrándola de la cintura.
Ella me agarró del bajo de la camiseta y me la sacó por encima de los brazos. Yo erguí ambos brazos para darle acceso. Dejó la camiseta a un lado y continuó besándome.
- Está clarísimo que seremos amigos con roce - sonrió.
Yo me erguí y dí una vuelta a su alrededor ella se volteó. La empujé haciendo que cayera sobre la mesa. Ella rió sin creérselo mientras yo me subía a la mesa y me tumbaba sobre ella. Apoyé los brazos a ambos lados de su rostro y le miré fijamente. Acaricié su mejilla con su atenta mirada.
- ¿Qué pasa? - me miró extrañada mientras erguía las rodillas. Me entrometí entre ellas.
- Nada, solo apreciaba tu belleza - aparté la mano y seguí observándola.
- Pelota - dijo mientras acariciaba mis pectorales tímidamente.
Deslicé mis labios por su cuello dándole pequeños mordisquitos. Ella inclinó la cabeza hacia atrás y soltó pequeños gemidos satisfactorios. Me agarró de la nuca mientras mordía el lóbulo de mi oreja.
- Hacerlo en un desván no es precisamente como decirlo... - sonrió mientras yo terminaba la guerra con su pescuezo.
- ¿Y? A un no ha sucedido nada - aclaré sonriente.
- Pero ocurrirá - me miró mientras lamía sus labios.
- ¿Cómo estás tan segura? - le susurré al oído mientras acariciaba sus mejillas sonrojadas con mis carnosos labios.
- Porque o lo haces tú o lo hago yo - besó mi mejilla reacomodándose y me miró fijamente.
- Eso suena bien - asentí.
Ella rió al mismo tiempo que yo deslizaba mi cuerpo por su torso y me detenía sobre su cintura.
- Veo tus bragas - sonreí mirándola maliciosamente. Ella bajó sus piernas tímidamente y apoyó los codos sobre la mesa para vigilarme.
- ¿Qué intentas? - me observó por encima de sus pestañas.
- Recuéstate y confía en mi - dije acariciando sus muslos y subiendo sus rodillas.
Se tumbó sobre la mesa inquieta y cerró las piernas. Yo me entrometí entre ellas. Sonreí deslizando sus bragas por los muslos.
- Quieta - susurró cambiando mi expresión. Ella continuaba moviendo sus caderas inquietamente. Le besé calmándola y seguí con lo mío.
Agarré sus rodillas al terminar de deshacerme de sus bragas. Las elevé en el aire y Miriam se tapó la cara con ambas manos. Sonreí y volví a entrometerme entre sus piernas.
- ¿Qué vas a hacer? - susurró suspirando agitadamente.
- Nada - susurré misterioso.
Me apoyé en sus muslos y lamí su ingle. Besé su matriz. Ella se irguió soltando un fuerte gemido.
- N- no lo ha-hagas - tartamudeó como pudo y volvió a recostarse.
- ¿Por qué no? - me deslicé por sus piernas y volví a besar esa parte concreta. Ella volvió a gemir más intensamente.
- Van a escucharte - sonreí volviendo a repetir el gesto pero esta vez sin interrupciones. Chupé su parte íntima profundizándome cada vez más. Miriam intentaba reprimir los gemidos pero le fue técnicamente imposible. Sonrió dejándose llevar y estiró ambos brazos deslizándolos sobre su cabeza. Enrolló sus piernas en mi nuca atrayéndome más a su cuerpo. Sonreí sin parar y la agarré del trasero para no caerme. Me encantaba su olor, su cuerpo, su fragancia... Miriam me encantaba.
- Sigue, por favor - se derretió mientras cerraba los ojos inclinando la cabeza con satisfacción.
Cuando estaba completamente relajada, deslicé mis manos por su torso. Acaricié su mejilla y le besé dulcemente en los labios.
- Sabes tan bien... - susurré entre besos.
- Calla - rió a pocos centímetros de mis labios y agarrándome por la nuca.
En aquel momento, seguí besando sus labios. Ella me provocaba lo bastante como para sacarme una sonrisa en mi rostro.
Las luces regresaron. Miriam paró de besarme e irguió la mirada preocupada. Acomodó sus piernas debajo de mi.
- Ha vuelto la luz - miró hacia el techo.
- ¿No me digas? Con lo bien que nos lo estábamos pasando... - hice pucheros y le miré fijamente. Ella apoyó su frente con la mía.
- ¿A que sí? - sonrió deslizándose por mi torso. Besó cada rincón de mi abdomen y se detuvo al comprobar que una gargantilla que rodeaba mi cuello. La palpó y agarró la misma tirando de mi.
Vuelve a besarme insaciable como siempre.
Miriam gimió ligeramente y me volvió a agarrar de la nuca escurriéndose debajo de mi.
- Chicos, ¿estáis bien? - chilló una voz que me resultaba vagamente familiar. Los golpes de la puerta nos distrajeron. Paré de besarla y miré hacia la puerta con cara de espanto. Miriam me miró y ambas miradas se cruzaron temerosamente.
- Si - tartamudeó Miriam mientras me besaba en la mejilla - Solo nos quedamos atrapados en el desván - murmuró levantando la voz.
- ¿Crees que podrás sacarnos? La puerta está atascada - le seguí.
- Claro, lo intentaré. Vengo ahora. Voy a por algunos materiales para sacaros de ahí - dijo antes de que sus pasos se esfumaran como la nube.
- Rápido. Ponte la camiseta - susurró Miriam irguiéndose.
Me levanté y cogí la camiseta. Me la puse y me peiné el cabello. Miriam se recolocó el vestido y se acicaló el cabello. Luego, comenzó a recorrer el desván a toda prisa.
- ¿Qué haces? - susurré mientras contemplaba cada zona de mi cuerpo.
- Busco mis bragas. ¿Las viste? - se mostró agitada sin dejar de buscarlas.
En mi bolsillo de atrás del pantalón se encontraba su ropa interior. Fruncí los labios y le miré fijamente.
- No, no las he visto - mentí escondiéndolas más en el interior del bolsillo.
- Está bien. No las necesito - intentó taparse el chupetón que se distinguía en sus piernas. Un poco más arriba de sus rodillas.
Reí bajo y le miré fijamente.
- Ya estoy aquí. Traigo una herramienta para sacaros. Apartaros de la puerta - chilló Coque.
Nos alejamos de la puerta por si acaso, desde el exterior se escucharon unos golpes muy fuertes.
Miriam y yo nos miramos fijamente indecisos.
Coque terminó por derrumbar la puerta y accedió al interior observando a los alrededores.
- Chicos, pensé que no sería capaz de derrumbar esa vieja puerta - sonrió señalándola.
- Yo confiaba en ti, hermano - Miriam le abrazó dándole un beso en la mejilla - Gracias - le susurró mientras me miraba de reojo.
Luego se apartó dejándome interceder a mi. Me acerqué a él ofreciéndole un amistoso apretón de manos.
- Muchísimas gracias, Coque. Pensé que nunca podríamos salir de este lugar - alcé la mirada al techo y zarandeé nuestras manos unidas. Luego, caminé hacia el exterior del desván.
- Venga, bajad - Coque salió del desván y comenzó a bajar las escaleras. Miriam le siguió a pocos palmos y yo fui detrás de ellos. Ella agarró el bajo de su vestido y tiró de el para cubrir su trasero.
Yo reí ante lo que acababa de observar. Miriam se volteó mirándome asesinamente.
Nos detenimos en la entrada principal de la casa. Miriam soltó su vestido y entrelazó sus manos por detrás de su cintura. Justamente sobre su trasero.
- Y...¿que hacíais en el desván? - preguntó Coque volteándose para mirar a ambos. Miriam meneó ambas manos. Yo me acerqué distraídamente y le agarré de la mano. Ella sonrió entrelazando sus ambas manos con la mía. Desvié la mirada colocándome a su par.
- Trás la tormenta, se marchó la luz y fuimos al desván a buscar unas velas - Miriam desvió la mirada mientras se lo explicaba a su hermano - Pero una fuerte ventisca brotó y finalmente, la puerta del mismo se cerró. Intentamos abrirla pero nos fue imposible - levantó los hombros con ignorancia en sus palabras y situó mi mano derecha sobre su trasero desnudo. Yo sonreí mordiéndome el labio, entretanto, acariciaba sus posaderas con suavidad y cuidando mi posición.
- Si, exacto - asentí nerviosamente. Ella posó su mano sobre la mía y se deslizó más sobre su trasero obligándome a mi a repetir sus pasos conjuntamente.
- Entiendo... - Coque cruzó los brazos contemplando a ambos mientras alzaba la ceja izquierda.
- Bueno... - miré el reloj de pulsera de mi muñeca izquierda - Se me ha hecho muy tarde. Tengo que irme.
- ¿Tan pronto? - roñó su hermano pateando el suelo.
Asentí.
- La cena estuvo deliciosa. La velada en si fue estupenda - sonreí - Espero volver a verte pronto. A ambos - susurré observando a Miriam mientras apartaba mi mano de ella.
- Me alegro que te gustase. Vuelve cuando quieras - me dió la mano sonriente. Yo se la acepte.
- Gracias por todo - me dirigí a la puerta.
- Te acompaño a la salida - murmuró Miriam adelantándose a abrirme la puerta. Sonrió con las mejillas teñidas de un rojo fugaz.
- Adiós - me despedí de Coque.
- Hasta la próxima - me sonrió y se adentró en la cocina.
Salimos los dos al frío de la noche. Miriam cerró la puerta de espaldas y se apoyó en el pomo mientras fruncía los labios, jovial.
Curioseó a ambos lados y se acercó a mi con paso decidido.
- A sido una gran... ¿celebración? - bajó la cabeza alegre.
Se puso de puntillas y se dispuso a darme un beso en la mejilla. Reí agarrándola del brazo y haciéndole rotar sobre si misma. Quedó de espaldas a mi y yo rodeé su cintura con mi brazo derecho y con la mano izquierda me deslicé por sus glúteos.
- Igualmente. Estás preciosa con ese vestido tan corto - le susurré al oído sensualmente mientras acariciaba de nuevo sus glúteos desnudos.
- Gracias, amor - susurró escurriéndose entre mis brazos.
- Te llamaré - le guiñé un ojo mientras se volteaba.
- Genial. Estaré pegada al teléfono - rió mirándome fijamente mientras me rodeaba el cuello con sus brazos.
- Mmm... - murmuré lamiéndome los labios. Ella se acercó acortando la distancia y me sorprendió dándome un tierno beso.
- Me encanta el sabor de tus labios. Creo que nunca me cansaría de saborearlo - desvié la mirada al suelo.
- ¿Si? ¿A qué saben? - rió perversamente.
- No sé. Tendría que volver a degustarlos - alcé ambas cejas observando sus labios de nuevo.
- Eso tiene fácil solución - susurró mientras volvía a rozar mis labios sonriente. Primero, los mordisqueo y luego, introdució su lengua en el interior de mi boca.
Se separó de mi al cabo de unos minutos saboreando aún sus propios labios.
- ¿Y bien? ¿A qué saben? - insistió.
- A ti - reí acercándome al auto - Adiós - me volteé introduciendo ambas manos en los bolsillos traseros de mi pantalón. Sonreí ladeando la cabeza y antes de entrar al vehículo volví a fijarme en su belleza. Ella meneó la mano elevándola de un lado a otro y me sonrió cariñosamente.
Me lo había pasado muy bien, la verdad. Miriam entró de nuevo en casa mientras yo sonreía ante nuestro beso de despedida. Volví a mi apartamento con la mente en mi mundo.
Desperté por la mañana, la luz del sol me cegó por completo. Me levanté cerrando las cortinas y me froté los ojos para adaptarme a la claridad del día. Me asusté cuando mi hermano interrumpió en mi cuarto. Le recibí abiertamente y me dispuse a quitarme el pijama para acloparme una ropa razonable para estar.
Nada mas levantarme mi hermano se acercó a mi cuarto.
- Buenos días - se apoyó en el marco de la puerta aún sonriendo por mi chillido frenético.
- Buenas - reí pensando en lo que acababa de pronunciar. Agarré el bajo de la parte de arriba de mi pijama y la deslicé por mi torso hasta sacarla por completo. No me preocupé por mi desnudez y busqué algo en el armario para ponerme.
Coque se rascó la nuca observándome por el rabillo del ojo.
- Te veo de muy buen humor - sonrió mientras fijaba la mirada en mi.
- Puede ser - asentí volteándome con un sujetador entre mis manos.
- ¿Qué te ha pasado para que estés tan feliz? - suspiró mientras ladeaba la cabeza.
- Es sábado, hace sol y tengo un hambre... - me coloqué el sujetador y me acerqué a mi hermano - ¿Me lo abrochas?
Él, mantenía los brazos cruzados y me miraba efusivamente. Asintió meneando las cejas de arriba a abajo repentinas veces.
Acercó sus manos a mi sostén. Yo recogí mi cabello en una media coleta entre mis dedos y lo aparté hacia un lado. Me estremecí al sentir lo frías que estaban sus manos.
Sonrió observándome por encima del ceño.
- ¿Qué tal? ¿Te gustó la cena de anoche? - soltó de un momento a otro al mismo tiempo que intentaba abrochar mi sujetador.
- Si, estuvo muy bien - mencioné cambiando el tono de mi voz a uno realmente pasota e ignorante.
- ¿Ves? No fue tan malo después de todo - terminó de abrocharme el sujetador al fin. Solté mi pelo que se escurrió sobre mi espalda cayendo en cascada y rozando mi costado - Espera, ¿y eso? - mencionó tratando de que no me diera la vuelta.
- ¿El qué? - fruncí el ceño sin saber de que me estaba hablando.
- Tu cuello. Es un... ¿chupetón? - me tomó de los hombros fuertemente.
- Suéltame - meneé los hombros intentando escabullirme de él. Acabé consiguiéndolo y me dirigí hacia el espejo contemplando mi rostro en el. Lo toqueteé. Claramente. ese chupetón fue obra de Derek. Ladeé la cabeza y me volví para estudiar la reacción de mi hermano. Entrecerré los ojos estrechamente y aguardé sus palabras.
- ¿Fue de ayer? - preguntó volviendo a cruzar los brazos y observándome.
- ¿Sabes? Tengo muchísima hambre. Voy a desayunar - crucé por su lado bajando la mirada. Él me agarró del brazo con más fuerza que de costumbre. Me lamenté intentando soltarme.
- Te he hecho una pregunta - me agarró de la barbilla utilizando un tono más elevado.
- ¿Qué está pasando aquí? ¡Gritáis como posesos! - Jessy nos interrumpió asomándose por la puerta - ¡Coque! ¡¿Qué coño le haces a tu hermana?! - Jessy me observó de arriba a abajo.
Él me soltó rápidamente y me miró desafiante.
- Absolutamente nada - siguió contemplándome sin pestañear ni un segundo - Y tú y yo ya hablaremos - me susurró.
Me fui corriendo de mi habitación y bajé las escaleras como un rayo. Me dispuse a desayunar mientras pensaba en Derek y masajeaba los chupetones que cubrían mi cuerpo. Tenía su marca en mi propio torso.
Luego, terminé de cambiarme y me largué con Jessy a dar un paseo mientras le comentaba todo lo sucedido. No me apetecía hablar de lo ocurrido hace tan solo unas horas así que desvié el tema centrándome en Derek. Eso hacía que me olvidase de la cuestión con mi hermano y me dibujaba una sonrisa en mis rostro mientras las estrellas seguían iluminando en mi propia mente.
- Te estás obsesionando mucho con ese chico - volteó la mirada sonriéndome.
- Solo... somos amigos con derecho a roce. Es oficial - chasqueé los dedos vivaz.
- Eso suena bien. Tan solo... ten cuidado.
- ¿Por? ¿Acaso crees que es un vampiro chupasangre que va a devorarme el cuello? - me paré en seco mirándola - Él sería incapaz de hacerme daño.
- Primero, no creo en los seres mitológicos, segundo, lo conoces hace cuanto... ¿ Dos días? y tercero, no intento resguardarte por culpa de que sea un chico peligroso que no parece serlo. Yo solo quería aclararte que tengas cuidado de enamorarte de él porque sino... te hará mucho daño - me miró compadeciente y continuó su camino.
- Enamorarme de él no está dentro de mis planes - le seguí apaciguadamente. Seguimos charlando de su quedado con Pris anoche. Parece que se lo pasaron genial la noche pasada lléndose de compras y comiendo pizza.
Regresamos a casa, el paseo no fue muy largo porque no me apetecía darle más explicaciones a Jessy
sobre la noche anterior en el desván.
Una que era un poco íntimo y otra que me saldría con el cuento de "estás coladita por ese chaval" algo que rotundamente no es cierto por mi parte. Yo solo le veo como un amigo que acabo de conocer hace dos días.
Accedí a mi cuarto y me puse cómoda. Mi hermano se entrometió en mi habitación justo antes de que fuera a cambiarme.
- Tú y yo. Tenemos una conversación pendiente - me observó asomándose en el interior de la misma.
- Jessy me aguarda abajo - me dirigí a la salida. Coque me agarró del brazo. Le miré desafiante - No tengo porque darte explicaciones - me solté de su enganche y me hice una coleta alta sacando un coletero del bolsillo de mi pantalón.
- ¿Te acostaste con Derek? - preguntó mientras yo caminaba en torno a las escaleras. Me volteé observándolo con la boca entre abierta - Ni te molestes en responderme - ladeó la cabeza encaminándose en dirección a su habitación.
- Si, lo hice. En el desván. Para mi no significó nada y puedes estar tranquilo que para él tampoco - insinué contemplándolo.
Él se volvió cerca de mi y fregó sus dientes superiores con los inferiores.
- ¿Crees que me agrada saber que mi hermana se acuesta con la primera persona que ve? - chilló haciendo gestos desaprobatorios con las manos.
- Derek es diferente. Solo... nos acostamos... - mencioné bajando la mirada.
- ¿Cuándo vas a comenzar a madurar? ¿Eh? Miriam - torció la mirada y volvió a dirigirse a su cuarto.
- ¿Acaso eso te importa? Lo que haga o deje de hacer con mi vida no es asunto tuyo - exclamé ofendida ante su comentario anterior.
Me miró fijamente y andó hacia mi con la mirada perdida en mis ojuelos.
- Estás muy equivocada. Me importas, Miriam. Eres mi hermana pequeña y no dejaré que te acuestes con cada tio que esté a tu alcance solo por placer. Debes querer realmente a una persona y que ella te quiera a ti - intentó hacerme raccionar.
- Pues esa persona aún no llegó a mi vida así que seguiré follándome a quien a mi me salga del... - me comí la última palabra soltando un bufido e intentando expulsar mi enfado.
- Vale, haz lo que que quieras pero recuerda, luego no me vengas diciendo que tenía razón - me susurró al oído. Mi piel se estremeció sintiendo un enorme escalofrío. Coque se apartó, se giró y se marchó al interior de su cuarto.
Bajé las escaleras a toda leche, no quería volver a encontrármelo. Jessy me esperaba tumbada sobre el sofá y sonriendo como una idiota.
Decidimos ponernos a jugar al futbolín y finalmente le cambié de tema de una manera muy sostificada. No me apetecía volver a nombrar a Derek porque a mi mente regresaba la espantosa uerra furtiva de miradas entre mi hermano y yo. Sé perfectamente lo que hago con mi vida y él no es quien para recordarme lo que debo hacer.
- No cambies de tema. ¿Qué más paso en el desván? - mencionó Jessy deslizando los ejes transversales del futbolín para intentar marcar un gol.
- Haber, te estoy diciendo que si mañana quieres que te acompañe al bar donde buscan camarera - levanté la voz. Siempre conseguían sacarme de mis casillas.
- Y yo te estoy preguntando que pasó entre tú y Derek anoche - me miró sonriente. Pero su sonrisa pronto desapareció de su rostro. Le dediqué una mirada furtiva. SI las miradas matasen, Jessy ahora mismo estaría muerta.
- Si, si quieres acompañarme... vente - bajó la mirada volviendo a centrarse en el juego.
- Creo que es una buena oportunidad para ti. Así lograrás encontrar trabajo de una vez por todas - sonreí convincente y e intenté acertar en la portería.
- Ok, ¿ahora vas a seguir contándome lo de Derek? - siguió insistiendo mirando por el rabillo del ojo.
- Ya te lo expliqué completamente todo. No hay más que decir - levanté ambas manos sobreprotegiéndome pero enseguida volví a utilizarlas para marcar mi territorio en el juego.
- O sea, cenásteis, te encontrabas distante frente a él, las luces se apagan, accedéis al desván y no ocurrió NADA entre vosotros.
Absolutamente, NADA - ladeó la cabeza sin comprender lo que acababa de contarle.
- Nada. Solo... besos, excitaciones, tocamientos... No voy a seguir... - sonreí abiertamente por primera vez desde esta mañana y sin ser forzado.
- Mmm... ¿Así que tocamientos? ¿Y tú autocontrol repentino? - susurró pensativa metiendo otro gol en mi portería.
- El autocontrol se esfumó corriendo desde que aquel chico abrió la boca - recordé pequeños momentod de ayer.
La verdad es que Jessy tenía razón. Ocurrió algo, ocurre algo y ocurrirá algo.
Entre Derek y yo no había una simple amistad, existía algo más y que era tan fuerte que no era tan fácil romperlo de tal forma que no dañara a algunos de los dos.
- ¿A cuánto vamos? - lamí los alrededores de mis labios centrándome en el juego que tenía ante mi.
- 20 - 15. Voy ganando - sonrió mirándome de reojo entre sus largas pestañas.
- Ya veremos - hice una mueca con rivalidad.
Olvidé todo lo ocurrido centrándome en ganar la partida. Este era un buen modo de distracción.
Me fui a mi cuarto. Estaba... medio enfadado... No soportaba que Miriam se acostase con cualquiera.
La verdad, Jessy tiene algo de razón. Sigo protegiéndola como si tuviera cuatro años y es hora de que madure de una santa vez. Miré a los alrededores. Recogí una pequeña pelota de debajo de la cama. Me tumbé sobre la misma y lancé la pelota encestando en la canasta. Volví a repetir los mismos pasos encestando en la canasta de debajo de la televisión. Cuando me aburría solía utilizarla. Eso me distraía y me ayudaba a recapacitar las cosas. Era como mi rincón personalizado de pensar. Las gotas de sudor inundaron mi frente. Vale, la calor en el interior del cuarto comenzaba a aumentar por momentos.
Eran justamente las cinco de la tarde, no me apetecía hacer absolutamente nada y además, había terminado las tareas previstas. Se me ocurrió realizarle una visita a Coque. Mis padres no se encontraban en casa como siempre así que salí de la misma y caminé tranquilamente por el sendero hasta su morada.
Su casa se encontraba muy cerca de la mía. Técnicamente éramos vecinos. No le daré más vueltas al asunto.
Por el camino, pensaba en las palabras exactas, en lo que haría al verle,
en los gestos que realizaría... No tenía todo de mi parte.
¿Érica aceptaría salir conmigo y dejaría a Coque?
No sé. Yo lo que sé es que la quiero y voy a hacer todo lo posible para conseguir que ella me quiera tanto como la quiero yo. Tal vez, no acepté o tal vez si. Miriam siempre me decía que debía de ser optimista e intentar hacer que tus expectativas se cumpliesen.
Por fin, llegué a su casa. Subí los escalones y me presenté en su puerta. Llemé y aguardé. A los pocos minutos, Jessy apareció frente a mi observándome de arriba a abajo.
- Oh, ¿pero mira quién está aquí? - volteó los ojos absorbiendo el contenido de un botella de tequila.
Al poco rato, unos pasos más alarmantes se escucharon. Procedían de la sala de estar.
Miriam se asomó por la puerta y despojó a Jessy de la botella que contenía en sus manos.
- Ya has bebido demasiado. Necesitas estar sobria para ganar la partida - se apoyó en el marco de la puerta y me contempló por primera vez desde que aparecí por la puerta.
- ¡Henry! - sonrió acercándose para abrazarme - Me alegro de verte. ¿Qué haces aquí?
- Hola, Miriam - le abracé y luego volví a separarme mientras contemplaba a ambas - Solo venía a hablar con tu hermano. Tenemos un tema que zanjar.
- Jessy, vé a avisar a Coque de que Henry está aquí y no resbales por las escaleras - gritó mientras Jessy subía los escalones a toda velocidad.
- Y bueno, ¿qué tal estás? - me preguntó Miriam al mismo tiempo, que me invitaba a pasar.
- Bastante jodido, la verdad - acaricié mi cabello y observé a ambos lados - ¿Tú también bebiste?
- No, aún me duele la cabeza de la última vez que me emborraché así que de momento no pienso repetirlo - ladeó la cabeza pensativa - Fue Jessy la que tenía sed y abrió una botella de Tequila.
Sonrió recordando.
- ¿Qué tal con Érica? - preguntó buscando mi mirada. Raccioné escondiendo mi rostro y mordiéndome el labio superior, nervioso.
- Holaa - sonrió saludándome con la mano y acercándose a mi mientras sus manos seguían temblando.
- Tenemos que hablar - me senté a su lado con la pelota en mis manos. La contemplé fijamente a los ojos. No podía parar de ladearse de un lugar a otro. Eso me preocupaba.
- Me vas a echar la bronca, ¿verdad? - le hice una señal para que se sentase a mi lado. Él la comprendió e hizo caso a mis órdenes.
- Hermana, ya eres mayor de edad y... no pienso ser el típico hermano mayor protector tienes que cuidar de ti misma sin depender de mí.
Me parece bien que hayas salido con tus amigos pero... podrías volver a una hora decente por lo menos. O... devolverme las llamadas - me observó con una expresión normal. Ni de enfado ni de decepción.
- Bien, quería pedirte perdón. No pensé que se alargara tanto - le sonreí tranquilamente.
- Olvidémoslo. Ya está solucionado - zanjó el tema y suspiró - Venía a decirte que... Derek te llamó.
Mi rostro se puso pálido y mis dientes se rozaban los unos con los otros. Ahora mismo, deseaba esconderme debajo de la cama y no seguir escuchando las palabras de Coque.
- Bueno, ¿y que quería? - tragué saliva tartamudeando. Abracé mi pierna derecha.
- Rebajarte el precio del coche - susurró con normalidad - Me extrañó lo suficiente.
- Soy una clienta especial - le guiñé un ojo sonriendo.
- Para agradecérselo le invité a cenar esta noche a las nueve y media - exclamó levantándose.
- Espera, ¿qué has hecho qué? - abrí los ojos atónita. No podía creerme lo que acababa de escuchar.
No quería ver a Derek en aquellos momentos y mucho menos cenar a su lado. Tuvimos una cena amistosa que terminó en su cama. Me sientía ridícula solo de pensarlo.
- ¿Por qué te quejas? Sólo es una cena para agradecérselo, créeme se lo merece. Ha hecho mucho por ti - insistió intentando hacerme recapacitar - Y no intentes escaquearte - anunció volteándose sin mirarme y dirigiéndose a la salida.
- Está bien. ¿Jessy también cenará con nosotros? - pregunté levantándome.
- Si ella quiere, si - se marchó cerrando la puerta.
- Mierda - solté cuando se fue.
Ahora debía ponerme a la obra y buscar el look para ponerme esta noche. Decidí darme una ducha relajante para calmarme. Al salir, me sentí mucho mejor. Tenía que sacarme de la cabeza la imagen de mi que le había ofrecido a Derek la noche pasada. Aún no podía creerme que ocurriese eso entre ambos. Derek era un buen chico pero yo no estaba preparada para enfrentarme a una seria conversación con él.
Coque la había cagado.¿Qué iba a hacer? De momento, rizarme el cabello y después ya veríamos.
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UNA HORA ANTES DE LA CENA:
Narra Miriam:
Coque estaba preparando la cena y mientras yo me arreglaba para esta noche.
Jessy regresó de la gran fiesta. La verdad era que no se lo pasó muy bien y se escabullió de la misma.
Decidí contarle todo lo ocurrido. Ella me escuchó con total atención y se sorprendió riéndose de mi.
Se ofreció de nuevo para ayudarme con el look para la cena. Me encantaba pasar tiempo con ella. Nos lo pasamos genial completando el conjunto para ponerme. El cuento de Derek se me olvidó por completo en toda la hora que estuve con ella. Decidió elegir mi maquillaje. Me senté frente al tocador y me dejé a sus manos. Tenía plena confianza en un buen resultado. Ya terminaba de maquillarme los labios cuando interrumpió el tema anterior de conversación con la cena de esta noche. Volteé los ojos al escucharla.
- Yo cuando llegue Derek me voy y más tarde cuando se marche vuelvo así os dejo hablando solos.
- ¿No vas a quedarte? - le miré suplicante.
- No, lo siento pero quedarme con Coque y la parejita no me hace mucha gracia - hizo una mueca bajando la mirada a mis labios recién pintados.
- Te he dicho mil veces que no estamos saliendo y que no habrá nada entre nosotros - le susurré amenazadora.
- Estaba de coña - se puso a mi altura apoyando sus manos en las rodillas - Una cosita que creo que se te ha pasado.
- ¿Qué? - pestañeé.
- ¿Hablaste con Derek sobre lo de anoche?
- Aún no. No hablé con él - bajé la mirada apretando los labios.
- Pues estás jodida. Habrá mucha tensión sobre la mesa - abrió los ojos aterrorizándome,
- Supongo que si. Estoy muy confusa e intento olvidar lo que pasó, intento olvidarme de él - llevé mis manos a mi cabello acomodándolo con cara de preocupación.
- Miriam, ¿a ti realmente te gustó? - me miró fijamente aguardando mi respuesta.
- No lo sé porque no lo recuerdo - me volteé mirándola de nuevo con cara de preocupación.
- ¿Cómo que no lo recuerdas? - susurró sin creérselo - O sea, ¿no recuerdas como es en la cama?
- No recuerdo como terminé en su cama. Solo... bebí demasiado y creo que eso me ocasionó la perdida de memoria.
Jessy bajó la mirada ladeando la cabeza.
- Tal vez, no lo recuerdes porque para ti no tiene importancia pero a lo mejor para él si y puedes estar dañando sus sentimientos - habló más para si misma que para mi.
- Estoy muy confundida. Necesito saber exactamente lo que pasó pero me dá corte preguntárselo a Derek - me expliqué levantándome y sentándome en el borde de la cama.
- Haber, repasemos lo sucedido. Os conocéis en un establecimiento de venta de automóviles, él días después consigue tu número y te telefonea. Te invita a cenar y tú accedes, la cena es perfecta y termináis emborrachándoos y no siendo dueños de vuestros actos. ¿Me salté algo? - cruzó las piernas en posición de indio e hizo cálculos mentales mientras observaba el techo y se rascaba la barbilla.
- Si. Me invitó a tomar la última en su casa y yo accedí. Después de eso, mis recuerdos se esfuman.
- Y... al día siguiente te encuentras desnuda al lado de él y en su cama - me miró fijamente juntando ambas manos y dado por zanjado el tema.
- Pero, tú estabas desnuda y él a lo mejor no. Puede ser que te quedaras a dormir pero que no ocurriera nada entre vosotros - arqueó una ceja, dudosa.
- Él, también estaba desnudo. Así que no hay duda de que ocurrió - confirmé.
- ¿Pero enserio no te acuerdas de como fue...eso?
- Nada de nada - ladeé la cabeza de un lado a otro repetidas veces.
- ¿Y si lo volvéis a hacer? Así sabrás si es bueno en la cama o no - sonrió mirándome distraidamente.
- Por supuesto - dije sarcásticamente - Le llamo y le digo: " Hola Derek, perdona pero no recuerdo si me gustó nuestra noche de sexo, ¿podríamos volver a repetirla?" - incliné la cabeza elevándo los brazos.
- Bueno, tal vez te diga que si - sonrió levantándose. Se volteó mirándome - ¿Volverá a ocurrir?
- ¿El qué?
- ¿Lo de la noche pasada entre vosotros? - me miró fijamente.
- No, ni de coña. No soy de repetir con un tio. Es como rebajarme a su nivel - puse los ojos en blanco haciendo gestos con las manos.
- Apuesto que volverás a picar en el anzuelo - me señaló con su dedo índice.
- No, no me atrae además, existe el puñetero autocontrol. Guardo varios recursos debajo de la manga - sonreí.
- A ver cuanto te dura el autocontrol- sonrió acercándose a la salida de mi cuarto - Oye, tu siesta de hoy a sido muy larga. Derek te habrá dejado súper cansada.
Cogí un zapato de tacón que estaba posado sobre el escritorio y lo lancé hacia la puerta. Lástima que fallara el tiro.
- JAJA. ¡Fallaste! - se regobizó saliendo del cuarto.
Sonreí mirándola. Cerró de nuevo la puerta pero la dejó entre abierta cuando mi hermano se le acercó.
Podía escuchar su conversación desde mi habitación.
Mientras, me senté en el escritorio y me retoqué el maquillaje y el peinado.
Mis tímpanos ejercían su función distraidamente.
- Jess, has vuelto - rió mientras su voz se acercaba aún más.
- Si, fue muy aburrida la despedida. Por eso me fui. Además, tu hermana me necesitaba para elegir el look de esta noche - se explicó.
- ¿Tú no te quedas a cenas?
- No. No conozco de nada a ese chico. Sería una situación bastante incómoda - sonrió tímidamente.
- Yo tampoco lo conozco mucho.
- Bien, yo me largo - rió despidiéndose - No vaya ser que Derek llegue antes de que me vaya - rió mientras su tono de voz se hacía más difícil de escuchar. Se estaba alejando.
- ¿Y a dónde vas?
- He quedado con Pris. Debo recompensarle la fiesta de pijamas de ayer.
- Vale, nos vemos - Coque se despidió y ambos dieron por terminada la conversación.
Odiaba admitirlo pero Jessy tenía razón. En la mesa habría mucha tensión por las dos partes y con Coque por medio...
Narra Derek:
Quedaban unos minutos. Mis manos temblaban de solo pensar que me volvería a encontrar con ella tan pronto... pensé que pasarían semanas o incluso meses antes de que nos volviéramos a ver.
Me quedé perplejo al despertar y no verla tumbada a mi lado. Pensé que charlaríamos de esto la mañana siguiente pero no fue así. Esta velada iba a ser muy complicada e intranquila.
Me quedé perplejo al despertar y no verla tumbada a mi lado. Pensé que charlaríamos de esto la mañana siguiente pero no fue así. Esta velada iba a ser muy complicada e intranquila.
Me pusé una camiseta algo veraniega y unos pantalones negros ajustados. No pensé mucho en mi look.
No sabía si iba exactamente bien para la cena pero bueno. Me peiné como siempre. Antes de salir del auto, me miré en el espejo del retrovisor y comprobé mi aspecto. Sonreí y salí del mismo. Observéa los alrededores y aguardé un rato frente a la puerta pensando las palabras exactas para decirle.
Llamé a la puerta e intenté dar buen aspecto utilizando una de mis mejores sonrisas.
Esta se abrió segundos después.
- Hola - susurré sonriente antes de que se abriera completamente.
- ¡Hola! Pasa, por favor - exclamó Coque devolviéndome la sonrisa.
- Muchas gracias - asentí accediendo a interior de la vivienda.
- Puedes hacer lo que te dé la gana. como si estuvieras en tu casa - me dejó espacio para acceder al interior.
Reí ante su comentario y observé a todos los lados. El pasillo era muy extenso y estaba dividido en cuatro caminos. Uno que llevaba a la sala, otro a las escaleras, el siguiente a la cocina y el derradero al cuarto de la lavadora supongo. La entrada era realmente confortable y un pequeño escalón la aislaba del extenso pasadizo. Montones de zapatos se encontraban en el armario y una puerta estándar llevaba hasta el armario donde dejé mi cazadora de cuero. Sonreí y ambos caminos hasta las escaleras.
- ¿Te costó encontrar el lugar? - me interrumpió la visión global.
- No. Fue muy fácil - sonreí - Solo tenía que seguir las indicaciones del GPS.
- Bien, me encanta tu conjunto - arqueó una ceja observándome.
- Gracias, y a mi el tuyo - le observé asintiendo - Oh, he traído una botella de "Romanée Conti" - se la extendí.
- No hacía falta que te molestases - me sonrió cogiéndola entre sus manos - ¿Es francesa?
Asentí.
- De pequeño me crié en Francia, en la pequeña ciudad de Monaco. La visito una vez al año y aprovechó para llenar mi bodega de exquisitos vinos franceses - le sonreí.
- Es asombroso - susurró - Mi hermana aún está preparándose. No tardará.
- Siempre suele tardar, ¿no? - reí acordándome de la cena de anoche. Su retraso me causó mucha gracia. Ninguna de las chicas con las que quedaba llegaban tarde a nuestro encuentro.
- Si, no puedes contar con ella para nada porque le lleva tiempo arreglarse y siempre llega tarde a cualquier sitio - volteó los ojos.
- Las chicas son así.
Lo hombres somos de los que nos ponemos unas camiseta al azar y ya estamos listos. ¿Para que necesitamos estar perfectos? - reí.
- Hombre, eso es lo mejor. Escoger una camiseta al azar y caso arreglado - me dió la razón.
- No sé yo si... - Mis palabras se cortaron cuando escuche unos pasos por las escaleras principales.Era Miriam aunque no se le veía por las luces apagadas del pasillo y la oscuridad de la noche reflectada desde la ventana - ... es lo apropiado - mi mirada se perdió en ella.
- Por fín. A tardado pero... - Coque me observó extrañado al ver que tardaba en responderle.
- Si - seguí inmóvil con la atenta mirada de Coque clavada en mi.
Por fin la pude ver, con un precioso conjunto y sus ojos acaramelados mirándome detenidamente sin pestañear ni un segundo. Sonrió forzosamente y bajó las escaleras ayudándose de la mano que le tendió su humilde hermano.
IBA ASÍ:
- Que linda, hermana - Coque le soltó de la mano observándola.
- Gracias - le dedicó una sonrisa.
Asentí.
- Divina - sonreí observándola con ojos brillantes.
- Gracias, Derek - me dirigió la mirada durante un instante.
Nuestras miradas se cruzaron detenidamente y antes de que alguno soltara alguna tontería sobre lo ocurrido la noche pasada Coque, intervino.
- Chicos, voy a llevar la bebida a su lugar. Vuelvo enseguida. Charlar mientras tanto.
Se fue dejándonos sólos a ambos.
- Tú y yo tenemos que hablar - susurró suspirando sin dirigirme la mirada.
- Creo que no es un buen momento - mencioné observándola de arriba a abajo.
- ¿Cómo se te ocurre aceptar la invitación de mi hermano? - dijo entre dientes y observando a los lados.
- No tenía... - me froté la nuca.
Miriam me observó de reojo con expresión seria y pasó por mi lado rozándome el brazo
Le agarré del antebrazo antes de que accediera al interior de la cocina que se encontraba a unos palmos haciendo que se volteara hacia mi. La acorralé entre la pared y mi cuerpo y le agarré de las muñecas a pocos centímetros de rozar su piel.
Ella intentó soltarse y me miró fijamente a los ojos muy inquieta y nerviosa.
- ¿Intentas ignorarme? - sonreí intimidante. Miriam apoyó la cabeza contra la pared y bajó la mirada hacia mis labios - Contesta - me acerqué más a ella.
- Suéltame - susurró en un gemido zarandeando las muñecas.
- Me encanta que me supliquen - sonreí sensualmente apartando un mechón de pelo de su rostro.
- Y a mi que me lo pidan - susurró casi sin aliento.
- Fíjate, que casualidad - sonreí rozando sus labios. Ella me besó acortando la distancia. El beso se intensifico hasta que la temible voz de su hermano nos hizo detenernos.
- Chicos, entrad. Ya está todo preparado - anunció Coque desde la cocina.
Ella se separó entre cortadamente mientras yo le soltaba las muñecas. Sonreí y le dejé marchar. Ella accedió al interior de la cocina y luego, segundos más tarde yo también entré.
Coque me observó sonriente mientras Miriam tomaba asiento.
Miré a los alrededores. La cocina era espaciosa, poco luminosa pero cohibida. La decoración era realmente estupenda y servicial y el menú tenía pinta de estar delicioso: "Gazpacho" como primer plato, de segundo "Verduras salteadas con pollo" y de postre una deliciosa pieza de fruta. Acompañado del vino francés hacia una combinación única y realmente especial.
Coque me señaló uno de los asientos. Yo me senté frente a Miriam que evitaba mis miradas nerviosamente. Más tarde, Coque se sentó a mi lado mostrando el primer plato. Sonreí y comenzamos a comer. La verdad es que estaba delicioso.
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- Cuéntanos Derek.
¿Tienes vida personal o solo vives del trabajo? - sonrió Coque sirviéndome el vino.
- Mi vida personal comienza a partir de las siete de la tarde de cada día hasta las diez de la mañana del día siguiente - le observé mientras se servía a si mismo.
- Vaya, estás muy solicitado - comenzó a devorar la comida del plato - ¿Y te gusta ser vendedor de automóviles?
- No mucho pero al ser mi padre el antiguo dueño del local... Me siento responsable de ocupar su lugar en la empresa. Él estaría orgulloso de mi, supongo - miré a ambos sin ocultar una sonrisa.
- Ohh, no lo sabía. Lo siento - se compadeció Coque. Ladeé la cabeza - ¿Tienes muchos clientes en esta época del año?
- Si, los clientes poco varían de mes en mes. No existe una época en la que vendamos más.
- Todo eso me asusta. Yo aún estoy terminando los estudios - tomó la copa entre sus manos.
Miriam bajaba la mirada intentando parecer despercibida.
- ¿Y cuándo terminas los estudios? - me entrometí.
- Dentro de unos meses. Me falta realizar el examen final y si lo apruebo me dan el diploma terminando así la carrera.
- ¿Y tienes pensado a que dedicarte? - bebí un sorbo de mi bebida.
- La psioterapia. Como te he dicho estoy terminando la carrera.
- ¿Y tú? - dirigí la mirada a Miriam.
- ¿Yo? - levantó la mirada dejando el gazpacho. Soltó la cuchara.
- Si - le miré fijamente.
- Me han ofrecido unas clases de canto y supongo que las aceptaré. Me encantaría ejercer en el mundo de la música - frunció los labios observándome.
- Genial - aparté la mirada y me terminé el gazpacho - El gazpacho estaba buenísimo - asentí con la cabeza dejando la cuchara a un lado y recogiendo una servilleta para limpiarme los morros.
- Gracias, es una receta familiar - Coque terminó a la vez que Miriam y se levantó retirando los platos y preparando el segundo plato.
- Derek, ¿cuántos años tienes? - volvió a mencionar.
- Ventiséis. El mes que viene cumplo los veintisiete - aclaré.
- Pareces más joven - Coque trajo el segundo plato relamiéndose los labios.
- Pues y ves - sonreí contemplando mi plato - ¿Soys vegetarianos?
Miriam sonrió guardándose una carcajada. Le miré fijamente y ella elevó por un momento la mirada.
- No - rió Coque segundos después - ¿No te gustan las verduras?
- Si, por supuesto. Solo... me extrañó que el menú constara completamente de ellas - comencé a comer al verlos a ellos - ¿El postre que es? ¿Tarta de puerro?
Miriam rió en un susurro tapándose la boca con la mano derecha.
- Pues no exactamente - continuó observando su plato - ¿Tienes novia? - preguntó cuando ambos - Miriam y yo - estábamos distraídos. Ella al escuchar la pregunta de Coque aclaró la voz emitiendo un sonido fustrante.
Aguardé unos segundos desviando la mirada y luego decidí responder a su pregunta.
- No - mostré mirando a Miriam fijamente. Su rostro se puso pálido y ella se encontraba nerviosa intentando no mirarme fijamente a los ojos. Quería tranquilizarla de alguna forma pero sabía que así solo empeoraría las cosas.
- Pensé que si ya que pareces un chico muy atractivo - Coque continuó cenando.
- Gracias. Aunque lo importante es el interior, ¿no? - sonreí amablemente.
- Si, exacto - asintió mientras terminaba el segundo plato - ¿Verdad, Miriam?
Ella levantó la mirada frunciendo medianamente el ceño.
- Supongo - desvió la mirada tomando su copa. Su dedo meñique temblaba posesivamente.
Volví a mirarla. Estaba súper pálida.
- Miriam, ¿te encuentras bien? - acaricié su antebrazo. Ella lo apartó velozmente.
Me miró desafiante.
- Miriam, esos modales - Coque le miró fijamente echándole la bronca.
- Estoy bien - dejó la servilleta sobre la mesa y se levantó para acomodarse el vestido.
- Estás muy pálida - continuó Coque.
- Solo... tengo calor - bajó la mirada sentándose de nuevo.
- Está bien - Coque finalizó la conversación.
- Bien, ya terminé - anuncié mirando a ambos.
- Ahora te sirvo el postre - se mostró Coque desinteresado.
Seguimos charlando y finalmente acabamos de comer. Todo estaba muy rico. El postre constaba de un pieza de fruta. Coque me explicó quien era Jessy.
- Si, es muy atenta y muy buena persona - siguió explicándome.
- Pues eso es lo más importante - asentí sonriendo.
- ¿A qué si? - dijo Coque. La verdad era que me caía estupendamente. Se notaba que ambos eran hermanos.
- Si. Oye, necesito ir al baño - mencioné.
- Por supuesto. Miriam te mostrará donde se encuentra mientras yo recogó la mesa - se levantó recogiéndola.
- Sígueme Derek - volteó los ojos levantándose.
Me erguí absorbiendo el resto del contenido de la copa y le seguí. Ella no aguardaba por mi y ni siquiera se molestaba en averiguar si le seguía. Ascendimos por las escaleras a paso rápido. Recorrimos el segundo piso y finalmente ella se paró en seco frente a una de las puertas.
- Es aquí - suspiró volteándose.
- Gracias - sonreí accediendo al interior.
- Yo te espero fuera - mencionó apoyándose en la pared al lado de la puerta. Miró al techo y cruzó sus piernas pensativa.
- No tardaré - entré en el mismo.
Cerré la puerta poniendo el pestillo. Me miré en el espejo y suspiré. Me encontraba nervioso ante la presencia de Miriam en aquel momento.
En un pequeño instante, las luces se fueron y me quedé a oscuras.
- Mierda - encontré el pomo de la puerta y esta se abrió.
Salí del cuarto de baño.
- Derek, se ha ido la luz - escuché la voz de Miriam frente a mi.
- ¿No me digas? No lo sabía - mencioné sarcásticamente.
- Idiota - mencionó molesta.
- Ven, hay velas en el desván de arriba.
- ¿Tengo que ir contigo? ¿No sabes ir tú sola? - susurré mientras dibujaba una pequeña sonrisa muy tierna y sensual.
- Mmm...Tengo miedo a la oscuridad, ¿vale? - anunció subiendo las escaleras que conducían a una única puerta.
- ¿Enserio? - reí siguiéndola como pude. Gracias a los ventanales aún se podía ver algo trás la oscuridad.
- ¿Me acompañas o qué? - se volteó.
- ¿No ves que ya lo estoy haciendo?
Miriam sonrió y volvió a encaminarse hasta el desván.
Abrió la puerta de hierro y me dejó pasar. Entré y miré a los alrededores. El desván era bastante extenso y acogedor aunque en su interior el frío inundaba todos los rincones. Pequeños ventanales rodeaban la estancia y pocos materiales cubiertos por sábanas o en cajas de cartón se encontraban esparcidos por todo el espacio.
- Vale, veamos...
- ¿Te ayudo? - me acerqué a ella.
- Si, gracias - digo distraídamente.
Sonó un trueno por toda la casa y luego un destello alumbró desde la pequeña ventana que se encontraba en la parte superior del techo del desván.
Miriam suspiró deslizando sus manos por ambas piernas.
- ¿Estás bien? - le susurré levantando la mirada del interior de una de las cajas.
- Si, solo me pilló por sorpresa - se irguió y volvió a soltar el aire acumulado.
- ¿Te asustan los relámpagos? - seguí rebuscando en el interior de la caja.
- Depende de lo cerca que estén de mi - susurró.
Me adentré más al fondo del desván.
Se escuchó otro trueno pero aún más fuerte y la puerta del desván se cerró resonando en un portazo.
La puerta parecía muy vieja y pesada y sobre todo muy difícil de romper.
- Se cerró la puerta - Miriam caminó hacia ella e intentó abrirla. Varias palabrotas salieron de su boca y finalmente, se rindió al ver que era imposible de abrir.
- Déjame a mi - me acerqué a ella.
- Si yo no puedo tú tampoco vas a poder - intentó hacerme entrar en razón. Se apartó de la misma dejando espacio. Tomé el pomo entre mis manos y lo giré con fuerza, luego probé a golpearla pero finalmente descubrí que la puerta no cedía.
- No hay manera - me volteé soltándola.
La puerta era muy dura y aún encima de hierro así que fue un caso imposible.
Cogimos los dos nuestros móviles y activamos la linterna de los mismos. Por lo menos, nos iluminaba el camino.
- ¡Socorro! ¡¡¡Estamos atrapados!!! - golpeó la puerta intentando que alguien nos escuchase.
- No gastes saliva, es imposible que nos oigan. Tu hermano se encuentra en el piso de abajo - murmuré apoyándome en una silla de la habitación.
- Estamos encerrados - paró de golpear la puerta y se volteó buscándome con la linterna de su móvil.
- ¿Tienes miedo de perderme? - le miré.
- No, tengo de perderme yo - caminó hacia mi suspirando - Es la única salida y entrada existente.
- A lo mejor existe otra - murmuré cruzando los brazos.
- Derek, llevó dieciocho años viviendo aquí. Me sé todos los rincones y escondrijos de esta casa - señaló a pocos metros de mi.
- Y te creo - Miré por un pequeño ventanal - Las tormentas de verano son las más jodidas - razoné.
Miriam no me hacía caso. Solo se limitaba a mirarme con detenimiento y con cara de preocupación.
Se sentó en una esquina del desván al lado de la pared. Yo me senté en otra esquina al frente de ella.
Miriam miraba por la ventana del desván y esperaba que las tormentas se calmaran.Yo me limitaba a mirarla detenidamente, no podía evitarlo.
Unos minutos después, ella levantó la cabeza y me miró.
- Derek - frunció el ceño.
- Dime - seguí mirándola.
- ¿Puedes parar de mirarme? Me pones nerviosa - volvió a desviar la mirada.
- ¿Nerviosa? - arqueé una ceja.
- Nerviosa - afirmó con una mirada amenazadora.
Sonreí ignorándola por completo. Seguí mirándola pero más fijamente y sin pestañear.
- Para, enserio - rió lamiéndose el labio inferior.
- Vale, pararé. Eso si, no volveré a mirarte - asentí apretando los labios y cerré los ojos.
Ella rió con ganas.
- Idiota, no debes tomártelo tan a pecho.
- No abriré los ojos - ladeé la cabeza. Ella se levantó caminando hacia mi. Lo sé por el ruido de sus tacones.
Se situó frente a mi y me dió una bofetada en la mejilla izquierda.
- ¡AU! - exclamé rozando mi mejilla que se encontraba ardiendo en esos instantes.
- Mírame - se sentó sobre mis rodillas sujetándome la barbilla para que le dirigiese la mirada. Yo mantenía los ojos cerrados - Vale, acabo de quitarme el vestido. Tú te lo pierdes - me susurró al oído.
Agarrándose a mi nuca para no caerse. Yo abrí los ojos agarrándola por el trasero.
- Eres una puta mentirosa - exclamé observándola y levantándome.
Ambos reímos entre si.
- Quiero salir de aquí - susurró haciendo pucheros.
- No eres la única - volteé los ojos burlándome de ella. Se irguió poniéndose a mi lado.
- Todo es culpa tuya.¿Para que tenías que ir al baño? - sonrió divertida.
- Fuiste tú quien decidiste venir al desván.
- Aceptaste la invitación de mi hermano es que eres idiota - rió golpeándome en el brazo y separándose de mi.
- ¿Qué querías que le dijese? Verás, no puedo ir. Es que ayer me acosté con tu hermana y me da un poco de corte cenar con vosotros después de lo ocurrido. Además, ella y yo aún no hablamos del tema.
- No puedo porque tengo planes.
¡ Y PUNTO! - hizo gestos con las manos mientras se explicaba.
Ladeé la cabeza mirándola.
- Derek, tenemos una conversación pendiente - bajó la mirada.
- Lo sé pero no creo que tú estés preparada para hablar de lo ocurrido - le señalé a unos palmos de distancia.
- ¿Por? - me vaciló golpeando sus nalgas con ambas manos sin creérselo.
- Te fuiste cuando yo aún estaba durmiendo. No estás preparada - susurré jugando con mi lengua.
- Vale - volteó los ojos - Me entró el pánico. Verme completamente desnuda en tu cama es muy frustrante. No sabía como reaccionar así que para evitarme problemas... decidí abandonar el lugar. Pensé... que no volvería a verte pero nunca ocurre lo que de verdad piensas que va a ocurrir si no todo lo contrario.
- Miriam, ¿pensabas que no volverías a verme o realmente querías no volver a verme? - introducí mis manos en ambos bolsillos de mis pantalones y le miré fijamente aguardando su respuesta.
- No lo sé. Ahora que te tengo justo delante de mi... es muy difícil saber lo que verdaderamente siento - ladeó la cabeza mientras sus dientes temblaban. Tal vez por miedo o seguramente por frío. No lo sé.
Permanecí callado y poco a poco fui acercándome a ella. Alcé la mirada y le tomé de la mano. Ella me miró fijamente con ojos vidriosos intentando averiguar lo que estaba planeando.
- Te juro que fue una noche súper especial y que siempre la recordaré como uno de los mejores momentos de mi vida. Una simple cena amistosa terminó convertiéndose en sexo salvaje. Además, me lo pasé genial. Me has trasmitido una simpatía y una afabilidad impropia de mi persona. Nunca había conocido a una persona con tanta energía y que fuera tan adorable. No soy de relaciones. La última que he tenido ha sido muy dura para mi. Me dejó terriblemente tocado. Yo soy de relaciones abiertas. Tampoco soy de rollos de una noche. Con todo esto quiero decirte que no me arrepiento en absoluto de lo que ocurrió la noche pasada y nunca me arrepentiré - le miré fijamente aguardando una respuesta convincente por su parte.
- Lo poco que recuerdo de la noche fue perfecto. No recuerdo nada de nuestro encuentro sexual, se que suena ridículo pero es cierto. Tal vez, estaba borracha de más o... yo que sé. Nunca me he enamorado de alguien. Siempre fueron ellos quien se enamoraban de mi. No siento que la noche pasada fuera solamente un rollo de una noche. Creo que fue algo más especial y... sinceramente... me gustaría volver a repetirlo pero no... no. Eso no va a suceder - sonreí ante sus palabras y dirigí mi mirada a nuestras manos entrelazadas. Ladeé a cabeza y le miré tímidamente.
- No me mires así - rió - He apostado con mi mejor amiga que no pasaría nada entre nosotros.
- ¿Acaso crees que volverá a repetirse lo de la noche anterior? - alcé una ceja divertido.
- No la recuerdo así que no puedo opinar sobre ello - alzó la mirada lamiéndose el labio superior.
- Cenamos, me pediste que te llevara a mi casa, bebimos, seguimos bebiendo, vomitaste en mi váter, me contaste tu vida y finalmente... - dí un paso hacia delante.
- Nos acostamos - me interrumpió mirándome fijamente con un brillo característico en sus ojos.
- No, antes de hacerlo, te corriste cuando te masajeé los pies - sonreí recordándolo.
- ¿Enserio? - rió sin poder creérselo - Eres un masajista de diez - siguió mirándome mientras jugueteaba con su cabello.
- ¿Sabes? Creo que poco a poco vas aceptando lo que ocurrió.
- Tal vez, aunque no es este el lugar más apropiado para ajustar cuentas.
Estamos atrapados en un desván, sin luz...sólo los dos encerrados en un extenso desván - miró a los alrededores sonriendo levemente.
- Aún no hemos terminado con esto. Quedan muchas cosas que aclarar entre nosotros - me senté bajando la mirada. Mi sonrisa frenética me hacia parecer un imbécil pero no podía esconderla. Ella me hacía sonreír ante cualquier tontería o comentario que realizaba.
Caminó hacia mi y sentó justo a mi lado.
Buscó mi mirada y apoyó su cabeza sobre mi hombre izquierdo.
- Fue un equivocación. Un error satisfactorio para ambos. Las personas cometemos errores a diario y nos arrepentimos de ello. Una parte de mi quiere olvidarlo pero le supera el resto que de verdad, no quiere hacerlo - observó la penumbra mientras yo jugueteaba con mis dedos pulgares.
- Oye, fue fantástico, si. Conocerte a sido magnífico pero aún no te conozco lo suficiente y quiero hacerlo. Quiero saber cosas sobre ti. No te estoy pidiendo que salgas conmigo o que iniciemos una relación. Solo creo que... podríamos dar inicio a una simple amistad - sonreí mirándola por el rabillo del ojo.
- Claro, ¿amigos con o sin derecho a roce? - alzó el entrecejo sonriendo. Yo al mirarle no pude contenerme y me reí junto a ella.
- No voy a responderte a eso - cambié la expresión.
Me levanté y me dirigí a la ventana del desván. Observé los reflejos de la ventana.
- Derek, solo era una broma no pretendía... - me siguió contemplando a pocos palmos de mi ser.
- Lo sé - sonreí - Tranquila - me volteé mirándola.
- ¿Amigos entonces? - me ofreció un apretón de manos. Se lo acepté asintiendo - Bien, me alegro de que lo hayamos arreglado al fin - acaricié su mejilla en modo de confirmación. Ella cerró los ojos sonriendo y posando su mano sobre la mía.
- Tenemos que salir de aquí - abrió los ojos interrumpiendo en silencio. Deslicé mi mano sobre la suya y la aparté definitivamente.
La puerta estaba atascada y los móviles se encontraban sin cobertura por la tormenta. Ambos miramos a los alrededores, perdidos sin saber que hacer o que decir en el momento oportuno.
- Mmm...¿Estas segura de que no hay otra salida? - desvié la mirada hacia ella.
- Derek, llevo dieciocho años viviendo aquí. Me se todos los rincones de esta casa - me miro desafiante pero sin perder el entusiasmo.
- Tal vez... alguno... estuviera fuera de tu alcance - insinué sin dejar de apreciar su belleza.
- Idiota. No dudes de mis capacidades físicas - se frotó la nariz dudosa.
- Tu hermano sabrá donde nos encontramos y vendrá a sacarnos de aquí - pronuncié para mi mismo. Solo era una posibilidad.
- Supongo que si - se sentó al otro borde del desván.
Ladeé la cabeza sonriente y me senté en otro rincón del mismo.
Un trueno se escuchó y un silencio absoluto inundó el desván.
Miriam, asustada, se desplazó hasta la esquina más alejada de la ventana principal del desván.
A pesar de estar allí atrapados,
solo con la luz que destellaban nuestros móviles y aún encima con la luz de los rayos justo a nuestro lado, no era muy agradable pero me encontraba seguro y confortable al lado de Miriam.
Por lo menos no me encontraba sólo.
Ella se encontraba al final del desván. Me miraba tímidamente con un aire especial.
Al yo, levantar la cabeza y mirarla le hizo mirar a otro lado y dibujar en su rostro una sonrisita acompañada por sus mejillas teñidas de color rojo intenso .
Me levanté y me senté a su lado. Ella se extrañó pero se le notaba cómoda y feliz de que la acompañara en aquellos momentos.
Se volvió a escuchar otro estruendo. Miriam, aún más asustada, se escondió entre sus piernas.
Yo,en acto seguido, le cogí cariñosamente de la mano y se la apreté con una fuerza indescutible.
Me miró y yo le sonreí, ella se acurrucó en mi hombro derecho y cerró lo ojos.
Yo me limité a acariciarle la oreja mientras la miraba detenidamente.
Era preciosa.
Sus ojos amarronados y la manera en la que expresaba su intensa sonrisa me volvía loco.
No me arrepentía de haberme acostado con ella si no todo lo contrario. Me alegraba que lo hubiese hecho. Así pude conocerla de otra forma diferente. Sea como sea, la noche pasada nos unió lo suficiente como para estar ahora mismo acurrucados el uno sobre el otro.
Al abrir los ojos, me interrumpió de mis dulces pensamientos.
- A este paso nunca saldremos de aquí - susurró adormilada.
- Ya verás como si - intenté tranquilizarla.
Se levantó y se dirigió a la puerta. Se dispuso a comprobar si la puerta seguía totalmente cerrada.
No fue capaz de abrirla.
Ella golpeó la puerta fuertemente con su impotente enfado. Se deslizó por la puerta y se sentó a sus pies, rendida. No consiguió abrirla de ninguna de las formas posibles.
- No hay forma - bajó el rostro sin mirarme ni un segundo. Las gotas de agua seguían resbalando velozmente por la ventana.
Miriam volvió a levantarse y miró por el ventanal detenidamente.
La tormenta no cesaba y cada vez nos sentíamos más agotados de estar en aquel desván.
Yo me levanté y me acerqué a Miriam sin hacer mucho ruído.
La cogí por la cintura y le besé la mejilla para tranquilizarla.
- No te preocupes aquí estamos a salvo de la tormenta - le susurré al oído. Respiré el dulce aroma de su cabello y volví a besar su mejilla.
Ella cerró los ojos y se rió. Fue una sonrisa muy abrumadora y al mismo tiempo muy sensual.
- Menos mal que no estoy sóla.
- Mucho mejor que eso, me tienes a mi - le susurré sin apartar mis labios de su mejilla.
Abrió los ojos y siguió contemplando las gotas de agua que rozaban el cristal de la ventana.
Caían velozmente al mismo tiempo que yo le besaba el cuello. Deslicé mis labios por su pescuezo utilizando en pequeños instantes mis pequeños dientes.
Miriam no se apartaba ni se resistía todo lo contrario, le encantaba.
- Estamos sólos - susurré de nuevo en su oído.
- ¿Oh si? - sonrió.
Se giró y me miró con sus esos ojos que literalmente me derretían el alma y me recordaban a aquella noche pasada.
Me acarició la cara con las dos manos y se acercó lentamente a mi mirándome los labios discretamente.
- Si - asentí.
Dí un paso hacia delante sin apartar la vista de ella. Se escuchó otro intenso trueno pero el rayo ni siquiera se escuchó. Estaba muy lejos.
- Tú y yo.
En aquel momento, estábamos rozando nuestros labios. La luz de los móviles se apagó y en su lugar la penumbra oscuridad del desván se apoderó de todo el espacio.
Sólo nos iluminaba la luz exterior de las farolas que reflectaba por la ventana.
Sonreímos a la vez y por fin Miriam me besó.
Un dulce y apasionado beso con lengua que no terminó justo en aquel momento.
Ambas lengua jugueteaban entre si mientras el beso se hacia más intenso.
De un momento a otro, me separé volteándome y caminé lentamente hasta el centro del desván. Me palpé los labios y limpié el resto de rimel de labios producido por el beso anterior.
- ¿Ocurre algo? - preguntó ella acercándose lentamente.
- No podemos cometer el mismo error dos veces seguidas - le miré de reojo sin intentar voltearme - Solo somos amigos.
- Derek, no contestaste a mi pregunta - se apoyó en mi hombro derecho y acarició mi cabello tiernamente.
- ¿Cuál? - me volteé mirándola fijamente.
- ¿Amigos con o sin roce? - susurró marcando la última palabra muy sensualmente. Sonrió al ver que no contestaba.
- ¿Y tú? ¿Qué clase de amistad quieres entre nosotros? - pregunté con ojos fugazes mientras ella apartaba la mano de mi cabello.
- ¿Tú que crees? -se mordió el labio bajando el rostro.
Le miré fijamente durante unos segundos. Mierda, esta chica arruinaba mi autocontrol dejándolo por los suelos. Reí maliciosamente y la empujé contra la pared. Puse ambas manos en los laterales de su nuca y me apegué a ella acorralándola contra la pared. Rocé mi erección contra su ingle. Ella sonrió sensualmente mirando mis labios. Acorté los centímetros que nos separaban dándole un beso fugaz e imparable. Ella me lo siguió sonriente y divertida. Había conseguido lo que deseaba.
- Tu erección me hace cosquillas - rió bajando la mirada.
Siguió sonriendo. Esta vez fue ella quien inicio de nuevo nuestro morreo. Me agarró de la nuca haciendo que me acercara más a ella. Yo bajé mis manos deslizándolas por sus brazos, su cintura, su pelvis y deteniéndolas sobre su trasero. Ella sintió un cosquilleó pero no se detenió.
De repente, uña araña roja se asomó por las estruendas paredes del desván y comenzó a recorrer la pared donde nos encontrábamos hasta llegar a nosotros. Miriam la vió y abrió los ojos temerosa cesando nuestro beso.
- ¡Aww! ¡Una araña! - chilló agarrándose a mi nuca.
Se sujetó a mi cintura con ambas piernas y apoyando la espalda sobre la pared. Me separé de la misma y caminé hasta un rincón del desván con Miriam entre mis brazos. Ella continuaba besándome y agarrando mis mejillas desesperadamente. Bajó de mis brazos y se apoyó sobre una pequeña mesa de roble que se encontraba en el desván. Me acerqué a ella y barrí todos los objectos que se encontraban sobre la mesa. Ella volvió a besarme empujándome sobre la mesa. Ladeé la cabeza sin creérmelo.
Me senté encima de la misma mientras ella se metía en medio de mis piernas y me seguía besando. Esta chica era insaciable.
- ¿Te asustó la araña? - reí.
- Por supuesto. Es un bicho infernal - alzó una ceja y acarició mi muslo derecho acercándose a mi erección.
- Eh, ¿a dónde vas? - sonreí deteniéndola.
- A ninguna parte. ¿No ves que estamos encerrados? - alzó el entrecejo y me miró fijamente. Posé mi mano sobre su mano apoyada en mis muslo y la deslicé hasta llegar a mi parte íntima. Ella sonrió y dejó que yo le llevara. Sonrió y continuó besándome. Apartó su mano lentamente y sonriendo.
- ¿Por qué paras? - le susurré al oído.
- ¿Quieres que siga? - sonrió acercándose más a mi y rozando sus piernas contra las mías.
- Si - le besé lentamente agarrándola de la cintura.
Ella me agarró del bajo de la camiseta y me la sacó por encima de los brazos. Yo erguí ambos brazos para darle acceso. Dejó la camiseta a un lado y continuó besándome.
- Está clarísimo que seremos amigos con roce - sonrió.
Yo me erguí y dí una vuelta a su alrededor ella se volteó. La empujé haciendo que cayera sobre la mesa. Ella rió sin creérselo mientras yo me subía a la mesa y me tumbaba sobre ella. Apoyé los brazos a ambos lados de su rostro y le miré fijamente. Acaricié su mejilla con su atenta mirada.
- ¿Qué pasa? - me miró extrañada mientras erguía las rodillas. Me entrometí entre ellas.
- Nada, solo apreciaba tu belleza - aparté la mano y seguí observándola.
- Pelota - dijo mientras acariciaba mis pectorales tímidamente.
Deslicé mis labios por su cuello dándole pequeños mordisquitos. Ella inclinó la cabeza hacia atrás y soltó pequeños gemidos satisfactorios. Me agarró de la nuca mientras mordía el lóbulo de mi oreja.
- Hacerlo en un desván no es precisamente como decirlo... - sonrió mientras yo terminaba la guerra con su pescuezo.
- ¿Y? A un no ha sucedido nada - aclaré sonriente.
- Pero ocurrirá - me miró mientras lamía sus labios.
- ¿Cómo estás tan segura? - le susurré al oído mientras acariciaba sus mejillas sonrojadas con mis carnosos labios.
- Porque o lo haces tú o lo hago yo - besó mi mejilla reacomodándose y me miró fijamente.
- Eso suena bien - asentí.
Ella rió al mismo tiempo que yo deslizaba mi cuerpo por su torso y me detenía sobre su cintura.
- Veo tus bragas - sonreí mirándola maliciosamente. Ella bajó sus piernas tímidamente y apoyó los codos sobre la mesa para vigilarme.
- ¿Qué intentas? - me observó por encima de sus pestañas.
- Recuéstate y confía en mi - dije acariciando sus muslos y subiendo sus rodillas.
Se tumbó sobre la mesa inquieta y cerró las piernas. Yo me entrometí entre ellas. Sonreí deslizando sus bragas por los muslos.
- Quieta - susurró cambiando mi expresión. Ella continuaba moviendo sus caderas inquietamente. Le besé calmándola y seguí con lo mío.
- ¿Qué vas a hacer? - susurró suspirando agitadamente.
- Nada - susurré misterioso.
Me apoyé en sus muslos y lamí su ingle. Besé su matriz. Ella se irguió soltando un fuerte gemido.
- N- no lo ha-hagas - tartamudeó como pudo y volvió a recostarse.
- ¿Por qué no? - me deslicé por sus piernas y volví a besar esa parte concreta. Ella volvió a gemir más intensamente.
- Van a escucharte - sonreí volviendo a repetir el gesto pero esta vez sin interrupciones. Chupé su parte íntima profundizándome cada vez más. Miriam intentaba reprimir los gemidos pero le fue técnicamente imposible. Sonrió dejándose llevar y estiró ambos brazos deslizándolos sobre su cabeza. Enrolló sus piernas en mi nuca atrayéndome más a su cuerpo. Sonreí sin parar y la agarré del trasero para no caerme. Me encantaba su olor, su cuerpo, su fragancia... Miriam me encantaba.
- Sigue, por favor - se derretió mientras cerraba los ojos inclinando la cabeza con satisfacción.
- Sabes tan bien... - susurré entre besos.
- Calla - rió a pocos centímetros de mis labios y agarrándome por la nuca.
En aquel momento, seguí besando sus labios. Ella me provocaba lo bastante como para sacarme una sonrisa en mi rostro.
Las luces regresaron. Miriam paró de besarme e irguió la mirada preocupada. Acomodó sus piernas debajo de mi.
- Ha vuelto la luz - miró hacia el techo.
- ¿No me digas? Con lo bien que nos lo estábamos pasando... - hice pucheros y le miré fijamente. Ella apoyó su frente con la mía.
- ¿A que sí? - sonrió deslizándose por mi torso. Besó cada rincón de mi abdomen y se detuvo al comprobar que una gargantilla que rodeaba mi cuello. La palpó y agarró la misma tirando de mi.
Vuelve a besarme insaciable como siempre.
Miriam gimió ligeramente y me volvió a agarrar de la nuca escurriéndose debajo de mi.
- Chicos, ¿estáis bien? - chilló una voz que me resultaba vagamente familiar. Los golpes de la puerta nos distrajeron. Paré de besarla y miré hacia la puerta con cara de espanto. Miriam me miró y ambas miradas se cruzaron temerosamente.
- Si - tartamudeó Miriam mientras me besaba en la mejilla - Solo nos quedamos atrapados en el desván - murmuró levantando la voz.
- ¿Crees que podrás sacarnos? La puerta está atascada - le seguí.
- Claro, lo intentaré. Vengo ahora. Voy a por algunos materiales para sacaros de ahí - dijo antes de que sus pasos se esfumaran como la nube.
- Rápido. Ponte la camiseta - susurró Miriam irguiéndose.
Me levanté y cogí la camiseta. Me la puse y me peiné el cabello. Miriam se recolocó el vestido y se acicaló el cabello. Luego, comenzó a recorrer el desván a toda prisa.
- ¿Qué haces? - susurré mientras contemplaba cada zona de mi cuerpo.
- Busco mis bragas. ¿Las viste? - se mostró agitada sin dejar de buscarlas.
En mi bolsillo de atrás del pantalón se encontraba su ropa interior. Fruncí los labios y le miré fijamente.
- No, no las he visto - mentí escondiéndolas más en el interior del bolsillo.
- Está bien. No las necesito - intentó taparse el chupetón que se distinguía en sus piernas. Un poco más arriba de sus rodillas.
Reí bajo y le miré fijamente.
- Ya estoy aquí. Traigo una herramienta para sacaros. Apartaros de la puerta - chilló Coque.
Nos alejamos de la puerta por si acaso, desde el exterior se escucharon unos golpes muy fuertes.
Miriam y yo nos miramos fijamente indecisos.
Coque terminó por derrumbar la puerta y accedió al interior observando a los alrededores.
- Chicos, pensé que no sería capaz de derrumbar esa vieja puerta - sonrió señalándola.
- Yo confiaba en ti, hermano - Miriam le abrazó dándole un beso en la mejilla - Gracias - le susurró mientras me miraba de reojo.
Luego se apartó dejándome interceder a mi. Me acerqué a él ofreciéndole un amistoso apretón de manos.
- Muchísimas gracias, Coque. Pensé que nunca podríamos salir de este lugar - alcé la mirada al techo y zarandeé nuestras manos unidas. Luego, caminé hacia el exterior del desván.
- Venga, bajad - Coque salió del desván y comenzó a bajar las escaleras. Miriam le siguió a pocos palmos y yo fui detrás de ellos. Ella agarró el bajo de su vestido y tiró de el para cubrir su trasero.
Yo reí ante lo que acababa de observar. Miriam se volteó mirándome asesinamente.
Nos detenimos en la entrada principal de la casa. Miriam soltó su vestido y entrelazó sus manos por detrás de su cintura. Justamente sobre su trasero.
- Y...¿que hacíais en el desván? - preguntó Coque volteándose para mirar a ambos. Miriam meneó ambas manos. Yo me acerqué distraídamente y le agarré de la mano. Ella sonrió entrelazando sus ambas manos con la mía. Desvié la mirada colocándome a su par.
- Trás la tormenta, se marchó la luz y fuimos al desván a buscar unas velas - Miriam desvió la mirada mientras se lo explicaba a su hermano - Pero una fuerte ventisca brotó y finalmente, la puerta del mismo se cerró. Intentamos abrirla pero nos fue imposible - levantó los hombros con ignorancia en sus palabras y situó mi mano derecha sobre su trasero desnudo. Yo sonreí mordiéndome el labio, entretanto, acariciaba sus posaderas con suavidad y cuidando mi posición.
- Si, exacto - asentí nerviosamente. Ella posó su mano sobre la mía y se deslizó más sobre su trasero obligándome a mi a repetir sus pasos conjuntamente.
- Entiendo... - Coque cruzó los brazos contemplando a ambos mientras alzaba la ceja izquierda.
- Bueno... - miré el reloj de pulsera de mi muñeca izquierda - Se me ha hecho muy tarde. Tengo que irme.
- ¿Tan pronto? - roñó su hermano pateando el suelo.
Asentí.
- La cena estuvo deliciosa. La velada en si fue estupenda - sonreí - Espero volver a verte pronto. A ambos - susurré observando a Miriam mientras apartaba mi mano de ella.
- Me alegro que te gustase. Vuelve cuando quieras - me dió la mano sonriente. Yo se la acepte.
- Gracias por todo - me dirigí a la puerta.
- Te acompaño a la salida - murmuró Miriam adelantándose a abrirme la puerta. Sonrió con las mejillas teñidas de un rojo fugaz.
- Adiós - me despedí de Coque.
- Hasta la próxima - me sonrió y se adentró en la cocina.
Salimos los dos al frío de la noche. Miriam cerró la puerta de espaldas y se apoyó en el pomo mientras fruncía los labios, jovial.
Curioseó a ambos lados y se acercó a mi con paso decidido.
- A sido una gran... ¿celebración? - bajó la cabeza alegre.
Se puso de puntillas y se dispuso a darme un beso en la mejilla. Reí agarrándola del brazo y haciéndole rotar sobre si misma. Quedó de espaldas a mi y yo rodeé su cintura con mi brazo derecho y con la mano izquierda me deslicé por sus glúteos.
- Igualmente. Estás preciosa con ese vestido tan corto - le susurré al oído sensualmente mientras acariciaba de nuevo sus glúteos desnudos.
- Gracias, amor - susurró escurriéndose entre mis brazos.
- Te llamaré - le guiñé un ojo mientras se volteaba.
- Genial. Estaré pegada al teléfono - rió mirándome fijamente mientras me rodeaba el cuello con sus brazos.
- Mmm... - murmuré lamiéndome los labios. Ella se acercó acortando la distancia y me sorprendió dándome un tierno beso.
- Me encanta el sabor de tus labios. Creo que nunca me cansaría de saborearlo - desvié la mirada al suelo.
- ¿Si? ¿A qué saben? - rió perversamente.
- No sé. Tendría que volver a degustarlos - alcé ambas cejas observando sus labios de nuevo.
- Eso tiene fácil solución - susurró mientras volvía a rozar mis labios sonriente. Primero, los mordisqueo y luego, introdució su lengua en el interior de mi boca.
Se separó de mi al cabo de unos minutos saboreando aún sus propios labios.
- ¿Y bien? ¿A qué saben? - insistió.
- A ti - reí acercándome al auto - Adiós - me volteé introduciendo ambas manos en los bolsillos traseros de mi pantalón. Sonreí ladeando la cabeza y antes de entrar al vehículo volví a fijarme en su belleza. Ella meneó la mano elevándola de un lado a otro y me sonrió cariñosamente.
Me lo había pasado muy bien, la verdad. Miriam entró de nuevo en casa mientras yo sonreía ante nuestro beso de despedida. Volví a mi apartamento con la mente en mi mundo.
DÍA: 6 DE AGOSTO
Narra Miriam:
Desperté por la mañana, la luz del sol me cegó por completo. Me levanté cerrando las cortinas y me froté los ojos para adaptarme a la claridad del día. Me asusté cuando mi hermano interrumpió en mi cuarto. Le recibí abiertamente y me dispuse a quitarme el pijama para acloparme una ropa razonable para estar.
Nada mas levantarme mi hermano se acercó a mi cuarto.
- Buenos días - se apoyó en el marco de la puerta aún sonriendo por mi chillido frenético.
- Buenas - reí pensando en lo que acababa de pronunciar. Agarré el bajo de la parte de arriba de mi pijama y la deslicé por mi torso hasta sacarla por completo. No me preocupé por mi desnudez y busqué algo en el armario para ponerme.
Coque se rascó la nuca observándome por el rabillo del ojo.
- Te veo de muy buen humor - sonrió mientras fijaba la mirada en mi.
- Puede ser - asentí volteándome con un sujetador entre mis manos.
- ¿Qué te ha pasado para que estés tan feliz? - suspiró mientras ladeaba la cabeza.
- Es sábado, hace sol y tengo un hambre... - me coloqué el sujetador y me acerqué a mi hermano - ¿Me lo abrochas?
Él, mantenía los brazos cruzados y me miraba efusivamente. Asintió meneando las cejas de arriba a abajo repentinas veces.
Acercó sus manos a mi sostén. Yo recogí mi cabello en una media coleta entre mis dedos y lo aparté hacia un lado. Me estremecí al sentir lo frías que estaban sus manos.
Sonrió observándome por encima del ceño.
- ¿Qué tal? ¿Te gustó la cena de anoche? - soltó de un momento a otro al mismo tiempo que intentaba abrochar mi sujetador.
- Si, estuvo muy bien - mencioné cambiando el tono de mi voz a uno realmente pasota e ignorante.
- ¿Ves? No fue tan malo después de todo - terminó de abrocharme el sujetador al fin. Solté mi pelo que se escurrió sobre mi espalda cayendo en cascada y rozando mi costado - Espera, ¿y eso? - mencionó tratando de que no me diera la vuelta.
- ¿El qué? - fruncí el ceño sin saber de que me estaba hablando.
- Tu cuello. Es un... ¿chupetón? - me tomó de los hombros fuertemente.
- Suéltame - meneé los hombros intentando escabullirme de él. Acabé consiguiéndolo y me dirigí hacia el espejo contemplando mi rostro en el. Lo toqueteé. Claramente. ese chupetón fue obra de Derek. Ladeé la cabeza y me volví para estudiar la reacción de mi hermano. Entrecerré los ojos estrechamente y aguardé sus palabras.
- ¿Fue de ayer? - preguntó volviendo a cruzar los brazos y observándome.
- ¿Sabes? Tengo muchísima hambre. Voy a desayunar - crucé por su lado bajando la mirada. Él me agarró del brazo con más fuerza que de costumbre. Me lamenté intentando soltarme.
- Te he hecho una pregunta - me agarró de la barbilla utilizando un tono más elevado.
- ¿Qué está pasando aquí? ¡Gritáis como posesos! - Jessy nos interrumpió asomándose por la puerta - ¡Coque! ¡¿Qué coño le haces a tu hermana?! - Jessy me observó de arriba a abajo.
Él me soltó rápidamente y me miró desafiante.
- Absolutamente nada - siguió contemplándome sin pestañear ni un segundo - Y tú y yo ya hablaremos - me susurró.
Me fui corriendo de mi habitación y bajé las escaleras como un rayo. Me dispuse a desayunar mientras pensaba en Derek y masajeaba los chupetones que cubrían mi cuerpo. Tenía su marca en mi propio torso.
Luego, terminé de cambiarme y me largué con Jessy a dar un paseo mientras le comentaba todo lo sucedido. No me apetecía hablar de lo ocurrido hace tan solo unas horas así que desvié el tema centrándome en Derek. Eso hacía que me olvidase de la cuestión con mi hermano y me dibujaba una sonrisa en mis rostro mientras las estrellas seguían iluminando en mi propia mente.
- Te estás obsesionando mucho con ese chico - volteó la mirada sonriéndome.
- Solo... somos amigos con derecho a roce. Es oficial - chasqueé los dedos vivaz.
- Eso suena bien. Tan solo... ten cuidado.
- ¿Por? ¿Acaso crees que es un vampiro chupasangre que va a devorarme el cuello? - me paré en seco mirándola - Él sería incapaz de hacerme daño.
- Primero, no creo en los seres mitológicos, segundo, lo conoces hace cuanto... ¿ Dos días? y tercero, no intento resguardarte por culpa de que sea un chico peligroso que no parece serlo. Yo solo quería aclararte que tengas cuidado de enamorarte de él porque sino... te hará mucho daño - me miró compadeciente y continuó su camino.
- Enamorarme de él no está dentro de mis planes - le seguí apaciguadamente. Seguimos charlando de su quedado con Pris anoche. Parece que se lo pasaron genial la noche pasada lléndose de compras y comiendo pizza.
Regresamos a casa, el paseo no fue muy largo porque no me apetecía darle más explicaciones a Jessy
sobre la noche anterior en el desván.
Una que era un poco íntimo y otra que me saldría con el cuento de "estás coladita por ese chaval" algo que rotundamente no es cierto por mi parte. Yo solo le veo como un amigo que acabo de conocer hace dos días.
Accedí a mi cuarto y me puse cómoda. Mi hermano se entrometió en mi habitación justo antes de que fuera a cambiarme.
- Tú y yo. Tenemos una conversación pendiente - me observó asomándose en el interior de la misma.
- Jessy me aguarda abajo - me dirigí a la salida. Coque me agarró del brazo. Le miré desafiante - No tengo porque darte explicaciones - me solté de su enganche y me hice una coleta alta sacando un coletero del bolsillo de mi pantalón.
- ¿Te acostaste con Derek? - preguntó mientras yo caminaba en torno a las escaleras. Me volteé observándolo con la boca entre abierta - Ni te molestes en responderme - ladeó la cabeza encaminándose en dirección a su habitación.
- Si, lo hice. En el desván. Para mi no significó nada y puedes estar tranquilo que para él tampoco - insinué contemplándolo.
Él se volvió cerca de mi y fregó sus dientes superiores con los inferiores.
- ¿Crees que me agrada saber que mi hermana se acuesta con la primera persona que ve? - chilló haciendo gestos desaprobatorios con las manos.
- Derek es diferente. Solo... nos acostamos... - mencioné bajando la mirada.
- ¿Cuándo vas a comenzar a madurar? ¿Eh? Miriam - torció la mirada y volvió a dirigirse a su cuarto.
- ¿Acaso eso te importa? Lo que haga o deje de hacer con mi vida no es asunto tuyo - exclamé ofendida ante su comentario anterior.
Me miró fijamente y andó hacia mi con la mirada perdida en mis ojuelos.
- Estás muy equivocada. Me importas, Miriam. Eres mi hermana pequeña y no dejaré que te acuestes con cada tio que esté a tu alcance solo por placer. Debes querer realmente a una persona y que ella te quiera a ti - intentó hacerme raccionar.
- Pues esa persona aún no llegó a mi vida así que seguiré follándome a quien a mi me salga del... - me comí la última palabra soltando un bufido e intentando expulsar mi enfado.
- Vale, haz lo que que quieras pero recuerda, luego no me vengas diciendo que tenía razón - me susurró al oído. Mi piel se estremeció sintiendo un enorme escalofrío. Coque se apartó, se giró y se marchó al interior de su cuarto.
Bajé las escaleras a toda leche, no quería volver a encontrármelo. Jessy me esperaba tumbada sobre el sofá y sonriendo como una idiota.
Decidimos ponernos a jugar al futbolín y finalmente le cambié de tema de una manera muy sostificada. No me apetecía volver a nombrar a Derek porque a mi mente regresaba la espantosa uerra furtiva de miradas entre mi hermano y yo. Sé perfectamente lo que hago con mi vida y él no es quien para recordarme lo que debo hacer.
- No cambies de tema. ¿Qué más paso en el desván? - mencionó Jessy deslizando los ejes transversales del futbolín para intentar marcar un gol.
- Haber, te estoy diciendo que si mañana quieres que te acompañe al bar donde buscan camarera - levanté la voz. Siempre conseguían sacarme de mis casillas.
- Y yo te estoy preguntando que pasó entre tú y Derek anoche - me miró sonriente. Pero su sonrisa pronto desapareció de su rostro. Le dediqué una mirada furtiva. SI las miradas matasen, Jessy ahora mismo estaría muerta.
- Si, si quieres acompañarme... vente - bajó la mirada volviendo a centrarse en el juego.
- Creo que es una buena oportunidad para ti. Así lograrás encontrar trabajo de una vez por todas - sonreí convincente y e intenté acertar en la portería.
- Ok, ¿ahora vas a seguir contándome lo de Derek? - siguió insistiendo mirando por el rabillo del ojo.
- Ya te lo expliqué completamente todo. No hay más que decir - levanté ambas manos sobreprotegiéndome pero enseguida volví a utilizarlas para marcar mi territorio en el juego.
- O sea, cenásteis, te encontrabas distante frente a él, las luces se apagan, accedéis al desván y no ocurrió NADA entre vosotros.
Absolutamente, NADA - ladeó la cabeza sin comprender lo que acababa de contarle.
- Nada. Solo... besos, excitaciones, tocamientos... No voy a seguir... - sonreí abiertamente por primera vez desde esta mañana y sin ser forzado.
- Mmm... ¿Así que tocamientos? ¿Y tú autocontrol repentino? - susurró pensativa metiendo otro gol en mi portería.
- El autocontrol se esfumó corriendo desde que aquel chico abrió la boca - recordé pequeños momentod de ayer.
La verdad es que Jessy tenía razón. Ocurrió algo, ocurre algo y ocurrirá algo.
Entre Derek y yo no había una simple amistad, existía algo más y que era tan fuerte que no era tan fácil romperlo de tal forma que no dañara a algunos de los dos.
- ¿A cuánto vamos? - lamí los alrededores de mis labios centrándome en el juego que tenía ante mi.
- 20 - 15. Voy ganando - sonrió mirándome de reojo entre sus largas pestañas.
- Ya veremos - hice una mueca con rivalidad.
Olvidé todo lo ocurrido centrándome en ganar la partida. Este era un buen modo de distracción.
Narra Coque:
Me fui a mi cuarto. Estaba... medio enfadado... No soportaba que Miriam se acostase con cualquiera.
La verdad, Jessy tiene algo de razón. Sigo protegiéndola como si tuviera cuatro años y es hora de que madure de una santa vez. Miré a los alrededores. Recogí una pequeña pelota de debajo de la cama. Me tumbé sobre la misma y lancé la pelota encestando en la canasta. Volví a repetir los mismos pasos encestando en la canasta de debajo de la televisión. Cuando me aburría solía utilizarla. Eso me distraía y me ayudaba a recapacitar las cosas. Era como mi rincón personalizado de pensar. Las gotas de sudor inundaron mi frente. Vale, la calor en el interior del cuarto comenzaba a aumentar por momentos.
Narra Henry:
Eran justamente las cinco de la tarde, no me apetecía hacer absolutamente nada y además, había terminado las tareas previstas. Se me ocurrió realizarle una visita a Coque. Mis padres no se encontraban en casa como siempre así que salí de la misma y caminé tranquilamente por el sendero hasta su morada.
Su casa se encontraba muy cerca de la mía. Técnicamente éramos vecinos. No le daré más vueltas al asunto.
Por el camino, pensaba en las palabras exactas, en lo que haría al verle,
en los gestos que realizaría... No tenía todo de mi parte.
¿Érica aceptaría salir conmigo y dejaría a Coque?
No sé. Yo lo que sé es que la quiero y voy a hacer todo lo posible para conseguir que ella me quiera tanto como la quiero yo. Tal vez, no acepté o tal vez si. Miriam siempre me decía que debía de ser optimista e intentar hacer que tus expectativas se cumpliesen.
Por fin, llegué a su casa. Subí los escalones y me presenté en su puerta. Llemé y aguardé. A los pocos minutos, Jessy apareció frente a mi observándome de arriba a abajo.
- Oh, ¿pero mira quién está aquí? - volteó los ojos absorbiendo el contenido de un botella de tequila.
Al poco rato, unos pasos más alarmantes se escucharon. Procedían de la sala de estar.
Miriam se asomó por la puerta y despojó a Jessy de la botella que contenía en sus manos.
- Ya has bebido demasiado. Necesitas estar sobria para ganar la partida - se apoyó en el marco de la puerta y me contempló por primera vez desde que aparecí por la puerta.
- ¡Henry! - sonrió acercándose para abrazarme - Me alegro de verte. ¿Qué haces aquí?
- Hola, Miriam - le abracé y luego volví a separarme mientras contemplaba a ambas - Solo venía a hablar con tu hermano. Tenemos un tema que zanjar.
- Jessy, vé a avisar a Coque de que Henry está aquí y no resbales por las escaleras - gritó mientras Jessy subía los escalones a toda velocidad.
- Y bueno, ¿qué tal estás? - me preguntó Miriam al mismo tiempo, que me invitaba a pasar.
- Bastante jodido, la verdad - acaricié mi cabello y observé a ambos lados - ¿Tú también bebiste?
- No, aún me duele la cabeza de la última vez que me emborraché así que de momento no pienso repetirlo - ladeó la cabeza pensativa - Fue Jessy la que tenía sed y abrió una botella de Tequila.
Sonrió recordando.
- ¿Qué tal con Érica? - preguntó buscando mi mirada. Raccioné escondiendo mi rostro y mordiéndome el labio superior, nervioso.
Narra Coque:
Seguía jugando al baloncesto. Después, me remangué la sudadera y me bajé la cremallera de la misma. Hacia una inmensa calor y el sudor rozaba mis mejillas. Me acicalé el pelo y volví a lanzar a la canasta.
La puerta se abrió de repente, Jessy accedió al interior de la habitación tambaleándose y aclarando la mirada.
La puerta se abrió de repente, Jessy accedió al interior de la habitación tambaleándose y aclarando la mirada.
- Holaa - sonrió saludándome con la mano y acercándose a mi mientras sus manos seguían temblando.
- ¿No te enseñaron a llamar a la puerta? - le observó.
Jessy me observó de arriba a abajo y comenzó a troncharse de risa.
- ¿De qué coño te ríes? - le miré alzando la ceja.
- Estoy borracha y te encuentro apeteciblemente sexy - me observó con los ojos bien abiertos con un tono de voz muy sincero. Acicaló su cabello y se sentó en el borde de mi cama.
- Estoy borracha y te encuentro apeteciblemente sexy - me observó con los ojos bien abiertos con un tono de voz muy sincero. Acicaló su cabello y se sentó en el borde de mi cama.
- Tenemos que hablar - me senté a su lado con la pelota en mis manos. La contemplé fijamente a los ojos. No podía parar de ladearse de un lugar a otro. Eso me preocupaba.
- Vale. Ya estamos hablando - siguió sonriendo fugazmente.
- Déjalo. Creo que no es el mejor momento para hablar contigo - volteé los ojos perdiendo la esperanza.
Me erguí y continué con lo que estaba haciendo. Ella se acercó a mi y me rodeó la nuca con sus tiernos brazos. Me tensé soltando el balón.
- No hay nada de que hablar. Todas las personas cometemos errores y este fue uno de ellos.
- Está bien.
- Por que tengas novia puedes sentirte atraído por otras que no sean ella - sonrió mordiéndome el lóbulo de la oreja.
- Por cierto... - tartamudeé tragando saliva - Sigo sin recordar lo que pasó aquella noche.
- ¿No? ¿Cómo no puedes recordarlo? - me observó retoricamente. Me dió miedo darme la vuelta pero aún así lo hice entrecerrando los ojos.
- Cuéntame que ocurrió - le ordené agarrándola por la cintura.
- ¿Por qué tengo que decírtelo? - rió mirándome fijamente a los ojos. Yo me mantenía inmóvil. Aguardando una reacción por su parte - No intentes sobornarme para que te lo diga porque no va a funcionar - me susurró poniéndose de puntillas para alcanzar mis tímpanos.
- ¿Y por qué no? - me relamí los labios observándola fijamente. Me agarró de nuevo de la nuca y escondió su rostro entre mi cuello - ¿Qué es lo que más deseas que pueda proporcionarte?
- Varias botellas de tequila como esta - levantó su mano izquierda sin obtener nada - Miriam me la arrebató - dijo entre dientes.
- Es es muy sencillo. Puedo conseguírtelas. Tú me dices lo que sucedió y yo... te las cedo - entrelacé mis manos con las suyas. Mi tono de voz era muy sensual y ni yo mismo podía creerme que estuviese negociando con Jess. Ella me miró fijamente y su expresión cambió a una formal. Se alzó poniéndose de puntillas de nuevo y rozó sus labios con los míos rápidamente.
Luego se separé colocando ambas manos en sus bolsillos traseros.
Entre abrí la boca observándola fijamente sin creerme lo acababa de presenciar. Me quedé en shock sin poder pronunciar ni una palabra.
Ella sonrió mirándome fijamente a lo ojos. Seguía muy ebria para darse cuenta de lo que acababa de hacer. Bajó la mirada jugueteando con sus pies.
Al ver que no reaccionaba ni pronunciaba palabra, se acercó a la salida de mi cuarto y abrió la puerta.
- Henry quiere hablar contigo. Te espera abajo - frotó sus dientes superiores con los inferiores. Slió al exterior pero antes, se asomó de nuevo por la puerta - Y respecto a lo de la noche pasada... yo también te quiero - me dirigió la mirada por última vez y rió cerrando la puerta por completo.
Se escuchaban sus risas mientras bajaba las escaleras hasta la planta baja. Su sonrisa era contagiosa.
Me senté al borde de la cama e intenté recapacitar y pensar detenidamente en el significado de sus palabras. Sonreí rozando mis labios con el dedo índice de mi mano derecha. Me erguí y acicalé la ropa para bajar a saludar a Henry. Salí de mi habitación rascándome la nuca mientras seguía pensativo ante la reacción de Jess.
Me erguí y continué con lo que estaba haciendo. Ella se acercó a mi y me rodeó la nuca con sus tiernos brazos. Me tensé soltando el balón.
- No hay nada de que hablar. Todas las personas cometemos errores y este fue uno de ellos.
- Está bien.
- Por que tengas novia puedes sentirte atraído por otras que no sean ella - sonrió mordiéndome el lóbulo de la oreja.
- Por cierto... - tartamudeé tragando saliva - Sigo sin recordar lo que pasó aquella noche.
- ¿No? ¿Cómo no puedes recordarlo? - me observó retoricamente. Me dió miedo darme la vuelta pero aún así lo hice entrecerrando los ojos.
- Cuéntame que ocurrió - le ordené agarrándola por la cintura.
- ¿Por qué tengo que decírtelo? - rió mirándome fijamente a los ojos. Yo me mantenía inmóvil. Aguardando una reacción por su parte - No intentes sobornarme para que te lo diga porque no va a funcionar - me susurró poniéndose de puntillas para alcanzar mis tímpanos.
- ¿Y por qué no? - me relamí los labios observándola fijamente. Me agarró de nuevo de la nuca y escondió su rostro entre mi cuello - ¿Qué es lo que más deseas que pueda proporcionarte?
- Varias botellas de tequila como esta - levantó su mano izquierda sin obtener nada - Miriam me la arrebató - dijo entre dientes.
- Es es muy sencillo. Puedo conseguírtelas. Tú me dices lo que sucedió y yo... te las cedo - entrelacé mis manos con las suyas. Mi tono de voz era muy sensual y ni yo mismo podía creerme que estuviese negociando con Jess. Ella me miró fijamente y su expresión cambió a una formal. Se alzó poniéndose de puntillas de nuevo y rozó sus labios con los míos rápidamente.
Luego se separé colocando ambas manos en sus bolsillos traseros.
Entre abrí la boca observándola fijamente sin creerme lo acababa de presenciar. Me quedé en shock sin poder pronunciar ni una palabra.
Ella sonrió mirándome fijamente a lo ojos. Seguía muy ebria para darse cuenta de lo que acababa de hacer. Bajó la mirada jugueteando con sus pies.
Al ver que no reaccionaba ni pronunciaba palabra, se acercó a la salida de mi cuarto y abrió la puerta.
- Henry quiere hablar contigo. Te espera abajo - frotó sus dientes superiores con los inferiores. Slió al exterior pero antes, se asomó de nuevo por la puerta - Y respecto a lo de la noche pasada... yo también te quiero - me dirigió la mirada por última vez y rió cerrando la puerta por completo.
Se escuchaban sus risas mientras bajaba las escaleras hasta la planta baja. Su sonrisa era contagiosa.
Me senté al borde de la cama e intenté recapacitar y pensar detenidamente en el significado de sus palabras. Sonreí rozando mis labios con el dedo índice de mi mano derecha. Me erguí y acicalé la ropa para bajar a saludar a Henry. Salí de mi habitación rascándome la nuca mientras seguía pensativo ante la reacción de Jess.
Un poco más tarde, legué y me dirigí a la entrada donde me esperaba Henry. Parecía enfadado. No le hice mucho caso. Seguía carcomiéndome la cabeza pensando en Jess. "Yo también te quiero". ¿Acaso le declaré amor eterno? Reí ante mis pensamientos y me asomé al exterior de la casa bajando los escalones. Henry me aguardaba cruzando los brazos y mirándome descaradamente.
- Hola tio,¿Te encuentras bien? - rocé su hombro temerariamente.
-¡Tú y yo tenemos que hablar gilipollas! - chilló cabreado. Muy cabreado.
- Tio, tranquilízate que yo no te he hecho nada - le pegué no muy fuerte en el antebrazo.
Le observé inclinando la cabeza. ¿Por qué coño se enfadaba gritándome de esa forma?
Le observé inclinando la cabeza. ¿Por qué coño se enfadaba gritándome de esa forma?
- ¿Qué no me has hecho nada?
- Pero... ¿Qué coño te pasa conmigo? - levanté el tono de voz expectante.
- ¿Qué que me pasa? Lo sabes muy bien - alzó ambas manos al aire como intentando explicarse.
- ¿Saber el qué? - volteé los ojos haciéndole burla.
- ¡Qué Érica y tú estáis saliendo y no me dijiste nada, melón de mierda! - marcó el último insulto con especial rencor.
- ¿Quién te lo contó? - le pregunté cruzando los brazos. ¿Cómo se enteró de nuestra relación? ¿Por qué se encontraba tan molesto conmigo.
- Fue la propia Érica quien me lo contó.
¡Deja a Érica en paz!
- ¿Por qué? - volví a poner los ojos en blanco ladeando la cabeza. ¿Hasta dónde quería llegar con esto?
- Porque la quiero y tú no la quieres, ocultas a todo el mundo que estás saliendo con ella y eso es que tienes miedo a que se burlen de ti por salir con ella - me señaló cabreándose aún más.
- No, me da la puta gana. No la voy a dejar porque tú estés colado por ella - le aclaré distante y elevando cada vez más la voz.
- Pues, vas a aprender en no meterte en lo que no te llaman - accedió varios palmos hacia delante y me observó sin complentimientos
- ¿Qué? ¿Me vas a pegar, pringao?
Eres un cagado, nunca lo harías - le provoqué dibujando una sonrisa en mi rostro.
Me dio un puñetazo en toda la cara.
Seguí sonriendo palpando mi mejilla.
- ¿Dónde coño has aprendido a golpear, chaval? - me reí frente a él.
- ¿Dónde coño has aprendido a golpear, chaval? - me reí frente a él.
-Te hace gracia que te pegue - no sé si lo afirmaba o lo preguntaba.
- Me hace gracia porque ... ¡No sabes pegar, tio!
Pero tranquilo que yo puedo darte unas cuantas lecciones.
Le dí en el estómago sin que la sonrisa desapareciera de mi rostro.
-Así que con esas vamos. Va - exclamó irónico.
Me ofreció un puñetazo en la tripa con mucha más fuerza que antes y empecé a sangrar por el orificio de la boca. Me acuclillé apretando mi tripa fuertemente.
- Te vas a enterar - corrí hacia a él como pude.
Casi no podía hablar, me dolía mucho pero fingí que me encontraba bien y le dí una patada en el estómago. Ese era su punto débil y acababa de descubrirlo justamente ahora.
- Serás cabrón. Pues...¿Sabes qué? Que esto no termina aquí.
Me pegó un manotazo en toda la cara lo que hizo que la hemorragia de mi nariz aumentara.
Seguimos peleándonos un buen rato, más ninguno de los dos estaba dispuesto a rendirse y zanjar el tema. Yo sabía que lo que acababa de ocurrir acabaría completamente con nuestra amistad. Me limpié los morros y me defendí como pude.
Narra Miriam:
Estábamos Jessy y yo en la sala, jugando al futbolín,. Iba ganando hasta que escuchamos un estruendo ruido fuera. Ella seguía algo bebida pero parecía que el conocimiento lo estaba recuperando poco a poco aunque... seguía en el mundo de "Yupi". No hacía caso a mis palabras. ¿Por qué le dejaría beber la botella de Tequila?
- Voy ganando - me regobicé entre cerrando los ojos. Ella aprovechó para colar el balón en mi portería. Le remonté bastante bien.
- ¿Cuánto llevamos? - preguntó medio atontada.
- 60 - 59. Haber, si marco gol, ahora gano y sino quedamos empatadas y seguimos jugando - le sonreí observando el tablero de juego.
- Es justo - levantó ambos hombros como expresando que le daba igual.
- Te vas a enterar, ¡IDIOTA! - una terrible voz ahumada se escuchó desde lejos.
- ¿Y esos dos? ¿Qué coño hacen? Van a llamar la atención a todo el vecindario - susurré mirando a Jessy.
- Te dije que no te metieras en mi puta vida - se escuchó otra voz totalmente diferente a la anterior.
- Vamos a ver que sucede y luego seguimos - volví a susurrar dejando el juego - ¡Jessy!
- ¿Qué?
- Vamos - le agarré de los hombros llevándole al exterior de la casa. La puerta de la entrada se encontraba abierta de par en par. Ambas nos asomamos y salimos inmediatamente.
- ¿Qué?
- Vamos - le agarré de los hombros llevándole al exterior de la casa. La puerta de la entrada se encontraba abierta de par en par. Ambas nos asomamos y salimos inmediatamente.
Corrimos aceleradamente al ver que Coque y Henry se estaban peleando fuertemente y sin compasiones.
Los fuimos a separar. Yo agarré a Henry por los sobacos y Jessy cogió a Coque por la cintura apretándole con fuerza. Ambas nos miramos con cara de espanto y miedo seguidamente.
Jessy bajó de la nube que la consumía y agarró fuertemente a Coque para que no se le escurriera de las manos.
Jessy bajó de la nube que la consumía y agarró fuertemente a Coque para que no se le escurriera de las manos.
Narra Coque:
Henry empezó a pegarme sin ninguna razón lógica.
Me dolían varias partes de mi cuerpo y un duro mareo invadió mi vista.
Henry estaba enamorado de Érica y lo único que se le ocurrió fue eliminarme del mapa para que ella saliera con él, un poco difícil de conseguir pero bueno.
No iba a dejar que Henry me robase a mi chica. Cada uno tiene sus propias metas y Érica era una de mis mayores prioridades.
Jessy y Miriam se entrometieron entre nosotros justo en el momento más crítico de la pelea.
- ¿Pero que coño hacéis? - chilló Miriam agarrando a Henry de los antebrazos para paralizarle.
- Fue él. Comenzó a darme de ostias sin motivo - intenté escurrirme de los brazos de Jessy pero me mantenía muy firmemente.
- ¡Vale! ¡Ya está! - Jessy volvió a elevar el tono de su voz.
Yo toqué mi nariz, estaba sangrando. Ese tipo había estropeado mi cara perfecta.
Jessy me cogió por la cintura. Yo me estremecí y me aparte.
- Déjame en paz - susurré y entré de nuevo en casa subiendo las escaleras a toda velocidad.
- Pero...¿Por qué os peleásteis? - escuché la vocecilla de Miriam y me detení a mitad del recorrido.
- Te lo cuento después - susurró Henry no muy bajo.
- Coque, vén. Voy a mirarte esas heridas - Jessy se presentó detrás de mi.
- Estoy bien - le miró fijamente y continué mi trayecto. Ella me agarró del brazo haciendo que me volteara.
- Dios santo, tu nariz - señaló con el rostro atónito ante lo que acababa de contemplar sus ojos.
- Dios santo, tu nariz - señaló con el rostro atónito ante lo que acababa de contemplar sus ojos.
- No es nada - susurré poniendo los ojos en blanco. Intenté escurrirme pera ya era demasiado tarde. Jessy ya me había conducido al cuarto de baño recogiendo el botiquín de la entrada. Ahora entiendo porque se le hacia llamar botiquín de emergencias.
Me hizo sentarme y suspiró nerviosa mientras abría el maletín y utilizaba un algodón para limpiarme la sangre de la nariz. En realidad, agradecía todo lo que estaba haciendo por mi pero no podía olvidar su piquito anterior.
Narra Jessy:
No iba a dejar que Coque se siguiese desangrando por momentos, me daba tanta pena verlo así, sentía como un dolor por dentro, era como si el dolor que el sentía también lo sintiera yo.
Estaba tan enamorada de él que tenía una ganas intensas de llorar.
Él siempre me apoyaba y era mi mejor amigo.
Le quería tanto. Con el susto se me pasó la borrachera.
Nos fuimos al baño y cerré la puerta. Le puse el pestillo por si se le ocurría escapar corriendo.
- Estoy bien - murmuró mientras le obligaba a sentarse.
- No, no lo estás - busqué el material necesario en el botiquín y me incliné bajando la cabeza para curarle la hemorragia de la nariz.
Me acerqué más a él y terminé de limpiársela.
- ¡No puedes obligarme a quedarme! - protestó alzando ambas manos repentinamente.
- Si que puedo. No me obligues a amarrarte con unas cuerdas - le miré desde arriba desafiante y cogí
- Si que puedo. No me obligues a amarrarte con unas cuerdas - le miré desde arriba desafiante y cogí
una jiringilla del botiquín.
- Jessy, cielo. Déjame marcharme - me miró suplicante. Yo le ignoré aunque en el fondo me partía el alma. Le injecté el líquido de la jiringilla en el orificio de su nariz. Al terminar, ladeó a cabeza tocando su nariz.
- Tú me curaste la herida de la frente y gracias a eso no me quedó cicatriz.
Pues...ahora me toca a mi,devolverte el favor. Así que... ahora por favor, siéntate y quédate ahí quieto - gruñí continuando con lo que estaba haciendo.
Dió un pequeño suspiro de frustración y se sentó en una banqueta que había en el baño.
Yo llevaba puesta una camiseta muy corta a la que a Coque bastantes veces me había echado uno que otro piropo cuando la llevaba puesta, le encantaba. NO PARABA DE MIRARME.
- Tienes un pequeño corte en la frente. Te la limpio y te pongo una venda, quedarás como nuevo - anuncié más para mi misma que para él.
Le desinfecte la herida con alcohol agarrándole de la nuca para no caerme. Mis pechos rozaron su rostro. Él sonrió bajando la mirada y me miró fijamente. Yo me aparté un poco y continué desinfectando su herida.
- ¿Te duele?
- No, ¡AWWW! - exclamó de un momento a otro con expresión dolorida.
- Conmigo no intentes hacerte el duro - le miré de reojo frunciendo el ceño. Él arqueó ambas cejas divertido y me observó riéndose.
- Eres muy mala... - mencionó mirándome fijamente a los ojos.
- Lo sé.
Podría usar betadine pero... - arqueé ambos hombros entrecerrando los ojos.
- ¿Enserio? ¿Y me dices ahora lo del betadine? - chilló molesto.
Le puse una venda en la frente. Y guardé el material volteándome con su atenta mirada.
- El corte de la cara ya está - mencioné.
- ¿Es profundo? - toqueteó la venda de su frente. Yo le agarré del antebrazo para que apartase la mano de la herida.
- Un poco pero hay otros cortes y heridas mas profundas.
¿Hicisteis algo más que golpearlos? - busqué el resto de su heridas y fui curándoselas una por una. De esta vuelta, usé el bestadine. Coque dejó de quejarse sin apartar la vista de mis ojos.
- Bueno... - hizo una mueca desviando la mirada.
- Que idiotas soys pelearos sabe dios porqué, seguramente una tontería - exclamé cogiendo otro algodón del maletín.
- Para mi no es una tontería, ES IMPORTANTE.
Le desinfecte la herida con alcohol agarrándole de la nuca para no caerme. Mis pechos rozaron su rostro. Él sonrió bajando la mirada y me miró fijamente. Yo me aparté un poco y continué desinfectando su herida.
- ¿Te duele?
- No, ¡AWWW! - exclamó de un momento a otro con expresión dolorida.
- Conmigo no intentes hacerte el duro - le miré de reojo frunciendo el ceño. Él arqueó ambas cejas divertido y me observó riéndose.
- Eres muy mala... - mencionó mirándome fijamente a los ojos.
- Lo sé.
Podría usar betadine pero... - arqueé ambos hombros entrecerrando los ojos.
- ¿Enserio? ¿Y me dices ahora lo del betadine? - chilló molesto.
Le puse una venda en la frente. Y guardé el material volteándome con su atenta mirada.
- El corte de la cara ya está - mencioné.
- ¿Es profundo? - toqueteó la venda de su frente. Yo le agarré del antebrazo para que apartase la mano de la herida.
- Un poco pero hay otros cortes y heridas mas profundas.
¿Hicisteis algo más que golpearlos? - busqué el resto de su heridas y fui curándoselas una por una. De esta vuelta, usé el bestadine. Coque dejó de quejarse sin apartar la vista de mis ojos.
- Bueno... - hizo una mueca desviando la mirada.
- Que idiotas soys pelearos sabe dios porqué, seguramente una tontería - exclamé cogiendo otro algodón del maletín.
- Para mi no es una tontería, ES IMPORTANTE.
- Aja y por lo visto no me lo vas a contar - le miré reprobatoriamente y continué con las heridas.
- No - me miró de nuevo estudiando mi reacción.
- ¿Sabes qué? No importa - ladeé la cabeza suspirando y terminé con la última herida de su rostro - Quítate la camiseta - le ordené mirándole.
- Espera, ¿qué? - me miró atónito sin creerse lo que acababa de decir. Volteé los ojos.
- Solo voy a revisarte las heridas de tu espalda y tu abdomen. No pienses lo que no es - le miré desafiadamente.
- No tengo heridas en el abdomen - ladeó la cabeza agarrándose la cazadora que cubría su torso.
- Que te la quites - volví a ordenarle.
- No - se irguió dirigiéndose a la puerta - Te he dicho que no me hirió esa zona - gritó volteándose antes de intentar abrir la puerta.
- Siéntate. Quiero ver tu abdomen - me dirigí a él.
- Que no - volvió a gritar.
Me acerqué a él agarrándole por los hombros. Cuando iba a volver a conducirlo al sitio de antes, intentó escurrirse.
- No pienso quitarme la cazadora - susurró a pocos centímetros de mi rostro. Bajé la mirada.
- Está bien. ¿Te duele alguna parte concreta? - pregunté cruzando los brazos justo
delante de él. Coque se encontraba apoyado justo enfrente de la puerta.
Coque: Me duele el tobillo. Solo eso y sufro ciertas... náuseas. No sési es bueno - hizo una mueca.
- Seguramente lo tendrás torcido - me bajé revisándoselo mientras él se apoyaba en mis hombros para no caerse - Mmm...se encuentra muy morado, es mejor llevarte al médico para que te revisé - volví a incorporarme y le miré fijamente.
Me observó y bajó la mirada de inmediato. Corrió rozándome el brazo hasta la pileta.
Rápidamente cogió un bote y devolvió sangre. Me dió pena. Que expulsara sangre por la boca no era muy normal y eso posiblemente significaba que los golpes de la pelea habían llegado al interior de su cuerpo provocándole fuertes dolores e incluso infección..
- Lo siento - se lamentó secándose los morros con un pañuelo. Se asustó al ver como una gota de sangre recorría su barbilla hasta llegar a su pescuezo. La limpió rápidamente y se volteó mirándome.
- No tienes por que disculparte ¿vale? - me acerqué a él agarrándole por los hombros y acariciando su mejilla derecha.
Sonrió bajando la mirada y volvió a cambiar su expresión.
- Te voy a llevar al hospital. Esto no es normal - reflexioné cogiendo mi cazadora del perchero y agarrándole de la mano.
- Creo que será lo mejor - se incorporó tambaleándose. Rodeé su espalda agarrándole por los hombros - Y Jessy... - se recostó en mi pecho, decaído.
- Dime - dije mientras abría la puerta.
- Gracias por curarme- sonrió unos miseros segundos y cerró los ojos.
Comprendí que temblaba de frío así que me quité la chaqueta y se la coloqué por los hombros acercándole de nuevo a mi. él me lo agradeció y me agarró por la cintura con los ojos aún cerrados.
Bajamos a la cocina lentamente.
- ¡Miriam! - chillé en voz. baja
- ¿Qué? - anunció mirándome y acercándose a mi poco a poco.
- ¿Cómo esta Henry? - pregunté rencorosa.
- Creo que está bien pero tendré que comprobarlo para estar segura - le miré desde lejos y se colocó justo enfrente de mi.- No - me miró de nuevo estudiando mi reacción.
- ¿Sabes qué? No importa - ladeé la cabeza suspirando y terminé con la última herida de su rostro - Quítate la camiseta - le ordené mirándole.
- Espera, ¿qué? - me miró atónito sin creerse lo que acababa de decir. Volteé los ojos.
- Solo voy a revisarte las heridas de tu espalda y tu abdomen. No pienses lo que no es - le miré desafiadamente.
- No tengo heridas en el abdomen - ladeó la cabeza agarrándose la cazadora que cubría su torso.
- Que te la quites - volví a ordenarle.
- No - se irguió dirigiéndose a la puerta - Te he dicho que no me hirió esa zona - gritó volteándose antes de intentar abrir la puerta.
- Siéntate. Quiero ver tu abdomen - me dirigí a él.
- Que no - volvió a gritar.
Me acerqué a él agarrándole por los hombros. Cuando iba a volver a conducirlo al sitio de antes, intentó escurrirse.
- No pienso quitarme la cazadora - susurró a pocos centímetros de mi rostro. Bajé la mirada.
- Está bien. ¿Te duele alguna parte concreta? - pregunté cruzando los brazos justo
delante de él. Coque se encontraba apoyado justo enfrente de la puerta.
Coque: Me duele el tobillo. Solo eso y sufro ciertas... náuseas. No sési es bueno - hizo una mueca.
- Seguramente lo tendrás torcido - me bajé revisándoselo mientras él se apoyaba en mis hombros para no caerse - Mmm...se encuentra muy morado, es mejor llevarte al médico para que te revisé - volví a incorporarme y le miré fijamente.
Me observó y bajó la mirada de inmediato. Corrió rozándome el brazo hasta la pileta.
Rápidamente cogió un bote y devolvió sangre. Me dió pena. Que expulsara sangre por la boca no era muy normal y eso posiblemente significaba que los golpes de la pelea habían llegado al interior de su cuerpo provocándole fuertes dolores e incluso infección..
- Lo siento - se lamentó secándose los morros con un pañuelo. Se asustó al ver como una gota de sangre recorría su barbilla hasta llegar a su pescuezo. La limpió rápidamente y se volteó mirándome.
- No tienes por que disculparte ¿vale? - me acerqué a él agarrándole por los hombros y acariciando su mejilla derecha.
Sonrió bajando la mirada y volvió a cambiar su expresión.
- Te voy a llevar al hospital. Esto no es normal - reflexioné cogiendo mi cazadora del perchero y agarrándole de la mano.
- Creo que será lo mejor - se incorporó tambaleándose. Rodeé su espalda agarrándole por los hombros - Y Jessy... - se recostó en mi pecho, decaído.
- Dime - dije mientras abría la puerta.
- Gracias por curarme- sonrió unos miseros segundos y cerró los ojos.
Comprendí que temblaba de frío así que me quité la chaqueta y se la coloqué por los hombros acercándole de nuevo a mi. él me lo agradeció y me agarró por la cintura con los ojos aún cerrados.
Bajamos a la cocina lentamente.
- ¡Miriam! - chillé en voz. baja
- ¿Qué? - anunció mirándome y acercándose a mi poco a poco.
- ¿Cómo esta Henry? - pregunté rencorosa.
- Coque creo que tiene un tobillo torcido, me lo llevo al hospital, ¿vale? - le aclaré en un susurro.
Ella acarició la mejilla de su hermano y besó su frente.
- Se pondrá bien. Le veo muy pálido - inclinó la cabeza.
- Está cansado. Solo eso. Bueno, nos vamos - le digo acercándome a la puerta de la salida.
- Vale, gracias Jessy - me agredeció embozando una pequeña sonrisa.
- Suerte - pronuncié antes de salir por la puerta.
- Igualmente.
Susurró con voz débil regresando a la cocina.
Coque se apoyó en mi ya que no podía andar mucho por culpa del tobillo.
Entramos en el coche y yo me acoplé en el asiento del piloto y Coque en el del copiloto. Le robé las llaves del auto de su bolsillo.
- ¿Tienes carnet? - susurró recostándose en el asiento aún sin abrir los ojos por completo.
- No, suspendí el examen de teoría hace poco pero es una urgencia - miré fijamente el parabrisas y encendí el motor del vehículo.
Coque se sentía mal y se empezaba a marear.
Fui a toda velocidad por la autopista que llevaba al hospital.
Mientras a cada poco tiempo le echaba un ojo a Coque por si le pasaba algo malo.
Por fin llegamos entramos casi corriendo aunque claro, Coque no podía correr.
Me aventuré hasta la sala de urgencias donde se encontraba un doctor, le llamé exclamando su nombre.
- Doctor, ¿Puede ayudarnos?
- Claro, ¿qué le ocurre? - se volteó mirando a ambos.
- A mi nada pero a él si. A tenido una fuerte pelea, creo que tiene el tobillo torcido y me he preocupado cuando expulso sangre por la boca - le expliqué mientras Coque seguía apoyado en mi hombro.
- Tranquilícese, lo llevaremos a la sala de observaciones.
Oigan, traigan una camilla - le dijo a los enfermeros mientras observaba a Coque y lo agarraba por los hombros.
Trajeron la camilla. El doctor y yo ayudamos a Coque a acostarse en la camilla mientras el enfermero aguantaba de la misma.
Él intentaba enfocarme correctamente sin ver borroso.
-¿Puede decirme el nombre del paciente? - susurró el médico rellenando su historial.
- Álvaro Fernández - le respondí mientras agarraba fuertemente a Coque de la mano.
- Álvaro, ¿puede verme correctamente?
¿Álvaro? - chilló el doctor intentando que raccionara mientras le oscultaba con su estetoscopio.
- Si - cerró los ojos torciendo la cabeza.
-: Puede... No pierdas el conocimiento, por favor - volvió a mencionar el doctor.
- ¡Coque! - grité zarandeándolo mientras unas lágrimas rozaban mis mejillas.
Me las limpié con las manos y seguí contemplándolo. Tenía que abrir los ojos.
- ¿Puedo acompañarle a la consulta? - mencioné sofocadamente.
- Mejor es que aguarde en la sala de espera - me respondió el médico
- Vale - Antes de que se llevarán a Coque le agarré fuertemente de la mano y besé su mejilla susurrándole al oído - Vas a ponerte bien, ¿vale? Solo debes aguantar. Te quiero - me separé de él aún con lágrimas en los ojos.
- Doctor, ¿puede informarme de su estado? - seguí sosteniéndole la mano.
- Claro. Ahora me lo tengo que llevar para examinarle - terminó de rellenar el historial.
- Bien. Me quedaré en la sala de espera esperando información sobre él - miré al doctor y luego a Coque de nuevo - Estarás bien - solté su mano temblorosa y dejé que se lo llevaran. Él continuaba inconsciente con los ojos cerrados y sin pronunciar palabra. Observé como enfermeros y doctores se ocupaban de él y de su salud.
Vi como el Doctor se llevaba a Coque a la habitación número 53 de la planta número 4.
No pude evitar soltar unas lágrimas de tristeza. El doctor rápidamente se apresuró a realizarle numerosas pruebas. Yo me senté aguardando sus noticias mientras intentaba reprimir las lágrimas.
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A veces, la vida te puede dar sorpresas o decepciones que por un momento te hacen sentir bien o mal.
No puedes evitarlo, no puedes huir, no puedes quedarte quieto sin hacer nada.
Lo que debes hacer es enfrentarte a ello sin tener miedo y siendo fuerte si rendirte por nada y seguir intentando superarlo de la mejor forma posible.
Lo único para lo que no hay solución es para la muerte...y incluso para eso hay posibilidades de salir de ese vache.
Solo hay que darle un empujón a la vida...
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