lunes, 10 de agosto de 2020

(T3) CAPÍTULO 57: CAMBIA DE DIRECCIÓN


Narra Derek:
 

Supongo que lo habíamos arreglado, ¿no?
La invité a casa a tomarnos una copa mientras continuábamos hablando de Dylan y su adopción. Ahora casi imposible por Miriam y su impulsividad. Ambas habían cometido un secuestro.
Tomó la copa de Vodka en sus manos, sabía que era su favorito. Por eso compré la botella más cara del establecimiento para cuando ella viniese de visita o tuviésemos que celebrar algo.

- Debo contarte algo, Derek. No le di mucha importancia en el momento y pensaba rechazarlo pero seguro que si lo comento con Dani me llamara loca por ello - comentó mientras se sentaba en la isla de la cocina y jugaba con sus pies descalzos. Sí, no tenía vergüenza, la había perdido hace mucho.

- Dime.

- En la academia me han ofrecido una Beca en el extranjero para formarme como cantautora. Serían dos años intensos, me abonarían hasta la residencia.

- ¿En dónde? A lo mejor no está tan lejos - dije dándole un sorbo pequeño a mi copa. Yo había rechazado la oportunidad de mi vida por ella espero que eso lo tuviese en cuenta a la hora de decidir. Era mi sueño, como este el de ella.

- California, el Estado del triunfo. En realidad sería HOLLYWOOD - dijo pensativa - Bueno, esa es la de los actores, ni idea.

- ¿Qué piensas hacer?

Pegó un saltito bajándose y se acercó a mí. Mientras se acercaba, me iba alejando más y más hasta que quedé a unos palmos de la nevera. Me mordí el labio y puso ambos brazos a mis costados.

- ¿Qué quieres que haga? - soltó una sonrisita sensual y me lamí el labio inferior.

- ¿No querías irte por Dylan o por mí?

- ¿Por qué piensas que es por alguien?

- Es tu sueño, ¿por qué rechazarlo?

- Llevo toda mi vida aquí, es difícil abandonarlo sin más y además con mi hermano desaparecido. No puedo irme sin avisarle y no coge las llamadas - se cruzó de brazos preocupada.

- Estará donde iban a ir de luna de miel, ¿no?

- Eso es lo que todos suponemos pero no sé. Es demasiado obvio.

- Por eso fue. Porque era obvio y nadie pensaría que se marchó allí - le cogí de los brazos con una sonrisa. Ella puso los ojos en blanco pero se dejó abrazar.

- Haz como quieras, yo te estaré esperando siempre. Ya lo sabes - le sonreí mientras ella acortaba la distancia y depositaba un beso en la comisura de mis labios. Lo intensifiqué cuando tuve oportunidad.

La cogí en brazos hasta la isla de la cocina de nuevo. Senté su trasero allí tirando la copa de Vodka sin querer. Ella hizo un suspiro largo mientras apoyaba sus manos por detrás de su cadera.

Seguí besándola mientras desabotonaba su camisa. Botón por botón con lentitud y ella parecía perder la paciencia. Me cogió del cuello con pasión y se arrancó el último botón como una fiera desprendiéndose de la prenda.
Sonreí de lado mientras me habría paso entre sus pechos. Los agarré con fuerza y los rodeé llegando al cierre. Le arrebaté el sujetador jalándolo al suelo y entrometiendo mi rostro en sus pechos. Era un paraíso volver a estar en mi hogar.

Se abrió de piernas, pude comtemplar su ropa interior. Entrometí mis manos, estaba empapada.

- Vaya, no quiero que cojas un catarro. Debo deshacerme de ellas - dije sensualmente mientras ella me observaba con ojos brillantes.

Sus bragas resbalaron por sus piernas hasta caer al lado de su sostén.
Mis dedos fueron a parar en el interior de su sexo. Me cogió por la cintura y me quitó la camiseta con una mano. Comenzó a acariciarme los abdominales y a dar besos cortos dejando un rastro. Silencié sus gemidos a base de besos mientras ella me apretaba el trasero con fuerza.

Llegó el momento, antes de que llegase al éxtasis, retiré los dedos y me bajé los pantalones junto al calzón. Miriam sonrió al ver mi erección. Se tomó un momento para desgustarla y acariciarla, le gustaba verme sufrir. Le jalé del cabello haciendo que se inclinara hacia atrás. Tenía su sexo solo para mí y en la posición perfecta. Me entrometí rápido en su interior. Ella gimió mientras se acercaba más a mí. Enrolló sus piernas alrededor de mi trasero y se inclinó para atrás para poder llegarle a su punto.
La embestí una y otra vez, saboreando sus pechos y ella tirándome del pelo del placer e intentando aguantar sus gemidos.

Nos fuimos ambos a la vez. Nos quedamos jadeando en completo silencio mientras seguíamos en la misma postura completamente desnudos. Acaricié su mejilla derecha mientras ella cerraba los ojos y ponía su mano encima de la mía.

- He vuelto a casa.

Me dió un suave manotazo y sonrío.

- Te echaba de menos, señor Karev.

- Yo también, señorita Fernández.

Deposité un beso en la comisura de sus labios. Nos pasamos el rato hablando mientras terminábamos nuestras copas. Luego nos vestimos y nos despedimos, pues en menos de dos horas empezaba nuestro turno de trabajo y debíamos estar presentes. Yo ya me había escaqueado por la mañana por culpa de esta chica. Perdón, mi chica.
De nuevo.
Que bien suena.





















Narra Jessy:



No podía creer lo que estaban viendo mis ojos. ¿De verás estaba en frente de mí?

- Hola - zarandeó ambas manos por delante de mi rostro pero de verás que estaba en shock. Alcé ambas manos y las puse sobre su pecho. Era real madre mía que locura. ¡Había vuelto!

Le abracé mientras se me mojaban los ojos. Esto es genial. Llevaba dos meses casi añorando sus jodidos brazos y su perfume. Me encantaba como olía siempre. Hoy olía a puros cubanos. Se notaba que había estado probando cosas de la zona y no lo culpaba. Miré sus manos, sin alianza. Quise preguntar pero me venían mil preguntas a la cabeza, todas disparadas y enroladas.

- Me vas a dejar sin aire, Jess. Prefiero que me dejes sin respiración de otra forma - dijo guiñándome un ojo, ¡pero bueno!
Mis mejillas se tiñeron de un rojo fuerte. ¿Cómo me dice estas cosas después de 2 meses y con esa carita tan increíblemente sexy?

- Seguro que ya lo hizo alguna cubana - dije con una sonrisa de lado.

- Alguna hubo pero no fui capaz de llegar a algo más que besos. Y eso que dicen que son muy abiertas pero ya ves - me respondió dejando las maletas en el suelo y sacando un puro del bolsillo de la camisa hawaiiana. ¡Ah y por cierto! Me olvidaba de su flow con las gafas de sol. No se las había quitado desde que había llegado.

- ¿Vamos a hablar al jardín? Supongo que tendrás preguntas y yo también.

- Me parece bien.

Nada más llegar a la piscina, encendió su puro y se sentó en una de las hamacas mientras comprobaba que seguía allí una botella que había escondido debajo de la misma. ¡Pero este chico!

- ¿Qué tal por aquí? ¿Mi hermana sigue cuerda o ya está ida y sin rumbo?

- ¿Por qué lo dices?

- Sabemos lo dependiente que es Miriam de las personas - dijo metiendo el puro en la boca y abriendo la botella con la otra mano.

Me senté en la hamaca continua y miles de recuerdos se pasaron por mi mente. Este jardín tenía mucho de Cossy. ¡No, no me he inventado un nombre como pareja porque no lo somos! Es para acortar, ¿vale?

- Ayer estuvo en comisaría, bueno más bien hoy por secuestrar a un niño y ahora está con su novio. Lleva ya un buen rato afuera.

- Más tiempo para ponernos al día, ¿no? - sonrió llevándose la mano a su cabello recién teñido de moreno. Dios mío, Coque moreno. En mi vida, pensé que esto ocurriría un día. Si que le debió de tocar lo de Érica.
 
 

- ¿Cómo lo llevas? - pregunté inocentemente esperando una no mala respuesta.

- ¿La soltería o que mi esposa tenga un hijo con un viejo amigo? - dijo bebiendo un trago directamente de la botella. Ni idea de que era, ya estaba mezclado.

- Dímelo tú.

- Oh Jess, eres igual de inocente que siempre o eso es lo que quieres aparentar. Acércate, no muerdo, o tal vez sí - su sonrisa iluminó todo su rostro y se hizo a un lado. Me levanté y me tumbé a su lado.

- La primera vez que me haces caso. Increíble, si que debías echarme de menos.

Me moví hacia todos lados, no cogía en el pequeño espacio que Coque había dejado para mí.
Así que terminé con medio cuerpo sobre él mientras me ofrecía bebida y me lo echaba en la boca a bastante distancia. Una icónica imagen que a saber que pensaría la persona que nos viera así.

Me subí un poco para estar a su altura.

- Cuéntame tu experiencia en Cuba.

- Tenías que haber aceptado mi invitación, Jess. Fue genial.

Y me callé porque sería demasiado ridículo decirle que fui al aeropuerto dispuesta a acompañarle y llegué tarde por unos míseros minutos. Estúpida totalmente.

Jugué con sus gafas hasta que terminé quitándoselas y poniéndolas sobre mi cabello. Luego apoyé mis manos en su pecho y apoyé mi mentón en los brazos mirándole fijamente. Sus ojos azules me miraban con curiosidad.

- Sigues igual de guapa - dijo acariciando mi mejilla con ternura - Te eché de menos pequeña Jess.
Y nada más terminar la frase, sacó la mitad de su colgante de su bolsillo y me lo mostró.

- Me protegió todo el viaje.

- Serás imbécil, eso es precioso - golpeé su brazo y fui a su rostro pero me agarró ambas manos haciendo que me precipitase sobre sus labios. A apenas unos centímetros de ellos, nuestras miradas ardían y mis ojos dejaron de pestañear descontroladamente como solían hacer cuando estaba muy nerviosa. Como ahora.

- Un imbécil, ¿tú crees?

Su aliento olía a puro y Ginebra. Una mezcla extraña.

Y sin más me cogió de la cintura y esta vez, era yo la que estaba abajo de su cuerpo. Notando sus jodidos abdominales tras la suave tela de su camisa y mi top. Su respiración sobre mi cuello me desconcentró de mis pensamientos.

Y agarré su rostro con fuerza atrayéndolo a mis labios.
Un intenso beso nos rodeó a ambos. Mis manos fueron a parar a su súper sexy ahora cabello teñido. Sus manos seguían rodeándome la cintura con fuerza y no quería que me soltase jamás. Intensificó nuestro beso uniendo su lengua al festival de sabores. Me acarició la espalda mientras tiraba de los mechones de su pelo.

- Tú hueles a hogar, Jess - dijo a palmos de mi oído mientras una linda sonrisa iluminaba su rostro. Hundió su rostro en mi cabello abrazándome con fuerza.

- Te quiero tanto joder - solté de repente siguiéndole el abrazo sin ni siquiera pensarlo. Pero ya era tarde, me había escuchado y había respondido agarrándome más fuertemente.

¿Eso que significaba?






Narra Coque:




Abrí los ojos, nos habíamos quedado ambos dormidos. Contemplé el rostro cansado de Jessy sobre mi pecho. Era tan adorable que no quería despertarla.

De repente, se escuchó un ruido en el interior de la casa. Me erguí con delicadeza para no despertarla y la tapé con una toalla para que no tuviese frío. Después de darle un beso en la frente, entré en la casa. 
 
Nada más entrar en la cocina vi una sombra y chillé como si me fuese la vida en ello.

- ¿Jessy? Eres una puta cabrona pero te quiero de verás. Siempre acabas mejorando las cosas.

Era una voz conocida. Encendí la luz y vi a Miriam que me miró con la boca abierta durante unos largos minutos.
 
- ¿No dices nada hermanita?

- Gritas como una chica -  sonrió y vino corriendo a abrazarme con una sonrisa de oreja a oreja.

- Te echaba de menos. Sobre todo esa locura tuya de estar a las doce de la madrugada en la cocina con las luces apagadas. ¿Qué querías asustar a Jessy?

- Quería sorprenderla y reprenderla por lo que hizo.

- ¿Y qué hizo? - dije separándome de su agarre.

- Llamar a Derek y decirle que estaba en comisaría - hizo una mueca colocando las manos detrás de su cuerpo.

- ¿Qué se supone que hiciste? - dije poniendo la palma de la mano sobre la frente y zarandeando la cabeza. No sería Miriam si no se metiese en líos.

- Raptar a un niño por unas horas.

- ¡Joder, Miriam! Ahí te pasaste que no veas.

- Si no fuera por Derek no salía de allí - susurró jugando con los dedos de sus manos.

- Podía haberte dejado allí para que aprendieses.

- Oye - recibí un codazo de su parte y se rió - Si me lo merecía pero bueno tampoco tanto. Me pasé una noche encerrada.

- ¿Lo pasaste bien? - dije burlón mientras me quitaba las gafas de sol de la cabeza y me planchaba la camisa.

- Eres...
 
Pero Jessy la interrumpió entrando en la cocina mientras se frotaba los ojos de cansancio.
 
- Me levanté y ya no estabas, pensé que te habías vuelto a ir - dijo entre bostezos con una vocecilla de niña pequeña.

Miriam la observó durante unos segundos y luego a mí.

- ¿Cuánto hace que llegaste y sin avisar? - levantó una ceja interrogadora.

Jessy pegó un saltito al darse cuenta que había llegado Miriam. Menos mal que no dijo nada embarazoso que nos compremetiese o nos delatase. Menos mal joder. 

- Media hora, estuve poniéndome al día con Jessy pero se quedó dormida del cansancio.

Jess sonrió asintiendo. 

- Ya podías avisar. Bueno, me voy a la cama estoy cansada. No dormí nada ayer en el calabozo.

- Normal chica. Yo me quedaré a cenar algo y después iré también. El viaje fue largo.

- Buenas noches putos - dijo dándome un beso en la mejilla. Jess se despidió con la mano y Miriam desapareció escaleras arriba.

Miré a Jess detenidamente apoyado en la mesa de la cocina. Ella se volteó al rato y buscó una taza de café poniéndose de puntillas. Me coloqué detrás de ella y la cogí por la cintura apoyando mi mentón en su hombro. A ella le tembló todo el cuerpo. 

- ¿Qué pasa, Jess? - dije pegado a su oído mientras subía las manos por su cuerpo. 

- Que es peligroso. Miriam puede bajar en cualquier momento - susurró volteándose mientras se mordía el labio. Acaricié su mejilla y ella embozó una pequeña sonrisa.

- Dijiste que me querías Jessy, ¿sabes que significa eso? - cambié mi tono de voz por uno de sorpresa y apoyé mi frente en la suya.

- Eres idiota, y no, no sé que significa - dijo mirando fijamente mis labios. 

- Que es mutuo - sonreí y ella también. Sus ojos brillaban y acorté la distancia que nos separaba. Enrolló sus manos en mi cabello mientras la cogía del trasero y la sentaba encima de la encimera de la cocina. Me cogió con las piernas riendo para que me acercase más y pasé mis manos por sus mejillas para intensificar el beso. Nuestras lenguas se rozaban y sentía el sabor de su boca cada vez más.
Como había deseado esto. Ahora por fin lo tenía y en mis manos. Ya no había otras ataduras. Éramos ella y yo y una increíble atracción entre ambos. La quería tanto y no pude liarme con nadie en Cuba. En eso le había mentido para que no pensara que era un calzonazos o que era por lo de Érica, que no podía porque la quería cuando no es así ni de coña. Érica se puede ir a tomar mucho por culo. 

La quería desde que la conocí, me llamó muchísimo la atención y supe que era la chica que siempre deseé pero estaba Érica de por medio y no quería estropear nuestra relación. Fallo mío totalmente. 
Cuando decidimos casarnos fue por el bebé, no por ella y menos mal que ocurrió todo esto si no me casaría con una mujer que no quería realmente y babearía por Jess el resto de mis días. Verla con Carlos fue muy duro para mí pero sabía que lo dejarían después de besarnos el día de la boda. Vi a Jess muy convencida de lo que sentía por mí por eso le dije que viniese conmigo a Cuba y charlar sobre lo que ambos sentíamos y nuestro futuro. Pero no quiso y lo entiendo, Miriam y demás circunstancias.
 
Además lo que pasó en el hospital, el tiroteo, nos unió mucho más. Después me apoyó muchísimo con la muerte de mi madre, ella lo entendía por lo que le pasó a su padre y a su abuelo.  

Dejamos de besarnos y ella me dió un abrazo.

- Bienvenido a casa chico - me guiñó el ojo con una sonrisa - Mañana tengo clase, te dejo.

Un beso cauto en mi mejilla hizo que mi noche fuera perfecta. Descansé genial y soñé con Jess y sus increíbles besos. 

Había vuelto a mi hogar.