DÍA: 29 DE JUNIO

Narra Miriam:
Estaba en casa de Henry, lo cierto es que tenía un jardín precioso lleno de flores de todos los colores.Me encantaba ir siempre a este lugar.
Cogí a Perla y la acaricié, siempre que lo hacía se relajaba, se tumbaba a mi lado y al final se quedaba dormida.
Nos quedamos un rato callados escuchando el canto de los pájaros,eso tranquilizaba mucho a Henry.
Más tarde,empezó a hablar y...el ambiente se volvió más tenso.
Narra Jessy:
Vale, adiós a mi running habitual de todas las tardes. Coque quería hablar conmigo y esa idea realmente me asustaba. Al mencionarlo, se volvió serio, distante y pensativo. Un escalofrío recorría mi cuerpo. Tal vez, debería de haberle dicho que me tenía que ir y que ya hablaríamos luego pero...¿Cómo decirle que no al chico de ojos verdes? Se ha mostrado muy amable conmigo, se quedó cuidando de
mi...La verdad es que nadie en mi santo juicio a hecho tantas cosas por mi, la idea me aterraba pero también afectaba a que me sintiese segura.
Narra Henry:
El silencio nos invadió durante varios segundos y decidí matarlo ya que me resultaba muy incómodo.
- Miriam yo...Te llamé para una buena razón.
- Lo sé, Henry. Si no, no estaría aquí. Haber, cuentame. ¿Qué te ocurre? - tuve una extrqña sensación, como si ella tuviese prisa por marcharse. Vale, no me iba a andar con rodeos.
- Verás...esto no se lo he contado a nadie porque me parece muy personal pero...necesito un consejo de lo que debo o no debo hacer porque si te digo la verdad, estoy perdido - me miré los nudillos nervioso e intenté mantener la calma. No me imaginaba que esto resultase tan difícil de decir.
- Henry,sabes que puedes contar conmigo para lo que sea. Siempre estaré aquí - me miró con dulzura.
En ese instante, me abalancé sobre ella dándole un tierno abrazo.
Finalmente, me cogió de la mano e intentó tranquilizarme con gran empeño.
- Ya está. Cuéntame todo lo que sucede, desde el principio. Solo debes relájarte y del resto ya se encarga tu voz.
- Venga, te lo cuento - respiré hondo y la miré fijamente.
- Empieza - asintió.
- Verás, cuando solamente tenía 11 añitos la conocí. Ella solo era una bella chica de ojos azules y yo me sentía como un monstruo a su lado. Nos hicimos grandes amigos e inseparables. Pero ahora...todo a cambiado...ya no la veo como mi casi mrjor amiga si no como algo más... - me sonrojé inseguro de lo que acababa de escuchar.
- No me estarás diciendo que te has...- abrió los ojos como platos y me soltó la mano.
- Creo que ...enamorado es la palabra que buscas. Sé que es precipitado pero...me gusta muchísimo y no encuentro suficientes palabras para describir lo que siento...por ella - me rasqué la nuca y miré a Perla con cariño.
- Haber, haber, haber. Dime que sientes exactamente por ella cuando la ves - sonrió.
- Pues...me rió con ella, me paso genial a su lado, todos mis sentimientos me salen de dentro y siento que sin ella no podría vivir. Cuando la veo, me sonríe y nuestras miradas se cruzan. Me pongo colorado cuando me coge de las manos. Mi corazón empieza a acelerarse, mi mente se me congela y mis dedos se entumecen. Ella es mi vida y nada más importa en mi corazón. Es mi princesa,mi dulce princesa y yo soy un puto ogro que sueña con tenerla en sus brazos. Es mi ángel de la guarda, mi dulce compañía. Sé que...son palabras muy fuertes pero la conozco desde hace siete años y noto que la conozco como a la palma de mi mano. No quiero que se asuste, ni que me reproché que ella no siente lo mismo porque en verdad, no creo que ella sienta algo por mi y creo que ya te lo he explicado más o menos bien. Sólo quiero saber que hacer porque cada vez es más difícil llevar esto en secreto.
- Joder, Henry. Me vas a hacer llorar. Tú lo que sientes es miedo, miedo de no ser correspondido - me dijo mientras acariciaba suavemente a Perla que se encontraba entre sus brazos.
- Miedo no. Es más...una sensación de...perderla.
- ¿Por qué piensas que vas a perderla? - me pregunta con voz angustiada.
- Si se lo digo...la perderé. Lo presiento - susurré mirando al mi alrededor.
- Henry, si lo intentas y le dices exactamente lo que me has dicho caerá rendida a tus pies. Ya verás. Por cierto, ¿quién es ella? - feunció el ceño y me miró detenidamente.
- La conoces. Ella se llama...
Narra Coque:
Detení a Jessy y la obligué a que se quedara en casa conmigo. Soy muy cruel.
Pero la verdad es que quería hablar seriamente con ella.
- Ven - la cogí de la mano y me acerqué a ella.
- Emmm...¿a dónde vamos? - susurró desconcertada.
- Creo que aún no has visto el patio...Vamos - empecé a caminar con ella a mi lado. Atravesamos la sala de estar y llegamos a una puerta corredera de cristal.
La corrí y dirijí la mirada durante unos segundos a Jessy que parecía no entender nada de lo que estaba sucediendo.
Salimos y comenzamos a correr por el dulce césped floral. Mientras, observé a Jessy con detenimiento. Ella miraba a su alrededor sonriendo.
- Valla, Coque. ¡Esto es impresionante! - exclamó con ledicia.
- ¿A qué si? Aunque... solo es césped.
- Un césped muy bien cuidado - sonrió.
- Bueno...
- ¿Por qué me has traído aquí?- preguntó aún mirando a su alrededor.
- Aquí charlaremos tranquilamente además...- me acerqué más a ella - quería que conocieras mi sitio favorito - le susurré tiernamente al oído.
- Mmm...creo que se ha convertido en mi sitio favorito también - se sonrojó mirándome con ojos centellantes.
- ¿Qué quieres hacer ahora? Podemos sentarnos en las hamacas, pasear por el patio, darnos un chapuzón en la piscina...lo que tú quieras.
- ¿Tenéis piscina?
- Por supuesto - me reí inocentemente.
- Creo que lo del chapuzón suena muy bien.
- Entonces...creo que voy a por el bañador - susurré.
- Yo...no me he traído el bikini - bajó la mirada hacia su ropa.
- No pasa nada, puedes...utilizar la ropa interior - le levanté el mentón cuidadosamente - seguro que te queda estupendamente.
- Idiota - me pegó suavemente en la mejilla mientras se reía por lo bajo - anda, ve a por tu bañador.
Le sonreí y rápidamente entré en el interior de la casa. Subí las escaleras y me adentré en mi habitación. Busqué audaz el bañador y me lo puse. Luego, recogí unas toallas, mis gafas de sol y el móvil que se encontraba en la mesilla de noche.
Bajé las escaleras con cuidado de no resbalarme ya que llevaba puestas mis chanclas nike que casualmente, ya me había dado de bruces muchísimas veces por culpa de ellas.
Hice una parada en la cocina, llené una botella de agua fresca y finalmente, recorrí el camino de vuelta a la piscina.
Miré al mi alrededor y visualicé a Jessy. Ella se encontraba acostada en una de las hamacas muy sonriente y con las manos sobre la cabeza. Sonreí y me acerqué a ella. Me coloqué enfrente suya y la miré fijamente.
- Apártate, no me dejas ni disfrutar del poco sol que hay - murmuró sin dejar de mirarme - veo que ya te has cambiado.
- Si, me queda como el culo pero bueno.
- Pero, ¿qué dices? Cuando me veas a mi te sentirás como un príncipe.
- ¿Por? - sonreí.
- Porque a mi si que me va a quedar como el culo - susurró.
- Anda, cámbiate.
- Voy...- puso los ojos en blanco y se levantó de la hamaca.
Se quitó las zapatillas y los leggins. Yo la miraba desde la otra hamaca. En un momento, se giró y me miró.
Yo me puse las gafas de sol y esquivé su mirada.
- ¿Qué mirabas?
- ¿Yo? Nada - crucé los brazos y cerré los ojos.
- No soy tonta. ¿Me estabas mirando el culo?¿A mi? - me acusó.
- Que va. Tengo gafas de sol no puedo ver nada - sonreí y abrí los ojos para observar su expresión.
Se extrajo la camiseta de tiras y me la lanzó directamente a la cara.
- Eii - me quejé.
Se soltó el pelo y sonrió por lo bajo.
Se acercó a mi y me golpeó el brazo.
- Ya estoy, enano. ¿Vamos? - sonrió pasiva.
- ¿Ves? Estás preciosa - sonreí mirándola.
- ¿Puedes de dejar de mirarme así? - me mencionó.
- ¿Así cómo?
- Pues...¿cómo va a ser? De esa forma... - se sonrojó y bajó la cabeza.
- Mmm... ¿de qué forma? - pregunté pensativo.
- Anda, cállate - sonrió sonrojándose.
- Me encantan tus mejillas, ahora mismo están rojas como un tomate - sonreí.
- Que te calles, pesado - gritó al mismo tiempo que me empujaba.
Al final, logró tirarme al agua. Me sumerguí en ella y finalmente, volví a salir y sin que se diera cuenta, la cogí por la cintura y la tiré a la piscina. Yo fui detrás.
- Hijo de puta, ¡No sé nadar! - gritó intentando asomarse a la superficie.
Suspiré y me acerqué a ella agarrándola por los hombros.
Ella abrió los ojos y me miró fijamente.
- ¿Enserio no sabes nadar? - pregunté apartando un mechón de pelo de su rostro.
- Te mentí. Es que el socorrista está muy bueno. ¿Sabes? - sonrió golpeándome en el brazo.
- JAJA - puse los ojos en blanco - Anda, acompáñame - le susurré comenzando a nadar.
- Oye - llamó mi atención - Lo de no saber nadar iba enserio - anunció al mismo tiempo que temblaba por el frío.
Sonreí y me acerqué a ella.
- ¿Tienes frío? - le ofrecí mi mano.
- Sólo ha sido un escalofrío, me pasa a menudo - me cogió la mano y sonrió con ridiculez.
- Vamos a nadar juntos. ¿Vale? - le expliqué.
- Me siento como una niña pequeña - me miró con recelo.
- Déjate llevar - sonreí comenzando a nadar mientras la agarraba de la mano.
Sin darme cuenta empecé a aumentar el ritmo. Entonces, Jessy se soltó de mi mano.
Rápidamente, la atrapé entre mis brazos evitando que se hundiera al interior de la piscina. Ella me agarró por los hombros intentando mantener el equilibrio.
- ¿Tendré que estar ahí siempre para salvarte? - pregunté ayudándola a incorporarse.
- No creo. Tienes que enseñarme a nadar - sonrió volviendo a cogerme de la mano.
Seguimos nuestro camino hasta que llegamos a los bordes de la piscina donde se encontraban unos pequeños bancos de madera para sentarse. Me senté sin ninguna dificultad ya que el agua solo me cubría hasta los hombros. En cambio, Jessy al sentarse le llegaba el agua hasta las orejas.
Se levantó y suspiró levemente.
La miré con angustia y susurré su nombre.
- Jess, ven, siéntate aquí - le dije al mismo tiempo que le señalaba el lugar, un poco más arriba de las rodillas.
- Yo...
- No pongas excusas - susurré con picardía.
Inmediatamente, Jess se sentó encima de mí y se sonrojó como de costumbre.
- ¿Estás cómoda? - le pregunté.
- Mucho - se sonrojó.
- Oye, te conducí hasta este lugar porque quería hablar contigo de un tema.
- Entiendo.
- Tú me contaste a mi solamente lo de tu discusión con tu madre y me expresaste como te sientes, por eso, yo te voy a contar algo de mí que nadie sabe.
- ¿ Y por qué a mi?
- Porque confió en ti y además, sé que tu boca se mantendrá cerrada.Me trasmites mucha seguridad - proseguí mientras le cogía de las manos.
- Gracias pero sabes que no tienes porque contármelo si no quieres. Esto es maravilloso y me temo que lo que vas a decirme no me va a sentar muy bien por tu reacción. No quiero estropear este momento, ¿sabes? En estos momentos, me siento libre y esto nunca lo había sentido antes. No quiero que se terminé y me vuelva a sentir como una mierda, que es lo que soy - bajó la mirada y se fijó en mis temblorosas manos.
- Jess - le acaricié la mejilla y ella volvió a mirarme - Oye, eres libre. Todos somos libres. Tú puedes hacer lo que a ti te dé la gana sin que nadie intente frenarte ni mucho menos, robar tus ilusiones. Y...lo que quiero decirte no es nada que te afecte de ese modo. Confía en mi. ¿Lo haces no? - el uno y el otro nos miramos fijamente y finalmente, ella reaccionó.
- Eres en quien más confío después de Miriam, claro - sonrió.
- Me alegra verte con tu tierna sonrisa - le acaricio la mejilla y sonrío compadeciendome.
- Venga, cuéntame. ¿Qué sucede? - sonrió carismática.
- Verás, no se lo he contado ni a mis amigos ni a mis padres ni ni siquiera a Miriam.
Estoy saliendo con una chica desde hace un año. Me prometí a mi mismo no salir con nadie hasta después de terminar los estudios...pero como ves, las cosas se me fueron de las manos - dejó de sonreír y bajó la cabeza.
- Oh, así que tienes novia... - puso los ojos en blanco.
- Si. ¿Tan malo es? - sonreí.
- ¿Por qué se lo ocultas a todos? ¿Acaso te avergüenzas de ella? - pronunció.
- Porque seguramente se reíran de mi.
- Si yo no lo he hecho, ¿por qué va a hacerlo el resto? - preguntó levantando el tono de voz.
- No lo sé. Pareces molesta - mencioné.
- Pues te equivocas, no lo estoy - bajó la cabeza.
- ¿Qué ocurre? - le cogí del mentón e hicé que me mirase. Al mismo tiempo, le acaricié las piernas con dulzura.
- Nada.
- Sé que te ocurre algo. Te conozco.
- Mentira, no sabes nada de mi. Ni siquiera sabes escribir mi puto nombre - se levantó e intentó irse nadando. Antes de que lo hiciera, la cogí de la mano atralléndola a mi. Ella intentó escabullirse así que la cogí por las muñecas tratando de que no pudiera moverse.
- ¿Qué intentas? Suéltame - susurró sin mirarme a los ojos.
- Se escribir tu nombre y te conozco perfectamente. ¿Acaso dudas de mi? - le grité.
- Por favor, suéltame - se lamentó.
- Y...¿si no quiero? - le susurré acercándome a ella.
- Miriam tenía razón. Eres un puto hijo de perra - susurró intentando soltarse.
- Llámame lo que quieras, bonita - me acerqué más y le acaricié la mejilla.
- Mmm...- exclamó acercándose más a mi. Sin darme cuenta, me fui acercando mucho más a ella - mantén la distancia, gilipollas - me dió una patada en la entrepierna.
- Joder - me alejé de ella y me lamenté en silencio.
- ¿Enserio duele tanto? - sonrió.
- Bastante - exclamé.
- ¿Necesitas hielo? - se rió.
- Muy graciosa - sonreí.
- ¿Vas a dejar de acosarme? - gritó con ironía.
- ¿Yo? ¿Acosarte? Más quisieras - sonreí.
Le cogí de la mano y salimos de la piscina.
- ¿ Y quién es la afortunada? La que sale contigo... - se sonrojó mientras le pasaba una toalla para secarse.
- No creo que la conozcas. Es... - sonreí al recordar su nombre.
Narra Miriam:
Aún no podía creerme lo que acababa de escuchar. Henry enamorado...
- ¿Y quién es ella?
- La conoces es... - en ese mismo instante, Perla saltó de los brazos de Miriam y comenzó a ladrar fuertemente.
- ¿Y bien? ¿Quién es? - gritó emocionada.
- Érica - exclamé con naturalidad.
Narra Jessy:
- ¿Y quién es la afortunada? - exclamé confusa.
- Érica.
La verdad es que Coque se equivocaba. Conocía muy bien a esa chica y no me causaba muy buena impresión.
Sentí como una apuñalada en el corazón al escucharle decir su nombre.
- Ohh, no la conozco - susurré - pues espero que os vaya estupendamente y que...seais muy felices - sonreí forzosamente.
- Gracias, Jess - me sonrió dulcemente.
- Ohh, no la conozco - susurré - pues espero que os vaya estupendamente y que...seais muy felices - sonreí forzosamente.
- Gracias, Jess - me sonrió dulcemente.
- No te preocupes, no diré ni un chío. Confía en mi - susurré acariciándole la mejilla. Él apartó mi mano y la colocó a la altura de su cintura con dulzura.
- Sabía que podía confiar en ti.
- ¿Entramos? - susurré.
- Si, parece que hace fresquete - dijo frotándose los brazos.
Cogí una toalla y le arropé por la espalda con ella - Gracias.
Caminamos y finalmente, nos fuimos a cambiar. Me cambié la ropa interior y me pusé la ropa de antes.
Salí del cuarto y llamé a la puerta del cuarto de Coque.
Él abrió la puerta.
Tengo que reconocer que encontraba muy guapo, sensual y encantador. Llevaba ropa deportiva: una camiseta de tiras, unos pantalones cortos y unas zapatillas de "Adidas".
Además, en la mano derecha llevaba una botella de agua y aún tenía enroscada en el cuello la toalla de antes.
- Vaya. Estás...irresistible - me mordí el labio incoscientemente
Me apoyé en el marco de la puerta mientras me recogía el pelo en una cola normal.
- ¿Nos vamos? - me ignoró.
- Claro, nos espera un largo camino. ¿Me llevo el MP4? - susurré.
- No crel que te haga falta. No te dejaré escucharlo.
- Lo intuía - bajamos las escaleras y salimos de casa.
- ¿Cuándo regresará Miriam? - pregunté mientras calentaba.
- Tardará, ya verás. Es muy...habladora y cuando está con ese chavál aún más - me sonrió mientras imitaba mis pasos.
- Ya, te hecho una carrera. Haber quien llega antes hasta el río Flandres - me burlé sonriendo.
- Vamos - me miró detenidamente.
- Tres...
- Dos... - continuó.
- Uno... - le seguí.
- ¡¡YA!! - gritamos los dos a la vez mientras iniciabamos la carrera.
Segundos más tarde, le adelanté.
- Voy ganando - me regobicé.
- Eiii, has hecho trampa. Has salido antes de dar la señal de salida - se excusó.
- No - comencé a partirme de risa mientras lo miraba a cada minuto.
- No. Vamos - gritó.
Narra Miriam:
Me quedé sorprendida, con la boca abierta.
La conocía de vista pero poco más.
- Eso es maravilloso. Me alegro muchísimo por ti.
- Gracias, no pensé que te lo tomarías tan bien.
- Es que...¿cómo no me iba a alegrar? Es fantástico.
¿Se lo contaste ya? - pregunté con emoción.
- No. No voy a decírselo. Por lo menos, de momento.
- Ok. Me llamaste porque querías que te dijese mi opinión personal, ¿no?
Asentió.
- Esto es lo único que te diré. Cuando quieras a una persona tú díselo,aunque la cagues,o ella no sienta lo mismo, tú diselo y luego ya irás viendo - le miré con dulzura apretánfole la mano fuertemente.
- ¿Lo dices por si te pasa algo y luego ya no tienes oportunidad de decírselo y te sentirás fatal? - preguntó confunfido.
- Piensa en lo que te dije - sonreí levantándome - ¿qué hora es?
- Las 19: 41 - me respondió mirando su reloj de pulso.
- ¡Dios! ¡Qué tarde se me ha hecho! - susurré recogiendo mi sudadera - Adiós, corazón - expresé con dulzura mientras se levantaba. Le dí una palmadita en el hombro y me despedí ofreciéndole un beso en la mejilla.
- Adiós y gracias por todo - susurró.
- Gracias a ti. Nos vemos pronto.
- ¡Dios! ¡Qué tarde se me ha hecho! - susurré recogiendo mi sudadera - Adiós, corazón - expresé con dulzura mientras se levantaba. Le dí una palmadita en el hombro y me despedí ofreciéndole un beso en la mejilla.
- Gracias a ti. Nos vemos pronto.
- Por supuesto. Oh, te acompaño hasta la salida - me cogió de la mano y me acompañó.
Ya en la salida, se despidió por henésima vez de mi y al final, me fui.







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