sábado, 13 de febrero de 2016

CAPÍTULO 30: CICATRICES ABIERTAS







DÍA: 15 DE AGOSTO


























Narra Érica:




Coque me había llamado hacía un rato. Según le dijo la doctora, si accedía a operarse sería en dentro de una semana. Aún tenía tiempo para pensarlo, la operación estaba programada, el quirófano estaba reservado para él. Solo tenía que decidirse y si su respuesta era negativa cancelarían la operación sin ningún problema. Todos, intentábamos dejarle libertad para decidir que era lo que debía hacer. Coque aparentaba estar indeciso. Un día tiraba más por la operación y otro en cambio por no operarse. En esa situación tan extrema, era un decisión bastante decisiva que podría cambiar su vida por completo.

Si o digo la verdad, no tenía ni idea de la decisión que elegiría tomar. Aunque, yo le apoyaría en ambos casos. Prefiero que se opere, antes de dejar de luchar por su vida. Era una decisión muy importante y dadas que tiene las suficientes posibilidades de sobrevivir, yo apostaría por la operación.



Pero también imagínate que la operación fuese mal. ¿Y si no despertaba jamás? ¿Y si los efectos secundarios eran demasiado pesados para él?

Decidiese lo que decidiese, o se arriesgaba o... abandonaba.

Había pasado tiempo después de aquella relación sexual con aquel individuo, Henry.
De solo pensarlo, me entran arcadas. ¿Cómo pude hacerle eso a Coque? Ponerle los cuernos con su mejor amigo y a sus espaldas.
Si se lo contaba, posiblemente me dejaría y no pensaba consentirlo. Si Henry no se iba de la lengua tal vez, me fuese fácil esconderlo. Nunca se daría cuenta. Además, Henry no creía que se lo dijese, le odiaba y no volvería a meter de nuevo la pata. Si se lo llegase a contar, no le perdonaría en toda la vida y posiblemente, Coque le partiría la cara de nuevo.


Fui corriendo al baño, unas ganas intensas de devolver se apoderaron de mi cuerpo junto a un terrible dolor de barriga que no cesaba ni con ibuprofenos. Tal vez, debía de ser por la falta de comida. Últimamente, no comía mucho, el apetito se me había ido volando desde que Coque ingresó en el hospital.

Me tumbé en el sofá tapándome con las mantas. Me sentía muy mal y no pensaba ir al médico. Los odiaba. Creo que hoy no iría al hospital, me quedaría en casa recuperando ánimos.

Tampoco tenía muchas ganas de encontrarme con Jessy y su pandilla. Me ponía aún más de los nervios.













Narra Miriam:



Bien, seguía inexpresiva tras la revista juvenil que me sacaba en portada.
Un paparazzi debió de habernos pillado a Dani y a mi ayer en el bar. En la portada aparecíamos ambos riéndonos mientras Dani me cogía y me cargaba en el hombro. De titular aparecía: "¿Dani y su nueva pareja?". ¡Madre mía! Desde ese mismo día, en el que salió la revista, las redes sociales no paraban de petarme a mensajes preguntones. Muchas eran criticas y otros mensajes dándonos las felicitaciones. Dani, publicó un tweent negando nuestra "relación sentimental" aunque eso no fue de mucha ayuda ya que mucha gente no se lo creyó.

A mi todo eso me la sudaba. Os lo juro. Solo deseaba que Derek no se enterase de todo esto o me plantaría otro ataque de celos tan propios de él.
Desaparecí de las redes durante un buen tiempo y durante estos días me quedé en el hospital. Por el día con Coque y por la noche, con Dylan. Ambos, cada vez que nos veíamos, jugábamos a las cartas, al parchís, al ajedrez... Mientras, conversábamos de nuestra vida. Hasta, decidimos leer los diarios que su padre había escrito para él. Me pareció una muy buena idea hablarle de ellos al pequeño. Por lo menos así, no sentía tan sólo y podría descubrir por lo que tuvo que pasar su padre.

Volviendo al tema de mi hermano, ya teníamos fecha para la operación. La programó la doctora dentro de una semana. Mientras no llegaba el día, le hacían todo tipo de pruebas para comprobar su estado. Si empeoraba o el tumor se extendía cada vez más. Coque aún no lo tenía decido, prometimos que nadie le ayudaría a decidir y así lo hicimos. Cada vez que nos preguntaba nuestra opinión, todos cambiábamos de tema con rapidez sin importar lo que él pensase de nosotros.
Nos fue, muy difícil convencer a Jessy pero finalmente, logramos que se uniese a la promesa como todo el mundo.

Cada vez que cerraba los ojos, solo podía imaginarme vagos recuerdos que guardaba de Coque cuando éramos pequeños. Más de la mitad de mi álbum de fotos estaba repleto de fotos con él. Se notaba que de pequeños éramos igual de inseparables que ahora aunque claro, siempre surgía la típica pelea por alguna tontería como por el último trozo de chocolate o quien le tocaba hacer las tareas de casa.

Pris, Coque y yo nos encontrábamos conversando sobre aquellos tiempos. Todos nos reíamos y Pris parecía realmente interesada. Le hacía gracia la mayoría de las cosas que ambos habíamos hecho memoria. Jessy se encontraba en la cafetería, muerta de hambre por un bocadillo de anchoas.

- Si y te caiste de la bicicleta - dijo Coque entre risas mientras se incorporaba.

- ¡Normal! No sabía andar en bici y tú me dejaste ir con ella a las montañas. Acabé haciendo la croqueta - me quejé mientras me balanceaba en la silla.

- ¿Y le dejaste tirada? ¿No la ayudaste? - preguntó Pris con un rostro lleno de curiosidad y sentándose en el suelo en plan indio mientras se zampaba palomitas de maíz.

- No, no. Bajé corriendo tras ella y le pregunté si estaba bien. Me dijo que si y seguí paseando por la montaña - explicó mientras nos observaba a ambas.

- ¡Claro! ¡Ni me ayudó a levantarme! - me quejé sobresaltada.

- ¡Bah! No fue nada grave, solo una simple caída - hizo un gesto mientras asentía para si como si tuviese toda la razón del mundo.

- Pero eso debió de dolor -Pris hizo una mueca con los labios frunciendo el ceño.
Se acomodó en su lugar y me tiró una palomita.

- Mi hermana es muy fuerte. Ella era muy rebelde y aún lo sigue siendo. Yo solo soy su hermano mayor, mi responsabilidad era mirar por ella y lo hice. Le pregunté como estaba y cuidé de ella. Tuve que guiarla para que no diese de bruces contra el suelo. Ya que no podía caminar - aclaró mientras miraba fijamente a Pris.

- Es muy lindo, ¿no? Ambos miráis el uno por el otro sin importar nada más. Os protegéis mutuamente - mencionó Pris mientras yo le devolvía la palomita y ella me miraba con la boca abierta fingiendo una cara de sorpresa.

- Tienes razón. Coque es el mejor hermano que podría pedir - reí con ternura y lo miré. Aún en su estado, el pelo revuelto le quedaba de fábula y seguía sin perder esa parte tan atractiva la cual utilizaba para seducir a las mujeres.

- Miriam, ¡qué me emociono y todo! - gritó Coque poniendo sus manos en su rostro como si estuviese a punto de llorar.

Pris estalló en risas y se levantó del suelo caminando hacia Coque.


- Bueno, yo os tengo que dejar. He quedado - miró hacia al techo y abrazó a Coque para despedirse de él. Luego, se despidió de mi con un tierno beso en la mejilla.

- ¡Cita! ¿Con quién, pillina? - preguntó Coque con cara de pervertido maniático. No tiene remedio...

¿Qué le importará a él a donde fuera o dejase de ir?

- Con un amigo. Y no, nada de citas - le miró amenazadora.

- Cuidado con lo que haces - le prevenió Coque mientras Pris caminaba hacia la puerta.

- ¡Dios, Coque!  - le tiré un cojín que tenía cerca. Él se escondió entre las mantas para que no le hiciese efecto aquel lanzamiento.

- ¿Qué? -preguntó sacando la cabeza no muy convencido de que es uviese aún a salvo.

- Eres un puto mal pensado de mierda - le miré amenazante arqueando las cejas.

- Jess me dijo lo mismo ayer. Me tenéis una manía... - se quejó ladeando la cabeza y extendiendo los brazos.

- ¡Me voy! Veo que estáis muy ocupados - se despidió Pris de espaldas a nosotros - Coque, tendré cuidado, no te preocupes - le guiño un ojo y abrió la puerta.

- ¡No le entres al juego, Pris! Que se emociona - la advertí aguantando la risa.

Ella me echó la lengua y se marchó cerrando la puerta con suavidad.

- Bye - dije finalmente mientras Coque hacía un gesto de despidida con la mano.

- Tss, lenguaje femenino... - murmuró sentándose sobre la cama mientras cotilleaba la revista juvenil.

- ¿Algún problema? Yo no me metí con vuestro lenguaje - exclamé a la defensiva.

- Por que es prácticamente perfecto y por eso, no os atrevéis - anunció con obviedad ojeando las hojas.

- ¡Claro! Llamáis perfecto a : " Adiós hijo de la gran perra" y "Chao chorvo" - dije marcando las comillas con los dedos - O a chocar las manos de maneras muy extrañas, darse puñetazos para saludarse... - mencioné pensativa.

- Por supuesto, es mejor que daros dos besos y llenaros de abrazos al tipo koala - inclinó la cabeza divertido y continuó con la lectura.

Comencé a reírme con ganas.

- ¿Qué he dicho ahora? - preguntó observándome sin entender nada.

- Te echaba de menos, hermanito - mencioné mientras nuestras miradas se cruzaban.

- Siempre estuve aquí.

- Pero hacía tiempo que no escuchaba tu risa tan contagiosa y la echaba en falta - me encogí de hombros sin saber como explicarlo.

- Estos días, no estoy de muy buen humor que digamos - dijo entre dientes mientras apartaba la mirada de lo que tenía entre sus manos.

- Lo sé - sonreí y le lancé una palomita. Gracias a dios, que tenía buena puntería. Le dí justamente en la frente y él rió devolviéndomela. Me echó la lengua y leyó el artículo donde yo misma aparecía.

- A los periodistas les gusta tanto inventar... Solo estábais conversando, muy cerca pero solo hablábais - afirmó Coque a mi defensa mientras dejaba la revista a un lado y me contemplaba.

- Lo sé - suspiré recordando la imagen de Derek. Como se entere la liamos - Pronto, se olvidaran de esto y dejaran de verme como la don nadie que se llevó a Daniel Fernández Delgado con solo sonreírle un poco. Estoy en todas partes, hasta soy Tendencia en Twitter. No te digo más - alcé ambas manos excusándome con una media sonrisa.

- Que ingenua es la gente - terminó la conversación con ese simple comentario. Le contemplé, parecía aburrido como si necesitase tomar aire fresco. Verle así no era nada agradable para mi. Abrí una de las ventanas del cuarto. Si no podía llevar a Coque al aire fresco, el aire fresco vendría a Coque. Fue lo único que se me ocurrió. Me senté a su lado y le cogí de la mano.
Él me observó, mantenía la mirada fija en mi.
Besé los nudillos de su mano izquierda y bajé la mirada.

- Te pondrás bien, hermano - sonreí forzosamente.

- He escuchado esa frase tantas veces... - susurró mirando hacia los lados. Su esperanza cada vez era más reducida.

- ¿A quién? - pregunté curiosa frunciendo el ceño.

- A Érica, a Jessy, a la doctora y ahora, te has sumado al club tú también - aclaró mirándome de nuevo.

- Jess, siempre está metida en el ajo - reí flojo - Siempre, desde que has llegado al hospital, no se ha separado nunca de tu lado. Se nota que eres un gran amigo para ella y que te quiere un montón - susurré.

- Lo sé y te juro que estoy tan agradecido de todo lo que ha hecho por mi hasta ahora...

- Todos queremos que salgas adelante. Decidas lo que decidas, estaremos siempre a tu lado. Te lo prometo - acaricié su mano con ternura.

De un momento a otro, mi móvil comenzó a sonar. Me levanté y caminé hacia mi bolso. Contesté al teléfono mientras Jess entraba por la puerta cargada de piezas y un tablero para jugar al ajedrez.

Caminó hacia Coque y estuvieron charlando un rato mientras yo contestaba al teléfono.

- ¿Si? - contesté mientras me apoyaba en la pared observando a ambos.

- ¡Hola hija! - exclamó la otra línea.

- ¡Mamá! Qué sorpresa - entorné la mirada y mi expresión cambió totalmente. Me había olvidado de ella durante estos días. Tanto estrés es lo que tiene, supongo.

- Solo quería saber que tal van las cosas por ahí.

Si yo te contara... Espero que no te hayas comprado la juvenil de esta semana.

- Muy bien, mamá. No te preocupes - sonreí muy forzadamente. Si os digo la verdad, pensé que mi madre sería en realidad, Derek. Montándome una escena tremenda...

- Me alegro. Tu padre y yo hemos terminado nuestro trabajo aquí - me informó con un tono de voz bastante animado. Todo lo contrario al mío.

- ¿Pero no dijiste que aún teníais hasta septiembre? - pregunté mientras mi rostro se volvía un juramento.

- Hija, no hay nada que se nos escape de las manos - sonrió.

- Me alegro mucho, mamá - dije con un rostro horrorizado.

- ¿Cómo va lo de las clases? - preguntó interesado.

- Muy bien. ¡Me han cogido! - intenté no elevar la voz pero me fue imposible.

- ¿Enserio? Me alegro mucho por ti hija. Soñabas con esto desde hace mucho tiempo.

- Y tanto, mamá. ¿Quién iba a pensar que se haría algún día realidad? - sonreí encogiéndome de hombros.

- Si sueñas a los grandes consigues cosas grandes - mencionó ilusionada ante la nueva.

- ¿Y qué tal vosotros por allí? - cambié de tema interesándome por ellos.

- Bien. Muy duro pero bien. A algunas personas nos costó sacarle información pero ya sabes que nosotros no nos rendimos.

- Los famosos ya sabes como son... Lo único que saben hacer es mentir, y mentir... - hice una mueca mirando hacia abajo mientras jugueteaba con mis pies.

- Bueno, cielo. Tengo que dejarte. Tu padre necesita ayuda con la cámara de fotos. Ya sabes como es... Las cosas con botones no son los suyo.

- Claro, mamá, ya nos veremos - me despedí.

- Una cosa antes de irme. ¿Qué tal Coque? - metió baza. Justamente, del tema que no debía decir ni mu.

- Bien... Ya te contaremos cuando vuelvas... Volváis - tartamudeé. ¡No se me da bien mentir! Está bien, Miriam. Cambio de tema... - ¿Sabes qué ya tienes suegra? - dije lo primero que se me vino a la cabeza.

- ¿No me digas? - parecía sorprendida. Más bien, emocionada ante la idea de que su hijo, ya no fuese tan pequeño como lo recordaba. Se estaba haciendo mayor por momentos.

- Si, hace ya como un año. ¡Lo tenía muy bien escondido! - reí observando a Coque desde lejos.

- ¿Y tú? ¿Qué me dices de aquel chico del cuál no sabías si sentías algo por él? - se entrometió. Me la imaginaba arqueando una ceja. Como las viejas cotorras de los rellanos que se meten en todo.

- Bien, mamá. Ya te contaré. Aunque... ya sabes, primero los estudios y luego todo lo demás - mencioné mientras mis mejillas cobraban color.

- Te enseñé muy bien, hija - murmuró alabándome. Muy al fondo, se escuchaba la voz de mi padre. Parecía bastante cabreado. Seguro que sus planes no iban como el pensaba. - Bueno cielo, ahora si que tengo que irme - se despidió por segunda vez suspirando con rabia. Estaba claro que no quería colgar. Que quería seguir charlando conmigo aunque solo fuese un ratito más.

- Chao, mamá. Te quiero - le mandé un beso sonriente.

- Besos, ya hablaremos cuando vuelva - me avisó.

- Ok, cuida bien de papá.

Y esas fueron mis últimas palabras, antes de colgar el teléfono e intervenir en la conversación entre Jessy y Coque. Coque parecía pensativo y Jessy bastante molesta.

- Piénsalo, aún tienes una semana - mencionó antes de que me acercase de nuevo a ellos.

Coque asintió con la cabeza gacha. Parecía decepcionado.

- ¿De qué habláis? - pregunté interesada mirando a ambos.

- De nada en especial. ¿Quién era? - me miró desde abajo inexpresivo.

- Mamá - suspiré mirando a ambos.

- ¿Y qué quería?

- Saber como iban nuestras vidas y además... dicen que van a volver pronto - dije entre dientes.

- ¡Joder! ¿Tan pronto? - exclamó anonadado. Estaba claro que no quería que ellos se enterasen de la situación por la que estaba pasando.

- Si hay suerte, cuando lleguen no creo que estés aún en el hospital. Así que no le contaremos nada para no preocuparles. ¿Capichi? - ideé mi plan maestro y se lo conté un poco por encima.

- Buena idea pero...¿ y si vuelven antes? - preguntó preocupado.

- Le diremos que... te fuiste de viaje con unos amigos... ¡Yo que sé! No te preocupes por eso anda - le puse pucheros y le golpeé el pie. - Aunque estaría bien contárselo...

- ¡No! ¿Estás loca? - abrió los ojos de cuajo. Jessy nos miraba a ambos sin querer entrometerse en la situación.

- ¿Te enfadas si te digo que también le conté lo de Érica? Aunque no dije nombres - hice un gesto con las manos y me preparé para una buena bronca.

- ¡Arruinas todas las sorpresas! Se lo iba a contar yo... - hizo pucheros bajando la cabeza.

- Tampoco lo fastidié todo... todo... - incliné la cabeza pensativa y me crucé de brazos.

Él ladeó la cabeza y decidió dejarlo estar.

Seguimos hablando un rato. Jessy no se entrometía mucho en la conversación. Hablaba con monosílabos y parecía bastante nerviosa.

Cuando en el reloj dieron las seis, Jessy y yo nos fuimos a casa para prepararnos. Hoy era el día con el que había quedado con Dani para ir al cine. Desde, el encuentro con él, el otro día no habíamos vuelto a hablar más. Creo... que teníamos muchas cosas que contarnos.












Narra Jessy:






Aprovechando que Miriam estaba totalmente entretenida al teléfono. Tuve una conversación con Coque que tenía ganas de hacer hace mucho tiempo.
Me habían avisado de que no debía entrometerme entre sus planes pero tras la explicación breve que me ofreció Pris anoche por teléfono, mi cabeza no dejaba de dar vueltas imaginándose lo peor que podría ocurrir.

Me senté al lado de Coque y lo sonreí con ojos brillantes mientras le cogía de la mano con suavidad.

- Jess... - susurró alzando la mirada y acariciando mi mano con ternura.

- Tenemos que hablar - mencioné agachando la cabeza. No sabía si me atrevería a mencionárselo.

- Exactamente, ¿ De qué? - preguntó frunciendo el ceño.

- De... la operación - tragué saliva mirándole a los ojos mientras él clavaba su mirada en mi a la vez.

- ¿Qué ocurre? - entornó los ojos acomodándose sobre la almohada.

- Verás... Pris me lo contó por encima... ¿Crees que es lo mejor? - pregunté mientras jugueteaba con sus manos. No debería de estar contándole esto. Me arrepentiré, lo sé. Él debe de tomar la decisión por si solo digan lo que digan los demás. Aunque Coque, pensaba que todos opinábamos lo mismo y no era así. Necesitaba expresárselo de alguna forma.

- Supongo que todos opinan que si... - comenzó a explicarse.¡Bingo! Os lo dije. Él tenía que pensar en lo mejor para él no en lo mejor para los demás.

- ¿Y tú?

- ¿Yo qué? - alzó una ceja como si no comprendiese nada de todo esto.

- ¿Qué opinas tú? Los demás no te incumben. ¿Qué es lo que quieres para ti? - le pregunté alzando poco la voz teniendo en cuenta que Miriam podría escucharnos.

- Aún no lo tengo claro... Me lo estoy pensando aunque es muy difícl decidir - se cruzó de brazos explicándose mientras mantenía el ceño fruncido.

Acaricié su mejilla con suavidad acercándome un poco más a él.

Le miré a los ojos mientras Coque posaba su mano derecha sobre la mía.

- No te operes. Si lo haces quedarás hecho un fiambre o muerto de la risa en una cama de un hospital  hasta tu muerte. Aún estás a tiempo. ¿Piensas que un 45 por ciento es lo que vale tu vida? El cáncer es cierto que se desenvuelve con rapidez aunque aún puedes disfrutar del tiempo que te queda. ¿Prefieres pasarlo dolorosamente entre ajugas y operaciones en vez de en tu propia casa con la gente que más quieres en este mundo? No lo hagas, Coque - expliqué mientras mis ojos parecían salirse de sus órbitas intentando no derramar ni una sola lágrima - No te operes - susurré en un suspiro suplicante.


Coque me observó con la boca entreabierta pensando en mis palabras. Agachó la cabeza y apartó con rapidez su mano de la mía.


- Piénsatelo, aún tienes una semana - le recordé. Él asintió con la cabeza gacha y Miriam interrumpió nuestra conversación dándome un susto de muerte.

- ¿De qué habláis? - nos observó con una sonrisa resplandeciente. Últimamente, las cosas iban mejorando y eso era un golpe de felicidad para Miriam.

Coque y yo nos miramos. Él apartó la mirada con una mueca de dolor.

Sé que no le gustaron mis palabras pero debía decírselo, debía sacarme este dolor que me carcomía por dentro. Solo fue mi sabio consejo, él haría lo que quisiera igualmente sin importarle lo que yo pensase o dejase de pensar. Aunque no creía, que hiciese lo correcto.













Narra Pris:






Llegué a casa de Henry en un abrir y cerrar de ojos. La autopista siempre fue una gran ayuda.

Eran las dos de la tarde y en ese mismo instante, tendría que estar en el trabajo doblando camisetas y atendiendo a gente indecisa que no distinguía una camiseta de un jersey.

Supongo que ser la jefa tenía sus ventajas. Puedes irte cuando te de la gana y cogerte vacaciones cuando a ti te plazca.

Bajé del auto y llamé a la puerta. No tenía timbre, eso me extraño lo suficiente.

Supongo que era el padre de Henry el que me abrió la puerta. Me miró con el ceño fruncido estudiando mi rostro que no debía de sonarle demasiado por las caras que ponía.

No lo culpé, yo tampoco lo había visto en mi vida.

- Mmm... - susurró.

- Buenos días. Perdone mi falta de tacto. Me llamo Pris y soy una amiga de Henry - le expliqué con una sonrisa tendiéndole la mano.

Él, me observó desconfiado y aceptó la presentación dicha.

- Encantado... Pris. Soy el padre de Henry. Él está arriba, en su cuarto. Seguramente, durmiendo la mona - soltó una risita floja presentándose.

- Le importa que... - le miré pidiendo permiso.

- Por supuesto. Pasa - dijo mientras se arrimaba a un lado haciendo un gesto.

Sonreí entrando en la casa. La verdad es que era bastante mona, moderna y con un pasillo bastante reducido aunque muy agradable.

 - Subes las escaleras y caminas todo recto. La puerta abierta es la de él - me indicó mientras se esfumaba por la cocina.

 - ¡Gracias! - elevé la voz para que pudiese escucharme y seguí los pasos que él mismo me indicó.

 Odiaba ir a casa de lo demás, siempre tenía que vérmelas con sus padres y no te creas que era muy agradable.


Al llegar a la habitación de Henry, me asomé llamando a la puerta. Me sorprendió comprobar que su padre tenía razón. Henry dormía profundamente, debía de estar soñando ya que babeaba de placer.
Reí ante la imagen con cuidado de no despertarle.

Cuando llegué justo a donde estaba. Me abalancé sobre él y comencé a hacerle cosquillas para que abriese los ojos cuanto antes.

- Despierta, dormilón - susurré al lado de su oreja mientras me preparaba para la acción.

No pude contener la risa cuando este despertó atemorizado y comenzó a removerse de la risa mientras me suplicaba como a un pequeño bebé.

Él consiguió escabullirse de mi intercambiando los papeles. Esta vez era él el que me hacía cosquillas sin piedad. Ambos comenzamos a reírnos sin parar. Me tumbé a su lado adoptando una posición cómoda para charlar tranquilamente.

- Vaya formas de despertar a un humilde caballero - mencionó alzando una ceja mientras me observaba de reojo.

 - ¡Truco de mamá! Nunca falla - le eché la lengua sin perder la sonrisa - Además... de humilde no tienes nada... - le miré mal aposta aguantándome la risa.

- ¿Y si te lo hago yo a ti? - se inclinó para poder observarme.

- Acabas de hacerlo - dije con obviedad.

 - No. Eso solo eran caricias, tú no sabes lo que son las verdaderas cosquillas - aclaró juguetón.

 - No serás capaz... - le miré desafiante. Estaba claro que no lo sería y que solo estaba bromeando.

 - Y capataz.

 - Que gracioso - me burlé de él mientras recuperaba mi compostura.

- Te recomiendo que comiences a correr - me miró penetrante.

- No te tengo miedo, Henrique - dije con obviedad.


Al darme cuenta de sus intenciones, me levanté y corriendo como un rayo por la habitación intenté que no me cogiese.


Pero no duró mucho, pronto me alcanzó riendo triunfante. Me empujó tirándome al suelo con cuidado de no hacerme daño y me agarró de las manos poniéndose sobre mi. Eso era trampa, no me avisó con antelación. Bueno... si pero esa vez no contaba. Comencé a reírme imaginándome la pinta que debíamos de tener.


- Te pillé - se fangoneó como si fuera un héroe.


Y de un momento a otro, comenzó a hacerme cosquillas sin parar mientras yo me retorcía bajo su cuerpo. Las risas inundaban nuestros sentidos.


- ¡Para! - le ordené entre carcajadas cada vez más sonoras.

- ¿A que molesta? - rió a mi vez disfruntando de su tortura.

- Vale, vale. ¡No me meteré más contigo pero para! - me rendí gritando a más no poder.


- Tienes suerte de que sea tan buena persona - mencionó alargando el "tan" con suavidad.

Paró de hacerme cosquillas y observó mi reacción riendo.


- Oye, Henry - llamé su atención.

- Dime - arqueó una ceja riendo.

- ¿Quieres quitarte? - pestañeé con expresión seria.

- ¿Y si no quiero? - me vaciló mirando con los ojos entornados.

- Pesas un quintal. No quiero morir de una forma tan desastrosa. "Un hombre mata a una mujer con su propio peso" - imité la voz de los informativos de Telecinco mientras Henry se descojonaba de risa.

- Está bien. No quiero convertirme en un asesino en serie - dijo quitándose de encima y poniéndose justo a mi lado riendo.

 Sentí como la puerta se abría. Parece que él también se percató y ambos miramos en esa dirección.

- ¡Tio! No te traigas las pivas a casa. Fóllatelas en otra parte que no esté cerca de mi santuario - exclamó un joven asomándose por la puerta y entrando en el interior del cuarto con cara molesta e inexpresiva.

Le examiné con la mirada. Buen talle, cuerpo musculoso, ojos azules pasión, bastante ignorante y vestía a la moda con colores bastante oscuro aunque sin llegar a lo gótico ni mucho menos.
Se manoseó el cabello mientras contemplaba a ambos y metía de nuevo las manos en los bolsillos.

Parecía el típico protagonista de una historia chiclé. El más malo y cabezón que te podías imaginar envolvía al tierno y pasional joven.


- ¿Quieres que comience a contar lo que haces tú en tu cuarto? - le miró Henry amenazante interrumpiendo mi inspección.

- Cuenta, me importa una mierda. Ella no es nadie... - miró a otro lado en plan pasota.

- Lárgate, hermano. Algunos tenemos vida no como otros - refunfuñó Henry poniendo los ojos en blanco.

Espera, ¿hermano? ¿Henry tiene un hermano y aún me acabo de enterar ahora? ¿Por qué no me lo había contado antes? ¿Por qué tuve que averiguarlo por mi misma?

- Lo dirás por ti... - susurró mientras se dirigía a la salida - Nos vemos, hijo de la gran puta - rió y se largó siguiendo su camino.

Ambos nos quedamos expectante aún mirando hacia la puerta.


- Así que.. ¿ese es tu hermano? - dije en tono preguntón.

- Si, por desgracia - susurró sin mirarme ni un segundo mientras jugueteaba con el mando de la televisión.

- No tenía ni idea de que hubiese otro de tu misma sangre - alcé una ceja curiosa.

- No, Miguel no es de mi sangre ni por asomo. Somos totalmente diferentes. Me extraña que Miriam no te lo haya contado - bajó la mirada pensativo. Nombrarla debió de costarle más de lo que creía.

- Pues no, no me lo contó. Si supiera que he venido a verte... la liaría gorda.

- Es normal que aún te enterases ahora - dijo volviendo al tema de su hermano - A estado todo este tiempo en la facultad, fuera del país y que lástima que hay vuelto tan pronto - rió flojo.

- ¿Facultad de medicina? - exclamé asombrada.

Él asintió confirmándomelo.

 - Lo sé, es difícil de creer que un gillipollas como él se le de por estudiar ese tipo de cosas. Siempre le ha apasionado la medicina y la verdad, aunque parezca mentira... Desde que ha venido se ha puesto a trabajar enserio. Tiene su propio horario de estudio y todo - me explicó mientras yo mantenía la boca entreabierta de asombro.

 - No me lo puedo creer. Es un trabajo muy duro - mencioné en un susurro. No me imaginaba al malote de la película tratando a pacientes y mucho menos, a niños pequeños. No creo que tuviese mucha pacencia.

- ¿Cuántos años tiene? - pregunté. Dado a lo inmaduro que parecía ser, yo le echaba tranquilamente unos diecinueve.

 - Venticuatro - afirmó no muy seguro de haber acertado.

 - ¿Y tú?

 - Dieciocho - me sonrió mirándome - ¿Por qué tanta curiosidad? - preguntó mirando a los lados.

 - No lo sé. No hablas mucho de tu vida personal. Por lo menos conmigo - me encogí de hombros sin saber como responderle.

Se quedó callado sin saber como responderme.

 - Bueno... llegó hace unos días pero la verdad, es como si no existiese. Se pasa el día encerrado en su habitación y las noches llendo de discoteca en discoteca con los amigos. Siempre está de juerga. Además, se está buscando un piso al que mudarse - me explicó al ver que pensaba que él no confiaba en mi para contarme las cosas.

- O sea que le gusta andar de flor en flor... - susurré bajando la mirada.

- No, sale con una chica. Marina. Tiene diecinueve años y no te creas que esté tan mal - dijo elevando una ceja.

 - ¿Y se va a vivir con ella? - pregunté pasando de su último comentario.

- Si, por lo menos así me dejará en paz de una santa vez. Se mete en todo el muy idiota - refunfuñó ladeando la cabeza.

- No creo que sea para tanto - reí poniendo una mano sobre la boca para que no se escuchasen muy sonoros.

Seguíamos sentados en el suelo, charlando y entre risas. Henry, me ayudó a levantarme y ambos nos sentamos en el borde de la cama. La verdad, era que Henry tenía razón. No se parecían en nada. Aunque bueno... a simple vista no puedes conocer con totalidad a una persona.


Le miré sonriendo y metí baza al cuento de Lola.

- ¿Y qué tal tu súper cita con la pequeña Lolita? - puse morritos hablando con ternura.

- Bien, hemos estado charlando la verdad... - se frotó la nuca con timidez - Es una chica encantadora, risueña, simpática... Lo tiene todo - se sonrojó mientras miraba hacia abjao. Posiblmente, estaría pensando en ella en ese mismo instante.

- Mmm... ¿Hubo algún beso? - pregunté curiosa alzando una ceja.

- Pocos, mantenimos la distancia - aclaró haciendo memoria.

- ¿Y eso? ¿Es por Érica? - incliné la cabeza observando sin comprender nada.

- ¡No! Yo intenté... ir más allá pero ella no estaba dispuesta a ello. No lo entiendo... Fue ella quien dio el primer paso y ahora... se cierra en banda haciéndose la difícil - me explicó sin estar muy seguro de ello. De lo que estaba pasando.

- Supongo que... tendrá sus razones. Tal vez, no quiera perder la magia - hice una mueca pensativa - No debes de darle importancia, si la quieres tendrás que esperarla - le guiñé un ojo riendo.

- Tienes razón aunque no estoy seguro...No sé lo que somos.

- Lo que hay claro de todo esto es... ¡Adiós Érica, hola Lola! - alcé la voz sonriendo.

- ¿Y empiezas? - murmuró mirándome de reojo - Enserio, quiero olvidarme de Érica definitivamente. Solo me ha traído problemas y yo no busco eso. Además... Lola es la mejor persona que he conocido - dijo abriendo su corazón. Cuando se ponía en modo romanticón no había forma de pararlo. Podría aprovechar su inspiración para elegir su nuevo estado del Whatsapp.

- ¿Y yo qué? - le miré mal como diciendo "Yo también existo".

- Aparte de ti. Seríamos una pareja perfecta.

- Eso no puedo negártelo. Está claro por lo que me has contado que ella te quiere de verdad y es buena persona. No como la bruja de Érica que solo hirió tu corazón con sus brujerías despiadadas - aclaré alagándolos.

- Gracias por organizarme la vida amorosa - agradeció con un toque de picardía y buena intención.

- Oye, si no fuera por mi, hoy aún estarías arrastrado bajo sus pies llorando por su nombre - me defendí sonriendo.

- Mmm... No creo. Estaría completamente sólo y no llegaría a conocer a Lola. Eso si que te lo agradezco - asintió devolviéndome la sonrisa.

- Has hecho bien. Disculparte aunque él no quisiera verte e intentar superar este bache - alabé mientras le contemplaba fijamente.


Seguimos hablando un buen rato más, hasta que miré la hora horrorizada. Se me había hecho bastante tarde y todavía tenía que prepararme para la tarde de cine que había organizado Miriam.


- Tengo que irme, Henry. Se me está haciendo tarde - hice una mueca poniéndome de pie y observándole por última vez.

- Claro, yo también tengo cosas que hacer. Ya nos veremos - anunció sonriente como despedida.

- Que te vaya bien con tu Julieta - rodé los ojos acercándome a la salida teniendo por seguro que ahora mismo estaría maldeciéndome mentalmente.

- No temas, chao - se dispidió.

- Chao - seguí mi camino y cerré la puerta de su cuarto. Continué mi camino mientras pensaba en mis cosas. Hoy volvería a ver a Álvaro y eso no me causaba mucha gracia pero tampoco me echaba para atrás.

Nada más llegar a casa, rebusqué en mi fondo armario intentando buscar la prenda perfecta para ponerme. Llevar una tienda de moda y no saber que ropa elegir daba mucha pena.














Narra Miriam: 
















 Ya era hora. Acababa de llegar a la puerta del cine y cruzada de brazos, aguardé por ellos. Vaya panda de vangos. ¡Llegaban tarde!

La verdad era que no me había costado mucho elegir el look perfecto para lucir esa tarde.

Opté por un conjunto veraneal. Estar en pleno agosto es lo que tiene.

La herida de hace días ya casi había cicatrizado y apenas se notaba. Esperaba que Dani no hablase de más.
Decidí ponerme una falda negra bastante sencilla con ligeros brillantes dorados a los lados, una blusa un poco más colorida con las mangas subidas y unos zapatos de tacón que daban perfectamente con el color rojizo de mi pintalabios.







Look:



 



Pronto, visualicé a lo lejos a Pris que sonrió nada más verme y si no fuera por los tacones, seguramente empezaría a correr como una loca hasta llegar hasta mi.

Iba guapísima y acorde con la situación. Llevaba una sandalias altas, una camiseta de tiras cubierta por la chaqueta de un traje súper elegante y unos pantalones recatados.







Look:



 




Ambas nos abrazamos con ternura mientras nos halagábamos la una a la otra por lo lindas que estábamos.

Poco después, Dani nos iluminó con su sonrisa y Álvaro le acompañaba con las manos en los bolsillos y mirando detenidamente al frente.











 Ambos estaban bellísimos. Los saludamos y les eché la bronca por llegar tarde. Aunque... ellos tenían razón, cinco minutos no era nada comparado con lo que estaban tardando Carlos y Jessy.

- Me gustan tus coletitas - rió Dani jugueteando con ellas y al mismo tiempo, acariciándome el pelo con cariño.








- Gracias - bajé la mirada riendo.


- ¿Y Jessy? Aún no ha llegado - preguntó Pris inquieta y risueña. Tenía muchas ganas de ver la película y no se estaba quieta. Álvaro se reía ante su impaciencia natural. En todas las ocasiones, se ponía así.

- Oh, me llamó hace poco. Dice que le ha cogido el frío. No vendrá - respondí haciendo una lijera mueca con los labios.

- ¡Joder! Ahora solo seremos cinco - mencionó Álvaro mirando a cada uno de los presentes.

 - Carlos está tardando mucho. A lo mejor se olvidó de nosotros - propuso Pris discurriendo con su mente.

 - Es normal en él. O llega justo a tiempo o se retrasa como siempre - nos explicó Dani encogiéndose de hombros como si esto ya hubiese pasado antes.

 - Siempre hay que esperar por él - aclaró Álvaro mientras miraba de reojo a Pris. ¡Uhh! Ya le echó el ojo. Reí ante mis ocurrencias.

 - Pues si no llega, vamos nosotros solos y él se queda fuera. Eso le pasa por tardón - refunfuñé cruzándome de brazos.

- Mmm... eso sería muy cruel. ¿No crees? - preguntó Dani alzando una ceja.

 - Yo tengo una idea mejor. En vez de meternos en el cine, es mejor esconderse entre los árboles y cuando venga le pegamos un susto de muerte - exclamó Álvaro riendo haciendo gestos con las manos. Parecía entusiasmado con su propia idea. No se le debe de ocurrir ideas como estas a menudo.

- Molaría - reí a su vez imaginándome la cara de Carlos al hacerle tal gamberrada.

- Mira, hay viene - señaló Pris dándose la vuelta y mirando a un punto fijo.

- Y va caminando tranquilamente como si no se le perdiera nada - observó Dani ladeando la cabeza.

- ¡Qué vergüenza! - alzó Álvaro la voz anonadado.

Dani se descojonó cerca de mi oído. Me limité a sonreírle mientras le miraba de reojo.

Vi a lo lejos a Carlos, tan pancho y silvando como si nada. Miraba a los alrededores pasando de todo y centrándose en la canción que tatareaba al silvar.

Llevaba una sudadera roja como la manzana envenenada de Blancanieves, unos pantalones negros ajustados y unas Nike muy rechulas.
Al vernos, nos sonrió saludándonos desde lejos.

Todos, ladeamos la cabeza con caras de decepción. Álvaro se cruzó de brazos observándole.






Look:









- Vaya horas de llegar... - susurró Dani cuando este estuvo lo suficientemente cerca de nosotros.

- Tampoco llego tan tarde. Aún podemos colarnos en la sesión de las nueve - rió como si nada parándose frente a nosotros.

- A saber que estuviste haciendo durante todo este tiempo - digo observando mi reloj de pulsera.

- Es que... - miró hacia la izquierda y luego hacia arriba como si nos fuera a soltar una de sus mentiras tan prodigiosas o como si le diese un no se qué contárnoslo - Me probé el Corte Inglés entero mientras los dependientes me ofrecían su ayuda. No sabéis lo bien que me quedaban los trajes de novio. ¡Estoy pensando en casarme con tal de llevarlo! Luego, me esfumé de allí sin comprarme nada y fui al Burger King a comerme una buena racción de patatas fritas con el menú especial - se relambió los labios como saboreando aún el sabor de la pequeña hamburguesa.


- No tienes remedio - Pris volteó los ojos emitiendo una lijera risa.

- O sea, que estuviste de juerga - dije seria asintiendo a la vez.

- No... solo di un tour por las tiendas del centro comercial - se encogió de hombros con una tierna sonrisa de "Yo no he hecho nada".

- Bueno, ya se nos ha hecho demasiado tarde - se entrometió Álvaro - Por culpa de este pailán. Deberíamos de ir llendo, ¿no creeis? - preguntó mirándonos a todos.

- Si, a lo mejor aún llegamos a tiempo a alguna sesión - le di la razón.

- Pues venga, entremos - sonrió Dani mientras tomaba su propio camino.

- Dani... creo que tenemos que hablar de algo - le susurré apartándonos del resto mientras hacía una mueca rascándome la nuca.

- Si. ¿Te sientas a mi lado y lo hablamos? - me preguntó muy seguro de si mismo.

- Por supuesto - intenté sonreír pero no pude.

- ¿Y qué peli nos vamos a ver? - preguntó Carlos interesado al fin.

- No sé, pregúntale a Pris - mencionó Dani mientras volvíamos con el resto y caminábamos directos al interior.

- ¿Qué? - reacionó ella al escuchar su nombre y abandonó la conversación con Álvaro.

- Que que peli vamos a ver - repitió Carlos alzando la mirada.

- "El fantasta del paraíso"

- Tiene buena pinta - susurró alto Álvaro apoyando sus manos sobre los hombros de Pris.

- Yo ya la vi y os aseguro que es una puta mierda - aclaró Carlos volteando los ojos.

- Es de miedo y suspense - defendió Pris mientras observaba a Álvaro de reojo sonriendo.

- ¿Y? - dijo Carlos a la defensiva alzando ambas cejas.

- Mmmm... Yo había pensando en "Marte" - me encogí de hombros dejando mi proposición en el aire.

- Tiene buena pinta. Me han dicho que "Matt Damon" es el protagonista. Actúa muy bien - me sonrió Dani apoyando mi propuesta.

- ¿Y de qué es? - se entrometió Carlos. Quería ver alguna que le convenciese. Eso estaba claro.

- De ciencia y ficción.

- Y además en 3D - me siguió Dani apoyándome.

- Haber chicos... - interrumpió Pris después de escuchar nuestras proposiciones - Hay más de una peli a estas horas. Unos podemos ver una que nos guste y otros pueden ver otra que les agrade más. Álvaro y yo nos vamos a ver "El fantasma del paraíso". No sé vosotros que queréis hacer... - murmuró Pris.

- Yo quiero ver la de ciencia ficción y no se hable más - aclaró Carlos cruzándose de brazos. Tenía una expresión facial bastante divertida.

- Nosotros también, ¿no? - mencioné observando a Dani mientras me volteaba.

- Si, eso esta claro - asintió.

- ¡Pues no se hable más! Cada uno por su lado - aclaró Pris con obviedad - Nosotros vamos a coger las entradas. Nos vemos luego - se despidió a su vez.

- Pasadlo bien chicos - le siguió Álvaro y ambos se marcharon en su dirección.

Mientras, los tres nos miramos fijamente sin saber como actuar.

- Yo cogeré las entradas. Carlos, tú ocúpate de las palomitas y la bebida y Miriam, busca la sala número 12. Es la nuestra - me guiñó un ojo mientras distribuía el trabajo.

Más tarde, les aguardé buscando la devandita sala. Me fijé en Pris y Álvaro, llevaban unas entradas en la mano y cargaban dos cocacolas pequeñas. Entraron sonrientes en la sala 9 y ni siquiera se dieron cuenta de que me encontraba no muy lejos de ellos. Jugueteé con mis pies cuando escuché vibrar mi móvil. Lo busqué en mi pequeño bolso/sobre y miré el mensaje que se encontraba en el mismo:

"Miriam, en dentro de dos días partiré a Madrid. Necesito que me entregues antes los papeles que te entregué el otro día en la cena. Mientras no estoy, dejé a mi mejor subordinado al cuidado del negocio. Cuando vuelva, acordaremos las cosas para que empieces a trabajar. Te quiere, Derek Karev"

No pude evitar eliminar una dulce sonrisa. Le respondí de inmediato:

"Por supuesto cielo, ya los tengo firmados en mi casa. Nunca me acuerdo de entregártelos. Nos vemos esta noche."

Guardé el celular de nuevo y visualicé a Carlos con bebidas para todos y enorme bote de palomitas de chocolate. ¿Enserio? ¿De chocolate? No pude evitar estallar en carcajadas mientras ambos se acercaban a mi.


- ¿Enserio? ¿ La 12? - observó Dani nada más llegar.

- ¿Qué pasa con el número? ¿Le guardas cierta manía o algo? - alcé una ceja juguetona. Derek había despertado mi buen humor y solo con un mensaje de tres líneas.

- No... nada.. - hizo una mueca - ¿Entramos o qué? - sacudió mientras abría las puertas y Carlos y yo nos mirábamos riendo.

La verdad era que acudir al cine con Carlos fue una mala decisión. Él, se sentó en el medio de ambos y comía las palomitas de diez en diez mientras se reía mirando la película. No daba gracia ni mucho menos. Era ciencia ficción y ni una gota de humor invadía la sala.
Todos los presentes, nos miraban de reojo. Si las miradas matasen ahora mismo estaríamos muertos. Dani y yo apenas podíamos mirarnos por encima de la enorme bolsa de palomitas. Sonreía de lado no muy conforme mientras Carlos hacía un tremendo ruido cuando absorbía el vertido que contenía la botella de Cocacola.

Una mujer lo suficientemente mayor, se volteó observando al compañero que tenía a mi lado.

- Por favor, haz que se calle de una vez. Es insoportable - mencionó irritada dirigiéndose a mi.

- Claro, señora. Discúlpenos - murmuré en un murmullo.

- Oye, Carlos. Puedes... ¿no hacer tanto ruido? - susurré cerca de su oído intentando que me escuchase - ¡Carlos! - levanté un poco más la voz. La gente que se encontraba en las butacas exclamaron un sonido para que cerrase el pico y me observaron de muy mala forma. La vieja de antes, me observó ladeando la cabeza.

Decidí cerrar el pico y concentrarme en la película aunquen naturalmente Carlos me lo ponía muy difícil.

De pronto, sentí algo vibrar en el interior de mi bolso. Cogí de nuevo mi celular y leí el mensaje. Era de Dani. Parecía algo molesto por el compartamiento de Cralos y aún encima se nos tuvo que colar en el medio y medio.

" Miriam. Ya que no podemos hablar... Pues escribiremos. ¿Al final cuando operan a tu hermano? "

Reí ante su mensaje. Le miré de reojo, me saludó guiñándome un ojo. Decidí reponderle ya quw hablar en persona era totalmente imposible.

"Si todo sale bien. Dentro de unos días, ya estará en quirófano."

Afirmé contestándole. Al momento, recibí su respuesta.

" Todo saldrá bien, ya verás."

Sonreí, siempre tan tierno...

 " Gracias, espero que si. Oye, no deberíamos de haber traído a Carlos."

"Y que lo digas. Es un verdadero incordio."

Ambos sonreímos y continúamos chateando hasta que la película se terminó. Al hablar con Dani, no se me hizo tan larga. Hablamos un rato sobre el tema de la revista. Me dijo que no se había cuenta de que nos habían fotografiado pero que aún así ya estaba todo resulto y en un par de días se olvidarían de todo. Le tomé la palabra, eso logró tranquilizarme de verdad.

Suerte que Derek, no es de ese tipo de revistas sino ya me estaría dando la lata con el tema y no me gustaría discutir antes de su marcha.







Narra Pris:




Nada más llegar, nos sentamos justo al final del todo.
Álvaro, se acercó a mi sentándose en la butaca consiguiente a la mía.

Al principio, poco hablábamos. Permanecimos muy callados viendo la película. A cada rato, estallábamos a risas tras ciertos comentarios que realizaban los protagonistas. Me gustaba estar en el final de todo, nadie se fijaba en ti. Pasabas totalmente desapercibida y sin que nadie te tocase los huevos. Podías hacer todo el ruído que te veniese en gana. Nadie se daba cuenta o a la mínima, giraba la cabeza para ver lo que hacías realmente.

Llegó un cierto momento en el que me asusté demasiado. Y tras un reflejo, me abracé a Álvaro atemorizada resguardando un grito bastante sonoro. Él se estremeció observándome. ¿No podía abrazarle?

- ¿Tienes miedo? - alzó una ceja divertido y me observó riendo.

- No... solo me... asusté. Nada más - dije agarrando su brazo con fuerza y casi clavándole las uñas.

- Anda, ven - mencionó sonriente mientras me abrazaba con ternura.

Le miré a los ojos mientras sentía el calor de su cuerpo. Me encontraba apoyada en su pecho, sintiendo como latía su corazón cada vez a más velocidad. Cada vez que se reía, todo su cuerpo se movía sin freno y cada vez que aparecía una parte terrorífica, me abraza más fuerte para que no me asustase de nuevo. Las luces se encendieron volviéndome a mi propia realidad. Lo lamenteé tanto, abrazada a él sentí como si el mundo se detuviese y no quería salir de allí. Me encontraba tan a justo...

Álvaro se separó de mi estirándose mientras intentaba recobrar la nitidez de su mirada. Yo me acomodé en mi asiento mientras recogía las latas de bebida vacías.

Estaba enfadada, no quería irme. Quería seguir ahí toda la noche si fuera posible. Ambos, nos levantamos, aproveché para depositar las latas en la papelera y salimos de la sala.

- Ah molado. Estuvo cojonuda - exclamó cogiéndome de la cintura y mirándome a los ojos con diversión. Noté como mis mejillas comenzaban a sonrojarse. Nos hundimos en un abrazo de oso para que no se diese cuenta de mis mejillas rojizas.

- Tienes razón estuvo genial - susurré cerca de su oído. Él me siguió el abrazo sorprendido.

- Pero estabas cagada de miedo.

Me separé de él y le miré frunciendo el ceño mientras ponía ambas manos sobre la cadera.

- Eso es mentira, metiroso - me crucé de brazos refunfuñando.

- Llámame lo que quieras pero la razón no me la quita ni dios - me echó la lengua poniéndose tonto.

- Claro... Claro - susurré poniendo los ojos en blanco.

- Menos mal que lo reconoces, bonita - rió volviendo a cogerme por la cintura.

Puse mis manos sobre las de él y le miré con firmeza a los ojos.

- No me llames bonita - susurré mientras separaba sus manos de mi cuerpo. Él se mordió el labio observándome.

- Ok, hermosa. No lo volveré a hacer - se acercó a mi oído con un tono de voz medianamente sexy.

- No me halagues - refunfuñé poniendo ambas manos sobre su pecho y apartándolo de mi.

Él retrocedió unos pasos mientras me sonreía así sin más.

- Solo digo la verdad. No son piropos - reconoció excusándose.

- Cállate y busquemos al resto - volví a voltear los ojos y me dirigí a la salida del cine. Él me siguió desde cerca pero a la vez, manteniendo las distancias.








Narra Dani:





La película se terminó al fin y nada más salir del lugar, nos encontramos con Pris y Álvaro que se levantaban la voz mutuamente alterados. Vaya dos... siempre peleando.

- ¡Hey! ¿Por qué os peleáis esta vez? - me entrometí mientras Miriam le echaba el sermón a Carlos por molestar durante la sesión de cine.

Pris se volteó y me miró enfurruñada con los brazos cruzados.

- Quiero irme a casa pero este sinverguenza no me deja marcharme - explicó observándole malamente.

- Venga Pris, una copa y te prometo que te llevo a casa - dijo Álvaro haciendo pucheros a la vez que pestañeaba numerosas veces.

Me reí, no tienen remedio.

- Venga Pris, ve con él. Tomaros algo y luego regresad a casa. ¡Es sábado, mujer! - le aconsejé mientras ellas contemplaba a Álvaro y suspira lentamente.

- Está bien, pero solo una. Mañana tengo que madrugar para arreglar unas cosas del trabajo - le aclaró a Álvaro mientras él le sonreía victorioso.

Volví con el resto, Carlos reía sin parar mientras se terminaba las infinitas palomitas de chocolate. ¿Por qué no vendría Jessy? Tal vez ella si pudiera aguantarle.

- Hace mucho frío - mencionó Miriam mientras acariciaba sus antebrazos y temblaba debido a numerosos escalofríos que recorrían su cuerpo. Sonreí caminando hacia ella mientras me despojaba de mi cazadora.

- Toma mi chaqueta - se la entregué amablemente. Ella me miró a los ojos ladeando la cabeza.

- No puedo aceptarla. Te morirás de frío - afirmó tierna preocupándose por mi.

- Mmmm... tengo una idea - dije mientras una bombilla iluminaba en mi mente - Verás... - me coloqué frente a ella.

- ¿Qué haces? - preguntó observando mis movimientos con cara de "Está como una puta cabra".

- Extiende los brazos - le mande sabiendo bien lo que hacía.

Ella sin saber muy bien si hacerlo o no, me hizo caso suspirando.

Pasé nuestros brazos por las mangas de la chaqueta y después cerré la cremallera con extremo cuidado.

Aún estaba impresionado pensando como podíamos haber entrado ambos en la cazadora.

Ella río a más no poder.

- Blue, está claro que te falta un tornillo - exclamó entre risas y más risas.

- Así ninguno de los dos tendremos frío. El problema está en cuando caminemos, pareceremos pinguinos que están aprendiendo a andar por la nieve - sonreí ante mis propias ocurrencias.

- ¡Madre mía! Y luego me llaman a mi loco - se sorprendió Carlos mientras se terminaba el enorme bote de palomitas.

Pris y Álvaro nos miraban sonrientes desde un poco más lejos y siguieron a lo suyo. Posiblemente, se distrajeron hablando de nosotros.

- Gracias, Blue - susurró Miriam mientras me deleitaba con una beso en la mejilla. Apoyó su cabeza en mi hombro mientras yo la observaba con una gran sonrisa.

- No hay de qué, mi chica indecente - le respondí al igual.

- Bueno chicos, nosotros nos vamos - se despidió Pris toqueteándole el brazo a Álvaro para que se fuese con ella.

- Si, si. Déjemos a sólas al coro de la patata - rió mientras ambas nos contemplaban por última vez.

- Bien dicho  - exclamó Pris alzando la voz y levantando la mano - Chócala.

Álvaro le devolvió el gesto y ambos se descojonaron comenzando a andar.

- Idiotas - dijo Miriam lo suficientemente alto para que ambos lo percibieran.

- Oye... una cosa. ¿Álvaro te vienes mañana a la piscina? Dicen que va a hacer un calor que flipas - propuso Pris mientras se alejaban cada vez más de nosotros.

- Por supuesto, llevaré mi bañador... - respondió Álvaro gratamente.

Fue lo último que pude escuchar antes de perderlos totalmente de vista. Solo se escuchaban murmullos desde muy lejos.

- Vaya dos. ¡Qué tortolitos! - exclamé riendo.

- Ya ves, la culpa fue tuya por juntarlos - me delató Miriam.

- ¿Yo? Ellos decidieron irse juntos - me defendí riendo fuerte.

Nos sentamos en una roca lo bastante amplia para los tres y charlamos abiertamente sobre cosas sin sentido propias de Carlos. La verdad, era que nos había estropeado la noche. Casi no pudimos hablar de nada en concreto. ¿Por qué tuve que invitarlos a todos? Podríamos haber quedado los dos cómodamente para ir al cine. Sin nadie que nos molestase con sus estupideces.

Después de todo, no nos lo pasamos tan mal y los cuatro nos encontramos más tarde para volver a casa.

Álvaro estaba colocado, ya me entendéis y Pris, se reía sola a cada comentario que hacíamos.

Los llevamos a casa y nos despedimos de ellos. Miriam y yo nos despedimos sonrientes y finalmente, Carlos y yo volvíamos a nuestro apartamento.

Mire el reloj, eran la una de la madrugada y no echaban nada buena en la tele. Decidí irme a descansar ya que mañana tocaba charla con Magí. Que no estuvieran ni David, ni Blas complicaba un poco las cosas. ¿Cómo concretábamos las fechas de la próxima gira?



Carlos, se tumbó sobre el sofá y al cabo de unos minutos se quedó profundamente dormido roncando como un oso pardo. Recordadme que mañana, compré los tapones para los oídos. Creo que me harán mucha falta...




















 


lunes, 8 de febrero de 2016

CAPÍTULO 29: QUÉDATE CONMIGO







DÍA: 10 DE AGOSTO















Narra Jessy:




Ayer Pris, decidió quedarse con Coque para que nosotras pudiésemos ir a casa y dormir en un colchón decente en vez de en sillas terriblemente incómodas. Miriam, no vino a casa en toda la noche. Me imaginé que estaría con Derek y me relajé.

La verdad, era que Derek no me caía tan mal después de todo. Parecía un buen chico aunque la diferencia de edad era demasiado elevada entre ambos.
Supongo que el dicho tiene razón: "Qué importa la edad si existe el amor".

Conocía a Miriam desde hace años y era cierto que nunca la había visto tan pillada por un tio como de esta vez.
Esperaba que por lo menos, a ella le fuese bien en el amor. ¿No?

A mi... No me iba tan bien. James, no me había vuelto a perseguir y eso ya era un logro. Coque, cada día se encontraba más cercano a mi. El problema siempre era ella. Érica, siempre estaba metida en el ajo y eso dificultaba mucho las cosas. Estaba claro, que Coque no era el típico infiel que le ponía los cuernos a su novia con cada una que le atraía. Su amor por ella, iba más allá de eso.

Os estaréis preguntando... ¿Y lo de la piscina? Bien, técnicamente cuando estás ebrio pierdes totalmente el conocimiento de tus actos. Supongo que eso fue lo que ocurrió. No lo negaba, aquel día, aquel beso tan profundo... Me había emocionado hasta el punto de pensar que le gustaba y que era verdad lo que decía. Pero, tras ponerme a pensar en la situación. Abrí los ojos. Él solo me tomaba como una buena amiga, como la mejor amiga de su hermana.













No debía de darle más vueltas al tema, fuese lo que fuese, él estaba gravemente ingresado en el hospital y tenía que centrarme solo en eso. En estar con él y demostrarle que estoy ahí. Eso es lo que hacen los amigos, ¿no?


Al ducharme y cambiarme de ropa, decidí retomar mi camino de nuevo al hospital.
Telefoneé a Miriam, no me lo cogió y eso me dejó un poco tocada. Estaba desaparecida desde ayer, cuando quedó con Dani para ir a tomar algo. Era cierto, ¿qué pasaría en ese encuentro?

Tenía un extraño presentimiento de que algo no iba bien. Miré la hora mientras en la radio del taxista sonaban canciones clásicas. Vaya gusto tenía el pobre...

Contemplé la ciudad tras la ventanilla y me puse a pensar en Érica. Ella... ¿Estará enamorada de Coque enserio? Ladeé la cabeza, aunque fuese mala hierba supongo que también conservaba sus sentimientos como todo el mundo. Coque era feliz con ella, supongo que eso era lo que importaba de verdad. Dejémoslo así.












Eran las diez en punto cuando bajé del taxi y me encaminé por la planta de UCI. Mi cabeza parecía que iba a explotar en cualquier momento. No dejaba de darle vueltas y más vueltas al tema. Coque, Coque y más Coques.

Pasé por delante de una habitación muy peculiar, me fijé en a chica que se encontraba en el interior. Era... era ¿Miriam? ¡Si, era ella! Se encontraba hablando con un niño pequeño. Él intentaba hacerla sonreír y animarle la moral. Sonreí y pensé: así que por eso no me respondía las llamadas.


Seguí mi camino hasta la habitación de Coque, tal vez, ya dejarían que pasasen las visitas.

Llamé suave a la puerta y me asomé.

Nada más entrar, vi a Pris. Se encontraba sentada al lado de la cama de Coque. Él dormía placidamente mientras Pris miraba por la ventana del cuarto.

Se volteó mirándome como si hiciera mucho tiempo que no me veía y no reconociese mi rostro.

- ¡Pris! - grité en un susurro. Lo sabía, poca gente sabía hacerlo. Yo era especial.

- ¡SHHH! - colocó su dedo índice entre sus labios haciéndome una seña para que cerrase el pico - No quiero que se despierte - murmuró en voz muy baja.

Me empujó hacia el exterior de la habitación y decidimos conversar frente la misma.

- ¿Cómo llevó la noche? - pregunté mirándola con nerviosismo y me crucé de brazos.

- Bastante bien, la verdad. Las naúseas parecen haber cesado - me explicó apoyándose en el pomo de la puerta.

- Eso es una gran noticia - suspiré cerrando los ojos un misero segundo, como si me quitase un peso de encima - ¿Y qué tal con Miriam? ¿Solucionásteis las cosas? - hice una mueca mirando a otro lado.

- Si, ya está todo solucionado. No te preocupes. Hablé ayer con ella... Estuvo bastante rara por teléfono. Me colgó de una manera muy repentina - ladeó la cabeza encogiéndose de hombros.

- Últimamente, anda en su mundo. Sabe dios lo que le ronda por la cabeza.

Pris asintió mientras una mano se posaba sobre su hombro izquierdo dándole un pequeño susto. Miriam, nos miró a ambas sonriendo forzosamente.









- Buenos días, chicas - nos saludó entrometiéndose en la conversación.

Hablando del rey de Roma, por la puerta de asoma. Decidí preguntarle su paradero durante toda la noche.

- Oh... Estuve con Derek. Me entretuve más de la cuenta. Sorry - hizo un gesto de disculpa - ¿Qué tal Coque?

- Bien, va mejorando - respondió Pris.

Miriam nos abrazó a ambas sin borrar la sonrisa de los labios.

- Por cierto, la doctora me avisó con antelación de que hoy vendría a informarnos sobre la operación - recordó Pris a ambas.

- Genial - mencionamos Minnie y yo a la vez.

Decidí meter baza y le pregunté a Miriam como le fue ayer con Dani. Ella abrió los ojos sorprendida ante la pregunta.

- Muy bien... Nos invitó a las tres a ir al cine, por cierto  - propuso asintiendo - Este sábado.

Pris y yo nos miramos inexpresivas. Luego, dirigimos de nuevo la mirada a Miriam.

- ¿Tú, Pris, Dani y yo? ¿No serán muchas chicas para un solo hombre? - alcé una ceja golpeándole el brazo con suavidad.

- Ajam... Álvaro y Carlos también se vienen. Dice que les convencerá de alguna forma para que se vengan - explicó al ver que no estábamos muy de acuerdo - Bueno, ¿Qué? ¿Os venís o os quedáis en casa a ver películas del videoclub?

- Está bien... Yo me apunto - afirmó Pris sonriendo.

Ambas me observando poniéndome ojitos. Volteé los ojos aún con los brazos cruzados.


- Iré... - mencioné mientras Miriam me daba un abrazo dándome las gracias. Pris nos miraba con ternura.

- Buenos días, chicas - nos sorprendió la doctora justo en frente de nosotras. Nos sonreía amablemente mientras llevaba unos documentos entre sus manos.

Miriam y yo nos separamos. ¡Qué vergüenza!

- ¿Os parece si entramos? - volvió a mencionar la doctora.

- Por supuesto - respondimos Pris y yo a la vez.

Todas entramos de nuevo en el interior. Coque seguía durmiendo profundamente. Podría derrumbarse el hospital que él seguiría sin abrir los ojos.

Reí ante mis ocurrencias y me senté justo al lado de él observando como descansaba.

Pris se sentó en una silla que se encontraba cerca de la ventana y Miriam se quedó de pie observando los pasos de la doctora.


Ella, se acercó a Coque. Cuando estuvo a su altura le zarandeó aclamando su nombre.
Él se quejó removiéndose en la cama.

- Siento despertarte Coque, pero necesito ver tu estado y además, vengo a hablarte de la operación. Supongo que tus amigas y tu hermana ya te contarían algo - le informó la doctora mientras le tomaba el pulso y miraba los latidos de su corazón con la ayuda de su estetoscopio.

Él abrió los ojos intentando enfocar la imagen y asintió aún adormecido.

- Si, ya me lo contaron. Aunque si te digo la verdad, prefería no saberlo.

La doctora sonrió y le tomó la temperatura mientras intentaba tranquilizarle.

- Bien, todo parece ir bien. ¿Cómo te encuentras?

- Aparte de tener mucho frío, las nauseas no volvieron a tocarme los c******. El dolor en el estómago es aguantable hasta cierto punto y los mareos ya han pasado a ser normales - explicó frotándose los ojos.

- ¿El malestar que sientes es justo sobre la zona superior del ombligo? - preguntó de nuevo la doctora interesándose por su estado.

- Si, creo que si - hizo una mueca.

- Estás muy pálido... ¿Notas cansancio, fatiga, dolor de cabeza, sensación de falta de aire, alteraciones en la visión...? - dijo concentrada como si estuviese apunto de dar con algo.

- A veces, y sin hacer casi esfuerzos - asintió - ¿Por qué? ¿Ocurre algo?

- No estoy segura... Tal vez, la anemia sea otro posible síntoma de lo que te ocurre - murmuró pensativa.

- Eso significa, que el cáncer avanza con rapidez - mencioné para mi misma sin darme cuenta.

- No pensemos en ello todavía. Aún no estamos seguros. Durante esta semana le haremos más pruebas para saber mejor en donde nos estamos metiendo. ¿ Qué tal vas al baño? ¿Notas algún trastorno digestivo? ¿Diarrea, extreñimiento...? - intentó calmar la situación.

- No, voy... bien - bajó la cabeza sonrojándose.

- Perdona, es parte del seguimiento habitual. No quiero que te sientas incómodo ni mucho menos - aclaró la voz mirando los documentos.

- No importa, solo es que... no estoy acostumbrado.

Le cogí de la mano y se la acaricié con ternura para que se relajase. Él me contempló y me sonrió como pudo jugueteando con ellas.








- Bien, proseguiré a explicaros la operación. Me podréis preguntar cualquier duda cuando terminé - miró a todos los presentes y finalmente, se dirigió a Coque. Su mano temblaba entre las mías.

- Yo quería preguntarle algo. Verá... ¿Serán varias operaciones o solo una? - se adelantó Miriam.

La doctora rió bajo y decidió contestarle.

- Esta intervención será la primera y también la más importante. Depende de lo que nos encontremos, si se extendió el tumor o si es menos grave de lo que esperábamos raccionaremos de una forma u otra.
De momento, no lo podremos confirmar hasta que lo examinemos. No quiero preocuparlos, ni mucho menos. Aunque me gustaría prepararos para lo peor - observó a Miriam en todo momento.

- Perdona, ¿lo peor? Dijo que no nos debíamos preocupar, que haría todo lo posible y que habíamos intervenido a tiempo. Coque saldrá de esta, como en todo el resto de las ocasiones en las que estaba en peligro y salió ileso de ellas - defendió la testaruda de Minnie.

- No, no dije eso. Dije que mi trabajo era salvar vidas y eso es lo que intentaré hacer con la de tu hermano aunque a veces, haciendo todo lo posible cabe la posibilidad de que no haya solución posible. Solo os advierto de lo que pueda pasar. Yo no soy Dios, solo actúo como él. Tengo la vida de las personas en mis propias manos pero no soy mago, ni mucho menos - ladeó la cabeza excusándose.

- Coque... - susurré - Tengo que irme, espero que puedas comprenderlo - me mordí el labio mirándole con ojos cristalinos.

- Claro - me sonrió - Ven más tarde, por favor - suplicó mirándome a los ojos.

- No te preocupes. Te pondrás bien - solté su mano asintiendo y salí del cuarto con rapidez. Coque me observó con tristeza imaginándose lo que rondaba por mi mente.

Eso me estaba matando. Coque muriéndose por momentos y Miriam peleándose con la doctora por hacer su trabajo. Coque no puede operarse, eso terminaría con lo poco de vida que le queda por disfrutar. Un 45% de posibilidades es como hablar de lo buena que es la comida basura, es decir, que es prácticamente nula. Si toma esa decisión, posiblemente no logré despertar nunca más.
Nada más entrar en el baño de chicas, mis ojos comenzaron a nublarse de lágrimas. ¿Por qué le tenía que ocurrir esto a él? ¿Por qué? Daría lo que fuese porque me pasase a mi y no a Coque. No se lo merecía, era tan buena persona, un puto ángel caído del cielo.

Me senté en el suelo y bajé la cabeza cogiendo mis rodillas y deshaciéndome en pedacitos.
La vida no es justa, a veces te trae la más cojonuda felicidad y otras veces, te la arrebata de la manos.

Sentí unos pasos detrás de mi. Alcé la mirada y limpié mis lágrimas con las manos.

- Oye, ¿estás bien? - escuché una voz acercándose cada vez más.

Ladeé la cabeza tragando saliva. Esa voz me sonaba de algo pero no conseguía recordarlo.

Sonreí forzosamente.

- Si, no te preo... - me volteé y me quedé en shock al ver a Carlos, Carlos Marco en el baño de chicas - ¡Dios mío! ¿Carlos? - pestañeé ladeando la cabeza para comprobar si era un sueño. No lo era, era él en carne y hueso y me observaba con preocupación.

- El mismo - caminó hacia mi y se sentó a mi lado - Es difícil que no te reconozcan en ningún sitio - hizo una mueca y me acarició las rodillas con ternura para tranquilizarme.

- ¿Qué haces aquí? - le miré aún con ojos llorosos.

- Bueno... Estaba buscando los baños y al no poner el dibujito de la tia con falda y el tio sin ella pues ya ves. Confundo el símbolo de la mujer con el del hombre. Que manía con complicarle la vida a uno - volteó los ojos indignado - Y claro, al ver a una dama llorar pues... - se encogió de hombros.

Sonreí ante su comentario.

- No, digo que que haces en el hospital - aclaré.

- Ah, vine a hacerme unos análisis. Ya sabes, para ver si estoy bien de salud y todo eso. Y me han mandado mear en un bote. Dicen que van a analizarlo. Ni que estuviera preñado... - susurró alzando las cejas.

Me reí y puse mi mano sobre la suya.


- Ahora enserio, ¿qué coño te pasa? - mencionó jugueteando con mis manos de la misma forma que lo hacía Coque.

- ¿Acaso te importa? Seguro que ni siquiera recuerdas mi nombre - mencioné mirando a otro lado y apartando mi mano de la suya.









- Jessica Voe, dieciocho años. Tiene una gran voz. Rubia, de ojos claros y una sonrisa que... es terriblemente enamoradiza - le miré de reojo mientras mis mejillas comenzaban a cobrar color cobrizo -  Valiente, fuerte, con sangre pura y un corazón que no le cabe en el pecho - sonrió para si mismo.

- Cállate - le pegué una bofetada muy suave, casi como una caricia. Él me sujetó la mano riendo.

- Se muchas cosas de ti. Estar una noche entera mirando cada una de tus fotos de Instagram para mi es un verdadero reto. Y lo cumplí - inclinó la cabeza divertido.

Le miré en completo silencio y bajé le cabeza. Sus ojos expresaban tanto, me recordaban a los de Coque. Tiernos, pasionales y muy sentimentales.

- Mi mejor amigo está ingresado en el hospital y resulta que le han encontrado un tumor. No puedo verle así, sufriendo, es como si sintiera su dolor a cada momento que pasa. No aguanto estar a su lado viéndole así, él me necesita pero no puedo - ladeé la cabeza mirando hacia abajo - Solo me entran unas ganas inmensas de llorar y no deseo que me vea así. Ya está pasando por mucho y solo faltaría que tuviese también que preocuparse por mi. Siempre soy yo la que salgo corriendo cuando no debería hacerlo. A mi no me está pasando lo que a él. Estoy actuando como una niña pequeña y eso lo odio. Me encantaría... Me encantaría estar ahora mismo a su lado. Sin importar mis putos sentimientos, lo que piensen o dejen de pensar de mi pero no puedo. Te juro que no puedo.

Las lágrimas volvieron a consumirme totalmente. Carlos me abrazó con ternura y seguí llorando en su regazo sin poder evitarlo. Me agarré fuertemente a su camiseta y apreté los ojos con fuerza mientras las lágrimas seguían saliendo de mi interior.

- Lo entiendo. Le quieres, quieres estar con él en todo momento pero las ganas indeseadas de derrumbarte se apoderan de ti. Piensas, que si lloras o le dices que estás así por él posiblemente le parezca una tontería pero no es así. Él sabe tan bien como yo que no es agradable ver a tu mejor amigo en estas condiciones, lo entenderá. Tranquila - me sonrió acariciando mi espalda e intentando consolarme.

- ¿Tú crees? - recapacité parándome a pensar y me separé de su regazo para mirarle.

- Claro que si. Se pondrá bien. Debes tranquilizarte y demostrarle que estas ahí, apoyándole ante lo que sea. No importa si no aguantas y te derrumbas delante de él. Pero Jessy, no te quedes en un baño llorando. Acompáñalo y demuéstrale que no está sólo y que estás ahí para lo que sea - me guiñó un ojo sonriente.

- Carlos, ¿Tú sentiste algo así por una amiga? Es decir, algo más que una simple amistad... - le miré desde abajo con una entre sonrisa.

- Si yo te contara - murmuró haciendo memoria - Todos tuvimos un "amigo"... - dijo marcando las comillas con los dedos - ... Por el que sentimos algo más que una simple amistad. Yo lo sentí una vez pero el tiempo y la distancia acabaron con toda la magia.

- Cuanto lo siento - bajé la mirada haciendo una mueca con los labios.

- Lo he superado y tengo esperanzas en que algún día nos volvamos a ver las caras - sonrió depositando esperanzas en ello.

- ¿Cómo se llamaba? - pregunté con curiosidad y mirándole a los ojos.

- Roxi. Era única, mi gran amor en el instituto. Le llevaba cuatro años. Estuvimos saliendo durante tres años y medio pero sus padres tuvieron que mudarse y no volví a verla nunca más. Charlábamos a diario, a través de la redes sociales. Nos seguimos comunicando pero ya sabes que las relaciones a distancia no funcionan. Roxi cambió su número de teléfono y no pude seguir comunicándome con ella. Me dolió mucho pensar que no volvería a recibir noticias de ella - explicó como si fuera un recuerdo muy lejano.

- Carlos, seguro que te volverás a encontrar con ella. Algún día - le toqué el hombro dándole confianza.

- No estoy seguro pero gracias de todas formas - me sonrió dándome un tierno abrazo - Y ahora, venga. Alguien te espera - me susurró levantándose del suelo y limpiándose el pantalón.

Le sonreí y me levanté a su vez. Tenía razón, todavía quedaba algo por hacer. Le sonreí con ternura y caminé hacia la puerta. Le contemplé por última vez.

- Gracias - le susurré en un murmullo y regalándole una tierna sonrisa.

Avancé por los pasillos dispuesta a comerme el mundo. Los buenos consejos de Carlos me dieron fuerzas para seguir adelante.










Narra Lola:



A eso de las once de la mañana, el timbre de la puerta me despertó. Suspirando y maldiciendo a la persona que había desvelado mi sueño, fui a abrir. Si, en bragas y con una camiseta de tiras .

Soñorienta aún, bostecé entre refunfuños y la persona que se encontraba frente a mi me miró como si no hubiera visto nada más bello en todo el mundo. Al ver a Henry, con mi cazadora en la mano, me asusté y escondí mi cuerpo que tan sorprendido le había dejado tras la puerta.

- Hola - dijo sarcástico - Verás, ayer te dejaste esto en el asiento de mi coche - me lo mostró arqueando una ceja.

Sonreí como pude y extendí el brazo para cogerla. Él dio un paso hacia atrás juguetón y la zarandeó en el aire.
Cerré los ojos y suspiré. Al abrirlos, salí de detrás de la puerta y cogí la chaqueta arrebatándosela de las manos. Cuando quise escabullirme, me di cuenta de que me tenía cogida por la cintura. Bajó sus manos a mi trasero y me miró a los ojos con malicia.


- Suéltame - susurré poniendo mis manos sobre las de él e intentando apartarlas de mi cuerpo.

- No quiero - puso morritos quejándose y acarició mis posaderas con suavidad. Sentí un escalofrío recorriendo mi cuerpo y me estremecí.

- Enserio...para. Eres un pervertido - dije nerviosa mientras mi corazón latía con rapidez.

Subió sus manos por mi espalda y las metió por dentro de mi camiseta haciéndome soltar un gemido bastante sonoro.

Sonrió y me besó con fuerza mientras sus manos seguían su recorrido por mi ombligo, mi abdomen y cuando quiso avanzar más, le pisé el pie izquierdo con fuerza. Eso hizo que se apartase de mi y se cogiera el pie haciendo una mueca de dolor.



Le contemplé con ojos furiosos.

- Gracias por traérmela - mencioné por última vez besando su mejilla derecha - Ah, y lo siento - me mordí el labio entornando los ojos y le cerré la puerta en las narices.

Comencé a reírme fuertemente mientras acudía de nuevo a mi cuarto y dejaba la chaqueta sobre la cama.

¡Nadie se mete con Lola Steff! Me dejé caer sobre la cama pensando en sus labios. Creo que nunca me cansaría de ellos. Y pensando en Henry, me quedé dormida en un abrir y cerrar de ojos retomando así mi sueño reparador.









Narra Coque:






Jessy se había ido hace rato y todavía no había vuelto. Eso me ponía de los nervios. No entendía porque se había marchado tan repentinamente, no me lo dijo.

Al mirarle el rostro pude comprobar como sus ojos comenzaron a humedecerse. ¿Qué le sucedía? ¿Por qué se puso de esa forma?

Pensar que estaba sufriendo posiblemente por mi no era muy agradable. No quería que estuviese mal por mi, solo quería que estuviese bien y que siguiese conservando las esperanzas y el buen rollo.



- Doctora... ¿Cómo será la operación? - pregunté saliendo de mis remotos pensamientos.

- Os lo explicaré en cristiano para que podáis comprenderlo - asintió mirando a los alrededores.

- Mejor. El lenguaje médico no nos va mucho que digamos. Por lo menos, a mi - murmuró Pris liberando la tensión acumulada.

- Os entiendo. Yo decía lo mismo antes de dedicarme a esto - miró los documentos interesada.

- No nos va mucho la medicina. Creo que a ninguno de nosotros - intervino Miriam cruzándose de brazos y apoyándose en los pies de la cama.

- Ya. Bien, te lo explicaré - anunció mirando por enésima vez los papeles que tenía entre las manos - La cirugía es el tratamiento más común que se suele utilizar en estos casos. Te haremos una gastrectomía, es decir, quitaremos la parte infectada por el tumor y el tejido fino que lo rodea. Luego, anastomosaremos la parte restante del estómago, la que no ha sido extirpada y finalmente, conectaremos el esófago con el intestino delgado. Cuando terminemos, tendremos que comprobar si las células del cáncer se han extendido por los linfáticos. Si eso ocurre es posible que se haya extendido por más órganos y partes del cuerpo.

Al terminar, los primeros días tras la cirugía te alimentaremos intravenosamente. Después de varios días, pasaremos a darte líquidos, seguido de alimentos suaves y finalmente, alimentos sólidos. Si no existe ningún problema después de la operación podrás continuar con tu vida normal y no tener que seguir una dieta rigurosa. Te asignaremos un nutricionista que vigilará los alimentos que tomes.

Algunos pacientes después de la gastrectomía presentan calambres, náuseas, diarreas, y vértigos poco después de comer porque el alimento y el líquido entran en el intestino delgado muy rápido y sin haber sido digeridos.

Sería el llamado síndrome de la descarga. Tendrías que mantenerte alejado de las proteínas y los azúcares aunque no creo que a ti te ocurriese ya que lo hemos localizado a tiempo. Este síndrome puede llegar a durar entre tres y doce meses o puede llegar a ser permanente.

Después de la operación, puedes llegar a tener algún malestar estomacal aunque no debes dejar de comer por ello.

- ¿Me anestesiarían? - pregunté algo confuso después de su extensa explicación.

- Claro, no te enterarás de nada. No es muy agradable estar despierto durante una operación.

- No sé como aguantan los pacientes de neurocirugía a la hora de operarse - mencioné pensativo.

- Saben que necesitan operarse si quieren sobrevivir - asintió explicándose.

- Y... ¿No pueden hacerlo por quimioterapia? - fruncí el ceño dando más opciones.

- Lo estudiamos pero dada la situación del tumor es imposible acceder a el por quimio. Ya sabes, los tumores son como enormes bestias que quieren apoderarse de tu cuerpo sea como sea y luchan para conseguirlo. Son fuertes aunque tú puedes serlo más que ellos.

- ¿Radioterapia, terapia biólogica? - propuse con esperanza.

Ella ladeó la cabeza.

- Solo puede operarse. Al abrir, decidiremos según se haya extendido el tumor si es mejor extirparlo o no. Si no se puede operar... - bajó la cabeza sin continuar la frase.

- Yo conozco a un amigo de mis padres que tenía un melatoma enorme en el hígado y decidieron tratarlo con quimio. Fueron diez largos años. Venía cada semana al hospital a por su dosis de quimio. Al final, no consiguieron nada. Le extirparon todo el hígado y si se lo hubieran operado antes no se habría extendido tanto - me encogí de hombros mirándola.

- Existen muchos casos de tumores estomacales, Coque. Un millón de personas al año mueren por ello. Fallecen porque llegan tarde. Estes tumores son muy difíciles de diagnosticar y viniste en el mejor momento, Coque - se explicó cogiéndome de las manos para compadecerme.

- Haber si lo entiendo, si no fuera porque vino aquí por la pelea ahora mismo Coque no sabría lo del tumor y posiblemente no llegaría a tiempo para terminar con él - intervino Pris. No sé si lo afirmaba o lo preguntaba.

- Solo digo que si no viniese al hospital y le hiciésemos las pruebas, ahora mismo el tumor seguiría extendiéndose sin posibilidad de poder extirparlo más adelante - se volteó mirándola.

- ¿Entonces le hemos salvado la vida al traerlo? - anunció Miriam con tono preguntón.

- Pues seguramente si... - dijo la doctora no muy convencida de ello.

- ¡Gracias a dios! - exclamó Miriam sonriendo y caminando hacia Pris para darle un tierno abrazo de oso.

- ¿Has oído eso? Jessy le ha salvado la vida al traerlo. La pelea fue lo mejor que le podía haber
  pasado a Coque - dedució Pris juntando las piezas del puzzle.

- No, aún no estéis tan seguras de ello. Aún tengo que superar la operación y me da a mi que no va a ser trabajo fácil - mencioné acomodando la almohada que tenía detrás de mi.

- No digas eso. Ya has escuchado a la doctora. Pocos logran detectarlo a tiempo pero tú lo has hecho - sonrió Miriam mirándome fijamente.

- No estés tan segura. Yo me prepararía para lo peor - me crucé de brazos asintiendo con obviedad.

- Pero Coque, hay muchas posibilidades de que sobrevivas. Tienes que luchar por ello. Si no lo aceptas y te deprimes es mucho peor - susurró Pris intentando que entrase en razón.

- No. Vosotras no sabéis lo que es... Pensáis que todo es un camino de rosas cuando no lo es.
El dolor por el que estoy pasando cada vez se hace más inaguantable. Casi ni puedo dormir por las noches temiendo lo que sucederá mañana, pensando que tal veces no vuelva a despertar, que pase toda mi vida en una cama de hospital rezando para poder irme ya y dejar todo el sufrimiento atrás. Vosotras no estáis pasando por esto, pero yo si. Es muy fácil hablar sin saber lo que uno está sintiendo y me parece que seguís sin verlo - me expliqué a la defensiva con los ojos humedecidos.

- Emmm... ¿Alguna pregunta? - preguntó la doctora eliminando la tensión y ese silencio tan aterrador.

- ¿Cuántas posibilidades me dijiste que tenía de superar la operación? - le miré como pude.

- Un 45%. ¿Alguna pregunta más?

- No, gracias - finalicé la conversación.

- Si tienes alguna otra cuestión, no dudes en acudir a la enfermera.

- Por supuesto - afirmé mirando a Miriam que se mantenía alejada del mundo. Sumida en sus propios pensamientos - ¿Me operará usted?

- Si, junto a la jefa de cirugía general, dos residentes, tres internos, cuatro enfermeras y el mejor anestesista del hospital. No tengas duda - sonrió cerrando su cuaderno y llevándolo bajo el brazo.

- Genial - asentí en un suspiro.

- Buenas tardes, Coque - se despidió haciendo un gesto con la cabeza y salió de la habitación.

Me puse a leer un libro ya que Pris y Miriam seguían en silencio recapacitando ante mis sabias palabras. Más tarde, Jessy volvió. Se acomodó a mi lado y me achuchó bien fuerte mientras se sumaba a la lectura conmigo.












Narra Miriam:






Por mi cabeza no dejaba de pasar lo que me dijo ayer, Derek. Eran demasiadas noticias juntas en un solo día y aún no había podido asumirlo completamente. Además, lo que dijo Coque me dejó bastante tocada. Tal vez, tuviese razón. No deberíamos de tomárnoslo tan bien. Deberíamos comenzar a pensar en otras diversas posibilidades.






9 de agosto a las 23:45

(FlashBack)




Ambos, nos sentamos cómodamente en la cafetería del hospital y comenzamos a charlar.

Derek se mantenía serio en las nubes de su propio reino. Me miraba expectante sin ganas de empezar la conversación. Decidí romper el silencio que nos consumía a ambos.

- Hoy he ido a recoger mi auto pero tú no estabas. ¿Por qué no fuiste a trabajar? - pregunté inclinando la cabeza y mirándole fijamente mientras me tomaba un café muy cargado.

- Me he tomado el día libre. Necesitaba poner varias cosas en orden - bajó la mirada entreteniéndose con las burbujas de su café.

- Ah... - murmuré sonriendo forzosamente.

- Te traigo lo papeles que debes de firmar. Son el contracto para comenzar a trabajar en mi empresa. Está todo muy bien explicado. Si necesitas algo no dudes en llamarme y leételo despacio. No hay prisa. Ya me los entregarás cuando veas... - me entregó un sobre lleno de papeles y más papeles.

Los dejé a un lado y le miré con curiosidad.

- ¿Solo querías hablar de eso? - alcé una ceja mordiéndome el labio.

- No, la verdad es que... Tengo que decirte algo y temo que no te va a gustar... - susurró entre dientes.

- Me estás asustando - le miré inexpresiva y bebí un sorbo de mi café.

- Verás... Tengo que hacer un viaje de negocios. Un cliente en Madrid quiere hacerme una oferta y no puedo negarme - me contó mirándome desde abajo.

- Oh... bien. ¿Qué tiene eso de malo? - mencioné frunciendo el cejo.

- Qué estaré un mes fuera y que me voy dentro de una semana - hizo una mueca reprobatoria y jugueteó con los terrones de azúcar de su café.

- ¡Joder! ¿Ya? ¿En una semana? - levanté la voz anonadada. En esos momentos, lo necesitaba más que nunca y la verdad, era que no quería que se fuese de mi lado. Aunque... tal vez, debiese comprenderlo. Un viaje de negocios era realmente importante y sobre todo para Derek.









Intenté relajarme y respiré hondo. Le miré a los ojos, estos parecían atemorizados esperando mis próximas palabras.

- Lo siento mucho, te aseguró que te recompensaré - me guiñó un ojo como pudo.

Ladeé la cabeza cambiando mi expresión facial.

- Está bien. Me parece bien. Arregla los asuntos que tengas que arreglar. Eso si, te llamaré a diario para darte las buenas noches y tendré una foto tuya sobre mi mesilla para que no me sienta sóla nunca - hice pucheros mirando hacia abajo. Él se irguió y besó mi mejilla con ternura hundiéndonos en un tierno abrazo.





- Gracias por entenderlo. Enserio - me achuchó con fuerza durante varios segundos. Al separarnos, le miré a los ojos sonriendo gratamente.

- Te quiero, Derek Karev - le observé con ojos cristalinos frotando mi nariz calentita con la suya completamente congelada.

- Y yo a ti, pequeña - dijo acariciando mi mejilla mientras toda esa tensión que tenía acumulada se esfumaba minuto tras minuto.


Acaricié su cabello, tan sedoso como el primer día y olfateé el aroma tan delicioso que transmitía su perfume de caramelo. Él me hacía la más feliz de la faz de la tierra. El mundo se detenía con sus besos y se enamoraba con sus sonrisa.

Aún no me podía creer que le quisiese tanto.


- Quédate conmigo para siempre - susurró cerca de mi oído. Acaricié su espalda con delicadeza y sonreí al escuchar sus palabras.









- Me quedaré contigo eternamente - comenzaron a subirme los colores. Reí jugueteando con su lengua y ambos continuamos charlando de cosas sin sentido que a los dos, nos hacía estallar en lindas carcajadas.




 (Fin del FlashBack)








- ¡Miriam! ¡Miriam! - Pris me sacó de mis pensamientos zarandeándome de un lado a otro con fuerza.

- ¿Qué?  ¿Qué? - centré mi atención en ella.

- ¡Tienes que ver esto! - exclamó lo bastante alto como para llamar la atención de Coque y Jessy.

Pris nos mostró el número de hoy de la revista semanal de juventud. ¡No me lo podía creer!
Yo aparecía en la portada. Cogí la revista entre las manos sin poder creerlo y con la boca abierta de par en par.

Miré a Pris atónita y bastante pálida.

- No puede ser... - susurré aturdida ladeando la cabeza mientras volvía a bajar la mirada y contemplaba de nuevo lo que tenía entre mis manos.