domingo, 5 de abril de 2015

CAPÍTULO 22: OLVÍDAME



DÍA: 8 DE AGOSTO






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Sabes que no debiste hacerlo aunque te forzara a que lo hicieras. Fuiste tan idiota que seguiste a tu instinto interior y fue ahí cuando la jodiste bien jodida... no hay más palabras que puedan definir este sentimiento de culpabilidad...

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Narra Henry:





No podía dejar de pensar en todo lo ocurrido, me sentía culpable pero para nada arrepentido. Necesitaba desconectar y pensar en otro tema.
Me dediqué a ver la tele un rato para relajarme, no quería que me molestasen. 
Una novedad. Me estaba empezando a quedar dormido en el sofá de cuatro plazas que constituía el salón cuando escuché el claro sonido de la campanilla de la entrada.
Me apresuré a abrir la puerta. Era...¿Pris?
Me miró muy seria y se apoyó en el marco de la puerta. Apartó su flequillo de los ojos:

- Pris, ¿qué haces aquí? - exclamé muy extrañado.

Era la tercera componente del grupo de las "friends heartbreaker" (llamadas así por su mal genio según tengo entendido) me sorprendía muchísimo que no estuviera con las otras en el hospital.

- Buenos días, quiero decir tardes. Lo primero es saludar - sonrió con tono contagiador.

- Ya, jajaj. Es que me ha extrañado, solo eso.

- Vengo a hablar y de paso a hacerte compañía - dijo rozándose lentamente el brazo con timidez.

- ¿No estás enfadada?

- ¿Por qué iba a estarlo?

- Por lo de Coque y eso... - apreté los labios y pestañeé rápidamente - Todo el mundo lo está.

- La gente es muy gilipollas a veces - puso los ojos en blanco - ¿puedo entonces entrar y hablamos? Es que empieza a hacer frío y no quiero coger un resfriado.

- Claro, entra - le sonreí levemente - estás como en tu casa.

Accedió al interior y recorrió la habitación con la mirada. Era como si fuera a visitar un museo, prestó atención a cada detalle característico.
Se escuchaba desde la entrada a mis padres discutiendo en el salón. 

- ¿Vamos a hablar a mi cuarto?

- Si... - respondió con poca confianza.

- Vamos, no muerdo - sonreí y le ofrecí mi mano para ayudarla a subir.
Ella la cogió y los dos subimos a mi habitación. La puerta estaba entreabierta, no recuerdo haberla dejado así al salir.

- Siéntate donde quieras y perdona por el desorden.

- No, si la mía está igual - respondió sonriendo.

- Jaja.

- Oye, ¿es normal que tus padres discutan?

- Lo hacen a menudo. Ya sabes, por tonterías.

- Lo siento, no pretendía... - bajó la cabeza repentinamente.

- No, no es nada. Discuten porque mi padre llega siempre bebido a casa y mucho después de medianoche, mi madre no lo aguanta. Es... siempre lo mismo, ya estoy acostumbrado, no te preocupes.

- Lo debes estar pasando mal. Una amiga mía tiene...

- ¿Podemos hablar de otro tema si no te importa? - levantó la cabeza y me visualizó con mirada arrepentida, noté miedo en sus ojos.

- Si, claro.

 - No me gusta que las personas se compadezcan de mí. No quería ofenderte, Pris.

- No, no estoy ofendida. Me parece normal que no quieras hablar de ello.

- Oh, perdona. ¿Quieres tomar algo? Es que no suelo recibir visitas los domingos.

- No, no me apetece en estos momentos.

- Oye Pris, ¿por qué te presentaste en mi casa en vez de estar en el hospital con Coque?

Sonrió con picardía. No la conocía demasiado pero parecía una chica muy alegre. Me caía bien.

- He discutido con Miriam. 

- ¿Por mí? - preguntó extrañado, se notab cierta tensión en mi tono de voz, me la aclaré.

Ella asintió y miró sus manos, distraída.

- ¿Por qué?

- Estuvimos hablando de la pelea. Te defendí delante de ella y se cabreó así que me largué de allí.

- ¿¿Me defendiste?? - hice una pequeña pausa y proseguí - Gracias pero no hacia falta. ¿Te compadeces de mí porque el resto no me hable o...?

- No, no te defendí por eso.

- ¿Entonces?

Pris me había defendido, la idea se me hacía rarísima ya que todos protegían a Coque, con razón.

- ¿Sabes? Cuando conoces a una persona y te enamoras de ella, haces lo que sea, lo que sea por ese ser y eso es lo que tú hiciste. Me pareció muy valiente por tu parte, varonil... Demostraste que eres fuerte y que no te rindes. Defendiste tu amor.
Le pegaste a Coque y... ¿qué? Estabas cabreado y nada más llegar a su casa perdiste los nervios, le puede pasar a cualquiera. Ellos te lo ocultaron. Yo creo que lo único que hiciste fue intentar conseguir que Érica se enamorara de ti y por eso no se tienen que enfadar contigo.
No entiendo porque se ponen así.

- Gracias...pero en realidad soy un idiota y la he cagado pero bien.

- Ei - se acercó a mi y me cogió del hombro - Coque se pondrá bien, ya verás. 
No te preocupes, tarde o temprano se irán olvidando de todo lo ocurrido.

- No hablo de la pelea.

Bajé la cabeza con rostro de culpabilidad ante mi mismo.

- Mierda Henry, ¿qué has hecho? - me soltó y recuperó su mirada miedosa y perdida.

- Te lo voy a contar porque veo que estás conmigo en esto y me apoyas. Confío en ti, no se lo cuentes a nadie. ¿Me oyes?...a nadie.

- Henry, me estás asustando. ¡Suéltalo ya! - exclamó dándome un pequeño codazo en el brazo.

- Esta mañana, decidí hablar con Érica y me presenté en su casa.
Poco a poco, me di cuenta de que no sabía absolutamente nada de la disputa.
Estuvimos a esto de hacerlo allí mismo, en su cuarto. Por suerte, su madre nos interrumpió obligándome a esconderme debajo de su cama...
Luego, le conté lo de que Coque se encontraba en el hospital, era lo único que podía hacer para no sentirme como un auténtico capullo, ignorante.
Y eso es todo.

Ella se quedó boquiabierta al escuchar mis palabras.

- ¿¿¿Qué??? ¡¡¡Madre mía!!! ¿Su madre no os pillaría in fraganti, no?

- No, no llegamos a tanto - bajé la cabeza, hablar de ella me entristecía.

Pris me cogió de la mano. Elevé mi mirada y la clavé en ella.

- Ya sé que la quieres pero ella a ti no - dijo tiernamente con tono de tristeza.

- Gracias por preocuparte por mí. Eres la única persona que me entiende - le guiñé un ojo sonriéndole.

- Ven, necesitas un abrazo.

Nos dimos un abrazo muy sentimental.

- Aún no has ido a ver a Coque, ¿verdad? ¿Quieres ir a visitarlo?

- Me encantaría pero él seguramente, no me quiera ni ver.

- Yo te cuelo - me quedé pensativo un rato - venga, no tienes nada que perder.

- ¿Nos vamos?

- Jajaja, ¡Vámonos! - dijo poniéndose las gafas de sol que guardaba en el bolsillo.






Cerré la puerta de mi habitación y bajamos las escaleras hasta encontrarnos en la entrada principal.
Mis padres seguían discutiendo. Pasé de ellos.

- ¿No les dices que te vas?

- No hace falta. Nunca lo hago.

Pris me cogió de la mano.

- Corre, jajjaja. ¿Vamos en mi 4x4?
Veía que estaba emocionada y asentí.

- Conduzco yo - exclamó agitando las llaves en su mano.

Me subí en su Audi 4x4, la verdad era que su color granate era muy característico y el auto se encontraba en muy buen estado. Había que reconocerlo, era precioso.
Mi coche no le tenía nada que envidiar al suyo.

- ¿Tú que coche tienes?

- Dogde Charge azul.

- Mmmm... muy buen coche.

- Jajaj.

- No vallas a veinte por hora todo el rato por la autopista, ¡Eh! - dije burlándome de ella.

- Jaja, ¿crees que los chicos sois los únicos que sabéis correr? - preguntó ofendida mirándome por encima de sus gafas de sol plateadas.

- Pues...si - sonreí y la miré con picardía.

Pris, giró la llave y comenzamos el viaje. Fue nada más meterse en la autopista cuando Pris fue aumentando poco a poco la velocidad hasta llegar a ciento veinte por hora.

- ¿Qué decías? - se chuleó.

- Jaja, no corras tanto que te van a poner una multa.

- Ya me pusieron una por la mañana - sonrió con cara traviesa y yo solo pude devolverle la sonrisa.

- Miriam no quiere ni verme, ¿verdad? - conseguí decir cuando se me pasó el ataque de risa.

Me miró y pisó el acelerador hasta llegar a los ciento cincuenta y siete por hora.

- Está enfadada pero ya se le pasará, tu tranquilo - respondió al fin.

Teniendo en cuenta que también Miriam se había cabreado con Pris...se lo tomaba de muy bien ver y parecía no importarle demasiado, tenía fe en que cesase el enfado de Miriam.

En poco tiempo, llegamos al hospital y por suerte sin rastro de policías.


Entramos y sin distraernos por el camino llegamos a la UCI.
Cogí de la mano a Pris:

- ¿Está ingresado en la UCI?

- Si - responde confundida - ¿pasa algo?

- La UCI es para personas críticas.

Por fin, llegamos a la habitación de Coque. Esperamos un rato delante de la puerta.

- Vale. Primero, entro yo y tú quédate mientras tanto fuera y cuando te llame entras, ¿entendido?

- Vale - me soltó la mano y llamó a la puerta.
Yo, me senté en la sala de espera y observé los alrededores, esto parecía muy tranquilo para ser domingo.






Narra Coque:




Escuché que llamaban a la puerta:

- Pase.

Érica y yo estuvimos hablando un buen rato y riéndonos en algunas ocasiones.
Gracias a ella, se me había pasado la tristeza que llevaba encima.
Entró Pris en la habitación, se le notaba muy tímida.

- ¡Hola!, perdón por interrumpir, sólo quería saber como te encuentras.

- Mejor, gracias.

- Bueno, yo me voy. Así os dejo hablando solos. Estaré en la cafetería y luego vuelvo, ¿vale? - me susurró Érica en voz baja.

- Vengo más tarde. Te quiero.

- Adiós.

Érica me dió un beso en la mejilla por la presencia de Pris y se despidió.

- Encantada Priscila, ya nos veremos - mencionó.

- Por supuesto e igualmente. 

Se dieron la mano, un gesto muy cortés por parte de Érica.

- Adiós.

- Chao - soltó Pris.

- Adiós - susurré al ver que todo el mundo se despedía.

Pris cerró la puerta y se quedó apoyada en ella.

- No te quedes ahí, acércate - sonreí - Oye, no te conozco pero pareces buena persona y no tienes porque avergonzarte o sentirte incómoda.

- Yo no...

- ¿Qué? - sonreí al ver que se acercaba a mí - ¿Tú también te has apuntado a la nueva moda del pelo corto?

- No - dijo sonrojándose.

- ¿Entonces, te lo has cortado...así porque te gustaba?

- No exactamente, la peluquera tuvo un pequeño desliz.

- Valla. Pues valla desliz.

- Suerte que vuelve a crecer - sonrió.

Nos quedamos en silencio un rato, Pris se limitaba a contemplar el cuarto.

- Y... ¿dónde vives?

- Acabo de mudarme a Barcelona.

- Ohh, ¿dónde vivías antes? - pregunté interesado.

- En Zaragoza pero me mudé a España hace como unos tres años. Yo convivía en Italia.

- ¿Eres italiana?

Asintió.

- ¿Y cuántos años tienes?

- Diecinueve.

- Pues no los aparentas.

- Ni tú veintidós.

El silencio vuelve a invadir la habitación.

- Alguien a venido a visitarte.

- ¿Quién? - pregunté extrañado.

Ya han venido a visitarme muchas personas.

- ¿Le digo que pase?

- Si, gracias.

Abrió la puerta y susurró:

- Entra.

En poco segundos, visualicé a Henry. Pestañeé un segundo y al volver a abrir los ojos me di cuenta de que era él, estaba enfrente de mí.

- Os dejo a solas para que podáis hablar.

- Priscila, ¿ha venido contigo, no?

- Si, quería hablar contigo de lo ocurrido.

- Suerte - le susurró al oído a Henry mientras le rozaba el brazo derecho sonriendo.

- Gracias.

Se escuchó el ruído de la puerta al cerrarse. Henry, se acercó a mi cama.

- ¿Vas a pegarme? Ya estoy bien así que puedo defenderme.

- No volveré a pegarte.

- ¿Qué coño haces aquí? ¿Vienes a ligarte a mi novia?

- Quiero pedirte perdón y...Érica es tuya, quédatela.

- ¿Cómo?

- Ella no me quiere a mi sino a ti. Me lo dijo y me lo sigue diciendo mil veces y me cansé de seguir luchando por algo que es imposible.

- Es mía... interesante. ¿Gracias?

- Perdóname, te traicioné por una tia. Los amigos están por encima de todo.

- Tengo muchos amigos...muchos, creeme pero ninguno es tan gilipollas como para que no pueda desprenderme de él.
Aunque quiera, no puedo ni mirarte a la cara. Intentaste robarme a mi novia, me pegaste y ahora por tu culpa estoy aquí, entre estas cuatro putas paredes. No puedo estar tranquilo, pienso continuamente en ti y en Érica. Me imagino cosas que no son...joder.

- Y tú me engañaste, perdón, nos ocultaste a todos que estabais saliendo y lo hubieras dicho antes esto no habría pasado.

- ¿¿¿Perdona??? Érica te lo contó y veniste contra mi. ¿Qué te lo contara antes evitaría que te cabrearas y vinieras en contra mía?

- No...no lo sé.

- ¿Sabes porque se lo oculté a todo el mundo?
Porque sabría que criticaríais nuestra relación desde el minuto cero y aún así sin contároslo mirad como os ponéis.

- No os criticaríamos, el amor no se puede criticar, Coque. Yo...me puse así contigo...no sé es que...estaba tan cabreado porque ninguno de los dos me lo contara hasta unos días. Te juro que quería hablar tranquilamente contigo y explicártelo todo pero los nervios me superaron.

- Anda, vete a la mierda. Lo hiciste porque no soportas que Érica y yo salgamos y punto pero te vas a joder porque no voy a romper con ella - sonreí - y ahora por favor, déjame a solas, anda.

- Ya te he explicado mis motivos, si no quieres perdonarme allá tú.

Se marchó dejándome sólo. Sonreí para mis adentros. Le había hecho frente a Henry, no me lo podía creer.
Me dormí, olvidando todo lo ocurrido. No podía perdonar a Henry, me había hecho mucho daño...







Narra Érica:


Me encontrabando en frente de la habitación de Coque. Él me había perdonado por decirle a Henry que estábamos saliendo. Miraba mi móvil con curiosidad cuando salió Henry del cuarto, me quedé atónita, en shock. ¿Qué coño hacia él aquí? 

Henry, al igual que yo, se quedó perplejo al verme.


Le agarré del brazo y fui a hablar con él a una esquina:


- ¿Qué coño haces aquí?- le susurré en un intento fallido.

- ¿Acaso de molesta que venga a visitar a Coque? - me dijo en tono insinuante.

Una enfermera, ante los chillidos descomunales que producíamos, se acercó a nosotros.

- ¿Podéis discutir en otro lugar? Estamos rodeados de pacientes y no creo que a ellos le haga mucha gracia escuchar vuestros gritos.

Se marchó, parecía una enfermera muy presumida a parte de llevar unos taconazos de por lo menos trece centímetros de alto y dos de ancho.

Henry me cogió del brazo con brusquedad.

- Venga, entra aquí y hablamos - dijo señalando el aseo de los chicos.

- De eso nada. Yo no entro ahí ni de coña - crucé los brazos enfurruñada.

- ¿Qué pasa? ¿Tienes miedo? - intentó que entrase en el cuarto de baño comparándome con una gallina.

- ¿Si me da miedo? - entré en el aseo muy segura de mi misma.

Henry entró después de dejarme pasar a mi. Cerró la puerta con pestillo incluído y se acercó lentamente con las manos en los bolsillos delanteros de sus vaqueros.

- ¿Enserio has venido solamente a ver a Coque?

- ¿A quién voy a venir a ver sino?

- A mi... - susurré en un tono casi irreconocible - no puedes venir a ver a Coque.

- ¿Por?

- ¿Crees que quiere hablar contigo después de que le partieras la cara?

- Jajaja, ¿sabes de qué hablamos?

- ¿De qué? - sonreía mientas se apoyaba en el lavabo de los aseos. La forma en la que se reía era muy pícara como si hiciera algo malvado y extremadamente perjudicial.

- De nuestra mañana de pasión - se burló.

- Te mato - sabía que Henry era muy cortado para contárselo a Coque.

- Que cara has puesto - se rió a carcajadas intentando mantenerse en pie - no se lo he dicho pero créeme - se acercó a mi rostro y me rozó dulcemente la mejilla - ganas no me faltaron.

- Idiota - puse los ojos en blanco apartando su mano de mi rostro.

- Le pedí perdón con razón y le prometí que no me acercaría a ti. No voy a seguir intentando que... - me miró fijamente - renuncio a ti.

- No, estás mintiendo. No podrás olvidarte de mi porque sigues loco por mis huesos y por mucho que quieras, eso no va a cambiar.

- De verdad, ¿crees eso? - levantó el entrecejo y retrocedió hasta apoyarse otra vez en el lavabo. Cruzó los brazos y evitó el cruce de nuestras miradas.

- Se nota en como me miras y en tu deseo de besarme cada vez que te acercas a mi - ladeó la cabeza de un lado a otro y siguió evitando mis miradas interrogantes.

- Estás muy equivocada. Se te nota a ti cuando al acercarme cada vez más a ti, intentas provocarme.

- ¿Yo? ¿Provocarte? - me hice la loca, extrañada... aunque en el fondo sé que era cierto - solo un poco - insinué frunciendo el ceño - mírame - le ordené.

Levantó la cabeza y me miró fijamente.

- No me hagas follarte aquí mismo - siguió serio, mirándome fijamente sin pestañear .
Sonreí muy sensualmente.

- Hazlo - fruncí los labios mirándole fijamente a los ojos.

- ¿Qué? - rió sin creer lo que acababa de escuchar.

- Fóllame Henry - me acerqué a él, me acomodé el pelo y sonreí entre cortadamente mientras me miraba boquiabierto ante lo que acaba de escuchar.

- No sabes lo que dices - se mordió el labio.

- Vamos, ¿tienes miedo? Gallina - le susurré mientras le acariciaba la mejilla y fui bajando hasta llegar a su cuello.

- Mierda, Eri. Mi autocontrol se va a la borda - rápidamente, me agarró la cara con sus dos manos y se acercó a mis labios mirándome a los ojos. Sonrió un segundo al ver que mi pulso se aceleraba con el deseo de rozar sus labios.





- Bésame Henry - susurré casi sin respiración.

- ¿No decías que querías a Coque? - se separó de mi.

- Que le den, ahora no estamos hablando de él - le sonreí - bésame coño.

Le rocé la mejilla y le besé. Él respondió a mi pasional beso con lengua, la temperatura aumentó y mis labios ardieron trás el beso inesperado que le ofrecí.

- Me gusta tu teoría - sonrió - olvidémonos de Coque - me rodeó el cuello con sus manos.

- ¿Enserio? - trás mi respuesta, deslizó su mano suave e intensa por mi torso hasta mi cintura.

- Si - dijo mientras me subía encima del lavabo con suavidad.

- ¿Seguro? - le besé el cuello.

- Te...he...dicho...mil...veces...que...si... - respondió haciendo una pequeña pausa entre cada palabra - ¿y qué pasa si hago esto? - se movió suavemente hacia delante.

Madre mía, que fiera. Este chico tenía experiencia.
Me mordió el cuello con brusquedad.
Henry se quitó la camiseta y la dejó a un lado.


- ¡Henry! ¿Quieres hacerlo de una vez?
Se rió y me besó los hombros con suavidad.
Deslicé mis manos por la cremallera de sus pantalones, rápidamente me cogió de las manos.

- Yo también sé jugar preciosa - bajé la mirada - tendrás que esperar.

- ¡Henry!

Dentro de un rato dejó de darme besucones por todo el cuerpo, dejó de provocarme y me ordenó que le quitara los pantalones. Así lo hice.

- ¿Por qué eres tan perfecta? - me saqué la camiseta y lo besé repentinamente.

- Cállate y bésame - sonrío y junto mi frente con la suya.

Henry me miró con sus ojos brillantes y destellantes de deseo. Me besó la espalda desnuda, era mi punto fuerte.

- Tenemos que terminar lo que empezamos.

Me levanté y me di la vuelta entrecortadamente.

- Dejemos de hablar y empecemos a divertirnos.
Henry me provocaba incluso con la ropa interior puesta. Me bajé el pantalón corto rápidamente y él se apoyó en la pared.
Estabamos en ropa interior.

- Acércate - me mordí la uña y me acerqué a él - date la vuelta - me susurró sexualmente al oído.

- Agárrate al lavabo, te darás de bruces si no lo haces - sonreí y lo hice.

En poco tiempo, nos sacamos la ropa interior. Me dió una palmadita en el trasero y sonrió.

- Idiota.

- Tienes una muy buena línea. Te cuidas.
Asentí. Me cogió por la cintura y se introdució dentro de mí. Me pilló por sorpresa así que gemí desconsoladamente.
- Te va a escuchar medio hospital, querida - sonrió sin parar mordiéndome el labio inferior.



Mis gemidos se hacían cada vez más intensos. Era su juguete sexual.
Era el llamado sexo anal, nunca lo había probado, ni siquiera con Coque.
Henry era muy brusco, en cambio, los demás chicos con los que me he acostado eran mucho más dulces a la hora de hacerlo.

- ¡Por favor! - grité mientras llegaba al clímax lentamente.

Al poco tiempo, Henry se corrió al igual que yo y salió lentamente de mi cuerpo.

- Estás sudando. ¿Qué tal? - me guiñó el ojo y yo casi no podía ni pronunciar palabra.

- Ha sido...muy rápido y...

- Túmbate a mi lado - me dijo acostándose en el suelo - Le sigo.

- Ha sido agotador. Estoy muy cansada - estaba a su lado, completamente desnuda y casi no podía ni respirar.






El repentino orgasmo me dejó sin aliento pero me gustó. Era una fiera, mi fiera.

- La he follado - sonrió.

- Buff, me ha gustado.

- Mmm... soy muy bueno.

- Me ha gustado... Dios, ¿qué coño he hecho? - me levanté precipitadamente.

- ¿Qué? - frunció el ceño cabreado.

- He engañado a Coque y... yo le quiero. Me ha perdonado y... y... Lo siento, te he... es culpa mía - bajó la cabeza - podemos seguir siendo amigos pero... esto no... olvida lo que acaba de pasar porque no volverá a suceder nada entre nosotros - se levantó y me miró fijamente.

- O sea, me suplicas que me acueste contigo, nos acostamos, dices que te ha encantado y, ¿ahora me vienes con esto? Si tanto quieres a Coque márchate con él y deja de hacerme perder el tiempo. Me estás haciendo un lío. Tengo mejores cosas que hacer que perseguir a una chica que no me desea. Tú eliges, ¿Coque o yo? - levantó el tono de voz y su rostro se oscureció volviéndose serio.
Bajé la cabeza, confundida, sin responder.

- Lo sabía - cogió su ropa, se vistió apresuradamente y golpeó con fuerza la pared - mierda Érica - se acercó a mi y me rozó la mejilla haciendo que elevase la cabeza y le mirara fijamente.

Me besó lentamente, al acabar de vestirse. Quitó el pestillo.

- Henry no...

Abrió la puerta y salió de los aseos dejándome completamente sóla.

- ... te vallas - suspiré.

Me había acostado con Henry. ¿Cómo mirarle a la cara a Coque después de esto? Me encontraba muy arrepentida de lo sucedido. Había herido los sentimientos de Henry y puesto los cuernos a Coque con casi su mejor amigo.

Me sentía culpable, desconcertada, anonadada conmigo mismo.

Después de recapacitar, de vestirme y de salir del cuarto de baño aterrador donde acababa de vivir el mejor orgasmo de mi vida, me acerqué a la habitación de Coque y después de darle vueltas a la idea y de comerme el coco, disimulé y llamé a la puerta:

- Pase - se escuchó desde el interior.

Entré y escuché las risas de Pris y Coque.

- Ohh, Ola cielo - me saludó Coque - así que... ¿se te da bien jugar a las cartas?

- Si, una gran cualidad desde que era una enana - le respondió Pris.

- Te reto a jugar un día de estos.

- Trato hecho - se dieron un apretón de manos - me tengo que ir. A sido un placer hablar contigo.

- Ha servido para conocernos mejor.

- Si - sonrió - hasta pronto. Recupérate.

Me miró y bajó la cabeza. Le dejé salir y cerré la puerta.

- ¿Dónde estabas? Has tardado mucho.

- ¿Ella es amiga de tu hermana? - le pregunté señalando la puerta.

- Si, ella y Jessy son sus mejores amigas - sonrió - No has respondido a mi pregunta - frunció los labios tornándolos.

- Es que me encontré con una amiga en el hospital y ya ves, me entretení.

- ¿Estás llorando? - me preguntó preocupado.

- No, yo no... - mierda.

- Anda, ven aquí. ¿Por qué lloras?

Me tumbé a su lado y me apoyé en su pecho.

- Es que... tengo miedo. No me gusta verte así.

- Oye, no me va a suceder nada. Me pondré bien y luego volverá a ser todo como antes.

- Si, como antes...

- Ya verás - sonreí forzosamente y le abracé entrelazando mis brazos en su cintura.
- Te quiero - me susurró besándome el cabello.











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Tal vez puedas librarte de mis encantos pero nunca podrás librarte de los malos hechos e indeferencias pasajeras... no todo se arregla con un "lo siento"...

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Espero que os allá gustado el maratón y hasta la próxima ;)







CAPÍTULO 21: NO ME OBLIGUES A DEJARTE SOLA


DÍA: 8 DE AGOSTO









Narra Miriam:


Pues continuamos hablando hasta que llegamos a la cafetería. De regreso a la UCI, Pris me estuvo contando su aventura entre Álvaro y el policía nacional. ¿Quién iba a decir que se encontrarían en ese justo momento?



- ¿Ascediste los límites de velocidad? - le pregunté asombrada.

- Si, ciento ochenta por hora por la autopista del centro.
Lo cual me costó quinientos euros.

- Madre mía - exclamé - a esa velocidad no me impacta que te hallan puesto una multa de cifras tan elevadas.

- ¿Nunca has probado la sensación de acelerar a una velocidad devastadora por las calles más conocidas de Barcelona? -  noté una emoción en su mirada.

- No, ¿por qué avanzar a esa velocidad cuando no necesito llegar urgentemente a un lugar?

- Es por la adrenalina que recorre tus sentidos, es algo emocionante. Deberías probarlo, un día iremos juntas - me sonrió, era muy atrevida y audaz. A veces, esta chica me daba miedo...

- Estás loca - le dije en tono irónico, sin levantar mucho la voz por los pasillos del hospital.

- Bueno, parece que Coque va mejorando - cambió inmediatamente de tema.

- Si - mi sonrisa desaparece y mi rostro se vuelve de pronto preocupante - le han realizado las pruebas y más tarde nos darán los resultados de las mismas.

- ¿ Y tú como estás? - preguntó rozándome el brazo.

-  ¿Yo? - asintió y hice una pequeña pausa - Aquí el importante es mi hermano. Su salud corre peligro por una infantil pelea.

- Eii, tú también importas, eres su único apoyo familiar en estos momentos. Te necesita fuerte, con muchos ánimos y positiva.

- Me siento...triste pero al ver que está mejorando radicalmente pues...me alegra.
Pienso que él no se merecía lo que le ha ocurrido y daría lo que fuera por ocupar su lugar en en estos momentos, necesito saber lo que realmente siente y lo que quiere hacer después de todo lo que ha pasado estos días.

- Vamos, no digas eso. ¿Te sientes culpable?

- Un poco.

- Ni tú, ni Henry, ni Coque tenéis la culpa de que ahora mismo él este en el hospital.
Fruncí el ceño consternada, sorprendida y anonadada.

- ¿Entonces quién tiene la culpa sino Henry?

- La chica de quien los dos están enamorados.

- ¿Insinuas que Érica es la culpable de todo este lío y que Henry no tiene absolutamente nada que ver?

¿Enserio? ¿No tiene Henry la culpa de que pegara a mi hermano? ¿No es culpable? ¿Sus manos no fueron las que le hicieron daño a Coque?
Pris escondía la verdad, le daba la vuelta a la tortilla. Nadie, absolutamente nadie, opinaba lo mismo que ella.

- Fue ella quien ocultó toda la verdad, le dijo a Henry que estaba saliendo con tu hermano y si se hubiera callado la boca no estaríamos hoy aquí preguntándonos por unos dichosos análisis.

- No opino lo mismo pero fuera de quien fuera la culpa, todo lo peor se lo ha cargado Coque y esto no quedará así. Pagarán justos por pecadores. Como alguien vuelva a tocarle un sólo pelo a mi hermano, se las verán conmigo.

- Y nosotras te ayudaremos - sonrió para tranquilizarme pero no le funcionó.

- Gracias, es muy importante para mí que me apoyéis en esto - me acerqué a ella y le dí un agradable abrazo. Aquello me hizo sentir mucho mejor.
Necesitaba un apoyo moral para superar esto y los abrazos que me regalaba Pris eran de lo más irresistibles y tiernos.

Nos separamos y seguimos recorriendo las espantosas habitaciones de la planta de pediatría.

- Oye, Miriam.

- Dime.

- ¿Dani no te ofreció su número de teléfono?

- Si, ¿qué tiene que ver eso con lo que estamos hablando?

- ¿Por qué no lo telefoneas y elegís un sitio concreto para quedar y veros?
Es un privilegio tener el número de tu ídolo y no utilizarlo es una aberración.
Él te aconsejará, ha tenido problemas como los tuyos en su familia y sabrá entender todo lo que te está pasando.

- Es...una buena idea pero no estoy segura de que llamarlo para que me ayude a subir la moral le parezca decente y acepte. Me ofreció su número para informarlo sobre mi carrera no para que le cuente mis problemas que para eso están los psicólogos.

- ¿Quieres ir al psicólogo?

- Claro que no, era un ejemplo digno a lo que estamos hablando.

- Bueno... haz lo que creas correcto pero yo te lo recomiendo. Te hará sentir mucho mejor.

Llegamos a la UCI y como me apetecía continuar la intensa conversación con Pris, nos sentamos en los asientos que componían la sala de espera, nos acomodamos y retomamos el rumbo de nuestra conversa hace unos minutos.


- Yo respecto tu opinión pero creo que Henry es el culpable de todo esto.
Le pegó a mi hermano - intenté que cambiara de opinión pero realmente era imposible y me cabreaba que defendiera a mi ex-mejor amigo.

- Yo opino que Henry no tiene la culpa, se lo ocultaron, cuando Érica sabía que estaba enamorado de ella. Todos estáis cabreados con él cuando a mí no me parece justo, sólo intenta conquistar a la chica de sus sueños. No sé realmente lo que es estar enamorada pero comprendo que es duro ver como la chica de quien estás enamorado pasa completamente de ti - parecía muy convincente pero seguía sin entender porque opinaba de esa manera, veía las cosas del revés, se fijaba en los pequeños detalles y no le importaba lo esencial en toda la disputa.

- ¿Intentas protegerle? Te recuerdo que por su culpa Coque está ahora mismo en una cama de hospital pensando si morirá o si será un fiambre el resto de su vida - le contesté levantando el tono de voz.

- No me esperaba esto de ti. Comprende que está sólo en esto y necesita un apoyo igual que Coque.
La diferencia es que Coque posee un gran apoyo pero él no - me recriminó cogiendo su cazadora y erguiéndose.

- Priscila Mareu, ¿a dónde coño vas?

- A disfrutar de la vida a mi manera.

- ¿Cómo?

- Bye - dijo marchándose.

No pude evitar ponerme de mal humor.

- Te advierto que como elijas a Henry no te molestes en volver - le grité desde lo lejos.

- Es tu mejor amigo y, ¿ahora no quieres saber nada acerca de él? ¿Qué coño te pasa, Miriam? - se volteó observándome.

- Era mi mejor amigo, ya no - mi enfado se hizo más intenso.

- ¿No sabes perdonar?

- Una cosa así no se perdona tan fácilmente - mi voz se apagço convirtiéndose en tenue y ronca.

- Deberías avergonzarte por tus actos.

- No tengo por qué.

Se alejó dejándome completamente sola.

- Como salgas por esa puerta no habrá vuelta atrás - chillé en un intento fallido.

Pasaba de mí, creo que estaba enfadada o algo por el estilo. Tendría que ser yo la que estuviese ecabreada, teniendo en cuenta las fuertes palabras que me dijo. No la entendía.

Sostení en mis manos la botella de agua. Pensando la mejor forma de salir de esta.

-  Tranquila, lo he oído todo y... - mencionó Derek compasivo.

Le miré y sin responderle miré al frente persuasivamente.

Se sentó en el asiento de al lado. Apoyé mi cabeza en su hombro mientras me acariciaba la mejilla.

- ¿Puedes contarme que ha pasado?
Se escuchaban los gritos desde el final del pasillo - me preguntó intrigado, compadeciéndose de mí.

- No es nada - bajé la cabeza trastornada, confundida. Tenía un lío impresionante y necesitaba aclarar mis ideas.

- ¿No confías en mi? - me miró fijamente.

- Claro que confío en ti.

- Pues cuéntamelo. Te sentirás mejor si lo compartes con una persona - me cogió cariñosamente de la mano y me la besó consternado.

- Pues... es sobre el tema de la refriega entre Coque y Henry - hice una pequeña pausa. Recordé que a Derek no le iban esos rollos de peleas y luchas. Tal vez, le resultase incómodo escuchar mi horrible resumen de la disputa con Pris.

- Sin dudar, sin miedo. Recuérdalo - ¿Por qué cada vez que abría la boca resultaba tan tierno?
Él me tranquilizaba y realmente me entendía.

- Pris opina que toda la culpa fue de Érica por contarle a Henry que estaba comprometida y defiende a Henry. Piensa que cuando uno está enamorado hace todo lo posible por conseguir a la chica de sus sueños. No lo entiendo, el afectado es Coque y no tengo ningún rastro de compasión ante Henry.
Tiene lo que se merece.

- Yo si me pusiera en su lugar...si tú estuvieras enamorada, por ejemplo, de otro hombre, lucharía por ti pero si descubro que verdaderamente le quieres con locura y él a ti pues te dejaría ir porque prefiero verte feliz a que estés a mi lado. ¿Por qué intentar tener una relación con una chica que no te desea y que no es feliz a tu lado? Pero hay personas que no lo entienden, que luchan a más no poder para conseguirla pero hay que saber también parar. Contemplarla desde lo lejos.

- Henry nunca se rinde, lucha y es muy valiente. Es una de sus mayores cualidades pero a veces...le perjudica - alcé la mirada y centré toda mi atención a la dulce y llena de deseo mirada de Derek.

- Tienes que comprender que no todos opinan igual que tú pero...si en algo se equivocó gravemente fue en pegarle a tu hermano por una chica. Siempre he pensado que la amistad está por encima de todo.

- ¿Tú de que parte estás? - pregunté intrigada.

- Eso no importa.

- No has respondido a mi pregunta - respondí bruscamente bajando la mirada a los nudillos de mis puños cerrados.

- Miriam, no estoy a favor de ningún bando. Entiende que las luchas no son lo mío, es más, las odio.

- Lo sé. Lo entiendo, por supuesto.

- Lo arreglarás con Pris, ya verás - me sonrió y me acarició la mejilla.

- Ojalá.

- Oye, tengo que hablarte de un negocio que tengo entre manos. Si estás mejor claro.

- ¿Qué sucede? - pregunté sorprendida.

Derek nunca me había hablado de "negocios" ya que sólo con escuchar la palabra ya me resultaba aburrido.

- Verás... ¿no me has contado que buscabas trabajo?

- Si, cuando empiece con las clases me gustaría tener un trabajo aparte para tener mi propio sueldo.

- Pues tu búsqueda a terminado.

Fruncí el ceño. ¿Mi búsqueda había terminado? ¿Cómo? Sólo llevaba una semana buscando trabajo y llegaba él y...me sorprendía siempre, por eso era tan especial.

- En mi tienda, una de las trabajadoras ha abandonado el trabajo por su inesperado embarazo. No estaba previsto que abandonara de un día para otro. Necesito otra ayudante, el trabajo es muy sencillo. ¿Recuerdas cuando te mostré el Toyota?

Como no acordarme, allí fue donde comenzó todo.
Si no tuviese la maravillosa idea de comprar un coche ahora mismo no conocería a Derek.
Asentí y le ofrecí una de mis mejores sonrisas.

- Te encandilé para venderte una pieza de mi preciada colección y eso es lo que tendrías que hacer tú.

- ¿Estás ofreciéndome trabajo en tu empresa? - pregunté asombrada.

- Piensa que estaríamos constantemente juntos y que podríamos vernos en cualquier momento, quiero decir...

- Sé lo que quieres decir pero... ¿por qué yo?

- Eres tan inocente. Resultas increíblemente perfecta y adecuada para el puesto, tienes un potencial impresionante. Además, sabes negociar bastante bien, conseguiste que te rebajará casi el 50% del precio original del vehículo.

Derek realmente me quería para el puesto. Era una muy buena oferta.

- Tengo que pensármelo pero me parece una muy buena idea.

- ¿Si? - su cara de sorpresa me hizo ruborizarme y sonreí tímidamente.

Siempre encontraba las palabras perfectas para encandilarme. Tenía años de experiencia en el mundo de los negocios, trampas e informes. Ese hombre sabía perfectamente lo que hacía.

- Podemos comentarlo, ¿cuándo te parece bien?

Valla que impaciente. Mi novio quería ofrecerme trabajo era algo muy ¿amable y romántico por su parte?

Vale.

- O sea que si accedo, pasarás de ser mi novio a ser mi... ¿jefe?

- ¿ Lo preguntas o lo afirmas?

- Lo pregunto.

- Seré tu jefe en horas de trabajo.

¡Madre mía! ¿Soportar los encantos de Derek durante horas y horas? Era un sueño hecho realidad.

- Una cosa, no tengo mucha experiencia en automóviles.

- Ohh, no te preocupes por eso. Tendrás una tableta donde podrás buscar toda la información del vehículo en nuestra página oficial.

¡Valla, esto va enserio! Derek estaba muy modernizado y la idea de trabajar para él era tentadora.

- Eso si, nadie se podría enterar de lo nuestro. La nueva ley prohibe las relaciones entre empleados y menos entre el jefe y su funcionaria - hizo una pequeña pausa - te adaptarías muy bien a los compañeros y a la clientela.

La idea de trabajar y de que Derek fuera mi jefe se me hacía irresistible, no se podía decir que no a semejante propuesta.
Me mordí el labio inferior pensativa.

- Piénsatelo y lo hablaremos pero cuanto antes comiences a trabajar mejor.

- Gracias Derek. Me apasiona la idea de trabajar a tu lado. ¿Qué pasaría si hiciera algo mal?- preguntó en voz sensual y persuasiva.

- Te castigaré y el castigo... créeme, será muy agradable para los dos.

Mmm... cada vez tenía más fuerzas, más valor y más ganas de decirle que si.

- ¿Te parece que hablemos sobre esto el miércoles?

- Claro, piénsatelo, cenaremos y hablaremos del contrato - no pude evitar soltar una media sonrisa, no me lo esperaba, era algo emocionante.

- Te quiero, tonto - le susurré al oído mientras seguía apoyada en su hombro, era tan...










Narra Henry:




- ¿A dónde crees que vas?

Me giré para ver quien era y porque me hablaba de esa forma tan vulgar e inocente.
Rápido, debía pensar una excusa o los lobos me comerían. No dudes, sabes mentir, sabes hacer lo que te propongas y nadie puede impedirte hacerlo.

- Venía a ver a Érica.

Bien hecho, me decía la voz de mi subconsciencia. Engañar al padre de Érica era una cosa bastante complicada pero lo había conseguido aún sin saber mentir.

- Érica se marchó hace un rato. ¿Por dónde entraste?

- La puerta estaba abierta. La abrí con facilidad.

- La habrá dejado alguien abierta.

No me lo podía creer, esto funcionaba.

- Si quieres le digo que has venido o le digo algo de tu parte.

- No hace falta Señor Sloan. Ya la llamaré.

- ¿Estás seguro?

- Si.

- ¿Eres amigo de mi hija?

- Si.

- ¿Quieres tomar un Red Bull o algo?

- Gracias pero no bebo.

- ¿Cuántos años tienes?

- Dieciocho. Tengo que irme señor, me alegro de haberle conocido.

- Y yo a ti.

Le di un apretón de manos y le sonreí como diciendo " Me cae usted bastante bien, Señor Sloan". La verdad era que intentaba darle una buena impresión a los padres de Érica.

- Hasta pronto.

- Adiós.

Sonreí cálidamente y le di las gracias. Por fin, salía victorioso de la casa infernal y recorría las deslumbrantes y ajenas calzadas hasta mi moral casa.


¿Le habría caído bien?



Me preguntaba ante tal expectación.










Narra Pris:



Salí precipitadamente del hospital. Una rabia recorría mi cuerpo.

Necesitaba hablar con Henry, quería escuchar su propia versión de todo lo ocurrido.
Creo que él no se merecía esto, que todos los rechazaran y lo dejaran de lado.

Subí a mi 4x4 y recordé mi multa de hace unas horas, reducí mi velocidad y me aventuré por la autopista pensando en mi encuentro con Álvaro.
Me arrepentía de no haberle propuesto tomar un café en el restaurante más próximo, necesitaba alguien que me escuchara y poder desestresarme. En pocos minutos, llegué a casa de Henry, gracias a la dirección que me había dado hace mucho tiempo Miriam, no sabía si tenía que fiarme de ella...       ¿realmente estaba cabreada por una tontería como la de apoyar a una persona?¿Qué había hecho Henry? No mató a nadie (bueno...estuvo a punto.)










Narra Coque:







Estaba demasiado cerca de Jessy, sentía su aliento en mi cabellera y su olor...me encantaba.

Olía a perfume de rosas blancas y ese olor me encantaba.

De repente, volví a escuchar el sonido de la puerta. Al parecer, Jessy también lo escuchó y se erguió de la cama en un abrir y cerrar de ojos.

Que oportuna, la doctora se acercó. Llevaba unos informes en la mano y parecía bastante más seria de lo normal.

- Buenos días -  nos saludó contemplándonos detenidamente.

- Dígame que lo que tiene en las manos son los papeles del alta - sonreí irónicamente.

- Me temo que no - no le hizo gracia para nada mis comentarios - son los resultados de las pruebas.

Jessy levantó la cabeza, sorprendida, me miró fijamente y luego a la doctora.

Si, has escuchado bien.

- Por lo visto - suspiré - los resultados no...son de lo más agradable - me miré las manos dudoso.

- Álvaro.

- Si no le importa, prefiero que me llame Coque.

- Por supuesto, Coque. Hablaré con tu hermana de los resultados y después los comentaré contigo. Lo único que necesitamos ahora es que te sientas extresado y que pienses en negativo...lo empeora.

- Gracias doctora.

- Descansa. Ah, por cierto, tienes una visita muy especial. ¿Le dejó entrar?
Fruncí el ceño, no esperaba más visitas.

- Vale, díselo.

Escuché unos susurros, la doctora estaba hablando con una chica, no puede entender con claridad de lo que estaban hablando.

En unos segundos, vi entrar a Érica que corría a abrazarme casi llorando. Lancé una mirada a Jessy que nos observaba entrecortada en una esquina de la habitación, bajó la cabeza.

- Me alegro de verte, ¿estás bien? - me cogió de la mano y me miró con ojos saltones llenos de preocupación.

- Bien, ¡ja! - susurró Jessy desde el fondo del cuarto.

- ¿Tienes algo que decir, bonita?

- Si te digo lo que pienso posiblemente tengan que venir a separarnos - sonrió ingenuamente.
Érica me soltó de la mano y presionó levemente los puños.
¡Oh no! Ya empezabamos... Clara señal de que se estaba cabreando y eso me ponía muy nervioso.

- Dilo, venga. ¿No te atreves? ¿Acaso me tienes miedo? - dijo en tono de burla, provocándola.

- No deberías ni presentarte aquí después de lo que has hecho. Te mereces que te echen a patadas - hizo una mueca de disgusto y de asco.

- ¿¿Perdona?? Aquí la que sobras eres tú, bonita - la mira de soslayo y pone mala cara.
 Jessy dió un paso al frente como retándola y demostrándole que ella mandaba aquí.

 - Yo le acompañé desde el primer momento y tú aún te acabas de enterar.

- ¿Y? No pude enterarme hasta esta mañana. ¿Algún problema?

- Excusas, ¡¡da la cara, joder!! ¿Tienes miedo de que Coque te diga "¡Bye!"? - levantó la voz haciendo que Érica se extresase y se pusiese aún más de los nervios.

- ¿Cómo que no doy la cara? ¿No me ves? Estoy aquí.

- Ojalá no estuvieras... - susurró mirando a otro lado y cruzando los brazos.

- ¿Pero tú eres idiota niña? ¿Me vas a enseñar tú lo que es ser madura y enfrontar la realidad? - dijo Érica.

- Como te atreves a...

- Lo que te digo.

- Eii, ¡ya basta!  Jessy acompaña a mi hermana a ver los resultados.

- Claro.

Jessy se dirigió a la puerta cuando al pasar por el lado de Érica le golpeó aposta el brazo.

- Aparta - susurró Jess.

Se fue riéndose.

- ¿Es que no piensas defenderme? Me estaba insultando.

- No estoy para más peleas, Eri.

- Yo... quería pedirte perdón.

- No tienes porqué. Además, algún día tendrían que enterarse de que tú y yo estábamos manteniendo una relación estable.

- Pensé que contárselo a Henry sería la mejor forma de que me dejara en paz, nunca imaginé que se pondría en contra tuya - susurró a la vez que su voz diminuía.

- Anda, ven aquí.

Nos dimos un abrazo y un dulce beso en los labios. Me sentía más tranquilo a su lado.

- ¿No estás enfadado conmigo? - preguntó mirándome fijamente con mirada muy tierna y sensual.

- Pues claro que no.

- Ahh - suspiró aliviada.

- Te quiero - hice una pausa entre cada palabra y le volví a besar.

Era realmente irresistible, me encantaba...









Narra Jessy:






Abandoné la habitación sin ganas.
Esa zorra había estropeado un momento perfecto entre Coque y yo. Le había causado mucho daño y nunca se lo perdonaría aunque él si lo hiciera.















Observé a Miriam, estaba abrazando muy tiernamente a Derek. Parecía que él lograba tranquilizarla, algo que ni yo, ni Pris habíamos logrado nunca.














Después, Miriam siguió a la doctora al interior del despacho.

Llamé a la puerta y me senté al lado de Miriam.
Miriam y yo hablamos susurrando mientras la doctora buscaba informes en su portátil.

- ¿Y Coque? ¿ Está solo?

- No, la última vez que le ví se quedaba con Érica, su novia.

- Ah, vale. ¿No estás nerviosa?

- Un poco - le regalé una sonrisa forzada.

La doctora se acomodó y sostuvo en sus manos los informes.

- Vamos a ver. Chicas, los resultados no son ni buenos ni malos.

- ¿Qué ocurre doctora? - preguntó Miriam preocupada.

- Veamos. Todo parece estar correcto. Sus ánalisis, su cerebro, los escáners, las resonacias no muestran nada... que era lo que más nos preocupaba pero al hacerle pruebas más intensas, concretamente la biopsia fue lo que nos ayudo a averiguarlo.

- Las biopsias son para detectar... - me asombré cuando no me dejó terminar la frase.

¿Era lo que estaba pensando?

- Si.

Parece que si. ¿Me leyó el pensamiento o algo?

- La causa que llevó a Coque a tener regurgitaciones entre otras cosas fue porque...

- ¡DIOS! - exclamé ante tanta expectación.

- ¡NO PUEDE SER! - las palabras de Miriam demostraban sorpresa y desaprobación ante lo que acababamos de escuchar.




Alucinante, me quedé sin palabras...


¿Era una broma? ¿Un sueño?

Yo no me lo creo.











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CAPÍTULO 20: NO PUEDO SONREÍR








DÍA: 8 DE AGOSTO
















Narra Miriam:



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Vaga y dura sensación de tenerlo todo controlado cuando no es cierto. Levantarse e intuír que no es todo lo que piensas...la verdad.
Soñar con pájaros pequeños y grandes cantarines en una redonda sin fin, con sólo el sonido del canto de los pájaros y el viento rozando tu piel.

Saber que cuando se acabe mi mundo, sólo podré recordar bellos momentos como esos, sueños...y no poder cumplirlos. 
Que injusticia.

En ese momento, es cuando te das cuenta de que no puedes conseguir lo que realmente quieres y sientes como que deja ya de importarte todo.

Esa, es la pura realidad...

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Un día para recordar, ¡ ja! no me lo creía.

Levantarse a las 10 de la mañana pensando que era un lluvioso domingo del mes de agosto.

¡Pleno verano! Eso era lo que me hacía reír.

En Barcelona, era normal que lloviera o sarabiase casi todos los años, y la verdad era que con el paso del tiempo, te acababas acostumbrando. Siempre soñé con que algún día sería al contrario, que llovería en septiembre y en agosto haría un radiante sol.

El caso es que me desperté y contemplé al mi alrededor. Me dí la vuelta y pude observar el rostro de Derek: su pelo moreno alborotado por la cantidad de horas dormidas, sus ojos entrecerrados y sus pestañas sigilamente peinadas como si les pincelara rimel en el medio de la noche, algo que resultaba inquietamente imposible por su parte. Seguí contemplando, sus mejillas sonrojadas me hacían sonreír y sus labios entreabiertos con sus dientes mordisqueándolos discretamente, me provocaban arder de ganas de despertarle besándole, sin complentimientos.
Dormía tranquilamente con aire abrumador y resultaba demasiado difícil despertarle.
Él se inmutaba hasta con el ruído de la suela de un zapato.
Me incorporé lentamente y posé un pie en el suelo. La verdad, es que se sentía un leve escalofrío, ya que el suelo de plaqueta se contemplaba demasiado gélido. Al fin, encontré el valor suficiente como para levantarme y salir huyendo de allí.
Me puse lo que encontré: una camisa de Derek lo suficientemente larga como para taparme más abajo de la cintura.
Fui casi corriendo con los pies de puntilla al baño y contemplé mi rostro en el espejo delantero del lavabo. Cogí del bolso, una goma y me hice una coleta lo suficientemente apta para que no me viniera el pelo hacia más allá de las orejas.
No tenía nada en los pies pero no me importaba ya que me había acostumbrado a
la superficie fresca y amenazadora.

Salí del cuarto y me dirigí hasta la cocina.
La cocina parecía espaciosa y con aire esmerilador. Estaba compuesta por un comedor al fondo juicioso por trece asientos colaterales en los cuales se podía apreciar una majestuosa distribución bastante lujosa.
Al lado, se encontraba una vitrina bastante fuera de lugar (no encajaba con la maravillosa decoración) y dentro se podía contemplar una colección de maquetas de veleros, cada uno en su caja original.
No sabía que a Derek le gustasen los barcos. Una cosa nueva para añadir a la lista.
Dejando de lado el comedor, se encontraba en la pared derecha de la habitación, la cocina.

La cual estaba formada por unos estantes de aço donde se hayaban diversas copas de diferentes tamaños y finuras, una vajilla de porcelana y algún que otro detalle decorativo.
Como no, la cocina tenía en la parte alta un extractor fijo al artesonado.

La cocina era característicamente de un color blanco tirando a beis muy apagado.
Creo que poseía un protector para salpicaduras, una buena forma de no estropear el color apagado de la cual.
Estaba también acompañada por la canilla y la pileta que aparentaba en muy buen estado debido al poco uso dado.
Era normal, ya que más abajo se ubicaba un gigantesco lavavajillas.
A la izquierda, seis diversos cajones se encontraban perfectamente alienados a la mesada donde se apoyaba la placa vitrocerámica con algunos utensilios de cocina aún encima.
El horno se encontraba un poco más abajo de los estantes, protegido por la encimera beis fuerte.
Daba ese toqué completo a la cocina, los gaminetes que se encontraban horizontales en la parte más diminuída.
Por último, una isla se localizaba en el medio y medio de toda la habitación descrita anteriormente.
Se encontraba rodeada por seis banquetas colocadas a la perfección, encima se topaba un jarrón de lilas que podrían encontrarse allí hace como unos dos días y un conjunto de mantelería de lunares rojos y blancos que pegaban con las paredes blanquecinas que la rodeaban.
Los ventanales y la buena iluminación concedían un lugar confortable y agradable donde poder pasar el tiempo en compaña.

Decidí prepararle un cómodo desayuno a Derek, después de pensármelo un buen rato.

Cogí mi Xperia y elegí la canción "Outside" de Calvin Harris. Me coloqué los cascos para no despertar a Derek y me sumerguí en el mundo de la cocina.


¿A quién no le apetece un buen desayuno compuesto por bacon y huevos, acompañado de un buen vaso de zumo de naranja exprimido, a lo natural?

Empecé a prepararlo mientras pensaba en mis cosas, empecé a seguir el ritmo de la música, mover las caderas...Cuando me dí cuenta, estaba bailando.
Me reía yo sóla al pensar en la imagen que contemplaría cualquier persona que pasara por allí.

"Outside", Cantaba al ritmo de la música mientras el bacon se tostaba. Dí un increíble giro de 360 grados e imité los pasos de baile de Britney Spears, soy una gran fan suya.

La adrenalina me consumía por dentro. Era el momento, mi momento, mi preciso momento.
Preparé la mesa y luego atendí el fuego donde se preparaban los huevos. No iba a ser que provocara un incendio o algo peor. No quería empezar la mañana rodeada de bomberos, no era muy común.


Más tarde, sentí unas manos rodeándome la cintura, sólo pude sonreír.

Derek, el chico encantador y dulce del que me había enamorado, había despertado. Sólo él podría tocarme y acariciarme de aquella forma tan especial equivalente a provocativa.

Me dí la vuelta y me retiré los cascos. No se hallaba nadie. Por un segundo pensé que sólo quería gastarme una cruel broma por lo ocurrido los días pasados que me hacían estremecerme de solo pensar en ello.

- ¡Derek! Venga, vamos. Sabes que no estoy para bromas - grité pero no obtuve respuesta.
¿No me digas que fue todo producto de mi imaginación?

Pocos minutos después, acabé de preparar la comida y me encaminé hacia el cuarto de Derek.
Mis pies discretos se detuvieron justo delante de los bordes de la cama.

Me tumbé al lado de él y con los pies aún helados, me acerqué a Derek.
Le miré fijamente, era un chico tan perfecto es que no le encontraba ningún defecto.





Le dí un dulce beso en los labios para despertarle y entrelacé mis manos con las de él.
Él respondió a mi besuqueo pero sin abrir ni siquiera los ojos.

- Jaja - sonreí y él abrió los ojos mirándome con dulzura y entornando los labios aún sorprendido por el buen despertar - Si.

¿Si qué?- preguntó confundido.
Un silencio abrumador inundó la habitación y me dí cuenta de que tenía que responderle.

- Si...quiero salir contigo- afirmé nerviosa bajando mi mirada a los nudillos de mis pulgares, sonrojada y acariciándole la mejilla. Él me sujetó y me levantó suavemente la barbilla, hizo que embozara una pequeña entre sonrisa.

- No bajes la cabeza, quiero verte esas preciosas pupilas centellantes de deseo.
¿Aceptas enserio salir conmigo?

- Claro que si, ni siquiera dudé en pensármelo, quería decirtelo ayer pero no encontraba el momento perfecto, cielo.Te quiero y no quiero que te separes de mí nunca. ¿Vale?- le rocé la mejilla cariñosamente.

- Me emociono jajjaja. Me alegro muchísimo de que hayas aceptado.

- Venga, vamos a desayunar.





- Mmm...¿ has preparado tú la comida?- me preguntó sabiendo ya la respuesta claramente.
Me miró de arriba a abajo mientras me levantaba y me incorporaba de la cama- Gracias, debe de estar buenísimo. No hacia falta que lo hicieras - me dijo con voz sexy.

- Es para celebrar lo nuestro.

- Yo sé otra forma mejor de celebrar lo nuestro.

 - ¿Si?- salí corriendo.

- Eiii, ¿ a dónde vas pequeña?- se erguió y me persiguió.

Derek corría mucho más que yo y me atrapó en menos que canta un gallo.





Estaba en ropa interior bastante sexy, me tenía acorralada entre sus manos y su pecho.
Sólo podía sonreír, no paraba de reírme.

- Mmm... ¿Qué me vas a hacer?

- Voy a besarte con lengua así que prepárate.

Me besó y luego levantó el entrecejo. Le dí un pequeño empujón mientras él sonreía con aire burlón.

- Señorita, ¿sabe qué le queda de puta madre mi camisa?- dijo sin quitarme el ojo de encima y sentándose a la mesa.

El pobre seguía adormilado, con la mano izquierda acariciaba el pelo y con la mano derecha se tocaba el hombro con timidez.
 Me mordí el labio. Se dio cuenta y bajó la cabeza sonriendo.

- Lo sé cielo, por eso me la puse - le sonreí. Me fui ha sentarme al otro lado de la mesa cuando Derek me cogió del brazo y tirando de mi, provocó que perdiera el equilibrio y cayera textualmente en sus brazos.
Me acomodé en su regazo y sonreí.

- Vamos, a desayunar. Luego quiero enseñarte algo- pronunció mirándome fijamente.

¿Qué querría enseñarme?

Sonreí cuando Derek empezó a comer haciendo gestos y sonidos de que estaba buenísimo.


- Eres una excelente cocinera, es una pena que a mi me guste cocinar- me guiñó un ojo.

- A mi no me gusta pero lo hago sin protestar- sonreí y él me dio un beso en el cuello.

- Mmm...se te da muy bien cocinar cielo.

- Gracias- presumí, alagándome a mi misma.

Más tarde, terminamos y con su ayuda, recogí la mesa.

- Voy a cambiarme, tengo una cita en la peluquería.

- ¿Si? Con lo bien que te queda mi camisa y ya te la quieres quitar- se acercó a mi y me agarró por la cintura aferrándome a él.

- Suéltame- le rogé riéndome.

- Mmm...me encanta que me supliques- articuló con voz dulzona y carnal.

- Voy a llegar tarde.

- Jajajja, anda- me soltó y se burló de mi.

- Memo- afirmé irrumpiendo en el aseo del cuarto de Derek.

- ¿Te vas a duchar?- preguntó antes de que cerrara la puerta.

- Si ,¿por?

- Nada- bajó la cabeza y se rió.

- Ok- cerré la puerta.

Miré al mi alrededor, el baño era espacioso, más que el principal del apartamento.

Tenía una luz bastante confortable debido a las bombillas circulares halógenas que componían el alumbrado.

Había varios armarios pequeños donde se suponía que guardaría las toallas y paños.

A pesar del gran jacuzzi que impactaba nada más entrar, el resto del baño era sencillo.

 Me puse un bello conjunto veraniego y me maquillé finamente que casi no se notaba.








Luego de ir a la peluquería tenía pensado visitar a mi hermano.
No había tenido aún la ocasión.



Me arreglé cuidadosamente la melena y salí de baño.




En el salón, permanecía Derek, vestido correctamente con el pelo en perfectas condiciones, las piernas cruzadas y alineadas. Sentado en el sofá con los codos apoyados en los reposabrazos del asiento, me miraba impaciente, esperando a que me reuniera con él.

Se erguió y me tendió la mano (que caballero):

- Me hacía ilusión cogerte de la mano - me ayudó a sentarme.

¿Es qué a caso me lees la mente?
Este chico, tenía hasta el poder de leerme el pensamiento, era impresionante el efecto que causaba en mí.

Se afianzó a mi lado.

- Bueno, ¿que querías enseñarme?- le sonreí sin mirarle a los ojos porque sino no sería capaz de parecer convinciente.

- Eres muy impaciente, pequeña- resonó con voz sensual.

- Es que... me ha entrado la curiosidad... y eso...- me acicalé sigilosamente mi melena cascada en modo de respuesta. Me encontraba nerviosa por su persistente mirada evasiva.

- Déjame decirte que en vez de ir a la peluquería parece que vas a una sesión de TopModels - intercaló sin pestañear.

- Vas a hacer que me sonroje- me acomodé en el respaldo del sofá.

Este chico siempre encontraba las palabras exactas para conquistarme a mi y a mi corazón.
Sabía que me gustaba que me mimasen y me demostrasen cariño y por eso lo hacía constantemente.

Acarició mi pelo con su pequeña nariz haciendo un suave movimiento, acarició mi mejilla y trás el suave contacto de su piel, me ruboricé.

- Hueles de maravilla - sonrió y se incorporó - toma, ábrelo- sacó del bolsillo una cajita de terciopelo rojo bastante pequeña.

 - Es para ti. Esto creo que será lo que inaugure nuestra relación.

Asentí, no pude evitar iluminar una mágica sonrisa que provocó que Derek se derritiese.

Le cogí de la mano y él me acarició la mejilla ofreciéndome la linda caja.

¿Realmente en esa cajita se encontraba lo que yo estaba pensando?

- Esto es la prueba que demuestra que realmente quiero tener una relación contigo, que voy enserio con esto.

Cogí la caja en mis manos, no pesaba, era suave.

Observé cada centímetro, le dí vueltas y más vueltas como si fuera un objecto realmente especial y valioso.

- ¿A qué estás esperando? Ábrela - me miró fijamente inseguro, nervioso, inquieto...


Sostení el cofrecito en mis manos y escuché el leve sonido de la cubierta al abrirse...

- ¡DEREK!











Narra Henry:


Cuando esperas tanto a que ocurra y al final lo consigues te sientes victorioso.
Sabes que no estás haciendo lo correcto pero en aquel instante nada importa. Eri realmente me quería, me deseaba y era para ella creíblemente irresistible.
Sus besos eran dulces, tiernos...tenían un exquisito sabor a "Mamba". Seguro que no hace mucho que comprobó el delicioso sabor de aquellos caramelos.

Su pertinente contacto con su piel me hacía extremecerme y conmoverme produciéndome unas ganas irresistibles de hacer lo que precisamente no debía hacer.
¡Era la novia de mi casi mejor amigo!
Que estaba haciendo...

Situé mis manos en sus hombros para detenerla. Ella, paró de besarme y se incorporó poniéndose a mi altura.
Me senté en el borde de la cama y me acomodé la camiseta. Eri me abrazó y siguió dándome acaramelados besos en mi nuca desnuda.

- ¿Por qué te pones la camiseta? Estás más guapo sin ella- expusó con voz sensual y mordiéndome la oreja.

- Sabes que esto está mal- respondí inclinando mi cabeza a la zaga debido al placer que me producían los insistentes besuqueos en mi cuerpo.

- Da igual- se erguió y se presentó en frente mía- sabes que me deseas.

Se acomodó en mi regazo y me rodeó el cuello con sus cuidadosos, suaves y tiernos brazos.

- No puedes resistirte. Henry, estoy semidesnuda pidiéndote que te entregues a mí cuando hace solamente unos días eras tú el que me lo pedías a mi.

- A la mierda el autocontrol- me abalancé sobre ella y trás holgadas risas, olvidé todo lo que se encontraba al mi alrededor y recapacité sobre todo lo que había pasado para conseguir a la chica de mis sueños.

-¡¡¡Bien!!!- chilló mientras jugueteaba con mi lengua por su torso- ¡madre mía, Henry!

- Jajaja - me lo estaba tomando enserio.

Se escucharon unos golpes desde el exterior de la puerta.

- ¿Has escuchado eso?

-Shtt - se levantó y se acercó a la puerta.

- ¿Si?

- Érica, soy yo. Te he traído algo. ¿Puedes abrir la puerta por favor?

- Emm...¡un momento!- se aproximó a mi y me alcanzó la ropa.

- ¿Quién es?- susurré en voz casi inrreconocible.

- Mi madre. Vístete rapidamente.

Al cabo de un rato, los dos nos dispusimos a conseguir que una idea viniera de la nada para huír de tal marrón.

- Puedo esconderme debajo de la cama.

- Es una buena idea.

- Estaré callado y no se dará cuenta, ¿vale?- afirmé rozándole la mejilla.

- Si, venga hazlo- se manifestó apartando mi mano con desprecio.

Bueno y así lo hice. Podía observar la pertinente nerviosidad de Eri ante la posibilidad de que nos pillaran in fraganti.

Eri se acercó a la puerta y después de acomodarse el pelo, abrió la puerta de la cual entró inmediatamente su madre.

Solo podía contemplar sus pies. Era lo que se dice unas bonitas vistas.

- Ha tardado mucho.

- Lo siento. Me estaba retocando la manicura. Ya sabes que tarda en secar- respondió con una excusa para disculparse.

- Ahh.

- ¿Qué hacéis tan pronto aquí?

- Rematamos antes de lo esperado ¿Algún problema?

- No, claro.

- Vengo a traerte esto.

Érica suspiró y con gran sorpresa comenzó a chillar de emoción.
¿Qué ha ocurrido?

- Las converse tan lindas y tan caras que por fin están en tus manos.

- ¡¡¡Madre mía!!! Gracias - exclamó con sinceridad - Por eso te quiero tanto.

Le abrazó con fuerza y al cabo de un tiempo, el profundo y ruidoso sonido de mi móvil estropeó el momento.

- Mierda - solté en medio de tanta expedición.

- ¿Qué ha sido eso?

- Mi...mi móvil.

- Ummm...

Seguí callado sin decir nada. Sabía que si habría la boca la cagaría.

- Tengo que irme. Disfruta de tus converse que sé que ardes de ganas de probártelas.

- Jajjaja, como me conoces.

- Adiós.

Nada más desaparecer su madre del cuarto, me asomé de debajo de la cama.

- Puedes salir- anunció cerrando la puerta con pestillo incluído.

Se apoyó en la puerta como quien se ha librado de la muerte y me sostuvo una mirada fría y sutil.

- No me mires así - le regañé.

- Casi nos descubren. Como lo lleguen a saber me matan.

- ¿Puedo hacerte una pregunta?

Asintió en modo de respuesta y se sentó a mi lado mirándome con cautela.

- ¿Tus padres saben que estás saliendo con Coque?

Mi pregunta le dejó sin palabras y tardó un rato en recapacitarla al completo.
Estaba realmente confundido, ¿me quería de verdad o era un simple juego?
Mi conciencia se limitaba a creer que realmente esa chica sentía algo aunque fuera poco por mi.
¿Si no como explicar lo ocurrido hace un momento?

- No lo saben. Piensan que sigo célibe.

- Ohh.

- Oye, lo que acaba de pasar...

- Lo olvidaremos y seguiremos con lo nuestro.

- Eso es lo que iba a decirte. Ha estado fuera de lugar y no volverá a pasar.

- ¿Amigos? - me propuso ofreciéndome un apretón de manos amistoso.

- Amigos. Claro.

- Y a Coque de esto ni una palabra.
Él no sabe que mi mejor amigo está enamorado de mí y quiero que continúe sin saber absolutamente nada.

- Ya veo - mi respiración se aceleró y se hizo más tensa.
Vale, ella no tenía ni remota idea de que su actual pretendiente se encontraba en el hospital más próximo sino no se encontraría desasosegada, exaltada ante la idea y posiblemente se hallaría en la habitación del hospital cogiéndole la mano a Coque y prometiéndole que todo saldría bien.

- Mmm...¿Qué sucede?- susurró en tono dulce, sensible y con rostro extrañado.

- Verás...Coque lo sabe.

- ¿Cómo que lo sabe?

- Hace cerca de tres días que ocurrió lo inesperado.
Fui a hablar con Coque.

- ¿Qué coño le dijiste? - preguntó fibrosa.

- Me revelé y tuvimos una pequeña disputa que acabó en un ingreso en el hospital por parte de él.

Se llevó las manos a la cabeza y trás un fuerte suspiro de desesperación levantó la mirada y clavó sus ojos medio llorosos en mí.

- ¿Os peleasteis? ¿Y justamente fue él el que acabó mal? - puso los ojos en blanco e intentó respirar hondo sin inhalar desmesuradamente.

- Fue...un pugilato, la verdad es que no sé como se encuentra. Miriam no me ha dejado verlo.

- Ella estará enojada, disgustada, airada contigo - comentó con tono interrogante.

- Supongo.

- ¿Por mi? Valla, no sé para que te conté nada. Confiaba en ti pero ya veo que no puedes confiar en nadie en esta puta vida.

- No te preocupes. Se pondrá bien - le consolé cogiéndole la mano discretamente.
Era lo único que podía hacer ya que lo había estropeado todo completamente.

Apartó la mano y se irguió.

- Estoy cabreada.

- Lo sé.

- ¿Puedes por favor, dejarme vivir?

- No puedo porque te quiero y no me rindo tan fácilmente - balbuceé acercándome a su imagen.

Se apartó y me aisló de la verdad.

- Cuando, quieres a una persona y ella no te quiere a ti, lo mejor es dejar que sea feliz ya que sabes que contigo no lo será. Dejame ser feliz, por favor.

- ¿No entiendes que no puedo separarme de tí?

- ¿No entiendes que mantengo una relación con tu amigo?

Mierda. Me pilló por banda eliminándome del juego.

Eri era mi premio y solo lo conseguiría si ganaba la batalla contra Coque.

- Intentaré alejarme de ti pero no quiero perderte. No quiero perder nuestra amistad.

- Pues como sigas por ese camino, la acabarás perdiendo.

Miré al mi alrededor, me amnistié y me dirigí hacia la puerta de roble que constituía la habitación.


- Habitación número siete de la UCI, hospital "Curation", calle Rosalinda. Es todo lo que sé -  ni siquiera le lancé una rápida mirada.

- ...

Me ausenté del cuarto y dando un portazo debido al enfado producido por las palabras de Eri, bajé las escaleras con cautela para aventurarme al exterior de la casa maldita.

¿Por qué la gente no comprende lo que realmente puedes hacer por la chica de tus sueños encantados?

Alguien me agarró del brazo.

- ¿A dónde crees que vas?










Narra Pris:




Una mañana más, me desperté con la emoción de que era domingo y de que hoy no se realizaba trabajo laboral.

Aprovecharía para visitar al hermano de Miriam y así comprobar su estado.

La verdad es que no tenía mucho contacto con él, bueno, ni con la familia al general y menos con la de Jessy.

Nunca se me había ocurrido tener una conversación civilizada con el chico del que realmente Jessy estaba enamorada. 
Me sentía...sola. 

Miriam, aunque no lo reconocía, se encontraba prendada y rendida ante los pies de Derek.

Sólo con nombrar su nombre ya se ruborizaba y se sofocaba. Era muy reservada para los sentimientos ya que nunca se enamoró verdaderamente y de tal forma como de Derek.
¿Quién iba a decir que se conocerían de una forma tan peculiar?
Por consiguiente, se encontraba Jessy la obsesa del control por si misma.
Enamorada del hermano de su mejor amiga y ocultárselo como podía cuando él se encontraba presente. No sé como conseguía aguantar las carantoñas de Coque y Érica, a mí me resultaría totalmente imposible.

Me siento marginada, excluída del grupo de las " friends heartbreaker". Me centraba tanto en mi trabajo que no pensaba ni en mí misma.

Me preparé para presentarme en el hospital.

Me puse un conjunto de pantalón corto, blusa y bailarinas a juego.
Como no encontraba la forma de controlar mi horripilante pelo, me puse un gorro negro muy renegrido.






















Salí de casa a eso de las once y cuarto de la mañana. Aún seguía dormida trás no poder dormir muy cómodamente la noche pasada.

Entré en mi 4x4 escarlata e impulsé el motor haciéndolo rugir, me encantaba.

Me coloqué mis gafas Ruffish plateadas, bajé el techo solar y me sumerguí en el profundo mundo del rock and roll y de las palomitas de maíz.

Fui por la autopista para poder llegar antes y comencé a acelerar, la adrenalina que transmitía el viento recorriendo mis venas, provocándome un suave erizamiento en la piel y Martin Garrix me ayudaban a cambiar y a desconectar de los descuentos, los precios y las marcas de ropa.

Pisé con vigor el acelerador y contemplé la aguja del cuentakilómetros desplazarse cada vez más a la derecha.



Alcancé los ciento ochenta kilómetros por hora y eso me hizo sentir la única persona en este planeta.


Mis hormonas se habían disparado y mi corazón seguía el mismo ritmo que el motor del vehículo.
No era la primera vez que lo realizaba. Saltarme las normas de seguridad en la calzada era emocionante.

Escuché e intuí el sonido de una sirena procedente de uno de los vehículos de la policía nacional.


- ¡¡¡NO!!!

Detení el coche y escuché las pisadas del policía acercándose a mi 4x4. Bajé la ventanilla y mientras mascaba mi chicle de arándanos, el anciano jefe de la policía nacional me contemplaba decepcionado.

- ¿Sabe? Me ha chafado el récord - insinué en tono burlón y cabezón.

- Claro, coméntelo en comisaría.

Sonreí, ¿Por qué se mofan tanto de la gente?

- ¿Sabe a qué velocidad iba usted? - alcanzó su libreta de recetas (multas) y apuntó algo pero no sé lo que escribió.

- Ni siquiera me fijé.

- Muy bien.

- ¿No podría hacer la vista gorda? - cuchicheé, guiñándole un ojo -  Tengo a un amigo en el hospital y no me gustaría llegar tarde.

- Si, y yo a mi abuela. No te jode...

- Ese vocabulario, señor.

- Nombre completo - me ignoró.

- Priscila Mareu Guñadez.

- ¡Valla! No es la primera vez que ascede los límites de velocidad permitidos.

- Tengo prisa - bostecé en modo de aclaración.

- Edad.

- 19.

- Pues aquí tiene, señorita - anunció entregándome el papel con la multa.

- Esto debe de ser una broma. ¿Seiscientos Euros por pasar los límites encomendados?

- Cien son por falta de respecto a la autoridad y el resto por el exceso de velocidad. Deme la documentación del coche y su carnet de conducir, si es tan amable.

Abrí la guantera del coche y saqué los papeles y el carnet.
Se los entregué y al cabo de unos segundos, me lo devolvió.
Me retiré las gafas de sol y le miré fijamente.

- Oiga.

- Dígame.

- ¿No hay otra forma de aclarar esto?

- ¿Está usted insinuando o más bien proponiéndome el típico lío sexual para librarse de la multa?Déjeme informarle de que me encuentro felizmente casado - me enseñó la mano donde se encontraba en el dedo anular, un anillo de oro.

- No estaba pensando en sexo, ¿Piensa que me puedo interesar por usted? Pero aunque se encuentre en pleno matrimonio, puede hacer excepciones, ¿no? - le dije mirándole fijamente y rozándole el brazo.

- Hombre, yo...

- Usted, ¿se deja encandilar por una chica morena de diecinueve años? - una voz grave se escuchó al otro lado del 4x4.

El chico se acercó y sin aún poder verle la cara, dudó un segundo y al fin, podí apreciar su rostro.

- Quinientos y que no se hable más - dijo en tono amenazador - controle la velocidad.

- Vale - sonreí y el policía se fue.

El chico se acercó a mí, abandoné el coche y me coloqué enfrente de él.

- Ohh. ¿ Te acuerdas de mí?

- ¿Cómo no iba a hacerlo? ¡Álvaro! ¿ Qué haces por aquí? - pregunté confundida y sorprendida.





- Sólo viendo a chicas ligando con viejos policías - susurró en tono burlón.

- Llevo ya tres multas esta semana. Necesito recursos o me volveré pobre.

- Tal vez, no correr a ciento ochenta por hora te ayude.

- ¡Ja!

- No sabía yo que te gustaban los maduritos.

- Me gustas tú así que fíjate.

- Jajaja. Nena, no me obligues a llevarte a mi cuarto esta noche - dijo mordiéndose el labio.

- Contigo no iría ni a New York.

- A París si.

- Idiota. ¿Qué coño haces aquí? ¿No acabarais con la gira?

- Estamos de vacaciones.

- ¿A si que te veré a menudo?

- Pero no desnudo.

- Jaja, tus rimas no molan.

- Tu forma de flirtear tampoco.

- Pareces celoso, cielo - me alarmé en tono tristón.

- Jaja, sueña, preciosa.

-Ya lo hago.

- Hoy soñarás conmigo y te aseguró que te encantará.

- Prefiero soñar con el poli si no te importa, cariño - con acento sensual, me apoyé en el capó del coche.

- Eres dura de pelar. Te echaba de menos.

- Y yo a ti.

- ¿Abrazo?

- Abrazo.

Me abalancé sobre él como si la vida me fuera en ello.

- Álvaro, no toques, ¿por qué tocas?

- Nena, las manos están para tocar.

- Jaja, por favor.

- Estás guapa.

- Siempre lo estoy, Gango.

- Jjaja.

- Voy a llegar tarde - afirmé comprobando la hora justa.

- ¿A dónde? ¿A ver a tu ligue?

- No tengo - le respondí distante.

- ¿Enserio? ¿Una chica tan linda sin pretendientes? ¡¡No me lo creo!!

- Tú no me has observado correctamente - añadí bajando la cabeza. Me levantó el mentón.

- Eres hermosa, por dentro y por fuera.

Le miré fijamente a los ojos, sus pupilas destacaban y el color negro apagado causó el efecto de estar de noche.

- ¿Te llevo? - pregunté cogiendo las llaves del 4x4.

- He traído mi scooter además, he quedado con los chicos.

- Suerte, adiós.

- Suerte a tu amigo.

- Gracias.

Le dí un beso en la mejilla y me subí al coche despidiéndome.


Que sorpresa encontrarme con Álvaro, ¿quién lo iba a decir?

¿Tal vez, cosa del destino?
Hace días que no lo veía, desde el concierto.

Bueno, emprendí mi viaje y llegué lo más pronto posible.











Narra Miriam:




- Son... ¿Unas llaves?

Desilusión.

- No unas llaves cualquiera sino las llaves de mi casa.

Humillación.

- Ohh.

Apercimiento.

- Puedes acudir a mi casa cuando lo necesites.

Me imaginaba un anillo de diamantes incrustados, un collar, una pulsera con la fecha del comienzo de nuestra relación pero, ¿unas llaves?

¿UNAS LLAVES?

- Gra...gracias...- respondí con voz unísona y ligeramente apagada.

- No las des pequeña - se acercó y me dió un fuerte achuchón.

Valla, por fin decía algo con sentido.

- Tengo que ir a la pelu, ¿te importaría después acompañarme al hospital? No quiero ir sola.

- Claro, llámame cuando termines.

- Me tengo que ir yendo, sino llegaré tarde.

- Hasta después - me besó la mejilla y me acompañaóhasta la puerta.

Cuando me di cuenta, estaba en el medio del corredor y con la llave en la mano.

Decidí guardarla y avancé hacia el ascensor. Pulsé el botón y me dirigí a la planta principal del edificio donde se encontraba Jerry.

- ¡Hola!- saludé pertinentemente.

- Señorita Fernández - hizo una pausa y prosiguió con su trabajo.

Vi que estaba ocupado así que no me entretuve a hablar mucho con él.

La peluquería se encontraba a unas cuatro manzanas del edificio de Derek así que decidí ir a pie.

Nada más llegar, me fijé en el cartel de la puerta principal: " Descuento al 80%".
Creo que lo acababa de colocar en ese mismo lugar hace unos minutos antes porque se respiraba un aire fresco y no había mucha clientela.
Normalmente, cuando anuncias que rebajas el precio, suele interesarse mucho la gente.

- Hola - saludé con seguridad al acceder al interior del establecimiento.

- Buenos días - me acerqué al mostrador - ¿Puedo ayudarle?

- Soy Miriam Fernández, tengo cita para las doce.

- Haber...ohh claro, esta apuntada. Siéntese por favor. ¿Puede concederme el brazer?

- Por supuesto, gracias.

-Casu la atenderá.

Hice lo que me pidió y espere unos minutos hasta que llegó la peluquera.
No era la primera vez que venía, con Casu tenía confianza pero con la nueva integrante del salón de peluquería, no tenía mucha confianza. Aparentaba ser una chica maja pero la inseguridad me acechaba y no estaba segura.

- Pero mira quien esta aquí, nuestra bienechora Minnie - saludó Lily (la auxiliar de peluquería).

- Lily, jajajaj.

Al poco rato, apareció Casu, la típica chica perfecta, jefa de un establecimiento perfecto, con la más cuidada melena del país.

Sentí cierta envidia, teníamos casi el mismo peinado pero a ella le sentaba mucho mejor.

- Buenos días, ¡Minnie, cuanto tiempo! - exclamó con voz dulce y tono de cierta sorpresa.

-Lo mismo digo.

- Has tardado siglos en volver desde la última vez - susurró Casu

- No he tenido mucho tiempo.

- Para estar linda siempre se busca un hueco - responde Lily acicalándose el pelo.

- Vale, ¿corte, teñir, planchar, alisar, extensiones? - se incorporó Casu

- ¿Lo de siempre verdad? - Lily siempre tan graciosa.

- Pues no. Teñir, alisar y cortar.

- Es lo que se llama un completo - mencionó Lily.

- ¿Minnie, por qué este cambio repentino? - la interrumpió Casu.

- Necesito sentirme otra persona.
Quiero cambiar.

- Me parece genial, saldrás por esas puertas perfecta y satisfecha - me sonrió Lily.

- Gracias - le agradecí afortunadamente.










Narra Jessy:




Me encontraba cansada y la presión me consumía por dentro.

Por favor, solo esperaba a que alguien me informara, solo quería escuchar un "se pondrá bien."

Era una chica muy impaciente y odiaba esperar, era un gran problema. Parecía que la gente poco se preocupaba por Coque ya que nadie se encontraba presente en la sala de espera.

¿Es que no les importa? Tal vez, estarían ocupados trabajando o con otros asuntos personales.
Lo importante era que yo estaba aquí y Érica no.
Me reí, estaba ganando puntos y cada vez me acercaba más a Coque.

Sólo un paso para poder tenerlo en mis manos.








Narra Miriam:



- ¡¡Estás divina!!- soltó Casu emocionada.

- Hemos hecho un gran trabajo.

- ¿Podéis pasarme un espejo? - respondí sonriendo.

- Dina, ¿puedes pasarme un espejo, por favor?

Valla, al fin sé el misterioso nombre de la chica del mostrador.

- Gracias.

- Toma Minnie - Lily me entregó un espejo.

- ¡¡¡Dios!!!, ¿¿¿esta soy yo??

- No, es un extraterreste de Saturno. Tonta, ¿a ti qué te parece?

Lily siempre tan autoritaria. Ya lo sé, soy yo.
Puse los ojos en blanco y contemplé mi dulce reflejo en el espejo.

- Espejito, espejito ¿quién es la más bella del establecimiento?

- Yo - respondió Lily.

Empezamos a partirnos de risa.

- Que chula, presumida - afirmó Casu. La verdad era  justamente lo que yo estaba pensando.

Escuchamos el fuerte ruído de la puerta batiendo. Alguien la había abierto.

- Caballero, ¿puedo ayudarle en algo? - susurró Dina en tono dulzón.
Valla, he hecho un gran esfuerzo recordando su nombre.

 Levanté la mirada.

- Vengo a recoger a... - Dina se mordió el labio superior y le dedicó una media sonrisa.

¿Qué mierda intentaba la psicópata esta?
Mi conciencia me susurró que me tranquilizase pero los celos son extemporáneos.

- Derek - llamé su atención.

Se acercó cuidadosamente y con una sonrisa de oreja a oreja.

- ¿Quién eres tú y donde está mi chica?

Me levanté y él me cogió de la mano. Miré a las chicas un segundo, todas las miradas se centraban en nosotros. No sabía que Derek causaba ese efecto en casi todas las doncellas, lo cierto era que Derek, con solo mirarle te derretía lentamente. Casu, Diana y Lily se quedaron boquiabiertas y sin poder articular palabra.

- Jaja, ¿te gusta? - interrumpí.



- No, me encanta que es diferente.

- Es que tengo unas peluqueras magníficas y muy buenas en su trabajo.

Derek las observó y eso hizo que se sonrojaran.

- Un muy buen trabajo - insinuó Derek.

- Gracias - respondieron Lily y Casu al unísono.

- Minnie estás guapísima, elegiste al final el tinte correcto aunque estabas insegura - articuló Casu.

- ¿Te ha llamado Minnie? - preguntó Derek.

- Jajaj, es que viene de Miriam.

- Miriam, Minnie.

Se explicaron las peluqueras.

- Pues me gusta... - sonrió - No hace falta que te pongas linda para mí, ya sabes que lo eres.

- ¿Soys pareja?- preguntó Dina. Pues claro, era obvio. L voz de mi subconsciencia hablaba por momentos.

- Si - presumí.

- Ohh... me alegro.

- Gracias.

- Valla, ¿Minnie cuando nos lo ibas a contar? - argumentó Casu.

- Pensábamos que te quedarías soltera de por vida - Lily volteó los ojos.

- Llegó él y ya veis... - Derek me miraba fijamente.

- El amor llega cuando menos te lo esperas.

- Así es, Casu - respondí sonriendo y observándolo a él.

- Bueno, ¿Nos vamos? - Derek habló.

- Si.

Me acerqué al mostrador, pagué a Dina lo que debía y me despedí de las chicas dándoles las gracias por el maravilloso look que me habían favorecido.

- Pasadlo bien chicos - dijo Lily.

- Gracias, ya nos veremos chicas, os quiero.

- Eso espero, jajajaj - sonrió Casu despidiéndose de ambos.

Le cogí la mano a Derek y salimos del establecimiento.

- Estás guapísima. ¿Cómo se te dió por cambiar de look?

- Me aburrí del viejo.

- Jajaj, pues me gusta más el nuevo.

- ¿Insinuas que el viejo no te gustaba?

- Solo digo que eres hermosa y que te quiero con locura.

- Idiota - le besé rápidamente.

Abreióla puerta lateral del coche y me invitó a pasar.

- Que caballero.

- Siempre al servicio de una dama - dijo besándome cuidadosamente la mano y representando una reverencia hacia mí.

Hablamos durante el viaje y cuando nos dimos cuenta, llegamos.

- Gracias por traerme.

- No es nada.

- Si no tienes cosas que hacer...puedes acompañarme... - susurré con voz vergonzosa y en un tono demasiado bajo.

- ¿Enserio?

- Si no quieres no pasa nada. Estarán mis amigos.

- Pues claro que me gustaría acompañarte, es más, voy a acompañarte.

- Pues vamos.

Salimos del coche y entramos en el hospital.
Conducí a Derek por los pasillos de la UCI buscando la sala de espera.
Al fin la encontré, allí se hayaban Jessy y Pris. Esperando...

- ¡Chicas! - me lanzó a abrazarlas y contempló a Derek que se queda en stand-by observándonos con las manos en los bolsillos.
Jessy lanzó la primera mirada hacia él.

- Miriam, ¿qué tal? ¿qué te has hecho en el pelo? - me preguntó Jessy.

- Me he dado un cambio de look, lo necesitaba.

- Está guapísima- afirmó Derek con una sonrisa.

- Jessy, Pris os presento a Derek, un...amigo.

¿Amigo? ¿Qué acabo de decir?
¿Se ofenderá?

- Encantada, yo soy Jessy y ella es Pris - Jessy lo observó de arriba a abajo y respondió a su sonrisa.

- Hola - saludó Pris.

Se dieron un amistoso apretón de manos. Menos mal, han comenzado bien.

- Así que tu eres el famoso Derek.

- Yo...me siento perdida - balbuceó Pris - no me sé la historia.

- ¿Os habla de mí? - reprochó Derek observándome.

- Y que lo digas - Jessy puse los ojos en blanco ante la pregunta de Derek. Como diciendo"Idiota, pues claro".

- ¿Y que os ha dicho?

- Eso no se dice - Jessy comenzó a reírse.

- Yo...poco me sé de la historia. Miriam aún no me la ha contado - susurró Pris consternada.

- Ajam...es que no tenía ni que explicárselo a Jessy - balbuceé sonrojada.

- Jajajja, vale...me siento perdido.

- Ya somos dos - respondió Pris - nos acabamos de conocer y ya me caes bien.

- Debes de ser muy ligón. ¿No, Derek? - insinuó Jessy con picardía.

- Jessy...- le contradije.

- Tienes unas amigas muy divertidas - me interrumpió Derek.

- Miriam, no me extraña que te hayas acostado con él con esa sonrisa... - pestañeó Jessy.

- ¿¿¿Qué os habéis..??? - preguntó Pris confundida.

- ¿Quieres callarte? - levanté el tono de voz.

- No me contáis nada, enserio - dice Pris.

- ¿Os lo contáis...todo? - mencionó Derek - ¿Le has contado con detalles nuestra noche de...?

- No, ya no le contaré más nada - miré a Jessy con desprecio.
¿Cómo podía ser a veces tan gilipollas?

- ¿Sabéis algo de Coque?

- No. Nadie nos ha informado aún - respondió Jessy.

- Esta noche me quedo yo. Vete a casa y descansa - afirmé.

- Gracias.

Salió de la habitación la doctora y se nos ocurrió preguntarle:

- Buenos días, ¿cómo se encuentra Coque?- le pregunté precipitadamente.

- ¿Se refiere a Álvaro?

- Si.

- Realizamos varias pruebas de las cuales aún estamos esperando los resultados.
Su pulso es muy alternante, cuando parece estar estable...su pulso empieza a descender... Es muy extraño y averiguaremos porque le ocurre.

- ¿Podemos verlo?

- Si, ahora si.
Podéis entrar.

Rápidamente nos abalanzamos hacia la puerta. Todos teníamos ganas de verlo.

La primera en entrar fue Jessy. Pris entró detrás de ella.

Hice un gesto a Derek para que me acompañara al interior del cuarto.

- Yo mejor espero fuera. No lo conozco ni él a mi.

Entré y lo primero que hice fue abalanzarme a los brazos de mi hermano.

- ¡¡¡Hermana!!!

- ¡Coque!

- Siempre ha preguntado por ti - afirmó muy convincente Jessy.

- ¿Qué...qué te has hecho en el pelo?

- Otro.

- ¿He dicho algo malo?

- No, por supuesto que no. Necesitaba un cambio para sentirme bien.

- Ahh, pues estás guapísima hermana.

- Gracias, ¿Cómo te encuentras?

-Pues aparte de tener esa horrible sensación de que algo malo va a ocurrir pues...me encuentro mejor.
Me duele la espalda y tengo un hambre que me comería a Jessy.

Jessy se acercó a Coque y le cogió de la mano, él sonrió y ella se ruborizó.

- Me alegro muchísimo de veros, estar sólo en un sitio desconocido no es muy agradable y la enfermera tiene mala ostia.

- Espero que te recuperes, ya sabes que te apoyamos y que estaremos aquí cuando lo necesites - dijo Pris apoyada en el marco de la puerta.

- Aunque no me conozcas lo suficiente no hace falta que te averguences. Ven aquí, Priscila.

- Me caes bien, tú y tu hermana sois clavaditos.

- Bueno...ella siempre tuvo más pelo - nos reímos, echaba de menos las carcajadas de mi hermano.

- Miriam, tengo un poco de sed. ¿Te importaría traerme una botella de agua de la máquina?

- Claro. Es normal teniendo en cuenta que te avasallaron de pruebas y análisis.

- Gracias.

Le di un beso en la mejilla y salí de la habitación acompañada de Pris.

Derek me vió y se dirigió cara a mí.

- ¿Cómo está?

- Muy contento, más relajado y le han cicatrizado la mayoría de las heridas leves.

-¿ Y el tobillo?

- Escayolado.

- Se recuperará tranquila.

- Lo sé - asentí - ¿me esperas? Voy a buscarle una botella de agua a Coque.

- Claro.

- Gracias por hacer esto, tu apoyo es muy importante para mí y gracias a ti puedo ser quien de verdad soy - unas lágrimas rozaron mis mejillas.

- No me llores. Sabes que es un honor ayudarte en todo lo que pueda - susurró mientras me abrazaba.

- Eres tan buena persona conmigo - le dije acariciándole la mejilla izquierda.

- Te quiero y es mi forma de demostrártelo - le di un dulce beso y me despedí de él.

Avancé con Pris cara la planta principal del hospital donde se encontraba la cafetería.
Como no sabíamos donde se encontraban los ascensores pues...tuvimos que bajar cuatro plantas para llegar a nuestro destino.

- ¿Qué hay entre Derek y tu?

Me quedé helada ante la repentina pregunta de Pris. ¡Qué directa!

- ¿Qué?

- Os habéis acostado y no creo que fuera una sola vez, se os ocurrió tener una cita, os besáis en el medio de una planta del hospital... creo que no es esa la definición de "amistad".
Tal vez es un...¿ follamigo?

- Es imposible ocultaros nada.

- No has respondido a mi pregunta.

- Estamos saliendo.

- ¿Estás...enamorada de Derek?

- Estoy colada por Derek Karev.

- ¡Lo sabía!

- De momento, no le cuentes nada a Jessy.

- Creo que ya lo intuye.

-¿Por? -  pregunté confundida.

- Es obvio, ¿No has visto como te mira tu chico? Se nota que está súper enamorado de ti.

- ¿Si? -me ruboricé sólo de pensarlo.

- Hazme caso.

Tenía ganas de ponerme a dar saltitos de alegría pero era muy infantil y aún encima delante de una multitud de gente...como que no.







Narra Coque:


Por fin, veía a mi hermana, a mi mejor amiga y a Priscila.

No estaba sólo y eso me impulsaba a sentirme con más fuerza para seguir luchando ante todo eso.
Jessy y yo nos quedamos a solas en la habitación.

- Coque, te pondrás bien.

Me acarició el brazo con ternura y susurró unas lindas palabras de consuelo.

- Me encuentro un poco mareado, ¿es normal?

- Déjame ver.

Posó una mano sobre mi frente y me miró fijamente a los ojos.

- Estás ardiendo, tienes fiebre. La fiebre puede provocarte los mareos.

- Pues tengo frío.

- Toma, tómate esta pastilla y te sentirás mucho mejor. Me lo dijo la doctora.

Me la tomé y Jessy me cogió de la mano con mirada intrigante, preocupada.

- Lo que daría por saber lo que estás pensando.

- Nada bueno.

- Tengo mucho frío - titiritaba en vez de hablar.

- Mmm... haber si logramos que entres en calor.

Se acurrucó a mi lado y me abrazó cariñosamente.

- No tienes porque hacerlo.

- No dejaré que te mueras de frío. Una amiga no haría eso.

- Las mejores amigas no lo hacen.

- ¿Yo? ¿ Tu mejor amiga?

- Aja. Eres la única que logra comprenderme.

Le acaricié el pelo mientras la miraba fijamente a los ojos. Ella me sonrió y me rozó la mejilla con suavidad y dulzura. Me acerqué a ella lentamente y bajé la mirada a sus carnosos labios llenos de deseo por alguien que les demuestre cariño.
Al morderse el labio, mi deseo se hace incontrolable, me acerqué lentamente a ella...

La puerta de la habitación se abrió, nos separamos rápidamente y yo escondí la cabeza.

- Perdonen, es que se me olvidaron aquí los informes.
Buenas tardes.

Salió del cuarto.
Me acurruqué en el pecho de Jessy y cerré los ojos.

- Oye.

- Dime.

- Cuando empieces a trabajar de camarera, intentaré visitarte todos los días que pueda.

- ¿Si? Jajjaaj, no sé ni el uniforme que tendré que ponerme en horas laborales.

Me mordí el labio.
Pensar que estaba tan cerca de Jessy pero a la vez tan lejos...










Narra Érica:




Lo primero que se me vino a la cabeza después de lo que me confesó Henry fue que tenía que ir a verlo.

Nadie me lo había contado cuando tendría que ser la primera en enterarme.

Me precipité por las calles de San Juan y vislumbré la horripilante y destellante luz del sol.

Me impedía ver completamente la autovía.

Llegaría lo antes posible. Estaba muy preocupada por Coque.
Me apresuré rápidamente hacia el hospital y recordé las palabras de Henry: "Planta de la UCI, habitación número siete." Estaba lista para enfrentarme a lo que me esperaba.













Narra Jessy:




Escuché otra vez el ruidoso chirrido de la puerta abriéndose...



                                                                       



                                                                           ¿Por qué no puedo asobinarme en el regazo de Coque?

                                   


                                        ¿ No puedo hacerlo?



¿Está prohibido?























 PRIMER CAPÍTULO DE LA MARATÓN, CONTINÚA LEYENDO ➡