domingo, 21 de mayo de 2017

(T2) CAPÍTULO 45: REMEMBER






Narrador Onmisciente:




El ambiente era sórdido y estremecedor. 

Dio un paso al frente decidido pero unos segundos antes de que apretase el gatillo, Susan apareció interponiéndose delante de su hija que se encontraba tendida en el suelo y apenas era capaz de respirar con normalidad. 

El disparo resonó por todo el hospital.  

Un grupo de policías intervinieron con rapidez pero ya era demasiado tarde. 

Susan se encontraba al lado de su hija. Su vista estaba completamente vacía, sin vida y las lágrimas que recorrían su rostro se habían secado por completo.

 Uno de los hombres de traje azulado, se arrodilló a su lado mientras atendían a la hija, que al contrario que la madre tenía pulso, débil pero lo tenía.

- Ha fallecido. Le disparó muy cerca del corazón. Perdió mucha sangre - exclamó mientras se erguía y ladeaba la cabeza. 

Detenieron al asesino y uno de los enfermeros del hospital cargó a Miriam en una de las camillas.

- ¿Sobrevivirá? - preguntó uno de los policías mientras otro doctor certificaba la muerte de Susan.

- No lo sé. No hay orificio de salida, debemos extraerle las balas y ver que sucede.















- Dios mío, ¿mamá ha muerto? Pero... ¿Por qué estaba aquí? ¿Por qué no me avisó de que venía? - murmuró Coque mientras sus lágrimas le nublaban completamente la vista.

Aunque se lo repitiesen mil y una veces, él seguía sin poder creerse todo lo que había ocurrido. 
Érica se mantenía en un rincón de la habitación mientras sollozaba en silencio, cuando se enteró del tiroteo, no dudó en venir corriendo a ver a su amado. 
Su padre estaba a su lado, se encontraba muy aturdido y apenas podía pronunciar palabra. Ni siquiera era capaz de llorar y liberar la presión que sentía en su corazón.

Pris, se encontraba en la sala de espera con Jessy. Ambas estaban muy preocupadas por Miriam y no podían dejar de llorar. 

Dani junto a Carlos, estaban de camino. Carlos no dudó en contarle todo a su fiel compañero. 
El humilde chico rubio temía por la vida de Miriam como si fuese su propia vida la que estaba en juego.

- Sé que es duro de aceptar, te comprendo pero tu madre hizo todo lo que pudo por sobrevivir. Era una heroína y esté donde esté te aseguró que siempre estará a tu lado, protegiéndote, pase lo que pase. Eso es lo que hace una madre - intentó consolarle una de las enfermeras que le cuidaba.

- ¿Y mi hermana? ¿Es un vegetal como mi madre?

Dijo sollozando mientras una sensación de rabia comenzó a recorrer su cuerpo.

- Álvaro... Por favor... - advirtió su padre cabizbajo mientras observaba sus manos temblorosas. 
Su voz era quebrada pero audible.

- ¡Mierda papá! ¡No! ¿Cómo puedes estar tan tranquilo después de todo lo que está pasando?
¿Es qué no te importa nada? Mamá ha muerto y mi hermana también morirá y todo esto por que un demente y perturbado se levantó por la mañana y pensó "Voy a matar a personas inocentes porque me apetece". 
La vida es corta, papá. No podemos dejar que lo sea aún más. 

- Coque, no puedes pretender que reaccione de la misma forma que tú. Cada uno actúa de formas diferentes y...

- No te metas, ¿vale? Ha perdido a su mujer y está como si nada hubiese ocurrido así que si, puedo obligarle a reaccionar - le interrumpió de nuevo mientras sacudía y zarandeaba a su padre. Este no dijo absolutamente nada y eso solo provocó que el enfado de Coque fuera más allá. Cogió a su padre por la doblez de su cazadora y lo atrajo a su lado mientras le miraba completamente desconcertado - ¡Despierta de una puñetera vez, papá! ¡Reacciona! - gritó mientras lloraba desconsoladamente.

La enfermera se acercó con rapidez cogiendo al padre de Coque por la cintura y separándolo de él. 

- ¡Ya está! Él no tiene la culpa, nadie la tiene. El psicótico que atacó a tu madre pagará por lo que hizo. Deja de comportarte como un niño cabreado y piensa con claridad antes de actuar - mencionó la doctora intentando mantener la calma mientras el padre de Coque comenzaba a llorar desconsoladamente ladeando la cabeza. 

Unos segundos después, salió de la habitación lo más rápido que pudo y Coque miró al techo intentando calmarse mientras encogía sus piernas y rodeaba sus rodillas con sus brazos.

Érica sollozaba desde el fondo de la habitación mientras sentía como un gran dolor le consumía. 
Ese dolor se fue extendiendo por la parte inferior de su tripa fuertemente.

Se encogió abrazando su barriga y comenzó a sollozar sonoramente llamando la atención de la doctora.

- ¿Qué te ocurre? 

La doctora se acercó a ella preocupada mientras Coque alzaba la mirada volviendo a la realidad.

- No soporto... ¡Me duele!... - tartamudeó sin apenas poder respirar con normalidad. Se hincó sobre sus rodillas mientras continuaba abrazando su tripa. El dolor era cada vez más fuerte.

La enfermera se puso justo a su lado y le ayudó a recostarse sobre el suelo. Llamó a unas doctoras para que le ayudasen a atender a la joven. 

Cuando apartó las manos de su tripa pudo ver claramente como la sangre salía con rapidez extendiéndose por su camiseta. Entonces, su respiración se volvió aún más agitada y la doctora la acogió entre sus brazos aguantándole la cabeza.

- Aguanta. Te ayudaremos. Todo irá bien pero no debes alterarte. ¿Vale? - intentó tranquilizarla la doctora mientras sus compañeras llegaban con una camilla y unos cuantos aparatos médicos. Érica apretó la mano de la doctora con fuerza mientras la miraba con sus grandes ojos completamente dilatados.

Coque se erguió arrodillándose al lado de su novia.

- ¿Qué está pasando? ¿Qué te ocurre? - mencionó acariciando su cabellera mientras su cara cambiaba por completo al ver la sangre que salía sin control de su cuerpo - Estás sagrando mucho, ¿por qué? ¿Doctora? 

- Por favor, debe apartarse de la joven si quiere que sepamos verdaderamente lo que le pasa - intervinió una de las doctoras agarrándole del brazo y apartándole de su novia.

- No, es mi novia. Debo estar con ella. Por favor, no quiero perder a nadie más - sollozó intentando soltarse de su agarre. 

La doctora se posicionó delante de él y le miró totalmente preocupada.

- Vuelve a la cama. Si me deja atenderla, no la perderá - intentó tranquilizarle mientras sus ojos comenzaban a brillar conteniendo pequeñas lágrimas.

Finalmente, Coque le hizo caso y las tres especialistas comenzaron a examinarla.

- ¿Estuviste presente en el tiroteo? - preguntó la doctora mientras le tomaban el pulso y le ofrecían una mascarilla para que pudiese respirar más pausadamente. 

- No exactamente... - expresó muy aturdida mientras el dolor comenzaba a ser menos pesado - Estoy embarazada - miró detenidamente a su novio mientras le ponían la mascarilla y finalmente, cerró los ojos.




- Vale, llevémosla a una de las salas para poder atenderla - ordenó una de las doctoras con rapidez mientras Coque seguía completamente confundido con los ojos totalmente abiertos, pendientes de todo movimiento.

Las dos especialistas, se llevaron a la joven en la camilla. La enfermera que se encargaba de cuidarlo intentó calmarle.

- No te preocupes, te informaremos y te haremos un seguimiento de todo lo que ocurra. 

Coque asintió con ojos lagrimosos.

- ¿Lo sabías?

- No - alzó la mirada unos segundos más tarde.

- Ambos estarán bien - afirmó una última vez saliendo de la habitación a la velocidad de la luz.

Coque estaba totalmente en shock y muy aturdido.
Era demasiada información para progresar y no era precisamente el momento apropiado.

Se envolvió entre las mantas y se encogió como si fuera el ser más desprotegido del universo. Apretó los ojos con fuerza intentando que el dolor cesase pero era completamente imposible.

Ahora que había comenzado era imposible hacer que desapareciese.

Iba a ser papá y lo único que podía pasar por su cabeza era que su madre no podría conocer nunca a su nieto. 









La dulce Lola abrió los ojos lentamente. Se llevó un pequeño susto al ver la cabellera castaña de un hombre que le cogía de la mano con delicaleza.

 Cuando se dio cuenta de que era Henry se tranquilizó. 

Sintió un mínimo dolor en su cabeza y en su entrepierna que le hizo recordar todo lo que había ocurrido. Apretó los ojos con fuerza y se abrazó a si misma apártando su mano de la de Henry.

A los pocos segundos, Henry abrió los ojos y se los frotó lentamente.

Se acomodó sobre la silla en la que estaba sentado y miró a Lola con una sonrisa tierna.

- Despertaste. ¿Cómo te encuentras? - murmuró con voz carraspeante debido al cansancio que aún sentía. Intentó cogerle de la mano pero ella la apartó y comenzó a sollozar fuertemente escondiendo su rostro entre sus piernas - Lola... Mierda, lo siento...

Henry cambió su expresión totalmente. Verla llorar le rompía el corazón. Intentó acercarse para abrazarla dulcemente pero ella se negó por completo.

- Por favor, Lola. Dime que puedo hacer - susurró él intentando mantener la calma mientras se erguía totalmente angustiado.

Ella ladeó la cabeza y el corazón de Henry se encogió mientras unas pequeñas lágrimas amenzaban con rozar sus mejillas. 





La quería y verla tan indefensa, tan desprotegida y tan rota hacía que él también se sintiese de la misma forma.

Un doctor acudió a la habitación nada más escuchar los lloros.

Cogió a Henry por los hombros y le susurró que debía dejarla sola ya que necesitaba tiempo. 

Henry asentió y salió a la sala de espera donde aguardaban algunas de sus amigas y su hermano que se levantó y caminó hacia él al nada más verlo.

Se sentó en el suelo totalmente aturdido y reprimió las lágrimas aunque por poco tiempo.





- No quiere mi ayuda, no quiere mi compasión, no quiere ver a nadie y... - sollozó mientras su hermano lo acogía entre sus brazos.

- Mierda, lo que me haces hacer... - intentó consolarle mientras pasaba la mano por su espalda - 
Déjale tiempo. Ha vivido una experiencia horrorosa, necesita aclarar su mente, necesita recuperarse. 
Ella sabe que estás ahí y cuando de verdad necesite tu ayuda, te la pedirá.

- Fue culpa mía. Discutimos y... Ella se sentía sola y aquel gilipollas apareció. Solo quería divertirse. 
Debí de estar ahí, debí evitarlo - repetía una y otra vez mientras su hermano le apretaba fuertemente contra su cuerpo.

-  Oye, interveniste cuando pudiste, la curaste, le diste todo el amor del mundo y la trajiste al hospital. Lo has hecho bien pero no puedes hacer más, solo esperar - le cogió de los hombros haciendo que le mirase - ¿Vale? 

Henry asintió mientras volvía a abrazar a su hermano.













- Puede que me odies, yo también lo haría. Debí pararte los pies, no sé como pude dejarte ir. Pude salvarte, solamente pude... Hacer algo - suspiró mientras la miraba completamente destrozado. Acarició su melena una vez más y besó su frente con delicadeza - Los doctores dicen que tuviste varias hemorragias durante la operación pero finalmente, lograron sacarte ambas balas de los brazos. 
También dijeron que perdiste mucha sangre y que tu pulso era muy débil pero la operación salió bien y... aún así puede que no despiertes - se tapó la cara con ambas manos y bufó mientras intentaba mantener la compostura - Sé que despertarás, Miriam. Eres fuerte, muy fuerte. Aún no es tu hora. Aún nos queda mucho por vivir, ¿vale? Tienes una hermosa vida por delante. Debes seguir aprendiendo y cumplir tu sueño, cantar, tienes que estar ahí cuando tu hermano se gradué, también debes seguir protegiendo a Dylan como lo has hecho hasta ahora. Además, las locuras de Jessy y Pris no serían lo mismo si tú no estás, mi exnovia seguirá acosándome y no podrás salvarme como lo haces siempre. Te necesitamos, todos. Nos haces falta porque eres parte de cada uno de nosotros y no puedes abandonarnos. No puedes dejarnos, si no no seríamos nosotros.
Dani ha venido, creo que le gustas, está muy preocupado por ti y Carlos también. Jessy y Pris están muy preocupadas por ti, no paran de recorrer la sala de espera totalmente desesperadas y Coque también lo está. Tu padre te necesita, está totalmente en shock, no es capaz de asimilar todo esto. 
Joder, Miriam. Tienes que abrir los ojos. He traído tus rosas favoritas y he llegado a aceptar a Dani por ti. No puedes abandonarme. Casi te pierdo una vez y no quiero volver a sentir ese dolor - la miró con amor mientras besaba su mano cálida nervioso - No soy de rezar pero por ti lo haré. Por ti haría lo que fuera. Daría hasta mi propia vida porque te amo y dicen que el amor es eterno. Así que quiero vivir mi eternidad contigo - escondió su cabeza entre las mantas evitando llorar y el silencio les consumió por completo nuevamente.













- ¿Qué haces aquí?

- Acaban de darme el alta - dijo él apoyado en el marco de la puerta mientras ella le miraba delicadamente - Te echaba de menos - dijo accediendo a la habitación y dejando un ramo de flores a su lado.

- Claveles - murmuró ella cogiendo el ramo entre sus manos y percibiendo el olor que desprendían - Mis favoritas.

Las dejó a un lado y alzó la mirada nuevamente para encontrarse con la de él.

- No me mires como si sintieses compasión por mi - le sermoneó la joven suspirando mientras jugueteaba con sus dedos.

El chico se sentó a su lado y acarició su rostro con cariño. Ella le respondió cerrando los ojos y sintiendo su contacto de la forma más agradable.

- ¿Cómo estás?

- Un poco mareada por los medicamentos pero bien. ¿Y tú?

- Físicamente bien pero... 

El joven no dijo nada más. Ella lo interpretó al momento. Se incorporó y le abrazó con dulzura apoyando el mentón en su hombro derecho y acariciando su espalda.
Él cerró los ojos. Hacia mucho tiempo que no recibía un acto así por su parte.
Fueron unas semanas horrorosas pero tenía la sensación de que su relación se estaba reforzando por momentos y eso le reconfortaba. 

No podría soportar perder a alguien más. Hoy no.

- Oye, siento que estas semanas nos hayamos alejado tanto y nuestra relación se distanciase. Han ocurrido tantas cosas que no me di cuenta de lo que pasaba entre nosotros pero... Érica, vamos a tener un bebé - sonrió con emoción mientras le besaba la mejilla - Tal vez, no seamos los mejores padres del mundo pero no le faltará amor, de eso estoy completamente seguro.

 - Siento no habértelo dicho antes. Pensé que no era el mejor momento y tenía miedo de tu reacción - mencionó entrelazando sus manos con las de él.


- No pasa nada. Lo importante es que ahora lo sé. ¿De cuánto estás?

- Un mes y medio más o menos.

- ¿Qué te dijo la doctora? - preguntó mientras se acomodaba a su lado y ella le miraba con cierto brillo en los ojos.

- Que debía de tener cuidado con esos nervios y que no debo contener tanto extrés. Es malo para el bebé y también para mi.

- Tiene razón. Casi perdemos a nuestro bebé y fue por mi culpa. No debí alterarme de esa forma...

- Oye, ya hablamos sobre eso. No fue tu culpa. El bebé está bien y eso es lo que importa. Solo necesito reposo y llevar todo esto con tranquilidad - exclamó relajada mientras apoyaba la cabeza en su pecho y él continuaba jugueteando con sus manos entrelazadas.

- Cierto, ahora no pero más adelante podemos... no sé. Comprar un piso para ambos. Quiero estar contigo todo el tiempo posible.

 Ella rió flojo y se volteó para mirarle a los ojos. Estaba bastante sorprendida ante lo que acababa de decir.

- ¿Hablas en serio? 

- Sé que parece precipitado pero que mierda, vamos a tener un bebé y eso ya es bastante precipitado - le respondió mientras ella sonreía por momentos. 

- Si y de paso nos casamos también - concluyó ella riéndose mientras volvía a reposar su cabeza sobre su pecho.

Él no respondió. Se quedó pensativo por unos instantes mientras acariciaba su tripa. 
Érica pronunció su nombre preocupada por no recibir respuesta. 
Finalmente, volvió a mirarle a los ojos y le acarició el rostro suavemente. Él sonrió con los ojos totalmente dilatados.

- Casémonos - dijo con cierta emoción como si las palabras saliesen solas de su mente. 

- Espera, ¿qué? Era ironía, Coque - respondió ella riéndose sin comprender nada de lo que estaba ocurriendo.

Coque acarició de nuevo su tripa y besó su frente. 
Él sabía muy bien lo que decía, no estaba delirando si no todo lo contrario.
La quería y la deseaba de todas las formas posibles. 







- No, Érica. Te quiero y no quiero compartirte, no quiero que seas de nadie más. Cásate conmigo. Por dios, casémonos - mencionó cogiéndole de las manos y mirándola fijamente a los ojos mientras esperaba una respuesta por su parte.

- Coque, aún somos muy jóvenes, tenemos toda la vida para hacerlo.

- No. Estos días aprendí que la vida es demasiado corta como para desaprovechar un solo minuto.
Quiero que seas mía, quiero que seamos una familia de verdad. Sé que es la peor proposición del universo pero no estaba premeditada. Espera.

Coque se levantó y caminó hacia su cazadora.

- ¿Qué...? - susurró ella sin entender que pretendía hacer.

Cogió algo del bolsillo de la misma y volvió a donde se encontraba ella.

Se sentó a su lado y le cogió de la mano una vez más.

- Soy un completo desastre. No me he currado ninguna proposición dramática ni original como en las películas pero pienso que si te será inolvidable y podrás burlarte de mi hasta el fin de los tiempos. 
Cierro los ojos y solo puedo ver cinco niños correteando por los alrededores, una mujer terriblemente hermosa haciendo el desayuno y a un hombre completamente feliz observando como un niño con un juguete nuevo, a su familia. Eso es lo quiero contigo, eso es lo que más deseo en estos instantes. 
Quiero hacerte feliz como tú me haces mi. Te amo, Érica y si - metió la mano en el bolsillo de su pantalón y sacó un pequeño Chaski de el. Ella no pudo evitar reír mientras él la miraba alzando una ceja - Al menos cuando tengas hambre podrás comértelo. Ha sido una asquerosa improvisación y entiendo que quieras arrancarme la cabeza pero antes... ¿Aceptas casarte conmigo?

Érica le miró con dulzura por unos instantes. De verdad le amaba, le quería con toda su alma y no deseaba decepcionarle jamás. Por eso no dudó, por eso no se echó atrás.

- Si, Coque. Si quiero casarme contigo - anunció totalmente orgullosa mientras él reía como si le hubiese tocado la lotería y en cierto modo, así era. Ella era para él el mejor regalo que le podían haber hecho.

Coque depositó el Chaski en su dedo meñique y sonrió al ver que encajaba a la perfección.








- Y ahora toca besar a la prometida - susurró con voz sensual en tono bajo.


 Ella rodeó su cuello con ambas manos y rozó su nariz con la de él mientras no dejaba de sonreír como si fuese la chica más feliz del universo. Coque, le rodeó la cintura con sus manos delicadamente y la sentó sobre su regazo mientras se apoderaba firmemente de sus labios. 






Ambos se deleitaron en un gran beso que no parecía tener fin.

Cuando al fin se separaron, ambos se miraron fijamente a los ojos.

- Te quiero - le susurró la pequeña embarazada mientras él la abrazaba con dulzura.

Ella sonrió forzosamente mientras este le dejaba casi sin respiración. 
Coque estaba muy emocionado y si... ¿el niño que esperaba no fuese precisamente de él? 
Hace una semana, le habían dado las pruebas para saber si él era el padre pero no se atrevió a abrirlas. 
No pudo hacerlo y tal vez, ella nunca fuese capaz de averiguarlo. 














- Lleva casi una semana sin dar ningún tipo de progreso - mencionó el doctor mientras todos los presentes le miraban como si sus palabras no tuviesen ningún tipo de sentido.

-  ¿Y? No nos hablé en clave, doctor - intervinió Jessy mientras se cruzaba de brazos y le observaba amenazante.

- Deben hacerse a la idea de que tal vez no llegue a despertar.


- Cállese.

- ¡Jessy! - soltó Pris cogiéndola del brazo para que se relajase.

- Estoy harta de que todo el mundo diga lo mismo. Despertará, lo hará - respondió mientras los demás miraban al suelo sin saber muy bien que decir - ¡Vamos! ¿Qué pasó con esa esperanza que sentíais al principio? - zarandeó ambas manos mientras ellos seguían sin inmutarse y se miraban mutuamente - Me dais asco, enserio - dijo haciendo una mueca y zarandeando la cabeza mientras se libraba del agarre de Pris.

- Voy a entrar a verla - soltó Dani después de que Pris y Jessy se esfumasen.

Derek asintió sentándose en la sala de espera.

- Eso le animará.

Dani le sonrió. 

Al principio, la presencia de Derek no le agradaba pero durante todos estos días acabó cayéndole bien y comprendió que era una buena persona para Miriam y que el amor que sentía por ella era verdadero.




- Todos han perdido la esperanza. Ha pasado una semana y sigue sin haber señales que demuestren todo lo contrario - explicó Dani mientras le observaba y tragaba saliva - Te estás perdiendo tantas cosas que no sé ni por donde empezar para contártelas.


Miró detenidamente el montón de máquinas médicas que le rodeaban y siguió con la mirada el tubo que conducía a la máquina que respiraba por ella.

- Te echo de menos. En verdad, todos lo hacemos. Solo... quiero pensar que esto es una horrible pesadilla de la cual algún día podremos salir. Eso me ayuda a no derrumbarme. 

Se quedó callado durante un rato que para él fueron escasos segundos. Se sentía seguro a su lado, le encantaba esa sensación. 

Se irguió para irse, había quedado para ensayar con los chicos y no quería llegar tarde.

Cuando abrió la puerta y estaba dispuesto a salir, algo le hizo volverse a atrás.
Escuchó un pequeño ruido. 
Se volteó y no pudo creer lo que vieron sus ojos. Miriam aporreaba los hierros de la cama para llamar su atención. Aún no había abierto por completo los ojos pero estaba despierta.






Dani se llevó las manos a la boca. Se acercó a ella mientras ciertas lágrimas de felicidad rozaban su rostro. 

- Dios, no puedo creer que sea cierto. No puedo creer que hayas despertado - sonrió cogiéndole de la mano mientras ella aún muy aturdida le miraba con los ojos entrecerrados.

Llevó su otra mano al tubo. 

- Aguarda, llamaré a un médico - dijo irguiéndose y dándole al código azul. 

Al poco rato, un enfermero se deshizo del tubo dado que ya no lo necesitaba. 

- Vendrá un médico ahora a revisarla - informó antes de abandonar la habitación.

- Dani... - murmuró con una voz casi inaudible.
 Él la paró en seco y entrelazó sus manos con las de él.

- No fuerces tu garganta - le indicó mientras le miraba aún desconcertado. Aún no se podía creer que hubiese despertado.

Ella le miró sin saber muy bien como reaccionar.
Le agarró del brazo y entonces, Dani decidió tumbarse a su lado por unos instantes para tranquilizarla y demostrarle que todo estaba bien 

- Estoy viva - murmurró ella con la voz carraspeada mientras le observaba de reojo.

- Eso creo.

Miriam comenzó a reírse grotescamente. Dani no supo muy bien como actuar así que se rió junto a ella y la abrazó mientras apoyaba su rostro sobre su cabeza.



- Te eche de menos.

Entonces, ella paró de reírse y le miró mientras tragaba saliva y bajaba la mirada.

- ¿Pasa algo? - se preocupó Dani buscando su mirada y levantándole el mentón. 

Ella miró al frente mientras una lágrima bajaba por su mejilla.

- Ha muerto.

- ¿Quién? - preguntó Dani confundido.

Ella giró su rostro para mirarle.

- Mi madre.










- ¿Estás lista?

Miriam se volteó y observó detenidamente a su novio mientras se colocaba su reloj.

- No, nunca se está lista para algo así.

- Lo sé - se acercó y puso las manos sobre sus hombros - Es duro, créeme. Pasé por ello. Por un tiempo te sentirás totalmente perdida pero ese sentimiento va desapareciendo poco a poco.

- No creo que el dolor desaparezca - bajó la mirada suspirando.

- Siento decirte que eso nunca desaparece. Solo debes aprender a vivir con él.

Ambos se miraron, ella apartó la mirada segundos después como si se tratase del sol y le cegase.

- ¿Cómo te encuentras?

Habían pasado unos días, le habían dado hace poco el alta y aún no se sentía bien emocionalmente.

- ¿Es qué no lo ves? No tienes porqué preguntármelo cada 5 segundos.

- Está bien - alzó ambas manos sobreprotegiéndose.

- Todo está listo. Debemos irnos - intervinió Coque en la habitación de su hermana.

Ella suspiró mientras tomaba aire.

- Estás preparada, lo estás - murmuró Derek cerca de su oído.

- Deja de decirlo. Ambos sabemos que no es cierto - dijo ella dando por finalizada la conversación y saliendo de la habitación.

Derek suspiró apretando los ojos con fuerza.

Desde que despertó, no dejó que la abrazase, ni la besase y el más mínimo roce ya la ponía de los nervios.

Estaba preocupado. Él comenzó a pensar que ella estaba cabreada porque dejó que se fuera y no lo impidió.

No estaba seguro. Solo... La echaba de menos.

Echaba de menos a aquella mujer alegre y risueña que le despertaba todas las mañanas con un dulce beso. Pero esa mujer había muerto.

Ahora era fría, insensible y el mal humor rebosaba en su cuerpo.

Derek se preguntaba si algún día volvería a ser la mujer de la cual se enamoró.






- Demos gracias a Dios. Allí donde esté la protegerá siempre y nunca marchará de nuestros corazones.
Amén.






Todos los familiares y algunas de las amistades de la familia se encontraban en el entierro de la madre de Miriam.

Ya la habían encinerado hacía unas semanas pero decidieron enterrar sus cenizas ya que pensaron que ella se merecía una celebración como esta.

Un montón de pésames recaían continuamente. Abrazos, besos y un "siempre estará contigo" no tenían ningún valor para Miriam.

Cuando todo el mundo abandonó el cementerio, Miriam se quedó observando la lápida unos minutos más mientras depositaba un rosa roja sobre ella.

- Te quiero mamá - mencionó mientras se abrazaba a si misma y mientras sentía ciertos escalofríos debido al viento que comenzaba a levantarse con fuerza.

Coque apareció de la nada. Tendió su chaqueta por sus hombros y no dijo absolutamente nada. El dolor que ambos sentían inundó el ambiente. Los dos tenían el corazón totalmente roto aunque Miriam, se sentía culpable de su muerte, de no haberla ayudado y de haberse salvado.

Miriam le miró con ojos brillosos, estaba conteniendo las ganas de llorar.

Coque pasó sus manos por sus hombros tratando de no rozar las pequeñas marcas de sus brazos. Miriam se ponía de los nervios cuando alguien las tocaba.

Entonces, no lo pensó más. Le abrazó con fuerza porque eso era lo que necesitaba en esos momentos.





- Por favor dime que todo irá bien.

Él aún sorprendido ante su gesto, le siguió el abrazo apoyando el mentón en su hombro y acercándose a su oreja.

-Todo irá bien - susurró en tono muy bajo sin soltarla ni un solo momento.









 " Susan Hail
18 de noviembre de 1975 – 8 de septiembre de 2010
En recuerdo de su marido y sus dos hijos.
Siempre estará en sus corazones.
                               
    D.E.P. "
   





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