sábado, 29 de julio de 2017

(T2) CAPÍTULO 46: CAMBIA DE DIRECCIÓN




Tres meses después...













Narra Coque:




- Ya te dije que acertaría - bramé rodeándole la cintura mientras ella suspiraba con frustación.

- Solo tuviste suerte pero que sepas que el nombre lo elegiré yo.

- ¡Por supuesto que no!

Y comencé a hacerle cosquillas. Ella no dejaba de reír diciendo que parase, finalmente, algo me hizo detenerme.

Sentí un cosquilleo en mis manos. Las aparté con curiosidad y puse una mano sobre su tripa, noté como un pequeñito empujón en mi mano. No pude evitar reír con una sonrisa de oreja a oreja.
Érica me miró a los ojos acariciando su barriga llena de entusiasmo.






- Está dando pataditas.

- Sin duda, este pequeño nos saldrá jugador de fútbol.


Ella rió y me cogió de la mano mientras entrábamos en casa.

Acabábamos de llegar del ginecólogo. Desde que me enteré de que iba a ser padre, siempre la acompañaba al médico. Tenía una colección de ecografías en la mesita.

Hoy, pudimos conocer el sexo de nuestro bebé. Érica había perdido la apuesta apostando por una niña. Nunca le gustó perder por eso se cruzó de brazos durante todo el camino fingiendo estar enfadada pero un par de besos, sirvieron para que se olvidase de todo.

Ella tuvo que dejar su trabajo como modelo pero eso le sirvió para retomar sus estudios en el mundo del diseño. Yo en cambio, conseguí el título de fisioterapeuta y estaba buscando empleo.

Empezamos esta semana a buscar un apartamento para convivir ambos. No me hacía mucha gracia dejar a mi hermana y mi padre al cuidado de la casa, solos pero era lo mejor ahora que mi vida comenzaba a parecerse más a la de un chico maduro y responsable.


Al entrar en casa, unas maletas llamaron mi atención.

Miriam apareció de la nada haciéndose un moño y mascando una bola de chicle.

- ¿Y estas maletas? - señalé después de que mi prometida y ella se saludasen.

Ella bufó dejando de enredar en su cabello.

- Papá se marcha. Le han ofrecido un trabajo en Polonia.

- ¿Cómo que se va? ¡Pero si no me contó nada! ¿Cuándo lo decidió? - solté frunciendo el ceño mientras me cruzaba de brazos.

Después de todo lo que ocurrió... ¿Cómo podía marcharse?

- Fue esta semana - se encogió de hombros - Supongo que no te contó nada porque sabría como te pondrías...

- ¿Cómo me pondría? ¡Lleva dos meses vagando como una alma en pena y aún no dejó las pastillas de la depresión...! - noté como el calor subía por mis mofletes. Odio que me oculten cosas y más aún que sea mi padre o mi hermana quienes lo hagan.

- Amor... Tranquilo - susurró Érica pasando una mano por mi espalda.

- ¿Estar encerrado en casa crees que es mejor? El pasado es pasado, deja de meterte en cada decisión que tome, joder.

- No está preparado aún.

- Necesita distraerse y trabajar es lo que más le apasiona. Deja que se vaya, ya es mayorcito para tomar sus propias decisiones, ¿ok? - murmuró Miriam poniéndose la cazadora - Me voy a currar, salvo que también quieras impedírmelo - alzó ambas manos como sobreprotegiéndose y me empujó suavemente saliendo por la puerta principal.

Últimamente, Miriam estaba de un humor de perros. Cualquier cosa que dijeras que no le agradase, la hacía transformarse en la niña del exorcista y si te metías con papá, ya te despellejaba vivo.
Hacía mucho tiempo que no la escuchaba reír... Ya no era la misma.

- ¿Te apetece un helado?

Volví al mundo real. La voz tierna y dulce de Érica hizo que todas mis extremidades se relajasen. La miré a los ojos, ella sonreía compasiva con ojos brillantes. Me acerqué y besé su mejilla.

- Me apeteces tú.

Ella volteó los ojos cogiéndome de la mano.

- Anda, vamos a ponernos obesos.

Me condució hasta la cocina riendo.

- Mmm...Tú lo que quieres es ponerme gordo para que ninguna chica se fije en mi.

- Me pillaste - me guiñó un ojo mientras depositaba un trocito de helado en mi nariz. Reí restregando mi nariz en su cuello mientras ella bramaba por lo frío que estaba.





Me volvería obeso si se tratase de besos.







Narra Henry:



- ¿Y cuándo os marcháis?

- Cuando acabe la carrera, bro. Te lo dije 100 veces - volteó los ojos mientras cogía un croissant de la bandeja.

- ¿Sabes algo de Lola? - preguntó Marina cuidadosamente mientras observaba mi reacción rezando por no haber metido la pata con sus palabras.

- No, la llamé después de que le diesen el alta pero no me contestó... Tampoco leyó mis mensajes - suspiré atrapando una magdalena.

- Oye, Henry. Entiendo que no quieras hablar sobre ello pero...

Miguel nos miró a ambos en completo silencio. El ambiente se puso tenso pero eso no evitó que él siguiese devorando como un animal.

Le miré incitándola a que continuase hablando.

- Sus amigas tampoco saben nada de ella...

- Hablé con Roxana y su novio un día antes de que le diesen el alta, tampoco habló con ellos.

- Yo no la vi desde entonces. Tampoco le mandé ningún mensaje, tal vez no quiere que la presionen - mencionó mi hermano encogiéndose de hombros.

- No es normal que el gato le robase la lengua. Es cierto que lo que le pasó, fue... devastador y horroroso. Una pesadilla. Pero no puede quedarse así para siempre.

- No responderle ni a su novio... - prosiguió Miguel - Quiero decir... - gruñó sin poder encontrar las palabras concretas.

- Tal vez debería ir a su casa, tengo miedo de que algo malo le ocurriese - respondí rebuscando mi celular en los bolsillos.

- Te acompañaré.

Los tres nos quedamos en silencio. Era una situación muy complicada.

Entendía a Lola por completo, me sentía culpable por lo que ocurrió. No debí haberla dejado marchar aquel día, debí de dejarle claro que a quien amaba era a ella.

La echo de menos y después de todo lo que ocurrió nuestra relación nunca volverá a ser la misma.








Narra Derek:




Entré. No era una novedad que Justin y Miriam fueran los primeros en esperar frente a la tienda a que llegase.

Ambos se habían convertido en muy buenos compañeros de trabajo.

Así es. Miriam decidió comenzar a trabajar hará aproximadamente un mes.
A todos nos pareció bastante precipitado -le habían dado el alta unos días antes y lo que ocurrió aún seguía reciente- pero como discutir con la chica más cabezona de todos los tiempos.

- Buenos días, chicos - saludé mostrando una de mis tan forzadas sonrisas.

- Hola jefe - repitieron a la vez mientras seguían conversando de dios sabe qué.

Mi audición no era tan buena para poder escucharlo.

Abrí la tienda y les dejé pasar a ambos.
Entré detrás de Miriam. Podía expirar el olor que desprendía su cabello, lo echaba de menos y era la primera vez en estos dos meses que me encontraba tan cerca de ella.

Mis ganas de rodear su cuerpo entre mis brazos para protegerla eran descomunales pero se me pasó la idea rápidamente de la cabeza al darme cuenta del lugar que ambos ocupábamos y por no hablar, de la reacción de Miriam.

Justin ocupó su puesto en la recepción y Miriam miró su celular una última vez antes de guardar sus cosas personales en su taquillero.

- Fernández - Si, solía llamar a mis empleados por su apellido y ella no iba a ser menos - ¿Puedes venir a mi despacho un momento? Me gustaría consultarte algo mientras no llega el resto.

No sé porque le ofrecí tantas explicaciones. Parecía que habíamos intercambiado los papeles y ella era la que mandaba aquí.

Miriam caminó hasta mi despacho sin decir ni una sola palabra mientras sus manos rozaban su nuca. Por la mueca que expresó, debía dolerle bastante.

Le dediqué una sonrisa forzada a Justin mientras seguía mi recorrido.

Una vez dentro, cerré la puerta con suavidad y tomé asiento.

Hacia mucho tiempo que no hablábamos como personas decentes y correctas.
Últimamente era difícil conversar con ella sin que uno de los dos se enfadase.

Pensé que con la ida de Melanie de mi departamento la relación entre ambos mejoraría pero...no fue así.

Apenas visitaba mi departamento, casi nunca nos veíamos a excepción del trabajo y nuestras llamadas telefónicas cada vez eran más acortadas. Mirarla mientras trabajaba me sabía a poco.

Necesitaba recuperar a la chica atrevida y con sentido del humor que conocí hacía unos meses.

Sé por lo que está pasando y por eso, quiero ayudarle ante todo pero ella no se deja ayudar.

Me gustaría estar dentro de su mente para saber lo que piensa, lo que siente y como se encuentra realmente debajo de toda esa rabia, indiferencia y seriedad.

A pesar de todo, la quería aunque ella no me dejase quererla.

- Haber jefe, ¿de qué querías hablar? - insinuó inquieta mirándome fijamente con curiosidad. Su semblante volvía a ser serio y distante.

La miré por unos segundos y luego bajé la mirada mientras entrelazaba mis manos entre si.
Tragué saliva.

- Quiero saber como llevas todo esto. Mi primera función es preocuparme por mis empleados. -
Ella suspiró y cruzó sus piernas seguramente pensando que esto iba para largo. - Miriam, sé que estás extresada...

- Lo llevo bien. Tener solamente el turno de tarde los cinco días de la semana, me ofrece tiempo para dedicárselo a la academia. Voy progresando. - me interrumpió mordiendo su labio mientras apoyaba ambas manos sobre la mesa.

- ¿Y tu familia?

- ¿Qué ocurre con ella? - frunció el ceño alzando un poco el tono de voz.

Yo dirigí mi mirada directamente a su rostro.

- ¿Cuándo tienes tiempo para ella?

Ella se encogió de hombros y jugueteó con sus dedos.

- ¿Acaso eso importa?

- Miriam, si todo esto te agobia... Si no puedes sobrellevar los estudios y el trabajo al mismo tiempo, dímelo. Haré recortes en tus horas de trabajo y podremos acordar juntos tus turnos. Solo quiero ayudarte - exclamé sinceramente mientras le cogía de la mano delicadamente. Ella la apartó inmediatamente, noté como su cuerpo se estremeció en un solo contacto. Suspiró fuerte sin alzar la mirada.




- Estoy bien y mi familia también, jefe. ¿Algo más?

Levanté mi dedo índice para indicarle que aguardase un segundo. Busqué entre mis cajones y le extendí una papeleta publicitaria.

Ella me observó con curiosidad y al mismo tiempo, mostrando diversas muecas.
Nervioso, me pasé repetidas veces, la mano por el cabello.

Cuando ella terminó de leerlo, lo depositó sobre la mesa y soltó una carcajada.

No pude entender su reacción. Últimamente todo su ser era inimaginable y difícil de identificar.




- Derek, no sé como decirte esto sin ofenderte...

- Oye, creo que unos días en Ibiza nos sentarán fenomenal. Ahora no te estoy hablando de jefe a empleada - sonreí esperanzado y atrapé nuevamente su mano entre las mías. Ella dirigió su mirada a ellas pero esta vez, no la retiró - Todos estos meses han sido estresantes y un descanso te vendrá bien además... Siento que nuestra relación sigue estando muy distante. No quiero perderte, Miriam - le miré a los ojos mientras inclinaba la cabeza para captar su atención.

Ella volteó los ojos y se acomodó mejor en el respaldo de su asiento mientras aclaraba la garganta.





- No creo que sea un buen momento ni una buena idea. Las cosas no se solucionan de esta forma - suspiró retirando su mano de la mía - Mi padre se marcha a Polonia esta noche, no puedo dejar de asistir a la academia durante unos días teniendo en cuenta que acabo de comenzarla y además, ¿no crees que cantaría un poco que ambos cogiésemos vacaciones al mismo tiempo?

- Lo único que pones son excusas. Miriam, Melanie ya no está. Todo parece estar volviendo a la normalidad poco a poco y es nuestro momento. A tu familia le parecerá bien que desconectes un poco y la academia lo compensará - Al ver que no obtuve respuesta, me erguí de mi asiento y exasperado, coloqué ambas manos alrededor de mi boca pensativo. Finalmente, dejé de dar vueltas como un pato mareado y la miré fijamente - Miriam, siento que te estoy perdiendo. Apenas nos vemos, no hay contacto entre nosotros... Quiero ayudarte pero me lo pones muy difícil.
Soy tu pareja y como tal quiero pasar tiempo contigo, con mi novia fuerte y segura y a la que amo con todo mi ser. Solo son cuatro días. por favor...

Ella ladeó la cabeza cruzándose de brazos.

- Melanie no era el mayor de nuestros problemas, Derek. Creo que no es el sitio apropiado para hablar de nuestros dramas y de escapadas al Mediterráneo. Suena un poco... Cursi como si acabásemos de casarnos y planeásemos nuestra luna de miel - se encogió de hombros pensativa.

- Piénsalo. ¿Te apetece aclararlo esta noche? - propuse nervioso mientras mi labio inferior temblaba.

Miriam curvó sus labios a modo de sonrisa y no pude evitar emocionarme interiormente porque aquello fue lo más parecido a una sonrisa que pude contemplar en ella tras estos meses.






Narra Jessy:











- Me encanta como bailas - me susurró tierno al oído mientras me rodeaba la cintura con sus brazos apoyando su mentón en mi hombro.

Ojalá pudiese girarme y mirarle directamente a los ojos pero no quería estropear el momento y tampoco interrumpirle.





- A mi me encantas tú.

Su casa era de lo más acogedora aunque viviese con Blas y Dani. Me llevaba bien con ellos, realmente nos lo pasábamos genial.
Llevo varios meses manteniendo una especie de relación con Carlos. Digo relación porque él a dejado de verse con otras chicas y yo también. Aunque ninguno de los dos llegue a afirmarlo creo que ambos estamos de acuerdo en que somos una pareja y mantenemos una relación estable.

- ¿Y qué tal lleva Érica el embarazo? - soltó Carlos de repente sacándome de mis pensamientos.

Me separé de sus brazos frunciendo el ceño y me senté en la mesa del comedor.

Él refunfuñó rascándose la nuca y se fue acercando a mi.

- Lo siento, sé que ella sigue sin ser de tu agrado...

Desde que me enteré de que estaba preñada comprendí que Coque le pertenecía y que hiciese lo que hiciese, Coque no vería su lado oscuro. Abandoné la batalla pero eso no significa que no siga sintiendo algo por Coque aunque estando al lado de Carlos, ese sentimiento se hace cada vez más diminuto.

Parece una chorrada, ¿no?
Querer a un hombre que antes no me atrevía ni a mirarle a los ojos. Supongo, que al sentirme al borde de un precipicio entendí que la vida es demasiado corta para desperdiciar los mejores momentos de la vida.

Me gusta Carlos, hace sacar lo mejor de mi y a su lado me siento tan protegida y querida. Él me da la estabilidad y seguridad que Coque no me... ofrecía.

No sé exactamente lo que ocurría entre Coque y yo, lo único que sé es que eso se ha terminado.

Desde que me enteré de que se iban a casar, me alejé de él. Pasamos de ser los mejores amigos a ser simplemente conocidos. Eso me duele aunque sé que estar a su lado me dolerá aún más en estas circunstancias. Quiero que sea feliz y yo también quiero serlo así que en estos momentos es lo mejor, mantenerme alejada de él, al menos hasta que pase la boda.

Él no sabe nada de mi relación con Carlos, solo le mencioné que había hecho las paces con él. Tampoco creo que eso le moleste. Está muy ocupado atendiendo de su futura mujer e hijo y en buscar un apartamento al que mudarse y así dejar de soportarnos.

¡AWW! Hacía tiempo que no pensaba en Coque y en verdad, hablar sobre él es como si... mi corazón fuese a pararse de un minuto a otro.

¿Por qué las personas tenemos sentimientos? Déjame decirte que son asquerosos.

- No pasa nada, estás en tu derecho de preguntar - sonreí calmándole. No quería demostrarle que hablar de ellos aún me dolía, no quería hacerlo sentir mal - Parece que les va bastante bien, ya tienen fecha para la boda, es dentro de unos meses, quieren hacerla antes de que nazca el bebé así que deben darse prisa con los preparativos y el bebé está vivito y coleando.

- Eso es bueno.

Le miré directamente a los ojos a lo que él me sonrió sonrojado, algo muy extraño en él.

- Carlos... - susurré con voz tierna - ¿Te pasa algo?

- No... solo... Me gusta estar así contigo y no quiero que esto se terminé... Nunca - se encogió de hombros observándome con sus bonitos ojos.

Eso me rompió el corazón. Abrí mis brazos indicándole que se acercase a mi.

Él volvió a sonreírme y me abrazó con fuerza entrelazando sus manos detrás de mi espalda.

- No tengas miedo, de momento aún no me cansé de ti - le guiñé un ojo y él me dio suave en el brazo.

- Oye.

- Era broma - le eché la lengua sonriendo a lo que él se abalanzó sobre mis labios devorándolos con ganas. Le seguí el beso con pasión mientras enredaba mis manos en su cuello.





Me encantaban sus besos, eran tan apasionados.
Envolví mis piernas alrededor de su cintura a lo que él gimió leve y yo sonreí en sus labios.

- Me haces cosquillas - bramó casi sin respiración mientras me miraba a los ojos.

- A mi también pero en el corazón.

- Oh, Jessica. Nunca pensé que podrías ser así de romántica - besó mi cuello y sentí un cosquilleo que me hizo reír pero aún así no me solté de su cuello.

- Tal vez cierta persona esté haciéndome cambiar - me mordí el labio a lo que él meneó las cejas de arriba a abajo.

- Pues dile a esa persona que lo está haciendo muy bien - pronunció sensualmente a mi oído.

Volví a abalanzarme sobre sus labios riendo mientras él me agarraba del trasero levantándome de la mesa de la cocina y llevándome hasta el sofá de la entrada.

Una vez allí, me dejó caer en el y finalmente, se colocó encima mía.

- Se lo diré - susurré de vuelta en sus labios mientras él continuaba dejando una fila de besos en mi cuello.





Entonces sentí como mi mente se quedaba en blanco y así es como me hacía sentir Carlos, sin problemas. Por eso me encantaba estar con él, me llevaba a un mundo desconocido para mi que cada vez me era más conocido.

- Vaya la pareja happy. Esperamos no interrumpir nada - sentí la voz de Blas entrometerse entre nosotros.

Carlos dejó de devorarme el cuello y me miró fijamente a los ojos refunfuñando.

Se levantó de encima de mi y miró a Blas y a Dani con despecho.

- ¿Qué hacéis aquí? Dijisteis que no volveríais hasta las... - miró su reloj y se calló de inmediato.

Reí flojo y me levanté del sofá acomodándome la ropa mientras me relamía los labios.

- Deberías estar pendiente de la hora. Si llegáramos un poco más tarde sabe dios de que manera os pillaríamos - dijo Blas entre dientes mientras ponía una de sus caras más juguetonas.

Carlos le empujó enfurecido a lo que Blas se rió mirando a su compañero.

- Dani, ¿no tienes nada que decir?

Dani contemplaba su móvil con una expresión muy difícil de identificar. Alzó la mirada y se rascó la nuca mirándonos a todos.

- ¿Te pasa algo? - mencioné entrometiéndome en la conversación - ¿A qué viene esa cara tan larga?

Nos miró a todos suspirando y cerrando los ojos por unos segundos.

- Es Miriam, me ha pedido que me aleje de ella.

Apretó sus puños con rabia e impotencia.







Los tres nos miramos confundidos sin saber muy bien que decir...













Narra Coque:




Y seguía sin poder dormir y no, no se trataba por la falta de Érica, ni por la inesperada marcha de mi padre... O tal vez, si.

Bajé las escaleras entrometiéndome en la cocina. Saqué una cerveza fría del frigorífico y me senté sobre la encimera.

Sentí algo en mi trasero (si, en verano solía dormir en calzones). Estiré mi mano para ver de que se trataba.

Vi una pequeña nota doblada con la firma de mi padre. Abrí los ojos sorprendido y la desdoblé.

El contenido no era muy extenso pero en lo primero que me fijé fue en una de las esquinas de la carta. Estaba mojada, como si unas pequeñas gotas cayesen del cielo y produciesen ese efecto.

La leí curioso:


Quiero disculparme por no haber sido un padre ejemplar. Muchos no somos capaces de lograrlo aunque si nos gustaría hacerlo. Sé que vuestra madre está muy feliz por vosotros esté donde esté, está orgullosa de las vidas que habéis conseguido formar. 

Ojalá pudiera cambiar esto, ojalá fuera diferente y ojalá ella estuviese aquí. 
Me voy, sé que seguramente no entendéis el porqué tampoco yo lo sé con exactitud pero he comprobado que vuestra madre tiene razón. Tenéis unas vidas hermosas y no quiero entrometerme en ellas. Solo soy una molestia, un cargo más.

Espero que seáis muy felices, vendré a visitaros siempre que pueda y os enviaré detalles de Polonia y dinero para que no os falte de nada. 

Mamá se ha ido pero eso no impide que no pueda seguir con el trabajo que ambos ejercíamos. Trabajar nuevamente es lo único que me ayuda a sentirla cerca de mi. 

Sé que vosotros también la echáis de menos pero la vida nunca es como planeamos...

Os quiere, vuestro padre.










Y mi rencor desapareció por arte de magia...