DÍA: 8 DE AGOSTO
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Sabes que no debiste hacerlo aunque te forzara a que lo hicieras. Fuiste tan idiota que seguiste a tu instinto interior y fue ahí cuando la jodiste bien jodida... no hay más palabras que puedan definir este sentimiento de culpabilidad...
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Narra Henry:
No podía dejar de pensar en todo lo ocurrido, me sentía culpable pero para nada arrepentido. Necesitaba desconectar y pensar en otro tema.
Me dediqué a ver la tele un rato para relajarme, no quería que me molestasen.
Una novedad. Me estaba empezando a quedar dormido en el sofá de cuatro plazas que constituía el salón cuando escuché el claro sonido de la campanilla de la entrada.
Me apresuré a abrir la puerta. Era...¿Pris?
Me miró muy seria y se apoyó en el marco de la puerta. Apartó su flequillo de los ojos:
- Pris, ¿qué haces aquí? - exclamé muy extrañado.
Era la tercera componente del grupo de las "friends heartbreaker" (llamadas así por su mal genio según tengo entendido) me sorprendía muchísimo que no estuviera con las otras en el hospital.
- Buenos días, quiero decir tardes. Lo primero es saludar - sonrió con tono contagiador.
- Ya, jajaj. Es que me ha extrañado, solo eso.
- Vengo a hablar y de paso a hacerte compañía - dijo rozándose lentamente el brazo con timidez.
- ¿No estás enfadada?
- ¿Por qué iba a estarlo?
- Por lo de Coque y eso... - apreté los labios y pestañeé rápidamente - Todo el mundo lo está.
- La gente es muy gilipollas a veces - puso los ojos en blanco - ¿puedo entonces entrar y hablamos? Es que empieza a hacer frío y no quiero coger un resfriado.
- Claro, entra - le sonreí levemente - estás como en tu casa.
Accedió al interior y recorrió la habitación con la mirada. Era como si fuera a visitar un museo, prestó atención a cada detalle característico.
Se escuchaba desde la entrada a mis padres discutiendo en el salón.
- ¿Vamos a hablar a mi cuarto?
- Si... - respondió con poca confianza.
- Vamos, no muerdo - sonreí y le ofrecí mi mano para ayudarla a subir.
Ella la cogió y los dos subimos a mi habitación. La puerta estaba entreabierta, no recuerdo haberla dejado así al salir.
- Siéntate donde quieras y perdona por el desorden.
- No, si la mía está igual - respondió sonriendo.
- Jaja.
- Oye, ¿es normal que tus padres discutan?
- Lo hacen a menudo. Ya sabes, por tonterías.
- Lo siento, no pretendía... - bajó la cabeza repentinamente.
- No, no es nada. Discuten porque mi padre llega siempre bebido a casa y mucho después de medianoche, mi madre no lo aguanta. Es... siempre lo mismo, ya estoy acostumbrado, no te preocupes.
- Lo debes estar pasando mal. Una amiga mía tiene...
- ¿Podemos hablar de otro tema si no te importa? - levantó la cabeza y me visualizó con mirada arrepentida, noté miedo en sus ojos.
- Si, claro.
- No me gusta que las personas se compadezcan de mí. No quería ofenderte, Pris.
- No, no estoy ofendida. Me parece normal que no quieras hablar de ello.
- Oh, perdona. ¿Quieres tomar algo? Es que no suelo recibir visitas los domingos.
- No, no me apetece en estos momentos.
- Oye Pris, ¿por qué te presentaste en mi casa en vez de estar en el hospital con Coque?
Sonrió con picardía. No la conocía demasiado pero parecía una chica muy alegre. Me caía bien.
- He discutido con Miriam.
- ¿Por mí? - preguntó extrañado, se notab cierta tensión en mi tono de voz, me la aclaré.
Ella asintió y miró sus manos, distraída.
- ¿Por qué?
- Estuvimos hablando de la pelea. Te defendí delante de ella y se cabreó así que me largué de allí.
- ¿¿Me defendiste?? - hice una pequeña pausa y proseguí - Gracias pero no hacia falta. ¿Te compadeces de mí porque el resto no me hable o...?
- No, no te defendí por eso.
- ¿Entonces?
Pris me había defendido, la idea se me hacía rarísima ya que todos protegían a Coque, con razón.
- ¿Sabes? Cuando conoces a una persona y te enamoras de ella, haces lo que sea, lo que sea por ese ser y eso es lo que tú hiciste. Me pareció muy valiente por tu parte, varonil... Demostraste que eres fuerte y que no te rindes. Defendiste tu amor.
Le pegaste a Coque y... ¿qué? Estabas cabreado y nada más llegar a su casa perdiste los nervios, le puede pasar a cualquiera. Ellos te lo ocultaron. Yo creo que lo único que hiciste fue intentar conseguir que Érica se enamorara de ti y por eso no se tienen que enfadar contigo.
No entiendo porque se ponen así.
- Gracias...pero en realidad soy un idiota y la he cagado pero bien.
- Ei - se acercó a mi y me cogió del hombro - Coque se pondrá bien, ya verás.
No te preocupes, tarde o temprano se irán olvidando de todo lo ocurrido.
- No hablo de la pelea.
Bajé la cabeza con rostro de culpabilidad ante mi mismo.
- Mierda Henry, ¿qué has hecho? - me soltó y recuperó su mirada miedosa y perdida.
- Te lo voy a contar porque veo que estás conmigo en esto y me apoyas. Confío en ti, no se lo cuentes a nadie. ¿Me oyes?...a nadie.
- Henry, me estás asustando. ¡Suéltalo ya! - exclamó dándome un pequeño codazo en el brazo.
- Esta mañana, decidí hablar con Érica y me presenté en su casa.
Poco a poco, me di cuenta de que no sabía absolutamente nada de la disputa.
Estuvimos a esto de hacerlo allí mismo, en su cuarto. Por suerte, su madre nos interrumpió obligándome a esconderme debajo de su cama...
Luego, le conté lo de que Coque se encontraba en el hospital, era lo único que podía hacer para no sentirme como un auténtico capullo, ignorante.
Y eso es todo.
Ella se quedó boquiabierta al escuchar mis palabras.
- ¿¿¿Qué??? ¡¡¡Madre mía!!! ¿Su madre no os pillaría in fraganti, no?
- No, no llegamos a tanto - bajé la cabeza, hablar de ella me entristecía.
Pris me cogió de la mano. Elevé mi mirada y la clavé en ella.
- Ya sé que la quieres pero ella a ti no - dijo tiernamente con tono de tristeza.
- Gracias por preocuparte por mí. Eres la única persona que me entiende - le guiñé un ojo sonriéndole.
- Ven, necesitas un abrazo.
Nos dimos un abrazo muy sentimental.
- Aún no has ido a ver a Coque, ¿verdad? ¿Quieres ir a visitarlo?
- Me encantaría pero él seguramente, no me quiera ni ver.
- Yo te cuelo - me quedé pensativo un rato - venga, no tienes nada que perder.
- ¿Nos vamos?
Cerré la puerta de mi habitación y bajamos las escaleras hasta encontrarnos en la entrada principal.
Mis padres seguían discutiendo. Pasé de ellos.
- ¿No les dices que te vas?
- No hace falta. Nunca lo hago.
Pris me cogió de la mano.
- Corre, jajjaja. ¿Vamos en mi 4x4?
Veía que estaba emocionada y asentí.
- Conduzco yo - exclamó agitando las llaves en su mano.
Me subí en su Audi 4x4, la verdad era que su color granate era muy característico y el auto se encontraba en muy buen estado. Había que reconocerlo, era precioso.
Mi coche no le tenía nada que envidiar al suyo.
- ¿Tú que coche tienes?
- Dogde Charge azul.
- Mmmm... muy buen coche.
- Jajaj.
- No vallas a veinte por hora todo el rato por la autopista, ¡Eh! - dije burlándome de ella.
- Jaja, ¿crees que los chicos sois los únicos que sabéis correr? - preguntó ofendida mirándome por encima de sus gafas de sol plateadas.
- Pues...si - sonreí y la miré con picardía.
Pris, giró la llave y comenzamos el viaje. Fue nada más meterse en la autopista cuando Pris fue aumentando poco a poco la velocidad hasta llegar a ciento veinte por hora.
- ¿Qué decías? - se chuleó.
- Jaja, no corras tanto que te van a poner una multa.
- Ya me pusieron una por la mañana - sonrió con cara traviesa y yo solo pude devolverle la sonrisa.
- Miriam no quiere ni verme, ¿verdad? - conseguí decir cuando se me pasó el ataque de risa.
Me miró y pisó el acelerador hasta llegar a los ciento cincuenta y siete por hora.
- Está enfadada pero ya se le pasará, tu tranquilo - respondió al fin.
Teniendo en cuenta que también Miriam se había cabreado con Pris...se lo tomaba de muy bien ver y parecía no importarle demasiado, tenía fe en que cesase el enfado de Miriam.
En poco tiempo, llegamos al hospital y por suerte sin rastro de policías.
Entramos y sin distraernos por el camino llegamos a la UCI.
Cogí de la mano a Pris:
- ¿Está ingresado en la UCI?
- Si - responde confundida - ¿pasa algo?
- La UCI es para personas críticas.
Por fin, llegamos a la habitación de Coque. Esperamos un rato delante de la puerta.
- Vale. Primero, entro yo y tú quédate mientras tanto fuera y cuando te llame entras, ¿entendido?
- Vale - me soltó la mano y llamó a la puerta.
Yo, me senté en la sala de espera y observé los alrededores, esto parecía muy tranquilo para ser domingo.
- ¿No les dices que te vas?
- No hace falta. Nunca lo hago.
Pris me cogió de la mano.
- Corre, jajjaja. ¿Vamos en mi 4x4?
Veía que estaba emocionada y asentí.
- Conduzco yo - exclamó agitando las llaves en su mano.
Me subí en su Audi 4x4, la verdad era que su color granate era muy característico y el auto se encontraba en muy buen estado. Había que reconocerlo, era precioso.
Mi coche no le tenía nada que envidiar al suyo.
- ¿Tú que coche tienes?
- Dogde Charge azul.
- Mmmm... muy buen coche.
- Jajaj.
- No vallas a veinte por hora todo el rato por la autopista, ¡Eh! - dije burlándome de ella.
- Jaja, ¿crees que los chicos sois los únicos que sabéis correr? - preguntó ofendida mirándome por encima de sus gafas de sol plateadas.
- Pues...si - sonreí y la miré con picardía.
Pris, giró la llave y comenzamos el viaje. Fue nada más meterse en la autopista cuando Pris fue aumentando poco a poco la velocidad hasta llegar a ciento veinte por hora.
- ¿Qué decías? - se chuleó.
- Jaja, no corras tanto que te van a poner una multa.
- Ya me pusieron una por la mañana - sonrió con cara traviesa y yo solo pude devolverle la sonrisa.
- Miriam no quiere ni verme, ¿verdad? - conseguí decir cuando se me pasó el ataque de risa.
Me miró y pisó el acelerador hasta llegar a los ciento cincuenta y siete por hora.
- Está enfadada pero ya se le pasará, tu tranquilo - respondió al fin.
Teniendo en cuenta que también Miriam se había cabreado con Pris...se lo tomaba de muy bien ver y parecía no importarle demasiado, tenía fe en que cesase el enfado de Miriam.
En poco tiempo, llegamos al hospital y por suerte sin rastro de policías.
Entramos y sin distraernos por el camino llegamos a la UCI.
Cogí de la mano a Pris:
- ¿Está ingresado en la UCI?
- Si - responde confundida - ¿pasa algo?
- La UCI es para personas críticas.
Por fin, llegamos a la habitación de Coque. Esperamos un rato delante de la puerta.
- Vale. Primero, entro yo y tú quédate mientras tanto fuera y cuando te llame entras, ¿entendido?
- Vale - me soltó la mano y llamó a la puerta.
Yo, me senté en la sala de espera y observé los alrededores, esto parecía muy tranquilo para ser domingo.
Narra Coque:
Escuché que llamaban a la puerta:
- Pase.
Érica y yo estuvimos hablando un buen rato y riéndonos en algunas ocasiones.
Gracias a ella, se me había pasado la tristeza que llevaba encima.
Entró Pris en la habitación, se le notaba muy tímida.
- ¡Hola!, perdón por interrumpir, sólo quería saber como te encuentras.
- Mejor, gracias.
- Bueno, yo me voy. Así os dejo hablando solos. Estaré en la cafetería y luego vuelvo, ¿vale? - me susurró Érica en voz baja.
- Vengo más tarde. Te quiero.
- Adiós.
Érica me dió un beso en la mejilla por la presencia de Pris y se despidió.
- Encantada Priscila, ya nos veremos - mencionó.
- Por supuesto e igualmente.
Se dieron la mano, un gesto muy cortés por parte de Érica.
- Adiós.
- Chao - soltó Pris.
- Adiós - susurré al ver que todo el mundo se despedía.
Pris cerró la puerta y se quedó apoyada en ella.
- No te quedes ahí, acércate - sonreí - Oye, no te conozco pero pareces buena persona y no tienes porque avergonzarte o sentirte incómoda.
- Yo no...
- ¿Qué? - sonreí al ver que se acercaba a mí - ¿Tú también te has apuntado a la nueva moda del pelo corto?
- No - dijo sonrojándose.
- ¿Entonces, te lo has cortado...así porque te gustaba?
- No exactamente, la peluquera tuvo un pequeño desliz.
- Valla. Pues valla desliz.
- Suerte que vuelve a crecer - sonrió.
Nos quedamos en silencio un rato, Pris se limitaba a contemplar el cuarto.
- Y... ¿dónde vives?
- Acabo de mudarme a Barcelona.
- Ohh, ¿dónde vivías antes? - pregunté interesado.
- En Zaragoza pero me mudé a España hace como unos tres años. Yo convivía en Italia.
- ¿Eres italiana?
Asintió.
- ¿Y cuántos años tienes?
- Diecinueve.
- Pues no los aparentas.
- Ni tú veintidós.
El silencio vuelve a invadir la habitación.
- Alguien a venido a visitarte.
- ¿Quién? - pregunté extrañado.
Ya han venido a visitarme muchas personas.
- ¿Le digo que pase?
- Si, gracias.
Abrió la puerta y susurró:
- Entra.
En poco segundos, visualicé a Henry. Pestañeé un segundo y al volver a abrir los ojos me di cuenta de que era él, estaba enfrente de mí.
- Os dejo a solas para que podáis hablar.
- Priscila, ¿ha venido contigo, no?
- Si, quería hablar contigo de lo ocurrido.
- Suerte - le susurró al oído a Henry mientras le rozaba el brazo derecho sonriendo.
- Gracias.
Se escuchó el ruído de la puerta al cerrarse. Henry, se acercó a mi cama.
- ¿Vas a pegarme? Ya estoy bien así que puedo defenderme.
- No volveré a pegarte.
- ¿Qué coño haces aquí? ¿Vienes a ligarte a mi novia?
- Quiero pedirte perdón y...Érica es tuya, quédatela.
- ¿Cómo?
- Ella no me quiere a mi sino a ti. Me lo dijo y me lo sigue diciendo mil veces y me cansé de seguir luchando por algo que es imposible.
- Es mía... interesante. ¿Gracias?
- Perdóname, te traicioné por una tia. Los amigos están por encima de todo.
- Tengo muchos amigos...muchos, creeme pero ninguno es tan gilipollas como para que no pueda desprenderme de él.
Aunque quiera, no puedo ni mirarte a la cara. Intentaste robarme a mi novia, me pegaste y ahora por tu culpa estoy aquí, entre estas cuatro putas paredes. No puedo estar tranquilo, pienso continuamente en ti y en Érica. Me imagino cosas que no son...joder.
- Y tú me engañaste, perdón, nos ocultaste a todos que estabais saliendo y lo hubieras dicho antes esto no habría pasado.
- ¿¿¿Perdona??? Érica te lo contó y veniste contra mi. ¿Qué te lo contara antes evitaría que te cabrearas y vinieras en contra mía?
- No...no lo sé.
- ¿Sabes porque se lo oculté a todo el mundo?
Porque sabría que criticaríais nuestra relación desde el minuto cero y aún así sin contároslo mirad como os ponéis.
- No os criticaríamos, el amor no se puede criticar, Coque. Yo...me puse así contigo...no sé es que...estaba tan cabreado porque ninguno de los dos me lo contara hasta unos días. Te juro que quería hablar tranquilamente contigo y explicártelo todo pero los nervios me superaron.
- Anda, vete a la mierda. Lo hiciste porque no soportas que Érica y yo salgamos y punto pero te vas a joder porque no voy a romper con ella - sonreí - y ahora por favor, déjame a solas, anda.
- Ya te he explicado mis motivos, si no quieres perdonarme allá tú.
Se marchó dejándome sólo. Sonreí para mis adentros. Le había hecho frente a Henry, no me lo podía creer.
Me dormí, olvidando todo lo ocurrido. No podía perdonar a Henry, me había hecho mucho daño...
- Y tú me engañaste, perdón, nos ocultaste a todos que estabais saliendo y lo hubieras dicho antes esto no habría pasado.
- ¿¿¿Perdona??? Érica te lo contó y veniste contra mi. ¿Qué te lo contara antes evitaría que te cabrearas y vinieras en contra mía?
- No...no lo sé.
- ¿Sabes porque se lo oculté a todo el mundo?
Porque sabría que criticaríais nuestra relación desde el minuto cero y aún así sin contároslo mirad como os ponéis.
- No os criticaríamos, el amor no se puede criticar, Coque. Yo...me puse así contigo...no sé es que...estaba tan cabreado porque ninguno de los dos me lo contara hasta unos días. Te juro que quería hablar tranquilamente contigo y explicártelo todo pero los nervios me superaron.
- Anda, vete a la mierda. Lo hiciste porque no soportas que Érica y yo salgamos y punto pero te vas a joder porque no voy a romper con ella - sonreí - y ahora por favor, déjame a solas, anda.
- Ya te he explicado mis motivos, si no quieres perdonarme allá tú.
Se marchó dejándome sólo. Sonreí para mis adentros. Le había hecho frente a Henry, no me lo podía creer.
Me dormí, olvidando todo lo ocurrido. No podía perdonar a Henry, me había hecho mucho daño...
Narra Érica:
Me encontrabando en frente de la habitación de Coque. Él me había perdonado por decirle a Henry que estábamos saliendo. Miraba mi móvil con curiosidad cuando salió Henry del cuarto, me quedé atónita, en shock. ¿Qué coño hacia él aquí?
Henry, al igual que yo, se quedó perplejo al verme.
Le agarré del brazo y fui a hablar con él a una esquina:
- ¿Qué coño haces aquí?- le susurré en un intento fallido.
- ¿Acaso de molesta que venga a visitar a Coque? - me dijo en tono insinuante.
Una enfermera, ante los chillidos descomunales que producíamos, se acercó a nosotros.
- ¿Podéis discutir en otro lugar? Estamos rodeados de pacientes y no creo que a ellos le haga mucha gracia escuchar vuestros gritos.
Se marchó, parecía una enfermera muy presumida a parte de llevar unos taconazos de por lo menos trece centímetros de alto y dos de ancho.
Henry me cogió del brazo con brusquedad.
- Venga, entra aquí y hablamos - dijo señalando el aseo de los chicos.
- De eso nada. Yo no entro ahí ni de coña - crucé los brazos enfurruñada.
- ¿Qué pasa? ¿Tienes miedo? - intentó que entrase en el cuarto de baño comparándome con una gallina.
- ¿Si me da miedo? - entré en el aseo muy segura de mi misma.
Henry entró después de dejarme pasar a mi. Cerró la puerta con pestillo incluído y se acercó lentamente con las manos en los bolsillos delanteros de sus vaqueros.
- ¿Enserio has venido solamente a ver a Coque?
- ¿A quién voy a venir a ver sino?
- A mi... - susurré en un tono casi irreconocible - no puedes venir a ver a Coque.
- ¿Por?
- ¿Crees que quiere hablar contigo después de que le partieras la cara?
- Jajaja, ¿sabes de qué hablamos?
- ¿De qué? - sonreía mientas se apoyaba en el lavabo de los aseos. La forma en la que se reía era muy pícara como si hiciera algo malvado y extremadamente perjudicial.
- De nuestra mañana de pasión - se burló.
- Te mato - sabía que Henry era muy cortado para contárselo a Coque.
- Que cara has puesto - se rió a carcajadas intentando mantenerse en pie - no se lo he dicho pero créeme - se acercó a mi rostro y me rozó dulcemente la mejilla - ganas no me faltaron.
- Idiota - puse los ojos en blanco apartando su mano de mi rostro.
- Le pedí perdón con razón y le prometí que no me acercaría a ti. No voy a seguir intentando que... - me miró fijamente - renuncio a ti.
- No, estás mintiendo. No podrás olvidarte de mi porque sigues loco por mis huesos y por mucho que quieras, eso no va a cambiar.
- De verdad, ¿crees eso? - levantó el entrecejo y retrocedió hasta apoyarse otra vez en el lavabo. Cruzó los brazos y evitó el cruce de nuestras miradas.
- Se nota en como me miras y en tu deseo de besarme cada vez que te acercas a mi - ladeó la cabeza de un lado a otro y siguió evitando mis miradas interrogantes.
- Estás muy equivocada. Se te nota a ti cuando al acercarme cada vez más a ti, intentas provocarme.
- ¿Yo? ¿Provocarte? - me hice la loca, extrañada... aunque en el fondo sé que era cierto - solo un poco - insinué frunciendo el ceño - mírame - le ordené.
Levantó la cabeza y me miró fijamente.
- No me hagas follarte aquí mismo - siguió serio, mirándome fijamente sin pestañear .
Sonreí muy sensualmente.
- Hazlo - fruncí los labios mirándole fijamente a los ojos.
- ¿Qué? - rió sin creer lo que acababa de escuchar.
- Fóllame Henry - me acerqué a él, me acomodé el pelo y sonreí entre cortadamente mientras me miraba boquiabierto ante lo que acaba de escuchar.
- No sabes lo que dices - se mordió el labio.
- Vamos, ¿tienes miedo? Gallina - le susurré mientras le acariciaba la mejilla y fui bajando hasta llegar a su cuello.
- Mierda, Eri. Mi autocontrol se va a la borda - rápidamente, me agarró la cara con sus dos manos y se acercó a mis labios mirándome a los ojos. Sonrió un segundo al ver que mi pulso se aceleraba con el deseo de rozar sus labios.
- Bésame Henry - susurré casi sin respiración.
- ¿No decías que querías a Coque? - se separó de mi.
- Que le den, ahora no estamos hablando de él - le sonreí - bésame coño.
Le rocé la mejilla y le besé. Él respondió a mi pasional beso con lengua, la temperatura aumentó y mis labios ardieron trás el beso inesperado que le ofrecí.
- Me gusta tu teoría - sonrió - olvidémonos de Coque - me rodeó el cuello con sus manos.
- ¿Enserio? - trás mi respuesta, deslizó su mano suave e intensa por mi torso hasta mi cintura.
- Si - dijo mientras me subía encima del lavabo con suavidad.
- ¿Seguro? - le besé el cuello.
- Te...he...dicho...mil...veces...que...si... - respondió haciendo una pequeña pausa entre cada palabra - ¿y qué pasa si hago esto? - se movió suavemente hacia delante.
Madre mía, que fiera. Este chico tenía experiencia.
Me mordió el cuello con brusquedad.
Henry se quitó la camiseta y la dejó a un lado.
- ¡Henry! ¿Quieres hacerlo de una vez?
Se rió y me besó los hombros con suavidad.
Deslicé mis manos por la cremallera de sus pantalones, rápidamente me cogió de las manos.
- Yo también sé jugar preciosa - bajé la mirada - tendrás que esperar.
- ¡Henry!
Dentro de un rato dejó de darme besucones por todo el cuerpo, dejó de provocarme y me ordenó que le quitara los pantalones. Así lo hice.
- ¿Por qué eres tan perfecta? - me saqué la camiseta y lo besé repentinamente.
- Cállate y bésame - sonrío y junto mi frente con la suya.
Henry me miró con sus ojos brillantes y destellantes de deseo. Me besó la espalda desnuda, era mi punto fuerte.
- Tenemos que terminar lo que empezamos.
Me levanté y me di la vuelta entrecortadamente.
- Dejemos de hablar y empecemos a divertirnos.
Henry me provocaba incluso con la ropa interior puesta. Me bajé el pantalón corto rápidamente y él se apoyó en la pared.
Estabamos en ropa interior.
- Acércate - me mordí la uña y me acerqué a él - date la vuelta - me susurró sexualmente al oído.
- Agárrate al lavabo, te darás de bruces si no lo haces - sonreí y lo hice.
En poco tiempo, nos sacamos la ropa interior. Me dió una palmadita en el trasero y sonrió.
- Idiota.
- Tienes una muy buena línea. Te cuidas.
Asentí. Me cogió por la cintura y se introdució dentro de mí. Me pilló por sorpresa así que gemí desconsoladamente.
- Te va a escuchar medio hospital, querida - sonrió sin parar mordiéndome el labio inferior.
Mis gemidos se hacían cada vez más intensos. Era su juguete sexual.
Era el llamado sexo anal, nunca lo había probado, ni siquiera con Coque.
Henry era muy brusco, en cambio, los demás chicos con los que me he acostado eran mucho más dulces a la hora de hacerlo.
- ¡Por favor! - grité mientras llegaba al clímax lentamente.
Al poco tiempo, Henry se corrió al igual que yo y salió lentamente de mi cuerpo.
- Estás sudando. ¿Qué tal? - me guiñó el ojo y yo casi no podía ni pronunciar palabra.
- Ha sido...muy rápido y...
- Túmbate a mi lado - me dijo acostándose en el suelo - Le sigo.
- Ha sido agotador. Estoy muy cansada - estaba a su lado, completamente desnuda y casi no podía ni respirar.
El repentino orgasmo me dejó sin aliento pero me gustó. Era una fiera, mi fiera.
- La he follado - sonrió.
- Buff, me ha gustado.
- Mmm... soy muy bueno.
- Me ha gustado... Dios, ¿qué coño he hecho? - me levanté precipitadamente.
- ¿Qué? - frunció el ceño cabreado.
- He engañado a Coque y... yo le quiero. Me ha perdonado y... y... Lo siento, te he... es culpa mía - bajó la cabeza - podemos seguir siendo amigos pero... esto no... olvida lo que acaba de pasar porque no volverá a suceder nada entre nosotros - se levantó y me miró fijamente.
- O sea, me suplicas que me acueste contigo, nos acostamos, dices que te ha encantado y, ¿ahora me vienes con esto? Si tanto quieres a Coque márchate con él y deja de hacerme perder el tiempo. Me estás haciendo un lío. Tengo mejores cosas que hacer que perseguir a una chica que no me desea. Tú eliges, ¿Coque o yo? - levantó el tono de voz y su rostro se oscureció volviéndose serio.
Bajé la cabeza, confundida, sin responder.
- Lo sabía - cogió su ropa, se vistió apresuradamente y golpeó con fuerza la pared - mierda Érica - se acercó a mi y me rozó la mejilla haciendo que elevase la cabeza y le mirara fijamente.
Me besó lentamente, al acabar de vestirse. Quitó el pestillo.
- Henry no...
Abrió la puerta y salió de los aseos dejándome completamente sóla.
- ... te vallas - suspiré.
Me había acostado con Henry. ¿Cómo mirarle a la cara a Coque después de esto? Me encontraba muy arrepentida de lo sucedido. Había herido los sentimientos de Henry y puesto los cuernos a Coque con casi su mejor amigo.
Me sentía culpable, desconcertada, anonadada conmigo mismo.
Después de recapacitar, de vestirme y de salir del cuarto de baño aterrador donde acababa de vivir el mejor orgasmo de mi vida, me acerqué a la habitación de Coque y después de darle vueltas a la idea y de comerme el coco, disimulé y llamé a la puerta:
- Pase - se escuchó desde el interior.
Entré y escuché las risas de Pris y Coque.
- Ohh, Ola cielo - me saludó Coque - así que... ¿se te da bien jugar a las cartas?
- Si, una gran cualidad desde que era una enana - le respondió Pris.
- Te reto a jugar un día de estos.
- Trato hecho - se dieron un apretón de manos - me tengo que ir. A sido un placer hablar contigo.
- Ha servido para conocernos mejor.
- Si - sonrió - hasta pronto. Recupérate.
Me miró y bajó la cabeza. Le dejé salir y cerré la puerta.
- ¿Dónde estabas? Has tardado mucho.
- ¿Ella es amiga de tu hermana? - le pregunté señalando la puerta.
- Si, ella y Jessy son sus mejores amigas - sonrió - No has respondido a mi pregunta - frunció los labios tornándolos.
- Es que me encontré con una amiga en el hospital y ya ves, me entretení.
- ¿Estás llorando? - me preguntó preocupado.
- No, yo no... - mierda.
- Anda, ven aquí. ¿Por qué lloras?
Me tumbé a su lado y me apoyé en su pecho.
- Es que... tengo miedo. No me gusta verte así.
- Oye, no me va a suceder nada. Me pondré bien y luego volverá a ser todo como antes.
- Si, como antes...
- Ya verás - sonreí forzosamente y le abracé entrelazando mis brazos en su cintura.
- Te quiero - me susurró besándome el cabello.
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Henry entró después de dejarme pasar a mi. Cerró la puerta con pestillo incluído y se acercó lentamente con las manos en los bolsillos delanteros de sus vaqueros.
- ¿Enserio has venido solamente a ver a Coque?
- ¿A quién voy a venir a ver sino?
- A mi... - susurré en un tono casi irreconocible - no puedes venir a ver a Coque.
- ¿Por?
- ¿Crees que quiere hablar contigo después de que le partieras la cara?
- Jajaja, ¿sabes de qué hablamos?
- ¿De qué? - sonreía mientas se apoyaba en el lavabo de los aseos. La forma en la que se reía era muy pícara como si hiciera algo malvado y extremadamente perjudicial.
- De nuestra mañana de pasión - se burló.
- Te mato - sabía que Henry era muy cortado para contárselo a Coque.
- Que cara has puesto - se rió a carcajadas intentando mantenerse en pie - no se lo he dicho pero créeme - se acercó a mi rostro y me rozó dulcemente la mejilla - ganas no me faltaron.
- Idiota - puse los ojos en blanco apartando su mano de mi rostro.
- Le pedí perdón con razón y le prometí que no me acercaría a ti. No voy a seguir intentando que... - me miró fijamente - renuncio a ti.
- No, estás mintiendo. No podrás olvidarte de mi porque sigues loco por mis huesos y por mucho que quieras, eso no va a cambiar.
- De verdad, ¿crees eso? - levantó el entrecejo y retrocedió hasta apoyarse otra vez en el lavabo. Cruzó los brazos y evitó el cruce de nuestras miradas.
- Se nota en como me miras y en tu deseo de besarme cada vez que te acercas a mi - ladeó la cabeza de un lado a otro y siguió evitando mis miradas interrogantes.
- Estás muy equivocada. Se te nota a ti cuando al acercarme cada vez más a ti, intentas provocarme.
- ¿Yo? ¿Provocarte? - me hice la loca, extrañada... aunque en el fondo sé que era cierto - solo un poco - insinué frunciendo el ceño - mírame - le ordené.
Levantó la cabeza y me miró fijamente.
- No me hagas follarte aquí mismo - siguió serio, mirándome fijamente sin pestañear .
Sonreí muy sensualmente.
- Hazlo - fruncí los labios mirándole fijamente a los ojos.
- ¿Qué? - rió sin creer lo que acababa de escuchar.
- Fóllame Henry - me acerqué a él, me acomodé el pelo y sonreí entre cortadamente mientras me miraba boquiabierto ante lo que acaba de escuchar.
- No sabes lo que dices - se mordió el labio.
- Vamos, ¿tienes miedo? Gallina - le susurré mientras le acariciaba la mejilla y fui bajando hasta llegar a su cuello.
- Mierda, Eri. Mi autocontrol se va a la borda - rápidamente, me agarró la cara con sus dos manos y se acercó a mis labios mirándome a los ojos. Sonrió un segundo al ver que mi pulso se aceleraba con el deseo de rozar sus labios.
- Bésame Henry - susurré casi sin respiración.
- ¿No decías que querías a Coque? - se separó de mi.
- Que le den, ahora no estamos hablando de él - le sonreí - bésame coño.
Le rocé la mejilla y le besé. Él respondió a mi pasional beso con lengua, la temperatura aumentó y mis labios ardieron trás el beso inesperado que le ofrecí.
- Me gusta tu teoría - sonrió - olvidémonos de Coque - me rodeó el cuello con sus manos.
- ¿Enserio? - trás mi respuesta, deslizó su mano suave e intensa por mi torso hasta mi cintura.
- Si - dijo mientras me subía encima del lavabo con suavidad.
- ¿Seguro? - le besé el cuello.
- Te...he...dicho...mil...veces...que...si... - respondió haciendo una pequeña pausa entre cada palabra - ¿y qué pasa si hago esto? - se movió suavemente hacia delante.
Madre mía, que fiera. Este chico tenía experiencia.
Me mordió el cuello con brusquedad.
Henry se quitó la camiseta y la dejó a un lado.
- ¡Henry! ¿Quieres hacerlo de una vez?
Se rió y me besó los hombros con suavidad.
Deslicé mis manos por la cremallera de sus pantalones, rápidamente me cogió de las manos.
- Yo también sé jugar preciosa - bajé la mirada - tendrás que esperar.
- ¡Henry!
Dentro de un rato dejó de darme besucones por todo el cuerpo, dejó de provocarme y me ordenó que le quitara los pantalones. Así lo hice.
- ¿Por qué eres tan perfecta? - me saqué la camiseta y lo besé repentinamente.
- Cállate y bésame - sonrío y junto mi frente con la suya.
Henry me miró con sus ojos brillantes y destellantes de deseo. Me besó la espalda desnuda, era mi punto fuerte.
- Tenemos que terminar lo que empezamos.
Me levanté y me di la vuelta entrecortadamente.
- Dejemos de hablar y empecemos a divertirnos.
Henry me provocaba incluso con la ropa interior puesta. Me bajé el pantalón corto rápidamente y él se apoyó en la pared.
Estabamos en ropa interior.
- Acércate - me mordí la uña y me acerqué a él - date la vuelta - me susurró sexualmente al oído.
- Agárrate al lavabo, te darás de bruces si no lo haces - sonreí y lo hice.
En poco tiempo, nos sacamos la ropa interior. Me dió una palmadita en el trasero y sonrió.
- Idiota.
- Tienes una muy buena línea. Te cuidas.
Asentí. Me cogió por la cintura y se introdució dentro de mí. Me pilló por sorpresa así que gemí desconsoladamente.
- Te va a escuchar medio hospital, querida - sonrió sin parar mordiéndome el labio inferior.
Mis gemidos se hacían cada vez más intensos. Era su juguete sexual.
Era el llamado sexo anal, nunca lo había probado, ni siquiera con Coque.
Henry era muy brusco, en cambio, los demás chicos con los que me he acostado eran mucho más dulces a la hora de hacerlo.
- ¡Por favor! - grité mientras llegaba al clímax lentamente.
Al poco tiempo, Henry se corrió al igual que yo y salió lentamente de mi cuerpo.
- Estás sudando. ¿Qué tal? - me guiñó el ojo y yo casi no podía ni pronunciar palabra.
- Ha sido...muy rápido y...
- Túmbate a mi lado - me dijo acostándose en el suelo - Le sigo.
- Ha sido agotador. Estoy muy cansada - estaba a su lado, completamente desnuda y casi no podía ni respirar.
El repentino orgasmo me dejó sin aliento pero me gustó. Era una fiera, mi fiera.
- La he follado - sonrió.
- Buff, me ha gustado.
- Mmm... soy muy bueno.
- Me ha gustado... Dios, ¿qué coño he hecho? - me levanté precipitadamente.
- ¿Qué? - frunció el ceño cabreado.
- He engañado a Coque y... yo le quiero. Me ha perdonado y... y... Lo siento, te he... es culpa mía - bajó la cabeza - podemos seguir siendo amigos pero... esto no... olvida lo que acaba de pasar porque no volverá a suceder nada entre nosotros - se levantó y me miró fijamente.
- O sea, me suplicas que me acueste contigo, nos acostamos, dices que te ha encantado y, ¿ahora me vienes con esto? Si tanto quieres a Coque márchate con él y deja de hacerme perder el tiempo. Me estás haciendo un lío. Tengo mejores cosas que hacer que perseguir a una chica que no me desea. Tú eliges, ¿Coque o yo? - levantó el tono de voz y su rostro se oscureció volviéndose serio.
Bajé la cabeza, confundida, sin responder.
- Lo sabía - cogió su ropa, se vistió apresuradamente y golpeó con fuerza la pared - mierda Érica - se acercó a mi y me rozó la mejilla haciendo que elevase la cabeza y le mirara fijamente.
Me besó lentamente, al acabar de vestirse. Quitó el pestillo.
- Henry no...
Abrió la puerta y salió de los aseos dejándome completamente sóla.
- ... te vallas - suspiré.
Me había acostado con Henry. ¿Cómo mirarle a la cara a Coque después de esto? Me encontraba muy arrepentida de lo sucedido. Había herido los sentimientos de Henry y puesto los cuernos a Coque con casi su mejor amigo.
Me sentía culpable, desconcertada, anonadada conmigo mismo.
Después de recapacitar, de vestirme y de salir del cuarto de baño aterrador donde acababa de vivir el mejor orgasmo de mi vida, me acerqué a la habitación de Coque y después de darle vueltas a la idea y de comerme el coco, disimulé y llamé a la puerta:
- Pase - se escuchó desde el interior.
Entré y escuché las risas de Pris y Coque.
- Ohh, Ola cielo - me saludó Coque - así que... ¿se te da bien jugar a las cartas?
- Si, una gran cualidad desde que era una enana - le respondió Pris.
- Te reto a jugar un día de estos.
- Trato hecho - se dieron un apretón de manos - me tengo que ir. A sido un placer hablar contigo.
- Ha servido para conocernos mejor.
- Si - sonrió - hasta pronto. Recupérate.
Me miró y bajó la cabeza. Le dejé salir y cerré la puerta.
- ¿Dónde estabas? Has tardado mucho.
- ¿Ella es amiga de tu hermana? - le pregunté señalando la puerta.
- Si, ella y Jessy son sus mejores amigas - sonrió - No has respondido a mi pregunta - frunció los labios tornándolos.
- Es que me encontré con una amiga en el hospital y ya ves, me entretení.
- ¿Estás llorando? - me preguntó preocupado.
- No, yo no... - mierda.
- Anda, ven aquí. ¿Por qué lloras?
Me tumbé a su lado y me apoyé en su pecho.
- Es que... tengo miedo. No me gusta verte así.
- Oye, no me va a suceder nada. Me pondré bien y luego volverá a ser todo como antes.
- Si, como antes...
- Ya verás - sonreí forzosamente y le abracé entrelazando mis brazos en su cintura.
- Te quiero - me susurró besándome el cabello.
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Tal vez puedas librarte de mis encantos pero nunca podrás librarte de los malos hechos e indeferencias pasajeras... no todo se arregla con un "lo siento"...
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