DÍA: 27 DE AGOSTO
Narra Miriam:
Al momento, sentí unas manos tiernas y dulces rodeándome la cintura. Por un momento, me quedé quieta sin moverme ni un solo milímetro.
Al final, me di la vuelta. Pude ver el rostro de Derek observándome con una sonrisa de oreja a oreja.
No dije absolutamente nada. Me volteé de nuevo y apoyé mis manos sobre las suyas.
Él había vuelto, por eso no contestaba mis llamadas. Por eso, había estado tan ocupado.
Volvió por mi y cuanto más lo pensaba mayor era la sonrisa que se iluminaba en mi rostro.
Derek me quería, no sé si de la forma en la que yo le amaba. Solo sé que estaba aquí y que no me soltaría tan fácilmente.Ante un acto reflejo, volví a observar nuestro reflejo en el espejo. Me sorprendió ver su imagen distorsionada que me sonreía malvadamente. Cerré los ojos con fuerza deseando con todas mis fuerzas que solo fuesen imaginaciones mías.
Al volver a abrirlos, me volteé y suspiré profundamente al no ver a nadie al mi alrededor.
Últimamente, andaba en las nubes y no me concentraba lo suficiente en lo que me tenía que centrar.
Salí del apartamento en un abrir y cerrar de ojos. Me dolía mucho la cabeza y mis manos sudaban. Lo extraño era que no hacía calor y el sudor era bastante frío.
Solo quería alejarme del apartamento maldito. Jerry interrumpió mis pensamientos embozando una tierna sonrisa. ¿Justo ahora se tenía que meter de por medio? Necesitaba irme ya.
- Vaya, señorita Fernández. ¿Ya se marcha? Si acaba de llegar - preguntó con curiosidad poniendo en mi camino y dificultándome seguir con mi trayecto hasta mi precioso y calentito auto.
- Si... La casa de Derek semeja un búnker y me hace tener escalofríos.Volveré cuando llegue Derek de su trayecto. Seguramente en dos semanas - aclaré dando una pequeña zancada para advertirle de que si no se apartaba pasaría por encima de él.
No dio resultado y me crucé de brazos pensando en otra cómoda táctica para apartarlo de mi vista.
- Eso me recuerda a mi mujer que en paz descanse. Le gustaba tanto quedarse en casa cosiendo con la cadena de radio todo el día puesta. No sabes los pantalones de lana tan bonitos que hacía. Tenía dotes, si siguiera adelante con ese trabajo tal vez obtuviera unos muy buenos resultados de el.
Supongo que todo en su debido tiempo se termina. Después de su muerte siempre que contemplaba aquel sillón vacío me la imaginaba a ella, risueña y tejiendo alguna prenda ignífuga.
- ¿A qué edad falleció? - mencioné. Tal vez así me ayudara a adivinar su edad. Nunca la había mencionado que recuerde.
- A los cincuenta y cinco años. Ni uno más ni uno menos. Los infartos de miocardio a su edad son mortales - recordó mirando a un punto fijo como si estuviese rebuscando en su mente.
- Lo siento, Jerry. Seguro que la quería muchísimo - me encogí de hombros sin saber ciertamente como actuar.
Él ladeó la cabeza y la alzó al momento como si estuviese en desacuerdo con mis palabras.
- Ella está en un sitio mejor. Lo sé. El cielo puede resultar bastante acogedor.
- No soy creyente pero haya lo que haya después de la muerte... Supongo que no resulta tan desagradable y apenada como la vida - mencioné entrecerrando los ojos.
- Si, pronto lo sabrás - exclamó dejándome helada. Tenía dieciocho años aún me quedaba muchísimo por vivir. ¿Por qué me había dicho eso? Esa duda aún se conservaba en mi mente - Bueno, señorita Fernández. Tengo que recoger las cosas e irme a dormir que se me ha hecho bastante tarde - mencionó dejándome pasar al fin.
- Si, yo también debo irme. Nos vemos, Jer - susurré con una entresonrisa forzada y siguiendo de nuevo mi trayecto.
- Cuídese, señorita Fernández - dijo alejándose.
- Igualmente.
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Llegué al hospital y recibí una llamada de Derek. Pensé en cogerla pero después de lo ocurrido no me apetecía hablar con él además, le había llamado millones de veces y había pasado de mi. Ahora le tocaba esperar a él.
Él siguió insistiendo y antes de atravesar las puertas de la UCI, no me quedó más remedio que cogerlo.
- ¿Qué quieres? - pregunté con cierto enfado nada más descolgar el teléfono.
- ¿Qué que quiero? ¿Acaso no puedo llamar para saber como estás? - pronunció dolido desde la otra línea. No se escuchaba ni a una mosca. Estaría en el hotel apunto de irse a dormir.
- ¿Ahora te importo? Después de pasar de mi durante días...
- Miriam... Estuve ocupado, lo siento. Intenté sacar tiempo de donde pude pero estamos a rebosar. Entiéndeme - me interrumpió intentando disculparse.
- ¡Mierda, entiéndeme tú a mi! - grité sin pensar.
- Pero Miriam, tampoco es que fuese para tanto...
- ¡Derek, pensé que estabas muerto! - bramé dejando un silencio bastante notable entre nosotros. La tensión comenzó a acelerarme el corazón. Sentí su respiración cada vez más agitada y decidí proseguir - Te llamé mil y una veces y ninguna de ellas me lo cogiste. Soy nueva en esto... Eres una de las únicas personas que me importa y lo admito, si, no quiero perderte. Estaba preocupada esperando una puta llamada tuya la cual nunca llegaba. La gente me decía: "Estará ocupado" pero yo siempre pensaba en lo peor. Que habías conocido a otra o que te había atropellado una moto - dije mientras las lágrimas amenazaban con salir nuevamente de mis ojos - Derek... Te quiero y odio no tenerte cerca. Pensarás que soy una loca homicida pero es la verdad. Te echo de menos y llamarnos cada día es la única forma de no echarte de menos a cada minuto que pasa.
Nunca me había ocurrido nada así. Ni con mis padres, ni con amigos... Siempre pensé: "El destino volverá a unirnos algún día..." pero ese maldito día nunca llegaba y no quiero que me pase lo mismo contigo. Simplemente, sé que solo es un viaje de negocios y que me estoy volviendo paranoica aunque... ¡Dios! Necesitaba decírtelo, Derek.
No aguantaba más toda esta presión - me limpié las lágrimas con la manga de mi camiseta apoyándome en la pared. Ojalá estuviera aquí para poder hablar con él cara a cara. Necesitaba tenerlo cerca.
Él tragó gordo y suspiró profundamente. Creo que se puso la mano en la boca durante unos segundos. Volvió a atender el móvil y se dignó a contestarme.
- Me han ofrecido un puesto aquí. En Madrid. Como . Como director de "R3 Motor" -me soltó con la voz prácticamente helada.
- ¿Qué intentas decirme? ¿Te lo estás planteando? ¿Piensas dejarme para trabajar en el lugar de tus sueños? - refunfuñé ladeando la cabeza. Definitivamente, no me esperaba eso de él.
- Es... mi sueño. A mi padre le hubiera gustado que siguiera su trabajo. Miriam, ¡es R3 Motor! ¿Quién dice no a esa oportunidad? Y además, me ofrecen ser director de esa increíble empresa - soltó emocionado seguramente con una sonrisa de oreja a oreja.
- Ya veo lo que soy para ti. ¿Sabes? Haz lo que te salga de los cojones - le solté mientras mis lágrimas se convertían en rabia. ¿Enserio pensaba aceptarlo?
- Miriam... Oye, tenemos que hablar de esto. Calculo que en dos semanas estaré allí. Todavía no he decidido nada - intentó explicarse bajando cada vez más la voz.
- No, Derek. Creo que este tema ya está zanjado - murmuré colgando el teléfono.
Decidí relajarme un poco antes de entrar en la habitación del padre de Dylan.
Las palabras de Derek habían creado un efecto negativo en mi. Pensar que se había olvidado de mi y se planteaba aceptar un trabajo lejos de mi. Él fue el que dio el primer paso y ahora... ¿Está pensando en dejarme? ¿Así si más?
Suspiré y me acerqué a Dylan. Este, nada más verme se lanzó a mis brazos dándome un cariñoso abrazo. Eso me sorprendió bastante, nunca había llegado a tener esa muestra de cariño conmigo. Me puse a su altura y le continué el abrazo. Tal vez, lo necesitara y él también, eso estaba claro.
Al separarnos, se sentó en uno de los sillones de la sala de espera y yo me senté a su lado.
Decidí establecer una conversación para saber exactamente porque me había llamado con tantas ansias, parecía verdaderamente desesperado.
- ¿Qué ha ocurrido, Dylan? ¿Le pasa algo a tu padre? ¿Ha despertado? - pregunté con curiosidad frunciendo el ceño.
Él se giró para poner mirarme. Tenía los ojos brillantes y la respiración agitada.
- Una de las máquinas empezó a pitar. Varias luces comenzaron a encenderse y... luego, vino un montón de gente que comenzaron a mirar a mi padre. Una enfermera, me dijo que esperase fuera y llevo mucho tiempo esperando. Quiero ver a mi padre - me explicó bajando la cabeza mientras ponía morritos a la vez.
- Veré a ver si me dicen algo. ¿Vale? Seguro que solo fue una falsa alarma y pronto podrás volver a cogerle de la mano - le sonreí pero de poco sirvió. Él siguió con la cabeza gacha y me levanté.
Al llegar a la habitación de su padre, pude contemplar perfectamente desde la entrada como el chico tenía razón. Era cierto, que un montón de médicos y cirujanos proseguían a atenderle pero solo uno le intubaba y otro probaba suerte con las palas. Escuché un fuerte pitido que se hizo cada vez más intenso. Probablemente, provenía de la máquina que indicaba su ritmo cardíaco.
- ¿Cuánto lleva en paro? - preguntó el médico que se mantenía a su lado.
- Cuarenta y tres minutos, exactos - exclamó la enfermera observando al paciente que se mantenía más pálido que Blancanieves.
- No podemos hacer más - ladeó el cirujano la cabeza y dejó las palas en su lugar mientras observaba sus constantes - Hora de la muerte... Las tres y treinta de la mañana - suspiró y se quitó los guantes con cuidado mientras el anestesista apagaba las máquinas.
Abrí los ojos repentinamente nada más escucharlos.
- ¡Dios mío! - me tapé la boca con ambas manos con un escalofrío recorriendo completamente todo mi cuerpo.
Me dejé caer y me senté en el suelo frente a la habitación mientras aguardaba que alguien viniese a avisarnos.
- Miriam, ¿te han dicho algo de mi papá? - dijo Dylan frente a mi pegándome un susto de muerte.
Me mordí el labio inferior sin saber que responder. Él me observaba aguardando una respuesta.
No sabía como decirle que su padre había fallecido y que ahora, se había convertido en un niño huérfano. ¿Cómo lo haríais vosotros si estuvierais en una situación como esta?
La verdad asusta, hasta el punto de no querer contarla por miedo a herir a la otra persona. Pese a todo, debes de tomar una decisión. Afrontarte a ello o huír lo más lejos posible. Yo voto por la segunda opción. Siempre fui más de pollo que de bisté.
Narra Lola:
Me encontraba de nuevo en casa de Henry. Me había invitado a su casa para celebrar una cena nosotros solos. La idea me fascinaba pero que el loco y psicópata de su hermano anduviese rondando por allí no me hacía tanta gracia. Mi expresión cambió al llegar a casa de Henry vestida de la siguiente forma:
Después de pensarle durante muchísimo tiempo, decidí cubrir mis piernas con una minifalda sencilla que combinaba perfectamente con mis piernas morenas. No había ido a la playa en muchas ocasiones este año pero pronto cogía color y había que aprovechar.
Una camiseta gris no muy escura completaba el conjunto a la perfección y la verdad es que me encantaba. Los zapatos de tacón no me parecían lo suficientemente apropiados pero al final decidí llevarlos ya que eran los únicos que pegaban con todo el conjunto.
No me esmeré demasiado con el maquilllaje.
Al llegar, fue un gran alivio para mi escuchar que el hermano de Henry no estaba en casa y que llegaría seguramente tarde.
La cena avanzó con rápidez, entre piropos, risas y muchísimas preguntas por parte de los dos y era cierto. Hacía casi un mes que nos conocíamos y apenas sabíamos cosas el uno del otro.
Mi curiosidad se dejó mostrar y de un momento a otro, el tema de su exnovia salió a la luz. Él no parecía muy cómodo hablando de aquello pero a mi me interesaba muchísmo conocer más de su historia y así no cometer los mismos errores que ella pudo cometer anteriormente con Henry.
- Nunca fuimos algo... Simplemente, ella me gustaba pero estaba comprometida. Si lo llegase a saber nunca intentaría nada con ella. Imagínate que te digan que la chica de quien estás enamorado está saliendo con tu mejor amigo. ¿Sabes? Fue un golpe muy duro para mi y por eso actué de esa forma y realmente ahora mismo me arrepiento de haberlo hecho. Me he dado cuenta de que no servía para nada luchar y enfadarse por algo tan mínimo y engreído. Soy un puto meme, lo sé pero en esos momentos, actué sin pensar - me explicó cruzándose de brazos y observándome desde lejos.
Por lo menos, así lo sentía yo. Lejos...
Suspiré leve, casi sin manifestarse. Apoyé mi mano sobre la suya y le dediqué una sonrisa mágica. No se me ocurrió otra cosa para reconfortarle y hacerle sentir que ahora estaba con él y que nunca le haría eso.
- Oye... Olvídala. No es porque ahora esté contigo o no... Es solo que te utilizó y folló contigo un par de veces pero nada más y aún encima estando con ese chico del que me hablaste. Es una furcia y una buscona. Ol- ví-da-la - le repetí marcando bien las sílabas que formaban la palabra.
Él puso su otra mano sobre la mía.
- Recuérdame de nuevo porque aún no te pedí matrimonio, por favor - soltó intentando reprimir la risa y jugueteando con mis mano como si estuviese echa de plastilina.
- Mmmm... ¿Por qué ni siquiera me pediste salir contigo? - arqueé una ceja insinuante. Era cierto, ardía de ganas de establecer una relación con él aunque para Henry tal vez significara que por fin había llegado la hora del acto sexual. Algo que rotundamente era incierto.
Aún así, quería que fuese solo mío. Costase lo que me costase. Como para dejarlo escapar...
- Seguramente me dejarías con la palabra en la boca o dirías un no completamente seco.
- ¿Estás de coña, Henry Konver? ¿Piensas que te diría que no? Pues estás muy equivocado - le miré de reojo mientras bebía un sorbo de mi copa y acariciaba su pierna con mi pie derecho.
Eso hizo que él se estremeciese. Se toqueteó el pelo y con expresión nerviosa intentó pronunciar palabra. No sabía que eso le excitase tanto. Solo era un ligero movimiento.
- ¿Me estás intentando sobornar para que te pida consentimiento para establecer una relación de pareja contigo? - pronunció utilizando unas palabras bastante cultas que me causaban bastante gracia.
- ¿Tanto se nota? Pss... - susurré mirando hacia la derecha y luego a él - Tardaste un poquito en darte cuenta - le reñí sin poder dejar de sonreír. Así no parecía tan sumamente creíble.
- Soy un puto empanado. Es lo que hay - se encogió de hombros haciendo una ligera mueca con los labios.
- Oye, no vine así vestida para no conseguir nada a cambio - le miré sensualmente mientras pasaba la lengua por mi labio superior.
- Yo también sé jugar, muñeca - se acomodó mirándome fijamente sin pestañear ni un solo segundo.
Mordió su labio inferior retándome. La verdad era que resultaba bastante gracioso.
- Henry... - susurré en una suplica. Deseaba escuchar esas tres palabras que llevaba aguardando durante un mes entero. Las sentía en falta y las quería escuchar de una vez por todas.
- Está bien. Lola, Lolita, Lola... ¿Quieres salir con...? - comenzó bastante abiertamente hasta que fue interrumpido por el estúpido e inútil de su hermano. Entró por la puerta de la cocina en un abrir y cerrar de ojos. Refunfuñé apartando la mirada y cruzándome de brazos nuevamente. Había estropeado mi momento romántico con Henry.
- ¡Joder! ¿Y esas velas? ¿Se fue la luz? - prendió la luz de la cocina con un pequeño movimiento y se acercó a nosotros sonriendo - Henry, ¿has preparado la cena? Te amo, puto gilipollas de mierda - apoyó su mano sobre su hombro y le dio unas ligeras palmaditas en la espalda - ¡Tengo un hambre! En el bar no pusieron tapas, los muy hijos de puta. ¿Te parece normal? Son más racanos que tú, Henrique. Aunque parezca mentira - cogió la comida de nuestros platos sin ni siquiera pedir permiso - Y aún encima Marina hace hoy turno doble. Puta vida, tete - siguió hablando, masticaba comida aún. Aparté la mirada, me daba muchísimo asco, la verdad.
No solo hoy, siempre me da mucho asco este chico.
- ¡Ostia! Calamares. Querías hacerte un festín tú solo, ¿no? - observó sin dejar de hablar y hablar y hablar... Me entraron unas ganas de pegarle una ostia. ¡Os lo digo enserio!
Se sentó sobre mi cogiendo los cubiertos y comenzando a comer mi plato. ¿No le llegaba con lo que le robó a Henry?
Esto si que ya era el colmo.
- ¡Oye, estoy aquí! - dije en un grito ahogado mientras le saludaba haciendo movimientos con mi mano derecha.
- ¡La quejica marciana! Brother, no está bien que te traigas tus rolletes a casa. No aprendes enserio. Solo te la follas una vez y luego das paso a la siguiente. Salvo que pinches dos veces en una misma noche. Eso ya es la puta gloria - le indicó con satisfacción sin dejar de comer.
- ¿Marciana? ¿Enserio? Que yo sepa no soy verde, ni tengo la cabeza deforme, ni hablo en otro idioma - me quejé liberándome de su culo aplastante.
- Yo no soy como tú, Miguel. No copulo con cualquiera que me encuentre por la calle como tú - respondió Henry ignorando ese insulto hacia mi.
¡Ya te vale! ¡Acabas de pedirme salir contigo! Bueno... fue una media pedida pero esa media cuenta.
- Quejica marciana, eres como ETE. El cojonudo ETE. Es mi ídolo. Y para tu información, querido Henrique que yo sepa llevo exactamente cuatro años siéndole más fiel a Marina que un puñetero perro faldero. Yo le como el culo y ella a mi otra cosa. Tenemos una relación de la polla - contestó bebiendo de mi vaso.
- Ese es mi vaso - le recordé entre dientes.
- Si tu baba sabe igual de excitante que tu minifalda... ¡Ole tú! - pronució recibiendo una mirada no muy agradable de parte de Henry.
- Puto cerdo. Me voy al baño - indiqué cogiendo mi bolso y dirigiéndome a la puerta.
- No escapes por la ventana, por favor. Esta demasiado alta para ti - dijo Henry leyéndome el pensamiento. En estos instantes, estaba apunto de hacerlo.
- Y acuérdate de no mear por fuera, puta marciana. ¡Ah, espera! No tienes albóndigas - recordó sin dejar de reírse de mi.
- Tal vez no las tenga pero a saber que mierda tienes tú ahí, animal - hice un gesto con los dedos y desaparecí por la puerta.
- Me cae bien - escuché por parte de Miguel mientras Henry no pudo resistir más la risa.
DÍA: 28 DE AGOSTO
Narra Miguel:
Me estaba duchando por la mañana para ir de nuevo a la universidad. Mis ojos seguían pegados por el sueño. Ayer me había dormido demasiado tarde ya que me había quedado hasta tarde estudiando.
Me entretení cantando una canción con el rociador de agua.
Una mierda de canción que se me había pegado en la cabeza y la verdad era que me entraban arcadas cuando me venía a la cabeza. ¡Joder! Putos anuncios de la tele.
Justo cuando iba a salir para lavarme los dientes y marcharme pitando de casa, alguien entró en el cuarto de baño.
- Creo que el otro día se me quedó aquí mi bolso - escuché perfectamente.
Claramente era la voz de la marciana chupapollas. Reí y salí del baño cogiendo una toalla. Me importaba una mierda que ahora intentara devolvérmela con la misma moneda.
- Oh, no sabía que estabas aquí - dijo lo más creíble posible. Que mal miente la cabrona. Se le notaba a tres puñeteros kilómetros.
- Si, venga. Chúpamela - mencioné caminando hasta la toalla y comenzando a secarme. Ya no estaba sucio, brillaba como el culito de un bebé.
- No, gracias... - susurró dándose la vuelta para seguir buscando el bolso. Rápidamente, se sorprendió o se asustó, no lo recuerdo muy bien y se tapó la cara con ambas manos después de poco rato.
Que conste que le dio tiempo a analizar mi cuchillo de arriba a abajo. OK, ya me callo.
- ¡Dios! - exclamó aún paralizada.
- Sé que es gigantesta, mujer y que podría atravesar a tres rinocerontes con esto pero debes sentirte afortunada, hoy no te tocará a ti. Descansa tu puto culo - dije observándola con una sonrisa traviesa.
- Ni hoy ni nunca. ¡Tápate, imbécil! - se dio la vuelta dejando de taparse los ojos.
- ¿Por? Fuiste tú la que entraste
- Vine a por mi puto bolso, no a ver tu.... Ya sabes - sé que frunció el ceño. Era bastante notorio.
- Ni que nunca vieses una. ¿Qué pasa es que nunca te rompieron el tambor? - murmuré entre risas poniéndome la toalla alrededor de la cintura.
- ¿Qué? Pues claro que si... - dijo en un susurro.
- Te lo digo porque nunca se os escucha desde mi habitación. Ya puedes darte la vuelta.
- Me corro en silencio, señor come bistecs - respondió tirándome una esponja de baño.
La cogí increíblemente bien. Supongo que fue en un autoreflejo.
- Me gustan más las almejas - me quejé alzando una ceja.
Caminó hacia a mi poniéndose a mi altura.
- Pago por pago - susurró según yo con una voz bastante sexual.
- Esto no termina aquí, puta marciana. Intervendré en alguno de vuestros rolletes mañanales - le avisé bajando la mirada mientras me reía fuertemente.
- Por supuesto que no, esto es la guerra - contempló amenazadora muy cerca de mi rostro. Si, lo ha conseguido. Parecía amenazadora aunque demasiado santa como para estrugarte los huevos en cualquier momento concreto.
- Te vas a cagar, cuñada - puse su mismo tono de voz imitando su voz aguda - Por cierto, ¿cuál te gusta más? ¿La mía o la de Henry? - le miré con ojos penetrantes.
Ella me dió un codazo sin dejar de reír.
- No te voy a responder a eso, gilipollas - me miró detenidamente. Sabe dios lo que pasaba por su cabeza en esos instantes.
- Admítelo, te estás riendo.
- No - intentó aguantarse la risa pero le fue prácticamente imposible.
- ¿Entonces eso que es? Parece que acabas de ver una revista porno - dije seco pero a la vez con cierta picardía.
- Solo... pensaba en algo que me hizo gracia - intentó justificarse encogiéndose de brazos.
- ¿En qué?
- Nada, nada - miró hacia el lado izquierdo sin dejar de sonreír de oreja a oreja.
- Somos cuñados. Aquí no se guardan secretos - asentí con ojos enormes. Parecía que en cualquier momento se saldrían de sus órbitas.
- No te depiles tanto, anda - dijo finalmente apoyando una mano sobre mi hombro. Le miré riéndome mientras ladeaba la cabeza de un lado a otro y ella avanzaba hasta la puerta.
Parpadeé y me di la vuelta.
- Lola - llamé su atención. Esta se volteó apoyando su mano en el pomo de la puerta. Su puto culo no podía estar quieto ni un segundo - Ojalá la mierda que tengas con Henry siga adelante.
Ella sonrió con ojos brillantes y no dijo nada más.
Narra Dani:
Blas, Carlos, Álvaro y David no se concentraban en el ensayo y solo se burlaban los unos de los otros.
Posé mis cosas y refunfuñé.
- ¿Adonde vas Dani? - preguntó Blas frunciendo el ceño.
- No me haceís puto caso. El concierto es mañana y casi no hemos ensayado. Álvaro se caerá del escenario, Carlos estará en pleno concierto enviándole Whatsapps a su novia, Blas se olvidará de la letra y David se rascará los huevos sin darse la más mínima cuenta - me expliqué y suspiré hondo - Cuando queráis, me avisáis y ensayamos - aclaré marchándome al salón y dejando a todos sin palabras. David se reía por lo bajo.
- Le echó cojones... - escuché al fondo.
Me senté en el sofá y tomé mi teléfono. Al poco tiempo, Blas intervino y se sentó a mi lado.
- Oye tio, lo siento. Aún sigo trastornado con la muerte de mi tía. No puedo concentrarme - me explicó observando de vez en cuando la pantalla de mi móvil. ¡Puto cotilla!
- No pasa nada, Blas. No iba solo por ti.
- ¿A quién vas a llamar? - dijo mientras cogía unas palomitas de encima de la mesa.
- A Miriam - aclaré seco buscando su número.
- Que bien te llevas con ella, ¿no? - insinuó mirándome de reojo.
- Es diferente al resto de las chicas. Cerrada, alegre, modesta... Supongo que por eso me cae bien - mencioné sin darle mucha importancia y robándole algunas palomitas.
- Ajá.
- ¿Qué mierda...? Es una amiga, tio - me ofendí al ver el tono de su respuesta.
- No te digo que no lo sea pero está claro que algo existe entre vosotros. Vi las fotos de la revista. Bueno, yo y media España - rentificó poniendo los ojos en blanco - Parecíais tan... unidos, cariñosos.
Coño, me dáis envidia - puso morritos cruzándose de brazos y apoyando su espalda en el fondo del sofá.
- ¿Envidia? ¿Tú? ¿Por?
- Nunca tuve una chica que me durase más de una noche. Solo quieren follar y punto - dijo marcando bien la última palabra.
- ¿No será porque siempre vas a las que tienen aspecto de putas? - pregunté claro - ¿Por qué cojones no me lo coge? - dije ladeando la cabeza y volviendo a marcar su número.
- Será porque se ha olvidado de ti - propuso irónico - Y si, puede ser pero son las que están más buenas. ¿Qué quieres? ¿Qué vaya a por Betty la fea? Ok no - puso una mueca de asco abriendo bien los ojos.
- Eso no tiene que ver. Si hablaras un poco con ellas antes de llevártelas directamente a la cama...
- ¿Así que eso es lo que intentas tú con Miriam? Te he pillado, puto ninfómano - dijo riéndose y aclarando su voz.
- ¡NO! Estás mal, ¿no? - reí ante esa posibilidad.
Estaba claro que no quería absolutamente nada con Miriam. Le llevaba unos cuantos años y además con la mierda de trabajo que tengo...
Se montó una buena con lo del bar. ¡Imagínate si fuera más allá!
- ¿Si? - escuché desde la otra línea.
- ¡Miriam! ¡Hola!
- ¡Vaya gallo te ha salido, tio! Pregúntale si quiere venir a cenar hoy a casa - susurró Blas a mi otro oído descojonándose.
- Calla. Vete a ensayar, ostia - murmuré no muy alto para que no fuese percibido por Miriam.
- Dani... Perdona por no cogerlo antes, no lo había escuchado... - dijo con voz tenue y bastante frágil. Como si en cualquier momento se fuese a romper.
- No pasa nada. ¿Cómo estás?
- Muy caliente, Dani - dijo Blas levantándose y dirigiéndose a la salida. No dejaba de reírse al mismo tiempo que imitaba la voz de ella.
- Vete a la mierda, Blas - le tiré un cojín. Como corre cuando quiere.
Me echó la lengua y se marchó de mi vista en un abrir de cerrar de ojos. Aún se seguía descojonando por los pasillos.
- Oye, Dani... Tengo que irme. Estoy bastante ocupada en estos momentos. Llámame más tarde. ¿Quieres? - murmuró aún con la boj más baja de lo normal.
- ¿Dónde estás? - pregunté al no escuchar ni el más mínimo ruído.
- En el hospital.
- ¿Qué ha pasado? Voy para allá - aclaré levántandome con rápidez.
- Tranquilo, todo va bien - intentó calmarme aunque su tono de voz no parecía decir lo mismo.
- ¿Es Coque? ¿Está crítico? ¿Se despertó? - me interesé atiborrándole a preguntas mientras me ponía cada vez más nervioso.
- Coque sigue estable pero aún no se despertó del coma.
- ¿Entonces...? - pregunté levantando una ceja - ¿Por qué estás así?
- ¿Así como? - suspiró. Seguramente estaría pensando en cuando la dejaría en paz. Cuando quería podía resultar ser muy pesado.
- Triste, deprimida... Te ocurre algo pero no quieres decírmelo - intenté sacárselo a la fuerza.
- Lo dicho, tengo que colgar. Ya nos veremos - se despidió fríamente sin ni siquiera dejar que le respondiese.
- Pues adiós.
Me sentí un completo idiota al quedarme mirando la pantalla del móvil sin expresión.
- ¿Con quién hablabas? - interrumpió Carlos jugueteando con una botella de agua entre las manos - Ya estamos listos para ensayar.
- Sois unos putos cotillas.
- No te lo va a decir, Charly. Es secreto - apareció Blas de la nada apoyándose en su hombro mientras no dejaba de observarme.
Carlos le apartó con desprecio ladeando la cabeza.
- Con Miriam. Es muy extraño, está muy rara. Hablaba con monosílabos y parecía deprimida ante algo. No quiso contarme nada. Tal vez, deba ir a hacerle una visita - pensé en alto observando los alrededores.
- Con eso, ole darás una sorpresa o un susto mortal - dio su opinión Blas. A veces, debería de cerrar el pico.
- Si intentas mojar... Te recomiendo que pases de ella. Si estás todo el puto día encima de ella te mandará a la mierda - le siguió Carlos. Ambos resultaban tan considerados...
- Ya le he repetido mil veces a este que no - levanté la voz señalando a Blas.
- ¿Por? Es mona y tiene cara de darle muy bien a las mamadas - indicó Carlos poniéndose de la parte de Blas.
- Aunque sea perfecta, es una amiga y lo que haría un amigo es visitarla y darle su apoyo así que me da igual lo que me digáis. Pienso ir aunque sea en triciclo - les volví a mencionar por enésima vez. A la primera nunca cogían las cosas.
- Eres tonto, muy tonto - dijo Blas alargando la "u" - ¡Qué digo! Lo dos - dijo observándonos a ambos con mirada de furtivo - Tenéis unas amigas guapísimas y muy follables y en vez de pedirle una cita o de pinchároslas directamente preferís ser solamente amigos. Dadme una sola razón para no cortaros los huevos porque...
- ¿Por qué no puede existir la amistad entre un chico y una chica?
- Solo puede existir si el tio es más feo que el trasero de Carlos - mencionó Blas. Carlos le di una ostia en la cabeza. Blas se quejó durante un tiempo y luego nos miró con ojitos de cordero devollado.
- Llegaréis a los ochenta más solos que la una. Seréis viejos y seguiréis sin novia. Al final, terminaréis liándoos entre vosotros mientras os pudrís en una residencia. Es vuestro puto futuro y cada día está más cerca - señaló Blas de nuevo en su mundo- Ok, haced lo que queráis. Yo os avisé.
- Yo me largo al hospital porque si no este sunorme me contagiará su locura - me erguí refiriéndome a Blas y cogí mi sudadera.
- ¿Y el puto ensayo? - me recordó Carlos sin dejar de juguetear con la botella ni un solo segundo. Era un buen pasatiempo.
- Yo os esperé a vosotros. Ahora os toca esperar por mi - les indiqué dirigiéndome a la entrada mientras le guiñaba un ojo a ambos - Dew.
- Por la noche, quiero verte aquí, Fernández - amenazó Carlos observándome desde lejos.
Narra Jessy:
Supongo que
de la sinceridad se aprende aunque algunas veces es mejor estar callado.
Todos los
cristianos dicen: "No mentirás". De hecho, ese es uno de
los mandamientos más comunes y que la mayoría de las personas incumplen.
Salvo él,
Carlos quiso decir lo que sentía. En parte, está bien pero el daño que puede
llegar a causar destapa la herida.
Aunque
quiera, nunca podré olvidarme de sus palabras. Se quedaron muy grabadas en mi
mente y ni siquiera un simple perdón podría hacerme olvidar.
Todos
cometemos esa serie de equivocaciones. Miriam me había llamado ayer diciéndome
que no vendría a desayunar, ni a comer, ni a cenar... Sus padres estaban
seriamente preocupados.
Ella se
justificó con lo de "quiero estar cuando mi hermano despierte". Está
bien claro que yo haría lo mismo y la acompañaría sin duda si no tuviese que
trabajar.
Me
encontraba en la cocina. La madre de Miriam, Susan preparaba unos estofados con
patatas mientras yo jugaba al tetris por el móvil. Definitivamente, era mi
único pasatiempo antes de la cena.
De un momento
a otro, su madre se acercó a mi y me pasó la mano por la espalda.
- Bien. Está
bien. Estamos bien - aclaré sin darle muchos detalles y sonriendo un poco para
darle confianza y así que no sospechase nada.
-
Entonces... ¿Por qué te marchaste de casa? Dice Miriam que ya llevas como un
mes con ellos. No es porque quiera echarte, ni mucho menos, me encanta tenerte
aquí. Solo necesito saber el porqué.
- Mi madre y
yo nos hemos peleado. No fue nada, una pelea tonta de las nuestras. No se
preocupe - mencioné de nuevo intentando que se terminase de una vez la
conversación.
De repente,
mi bolsillo comenzó a vibrar. Di gracias a dios por salvarme el pellejo.
Por una vez,
se dignó a escucharme.
- Hola -
bramé con la mirada atenta de Susan.
- Hola
Jessy. Solo llamaba para decirte que hoy tampoco voy a cenar - escuché la voz
suave de Miriam en la otra línea.
- ¿Enserio?
- miré a su madre y tapé el móvil con la palma de mi mano separándolo de mi
oído - Es Miriam, hoy tampoco viene a comer - le señalé viendo su interés.
Ella suspiró
y siguió con la comida.
- ¿Te
llamó Derek? - pregunté en voz baja para no ser percibida.
- Solo
te llamaba por eso. Tengo que colgar. Adiós - se mostró bastante fría por
teléfono. No me dio tiempo a reprocharle. Colgó el celular en unos segundos
dejándome con la palabra en la boca.
- Okey -
susurré guardando el móvil en su anterior lugar.
- Miriam
está muy rara.
- Miriam
nació rara y morirá de tal forma - indicó su madre. Se volteó y relamiéndose
los dedos me hizo unas señas - ¿Quieres crema de cacahuete?
Sonreí.
Tal vez, la
sinceridad sea lo más correcto pero a veces, uno debe de saltarse las reglas y
saltar al vacío sin importarte lo más mínimo el resto.
Ese es mi
puto lema.
"Atrévete".
¿Y tú?
¿Eres partidari@ de decir la verdad o de mentir en situaciones que te ponen los
pelos de punta?
Narra Derek:
Estaba
en la última reunión del día. Miriam no dejaba de dar vueltas por mi cabeza. No
me había dejado aunque sus palabras no decían lo mismo.
¿Fue una
indirecta?
Tal vez, si
lo fuera. Estaba bien claro que teníamos que hablar para aclarar las cosas pero
el estar a unos 500 kilómetros de distancia complica bastante las cosas. No lo
digo por decir, es la pura verdad.
- ¿Entonces
que decisión decidió tomar? - preguntó uno de los suboordinados sacándome de mi
mente.
Se lo
agradecí.
Sonreí y
jugueteé con mis dedos de manera inoportuna.
- Supongo
que es simple. ¿No, señores? - abrí ambos brazos con obviedad y estes se
miraron mutuamente intentando comprender mis palabras.
Al
rato, no necesité decir ni una palabra más. Todos, habían captado por fin el
significado de mis palabras










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