domingo, 20 de diciembre de 2020

(T3) CAPÍTULO 59: LO NUESTRO YA SE FUE

 

 

 Narra Derek:

  Tenía muchísimo temor a lo que pudiese decir Miriam respecto a lo que estaba a punto de confesarle. 

- Tenemos que hablar, Miriam - dije super temeroso, todo mi cuerpo flaqueaba.

Miriam me miró totalmente confundida con ojos de gatito asustado. No tenía muchas esperanzas en que lo que le iba a contar fuese algo bueno y en eso tenía razón, no lo era. Pero al menos, lo sabría por mí y no por terceras personas que además, no le agradaban precisamente.

Decidí ir directo al grano, mientras Miriam no dejaba de moverse totalmente nerviosa e impaciente mientras se mordía el labio inferior y se cruzaba de brazos expectante.

- Mientras lo dejamos, estaba bastante afligido, así que una noche, una chica en un bar me ofreció su compañía. Todo ocurrió muy rápido y acabamos besándonos. No te lo conté antes porque no me sentía bien conmigo mismo, es decir, seguía amándote y no sé exactamente, porqué besé a otra chica que no fueses tú - bajé la mirada avergonzado. Resultaba peor de lo que mi mente había imaginado.

- Después de suplicarme casi de rodillas que te escuchara y que hablásemos las cosas, me dices, ¿qué te enrollaste con otra tia? - puso los ojos en blanco incrédula y dio vueltas completamente nerviosa y algo histérica - Pensé que al romper durante... ¿qué fue una semana? No sé, al menos aguantases sin tener contacto físico con otra chica. Realmente no lo entiendo. Yo te anhelaba, echaba de menos tus besos y tu cariño. Tu compañía y tus ganas de comerte el mundo. ¿Por qué? ¿Por qué no pudiste controlar tu estúpido pene y tuviste que cagarlo todo? - me dio un empujón mientras pequeñas lágrimas comenzaban a brotar por sus mejillas - ¿Crees que demuestras algo así? No, todo lo contrario. ¿De verdad me amas, Derek?

 - Pues claro que te amo, eres lo que más amo en el Universo, siempre lo has sabido. Solo fueron besos y además, habíamos roto. Justo esa noche, estaba completamente sin esperanza, te echaba jodidamente de menos y estaba bajo los efectos del alcohol.

- ¿Pones la típica excusa de estaba bajo los efectos de las drogas? Derek, pensé que era más sensato - giró la cabeza de un lado a otro, completamente decepcionada - ¿Quién fue la chica?

Negué con la cabeza.

- ¿Quién Derek? - dijo cogiéndome de sorpresa por el cuello del abrigo.

- Melanie - murmuré en tono muy bajo inclinando la cabeza de nuevo.

- Eres estúpido de verdad, aún encima con esa zorra la que más daño te hizo en el mundo - gritó aún con más lágrimas en los ojos y de pronto, una bofetada fue directamente a mi rostro y sí, me lo merecía. Finalmente, yo tampoco me sentía agusto y conforme con lo que había hecho. Había sido un jodido error del que me arrepentiría para siempre. 

- Nunca la olvidaste, siempre la quisiste a ella, aún después de toda la mierda que te hizo. Todos los hombres sois idiotas. No os sabéis valorar ni a la persona que de verdad tenéis al lado y os ama con toda su maldita alma. Cuando estuve en coma seguro que también estuviste con ella, ¿verdad?

- No, ella lo intentó. Decía que estabas muerta y siempre le respondía a sus ofensivos comentarios. Nunca pasó nada porque te amaba y te amo, Miriam. Todos cometemos errores, por favor...

- Ya te he escuchado, ya dijiste todo lo que tenías que decir - se sonó los mocos y prosiguió con mirada fría y tono altivo - Me hiciste mucho daño, aunque no estuviéramos juntos, me has demostrado lo que verdaderamente sientes. No soy un puto lío de una noche, he renunciado a muchas cosas por ti, Derek y no, no me merezco esto. No sé si puedo perdonarte, no sé si puedo seguir amándote y sustentando esta relación yo sola. Nunca pondrás de tu parte, nunca...

- Yo también he rechazado cosas por ti, mi gran sueño. Estuviste en coma, me trataste fatal después de lo de tu madre. No me merecía ese desprecio. Sé que estabas mal pero yo solo intentaba apoyarte y reaccionaste así. ¿Crees que fue fácil para mí? Luego, no contaste conmigo para la adopción de Dylan, me lo contaste en el último momento y, ¿soy yo el que no pongo de mi parte? Estoy harto de hacer cosas y que no veas absolutamente nada, estoy harto de ser siempre el culpable de todo y de que tú seas una santa. De afrontar tus meteduras de pata, de llorar por ti, de aguantar tus estupideces de niña inmadura, de cometer un fallo y que me juzgues siempre aunque hiciera muchísimas cosas buenas por ti. Tal vez sea yo el que no quiere que le perdones - dije enfrentándome a ella y dejando todo lo que pienso claro de una vez. Me cansé de ser el chico faldero que debe aceptar todas sus culpas.

- ¿Cómo te atreves? - levantó de nuevo su mano con furia, la alcancé en el aire y la sujeté con fuerza. Al ver, que seguía moviéndose, la acorralé entre la fachada de mi edificio y yo. Nos miramos con furia durante varios segundos.

Luego, nuestras miradas se suavizaron, pasó sus manos por mi cabello y me besó con fuerza. Le seguí el beso introduciendo mi lengua. Ambas juguetearon con pasión. Abrí la puerta de la entrada y dejé a Miriam acostada sobre las escaleras. Continué besándola mientras ella se deshacía de mi camiseta. Le subí la falda con rapidez y ella aprovechó para bajarme los pantalones y sacar a la luz mi miembro erecto. La cogí entre mis brazos y le rompí las tangas tirando de ellas y desprendiéndolas de su cuerpo. No podía aguantar más. Me introduje dentro de ella con fuerza y la embestí durante un largo tiempo. Comenzó a gemir, la besé furtivamente para calmar sus gritos. Su culo rebotaba en mi polla y eso hacía que cada vez me la pusiera más dura. Le subí el top dejando al aire sus preciosos pechos, al contacto, se volvieron tiesos y firmes. Los besé y chupeteé mientras ella seguía gozando y botando sobre mí. Luego, la tomé con fuerza y la puse en la postura del perrito. Se agarró fuertemente al posa-manos y la embestí nuevamente. Seguía gritando fuertemente, le puse la palma de la mano en la boca para callarla.



Sus gritos suavizaron una vez se corrió, luego yo. Se dio la vuelta y se incorporó. Me miró aún entre suspiros de satisfacción y luego, abandonó el lugar sin mirar atrás. Diez minutos, diez putos minutos haciendo el amor. 

Demostrándole que aún la amaba por encima de todo.




Narra Lola:

 Llamé a la puerta desesperadamente. Era de noche y hacía un frío terrible. Aún no me acostumbraba al invierno por lo que llevaba pantalones cortos y una camiseta de tirantes por debajo de la cazadora. 

La puerta se abrió ante mí y él se asomó sorprendido.

- ¡Lola! ¿Qué haces aquí a estas horas? 

- ¿Puedo quedarme aquí esta noche? 

- Mmm... Claro. ¿Qué sucede? - preguntó preocupado dejándome sitio para entrar viendo que intentaba arroparme con los brazos del frío que tenía.

- He tenido pesadillas y no soy capaz de dormir. Me siento muy sola en mi apartamento - murmuré con la voz entrecortada.

 

 

- No te preocupes, puedes quedarte aquí el tiempo que desees - me sonrió y cuando parecía que iba apoyar su mano en mi hombro, la retiró con cautela - Vente - comenzó a subir las escaleras.

Como no, me sabía el camino hasta su habitación. 

Una vez dentro me sorprendí al ver que todo seguía igual. El cuarto muy desordenado (aunque menos de lo habitual), luz en abundancia, calzonillos por los alrededores, habitación acogedora y música relajante de fondo. Muy Henry.

- ¿Te traigo algo de beber?

- Un café descafeinado - susurré sentándome en su cama.

- Ahora mismo vuelvo, métete en mi cama o te helarás - dijo con preocupación desapareciendo por la puerta y cerrándola a su paso.

Pero no le hice caso. Salí de su cuarto y exploré la zona. El baño seguía idéntico. Sus padres como siempre no estaban y su hermano... Parece que tampoco. Su habitación se encontraba abierta de par en par y no se podía ver a nadie en su interior, ni siquiera una mínima sombra. Henry estaba solo en casa pero a diferencia de mí, lo llevaba bastante bien. Decidí regresar a la habitación, antes de que Henry volviese y me tomase por una cotilla o se preocupase de mi ausencia. 

Me arropé con sus mantas bien, solo se me veían los ojos y comencé a olerlas. Era totalmente el olor corporal de Henry y me encantaba. Echaba de menos esto. Su habitación, sus cafés, su compañía y su olor. Pero no era un buen momento estar juntos después de todo lo que había pasado, aunque lo desease con fuerzas y creo que él también. Me salvó la vida a mi parecer. A saber, que haría ese tipo después de violarme. Matarme para que no dijese nada supongo o a saber qué. Secuestrarme.


Henry regresó con dos cafés y una estufa portátil. Me cedió el café con cariño y nuestras manos se rozaron. Se disculpó mientras los colores se presentaban en sus mejillas. Se volteó para poner la estufa y con los nervios, se tropezó con el clave. Sigue siendo el mismo torpe de siempre. Procuré no reírme de él. 

- Bueno, pienso que así no tendrás frío, si necesitas algo estaré abajo, ¿vale? - dijo mientras se dirigía a la puerta.

- Espera, si te vas no lograré dormir - mencioné sentándome como un indio en la cama y con tono de voz tenue.

Me miró perplejo, no se lo esperaba en absoluto.

- ¿Puedes dormir conmigo? A mi lado... - aclaré segundos después mientras me hacía a un lado dejándole sitio. En una cama pequeña como esta sería imposible no rozarnos, aunque eso me asustaba mucho, necesitaba descansar bien y el miedo que me invadía no me dejaría en absoluto. Necesitaba, sentirme protegida.

 - Claro - sonrió nervioso y se echó a mi lado. Llevaba puesto un pantalón de cuadros azules de pijama y arriba una camiseta de lycra gris. Rara combinación aunque se le marcaban los pectorales.

Nos quedamos echados uno mirando al otro, era extraño. Durante unos minutos no dijimos nada, hasta que él interrumpió el silencio tan incómodo.

- ¿Cómo estás? No hace tanto frío ahora.

- Estoy bien, gracias - le dediqué una pequeña mueca a modo de sonrisa. Se le iluminaron los ojos de sorpresa. Intenté cerrar los ojos y descansar. Volví a abrirlos a los pocos segundos y Henry se encontraba mirándome muy fijamente. Al coincidir nuestras miradas, la apartó y cerró los ojos. Sonreí, esta vez sin forzarlo.

Poco a poco fui desplazando mi mano más cerca de la suya. Aún tenía la chaqueta puesta pero daba igual. Le agarré de la mano con fuerza y este me correspondió. Ambos nos miramos al mismo tiempo.

- Vaya, esto si que no me lo esperaba.

- Gracias por cuidarme siempre - murmuré cohibida. Esta vez la tímida y colorada era yo.

- Es un placer, además me sale natural. Alguien a quien amas... - cesó de hablar de repente y bajó la mirada.

Sí, yo también seguía amándote Henry pero no era posible estar juntos, al menos ahora mismo no.

Me acerqué más a él, este palideció cuando recorrí su cuerpo con la mirada. Tragó saliva mientras acariciaba todo su brazo abriéndome paso a su pecho. Apoyé mi cabeza en su pecho y pude sentir como su corazón latía con fuerza. Mi mano sobrante la deposité al otro lado de su pecho. Al poco tiempo, él pudo responder. Se acercó y me besó la cabeza y a continuación, pasó ambas manos por mi cuerpo abrazándome con fuerza.

- Siempre me tendrás, pase lo que pase. Estoy aquí para cuidarte.

Y me envolví aún más entre sus brazos mientras mis ojos comenzaban a cerrarse. Ya no tenía miedo. Estaba en el lugar donde siempre me gustaba estar y me sentía la chica más protegida del mundo.

- Te quiero - pensé en alto. 



 

 Pero no obtuve respuesta. 





Narra Jessy:

Las líneas comenzaban a volverse borrosas. Llevaba 2 horas trabajando en Economía. No podía más. 

Necesitaba un respiro porque la sonrisa ya la tenía dibujada por ese tio.

Me tumbé en la cama sosteniendo aún el bolígrafo entre mis manos.

Comencé a darle vueltas a él y a mi cabeza.

Llegó y me besó. Entonces, el boli cesó de girar y se paró en un instante.

Dos meses interminables pensando en él y ahora que había vuelto, seguía comiéndome la cabeza.

Maldita sea. Así era imposible concentrarme. Me di la vuelta y abracé un cojín rojo. Rojo como mi corazón cuando latía por él.

Mierda, mi imaginación superaba a la ficción. No podía dejar de pensar en sus labios sobre mí la noche anterior.

Escuché un portazo y desperté de mi imaginación. Él entró en escena de la peli que me estaba montando en la cabeza. 

- ¿Quieres Vodka? - dijo coqueteando con la pelota y una sonrisa tonta. 

- Sí, si claro. Obvio - respondí al momento sin pensar mientras fruncía el ceño asombrada.

Casi al mismo tiempo que respondía, ya estaba abandonando la habitación.

No me dio tiempo a pensar. Apareció por la puerta con una sonrisa picaresca y la botella ligeramente empezada en la mano.

Se sentó a mi vera y comenzó a servirme.

Le agarré la botella de las manos mientras me mordía el labio y decía con una voz sensual.


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- Déjame a mí, ya me sirvo yo.

No respondió, solo me sonrió de la misma forma que hacía un instante. Me derretí completamente.

Sacó el celular del bolsillo y comenzó a sonar su canción. Ahora era nuestra canción.




Comenzó a reproducirse el videoclip de la canción. Instintivamente, me acerqué más a él. Le miré fijamente, sin decir palabra pero diciéndolo todo. Extendí mis manos y comencé a acariciarlo. A comerlo con la mirada. 

A no dejarle decir ni una sola palabra. Tenía mucho que decirle después de tanto tiempo y lo quería todo para mí. Quería tener toda su atención sobre mí. Entonces, me puse sobre él y dije:

- ¿Y ahora qué? 

Entonces respondió sin titubeos.

- Cállate y bebe idiota - intervino cogiendo la copa en la mano.

Me quedé perpleja pero repetí su gesto y bebí un sorbo largo.

De repente, me agarró por la cintura y me atrajo a sus labios. ¡Sí! Esto era lo que quería.

Absorbí el Vodka de sus labios como si interpretase que fuera la última vez que lo viese.

Me agarró del trasero y justo en ese momento, la canción cesó y un anuncio sobre bebés comenzó a resonar.

Me asusté y me abalancé sobre sus brazos. Caímos los dos precipitadamente sobre la cama y comenzamos a descojonarnos al escuchar el llanto del niño pequeño de la publicidad.

Nuestras miradas se detuvieron fijamente.

Comenzó a sonar una canción lenta y nuestros corazones hablaron por sí solos. Contemplé la ventana, la luz de la Luna deslumbraba nuestros cuerpos. Recordé que tenía un pijama de ositos puesto y me sonrojé por completo. 


- Es perfecto - suscité bajo una pequeña sonrisa.

- ¿Cómo? - respondió él con sorpresa.

- Mierda, lo dije en alto - volví a reírme. ¡Oh, joder! Estaba muy enamorada de él y de este momento. De nuestro momento.

- Todo es perfecto si estás tú.

Giré la cabeza. ¿De verdad acababa de decir eso? No podía creérmelo. Éramos igual de ñoños. Habíamos pensado lo mismo.

Estaba eufórica, imnotizada, apegada a él por un magnetismo que no alcanzaba a entender pero podía ver en él. Solo en su piel, era suave, delicada y ruda a la vez. Tenía ese algo que me enamoró la primera vez que lo toqué en el salón. Recuerdo que me abrió la puerta y ahora lo hacia hacía su corazón. ¡Qué demonios, sus latidos marcaban el ritmo del camino que estábamos a punto de recorrer juntos.

Y se entrelazaron otra vez nuestras manos. Estaba en casa, ahora sí. Asentí y él pareció contestarme con una sonrisa y un meneo de cejas que me volvía loca.

Me bajó de la nube violentamente preguntándome por el colgante. Se me hundió el pecho y llenó de recuerdos. No tuve que hacer memoria para recordar dónde se hallaba guardado mi talismán. Lentamente, me deslicé entre sus brazos hacia el cajón de la mesita. Abrí el cajón de los recuerdos, abalancé la mano sobre el mismo con los ojos cerrados y sustraje la mitad que le pertenecía de aquella joya que con orgullo y entusiasmo acerqué a mi pecho. Lo miré y antes de que pudiese balbucear una palabra la otra mitad ya estaba sobre su pecho... 


Entonces se aventuró a confesarme sus miedos que le atormentaban en su estancia en la remota Cuba. Hechos que justificaban mis innumerables noches en vela. Todo encajaba poco a poco hasta que nuestros corazones rotos encajaron de nuevo.

Sin esperármelo, se levantó y salió por la misma puerta por la que había entrado llendo hacia las escaleras.

Mi pecho dio un vuelco y en un impulso me vi persiguiéndolo escaleras abajo apresuradamente. Lo detuve sin miramientos agarrándolo bruscamente del hombro y le eché el dedo.


 - Vuelve a quererme - dije ferazmente.

- Nunca dejé de hacerlo - confesó desde el hondo de su alma.

Esas palabras resonaron el resto de la noche en mi mente.

 

 

 

Narra Carlos:

 Al abrir los ojos, un olor poco familiar se extendió por mis fosas nasales. Tenía un toque amargo, casi cítrico que acompañaba al olor floral que inundaba la habitación. 

Pude observar que era de noche por la oscura y tenebrosa ventana. Miré bajo las mantas, me encontraba completamente desnudo y con un dolor de cabeza muy resonante. Me llevé la mano a ella maldiciendo a todas las personas que se me pasaron por la cabeza en aquel momento.

 Me erguí estirándome y aproveché para mirar la hora. Eran las 3 de la madrugada, no sé como me había despertado tan pronto y más aún, después de beber. Era un remolón en estos casos.

Al girarme para coger el pantalón de pijama de mi escritorio, se encontraron unos ojos abiertos y muy graciosos mirándome fijamente y más tarde, a mi entrepierna. Unas mejillas se sonrojaron e intenté no mostrar mi sorpresa. Que chica más linda.

Su cabello rosa le caía en cascada por los hombros, lo tenía más largo de lo que me parecía. Recordé algún momento de la noche anterior, se dibujó una sonrisa en mi rostro y la cabeza de abajo se puso en marcha por sí sola. 

¡Upps! Desde que la había visto entrar en aquella discoteca, no había podido dejar de mirarla ni un solo segundo. Me parecía tan hermosa y torpe. Además, sus ojos trasmitían sinceridad y su boca...

¡Deja de pensar en eso, Carlos! ¡Estás desnudo ante ella, porras!

Me vestí con rápidez, ignorando su atenta mirada. Hizo un gruñido que no supe interpretar concretamente.

- Dime.

Fue lo único que salió de mi boca, tras volver a cruzar nuestras miradas.

- ¿Me pasas ropa? - susurró con la voz entrecortada y con cierta timidez. Sus mejillas se tiñieron más y más de rojo. Parecía caperucita rosa.

- Claro - dije saliendo de mi burbuja de pensamientos y volviendo a la realidad. 

Fui tan idiota, que le pasé una camiseta mía. Eso empeoró la situación y a pesar, de que me miró fatal, se vistió igualmente con ella. Se irguió y se quedó parada frente a mí con los brazos cruzados. 

- ¿Cómo debo interpretar ese gesto? - dije señalando sus brazos con una sonrisa boba mientras mis ojos bajaban por su cuerpo semidesnudo.

- Hora de desayunar, ¿no? ¿Qué hora es? - respondió caminando por la habitación en busca de un reloj.

- Son las 3 - la interrumpí - de la madrugada.

- ¿Aún? ¿Por qué te levantaste entonces?

- ¿Acaso no puedo levantarme? Espera, ¿estabas despierta? - me sorprendí mirando mi móvil que había cogido antes entre las manos.

- Desperté cuando noté tus movimientos. ¿Comemos algo?

A esta chica le gustaba mucho cambiar de tema de conversación y además, era insistente, me gustaba.

- ¿Por qué no? Vente monada.

- ¿Monada? ¿Perdona? - dijo siguiéndome mientras hacía una mueca muy risueña y se colgaba de mi cuello dificultándome el paso. 

- ¿Acaso no lo eres?

- Demasiada confianza.

Me volteé quedando a unos palmos de ella. Aún seguía rodeándome el cuello con los brazos. Sentí su respiración agitándose mientras no dejaba de mirarme los labios. Tras unos segundos sin respuesta por si parte, chafó el momento tomando distancia.

¡Ooh, no no no! De eso nada, monada. 

La agarré de la cintura asombrándola y le besé apasionadamente en los labios. Me agarró fuerte del cabello mientras entrometía mis manos bajo su camiseta. Es decir, mi camiseta.

Gimió en mi oreja y más tarde, noté pequeños mordisquitos en ella que me pusieron los pelos de punta. Acaricié sus pechos deleitándome con la sensación pero no podía aguantar más. La cogí en mis brazos y llevándola sobre mi espalda bien sujeta, caminé con ella hacia la cama y la arrojé en ella como pude. 

Sus mejillas ardían de deseo y parecía que en cualquier momento, se rajaría el labio de tanto morderlo.

Me coloqué sobre ella, me dió permiso abriéndose de piernas y riéndose como una nena con un juguete nuevo.

Mis manos precipitaron sobre sus hermosas caderas. Me deshicé con rapidez de su ropa interior con los dientes. Acaricié sus piernas subiendo cada vez más a su zona genital. Sus gemidos subían de tono a cada palmo que me acercaba. No podía aguantar más y yo tampoco. Quería saborear hasta el último rincón de su piel. Comencé a lamer en círculos mientras ella perdía el control de sus movimientos. Se quitó la camiseta de un tirón. Aproveché para subir mis manos por su torso mientras seguía saboreándola.

Me cogió por sorpresa agarrándome del miembro y acercándome a ella. Le di acceso y me bajó los pantalones.

La pasión que ambos teníamos encima, se unió formando una aura de plena sensualidad. 

De repente, se nos quitó el hambre, la sed y la resaca. También la vergüenza, estábamos explorándonos el uno al otro, y eso es lo que de verdad importaba.



Se escuchó un fuerte grito, mis caderas se movieron.

Estaba dentro de ella, por tercera vez esta noche.

Y joder, las que quedaban. 

La monada de Betsy no dejaba de mirarme con ojos brillantes.

A mí, también me gustaba lo que veía.

 



 

 

 

lunes, 19 de octubre de 2020

(T3) CAPÍTULO 58: EL TIEMPO Y LA DISTANCIA


Narra Derek:

 

  Me había quedado hasta tarde ya que no pude acabar la presentación para el día siguiente. Debía reunirme con el jefe de Nissan para conseguir un par de las nuevas marcas que habían salido este año. Esperaba que mi labia y mi currículum llegaran para convencerle de que podía sacar grandes beneficios gracias a nosotros. 

Llamaron a la puerta, era Harley. Entró reprimiendo un bostezo mientras miraba el reloj de pulsera. 

 - Señor, es casi medianoche. ¿Puedo irme? Si no mañana no seré persona en la presentación - preguntó con cautela asomándose un poco.

 - Claro, yo estoy terminando y después me iré también.

 - Gracias, señor. Por cierto - dijo regresando a la misma posición y apoyándose en mi puerta - Una mujer pregunta por usted en recepción, ¿le digo que pase?

 Me extrañaba tener visitas a estas horas pero asentí y aguardé a la mujer misteriosa. Al fin, terminé la conclusión y apagué el portátil. Podía atender a la mujer e irme felizmente a casa. Tomarme un vino y dormir. 

 Llamaron nuevamente a la puerta.

 - Pase.

La chica entró. No me sorprendió ver a Melanie tras la puerta con una sonrisa de oreja a oreja y con ojos brillosos.

 

- No te veo sorprendido. ¿Esperabas mi visita cabrón? - susurró tomando asiento delante mía por su cuenta como siempre.

- Me lo esperaba sinceramente.

- ¿Por qué? ¿Mucho tiempo sin venir a visitarte verdad? - se rió mientras yo la miraba seriamente.

- Mucho tiempo sin incordiarme.

- Oye, te vi este día con la muerta en vida. Se me quedó mirando como si me conociera de algo. Pensé que no me recordaría con todo lo que pasó.

- Aléjate de Miriam - murmuré alzando la voz y apartando la mirada de las cosas que estaba recogiendo.

- ¿Por qué? No he hecho nada Derek. Aún claro - soltó una risita boba y se sentó sobre mi escritorio. Se volteó colgando las piernas sobre el lado en el que yo estaba sentado. Se acomodó irguiéndose sobre mi y haciendo que sus curvas estuvieran a mi alcance visual. Los mismos trucos de siempre, ya se los conocía todos. Ya no hacían efecto.

 - ¿A qué has venido? - dije separándome de ella.

- A avisarte. 

- ¿De qué? - me levanté cogiendo mis cosas para irme lo más pronto posible. Odiaba estar con ella. No me gustaba como me hacía sentir.

-  De lo que pasó entre nosotros. Supongo que Miriam no sabe nada y no debería de ser así. ¿No crees? - jugueteó con sus pies.

- ¿Qué quieres?

- O se lo cuento yo o se lo cuentas tú - alzó ambas cejas sonriendo malíficamente. 

- ¿Perdona? Ni siquiera estábamos juntos - respondí riendo falsamente.

- Lo sé pero a ella eso le dará igual. Será una infidelidad igual.

 - Haz lo que quieras Melanie. Me tienes harto. Supérame ya anda - dije cogiendo mis cosas y accediendo a la salida. No podía escuchar esa vocecita de rata durante más tiempo. ¿Por qué de rata? No lo sé. Es lo que se me vino a la mente.

 - Ya te arrepentirás Derek, ya lo verás - respondió levantándose de su lugar y accediendo a la salida antes que yo - Lo hago por tu bien - me dió un beso en la mejilla y desapareció de mi vista.

Me pasé una mano por la mejilla intentando que su saliva desapareciera de mi piel. 

Puse una cara de completo horror y cerré el concesionario dándole vueltas a las palabras de Melanie. La creía capaz pero de verdad, no sabía que reacción tendría Miriam. 

¿La creería? 

¿Le daría igual?

¿Me mandaría a la mierda?

Ni puta idea y tampoco quiero saberlo. Lo que sé, es que no pienso decirle nada. Ahora estamos bien y no pienso dejar que Melanie lo arruine todo. Pues claro que no.

 

 

 

 Narra Carlos: 

 

Estábamos en un pub privado alquilado por los chicos. Celebrando lo bien que nos estaba llendo la gira. Mañana nos íbamos a México y habíamos invitado a Pris y a Miriam para que lo celebrasen con nosotros y así la parejita se despedía. Estarían dos meses sin verse y quieras que no se notan muchísimo.

Llegó Pris y Álvaro y se sirvieron unas copas en la barra.

- Vaya, es un buen bajo para celebrar fiestas, quedaos con el número para alquilarlo más veces - victorió Álvaro dando un rodeo a la zona y luego poniendo su brazo en mi hombro. 

Hice una mueca, últimamente odiaba más que nadie el contacto físico. Me incomodaba notablemente pero no decía nada para que no me tomasen por bicho raro o sacasen el tema de Jessica.

- Pues sí, amor. Aún os sirve hasta para ensayar. 

- No creo que me concentrase aquí y menos contigo mirándome - me soltó y suspiré hondo. Menos mal, mientras le comía la boca a Pris, llegaron Dani y David. Blas y yo fuimos los primeros en llegar para comprobar la zona y pagar al señor del local.

- Hola babes y bebitos, si lo digo por ti Carlos no me mires así - gritó David nada más entrar por la puerta.

- Oye, el más peque soy yo - sonrió Dani mientras David acariciaba su pelo de pollo.

- Seh, pero después viene él.

- ¿Y Miriam? - preguntó Pris mirando a los alrededores.

- Llegará en nada, le estaba haciendo de comer a su hermano - dijo Dani apartando la vista de su celular.

- Bueno, vamos a poner musiquita guapa - soltó Blas frotándose las manos con cara de malicia. Le gustaba siempre ser el DJ de la fiesta y ninguno protestaba pues las canciones que ponía nos gustaban a todos.

Comenzó a sonar reggaeton y encendieron la bola de discoteca que colgaba del techo junto a las luces de colores que iluminaban el lugar. Todas las luces comenzaron a dar vueltas a los alrededores, si seguía mirando seguramente me marearía. 

 


Fui a la barra por una copa de Ginebra sola. No me gustaba mezclar el alcohol. Me gustaba el sabor puro, por ello, siempre era el primero en estar borracho como una cuba.

 Todos se rellenaron las copas. Escuchamos pasos a lo lejos, seguramente sería Miriam. Vimos a una chica entrar, pero cuando se acercó más comprobamos que no era nuestra amiga. Si no una chica con el pelo rosa corto y los ojos verdes. Llevaba un moño despeinado con un pañuelo alrededor del peinado e iba muy finamente maquillada con un vestido que combinaba con su cabello y destacaban sus zapatos fluorescentes debido a las luces del lugar.

 

Se nos quedó mirando extrañada y la mayoría de los presentes nos quedamos mirándola con atención.

- Que poca gente - susurró mirando a los alrededores.

- ¿Quién eres? - dijo Blas acercándose con la copa en la mano.

- ¿Eres el portero? Normalmente están en la entrada - sonrió. Dios, tenía una sonrisa increíble. Sus dientes eran súper blancos e iluminaban su rostro.

- Esto es una fiesta privada - le respondió con los ojos en blanco.

- Upps, es que vi las luces a lo lejos y la puerta abierta. Lo siento, pensé que era un pub normal y corriente - se volteó para irse. Pero justo, mi boca se fue de la lengua. Y de verdad, que no sé porqué lo dije.

- Puedes quedarte, hay sitio de sobra.

Todos se me quedaron mirando con cara de idiotas. Sí, lo siento. No había consultado pero mi boca piensa más rápido que mi mente y así me va. 

La chica se me quedó mirando y asintió con una sonrisa. Dejó las cosas en el perchero y por fin pude ver su vestido a la perfección.

- Eres un capullo - dijo David acercándose a mi y arruinándome las vistas - Era solo con los amigos y vas e invitas a una completa desconocida. ¿Qué cojones te pasa?

Y se alejó. Reí y fui a donde la chica sin nombre.

- ¿Qué tal? ¿Te sirvo una copa?

- Claro, emm... - dijo pensativa.

- Carlos, un placer.

- Betsy - dijo dándome la mano. Se la acepté y nos acercamos ambos a la barra - Me suena muchísimo tu cara - intervino con una sonrisa de oreja a oreja.

- A lo mejor nos conocimos en otra vida.

- ¿Crees en eso? 

- Quien sabe - sonrió nada más contestarle.

- ¿Intentas hacerte el interesante?

- ¿Tú que crees? No me hace falta hacerme el interesante, lo soy - dije mientras cogía una botella de Martini - ¿Te gusta? - dije señalándole la botella.

- Claro, chico interesante - sonreí mientras echaba el contenido en dos copas. Le entregué una y nuestras manos se rozaron - Nos vemos a lo largo de la noche - se despidió guiñándome un ojo.

Me quedé mirándola mientras bailaba. Se veía tan preciosa moviendo sus caderas al ritmo de la música. Y ese vestido parecía que lo habían hecho a medida para ella. Le quedaba estupendo no, lo siguiente.

Álvaro se me acercó.

- ¿Qué tal? Veo que no paras de mirar a la acoplada. Ya sé porqué le dejaste pasar - sus cejas se menearon con insinuación.

- Sois tan pesados - respondí volteando los ojos.

- No te juzgo chico, está buena. No tanto como Pris pero...

- ¿Por qué no estás con ella? No os veréis en dos meses - juzgué para que me dejase en paz.

- Está en el baño. No soy un acosador - se rió de mí y ambos contemplamos a la chica.

En ese momento, centró su atención en mí mientras bailaba sensualmente. Se relamió los labios sonriente y su cabello desordenado le caía en cascada por su rostro.

- Te está llamando con la mirada, ve - dijo Álvaro guiñándome un ojo.

Reí, mira que son. Pero le hice caso y me acerqué a ella.




Comenzamos a bailar en la pista, me cogió por el cuello y yo la agarré de la cintura y seguimos el ritmo de la canción. Blas nos puso una más lenta.

Aproveché para hundir mi rostro en su cuello. Me di cuenta que ella al llevar tacones alcanzaba mi altura. No nos hizo falta decir nada. Nuestros pasos lo decían todo y nuestros gestos también.

- Hacía frío afuera. Ahora ya no - susurró ella en mi oído.

- Me pregunto porqué será - sonreí maliciosamente. A lo que ella, me agarró del rostro y me besó fugazmente. Le seguí el beso y me sorprendió lo increíblemente bien que sabía besar. Sus labios eran carnosos y suaves y encajaban perfectamente con los míos.

Seguimos bailando como si no pasase nada y espero que los presentes no se dieran cuenta de ese pequeño detalle.




Narra Pris:

  

- Bailemos que la noche aún es joven, salgamos a la pista y desmelenémonos, bebamos hasta cogernos un pedo, dancemos hasta que nos mareemos, riamos hasta perder el norte, fumemos hasta ver todo violeta - llegó Álvaro cantando a mi lado.

Le miré de arriba a abajo. Con la mirada recorrí su cuerpo, pude apreciar su chaqueta negra de traje y un "bulto" más abajo que me sonreía. Me reí como una tonta. 

Lo besé apresuradamente en un intento de desviar su atención de mi atontamiento. No creo que se percatara, pues llevaba dos cubatas en el cuerpo y tenía el tercero en la mano.

Me siguió el beso y yo le robé el vaso. Le di un buen trago y él se me quedó mirando petrificado, aún con la boca abierta del sorbo que estaba pensando darle.

¿Qué estaría rondando por su mente? ¿Algo acerca de la noche anterior? ¿O de la noche que estábamos a punto de presenciar?

Y presencié su mano sobre mis posaderas. Me agarró la nalga con su particular "bulto" de seducción.

No pude resistirme a bajar mis manos por su pecho semidesnudo, pero no por mucho tiempo. El alcohol empezaba a subirme y su pecho a descubrirse.

¿Lanzarme directamente a su particular seducción o voltearme y dejar que él marque el ritmo de este baile?

Eran las dos posibilidades que los dos hielos del cubata me planteaban.

Le di un trago largo y me aclaré. Me lancé a sus labios sin darle más vueltas. 

Entrometí mis manos en su paquete. Se retorció de placer. Me miró con ojos centellantes y el vaso resbaló de sus manos. Este golpeó el suelo rompiéndose en mil pedazos pero a nadie le importaba.

- Rompimos el hielo - exclamé aún a milímetros de su boca.

Y no respondió, al menos no con palabras.

Me apretó las nalgas decidido, pegándome más a su palpable erección. Pues seguía con las manos en sus huevos. Era mío y él lo sabía, le gustaba.

- Vámonos de aquí - susurró sensualmente al lado de mi oído. Solo asentí y le cogí la mano. Estaba sonrojada, no sé si por los efectos del licor o porque por mi cabeza, solo pasaba la idea de echarle el polvo de su vida.


 

No sé cuantos pasos dimos pero ya tenía su rabo entre mis labios.

Con una mano, él sujetaba mi cubata y con la otra, mi coleta. Le follé la polla con la boca.

Acaricié su miembro, era largo y curvado. Aún no estaba completamente erecto pero me encantaba. Lo saboreé como si fuera un Chupa Chups y jugué con mi caramelo. Lo agarré del palo de gol como la noche anterior, lo relamí como sabía hacerlo y me lo comí como si me fuera la vida en ello. Tomé una bocanada de aire y otra de su pene. 

- Chupa, mala zorra - dijo totalmente ido y disléxico tras el alcohol. Lo notaba subir por sus venas. Las exprimía una y otra vez. Quería dejarlo sin sangre. 

De repente, me jaló fuertemente del pelo haciéndome mirarle a los ojos.

- Te voy a follar duro - murmuró entre jadeos. 

Y me bajó las bragas mientras me apoyaba en las paredes de aquel baño cutre de un pub de Barcelona. 

Se introdujo en mi interior brutalmente y sin miramientos. Subió sus manos por todo mi torso, se entrometió bajó mi top y acarició mis senos. Se pusieron duros bajo sus palmas y jadeé mientras todo mi vello se electrizaba por momentos. Los apretó con fuerza al ritmo de sus embestidas. Me mojé de placer. Al poco tiempo, no pude aguantar más, subió la intensidad y me corrí junto a él. Ambos gritamos en un orgasmo explosivo mientras su pene eclosionaba en mi vagina. Pude sentirlo.


Estuvimos un tiempo en la misma posición, sin fuerzas, él seguía con el cubata en la mano. Dio un sorbo mientras salía de mi interior. Entonces se quedó paralizado, me volteé bajándome el vestido.

- ¿Qué ocurre?

- El condón...

Y nos miramos horrorizados durante unos instantes eternos. Hasta que ambos nos sumimos en risas producidas por el licor.





Narra Miriam:


Iba por el quinto cubata de Ron Miel, me lo había traído Coque de Cuba y aproveché para llevarlo a la fiesta. Aquí no estaba en venta aún. 

Dani se me acercó con una copa de piña colada entre las manos. Casi sin alcohol. Fue imposible no echarme a reír.

- ¿Qué ocurre? - preguntó poniendo morritos al ver que no podía parar.

- ¿Eso es un cubata? Dani que estamos de fiesta - exclamé llamando la atención de David, que estaba casi a nuestro lado.

- ¿Qué tiene de malo? No soy mucho de beber, Miriam. Soy un chico sano.

Se encogió de hombros y David se le asomó por su derecha apoyando su brazo en él. En la otra mano sujetaba la colilla de un cigarrillo que aún seguía sujetando. De lo bebido que estaba ni se había dado cuenta.


- ¿Habéis contemplado a Carlos? No pierde el tiempo con tonterías - miramos ambos en su dirección, la cual señalaba con los ojos.

- ¡Madre mía! Se están comiendo los morros - bramó Dani sorprendido mientras torcía la cabeza a los lados con cara de asco. Qué chico más inocente.

- Pensé que seguía con Jessy - exclamé yo detrás extrañada. 

No me extrañaba para nada que esos dos rompieran, lo que me extrañaba era que Carlos la olvidase tan pronto. 

Quería hablar con él pero me di cuenta que estaba sumida bajo los efectos del alcohol y que mi mente no razonaba suficientemente coherente. 

 



- ¿Y tú qué David? ¿Alguna churri por tus tierras? - alcé ambas cejas sugerente.

- Ya sabes, vienen y van pero ninguna a la que le haya echado el ojo. El otro día, fuimos de fiesta con Álv y tu amiga Pris, me ayudó un poco en la forma de conquistar a una mujer pero que va tia, olvídate. No entiendo la feminidad.

Estallé en risas y Dani también nos miramos y zarandeamos la cabeza. Estos chicos están totalmente tarados. Es decir, cada uno es diferente y especial a su manera.

- Tienes que venir de fiesta con nosotras y te presentamos a unas amigas que no son para nada raras o algo por el estilo.

Se me empezó a trabar la lengua. Mierda, estaba empezando a decir cosas sin sentido. 

¿Presentarle a mis amigas a mi colega famoso de una boyband?

¡Qué locura!

- No te preocupes, estoy bien solo la verdad. A mis 26 añazos aún me queda tiempo para disfrutar de mi soltería - dijo meneando su cabello de un lado a otro.

- Eso es verdad, este chico nunca tuvo novia, bueno en preescolar - contó Dani haciendo memoria. Pues era el único cuerdo de la noche.

- Algo es algo, ya le vendrá la chica de sus sueños.

Y cuando nos dimos cuenta, David ya no estaba, se fue a molestar a Carlos y a la chica desconocida.

Desde que llegué, pregunté su nombre a los presentes pero ninguno lo sabía y no quería interrumpir a Carlos. Se veía extremadamente ocupado.

- Bueno chica, ¿qué es de tu vida?

- Poco hay que contar, la verdad - sonreí dándole un sorbo a mi copa. Sí, si que había.

- ¿Qué tal las clases?

- Bien, el miércoles tengo una reunión con el director y a ver qué me dice, estoy algo nerviosa.

- Uh, con el dire. Seguro que es algo bueno, no te preocupes - me consoló pasándome una mano por la espalda.

- Eso espero - le sonreí ofreciéndole un trago de mi cubata cargado - No hay huevos a bebértelo todo de un trago.

Le reté y él cogió el vaso en las manos observando el contenido.

- ¿Qué es?

- No lo recuerdo - sonreí de nuevo poniéndome colorada por la calor.

- Mmm... Lo intentaré.

Y lo bebió todo de un trago. Retar a un chico siempre funciona la verdad, no quieren que los vean como gallinas.

Entonces, empezó a sonar música más movida y saqué a Dani a bailar a la pista. Y como no, al principio, estaba algo ido y teniendo hipo pero después se le pasó y sus ojos brillaban. Estaba muy ido, le hablaba y me preguntaba continuamente que le había dicho. Yo solo podía reírme, porque estaba como él o peor. 

Entonces, sonó "Flannel" de Lil Peep y el ambiente se relantizó. Bailamos agarrados porque si dabamos más vueltas acabaríamos mareados como patos y a lo mejor en el suelo.

Blas se quitó la camiseta y comenzó a cantar la canción en inglés. Al estar como una cuba, su inglés era horrible e inentendible. Intentó colgarse de la bola de discoteca en vano y cayéndose. Todos nos reímos y contemplamos la imagen dejando de bailar.

- Está loquísimo - susurró Dani a mi oído entre risas e hipo.




- Y que lo digas - respondí mientras Dani me rodeaba la cintura con las manos - ¿Cómo te encuentras?

- Bueno... Enamorado - dijo mirándome fijamente a los ojos mientras perdía el ritmo de la canción.

- ¿Qué? - mencioné sin poder comprender nada.

- Llevo enamorado de ti durante mucho tiempo. Desde que te conocí.

Me quedé atónica, Dani debía de estar bromeando conmigo.

¿Cómo le podía atraer? Si sabía perfectamente que estaba con Derek. ¿Por qué ahora? ¿Por qué se confesaba? No entendía nada. Me aparté de él mientras intentaba retroceder lentamente. Él intentó que no me escapase de su lado pero ya era tarde, había tomado la decisión y quería marcharme cuanto antes de allí.

Me alejé de todos y dejé a Pris con la palabra en la boca. Ni siquiera escuché lo que intentaba decirme. Estaba demasiado confusa para darme de cuenta de lo que ocurría a mi alrededor.  Mi mente no paraba de hacerse la misma pregunta una y otra vez. ¿Por qué me pasaban a mi siempre estas cosas tan random?

No sabía que hacer, no me apetecía irme a casa y pasarme la noche pensando en lo ocurrido. El alcohol bajó precipitadamente de mi organismo al escuchar a Dani y no quería emborracharme para no pensar. Mañana tenía la entrevista con el jefe, decidí acercarme al piso de Derek y contarle lo ocurrido o que simplemente me diera todos los mimos del universo. Los necesitaba, le necesitaba más bien. 

Fui andando, dado que el pub se encontraba a unas manzanas de su edificio. Vivíamos en una zona bastante céntrica a mi favor. 

Cuando estaba cruzando, el único puente que comunicaba ambos lugares, comenzó a llover de forma brusca. No tenía con qué resguardarme, pues me había olvidado la chaqueta en la fiesta.

Maldecí a todos los dioses del budismo y me apresuré hasta que al fin llegué. Imagínate mi sorpresa al ver una sombra de traje intentando abrir la puerta del edificio. Me asusté pero cuando este se volteó, ví que era mi Derek. Corrí a sus brazos para abrazarle, pues necesitaba hundir mi rostro en su pecho y no abrir los ojos hasta la mañana siguiente. Me separé un poco para besarle con firmeza y saboreé cada uno de sus paladares. Lo sé, solo tiene uno pero sabía a mil cosas diferentes.




Pero él me apartó cogiéndome de los hombros al poco rato. Le miré extrañada. 

- ¿Qué ocurre? ¿Te pasó algo? - aguardé una respuesta mientras él me tendía su chaqueta por los hombros para que el frío no me cogiera.

- Tenemos que hablar, Miriam- dijo frotándose la cabellera con nerviosismo. 

Me quedé en shock, asombrada. 

Cuando alguien decía esa frase, algo iba mal...