Narra Coque:
Dicen que el día de tu boda,
debe ser el mejor de tu vida.
No sé lo que es para mi, solo puedo pensar en aquel beso furtivo que me di con Jess.
No estuvo bien, y me arrepiento totalmente.
Llevaba una copa de más y sé que ella piensa que no recuerdo absolutamente nada pero al contario, no dejó de pensar en aquel momento, desde que ha ocurrido.
Una y otra vez, incesante y si pausa. Tocándome estos infieles labios y martilizándome a mi mismo.
¿Eran cuernos? No lo sé. Estaba ebrio, supongo que no cuenta.
- Oye, cabrón. Pienso que necesitabas otra noche de soltería - rió mi mejor amigo Mark mientras me zarandeaba para que abriese los ojos.
- Si, para que esta vez me llevárais a un puticlub de verdad - rosmé bajo las sábanas notando un fuerte dolor de cabeza.
- Seguro que Érica lo pasó de miedo con sus amigas en un boys y tú en un bar de muerte tomando unas cañas rodeado de pollas.
- Mark, no sé para que te pedí dormir en tu casa. Acabas de quitarme el apetito - dije irguiéndome y mirando a los alrededores.
- Te traje aspirinas - anunció tendiéndomelas - Anda, levántate que tienes que ir por el traje. Se lo he llevado a mi madre para que te lo planchara.
- Genial, así no tendré que plancharlo yo. Eres un crack, tio - dije terminándome el vaso de agua y chocando nuestros puños.
- Larry te acompañará. Yo voy por mi médica buenorra.
- ¿Y querías ir a un puticlub con esa belleza al lado? - alzo la ceja.
- Tener pareja no significa que tengas los ojos vendados colega - me guiña un ojo y sale del cuarto con una sonrisa de oreja a oreja.
Me dejo caer de nuevo sobre el colchón.
El mejor día de mi vida. Piensa en eso. Lo de Jess no significó nada.
Ojalá estuvieras aquí mamá...
Querría que vieras mi boda... Que fueras la madrina.
A veces el destino, es un hijo de puta.
Narra Érica:
Me encuentro en la cocina. Desayunando con una cara de muerta viviente y con unos pelos horrorosos.
Apenas pude dormir por los nervios y por la borrachera de ayer.
Las chicas me llevaron a un boys y aunque me negué rotundamente a subirme allí arriba, después de unas copas de más mis recuerdos se hicieron borrosos.
- Hey guapa.
Saludó Betsy con una sonrisa de oreja a oreja cogiendo su taza de café.
- ¿Preparada?
- No, tengo naúseas y mira, ¡parezco una zombie! ¿Cómo voy a casarme con estas
pintas?
- Nada que el maquillaje y las planchas no puedan solucionar, tranquila.
Dijo admirando mis uñas de gel recientemente hechas para la ocasión.
- ¿Me llevas tú a la pelu?
- ¿Quién ha hablado de peluquerías? - dijo alzando una ceja con una sonrisa de pilla.
Pongo los ojos en blanco y suena el timbre de la entrada.
Betsy va a abrir.
Allison llega cargada de maletines de maquillaje y trastos de peluquería.
- ¡Manos a la obra! Tú serás mi primera clienta.
Y en ese momento, casi tienen que sujetarme del espanto que sufrí.
Narra Jessy:
Joder, mis ojos se niegan a abrirse mientras una Miriam alporizada no para de gritar y hacer ruído desde las 6 de la madrugada.
Me entierro entre mis mantas, deseando que esta pesadilla termine de una maldita vez. Aún no ha empezado y ya deseo que se acabe.
Mi móvil suena y mi humor desciende al vacío a una gran velocidad súper
sónica.
- ¿Estás despierta?
- No, soy un espíritu - hago una pequeña pausa - ¿Qué sucede?
- ¿Corbata o pajarita?
Sonrió y me doy la vuelta.
- Pajarita, no te veo con corbata.
- Perfecto. ¿Te has vestido ya? ¿Cuándo te recojo? - insiste con tono nervioso algo que me hace verlo adorable.
- Aún ni me he levantado.
- Por dios, Jessy... - dice consternado - No vamos a llegar a tiempo.
- Esa es la intención. Ok no - río para atenuar la ironía - Con que vengas 15 minutos antes nos sobra tiempo.
- ¿Segura?
- Por supuesto, querido.
- Vale, voy a seguir poniéndome guapo - "Siempre lo estás", pienso para mi - Te quiero.
- Y yo, nos vemos.
Cuelgo y me levanto.
Veo a Miriam con unos rulos en la cabeza y 5 vestidos en las manos.
- ¡AYUDA! ¡NO COJO EN MI VESTIDO DE MADRINA! - grita dejándome totalmente sorda.
Suspiro y sonrío entre dientes.
Lo que nos faltaba...
Narra Henry:
Llaman a la puerta. Soñoriento me levanto a abrir y me encuentro a Pris cargada con una maleta y un traje con corbata.
- He pensado que tal vez necesitases una mano con el vestuario - dice mientras se hace un hueco para entrar y deja las cosas en la sala.
- Pris... No necesito un traje para arruinar una boda.
- Siempre elegantes, ¿no? - sonríe sacando el traje del empaquelaje - ¡Tachán! ¿Te gusta?
La verdad es que si pero me limito a asentir y cojerlo entre mis manos.
- Es pasable, me lo probaré.
- Yo me he decidido por algo un poco más sutil. Ya que como no soy la madre del hijo que espera la novia.
Volteo los ojos.
- Te detesto, voy arriba a vestirme. Tienes un baño en la esquina, por si necesitas un espejo o lo que sea.
- ¡Gracias!
Desaparezco escaleras arriba y me cruzo con Miguel que aún en calzoncillos se despeina el cabello soñoriento.
- ¿Qué haces despierto a las 10 de la mañana?
- Tengo una boda, hermanito.
- ¿Puedo ir? Hoy no me apetece nada estudiar. Pensaba ir al bar tomar unas birras pero si hay barra libre gratis...
- No, no conoces a nadie.
- A ti - sonríe rosmón entrando en el cuarto de baño.
Cuando Pris y yo estamos arreglados y listos para la boda nos damos cuenta de que aún disponemos de tres cuartos de hora para el empiece de la ceremonia.
Nos sentamos y nos disponemos a repasar el plan para conseguir las respuestas
que necesitamos para presentarle a Coque.
PRIS:
HENRY:
Narra Jessy:
- Miriam, debo irme antes ya que Coque me pidió que le ayudase con el traje.
- ¡Oye, yo también te necesito!
- Pero él es el novio.
- Llamaré a Derek - pone los ojos en blanco - Anda, vete.
- Gracias - le doy un beso en la mejilla - Por cierto, estás guapísima.
- ¿Por qué crees que soy la madrina?
Ambas nos reímos y finalmente, cojo el bus. Lo que Miriam no sabía es que le había dicho una mentira.
No iba a ayudar a Coque si no a ver a otra persona. La cual me llevaba jodiendo la vida desde ya hace tiempo y pretendía darle su merecido de una vez por todas.
JESSY:
Narra Érica:
- ¡Dios mío! Me encanta. No parezco un espantapajaros.
- ¿Dudabas de nosotras? Perra - Betsy me mira con los brazos cruzados admirando su buen trabajo.
- Gracias, enserio. Estoy fabulosa.
- Y tenemos 15 minutos aún para llegar a la Iglesia. Pero como la novia siempre debe llegar tarde...
Recuerda Allison, dándose los últimos retoques. Tanto ella como Betsy eran las damas de honor.
El padrino era mi primo y la madrina la hermana de Coque.
Nos faltaban los niños de arras pero mis sobrinos no quisieron ofrecerse como voluntarios para serlo.
La boda se celebraría en el interior de una Iglesia, a 10 minutos de donde vivo.
Es muy rústica, del siglo XX y muy espaciosa. Nos gastamos una pasta en la decoración de interiores por eso decidimos no hacer una fiesta después de la boda. Casarnos e irnos directamente al aeropuerto, despegar hacia Cuba. Era un sueño hecho realidad.
El lugar donde siempre había querido ir con la persona a la que más amo en el mundo.
La mejor luna de miel del Universo. Ni siquiera mis 6 meses de embarazo podrían fastidiar este momento.
- ¡La limusina ya estará a punto de llegar!
Justo en ese momento, llaman a la puerta.
Emocionadas, Allison y Betsy se pelean por abrir la puerta.
Todas nos quedamos en shock al ver a Jessica en la entrada de mi casa.
- ¿Qué coño haces aquí?
- Destapar lo falsa y ruín que puedes llegar a ser - dice con una mueca de asco - Me dejas pasar, ¿o que?
Refunfuño pero le hago un hueco. Las cuatro nos quedamos de pie en la cocina. Todas en silencio mirándonos entre nosotras.
Jessy no me quita ojo.
- Creo que ya sabes por lo que estoy aquí.
- No, no lo sé - niego con la mirada entornada. Está tarada, lo está.
- Si vienes a intentar fastidiar la boda de Érica, vas por mal camino muchacha - interviene Allison mostrándose altiva.
Betsy se resigna a marcharse y esperar en el exterior a la limusina.
- Tu bebé.
- ¿Qué sucede con él? - pregunto ingenua mientras me toco la tripa. Allison me recoloca el velo.
- No es de Coque, ¿verdad?
Alza ambas cejas como si hubiera dado en el clavo y a posteriori, le tuviese que dar la razón. Un jaque mate en toda regla.
- ¿Qué dices?
- Te acostaste con Henry, no es de Coque. Hay más posibilidades de que no sea de él que de que lo sea.
- Estás fatal - ladeo la cabeza y me doy la vuelta dispuesta a irme al exterior.
- Yo misma me encargaré de poseer las pruebas necesarias, tranquila - dice con una sonrisa de oreja a oreja.
Me volteo y la miro con desprecio.
La cojo por el cuello y la levanto en el aire. Ella pone sus manos sobre las mías intentando soltarse mientras comienza a hiperventilar.
- No vas a joderme MI boda, ¿me oyes? Rata asquerosa.
La empujo contra una silla y cojo unas bridas del cajón de la cocina.
Ato sus manos por dentras de la silla y luego sus pies. Por último, le cubro la boca con una camiseta.
- Te vas a quedar aquí hasta que termine la ceremonia. Muy quieta y sin rechistar.
Busco el móvil en sus bolsillos y lo dejo en el cajón.
Allison le ajusta bien la camiseta.
Me pongo de rodillas para ponerme a su altura.
- Siento que estés tan colada por Coque, Jessica, pero es mío. Completamente mío. Va a ser mi marido - le digo con una gran sonrisa.
- ¡La limusina!
Se escucha un grito ahogado de Betsy. Allison acude corriendo al exterior.
Érica otorga un escupitazo en la cara de Jessy.
Érica la mira por última vez.
Érica emprende el viaje hacia su futuro marido...
Narra Miriam:
Un fabuloso y elegante galán aparece en el portal de mi casa.
Con una sonrisa de oreja a oreja me acerco y le doy un beso cauto en los labios.
Derek se separa y me coje de la cintura.
- Eso es después de la ceremonia, ¿no?
Me limito a sonreír.
- Estás guapísima no, lo siguiente.
- Pues anda que tú...
- ¿Yo qué?
- No existen palabras suficientes para expresarlo.
- Mírala, robándome las fichas - me guiña un ojo y me abre la puerta del copiloto.
- Gracias - hago una reverencia y me siento.
Como si fuera una princesa.
Nos encaminamos a la Iglesia sin parar de reírnos.
MIRIAM:

DEREK:
Narrador onmisciente:
Mientras Jessy se encontraba en la cocina de Érica, tratando de hacer caer la silla para así intentar desatarse,
Coque se dirigía directo al altar con Miriam, la madrina de ganchete a su lado.
Todos los asistentes le miraban emocionados y sus amigos se burlaban de él a lo que él se reía.
Muchos de los invitados eran solo conocidos de Érica. Ni la mitad de la gente que ocupaban los bancos de la Iglesia, era reconocida por Coque.
Él solo había invitado a sus amigos y familiares más cercanos. Buscó hacia todos los lados con la mirada a su padre pero la pequeña gota de esperanza que le aflundía en el corazón se había desvanecido. Su padre no había aceptado la invitación.
Se colocó en frente del altar, con las manos cruzadas por delante del traje y saludó al padrino
que guardaba en su gabardina los anillos de matrimonio.
Coque sonrío al observar sus dedos. Llevaba aún el chasqui.
Derek se sentó en una de las filas de atrás y sin quitarle ojo a Miriam se dispuso a atender a la celebración con mínimo detalle.
Solo faltaban las damas de honor y la novia.
Miriam se acordó de Jessy. No la veía por ningún sitio. De pronto, disipó a Carlos en una esquina llamando por teléfono. Parecía muy nervioso y no se estaba quieto.
Una musiquita comenzó a sonar y todos los presentes se voltearon para ver la entrada de la novia.
Las damas de honor fueron las primeras en entrar. Ambas cargadas de flores y con una sonrisa de oreja o reja.
Al llegar al altar, la novia se hizo ver en la entrada de la Iglesia. La gente comenzó a cuchichear entre ella. Algunos la alababan y otros criticaban su vestido.
El padre de Érica le acompañaba de ganchete. Coque la miró como si fuera lo más hermoso que había visto nunca. Recordó al pequeño que esperaban y una pequeña lágrima brotó de su ojo izquierdo. No podía evitar sentir aquella emoción.
Recordó también a su madre. Ojalá, estuviera donde estuviese, pudiera vivir este momento como él lo estaba viviendo. De una forma tan asombrosa y abismal.
Los ojos de Érica recayeron sobre los de Coque. Ella sonriente, él emocionado.
Caminó lentamente, al ritmo de la marcha nupcial y el padre le tendió a Coque la mano de su hija.
Coque le besó la mano a Érica y ambos, aún con las manos entrelazadas dieron la espalda a los presentes mirando hacia el altar.
ÉRICA:
COQUE:
DAMAS DE HONOR:
El cura les otorgó una sonrisa y la ceremonia comenzó...
Jessy sintió su móvil vibrar. Exclamó varias palabrotas mientras intentaba desatarse.
Consiguió caer en el suelo y a pesar del daño que se hizo, apenas pudo notarlo. En aquel momento, le importaban más otras cosas.
Se desplazó como si de una serpiente se tratase hasta la estufa cerca del fregadero. Menos mal, que aún estaba encendida.
Acercó sus manos a ella lo máximo que pudo y mientras las bridas se iban quemando sintió como su piel sufría también al contacto del calor.
Consiguió soltarse las manos y luego rompió con destreza la brida de los pies.
Se acarició las muñecas exclamando muecas de dolor.
Cogió el móvil del cajón y no pudo evitar fijarse en unos documentos de una clínica ginecológica.
Los sacó del sobre y vió claramente que eran una prueba de paternidad.
Era su día de suerte. Se apresuró a cerrar el cajón pero cuando estaba dispuesta a huír un ruído la mantuvo en stand-by. Provenía de la ventana del baño...









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