DÍA: 26 DE JULIO
Narra Jessy:
Sonreí al verle vestido de mono con esas orejas tan grandes que sustituían a las suyas tan pequeñitas.
Mi madrastra no me saludó. Me miró con rabia y me ignoró. Supongo que le importaría una mierda mi cumpleaños.
Se fue al cuarto del bebé para darle el biberón.Yo, me preparé un poco de leche con cereales y me bebí un vaso de zumo de naranja natural.
Más tarde, a las 15:00. Me dirigí a mi cuarto para vestirme más elegante. Había quedado a las 17:00 con Miriam y pensé en dar un pequeño paseo antes para calmar mis pensamientos y desintereses.
Me puse un top amarillo racatado y por encima, una blusa azul muy cool. Luego, unos pantalones cortos a juego con el top y unas sandalias de tacón al estilo bailarina. Finalmente, escogí un bolso que completaba perfectamente todo el conjunto.
Bajé a la cocina, me precipité a salir por la puerta cuando mi madrastra apareció cogiéndome del brazo con brusquedad. En sus ojos inundaba la rabia por encima de todo.
Esperé a que pronunciase palabra:
- Bonita, ¿A dónde crees que vas? - susurró mientras fruncía el ceño.
- He quedado con Miriam. ¿A ti qué coño te importa?
- ¡¿Cómo te atreves a responderme de esa forma!?- gritó mientras me daba una bofetada con mucha ira guardada.
- ¡Gilipollas! ¿Pero a ti que te pasa? He cumplido los 18 años ya no puedes hacer lo que tú quieras conmigo - grité mientras abría la puerta.
- Te he dicho que mientras yo este aquí, tú harás lo que a mi me dé la gana - me devolvió el enfado cerrando la puerta principal compulsivamente.
- No, no lo haré - respondí sin fuerzas para gritar.
- ¡¡¡Vete!!! ¡¡¡Lárgate de esta casa!!! - me golpeó el brazo con frialdad.
- Encantada - dije haciendo una reverencia.
- Después no volverás nunca más a poner un pie en esta casa.
- Ohh, que miedo...
- No es ninguna broma. Eres mayor de edad para convivir con tu hermano y conmigo y como no puedo obligarte a quedarte pues te echo. Eres completamente libre como soñabas - pronunció abriendo la puerta - Desde ahora tú ya no perteneces a esta familia.
- ¿Perdona? El apellido sigue siendo el de mi padre y el de mi madre biológica.
- Si, ya veo. Tu madre te abandonó por completo sin importarle lo más mínimo.
No te aguantaba y no me extraña - anunció con serenidad.
- Se fue por una razón. Tú no sabes nada así que no te atrevas a meter a mi madre en esto.
- Aquí tienes, las maletas con tu ropa y tus cosas. Y ahora vete de mi casa. ¡¡¡No quiero que vuelvas más!! - gritó cogiendo las maletas y lanzándolas al exterior de la casa.
- Tú lo tenías planeado desde el principio. No me puedo creer que estés haciendo esto - susurré.
Hablaba como diciendo "¿Quién es la mala ahora?".
- ¡Qué te largues! - volvió a gritar.
- ¿Enserio?
- Soy la que manda en esta casa desde que tu padre falleció así que te ordenó que te vallas de esta casa ahora mismo - volvió a anunciar.
- Si papá estuviera aquí no permitiría todo lo que estás haciendo.
- No me hagas reír, por favor - puso los ojos en blanco - "Mi padre ha muerto y mi madrastra me maltrata. Pobre de mi" ¿No es así? - rió.
- Oye, papá me adoraba y si él estuviera vivo seguiría cuidando de mi. Tú siempre me odiaste en cambio él, sólo él fue el que me daba el biberón,el que me cambiaba los pañales,el que me cuidaba cuando estaba enferma,el que me enseño a caminar,el que me enseño a decir papá, el que cuando tú
te ibas de fiesta se quedaba cuidando de mi, el que me enseño a andar en bici,el que me ayudaba con los deberes,el que me apoyaba cuando me esforzaba por algo, no lo conseguía y él me daba fuerzas,
el que se ilusionaba al verme crecer,el que me leía un cuento cada noche,el que me daba un beso y me decía que me quería y el que siempre estaba a mi lado porque me quería - comencé a llorar mientras la imagen de mi padre retumbaba mi mente - Y tú nunca me demostraste cariño, siempre
me ignoraste y pasaste de mi y mi padre sólo mantenía su relación contigo por mi porque tú eras la que trabajas - comencé a llorar más fuertemente. Todo lo que dije, tenía muchas ganas de soltarlo algún día y justamente hoy me desahogué profundamente.
- Tienes razón cuando dices que nunca te quise... ni te quiero - susurró manteniendo su compostura.
- Mi padre daría su vida por mi y yo, también daría ahora mismo mi vida por él.
Y sé, que tú en tú santo juicio ofrecerías tú alma por salvarme ni siquiera derramarías una lágrima en mi tumba - dije como pude mostrándome distante y atónita.
- Acéptalo de una puta vez. Tú padre a muerto desde hace un año y ahora yo he tomado las riendas de esta casa.
Déjate de sermones y lárgate - inmune a mis palabras, me miró desafiante.
- ¡¡¡No pienso irme!!! - grité sin mirarle a los ojos.
- No quieres irte por las buenas pues... te irás por las malas - me empujó con brusquedad y al resbalar con el escalón de la puerta principal...
Miré al mi alrededor durante unas milésimas de segundo. Recordé las palabras de Coque:
"Jess, algún día no estaré para salvarte el pellejo" Ese día había llegado. Lamenté que justamente fuera hoy.
Me caí fuertemente sobre una roca y al escuchar la puerta cerrarse bruscamente, me mareé quedándome completamente inconsciente.
- ¿Estás bien? - susurró una voz anciana.
Abrí los ojos y me encontré recostada en el suelo. Esperé un rato hasta que mi vista se aclaró y pude comprobar sin dificultad alguna de quien era esa voz siniestrosa.
-¿Qué ha ocurrido? - susurré llevándome las manos a la cabeza ya que me dolía - ¿Señora Williams?
- Si, pasaba por aquí y te he visto herida e inconsciente así, que intenté despertarte de todas las formas posibles. ¿Recuerdas qué o quién te ha hecho esto? - se explicó la vecina de al lado.
- Gracias y no, no recuerdo nada - mentí sabiendo que si decía la verdad, culparían a Vanessa de maltrato superior - Oye, debo irme - dije intentando erguirme.
- No, ven conmigo. Te limpiaré las heridas - susurró ayudándome a levantarme.
- Gracias, señora William pero no hace falta. Estoy bien - intenté sonreír sin resultado alguno.
- Si, ven - me agarró de la mano conduciéndome hasta su casa - ¡Mis rosales! Espera aquí - gritó comenzando a correr mientras me soltaba la mano.
El gato del señor Ewder estaba comiendo las hojas de los rosales de la señora Williams. Adoraba a ese gato. El señor Edwer y la señora Williams comenzaron a discutir fuertemente.
Aproveché el momento para salir corriendo de allí. No sabía a donde dirigirme. Cualquier persona que pasase por mi lado intentaría ayudarme por estar levemente herida.
Me acordé de las dos maletas que llevaba arrastras y abrí una de ellas, donde se encontraba mi ropa.
Cogí un sombrero y me lo puse en la cabeza tratando de cubrir la herida.
Sin más, decidí encaminarme a casa de Miriam. Era el lugar que me quedaba más cerca.
Llegué mirando a los alrededores y llamé a la puerta...
Narra Coque:
Miriam y yo estabamos conversando tranquilamente mientras arreglábamos la sala para el cumpleaños de Jess.
- ¿Crees que le gustarán los globos de colores? - mencionó emocionada.
- ¿A quién no le gustan? - sonreí mientas me bajaba del taburete, el cual me ayudó a colocar la mayoría de los globos.
- Necesitamos serpentinas rosas y blancas. ¿Y que tal si contratamos un payaso? - gritó emocionada mientras aplaudía.
- ¿Un payaso? ¿Enserio? - abrí los ojos y la miré fijamente.
- ¿Qué? A los tres años papá y mamá me celebraron mi fiesta de cumpleaños y contrataron a un payaso muy divertido. Nos lo pasamos genial - mencionó mientras ponía un cartelito en cada una de las sillas para que supieran donde debían sentarse.
- Miriam, tenías tres años y Jessy tiene dieciocho - sonreí al comprobar que lo del payaso iba enserio.
- Bueno...
- Olvídate del payaso - puse los ojos en blanco.
- Vale...¿Dónde están las serpentinas? - se enfurruño y luego, volvió a emocionarse. Su bipolaridad me desconcierta a veces.
- Están enfrente del baño de arriba, en un estante del pasillo.
- Voy a por ellas - sonrió mientras me daba un beso en la mejilla - Espérame...
Ladeé la cabeza de un lado a otro y proseguí con los dichosos globos. ¿Por qué se desinflan?
El ruidoso sonido del timbre de la puerta principal interrumpió lo que estaba haciendo.
- ¡¡¡Coque!!! ¡¡¡Ve a abrir la puerta!!! Yo no puedo - gritó Miriam desde las escaleras.
- Voy - susurré consternado. Me dirigí hasta la puerta principal mientras seguía inflando el globo de antes.
Abrí la puerta lentamente y vi a Jessy.
Al verla, me quedé de piedra y el globo salió volando de mi boca dejando un chirriante sonido hasta que se desinfló.
Nada más verme, Jessy se abalanzó sobre mi.
- Jessy, ¿qué coño haces aquí? - dije apartándola de mi.
- Tienes que ayudarme, por favor - susurró mientras se quitaba el sombrero dejando una herida a la luz.
- ¿Jessy qué te ha pasado? ¡Estás sangrando! - grité inconscientemente mientras intentaba comprobar la herida.
- Si lo sé. Siento aparecer aquí, sin avisar pero...
- Déjate de peros. Voy a curarte eso ahora mismo.
- ¡¡¡Coque ven a ayudarme con esto!!! - gritó mi hermana desde la sala.
- Tengo visita, ocúpate tú mientras tanto - le devolví el grito.
- Vamos a mi cuarto - susurré mientras cogía a Jessy del brazo con suavidad y le ayudaba a dirigirse hasta allí.
Jessy es una chica desgraciada, siempre le pasa de todo.
- Siéntate, por favor - anuncié señalándole la cama mientras cogía un botiquín de enfermería.
- Voy a limpiarte la herida de la frente y la de la cabeza. Aún sigues sagrando. Luego, me cuentas que te ha ocurrido - susurré mientras me plantaba frente a ella y dejaba el botiquín al lado de ella.
- Si, por supuesto. Gracias - sonrió sin ganas.
Sonreí para consolarla y para curarle la herida, usé algodón y un poco de alcohol.
La herida parecía bastante profunda pero aún así no llegó al cráneo. Sólo se había golpeado la frente y el lado de la cabeza. Antes de nada, cogí un trapo húmedo y limpié la sangre que aún no había dejado de cesar.
La verdad, creo que sería mejor llevarla al hospital y que se ocuparan de ella, que le diesen puntos. Pero... aún así., decidí curarle y si veíamos que empeoraba lo mejor sería llevarla al hospital.
Cuando la herida dejó de sangrar, la desinfecté con alcohol usando un algodón.
- Auuhh - se lamentó en un susurro.
Sonreí poniéndome a su altura.
- No te rías de mi - dijo mirándome fijamente.
- ¿Te duele? - pregunté.
- El alcohol me...escuece - se sonrojó.
- Tranquila, ya falta poco - susurré.
- ¿Crees que me quedará cicatriz? - dijo.
- No, tu médico es muy precabido - sonreí mirándola de reojo - Voy a suturarte.
- ¿Tienes material para hacerlo?
- Por supuesto, soy todo un profesional - sonreí mientras me levantaba y me dirigía al botiquín - Vale. Veamos...Hilo, aguja, portaagujas, mosquito, grapadora precargada y el quitagrapas - dije en alto para mi mismo.
- Me das miedo - susurró Jessy al acercarme a ella.
Sonreí.
- ¿Has suturado más veces? - susurró preocupada.
- Oye, ¿ confías en mi? - susurré apartándole un mechón de pelo del rostro.
- Emm... - pensó.
- Vamos... ¿Tienes que pensarlo? - la miré fijamente.
- No me mires así. Era una broma - sonrió - Por supuesto que confío en ti.
- Venga mentirosa - le cogí de la mano - Ponte de pie, serán unos segundos.
- ¿Me va a doler? - susurró mientras la ayudaba a levantarse.
- Un poco pero tranquila. Yo estaré aquí - sonreí con ternura mientras le soltaba la mano y me ponía a su altura - ¿Lista? - pregunté mirándola fijamente mientras le acariciaba la mejilla.
- Lista - susurró mientras cerraba los ojos temerosa.
Cogí los utensilios de medicina necesarios y comencé.
Ella ante un primer impulso se agarró a mi sujetándome por los hombros.
- Si, agárrate a mi. No quiero que te desmayes - sonreí compadeciéndome.
Abrió los ojos y me miró fijamente. Estábamos apenas a unos pocos centímetros de distancia.
Al volver a fijar otro punto, ella me agarró fuertemente clavándome las uñas y cerró los ojos al mismo tiempo soltando un leve gemido de desagrado.
- Tranquila, vas a arrancarme el brazo - sonreí mientras la observaba fijamente mirando de reojo la grapadora que tenía en la mano.
- Esto es peor que cuando eres virgen y lo haces por primera vez - volvió a cerrar los ojos cuando sintió de nuevo el pinchazo de la grapadora.
- Y eso que aún no lo has probado - sonreí bajando la cabeza.
- ¿ Y tú que sabes si lo hice o no? - dijo molestada ante mi comentario mientras volvía a fijar otro punto.
Al escuchar sus palabras, me paré en seco.
- Espera, ¿qué? - la miré fijamente - ¿Ya lo has hecho? - me quedé inmóvil.
- No es el momento para hablar de mi primera vez - abrió los ojos interpretando mi expresión.
- Madre mía. ¿Cuántos años tenías? - reaccioné y seguí con los puntos.
- Catorce - se lamentó mientras respondía.
- ¿Qué? Cuántas - susurré mientras terminaba de suturarla.
- No las conté pero bastantes - gimió por última vez.
- Jess, estoy impresionado - dije mientras dejaba la grapadora a un lado.
- ¿Por lo que te he dicho o por aguantar los puntos? - preguntó mientras le colocaba la venda.
- Por lo que me has dicho.
- Nadie lo sabe. Eres el único - me guiñó un ojo mientras me soltaba los hombros.
- Bueno... parece que la herida es profunda y si los puntos no aguantan tendré que llevarte al hospital - sonreí sonrojándome.
- Gracias pero no hará falta acudir al hospital. No sé que haría sin ti - bajó la cabeza mientras se miraba los dedos de las manos.
- Nada. Ya sabes que estoy aquí para lo que necesites - sonreí con dulzura mientras guardaba los utensilios en el botiquín.
- Bueno, ¿quieres que te cuente porque me ocurrió esto? - dije señalando la frente mientras me sentaba en la cama.
- Por favor - sonreí aliviado - Si quieres, túmbate en la cama.
Se tumbó sonrojándose y yo me senté a los pies de la misma.
- Te golpeaste con algo. ¿Verdad? - dije.
Asentió y prosiguió.
- Al despertar, discutí con mi madre de nuevo. No se acordó de mi cumpleaños y yo misma se lo recordé. Al decirle que era mayor de edad y que ya no tenía que hacerle caso, me echó fuera de casa. Por eso, traigo las maletas.
- Es horrible.¿Cómo una madre puede echar a su propia hija de su casa? Y lo de la herida en la frente... ¿Cómo te la hiciste? - pregunté intrigado mientras le acariciaba las piernas.
- Como yo no estaba dispuesta a irme. Ella me empujó y resbalé cayendo sobre una roca.
- Y te hiciste la herida - bajé la cabeza mientras mi cara cambiaba drásticamente. Igual, que mi estado de humor - Oye Jess, sino tienes a donde ir... a mi no me importa que te quedes en nuestra casa el tiempo que quieras y necesites. Creo que por Miriam tampoco habrá ningún problema - le acaricié la mano.
- Si, gracias. Me quedaré si no es molestia. Buscaré en cuanto pueda un piso de alguiler - se acurrucó mientras me miraba fijamente.
- Claro, puedes quedarte le tiempo que haga falta. Sólo relájate - sonreí dulcemente.
- Me sentiría mejor si te tumbaras a mi lado - hizo pucheros para convencerme.
- Está bien - susurré poniendo los ojos en blanco - Hazme sitio - sonreí.
Me acurruqué a su lado. Ella, se dió la vuelta y se apoyó en mi pecho con ternura.
Cerró los ojos mientras le acariciaba el cabello.
Tendrías que oírle, sonó como si mi padre ya no le importara, como si no dejase cicatriz su muerteen la vida de ella - se pusó triste y la abracé con fuerza. Ella, comenzó a llorar en mis brazos. Creo, que estaba realmente más triste por la forma que su madre habló de su padre fallecido que del hecho de que la echara de casa casi a patadas. Me daba muchísima pena los sucesos por los que esta pobre chica tenía que pasar.
- Tranquila, quédate conmigo el tiempo que necesites.
- Gracias por todo lo que estás haciendo por mi.
- Da igual, sabes que somos amigos y puedes confiar en mi para lo que sea - sonrió tiernamente mientras le acarició la mejilla con dulzura limpiándole las lágrimas - Pero sabes que no soporto que llores.
- No lloraré - sonrió mientras me miraba dulcemente - Por cierto, ¿qué tal van las cosas con Érica? - susurró mientras jugaba con el botón de sus shorts.
- Bien, lo hemos solucionado - dije sin mirarle.
- Me haces cosquillas - lanzó riéndose mientras se movía de un lado a otro.
- Ohh, ¿tienes cosquillas? - sonreí poniéndome encima de ella mientras no paraba de hacérselas por todo el cuerpo.
- Pa...paraaa - sonrió mientras no paraba de moverse de un lado a otro.
- Soy muy juguetón - arqueé la ceja con ironía y me acomodé de nuevo a su lado mientras le cogía de la mano con ternura.
- Que mal ha sonado eso - sonrió mirándome fijamente.
- Mal pensada - puse los ojos en blanco - ¿Ves? He hecho que pararas de llorar - sonreí.
- Las cosquillas son mi fuerte... - se mordió el labio sonrojándose.
- ¡Jessy! Quiero decirte algo... - recordé en mi mente las palabras exactas para decirle y sonreí por ello.





















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