Narra Miriam:
Me sorprendí al verle entrar por esa puerta:
- ¡Eeeiii! ¿No vienes a darme un abrazo? - sonrió mientras caminaba al interior de la habitación.
Me tapé la boca con mis dos manos intentando reprimir un grito de admiración.
Estaba realmente impresionada. La ilusión recorrió mi cuerpo en apenas segundos.
- Es que no me creo que seas tú. ¿Enserio lo eres? - sonreí mirándole fijamente. Estaba en shock.
- Si, soy yo. En carne y hueso - me devolvió la sonrisa con timidez. Me erguí y me abalancé sobre él mostrándole un cálido abrazo.
No podía creérmelo. ¡Había venido a verme!
- Impresionante.¡¡¡Eres tú!!! - me abracé a él con fuerza casi sin dejarle respirar.
Narra Coque:
Mis ganas indeseables de hacer una de mis locuras o más bien... deseos prohibidos me consumieron totalmente.
- Impresionante.¡¡¡Eres tú!!! - me abracé a él con fuerza casi sin dejarle respirar.
Narra Coque:
Mis ganas indeseables de hacer una de mis locuras o más bien... deseos prohibidos me consumieron totalmente.
Tenía por sentado no volver a acercarme a ella y mucho menos lo que tenía pensado hacer.
Me acerqué a ella y me senté a su lado.
La miré, dormía profundamente.
Me acerqué mucho a ella mirándolmuchacho
Me acerqué a ella y me senté a su lado.
La miré, dormía profundamente.
Me acerqué mucho a ella mirándolmuchacho
te a los ojos mientras acariciaba su mejilla. Mis labios se encontraban justamente a cuatro centímetros de los suyos esperando un pequeño impulso para que ambos emcajaramos a la perfección.
Narra Miriam:
Me separé de él después de un largo achuchón mirándolo de arriba a abajo.
- ¡¡¡Brandon!!! - exclamé con una sonrisa rn los labios.
Brandon era mi mejor amigo. Lo conocí antes que a Henry. Él siempre me protegía y nos lo pasábamos muy bien jugando de pequeños.
Nos conocimos en la guardería a los 2 añitos.
En cambio, a Henry, lo conocí cuando tenía
10 años.
Brandon tenía 3 años más que yo y los sigue teniendo.
Siempre estuvimos juntos e incluso hubo como una especie de romance entre nosotros a los 11 años.
Siempre nos tocaba en la misma clase.
Como decía anteriormente, tuvimos una especie de romance.
De pequeños hasta nos casamos en la casa del árbol. Juegos de pequeños.
La relación fue madurando y a los 12 años me besó.
Con él tuve mi primer beso y el que más recuerdo.
La relación entre nosotros se acabó porque sentimos que no estábamos hechos el uno para el otro pero seguimos
siendo amigos.
Nosotros compartíamos la misma ilusión, el mismo sueño durante años: COMPARTIR NUESTRA VOZ.
Recuerdo que cada día quedábamos en mi casa después de clase y nos entregábamos en lleno a nuestras composiciones y nuestros cantos a capella.
El dúo perfecto.
Pero él al final, cumplió los diecisiete. Se marchó y llegamos hasta el punto de no volver a vernos.
- Veo que me recuerdas - soltó de inmediato.
Narra Miriam:
Me separé de él después de un largo achuchón mirándolo de arriba a abajo.
- ¡¡¡Brandon!!! - exclamé con una sonrisa rn los labios.
Brandon era mi mejor amigo. Lo conocí antes que a Henry. Él siempre me protegía y nos lo pasábamos muy bien jugando de pequeños.
Nos conocimos en la guardería a los 2 añitos.
En cambio, a Henry, lo conocí cuando tenía
10 años.
Brandon tenía 3 años más que yo y los sigue teniendo.
Siempre estuvimos juntos e incluso hubo como una especie de romance entre nosotros a los 11 años.
Siempre nos tocaba en la misma clase.
Como decía anteriormente, tuvimos una especie de romance.
De pequeños hasta nos casamos en la casa del árbol. Juegos de pequeños.
La relación fue madurando y a los 12 años me besó.
Con él tuve mi primer beso y el que más recuerdo.
La relación entre nosotros se acabó porque sentimos que no estábamos hechos el uno para el otro pero seguimos
siendo amigos.
Nosotros compartíamos la misma ilusión, el mismo sueño durante años: COMPARTIR NUESTRA VOZ.
Recuerdo que cada día quedábamos en mi casa después de clase y nos entregábamos en lleno a nuestras composiciones y nuestros cantos a capella.
El dúo perfecto.
Pero él al final, cumplió los diecisiete. Se marchó y llegamos hasta el punto de no volver a vernos.
- Veo que me recuerdas - soltó de inmediato.
- ¿Comó no iba a recordarte? Siempre estuviste en una pequeña parte de mi corazón.
- Y en tu mente sobretodo - rió mientras apretaba mis manos con fuerza.
- Nunca logré olvidarte. Tampoco quería hacerlo.
- Ni yo te olvidé a ti. La despedida fue muy dura para mi.
- Lo sé - reí recordando vagos recuerdos.
- Ni yo te olvidé a ti. La despedida fue muy dura para mi.
- Lo sé - reí recordando vagos recuerdos.
- Era una decisión muy dura para mi. Tenía que elegir entre cumplir mi sueño o estar con la gente que me rodea y que siempre me ha apoyado. La oferta de Warner Music me resultaba superior a lo que yo consideraba que valía como compositor pero lo de irme a grabar mi primer maqueta en Londres no estaba en mis planes - me explicó con pelos y detalles.
- Tranquilo. No te disculpes por haberlo hecho. Yo también lo haría. Un sueño es un sueño y por mucho que intentes olvidarlo o evitar que se cumpla por otros motivos irrelevantes nunca podrás hacerlo.
- ¡Dios, echaba de menos tus frases! Aunque no lo creas me encantan. Siempre me suben la moral - me abrazó de nuevo sin dejar de agarrarme de las manos.
- Yo echaba de menos tu capacidad para hacerme sonreír - soltó mis manos volviendo a centrar su mirada en mi.
- Nunca pensé que seguirías viviendo en vasa de tus padres.
- Ya ves - susurró - Aquí sigo yo - exclamé cantando.
- Ya ves - susurró - Aquí sigo yo - exclamé cantando.
- Volviéndome loco, haciendo lo imposible - continuó a capella.
- Por tenerte por momentos - canté mi parte favorita de la canción.
- Aún la recuerdas - sonrió.
- Como en los viejos tiempos - le devolví la sonrisa - ¿Cómo hiciste para entrar en casa sin ser visto? - pregunté. La verdad es que la respuesta me tenía intrigada. Por más que le daba vueltas y vueltas era imposible sacar una conclusión decente y posible.
- Tenía guardado el número de teléfono de tu hermano. Le telefoneé preparando la sorpresahace como un mes. Al llamar a la puerta, él sabía a ciencia cierta que era yo así que... discretamente me abrió la puerta.
- Gracias por hacer esto por mi. Es realmente especial - sonreí con ternura.
- Tenía ganas de volver a verte. Nada más - me miró frotándose la nuca. Sólo lo hacía cuando se sentía intimidado o no sabía que decir.
- Cambiando de tema. Tienes muchas cosas que contarme - sonreí sentándome sobre mi pierna derecha.
- No te creas - me miró tímidamente.
- Lo primero de todo.¿Tienes algún sitio para quedarte esta noche? - pregunté ignorando su respuesta.
- Si, me he alistado en un hotel de la ciudad.
- Genial. ¿Y qué tal por Londres? - cambié de tema.
- La ciudad es realmente preciosa. A lo que más me ha costado adaptarme fue al idioma.
No sé si es cierto que existen los vampiros por esa zona pero he confirmado que la niebla si inunda todo Londres - sonrió.
- Y seguro que a unas horas de sacar la maqueta ya se convirtió en disco de oro - pensé en alto.
- La verdad Miriam...No conseguí
un disco de oro, ni de plata... - se frotó la nuca nervioso.
- Entonces seguro que estás de gira por Europa.
- No exactamente, Miriam.
- ¿Entonces? - meneé la cabeza en forma de negación.
- Al grabar la maqueta todo iba realmente perfecto. Todas las canciones se encontraban compuestas por mi. Al finalizarla, se la entregué a Warner Music para la última revisión. No les convenció así que decidieron no sacarla a la venta y perdí mi gran oportunidad.
- Y seguro que a unas horas de sacar la maqueta ya se convirtió en disco de oro - pensé en alto.
- La verdad Miriam...No conseguí
un disco de oro, ni de plata... - se frotó la nuca nervioso.
- Entonces seguro que estás de gira por Europa.
- No exactamente, Miriam.
- ¿Entonces? - meneé la cabeza en forma de negación.
- Al grabar la maqueta todo iba realmente perfecto. Todas las canciones se encontraban compuestas por mi. Al finalizarla, se la entregué a Warner Music para la última revisión. No les convenció así que decidieron no sacarla a la venta y perdí mi gran oportunidad.
En simples palabras...no conseguí mi sueño- bajó la cabeza con decepción.
- ¿Cómo? - mis labios formaron una "O".
- Decidí registrarme en la universidad de Londres durante cuatro años y medio y luego decidí irme a California al estudio a reintentar convencer a otra compañía con mi maqueta pero... volvieron a rechazarla criticando mi penosa forma de cantar y alabando las letras de la mayoría de las canciones que formaban el disco.
- ¡Válgame dios! Sus oídos deben de estar repletos de cera para no poder apreciar tu buena voz - grité ante un espasmo.
- Pero volveré y no a Londres si no a New York. No me rendiré.
- Así se habla. ¿Y cuándo partirás? - me impresioné. Una de las buenas cualidades de Brandon era lo de no rendirse nunca e intentar luchar hasta conseguir sus propósitos.
- Mañana - sonrió complaciente.
- ¿Tan pronto? - me quejé. Sentí como se acercaba ese espantoso momento recordando la anterior despedida. Fue terriblemente lo peor del año. No volver a ver a tu mejor amigo hasta dentro de unos años era
bastante perturbador y no me apetecía volver a pasar por lo mismo.
- Voy a seguir intentándolo. Cierta persona me enseñó una vez a no rendirme nunca - susurró desviando la mirada.
- Voy a seguir intentándolo. Cierta persona me enseñó una vez a no rendirme nunca - susurró desviando la mirada.
Espera, ¿se refería a mi?
- Siento mucho lo que te ha pasado.
Merecías sacar tu disco porque tu voz es preciosa.
Pero triunfar Brandon, es muy difícil y pocas personas lo consiguen. Siento no darte mejores consejos pero ahora que has vuelto no quiero volver a perderte así que haré todo lo posible porque no te vuelvas a ir.
- Miriam, ni lo intentes - rió - No me harás cambiar de opinión. Ahora dime, ¿qué me cuentas de tu vida?
- Sigo conviviendo con mi hermano, he arreglado las cosas con mis padres y he conocido a unos chicos que me ayudarán con mi carrera musical - dije con naturalidad.
- ¿La uni? ¿Te apuntaron? - sonrió emocionado.
- No es justamente la universidad. Son como unas clases para prepararte en el mundo musical.
- Siento mucho lo que te ha pasado.
Merecías sacar tu disco porque tu voz es preciosa.
Pero triunfar Brandon, es muy difícil y pocas personas lo consiguen. Siento no darte mejores consejos pero ahora que has vuelto no quiero volver a perderte así que haré todo lo posible porque no te vuelvas a ir.
- Miriam, ni lo intentes - rió - No me harás cambiar de opinión. Ahora dime, ¿qué me cuentas de tu vida?
- Sigo conviviendo con mi hermano, he arreglado las cosas con mis padres y he conocido a unos chicos que me ayudarán con mi carrera musical - dije con naturalidad.
- ¿La uni? ¿Te apuntaron? - sonrió emocionado.
- No es justamente la universidad. Son como unas clases para prepararte en el mundo musical.
- Joder, ¡es genial!
Ojalá cumplas tu sueño - ante un impulso me abrazó tiernamente.
- Se empieza poco a poco. Paso a paso.
- Con esfuerzo y sudor, pequeña - sonrió con ternura dejándome respirar.
- Tú también lo conseguirás. Ya verás - le miré fijamente ofreciéndole mi apoyo.
- Has cambiado mucho - susurró levantándose y cogiéndome de la mano al mismo tiempo.
- Lo mismo dijo - anuncié mareada ante las vueltas que me hacía dar Brandon mientras me observaba de arriba a abajo.
- Y luego dicen que 5 años pasan volando -
- Con esfuerzo y sudor, pequeña - sonrió con ternura dejándome respirar.
- Tú también lo conseguirás. Ya verás - le miré fijamente ofreciéndole mi apoyo.
- Has cambiado mucho - susurró levantándose y cogiéndome de la mano al mismo tiempo.
- Lo mismo dijo - anuncié mareada ante las vueltas que me hacía dar Brandon mientras me observaba de arriba a abajo.
- Y luego dicen que 5 años pasan volando -
sonreí.
- ¿Cuántos años tienes? Para hacerme una idea - lo miré penetrante.
- Ventidos - afirmó.
- Joder, con razón estás muy cambiado.
- Ventidos - afirmó.
- Joder, con razón estás muy cambiado.
- Dime, ¿tienes pareja? - cambió de tema.
- No, no tengo - reí al escuchar sus palabras.
- Ohh...Que raro... - noté su ironía enseguida.
- Es que no me van las relaciones - mencioné con cara de espanto sin mirarle a los ojos.
- Lo que no te va es enamorarte - rió acercándose a mi con disimulo.
- ¿ Y tú?
- Yo... ¿qué? - sonrió interesado.
- ¿Tienes pareja? - me imaginaba su respuesta. Seguramente con el tema de la maqueta seguía soltero. El estudio le robaría mucho tiempo.
- Si - respondió colorado.
- ¿Comó se llama?
- Holly.
Me sorprendí. No imaginaba que tuviera pareja.
- Cuéntame, ¿cómo es? - pregunté ansiosa por saber más de la vida de mi amigo.
- Algo mejor que contártelo... te enseñaré una foto de ella - sonrió mientras extraía de su bolsillo delantero su cartera. Agarró una pequeña foto con sus manos y me la entregó al mismo tiempo que su cuerpo temblaba.
Observé la foto con detenimiento. Era una mujer joven de unos 20 y tantos casi treinta.
Tenía el pelo castaño oscuro lo que hacía muy buena combinación con sus ojos verdes. Sus cejas se encontraban recién depiladas y su gran sonrisa la definían como una gran persona. A su lado se hallaba un bebé que se podría decir que era recién nacido. Se parecía muchísimo a ella.
- Es muy hermosa. Parece ser muy buena persona. A su lado está recostado un bebé, ¿es vuestro? - pregunté clavando su mirada en él.
- Si - afirmó avergonzado. Sus mejillas cobraron color y sus manos comenzaron a tembrar.
- Se parece a ti - volví a observar la foto.
- Es muy juguetón y divertido. A parte de rebelde. Yo de pequeño también era muy reboltoso. Mi madre ya no sabía que hacer conmigo - sonrió como recordando vagos recuerdos.
- ¿Qué nombre le pusisteis?
- Damon - afirmó mientras recogía la foto de mis manos.
- Es muy hermosa. Parece ser muy buena persona. A su lado está recostado un bebé, ¿es vuestro? - pregunté clavando su mirada en él.
- Si - afirmó avergonzado. Sus mejillas cobraron color y sus manos comenzaron a tembrar.
- Se parece a ti - volví a observar la foto.
- Es muy juguetón y divertido. A parte de rebelde. Yo de pequeño también era muy reboltoso. Mi madre ya no sabía que hacer conmigo - sonrió como recordando vagos recuerdos.
- ¿Qué nombre le pusisteis?
- Damon - afirmó mientras recogía la foto de mis manos.
- ¿Y estáis casados? - pregunté insegura - Como digas que si te mataré por no invitarme a la boda - le avisé interrumpiendo su respuesta.
- No. Esperaremos a que estemos de vuelta en España para casarnos. Conviviremos en New York mucho tiempo así que aún falta. Y por supuesto que te invitaré a la boda.
- Hablas en plural.
- Ella y el bebé me acompañan.
- Vaya - exclamó extrañada. Holly debía de estar realmente enamorada de Brandon para mudarse con él a otra parte del mundo - Dime, ¿cómo es el carácter de Holly? - sentía mucha curiosidad.
- Pues... tiene mucha compasión por los demás, es muy cariñosa, inteligente... Lo único es que es muy celosa. También, ese es el único defecto que le encuentro.
- Pues... tiene mucha compasión por los demás, es muy cariñosa, inteligente... Lo único es que es muy celosa. También, ese es el único defecto que le encuentro.
- Woa, me encanta ¿Y comó os conocisteis? - crucé las piernas y volteé la mirada. Mi tono de voz era de intriga. Sentía muchas ganas por continuar eacuchando su historia.
- Ella es productora. Prepara los focos e intrumental además de realizar las grabaciones necesarias de los artistas.
Yo nunca me había fijado en ella hasta qur un día le tocó grabar unas de mis canciones para la maqueta. Así fue como vino a felicitarme por la música que realizaba. Le encantaba. Gracias a eso, quedamos y mantuvimos varios encuentro más hasta que le besé por primera vez y ahí fue cuando decididimos dar el paso de mantener una relación estable - me explicó con emoción.
- ¡Qué bonito! - escuché atentamente sus palabras sin perderme en ellas - ¿Y hace cuánto tiempo os conocéis?
- Cuatro añitos. El tiempo pasa volando -suspiró sin pensar.
- Me alegro muchísimo - sonreí mientras me transmitía su propia ilusión.
- Perdona por no haberte llamado. He estado muy ocupado y no atendí mucho el móvil - se disculpó.
- No pasa nada. Es normal.
Lo importante es que estas aquí y mañana partirás a New York así que me gustaría disfrutar a tope de cada segundo que pase contigo - mencioné.
- Por supuesto. Toda la noche si hace falta.
Impresionante, la llegada de Brandon me encantó.
Lo que no me convenció tanto fue su marcha de nuevo. No soportaría volver a perderlo.
- ¿A qué hora sale tu avión?
- A las cinco de la tarde - levantó la mirada intentando hacer memoria y se rascó la barbilla desesperado.
- Y...¿A Holly no le importa irse tan lejos?
- No. Está realmente maravillada y encantada de poder acompañarme en este viaje tan especial - habló tratando de convencerse a si mismo.
Asentí y el continuó hablándome de ella.
- Lo primero de todo es que tiene un pequeño estudio por esa zona y podrá tener un trabajo fijo durante unos cuantos años. También me convence diciendo que me quiere y que haría cualquier cosa por estar a mi lado. Eso me basta para seguir adelante. Ella es mi gran apoyo.
- Que lindo. Es súper lindo y amable por su parte su comprensión y seguridad por intentar cumplir tu sueño.
- Ya ves. Es fantástico y fabuloso - sonrió.
- Tu positividad y tus grandes apoyos harán que tu sueño se haga realidad - susurré mirándole a los ojos.
- Ojalá.
- No, Brandon.
Tienes que tener confianza en ti mismo - bajé la mirada al no obtener respuesta de la misma.
- Lo sé.
- ¿Te acuerdas de pequeños?¿Cuándo nos casamos en la casa del árbol? - me vino a la mente una parte de nuestra infancia.
- Como para no acordarme.
- Los anillos de compromiso eran cordones de unas zapatillas viejas - reí con ganas.
- Ese anillo aún lo tengo en casa.
Guardado - embozó una sonrisa mientras me miraba fijamente.
- ¿Enserio? - me sorprendí. ¿Le importaba tanto nuestro noviazgo de pequeños o simplemente no tenía el valor suficiente para arrogarlo al contenedor de la basura?
- Si - asintió confundido ante mi asombro.
- Celebramos la boda nosotros solos y el sacerdote era mi hermano - reí acordandome de la túnica que llevaba ese día Coque. Era una manta de "Las Supernenas" que cubría parte de su pecho y todo su cuello. Le dió la vuelta y lo colocó alrededor de su pescuezo.
- Si. Me acuerdo de todo y sobre todo del final cuando nos besamos - sonrió bajando la cabeza y buscando un lugar donde esconderse.
- Fue precioso - reí ante su reacción.
- Fue una idiotez. Eramos amigos y de repente empezamos una relación.
- Fue lo peor que pudimos hacer.
Dentro de dos meses ya estábamos divorciados - hice memoria.
- Anda que... - reí.
- Si, pero no recuerdo el porqué - mentí. Necesitaba averiguar si el aún recordaba el motivo de nuestra ruptura.
- Todo era perfecto pero lo único que teníamos en común era nuestra pasión por la música. No coincidíamos.
- Ojalá pudiera volver a esos tiempos.
Cantando en dúo formabamos una armonía perfecta.
- Nos pasabamos horas y horas cantando - volteó la mirada.
- No quiero que me abandones de nuevo - susurré desviando la mirada hacia la ventana para comprobar si ya era muy tarde.
- Fue lo peor que pudimos hacer.
Dentro de dos meses ya estábamos divorciados - hice memoria.
- Anda que... - reí.
- Si, pero no recuerdo el porqué - mentí. Necesitaba averiguar si el aún recordaba el motivo de nuestra ruptura.
- Todo era perfecto pero lo único que teníamos en común era nuestra pasión por la música. No coincidíamos.
- Ojalá pudiera volver a esos tiempos.
Cantando en dúo formabamos una armonía perfecta.
- Nos pasabamos horas y horas cantando - volteó la mirada.
- No quiero que me abandones de nuevo - susurré desviando la mirada hacia la ventana para comprobar si ya era muy tarde.
- Volveré, no te preocupes. Tienes mi número, ¿no?
- Si, tenemos muchas cosas de que hablar - aparté un mechón de pelo de mi rostro.
- Nos veremos pronto - sonrió intentando tranquilizarme.
- ¿Cuánto tiempo estarás en New York? - ignoré volviendo a centrar mi mirada en él.
- Dos o tres años - hizo memoria.
- Es mucho tiempo - hinché los mofletes y respiré profundamente.
- Pronto trascurren.
- Eso espero.
- Me enteré de que Henry me había robado el puesto - rió bajando la mirada.
- Te fuiste, Brandon. No esperes que las cosas sigan siendo como antes. Han pasado muchos años. Pensé que no volvería a verte.
- Pero estoy aquí.
La verdad era que Brandon y Henry nunca se habían llevado bien pero ante mis ojos pretendían hacerlo para no decepcionarme.
Cierta rivalidad surgía desde hace tiempo entre ellos.
- Lo sé.
Con Brandon tenía una gran amistad qur con el tiempo y su ausencia se fue perdiendo. No me agradaba para nada la idea de que se marchase de nuevo a dios sabe donde.
Él ya tenía su familia y solo le quedaba cumplir su sueño.
Narra Coque:
Me acerqué más a ella y esos cuatro centímetros se fueron acortando poco a poco.
Froté nuestras narices mientras embozaba una dulce sonrisa. Cada vez, las ganas de besarla se me hacían más insoportables.
No lo hice y mis labios se volvieron hasta su mejilla.
Narra Coque:
Me acerqué más a ella y esos cuatro centímetros se fueron acortando poco a poco.
Froté nuestras narices mientras embozaba una dulce sonrisa. Cada vez, las ganas de besarla se me hacían más insoportables.
No lo hice y mis labios se volvieron hasta su mejilla.
La besé timidamente y me alejé de ella dirijiéndome a mi cuarto.
¿Por qué las ganas de besarla inundaron mi mente? ¿Enserio pretendía hacerlo? ¿Por qué no pensé ni unos segundos en Érica?
¿Por qué las ganas de besarla inundaron mi mente? ¿Enserio pretendía hacerlo? ¿Por qué no pensé ni unos segundos en Érica?
Me senté en el borde de mi cama.
Decidí llamar a Érica para desconectar un poco de todo lo ocurrido y olvidarme de Jessy. Tenía que alejarme de ella o todo esto tendría un final infeliz. Érica no respondió. Me imaginé que ya se habría ido a dormir.
DÍA: 2 DE AGOSTO
Narra Miriam:
Me levanté por la mañana. Bueno, la verdad es que me había pasado la noche en vela hablando con Brandon.
Recordé todo lo de ayer: Los aplausos, las 10.000 personas que bailaban con nuestra música y Dani me ofreció su número de teléfono. Cumpliría mi sueño y me alistaría en las clases de canto.
Sus palabras fueron fabulosas. Me dijo que tenía una voz preciosa y que merecía ser escuchada por millones de personas. Nunca me habían dicho nada parecido.
Me alegré muchísimo pero me dió pena que mis amigas no pudieran acompañarme en mi gran aventura.
Me despedí de Brandon ya que no le volvería a ver porque tenía que hacer las maletas y le gustaría dar una vuelta por la ciudad.
Normal, después de pasar cuatro años en Londres... supongo que le gustaría volver a recordar la ciudad.
Salimos del cuarto y nos dirigimos a la entrada. Abrí la puerta principal.
- ¿Seguro que no quieres desayunar? - me preocupé.
- No, tranquila. El hotel se encuentra justo al lado.
- Ya. Supongo que esto es un adiós.
- Otra vez.
Lo siento Miriam. Yo... me quedaría aquí pero mi sueño me espera en New York - sonrió.
- No es culpa tuya. Soy yo que no aguanto estas cosas.
No pude evitar que unas lágrimas cayeran por mi mejilla y yo no soy de expresar mis sentimientos.
Soy muy cerrada.
- ¡¡¡Eii!!! No me llores - sonrió secándome las lágrimas con la palma de su mano.
- Te llamaré te lo prometo e intentaré ir a uno de tus conciertos.
Cuando empieces con las giras claro.
- Aún falta mucho si es que sucede - bajé la mirada sonriendo.
- Oye Miriam, siempre serás mi mejor amiga y la que siempre estuvo a mi lado, apoyándome y acompañándome en mi carrera musical. Nunca me olvidaré de ti y lo sabes.
- Lo sé pero no quiero que te vallas - le agarré de la mano sin darme cuenta.
- Esto no es un hasta nunca es un hasta pronto - sonrió mirándome.
- Ya. Cuídate - me abrazó fuertemente dándome dos besos en ambas mejillas.
Sonreí separándome de él y volviendo a agarrarle de las manos.
- Adiós. Llámame cuando puedas y mucha suerte - me despedí mientras le soltaba la mano.
- Hasta pronto - rió alejándose.
Le miré fijamente hasta que se fue por completo.
Cerré la puerta y volví a mi cuarto. Me tumbé deseando volver a quedarme dormido.
Noté que esto ya lo había vivido antes.
No sabéis lo duro que es pensar que recuperaste a un amigo y que en unos segundos...lo vuelvas a perder...
Narra Coque:
Desperté por la mañana. Me di cuenta de que ayer me quedé profundamente dormido esperando la rellamada de Érica. Me peiné y me pusé una camiseta de tiras, unos pantalones vaqueros y unas zapatillas negras.
Bajé a la cocina, desayuné y más tarde decidí irme a la sala a ver la tele o jugar un rato a la Play. Nada más entrar, vislumbré a Jess dormida aún en el sofá central. Me acerqué a ella sonriendo y pellizqué sus mofletes intentando despertarle.
- Despierta dormilona - grité riendo.
Acaricié su mejilla al mismo tiempo que estiraba sus extremidades y abría los ojos con timidez.
- ¿Qué haces? - me miró fijamente bostezando.
- Intento despertarte.
- ¿He dormido aquí toda la noche? - preguntó nerviosa.
- Si - me fijé en su vestuario. Seguía con ese hermoso vestido ceñido a su cuerpo - Oye, necesito hablar contigo.
- Así que, ahora quieres hablar... - se irguió sin dirigirme la mirada.
- Si - susurré.
- No tengo nada de qué hablar contigo - se marchó pero antes de hacerlo le agarré de la muñeca. Se paró en seco y me miró fijamente.
- Por favor. Tenemos que aclarar esto - intenté hacerle entrar en razón.
- No, no tengo nada de que hablar contigo - se soltó de mi mano y salió enfurecida de la sala.
Me senté en el sofá y miré hacia el techo enfurecido. Crucé los brazos y encendí la televisión.
Narra Jessy:
No pensé en mis palabras. De verdad, deseaba aclarar mis cosas con él y no entendía porque de mi boca salieron esas palabras.
Había perdido mi oportunidad de arreglar todo con él. Tal vez, fuera lo mejor que podía hacer aunque no estoy completamente segura.
Accedí a mi habitación y rebusqué en mi armario la ropa adecuada para cambiarme.
Me desmaquillé de ayer y luego me volví a maquillar.
Me pusé un pantalón corto, un top corto que dejaba mi tripa a la vista y unos zapatos de tacón blancos.
Narra Miriam:
Me desperté gracias a la alarma del móvil. Bajé a desayunar aún en pijama pero al darme cuenta de que Coque se encontraba en el salón, decidí hablar con él.
- Buenos días. Quería agradecerte lo de Brandon - me senté a su lado mientras el mantenía la cabeza baja e ignoraba mis palabras - ¿Pasa algo? Te veo... cabizbajo.
- Tranquila, estoy bien - me miró sin cambiar su expresión.
- Coque, soy tu hermana. Te conozco como a la palma de mi mano. No intentes mentirme ni mucho menos - amenacé.
- Estoy bien - repitió con cierta frialdad.
- ¿Seguro? - volví a asegurarme.
- Que si - afirmó poniendo los ojos en blanco.
Bajé la mirada sin pronunciar palabra.
- Brandon... ¿Se fue? - preguntó cambiando de tema.
- Si. Vuelve a New York - desvié la mirada y al levantarla, Coque me abrazó como consolándome.
- Tranquila, volverá. Ya verás - me tranquilizó dejándome respirar.
- Lo sé pero esto me recordó la despedida anterior.
- Volverá.
- Ya - intenté sonreír.
- Todo desaparece y no puedes hacer nada, solo esperar a que se solucione - intentó calmarme.
El silencio volvió a inundar la sala. Me separé de Coque mientras observaba el televisor e intentaba olvidar.
- Va - me erguí - Voy a intentar cumplir mi sueño como él está cumpliendo el suyo.
- Bien - rió.
- Que te iba a decir... - pensé - ¿Puedes llevarme a Fresser? - pregunté.
- ¿Fresser? ¿La tienda de automóviles? ¿Por? - me miró extrañado.
- Hace casi un año que me saqué el carnet de conducir y necesito independizarme. El coche es prácticamente imprescindible para recorrer las grandes ciudades principales. Además, quiero poseer algo que esté a mi nombre. Estoy harta de que papá y mamá nos presten dinero para comprar nuestras cosas. Quiero pagarlo con mi propio dinero - expliqué.
- Está bien. Me parece justo - mencionó.
- Entonces... ¿me acompañas? - sonreí con emoción.
- Ve a cambiarte - rió irguiendose.
Asentí y accedí a mi cuarto.
Me pusé una camisa,una falda negra corta y unos botines rosas a juego con un bolso rosita.
Narra Coque:
Decidí llamar a Érica para desconectar un poco de todo lo ocurrido y olvidarme de Jessy. Tenía que alejarme de ella o todo esto tendría un final infeliz. Érica no respondió. Me imaginé que ya se habría ido a dormir.
DÍA: 2 DE AGOSTO
Narra Miriam:
Me levanté por la mañana. Bueno, la verdad es que me había pasado la noche en vela hablando con Brandon.
Recordé todo lo de ayer: Los aplausos, las 10.000 personas que bailaban con nuestra música y Dani me ofreció su número de teléfono. Cumpliría mi sueño y me alistaría en las clases de canto.
Sus palabras fueron fabulosas. Me dijo que tenía una voz preciosa y que merecía ser escuchada por millones de personas. Nunca me habían dicho nada parecido.
Me alegré muchísimo pero me dió pena que mis amigas no pudieran acompañarme en mi gran aventura.
Me despedí de Brandon ya que no le volvería a ver porque tenía que hacer las maletas y le gustaría dar una vuelta por la ciudad.
Normal, después de pasar cuatro años en Londres... supongo que le gustaría volver a recordar la ciudad.
Salimos del cuarto y nos dirigimos a la entrada. Abrí la puerta principal.
- ¿Seguro que no quieres desayunar? - me preocupé.
- No, tranquila. El hotel se encuentra justo al lado.
- Ya. Supongo que esto es un adiós.
- Otra vez.
Lo siento Miriam. Yo... me quedaría aquí pero mi sueño me espera en New York - sonrió.
- No es culpa tuya. Soy yo que no aguanto estas cosas.
No pude evitar que unas lágrimas cayeran por mi mejilla y yo no soy de expresar mis sentimientos.
Soy muy cerrada.
- ¡¡¡Eii!!! No me llores - sonrió secándome las lágrimas con la palma de su mano.
- Te llamaré te lo prometo e intentaré ir a uno de tus conciertos.
Cuando empieces con las giras claro.
- Aún falta mucho si es que sucede - bajé la mirada sonriendo.
- Oye Miriam, siempre serás mi mejor amiga y la que siempre estuvo a mi lado, apoyándome y acompañándome en mi carrera musical. Nunca me olvidaré de ti y lo sabes.
- Lo sé pero no quiero que te vallas - le agarré de la mano sin darme cuenta.
- Esto no es un hasta nunca es un hasta pronto - sonrió mirándome.
- Ya. Cuídate - me abrazó fuertemente dándome dos besos en ambas mejillas.
Sonreí separándome de él y volviendo a agarrarle de las manos.
- Adiós. Llámame cuando puedas y mucha suerte - me despedí mientras le soltaba la mano.
- Hasta pronto - rió alejándose.
Le miré fijamente hasta que se fue por completo.
BRANDON:
Noté que esto ya lo había vivido antes.
No sabéis lo duro que es pensar que recuperaste a un amigo y que en unos segundos...lo vuelvas a perder...
Narra Coque:
Desperté por la mañana. Me di cuenta de que ayer me quedé profundamente dormido esperando la rellamada de Érica. Me peiné y me pusé una camiseta de tiras, unos pantalones vaqueros y unas zapatillas negras.
Bajé a la cocina, desayuné y más tarde decidí irme a la sala a ver la tele o jugar un rato a la Play. Nada más entrar, vislumbré a Jess dormida aún en el sofá central. Me acerqué a ella sonriendo y pellizqué sus mofletes intentando despertarle.
- Despierta dormilona - grité riendo.
Acaricié su mejilla al mismo tiempo que estiraba sus extremidades y abría los ojos con timidez.
- ¿Qué haces? - me miró fijamente bostezando.
- Intento despertarte.
- ¿He dormido aquí toda la noche? - preguntó nerviosa.
- Si - me fijé en su vestuario. Seguía con ese hermoso vestido ceñido a su cuerpo - Oye, necesito hablar contigo.
- Así que, ahora quieres hablar... - se irguió sin dirigirme la mirada.
- Si - susurré.
- No tengo nada de qué hablar contigo - se marchó pero antes de hacerlo le agarré de la muñeca. Se paró en seco y me miró fijamente.
- Por favor. Tenemos que aclarar esto - intenté hacerle entrar en razón.
- No, no tengo nada de que hablar contigo - se soltó de mi mano y salió enfurecida de la sala.
Me senté en el sofá y miré hacia el techo enfurecido. Crucé los brazos y encendí la televisión.
Narra Jessy:
No pensé en mis palabras. De verdad, deseaba aclarar mis cosas con él y no entendía porque de mi boca salieron esas palabras.
Había perdido mi oportunidad de arreglar todo con él. Tal vez, fuera lo mejor que podía hacer aunque no estoy completamente segura.
Accedí a mi habitación y rebusqué en mi armario la ropa adecuada para cambiarme.
Me desmaquillé de ayer y luego me volví a maquillar.
Me pusé un pantalón corto, un top corto que dejaba mi tripa a la vista y unos zapatos de tacón blancos.
Narra Miriam:
Me desperté gracias a la alarma del móvil. Bajé a desayunar aún en pijama pero al darme cuenta de que Coque se encontraba en el salón, decidí hablar con él.
- Buenos días. Quería agradecerte lo de Brandon - me senté a su lado mientras el mantenía la cabeza baja e ignoraba mis palabras - ¿Pasa algo? Te veo... cabizbajo.
- Tranquila, estoy bien - me miró sin cambiar su expresión.
- Coque, soy tu hermana. Te conozco como a la palma de mi mano. No intentes mentirme ni mucho menos - amenacé.
- Estoy bien - repitió con cierta frialdad.
- ¿Seguro? - volví a asegurarme.
- Que si - afirmó poniendo los ojos en blanco.
Bajé la mirada sin pronunciar palabra.
- Brandon... ¿Se fue? - preguntó cambiando de tema.
- Si. Vuelve a New York - desvié la mirada y al levantarla, Coque me abrazó como consolándome.
- Tranquila, volverá. Ya verás - me tranquilizó dejándome respirar.
- Lo sé pero esto me recordó la despedida anterior.
- Volverá.
- Ya - intenté sonreír.
- Todo desaparece y no puedes hacer nada, solo esperar a que se solucione - intentó calmarme.
El silencio volvió a inundar la sala. Me separé de Coque mientras observaba el televisor e intentaba olvidar.
- Va - me erguí - Voy a intentar cumplir mi sueño como él está cumpliendo el suyo.
- Bien - rió.
- Que te iba a decir... - pensé - ¿Puedes llevarme a Fresser? - pregunté.
- ¿Fresser? ¿La tienda de automóviles? ¿Por? - me miró extrañado.
- Hace casi un año que me saqué el carnet de conducir y necesito independizarme. El coche es prácticamente imprescindible para recorrer las grandes ciudades principales. Además, quiero poseer algo que esté a mi nombre. Estoy harta de que papá y mamá nos presten dinero para comprar nuestras cosas. Quiero pagarlo con mi propio dinero - expliqué.
- Está bien. Me parece justo - mencionó.
- Entonces... ¿me acompañas? - sonreí con emoción.
- Ve a cambiarte - rió irguiendose.
Asentí y accedí a mi cuarto.
Me pusé una camisa,una falda negra corta y unos botines rosas a juego con un bolso rosita.
Narra Coque:
Nada más bajar Miriam por las escaleras, nos dirigimos a la salida y partimos hacia Fresser.
Al llegar, un hombre nos interrogó. Nos preguntó que marca estábamos buscando, que comodidades necesitábamos... Nos explicó más o menos el protocolo y al no tener una marca concreta, el chico decidió conducirnos por el local para enseñarnos algunos modelos de nuestro gusto pero a Miriam no le convencían. El chico hacía de todo para convencerla pero no le fue posible.
- ¿Qué busca exactamente? - sonrió el chico mientras contemplábamos un Fiat 500 que según él pensó que tendría alguna posibilidad.
- Necesito un coche moderno, cómodo, un monovolumen, rápido... No me importa lo que consuma.
- ¿Alguna preferencia imprescindible?
- Me encantaría que fuera de color rojo. Si es posible - sonrió.
- ¿Alguna preferencia imprescindible?
- Me encantaría que fuera de color rojo. Si es posible - sonrió.
- El nuevo Toyota que salió este año creo que les gustará.
Vengan por aquí - comenzó a caminar distraídamente.
Hasta que nos presentó el Toyota. Lo observamos de arriba a abajo mientras el chico se peinaba el pelo con la punta de sus dedos y proseguía su explicación.
- Este es el nuevo modelo, el auténtico Toyota Scion FR-S . Lo tenemos en blanco, rojo y negro - dimos vueltas a su alrededor y el muchacho nos mostró el interior del automóvil.
- Joder, ¡es relindo! - sonrió dando pequeños saltitos mientras aplaudía.
Se mordió el labio volviendo a clavar su mirada en él.
- ¿Es de su gusto? - sonrió el dependiente. Creo que por primera vez en toda nuestra visita.
- ¿Es de su gusto? - sonrió el dependiente. Creo que por primera vez en toda nuestra visita.
- Por supuesto - le devolvió Miriam la sonrisa.
- ¿Qué te parece?¿Te gusta? - anunció cogiéndome de la mano y clavando su mirada en mi expresión. Me quedé un rato callado inspecionando el auto - Di algo, me pones nerviosa - volvió a dar otro salto.
- Creo que es un coche muy lindo y súper apropiado para ti. Me gustaría saber más sobre él. No creo que todo sea tan perfecto - observé fijamente al muchacho que se encontraba a mi lado.
- Bueno, para vosotros es un auto ideal. Soys una pareja muy moderna y el coche resaltará vuestro estilo y elegancia - mencionó mientras introducía sus manos en ambos bolsillos.
- Me temo que se equivoca - sonrió Miriam - no somos novios sino hermanos.
- Perdonad, es que como os parecéis tanto y además, parecéis llevaros tan bien.
- Tranquilo. No es usted el único que se confunde, mucha gente lo hace - observé a ambos.
- Bueno. Como iba diciendo, el Toyota Scion FR-S les ofrece 2 cómodos asientos, motor Diesel, potencia:110 kW (150 CV y consumo de combustible:6,7l/100 km.(Combinado).
Además de ser completamente nuevo y mantener una garantía de 2 años.Y sobretodo el equipamiento del vehículo es muy completo y asombrante:
- Si, sin contratiempo - pronunció mientras mi hermana se levantaba y nos alejábamos un poco del despacho del muchacho.
- Haber... está realmente fenomenal. Es maravilloso y su equipamento ea realmente fantástico pero el precio se me va de las manos.
- Si, pero vale la pena.¿No? ¿Tienes el dinero suficiente? - su expresión corporal me dió a entender su respuesta.
- Si me rebajara el precio al menos un poco...
- susurró bajando la cabeza y jugueteando con los cordones de sus zapatos.
- Llámame para concertar la cena - rió mientras seguía mirándole.
- Por supuesto. Me gusta el tatuaje de mi muñeca - lo observó.
- Tengo que irme, mi hermano aguarda en la puerta - ambas centraron su mirada en mi y yo intenté mirar a otro lado haciéndome el distraído.
- Adiós. Gracias a ti por todo lo que he aprendido hoy con tus mini explicaciones - sonrió dirigiéndose a mi.
- ¿Qué...? ¿Qué haces? - me miró extrañado mientras inclinaba la cabeza hacia delante.
Volví a rodear su cuello con mis brazos mientras la distancia entre nosotros se acortaba.
- ¿Prometes no volver a robarme el móvil? - susurré al lado de su oído mientras mordía el lóbulo de su oreja. Coque se estremeció mientras cerraba los ojos lentamente. No obtuve respuesta y mis labios rozaron lentamente su cuello estirado. Me paré dándole un mordisco muy suave.
- Bueno, para vosotros es un auto ideal. Soys una pareja muy moderna y el coche resaltará vuestro estilo y elegancia - mencionó mientras introducía sus manos en ambos bolsillos.
- Me temo que se equivoca - sonrió Miriam - no somos novios sino hermanos.
- Perdonad, es que como os parecéis tanto y además, parecéis llevaros tan bien.
- Tranquilo. No es usted el único que se confunde, mucha gente lo hace - observé a ambos.
- Bueno. Como iba diciendo, el Toyota Scion FR-S les ofrece 2 cómodos asientos, motor Diesel, potencia:110 kW (150 CV y consumo de combustible:6,7l/100 km.(Combinado).
Además de ser completamente nuevo y mantener una garantía de 2 años.Y sobretodo el equipamiento del vehículo es muy completo y asombrante:
- ABS
- Airbag Acompañante
- Airbag Del Conductor
- Airbags Laterales
- Cierre Centralizado
- Climatizador
- Control De Velocidad
- Dirección Asistida
- Elevalunas eléctrico
- ESP
- Faros Antiniebla
- Inmovilizador
- Sensor de Lluvia
- Sistema de Escape
- Almoadilla de Tope
- Volante Multifuncion
- Techo Panoramico
- Las Marchas Son Manuales...
Nos empezó a contar todos loa materiales y elementos que contenía el auto y Miriam intentó fijarse en cada palabra que el hombre pronunciaba al mismo tiempo, yo observaba las manecillas del reloj mientras me apoyaba en el techo solar del Toyota intentado no quedarme profundamente dormido.
Creo que mantuvo una charla de una media hora intentando convencer a Miriam de la compra del vehículo. Por fin, después de séculos aguardando, el dependiente acabó su largo discurso ofreciéndole a Miriam la palabra.
- ¿Podemos dar una vuelta? - sonrió Miriam.
- Claro. Conduce usted - le lanzó las llaves del
auto desde el otro lado del mismo.
Miriam las cogió entre sus manos y se sonrojó.
- ¿A qué espera? Entre sin miedo - mencionó el chico ya acomodado en el asiento del copiloto - ¿Quiere venir usted también? - se dirigió a mi.
- No estaría mal - me aclopé en los asientos de atrás del automóvil.
Al fin, los tres en sus respectivos asientos nos
atamos los cinturones de seguridad y levantamos la mirada. Miriam apoyó ambas manos en el volante y recostó su espalda en el asiento. Parecía muy relajada.
- Bien. Ya puede comenzar. Quite el freno de mano y apriete el acelerador pero no mucho. Solo lo suficiente - le indicó las partes del auto. Ella asemejaba realmente concentrada y siguió los pasos que el vendedor le indicaba.
- Bien, ahora prosiga. Ya sabe que cuando pase de los veinte kilómetros por hora debe cambiar a la segunda marcha. El volante se maneja con facilidad girándolo en la dirección
que desee. Los tres pedales que mantiene bajo sus pies son muy prácticos. Los más utilizables son siempre el acelerador para aumentar la velocidas y el freno para reducir la velocidad. Acuerdesé de no frenar en seco, debe reducir poco a poco. El reproductor de música es muy fácil de utilizar. Puede añadirle su IPod para escuchar sus canciones favoritas; su móvil, su MP3, MP4, MP5... y sobre todo, puede acceder a la radio ain ninguna dificultad o insertar un CD en la ranura. Lo que usted desee. Debajo del volante, se encuentra un control para manejar el reproductor y los limpiaparabrisas.
Luego, al pulsar estos botones - anunció señalándolos podrá abrir el techo solar y bueno, el resto es pan comido. Si necesita cualquier cosa puede telefonearme sin ningún problema.
Creo que los tres meses de las clases para sacar el carnet de conducir que realizó Miriam, el dependiente lo había resumido a la perfección en 2,03 minutos.
Mi hermana sabía conducir, no necesitaba que ningún experto en la venta de automóviles se lo recordara. Comenzamos a avanzar por la general de Barcelona. El muchacho pulsó el botón del techo solar y la solapa se deslizó de inmediato trayendo en si la hermosa luz del sol.
Miriam no dejaba de sonreír mientras contemplaba al hombre de reojo.
- Esto es realmente fantástico - soltó cuando el chico la observaba desde su asiento con seguridad y una amplia sonrisa.
Transpasamos las carreteras principales y los numerosos árboles y la gran civilización desaparecieron por completo llevándonos a un extenso descampado.
- Bien, espero que hayáis disfrutado del viaje pero es hora de volver al establecimiento y realizar ciertos acuerdos - sonrió mientras juntaba ambas manos y las frotaba lentamente.
Miriam dió la vuelta y en pocos minutos llegamos al mismo lugar de antes.
Bajamos del automóvil aún sumidos en nuestra expléndida aventura.
- Decidme chicos, ¿qué os ha parecido? - noa preguntó mientras nos dirigiamos a su despacho por unos pasillos muy siniestros y opácos.
- Si, Por lo menos a mi me vuelve loca - rió emocionada mientras tomaba asiento - Solo necesito saber el valor del vehículo.
- Veinticinco mil.
Equipado y completo - sonrió al ver la reacción de Miriam.
- Bien, ¿podemos hablar un momentito? - preguntó Miriam señalándome.
- Si, sin contratiempo - pronunció mientras mi hermana se levantaba y nos alejábamos un poco del despacho del muchacho.
- Haber... está realmente fenomenal. Es maravilloso y su equipamento ea realmente fantástico pero el precio se me va de las manos.
- Si, pero vale la pena.¿No? ¿Tienes el dinero suficiente? - su expresión corporal me dió a entender su respuesta.
- Si me rebajara el precio al menos un poco...
- susurró bajando la cabeza y jugueteando con los cordones de sus zapatos.
- Eso sería soborno.
- Coque, no sabes la idea que me acabas de dar - se frotó la barbilla con el dedo índice.
- ¿El qué? - pregunté - ¡Miriam! - exclamé al ver que no mostraba el mínimo interés a mi llamada de atención. Se subió la falda, se acicaló el cabello y se desabrochó los dos primeros botones de su camisa.
- Ya verás - sonrió mientras regresaba al despacho del vendedor. Me acerqué a la entrada del despacho.
El muchacho debería de tener unos veinte y pico, no más. Parecía muy atrevido, simpático y moderno. No poseía un look como el resto de los dependientes que llevaban traje y corbata. Él mantenía una camisa celeste con las mangas subidas hasta el codo, unos pantalones ceñidos y rotos por las rodillas y unas zapatillas deportivas. En el bolsillo de la camisa se podía apreciar un pequeño cartelito con su nombre. Aún me había decantado en ese momento de ese pequeño detalle. Se llamaba "Derek Karev". Al contrario de su estilo para la ropa, su pelo se mantenía bien peinado y refinado. Tenía que reconocerlo, el chaval no estaba nada mal.
Derek, al verla volver, dejó de escribir en unas hojas y la miró fijamente.
- Has vuelto - tragó saliva - ¿Habéis tomado ya una decisión?
- Verás... El auto es perfecto pero tenemos un pequeño problema con el precio del mismo - apoyó ambas manos en el escritorio de su despacho.
- Entiendo - sonrió.
- Por cierto, ¿cómo te llamas? - le preguntó.
- Derek. Encantado - le ofreció la mano.
- Derek...Un nombre realmente precioso - rió devolviéndole el saludo - Yo soy Miriam.
- Miriam aún es más lindo - mantuvo por unos segundos la vista fija en su pecho.
- Oye Derek, ¿enserio trabajas aquí? - cambió de tema.
Asintió nervioso revolviéndose en su asiento.
- Eres un empleado, ¿no? - se sentó encima de la mesa del escritorio.
- No, soy el jefe del local - anunció entre abriendo los ojos.
- Vaya, no lo pareces - arqueó una ceja.
- ¿Por? - jugueteó con el bolígrafo que contenía en sus manos mientras se mordía el labio.
- No eres formal, serio... Pareces un chico muy agradable y simpático - sonrió.
- Tengo veintiseis años. No quiero ser un patético aburrido - se irguió poniéndose de pie, a la altura de Miriam.
He estado muy cerca. Ventiseis...
- Espero que no te moleste - bajó la mirada - pero los empleados encargados de convencer a la gente para comprar sus productos me parecen antipáticos y no sociales. A ti se te nota tu entusiasmo y joventud.
¿Dejará de una vez este estúpido juego? No conseguirá absolutamente nada.
- Todo lo contrario. Para mi es un verdaderp halago - rió mientras se disponía a rebuscar unos informes en la estantería pegada contra la pared del fondo.
Miriam le siguió y nada más coger los informes, Derek se encontró a mi hermana a su lado apoyada en la base de arriba justamente en la esquina de la estantería.
- Derek, me encantaría que me rebajases el precio del auto - susurró Miriam mientras manoseaba sus botones de la camisa.
- Derek, me encantaría que me rebajases el precio del auto - susurró Miriam mientras manoseaba sus botones de la camisa.
Derek le apartó la mano con brusquedad y su corazón comenzó a latir más velozmente.
- Lo siento, me resulta imposible - susurró volviendo a su sitio anterior y tomando unos apuntes. Se llevó el bolígrafo a la boca.
- Seguro que habrá alguna forma de poder cambiar eso - mi hermana mordió la tapa del bolígrafo al mismo tiempo que le arrebata el mismo de la boca.
- Me parece que no - se lo robó de las manos y continuó con lo de antes.
- ¿Mi chico favorito no puede mover unos cables para conseguirlo? - le guiñó un ojo mientras él volvía a dirigir su mirada a su pecho.
- ¿Estás... negociando? - bajó la mirada con una sonrisa maliciosa.
- Haré cualquier cosa que desees a cambio de
que me rebajes el precio del auto - se bajó de la mesa sonriendo.
- Veinticuatro mil y que no se hable más - levantó la mirada.
- Genial - rió mientrás apoyaba ambas manos
en el escritorio.
- A cambio de que la señorita me conceda una
cena en el restaurante más lujoso de la ciudad
- mencionó arqueando una ceja.
- Una cena y no lo consideres como una cita -le amenazó.
- Sin compromiso - meneó la cabeza expresando su negación.
- Y... ¿cuánto tiempo tendré que esperar hasta que lo tengan preparado? - cambió de tema.
- Más o menos una semana. Depende de como esté el formato fábrica. Luego, te avisaré. Pero... verás. Tengo todo el papeleo y solo necesito tu firma cuando vengas a recoger el auto pero también necesito tu número de teléfono para llamarte cuando este
listo - le explicó - Es una muy buena oferta. Entonces... ¿decides comprarlo?
- Por supuesto. Déjame un boli. Te apuntaré mi número - Derek le ofreció un bolígrafo y le indicó un pequeño espacio en una hoja de papel para anotarlo. Miriam, rechazó el papel y le cogió de la mano firmemente.
Se la agarró y justamente en la muñeca le dejó grabado a tinta azul su número de teléfono.
- No me gusta malgastar el papel. No es ecológico - le miró desde abajo soltándole la muñeca.
Se podía distinguir al lado del número un pequeño corazón dibujado desde otra perspectiva.
- Llámame para concertar la cena - rió mientras seguía mirándole.
- Por supuesto. Me gusta el tatuaje de mi muñeca - lo observó.
- Soy una auténtica artista, querido - se acomodó el cabello.
Derek asintió mordiéndose el labio discretamente.
- Tengo que irme, mi hermano aguarda en la puerta - ambas centraron su mirada en mi y yo intenté mirar a otro lado haciéndome el distraído.
- Hasta la próxima y gracias por su compra - sonrió volviendo a sentarse.
- Adiós. Gracias a ti por todo lo que he aprendido hoy con tus mini explicaciones - sonrió dirigiéndose a mi.
- Nada - nos observó y se despidió de Miriam meneando la mano de lado a lado hasta que salimos de su despacho. Recorrimos el establecimiento y salimos al aparcamiento.
- ¿Qué coño pasó allí? - miré fijamente a mi hermana con el ceño fruncido.
- Lo que acabas de contemplar querido hermano es el llamado soborno sexual. Y lo conseguí. Me bajó mil euros el valor del auto - sonrió abrochándose los dos botones de arriba de su camisa.
- Si, lo escuché. ¿Seguro que solo tratabas de sobornarle? - arqueé una ceja divertido.
Asintió.
- Haber... reconozco que es amable, simpático , tierno y está bastante bueno pero no - se explicó.
- Vale, vale. Había mucho feeling entre ustedes - sonreí.
- ¡Qué no! Pesado - me miró de reojo.
- Sigo realmente impresionado. Acabo de ver el ligoteo extremo de mi hermana - susurré apoyándome en el capó de mi auto.
- ¿Quieres cerrar el pico? - reprimió una entre sonrisa.
- Venga, nos vamos - sonreí subiendo al auto.
- Enserio... ¿Lo escuchaste todo? - se sentó en el asiento del copiloto mientras yo tomaba el volante entre mis manos.
- Todo y la verdad es que me hubieras enganchado hasta a mi - reí fuertemente.
- Dios, me siento ridícula - se llevó ambas manos al rostro intentando ocultar su cara.
- Hiciste bien. Conseguiste una oferta de mil euros. ¿Quién sería capaz de conseguir lo mismo?
- No sé... - se frotó la nuca preocupada.
- ¿Crees que me precipité al tomar la decisión? - se recostó en el asiento.
- Oye, nos cagamos en todo para buscar el coche perfecto para ti ya que ninguno te convencía lo suficiente y cuando por fin encontramos uno con tu aprobación... ¿piensas echarlo a perder? - la tranquilicé haciéndole entrar en razón.
- ¿Tú crees? - suspiró más relajada rozándome el brazo derecho.
- Deja de pensar en ello. Lo hecho, he hecho está. Además, si al recapacitarlo bien te llevas un chasco y piensas que tomaste una pésima decisión puedes o cargar con ello y pedir papas o hacerle una sesión erótica al jefe del establecimiento para que acceda a devolverte el dinero - le expliqué con naturalidad.
- Gillipollas - sonrió desviando la mirada hacia su ventanilla mientras avanzábamos por el centro de la ciudad.
- Fuiste tú la que me pediste mi opinión y eso es lo que pienso - le guiñé un ojo divertido.
Ella no respondió así que dimos nuestra conversación como finalizada.
Al coger uno de los callejones, en poco rato visualizamos nuestra casa desde lejos.
Nada más llegar, bajamos del auto, entramos en casa y Miriam rebuscó a Jessy para contarle lo ocurrido. Las dejé charlar a solas en el salón y me dirigí a la cocina.
Saqué el móvil del bolsillo de mi pantalón y rebusqué mi historial de llamadas.
Nada. Érica no me había telefoneado ni una sola vez desde ayer. Esto comenzaba a preocuparme. Me apoyé en la encimera nervioso con los brazos cruzados cuando detrás mía sentí una pequeña vibración que despertó mis sentidos.
Me volteé y observé el móvil de Jessy justo detrás de mi espalda a un palmo de ser aplastado por mi trasero. El móvil volvió a sonar.
Miré a ambos lados y sonreí intencionadamente. Rápidamente cogí el móvil y abrí la pantalla.
Abrí el WhatsApp y vi que tenía dos mensajes: uno de Pris y otro de James.
Antes de nada, abrí el chat de James:
[ 02/08/2010; 18:45] James :-) : Jessy, necesito volver a verte.
La rabia recorrió mis sentidos. Maldito hijo de puta. ¿Es qué no entendía que ella no quería saber nada más de él?
Cogí el móvil entre mis manos y pulsé la pantalla para responderle:
[ 02/08/2010; 18:47] Jessica ♡: Hijo de perra,
no quiero saber nada más de ti. ADIÓS
Le bloqueé borrando la conversación y accedí a la página principal para visualizar el mensaje que le envió Pris:
[ 02/08/2010; 18:51] Pris: De verdad, no entiendo porque sigues enamorada de él. Si de verdad le quieres debes decírselo cuanto antes.
Una gran intriga invadió mis sentidos. Mierda, los mensajes anteriores se encontraban eliminados y en la pantalla del chat solo se podía apreciar el whatsapp enviado por la amiga de Jessy.
Volví a responderle.
[ 02/08/2010; 18:53] Jessica ♡: ¿De quién estás hablando? ¿A quién debo decírselo?
Pulsé enviar y aguardé con el móvil en mis manos a la respuesta de Pris.
Jess enamorada. Esto era nuevo.
Narra Jessy:
Miriam me contó todo lo ocurrido durante las horas anteriores. Yo le escuché con curiosidad y finalmente, cuando ella fue a cambiarse, yo decidí volver a la cocina a por mi móvil. Me lo había olvidado en la encimera mientras preparaba la comida.
Nada más entrar vi a Coque con mi móvil en sus manos. Él me observó y bajó la mirada ignorándome. Me acerqué rápidamente a él.
- ¿Qué coño estás haciendo? - me dirigí a él.
- ¿Es que no lo ves? Estoy respondiendo a tu nombre - levantó la mirada embozando una sonrisa.
- Trae, no permitiré que cojas mis cosas sin permiso. No es justo - se lo arrebaté de las manos. Y vi el mensaje de Pris y el que él envió a mi nombre.
Mi corazón aumentó su ritmo cardíaco. ¿De verdad Coque se había enterado de mis sentimientos hacia él?
- Te recuerdo que hace tan solo unas semanas tú eras la que tenías mi móvil en tus manos - levantó el tono de voz. Le robé el móvil de las manos.
- Pero esto es diferente. Yo no llegué a falsificar tu nombre respondiendo en tu lugar pero tú si - le señalé explicándome.
- Tienes razón. Es muy diferente. Tú lo hiciste por puro recelo en cambio, yo lo hice por venganza. Aunque lo intente no tengo tan mal corazón como tú y aunque te disculpes o intentes justificarlo no servirá de nada porque las palabras son simples pero el corazón es más complicado de entender.
¿Por qué siempre me hacía sentir mal? Sentí como unas lágrimas recorrían mis mejillas y rozaban mis manos.
- Gracias Coque. Por fin, me has mostrado lo que en verdad piensas sobre mi. Gracias - mis manos se debilitaron y sin ni siquiera parar para mirar su expresión, aceleré el paso, me volteé y subí las escaleras corriendo. Me encerré en el cuarto de baño pero no me acordé de poner el pestillo.
Escuché sus pasos acercarse cada vez más.
Extragí un clines de la caja de pañuelos y me apoyé en la pileta contemplando mi rostro en el espejo frontal.
La puerta se abrió lentamente y Coque se mantuvió de pie observándome.
Yo seguí contemplando mi reflejo en el espejo
mientras él buscaba por mi parte la respuesta a su mirada. El espejo era como un medio de comunicación para él pero sin respuesta.
- ¿Por qué aunque quiera odiarte o separarme de ti siempre existe algo que me impide hacerlo? -susurró y al no obtener respuesta continuó hablando - No sé porqué no intentamos llevarnos bien. Está claro que ninguno de nosotros puede vivir sin el otro.
Lo único que sé es que realmente necesito que formes parte de mi vida. Tú me haces ver más allá de la realidad, me haces comprender que la felicidad se encuentra cuando deja de buscarse. Te conozco hace apenas un mes pero me he dado cuenta de que de verdad eres mi alma gemela. Quiero pedirte perdón porque en verdad tú no debes disculparte si no yo. Prácticamente no hubiera pasado todo esto si te dijera que estabas perdonada desde el minuto cero porque en verdad era cierto. Soy un lerdo egoísta pero que es incapaz de ver a una dulce dama sollozar sin derrumbarse y sentir compasión por ella.
Me giré mirándolo. Encontrando las palabras perfectas para soltarlas en ese preciso momento.
- Álvaro Fernández, lo que acabo de escuchar son las palabras más bonitas que me han dicho en mis dieciocho años de vida - las lágrimas que recorren mis mofletes ya no son de tristeza sino que son producto de la felicidad que sentía en ese preciso momento.
Se mantuvo inmóvil rebuscando en el bolsillo de su pantalón. Fue acercándose a mi poco a poco y finalmente, extrajo del bolsillo derecho la otra mitad del corazón del colgante que me regaló por mi cumpleaños. Cuando se encontraba lo suficientemente cerca de mi, le agarré con mis manos y él me mostró el colgante. Luego, lo estrujó entre sus manos y yo le señalé mi pecho. Coque me miró arqueando una ceja. Observó el pequeño artilugio que colgaba de mi pecho. Agarró mi colgante con sus dedos índice y anular y los sostuvo mientras me rozaba el pecho levemente. Lo mantuvo inmóvil a su altura y mostró de nuevo el colgante que contenía en su mano. Finalmente, los unió y sonrió con cariño mirándome fijamente para ver mi expresión.
- Esto es un para siempre. Mi corazón es tuyo pero tu corazón me pertenece - me soltó de la mano para poder colocarse la otra mitad de mi colgante. La cadena del colgante rodeó su cuello firmemente. Mi otro colgante volvió a su lugar.
-No quiero volver a perderte - susurré mientras él me abrazaba y yo entrelazaba mis brazos alrededor de su nuca. Lloraba en su hombro sin poder evitarlo.
Me separé de él y le miré con dulzura.
Justamente en ese momento, mi móvil vibró. Coque lo sacó de su bolsillo izquierdo y lo abrió.
Yo me precipité para atraparlo pero él al darse cuenta de lo que iba a hacer, sonrió escondiéndolo detrás de su espalda.
- Trae - le susurré extendiendo la mano. Él, negó con la cabeza relamiéndose los labios - Te he dicho que me lo des - volví a mencionar mientras mis labios fruncían una línea fina.
- ¿Quién te gusta? No será James, ¿verdad? - mencionó frunciendo el ceño.
- Te he dicho mil veces que él no me atrae - puse los ojos en blanco. Me encantaría soltarle: pero tú si me atraes.
- Entonces... ¿quién? - sonrió mostrando mi móvil.
- Está más cerca de lo que crees - bajé la mirada sonrojada mientras apartaba un mechón de pelo de mi rostro.
- Pero dímelo. Quiero escucharlo de tu boca - me levantó con el pulgar de su mano derecha la barbilla para mirarle. Mierda, ahora si que me pondría colorada como un tomate.
Reaccioné rodeándole la cintura con ambos brazos. Coque me observó sonrojándose y se acercó a mis labios con lentitud mientras acariciaba mi mejilla. Rozó mis labios a apenas unos milímetros y yo me abalancé para arrebatarle mi móvil y comencé a correr saliendo del baño y bajando las escaleras principales. Me resguardé en la cocina y como tenía hambre rebusqué en el frigorífico una tetilla de queso fresco. Al no encontrarla, cerré la puerta del mismo, me di la vuelta y me sobresalté omitiendo un grito.
Coque se encontraba detrás de mi con ambas manos en los bolsillos mientras jugueteaba con sus labios. Los mordía, los lamía, los fruncía y volvía al comienzo.
- Mierda, ¿sabes el susto que me has dado? - suspiré aliviada poniendo la palma derecha sobre mi pecho.
Justamente en ese momento, mi móvil vibró. Coque lo sacó de su bolsillo izquierdo y lo abrió.
Yo me precipité para atraparlo pero él al darse cuenta de lo que iba a hacer, sonrió escondiéndolo detrás de su espalda.
- Trae - le susurré extendiendo la mano. Él, negó con la cabeza relamiéndose los labios - Te he dicho que me lo des - volví a mencionar mientras mis labios fruncían una línea fina.
- ¿Quién te gusta? No será James, ¿verdad? - mencionó frunciendo el ceño.
- Te he dicho mil veces que él no me atrae - puse los ojos en blanco. Me encantaría soltarle: pero tú si me atraes.
- Entonces... ¿quién? - sonrió mostrando mi móvil.
- Está más cerca de lo que crees - bajé la mirada sonrojada mientras apartaba un mechón de pelo de mi rostro.
- Pero dímelo. Quiero escucharlo de tu boca - me levantó con el pulgar de su mano derecha la barbilla para mirarle. Mierda, ahora si que me pondría colorada como un tomate.
Reaccioné rodeándole la cintura con ambos brazos. Coque me observó sonrojándose y se acercó a mis labios con lentitud mientras acariciaba mi mejilla. Rozó mis labios a apenas unos milímetros y yo me abalancé para arrebatarle mi móvil y comencé a correr saliendo del baño y bajando las escaleras principales. Me resguardé en la cocina y como tenía hambre rebusqué en el frigorífico una tetilla de queso fresco. Al no encontrarla, cerré la puerta del mismo, me di la vuelta y me sobresalté omitiendo un grito.
Coque se encontraba detrás de mi con ambas manos en los bolsillos mientras jugueteaba con sus labios. Los mordía, los lamía, los fruncía y volvía al comienzo.
- Mierda, ¿sabes el susto que me has dado? - suspiré aliviada poniendo la palma derecha sobre mi pecho.
- Perdón, no pretendía asustarte. Solo... - se acercó lentamente a mi con los brazos detrás de la espalda - ... robarte el móvil - susurró mientras lo cogía del bolsillo trasero de mi pantalón.
Se volteó y abrió la pantalla. Aprovechando que se encontraba de espaldas salté acorralando y enrollando mis brazos alrededor de su cuello. Al mismo tiempo, mis piernas rodearon su cintura.
- ¡¡¡Bájate!!! Pesas un quintal - gritó mientras intentaba librarse de mi.
- Espera, tengo que hacer algo antes - le arrebaté el móvil de sus manos y cuando iba a bajar, Coque me agarró de los brazos volteándose. Me elevó en el aire y yo ante un impulso me agarré con fuerza a sus hombros para no caerme. Me rodeó la cintura con sus brazos.
- Te atrapé así que devuélveme el móvil o tendrás graves problemas - mencionó haciendo una mueca.
- Te juro que o me sueltas o grito - enrollé mis piernas a su cadera mientras lo agarraba por la nuca. Él me tenía sujetada con fuerza - ¡¡¡Socor...!!! - antes de dejarme acabar la palabra me tapó la boca con la mano derecha. Yo se la mordí para poder huír.
- Está bien, te liberaré - caminó hasta la encimera y me apoyó en la misma. Yo aún seguía tomándolo por los hombros. Mi trasero estaba apoyado en la encimera y mis piernas se encontraban a la altura de sus rodillas colgando.
Me agarró por la cintura mirándome fijamente a los ojos.
- Jess, si no me sueltas... - pusé el dedo índice entre sus labios evitando que continuara hablando.
Se volteó y abrió la pantalla. Aprovechando que se encontraba de espaldas salté acorralando y enrollando mis brazos alrededor de su cuello. Al mismo tiempo, mis piernas rodearon su cintura.
- ¡¡¡Bájate!!! Pesas un quintal - gritó mientras intentaba librarse de mi.
- Espera, tengo que hacer algo antes - le arrebaté el móvil de sus manos y cuando iba a bajar, Coque me agarró de los brazos volteándose. Me elevó en el aire y yo ante un impulso me agarré con fuerza a sus hombros para no caerme. Me rodeó la cintura con sus brazos.
- Te atrapé así que devuélveme el móvil o tendrás graves problemas - mencionó haciendo una mueca.
- Te juro que o me sueltas o grito - enrollé mis piernas a su cadera mientras lo agarraba por la nuca. Él me tenía sujetada con fuerza - ¡¡¡Socor...!!! - antes de dejarme acabar la palabra me tapó la boca con la mano derecha. Yo se la mordí para poder huír.
- Está bien, te liberaré - caminó hasta la encimera y me apoyó en la misma. Yo aún seguía tomándolo por los hombros. Mi trasero estaba apoyado en la encimera y mis piernas se encontraban a la altura de sus rodillas colgando.
Me agarró por la cintura mirándome fijamente a los ojos.
- Jess, si no me sueltas... - pusé el dedo índice entre sus labios evitando que continuara hablando.
- Cierra el pico - arqueé una ceja mientras me mordía el labio y llevaba mis manos por su torso hasta rozar sus ambas mejillas.
- ¿Qué...? ¿Qué haces? - me miró extrañado mientras inclinaba la cabeza hacia delante.
Volví a rodear su cuello con mis brazos mientras la distancia entre nosotros se acortaba.
- ¿Prometes no volver a robarme el móvil? - susurré al lado de su oído mientras mordía el lóbulo de su oreja. Coque se estremeció mientras cerraba los ojos lentamente. No obtuve respuesta y mis labios rozaron lentamente su cuello estirado. Me paré dándole un mordisco muy suave.
Parpadeó observándome de reojo con los labios fruncidos y bastante tenso bajando ambas manos hacia mi trasero. Me acarició mientras yo lamía su barbilla hasta llegar a sus labios. Eran unos pocos milímetros los que separaban mi lengua de sus labios. Lamí su boca sin llegar a besarla pero él reaccionó asomando su lengua. Ambas comenzaron a juguetear entre si sin ser besadas. Sonreí cuando ...
Narra Miriam:
Me encontraba en mi cuarto tumbada recapacitando de nuevo mi decisión. ¿Enserio había elegido bien? No lo sé. Al mismo tiempo, me sentía ridícula ante el momento anterior con Derek.
En verdad, ¿queréis saber como es Derek?
Ojos marrones llenos de sentimiento, pelo castaño bastante repeinado y facciones respectadas.
Reconozco que era lindo pero no creo que llegué a esos extremos de gustarme. Su físico era lo de menos, su carácter era el que debía descubrir.
Después de ducharme me puse: una blusa muy recargada de color blanco roto, una falda voluctuosa negra y unas bailarinas repletas de brillantina.
Me dejé el pelo suelto y me maquillé un poco con la sombra de los ojos.
Seguí pensando en Derek, tan siniestro, misterioso y elegante. ¿Me llamaría realmente? No creía que fuese cierto.
Recogí mi móvil y bajé las escaleras para dirigirme a la cocina.
Narra Coque:
Jess me agarraba por la nuca mientras entrelazaba sus piernas alrededor de mi cintura. Al principio no tenía ni idea de lo que pretendía hacer pero cuando se acercó más a mi lamiendo mi cuello, lo entendí perfectamente. Bajé mis manos a su trasero y mis manos se introducieron por dentro de sus shorts. Ella se puso nerviosa y lo único que pude hacer fue sonreír. Su piel se tensó y todo su cuerpo comenzó a temblar. Comencé a retozar con la tira de su tanga.
Me acerqué a su oído.
- Así que tanga, ¿ehh? - reí susurrándole. Sus mejillas se tiñeron de rojo y mientras lamía mi barbilla me entrometí rodeando su tanga e introduciendo mis dedos pulgar, índice y corazón en el interior de su tanga.
Soltó un leve gimido mientras proseguía a lamer mis labios con precisión. Me acerqué a su entrepierna mientras nuestras lenguas jugueteaban entre si. Decidí retirar la lengua para besarla cuando ...
... la puerta de la cocina se entre abrió.
Jess abrió los ojos e irguió la pierna con rapidez dándome un fuerte patadón en la entrepierna.
Me separé de ella y retiré mi mano de su trasero mientras me encogía asimilando el dolor que estaba sintiendo en esos momentos.
- ¿Qué estábais haciendo? - preguntó mi hermana asombrada mientras aparecía en la puerta de la cocina.
Intenté tragar mi dolor y abrí los ojos embozando una falsa sonrisa. Jessy y yo nos miramos mientras ella se ponía de mil colores.
- Es... es que me hice una pequeña herida en el marco de la puerta y Coque me la estaba revisando - anunció tartamudeando mientras me miraba frunciendo los labios.
Asentí.
- Si pero no es nada. Está bien - sonreí bajando la mirada.
Jess se bajó de la encimera dirigiéndose a la salida.
- Oye, Jessy. ¿has encontrado ya empleo? -la detuvió Miriam,
- Oh... no. He encontrado un anuncio que ofrecía un cargo como camarera. Creo que... pagan bien - mencionó haciendo una mueca.
- Espera, ¿camarera? - pregunté exaltado.
- Si, es lo único que encontré - se volteó mirándome forzosamente durante unos segundos. Se acomodó el pantalón corto relambiéndose los labios. Sonreí al pensar que debía de ser uno de los únicos chicos que debía de conocer la ropa interior de Jess por no decir el único.
Un montón de preguntas se acumularon en mi mente.
- Bueno, voy a ordenar el cuarto - se excusó.
- Si quieres te ayudo - mencioné. Necesitaba hablar con ella. La miré por encima del entrecejo con ojos brillantes.
- No, no hace falta. Gracias de todos modos - me miró desafiante.
- Bueno, yo he quedado con Paul y Melinda - interrumpió Miriam - Volveré a eso de la medianoche. Hasta luego - volvió a mencionar Miriam
- ¿Vas a dejarnos solos? - preguntó Jessy tragando saliva al mismo tiempo que la agarraba del brazo.
- Si, ¿por? Coque no muerde - sonrió Miriam.
- Eso no lo veo tan claro - se mostró bajando la mirada.
- ¿Te mordí alguna vez? - incliné la cabeza mordiéndome el labio inferior.
- No me hagas hablar - frunció los labios encogiendo los mofletes.
Me relamí la boca frotándome la nuca mientras le miraba fijamente.
- Eres libre de decir lo que quieras - mencioné.
Miriam nos observaba a ambos confusa.
- Yo... debo irme o llegaré tarde - Miriam dio un beso en la mejilla a ambos y se despidió - Chao.
- Adiós - susurró Jessy.
- Hasta medianoche - la contemplé amenazante.
- Lo sé. Medianoche - se volteó sin mirarme y desapareció por la puerta.
Jessy observó la puerta principal, me acerqué a ella sigilosamente.
- Jess - la miré suplicante.
- Lo siento Coque. No tengo ganas de hablar ahora mismo - evitó rozarse conmigo y se incorporó intentando dejar los nervios atrás.
- Está bien. Lo entiendo. Pero recuerda que tenemos una conversación pendiente - elevé las pupilas perdiéndome en su mirada.
- Okey - se volteó subiendo las escaleras con reprimiento. Aún después de lo ocurrido, Jess seguía temblando.
Contemplé sus posaderas, daría lo que fuese por volver a rozarlas y tenerlas entre mis manos.
Ya tenía otra cosa para burlarme de Jessy. Sus tangas.
Reí acicalándome el pelo cuando ella se desvaneció de mi vista. Me dirigí al salón y me recosté en el sofá con la panza para arriba. Pusé el FIFA 2010 y me entretení durante horas jugando solo...
Me encontraba en mi cuarto tumbada recapacitando de nuevo mi decisión. ¿Enserio había elegido bien? No lo sé. Al mismo tiempo, me sentía ridícula ante el momento anterior con Derek.
En verdad, ¿queréis saber como es Derek?
Ojos marrones llenos de sentimiento, pelo castaño bastante repeinado y facciones respectadas.
DEREK:
Reconozco que era lindo pero no creo que llegué a esos extremos de gustarme. Su físico era lo de menos, su carácter era el que debía descubrir.
Después de ducharme me puse: una blusa muy recargada de color blanco roto, una falda voluctuosa negra y unas bailarinas repletas de brillantina.
Me dejé el pelo suelto y me maquillé un poco con la sombra de los ojos.
Seguí pensando en Derek, tan siniestro, misterioso y elegante. ¿Me llamaría realmente? No creía que fuese cierto.
Recogí mi móvil y bajé las escaleras para dirigirme a la cocina.
Narra Coque:
Jess me agarraba por la nuca mientras entrelazaba sus piernas alrededor de mi cintura. Al principio no tenía ni idea de lo que pretendía hacer pero cuando se acercó más a mi lamiendo mi cuello, lo entendí perfectamente. Bajé mis manos a su trasero y mis manos se introducieron por dentro de sus shorts. Ella se puso nerviosa y lo único que pude hacer fue sonreír. Su piel se tensó y todo su cuerpo comenzó a temblar. Comencé a retozar con la tira de su tanga.
Me acerqué a su oído.
- Así que tanga, ¿ehh? - reí susurrándole. Sus mejillas se tiñeron de rojo y mientras lamía mi barbilla me entrometí rodeando su tanga e introduciendo mis dedos pulgar, índice y corazón en el interior de su tanga.
Soltó un leve gimido mientras proseguía a lamer mis labios con precisión. Me acerqué a su entrepierna mientras nuestras lenguas jugueteaban entre si. Decidí retirar la lengua para besarla cuando ...
... la puerta de la cocina se entre abrió.
Jess abrió los ojos e irguió la pierna con rapidez dándome un fuerte patadón en la entrepierna.
Me separé de ella y retiré mi mano de su trasero mientras me encogía asimilando el dolor que estaba sintiendo en esos momentos.
- ¿Qué estábais haciendo? - preguntó mi hermana asombrada mientras aparecía en la puerta de la cocina.
Intenté tragar mi dolor y abrí los ojos embozando una falsa sonrisa. Jessy y yo nos miramos mientras ella se ponía de mil colores.
- Es... es que me hice una pequeña herida en el marco de la puerta y Coque me la estaba revisando - anunció tartamudeando mientras me miraba frunciendo los labios.
Asentí.
- Si pero no es nada. Está bien - sonreí bajando la mirada.
- Oye, Jessy. ¿has encontrado ya empleo? -la detuvió Miriam,
- Oh... no. He encontrado un anuncio que ofrecía un cargo como camarera. Creo que... pagan bien - mencionó haciendo una mueca.
- Espera, ¿camarera? - pregunté exaltado.
- Si, es lo único que encontré - se volteó mirándome forzosamente durante unos segundos. Se acomodó el pantalón corto relambiéndose los labios. Sonreí al pensar que debía de ser uno de los únicos chicos que debía de conocer la ropa interior de Jess por no decir el único.
Un montón de preguntas se acumularon en mi mente.
- Bueno, voy a ordenar el cuarto - se excusó.
- Si quieres te ayudo - mencioné. Necesitaba hablar con ella. La miré por encima del entrecejo con ojos brillantes.
- No, no hace falta. Gracias de todos modos - me miró desafiante.
- Bueno, yo he quedado con Paul y Melinda - interrumpió Miriam - Volveré a eso de la medianoche. Hasta luego - volvió a mencionar Miriam
- ¿Vas a dejarnos solos? - preguntó Jessy tragando saliva al mismo tiempo que la agarraba del brazo.
- Si, ¿por? Coque no muerde - sonrió Miriam.
- Eso no lo veo tan claro - se mostró bajando la mirada.
- ¿Te mordí alguna vez? - incliné la cabeza mordiéndome el labio inferior.
- No me hagas hablar - frunció los labios encogiendo los mofletes.
Me relamí la boca frotándome la nuca mientras le miraba fijamente.
- Eres libre de decir lo que quieras - mencioné.
Miriam nos observaba a ambos confusa.
- Yo... debo irme o llegaré tarde - Miriam dio un beso en la mejilla a ambos y se despidió - Chao.
- Adiós - susurró Jessy.
- Hasta medianoche - la contemplé amenazante.
- Lo sé. Medianoche - se volteó sin mirarme y desapareció por la puerta.
Jessy observó la puerta principal, me acerqué a ella sigilosamente.
- Jess - la miré suplicante.
- Lo siento Coque. No tengo ganas de hablar ahora mismo - evitó rozarse conmigo y se incorporó intentando dejar los nervios atrás.
- Está bien. Lo entiendo. Pero recuerda que tenemos una conversación pendiente - elevé las pupilas perdiéndome en su mirada.
- Okey - se volteó subiendo las escaleras con reprimiento. Aún después de lo ocurrido, Jess seguía temblando.
Contemplé sus posaderas, daría lo que fuese por volver a rozarlas y tenerlas entre mis manos.
Ya tenía otra cosa para burlarme de Jessy. Sus tangas.
Reí acicalándome el pelo cuando ella se desvaneció de mi vista. Me dirigí al salón y me recosté en el sofá con la panza para arriba. Pusé el FIFA 2010 y me entretení durante horas jugando solo...



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Eres mala dejando asi la parte de coque y jessy -_- jajaja
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