lunes, 4 de mayo de 2015

CAPÍTULO 23: CARPE DIEM







DÍA: 8 DE AGOSTO











Narra Henry:


Las ganas de salir de allí pitando me consumieron. Ante el cabreo y las ganas indeseables de marcharme por la ridiculez que estaba sintiendo en mi interior. Enamorarme de una persona que no merecía ser querida ni merecía querer.
Eso era lo que le ocurría a esa chica, el egoísmo era tan influyente que no dejaba que sus sentimientos hacia los demás diesen fruto por ser visibles.
Al unísono, Eri no comprendía lo que realmente sentía hacia ella y como siguiese por este camino no lo entendería jamás.

Yo realmente no le importaba, era como una toallita de usar y tirar pero con sentimientos sacados a la luz que pasan desapercibidos.
¿Algún día lo comprendería?


Me dirigí a la cafetería del hospital dispuesto a olvidar lo ocurrido y a olvidarme al fin de ella.
Allí había quedado con Pris después de haber hablado con Coque.
Me apresuré, estaba tardando lo suficientemente como para que Pris se hartara y se fuera sin mí.


Recorrí los pasillos de cirugía con la esperanza de encontrar la salida. Vale, lo admito, me había perdido.
El centro sanitario era de un tamaño inmenso y ni siquiera sabía en que planta me encontraba. No se hallaban ventanales, el color blanco inundaba toda la planta y cada esquina que recorría parecía ser la misma que la anterior. Comencé a pensar que estaba recorriendo el mismo camino cientos y cientos de veces sin ni siquiera darme cuenta.
Las escaleras desaparecieron y apenas se encontraban enfermeras en la estancia.
Crucé la esquina que volvía a dar al mismo pasillo que recorrí hace unos miseros minutos, accidentalmente tropecé con una chica.

Levanté la mirada, parecía una chica joven de unos veinte y tantos. Sus ojos azules cielo destacaban bajo su melena de color castaño madera. Solo con verla aparentaba ser bastante amable y alegre. Lo que digamos una muy buena impresión.

Ella al encontrarse conmigo, derramó al suelo un lote de papeles escritos a pulso. Asemejaban apuntes.

- Lo siento, perdóneme - escondió su mirada bajo su flequillo, tal vez para no sentirse una imbécil trás una peculiar manera de conocernos.
Le sonreí para demostrarle confianza y dar una primera buena impresión.

- No...no te preocupes. La culpa es mía. Estaba pensando en mis cosas y me despiste - reconocí asumiendo mi error,

- No - sonrió - fue por mi culpa, me encontraba despistada buscando una habitación pero no sé si estoy en la planta adecuada.

Le ayudé a recoger los folios esparcidos por los alrededores.

- Si, la verdad es que esto es un gran laberinto. Es una pena que dejara la brújula en casa - arqueé una ceja divertido. Me miró al fin y ocultó su grata sorpresa.
Sonrió de inmediato y se levantó tímidamente.

- Gracias por ayudarme a recoger la Biblia - sonrió.

- Tantos papeles juntos es cierto que lo parece y tranquila, no es nada. Faltaría más ya que fue culpa mía - puso los ojos en blanco.

- Ya te dije que la culpable soy yo.

- ¿Sabes? Da igual quien fuera, lo importante es que ahora te conozco - le respondí guiñándole un ojo.

- ¿Intentas ligar conmigo, chico sin nombre? - me dedicó una sonrisa con picardía.

- Puede ser, tal vez. Por cierto, me llamo Henry.

- Yo Lola, encantada - después de sonreírle le dí un beso en la mejilla.

- Un nombre muy bonito para una chica muy bonita.

- Henry también es un nombre muy lindo - se sonrojó.

- Así que tienes genes argentinos... - sonreí bajando la mirada.

- Nací allí, me mude hace unos años. De ahí el acento - sonrió.

- Se te nota en la voz, Lola - bromeé.

- Puedes llamarme Loli si quieres jjajaj, guapo.

- ¿Guapo? ¿He escuchado bien? - me sorprendí.

- Es que no se que decir...me pones nerviosa - soltó un gemido.

- ¿Qué son todos estes papeles? - pregunté señalándolos.

- Tengo a mi abuela ingresada en el hospital y mis padres murieron cuando yo tenía tres años así que ella es la única que me cuida en estos momentos. Estos son los papeles del hospital - Escondió su rostro entre su melena de forma que no podía verla.

- Vaya, lo siento. No debí preguntar.

- ¿ A qué me ha salido una historia cojonuda? - levantó la mirada con una entre sonrisa.
Bajé la mirada para que no se escapará una carcajada.

- Capulla, y yo creyéndomelo- sonreí con picardía.

- Tu risa es contagiosa - se miró los nudillos - tengo a una amiga en el hospital y estos son los deberes de la universidad.

- ¿Tu vas a la uni? - pregunté sorprendido.

- No, es que su titor me los pasó para dárselos a ella.

- Ahh y, ¿cuántos años tienes? - pregunté con intriga.

- Tengo dieciocho y... ¿tu?

- Yo también, ¿coincidencia? - sonrió - ¿ y vives aquí?

- No, no vivo en un hospital.

- ¿ No me digas? - sarcasmo.

- Jaja, vivo en la calle Zahara, ha tres manzanas de aquí - me miró fijamente.

- Yo vivo en la calle Rutt.

- Vivimos cerca, ¿casualidad?

- Creo que es el destino - soneí - ¿y que le pasa a tu amiga? Perdona -
Soy muy preguntón lo sé, pero la curiosidad gana a la pesadez.

- Se llama Roxana y la operan hoy de apendicitis.

- Pues dile de mi parte que se recupere - le cogí de la mano sin darme cuenta.

- Oye, te invito a tomar una copa, por las molestias.

- No puedo, necesito encontrar la habitación de mi amiga.

- ¿ Te ayudo?

- Pero si tú también estás perdido - rió.

- Ya no porque te encontré a ti - me sonrojé.

- Vamos - me cogió de la mano sonriéndome.

Recorrimos la planta y por fin encontramos la salida. Unas escaleras escondidas detrás de unas puertas de cristal llevaban a la planta número seis.

- Roxi debe de encontrarse en la planta número diez.

- Mira, unos ascensores - señalé a la vez.

-Mmm...tienes buenos reflejos - me soltó la mano con picardía y se dirigió al ascensor.

Me quedé observándola, era muy... amable. Tenía algo...escondía algo detrás de esa sonrisa.

- ¿No vienes? - me miró fijamente.

- Jjja - la seguí y entré al ascensor a su lado, estaba lleno.

Nuestras miradas se cruzaron unos segundos, eso hizo que ella se sonrojase.

- Me resultas intimidante.

- Mmm... ¿tú crees? - las viejas nos miraban con recelo.

Lola se calló y hasta que no llegamos a la planta propuesta no abrió la boca, tal vez por la incomodidad de las señoras mirándonos. No la culpé. Yo sentí lo mismo.


- Veamos, estamos justo aquí - indicó mirando para el mapa del edificio.

- ¿Tenías un mapa pillina y no me lo dices? - fruncí el ceño.

- Ahh pero...¿no eras un experto en esto?

- Jajaj, te recuerdo que también estaba perdido.

- Según tú me encontraste y te volviste a encaminar - se sonrojó.

- Bueno... habitación número 456, veamos... - confuso miré el papel que tenía entre mis manos.

- No cambies de tema - me cogió de la barbilla para que la mirase.

- Se me hace tarde y...vamos - le cogí de la mano y seguimos buscando la habitación de su amiga.

Recorrimos los pasillos en busca de la puñetera habitación.

- La próxima vez dile a tu amiga que la ingresen en la primera planta.

- Ja, si claro - sonrío - ¡mira! Es aquí.

- Por fin.

- Bueno...esto es un adiós... - susurró bajando la mirada.

- Podemos quedar algún día...

- ¡Lolii! Valla, por fin has llegado - susurró una chica acomodada en la cama del hospital.

- Si, me he perdido y este chico me ha ayudado.

- Ohh - sonrió observándome.

- Encantado, me llamo Henry - me acerqué a la camilla.

- Yo soy Roxana.

- Bueno... Henry ya se iba.

- Me echas que es diferente.

- Jajaja, valla me caes bien - respondió Roxana - ¿os acabáis de conocer?

- Si, por desgracia - bromeó Loli.

- No digas eso mujer - respondió Roxana.

- Bueno... ya quedaremos, ¿ehh? - arqueé la ceja.

Cogió un boli y me agarró la mano. Me apuntó su número mientras la observaba con curiosidad.

- Ahora solo tienes que llamarme - me guiñó el ojo.

- Eso no lo dudes - sonreí mirando el garabato de mi mano izquierda.

- Hasta otra.

Le di un beso en la mejilla seguido de un abrazo y finalmente me despidí de Roxi al igual.

Salí por la puerta.

- ¡Espera!

- ¿Si? - me giré para mirarla detenidamente.

- Te olvidas de algo.

- ¿ El qué? - pregunté confundido.

- De esto - me cogió la cara con las dos manos y me plantó un corto beso que solo duro unos miseros segundos - ya puedes irte - se relamió los labios con mirada ardiente y entró en el cuarto.


- ¿Qué ha sido eso? - sonreí con satisfacción al escuchar las palabras de Roxana.


Yo asombrado, empecé a caminar con las manos en los bolsillos conforme con mi victoria.


Miré los nueve números escritos a tinta roja en mi mano, alcé la mirada y me adentré en el ascensor.
Me apoyé en la barra de atrás ya que el ascensor estaba completamente vacío.
Ya en el interior, pulsé la tecla de la planta principal y en pocos minutos me encontraba en la cafetería del hospital. Busqué con la mirada a Pris y me la encontré en la barra tomándose una CocaCola.
Me acerqué a ella con agilidad.

- Ya estoy aquí - dije rozándole el hombro.

- Joder, que susto.

- ¿Nos vamos? - insinué con dulzura.

- Si, ¿quieres tomar algo?

- No, gracias - sonrió.

- ¿Seguro? Invito yo - se levantó dejando el billete en la barra, no vi cuanto era.

- No quiero, gracias de todas formas - le cogí de la mano - venga vamos.

Nos fuimos corriendo hacía el coche de Pris y entramos en menos que canta un gallo. Cogimos la autopista y empezamos a charlar de lo ocurrido aunque no me apeteciera.

- ¿Estás pintado de barra de labios? - me cogió de la barbilla y me observó con destreza.

- ¿Yo? - pregunté finjiendo estar extrañado. Me limpié los labios.

- ¿Qué coño...?

- No es nada, luego te lo explico.

- Bueno...¿qué tal con Coque? - preguntó sin quitar ojo de la carretera, muy intrigada.

- No hubo beso por desgracia - sonreí.

- Bobo - puso los ojos en blanco.

- Le pedí perdón - miré mis nudillos.

- ¿Y? - me miró con recelo.

- Nada, no me perdona y con mucha razón - me rasqué el labio en modo de desilusión, como si supiera que ocurriría.

- Intentaré hablar con él - susurró con cariño, mirando a los alrededores.

- Gracias pero ni te esfuerces - suspiré y me acomodé - No quiero que te metas en líos por mi culpa.

- ¿Y tardaste tanto para que solo te diga que no te perdona?


- Me perdí, soy un auténtico desastre - la miré y noté en su mirada un cabreo acelerado.

Tal vez fuera por Coque, por Eri o tal vez fuera por mí.
Era un completo imbécil, me lo aconsejaron " no te acerques a Eri " y en esos instantes me encontraba entre la espada y la pared. Mi corazón se paró en seco y mi riego sanguíneo estaba en su recta final.
Estaba muriendo de amor por segundos...
¿Lola? Era una chica bastante...alegre pero no estaba preparado para olvidarme completamente de Érica y comenzar de cero.
Tenía por sentado que la olvidaría y se desvanecería de mi vida en una temporada pero mientras tanto debía sonreír y abstenerme de cualquier contacto directo con ella y sobretodo con Coque.
¿Cómo mirarle a la cara después de haberme acostado con su novia? Imposible.


- No te culpo - sonrió - el hospital es inmenso.

- He conocido a una chica y gracias a ella pude encontrar la salida.

- ¿Cómo se llamaba? - no quitaba los ojos de la carretera.

- Lola. Tenía la misma edad que yo y parecía una chica bastante agradable.
Hablamos y como los dos estábamos perdidos, nos ayudamos mutuamente. Ella buscaba la habitación de su amiga, la acompañe y luego regresé a la cafetería.

- ¿Nada más? ¿No quedásteis?

Le mostré mi mano, aún escrita. Ella me miró un segundo y comenzó a reírse descaradamente.

- Bien hecho, amigo.
Me sonrojé mientras observaba por la ventanilla del automóvil lo que ocurría a nuestro alrededor.

- He decidido olvidarme de Érica por completo. Me llevará algún tiempo, lo sé pero no demos falsas esperanzas antes de intentarlo. Coque y ella se desean de una forma bastante especial y cuando quieres tanto a una persona, debes dejarla marcharse...apartarse y dejarle ser feliz de la mejor forma posible - alzó la mirada sorprendida y pestañeó mientras intentaba entender lo que acababa de decirle. Ponerle sentido a las cosas.

- Me...asombra que por fin te hayas dado cuenta. Has tomado la mejor decisión de tu vida y te juro que no te arrepentirás de la decisión que acabas de confirmar.


Las palabras de Priscila, me dieron más fuerza para continuar mi camino y para entender la realidad que me rodeaba. Durante esos meses, estuve dentro de mi propia fantasía y he superado mis límites infranqueables. Era digno de mi propia vida y dejé de intentar cambiar mi propio destino. Lo acepté y no usé riendas, ni excusas a lo que me preparase el futuro.


No tenía nada más que decir...












Narra Pris:



No quería darle más vueltas al tema. Para mí estaba finiquitado, obsoleto y excluído. Todo el mundo hablaba de ello y de las razones de Henry por hacer lo que hizo. La pelea, los rencores, la inseguridad, el amor...todo es cosa de nuestro cerebro, esto realmente no existía. Si no le prestáramos atención a las cosas negativas de la vida podríamos ser realmente felices sin importarnos nada más.
Yo quería ser feliz, ¿quién no deseaba serlo?

En fin, acompañé a Henry a su casa. Él parecía inquieto, creo que me ocultaba algo pero tenía miedo de comentárselo por la reacción que podría presentar.
La pertinente idea que me venía a la cabeza era la posibilidad de que a Henry le pareciera Lola algo más que una simple chica amable y a la vez alegre.

- Hemos llegado.

- Gracias por traerme - anunció desabrochándose el cinturón de seguridad.
Bajé la mirada impulsivamente.

- ¿Llamarás a la chica de ojos azules? - alcé una ceja con precisión mostrándome lo más creíble posible.

- Supongo. No lo sé. ¿Por? - frunció el ceño.

- Creo que ha ocurrido algo más entre vosotros pero no quieres contármelo - rosmé en voz baja.

- ¿Por qué insinúas eso?

- No te veo como un chico con genes femeninos.

- ¿Femeninos? - repitió recalcando la palabra.

- ¿Rimel en los labios?

- Te fijas en lo que no te tienes que fijar.

- No has contestado a mi pregunta - abrí los ojos.

- Me besó.

- ¿Lola? - pronuncié con sorpresa.

- ¿Quién sino?

- ¿Ella a ti?

- Supongo que no sé... quiso dármelo en la mejilla y...pues se desvió - contestó no muy seguro de su respuesta.

- Claro - ironía pura y dura - le gustas - exclamé con emoción.

- NO - se sonrojó.

- ¿ Y a ti te gusta?

- No, tengo aún muy reciente lo de Érica, creéme - puso los ojos en blanco.

- Debes olvidarte de ella y de su nombre. Tienes que conocer a otras chicas y así te será más fácil olvidarte de Érica.

- ¿Por ejemplo?

Sonreí.

- No te hagas el gilipollas. ¿A quién va ser? A Lola - grité descarada.

Se separó y volvió a poner los ojos en blanco.

- Llámala, sólo llámala.
Debes intentarlo - expresé con emoción.

- ¿Por qué estás tan empeñada?

- Porque eres muy buena persona y te mereces a una chica que te quiera y que no esté comprometida con tu mejor amigo.

- Deberías dedicarte a pensar también en tu futuro.
¿ No tienes novio, no estás enamorada?

- El amor no llegó a mi puerta y si llegara ahora mismo, le daría pasaporte - sonreí..

- Estás cerrada, consumida - suspiró.

- No necesito que un chico me ahogue la fiesta y me destruya la vida.

- Valla definición tienes tú del amor - pestañeó.

- Es que he pasado por eso y no quiero que se vuelva a repetir. No se lo deseo a nadie.

Los ojos se me llenaron de lágrimas pero pensé que sería una ridiculez echarme a llorar en ese justo momento así que me las aguanté con cautela.

- Venga, llámala - sonreí forzosamente.

- Está bien - me miró sonriendo - la llamaré.

Se bajó del coche.

- Es verdad, ¿quieres pasar? - preguntó con dulzura.

- No, gracias. Tengo un trabajo que atender - ladeé la cabeza con negación.

- Siempre trabajando - puso los ojos en blanco dirigiéndose a la entrada de su vivienda.

- Llámala.

- Pesada - introdució la llave en la cerradura y giró el pomo de la puerta con facilidad.

- Jajaj, hasta mañana.

- Adiós y por cierto - me giré para mirarle mientras encendía el motor del coche - suerte y...no pienses que el amor no existe. Sólo debes encontrar a la persona adecuada y esperar a ser encontrada.

Asintió y sonrió.

Miré el volante y mientras escuchaba el sonido de la puerta al cerrarse, encendí la radio del automóvil y me sumergí en el mundo de los "Rolling Stone".

Mientras aceleraba pensé en todo lo que puede ocurrir en un día, en las posibilidades de morir en un sólo día. En pocos segundos tu vida puede cambiar, sólo si tú lo decides...


Llegué a casa. Me vestí apresuradamente e intenté evitar el contacto directo con mis padres.

Si le decía que me habían puesto otra multa este mes...se armaría una buena.

La multa esa vez, tendría que pagarla yo misma con mis sueldo e intentar que mis padres no se hulieran nada de eso.



Me puse esto:







Un conjunto bastante cómodo y sencillo para trabajar.

Volví a mi querido Audi 4x4 y en poco tiempo estaba en mi lugar preferido, mi tienda de ropa "Star".

La gran pasión y fuerza que puse para conseguir que mi negocio fuera adelante fueron inmensas y me alegraba mucho de haber llegado hasta aquí.









Narra Miriam:




Seguíamos en la consulta de la doctora esperando la razón de las molestias que sufría Coque.


La doctora se acomodó y sostuvo en sus manos los informes.

- Vamos a ver. Chicas, los resultados no son ni buenos ni malos.

- ¿Qué ocurre doctora? - pregunté preocupada.

- Veamos. Todo parece estar correcto. Sus ánalisis, su cerebro, los escáners, las resonacias no muestran nada... que era lo que más nos preocupaba pero al hacerle pruebas más intensas, concretamente la biopsia fue lo que nos ayudo a averiguarlo.

- Las biopsias son para detectar... - susurró Jessy.

- Si - respondió muy seria la doctora.

- Usted está seria así que las noticias que nos va a dar no son buenas - añadí con delicadeza.

- Ante todo, Coque está bien...

- Que esté bien es lo de menos, lo importante es si estará bien durante más tiempo.

- Verán, la causa que llevó a Coque a tener regurgitaciones entre otras cosas, los vómitos con sangre, la pérdida de conocimiento...en simples palabras, fue porque hemos detectado un tumor. Entre las diversas pruebas y conocimientos que le realizamos...los resultados llevaron todos a la misma razón, a la misma meta. Mediante la biopsia y los escáneres, descubrimos que Álvaro tiene un tumor en la zona estomacal.

- ¡Dios! - dijo Jessy ante el asombro.

- No puede ser. ¿Esto es una broma? Si estaba bien.

- Siento decirle que no es una broma señorita Fernández - la doctora entrelazó sus manos y bajó la mirada con indeterminación.

- Mi hermano se muere - unas lágrimas cubrieron mis ojos mientras Jessy estaba en shock tras lo que acababa de escuchar.

- Tranquilícense. Trás la disputa entre el señor Fernández y la otra persona, usted lo condujo al hospital inmediatamente y si no respondieran de esa forma ahora mismo Coque, no sabría lo que le ocurre.
Al venir y hacerle las pruebas, hemos descubierto con antelación el tumor que aún no se ha desarrollado hasta acadar los límites.
En simples palabras, gracias a la pelea, los síntomas del tumor han salido antes a la luz y lo hemos localizado a tiempo. Lo que significa que podemos operarle.

- ¿Enserio? - mi corazón se calmó mientras miraba a Jessy que estaba secándose las lágrimas discretamente.

- Si y le explicaremos al paciente la operación que le podremos realizar si él está dispuesto a someterse a ella.

- ¿Hay riesgo de fallecimiento durante o después de la operación? - pregunté más calmada.

- Tiene un 45% de posibilidades de que el paciente supere la operación.

- Pero doctora, no llega ni al 50%. ¿ No hay otra posibilidad de eliminar el tumor sin realizar ningún corte en el paciente? - intentó convencerle Jessy.

- Hemos recurrido ha esa posiblidad pero...la quimio no solucionaría nada.

- ¿ Y si no se opera? - pregunté imaginándome la respuesta.

- No sobrevivirá. Sólo tenéis esa posibilidad, o se opera o... - miró fijamente al suelo frunciendo los labios.

- Gracias, doctora - responde Jessy mientras yo me apodero de las fuertes ganas de romper a llorar y cuando las ganas se hacen más poderosas, estallo en mil pedazos.

- No...es nada. Miriam, haré todo lo posible por salvarle la vida. Te lo prometo - dijo cogiéndome la mano con dulzura.

- Pensaremos la posibilidad de operarle - dijé levantándome torpemente.

- Mañana me pasaré por la habitación de Coque y le explicaré la operación y los riesgos que puede suponer. Él es quien tiene que decidir - susurró - bueno, tengo que atender a un paciente. Gracias por su atención y luchen todo lo que sea necesario. Suerte. Buenas tardes - salió del despacho.

- Adiós - susurró Jessy antes de que desapareciese por completo.

Inmediatamente, salimos conjuntamente Jessy y yo.
El dolor me absorbía por dentro, llorar era poco en esos momentos. Observé por la ventana de la planta la lluvia rozando los ventanales y el viento siguiendo su ritmo al unísono, creando una gran escena y al mismo tiempo, una orquesta suave y profunda de sonidos.

Apuesto a que nunca te has puesto a imaginar y a pensar en la maravillosa sinfonía que produce la naturaleza y los medios meteorológicos.

Las lágrimas seguían acariciando mis mejillas sensibles y suaves, ya no importaba, ya no podía sentirlas, ya no podía pensar. La vida era injusta, Jesús era injusto. Te entregaba lo que deseabas y te arrebataba al mismo tiempo tu felicidad. "Nunca puedes tener todo lo que te enorgullece".

- Miriam, ¿qué te ocurre?¿estás bien?

Me encontraba tumbada en el suelo y un grupo de gente me miraba extrañada y confundida.
Derek me susurró mientras intentaba aclarar la vista. ¿Por qué estoy aquí?

- Miriam - me abrazó - ¿te encuentras bien? Jessy ha ido a buscarte una botella de agua fresca.

Me levanté aceleradamente.

- Con cuidado - insinuó Derek ayudándome a erguirme.

- ¿Qué ha ocurrido? - pregunté confundida mientras intentaba asimilar mi dolor de cabeza.

Miré al mi alrededor, los grandes ventanales fueron remplazados por unas ventanas enanas en la parte superior de la pared y podía contemplarse los cristales evaporados y una suave brisa en la estancia.

Ya no llovía.

- Te has desmayado, cielo - respondió Jessy ofreciéndome una botella congelada.

- ¿Pueden dejar de mirarme como si fuera un bicho raro? ¿No tienen mejores cosas que hacer? - suspiré mientras la gente apartaba la mirada y se marchaba.

- Valla, creo que estás mucho mejor - me sonrió Derek.

- ¿Me he desmayado? - pregunté confusa.

- Estabas tranquila cuando de repente perdiste el conocimiento - respondió Jessy.

Cogí la botella de agua y bebí pequeños sorbos.

- Fue justo al salir del despacho de la doctora - susurró Derek con dulzura.

- Ah.

- ¿Puedes incorporarte?

- Por supuesto - me levanté con la ayuda de Derek y Jessy. Luego, me senté en uno de los sillones de la gran sala de espera de la planta.

- ¿Tienes idea de porque te has mareado? - preguntó Derek.

- No lo sé.

- Fue por lo que nos dijo la doctora - respondió Jessy.

- Vale...me estáis acojonando... - sonrió Derek - ¿qué pasa?

- Mi hermano tiene un tumor estomacal - bajé la cabeza sin mirar la reacción de Derek.

- ¿Qué? ¿Pero puede operarse o solucionarse de alguna forma? - miró a todos lados con nerviosismo.

- Puede operarse pero sólo hay un 45% de posibilidades de que sobreviva a la operación.

- ¿Y si no se opera?

- Morirá...

- Lo siento muchísimo Miriam - dijo sentándose a mi lado mientras me abrazaba con fuerza - ¿qué vais a hacer?

- No lo sé - respondí bajando la mirada.

-  Coque no debe operarse, las posibilidades de que sobreviva son remotas. No se operará - afirmó Jessy con lágrimas en los ojos.

- Esa opción es... La decisión tiene tomarla Coque no nosotros - respondí mientras Derek nos observaba miticulosamente a las dos.

- Lo convenceré para que no lo haga.

- Jessy, Coque tomará su propia decisión y tú, yo y todos la respetaremos - susurré intentando convencerle.

- ¿Y cómo se lo vamos a decir? - preguntó Jessy.

- Yo...no puedo. Empezaré a llorar y...no podré decírselo.

- Me ocuparé yo - respondió Jessy - cuando Érica se valla si no se ha largado ya.

- Muchas gracias, enserio.

- No es nada - susurró Jessy acariciándome la mejilla.

- Yo me tengo ir. Tengo una reunión con un representante - susurró Derek - ¿estarás bien sin mí?

- Claro, puedes irte. No te preocupes por mí. Ya has hecho bastante acompañándome al hospital.

- Todo saldrá bien - se levantó, se inclinó y me dió un beso en la mejilla - Hasta luego. Suerte.

- Jessy, son las diez de la noche. Deberías irte tu también.

- Yo me quedo.

- Vete, siempre te quedas tú y no me parece justo.

- Vale. Mañana antes de que llegue la doctora, hablaré con Coque.

- Me parece justo y ahora vete.

- Chau, te quiero - me dió un beso en la misma mejilla que Derek - Llámame si necesitas cualquier cosa.

- Tranquila, chau - respondí con una sonrisa forzada.

Se alejó hasta que la perdí de vista.

Jessy se estaba portando muy bien y se preocupaba mucho por Coque. Eso era muy amable por su parte. Ella siempre fue muy buena amiga y le agradecía muchísimo que estuviese ayudándome en esos momentos, pero ella no podís ayudarme a resolver mis dudas, no podía consolarme, ni podía abrirme los ojos a la realidad.

No se encontraba casi nadie por los alrededores y las enfermeras habían desaparecido.

Cogí mi móvil y marqué el número correspondiente. La voz de la otra línea contestó casi de inmediato:

- ¿Si?

Sonreí forzosamente.

- Hola, soy Miriam. No sé si te acuerdas de mí...

- Por supuesto que me acuerdo.

- Pensaba que no te acordarías.

- ¿Estás llorando?

- No - respondí intentando ocultar mis lágrimas.

- Estás llorando.

- No creo que quieras escuchar los problemas de mi vida.

- Te equivocas. Quiero escucharte.

- ¿Quedamos y te lo cuento? No es muy recomendable decirlo por teléfono.

- Tranquila, ¿En el bar "Vecina" de la calle "Flo"?

- ¿Mañana a las dos?

- Si, estoy libre.

- Entonces quedamos así. Gracias y hasta mañana.

- Claro y Miriam.

- ¿Si?

- Me alegro de volver a escuchar tu voz.

- Y yo de escucharte a ti.

- Voy a colgar, adiós.

Nada más colgar el teléfono, me aferré a las ganas intensas de llorar. Me sumergí en el mundo de las lágrimas.

Mi hermano tenía que tomar una decisión y esperaba que esa decisión no le perjudicase para el resto de sus días...

Rompí a llorar de rabia y de desesperación.


















                      



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