DÍA: 1 DE SEPTIEMBRE
Narra Pris:
[ 1/9/10; 15:08 ] Álvaro: Intento 16: Por favor, accede a venir conmigo a la piscina. Espero tu respuesta.
Visto a las 15:10
[ 1/9/10; 15:11 ] Álvaro: ¡Vamos, Pris! Me gustan las palomitas pero en WhatsApp no me agradan.
Contéstame.
Visto a las 15:16
[ 1/9/10; 15:17 ] Álvaro: ¿Quieres que te suplique? Nunca lo hice pero por ti lo haría.
Visto a las 15:17
[ 1/9/10; 15:19 ] Álvaro: Por favor... Pequeña retorcida. Acepta mi invitación. Me harías el chico más feliz del mundo.
Álvaro ha enviado una foto.
[ 1/9/10; 15:21 ] Álvaro: ¿Ves? Es para que veas que no te miento. Nunca lo hago, nena.
No pude evitar soltar una sonora carcajada mientras miraba mi celular. Este chico no tenía remedio. Nunca maduraría.
Desde hace unos días, no paraba de enviarme mensajes pidiéndome que quedara con él en la piscina.
Eso me hacía gracia, apenas tenía tiempo para comer por culpa de mi trabajo. No podía aceptar su invitación tampoco es que me interesase mucho su oferta.
Decidí contestarle de una maldita vez ya que resultaba bastante insistente y eso me ponía de los nervios. Además, la foto que me envió me hizo muchísima gracia. Nunca pensé que sería capaz de enviarme una fotografía para convencerme.
[ 1/9/10; 15:29 ] Priis: Sales muy favorecedor ;) , Gango.
Escribiendo... Escribiendo... Escribiendo...
¡Oh no! Creo que no debí de contestarle. Ahora se emocionará pensando que aceptaré su proposición o al menos me convencerá para que lo haga.
Pris, definitivamente eres gilipollas.
[ 1/9/10; 15:29 ] Álvaro: ¡¡¡Al fin!!! Pensé que me castigarías eternamente. Bien, ¿mañana a las cuatro te viene bien?
[ 1/9/10; 15:35 ] Priis: Para el carro, Gango. ¿En qué momento dije que aceptaba quedar contigo?
[ 1/9/10; 15:36 ] Álvaro: Acabas de hacerlo, nena.
[ 1/9/10; 15:39 ] Priis: Tengo mucho trabajo en la tienda. No puedo quedar.
Visto a las 15:39
Creo que al fin lo ha comprendido. Celebré mi victoria y salí de mi auto.
Hacía un muy buen día, pues el sol se había apoderado del cielo y las nubes se habían desvanecido por completo. La luz reflectaba con fuerza y la calor era casi insoportable.
Me encaminé hacia ella mientras me colocaba las gafas de sol en su lugar.
Toqué el hombro de Miriam. Esta se dio la vuelta en un par de segundos y me obsequió un abrazo de muerte estrujándome con fuerza.
- Miriam... Soy muy joven para morir - susurré apenas sin aire. Ella se separó con rapidez y me observó de arriba a abajo - Gracias - mencioné suspirando aliviada mientras disfrutaba del aire que respiraba. Pena que fuera muy escaso.
- ¿Zapatos nuevos? ¿Pretendiente nuevo? - arrugó su frente y alzó una ceja mientras se cruzaba de brazos interrogante.
- Me los compré yo, tonta. Ya sabes que no tengo tiempo para enamorarme - volteé los ojos y miré mis nuevos zapatos.
¡Vaya! Se había dado cuenta nada más verme. Propio de ella y su mente descabellada.
- ¡Já! No necesitas tener tiempo para eso. El amor llega cuando menos te lo esperas - espetó observando a los alrededores.
- Ya veo... A ti te vino de regalo con tu auto - reí suave mientras ella golpeaba mi brazo indignada.
Sus mejillas cobraron color mientras sus manos se volvían puños.
Parecía un tomate y eso me hizo reír aún más.
- No tengo culpa de que los dependientes de las tiendas estén para comérselos.
- Claro, amiga. Lo entiendo - alcé ambas manos para que su ira se calmara y decidí abordar el tema - ¿Qué hacemos aquí?
- Esta es la entrada del edificio de Derek - se explicó cambiando totalmente su expresión.
Observé el edificio y silvé contemplando cada rincón. Era un gran bloque de apartamentos. Como en los que suelen vivir los niños pijos y ricos los cuales se piensan que son los mejores por tener todo lo que desean con solo chasquear los dedos. Poco conocía a Derek, apenas hablamos para decirnos los buenos días. Aún así no parecía el típico chico egoísta y engreído que sale en las películas.
Aparentaba ser un chico sencillo, con modales y bastante maduro. Bueno, ya sabes lo que dicen. La apariencia no es lo que importa ni las cosas que posea si no, el interior de esa persona.
- ¿Qué te hizo el pobre chaval? ¿Acaso quieres tdepositar dinamita a todo el edificio? Piensa que hay cientos de personas que no tienen la culpa de que tu novio sea un iluso - exclamé dirigiendo de nuevo mi mirada hacia ella.
- No, perra. Él no hizo nada... bueno, al menos aún no - meneó sus pestañas cuidadosamente - Simplemente... Estamos aquí por una buena razón. Algo me ronda por la mente últimamente...
- ¿Tienes miedo de que te esté poniendo los cuernos con la cartera? ¿Por eso estamos aquí? ¿Vamos a espiarle? - me sorprendí haciendo numerosas preguntas mientras me frotaba las manos con curiosidad.
Siempre quise hacer algo así. Dejar mi típica y aburrida vida y entrometerme en un alocado e intrépido desafío. ¿Y qué mejor que espiar al infiel novio de tu amiga?
- ¡NO! - gritó volviendo a contener su rabia - Verás, hace varios días que el portero del edificio desapareció y nadie sabe nada de él. Pregunté a unos cuantos vecinos del edificio y todos dicen lo mismo. La última vez que le vieron fue el martes pasado cuando estaba limpiando el rellano...
- ¿Y qué pasa? - le interrumpí bordemente.
- ¿Cómo que qué pasa? Conseguí su dirección. Vive justo aquí en frente - señaló su casa y luego volvió a dirigirse a mi - Me daba un poco de corte ir yo sóla por eso te llamé.
- ¿Por qué te importa tanto? ¿Es qué acaso estás engañando a Derek con él? - me llevé ambas manos al rostro y le miré con cara de sorpresa - Nunca pensé esto de ti, Minnie.
Volvió a cruzarse de brazos poniendo los ojos en blanco.
- Estoy hablando muy enserio, Pris. Guárdate ese tipo de comentarios, ¿ok? - suspiró seria cambiando su expresión por completo.
- Está bien. Vamos a ver al viejecito - dije encaminándome hacia su casa mientras Miriam me miraba de muy mala manera y me seguía desde un poco más atrás.
Mi móvil vibró. Miré a Miriam la cual parecía estar metida completamente en su mente. No dudé en mirarlo pensando que sería Jess o alguno de mis padres.
[ 1/9/10; 16:05 ] Álvaro: Pues seguiré mandándote mensajes cada día hasta que aceptes quedar conmigo.
¡Oh no! ¿Es qué este chico nunca se cansaba? ¿Nunca se daría por vencido?
[ 1/9/10; 16:07 ] Priis: Hazlo y te denunciaré por acoso.
[ 1/9/10; 16:10 ] Álvaro: Intento 17: Por favor Pris, acepta quedar conmigo. Me da igual si es en la piscina o en el gallinero pero tú solo... di que si.
¿En el gallinero? ¿Eso iba con segundas o qué?
Visto a las 16:11
[ 1/9/10; 16:13 ] Álvaro: Vamos, nena. No te hagas la desentendida.
Visto a las 16:13
[ 1/9/10; 16:14 ] Álvaro: P
[ 1/9/10; 16:14 ] Álvaro: R
[ 1/9/10; 16:14 ] Álvaro: I
[ 1/9/10; 16:14 ] Álvaro: S
[ 1/9/10; 16:14 ] Álvaro: A
[ 1/9/10; 16:14 ] Álvaro: C
[ 1/9/10; 16:14 ] Álvaro: E
[ 1/9/10; 16:14 ] Álvaro: P
[ 1/9/10; 16:15 ] Álvaro: T
[ 1/9/10; 16:15 ] Álvaro: A
[ 1/9/10; 16:15 ] Álvaro: Te regalaré tus flores favoritas.
Visto a las 16:16
[ 1/9/10; 16:18 ] Álvaro: Veo que no te gustan las flores.
[ 1/9/10; 16:18 ] Álvaro: ¿Y bombones?
Visto a las 16:18
[ 1/9/10; 16:19 ] Álvaro:¡Vamos! No puedes decir que no al chocolate.
[ 1/9/10; 16:19 ] Álvaro: Es un delito muy grave.
[ 1/9/10; 16:19 ] Álvaro: Te condenarían a cadena perpetua.
[ 1/9/10; 16:19 ] Álvaro: PRIS
[ 1/9/10; 16:20 ] Álvaro: SOLO DI SI
Visto a las 16:20
Me hacía muchísima gracia. Lo que podía llegar a decir con tal de que quedase con él. Se inventa tantas películas...
[ 1/9/10; 16:20 ] Álvaro: Vale, haremos un trato. No tienes porqué decirlo.
[ 1/9/10; 16:22 ] Álvaro: Si me dejas en visto significa que vendrás mañana a las cuatro a la piscina conmigo.
Visto a las 16:24
[ 1/9/10; 16:24 ] Álvaro: No sabes lo feliz que me has hecho. Miraré si mi bañador está limpio.
Has bloqueado a Álvaro.
Toca dos veces para desbloquear este contacto.
No quería hacerlo pero él mismo me obligó.
Puede llegar a resultar muy insistente y pesado a la vez. Miriam me observó de reojo mientras seguíamos caminando en completo silencio.
Guardé mi teléfono y acicalé mi cabello.
Mañana tal vez lo desbloquease. Me sentía mal por bloquearle aunque no me dejó otra opción.
Al menos, ahora podré estar tranquila sin escuchar continuamente el puto silvido de mi celular.
De repente, sentí mi móvil sonar en mi bolsillo. Volteé los ojos al ver que era él de nuevo. Corté la llamada y silencié el móvil con rabia.
Comencé a caminar más velozmente deseando llegar a la casa del portero.
- ¡Hey! Qué tu querido pretendiente te de la lata no son motivos para aumentar el paso - se quejó Miriam intentando no mostrar una ridícula sonrisa en vano.
- Conserva tu vista, querida. Con el tiempo la necesitarás - solté mientras sentía como la sangre me hervía por momentos.
- ¡Uoh! ¿Qué me perdí en aquella sala de cine? ¿Os metisteis mano como dos jóvenes adolescentes o optasteis por el conocido sexo oral?
Rió con fuerza observando mi rostro. Ahora mismo parecería un monumento.
¿Cómo podía sugerir que Álvaro y yo teníamos algo? ¡Es imposible! Aún me sentía un poquito mal por haberle bloqueado aunque pensándolo bien... aún le queda la piscina.
- ¿Sabes? Métete tus palabras en el culo. En vez de preocuparte por mi deberías de ir pensando a que hombre agarrarte después de que Derek corte contigo por lo sano.
- ¿Por qué iba a dejarme? Él me ama. ¿Acaso tienes celos de nuestra relación, Priscila Aliston? - se defendió dejando de caminar para mirarme desafiadamente.
- No, ¿qué mierda te pasa por la cabeza? Soy muy feliz sin estar agarrada a un hombre. No te envidio si no todo lo contrario. Me parece una tontería que te comprometas con alguien teniendo solamente dieciocho años. Deberías disfrutar de la vida como todos - murmuré siguiéndole el juego y deteniendo el paso.
- Claro papá - puso los ojos en blanco como si conociese mis simples palabras a la perfección - ¿Es que acaso tener veinte años y alejar a cualquier persona que tenga dos pelotas y un salchichón de tu vida es disfrutar? - le miré levantando ambas cejas, incrédula. Nunca me dijeron eso aunque en cierto modo, tenía algo de razón - Pris... Solo dejémoslo estar, ¿vale? Yo soy feliz y me alegro de que tú también lo seas pero deja de juzgarme. Yo elegí mi vida como tú en tu momento elegiste la tuya. No por eso eres más especial.
Mierda, ¿era feliz? Estaba claro que mi trabajo me entusiasmaba y me había costado sudor llegar a donde estoy pero... Era lo único que tenía aparte de a mis amigas. ¿De verdad era feliz? ¿Me conformaba solamente con eso?
Comenzó a caminar y al ver que yo continuaba inmóvil recapacitando en sus palabras, se volteó y exclamó mi nombre.
- ¿Vienes o te rajas? - me echó la lengua. Comencé a correr mientras una sonrisa se dibujaba en mis labios. Ella se sorprendió pero no por eso quedó atrás. Ambas corrimos hacia la casa del portero.
El viento era suave y soplaba cara al Sur. Reí mientras mi cabello disfrutaba de la ventisca.
Llegué y alcé ambos brazos sintiéndome una verdadera campeona.
- ¡Gané! ¡Llegué antes que tú! - exclamé mientras apoyaba ambas manos sobre los muslos y recuperaba la respiración.
Ella me alcanzó y apoyó su mano sobre mi hombro mientras se limpiaba el sudor de su rostro.
- Estamos viejas para dar estos trotes. Con diez años menos, podría subir y bajar el Big Ben y ni enterarme - bramó entre risas recuperando su compostura.
- Y que lo digas, Minnie. Corres muy rápido. Me costó ganarte - murmuré alabando su capacidad de resistencia.
Ella asintió caminando hacia la entrada de la casa.
La contemplé mientras Miriam trataba de escuchar algo al otro lado de la puerta.
Era linda aunque parecía vieja y un poco descuidada. Las pocas flores que se podían distinguir frente a las ventanas lucían hermosas aunque estaban comenzando a secar. Podía hacer tranquilamente 5 días que no se regaban. Las ventanas eran grandes y blancas. Del siglo catapúm seguramente.
El tejado claramente era de tejas como en antaño aunque ya habían perdido su color natural.
Era una casa pequeña pero acogedora.
- Vaya, debe de tener unos 156 años - dije acercándome a donde se encontraba Miriam. La cual exploraba el lugar con mucha curiosidad.
- ¿Te refieres a Jerry o a la casa? - murmuró adivinando mis intenciones de burlarme del viejo portero.
- A ambos - reí sin ganas - ¿Vas a llamar o qué?
Esta tocó a la puerta. Naturalmente, era de esperar que ni siquiera tuviese timbre.
Apoyó su oreja en la puerta y negó con la cabeza. No se escuchaba absolutamente nada al otro lado de la puerta. La casa parecía estar desierta.
Miriam volvió a insistir numerosas veces pero el viejo continuaba sin dar señales de vida.
- Nada.
- Al menos lo intentamos - murmuré mientras me volteaba y me dirigía de nuevo a retomar el camino. Al ver que Miriam se había quedado atrás volví a girarme - ¿Qué pasa? ¿Sigues agotada por la carrera? Yo no soy Dani, no me ofreceré a llevarte a caballito - justifiqué alzando ambas manos y zarandeándolas a los lados.
- Cállate. Intento pensar - me ordenó distraída en sus pensamientos. De pronto, chasqueó los dedos y no dudó en entrometerse en la parte trasera del jardín de la casa.
No dudé en seguir sus pasos aclamando su atención.
- ¡Miriam! ¡Miriam! ¡Minnie! - bramé intentando alcanzarla - Esto es allanamiento, ¿sabías? - pasé mi lengua por mi labio inferior observando cada movimiento que realizaba - ¿Y si nos pillan? ¿Quién se hará cargo de la tienda mientras yo esté en prisión?
De pronto, una puerta trasera se vislumbró ante mis ojos.
- ¡Bingo! Si por delante no hay manera inténtalo por atrás - se acercó a la puerta sin ni siquiera voltearse en mi dirección.
- ¿Enserio piensas que es la puerta mágica de Doraemon? Si la de delante está cerrada esta también lo estará - pensé en alto con obviedad mientras ella manipulaba la puerta sin ninguna dificultad.
Miriam me miró jugueteando con ambas cejas y yo no dudé en entrar detrás de ella.
Aún seguía sorprendida por la imprudencia del viejo. Debería de asegurarse de echarle el pestillo a todos los rincones de la casa en vez de andar desapareciendo por ahí.
El chirrido de la puerta alarmó mis siete sentidos. Miriam se sentía como Sherlock Homes pero en femenino y con más pelo.
Al fin, la puerta se abrió por completo y pudimos ver con nitidez lo que había en el interior.
- Miriam... Te dije que no era buena idea - murmuré con voz entrecortada mientras observaba el interior de la casa.
Narra Coque:
- Bien Coque. Todo parece funcionar correctamente - mencionó la doctora guardando su estetoscopio y sonriéndome - Tus constantes están bien. Pronto podrás volver a comer.
- Menos mal. No sabes como me apetece una buena pizza - murmuré relamiéndome los labios mientras me imaginaba en mi mente una pizza de cuatro quesos con una muy buena pinta. El queso totalmente fundido, el pan tostado y el tomate sin salirse de su lugar.
- Pizza no. Eso no es saludable además es aún demasiado para tu estómago. Te traeremos una sabrosa ensalada y pudin de zanahoria.
- Joba, doctora. Ya me había hecho ilusiones - suspiré haciendo pucheros y miré a un punto fijo intentando hacerme la víctima.
- Lo siento. Podrás comer pizza en unos meses, no te preocupes - me sonrió nuevamente cogiendo los informes entre sus manos - Luego te veo. Por cierto, tienes visita - me informó saliendo por la puerta y dejando un silencio abrumador.
Gracias a las aspirinas que me cedió la doctora Wilson, la cabeza dejó de dolerme. Tenía mucha hambre. El suero ya no conseguía saciar a mi estómago recién operado.
De pronto, la puerta se abrió con sutileza y la pequeña Jess se quedó observándome unos segundos antes de entrar en el cuarto y cerrar la puerta.
- ¡Hey, Jess! - le saludé alzando una mano. Aparté todos los utensilios que tenía sobre la cama para que ella tuviese un lugar donde sentarse. Ella no pudo evitar reírse mientras me ayudaba con algunas cosas.
- Veo que hasta eres desordenado en el hospital. No tienes remedio - ladeó la cabeza y tomó asiento a mi lado mientras yo estiraba mis brazos y bostezaba por lo bajo.
- En casa aún es peor y lo sabes - bramé encogiéndome de hombros como si no tuviese la culpa de ser como soy - Por cierto, ¿hoy no trabajas? Apuesto una botella de suero a que te escapaste poniendo la excusa de " mi amigo está enfermo" - exclamé juguetón alzando una ceja.
Esta rió mientras se despojaba de su cazadora. Esto era como un búnker sin duda alguna, no había ventanas ni aire acondicionado y la verdad es que hacía una calor terriblemente horrorosa.
Menos mal que al día siguiente me cambiaban de habitación. Deseaba ocupar una de las lindas habitaciones de la planta superior.
- En todo caso diría "mi mejor amigo" y no, no me escapé. Solo terminé mi turno - apoyó su mano sobre una de mis piernas - ¿Cómo estás?
- Muy bien según la doctora Wilson. ¿Cuando comienzas el turno? - pregunté interesado mientras ella suspiraba. Tenía calor, lo sabía.
- A las seis de la mañana y termino a las cinco de la tarde.
- Joder, jornada completa. ¿Y los findes? -pregunté mientras llevaba mis manos a la frente y reclinaba la cabeza hacia atrás.
- Libro aunque puedo hacer algunas horas extra si me apetece - sonrió sin dejar de mirarme.
- Yo si tengo un trabajo así me muero - exclamé bufando y contando mentalmente cuantas horas trabajaba a la semana. ¡55 horas! Es muchísimo. Llegaría a casa derrotado y con ganas de abrazar a mi dulce cama.
- La suerte que tienes de seguir aún con los estudios.
- Y espero seguir así siempre, pequeña Jess - mencioné mientras ella me cogía de la mano y jugueteaba con mis dedos.
- A mi aún me queda terminar Bachiller. ¿Pero de qué me sirve? ¿Acaso se necesita estudiar algo para ser camarera? - rió contemplando mi expresión.
No esperaba su visita, la verdad es que pensé que sería Érica. Debe de estar muy ocupada con su vuelta al trabajo. El comienzo de septiembre nos afectaba a todos en cantidad. Aún así me alegraba muchísimo de que viniese a verme.
- Saber hacer malabares para llevar la bandeja - me burlé echándole la lengua mientras ella hacia una mueca e intentaba reprimir la risa.
- Eso impresionaría a los clientes - murmuró en un susurro como si se lo estuviera pensando.
Ambos nos reímos como dos niños pequeños y cuando las risas finalizaron un silencio inundó la habitación. Ella tosió como señal de que dijese algo. Me quedé pensativo, pues no se me ocurría nada decente de lo que hablar con Jess.
- ¿Hablaste con Carlos? - solté encogiéndome de hombros.
Ella me miró de una forma inexplicable. Creo que no debí abrir el pico...
- Los cinco tienen mucho lío en el estudio. No tienen tiempo para una fan loca y las risueñas de sus amigas - aclaró hablando en general cuando lo que de verdad le pregunté fue sobre Carlos - Aunque Dani no deja de quedar con Miriam últimamente.
- Seguramente con el tiempo lleguen a tener algo - le guiñé un ojo mientras ella negaba con la cabeza riendo.
- Miriam está muy encaprichada con Derek. ¿Sabes? El chico de la tienda de autos. Mientras tú estabas sabe dios donde, en alguna parte de tu remota mente, su relación se hizo más intensa - explicó tumbándose a mi lado mientras suspiraba agotada y se giraba para mirarme fijamente y seguir conversando.
- Así que está saliendo con ese tal... Derek - murmuré para mi mientras me acomodaba sobre la almohada y me volteaba para quedar rostro con rostro.
Sentí un sentimiento de rabia subirme por el pecho. Mis manos se volvieron puños y mis orejas estaban a punto de echar humo.
Estaba enfadado, si. Mi hermana y yo habíamos tenido antes una conversación sobre esto. Veo que no me hizo ni el más mínimo caso. ¡Por favor, si ese tipo le lleva ocho años! Podría ser su padre.
No me parecía normal que después de enrollarse varias veces al final, se acabaran comprometiendo.
Cuando venga Miriam tendré una larga charla con ella sobre esto. Me va a oír.
- Pensé que ya lo sabrías. Ya estaban saliendo cuando tú entraste en quirófano. ¿Seguro que no te dijo nada? - preguntó Jessy con delicadeza al ver mi cambio de humor.
Negué con la cabeza y la miré a los ojos mientras bufaba.
- Jess, no me gusta esto. Él es demasiado mayor y Miriam solo es una chica inexperta que no tiene ni la más mínima idea de lo que es enamorarse - me expliqué pensando que ella podría comprenderme.
Sus labios se curvaron y su mirada se desvaneció de la mía.
- ¿Tú la tenías? Cuando comenzaste una relación con Érica no pensaste en "¿Será cierto? ¿De verdad me gusta?". Ella créeme, lo pensó mil veces pero el amor llega solo, no tiene límites ni fronteras. Aunque te repitas mentalmente "No puedo enamorarme" es imposible no hacerlo. A pesar de los inconvenientes que exista entre ellos... El amor siempre vencerá la batalla. Cueste lo que cueste - intentó explicarme sintiendo la llamada empatía por su amiga. Volvió a elevar la mirada mientras se mordisqueaba las uñas esperando una respuesta por mi parte.
- Supongo que tienes razón. Yo fui como ella por eso no quiero que le pase nada ni que le hagan daño.
- Es normal, eres su hermano mayor. Es lindo que te preocupes por ella pero debes dejar que Miriam explore ella misma su propio camino. Esa es la mejor forma de madurar. Te costará un tiempo aceptarlo pero finalmente, te acostumbrarás y apoyarás la relación entre Miriam y Derek. Ese muchacho es un gran chico, le cuida, le mima y está siempre pendiente de ella. No le va a faltar de nada. Es perfecto para Miriam - me sonrió de lado. Posé una mano sobre su cintura y le devolví la sonrisa. Sentí como su cuerpo se revolvía nervioso. Me acerqué a ella y le di un abrazo de oso. Ella no dudó en seguírmelo bastante sorprendida de mi acto y respiró intranquila al lado de mi oído haciéndome cosquillas. Me reí y ese ademán pareció calmarla.
- Gracias, Jess. Eres la mejor amiga del mundo. No sé como agradecerte todo lo que haces por mi. Venir a visitarme, aconsejarme, preocuparte por mi, cuidar de mi hermana... Podría seguir así todo el día pero no quiero aburrirte - volví a guardar las distancias acurrucándome sobre uno de los cojines.
Jess se escondió entre las mantas sonriendo. Aparté las sábanas de su rostro con un pequeño gesto y le contemplé riendo como un niño pequeño. Ella se tapó la cara con ambas manos reprimiendo la risa. Sus mejillas estaban rojas como tomates. Me asombré al ver el efecto que le causó mi pequeño piropo, no pensé que causaría ese efecto en ella.
- ¿Aún no puedes comer? - intentó incluir un tema de conversación para que sus mejillas sonrosadas no robaran mi atención.
Decidí dejarlo pasar por esta vez. La próxima vez se enteraría de lo que de verdad es que te vacilen.
- Acaba de decirme la doctora que he mejorado muchísimo y me traerá una bandeja con comida suave pero saludable para ir acostumbrando a mi estómago.
- No sabes cuanto me alegra escuchar eso - sonrió con ojos brillantes mientras depositaba un beso en mi mejilla con ternura y enrollaba los brazos en mi cuello. Besé sus mofletes aún rosados sonriendo como un gilipollas. Aunque aún no podía comer con normalidad algo es algo. Estoy muerto de hambre y el suero ha dejado de hacer efecto en mi. Mi estómago comienza a volver a la normalidad. Menos mal ya que por poco me estaba quedando anoréxico por su culpa. Cuando toda esta mierda se termine, organizaremos una comida familiar para celebrarlo y poder recuperar esos kilos que perdí durante todo este tiempo.
- Y bien, ¿al final nos dejarás o tendremos que aguantarte por una larga temporada más? - bromeé mientras ella reía y me golpeaba el brazo.
Esperaba que su respuesta fuera un "¡Me quedo!" acompañada de otro abrazo sincero y cariñoso de los suyos. Me gustaba que viviese con nosotros. Le daba ese toque alegre y alocado a la casa. Nada más bajábamos las escaleras, Jessy se encontraba en la cocina preparando el desayuno y pegando saltitos para desearnos unos muy buenos días. Jess era el alma de la casa, sin ella nada volvería a ser lo mismo.
- Tendrás que aguantarme - dijo echándome la lengua con voz burlona y jugueteando con uno de los mechones de su cabello al mismo tiempo que se entretenía zarandeando sus piernas a un mismo ritmo - Hablé con Miriam y sus padres. A ellos no les molesta mi presencia en su casa, dijeron que le caía bastante bien y no les molestaba en absoluto. Decidí quedarme con la condición de pagar un alquiler todos los meses. Ellos insistieron en que no hacia falta pero al final, me salí con la mía.
- Bien, podré seguir molestándote durante un largo tiempo - exclamé alargando bien la "A".
Ella me echó el dedo corazón y ambos comenzamos a reírnos.
Me encantaba pasar el rato con ella. Simplemente nunca nos quedábamos sin tema de conversación e incluso en las situaciones en las que el silencio nos inundaba, no nos resultaba incómodo si no todo lo contrario. Con Jess me lo pasaba increíblemente bien. El tiempo volaba a su lado y todas las palabras se nos quedaban cortas. Cuando llegaba la hora de irse siempre aguardaba con ansias que volviese cuando aún no se había ni marchado.
Era fácil de explicar, solo encajábamos así sin más.
Ojalá la relación entre Érica y yo fuese igual. Desde que ingresé en el hospital todo cambió, ya no era lo mismo. Nos habíamos vuelto más distantes, fríos y alejados. Cada vez que venía a visitarme, o se la pasaba con el móvil o evitando cualquier tema de conversación que le sacase. La luz que había entre nosotros se estaba haciendo más y más débil hasta el punto de que algún día, se acabaría apagando por completo. Ojalá eso no llegase a pasar. Espero que cuando salga de este cuchitril podamos recuperar el tiempo perdido y volvamos a iluminar esa llama.
Jessy se quedó un rato más y estuvimos charlando de cosas estúpidas y sin sentido, de momentos inolvidables y de todo lo que había ocurrido tras mi ausencia.
La verdad es que sin mi nadie continuó con su vida normal, todos estuvieron preocupados esperando respuestas y no dejaron de visitarme todos los días. Estaba tan agradecido por todo el apoyo y cariño recibido que no sabía como devolverlo.
Narra Pris:
La sangre era oscura y abundante. El cadáver se encontraba en el suelo con los ojos aún abiertos de par en par y unas cuantas moscas a su alrededor. De repente, sentí un escalofrío recorrerme la espalda.
Miriam estaba arrodillada en el suelo. Cogió la mano del portero y comprobó si tenía pulso. Bajó la mirada conteniendo la respiración y cerró los ojos del portero para que pudiese al menos descansar en paz.
Tocó la sangre que inundaba el suelo.
- ¿Y ahora que mierda vamos a hacer? Hemos entrado sin permiso en una casa y profanado un cadáver. ¿Qué coño le diremos a la policía? - murmuré preocupada mientras caminaba de un lado a otro intentando pensar con claridad.
- La última vez que hablé con él... Fui muy borde, ¿sabes? Solo deseaba marcharme de una vez y ahora... Está muerto, Pris... Está... Muerto - murmuró mientras contemplaba el cuerpo de Jerry. Estaba pálido y olía peor que una bomba fétida.
- ¡Dios, Miriam! Estás en shock - me acerqué a ella zarandeándola para que volviese a la vida real y me ayudase a solucionar este puto problema que teníamos encima.
Ella ladeó la cabeza tocándose la frente y me observó con la mirada totalmente perdida.
Manchó su rostro de sangre igual que sus pantalones. La atraje a mis brazos y la abracé con fuerza para que se tranquilizase. Las lágrimas comenzaron a fluír por su rostro detenidamente.
Acaricié su espalda con delicadeza y al cabo de unos minutos, limpié su rostro con un pano y peiné su cabello con mis dedos.
- Escúchame. Vamos a salir por esa puerta. Cuando salgamos, lo que acabamos de ver se borrará de nuestras mentes para siempre. ¿Entendiste? - acaricié su mejilla mientras ella me miraba fijamente.
- No podemos dejarle así, Pris. Debemos llamar a la policía y contarles lo que pasó - exclamó aún entre lágrimas mientras dirigía su mirada al cadáver.
- ¿Llamar a la policía? ¿Estás loca? ¿Qué harán cuando sepan que entramos en la casa sin permiso? Sospecharan de nosotras. Pensarán que nosotras le matamos - intenté hacerla recapacitar mientras llevaba las manos a mi rostro.
- Jerry no merece esto, Pris. Merece estar en un lugar mejor -defendió volviendo a arrodillarse a su lado y cogiendo su mano de nuevo - O los llamas tú o lo hago yo. Tú decides - me amenazó mientras me mordía el labio con nerviosidad.
- Está bien, dame tu celular. Pero debes de comportarte. No deben saber que tocamos el cuerpo. ¿Capichi?
- Le cerré los ojos y le tomé el pulso. Lo detectarán cuando lo examinen.
Suspiré agitadamente. Todo eran problemas.
- No importa. Lo entenderán. Limpiaremos la sangre del suelo y... ponte una chaqueta para que no noten la mancha de tu pantalón.
Mientras Miriam se encargaba de lo que le dije, tomé su celular y marqué el número de la policía local.
- Hola, ¿en qué podemos ayudarle? - dijo amablemente una voz grave y sonora.
- Hemos encontrado un cadáver...
- Así que usted conocía al señor Jerry Thomson... - apuntó el hombre de ojos azulados. Ya llevaban un tiempo haciendo numerosas preguntas. Los nervios de Miriam aumentaban a cada segundo que pasaba.
Varios hombres habían guardado el cadáver en una larga bolsa negra después de buscar pruebas y comprobar el lugar de lo ocurrido.
Ahora, estos se dedicaban a inspeccionar el lugar y sacar fotografías al cuerpo sin vida.
- Si. Nos llevábamos bastante bien. Hablábamos habitualmente. Como le dije es el portero del edificio en el que reside mi pareja - miró sus manos. Aún tenían restos de sangre. No dudó en esconderlas detrás de su espalda. Continuó explicando su versión de la historia - Como hacía tiempo que no sabía nada de él. Mi amiga y yo decidimos venir a visitarle. Vimos que la puerta estaba abierta y nos extrañamos pero aún así decidimos entrar - el agente apuntó todo lo que Miriam decía en una pequeña libreta - Era un buen hombre - murmuró ella tragando saliva mientras sus ojos volvían a nublarse a causa de las lágrimas - Atento, caballeroso y jovial. Era muy agradable charlar con él.
No sé que pudo haberle pasado. Esté donde esté espero que lograse encontrarse con su mujer. La amaba muchísimo y su muerte fue un golpe muy duro para él. Jerry no se merecía esto... La vida siempre es tan injusta - argumentó sin venir a cuento.
El policía levantó la mirada. Al ver las lágrimas de cocodrilo que resbalaban por las mejillas de Miriam sintió una insignificante compasión.
Cerró la libreta y asentó su gorra sobre su cabello de color azabache.
- Bien, eso es todo. Le llamaremos si surge algo. Gracias por su tiempo - se retiró no si antes ofrecerle un pañuelo a Miriam. Esta le dio las gracias y él se marchó para hablar con sus compañeros.
- Tus lágrimas le convencieron. Buen trabajo - le dediqué una sonrisa de lado mientras le observaba.
Mierda. No lo había hecho aposta. Estaba llorando de verdad. Pensé que lo del portero apenas le afectaría pero supongo que me equivoqué.
- Joder, Miriam. Vas a hacerme llorar a mi también - la jalé por los hombros hablándole con cierta compasión y caminé con ella hasta la puerta - Salgamos de este lugar. Está comenzando a provocarme náuseas.
Mientras ella se tranquilizaba y soltaba toda la mierda que tenía acumulada en su interior, caminamos por las calles para regresar a nuestros autos.
Miriam fue a contarle a Derek todo lo ocurrido. Mientras, me apoyé en mi auto aguardándola.
Miré mis WhatsApps.
6 mensajes de 2 conversaciones
[ 1/9/10; 17:01] Jessy: ¡Hey! ¿Por dónde andas mongola?
[ 1/9/10; 17:02] Jessy: Acabo de terminar mi turno, voy a ir a darme una ducha y luego iré a ver a Coque para ver como está. Ayer le dolía la cabeza bastante.
[1/9/10; 19:56] Priis: Como no. Tengo que contarte algo importante. Ya hablaremos.
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[ 1/9/10; 17:36] Número desconocido: Hola Pris.
[ 1/9/10; 17:36] Número desconocido: ¿Sabes quién soy?
[ 1/9/10; 17:37] Número desconocido: Si lo adivinas te concederé una cita conmigo.
[ 1/9/10; 17:59] Número desconocido: Considéralo una gran recompensa ;)
[ 1/9/10; 20:00] Priis: Álvaro, estoy harta de tus juegos. NI MUERTA QUEDARÉ CONTIGO. Métetelo en esa pequeña cabeza que tienes.
Suspiré. Este chico no se rendía. ¿Enserio intentó contactar conmigo a través de otro número?
Ahora si que acabas de perder todas las posibilidades que tenías, amigo.
[ 1/9/10; 20:06] Número desconocido: No acertaste. Soy Mark. Te quedas sin recompensa, querida.
¿Mark? ¿El depravado amigo de Coque? ¡Vaya! Y yo que pensé que Álvaro se había vuelto un poco inteligente...
[ 1/9/10; 20:08] Priis: Okey, no pensaba aceptarla de todas formas...
[ 1/9/10; 20:10] Número desconocido: No dije que fuese una proposición.
Visto a las 20:10.
¿Qué mierda quería ahora? ¿No tiene más personas a las que molestar?
En el hospital no era así. Parecía atento, callado, alegre... Pero desde que Coque se despertó había cambiado por completo. Se volvió un canalla mujeriego, horrendo y desconsiderado mostrando su verdadera forma de ser. Al contrario que Álvaro, sus formas de conquistar a una mujer eran impropias y detestables. No tenían ni pizca de gracia y no aceptaba un no como respuesta. Al menos, Álvaro me hacía reír y no decía comentarios indebidos ni pasados de tono. ¿Pero qué estoy haciendo? Comparando a dos hombres cuyas personalidades son repelentes y desconsideradas.
De repente, un sonido llamó mi atención. Me di cuenta de que provenía del bolsillo de mi cazadora.
Era el móvil de Miriam. Mierda, se me olvidó devolvérselo.
Miré quien era. Me sorprendí al ver el nombre de "Érica" en la pantalla. Quise ver la foto de perfil lo que me hizo equivocarme y darle al manos libres.
Hoy Dios estaba en mi contra.
- Hola Miriam. Solo te llamaba para decirte que aún no se lo dije a Coque. Que no se te vaya de la lengua. Mi bebé aún es muy pequeño, apenas se ve en la ecografía. Estoy deseando contárselo a Coque, espero que le haga ilusión... - colgué inmediatamente dejándole con las palabras en la punta de la lengua.
Recapacité en las palabras que había escuchado salir de su boca. ¡Dios mío! ¿Érica está embarazada?
¿Es una broma? Y si el bebé... ¿Es de Henry? Cabe una pequeña posibilidad de que lo sea.
¿Porqué Miriam lo habrá ocultado? ¿Se lo pediría Érica? Tengo que decírselo a Henry... Aunque, ahora que está comenzando una pequeña relación con aquella chica... No quiero arruinárselo. Primero, debo asegurarme de que el bebé no sea de Henry. No se lo diré por el momento.
¡Dios mío! Sabía que esto terminaría muy mal. Solo debíamos tener fe y esperar que el bebé no fuese de Henry sino de Coque. Si, tenía que ser de Coque o ella pagaría muy caro su infidelidad.























