- PERSONAJES PRIMARIOS
- PERSONAJES SECUNDARIOS
-
1 TEMPORADA
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- Capítulo 31
- Capítulo 32
- 2 TEMPORADA
- 3 TEMPORADA
- PRÓLOGO
lunes, 8 de febrero de 2016
CAPÍTULO 29: QUÉDATE CONMIGO
DÍA: 10 DE AGOSTO
Narra Jessy:
Ayer Pris, decidió quedarse con Coque para que nosotras pudiésemos ir a casa y dormir en un colchón decente en vez de en sillas terriblemente incómodas. Miriam, no vino a casa en toda la noche. Me imaginé que estaría con Derek y me relajé.
La verdad, era que Derek no me caía tan mal después de todo. Parecía un buen chico aunque la diferencia de edad era demasiado elevada entre ambos.
Supongo que el dicho tiene razón: "Qué importa la edad si existe el amor".
Conocía a Miriam desde hace años y era cierto que nunca la había visto tan pillada por un tio como de esta vez.
Esperaba que por lo menos, a ella le fuese bien en el amor. ¿No?
A mi... No me iba tan bien. James, no me había vuelto a perseguir y eso ya era un logro. Coque, cada día se encontraba más cercano a mi. El problema siempre era ella. Érica, siempre estaba metida en el ajo y eso dificultaba mucho las cosas. Estaba claro, que Coque no era el típico infiel que le ponía los cuernos a su novia con cada una que le atraía. Su amor por ella, iba más allá de eso.
Os estaréis preguntando... ¿Y lo de la piscina? Bien, técnicamente cuando estás ebrio pierdes totalmente el conocimiento de tus actos. Supongo que eso fue lo que ocurrió. No lo negaba, aquel día, aquel beso tan profundo... Me había emocionado hasta el punto de pensar que le gustaba y que era verdad lo que decía. Pero, tras ponerme a pensar en la situación. Abrí los ojos. Él solo me tomaba como una buena amiga, como la mejor amiga de su hermana.
No debía de darle más vueltas al tema, fuese lo que fuese, él estaba gravemente ingresado en el hospital y tenía que centrarme solo en eso. En estar con él y demostrarle que estoy ahí. Eso es lo que hacen los amigos, ¿no?
Al ducharme y cambiarme de ropa, decidí retomar mi camino de nuevo al hospital.
Telefoneé a Miriam, no me lo cogió y eso me dejó un poco tocada. Estaba desaparecida desde ayer, cuando quedó con Dani para ir a tomar algo. Era cierto, ¿qué pasaría en ese encuentro?
Tenía un extraño presentimiento de que algo no iba bien. Miré la hora mientras en la radio del taxista sonaban canciones clásicas. Vaya gusto tenía el pobre...
Contemplé la ciudad tras la ventanilla y me puse a pensar en Érica. Ella... ¿Estará enamorada de Coque enserio? Ladeé la cabeza, aunque fuese mala hierba supongo que también conservaba sus sentimientos como todo el mundo. Coque era feliz con ella, supongo que eso era lo que importaba de verdad. Dejémoslo así.
Eran las diez en punto cuando bajé del taxi y me encaminé por la planta de UCI. Mi cabeza parecía que iba a explotar en cualquier momento. No dejaba de darle vueltas y más vueltas al tema. Coque, Coque y más Coques.
Pasé por delante de una habitación muy peculiar, me fijé en a chica que se encontraba en el interior. Era... era ¿Miriam? ¡Si, era ella! Se encontraba hablando con un niño pequeño. Él intentaba hacerla sonreír y animarle la moral. Sonreí y pensé: así que por eso no me respondía las llamadas.
Seguí mi camino hasta la habitación de Coque, tal vez, ya dejarían que pasasen las visitas.
Llamé suave a la puerta y me asomé.
Nada más entrar, vi a Pris. Se encontraba sentada al lado de la cama de Coque. Él dormía placidamente mientras Pris miraba por la ventana del cuarto.
Se volteó mirándome como si hiciera mucho tiempo que no me veía y no reconociese mi rostro.
- ¡Pris! - grité en un susurro. Lo sabía, poca gente sabía hacerlo. Yo era especial.
- ¡SHHH! - colocó su dedo índice entre sus labios haciéndome una seña para que cerrase el pico - No quiero que se despierte - murmuró en voz muy baja.
Me empujó hacia el exterior de la habitación y decidimos conversar frente la misma.
- ¿Cómo llevó la noche? - pregunté mirándola con nerviosismo y me crucé de brazos.
- Bastante bien, la verdad. Las naúseas parecen haber cesado - me explicó apoyándose en el pomo de la puerta.
- Eso es una gran noticia - suspiré cerrando los ojos un misero segundo, como si me quitase un peso de encima - ¿Y qué tal con Miriam? ¿Solucionásteis las cosas? - hice una mueca mirando a otro lado.
- Si, ya está todo solucionado. No te preocupes. Hablé ayer con ella... Estuvo bastante rara por teléfono. Me colgó de una manera muy repentina - ladeó la cabeza encogiéndose de hombros.
- Últimamente, anda en su mundo. Sabe dios lo que le ronda por la cabeza.
Pris asintió mientras una mano se posaba sobre su hombro izquierdo dándole un pequeño susto. Miriam, nos miró a ambas sonriendo forzosamente.
- Buenos días, chicas - nos saludó entrometiéndose en la conversación.
Hablando del rey de Roma, por la puerta de asoma. Decidí preguntarle su paradero durante toda la noche.
- Oh... Estuve con Derek. Me entretuve más de la cuenta. Sorry - hizo un gesto de disculpa - ¿Qué tal Coque?
- Bien, va mejorando - respondió Pris.
Miriam nos abrazó a ambas sin borrar la sonrisa de los labios.
- Por cierto, la doctora me avisó con antelación de que hoy vendría a informarnos sobre la operación - recordó Pris a ambas.
- Genial - mencionamos Minnie y yo a la vez.
Decidí meter baza y le pregunté a Miriam como le fue ayer con Dani. Ella abrió los ojos sorprendida ante la pregunta.
- Muy bien... Nos invitó a las tres a ir al cine, por cierto - propuso asintiendo - Este sábado.
Pris y yo nos miramos inexpresivas. Luego, dirigimos de nuevo la mirada a Miriam.
- ¿Tú, Pris, Dani y yo? ¿No serán muchas chicas para un solo hombre? - alcé una ceja golpeándole el brazo con suavidad.
- Ajam... Álvaro y Carlos también se vienen. Dice que les convencerá de alguna forma para que se vengan - explicó al ver que no estábamos muy de acuerdo - Bueno, ¿Qué? ¿Os venís o os quedáis en casa a ver películas del videoclub?
- Está bien... Yo me apunto - afirmó Pris sonriendo.
Ambas me observando poniéndome ojitos. Volteé los ojos aún con los brazos cruzados.
- Iré... - mencioné mientras Miriam me daba un abrazo dándome las gracias. Pris nos miraba con ternura.
- Buenos días, chicas - nos sorprendió la doctora justo en frente de nosotras. Nos sonreía amablemente mientras llevaba unos documentos entre sus manos.
Miriam y yo nos separamos. ¡Qué vergüenza!
- ¿Os parece si entramos? - volvió a mencionar la doctora.
- Por supuesto - respondimos Pris y yo a la vez.
Todas entramos de nuevo en el interior. Coque seguía durmiendo profundamente. Podría derrumbarse el hospital que él seguiría sin abrir los ojos.
Reí ante mis ocurrencias y me senté justo al lado de él observando como descansaba.
Pris se sentó en una silla que se encontraba cerca de la ventana y Miriam se quedó de pie observando los pasos de la doctora.
Ella, se acercó a Coque. Cuando estuvo a su altura le zarandeó aclamando su nombre.
Él se quejó removiéndose en la cama.
- Siento despertarte Coque, pero necesito ver tu estado y además, vengo a hablarte de la operación. Supongo que tus amigas y tu hermana ya te contarían algo - le informó la doctora mientras le tomaba el pulso y miraba los latidos de su corazón con la ayuda de su estetoscopio.
Él abrió los ojos intentando enfocar la imagen y asintió aún adormecido.
- Si, ya me lo contaron. Aunque si te digo la verdad, prefería no saberlo.
La doctora sonrió y le tomó la temperatura mientras intentaba tranquilizarle.
- Bien, todo parece ir bien. ¿Cómo te encuentras?
- Aparte de tener mucho frío, las nauseas no volvieron a tocarme los c******. El dolor en el estómago es aguantable hasta cierto punto y los mareos ya han pasado a ser normales - explicó frotándose los ojos.
- ¿El malestar que sientes es justo sobre la zona superior del ombligo? - preguntó de nuevo la doctora interesándose por su estado.
- Si, creo que si - hizo una mueca.
- Estás muy pálido... ¿Notas cansancio, fatiga, dolor de cabeza, sensación de falta de aire, alteraciones en la visión...? - dijo concentrada como si estuviese apunto de dar con algo.
- A veces, y sin hacer casi esfuerzos - asintió - ¿Por qué? ¿Ocurre algo?
- No estoy segura... Tal vez, la anemia sea otro posible síntoma de lo que te ocurre - murmuró pensativa.
- Eso significa, que el cáncer avanza con rapidez - mencioné para mi misma sin darme cuenta.
- No pensemos en ello todavía. Aún no estamos seguros. Durante esta semana le haremos más pruebas para saber mejor en donde nos estamos metiendo. ¿ Qué tal vas al baño? ¿Notas algún trastorno digestivo? ¿Diarrea, extreñimiento...? - intentó calmar la situación.
- No, voy... bien - bajó la cabeza sonrojándose.
- Perdona, es parte del seguimiento habitual. No quiero que te sientas incómodo ni mucho menos - aclaró la voz mirando los documentos.
- No importa, solo es que... no estoy acostumbrado.
Le cogí de la mano y se la acaricié con ternura para que se relajase. Él me contempló y me sonrió como pudo jugueteando con ellas.
- Bien, proseguiré a explicaros la operación. Me podréis preguntar cualquier duda cuando terminé - miró a todos los presentes y finalmente, se dirigió a Coque. Su mano temblaba entre las mías.
- Yo quería preguntarle algo. Verá... ¿Serán varias operaciones o solo una? - se adelantó Miriam.
La doctora rió bajo y decidió contestarle.
- Esta intervención será la primera y también la más importante. Depende de lo que nos encontremos, si se extendió el tumor o si es menos grave de lo que esperábamos raccionaremos de una forma u otra.
De momento, no lo podremos confirmar hasta que lo examinemos. No quiero preocuparlos, ni mucho menos. Aunque me gustaría prepararos para lo peor - observó a Miriam en todo momento.
- Perdona, ¿lo peor? Dijo que no nos debíamos preocupar, que haría todo lo posible y que habíamos intervenido a tiempo. Coque saldrá de esta, como en todo el resto de las ocasiones en las que estaba en peligro y salió ileso de ellas - defendió la testaruda de Minnie.
- No, no dije eso. Dije que mi trabajo era salvar vidas y eso es lo que intentaré hacer con la de tu hermano aunque a veces, haciendo todo lo posible cabe la posibilidad de que no haya solución posible. Solo os advierto de lo que pueda pasar. Yo no soy Dios, solo actúo como él. Tengo la vida de las personas en mis propias manos pero no soy mago, ni mucho menos - ladeó la cabeza excusándose.
- Coque... - susurré - Tengo que irme, espero que puedas comprenderlo - me mordí el labio mirándole con ojos cristalinos.
- Claro - me sonrió - Ven más tarde, por favor - suplicó mirándome a los ojos.
- No te preocupes. Te pondrás bien - solté su mano asintiendo y salí del cuarto con rapidez. Coque me observó con tristeza imaginándose lo que rondaba por mi mente.
Eso me estaba matando. Coque muriéndose por momentos y Miriam peleándose con la doctora por hacer su trabajo. Coque no puede operarse, eso terminaría con lo poco de vida que le queda por disfrutar. Un 45% de posibilidades es como hablar de lo buena que es la comida basura, es decir, que es prácticamente nula. Si toma esa decisión, posiblemente no logré despertar nunca más.
Nada más entrar en el baño de chicas, mis ojos comenzaron a nublarse de lágrimas. ¿Por qué le tenía que ocurrir esto a él? ¿Por qué? Daría lo que fuese porque me pasase a mi y no a Coque. No se lo merecía, era tan buena persona, un puto ángel caído del cielo.
Me senté en el suelo y bajé la cabeza cogiendo mis rodillas y deshaciéndome en pedacitos.
La vida no es justa, a veces te trae la más cojonuda felicidad y otras veces, te la arrebata de la manos.
Sentí unos pasos detrás de mi. Alcé la mirada y limpié mis lágrimas con las manos.
- Oye, ¿estás bien? - escuché una voz acercándose cada vez más.
Ladeé la cabeza tragando saliva. Esa voz me sonaba de algo pero no conseguía recordarlo.
Sonreí forzosamente.
- Si, no te preo... - me volteé y me quedé en shock al ver a Carlos, Carlos Marco en el baño de chicas - ¡Dios mío! ¿Carlos? - pestañeé ladeando la cabeza para comprobar si era un sueño. No lo era, era él en carne y hueso y me observaba con preocupación.
- El mismo - caminó hacia mi y se sentó a mi lado - Es difícil que no te reconozcan en ningún sitio - hizo una mueca y me acarició las rodillas con ternura para tranquilizarme.
- ¿Qué haces aquí? - le miré aún con ojos llorosos.
- Bueno... Estaba buscando los baños y al no poner el dibujito de la tia con falda y el tio sin ella pues ya ves. Confundo el símbolo de la mujer con el del hombre. Que manía con complicarle la vida a uno - volteó los ojos indignado - Y claro, al ver a una dama llorar pues... - se encogió de hombros.
Sonreí ante su comentario.
- No, digo que que haces en el hospital - aclaré.
- Ah, vine a hacerme unos análisis. Ya sabes, para ver si estoy bien de salud y todo eso. Y me han mandado mear en un bote. Dicen que van a analizarlo. Ni que estuviera preñado... - susurró alzando las cejas.
Me reí y puse mi mano sobre la suya.
- Ahora enserio, ¿qué coño te pasa? - mencionó jugueteando con mis manos de la misma forma que lo hacía Coque.
- ¿Acaso te importa? Seguro que ni siquiera recuerdas mi nombre - mencioné mirando a otro lado y apartando mi mano de la suya.
- Jessica Voe, dieciocho años. Tiene una gran voz. Rubia, de ojos claros y una sonrisa que... es terriblemente enamoradiza - le miré de reojo mientras mis mejillas comenzaban a cobrar color cobrizo - Valiente, fuerte, con sangre pura y un corazón que no le cabe en el pecho - sonrió para si mismo.
- Cállate - le pegué una bofetada muy suave, casi como una caricia. Él me sujetó la mano riendo.
- Se muchas cosas de ti. Estar una noche entera mirando cada una de tus fotos de Instagram para mi es un verdadero reto. Y lo cumplí - inclinó la cabeza divertido.
Le miré en completo silencio y bajé le cabeza. Sus ojos expresaban tanto, me recordaban a los de Coque. Tiernos, pasionales y muy sentimentales.
- Mi mejor amigo está ingresado en el hospital y resulta que le han encontrado un tumor. No puedo verle así, sufriendo, es como si sintiera su dolor a cada momento que pasa. No aguanto estar a su lado viéndole así, él me necesita pero no puedo - ladeé la cabeza mirando hacia abajo - Solo me entran unas ganas inmensas de llorar y no deseo que me vea así. Ya está pasando por mucho y solo faltaría que tuviese también que preocuparse por mi. Siempre soy yo la que salgo corriendo cuando no debería hacerlo. A mi no me está pasando lo que a él. Estoy actuando como una niña pequeña y eso lo odio. Me encantaría... Me encantaría estar ahora mismo a su lado. Sin importar mis putos sentimientos, lo que piensen o dejen de pensar de mi pero no puedo. Te juro que no puedo.
Las lágrimas volvieron a consumirme totalmente. Carlos me abrazó con ternura y seguí llorando en su regazo sin poder evitarlo. Me agarré fuertemente a su camiseta y apreté los ojos con fuerza mientras las lágrimas seguían saliendo de mi interior.
- Lo entiendo. Le quieres, quieres estar con él en todo momento pero las ganas indeseadas de derrumbarte se apoderan de ti. Piensas, que si lloras o le dices que estás así por él posiblemente le parezca una tontería pero no es así. Él sabe tan bien como yo que no es agradable ver a tu mejor amigo en estas condiciones, lo entenderá. Tranquila - me sonrió acariciando mi espalda e intentando consolarme.
- ¿Tú crees? - recapacité parándome a pensar y me separé de su regazo para mirarle.
- Claro que si. Se pondrá bien. Debes tranquilizarte y demostrarle que estas ahí, apoyándole ante lo que sea. No importa si no aguantas y te derrumbas delante de él. Pero Jessy, no te quedes en un baño llorando. Acompáñalo y demuéstrale que no está sólo y que estás ahí para lo que sea - me guiñó un ojo sonriente.
- Carlos, ¿Tú sentiste algo así por una amiga? Es decir, algo más que una simple amistad... - le miré desde abajo con una entre sonrisa.
- Si yo te contara - murmuró haciendo memoria - Todos tuvimos un "amigo"... - dijo marcando las comillas con los dedos - ... Por el que sentimos algo más que una simple amistad. Yo lo sentí una vez pero el tiempo y la distancia acabaron con toda la magia.
- Cuanto lo siento - bajé la mirada haciendo una mueca con los labios.
- Lo he superado y tengo esperanzas en que algún día nos volvamos a ver las caras - sonrió depositando esperanzas en ello.
- ¿Cómo se llamaba? - pregunté con curiosidad y mirándole a los ojos.
- Roxi. Era única, mi gran amor en el instituto. Le llevaba cuatro años. Estuvimos saliendo durante tres años y medio pero sus padres tuvieron que mudarse y no volví a verla nunca más. Charlábamos a diario, a través de la redes sociales. Nos seguimos comunicando pero ya sabes que las relaciones a distancia no funcionan. Roxi cambió su número de teléfono y no pude seguir comunicándome con ella. Me dolió mucho pensar que no volvería a recibir noticias de ella - explicó como si fuera un recuerdo muy lejano.
- Carlos, seguro que te volverás a encontrar con ella. Algún día - le toqué el hombro dándole confianza.
- No estoy seguro pero gracias de todas formas - me sonrió dándome un tierno abrazo - Y ahora, venga. Alguien te espera - me susurró levantándose del suelo y limpiándose el pantalón.
Le sonreí y me levanté a su vez. Tenía razón, todavía quedaba algo por hacer. Le sonreí con ternura y caminé hacia la puerta. Le contemplé por última vez.
- Gracias - le susurré en un murmullo y regalándole una tierna sonrisa.
Avancé por los pasillos dispuesta a comerme el mundo. Los buenos consejos de Carlos me dieron fuerzas para seguir adelante.
Narra Lola:
A eso de las once de la mañana, el timbre de la puerta me despertó. Suspirando y maldiciendo a la persona que había desvelado mi sueño, fui a abrir. Si, en bragas y con una camiseta de tiras .
Soñorienta aún, bostecé entre refunfuños y la persona que se encontraba frente a mi me miró como si no hubiera visto nada más bello en todo el mundo. Al ver a Henry, con mi cazadora en la mano, me asusté y escondí mi cuerpo que tan sorprendido le había dejado tras la puerta.
- Hola - dijo sarcástico - Verás, ayer te dejaste esto en el asiento de mi coche - me lo mostró arqueando una ceja.
Sonreí como pude y extendí el brazo para cogerla. Él dio un paso hacia atrás juguetón y la zarandeó en el aire.
Cerré los ojos y suspiré. Al abrirlos, salí de detrás de la puerta y cogí la chaqueta arrebatándosela de las manos. Cuando quise escabullirme, me di cuenta de que me tenía cogida por la cintura. Bajó sus manos a mi trasero y me miró a los ojos con malicia.
- Suéltame - susurré poniendo mis manos sobre las de él e intentando apartarlas de mi cuerpo.
- No quiero - puso morritos quejándose y acarició mis posaderas con suavidad. Sentí un escalofrío recorriendo mi cuerpo y me estremecí.
- Enserio...para. Eres un pervertido - dije nerviosa mientras mi corazón latía con rapidez.
Subió sus manos por mi espalda y las metió por dentro de mi camiseta haciéndome soltar un gemido bastante sonoro.
Sonrió y me besó con fuerza mientras sus manos seguían su recorrido por mi ombligo, mi abdomen y cuando quiso avanzar más, le pisé el pie izquierdo con fuerza. Eso hizo que se apartase de mi y se cogiera el pie haciendo una mueca de dolor.
Le contemplé con ojos furiosos.
- Gracias por traérmela - mencioné por última vez besando su mejilla derecha - Ah, y lo siento - me mordí el labio entornando los ojos y le cerré la puerta en las narices.
Comencé a reírme fuertemente mientras acudía de nuevo a mi cuarto y dejaba la chaqueta sobre la cama.
¡Nadie se mete con Lola Steff! Me dejé caer sobre la cama pensando en sus labios. Creo que nunca me cansaría de ellos. Y pensando en Henry, me quedé dormida en un abrir y cerrar de ojos retomando así mi sueño reparador.
Narra Coque:
Jessy se había ido hace rato y todavía no había vuelto. Eso me ponía de los nervios. No entendía porque se había marchado tan repentinamente, no me lo dijo.
Al mirarle el rostro pude comprobar como sus ojos comenzaron a humedecerse. ¿Qué le sucedía? ¿Por qué se puso de esa forma?
Pensar que estaba sufriendo posiblemente por mi no era muy agradable. No quería que estuviese mal por mi, solo quería que estuviese bien y que siguiese conservando las esperanzas y el buen rollo.
- Doctora... ¿Cómo será la operación? - pregunté saliendo de mis remotos pensamientos.
- Os lo explicaré en cristiano para que podáis comprenderlo - asintió mirando a los alrededores.
- Mejor. El lenguaje médico no nos va mucho que digamos. Por lo menos, a mi - murmuró Pris liberando la tensión acumulada.
- Os entiendo. Yo decía lo mismo antes de dedicarme a esto - miró los documentos interesada.
- No nos va mucho la medicina. Creo que a ninguno de nosotros - intervino Miriam cruzándose de brazos y apoyándose en los pies de la cama.
- Ya. Bien, te lo explicaré - anunció mirando por enésima vez los papeles que tenía entre las manos - La cirugía es el tratamiento más común que se suele utilizar en estos casos. Te haremos una gastrectomía, es decir, quitaremos la parte infectada por el tumor y el tejido fino que lo rodea. Luego, anastomosaremos la parte restante del estómago, la que no ha sido extirpada y finalmente, conectaremos el esófago con el intestino delgado. Cuando terminemos, tendremos que comprobar si las células del cáncer se han extendido por los linfáticos. Si eso ocurre es posible que se haya extendido por más órganos y partes del cuerpo.
Al terminar, los primeros días tras la cirugía te alimentaremos intravenosamente. Después de varios días, pasaremos a darte líquidos, seguido de alimentos suaves y finalmente, alimentos sólidos. Si no existe ningún problema después de la operación podrás continuar con tu vida normal y no tener que seguir una dieta rigurosa. Te asignaremos un nutricionista que vigilará los alimentos que tomes.
Algunos pacientes después de la gastrectomía presentan calambres, náuseas, diarreas, y vértigos poco después de comer porque el alimento y el líquido entran en el intestino delgado muy rápido y sin haber sido digeridos.
Sería el llamado síndrome de la descarga. Tendrías que mantenerte alejado de las proteínas y los azúcares aunque no creo que a ti te ocurriese ya que lo hemos localizado a tiempo. Este síndrome puede llegar a durar entre tres y doce meses o puede llegar a ser permanente.
Después de la operación, puedes llegar a tener algún malestar estomacal aunque no debes dejar de comer por ello.
- ¿Me anestesiarían? - pregunté algo confuso después de su extensa explicación.
- Claro, no te enterarás de nada. No es muy agradable estar despierto durante una operación.
- No sé como aguantan los pacientes de neurocirugía a la hora de operarse - mencioné pensativo.
- Saben que necesitan operarse si quieren sobrevivir - asintió explicándose.
- Y... ¿No pueden hacerlo por quimioterapia? - fruncí el ceño dando más opciones.
- Lo estudiamos pero dada la situación del tumor es imposible acceder a el por quimio. Ya sabes, los tumores son como enormes bestias que quieren apoderarse de tu cuerpo sea como sea y luchan para conseguirlo. Son fuertes aunque tú puedes serlo más que ellos.
- ¿Radioterapia, terapia biólogica? - propuse con esperanza.
Ella ladeó la cabeza.
- Solo puede operarse. Al abrir, decidiremos según se haya extendido el tumor si es mejor extirparlo o no. Si no se puede operar... - bajó la cabeza sin continuar la frase.
- Yo conozco a un amigo de mis padres que tenía un melatoma enorme en el hígado y decidieron tratarlo con quimio. Fueron diez largos años. Venía cada semana al hospital a por su dosis de quimio. Al final, no consiguieron nada. Le extirparon todo el hígado y si se lo hubieran operado antes no se habría extendido tanto - me encogí de hombros mirándola.
- Existen muchos casos de tumores estomacales, Coque. Un millón de personas al año mueren por ello. Fallecen porque llegan tarde. Estes tumores son muy difíciles de diagnosticar y viniste en el mejor momento, Coque - se explicó cogiéndome de las manos para compadecerme.
- Haber si lo entiendo, si no fuera porque vino aquí por la pelea ahora mismo Coque no sabría lo del tumor y posiblemente no llegaría a tiempo para terminar con él - intervino Pris. No sé si lo afirmaba o lo preguntaba.
- Solo digo que si no viniese al hospital y le hiciésemos las pruebas, ahora mismo el tumor seguiría extendiéndose sin posibilidad de poder extirparlo más adelante - se volteó mirándola.
- ¿Entonces le hemos salvado la vida al traerlo? - anunció Miriam con tono preguntón.
- Pues seguramente si... - dijo la doctora no muy convencida de ello.
- ¡Gracias a dios! - exclamó Miriam sonriendo y caminando hacia Pris para darle un tierno abrazo de oso.
- ¿Has oído eso? Jessy le ha salvado la vida al traerlo. La pelea fue lo mejor que le podía haber
pasado a Coque - dedució Pris juntando las piezas del puzzle.
- No, aún no estéis tan seguras de ello. Aún tengo que superar la operación y me da a mi que no va a ser trabajo fácil - mencioné acomodando la almohada que tenía detrás de mi.
- No digas eso. Ya has escuchado a la doctora. Pocos logran detectarlo a tiempo pero tú lo has hecho - sonrió Miriam mirándome fijamente.
- No estés tan segura. Yo me prepararía para lo peor - me crucé de brazos asintiendo con obviedad.
- Pero Coque, hay muchas posibilidades de que sobrevivas. Tienes que luchar por ello. Si no lo aceptas y te deprimes es mucho peor - susurró Pris intentando que entrase en razón.
- No. Vosotras no sabéis lo que es... Pensáis que todo es un camino de rosas cuando no lo es.
El dolor por el que estoy pasando cada vez se hace más inaguantable. Casi ni puedo dormir por las noches temiendo lo que sucederá mañana, pensando que tal veces no vuelva a despertar, que pase toda mi vida en una cama de hospital rezando para poder irme ya y dejar todo el sufrimiento atrás. Vosotras no estáis pasando por esto, pero yo si. Es muy fácil hablar sin saber lo que uno está sintiendo y me parece que seguís sin verlo - me expliqué a la defensiva con los ojos humedecidos.
- Emmm... ¿Alguna pregunta? - preguntó la doctora eliminando la tensión y ese silencio tan aterrador.
- ¿Cuántas posibilidades me dijiste que tenía de superar la operación? - le miré como pude.
- Un 45%. ¿Alguna pregunta más?
- No, gracias - finalicé la conversación.
- Si tienes alguna otra cuestión, no dudes en acudir a la enfermera.
- Por supuesto - afirmé mirando a Miriam que se mantenía alejada del mundo. Sumida en sus propios pensamientos - ¿Me operará usted?
- Si, junto a la jefa de cirugía general, dos residentes, tres internos, cuatro enfermeras y el mejor anestesista del hospital. No tengas duda - sonrió cerrando su cuaderno y llevándolo bajo el brazo.
- Genial - asentí en un suspiro.
- Buenas tardes, Coque - se despidió haciendo un gesto con la cabeza y salió de la habitación.
Me puse a leer un libro ya que Pris y Miriam seguían en silencio recapacitando ante mis sabias palabras. Más tarde, Jessy volvió. Se acomodó a mi lado y me achuchó bien fuerte mientras se sumaba a la lectura conmigo.
Narra Miriam:
Por mi cabeza no dejaba de pasar lo que me dijo ayer, Derek. Eran demasiadas noticias juntas en un solo día y aún no había podido asumirlo completamente. Además, lo que dijo Coque me dejó bastante tocada. Tal vez, tuviese razón. No deberíamos de tomárnoslo tan bien. Deberíamos comenzar a pensar en otras diversas posibilidades.
9 de agosto a las 23:45
(FlashBack)
Ambos, nos sentamos cómodamente en la cafetería del hospital y comenzamos a charlar.
Derek se mantenía serio en las nubes de su propio reino. Me miraba expectante sin ganas de empezar la conversación. Decidí romper el silencio que nos consumía a ambos.
- Hoy he ido a recoger mi auto pero tú no estabas. ¿Por qué no fuiste a trabajar? - pregunté inclinando la cabeza y mirándole fijamente mientras me tomaba un café muy cargado.
- Me he tomado el día libre. Necesitaba poner varias cosas en orden - bajó la mirada entreteniéndose con las burbujas de su café.
- Ah... - murmuré sonriendo forzosamente.
- Te traigo lo papeles que debes de firmar. Son el contracto para comenzar a trabajar en mi empresa. Está todo muy bien explicado. Si necesitas algo no dudes en llamarme y leételo despacio. No hay prisa. Ya me los entregarás cuando veas... - me entregó un sobre lleno de papeles y más papeles.
Los dejé a un lado y le miré con curiosidad.
- ¿Solo querías hablar de eso? - alcé una ceja mordiéndome el labio.
- No, la verdad es que... Tengo que decirte algo y temo que no te va a gustar... - susurró entre dientes.
- Me estás asustando - le miré inexpresiva y bebí un sorbo de mi café.
- Verás... Tengo que hacer un viaje de negocios. Un cliente en Madrid quiere hacerme una oferta y no puedo negarme - me contó mirándome desde abajo.
- Oh... bien. ¿Qué tiene eso de malo? - mencioné frunciendo el cejo.
- Qué estaré un mes fuera y que me voy dentro de una semana - hizo una mueca reprobatoria y jugueteó con los terrones de azúcar de su café.
- ¡Joder! ¿Ya? ¿En una semana? - levanté la voz anonadada. En esos momentos, lo necesitaba más que nunca y la verdad, era que no quería que se fuese de mi lado. Aunque... tal vez, debiese comprenderlo. Un viaje de negocios era realmente importante y sobre todo para Derek.
Intenté relajarme y respiré hondo. Le miré a los ojos, estos parecían atemorizados esperando mis próximas palabras.
- Lo siento mucho, te aseguró que te recompensaré - me guiñó un ojo como pudo.
Ladeé la cabeza cambiando mi expresión facial.
- Está bien. Me parece bien. Arregla los asuntos que tengas que arreglar. Eso si, te llamaré a diario para darte las buenas noches y tendré una foto tuya sobre mi mesilla para que no me sienta sóla nunca - hice pucheros mirando hacia abajo. Él se irguió y besó mi mejilla con ternura hundiéndonos en un tierno abrazo.
- Gracias por entenderlo. Enserio - me achuchó con fuerza durante varios segundos. Al separarnos, le miré a los ojos sonriendo gratamente.
- Te quiero, Derek Karev - le observé con ojos cristalinos frotando mi nariz calentita con la suya completamente congelada.
- Y yo a ti, pequeña - dijo acariciando mi mejilla mientras toda esa tensión que tenía acumulada se esfumaba minuto tras minuto.
Acaricié su cabello, tan sedoso como el primer día y olfateé el aroma tan delicioso que transmitía su perfume de caramelo. Él me hacía la más feliz de la faz de la tierra. El mundo se detenía con sus besos y se enamoraba con sus sonrisa.
Aún no me podía creer que le quisiese tanto.
- Quédate conmigo para siempre - susurró cerca de mi oído. Acaricié su espalda con delicadeza y sonreí al escuchar sus palabras.
- Me quedaré contigo eternamente - comenzaron a subirme los colores. Reí jugueteando con su lengua y ambos continuamos charlando de cosas sin sentido que a los dos, nos hacía estallar en lindas carcajadas.
(Fin del FlashBack)
- ¡Miriam! ¡Miriam! - Pris me sacó de mis pensamientos zarandeándome de un lado a otro con fuerza.
- ¿Qué? ¿Qué? - centré mi atención en ella.
- ¡Tienes que ver esto! - exclamó lo bastante alto como para llamar la atención de Coque y Jessy.
Pris nos mostró el número de hoy de la revista semanal de juventud. ¡No me lo podía creer!
Yo aparecía en la portada. Cogí la revista entre las manos sin poder creerlo y con la boca abierta de par en par.
Miré a Pris atónita y bastante pálida.
- No puede ser... - susurré aturdida ladeando la cabeza mientras volvía a bajar la mirada y contemplaba de nuevo lo que tenía entre mis manos.
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