domingo, 14 de enero de 2018

(T2) CAPÍTULO 47: CARTAS EN EL BUZÓN



Narra Pris:



El chocolate caliente sienta estupendamente.
El otoño comienza a notarse. Las camisetas de tiras cortan el sentido y por no hablar de los pantalones cortos.

La encargada de una tienda de ropa es especialista en detectar el cambio de las estaciones.
La ropa de verano deja de venderse y se reemplaza por los típicos abrigos, bufandas y botas que suelen llegarte hasta la rodilla.

Mi padre se ha ofrecido a ayudarme con las facturas de la tienda al verme tan completamente agotada al llegar a casa. Teniendo en cuenta que eso es lo que más le gusta a él, no le resultará un trabajo tan pesado como a mi.

Miré el reloj eran las 10:30 pasadas y aún me sentía lo suficientemente despierta y consciente como para consultar mis mensajes.


"7 mensajes de 3 chats".


No hay señales de Miriam pero si de Jessy. 

Sus mensajes no me parecen importantes así que los contesto con rapidez. El resto son de trabajo.
Suspiro y deslizo la pantalla unos centímetros más abajo.

Y allí estaba, el chat de Álvaro. Su foto de perfil destacaba entre todas las demás.
Más abajo destacaba un "OK" de nuestra última y depravada conversación y más arriba la fecha, "03/09".

Si, exactamente hacía un mes que ninguno de los dos se atrevía a comenzar una conversación y seguramente él no la echaba de menos tanto como yo.
Aunque siempre le insultase o rechazase, hablar con él me encantaba y sus estupideces aún más. 

Me duele admitirlo pero no pensé que alejarme de Álvaro pudiera causar una herida bastante profunda en mi corazón.

¿Pero qué puedo hacer? Mis sentimientos por él no están claros y después de tratarle de esa manera no creo que quiera volver a saber de mi en una temporada.

Tal vez lo mejor sea dejar pasar el tiempo aunque corra riesgos, riesgos de que conozca a alguien más, de que se olvide de mi o de que simplemente comprenda que yo solo era para él un quebracabezas.

Salgo del WhatsApp rápidamente, antes de que mi parte inmadura e impulsiva salga a la luz y me dejé quedar como la más estúpida y egoísta del universo.

Debo aclarar mis ideas. Ha pasado un mes y aunque ya lo eche de menos aún no tengo claro que es lo que quiero que Álvaro aporte a mi vida.

Él actuó bien y ahora me toca a mi.
Solo espero que él esté dispuesto a esperarme y dejarme espacio sin olvidarse completamente de mi.





Narra Miguel:


La luz que incidía por el ventanal del edificio era cálida y frágil. 

Henry estaba apoyado contra la puerta con los ojos cerrados y respiraba profundamente.
Me quedé callado. Sabía que si decía algo seguramente se sintiese presionado y prefería no intervenir.

Finalmente, me observó y asintió con la cabeza. Llamó al timbre y aguardó deseperadamente una respuesta al otro lado. 

Pasaron unos segundos que semejaron largos e inquietantes minutos. 
Henry volvió a presionar el timbre y finalmente, la puerta se abrió.

La cara de mi hermano era de puro alivio y al mismo tiempo satisfacción. Llevaba esperando durante un largo tiempo y fue muy considerable al dejarle espacio y tiempo para asimilar todo lo que había ocurrido. Todo fue muy caótico para todos pero no puedo ni imaginarme lo mal que lo debió de pasar y lo está pasando Lola. 
Me encantaría ofrecerle mi apoyo y consolación porque es lo único que puedo ofrecerle lamentablemente. 


Frente a mis ojos, aparece una chica flaca y demacrada. Sus labios están totalmente secos, las ojeras cubren totalmente los alrededores de sus ojos, tiene la nariz roja y una expresión triste y sombría.
 Nuestra visita no parece agradarle. No muestra ni una mueca de sorpresa. Simplemente, se mantiene indiferente y totalmente callada.

Me fijo en su vestimenta. Lleva un chándal holgado, no lleva zapatillas solo unos calcetines de inverno y una manta cubre su flaco y débil cuerpo.

- Lola. Nosotros... queríamos saber como estabas. Nos tienes muy preocupados y no recibir noticias tuyas aún más - dice Henry bastante cohibido y poniendo especial atención a sus palabras. 

Ella traga saliva y se frota la frente con cansancio.

- Lo siento. No me sentía muy sociable que digamos - se limita a responder.

- ¿Podemos pasar? - interrumpo como de costumbre mientras Henry no aparta la mirada de ella.


Nos sentamos.
Ella se sienta justo frente a nosotros y se tapa con más mantas mientras un escalofrío recorre su cuerpo. 

Bajo la mirada. Odio verla así, tan frágil. Siento que cualquier palabra o movimiento que diga o haga puede romperla. 

Por una vez en mi vida, cuido lo que voy a decir, pienso antes de hablar y no digo estupideces.
No quiero molestarla, eso me rompería el corazón.
Ya la han lastimado lo suficiente. 

Cuando me doy cuenta, un silencio absoluto nos absorbe y Henry y yo nos miramos como decidiendo quien debe lanzar la primera piedra.

Finalmente, Henry se da por vencido.

- ¿Cómo te encuentras? 
Su voz es tenue y dulce. Eso logra captar la atención de Lola que sonríe amargamente mirándole como puede.

- ¿Cómo piensas que me encuentro? Solo mírame - abre sus brazos y hace una mueca - No tengo ganas de nada. Cada vez que pienso, cada vez que cierro los ojos... Solo puedo recordar esa escena.
La escena de un desconocido sobre mi, manoseándome, desvistiéndome y utilizando mi cuerpo como si fuera un simple juguete. El dolor que sentí es equivalente al dolor que siento en estos momentos - Unas lágrimas comienzan a brotar de sus ojos mientras su voz es quebrante y casi inaudible - Vosotros no sois los únicos que vinieron a ver si aún estaba viva. Muchas personas vinieron pero mis ganas de verles y charlar con ellos eran nulas.
Solo quiero borrar ese puto recuerdo de mi mente pero me resulta totalmente imposible. Es frustante - termina tapándose el rostro con ambas manos a la vez que limpia sus lágrimas con las mangas.





Henry se levanta. No puedo impedírselo porque sé que diga lo que diga no me hará el más mínimo caso.

- Ojalá pudiera calmar tu dolor. Ojalá fuera yo el que estuviera pasando por esto y no tú. Odio verte así pero lo que más odio es sentir que no puedo hacer absolutamente nada. Quiero ayudarte, quiero estar junto a ti. Solo... déjame. Comparte tu dolor conmigo - le consuela cogiéndole de la mano. 

Lola centra su mirada en él. Sus ojos aún inundados en lágrimas revelan un brillo especial. 
Su rostro expresa un dolor totalmente incalculable. 

- Olvídalo, Henry.  Lo que menos quiero es arruinar tu vida también - suelta su mano lentamente y aparta su mirada - Creo que lo mejor es que os vayáis. 

- No quiero irme, Lola. No pienso dejarte así. ¿Hace cuanto que no comes? ¿Hace cuanto que no duermes?

Los ojos de Henry comienzan a nublarse. Sigue arrodillado a los pies del sofá. 

Siento una gran compasión por ambos. Esta claro que ella necesita su apoyo pero no quiere hacerlo sentir mal, no quiere que sienta lo que ella está sintiendo. Los dos se quieren muchísimo pero...

- Lo solucionaré, Henry. Solo... vete, por favor. 

- Te juro que si encuentro de nuevo al hijo de puta que te hizo esto... Cuando lo vea su madre no lo va a reconocer. Seguramente ni salga vivo.

Henry muestra su furia mientras pequeñas lágrimas no tardan en salir de sus ojos.

- Mierda, Lola. Cuídate, ve a terapia... Si me dejases cuidarte, estar contigo... Todo sería diferente. 
Dios, Lola. Siento todo lo que dije. Te quiero tanto. Antes de lo sucedido y ahora. Fui un gilipollas por dejarte ir aquel día, por no decírtelo claramente. A quien quiero es a ti, me la suda todo. 
Por favor Lola, perdóname y vuelve. Regresa a mi, regresa a mis brazos. Déjame amarte... Joder - Su voz se vuelve cortante y tartamudeante. 

Los ojos de Lola vuelven a humedecerse. Trago saliva, me siento un estúpido contemplando tan horrible escena totalmente callado. Tal vez debería intervenir pero a su vez también pienso que necesitaban hablar de todo esto, que necesitaban explicarse y hablar tranquilamente de todo lo que está ocurriendo.

Sé que ella quiere con todas sus fuerzas que Henry vuelva a su vida pero el miedo y la incertidumbre se lo impiden de una forma hipnótica.

Ella le abraza sin decir ni una sola palabra. Él se aferra a sus brazos dejándose llevar por el llanto.

La está perdiendo, o tal vez ya la haya perdido. La mierda es que él se siente culpable de todo cuando no lo es. 

Henry la salvó. Pudieron haberla matado después de forzarla. 
A saber que tenía en mente. 

No sé durante cuanto tiempo estuvieron así. Abrazados, en su propio mundo y sin decir ni una sola palabra. 




Yo me limité a dejarles todo el tiempo que necesitasen. Tampoco quise interrumpir el momento. 

Después de todo, esto era un adiós. Una despedida.

No se sabe durante cuanto tiempo pero lo que si estaba claro es que resultaría muy dolorosa.
Algo interrumpió mis pensamientos. Lola seguía abrazada a Henry y las mangas de su sudadera se habían remangado dejando su antebrazo al descubierto.

En ellos, unos pequeños cortes que parecían muy recientes se hacían visibles...






 Narra Jessy:




- Tienes guacamole en la punta de la nariz.

- Tú en la barbilla así que deja de reírte de mi - respondió él mientras besaba mis labios.

- Oye, ¿te he dado permiso para que me beses? - mencioné con voz dulce mientras Carlos no dejaba de mirarme a los ojos.

- No pero tus ojos lo dijeron por ti, querida.

Pongo los ojos en blanco mientras un ligero rubor aparece en mis mejillas.

Por primera vez, invité a Carlos a casa de Miriam. ¿Por qué?
Bueno, aprovechando que Miriam no estaría en toda la semana y Coque estaba desaparecido no lo dudé.

Era la primera vez que nos encontrábamos totalmente solos. Siempre había alguien incordiando o interrumpiendo nuestros encuentros.

- ¿Sabes? Es una mierda que haga tanto frío. Podíamos nadar un rato en la piscina - le guiñé un ojo mientras me sentaba encima de él. Pasé mis brazos alrededor de su cuello y me acurruqué en su regazo. Sin duda, me encantaba acurrucarme a su lado y escuchar los latidos de su corazón. Simplemente, me relajaba.

- Cierto, es una putada. Me gustaría verte nadar como un perrito. Me echaría unas risas - pasó sus brazos alrededor de mi cintura. Me balanceé sobre él mordiéndole la nariz. Me relamí los labios mientras Carlos se quejaba de mi acto caníbal.

- Estás delicioso. ¿Lo sabías?

- Eso no sirve para excusarte, gilipollas - emitió un pequeño gruñido que me hizo reír - Agh... ¿Cuándo me enseñarás tu habitación? Ya nos comimos medio frigorífico y me prometiste que me la enseñarías.

Me muerdo el labio jugueteando con los dedos de su mano. Entrelazco mis dedos con los suyos.

- Es que tengo miedo que después tengas una opinión diferente de mi - le hice pucheros y él respondió tirando de mis mejillas y sonriendo.

- Eres tan linda - me piropeó alargando la "i" - Aunque seas una puta desordenada... Eso no cambiaría lo que siento por ti - hizo una pausa peinándose el cabello ingenuamente - ...o si. Depende de lo que guardes en tu cuarto. Condones esparcidos por el suelo, un amante debajo de tu cama...

Me reí y me erguí tendiéndole la mano.

- Lo más asqueroso que hay en mi cuarto son botellas de Ginebra completamente vacías. Así que yo no me preocuparía.

Hizo una mueca y me cogió de la mano aún dudoso.

Ambos abandonamos el sofá y nos mantuvimos cogidos de la mano hasta mi cuarto. Una vez allí, Carlos lo inspeccionó con curiosidad incluso mirando ligeramente debajo de la cama.

- Di algo. Me estás asustando, capullo - acabé con el silencio pegándole un codazo en el brazo.

- Sinceramente, pensé que sería peor.

- ¿Me tomas por una jodida guarra? - le regalé una bofetada en el moflete sin controlar mi propia fuerza. Él hizo una mueca falsa frotándose la mejilla.

- ¿Acabas de abofetear a tu increíble, sexy y cachondo novio?

- Dirás a mi subnormal y capullo novio - le eché la lengua burlándome de sus facetas.

Él me miró irónicamente enfurecido. Eché a correr por el pasillo principal pero Carlos no tardó en alcanzarme. Me cogió por las piernas alzándome sobre su hombro izquierdo. Me quedé bocabajo pataleando y dándole golpes en su espalda mientras le ordenaba que me soltase.

Él solo se reía mientras me transportaba hasta la planta baja.



Una vez allí me dejó tumbada sobre el sofá. Yo continuaba pataleando incansablemente pero Carlos logró igualmente ponerse sobre mi con una sonrisa en sus labios.

- Así que gilipollas, eh - mencionó rozando sus labios sobre los míos con voz tenue. Intenté abalanzarme sobre él pero se apartó con una sonrisa pícara dejándome totalmente con las ganas.

- Eres odioso. Si intentas persuadirme no podrás, te lo aseguro - me crucé de brazos girándole el rostro.

Carlos sonrió cogiendo mi barbilla con sus dedos para que le mirase.

- No creo que quieras besar a un gilipollas.

- MI gilipollas - me lamí los labios y finamente acabó besándome dulcemente.

Nuestros besos fueron incrementándose igual que la temperatura del ambiente que nos rodeaba.

Las lenguas no paraban de juguetear entre ellas y comenzamos a acariciarnos más de lo debido.



El corazón de Carlos comenzó a latir más bruscamente mientras su cadera comenzaba a moverse suavemente. Pronto se deshizo de su ropa superior dejando sus pectorales totalmente al descubierto.

Le miré fugazmente acariciándolos y dejando suaves besos por su nuca.
Él gimió leve cuando le pellizqué el cuello con los dientes y eso hizo que mi estómago estallase.

Carlos entrometió sus manos en el interior de mi falda haciendo que mi respiración se volviese totalmente agitada. Ambos nos manteníamos totalmente callados, solo nuestras resonantes respiraciones eran audibles.
Cuando nos dimos cuenta, nada separaba nuestros cuerpos destellantes y enormemente calientes. Ambos nos deseábamos físicamente y no había duda de que los dos estábamos deseando entregarnos por completo. Después de un mes de abundantes citas, los dos creíamos que era el momento adecuado para mostrarnos más íntimamente el amor que hacía cabida entre nosotros.

Solté una risa nerviosa y Carlos me besó una última vez. (Que conste que seguía oliendo a guacamole). Finalmente, se introdujo en mi interior. Ambos soltamos un leve sonido. Él continuó moviendo sus caderas y marcando un ritmo soportable y placentero para ambos.
Terminamos completamente agotados. No tenía ni idea del tiempo que estuvimos haciendo el amor pero me gustó y estuvo realmente bien. Actuó con mero cuidado pero a la vez, ofreciéndome todo el placer que estuvo en su mano. No sé si Carlos sintió lo mismo pero me daba vergüenza preguntárselo.




Abrí los ojos dándome cuenta de que estábamos echados en el suelo y de que el fuego de la chimenea era el único que hacia visibles nuestros cuerpos totalmente desnudos.

- ¿Cómo terminamos aquí? - interrumpí el silencio irguiendo la cabeza para mirarle.

- Estoy tan confuso como tú - me sonrió acariciando mi cabello - ¿Sabes? Gracias a ti recordaré el guacamole hasta la eternidad.

Cogí una manta para taparnos y crucé mis brazos sobre su pecho apoyando mi mentón en ellos.

Nuestras miradas permanecían totalmente conectadas y el deseo aún brillaba en sus claros ojos.

- Mierda, ¿tan jodidamente mal huelo? - reí echando el aliento sobre mi mano sin lograr percibir un olor molesto.

- No lo decía por eso. El guacamole acaba de convertirse en mi comida preferida.

Nada más escucharle, acorté la distancia entre ambos dándole un beso ardiente y explorando cada rincón de su boca.

Eso significaba que le gustó tanto como a mi y no podía sentirme más orgullosa.

Su teléfono sonó y él puso los ojos en blanco extendiendo su mano para alcanzar su cazadora.
Tocó mi nariz con el dedo índice haciendo que mi rostro se estremeciese.

- ¿Si?... No, estoy con Jessy... - Acaricia mi cabello mientras yo vuelvo a acurrucarme en su pecho - Tranquilo, tio... No la llames más si no te lo coje... Es normal, está de viaje con su novio... Habla con ella cuando vuelva y deja de comerte la puta cabeza... Anda, distráete un rato. ¿No sales hoy con Blas?... Ok, entiendo. Y sabes lo salido que está últimamente... JAJAJAJ tampoco siempre, tio... Hablamos en casa, estate tranquilo Fernández... Bye.

Colgó y me dio un beso en la cabeza.

- Ammm... ¿Dani sigue con lo de Miriam? - decidí entrometerme mientras él continuaba acariciándome.

- Creo que le gusta si no... no se obsesionaría tanto. Debería entender por lo que Miriam está pasando ahora, tiene que dejarle espacio.

- Bueno, yo entiendo que se preocupe. No quiere perderla y no creo que ella le gusté. Simplemente son buenos amigos.

Puso sus ojos en blanco mirando a otro lado.

- ¿Qué? - pregunté molesta.

- Eres tan ingenua, querida. Todos nos dimos cuenta, incluso Pris.

- Tal vez los ingenuos sois vosotros. ¿No crees?

Me cogió de la mano con una sonrisa dibujada en su rostro.

- Además de ingenua testaruda.

- Cállate - bramé inflando lo mofletes. Carlos puso un dedos índice en cada uno haciendo que todo el aire contenido saliera de ellos.

- Tienes suerte de que te quiera justo por ser así.

- Tan mentiroso como siempre - alcé las cejas a lo que él respondió pellizcándome la pierna.

Solté un chillido dándome la vuelta y quedando sentada sobre él.
Intenté pegarle nuevamente pero él actuó más rápido cogiéndome ambas manos e inmovilizándome.

Gruñí mientras Carlos tiraba de mi hacia él y volvía a darme besos cortos y continuos.



Un ruido nos hizo volver a la realidad. Escuchamos unos silbidos que cada vez se acercaban más a nosotros y un suave tintineo de llaves.
Extendí mi brazo apartando a Carlos de mis labios. Este quedó tendido bocabajo en el suelo con una mueca de dolor.

- Escóndete - susurré nerviosa mientras me tapaba con la manta. Cogí un cojín y se lo lancé apresuradamente para que reaccionase.



- ¿Qué mierda pasa... aquí?

La voz baja y leve de Coque captó nuestra atención. Me giré hacia él. Estaba parado de pie contemplándome. A los pocos segundos, Carlos se irguió a mi lado tapando su desnudez con el cojín que minutos antes le había lanzado directamente a la cabeza.







- ¿Quién eres? - preguntó Carlos rascándose la nuca. Le di un codazo para que mantuviese su boca cerrada. Eso solo empeoraría las cosas.

- Eso tendría que preguntarlo yo, ¿no crees? - respondió él. Tragó saliva.

Creo que está mosqueado. Debí haberle dicho que invitaría hoy a Carlos a casa pero pensé que estaría con Érica toda la semana.

Bajé la cabeza totalmente avergonzada. Aún más que la vez en la que me desperté en casa de Brandon.

- Yo... pienso que es mejor que me vaya.

Carlos interrumpió el silencio cogiendo su ropa y acercándose a mi.

- Llámame más tarde, querida - depositó un beso en la comisura de mis labios y me sonrió con compasión.

Finalmente, se acercó a Coque tendiéndole la mano. Él le miró furtivamente. Si las miradas matasen, Carlos ya estaría jodidamente muerto.

Carlos hizo una mueca con timidez y retiró su mano.

- Adiós.

Salió por la puerta aún en pelotas. Me mordí los labios ante tal situación. Me sentía muy avergonzada
pero a la vez tenía ganas de reírme ante lo ocurrido. Decidí contenerme y me acicalé el pelo.

- Pensé... que te quedarías en casa de Érica.
Tal vez Carlos tuviese razón con lo de excusarme. Cada vez lo hacía más a menudo.

- Ya ves que no. La próxima vez asegúrate antes de traerte rollos a casa.

Se volteó dirigiéndose a la cocina. Le perseguí mosqueada por lo que acaba de oír.

- ¡Oye! ¿Me estás tratando de puta? Que yo sepa nunca traje ningún otro chico a esta casa - puse ambas manos en las caderas mientras él evitaba mirarme.

Se dispuso a coger una cerveza del frigorífico y se apoyó en la encimera.

- ¿Quieres que te recuerde el chico de la fiesta de tu cumpleaños?

Alcé los ojos colocándome frente a él.

- ¿Cuántas veces me juzgarás por ello? Ya te dije que no lo tenía planeado, además, él no me gustaba.

- ¿Entonces este si que te gusta? - se dignó finalmente a mirarme a los ojos.

- Pues si, si me gusta. Para tu información no es un simple rollo como tú denominas -entorné la mirada cogiendo otra bebida del frigorífico.

- Genial - susurró bajo.

- ¿Pero cuál es tu puto problema? Deberías de estar feliz por mi no poniéndome esa cara de pedo - bramé enfurecida mientras pasaba una mano por mi cabellera.

- ¿Cómo pretendes que este contento al encontrar a un desconocido en mi jodido sofá y a mi amiga desnuda en mi propia casa? Además se largó con mi cojín - señaló estrugando la lata de cerveza entre sus manos.

No pude evitar reírme.

- Coque. Si es por el cojín, te compraré otro. No te rayes por eso.

- El puto cojín me importa una mierda. Solo... follad en un puto cuarto como una persona normal - bajó la mirada frunciendo el ceño.

- Vale cascarrabias - puse los ojos en blanco y nos mantuvimos en silencio mientras nos terminábamos nuestras cervezas. Tragué saliva. Antes hablábamos todos los putos días, pasábamos mucho tiempo juntos pero desde el embarazo de Érica, nos habíamos distanciado incluso conviviendo en la misma casa.

Le echaba de menos. Él era el primero en ser conocedor de mis mierdas y en aconsejarme y ahora, siempre era el último. A veces, ni llegaba a contarle las cosas. Todos sabían mi relación con Carlos... menos él.

Así que decidí cambiar de tema y probar suerte. No parecía muy enfadado conmigo solo frustrado.

Me senté encima de la encimera justo a su lado sin ser consciente de que aún me encontraba cubierta solamente por una manta.

Coque me miró a los ojos y suspiró.

- ¿Cómo llevas lo de tu padre?

Hizo una mueca centrando su atención en la lata vacía que contenía en sus manos. Refunfuñó intentando ser escuchado.

- No quiero hablar de ello.

- ¿Pero... aún sigues mosqueado con él?

- Es complicado. Por un lado, lo entiendo pero por otro... Lo sé, soy un jodido egoísta por querer que esté con nosotros.

- No lo eres. Necesitas a tu padre en estos momentos. Vas a casarte y ser papá y necesitas todo el apoyo y cariño del mundo por parte de los que ocupan un rinconcito en tu corazón - hice una mueca al pensar en su compromiso con Érica pero rápidamente, ladeé la cabeza centrándome nuevamente en lo que estaba diciendo - Si mi padre siguiese con vida... Me gustaría que me ayudase con los preparativos, leyera en la ceremonia y me acompañase al altar. Así que te entiendo perfectamente.

Embocé una sonrisa a lo que él levantó la mirada encontrándose con la mía.

- Mierda, Jess. No me había dado cuenta, lo siento. Me quejo por chorradas. ¿Sabes algo de tu hermano? - cambió de tema.

Dejé la lata a un lado y negué con la cabeza.
Coque me dedicó una sonrisa compasiva y unió sus fríos dedos entre los de mi mano derecha. Sentí un escalofrío recorrerme la espina dorsal y tragué saliva. Le miré con ojos brillosos y él respondió agarrando mi mano más fuertemente.

Echaba de menos el contacto de su piel con la mía, deseaba tanto charlar nuevamente con él, que ambos fuésemos nuevamente confidentes el uno del otro y que me provocase esa sonrisa jodidamente estúpida en los labios.

Pero su teléfono comenzó a emitir la canción de "Sirens Over Paris" de Fytch y su mano se separó de la mía haciendo que volviese a estar fría y... sola.



- ¡Hey! Si no deja de dar patadas es porque me echa de menos, como la madre - se rió mientras abandonaba la cocina.

Di el último sorbo a mi cerveza con decepción.



Había fallado. Nuestra amistad seguía en el mismo punto, continuaba desmoronándose por segundos y ella... le importaba muchísimo más que yo.

Debía de alejarme de su vida, solo era una molestia para él. No significaba nada en su vida.
Así que tenía que hacerme a la idea de que Coque no era el mismo, de que ahora formaría una familia con una mujer que no era de mi agrado y de que las cosas cambiarían.

Cerré los ojos forzosamente evitando a toda consta que las lágrimas saliesen de mis ojos.




Me dolía perderle aunque me dolía más saber que ya lo había perdido.
He perdido la esperanza.