jueves, 31 de diciembre de 2015

CAPÍTULO 27: MIRIAM VS HENRY

 

DÍA: 9 DE AGOSTO
















Narra Miriam:


- No debes preo... - dejé la frase incompleta.

Me quedé en shock contemplando la puerta del bar. Si, allí se encontraba él. Henry, mi ex mejor amigo acababa de entrar por esa puerta y en ese mismo instante. Me quedé de piedra y me di la vuelta intentando no ser vista. Respiré hondo y tragué grueso. No podía ni mirarle a la cara. Después de lo que hizo... Es un gillipollas en toda regla y debe de ser tratado como tal.

¡Mierda! Me había olvidado de Pris. Volví a colocar el auricular cerca de mi oído izquierdo.

- ¡Miriam! - escuché la voz de Pris al instante. Parecía agobiada sin saber muy bien como actuar.

- Per...dona Pris. Tengo que colgar... Nos vemos - finalicé la llamada sin esperar una respuesta por la otra línea. Guardé el celular de nuevo en mi cazadora y caminé hacia Dani que parecía bastante entretenido con su móvil. Me volví a sentar en mi lugar correspondiente. Henry seguía en la puerta.

- ¡Eii! Has vuelto. Pensé que habías huido de mi - sonrió tiernamente dejando su celular sobre la mesa.

- Lo siento... Me entretení más de la cuenta... - susurré nerviosa mordiéndome las uñas.

- ¿Te apetece comer algo? - siguió conversando.

- En estos momentos, no tengo apetito - miré la puerta de nuevo. Henry ya no estaba. Nerviosa, contemplé los alrededores. ¡DÓNDE SE HABÍA METIDO! Tragué saliva de nuevo y mi mirada se encaminó hacia la barra. ¡Mierda! Me estaba mirando fijamente con asombro o temor. Creo que más bien con temor. Se sentó al lado de una chica. No logré ver su rostro. Apartó la mirada de mi y me ignoró por completo.

- ¿Miriam? - dijo Dani alzando la voz.

- ¿Si? - ladeé la cabeza y le contemplé inexpresiva.

- Llevo rato aclamando tu atención. ¿Qué ocurre? ¿En qué mundo estás? - frunció el ceño.

<< En un mundo gris, muy oscuro y lleno de maldad y rencor.>> - susurró la voz de mi subconsciencia.

- ¡Sorry! No te escuché - mordí mis uñas con ansias.

- ¡Para o te comerás los dedos! ¿Qué coño te pasa? - cogió mi mano impidiendo que siguiera triturando mis uñas.

- Nada. ¿Por qué lo dices?

- Blas se muerde las uñas siempre antes de un concierto. Los nervios le juegan una mala pasada muy a menudo - bajó la cabeza observando mi mano.

- Verás... el tio que acaba de entrar en el bar es el que le pegó a mi hermano. Él que te dije - anuncié frunciendo los labios y haciendo una mueca reprobatoria.

- ¿Qué tio?

- Detrás de ti. Está en la barra junto a una chica - le dije mientras soltaba su mano y continuaba mordiéndome las uñas. ¡Era inevitable!

Dani se volteó rápidamente. Observó a Henry y se volvió hacia mi de nuevo.

- No me extraña que Érica le rechazase - se encogió de hombros mirándome fijamente.

Mis labios se curvaron y embocé una pequeña sonrisa de lado.

Le pegué en el brazo suavemente y bajé la mirada.

- Siempre me haces sonreír. No es justo.

- Mi chica indecente... - dijo con ternura poniendo su mano sobre la mía - No te preocupes por ese tio. Mientras no se acerqué a ti y te pegue el SIDA todo irá bien - me sonrió entrecerrando los ojos y asintiendo a la vez.

- ¡Blue! - comencé a reír sin poder evitarlo.

- Pues tienes razón. Soy el típico mago que con un truco de magia logro hacerte sonreír.

- No. No hay trucos solo palabras - le miré fijamente.

- Pues este mago tiene que hacer sus necesidades. Vuelvo ahora. Mi chica indecente - se levantó de la mesa y caminó hacia los baños. Observé a los alrededores y aguardé a que volviese. La verdad es que Dani me tranquilizó un poco después de todo.










Narra Henry:




Llegué al bar. Como siempre, llegaba tarde. Me tocaba disculparme ante la pequeña Lola. Tenía ganas de verla. Me gustó su forma de ser y nuestra peculiar forma de conocernos. Un amigo me telefoneó justo cuando me encontraba en la entrada del establecimiento. Al finalizar la llamada, me encaminé por el bar buscando a Lola. Contemplé la gente que estaba sentada en las mesas. Vi un rostro familiar. ¡MIERDA! ¡MIRIAM! ¿Qué estaba haciendo ella aquí? Recordé las palabras de Pris. Lo mejor era no empeorar las cosas y la ignorancia era un bonito método para no hacerlo.

Visualicé por fin a Lola en la barra. Sonreí y caminé hacia ella.

<<Recuerda Henry, ignorala.>> - mi subconsciencia apoyaba a Pris.

La miré una última vez. Nuestras miradas se encontraron. Eran frías y distantes. Miré hacia otro lado siguiendo los consejos de Pris y me acerqué sigilosamente a Lola. Ella estaba de espaldas frente a la barra.

Sonreí y le tapé los ojos con ambas manos. Ella colocó sus manos sobre las mías sorprendida y dio un pequeño brinco.

- ¿Quién soy? - pregunté mordiéndome el labio.

- Mmm... No serás... ¡BRAD PITT! - rió emocionada.

- No. Mucho mejor - fangoneé con obviedad.

- ¿Quién puede superar a Brad Pitt?

- Yo - aparté mis manos de su rostro y ella se volteó rápidamente ofreciéndome uno de sus mejores abrazos.

- Llegas tarde - murmuró seria pero con un tono bastante sexy.

-Lo sé, tengo fama de eso - sonreí agarrándola por la cintura.

Ella se separó de mi y me cogió de la mano.

- Siéntate. ¿Aceitunas? - sonrió tomando asiento y señalándome los pinchos.

- Si, gracias - cogí unas cuantas y comencé a picar. Me senté a su lado. Me encantaban estos taburetes, me sentía alto, un gigante y eso me encantaba.

- ¿Y qué tal? - me preguntó observándome de reojo mientras comía aceitunas.

- Tirando...¿ Y tú? - hice una mueca y repetí sus movimientos.

- Bueno... ya sabes... Alguna gente puede resultar bastante odiosa - rió centrando su mirada en mi.

- Mmm... ¿Roce amistoso? - entorné los ojos haciendo una mueca.

- Si, algo así. Mi ex resulta que se ha empeñado en hacerme la vida imposible. Más bien entrometerse en mi vida - se encogió de hombros negando con la cabeza.

- Oh. No sé que decirte. Yo también tengo problemas amistosos - reí flojo.

- Por lo menos no soy la única - alzó ambas manos con ilusión y forzó una sonrisa - Cuéntame lo tuyo - siguió comiendo sin apartar la mirada de mi.

- Mmm... ¿y si no quiero? - dije juguetón.

- Pues te torturaré hasta que lo sueltes - fangoneó.

- ¿ Te pasó alguna vez? Te enamoraste... ¿de la persona incorrecta?

- Si. ¿Quién no lo hace? - me sonrió tierna.

- Pues yo me enamoré de la novia de un amigo. Al final... todo terminó... mal - conseguí decir.

- Upps, lo siento - susurró apoyando una mano sobre mi pierna y acariciándome el muslo - Siempre ocurre lo mismo. Te enamoras de la persona que no te ama mientras otros se enamoran de ti y no te das cuenta. Estás tan pendiente de esa persona que no eres capaz de prestar atención a lo demás.

- Exacto... Somos unos completos idiotas. Andamos detrás de ellas como si fueran lingotes de oro cuando no lo son. Por eso, he decidido olvidarle. Dejar que ella sea feliz - me expliqué.

-Bonita forma de pensar. ¿Ella lo sabe? ¿Sabe lo que sientes por ella?

- Si, lo sabe. Pero ya ves lo que le importó - bajé la cabeza respirando hondo.

- Tranquilo, cielo. Hay millones de mujeres ahí fuera que pueden hacerte feliz. No lloriquees por una persona que realmente no lo merece, ¿si? - me cogió de la mano con cariño e intentó reconfortarme.

- No lloriqueo... - pronunció bajo.

- Henry, seguro que encuentras a alguien que te quiera de verdad - me miró fijamente acariciándome el hombro.

- No. ¡Lo harás! Mírate, eres un chico lindo, inteligente, tierno, poético... ¿Quién no te va querer? Si eres realmente perfecto - intentó convencerme con un brillo especial en los ojos - Solo debes olvidarla. El tiempo es el principal recurso.

- Ojalá tengas razón... - mencioné sonriendo de lado - Lola.

- ¿Qué?

No, no me mires así...

- Me caes bien. Es más... ¡Estupendamente! - expliqué con emoción.

- Y tú a mi, my heartbreaker - arqueó una ceja divertida y soltó mis manos.

- Por lo que a mi respecta... no tienes novio...

- ¿Lo preguntas? - me observó de reojo.

- Mmm... no... Supongo - me rasqué la nuca pensativo.

- No, no tengo - confirmó volviendo a su vaso de bebida alcohólica.

Vamos. Henry. Eso ya estaba claro sino... ¿por qué te besó?

Vi a un chaval pasar por mi lado. Me sonaba su rostro. De pronto, se detuvo y se dio la vuelta.

Caminó hacia mi con cara de enfado.

- Tío, ¿quieres algo? - hice girar mi taburete para mirarle a la cara.

Lola seguía con su bacardi. No estoy seguro de que nos estuviera prestando atención. Parecía sumergida en sus pensamientos.

- ¿Qué si quiero algo, soplón de mierda? - levantó la voz poniéndose en mi contra.

- ¿Qué me has llamado? - alcé ambas cejas sin elevar mi voz.

- Lo que oíste - se chuleó manteniendo las distancias.

- ¿Qué te pasa conmigo, gilipollas?- me erguí del taburete y caminé hacia él con actitud amenazadora.

- ¿Ahora te me pones chulo? - dijo sin creérselo - ¿Me pones la zancadilla y me vienes con estas? - alzó más la voz mosqueado y me dio un ligero empujón.

- Chaval, creo que te estás equivocando de tio. ¿Por qué no te vas a dormir la mona? - exclamé sin alarmarme y manteniendo la compostura.

- ¡Dani! ¿Qué coño haces? ¡Anda, vámonos! ¡Déjale en paz!

La voz de Miriam me distrajo de nuestra pelea de miradas.

Claro, ahora entiendo porque me resultaba familiar... Es Dani, el del concierto. Miriam, le coge del brazo y tira de él intentando moverle.

- ¡No! Miriam. ¡No! - gritó mirándola - Lo que le hizo a tu hermano es... horrible y no voy a dejar que se vaya de rositas.

- ¿Es por eso? Le di lo que se merecía - afirmé entrando en combate.

- ¿Pero qué dices, tio? ¿Quién te da derecho a meterte en la vida de los demás? Cada uno tiene suficiente con lo suyo. Déjalos en paz, ¿ok? - contraatacó Dani.

Lola reaccionó levantándose del taburete y mirándonos a todos con cierta confusión.

- Oh, vaya. ¿Qué eres? ¿Su novio? - dije con cara de asco.

- ¿Acaso importa, gilipollas? - respondió aún más cabreado.

- Oye, ya vale, ¿no? Dejadle en paz - intervino Lola en el momento exacto. Se puso entre ambos con expresión seria y definida. Miriam observaba el espectáculo con cara inexpresiva.

- ¿Qué eres? ¿Su protectora ahora? - meneó la cabeza burlándose.

Cogí a Lola del brazo apartándola de delante mía y me coloqué frente a Dani, amenazador.

- Oye, ¿por qué no te vas? - pregunté firme sin pestañear.

- Tiene razón, Dani. Anda, déjalo estar... - intervino Miriam haciéndole razonar.

- ¡Te he dicho que no! - volvió a gritar. Se dirigió de nuevo a mi - Te gustar pegar a la gente, ¿o qué?

- ¿Pero de qué está hablando, Henry? - susurró Lola.

- Ya te lo explicaré... - susurré a su vez.

- Vamos, Henry. ¿Te gusta destrozar a los demás? - siguió guerreando poniendo pucheros con expresión divertida.

- ¡Ya, basta! - dijo Lola poniéndose ante nosotros de nuevo. Notaba su enfado recorrer sus venas sanguíneas. Levantó el puño de su mano izquierda y con un rápido movimiento, fue parar al rostro de Dani con gran fuerza. Creo que hasta Lola quedó impresionada ante su propia reacción.

- ¡Lola! - exclamé asombrado.

Dani comenzó a sangrar por la nariz quejándose. Él se limpió con rapidez.

- ¡Será puta! - exclamó con enfado.

- ¡Eh! No te metas - proseguí poniéndome a su altura.

Dani repitió el gesto de Lola y me dio un puñetazo en el rostro. Comencé a reír, el dolor fue mínimo.

- ¿Estás bien? - pronunció Miriam acercándose a Dani. Susurró unos cuántas palabras más al oído de Dani a lo que él negó.

- Ah si - respondí acercándome a él amenazador.

Dani empujó a Miriam con suavidad para que retrocediese unos pasos.

- ¿Quieres pelea? - preguntó Dani sin apartar la mirada de mi.

No me enteré. Lola estaba delante de mi de nuevo.

-  Si, gilipollas. ¡Quiero pelea!

Y de pronto, se lanzó encima de él retorciéndole el cuello con ambas manos y con una cara llena de odio y rencor.

- ¡Lola, para! - anuncié, aunque sin acercarme por si  las moscas.

- ¡Estás loca! ¡Para! - gritó Miriam a mi vez.

Reaccioné y cogí a Lola por la cintura llevando golpes y patadas por su parte antes de que asesinase a Dani.

Aunque por dentro disfruté de esa escena.

- ¿Quieres más? - gritó Lola intentando aún escurrirse de mis brazos.

- Para, tranquilízate - le susurré al oído.

- ¡Cierra la puta boca! - se cabreó Dani mientras Miriam secaba la sangre se su nariz con un pañuelo de tela.

- Zorra, ¿a ti qué te pasa? ¡Deberían de encerrarte en un psiquiátrico por loca! - defendió Miriam terminando de secar la nariz de Dani.

- ¿Qué me has llamado?- noté como la sangre fluía en su interior. No sé como lo hizo pero se escapó de mis brazos y sin que yo pudiese pararla, corrió a más no poder hasta alcanzar a Miriam y tirarle de los pelos con fuerza.
Miriam soltó un chillido pero no se quedó de brazos cruzados contraatacó empujándola con fuerza.

- Lo que dije. ¡Estás loca! - volvió a gritar.

Cogí a Lola de nuevo por la cintura. Ella quería escurrirse de nuevo. Aunque esta vez me aseguré de que no lo hiciera.

- Estúpida niñata, ¡no sabes ni pegar! No tienes apenas fuerzas- pateó Lola.

- Como te coja, no sales viva - refunfuñó Miriam disponiéndose a caminar hacia ella. Dani la detuvo cogiéndola de brazo. La acercó a su cuerpo y la agarró por la cintura.

- Shhh... Cálmate... - susurró no muy bajo.

- ¡Basta! ¿Saben el ruido qué están armando? Vais a terminar con el local. Solucionad vuestros problemas en otra parte pero no aquí. No quiero volver a veros poner un pie en este local. ¡Y ahora marcharos, ya estáis tardando, panda de sinvergüenzas! - una de las camareras nos llamó la atención. Se encontraba bastante molesta y con razón.

- ¡Lo siento! - se disculpó Lola mientras la soltaba de mi agarre.

Miré a los alrededores. Todo el local nos miraba alarmado. Algunos con ganas de ver acción, otros con cara de enfado y una pequeña minoría parecía ignorarnos.
Cogí a Lola de la mano y ambos cruzamos el lugar directos a la salida. Miriam y Dani fueron caminando hacia otro lado. La salida de atrás.










Narra Lola:





Ambos salimos corriendo del lugar. Agarré la mano de Henry para no perderle entre la multitud.
Nos encontrábamos en la calle, Henry comenzó a caminar por la acera a paso liguero.
Yo intenté seguirle pero era imposible debido a los tacones que llevaba.

Me detení un misero segundo, me quité los zapatos y comencé a caminar más deprisa con cuidado de no pisar algo puntiagudo o dañino ya que las medias eran lo único que protegían a mis pies. Henry me contempló serio.

¡No! ¿Se había cabreado? Yo solo quería defenderle...  Además, aquella zorra me ponía de los nervios y una cosa, ¡no estoy loca!

 
Llegamos hasta un auto. Concretamente un Peugeot... ¿200? Ni idea.
Solo sé que era de color negro. Muy lindo. Sobre todo las llantas.

 
¡Ok! Ya paro. No pretendía aburrir a nadie con mi estúpida conciencia.
Volvamos con el castaño de ojos claros. ¡Oh si! Tenía muchas cosas que explicarme.

¿Arruinar la vida a los demás? ¿Henry?
 
- Sube - me ordenó sin cambiar su expresión facial y abriéndome la puerta del copiloto para que entrase.
 
Parpadeé sorprendida. Entré en el auto sin mirarle a la cara y me acomodé en el asiento. Él, cerró la puerta con fuerza. Estaba cabreado.
Henry era capaz de cambiar totalmente su personalidad al enfadarse.
 
Dio la vuelta y entró en el auto.
Giró la llave e hizo rugir el moto. Me agarré al asiento. Sabía que conduciría a gran velocidad debido a su cabreo.
Me equivoqué, Henry iba a su propio ritmo y siguiendo las reglas a la perfección.
Mmm... Mi chico bueno. No era capaz de cometer una desfachatez, ¿no?

 
Miré por la ventanilla mientras nos encaminábamos por la autopista. Apoyé en codo en la puerta mientras sujetaba mi cabeza con la mano. Curvé los labios aburrida.
 
Henry permaneció callado. ¡Vaya, qué tio más testarudo!
¿Es que no piensa decirme nada?

Me puse los tacones. Paramos para repostar gasolina. Henry salió del auto cerrando la puerta con fuerza. Hice una mueca sacando el móvil de un bolsillo de la chaqueta. Hacía calor así que también me la quité.



 
Llamé a Roxi mientras tanto:






 
- ¿Oui? - escuché una voz masculina en la otra línea.
 
- ¡Atontao! Pásame con Roxi - le ordené.
 
- ¿Cómo se dice?
 
Bufé.

¡Elliot te odio! - dijo mi subsconciencia. Estoy de acuerdo - le respondí.
 
- Por favor... - susurré entre dientes.
 
- ¿Cómo, cómo? - preguntó irónico.
 
Suspiré, ya me conocía todo ese cuento. Elliot... Siempre con la misma estrategia.

Aunque... Si le llevaba la contraria, al final no conseguiría hablar con Roxi.
 
- Oh, bello y guapísimo Elliot. ¿Por qué eres tan hermoso? Por... - me puse como un tomate. Henry había entrado en el coche hacía rato y no me enteré hasta ahorita - ¡Déjame hablar con Roxi!
 
- Mmmm... No.
 
- ¿Por qué? - murmuré aturdida.
 
- Porque le están haciendo pruebas- comenzó a reírse desde la otra línea.
 
- ¿Y por qué no me lo dijiste al principio?
 
Henry arrancó de nuevo el auto. Me miró de reojo y se concentró en la conducción ponendo la oreja de vez en cuando.
 
- Porque si no, no tenía gracias - sé que está poniendo cara de pillin en estos momentos.
 
- ¡Eres odioso, Elliot!
 
- Nena, lo de llamar a Roxi se que fue una excusa para hablar conmigo. Tú bien sabías que a esta hora le harían los análisis.
 
- Tan creído como siempre. ¡Eres repugnante! - elevé mi voz. Henry me observó de nuevo.
 
- Sigue escondiendo tu amor por mi cielo. Me encanta que lo hagas - rió irónico.
 
¿Y ahora se está metiendo con nuestra ex- relación?
¿Cómo pude salir con él alguna vez?
Bebió algo. Se escuchaba el sonido.
 
- ¡Vete a la mierda! - colgué poniendo los ojos en blanco y estrujando el teléfono.
 
Lo puse entre mis piernas y seguí contemplando por la ventana. Mis ojos ya comenzaban a cerrarse cuando Henry intervino entre mis pensamientos que trataban exclusivamente sobre Elliot.
 
- Me encanta verte cabreada estás... muy sexy... - susurró sin sonreír ni un momento.
 
¡Dios! ¡Qué lindo me es! Pienso comérmelo. ¡AWWWW!
 
- ¿Sabes? Me importa una mierda lo que me digas. ¡¡¡Has pasado de mi puto culo durante 1h!!! - grité alarmada aunque por dentro sus palabras comenzaban a hacer efecto.
 
- Solo... Necesitaba poner mis pensamientos en orden. Organizarlos por orden para intentar comprender algo de lo ocurrido estos días. Algo... Aunque sea solo una cosa mímima - se explicó girando el volante hacia la izquierda.
 
- ¿Crees que eres el único? Te he defendido y me he peleado con dos chicos que no conozco ni su nombre, solo por ti. No sé, el porqué, ni tampoco sé porque reaccionaron de esa forma. Solo logré entender algo de todo esto...
 
- ¿El qué? - me observó con frialdad en su mirada.
 
- Qué... Tu vida es... Tan diferente a la mía. Está tan... llena de desafíos que parece un videojuego de acción. ¿Y sabes qué? Eso me...
 
- Ya. Entiendo que quieras salir corriendo. Yo también lo haría sinceramente - continuó concentrado en la conducción.
 
- No, no. Henry...Iba a decir que encanta. ¿Sabes el subidón que me entró cuando me peleé con ellos defendiéndote?

- ¡Ha sido increíble! No me sentí nunca tan llena... - le sonrió. Él detubo el auto.
Suspiró.
¿Eso es bueno o malo?
 
- Tú si que eres increíble - se acercó a mi. Juntó su frente con la mía y rozó su labio superior con los míos. Rodeé su cuello acercándolo aún más a mi. Sonreí con ternura y juntamos nuestras bocas hundiéndonos en un lindo beso.
 
Nos separamos al cabo de poco rato.
 
- Mmm... Bonita forma de distraerme - sonreí acariciando su mejilla. Él pasó su mano derecha por mis piernas casi desnudas. Me estremecí contemplando su mano.

Me separé y cambié de tema.
 
- ¿En dónde es...? - miré a los alrededores. Este lugar me sonaba. Pero... ¡Si es la entrada de mi edificio! Como lo ha... Oh, es verdad, se lo conté cuando nos conocimos... - ¿Me traíste a casa? - le miré con pena.
 
- Si. Siento que fuera tan corto nuestro encuentro pero después de lo ocurrido... Solo quiero irme a casa.
 
- Mmm... ¿me prometes que me llamarás? - puse ojitos de cordero devollado.
 
- Eso ni se pregunta, cielo.
 
- Aún tienes muchas cosas que explicarme, jovencito - puse ambas manos sobre la cintura y fruncí el ceños. Imitando a una profesora cabreada por que uno de sus alumnos no hizo los deberes.
 
- Mmm... Lo sabrás algún día... - se encogió de hombros inocentemente.
 
- Nos vemos - besé su mejilla con ternura y abrí la puerta del auto. Salí al exterior. Me volteé para despedirme por última vez de él.
 
Justo en ese momento, pillé a Henry mirándome el trasero con disimulo. Reí mandándole una mirada asesina.
 
Cerré la puerta y me despedí con un gesto.
Subí hasta mi departamento. ¡Mierda! Mi cazadora. ¡Me la olvidé en su auto!

Miré por la ventana. Su auto se acababa de marchar.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Narra Miriam:
 
 

 
Salimos de local. Yo iba caminando un poco más adelante que Dani.
¿Por qué todo esto no puede olvidarse de una puñetera vez? ¡Estoy harta de todo esto! Peleas, peleas y más peleas. No podía más...
Los ojos comenzaron a humedecerseme pensando en lo sucedido. Dani permanecía callado siguiéndome. Sabía que no me apetecía hablar, que necesitaba estar... tranquila por un rato.
 
- ¡Miriam! ¡Cuidado! - escuché un grito procediente de Dani.
 
Miré al frente, un coche a toda velocidad se acercaba a mi. Estaba tan sumergida en mis pensamientos que no me di cuenta.
¿Cómo había terminado en el medio de la carretera?
Una de las nanas que cantaba mi madre comenzó a resonar en mi mente junto con una melodía que me sonaba de alguna película.
 
" Nunca dejes de respirar. Escondete muy bien o la muerte vendrá". Todas y cada una de las noches me cantaba la misma nana. Una y otra vez...
 
Me quedé inmóvil sin poder reaccionar. Contemplé a los alrededores.
Todo pasaba a cámara lenta. Absolutamente todo.
 
 Decidí no luchar. Dejarme llevar por mi propio destino. Total, nadie se lamentaría mi. No podía pensar, mi mente estaba colapsada y totalmente en blanco.
 
Mi mirada se clavó en la ventana de un edificio. Pude ver el rostro deformado de Jerry. Pestañeé pero ya era tarde...
 
 
 
Ya no volví a abrir los ojos...




















jueves, 24 de diciembre de 2015

CAPÍTULO 26: SE AVECINAN PROBLEMAS


DÍA: 9 DE AGOSTO

 

 

 



Narra Dani: 



 

Llegué justamente al bar a las 13:50 de la tarde. Me senté en el reservado y aguardé a Miriam mientras miraba a los alrededores. Me alegré al comprobar que había elegido un sitio no muy alejado de la ventana. La llamada tan inesperada de Miriam me alarmó realmente. No tenía ni idea de lo que le había podido pasar o simplemente de lo que quería contarme. Pedí un café descafeinado mientras aguardaba su llegada. La camarera me lo entregó, le sonreí dándole las gracias. Comencé a remover la espuma del café pensando en mis cosas. Miré mi conjunto: pelo rubio platino bastante revuelto, una camisa negra remangada, unos pitillos rotos del mismo color que la camisa y los nike a juego. Tampoco iba tan mal. Reí ante mis pensamientos. Iba horroroso. Si alguien me viera ni se daría cuenta de que soy yo. Vi entrar a Miriam. Parecía perdida. Sonreí y le saludé sacudiendo mi mano derecha de un lugar a otro.
Me levanté y le observé durante unos segundos. Tampoco me fijé mucho en su conjunto. Me limité a agarrarle de la mano y besar sus ambas mejillas.




- Hola blue - me sonrió dándome un tierno abrazo. Resultó una sonrisa muy forzada por su parte.

- Hola linda. Déjame decirte que estás preciosa - busqué su mirada sin resultado alguno. Los piropos nunca fallaban o eso creía.

- Gracias, tu también - mencionó sin levantar la mirada.

- Siéntate, anda - le ordené sin saber como actuar.

- Si. Se sentó frente a mi y se acomodó en su asiento.

- Oye, ¿he hecho algo que te haya incomodado? - pregunté mirándola fijamente.  No entendía su expresión. Que yo sepa yo no he hecho nada. Tal vez, yo no no sea el motivo de su cohibimiento.

- ¿Qué? No - negó con la cabeza - ¿Por qué lo dices? - levantó la mirada observándome.

- No, por nada - me encogí de hombros.

La camarera nos interrumpió. Elevé la mirada centrándome en sus rasgos: rubia de ojos azules con una sonrisa en los labios.

- Buenos días - sonrió amablemente - ¿Qué quieren tomar?

Le miré devolviéndole la sonrisa.

- Otro café, por favor - pedí bajando la mirada de nuevo.

- Un momento - llevó el boli que tenía en sus manos a sus labios y lo mordió con nerviosismo - tú... ¿no eres Dani de Auryn?

- Chis - susurré - No grites, no quiero que se entere todo dios - reí bajito con la atenta mirada de Miriam pegada a mi cogote.

- Perdona, nunca pensé que te encontraría en este lugar

- ¿Eres fan? - le miré sonriente.

- Bueno... solo os sigo desde hace cuatro años.

- ¿Solo? - se entrometió Miriam - Es impresionante - miró a ambos y bajó de nuevo la mirada.

- ¿Podrías firmarme un autógrafo? Si no es molestia, claro - me extendió su cuaderno y el boli mordido.

- Por supuesto - lo cogí entre mis manos. Firmé poniendo una dedicatoria debajo. La leí en bajo mientras la escribía - "Gracias por todos... estos años. Con cariño para..."- levanté la mirada - ¿Cómo te llamas?

- Laura - se sonrojó moviendo sus caderas con nerviosismo.

- "Para... Laura" - sonreí devolviéndole el cuaderno.

- Muchísimas gracias - rió mirando la firma y besó mi mejilla sin pensárselo.

Se incorporó y observó a mi acompañante.

- Perdonad. ¿Y usted qué quiere tomar? - se dirigió a Miriam sin dejar a un lado la sonrisa.

- Una cerveza Mahou me llega. Gracias - aclaró la voz respondiendo a la camarera.

- ¿Con o sin alcohol? - pasó la página de su cuadernillo y apuntó los pedidos.

- Con - afirmó.

- Bien, ahora le traigo lo que pidieron. Muchas gracias por su visita - sonrió lléndose.

- ¿Una cerveza? ¡Qué atrevida! - mencioné arqueando una ceja.

Se encogió de hombros y sonrió.

- Me apetece una.

- Bueno, cuéntame. ¿Qué tal? ¿Fuiste a reservar tu plaza en las clases de canto? - cambié de tema sutilmente.

- No me mates - cerró los ojos apretándolos con fuerza - Aún no fui.

- ¿¡Qué!? - le miré atónito - Si no reservas la plaza no te cogerán y si no te cogen te quedarás sin clases.

- Han pasado muchas cosas Dani. De verdad, te agradezco la oportunidad que me diste pero...

- Ahora entiendo porque estás así. ¿Es por algo personal o... ? - le interrumpí.

- No quiero aburrirte con mi vida, Dani. Solo venía a charlar del asunto de las clases.

- Nunca me aburres, Miriam. Cuéntame lo que ronda por esa cabecita - sonreí cariñosamente.

- Verás... todo iba bien hasta que mi mejor amigo se peleó con mi hermano. Te preguntarás porque se pelearon. Ellos están enamorados de la misma mujer. Henry no tenía ni idea de que su amada y Coque estaban saliendo y al entrarse, no se le ocurrió otra cosa que partirle la cara a mi hermano. Él, ahora mismo se encuentra en el hospital y trás hacerle unas cuantas pruebas, los doctores han descubierto que tiene un tumor estomacal aún no muy desarrollado. No sé si mi hermano estará por la labor de operarse y me asusta la decisión que decida tomar. Como comprenderás, durante todo este tiempo no he podido pensar en las clases si no en mi pobre hermano - me miró con ojos vidriosos - Esto es lo que ronda por mi mente. Cada vez es más difícil pensar con claridad.

- Te comprendo. Estás en medio de tu mejor amigo y tu hermano. Si das un paso en falso cualquiera de los dos puede culparte por ello. Es una situación bastante complicada - hice una mueca reprobatoria - Tal vez debas dejar que ellos solucionen sus propios conflictos. Cuida de tu hermano e intenta olvidar la pelea que tuvieron. Una tia no puede terminar con una simple amistad - fruncí el ceño.

- ¿Y qué pasa con Henry? Intento no odiarle pero al recordar que ha pegado a mi hermano sin ningún motivo justificable me dan arcadas - ladeó la cabeza con inseguridad.

- Yo pienso que lo que hizo estuvo muy mal. La cosa es entre ellos dos. Si tú quieres arreglar las cosas con tu mejor amigo... ¿quién puede impedírtelo? Piensa con claridad y luego, comienza a tomar tus propias decisiones.

- No creo que pueda perdonarle. Pegó a mi hermano por una mujer. Rompió la amistad entre ambos por un simple enamoramiento. ¿Cuánto duraría su amor por ella? ¿Horas, minutos, segundos....? Su excusa es que está enamorado pero creo que eso no es suficiente como para terminar de esa forma con una gran amistad. Buscaba venganza, Dani. No soportaba verlos juntos y las pagó con mi hermano. Naturalmente, con Érica no las podía pagar.

- Entiendo. Sigo pensando que deberías resguardarte de todo ese tema entre tu mejor amigo y Coque y pensar si de verdad quieres perdonar a Henry o seguir pensando que lo que hizo no tiene perdón. Esa decisión si puedes tomarla, Miriam - le cogí de la mano para tranquilizarla. Ella sonrió levemente y acarició el anillo de mi mano derecha jugueteando con mis dedos.

- Gracias, tomaré riendas de tus consejos - sonrió mirándome a los ojos. Centré mi mirada con la suya. Me transmitió mucha lástima verla de tal forma, necesitaba animarla.

- ¿Y tú como te encuentras? - pregunté preocupándome por ella.

- Mis amigas me apoyan un montón y distraerme un poco del tema me ayuda mucho. Gracias por preguntar - bajó la mirada a nuestras manos entrelazadas y siguió jugueteando con mi anillo.

- Te comprendo. Yo también tengo una hermana y si le pasara algo parecido a lo de tu hermano... estaría tan destrozado como tú. Aunque digan que los hermanos se llevan a matar el cariño está en el aire - Sonreí buscando su mirada - Quería decirte que estoy aquí para lo que necesites. Llámame cuando quieras - apreté su mano con fuerza recibiendo una mirada tímida por su parte.

- Gracias blue pero lo único que pretendo es no molestarte con mis estupideces - puso los ojos en blanco intentando reprimir las lágrimas. Todo esto la superaba.

- Nunca molestarías, Miriam. Estaría encantado de ofrecerte mi ayuda - Sonreí inclinando la cabeza. 

- Eres un gran apoyo para mi en estos momentos. Gracias por comprenderme - acarició mi mano embozando una sonrisa. Se la devolví mirándola fijamente a los ojos.

- Gracias a ti por utilizar el número que te di - le guiñe un ojo.

-Dudé en hacerlo. Pensé que tendrías mucho trabajo.

Contemplé su sonrisa llena de entusiasmo. La 
miré fijamente sin darme cuenta de lo que pasaba a los alrededores. 

Laura, la camarera, nos interrumpió dejando una bandeja con las bebidas sobre la mesa. Nos miró a ambos sonriente.

- Aquí tienen lo que pidieron - secó las manos en su delantal y calculó mentalmente el precio de los productos que pedimos.

- Muchas gracias - le devolví la sonrisa.

- Siento... Haberlos interrumpido - miró fijamente nuestras manos entrelazadas.

Miriam soltó mis manos y bajó la mirada.

- Tranquila, no interrumpirse nada - le Sonreí complaciente.

- Se nota que os queréis - susurró Laura muy bajito.

Miriam tragó saliva y soltó una risita muy infantil.

- Tranquila, sólo... Conversábamos - miró a ambos - Lo máximo que puede haber entre nosotros es una bonita amistad - dió la conversación por terminada.

- Oh, lo siento. No quería entrometerme. Espero que disfruten de la estancia. Llamenmé si necesitan cualquier otra cosa - sonrió nerviosamente desviando la mirada hacia mi.

- Nos vemos - me despedí.

-Adiós - me siguió Miriam.

Laura se alejó de nosotros con rapidez y ambos seguimos conversarnos.

- Mira que pensar que entre nosotros puede haber algo... - reí frotándome la nuca y mirando las burbujas del café.


 

Se encogió de hombros.

- Yo también lo pensaría si fuera ella - bebió un sorbo de su cerveza cerrando los ojos. 
Le observé detenidamente. Su comentario me resultó muy extraño.

- Oye... ¿Qué tal tus amigas? - remegí el café mientras esperaba su respuesta.

- Pris está muy ocupada. La solemos ver solamente por las noches y los fines de semana. Jessy en cambio... Siempre está en el hospital ayudándome con lo de mi hermano - levantó la mirada de la botella y clavó su mirada en mi.

- Podríamos quedar algún día para ir al cine... - susurré mientras mi pulso aumentaba su velocidad.

 Jugueteó con las servilletas y me respondió sin levantar la mirada.

- Seguro que a las chicas les parece bien.

No me estaba refiriendo a quedar con sus amigas si no... Con ella. Fruncí los labios y respiré hondo.

- ¿Ocurre algo? - ladeó la cabeza dirigiéndome la mirada.

- Podría invitar al resto de los chicos - Sonreí falsamente. Tal vez, en otra ocasión...

- Genial. Se lo mencionaré a las chicas. Seguro que nos lo pasamos bien - rió con emoción.

- Quedamos a las ocho en punto en la entrada del centro comercial - la señalé haciendo una mueca.

- Perfecto, estoy segura de que aceptarán. Este finde... ¿te parece bien? - me miró esperanza a mientras sus ambas piernas se frotaban entre si bajo la mesa con nerviosismo.

- Bien aunque Blas y David no van a poder venir.

- ¿Y eso? - bebió otro sorbo.

- Están de vacaciones toda la semana con unos amigos y no creo que estén aquí para este finde - hice pucheros mirándola. Ella repitió mi gesto.

- Que pena. Auryn no es Auryn si no están los cinco al completo - agachó la cabeza soltando un suspiro jadeante.

- Me tienes a mi  - me rasqué la nuca sonrojándome - O sea... Los tres...

Rió lamiéndose el labio inferior.

- Eres tan mono - susurró con voz ñoña.

- Tú más - me sonrojé aún más evitando su mirada.

- Gracias por todo esto. Si no fuera por ti no estaría en un bar illado de la ciudad riendo a carcajadas con uno de mis ídolos - me miró sonriente.

- Gracias por invitarme, corazón.

Se estremeció al escuchar la última palabra .

- Eso sonó muy cursi - me miró por encima de sus pestañas. 

- Los románticos es lo que tenemos - me mordí el labio superior con nerviosismo. 

- Me encantan los chicos así - me observó con mirada penetrante - Pocos existen

- ¡Soy exclusivo! - exclamé riéndome.

Reímos ambos a la vez. Al ver que la gente nos observaba sin comprender nos miramos fijamente y reprimimos la risa.

- Bien. ¿Por qué no me cuentas más cosas sobre ti? Apenas se tu nombre - alcé una ceja mostrando mis ojuelos.

- Dime. ¿Qué quieres saber? - dió el último sorbo a su cerveza y me miró a los ojos.

- Bastantes cosas. Tengo una lista mental de preguntas que me gustaría hacerte - le guiñe un ojo.

- El polígrafo de Dani - se tapó la boca sin creérselo. Reí ante su reacción - ¿Y qué saco yo a cambio? - alzó una ceja pensativa.

- Saber cosas sobre mi - me encogí de hombros.

- Amm... Ya sé todo sobre ti . Estoy demasiado informada - me miró con obviedad.

- Seguro que hay alguna cosa que se te escapa, pequeña - le miré y cogí la taza con mi dedo índice. Bebí un sorbo del café ya que se me estaba enfriando.
Dejé la taza sobre el platito a juego y volví a mirarla.

Rió mirando mis labios. 


- ¿De qué te ríes? - le pregunté sin comprender.

Cogió su celular y me sacó una foto. Fruncí el entrecejo sin saber que acababa de ocurrir. Ella continuó mirando a su celular disimulando una tierna sonrisita. Bloqueó su móvil y lo guardo en su cazadora de nuevo.

Le miré inexpresivo y ella prosiguió a cesar su risa burlona.

Cogió una servilleta de la mesa y se inclinó levantándose de la silla que ocupaba. Apoyó su abdomen sobre la mesa y extendió su brazo derecho. Me aguantó la barbilla con la mano izquierda y con la derecha zarandeó la servilleta por mis labios. La miré fijamente. Parecía muy concentrada y para llegar a mi se puso de puntillas. Observé como su falda se resistía y comenzaba a subir por su tripa dejando parte de sus muslos al descubierto. Sonreí y bajé la mirada. Ella terminó de limpiarme y beso mi mejilla. 


- El café es traicionero - alzó una ceja acomodándose la falda. Se sentó de nuevo en su lugar.
Rocé la mejilla que me besó y sonreí como un idiota.

- Bueno blue. Tú dirás. ¿Qué querías preguntarme? - se mordió el pulgar con una mueca divertida.

- Oh si... Haber... - miré al cielo intentando recordar lo que le tenía planeado preguntar.

Ella me observó aguardando mi intervención.

- ¿Cuál es tu color favorito? - sonreí mirándola,

- ¿Enserio? Pensé que serían preguntas más personales... - rió flojo.

Le miré con ojos brillantes. Ella volteó los ojos y me respondió.

- El rosa. Ya sé que es muy cursi pero... de pequeña me encantaba y... - se encogió de hombros mientras sus mejillas cobraban color.

- ¿Desde pequeña? Que amistad existe entre rosa y tú - rió - Nunca le fallas.

Ella me siguió riéndose.

- Ya ves. Somos best friends forevers - dijo irónicamente continuándome la broma,

- Mientras tú y rosa jugabais a las muñecas yo llevaba accidentes con la moto.

- Normal, ¿cómo se te ocurre conducir una moto a los ocho años? - sonrió cogiendo la cerveza entre sus manos.

- Veía mucho el Moto GP. Supongo que eso me dio el valor suficiente para hacerlo - hice una mueca mirando de reojo a otro lado - ¿Y tú cuántos años tienes?

- Dieciocho - jugueteó con la cerveza dándole vueltas y vueltas entre sus manos.

- Pensaba que ni llegabas a los dieciséis... - fruncí los labios retórico.

- ¿Tan joven parezco ser? - rió apartando la mirada de la botella de vidrio.

- Mmm... - me encogí de hombros - Tal vez tu encanto y graciosidad escondan tu verdadera edad - cogí mi taza de café y le di un pequeño sorbo evitando mirarla.

-¡Para que me arden las mejillas! - ríe divertida mirándome con ternura.

- Solo digo la verdad. Si no quieres escucharla... - cerré los ojos ladeando la cabeza mientras sonreía profundamente.

La miré fijamente mientras dejaba la taza de café terminada en el platillo. Ella la esquivó mientras sus mejillas se teñían de rojo pasión por la risa.

- Blue... - protestó.

- Haber... continuaré interrogándote - me froté las manos entornando los ojos - ¿Cuál es tu lugar favorito?

- Pues... todo lo que esté rodeado de naturaleza. En Barcelona, la ciudad está por todas partes y un poco de verde siempre viene bien.

Alcé una ceja.

- Yo prefiero el cine - bajé la mirada jugueteando con mi reloj de pulsera - Aunque depende de con quien estés - levanté la mirada de nuevo - ¿Te llamabas Allison, no?

Ella rió dándome una leve bofetada.

- ¡Tonto! - dijo sin parar de reírse - Esto parece una entrevista. ¿No crees?

- A mi me encantan. Además. quiero saber cosas sobre ti - sonreí radiante.

- Pásame las preguntas por fax y te las respondo todas - arqueó una ceja sin parar de reírse.

- ¡No!

- Ok, pensé que a lo mejor colaba - se encogió de hombros con obviedad.

- Mmmm... ¿Y donde naciste?

- En el hospital - asintió.

- ¡Qué casualidad! Yo también - puse ambas manos sobre mis mejillas con cara de sorpresa - Va, ahora enserio.

- Pues llevó toda mi vida en Barcelona.

- ¿Y tus padres? ¿Viven contigo?

- Si... - tragó saliva bajando la mirada - Aunque casi nunca están.

- ¿Y eso? - le miré fijamente aguardando su respuesta.

- Al ser periodistas internacionales casi nunca están en casa... Su trabajo se lo dificulta mucho.Mi hermano es el que cuida de mi - suspiró mirando a la nada.

- ¿Solo tienes un hermano?

- Si. Tiene un año más que yo. Lo considero como mi padre - sonrió con ternura.

- Mmm... ¿y os lleváis bien? - intenté no volver a mencionar el tema de sus padres. No parecía hacerle mucha gracia tener que hablar de ellos.

- Regular... Ya sabes como son... tan sobreprotectores o incluso más que los propios padres. Tener un hermano mayor no es tan... " perfecto" - hizo el gesto de las comillas con las manos - como dicen.

- Lo importante es que os queréis y ese amor entre hermanos es lo que os hace invencibles - le miré con dulzura - Bueno... cambiando de tema. ¿Cuál es tu número preferido? A lo mejor coincidimos.

- El siete. Siempre me ha dado muy buena suerte.

- El mio es el nueve. Aunque dicen que los números impares dan mala suerte - hice una mueca.

- Supersticiones... Es como el seiscientos sesenta y seis. Dicen que es el número del diablo. Sinceramente, no me lo creo - ladeó la cabeza riendo.

- Si... tienes razón - sonreí mirándola - ¿Sabes qué? El tiempo se me pasa volando contigo. Eres tan simpática.

- Que va. Eres tú el que me ves con buenos ojos - sonreí - Además... yo soy muy tímida. Aún no me solté de todo contigo.

- Puff... si no te soltaste ya... - reí - Y de tímida nada. Eres súper extrovertida.

Ambos reímos a la vez.

- Un poco alocada... tal vez - mencioné.

- Mucho más que eso - afirmó con una risilla muy rebelde. Ladeé la cabeza - Dime, ¿cuánto tiempo llevas cantando?

- Mmmm...- miró hacia arriba pensativa - Desde los cuatro añitos más o menos. Me encerraba en mi habitación y me ponía a cantar. Aún hoy lo sigo haciendo - sonrió con añoranza - Mi hermano al escucharme trás la puerta se reía de mi.

- Yo de pequeño también lo hacía. No sé... no me gustaba eso de cantar en público ni siquiera con mi propia familia - la miré fijamente devolviéndole la sonrisa - Bueno... y... ¿cómo te definirías psicológicamente?

- Simpática, responsable, listilla, habladora, muy testaruda, cabezota, rencorosa y desconfiada supongo.

Sonreí observándola.

- Humilde - susurré alzando ambas cejas.

- Un poquito tímida.

- Yo sigo pensando que es todo lo contrario - asentí convencido de mi mismo.

Ella se cruzó de brazos haciéndose la inocente e hizo pucheros bajando la mirada.

- Anda, no pongas esa carita de niñita inocente - dije con tono burlón.

Me miró descaradamente y refunfuñó por lo bajo.

- Cambiando de tema. ¿En qué trabajas?

- De momento... acabo de terminar los estudios y... aún no tengo trabajo. Supongo que tendré que buscar algo por ahí - jugueteaba con las servilletas.

- ¿Y tu hermano?

- Sigue estudiando - seguía sin dirigirme la mirada.

- ¿No trabaja? - bebí un sorbo de mi cafecito. Se estaba enfriando.

Zarandeó la cabeza de lado a lado.

- ¿Y cómo conseguís el dinero para vivir?

- Mis padres nos envían cierta cantidad de dinero cada mes para nuestro cuidado - levantó la mirada despacio.

- ¿ Tienes mascotas? - sonreí cambiando de tema. Hablar de sus padres creo que le resultaba incómodo.

- Tenía. Los que más recuerdo con anhelo... son un hámster al que quería mucho y un perro francés que nos trajeron mis padres en uno de sus viajes. Les tenía mucho aprecio - bajó la mirada.

- Vaya. Lo siento - hice una mueca - ¿Te gusta la playa?

- Si - sonrió animada - Sobre todo la cálida arena en verano y el mar azul en julio - se mordió el labio inferior jugueteando con los dedos de sus manos.

- A mi también. Si te parece, podemos quedar algún día e ir a la playa.

- Sería ideal - me echó la lengua entre risas.

- Bien, quiero saber tus gustos musicales. Guiarme por tu mundo musical. ¿Qué es para ti la música? - sonreí recordando la primera vez en que nos hicieron una entrevista a los cinco como grupo.

- Es... la única forma de expresar lo que siento. La palabras son simples y cantadas con un ritmo continuo y con una propia melodía son más especiales y pueden llegar más a una persona - me explicó abriéndose lo máximo que pudo.

- Buena reflexión, chica indecente.

Me dio levemente en el codo y me mostró su tierna sonrisa.

- ¿Cuál fue la primera canción que aprendiste a cantar?

- ¡LA DE LOS LUNNIS! - levantó la voz con obviedad.

- "Buenas noches hasta mañana, los lunnis y los niños nos vamos a la cama" - canté recordándola.

Ella aplaudió descojonándose de risa.

- Oh, Blue. Vas a hacer que me de algo - dijo entre risas.

- Yo también me la se. ¿Crees que eres la única? - alcé una ceja divertido - ¡Qué tiempos aquellos!

Bueno y, ¿cuál es tu disco favorito?

- Obvio. Antihéroes - pestañeó finamente.

- Choca, chica indecente - sonreí levantando mi mano derecha. Ella sonrió y golpeó mi mano con ternura - ¿Cantante/ Grupo de referencia?

- ¡TÚ! Y el resto de Auryn, obvio. No me olvidaba de ellos. Llevo escuchando vuestras canciones desde que empezasteis. Viví vuestra evolución al cien por cien - exclamó emocionada cogiendo mi mano y jugueteando con ella de un lugar a otro.

La miré con dulzura.

- Eres única, chica indecente - acaricié su mano.

- Soy una diva. Única, por supuesto - rió observándome.

- Eso ya lo sabía. No hacía falta que me lo recordases. Bien, una última cosa. ¿Canción favorita?

- Picky de Joey Montana.

- Mmm... ¿te gusta ese estilo de música? - miré a los alrededores.

- Si, para ir de fiesta con los friends... Está bien, supongo - se encogió de hombros pensativa.

- A mi... no mucho - reí sonriente.

El móvil de Miriam comenzó a sonar interrumpiendo nuestra conversación.

- Oh... - rebuscó en sus bolsillos. Lo cogió entre sus manos y miró el nombre del llamante - ¿Te importa si...?

- Claro que no. Cógelo.

- Gracias. Vuelvo ahorita contigo - me sonrió y se levantó alejándose de nuestra mesa. Se acomodó cerca de la ventana mientras atendía a la otra línea.





Miré la hora en el móvil. Había pasado media hora ya. Se me pasó tan rápido...








Narra Pris:





Me despedí de mis compañeras y salí de la tienda. Caminé con seguridad hasta una cafetería cercana. Por fin, había llegado el descanso para comer. Me senté en una de las sillas y mientras esperaba por el pedido me dispuse a telefonearla.







Marqué su número y aguardé a escuchar su voz por la otra línea.

- Hola... - susurró tímidamente.

- Hola Miriam... Verás he escuchado tú mensaje en mi buzón de voz - me mordí el labio inferior sin saber como explicarme. Lo tenía todo pensado pero al escuchar su voz... mi mente se desconectó por completo.

- Pris, lo siento. De verdad... Porque yo esté enfadada con ese individuo no tienes tú también porque estarlo... Soy una gran gillipollas por enfadarme por ello... Lo lamento muchísimo - notaba su arrepentimiento a través del celular. Fruncí el ceño observando el lugar donde me encontraba.

- No tienes porque disculparte... Tienes razón... Una amiga tiene que corresponder a otra. Es essu función y yo... en vez de eso... me puse en contra de todos defendiendo a una persona que apenas conozco pero hablé con él una vez y no sé... sus palabras me ablandaron el corazón. Yo he pasado por eso... Que sientas algo por una persona que está cogida, que está enamorado de otra persona. Entendí su comportamiento pero... no debí de ponerme a la defensiva. Perdóname debería de haberte apoyado en todo momento - me encogí de hombros.

- Eres tú la que no debes disculparte. Entiendo que cada una tiene sus propias opiniones. Solamente... estaba alterada y las tomé contigo aunque...yo no soy capaz de ponerme en el lugar de Henry. ¿Pegar a otra persona porque esté saliendo con la chica que te gusta? Y lo peor es que cuando me lo contó yo le apoyé. ¿Sabes? Le apoyé dándole fuerzas para que luchase por ella.

- No te culpes por ello. Tú no tenías ni idea de que Érica estaba saliendo con tu hermano. Miriam, creo que no deberíamos meternos en todo esto. Ya sabes... Esto es cosa de tres por eso debemos dejar que ellos se las arreglen solos. No podemos opinar sin conocer cada una de las situaciones que sufrieron cada uno. Simplemente... Olvidémoslo.

- Tienes razón. Ya están mal las cosas y no debemos empeorar más las cosas.

- Dejemos el tema de una vez.

- Si, ¿amigas de nuevo? - preguntó con esperanza.

- Por supuesto, cielo - sonreí con cariño.

- ¡AWWW! No sabes cuando te echaba de menos - suspiró aliviada.

- Anda que yo. Tengo tantas cosas que contarte, amor - sonreí lamiendo mis labios - Por cierto, hoy me quedo yo con Coque por la noche.

- ¿Enserio? Muchas gracias. Yo iré a verle más tarde.

- Por cierto, ¿qué tal está?

- Pues... le encontraron un tumor en la zona del estómago. Cerca del píloro (LOL de algo sirve atender a la clase de biología ;).)

- Oh dios mío - exclamé espantada - ¿Pero es grave?

Noté como su respiración era cada vez más agitada. Como si le costara pronunciar las palabras.

- No debes preo... - dejó la frase incompleta y no respondió.

Fruncí el ceño apartando el celular de mi oreja. Lo observé comprobando el 4G. Completaba casi las cinco rayitas.

- ¿Miriam? ¿Miriam? - pregunté aún con el ceño fruncido. Ella seguía sin contestar. Comencé a preocuparme - ¿Miriam? ¿Estás ahí?

Vamos Miri, di algo...

- ¡Miriam! ¡Responde, por favor! Me estoy preocupando. ¡Miriam!

Oh dios, tal vez no tenga línea o... simplemente perdió la conexión. Si, debe de ser eso...









sábado, 18 de julio de 2015

CAPÍTULO 25: ENCUENTRO SORPRESA




DÍA: 9 DE AGOSTO













Narra Derek:



- Oye, has usado protección, ¿no? - me preguntó Miriam. Al no escuchar mi respuesta, se irguió y me miró con cara de espanto - ¡¡¡Derek!!! - se levantó y comenzó a vestirse.

- Miriam - la agarré del brazo. Me miró fijamente mientras esperaba mis palabras - Miriam, dime que te tomas la píldora.

- No lo hago - se acabó de vestir - ¡Levanta! Tenemos que solucionar esto - me golpeó en el brazo.

Me levanté y repetí sus pasos.

- Creo que en el armario del baño queda una caja de píldoras del día después - mencioné mientras me dirigía al cuarto de baño.

- Te sigo - me siguió hasta llegar a la puerta del baño. Me dirigí hasta la pileta y abrí la puerta del armario que se encontraba encima de ella.

Visualicé la caja y la retiré al exterior.

- Sabía que quedaba una caja - sonreí y se la entregué - Toma, voy a por un vaso de agua.

- Gracias - se sonrojó.

Salí del baño y me dirigí a la cocina. Llené un vaso de agua y volví a mi sitio anterior. Miriam me esperaba mientras observaba la pastilla que contenía en sus manos.

- Aquí tienes - le entregué el vaso de agua. Ella lo cogió entre sus manos y después de unos minutos raccionó.

Absorbió la pastilla y el contenido del vaso.

- Listo - reí abrazándola por la cintura.

- Quiero hacerte una pregunta - susurró dándose la vuelta y cogiéndome de las manos.

- Suelta - la observé fijamente.

- ¿Por qué guardas una caja de anti-conceptivos en tu cuarto de baño? - arqueó una ceja.

- Ohh, se la olvidó Melanie - respondí.

- ¿Quién es Melanie? - frunció el ceño.

- Mi ex - susurré.
La miré, su cara en esos instantes parecía un cuadro. Expresaba temor.

- Háblame de ella - dijo volviendo a la habitación y sentándose en el borde de la cama.

La seguí y me senté a su lado. Ella apoyó la cabeza en mi hombro izquierdo.

- Melanie era preciosa, divertida, risueña, amable y generosa aunque era muy fría, celosa y no era capaz de mantener una relación seria. Yo realmente la quería pero ella buscaba otra cosa. Mantuvimos una relación abierta durante unos meses. Justamente, el mes pasado cortamos definitivamente - sonreí al recordar a Mel.

- Le querías... - bajó la mirada.

Le agarré la mano con fuerza y ella elevó la barbilla mirándome fijamente pero sin una muestra de sonrisa.

- Si pero ahora te quiero a ti - la abracé con cariño y ella se acurrucó en mi hombro. Finalmente, me di cuenta de que se había quedado dormida. La tomé entre mis brazos y la acosté en la cama. Le despojé la chaqueta y la arropé con las mantas.

La miré fijamente mientras le acariciaba las piernas. Realmente, Miriam cambió mucho de humor desde lo que le ocurrió a su hermano. Estaba más distante, más fría y la verdad, no era ella.
Deseaba que terminara todo esto para recuperarla de una santa vez. Verla sufrir me angustiaba. La miré fijamente con dulzura y sonreí. Observarla mientras descansaba me tranquilizaba. Sentí la sensación de que debía protegerla pasase lo que pasase.

Me levanté y cerré la puerta del cuarto. Me senté en mi despacho y rellené unos papeles que debía entregar del trabajo.







Narra Miriam:


Me desperté y comprobé la luz tierna del sol que iluminaba todo el cuarto principal gracias a los grandes ventanales que componían la habitación.

Bostecé y miré al mi alrededor. Derek no se encontraba en la habitación. Miré el despertador de la mesita de noche. Eran las 12:31 de la mañana.

Me levanté estirando las extremidades. Me ausenté ocupando el pasillo y busqué a Derek.

- ¡Derek! - grité - ¡Derek!

Visualicé una puerta al final del pasillo. Nunca entré en esa parte del apartamento. Decidí comprar si Derek se encontraba allí. Abrí la puerta y una espantosa canción invadió mis tímpanos.
Miré al mi alrededor, el espacio era muy sobreacojedor, extenso y sencillo.
Era el despacho de Derek, tenía un estilo muy vintage.
Al fondo de la estancia destacaban grandes ventanales como en la mayoría de las habitaciones y la sala de estar que creaban un efecto luminoso y agradable.
Las paredes laterales estaban repletas de estanterías y estantes llenos de papeles, documentos, historiales y papeles informativos. Debajo de los estantes se encontraba un radiador de alta eficiencia para soportar el invierno. Como estábamos en época veraniega, el radiador se encontraba apagado y cubierto por una fina lona de algodón.
En el medio y medio del cuarto, un escritorio con una mesilla a su lado componía la decoración afrodisiaca que abundaba por todos los rincones de su casa.
Un ordenador, más documentos, bolígrafos de todos los colores en sus respectivos lapiceros, un radiocaset muy moderno que encajaba con el tono de color de la habitación... esos eran los materiales que se encontraban en encima del escritorio.
Por último, una lujosa alfombra de piel cubría el suelo de mármol de su despacho.

Él se encontraba de pie ladeando la cabeza al ritmo de la música mientras contemplaba las vistas por la ventana.

- ¡Derek! - volví a mencionar. Él se volteó y me miró embozando una dulce sonrisa.

- Despertaste, cielo - me agarró por la cintura mientras me obsequiaba con deleitoso beso en los morros.

- Es que he quedado con Dani - miré su reloj de pulsera - en dos horas.

- Dani...¿ el rubio? - frunció el ceño mientras se liberaba de mi.

- Si. Necesito hablar con él sobre unos asuntos - me expliqué mirándome de reojo.

- Amm...vale - me retiré y me senté en el escritorio.

- No estarás... ¿celoso? - me reí mientras me acercaba a él y apoyaba sus manos en el escritorio desde el otro lado de la mesa. Le miré fijamente mientras sonreía por lo bajo.

- No - cruzó los brazos y se apoyó en el respaldo de la silla.

Me aproximé a él y me senté en sus rodillas rodeándole el cuello con mis extensos brazos.

- Me gusta cuando te pones celoso - le acaricié la mejilla y me acerqué a sus labios sonriendo.

- Tonta - rió robándome un beso.

- Tú. Te amo - le abracé mientras me acurrucaba en su pecho.

- Venga, ¿tienes hambre? - me agarró de la mano y me ayudó a erguirme.

- No tengo hambre - le miré fijamente mientras él suspiraba.

- Miriam, desde lo de tu hermano...no eres tú.
No eres capaz de pegar ojo, bebes para intentar olvidarlo, no pruebas bocado y lo que más me preocupa; finjes estar bien cuando realmente no lo estás. Quiero que seas sincera conmigo, que me cuentes que sientes,
que te desahogues conmigo. Solo intento ayudarte pero es imposible porque te cierras tanto... - me miró con ojos cristalinos mientras me cogía de las manos - Por favor, Miriam. Cuéntame, ¿cómo te sientes? ¿qué necesitas? Solo dime algo... - desvió la mirada mientras silenciaba el reproductor de música.

- Necesito que dejéis en paz el tema de mi hermano y que no sintáis compasión por mi. Yo no soy la que tengo un cáncer que puede arrebatarme la vida. Así que pregúntale a mi hermano como se siente y luego ya hablaremos - bajé la mirada alejándome de él.
Salí rápidamente de la estancia sin ni siquiera mirarle a los ojos. Mientras avanzaba por la sala unas pequeñas gotas de agua muy finas resvalaban por mi mejilla consumiéndome en mi propia realidad. Pensé que al convivir con Derek... él me haría olvidar por unos segundos, minutos o incluso horas todo lo que estaba sucediendo en mi día a día, que me haría olvidar quien soy, donde me encuentro y porque estoy aquí. Mis expectativas no eran ciertas, Derek se empeñaba al igual que el resto en recordarme la triste verdad y los terribles sucesos que debía aguantar día a día, noche trás noche, segundo trás segundo...

Derek apareció de la nada rodeándome la cintura con sus musculosos brazos mientras me mordía la oreja.

- No te pongas así, solo me preocupo por ti - me susurró al oído mientras me abrazaba con ternura.

- Lo sé pero necesito un respiro, Derek - me dí la vuelta y le sujeté de las manos - Y gracias por preocuparte por mi.

- Bueno, he terminado de arreglar unas ventas pendientes. ¿Seguro que no tienes hambre? - me miró mientras embozaba una sonrisa forzada pero tranquilizadora.

- Debo irme a casa - le devolví la mirada mientras entrelazaba los dedos de las manos con los de él.

- Bien, ¿te llevo o...? - se frotó la testuz con inseguridad.

- Pediré un taxi, no quiero abusar de tu afabilidad - reí con timidez.

- Me gusta que abuses de mi - rió con ganas - Además, no me importa. Me viene de camino.

- Calla mi celosín - le rodeé el cuello con mis brazos - Bésame - se acercó a mi y rozó mis labios con suavidad mientras sonreía ante mi reacción. Nuestro beso se hizo más intenso hasta que tuvimos que separarnos por culpa del aire.

- Te acompaño a la salida - caminó hacia ella con una sonrisa de oreja a oreja.

Le seguí por el estrecho pasillo lleno de fotos de su infancia. Abrió la puerta principal y se apoyó en ella mirándome fijamente.

- Espero verte pronto - sonrió dejándome paso.

- Antes de lo que piensas - sonreí mirándole de reojo. Avancé hasta la salida y me volví para despedirme de él.

- Adiós - se despidió.

- Hasta la vista - sonreí mientras me dirigía al ascensor.

Cerró la puerta dirigiéndome una última mirada. Accedí hasta las puertas del ascensor y presioné la planta "0". Esperé y finalmente las puertas se abrieron y entré en el interior.
Aguardé en el interior hasta que el ascensor se detuvo. Esperé unos segundos a que las puertas se descubrieran pero no lo hicieron.

- ¿Hola? - levanté la mirada y apoyé mis manos en las puertas del ascensor.

No obtuve respuesta.

- Si esto es una broma de mal gusto... más vale que... - al apagarse las luces, mi frase quedó interrumpida y decidí no continuarla.

Golpeé las puertas del ascensor con extensas ganas. Mi respiración comenzó a acelerarse y mi corazón aumentó su velocidad rápidamente.

- ¡¡¡¿¿Hay alguien??!!! ¡¡¡Ayúdenme, por favor!!! - balbuceé casi sin voz.

Grandes lagrimones comenzaron a rozar mis mejillas con lentitud.

Yo era propensa a la claustrofobia. Los lugares cerrados me causaban nerviosismo y fustración.
Permanecer allí tanto tiempo con las luces apagadas... no era mi fuerte.

Caí derrotada en el suelo del ascensor y comencé a sollozar mientras sujetaba mis rodillas a la altura de mi cabeza.
Cerré los ojos fuertemente y pensé que todo esto era una simple pesadilla.
El ambiente seguía totalmente a oscuras, nadie se encontraba en el exterior, mis gritos eran insuficientes y el chirriante sonido de los cables conductores del ascensor me ponían aún más de los nervios.


- ¿Señorita Fernández? ¿Señorita Fernández? - escuché esas mismas palabras resonar en mi interior.

Abrí los ojos poco a poco y aclaré la imagen que tenía enfrente de mi.

- Menos mal que despertaste. Estuve a punto de llamar a la ambulancia - reconocí el rostro arrugado de Jerry.

Hablaba con compresión.

Miré a los alrededores. Me encontraba tumbada en uno de los sofás que componían la planta principal del edificio.

Me erguí con cuidado recordando lo del ascensor y observé a Jerry con miedo en mi interior.

- ¿Se encuentras bien? - me susurró.

- Si. Por supuesto - le miré sonriendo forzosamente - Lo siento, Jerry pero tengo que irme - dije dirigiéndome a la salida.

- Bien, espero volver a verla - me devolvió la sonrisa y se dispuso a continuar con su trabajo.

Salí corriendo del edificio y pedí un taxi que me recogió al instante.

Por el camino, me entretení observando los verdes paisajes que rodeaban el camino hasta mi destino.

Lo que ocurrió en el ascensor debió de ser parte de mi imaginación.
Si, fue eso.

Recorrimos el centro de la ciudad y la general. Finalmente, entramos en los límites de mi localidad y el auto se detuvo enfrente de mi morada.
Pagué y le agradecí el viaje.

El taxi se alejó y yo, me apresuré a subir los escalones de la entrada y a acceder al interior de mi hogar.

Todo parecía estar como siempre aunque más ordenado que la última vez. Jessy se puso las pilas.


Miré la hora. Las 13:07. Quedaba menos de una hora para mi encuentro con Dani.
Seguía sin tener mucho apetito así que me apresuré a prepararme.

Me alisé el pelo, me di una ducha caliente, me maquillé con un poco de rimel y gloss (no muy cargado)  y comencé a elegir el look.


























Me decidí por una falda colegial de color azul marino, una camiseta de tiras con estampados florales y unos sports a juego con todo el conjunto.








Me miré detenidamente en el espejo para comprobar el resultado de mi look. Sonreí al comprobar que había elegido correctamente.

Volví a llamar al taxi. En esta vez tardó unos minutos más que la vez anterior.

Al llegar el auto, saludé al conductor y le comuniqué el lugar al que debía dirigirme. El bar "Vecina".

Él, reconoció el lugar al momento y se puso en marcha.







Narra Jessy:




Me desperté comprobando la hora y mirando al mi alrededor. Eran las 12:35 de la mañana. Por dios, ¿cómo podía haber dormido tanto?
Por primera vez, me fijé en todos los detalles de la habitación que ocupaba Coque mientras seguía apoyada en su pecho. él me abrazaba dulcemente como si fuera de su posesión y eso me encantaba.

El espacio era luminoso, las paredes estaban recubiertas de un color blanquecino. El suelo antibacteriano de vinilo asemejaba ser de un color muy apagado y se dividía formando un mosaico por toda la estancia. No me gustaba para nada.
Al lado de la cama de hospital se encontraba una mesilla blanca que concordaba con el color de las paredes.
En el paredón izquierdo se encontraba una pequeña ventana con vistas a los demás edificios y plantas que formaba el hospital. ¿No podrían poner un bonito jardín para entretenerse con las vistas en vez de más bloques gigantescos de color grisáceo? Ahora entendía porque los pájaros no se admiraban por el mirador. Les parecería tan aburrido el color que rodeaba la estancia que ni siquiera le prestarían atención.


El resto del cuarto era sencillo y cutre pero todos los hospitales eran así. No era de extrañar...


Escuché un pequeño bostezo sobre mi testera.

Dirigí la mirada a Coque que se frotaba los ojos adaptándose al cúmulo de luz que entraba por la ventana.

- Buenos días - me sonrió acercándose a mi mientras me besaba la frente.

- Mejor dicho, buenas tardes - le devolví la sonrisa aún entre sus brazos.

Le observé timidamente. Poseía cara de cansancio, sus ojos verdes grisáceos estaban prendados en mi ser, sus labios finos y carnosos embozaban una sonrisa y su pelo lijeramente despeinado hacían la combinación perfecta. Estuvimos durante unos minutos mirándonos fijamente sin saber que decir.
Al final, bajé la mirada sonrojada.


- ¿Qué tal te encuentras hoy? - le acaricié la mejilla mientras volvía a clavar mi mirada en él.

- Muy bien. Parece que me voy recuperando - sonrió observando mi mano sobre sus pómulos.

- Oye... Ayer, la doctora nos habló y explicó los resultados de las pruebas - descendí la mirada hasta mis nudillos que temblaban asombrosamente.
La sonrisa se borró al instante de mi rostro y creo que él lo noto.

- Cuéntame. ¿Cómo han salido? - dijo irguiéndose un poco mientras buscaba la respuesta a su mirada.


Vale. ¿Cómo coño se lo decía? ¿Aguantaría las ganas de llorar en sus brazos cuando tendría que ser lo contrario?


- Siento decirte que no han salido muy bien - volví a bajar la cabeza evitando que se enterase de que me encontraba apunto de sollozar.


- Me estás preocupando... - sonrió para calmar el ambiente. Lentamente, levanté el mentón fijándome en su dulce y cariñosa sonrisa.


- No me mires así por favor... - mis ojos se volvieron cristalinos y me balanceé sobre él dándole un cálido abrazo para evitar que las lágrimas recorrieran mi rostro.


- Cuéntame - me siguió el abrazo y luego, me acarició el antebrazo mientras me apoyaba en su hombro.


- La doctora nos dijo que lo que te pasó no fue por culpa de la discusión sino que fue por otra causa que si no hubieras venido jamás sería diagnosticada a tiempo - intenté tranquilizarme mientras ligeras lágrimas rozaban mis mejillas. Coque se dió cuenta y me limpió las lágrimas con el dedo pulgar mientras apoyaba su mentón en la parte superior de mi cabello.

- Tranquilízate - me susurró lo suficientemente bajo para indicarme que prosiguiera.

- Te diagnosticaron un tumor estomacal que por el momento se está extendiendo poco a poco - empecé a sollozar sin límites. Me sentí ridícula y me cubrí el rostro con las dos manos mientras me separaba de él.


- Nunca pensé que lo que me ocurrió no fuera por culpa de la pelea sino por una enfermedad pero la verdad, lo que acabo de escuchar me tranquiliza pero al mismo tiempo... - bajó la mirada acariciándome la espalda para tranquilizarme.

Descubrí mi cara y evité observarle.

- ¿Cómo que te tranquiliza? ¿Es que no lo entiendes? Solo hay una posibilidad de que salgas de esta y es operándote. Aún así, existe un 45% de posibilidades de que sobrevivas a la operación. ¿Por qué no te afecta? - gimoteé mientras intentaba limpiarme las lágrimas.

- Oye... debemos de pensar en positivo. No podemos rendirnos tan fácilmente. Lucharé a muerte para salir de esta. Voy a operarme. Total, sino lo hago moriré de todas formas. Solo necesito que me apoyes en esto y que no te alejes de mi lado - me agarró de la mano mirándome con ojos cristalinos.

- Pues claro que te apoyaré. ¿Cómo no iba a hacerlo? Eres mi mejor amigo y recorrería cielo y tierra para salvarte de esto - me limpié las últimas lágrimas dirigiendo la mirada a su rostro.


- Gracias por confiar en mi. Lo único que no necesitamos es perder el tiempo lloriqueando por lo rincones. La clave del éxito es la esperanza y la despreocupación. Así que libérate de la tristeza y empieza a pensar en positivo - sonrió forzosamente mientras me miraba a los ojos.

- Tienes razón. Lo solucionaremos - le devolví una entresonrisa mientras me erguía y me volvía para observar su expresión.

- Ven, quiero enseñarte algo - me agarró de nuevo de la mano para que me sentase a su lado.
Se irguió - Solo le mostré a Érica lo que verás a continuación. Ni siquiera Miriam lo sabe.

Comenzó a desabrocharse la camisa mirándome de reojo. Nunca lo había visto sin camiseta. Hasta recuerdo la vez en la que disfrutamos los dos juntos de una tarde en la piscina. Él, llevaba una camiseta de tiras por encima evitando descubrir su abdomen y pectorales. Me sorprendí cuando la desechó.

- Mira, me lo hicé hace exactamente dos meses y sigue intacto - se volteó y sonrió señalándome un extenso tatuaje que cubría un palmo más arriba de su cadera. Justamente en el costado izquierdo.

Era un diente de león y gracias al viento, sus vilanos del fruto volaban cómodamente por el cielo.
Me sorprendió comprobar que los vilanos del fruto finalmente se transformaban en pequeños ruiseñores que aleteaban sus alas al son del ruido del viento.







- Es realmente sensacional y fascinante. ¿Tiene algún significado? - sonreí mientras me acercaba más a él para contemplarlo.

- Tiene un hermoso significado para mi. El diente de león está preso y unido al terreno por culpa de la raíz. Él, va creciendo día trás día, mes trás mes hasta que finalmente, se desarrolla por completo,
El viento interviene haciendo que los miles de vilanos de fruto se dispersen por el cielo y los alrededores liberándolos del fuerte martirio que tuvieron que soportar. Al terminar, los vilanos siguen su propio camino hasta que acaban convirtiéndose en hermosos y liderables ruiseñores.
Es una compleja metáfora de la vida. Al principio, te sientes atado y atrapado pero finalmente te das cuenta de que puedes escapar y terminar siendo liberado y libre - sonrió mientras me observaba de reojo.


- Nunca lo habría visto así. Es realmente fantástico pero está inacabado.

- ¿Inacabado? - exclamó sorprendido.

Asentí.

- Los ruiseñores no se detienen aún en ese instante - me expliqué ante su reacción.

- Por supuesto que no pero siguen siendo libres y ese es realmente el significado.

- ¿Puedo...? - pregunté timidamente. Sentía muchísimas ganas de pasar mis manos por ese asombroso tatuaje.

- Por supuesto - sonrió dejándome paso.

Me acerqué timidamente arrodillándome encima de la cama. Posé mis manos en sus hombros para acomodarme y no perder el equilibrio.
Deslicé mis manos hasta el tatuaje y mi dedo índice prosiguió a continuar las líneas que originaban el diente de león. Era asombroso. Aquel dibujo imprentado en su piel no tenía ningún defecto y era delicadamente especial. Sonreí al terminar de seguir las líneas volví a apoyarme en él pero esta vez, mis manos terminaron acariciando sus portentosos bíceps.


- Me encanta. Tu tatuaje es realmente especial y al contrario del resto... tiene su propio significado.
Una pregunta, ¿practicas levantamiento de pesas? - bajé la mirada aún acariciando sus bíceps.

- Hacía. Lo dejé hace unos meses. Antes, estaba alistado en el gimnasio pero con los estudios... no tenía tiempo así que lo dejé y me desapunté - se volvió de frente hacia mi y atrapó de nuevo su camisa de hospital.

- Se nota - me sonrojé mordiéndome el labio inconscientemente.

- Si tienes hambre hay una cafetería justo debajo de tus pies - susurró mientras se abrochaba la camisa de nuevo.

- No tengo hambre. ¿Por qué lo mencionas? - pregunté confundida.

- Te mordiste el labio superior. Debes de tener mucha hambre para comenzar a morderlo - sonrió descaradamente.
Golpeé su brazo izquierdo mientras recordaba la imagen de él sin camiseta. Era la silueta perfecta del chico perfecto.

- Idiota - reí.

Cuando me encontraba a su lado todos mis pensamientos negativos se difuminaban. Una sensación que solo me hacía sentir Coque.






Narra Miriam:



El taxi se paró enfrente del bar. Volví a pagar y salí del auto. Justamente antes de entrar. Mi teléfono comenzó a sonar.

No tenía ni idea de quien podría ser. Lo cogí sin reconocer el número.

- Diga - pronuncié extrañada.

- ¿Señorita Fernández? Soy Justin Hartley, el responsable de su Toyota. Tengo muy buenas noticias que anunciarle - sonrió desde la otra línea - Ya esta listo. Puede venir a recogerlo cuando quiera.

- Genial. Qué rápido - le devolví la sonrisa mientras caminaba de un lado a otro por la acera de la entrada.

- Ya ve. Somos muy serviciales - ¿serviciales?

- Iré a recogerlo cuando pueda. Espero que esta tarde me dé tiempo - reí.

-  No se preocupe. Aguardaré por usted - mencionó.

- Llevaré la documentación y el registro. Además, del cheque - me expliqué.

- Magnífico.

- Gracias por todo.

- A usted. Muy buenas tardes - se despidió.

- Igualmente. Hasta pronto - reí y colgué.

Si, esta tarde recogería mi auto y lo conduciría por primera vez.
Me adentré en el bar y busqué a Dani con la mirada. Al momento, él me reconoció y levantó la mano zalandeándola de un lado a otro para indicarme donde se encontraba.

Sonreí guardando el móvil y acercándome al reservado...









Narra Henry:




Eran exactamente las 13:50.  Había tardando tanto en arreglarme que no me fijé en la hora hasta ese momento. Yo era de lucir colores apagados así que la ropa que elegí era básicamente oscura.
Salí de casa a la velocidad de la luz. Entré en mi auto y me dispuse a conducir hasta llegar al sitio asignado. Tenía muchísimas ganas de hablar con Lola. Esa chica me había caído estupendamente.












Narra Pris:



A veces odiaba mi trabajo. Despertarse a las 7:30 de la mañana, elegir un look estupendo para no decepcionar a la clientela, coger el auto para llegar lo antes posible y pasarme la tarde en la tienda teniendo solo un descanso para comer.

Elegí la ropa y pensé en dejarme el pelo suelto.































Cuando me encontraba a punto de maquillarme, hallé una llamada perdida en mi móvil. Era de Miriam. También, descubrí que tenía un mensaje de voz en mi buzón. Desde ayer no lo cogí.

Lo escuché y me sorprendí al comprobar que Miriam deseaba con ansias hacer las paces conmigo.
Por supuesto que deseaba arreglar las cosas con ella.

Pensé en llamarla pero no me quedaba apenas tiempo. Debía de maquillarme y partir a la tienda para no llegar tarde y dar un mal ejemplo de mi superioridad en mi empresa.
Hoy me esperaba mucho trabajo y las empleadas no daban abasto con todo.

Decidí llamarla más tarde, en el descanso para comer.