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1 TEMPORADA
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- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
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- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- Capítulo 31
- Capítulo 32
- 2 TEMPORADA
- 3 TEMPORADA
- PRÓLOGO
domingo, 3 de abril de 2016
(T2) CAPÍTULO 33: NO TENGO HISTORIA
DÍA: 20 DE AGOSTO

Narra Miriam:
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Es extraño pensar: "Ojalá estuviera aquí" cuando apenas unas semanas antes ni le conocías.
Necesitas su apoyo, no el de otro. Solo funciona el suyo.
¿Por qué se tenía que haber marchado justo ahora?
Cuando más lo necesitaba.
Tal vez, no fue muy buena idea rechazar sus ánimos en su momento.
Le necesito, sea como sea pero lo necesito.
Aunque él no esté.
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La doctora junto a un interno se apresuraron a entrar en la UCI.
En sus manos aún llevaban el gorro y sus caras parecían un testamento.
Creo que no traían buenas noticias, no me levanté de mi asiento. Apoyé mis codos sobre las rodillas y escondí la cabeza entre las manos ladeándola. Dani se arrodilló frente a mi y puso sus manos sobre mis mejillas. Levanté la mirada y él me cogió de las manos con ojos brillantes. Lágrimas bailaban en sus ojos.
No dijo nada, se limitó a observarme con cara apenada.
La doctora entró y la mayoría de la gente se levantó para escuchar sus palabras.
- ¿Cómo está? ¿Está bien? - preguntó mi madre limpiándose las lágrimas con la manga de su camiseta.
- ¿Son ustedes los padres de Álvaro Pose? - preguntó el interno.
- Si. Nos acabamos de enterar de todo lo ocurrido. Estábamos en un viaje de negocios.
- Veréis... Hemos hecho todo cuanto estuvo de nuestra mano...
- No empieces por ahí porque sabemos lo que vendrá a continuación - refunfuñó Pris que se encontraba al lado de Jess. La cual se dedicaba a observar a todos los presentes.
- Extirpamos todo el tumor, paramos todas las hemorragias pero su corazón entró en paro. No podía aguantar estar tanto tiempo anestesiado... La cirugía salió estupendamente aunque... El corazón... - intentó explicarse.

- Vaya al grano.
- No sabemos si despertará. Abrá que esperar - aclaró frunciendo los labios - Lo sentimos muchísimo.
- Dijiste que lo salvarías. Dijiste que era muy probable que todo saliera bien. ¿Y ahora me estás diciendo que no sabes si despertará o se quedará como un fiambre el resto de su vida? - exclamó Jessy alzando la vez.
- Jess, hizo todo lo posible. ¿Vale? Ella no es Dios, solo actúa como él - intentó explicarle Pris calmándola.
- Ella no es Dios eso está bien claro. Es el puto Lucifer - cogió su cazadora y salió corriendo de la UCI sin hacer caso de las llamadas de Pris.
Esta se disculpó saliendo detrás de ella.
- Mierda - balbuceé mirando a la doctora.
- ¿Cuándo podremos verle? - preguntó Alex con voz tenue.
- Dentro de unos días podréis entrar a verle. Recuerden que aún hay esperanzas. Si necesitan algo no duden en llamarme. Coque fue muy fuerte - anunció haciendo un gesto con la cabeza y retirándose.
Parecía terriblemente afectada. Eso me hacía sonreír por dentro. Coque le importaba. A pocos médicos le interesaban sus pacientes. Eran muchos y nunca debían coger cierta confianza con ninguno de ellos.
- Perdonen... Ya sé que aún es pronto para hablarles de esto pero... ¿Han pensado en desconectarlo de la máquina artificial? - preguntó el interno interesado con un bolígrafo en la mano.
- Acabamos de recibir la noticia de que a lo mejor no despierte y... ¿Usted nos viene con estás? ¿Acaso no tiene corazón? No pienso firmar nada. No voy a matar a mi hermano. ¡Márchese! - grité entre lágrimas. Dani acarició mi brazo para tranquilizarme.
- Está bien. Vendré luego... - susurró.
- ¡Como le vuelva a ver por aquí le aseguro que le arrancó los pelos! - refunfuñé mientras este desaparecía de la habitación.
- Oye Miriam, todo saldrá bien. Ya verás. Coque es fuerte. Mucha gente consigue despertar. Aún quedan esperanzas - me apoyó Dani intentando subirme la moral aunque de poco sirvió.
Me acerqué a hablar con mis padres. Al poco tiempo, Mark y Alex tuvieron que marcharse a casa. Dani tenía que irse al estudio. Magí los había convocado y Pris y Jessy aún no habían vuelto. Érica se mantenía apartada del resto, sentada en en suelo y tocándose la tripa mientras lágrimas empapaban su rostro. Bajó la mirada mientras seguía frotándose la barriga. Estaba sumida en sus propios pensamientos.
Mis padres y yo nos quedamos en la sala de espera charlando entre nosotros sobre todo lo ocurrido y sobre lo que podría ocurrir en un futuro.
La luna llena brillaba en todo lo alto y ninguna estrella se encontraba a su alrededor.
Todo esto me superaba.
Narra Érica:
[ Flashback ]
*19 DE AGOSTO*
- ¡Joder! ¡Estoy preñada! - grité mirando el test.
- Y que lo digas. Eso está más rosa que el coche de la Barbie - exclamó Betsy. La miré y ella sonrió frunciendo el ceño.
Alcé los ojos.

- ¿Por qué todas las muñecas son rubias? - pronunció Allison interesada.
- Si, las nacis también lo son.
- Son todas rubias - anunció Betsy sorprendida.
- Oye, ¿qué me dices de Blancanieves?
- Esas no son muñecas, son princesas de cuentos animados - continuó Betsy mientras yo ponía los ojos en blanco. Siempre se desviaban del tema a tratar.
- ¡Chicas! No se puede contar con vosotras para nada - refunfuñé cruzándome de brazos.
- Oye, tranquila. Estas cosas suelen fallar. Pide cita en el ginecólogo y ya verás como todo es un simple susto - animó Allison mucho más comprensiva que Betsy.
- Supongo que tienes razón. Cabe la posibilidad de que no lo esté... - balbuceé estrugando el test entre mis manos.
- Además... Si lo estás seguro que es de Coque. ¿O no? - siguió insistiendo Allison.
Bajé la mirada sin saber que responderle. Ella levantó las cejas y ladeó la cabeza.
- Dime que usaste protección con Henry.
- Eso sería mentir - susurré bajo.
Ella abrió la boca más asustada que sorprendida.
- Vale, ahora si que estamos en problemas.
- Yo estoy en problemas. ¿Y si es de Henry? ¿Qué coño le digo a Coque? - exclamé alarmada.
- ¿Qué fue un error? - rió Betsy flojo.
La miré terriblemente mal. Las miradas asesinas suelen funcionar de vez en cuando.
- Le digo " Coque, es que hace como unas tres semanas te fui infiel con Henry y ahora estoy embarazada y no sé de quien es el bebé"- dije mientras mi mente discurría una y otra vez.
- No, si se lo dices así te deja fijo - dice Betsy mientras come una barrita de chocolate energética.
- Oye chicas, esto que quede entre nosotras. No se os vaya a ir la lengua. Es súper importante - las advertí con cierto tono amenazador.
- Si es de Henry se lo dirás, ¿no? - preguntó Allison acomodándose en el sofá.
- Eso fijo, si es el padre tiene derecho a saberlo - afirmó Betsy que de vez en cuando pensaba las palabras antes de decirlas.
Tragué saliva. Me daba igual de quien fuera el bebé, lo que estaba claro es que a Coque le diría con certeza que era de él y solamente de él.
- ¡Oh dios mío! En que lío me he metido... - susurré para mi misma sin poder aclarar mis ideas.
- Es que chica, si usaras protección... - criticó Betsy terminándose la barrita.
Cogí el teléfono con rapidez y marqué un número que después de muchos años aún seguía grabado en mi mente.
- ¿A quién llamas? - preguntó Betsy curiosa frunciendo el ceño.
- Al ginecólogo tengo que salir de dudas de una puñetera vez.
Nada más finalizar la llamada, me quedó claro que teníamos cita para mañana por la tarde a las cuatro. Ni un minuto más ni un minuto menos.
Además, debía saber a lo que me estaba enfrentando, para estar más tranquila, haría una prueba de ADN y así comprobaría quien era el verdadero padre. Así me quitaría esta sensación extraña del cuerpo.
Seguimos hablando durante un poco rato pero el tema de mi posible embarazo salía a la luz a cada segundo.
Narra Henry:
Pris me había llamado contándome como había ido la operación. La verdad es que parecía bastante nerviosa a través de la otra línea. Fue muy breve y utilizó monosílabos a lo largo de toda la conversación. Algo estaba ocurriendo, Pris no solía ser así.
Me alegraba de que la operación de Coque fuera bien aunque no tanto de que a lo mejor no fuera a despertar.
La noche había cubrido el cielo, Lola se encontraba en la cocina lavando los platos mientras yo me dedicaba a observarla sentado en la mesa de la cocina.
Ella parecía realmente concentrada en su labor y al terminar de hablar con Pris continúe observándola como si fuera la cosa más linda del mundo. Nunca me cansaría de semejante belleza andante.
Lola de volteó y me observó. Sonrió con dulzura y secó sus manos antes de acercarse a mi y obsequiarme con un delicioso beso en los labios.

La agarré por la cintura y apoyé mi frente en la suya. Notaba su respiración acelerada frente a mi rostro.
- Me alegra saber que aunque sea virgen te sigo gustando como el primer día - me guiñó un ojo divertida.
Bajé sus manos por su torso con cuidado de no hacer ningún movimiento que realmente la incomodara.
- Eso no cambia las cosas y lo sabes - le sonreí al lado de su oreja.
- Tu cara de espanto no transmitía lo mismo.
- ¿Qué cara? ¿Esta? - me acerqué a su cuello y comencé a hacerle cosquillas con lo dientes. Esta comenzó a reírse sin parar. Me separé y sonreí como un niño pequeño.
Ella me golpeó el brazo no muy fuerte.
- Tonto - repetía una y otra vez sin dejar de reír.
Finalmente, después de charlar un rato más sobre cosas que no venían a cuento, llegó el momento de volver por donde había venido.
- Bueno, doña creyente - religiosa, tengo que marcharme. La medianoche se acerca - susurré suave con voz dulce y apenada.
Sonó un quejido por su parte, la idea no le hacía mucho entusiasmo.
- ¿Enserio? A mi aún me parece temprano - miró el reloj de la pared.
- Claro, claro - soné sarcástico.
- La próxima vez que vengas me encargaré de atrasar todos los relojes de la casa - me transmitió risueña.
- Si me quedo te aseguró que a la mañana siguiente te arrepentirás - ladeé la cabeza con cara pillina.
- Entonces es mejor que te largues, don Juan - susurró con una voz terriblemente sexy.
- Me verás muy pronto. Te lo prometo, muñeca - sonreí besando su mejilla.
- Así que muñeca... - alzó las cejas sin creerse lo que acaba de escuchar.
- ¿Barbie o Nancy? ¿Cuál prefieres?
- Barbie, eso está claro - rió aún más fuerte.
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Nada más acostarme en mi cómoda cama respiré la tranquilidad que se encontraba en toda la casa.
Era muy reconfortante. Mis padres no estaban en casa como de costumbre.
Cuando comenzaba a cerrar los ojos escuché una serie de ruidos que provenían de la habitación de Miguel. ¡Oh dios! Ya me parecía a mi que era demasiado bonito para ser verdad.
Estaba claro lo que tenía que hacer. No me lo pensé ni un segundo más.
Me levanté de la cama pesadamente y me dirigí a su cuarto.
Mi hermano me había de escuchar esta vez.
¡Por dios! ¡Haciéndolo a las doce de la madrugada! ¿Qué es esto? ¿Un puticlub que abre todo el santo día?
¡Y una mierda!
Narra Miguel:
Escuché el ruido de la puerta. Seguro que era el viento que petaba con fuerza.
No le hice mucho caso hasta que Marina tuvo que entrometerse.
A veces resultaba odiosa, solo a veces.
Cuando se ponía a cuatro patas la cosa cambiaba...
- Están... Llamando a la puerta - me recordó entre sonoros gemidos.
Solté una risa floja, me causó gracia.
- Nena, yo no oigo nada. ¿Es qué acaso tú si? - alcé una ceja juguetón y escondí mi rostro en su cuello.
Los goletazos se hicieron más y más intensos.
-¡Estás bien sordo si no escuchas eso! - gritó sin ninguna muestra de humor.
- ¡Me cago en...! - me erguí - Tápate, mujer.
Cogí una pequeña toalla y me la enrollé a la cintura. ¡Joder! ¡Cómo fueran mis padres ya me veía de patitas en la calle!
Abrí la puerta con cierto cabreo y salí al exterior cerrando la puerta tras de mi.
Me coloqué frente a él con los brazos cruzados.
- ¿Qué coño quieres? - pregunté alzando los ojos.
Menos mal que era mi hermano, venía a tocarme los cojones como solía hacer últimamente. ¡Qué digo! SIEMPRE.
- Dile a Marina que no grité tanto, intento dormir - se quejó con cierto mosqueó aunque no tanto como el que llevaba yo encima.
- Porque tú no "pinches" - marqué bien las comillas con los dedos - eso no quiere decir que yo no pueda hacerlo, querido hermano - apoyé una mano sobre su hombro izquierdo. Él la apartó con rapidez.
- No tengo porqué hablarte de mis relaciones sexuales.
- ¡Já! Posiblemente porque no tienes nada que contar salvo tus masturbaciones en el cuarto de baño. Si hermanito, que callado te lo tenías - alcé una ceja jugueteando con ella.
- Esto ya es el colmo - balbuceó con una sonrisa floja.
- Te duele la verdad, tio y ahora si me disculpas tengo un pequeño trabajito que terminar - le guiñé un ojo sonriente y volví a entrar en mi cuarto cerrando la puerta frente a su cara.
Dejándole con las palabras en la boca, la toalla resbaló por mi hermoso trasero y en menos de diez coma tres segundos, Marina volvió a colgarse en mi poniéndose esta vez ella encima. Me encantaba que tomara ella el control.
- ¿Qué quería tu hermano? - preguntó sensualmente a mi oído mientras bajaba por todo mi abdomen con sus carnosos labios.
- ¿Enserio quieres hablar de eso ahora? Aprovecha lo que tengo aquí abajo antes de que ya no pueda aprovecharse, nena - sonreí de lado mientras ella volvía a juntar sus labios con los míos.
Y como siempre, las palabras de mi hermano era como ir a misa un domingo. No me empanaba de nada y menos aún con su simple vocecilla.

Os dejo, mi novia precisa mi ayuda en estos instantes.
Narra Jessy:
Tenía razón y nadie me hizo el menor caso. La operación no era la mejor opción y ahora Coque estaba entre la vida y la muerte y aún saliendo de esto no volvería a ser el mismo.
La doctora no había echo completamente nada para salvarle la vida. Se había rendido nada más encontrarse con la primera complicación. ¿O no?
Si se hubiera esforzado un poco más ahora mismo Coque estaría bien. Viviendo y coleando.
Aún seguía pasando por mi cabeza aquel beso con Carlos. Supongo que no era dueña de mis actos y él tampoco. No sé lo que Carlos pensaba pero para mi solo fue un simple error. Como tener solo veinte euros y no saber si comprar la comida de Navidad o el cupón de la lotería. Si eliges el cupón, estás acabado. Las posibilidades de que te toque son prácticamente nulas.
Ya sé que es un ejemplo bastante cutre y difícil de comparar con una operación pero piénsalo bien.
Tomar decisiones importantes tal vez no sea tan fácil como parece.
Nada más salir de allí, me senté en el suelo de uno de los corredores y me harté a llorar hasta que Pris intercedió en mis pensamientos. Se sentó sobre sus rodillas justo a mi lado y me abrazó con fuerza para darme un simple consuelo.
- Despertará, solo hay que tener fe. Aún hay posibilidades. La doctora hizo todo lo que pudo, aunque sea una zorra insolente... Estoy completamente segura de que Coque le importa, igual que todos sus pacientes. No la pagues con ella, solo hace su trabajo.
- No es solamente eso, Pris - reaccioné cuando mis sollozos se calmaron. Me limpié las lágrimas y la miré ladeando la cabeza.
- Estás loquita por él. Eso ya lo sé - aclaró alzando los ojos.
- Sabía que esto iba a ocurrir y aún así no fui lo suficientemente valiente para decirle que le quería. Siempre... huyo, me escondo y ... Quiero ser como verdaderamente quiero ser.
Enfrontarme a las cosas, ser mejor, aprender de los errores. Pero por más que lo intento no soy capaz. No puedo salir de mi puto agujero negro.
Pris se mantuvo cayada repasando cada una de mis palabras. Finalmente, lo único que hizo fue cogerme de la mano y apoyar su cabeza en mi hombro izquierdo.
- No tengo historia. Solo soy una chica que se levanta cada mañana, va a trabajar y ve a sus perfectas amigas con sus perfectas vidas. Yo no tengo nada. Y a veces pienso que nunca lo tendré. Pero después pienso en todo lo que os está pasando, lo que está ocurriendo. Miriam y su... pequeña relación, su sueño cumplido, su hermano...
Y luego estás tú, enamorada de un chico que tal vez vaya a morir, sin trabajo, sin techo...
¿Y sabes qué? Me siento afortunada de tener una vida súper aburrida. Tal vez no sea perfecta pero es normal, como la de cualquier persona. En cambio, vosotras siempre tenéis que enfrentaros a nuevos desafíos y aún así soys fuertes y podéis con ellos.
Así que Jessy, no conozco ni conocí a ninguna persona tan fuerte como lo eres tú así que no digas todo lo contrario. Eres muy, muy fuerte - aclaró con una sonrisa mientras yo la observaba con ojos llorosos.
- Hoy estaba mal. Muy mal. Estuve distante y de mal humor y me arrepiento de haberos tratado así. Todos estamos pasando por esto y no es justo que yo tenga preferencia o una cosa así.
Ha ocurrido algo. Yo no le doy mucha importancia pero no sé como actuar ahora. No sé cual va a ser mi siguiente paso - me mordí el labio avergonzada y bajé la mirada.
- ¿Qué ha ocurrido? - preguntó Pris preocupada.
- Hoy Carlos vino a verme. Estaba triste, débil... No podía con esto y él estaba ahí. Me liberé totalmente, le conté lo que me estaba pasando. Él solo... Me calmó con chistes malos y una tierna sonrisa. Y ocurrió, me besó. Fue un beso dulce y semicorto pero me gustó, no puedo negártelo.
Aún así me siento culpable. Porque no sé lo que él se estará planteando con ese beso. No sé lo que estará pensando. Para mi no fue nada, un simple desliz pero tal vez para él fuese algo más...
Tragué saliva mientras Pris me miraba con los ojos bien abiertos.
- Haber... Si te gustó eso significa algo. ¿Tú no estabas enamorada de Coque? - intercedió sabiendo ya mi respuesta.
- Le quiero pero él está con Érica y ni siquiera quiso verme antes de la operación. Está cabreado conmigo y ante eso no puedo hacer absolutamente nada. Me castigó simplemente por serle sincera.
- ¿Entonces por qué te besaste con Carlos? Si te gusta una persona al día siguiente no puedes estar con otra - explicó intentando estudiar la situación.
- No sé porque lo hice. Supongo que fue una recompensa por haberme subido la moral.
- ¿Te gusta Carlos? - me miró y habló con voz temeraria.
- No, me gusta Coque - aclaré con sinceridad.
- Pues ya está. Debéis hablar las cosas. Explícale lo que acabas de contarme y lo entenderá. Ya verás.
- Tienes razón - dije entre dientes asintiendo.
- ¿Fue con lengua? - alzó una ceja curiosa.
- Si - asentí recordando entre mis pensamientos.
- O sea que te metió la lengua hasta la garganta.
- ¡Oye! - exclamé golpeándole el brazo con suavidad.
- Vale, vale - alzó ambas manos sobre protegiéndose - No volverá a pasar y punto.
- Exacto y ya sabes... Ni una palabra a Miriam de esto. Se emocionaría con la "no relación" - marqué con los dedos las comillas - entre Carlos y yo.
- Tranquila, soy un baúl con una fuerte cerradura y tú tienes la llave - dijo en voz bajita y levantándose.
Me tendió la mano para ayudarme a levantarme. Comenzamos a caminar de nuevo hasta la UCI.
Antes de entrar, miré a Pris y está comprendió mi gesto asintiendo con seguridad.
Alex y Mark ya se habían ido hacia rato. Los padres de Miriam charlaban con Érica en una esquina y Miriam y Dani se mantenían de pie estableciendo una pequeña conversación. ¿Aún no se había marchado?
- Gracias por todo, Dani. Te prometo que te llamaré cuando se sepa algo - balbuceaba Miriam como despedida.
- Me alegra saber eso. Nos vemos - besó su mejilla derecha y asintió dándole fuerzas. Este se marchó ofreciéndonos un simple gesto de despedida.
- Señoritas - susurró saliendo por la puerta.
Eso me hizo reír un poco aunque bastante flojo.
- Deberías de plantarte la supuesta relación chico chica con él. Ese chico es genial y por lo visto a ti también te lo parece - dije acercándome a Miriam de mucho mejor humor.
- Veo que ya estás de mejor humor. ¿ Rompiste algún jarrón para calmar tu furia? - respondió esquivando mis aclaraciones y recogiendo su cazadora.
- Rubita, no esquives mis indirectas. Dani y tú estáis hechos el uno para el otro - continué insistiendo.
Puso los ojos en blanco acomodándose el pelo y me miró fijamente.
- Amo a Derek Karev. Si, por raro que lo parezca él es el único que me importa en estos instantes. Yo no me meto en tu vida amorosa así que es mejor que siga así. ¿No cres? - habló amenazante con ojos penetrantes.
- Tiene un muy mal genio, chica indecente - dije con voz burlona imitando a Dani.
- Anda, vámonos a casa. Necesito una buena ducha después de toda esta mierda - murmuró Pris entrometiéndose en la conversación.
Y así fue, Érica y Pris se marcharon cada una por su lado mientras Miriam, sus padres y yo volvíamos a nuestra casa.
La verdad es que todos teníamos la pequeña esperanza de que Coque saldría de esta.
A los padres de Miriam no les importó que me quedara en su casa durante una temporada. Es más, la idea les resultó bastante agradable.
Dejé la mente en blanco y me fui a dormir intentando pegar ojo.
Eran demasiadas emociones en un día.
Pris tenía razón, mi vida nunca sería normal aunque quisiera que lo fuese.
El sueño amenazó con cerrarme los párpados. Dejé que lo hiciera.

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A veces, las palabras te ciegan, te niegan la realidad.
Tu propia historia, es extraño llamarle así. Normalmente solía decirle "Vida".
Aunque nunca sabes de verdad a lo que te estás enfrentando.
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Imágenes pasaban una y otra vez reviviendo más y numerosas veces por mi mente.
No podía quitármelo de la cabeza.
Era como tener una y otra vez la misma pesadilla.
Sentía remordimientos que no podía solucionar.

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