lunes, 8 de junio de 2020

(T3) CAPÍTULO 56: UNA ÚLTIMA CARICIA



 Narra Pris:
 
 Después de contarle todo lo que había ocurrido en la boda, le miré con expresión seria y él se le notaba muchísimo que le costaba aguantarse la risa. 

Hacía un mes que no nos veíamos. Álvaro estuvo de gira con los chicos y acababa de regresar. Tenía una semana libre antes de irse nuevamente a actuar a otra ciudad. Yo intenté adelantar trabajo la semana pasada para poder pasar el mayor tiempo posible con él. 
Una de mis empleadas se ofreció a quedarse el finde unas horas extras y la verdad es que me hizo un gran favor. Si no, no estaríamos un viernes a las diez de la noche en un puente cercano a donde él vivía brindando con vasos de plástico y Vodka del ruín. 




- Adelante, puedes reírte idiota - dije poniendo los ojos en blanco mientras jugaba con mis pies. Era una sensación muy liberadora. El mundo parecía mucho más pequeño desde aquí y estar sentada en el borde con las piernas colgando hacía que todo se me olvidase. Después de tanto estrés, esto me resultaba lo mejor de la semana. Parecía estar caminando sobre el agua, flotando encima de el, rozando la superficie. Y estar con un retorcido chico al lado, solo mejoraba la situación. Aunque quisiera matarlo, de vez en cuando. O mejor dicho, ¿cuándo no quería matarlo?

Comenzó a reírse y no pude evitar unirme a él.

- ¿Conociste a alguna tia buena este mes? - murmuré mirándole de reojo mientras me rellenaba la copa.
Me miró rápidamente y embozó una sonrisa llena de picardía.

- Muchas, pero ninguna olía tan bien - dijo acercándose y hundiendo su nariz en mi cabello. Sonreí intentando resistirme.

- Si lo único que te atrae de mi es mi perfume... Creo que te tiraré al vacío y diré que estabas tan borracho que no sabías lo que hacías.
Me robó un tierno beso y frotó su nariz con la mía.

- ¿Quién te vacilaría después? Tu vida sería muy aburrida - respondió al poco tiempo alargando el "muy".

- Seguro que pronto encontraría a alguien que también le gustase mi perfume - le guiñé un ojo y me dió un codazo haciéndose el ofendido.

- Si David no estuviese en el apartamento te subiría en brazos por las escaleras.

- Vivís en un sexto. Creo que es más probable que nos matemos en el camino que llegar - sonreí seductora.
Miró al horizonte mientras daba un trago largo.

- Te echaba de menos. Chatearnos no es lo mismo que comerte la boca. Quiero dormir contigo.
Me sorprendió lo sincero que acababa de ser pero más me asombró lo que estaba a punto de decir.

- Puedo colarte en mi cuarto, está en la planta baja - le guiñé un ojo mientras me servía de nuevo.
Me miró con los ojos bien abiertos.

- No podrás hacer ruido, nena - susurró al mismo tiempo que me pasaba la mano por mi mejilla. Mi rostro se encendió. Dormir juntos significaba tener sexo. No había pensado en eso cuando se lo dije. En realidad, no había pensado en nada. No sabía porqué se lo había dicho. Puede que yo también le echase de menos. ¡Está bien! Me sentí súper sola todo este tiempo.

Jessy había empezado las clases y estaba demasiado ocupada para contarle mis rayadas de chica pillada por chico increiblemente adictivo y Miriam... La verdad es que no sabía absolutamente nada de ella.
Ambas tenían preocupaciones más importantes que mi sensibilidad amorosa.
Y lo de comentarlo en el trabajo estaba totalmente descartado.

¿Por dónde íbamos? ¡Ah si! SEXO CON ÁLVARO. 
Me bebí el resto del vaso de un trago y lo rellené de inmediato.

- Es verdad, no te conté un cotilleo - me sacó de mis pensamientos mientras se frotaba las manos - Carlos y tu amiga lo dejaron. El gilipollas no quiso contarme porqué pero parecía afectado.

- Vaya, no sabía nada. Hace tiempo que no hablamos.

- Tenías que haberme llevado de acompañante a esa boda. Sabes que me encantan los shows en vivo.

Me reí. Si le pasase a él en el altar no se burlaría tanto. Al menos era el único que se lo había tomado con humor.
Le cogí el rostro con ambas manos y le besé con cariño. Él intensificó el beso mientras bajaba las manos por mi cintura.
Hizo una pausa para mirarme a los ojos. Le respondí con una sonrisa inocente.

- Vamos a tu house, nena. Acaban de aburrirme las vistas - intercedió mientras fingía un bostezo.

Caminamos cogidos de la mano hasta que llegamos. Durante todo el camino sentía los nervios alimentándose de mi estómago, no sabía con exactitud la verdadera razón. Era la primera vez que me cogía de la mano y además, era nuestra primera noche de sexo. Creo que ambas cosas me hacían estallar. Los pensamientos iban a velocidad supersónica sin poder controlarlos. 
¿Y si salía mal? ¿Y si salía bien pero después todo se volvía mal? Álvaro era salvaje, oh, creéme si que lo era. Espera, ¿y si en la cama no? Bueno eso era totalmente improbable, ¿no?

Tragué saliva, busqué las llaves en los bolsillos de mi sudadera. ¡Cachís! No las encontraba. Maldita sea.
Álvaro llamó mi atención zarandeando lo que buscaba delante de mi rostro.
Las agarré con rápidez y me dirigí a la puerta.  Al abrirla al fin, pude ver a mi padre de espaldas. Cerré la puerta al momento y sonreí a Álvaro.

- Acabo de ver a mi papá - comencé a reírme como una tonta. Álvaro abrió los ojos como platos y se despeinó el cabello.

- ¿Qué hace aquí?

- Vive aquí.
Se mordió la lengua y se frotó la cabeza. 

- ¿No podías decírmelo antes? - me encogí de hombros a modo de respuesta sin borrar mi sonrisa - ¿No debería estar durmiendo? - echó un vistazo a la hora.

- Puede. Espera, tengo una súper idea - dije dando una vuelta sobre mi misma - Entraré yo y te abriré la ventana. Malo será que no cojas. ¿Engordaste este mes?
Puso los ojos en blanco.

- Nena, lo que ves es músculo no grasa. 

Le señalé una de las ventanas y mientras se dirigía a ella entre en la casa. Una vez en mi habitación, después de dar las buenas noches a mi padre, abrí un poco la ventana y lo llamé como si fuese un gato.

Apareció al poco rato.

- ¿Vas a abrirla del todo o qué?

- Ah, ¿pero tus músculos no cogen por aquí? - me reí mordiéndome el labio.

Nos miramos furtivamente por unos segundos, hasta que decidí ceder.
Nada más entrar, se abalanzó sobre mi con pasión. Había acertado, era salvaje. Otra vez, la risa tonta.

Se deshizó con facilidad de mi camiseta y me tiró sobre la cama. Contemplé las increíbles vistas mientras se deshacía de su camiseta. Tenía que darle la razón, eran músculos e increiblemente bellos a mi gusto. Podría pasarme la noche babeando sobre él pero Álvaro tenía otros planes. Se tendió sobre mi y me fui directa a sus labios mientras mis manos intentaban desabrochar su pantalón. Me llevé ambas manos a la boca intentando reprimir la risa.  No era capaz. Álvaro se dió cuenta y acarició mi mejilla con una sonrisa mientras se quitaba los pantalones. Si antes babeaba, ahora creo que estaba babeando otra parte de mi. 
Por dios, hasta intentaba no reírme de mis propios pensamientos.

Empezaba a tener calor y que Álvaro recorriese mi cuello con sus labios no ayudaba en absoluto. Me deshice como pude de mis jeans mientras mi cuerpo se revolvía solo de placer.

Mientras seguíamos besándonos con pasión, cogió mi mano derecha y la condució a su zona de combate. Me quedé inmovilizada durante unos segundos. Relájate, es solo un pene. Nunca les tuviste tanto respeto.
Y me decidí a combatir mientras Álvaro se bajaba los calzoncillos por completo. Escondió su rostro en mi pecho mientras mi excitación subía a cada minuto.
Soltó un gemido y este fue acompañado de otro.

- No puedes hacer ruido, nene - susurré mientras él agarraba mi pelo con fuerza y buscaba mi lengua con la suya.

Nos mantuvimos así durante un tiempo hasta que logré vencer el combate y fuimos directamente a la zona de descanso. Aunque no descansamos en absoluto. 






Narra Miriam:


Acepté que Derek me llevase a casa, después de todo, le debía una por lo que había hecho por mí. Aún así tenía una charla pendiente con Jessy. 

Nos pasamos el trayecto en coche en silencio. Después de abrazarnos, ambos estábamos bastante confundidos sobre como actuar. Aunque no me arrepiento, sus brazos lograban calmarme igual que mi hermano pero él no estaba.
Le necesitaba en estos momentos pero entendía su ida. Incluso Érica me había engañado a mí tratándome estupendamente y ganando mi confianza. Me había comido su farsa con patatas mientras se tiraba a Henry. 

Aún encima con él, ¿podía odiar más a ambos?

 -  ¿Te apetece tomar algo antes de llegar? - soltó Derek con cautela sin perder la vista de la carretera. Un día hacía que rompimos y añoraba hasta su jodido coche.

- Pensé que habíamos hablado todo - según respondía, mi voz iba bajando de tono. ¿Quería hablar con él? No lo sé. No estaba muy comunicativa que digamos y aún encima me costaba admitir lo que sentía. Más aún con Derek.

- He estado pensando muchas cosas de las que me comentaste. Creo que fui muy injusto contigo, Miriam. 


Me sorprendía la facilidad con la que le daba la vuelta a las cosas. Aún así, parecía sincero. Tal vez debía darle la oportunidad de ser escuchado.


- Una cerveza. Tienes el tiempo que tarde en bebérmela - dije inexpresiva mientras me miraba por primera vez sin poder ocultar una sonrisa. Hacía tiempo que no la contemplaba y amaba su puta sonrisa. Le había hecho sonreír de verdad tan solo por aceptar unos minutos con él... me quería.

Llegamos a un pequeño bar poco concurrido. Nos sentamos en una de las mesas del fondo del todo, cerca de los baños y pedimos algo.

Nada más marcharse el camarero, los ojos de Derek se clavaron en mi.

- Dylan es importante para ti. Cuando me dijiste que ya estabas con los trámites para su adopción me quedé de piedra. Miriam, somos... - reintificó- éramos una pareja y no consultarme antes, no preguntármelo. Entiende que me sentase mal. Sé que estás pasando por un mal momento desde lo de tu madre y siempre he intentado apoyarte en todo, pero cuidar de un niño. No me veo capaz, no tuve un buen padre y no me veo como tal. 
Cuando estuve a punto de perderte, el mundo pareció resbalárseme de las manos y la verdad, me siento de la misma forma que cuando no despertabas. Te echo de menos y haría cualquier cosa para recuperarte. No soy capaz ni de pasar un día sin ti, es frustrante - me miró fijamente esperando una respuesta por mi parte.

En parte tenía razón, debí comentarle lo de Dylan antes y no actuar sola por mi cuenta. Dylan me cegó por completo y no me atrevía a contarle a nadie lo del pequeño. 
También le echaba de menos, él conseguía que razonase y me volvía cuerda.
 
Di un sorbo suave a mi cerveza mientras Derek jugueteaba con sus nudillos con expresión nerviosa.
¿Qué debía responderle? Ser sincera o mentirle. Perdonarle o no. Olvidar o no.
Bufé captando su atención.

- Yo también te echo de menos. Además salir con el jefe es un punto a mi favor. No puedo perder eso, ¿no crees? - vacilé alzando una ceja. Se lamió los labios y se llevó la bebida a la boca. - Lo siento, sé que es un tema delicado. Solo pretendía quitarle hierro al asunto - Derek me miró con ojos de cordero atemorizado - Está bien, lo admito. Te quiero. Pero que no se te suba a la cabeza, ¿si? Estoy siendo sin...

 Pero no me dejó terminar la frase. Sus labios presionaron los míos y cuando me di cuenta, estaba siguiéndole el beso y enrollando mis brazos en su cuello. Este chico siempre olía genial. Cada vez que volvía a casa después de estar con él, mi ropa apestaba. Su olor era muy masculino y pijo. Si, el olor pijo existe. Yo sé reconocerlo.

Abrí los ojos y me encontré unos ojos color caramelo brillando con intensidad. Una sonrisa se dibujó en su rostro y sin darme cuenta, en el mío también.

- ¿Qué tal si nos vamos a mi apartamento y nos tomamos algo?

- Buena idea. Así mientras se me pasa el enfado con Jessy. Podemos ver una película - propuse pensativa dirigiéndome a la barra para pagar - Pero te advierto. No se admite ninguna de amor. No quiero ponerme sensible.
Derek se rió y me besó la mejilla consiguiendo de esta forma distraerme y adelantándose a pagar.
Fruncí el ceño. Entendía que quisiese ser caballeroso pero me apetecía invitarlo alguna vez. No era el único que tenía pasta.

 Al regresar, me pasó el brazo por la cintura acompañándome a la salida. 
Entramos al coche y no pude reprimir mi lengua viperina.

- Derek, necesitamos poner normas.

Como era de esperar, su respuesta fue mirarme completamente complejo esperando un porqué. Volteé los ojos inconscientemente mientras me abrochaba el cinturón.

- Para no cometer los errores del pasado. Debemos crear una relación sana y sin secretos. 

- ¿Lo dices por lo del trabajo verdad? - preguntó alarmado poniendo ambas manos sobre el volante.
 Se refería a cuando casi se marcha y acepta un trabajo muy lejos de Barcelona.
Odiaba recordarlo. Me hacía recordar a la vez a mis padres, se marchaban continuamente a trabajar al extranjero y muchas veces se olvidaban de hacernos una visita. Fue una infancia muy solitaria. 

- Ni siquiera se me había pasado por la cabeza. Pensé que ese tema estaba zanjado pero si, debemos hacer planes de futuro.

- Tienes razón. Yo también quiero que esto funcione. También te quiero, Miriam - me acarició la mejilla y me dió un beso suave.
Era tan dulce cuando quería - ¿Qué peli te apetece ver? Yo voto por algún clásico, al estilo Sherlock Homes.

- Me parece bien - le dediqué una sonrisa mientras arrancaba.

Al dirigir mi vista a la ventanilla, pude ver un rostro muy familiar que nos observaba fijamente desde el otro lado de la calle.
Melanie.






Narra Henry:


Marina me había estado enseñando durante toda la semana la receta de la tarta de fresa y queso, así me distraía y mi mente dejaba de rayarse por Lola. El trabajo no ayudaba, esta semana la tenía bastante libre. 
Aunque no era muy fan de la repostería, cocinar mientras escuchaba música (alegre obviamente) me sentaba bastante bien. 

Una vez terminada, me dispuse a meter la tarta en la nevera. En unas horas, estaría lista para que mi hermano y su novia se la zampasen. Yo no era muy fan del dulce, salvo con Lola. ¡Mierda! ¡No debo pensar en ella! 
Me abofeteé y respiré profundo. 

Mientras aguardaba, podía verme una serie en Netflix. Pris llevaba desde ayer sin contestarme a los mensajes, estaría ocupada. Necesitaba desahogarme con alguien, confesar que echaba muchísimo de menos a... No pronuncies su nombre, Henry,  joder.

Miguel y Marina no estaban en casa, se habían ido de rally. La casa se sentía muy solitaria y fría, o tal vez no era la casa si no yo.

Maldita sea, me estaba empezando a rayar muchísimo. ¿Qué tal Narcos? Creo que era una buena elección, me mantendría alejado de mis pensamientos. De Lola completamente rota en aquel baño de la discoteca. Tenía 3 temporadas.
 Del hijo de puta que se aprovechó de ella. Duraban 50 minutos cada uno. De como le había afectado, su aspecto físico, apenas con fuerzas para respirar... 

El sonido del timbre me hizo volver a la realidad. Me dispuse a abrir antes de que los perros se pusiesen a ladrar como locos.
Todo mi rostro cambió en cuestión de segundos. ¡Era Lola! ¡Estaba aquí, frente a mi casa! 
Quería abalanzarme sobre sus brazos y abrazarla con fuerza pero eso la asustaría y era lo último que querría hacer.
Así que me quedé plantado como un idiota observando cada detalle de ella. Tenía mejor aspecto que la última vez que la vi.
Sus labios habían recuperado su color rojizo, su pelo ya no estaba alborotado, la palidez de su piel era menor y sus ojos habían recuperado su brillo.

Siempre me había parecido preciosa pero hoy aún más. N0 sabía como se sentía anímicamente pero aparentaba mejor. Eso me contentaba. Me gustaría volver a ver su sonrisa. Era tan cautivadora. Amaba su risa y verla feliz. Me había alejado de ella y me encantaría que me dejase estar a su lado y tratar de ayudarla en lo que me fuese posible.

Ladeé la cabeza, solo la abrazaría con su consentimiento. Ahora debía dejar de darle vueltas y centrarme en ella.
Le dediqué una sonrisa tímida, ella mantenía su mirada en mi con las manos en los bolsillos. Ojalá saber que pasaba por su mente.

- Hola, ¿te apetece pasar?
Fue lo único que salió de mis labios. Todavía seguía perplejo al verla. Era tan bonita...

Ella se limitó a asentir y me hice a un lado. Mientras cerraba la puerta, ella observó el lugar con detenimiento.

- Está un poco más ordenado. Decidí darle una limpieza general a la casa. Necesitaba distraerme - no tengo ni idea de porqué le di explicaciones. Seguro que ella no había parado de darle vueltas a la cabeza y yo quejándome de las mías. Me sentía un imbécil - Lo siento, vamos a la sala. ¿Te apetece tomar algo?

- ¿Podemos ir a la cocina? - su voz tenue y su tono bajo intervinieron. La última vez que ella había estado aquí, habíamos discutido en la sala. Me limité a asentir.  Me quité el delantal de cocina, no me había dado cuenta de que aún lo llevaba.

Una vez allí, preparé dos vasos de limonada y le indiqué que se sentara.

- ¿Quieres? 

Aceptó y me senté frente a ella para no incomodarla. Debía guardar las distancias hasta que ella me indicase lo contrario.

- Huele muy bien. 

- Estaba haciendo repostería. Marina me estuvo enseñando. Los croissants me salen deliciosos, no es por presumir pero... ¿te apetecen? Aún quedan algunos - dije levantándome de mi lugar.

- Claro, hace tiempo que no pruebo tu comida - dio un sorbo y desvió la mirada como si se arrepintiese de lo que acababa de decir.

Preparé un plato de ellos y se los dejé en la mesa. Por sorpresa, me agarró del brazo antes de retirarme y me miró fijamente.

- Siéntate a mi lado. He venido porque quiero que hablemos, necesito que seas sincero conmigo. 
Intenté ocultar mi cara de sorpresa y le hice caso. 

Entrelazó sus manos nerviosa. Me mantuve callado, no quería presionarla. Le di un sorbo a mi bebida mientras tanto.

- Miguel estuvo en mi piso. Me convenció para venir a verte.

- Lo siento, Lola. Le dije mil veces que no se entrometiese pero ya sabes como es. Hablaré con él cuando llegué. No volverá a pasar - me disculpé mientras insultaba mentalmente a Miguel. Nunca me hacía caso, ni a mi ni a nadie. Odiaba esa "cualidad" de él.

- No vine por eso. Vine por lo que me dijo.

- ¿El qué? Ya sabes que se le va mucho la olla.
Bajó la mirada nerviosa de nuevo.

- Mencionó algo del bebé que espera Érica. Como si estuvieses relacionado con el tema. Me... me preocupé.

Bien, Henry. No perdías nada diciéndoselo. Además no era tu culpa si no de la zorra de Érica. Lola merecía saber la verdad, por algo había venido, no iba a marcharse con las manos vacías. Era el momento.
Cogí aire, esta vez el nervioso era yo.

- ¿Sabes que se iba a casar con Coque? ¿No? - ella asintió y proseguí - La boda se celebró pero no terminó bien. Pris y yo nos enteramos de unas pruebas de paternidad, Érica dudaba sobre la identidad del padre de su hijo. Conseguimos las pruebas y las hicimos públicas. El bebé no es de Coque, Lola - me rasqué la nuca mientras aguardaba su reacción. Si a mi me fue difícil de asimilar, a ella también.

- Así que mintió... - respondió pensativa completamente en su mundo.

- A Érica siempre se le dió bien eso. 

- ¿El bebé es tuyo? Creo que no hace falta que respondas - dijo llevándose las manos al cabello y suspirando.

- Ayer ella estuvo aquí. Pensé que venía a disculparse y hablar de como haríamos con la manutención y como nos organizaríamos. Conociéndola no sé como fui tan idiota. Me echó la culpa de que Coque la abandonase y después intentó besarme. Siempre fue un segundo plato para ella. Ahora está sola y piensa que sigo sintiendo lo mismo por ella, que soy su jodida marioneta - sonreí moviendo las cejas - Ya no soy el mismo ingenuo de antes. 

Lola agarró con fuerza mi mano y forzó una sonrisa mientras intercambiábamos miradas.

- Además, mi corazón ahora pertenece a otra persona. No puedo quitármela de la cabeza y fíjate, ahora que la tengo en frente... Todas las cosas que quería decirle quedaron relegadas a segundo plano.

- Henry, siento mucho por lo que estás pasando. Merecías saber la verdad. No todos te vemos como una marioneta, algunos sabemos ver tu bondad y te queremos de verdad - susurró entrelazando sus dedos con los míos.

- Curiosa rima. Lola... ¿Seguro que solo has venido por eso? - alcé la mirada.

- Tenía ganas de verte. ¿Era la excusa perfecta no?

- Te veo mejor, ¿cómo te encuentras? Estás tan, eres tan bonita - sonreí embobado mientras ella llevaba un croissant a la boca.

- Estoy más tranquila. He decidido regresar a la rutina poco a poco y como ves, a ponerme ropa que no sean pijamas.

- Para lo que necesites estoy aquí, a la hora que sea y en lo que desees.

- Sigues cocinando igual de bien. Igual puede que venga a robarte comida más días - vaciló mientras se lamía los dedos. La observé embobado. Echaba de menos sus bromas, sus risas y su encanto. Me volvía loco hasta el más mínimo detalle de ella.

- Vente cuando quieras, cocinaré para ti. Solo quiero verte, Lola - dije esta vez, agarrándole yo la mano.

- Te tomaré la palabra - respondió dando otro bocado mientras me observaba - ¿Cuánto le falta a la tarta?

- ¿Puedes quedarte hasta que esté?

- Por supuesto.

Y mi cita con Netflix se fue a la mierda.





Narra Jessy:

Un ruido en la planta baja me desveló. Me había dormido mientras organizaba los apuntes para clase.
Miré por la ventana, ya era de noche. Seguramente, Miriam había llegado.
Inspiré profundamente y bajé las escaleras aún frotándome los ojos. 
Al llegar a la sala, busqué la llave de la luz desesperada. Al encontrarla, una mano se interpuso en mi camino. Sentí un escalofrío recorrerme todo el cuerpo. La luz inundó el lugar, tuve que pestañear un par de veces antes de conseguir enfocar al mi alrededor. 

Unos ojos verdes intercedieron en mi campo de visión. Todo mi cuerpo se heló. No puede ser.

- Hola cielo, te ves horrible - dijo con una sonrisa de lado muy sexy. Muy propia de él - ¿Me echaste de menos?

No fui capaz de responder. Tenía un nudo en la garganta y tuve que pellizcarme para comprobar que esto, no era un sueño.

Se acercó lentamente a mi. Pasó una mano por mi mejilla mientras me negaba a pestañear. 

Quería inmortilizar este momento por el resto de mis días.