DÍA: 6 DE AGOSTO
Narra Jessy:
La preocupación me carcomía por dentro.
Coque estaba grave en el hospital y yo estaba inquieta en la sala de espera.
Lo quería tanto, que lloraba por él. Sólo quería decirle que le quiero y que no podía vivir sin él pero algo en mi subsconciente me decía que no podía.
Le mandé un WhatsApp a Pris, la necesitaba en ese momento:
[06/08/2010 18:01] Jessy: Pris, ¿puedes venir al hospital de la calle Rosalinda? Es muy urgente. Gracias
PD: Estoy en la sala de espera. Ven te necesito y te cuento lo que ha pasado.
PD: Estoy en la sala de espera. Ven te necesito y te cuento lo que ha pasado.
Aguardé su respuesta con impaciencia.
[06/08/2010 18:09] Pris: Claro, llego en 15 minutos, espérame.
Narra Miriam:
Me fui a la sala con Henry. Intente que me contara la causa de su disputa con Coque mientras comprobaba su estado:
- Siéntate en el sofá - le ordené.
Hizo caso a mis indicaciones.
- Estoy bien, el que debe de estar mal es Coque - bajó la mirada frotándose el brazo con dolor.
- ¿Bien? Deberías de estar arrepentido, avergonzado. Pero es que... como se te ocurre... - ladeé la cabeza sin creérmelo y empecé a cabrearme.
Una rabia recorría mi cuerpo, no sabía quien había empezado la pelea pero si sabía quien la remató.
- ¿Por qué os peleásteis? - bajé la mirada con tono ensordecedor.
- Estaba enfadado.
- ¿Enfadado? Todo el mundo se enfada a veces por cosas insignificantes pero si conversáis el conflicto se soluciona y no ocurrirían estas cosas - fruncí el ceño. No podía ni mirarle a la cara.
Cogí un poco de algodón y alcohol.
- Tienes un corte en el labio y... y una sucesión de moratones sobre todo por la cara - mencioné abriendo con rabia el recipiente de alcohol.
No le miré ya que me encontraba rotundamente cabreada con él por el hecho de que le pegara a Coque.
Todo el rencor que le tenía a mi hermano por lo de Derek se esfumó.
- Te dije que estaba bien - sé que me volteó los ojos.
- Bueno pues... no sé como tendrás el pecho, el abdomen y esas cosas. Pero la cara la tienes bien - mencioné salpicándole con el alcohol. Él cerro los ojos al momento y volvió a abrirlos con la misma expresión anterior.
Se quitó la camiseta mientras yo volvía a cerrar el bote de alcohol.
- No tengo nada - mencionó mostrando su abdomen.
- Vuelve a ponerte la camiseta - le ordené aún enfadada y sin mirarle nuevamente.
- ¿Estás cabreada conmigo?
- Que va - solté irónicamente.
En aquel momento me dí cuenta, todo el golpe se lo había llevado mi hermano, tenía unas ganas de dejar a Henry ahí colgado con la palabra en la boca. No era tan irrespetuosa como para atreverme a hacerlo porque si no, ya lo hubiera hecho.
- Tuviste mucha suerte de que mi hermano no te hubiera partido la cara - rompí el envoltorio de la venda con mis dientes.
- ¿Coque? Que me va a hacer que no... - rió arqueando la ceja.
- Mi hermano casi no te hizo daño, en cambio, Coque está muy mal. ¿No crees que es injusto? - alcé ambas cejas con rabia acumulada e interrumpiéndola.
- Reconozco que fui yo quien empezó la pelea - bajó la mirada avergonzándose al fin de lo que hizo.
Le coloqué la venda en el labio.
- ¡Auch! Cuidado - me advirtió simulando una mueca de extremo dolor - Haber, sé que es tu hermano y que me odias por haberle partido la cara pero cuando te lo explique lo entenderás.
- Haber, dime - le dije bordemente guardando los utensilios que usé para curarle. Crucé mis brazos y me senté sobre mis rodillas.
- Hace cuatro días, antes del concierto, fui a verme con Érica a la plaza. Estaba muy guapa y le conté lo que sentía por ella.
Érica me rechazó - se encogió de hombros haciéndose el inocente.
Érica me rechazó - se encogió de hombros haciéndose el inocente.
- Y...¿qué tiene que ver mi hermano en todo esto? - pestañeé.
- Ella me dijo que no porque estaba saliendo con Coque.
Entonces yo me lo pensé y decidí venir a hablar seriamente con tu hermano pero se me fue de las manos.
Quería hablar con él tranquilamente pero pensar que me lo habían ocultado... Así que, nada más verlo salir por la puerta, la rabia me recorrió por dentro y comenzó la pelea - me informó. Yo fruncí los labios dirigiéndole la mirada sin abrir la boca - Lo siento, Miriam - se disculpó al ver que no reaccionaba.
Entonces yo me lo pensé y decidí venir a hablar seriamente con tu hermano pero se me fue de las manos.
Quería hablar con él tranquilamente pero pensar que me lo habían ocultado... Así que, nada más verlo salir por la puerta, la rabia me recorrió por dentro y comenzó la pelea - me informó. Yo fruncí los labios dirigiéndole la mirada sin abrir la boca - Lo siento, Miriam - se disculpó al ver que no reaccionaba.
- Coque está en el hospital... - mencioné mirando al suelo mientras una lágrima rozaba mi mejilla.
- ¿Cómo?
- Torció el tobillo y tenía varias heridas. A lo mejor le encuentran algo más no sé - bajé la mirada rápidamente. No soportaba que la gente me viera sollozar.
- No llores. Lo siento - acarició mi brazo y yo ante un impulso, me separé rápidamente sin ni siquiera mirarle.
- No me toques, no me hables, no... - rompí a llorar sin poder terminar la frase.
- Miriam, tranquilízate. Te juro que no sabía nada de que se encontraba en el hospital.
- Pues ahora ya lo sabes - me sequé las lágrimas con mi brazo izquierdo.
Me levanté del sofá y me dirigí a la cocina.
Una vez allí, Henry me cogió del brazo e hizo que le mirara. Maldición, me había seguido.
- Miriam, siento lo ocurrido pero por favor. Yo te lo expliqué te dije que estaba enamorado de ella y que haría todo lo posible para que se enamorara de mi.
- ¿Todo lo posible? - me limpié las lágrimas de nuevo chillando - A mi no me tienes que pedir perdón sino a Coque. Mi hermano no tiene la culpa, él está enamorado y eso no se puede evitar. Le has pegado y si le ocurre algo eso caerá siempre en tu conciencia - le advertí ladeando la cabeza.
- ¿Qué quieres? ¿Qué deje pasar todo esto? - me soltó elevando el tono de voz.
- Se quieren y no puedes separarlos - intenté hacerle reaccionar.
Seguí llorando cada vez más y él me rodeo con su brazo por la espalda.
- No ¿vale? no.
Di un paso atrás y alcé ambas manos como sobreprotegiéndome - Estaba contigo en esto pero ya no.
Es mi hermano y me importa mucho más.
Di un paso atrás y alcé ambas manos como sobreprotegiéndome - Estaba contigo en esto pero ya no.
Es mi hermano y me importa mucho más.
- Iré a verle al hospital - buscó mi mirada preocupado.
- Después de pegarle, ¿no? Haz lo que quieras pero yo como si no existiese - le miré por última vez y rocé su brazo al pasar por su lado.
Salí de mi casa dando un portazo e intenté calmarme. Seguí sollozando sin poder evitarlo.
Quería ir a ver a Coque pero no tenía coche y los taxistas hoy no trabajaban.
Pensé que tal vez una persona me podría ayudar y quien mejor que él para ayudar a una dama en apuros.
Le llamé.
- Hola, te necesito - me aparté de mi casa y caminé decida por la carretera.
- ¿Estás llorando? - mencionó él.
- No - ladeé la cabeza aspirando con fuerza y frotándome la nariz.
- Si que lo estás.
¿Qué te pasa enana? - se preocupó por mi desde la otra línea.
¿Qué te pasa enana? - se preocupó por mi desde la otra línea.
- Ven y te lo cuento - jugueteé con el cordón de mis zapatillas mientras desviaba la mirada.
- ¿Estás en casa?
-Si, por favor, ven te necesito - hice pucheros.
- Voy ahora mismo - afirmó con rapidez.
- Gracias - mencioné un poco ñoña.
Narra Derek:
Rápidamente, al recibir la llamada de Miriam, cerré el establecimiento - ya que era hora de cerrar - y cogí mi auto.
Fui a casa de Miriam, la encontré fuera esperándome.
Nada más verme vino directamente a donde mi y me abrazó.
- Menos mal que has venido - me susurró al oído mientras entrelazaba sus manos alrededor de mi nuca. Suspiró aliviada.
- ¿Qué ocurre?
¿Por que lloras? - pregunté cuando se apartó y me miro fijamente con ojos llorosos.
¿Por que lloras? - pregunté cuando se apartó y me miro fijamente con ojos llorosos.
- Aquí no, puedes llevarme al hospital y te lo cuento - suplicó agarrándome del brazo.
- Vale, sube - le señalé mi auto.
- Gracias - besó mi mejilla y se sentó en el asiento del copiloto.
Terminó de secarse las lágrimas que rozaban su mejilla derecha y me miró. Yo me empecé a poner nervioso antes sus miradas pero me daba corte decirle algo.
Terminó de secarse las lágrimas que rozaban su mejilla derecha y me miró. Yo me empecé a poner nervioso antes sus miradas pero me daba corte decirle algo.
- Emm... y... ¿ por qué vamos al hospital? - me senté a su lado y arranqué el vehículo.
- Cuando lleguemos te lo cuento - suspiró observando por la ventanilla del auto.
- Tanto secretismo me preocupa, no es propio de ti - dije sin apartar los ojos de la carretera.
- ¿Y qué es propio en mi?
- Poner esa dulce sonrisa que me derrite el corazón acompañada de esos ojos acaramelados que me miran detenidamente. Quiero decir... ERES FUERTE, ERES MUY FUERTE - ladeé la cabeza nervioso.
- Aja - me miró de ojo estudiando mi reacción.
- Por fin llegamos.
Aparqué el auto justo en frente del hospital.
- Parece que si.
- Cuéntame ahora lo que te pasa - puse ambas manos sobre el volante, me recosté en el asiento y giré la cabeza para mirarla.
- Vale. Pues... resulta que uno de mis amigos y mi hermano tuvieron una fuerte pelea porque resulta que mi amigo está enamorado de la novia de mi hermano. Terriblemente, Coque, salió fuertemente perjudicado de la pelea teniendo que ir de urgencia al hospital.
No sé si es o no es grave porque llevo dos horas intentando contactar con mi amiga Jessy que fue quien lo llevó al hospital para que me diga solo si está bien - hizo gestos con las manos mientras me lo explicaba.
No sé si es o no es grave porque llevo dos horas intentando contactar con mi amiga Jessy que fue quien lo llevó al hospital para que me diga solo si está bien - hizo gestos con las manos mientras me lo explicaba.
- Y...¿tú como te encuentras? - le acaricié el brazo recapacitando sobre lo que me acababa de decir.
- Me siento no sé... enfadada con Henry porque se siente satisfecho de haberle partido la cara a mi hermano y ¿sabes qué? , es mi hermano y... y... NO QUIERO QUE LE HAGAN DAÑO POR NADA DEL MUNDO - mencionó marcando las últimas palabras.
- Todo se solucionará ya verás.
Ven aquí, anda.
Ven aquí, anda.
La abracé con fuerza y ella seguía llorando en mis brazos.
- Tranquila - busqué su mirada y le acaricié el cabello.
Me separé un poco y le sequé las lágrimas de su rostro.
- Quiero ver una sonrisa en esa carita tan dulce - mencioné admirando su rostro mientras colocaba ambas manos sobre sus hombros.
- ¿Por qué eres tan bueno conmigo?
- Porque me caes bien - incliné la cabeza haciendo una mueca con los labios.
- Gracias por todo Derek, eres un buen chico - acercó su mano derecha a mi rostro y me acarició.
- Una cosa más - puse mi mano sobre la suya entrelazando nuestros dedos.
- Dime - volvió a limpiarse las lágrimas.
- ¿Por qué me llamaste a mi para que te trajera al hospital?
- Porque confío en ti - me miró fijamente con ojos vidriosos.
Sonreí. Esas palabras fueron la luz que iluminaba mi mañana. Era impresionante lo que esta chica provocaba en mi.
Sonreí. Esas palabras fueron la luz que iluminaba mi mañana. Era impresionante lo que esta chica provocaba en mi.
- Mmm... - dije apretando los labios, divertido.
Ella sonrió tímidamente tapándome la boca con la mano derecha. Reí mordiéndole la mano con suavidad.
Ella la apartó y se colocó sobre mi, de frente. Le miré fijamente adivinando sus intenciones.
Ella la apartó y se colocó sobre mi, de frente. Le miré fijamente adivinando sus intenciones.
Bajé ambas manos hacia su trasero y se lo acaricié hábilmente.
Ella se mordió el labio y bajó la mirada hacia mis manos. Moví ambas piernas haciéndole dar pequeños saltitos. Ella sonrió como una niña pequeña. Paré y le acaricié la mejilla mientras la miraba directamente a los labios. Ella inclinó la cabeza hacia mi mano. Acerqué mi rostro al suyo intentando juntar nuestros labios hundiéndonos en un mismo beso.
Ella se mordió el labio y bajó la mirada hacia mis manos. Moví ambas piernas haciéndole dar pequeños saltitos. Ella sonrió como una niña pequeña. Paré y le acaricié la mejilla mientras la miraba directamente a los labios. Ella inclinó la cabeza hacia mi mano. Acerqué mi rostro al suyo intentando juntar nuestros labios hundiéndonos en un mismo beso.
El sonido de un pitido infernal procedente del auto nos interrumpió.
- Maldición - mascullé mientras ella
se sobresaltaba apartándose del volante y abrazándome con fuerza.
Se apoyó a mis hombros y me miró desde otro ángulo.
se sobresaltaba apartándose del volante y abrazándome con fuerza.
Se apoyó a mis hombros y me miró desde otro ángulo.
- Tengo que irme. Te llamaré, te lo prometo - me besó la mejilla y abrió la puerta del auto. Salió y se inclinó para mirarme.
- Te vengo a ver a las diez de la noche si sigues aquí claro - le avisé buscándola con la mirada.
- Vale, adiós - sonrió y cerró la puerta del auto.
Hice un pequeño gesto con la mano despidiéndome de ella.
Me quedé un rato pensativo en el coche.
¿Qué querría decir Miriam con lo de confío en ti?
¿Qué querría decir Miriam con lo de confío en ti?
¿IBA CON INDIRECTAS?
Narra Coque:
Me desperté lentamente, abrí los ojos y me encontré en una habitación de hospital. Miré al mi alrededor. Tonos blancos y grisáceos rodeaban el lugar, solo había una cama de hospital en el medio del cuarto, montones de aparatos médicos se encontraban junto a mi. Podía oler sin ninguna dificultad el olor característico de la sangre, si, el hierro. Era el lugar más espantoso que había conocido jamás.
Me toqué la cabeza, me dí cuenta de que me dolía.
Me habían curado y puesto puntos. Escuché como los médicos hablaban entre ellos en el pasillo. Me arropé con las mantas, temeroso.
Yo los podía escuchar gracias que la puerta de mi habitación se encontraba literalmente entreabierta.
- Las heridas no me preocupan pero habrá que hacerle más pruebas - dijo una voz masculina.
- Y el tobillo... ¿se lo escayolo? Se ha hecho un esguince en el - exclamó la doctora.
- Si, mejor, pero procura que no le cambie de color sino habrá que quitarle la escayola - susurró el doctor - Antes de todo, informa a sus familiares y no les preocupes demasiado.
- Claro doctor, no se preocupe - asintió marchándose.
Al escuchar eso no me sentía mejor sino aún peor.
Un mareo después del fuerte dolor de cabeza se apoderó de mi hasta que finalmente perdí el conocimiento...
Narra Jessy:
Estaba sentada en la sala de espera, muy preocupada y secándome las lágrimas de los ojos.
Tenía miedo, mucho miedo y sentía un dolor intenso en mi pecho.
Pensé que como le pasara algo a Coque, mataría a Henry.
Me levanté y empecé a recorrer la sala de espera cruzada de brazos, en esos momentos necesitaba una tila para poder relajarme.
Minutos después, vi a Miriam entrar, vino corriendo hacia mí:
- ¡Jessy! - me abrazó con fuerza.
- ¡Miriam! - exclamé siguiéndole el abrazo.
- Dime, ¿Cómo está Coque? - se separó agarrándome de las manos.
Me lo dijo bastante preocupada y no sabía como responderle.
- Verás... siéntate - bajé la mirada cambiando mi expresión.
Nos sentamos y justo en ese instante se me cayó una lágrima que rozó mi mejilla izquierda.
- ¿Qué te pasa?
- Nada, estoy bien - limpié la lágrima con rapidez.
- ¿Cómo está? - volvió a preguntarme.
- A Coque le fueron a poner puntos y resulta que no fue una simple fractura en el tobillo porque tenía muchos mas síntomas graves al par con aquel.
- ¿No ha salido alguien ha dar más información? - me miró fijamente.
- Hace más de dos horas que entró en esa habitación - se la señalé - y nadie ha venido a informar.
- ¿Y no puede recibir visitas? - insistió.
- No sé nada más, Miriam - me encogí de hombros observándola fijamente.
Terminamos la conversación cuando entró Pris y vino directamente hacia nosotras abrazándonos.
- Chicas, ¿Qué tal esta Coque? - pronunció cuando volvimos a sentarnos.
- Le están examinando pero ya lleva un buen rato en la habitación - le informé.
- No sabemos nada más de él - Miriam ladeó la cabeza.
- ¿Qué tal esta Henry? - se interesó.
- Esta genial, contento y sólo tiene un corte en el labio y unos cuantos moratones.
Me dió ganas de hacerle otro moratón pero en la cara - le contestó Miriam con una especie de odio en sus palabras.
Me dió ganas de hacerle otro moratón pero en la cara - le contestó Miriam con una especie de odio en sus palabras.
- ¿Sabes porque se pelearon? - siguió Pris interrogándonos.
- Si, al final me lo contó.
- Yo creo que lo sé, Coque me contó su versión hace tiempo - les interrumpí.
- ¿Te lo contó a ti y a mí no? - dijo Miriam mostrándose ofendida.
- Oye, que tú tampoco le contaste lo de Derek y a mi si que me lo contaste - me defendí irguiéndome.
- ¿Quién es Derek? - mencionó Pris abriendo los ojos.
- Nadie. No incluyas a Derek en esto - me miro enfurecida.
- De... - comencé a pronunciar cuando fui interrumpida por Miriam.
- Cálla...te - refunfuñó entre dientes mirándome de reojo.
- Bueno, y ¿qué paso? - nos interrumpió Pris.
- Que Coque está saliendo con Érica, eso es lo que pasa - respondí con obviedad.
- Y Henry está enamorado de Érica y al enterarse que ellos dos salían, se enfado, y así es como comenzó todo o por lo menos así me lo contó Henry - terminó Miriam de aclararnos.
- ¿¿¿¡¡¡HENRY ESTÁ ENAMORADO DE ÉRICA!!!??? - dijimos las dos a la vez. ¡Qué coordinación!
- ¡¡SHH!!! No gritéis, no quiero que se enteren mis vecinos - dijo Miriam con un tono divertido - Y tú, Jessy, sabías que Coque salía con Érica. ¿No sabías que Henry estaba colado por ella?
- No.
- Cuantas cosas me estáis ocultando.
Cuéntame lo de Derek - se dirigió a Miriam.
Cuéntame lo de Derek - se dirigió a Miriam.
- No - afirmó con decisión.
- Me lo estáis ocultando soys malas - Pris se cruzó de brazos haciendo pucheros.
Volteé los ojos y decidí contárselo.
Volteé los ojos y decidí contárselo.
- Derek es el coronado gillipollas con el que Miriam quedó para que le rebajara el coche pero resulta que esa cena no acabó ahí y esa misma noche ella fue a su casa.
Miriam dice que no le atrae para nada y que ese día estaba colocada, nada más pero yo creo que se está enamorando de él - asentí entrecerramdo los ojos.
Miriam dice que no le atrae para nada y que ese día estaba colocada, nada más pero yo creo que se está enamorando de él - asentí entrecerramdo los ojos.
- Eso es mentira - me hizo burla poniendo los ojos en blanco - Derek es un buen amigo... NADA MÁS.
- ¿Ves como se pica?
Eso es que le gusta - reí con obviedad.
Eso es que le gusta - reí con obviedad.
- ¿Derek robar corazón Miriam? - Pris arqueó una ceja divertida.
- ¡¡¡NOO!!! - se sonrojó.
- ¡Se sonroja, se sonroja! - repetimos Pris y yo a la vez con voz burlona.
Sentí como si alguien me tocase el brazo. Me volteé aún sonriendo.
- Cotilleos fuera, por favor. Aquí hay pacientes y vuestros jueguecitos les molestan - susurró la enfermera a las tres - Hay que estar en completo silencio.
- OK. No se preocupe, no volverá a ocurrir - Miriam nos lanzó una mirada asesina.
Pris y yo asentimos con la cabeza.
La enfermera se fue enfurruñada. Yo reí a carcajadas sobre el asiento.
La enfermera se fue enfurruñada. Yo reí a carcajadas sobre el asiento.
Seguimos hablando hasta que salió de la habitación de Coque una doctora.
- ¿La familia del Señor Fernández? - se dirigió al centro de la sala.
- Aquí - Miriam se irguió elevando la mano.
- ¿Soys sus familiares? - volvió a mencionar.
- Si, soy su hermana y ellas unas amigas - señalo Miriam de nuevo.
- Al Señor Fernández le hemos curado las heridas más profundas y le escayolaremos el tobillo, finalmente le haremos unas pruebas - la doctora sujetó fuertemente los historiales.
- ¿ Podemos verlo? - me atreví a preguntar.
- Primero tendré que escayolarle. Lo siento son las reglas del hospital pero os avisaré cuando podréis verlo - sonrió ofreciéndonos confianza.
- Gracias Doctora - asintió Miriam acomodándose la falda. Pude ver un chupetón cerca de su ingle. Me aguanté la risa como pude y observé a la doctora con precisión.
La doctora asintió y se fue. Seguimos hablando un rato más, un buen rato.
- Miriam, deberías de llamar a tus padres y contarles todo lo que ha pasado - dijo Pris, la más madura.
- Tienes razón pero no les mencionaré nada de las peleas. Primero esperaré, haber que dice Coque - asintió Miriam.
- Mirad, ya es muy tarde, la Doctora se ha retrasado bastante en venir a avisarnos.
Miré el reloj, eran casi las diez de la noche.
- Yo me tengo que ir, es que mis padres han organizado una cena familiar y si llego tarde...pobre de mí - susurró Pris jugueteando con sus dedos.
-Miriam, tú también. Vete a casa y ya os llamaré a las dos cuando Coque pueda recibir visitas - les mencioné a ambas - Descansa que después de este día tan duro... te hace falta - me dirigí a Miriam.
- Mejor vete tú. Yo me quedo, tú has estado todo el día y necesitas descansar más que yo.
- No. Mentira. Venga, yo me quedo a dormir aquí. Estaré mas segura y tranquila.
- Jessy tiene razón. Mejor es que te vallas a casa a descansar - asintió Pris dándome la razón.
- ¿Nos avisarás no? - preguntó Miriam.
- Claro, no te preocupes
- Gracias chicas, adiós - sonrió levántandose. Ambas le abrazamos y nos despedimos de ella. Finalmente, abandonó el lugar.
Nos abrazó y se fue. Pris se quedó diez minutos más para hacerme compañía, si fuera por ella se quedaba toda la noche conmigo pero una, que yo no le dejaba y dos, tenía la cena familiar.
- No te preocupes, se pondrá bien - se levantó y me dió un achuchón para tranquilizarme.
- Eso espero - le miré fijamente y se fue por el mismo lugar que Miriam.
Narra Coque:
Me desperté. Pensé que lo que había visto y oído antes era un sueño pero me dí cuenta de que no, de que era cierto.
Una Doctora me estaba escayolando el tobillo. Lo sabía por la conversación que escuché entre ella y el Doctor.
- Veo que ya se ha despertado, Señor Fernández - me saludó observando la vía clavada a mi brazo izquierdo- ¿Qué tal se encuentra? - se recompuso y abrazó con fuerza los historiales de los pacientes.
- Mareado.
- Mañana le haremos unas pruebas así que hoy, se quedará ingresado en el hospital - me explicó revisando por última vez mis constantes.
-¿ Y mi hermana?
- Está en la sala de espera preocupada por usted - sonrió tiernamente.
- ¿ Puedo recibir visitas? - seguí preguntando.
- Mañana podrá recibirlas. Ahora lo mejor que puede hacer es descansar.
Hoy por la noche, una enfermera de guardia se quedará con usted vigilando su estado y sus constantes. Tengo que irme, buenas noches - se inclinó y se volteó abriendo la puerta de la habitación.
- Que descanse - me despedí antes de que desapareciese de mi vista.
Me quedé sólo en la fría y aburrida habitación de hospital. Me paré a pensar en todo lo ocurrido y lo que aún quedaba por ocurrir.
Narra Miriam:
Al final, decidí irme a casa.
Salí del hospital y bajé las escaleras principales cuando de repente aparece Derek apoyado en su coche de brazos cruzados y mirándome fijamente.
Pensé," Mierda". Me había olvidado de él por completo. Sonreí forzosamente y suspiré hondo.
Me acerqué a él.
- Vaya, que puntual... - me acerqué aún más.
- Por supuesto, señorita. Sería incapaz de incumplir mi palabra - se inclinó agarrándome de la mano. La besó con ternura. Yo le seguí el juego haciéndole una reverencia. Empecé a sentirme como una verdadera princesa. Él sonrió y se acomodó apoyando su barbilla sobre ambas manos en la puerta del conductor del auto.
- Me voy a casa. No quería pero Jessy me obligó - volteé los ojos.
- Creo que Jessy tiene razón, necesitas dormir - asintió volviendo a acercarse a mi.
-No.
- ¿Qué tal Coque? - se preocupó.
- Pues aún no hemos podido verlo pero la Doctora nos dijo que le habían puesto puntos y estaban a punto de escayolarle, luego, le harían unas pruebas - le informé frunciendo los labios.
- Entonces va bien.
- Eso espero - suspiré alzando la mirada a sus indomables ojos.
- Seguro que dentro de nada ya saldrá del hospital. No te preocupes.
- Si. Bueno, ¿ me llevas a casa? - arqueé una ceja y le agarré de la mano haciendo pucheros.
- Si, claro. Y... ¿ quién te espera en casa si tu hermano y tu amiga están en el hospital? - bajó la mirada a nuestras manos entrelazadas.
- Nadie. Estaré sola - comencé a juguetear con el anillo de su dedo pulgar sin dirigirle la mirada.
- Pues eso no está bien. Te propongo algo - se frotó la nariz muy sutílmente y chocó nuestras manos.
Incliné la cabeza arqueando ambas cejas. Una sonrisa se iluminó en su rostro.
-Mmm... ¿el qué? - seguí jugueteando con sus dedos.
- Una chica no puede estar sóla durante toda la noche. Porque... ¿no...te vienes a mi casa...? - dijo con una mirada muy sensual ,al mismo tiempo que se mordía el labio inferior y esperaba nervioso mi respuesta. Yo dejé un rastro de silencio. Quería ponerle una excusa tradicional para cambiar de tema pero... ¿cómo huír de sus ojos penetrantes?
- Una pregunta. ¿Para qué quieres que me quede en tu casa? - solté sus manos y le miré extrañada poniendo morritos.
- No sé... podríamos dormir juntos esta noche - frunció los labios sin cambiar su expresión y espero una posible reacción por mi parte.
Me quedé en shock. ¿Enserio me estaba proponiendo lo que acababa de escuchar?
- ¿Lo dices enserio? - abrí la boca
-¿Sabes qué? Da igual olvídalo. Yo te lo decía porque... como esta mañana estabas débil y triste lo mejor no es quedarte sola en casa. Necesitas todo el apoyo del mundo en este momento - bajó la mirada haciendo pucheros.
Se dirigía hacia el otro lado del coche para conducir cuando yo le cogí del brazo, él me miró extrañado abriendo la boca para decirme algo pero al momento, la volvió a cerrar sin decir nada.
Tienes razón. Una chica no puede estar sola de noche, necesita a alguien con quien estar segura y protegida - asentí embozando una sonrisa al mismo tiempo que me sonrojaba.
-¿Eso es un sí?
- ¿A ti qué te parece? - puse ambas manos detrás de mi espalda y ladeé mis caderas a ambos lados.
- Pues vámonos - dijo acariciando mi pelo mientras yo le miraba con una sonrisa de oreja a oreja.
Subimos al coche y nos acomodamos. Derek encendió el auto y yo la radio, en ese instante, sonaba "Stay". Mediante un impulso de adrenalina me puse a cantar mientras Derek comenzaba a recorrer la ciudad.
- I blame it on her lips, blame it on her face.
I know you were nervous when you let me in.
I promise that your heart will be better with me
And girl we both know that we ain't going nowhere - cerré los ojos ladeando la cabeza a ambos lados.
Derek sonrió y cantó bajito a continuación de mi.
- Cuz I would go a thousand miles a day
Even if the sun don't shine my way.
And I'd keep pushing through so I can say
"There ain't nobody perfect,
But baby you're perfect for me."
- So stay ay stay ay (need you to stay with me)
And I would walk a thousand miles to say:
"That I want you, want you;
I need you, need you to stay with me."
So stay ay stay ay (Need you to stay with me)
So stay ay stay ay (Baby you're perfect for me)
So stay ay stay ay (Need you to stay ) - cantamos a la vez terminando así la canción.
Nada más terminar, bajé el volumen de la radio y comencé a reírme.
- ¿Te la sabes? - le miré fijamente sin esconder una grata sorpresa en mi rostro.
- Es de tanto que la echan en la radio y de oírla siempre pues... se me quedó en la cabeza - me explicó sin apartar la vista de la carretera.
- Cantas muy bien - asentí sin apartar la mirada de él.
- Nunca se lo conté a nadie pero yo a los 13 años tenía una banda llamada "Granders Teys" tocábamos muy bien.
- ¿Enserio? Y.. .¿ por qué no sigues en la banda? - le miré curiosa.
- Triunfábamos, en todos los lugares de los alrededores hasta que un día un gran amigo y componente del grupo le hayaron cáncer de pulmón.
Fuimos dejando la banda poco a poco porque le acompañábamos a todas las consultas de hospital.
Eramos una banda estábamos juntos hasta la muerte.
Al cabo de tres meses, dimos nuestro último concierto y días después, él murió.
Desde ese día, nunca quise saber más de la música ni de mi guitarra. Prometimos entre todos no contárselo nunca a nadie - me miró un par de segundos y volvió a posar la vista en la carretera.
- Lo siento mucho, Derek. Ha debido de ser muy grave para ti la muerte de un gran amigo.
- No pasa nada. Lo he superado - sonrió forzosamente.
- ¿ Has pensado en volver a ejercer en la banda? ¿Volver a juntaros todos y continuar vuestra gira?
- Nunca, no quiero saber nada más de la banda. Decidimos separarnos en la honra de nuestro amigo fallecido.
- ¿ Qué edad tenías cuando abandonasteis? - me giré hacia él para escucharle mejor.
- 19 años.
- Lo siento mucho- fruncí el ceño recapacitando en sus palabras.
- No es nada, tranquila - acarició mi muslo sin apartar la vista del parabrisas.
- A veces piensas que... tienes un gran sueño pero siempre hay otra cosa que se interpone y que te impide cumplirlo. Por eso, no debes rendirte y si eso es realmente lo que te gusta no debes parar hasta conseguirlo porque la vida es corta y tienes que aprovecharla al máximo. Es verdad que hay momentos malos pero debes pasar de ellos y superarlos pero también hay momentos buenos que son las bonitos y los mas pequeños - dije más para mi misma que para él.
Derek sonrió ante mi comentario y me dirigió la mirada por tercera vez.
- Eres...preciosa.
- Gracias - puse pose de diva y comencé a reírme.
- Soy muy feliz a tu lado - rió volviendo a apoyar ambas manos sobre el volante.
Acaricié su brazo derecho con cariño apoyándome en su hombro como respuesta a su comentario.
- Bueno, es aquí.
Aparcó el coche y luego nos dirigimos a la entrada principal del edificio número 65 de la Carrer de Berlín
Ya había estado en aquel lugar pero no me había fijado mucho en los pequeños detalles.
Me quedé observando un cuadro de la entrada principal, era una pintura de Picasso bastante expresiva, me sonaba bastante pero no recordaba su nombre.
- Eeh, que te pierdes - se acercó a mi tomándome del brazo.
- Ohh, perdón me... da igual.
- Bonito cuadro - rió acercándoseme. Me agarró de la mano y la zarandeó de delante a atrás - Es la Guernica de 1937 - asintió observándolo.
Le miré sorprendida. ¿Acaso sabía las obras de Picasso?
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Le miré sorprendida. ¿Acaso sabía las obras de Picasso?
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Comenzó a caminar por el vestíbulo. Yo me dejé llevar aún agarrándole de la mano.
Subimos por el ascensor. Este, se paró en la planta número 6, las puertas se abrieron. Me sentí muy intimidada ante su presencia en estos momentos. Me acariciaba la mano con ternura.
- ¡¡¡AWWWWWW!!! - grité cuando las puertas se abrieron por completo y nos disponíamos a salir.
Ante el susto, retiré mi mano de la de Derek.
- Perdone señorita. Soy el conserje - se presentó el hombre que me acababa de matar de un susto -Siento haberla asustado. ¿Es nueva por aquí?
- Es una amiga - murmuró Derek abandonando el ascensor.
- Encantado de conocerla. Yo soy Jerry el conserje del edificio - me sonrió complaciente extendiendo su mano.
- Miriam - me presenté agarrando su mano. Él la zarandeó de arriba a abajo. Un escalofrío invadió mi cuerpo y la retiré rápidamente. Jerry me observó extrañado cambiando totalmente su expresión por una de preocupación - La verdad es que con la escoba me... asustaste - mencioné con voz ronca.
- Y aún encima sin luz - rió nervioso - Los focos se fundieron. Iba a arreglarlos.
- Bien - reí incómoda.
Me continuó la risa.
- Espero verla a menudo por aquí - frunció los labios divertido.
- Igualmente, Jerry - asentí continuando nuestra caminata hasta su habitación.
Jerry parecía un señor muy bueno. Simpático y buena persona. Llevaba un uniforme de trabajo y unas botas color crema. No evite fijarme en su gorro verde que le cubría la cabeza. Tenía como una especie de Z dibujada en la parte posterior. Yo le echaba unos 40 años más o menos.
Finalmente, llegamos a nuestro destino.
Abrió la puerta y los dos entramos.
Miré a todos lados. Recordaba algunas partes del lugar.
- Veo que esto no ha cambiado mucho desde la última vez - volví a contemplar el lugar.
- Sigue todo ordenado.
- Es un bonito edificio - asentí con una muestra de diversión - Y los vecinos parecen amables - insinué aunque me cruzase con ninguno.
- Elegí bien - rió acercándose al perchero.
- La colgaré en el perchero - susurró a mi oído.
- Muchas gracias - sonreí nerviosa ante su tacto.
- Tú como en tu casa - posó la chaqueta en el perchero.
- Ya lo sé - asentí cuando se volteaba hacia a mi.
- Que graciosa. ¿Quieres cenar? - se colocó enfrente de mi.
- Ahora que lo mencionas... tengo hambre - me rasqué la barbilla.
- Anda vamos a la cocina.
Accedió a la cocina. Le seguí.
Me sirvió una copa de vino y cogió un enorme tazón de fideos que tenían una pinta estupenda.
- Hoy por la tarde, me puse a hacer fideos acompañados con una exquisita salsa de barbacoa, es muy suave.
- Se me cae la baba - los observé sentándome a la mesa.
- Toma - me sonrió ofreciéndome un plato.
Comimos y luego nos fuimos a la sala. Llevamos dos copas y una botella de vino. Nos sentamos en el sofá y nos pusimos a hablar.
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- Vaya ya son las doce de la madrugada, como pasa el tiempo - me sonrió radiante.
- Si, oye, cuando nos encontramos con el conserje... - bajé la mirada pensando como continuar.
- Si - asintió extrañado apoyándose en el respaldo del sofá.
- ¿Por que le dijiste que era una amiga? ¿Eso es lo que soy para ti? - alcé la mirada encontrándome con su mirada penetrante.
- No o sea... - me miró acariciándome la mejilla. Me agarró de la barbilla para que le mirase. Me perdí en sus ojos y puse una mano sobre la suya - No sé lo que somos. Amigos, pareja, desconocidos, compañeros... Lo único que se es que no eres una simple amiga, eres mucho más que eso.
- Cuando fue la cena en mi casa. Mi hermano te preguntó si tenías novia y tú le respondiste que no y me miraste fijamente... - interrumpí el silencio.
- Oye, eso fue una tontería...
-¿Me ... quieres? - tartamudeé sonrojándome mientras le agarraba del brazo.
- Pues claro que si - dijo achuchándome entre sus brazos y besando mi mejilla.
-Yo...también te quiero.
Los dos sonreímos a la vez.
Se acercó a mí. Me agarró de la nuca y miró mis labios acercándose cada vez más. Me levanté del sofá y lo dejé medio cortado. No sé porque lo dije. Llevé mis manos a mis labios y me los acaricié pensativa dándole la espalda a Derek.
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- Es tarde y... tengo sueño - me volteé mirándolo.
- Claro. ¿Tienes pijama? - se levantó del sofá.
- ¿Me ves pinta de tener un pijama - alcé ambas mano y golpeé a ambos lados de mi cadera.
- Ok, te prestaré una camiseta mía - me observó de reojo.
- Gracias, ¿bueno y donde voy a dormir? - cambié de conversación con rápidez.
- Puedes...dormir conmigo. Es que sólo hay una habitación y... no vas a dormir en el sofá - murmuró mordiéndose el labio inferior y mirando a través de sus pestañas.
¿Y no podía conformarse con dormir el en el sofá? Vaya por dios.
- ¿Contigo? - tragué saliva.
- ¿No te parece bien?
- No sé... - miré el techo abrazándome a mi misma, pensativa - Está bien - refunfuñé jugando con mis zapatos.
- Te buscaré una camiseta larga que te tape el trasero
- Tonto - me senté en el sofá de nuevo.
Se sonrojó. Aguardé a que volviese. Al cabo de unos minutos, me trajo la camiseta y nos fuimos a la habitación.
- Es un poco corta - dije extendiéndola.
- Mejor - me guiñó un ojo pervertidamente.
- Claro, claro - le miré desafiante.
- Tengo también una camisa, es más larga...
- Pues... prefiero la camisa - caminé hasta la cama y comencé a quitarme los tacones.
- Tómala - me la extendió y la cogí.
Le miré fijamente y me levanté de la cama.
- ¿Y el baño? - pregunté extendiendo la camisa.
- ¿ Te vas a cambiar en el baño? - preguntó arqueando una ceja.
- Si - dije secamente.
- Miriam, no hay nada que no haya visto ya - rió bajo escondiendo su rostro.
- Puto pervertido - mencioné fulminándole con la mirada.
- Lo sé - entrecerró los ojos.
- Vale, me cambio aquí. Ya que insistes... - suspiré agotada.
Derek se puso una camiseta y en la parte de abajo se puso unos shorts blancos. Reí observándolo. Su torso era divinamente perfecto y se me saltaban los ojos apreciándolo.
- Normalmente siempre duermo en ropa interior pero como tengo una invitada... - me observó de reojo.
- Por mi puedes dormir como te dé la gana. Como si duermes en pelotas, me importa una mierda - susurré ladeando la cabeza.
Se mordió el labio inferior muy provocativamente y se volteó para mirarme fijamente.
- Está bien - se limitó a responderme.
¡¡¡Pues si está bien, duerme desnudo conmigo!!! - dijo la voz de mi subconsciente- .
- ¿Vas a dormir en pijama? - me recosté sobre la cama panza abajo y elevé mis pies jugueteando con ellos.
- Si. ¿Acaso importa?
- ¿A mi? Para nada - agité la cabeza y apoyé mis codos sobre las colchas para sujetar mi barbilla con ambos puños. Mis pies seguían jugueteando entre ellos.
Pasó un rato y luego decidí cambiarme ya que Derek se mensajeaba con alguien.
- Me voy a cambiar - dije elevando mi tono de voz.
Asintió sin apartar la vista del aparato y frunciendo los labios.
Sonreí y viendo que estaba distraído, me quité la blusa. Al elevar la mirada, Derek me contemplaba fijamente con ojos saltones.
Sonreí y viendo que estaba distraído, me quité la blusa. Al elevar la mirada, Derek me contemplaba fijamente con ojos saltones.
- Date la vuelta y no mires - chillé tirándole un cojín al rostro.
- Joder, me perderé lo mejor - se mordió el labio y se volteó sin dejar de mirarme de reojo.
- ¡Que no mires! - volví a gritar.
- Vale, vale - levantó ambas manos como sobreprotegiéndose.
Me desabroché el sujetador dejándolo sobre la cama.
-Derek. ¿Me pasas la camisa? - susurré bajándome la falda.
Se giró para tendérmela y me miró de arriba a abajo arqueando una ceja. Me abracé a mi misma acariciando mis antebrazos. Cogí la camiseta y le pegué una bofetada a Derek en el rostro.
- Puta, ¿qué mosca te ha picado? - murmuró entrecerrando los ojos y reprimiendo el dolor mientras se frotaba la parte dolorida.
- Un abejorro de los grandes - volteé los ojos - Te he dicho que no me mirases - coloqué ambas manos sobre mis caderas.
- ¿Y? Los ojos están para mirar y las manos para tocar - arqueó una ceja divertido y siguió contemplándome inclinando la cabeza.
Extendí su camisa y me la puse por los hombros.
- Ahora ya puedes mirarme todo lo que desees - volví a elevar la voz mientras cruzaba los brazos a su defensiva.
Ladeó la cabeza cerrando los ojos.
- Los botones están para algo - me guiño un ojo y extendió su mano derecha para abrochármelos.
Le dejé paso asintiendo con la cabeza y bajé la mirada a sus dedos.
Él comenzó a abrocharme la camisa frunciendo el ceño. Mi respiración se volvió más agitada mientras le miraba a los ojos y continuaba su recorrido hasta mi pecho. Rozó su mano accidentalmente con uno de mis senos. Solté un pequeño gemido inclinando mi cabeza hacia atrás. Él sonrió y entrelazó mis manos con las suyas sin abrocharme todos los botones. Silvó dando un paso atrás para contemplarme.
Le dejé paso asintiendo con la cabeza y bajé la mirada a sus dedos.
Él comenzó a abrocharme la camisa frunciendo el ceño. Mi respiración se volvió más agitada mientras le miraba a los ojos y continuaba su recorrido hasta mi pecho. Rozó su mano accidentalmente con uno de mis senos. Solté un pequeño gemido inclinando mi cabeza hacia atrás. Él sonrió y entrelazó mis manos con las suyas sin abrocharme todos los botones. Silvó dando un paso atrás para contemplarme.
- Mira que bien te queda - asintió.
- Transparenta bastante - me quejé bajando la mirada sonrojada.
- ¿Qué te esperabas de una camisa blanca?
- Que fuera de una buena tela - puse los ojos en blanco y me acerqué un poquito más a él.
- Vámonos a dormir - se escabulló cambiando de tema.
- Si - me metí en la cama escondiéndome entre las mantas.
- Estás tan sexy con esa camisa - me susurró al oído apoyando su mano derecha a mi lado.
Me volteé mirándole fijamente y tiré de su brazo para que se acostara a mi lado.
- Siempre lo estoy - susurré en tono muy bajo.
- Lo que tú digas - me devolvió el susurro a pocos centímetros de mi rostro.
- Señor Karev, ¿me está dando la razón? - sonreí cogiéndole de la barbilla y mirando fijamente sus labios
- En parte si, en parte no - acortó la distancia enrollando sus manos a mi cuello.
Me sonrojé y posé ambas manos sobre su pecho para separarlo de mi. Abrí los ojos y él se apartó dejándome respirar.
- Casi me ahogas - reí cogiendo una gran cantidad de aire.
- Perdona - sonrió mordiéndose el labio - Sabes tan bien... - se relambió los labios.
- Fue tu salsa de barbacoa - le guiñé un ojo divertida.
- Tienes razón.
Dijo con una voz sensual y cariñosa. Él me desabrochó el primer botón de la camiseta lentamente con sus suaves dedos que rozaban mi pecho provocándome escalofríos. Luego, me desabrochó otro pero aún más suavemente. Mi respiración se volvió más agitada y observé sus dedos moverse con destreza.
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- Duerme Derek - susurré mirándole a los ojos.
Él sonrió mordiéndose el labio y se recostó de nuevo mientras yo me giraba dándole la espalda.
- Eres muy testaruda.
- Lo sé. Me gusta salirme con la mía - sonreí de lado sabiendo que no podía verme.
- Buenas noches, gordilla - se despidió.
- Buenas noches, salido - le seguí acomodándome sobre la almohada.
Me da un beso en la mejilla y así sin más, la sonrisa de idiota volvió a iluminar mi rostro. Apagó las luces y dentro de poco tiempo se quedó dormido.
Narra Jessy:
Toda la noche durmiendo en la sala de espera para nada, bueno... para que la Doctora no me dejara ver a Coque. Genial Jessica, genial.
Me fui a la cafetería del hospital a comprar algo de comida. Me estaba muriendo de hambre y mis tripas gruñían.
Narra Pris:
Hoy me tocaba doble jornada de trabajo así que me levanté un poco antes y llamé a Miriam para saber si tenía información sobre el estado de Coque.
Narra Miriam:
Estaba tranquilamente durmiendo cuando el estridente ruído del móvil me despertó.
- Dime que es el tuyo - le susurré a Derek sin ni siquiera abrir los ojos.
- ¿Sí? - anunció perezosamente Derek a la otra línea.
- Hola, soy Pris. Miriam estás... un poco ronca...
Abrí los ojos de cuajo. ¿Es qué Derek lo cogió sabiendo que era mi teléfono? Mierda, Pris.
- No soy Miriam - rió - Se la paso ahora.
Se puso sobre mis costillas y me ofreció el móvil.
- Es una tal... - empezó a explicarme.
- Lo sé - dije de mala forma interrumpiéndole. Cogí el móvil entre mis manos y me di la vuelta acostándome de frente.
Se apoyó sobre su codo derecho mirándome fijamente y jugueteando con mi cabello.
- Perdona que te llame a estas horas es muy pronto pero... ¿te ha llamado Jessy por lo de Coque? - me preguntó.
- No, aún no. Ya nos avisarán cuando llegue el momento - miré a Derek de reojo que continuaba jugueteando con mi cabello mientras rozaba mi pecho muy sensualmente.
- Ok. Te veo después es que me tengo que ir a trabajar.
- Claro, que te vaya bien - me despedí.
- Ya me contarás... - sonó muy desafiante.
- Si, ya te contaré - ladeé la cabeza y colgué. Dejé mi móvil en la mesita de al lado de mi cama.
- Pris me ha despertado - hice una mueca girándome para mirarle.
- Me confundió contigo. No sabía que fuera tan femenino - anunció alzando ambas cejas divertido.
- Calla y acércate - reí bajo haciéndole señales con los dedos.
- ¿Por? - me miró fijamente a los ojos con desconfianza.
- Tú hazlo.
Se acercó a mi temeroso sin saber como iba a reaccionar. Cuando estaba lo suficientemente cerca, me puse sobre él riendo y le agarré de los mofletes suavemente.
- Siempre me sorprendes - susurró riendo a mi vez.
- Quiero agradecerte que me dejaras quedarme a dormir en tu casa - moví las caderas inconscientemente mientras él rozaba mi trasero con las palmas de sus manos.
- Suena bien - arqueó una ceja acercándose a mi para besarme. Le hice la cobra provocativamente y besé su mejilla.
- Aquí la que mandó soy yo - le susurré al oído moviéndome ligeramente hacia delante.
Le agarré de las muñecas volviendo a recostarlo sobre la cama al mismo tiempo que lo inmovilizaba.
Le agarré de las muñecas volviendo a recostarlo sobre la cama al mismo tiempo que lo inmovilizaba.
- Está bien. Haber que sabes hacer - sonrió mordiéndose el labio.
Entrelacé mis manos con las suyas poniéndolas a la altura de mi cintura y rocé mis labios con los suyos hundiéndome en un profundo beso.
Él me siguió el beso entrecerrando los ojos sin soltarme de las manos.
Deslicé mis manos por su torso hasta llegar a los bajos de su camiseta y empecé a subírsela por los brazos. Él se separó de mi boca y alzó ambos brazos ayudándome.
- Me gusta su forma de ser la que manda - susurró alzando una ceja.
- Cierra el pico - reí frente sus labios mientras bajaba mis manos por su cintura. Lo empujé fuertemente recostándolo de nuevo en la cama.
Me senté sobre sus partes pasando mis manos por su abdomen y lamiendo cada parte de su torso.
Me senté sobre sus partes pasando mis manos por su abdomen y lamiendo cada parte de su torso.
Él me agarró de la barbilla y volvió a besarme. Cuando abrí los ojos me encontré bajo su cuerpo siguiendo cada uno de sus movimientos con especial atención.
Rozó su erección contra mi ingle. Solté un pequeño gemido lamiéndome los labios.
Rozó su erección contra mi ingle. Solté un pequeño gemido lamiéndome los labios.
- Creo que voy a dejarte con las ganas - rió bajo dándome un pico.
- Estás de coña - afirmé suspirando entre gemidos.
Me desgarró los tres primeros botones de la camisa. Recorrió cada centímetro de mi pecho con sus dedos hábiles y sensuales. Luego, se apartó y se elevó recogiendo su camiseta del suelo.
- Tengo que irme a trabajar - susurró mirándome mientras se ponía la camiseta.
- ¿A las ocho de la mañana? - me miró con ojos brillantes de deseo.
- Dentro de dos horas - rió ante mi reacción y se acomodó el cabello con prisa.
- Dos horas dan para mucho - se sentó sobre la cama con la postura de indio.
- De eso nada. No pienso hacerlo contigo - me acarició la mejilla poniéndose a mi altura.
- Nadie es capaz de resistirse a mis encantos - incliné mi cabeza para mirarle y acaricié su mejilla haciéndole pucheros.
- ¿Intentas confundirme? Ayer no querías y hoy me suplicas. Tengo la cabeza como un bombo - se irguió de nuevo y se dirigió a la puerta del cuarto.
- Derek. Solo es...
- Explícame, ¿qué coño quieres de mi? - alzó ambas manos encogiéndose de hombros - Vale, soy un puto jueguecito sexual para ti. Genial.
Abrió la puerta y se asomó a la salida. Me levanté rápidamente. Lo agarré del brazo y lo pegué a mi.
- Sé perfectamente lo que quiero. Te quiero a ti - entrelacé mis manos con las suyas.
- Pues demuéstramelo - exclamó mirándome fijamente a los ojos. Su reacción era de enfado. Me observó por última vez llendosé del lugar y cerrando la puerta.
Me quedé con una cara de atontada que hasta me dió vergüenza.
Me senté en la cama y comencé a pensar.
¿Me estaría enamorando de verdad de este chico?
Vale. Era encantador, simpático, amable, guapo y esa sonrisa se la comía a besos.
Joder, no tenía ni idea de que hacer. Mis sentimientos estaban revolucionados, como mis hormonas.
Mi móvil sonó.
Lo cogí. Eso me distrajo por un momento de mis pensamientos y preocupaciones.
- ¿Hola? ¿Quién es? - pregunté.
- Tu madre - afirmó seriamente.
Ladeé la cabeza. Ya había hablado con ellos. Ya aclaré todos los conflictos. Todo estaba olvidado. ¿O no? Suspire y volví a colocarme el auricular en el oído.
- ¿Qué?
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A veces, puedes esperar que te ocurra lo mejor. Entrar en la universidad, cumplir tu sueño, conocer a tus ídolos, tener una gran familia, conocer incluso a una de tus mejores amigas... pero en la vida también hay que aceptar las cosas malas como tener a tu hermano en el hospital y no saber de su estado, que te llame tu madre en un mal momento, que tu mejor amigo te haya traicionado o que ames a una persona y no te des cuenta.
Hay que disfrutar los buenos momentos y luchar contra los malos.
Porque todo tiene una solución no le tienes que buscar tres pies al gato. No puedes querer a una persona e intentar olvidarte de ella al día siguiente porque es imposible, siempre estará en tu corazón aunque la intentes eliminar.
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- ¿Qué?
- Ya sé que no te he llamado nunca. Siempre me has tenido que llamar tú...
- No me importa llamaros. Lo que si me importa es que siempre tenga que hacerlo yo. Cuando tú nos llamas es que ha pasado algo grave - volteé los ojos.
- Lo siento, pero yo y tu padre hemos estado muy liados, el trabajo de periodista es muy duro y no ha pasado nada grave. Tranquila - anunció amable. Más de lo normal.
- ¿Tienes idea de cuando volvéis? - le interrumpí cambiando de tema. Vinieron hace apenas un mes y medio pero tengo ganas de verles.
- Con tanto trabajo... volveremos aproximadamente sobre el 1 de septiembre.
- Oh bien - asentí con la mirada perdida.
- ¿Qué tal por ahí?
- Lo de siempre, hay algunas novedades pero bueno...
- Cuéntame.
Mi madre siempre tan... entrometida. Le gustaba mantenerse al día en todas las novedades.
- ¡¡¡Pues...he conocido a mi grupo favorito, he dado mi primer concierto y me voy a la uni!! - exclamé con un tono de emoción.
- ¡Dios, tu sueño hecho realidad! Me alegro mucho por ti, hija - sabía que desde la otra línea había embozado una sonrisa.
Me erguí de la cama y me tumbé sobre mi panza ladeando los pies de delante a atrás y apoyando mis codos en las mantas perfectamente alisadas. De este modo, mi barbilla se mantenía erguida y mirando hacia el frente.
- Bueno, me has contado novedades de tu vida profesional pero...¿ y tu vida personal? ¿Algo que tengas que contarme?
No pensaba contarle mi aventura erótica con Derek. Está bien. Me gustaba pero no sabía si lo suficiente para decirle un simple "Te quiero". Tenía que recapacitar y pensar con claridad en todo lo ocurrido.
- Bien, poco a cambiado - tragué saliva nerviosa.
- ¿Algún chico que te haya robado el corazón? - preguntó con un tono erótico.
Cuando iba a abrir la boca para responderle. La puerta del cuarto se abrió y Derek apareció cargando una bandeja con el desayuno. Tenía una pinta exquisita. Le hice una señal para que se diese cuenta de que estaba hablando por teléfono.
Él cerró la puerta y posó la bandeja sobre la mesita de noche. Luego me dió un azote en el trasero y se recostó a mi lado de la misma postura que yo.
Él cerró la puerta y posó la bandeja sobre la mesita de noche. Luego me dió un azote en el trasero y se recostó a mi lado de la misma postura que yo.
- No, mamá - puse los ojos en blanco - Mi corazón sigue en su sitio. Bien guardadito dentro de su caja toráfica - miré de reojo a Derek.
- ¿Seguro? Y... ¿qué tal Coque?
Derek se entretenía comiendo una tortita rellena de miel.
- Le podríais haber llamado, la penúltima vez que os fuisteis no lo llamasteis en nueve meses y se cabreo con vosotros. Espero que esta última vez no volváis a hacerlo.
- Es que Coque nunca me cuenta nada es muy reservado.
Nunca me cuenta nada. En cambio, tú me lo cuentas todo.
Nunca me cuenta nada. En cambio, tú me lo cuentas todo.
- ¿Todo... todo? - se sorprendió Derek en alto. Me miró arqueando una ceja y dejó de masticar su tortita.
Aparté el celular del oído y le pegué en el brazo a Derek mirándolo divertida.
Él me dió un pico sonriente. Suspiré mordiéndome el labio y volviendo a colocar el móvil en mi oreja. Él podía escuchar nuestra conversación perfectamente. Me recosté panza arriba sobre la cama. Derek se acostó a mi lado hundiendo su nariz en mi cabello. Yo sonreí ante el cosquilleo que me provocaba.
Él me dió un pico sonriente. Suspiré mordiéndome el labio y volviendo a colocar el móvil en mi oreja. Él podía escuchar nuestra conversación perfectamente. Me recosté panza arriba sobre la cama. Derek se acostó a mi lado hundiendo su nariz en mi cabello. Yo sonreí ante el cosquilleo que me provocaba.
- Eres una mentirosa, amor - me susurró Derek al oído contrario del celular. Sonrió radiante apoyándose en mi hombro izquierdo. Apoyé mi cabeza sobre su pecho y le miré desde arriba. Él acarició mi cabello con ternura. Me perdía en sus ojos negros brillantes.
- Bueno... pues tiene una pequeña pelea con Henry y no sé si se solucionara y no sé más aparte de que está acabando los estudios y pronto empezara a trabajar - le expliqué a la otra línea. Me había olvidado completamente de mi madre. Tartamudeé nerviosa y jugueteé con los dedos de la mano derecha de Derek que me apretaban la cintura con fuerza.
- Coque hasta es reservado contigo - respondió la otra línea.
- Papá también es así, viene de los genes - miré de nuevo a Derek sonriente.
- Bueno, pronto te tendré que dejar que estamos apunto de llegar a nuestro destino.
- ¿Está papá contigo? - pregunté inocentemente dejando en paz la mano de Derek.
- Si, pero roncando como un lobo feroz - dijo con tono burlante.
- Te iba a decir que me lo pasaras pero da igual.
- Hace tiempo que tu padre no duerme tan bien como hoy - intentó justificarle.
- Me alegro.Oye mami, una cosa.
- Dime.
- Es que tengo una amiga que me ha pedido consejo y no sé que decirle - me encogí de hombros.
- Suelta, ¿qué le pasa a tu amiga? - sonrió inexpresiva.
Miré de reojo a Derek que continuaba acariciando mi cabello con la mirada perdida. Bajé la mirada centrándola en un sitio concreto.
Miré de reojo a Derek que continuaba acariciando mi cabello con la mirada perdida. Bajé la mirada centrándola en un sitio concreto.
- Ella ha conocido a un chico amable, cariñoso, simpático y quedó con él. Poco a poco se está enamorando de él sin darse cuenta y no sabe que hacer para asegurarse de que es su verdadero amor. A parte de que ella nunca ha estado enamorada, enamorada como en este instante.
No sé que decirle - fruncí los labios sonrojándome. Derek seguramente había prestado atención a mis palabras.
No sé que decirle - fruncí los labios sonrojándome. Derek seguramente había prestado atención a mis palabras.
- Dile que no piense con la cabeza, que piense con el corazón y él le dirá lo que realmente siente. Pero sobre todo que si está enamorada de él que no intente olvidarlo y le transmita lo que siente.
- Es un buen consejo, se lo diré. Gracias mami.
- Que tarde es ya, hija. Te tengo que dejar, seguiremos en contacto.
- Claro, suerte mami.
- Te quiero mucho.
Besos. Por cierto, dile a tu amiga que riegue las plantas o se marchitarán.
Besos. Por cierto, dile a tu amiga que riegue las plantas o se marchitarán.
Reí bajo. Las madres siempre son tan... Jugueteé con mi lengua con la mirada aún perdida.
- No soy tonta. Si de verdad estás enamorada de ese chico, díselo y luego ya irás viendo.
- Tenemos muchas cosas de que hablar, mami.
- Lo sé - colgó. Dejé el móvil sobre la mesilla. Derek me agarró del brazo pegándome a él. Me agarré a sus antebrazos aún recostada sobre la cama y le rodeé la nuca con mis brazos. Él me acorraló entre sus dos brazos y mi su propio cuerpo.
- Así que soy cariñoso, simpático, amable... - susurró cerca de mis labios rozándome con su aliento.
- Cierra el pico - le besé con ternura encogiendo mis piernas bajo él. Derek se colocó entre ellas y continuó mi beso cerrando los ojos. Acarició mis muslos subiéndome la camisa con rapidez.
- Oye, tenía un discurso, un buen discurso preparado para decirte pero aún me lo estoy planteando... - se recostó a mi lado dejándome un buen calentón. Me mordí el labio y me giré para mirarle.
- ¿Qué quieres decirme? Por cierto, gracias por hacerme el desayuno tiene tan buena pinta como el chico que lo preparó - reí como una adolescente enamoradiza y besó mi mejilla.
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- No es nada, me gusta cocinar - me miró fijamente observando cada uno de mis movimientos. Sonreí juntando nuestras narices.
- Prepárate para lo que voy a decirte porque... - me interrumpió cogiéndome de la barbilla.
- Me asustas enserio - le agarré de las muñecas inmovilizándolo.
- Tranquila, no es nada malo.
Incline la cabeza y entrelacé mis manos con las suyas sin apartar la mirada de él. Derek, con su mano izquierda me rodeó por los hombros. Bajó la mirada mirando nuestras manos entrelazadas. Por fin, aclaró la voz para comenzar a hablar y me miró fijamente a los ojos.
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"Nunca he conocido a una chica como tú. Simpática, guapa, con una sonrisa de oreja a oreja y que me mirara de esa forma tan especial.
No se me da bien esto, soy principante en expresar mis sentimientos.
Lo único que sé es que te quiero y si ahora mismo te perdiera me moriría. No podría vivir sin ti, sin tus labios, sin tu bonita forma de hacerme cerrar el pico, sin el calor de tu piel, sin tu manera de provocarme, sin tu sentido del humor que me hace iluminar una sonrisa.
Quiero una vida contigo, no quiero doce horas ininterrumpidas contigo, quiero una vida entera a tu lado.
Quiero ayudarte en los malos momentos.
Quiero ser tu paño de lágrimas cuando estés triste.
Quiero sentir lo que tu sientes, saber lo que realmente estás pensando.
Necesito abrazarte y sentir que estás a mi lado porque si ahora mismo no estuvieras aquí, conmigo, cogiéndome de la mano y con lágrimas en los ojos por estas palabras que te estoy diciendo no sería Derek.
Eres y siempre serás una parte de mí que no podría separarse aunque quisiera porque estás en mi corazón por siempre y para siempre.
No quiero perderte.
Sé, que ahora no sabes lo que realmente sientes pero puedo esperar, es más esperaré a que estes lista para dar ese primer paso porque te quiero.
Y no sabes las ganas que tengo ahora mismo de abrazarte y no soltarte porque estás llorando y riendo a la vez y es encantador y triste a la vez."
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Cuando terminó le dí un increíble beso, lleno de amor que podría durar como unos cinco minutos pero no me importaba, porque ahora lo sabía, había tomado una decisión...
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- Te quiero, Derek Karev.
Las lágrimas recorrían mis mejillas con rapidez. No eran lágrimas de tristeza sino todo lo contrario. La alegría rebosaba por mis venas. Cerré los ojos achuchándolo con fuerza mientras él me acariciaba la espalda asombrado ante mis últimas palabras.







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