DÍA: 31 DE AGOSTO
Narra Blas:
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Somos como murciélagos. Salimos por la noche por miedo a lo que podamos encontrarnos durante el día. Nos escondemos, sentimos un miedo incontrolable y somos tan inocentes...
Somos cobardes al no hacer lo que queremos hacer por miedo a lo que piensen de nosotros o a la respuesta del prójimo.
Debemos soltarnos para que podamos echar nuestras alas a volar. Si caemos en el intento, no importa. Al menos lo intentamos y fracasamos como verdaderos héroes.
Somos valientes. Todos y cada uno de nosotros. Solo debes dejar el miedo atrás y lanzarte al vacío sin darle más y más vueltas.
Eso es lo que debemos hacer...
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- ¡Tio! Estoy hasta los cojones ya - protestó Carlos quitándose los enormes cascos que cubrían sus orejas e interrumpiendo la segunda parte de "Pillow Talk".
- ¿Qué mierda te pasa ahora? Estaba quedando cojonuda. Ahora tendremos que volver a empezar de nuevo - murmuró Magí distraído entre un montón de papeles que desde lejos se podía comprobar que eran montones de partituras.
- Llevamos con esta canción días. Grabando y cortando, cambiando la letra o el sonido... Estoy harto - dijo Carlos entre dientes explicándose y lanzando los cascos al otro lado del estudio.
- Bro... - susurró David intentando detenerle mientras salía por la puerta dando un soberano portazo.
Vaya, un extraño comportamiento por parte de Marco. ¿Qué mierda le oprime el cerebro últimamente?
- ¿Qué cojones le pasa? "Circus Avenue" se publica en unas semanas. Debemos ponernos las pilas si no queréis perder a vuestros adorables fans - protestó Magí levantándose de su asiento al mismo tiempo que se atiborraba de patatas de bolsa - Treinta minutos de descanso. En media hora quiero ver vuestros bonitos culos en el estudio. Ni un minuto más ni un minuto menos. Ahora largo de aquí, sanguijelas - exclamó con expresión de asco mientras dos de sus ayudantes le seguían hasta la puerta.
Los cuatro no dudamos en salir por la puerta de atrás. Dani y Álvaro se miraron confusos mientras David parecía bastante intrigado observando su celular.
- I see your face in every crowd, hear your voice so clear and loud. And I hurts, and it burns.
Can you hear it? Our song is on the radio.
Dani comenzó a cantar su parte de la canción. Yo me reí.
- Cantas mejor ahora que en el estudio - murmuré mientras David se alejaba de nosotros sin decir ni mu.
- Otro rarito más - soltó Álvaro poniendo los ojos en blanco y cruzándose de brazos.
Cierto, tenía mucha razón. Algo les ocurría a ambos y no saber el qué nos ponía a todos de los nervios. No me parecía muy normal el comportamiento de Carlos. Él siempre solía ser muy abierto, hablar por los codos en el estudio y hartar a Magí con sus locuras haciéndonos reír con sus gracias.
Ahora era todo lo contrario.
Callado, serio y deprimido. Un cúmulo de emociones que nunca pensamos que llegaran a existir en el jovial e impaciente Marco.
- Veo tu rostro entre el público, oigo tu voz tan alta y clara. Y duele, y quema... - continuó Dani en su mundo de arcoiris y unicornios voladores.
- Cállate rubio pollo. No es un buen momento para cantar - le insultó Álvaro mientras apoyaba su peso sobre su pie izquierdo y ladeaba la cabeza.
- Solo estaba practicando para después. Magí está muy enfadado. Parecía que en cualquier momento sus orejas echarían humo. No quiero defraudarle de nuevo.
Dani solía centrarse bastante en el trabajo. El resto normalmente siempre éramos más liberales. No nos afectaban las riñas y pasábamos del mal humor del mánager.
A veces, odiábamos que fuese tan responsable. No se daba cuenta de lo que verdaderamente estaba pasando. Tenía la mente totalmente centrada.
- Por favor, Dani. ¿Eres capaz de dedicarnos un minuto de tu tiempo? - insistió Álvaro colocándose frente a él aún con los brazos cruzados y bastante disuasivo.
- Veréis chavales. Yo también tengo mis propios problemas, no solo Carlos. Creo que cada uno debe hacerse cargo de los suyos y punto. Si no quiere dar ninguna explicación no le atosiguéis. Es su vida, son sus normas, sus razones... Cada uno tiene bastante consigo mismo - suspiró y giró sobre sus talones para irse de inmediato después de su sincero discurso.
- Y solo quedamos dos... - susurré mirando a Álv de reojo mientras éste jugueteaba con sus zapatos y daba pequeñas patadas a una pelota invisible.
- Probaremos suerte. No estoy de acuerdo con pollito - frotó su barbilla con su dedo índice apoyando el pulgar debajo de la misma - Somos sus compañeros, sus amigos y como tal debemos ayudarle. ¿No? - se encogió de hombros observándome fijamente. Aguardando que mi respuesta fuese la acertada.
- Supongo. Deberíamos ir a hablar con él - sugerí mientras miraba a los alrededores pensativo.
- Creo que ha bajado a la sala de los músicos. Es la más apartada de todo el edificio. Supongo que querría estar solo.
- Miraremos allí - asentí mientras mis pies comenzaban a andar solos directos a su destino.
Narra Miriam:
- Pensé que te alegrarías de verme - murmuré con tono sensual enrollando mis brazos en su cuello.
- Como siempre, me has sorprendido - sonrió pasando sus suaves manos por mi cintura.
Eran las dos de la madrugada. Mis padres decidieron quedarse con Coque esta noche y Jessy se marchó a casa para dormir ya que a las seis de la mañana debía ejercer su trabajo.
La tarde de ayer se me quedó muy corta y no me lo pensé ni una sola vez. Tenía muchísimas ganas de verle, de hablar con él, de sentirlo tan cerca de mi.
Renunció al sueño de su padre por mi y eso me trasmitió que de verdad me quería como yo a él.
Fue una verdadera prueba de amor.
No debía de pensar más en ello. El pasado, es pasado y ahora solo queda centrarse en el presente e imaginar un futuro próspero y técnicamente perfecto.
- Me gusta sorprenderle, jefe Karev - agarré el cuello de su camisa con fuerza atrayéndolo a mi.
Este inspiró con cierta ambición.
Su respiración se volvió más agitada mientras sus manos bajaban hasta mi trasero.
- A mi me gusta que me sorprenda - susurró a mi oído con voz provocativa y llena de excitación.
Solté una risa nerviosa poniendo mis manos sobre las suyas.
- Sus manos son muy largas. ¿No cree? - alcé una ceja observándole fijamente.
- No tanto como mis dedos - respondió a mi pregunta mientras sus dedos presionaban mis nalgas con delicadeza y firmeza.
Gemí suavemente sin dejar de mirarlo con ojos brillantes y llenos de deseo.
Este chico sabía muy bien como hacer que mis seis sentidos se pusieran a cien mil por hora en unos segundos.
- ¿Qué tal tu hermano por cierto? Hablé hoy con él por teléfono - manifestó por última vez antes de aferrarse a mi cuello con fuerza y dejar un rastro de besos.
¿Enserio? ¿Hablar ahora mismo de mi hermano?
No me apetece pensar mucho en él en estos instantes. Me quita todas las ganas.
- Muy bien la verdad. Está mucho mejor de lo que nosotros esperábamos - ¿Ahora podemos seguir con lo que estábamos? No quiero guardar aún mis garras - ¿Y cómo que hablaste con él? - fruncí el ceño después de pensar en sus palabras.
- Si, te llamé para ver si podías quedar esta noche. Él me respondió que ya habías quedado con alguien.
Apartó sus labios de mi cuello para observar mi reacción.
- ¿Yo? Estuve todo el día con mi hermano. No quedé con nadie - crucé mis brazos sentándome en el suelo.
Él suspiró. Creo que se arrepintió de habérmelo dicho.
- Pues no sé. Él me dijo eso - caminó hasta su cuarto distraído.
- ¿A dónde vas? - le paré los pies volteando la cabeza.
- A cambiarme. Ponerme cómodo. Tranquila - suavizó su expresión y una sonrisa iluminó su rostro - No soy tarzán como para escapar por la ventana. Está muy alto para mi.
- Tonto - susurré riendo mientras maldecía a mi hermano por mentirle a mi novio. Supongo que él sigue pensando que entre Derek y yo solo hay un lío pasajero. Existe mucho más que eso. A medida que pasa el tiempo, el amor que siento por este hombre se incrementa cada vez más.
Nuestra relación va viento en popa y a pesar de este último conflicto entre ambos...
Seguimos progresando y cada vez dando un paso más largo - Creo que mi hermano es demasiado sobreprotector. Aún no le conté que estamos saliendo. Debería decírselo para que me deje en paz de una vez.
Escuché pasos a lo lejos y vi como Derek asomaba su cabeza por la puerta de la habitación.
Tenía el pelo despeinado pero su amplia sonrisa lo compensaba.
- Bueno. Yo no lo veo así. Cuando sepa que tenemos una relación me dejará sin descendientes... - susurró mientras apagaba la luz y accedía de nuevo al salón.
Me mordí el labio al verlo con la camiseta en sus manos. Aún se estaba cambiando.
Mi irresistible y provocador novio. Mmm... pensar que es solo mío me hace imaginar un montón de cosas que asustarían a un niño pequeño.
Mi mente se vuelve perturbadora nada más verle.
Ladeé mi cabeza para volver a centrarme en la realidad.
- ¿Por qué lo dices?
- Al saber que yo tengo veintiséis años y tú solamente dieciocho... - musitó mientras apoyaba sus manos sobre la mesa del salón con los brazos extendidos. No pude evitar morder mis labios mientras observaba su torso desnudo frente a mi.
- ¿Otra vez con el rollo de la edad? Te amo y aunque tengas cincuenta años te seguiré amando. Me importa una mierda la edad - me quejé observándole con descaro.
- Ahora entiendo porque estoy loquito por tus huesos - afirmó mientras rozaba mi nariz con la suya.
Comecé a reír con fuerza y lo que empezó siendo un simple juego se convirtió en una guerra de besos.
Me tumbó en el suelo con delicadeza y colocó mis manos sobre mi cabeza observándome con ojos centellantes mientras sus pupilas se extendían con rapidez.
- Casi me dejas. Eso a afectado a mi pequeño corazón aunque no te lo creas - dijo dejando una línea de besos por mi cuello y escote.
- Tú pensaste en abandonarme. No sé que es peor - me defendí conteniendo los gemidos mientras movía lijeramente mis manos.
Sonrió de lado pasando sus manos por debajo de mi falda y acariciando mis muslos con suavidad y recorriendo cada parte de mi.
Suspiré aliviada cuando me soltó las manos y no dudé en manosear su pecho estrujando sus tetillas con vigor. Este bramó fuertemente.
¡Upps! Creo que despertó a los vecinos con sus gritos de placer.
Me aguanté la risa.
- Chica mala - murmuró haciéndome cosquillas por las piernas.
Noté sus intenciones. Cada vez se acercaba más a mi vagina. Mi risa era descontrolada y me pilló de imprevisto cuando se deshizo de mis bragas con cuidado de no hacer ningún movimiento brusco.
- ¿Qué vas a hacer con ellas? ¿Ponértelas en la cabeza como Shin Chan? - pregunté entre risas mientras él las dejaba a un lado y me observaba con firmeza.
- La pregunta no es que haré con ellas si no que haré contigo, nena - su voz era afanosa y intrigante.
No respondí. Me limité a imaginarme que haría a continuación.
Me sorprendí al ver a sus manos desabrochando su cinturón con lentitud.
No creo que me invistiera de repente. Cuando se desabotonó el botón pude comprobar con claridad como alguien se había despertado.
- Tu pequeño se despertó - avisé sin dejar de mirar su entrepierna. Aún con los bóxers puestos eso provocaba un efecto en mi.
- Tú le desvelaste - sonrió poniéndose sobre mi. Sus dedos largos y pervertidos se entrometieron con fuerza en mi interior.
- ¡Joder! - exclamé entre gemidos mientras él se limitaba a observarme detenidamente.
¿Le gustaba verme así? De lo mojada que estaba había inundado el salón de Derek. " El no sexo con él" me provocaba tanto como "el si sexo con él ". No sabría cual escoger de los dos.
- Es tu castigo, nena - murmuró disfrutando de la escena y hundiendo sus tres dedos aún más en mi interior. La sensación era tan... Caliente y excitante. Lo notaba por todo mi cuerpo. Mi vello se puso de punta y mis seis sentidos se volvieron sensibles y con ganas de más.
Repitió el gesto varias veces. Cada vez era más profundo y los introducía con más fuerza en mi interior.
- Pa... Para... Por.... favor... - tartamudeé cuando me sentí al límite. Al borde del barrranco.
- ¿Y si no quiero? - alzó una ceja. Sé que tienes el poder pero no debes abusar de el. ¿No crees?
Esta vez, los metió con más fuerza. Grité sonoramente y me dejé llevar bajo sus trucos.
- Te odio - anuncié casi sin poder deletrear palabra.
Él siguió sobre mi observándome con ternura y besándome con lengua. No dudé en seguírselo y entrometer mis manos en su pelo alborotado. Derek comenzó a moverse sobre mis partes de una manera muy sensual. Oh no... Ya empezamos de nuevo.
- Espero que no te encante esta camiseta... - cuchicheó menenando la cabeza a un lado y posando sus manos en ella. La arrancó rompiéndola en dos pedazos. La tela no era muy resistente que digamos pero aún así me sorprendió la facilidad con la que se deshizo de la prenda.
- Vaya. Tus soluciones son tan resolutivas - murmuré mientras este observaba cada detalle de mi cuerpo.
- Eso de no llevar sostén es muy incitador. A los violadores les resultará de lo más favorecedor.
Hundió su boca en mis senos. Esa lengua tan retocida me volvía totalmente loca.
Jugueteó con ellos haciendo que mis gemidos incrementaran. Este chico si sabía como hacerme sufrir. Mientras tanto, metí mis manos por dentro de sus bóxers y fui directa a lo que verdaderamente admiraba de él.
No solo amaba a Derek por eso pero lo que tenía en mis manos era una de las razones que me hacía quererlo aún más.
- ¡DIOS MÍO! Perdonad... Solo venía a por un vaso de agua - escuché una voz femenina detrás de mi.
Derek se detuvo levantando la mirada - Os dejaré intimidad - exclamó con cierto tono de desaprobación y asquerosidad.
Mierda... Doña Melenas nos ha jorobado nuestra jornada de sexo nocturno. La odio por ese simple hecho de meter las narices donde no le llaman.
- Mierda... Mel. Los siento, enserio - se lamentó Derek. Poniéndose de pie y vistiéndose con rápidez.
¿Y aún encima te disculpas? Fue ella quien se entrometió en donde no debía. Es tu puta casa, Derek. Puedes hacer lo que quieras, donde quieras y cuando quieras sin tener que poner excusas a nadie.
Al terminar de vestirse, la siguió hasta su cuarto. Supongo que para seguir arrastrándose y pidiendo perdón como un perro faldero.
Recogí mis cosas enfurecida.
Esta situación me está matando. Esa niñata me está poniendo de los nervios. Después de atreverse a profanar la casa de mi novio también se tiene que entrometer en su vida personal.
Como la cosa siga así me veré obligada a tomar decisiones desastrosas.
No entiendo ni siquiera porque Derek le ofreció alojamiento.
Tal vez, porque sigue enamorado de ella. Porque ese tiempo que paso con doña Melenas fue más especial que el tiempo que pasa conmigo.
No tengo ni idea de lo que pasa por su mente. Solo sé que si estuviese en su lugar. En vez, de volver a incluírla en mi vida me alejaría lo máximo posible de ella porque posiblemente, si le hizo daño una vez no dudará en volver a hacérselo. Y él como un idiota volverá a caer.
Narra Henry:
- Brother, me voy ya. Lola acaba de llegar - me asomé a su cuarto con una sonrisa de oreja a oreja.
Escuché un quejido por su parte. Se dio la vuelta y con los ojos aún entrecerrados no dudó en mirarme.
- Tio, ¿para eso me despiertas? Mañana tengo un examen importante. Tengo que levantarme antes para chapar - se frotó los ojos estirando su brazo para alcanzar el despertador.
- Es por si te despiertas en medio de la noche y no me encuentras. No quería que te preocuparas - me expliqué apoyándome en los bordes de la puerta y observándole con una sonrisa pillina.
- Todo lo contrario hermano, me alegraría perderte de vista - vaciló guiñándome un ojo y volviendo a posar el despertador en la mesilla.
- ¿Y Marina? ¿Qué hiciste para que saliera corriendo?
- Está en el work, work, work, work, work... - se puso a cantar aguantándose la risa y escondió la cabeza entre la almohada suspirando - Tenía un encargo de trescientos cupcakes para una puta comunión.
- Pobre. El nene pasará frío esta noche sin su querida Galletita - volteé los ojos burlándome de él.
- Lo sé. ¿Y tú a dónde mierda vas a estar horas?
- A ti te lo pienso decir. Eres capaz de intervenir y chafarnos la velada - me crucé de brazos alzando una ceja con tono acusador.
Él alzó ambas manos excusándose y dando a entender que lo que acababa de decir era totalmente incierto.
- Por favor... Que mala opinión tienes de mi, querido hermano.
- Pero estoy en lo cierto. En nuestra cuarta cita, te comiste los calamares y aplastaste a Lola con tu apestoso y gordo culo - arrugué la frente acordándome de aquel momento. Miguel siempre estaba en el medio arruinando cualquier momento a solas entre Lola y yo.
- Sabes que los calamares son mi debilidad. Además, no vi a la pequeña Marciana - aguantó una soberana y fuerte risa mientras cotilleaba mi vestimenta.
- Eso no vale como excusa...
- Juro que no intervendré esta noche - levantó la palma de su mano y expiró con fuerza.
- Claro que no porque no sabrás a donde vamos - afirmé con ganas de marcharme de una vez por todas.
- Pásatelo bien con la pequeña Marciana y por favor... ponla de cuatro patas de una puñetera vez - anunció poniendo los ojos en blanco y dándose la vuelta.
- Adiós, tonto del culo - le eché la lengua aunque él no pudiera apreciarlo.
Antes de marcharme, me echó el dedo sin ni siquiera voltearse. Reí suave y fui directo a mi encuentro con Lola.
Ella estaba muy impaciente por saber a donde le llevaría esta vez y al mismo tiempo emocionada por saber que estaríamos solos por una vez sin que el pesado de mi hermano interviniese en algún momento.
Narra Blas:
- ¡Mierda! He pisado un puto chicle. ¿Tanto cuesta tirarlos en la papelera? - exclamé mientras me apoyaba en la pared que se encontraba justo al lado de la puerta de la sala. Miré mi zapato con detenimiento y puse cara de asco mientras sacaba ese repugnante y pegajoso artefacto de las suela de mis Nikes.
- ¡Calla! Escuché algo - arrimó su oído a la puerta intentando escuchar lo que estaba ocurriendo en el interior de la habitación.
- El plan era sobresacarle información no espiarle. ¿Qué haremos con eso? Nada - refunfuñé recuperando mi compostura y observando las artimañas de Álvaro.
- ¡Quieres callarte de una puta vez! Me pones de los nervios - se mosqueó levantando demasiado la voz - Por tu culpa, se enterará de que estamos aquí y se va a liar bien parda.
- Yo no grité, Gango. Solo te lo menciono - miré directamente a la puerta esperando alguna reacción escandalosa de Carlos.
De repente, me pegó una suave pero notoria colleja en la nuca. El cabrón sabe mi punto débil.
Me quejé susurrando por lo bajo y crucé mis brazos apoyándome de nuevo en la pared.
- Creo que está llorando. Esto me recuerda a la aventura que pasamos por la noche en aquel hotel. Robando colacao a las tantas de la mañana - le escuché descojonarse aún al lado de la puerta.
- Carlos se lo zampó todo. Me acuerdo bien.
- Traeme ese vaso. El que está sobre la mesa de cristal - me señaló el lugar con su largo dedo índice.
- ¿Acaso te entró sed de repente? - susurré intentando no levantar mucho la voz.
Álv no se contiene. De nuevo, vuelve a pegarme una colleja. Esta vez, ya estaba preparado para que no me impactara. Solo me rozó la oreja derecha.
- ¡Idiota! Nos servirá para escuchar con nitidez todo lo que está ocurriendo dentro - su voz sonó áspera y contenida.
- ¿Con un vaso? - arqueé una ceja mirándole con curiosidad.
- Déjalo. No tienes remedio. Ya lo cojo yo - dijo finalmente levantándose con la ayuda de sus ambas manos.
Le observé mientras colocaba la parte más ancha del vaso sobre la fina puerta de la sala de músicos. Luego, apoyó su oreja sobre el culo del vaso. Comencé a reírme poniendo la mano en la boca para que mi risa no fuese tan sonora.
- ¿Qué?
- Ahora entiendo lo de las gafas de culo de vaso - murmuré aún riéndome por lo sano mientras este volteaba los ojos aún siguiendo intentando escuchar algo.
- ¿Qué? ¿Funciona la mierda esa? - dije impaciente después de que pasaran algunos minutos.
- Bueno... No escucho una mierda. En las películas de misterio funcionaba siempre. No lo entiendo... - resopló haciendo que su mini tupé se moviera un casi nada.
- Ya te lo dije. Los vasos son para beber no para escuchar a través de las paredes.
- A lo mejor es que no está haciendo nada. Ni llora, ni habla... Me pareció escuchar algunos pasos muy al fondo - defendió apartando la oreja de ese chisme.
- Déjame haber.
Me tendió el vaso y lo coloqué al revés para ver si así lograba que funcionase.
Escuché a Gango suspirar. Sé que se está autocontrolando para no darme un bofetón en toda la cara.
Al final, lo ubiqué en la misma posición que él y probé suerte.
- ¡Uauh! Se oyen pasos. Tengo que comprarme uno de estos.
- Pasaremos al plan B. Intentaré que me cuente que coño le pasa - aclaró levantándose y apoyando su trasero en la puerta.
- ¡Mola, enserio! Ahora podré averiguar que mierda hace Dani tanto tiempo encerrado en su cuarto.
Desde que llegamos aquí y encontramos en el mismo bloque de pisos, dos de alquiler. Dani, siempre llegaba de cualquier sitio y se encerraba en su cuarto sin ser visto. Según él es porque quiere estar sólo pero yo no creo que sea esa la razón.
Tal vez, tenga una muñeca inchable debajo de la cama y se la folle durante horas mientras Carlos y yo nos empotramos a muñecas reales o a lo mejor... se mansturba durante horas hasta que consigue correrse.
Creo que nunca, desde que llegamos aquí hemos visto a Dani con alguna mujer. Es muy extraño. Nunca habla de sus relaciones personales. Salvo el asunto de Miriam, el cual salió en una de las revistas juveniles más populares del país.
Mi curiosidad aumenta por segundos solo de pensarlo. Creo que con lo de la muñeca inchable he dado en el clavo.
- Oye, Blas. Te estoy hablando. ¿Ya estás metido en tus fantasías sexuales? Aún no ha anochecido, tio - mencionó Álvaro chasqueando los dedos frente a mi rostro y sacándome bruscamente de mis pensamientos.
- No. Sabes que no necesito tenerlas - le guiñé un ojo moviendo mis cejas de arriba a abajo.
Es cierto, yo no ligo. Son ellas quiénes vienen a mi. Tanto por ser uno de los componentes de Auryn como por ser increíblemente irresistible.
- ¿Qué dije sabiondo? - puso ambas manos sobre sus caderas y me miró en plan: " te pillé ".
¡Oh Gango! No me dejarás en ridículo tan fácilmente. Eso está bien claro.
Nadie se burla de Blas Cantó alias, Blasito el sensual.
- Que te ibas a tirar a Pris después de seducirla con tu pene de 3 centímetros y medio - aclaré con obviedad mientras este levantaba su palma para darme una colleja - Si me pegas es porque tengo razón. He vuelto a dar en el clavo mi querido compañero - murmuré antes de que llegase a tocarme un solo pelo.
- Está bien. No te pegaré. No vaya a ser que te deje más tonto de lo que ya eres - murmuró con chulería mirándose los dedos de las manos.
- ¡Qué ataque más gratuito! - grité escupiendo sus zapatos - Al menos, yo no soy un loser. El cual no se atreve a decirle a una chica que le gusta.
- ¡Eres un puto marrano! Los zapatos los vas a limpiar tú, animal - me indicó levantando la voz por igual - Y no me gusta Pris. Ya te lo dije millones de veces - puso los ojos en blanco observándome con desprecio.
- ¿Yo? ¿Limpiar tu mierda? Ni de coña - me crucé de brazos sin dirigirle la mirada.
- Lo dicho. No te metas con Pris - me indicó con el dedo índice y una voz ligeramente amenazante.
He encontrado su punto débil. Esa niña tan prepotente y egoísta tiene totalmente loquito a Ganguito.
Jugar con ella es como jugar con fuego. Se desata y se vuelve agresivo como nunca antes lo había visto.
- Te gusta hermano. ¿Ehh? - moví las cejas de arriba a abajo dándole un golpecito en el brazo con el codo.
- ¡No me gusta! ¿Cuántas veces he de decírtelo?
- Tios, se os oye desde arriba. Falta poco para que termine el descanso. ¿Venís o qué? - se entrometió David en nuestra conversación señalando hacia atrás con el pulgar y apoyando su peso sobre el pie derecho.
- Es por culpa de este idiota - soltó Álvaro acusándome como siempre.
- Me ha insultado - dije atónito poniendo mis manos a unos centímetros de mi boca.
- Gilipollas sois y gilipollas moriréis. Os espero arriba, ¿va? - respondió David como despedida volteándose y subiendo las escaleras principales.
- Hablaré con Harry Potter. Tú ve subiendo. O nos echará la bronca a los dos - me ordenó Álv cogiendo el pomo de la puerta entre sus manos con la intención de profanar la sala de músicos.
- ¡A la orden, capitán! - murmuré poniéndome tenso y recto mientras hacia el gesto oficial de los soldados.
Susurró algo. Algo que mis oídos no fueron capaces de percibir.
Nada más entrar Gango en el interior. Me arrodillé en el suelo y coloqué el vaso sobre la puerta.
¡No me juzguéis! Todo lo malo se pega. No es culpa mía si no del que me enseñó.
Me sentía como un joven espía aprendiz. Eso me hacía sentirme airoso. ¿Quién llegaría a pensar que un cantante y estudiante se convertiría en un agente 007?
Tenía que llevar todo esto en secreto. Si alguién supiese mi verdadero yo no dudarían en aniquilarme.
A nadie le cae bien los espías.
De pequeño, mi sueño era convertirme en uno de ellos.
Creo que me influyó demasiado ver el detective Conan y el inspector Gadget. Eran mis ídolos cuando era pequeño. Recuerdo que convencí al gato para que le gustasen tanto como a mi.
Al final, mi madre se enfureció tanto que se deshizo de todos los televisores de la casa para que saliera fuera a jugar.
Bueno, a lo que estábamos. Seguiremos con la misión.
- ¿Con quién Wasapeas? - escuché con claridad la voz de Álv.
Amo este vaso. Lo adoptaré y le llamaré Vasing. Será mi herramienta de acción. No son infrarrojos pero de momento, sirven.
- Mmm... ¿Acaso te importa?
¡Bomba va! Parece que el magnífico truco de Gango para sacarle información está fracasando.
Creo que esto no dará resultado.
- ¿Estás bien? - exclamó mientras sus pisadas dejaban de escucharse con claridad. Debió de detenerse o tomar asiento...
- Si. Lo estoy. ¿Por?
Potter en plan borde. Yo me apartaría por si acaso.
- ¿Cómo que por? - levantó Álv la voz. Él no pensanba echarse atrás por lo visto - ¿Qué me dices de lo que pasó en el estudio? ¿Eso es normal?
Parece que su plan infalibre comienza a tener resultados. Estoy pensando en aliarme con Álvaro. Dos son mejor que uno y así hay menos posibilidades de que nos descubran.
Yo seré el poli bueno y él el malo.
- No me basta con tener que aguantar al subnormal de Magí gritándome al oído. Ahora también tengo que aguantarte a ti.
¡Uff! Que golpe más bajo. Me compadezco de mi compinche.
- Oye, Carlos. Estamos preocupados por ti. Últimamente no eres tú y solo queremos saber que te ocurre para poder echarte una mano.
- Pues no la necesito, osea que bye, bye - canturreó como un niño inmaduro intentando safarse de la riña de sus padres.
- Joder, Carlos. Nos conocemos desde hace años. Pasamos 365 días juntos. ¿Enserio? ¿No confías en mi? - murmuró Álvaro pasando de la agresividad a la pesadumbre en un par de segundos.
- No es eso... Solo... No quiero difundirlo por todos los rincones porque sinceramente, no sé ni porqué mierda me pongo así - se explicó como pudo mientras el sonido de las pegadas regresaba a mis oídos.
- Quedará entre tú y yo. Te lo prometo, hermano.
Pasaron unos segundos antes de que Carlos volviese a hablar.
Seguramente estaría pensando que decisión era la más acertada para tomar.
- ¿Sabes la amiga de Miriam? Nos besamos hace unas semanas. Bueno, me besó ella y yo se lo seguí... Ok, a lo que iba. Ella no quiere verme ni en pintura ya que al intentar arreglarlo con ella dejé un mensaje bastante ofensivo a su buzón de voz. Lo que decía el puto mensaje no era lo que de verdad quería decir. Cuando se lo mandé estaba bastante cabreado y bebido para tener conciencia de mis actos. Ahora ella no quiere saber nada de mi y ya he dejado de intentar ponerme en contacto con ella la verdad...
¡OH MY GOOD! Esto si que no me lo esperaba. ¿Está así por una muchacha? ¿Pero qué mierda les pasa a todos? ¿Cómo pueden dejar que una chavala les robe el corazón? ¿Por qué se comen la cabeza con eso? Hay millones de mujeres en el mundo. Malo será que ninguna quiera saber nada de ti.
- Joder... Te has... ¿Enamorado de ella? ¿Eso es lo que intentas decirme? - murmuró Álv con cautela verdaderamente sorprendido.
Yo la verdad, estoy más decepcionado que asombrado.
¡Vamos! Somos machos alfas. No nos arrastramos por nadie y mucho menos por una mujer.
Tendríamos que estar rodeados de un mar de coños en vez de aferrarnos a uno que aún por encima es horroroso.
- No lo sé. Acabo de conocerla la verdad. Mis sentimientos están muy revueltos - Como los huevos - Solo sé que la hecho de menos.
- ¿Cuánto lleváis sin hablaros?
- Dos semanas. Se me han hecho eternas.
- Entonces... ¿te estás enamorando? - volvió a entrometerse Álv intentando descifrar su baúl secreto.
- Mi cabeza me dice que no pero mi corazón apunta lo contrario. ¿A quién coño le hago caso?
Yo a ninguno de los dos. Yo me decantaría por otra cosa...
- Tú eres consciente de lo que quieres. Ella no es el sol. Tú si. Recuérdalo.
- ¿Enserio? ¿Tu consejo es una puta metáfora? ¿Qué hago yo con eso? - protestó Marco alzando la voz.
- No quiero influír ni meterme en medio de tu "relación" entre Jessy y tú. Así que búscale sentido.
A mi me gusta más la luna. Sinceramente. Brilla con fuerza durante la noche y nadie nota su puta presencia ya que todos duermen.
- No sé ni para que te lo conté - susurró Carlos con tono seco.
Escuché la risa maliciosa de Álvaro a través de la puerta.
Creo que mi misión se terminó. Guardé a Vasing en mi bolsa de deporte y subí apresuradamente las escaleras.
- ¡Blas! ¿Crees que son estas horas de llegar? Dije 30 minutos. ¿Ni siquiera podéis cumplir esa puta regla? - mencionó Magí nada más verme.
- Yo no tengo la culpa de que los bocadillos que sirvan en el bar de al lado sean tan sumamente enormes - me justifiqué mintiendo de la mejor forma posible. Nadie debe descubrir mi coartada.
- ¿Y el resto? ¿Dónde están eses putos subnormales que faltan? Me están haciendo perder mucho dinero - repitió el mánager totalmente enfurecido.
- ¿Voy a buscarles? - me ofrecí mientras el resto me observaba y cuchicheaba por lo bajo.
- Si eres capaz de traerlos...
Me esfumé y nada más salir por la puerta me encontré con ambos de frente.
Le paré los pies a Álvaro mientras Potter entraba en el estudio.
- ¿Y bien? - pregunté mirando a los alrededores. Nadie podía escucharnos o nuestra misión secreta sería desvelada.
- Se ha puesto más contento.
Esas fueron sus palabras antes de seguir su camino.
Mierda. Mi compinche me está engañando. Me ha cambiado por Carlos.
Supongo que ya no puedo contar con él o si no perjudicará al resto de las misiones.
Narra Henry:
- Lo que más me sorprende no es que hayas preparado todo esto si no que estemos a las... - echó un vistazo rápido a su reloj y entrelazó sus manos sobre la falda - ¡Uau! Las tres de la mañana en la playa.
Dejé el tenedor sobre la mesa y reí fugazmente.
Bueno, tenía poco tiempo para organizarlo todo. Después de estar tiempo procesándolo la verdad es que me pareció la mejor idea de todas las que se me ocurrieron.
Hoy me pasé todo el día preparándolo todo y la verdad es que me siento muy conforme con el resultado. No sabía cocinar muchos platos pero la verdad era que el estofado de carne era mi especialidad.
Un amigo me prestó su chiringuito. Que tuviese acceso a la electricidad me sirvió de mucho para decorar el techo con lucecitas de colores (sacadas del árbol de Navidad, claramente). Eso le dio un toque bastante original y alegre aparte de colorido. Unas cortinas de seda enrolladas a los cuatro troncos que sujetaban la cabaña nos ofrecían privacidad y nos protegían de la brisa del mar y como olvidarnos de las diversas velas colocadas por todos los rincones del lugar. Me alegraba de que no hiciese mucho viento. Así las candelas se mantendrían encendidas aportándonos un espacio romántico y acojedor para ambos.
Una pequeña mesa redonda del mismo color que las cortinas componían el centro del chiringuito y dos sillas para ambos le acompañaban.
- Creo que mereció la pena el tiempo que empleé en hacer todo esto - murmuré al terminar de comer.
Ella bebió un largo sorbo del vino tinto. Era el único que nos acompañaba esta noche. Me miró fijamente con esos ojos verdes. Esta noche brillaban más que nunca.
- La verdad es que has hecho un trabajo impresionante - me aduló mirando a sus alrededores - Y la comida está deliciosa sin duda. Me muero de ganas de saber que tienes preparado después del postre.
- Nada bueno. Créeme Barbie - alcé una ceja mientras ella me tomaba de las manos y jugueteaba con el anillo que se encontraba en mi mano derecha - Me lo regaló mi hermano cuando aún era decente.
- Me cuesta creer que alguna vez fuese un chico bueno - apartó la mirada de mis manos y me miró sonriente.
- Ahora es una vaina loca - soltó apagando una de las velas de un soplo.
- Aunque tenga una personalidad tan peculiar yo lo considero bastante maduro. Parece que ha sentado cabeza con Marina y le falta poco para terminar la carrera.
Exactamente nueve meses. Después podrá comenzar a trabajar en cualquier hospital de la zona.
- La verdad es que me extraña que Marina lleve tanto tiempo con él. Yo no le aguanto ni 30 segundos...
Me reí ante su comentario. Supongo que de pasar tanto tiempo con una persona te vas acostumbrando a su forma de ser, de actuar, de pensar... Le conoces más en su totalidad.
Evidentemente, ellos tuvieron una relación bastante bonita.
Se conocieron en los coches de choque. Miguel iba por ella a muerte. Después de gastar unas cuantas fichas ambos se encontraron al fin. Ella le invitó a una copa. Ese era el trato, quien perdiese debía de invitar a la otra persona a una ronda. A partir de ese encuentro, empezaron a quedar más a menudo. Empezaron siendo simples amigos hasta que él se enamoró de ella por completo y no dudó en expresárselo con el tiempo. Y ahí siguen, después de cuatro años continúan sintiendo lo mismo que el primer día que se conocieron.
Envidiaba su historia. Ojalá yo pudiese tener algo así...
- Aquí está el postre - dije poniendo una bandeja pequeña sobre la mesa.
Ella miró la bandeja con los ojos muy abiertos y luego levantó la mirada observándome con la boca entreabierta.
- ¿Galletas de la suerte? Me encantaban de pequeña - exclamó cogiendo una entre sus manos y riendo como una tonta. Mi tonta. Sonreí interiormente - ¿Solo cuatro galletas?
- Pensé que tal vez estuvieras muy llena después de la comida - murmuré encogiéndome de hombros y tomando una de las mini - galletas.
- Tonto... ¿Cómo las conseguiste? - preguntó mientras abría una de ellas.
- Marina - sonreí inocentemente.
Es lo bueno de tener una cuñada que trabaje en esas cosas. Se las encargué ayer y las terminó en pocos minutos. Le pedí expresamente que los mensajes del interior fuesen los que le dicté. Espero que así sea.
- "Sonríe que ahora llega lo mejor" - leyó emocionada mientras se comía el resto de la galleta - Mmm... Me pregunto que es lo que llegará - me miró desde abajo con intriga mientras cogía otra - ¿Tú no comes?
- Prefiero que engordes solo tú.
Ella hizo un gesto de "me has ofendido, maldito" y me pegó bruscamente en el brazo.
Me lamenté finjiendo que me había dolido con la atenta mirada asesina de ella en mi faz.
- "Carpe Diem mientras puedas" - anunció mientras abría otra galleta - Me gusta - exclamó cambiando totalmente su expresión y rasgando otra galleta por la mitad - "¿Quieres salir conmigo?".
- Mierda, esa deberías haberla abierto de última - susurré esperando una respuesta por su parte.
Ella me observó con los ojos vidriosos y no dudó en venir a abrazarme dulcemente.
- Pensé que nunca te dignarías a pedírmelo, canalla - susurró a mi oído con sinceridad mientras se sentaba sobre mis muslos y entrelazaba sus manos alrededor de mi cuello. Zarandeó su pelo a ambos lados con lentitud para luego encontrarse con mis labios. Apenas los rozo y eso ya me hizo ponerme a mil. Suspiré mientras una sensación cálida subía rápidamente por todo mi cuerpo. Enrollé sus manos en su cintura con cuidado de no bajar más de lo debido para no incomodarla.
- ¿Entonces? Aún no me diste respuesta - dije con tono excitante bajando mis labios lentamente por su cuello. Esta gimió suave inclinándose hacia atrás para darme acceso a su cuello.
- Creo que ya sabes mi respuesta - se mordió el labio moviéndose inconscientemente cerca de una parte en concreto.
- ¿No aceptas mi proposición? - puse pucheros mirándola como si fuese la cosa más linda del universo.
- La acepto. Si por mi fuera la aceptaría un millón de veces - murmuró como si fuese muy obvio.
- Te quiero, Barbie - grité bien alto para que todo el mundo pudiese escucharlo con claridad.
Era cierto, esta chica desde que apareció en mi vida se apoderó de mi corazón por completo. Tras citas y citas y más citas fui sabiendo más de ella y de su forma su pasado. Nunca tuvo mucha suerte en el amor pero esta nueva aventura que emprenderemos juntos cambiará mucho las cosas.
Sé que nos irá bien. Puedo esperar a que ella esté lista para dar ese paso. Me da igual, por ella lo haré.
Puso ambas manos sobre mi boca riendo frenéticamente.
- Estás completamente loco - anunció tomándome por sorpresa.
Su boca sabía a galletas. Eso me hizo reír.
No podrían haber salido mejor las cosas.
----*----
- Entonces... ¿No te importa esperar? - mencionó mientras cada vez nos alejábamos más del chiringuito.
La brisa del mar aumentaba por minutos y la marea subía con rapidez. La arena estaba muy fresquita y la verdad es que era confortable. Lola quería mojar los pies así que se acercaba continuamente al borde del mar sin soltar mi mano.
- Me importa una mierda. Puedo prescindir de tener sexo, no es tan difícil - le trasmití mientras agarraba su mano con más fuerza y la zarandeaba de delante a atrás.
- Gracias, Ken - alzó una ceja lamiéndose el labio inferior. No lo dudé ni un segundo.
Tiré de su mano con poca fuerza haciendo que quedara atrapada entre mis brazos. Rodeé su cintura con ternura después de que ella soltase un grito debido al arrebato producido por mi parte.
- ¿Sabes lo que más gracia me hace? Tener esos apodos cuando ninguno de los dos es rubio - murmuré mordiéndome el labio mientras esta sonreía pegada a mi pecho.
- Supongo que eso es lo que hace que sean más especiales - me guiñó un ojo hundiendo sus labios en los míos.
La presioné contra mi torso. Ella no pudo evitar mirarme fijamente a los ojos sin importar nada más.
Luego, se soltó de mi agarré y fue corriendo directa al mar. Al llegar al borde, se despojó del vestido que llevaba puesto y se acicaló el pelo. Miró hacia atrás. Yo la saludé con un gesto y ella se limitó a sonreír lanzándome un beso desde lejos. No lo dudó, se sumergió en el agua y comenzó a nadar de un lado a otro.
La observé durante un pequeño rato. Cuando unas ganas indeseables de hacerle compañía me consumieron, me quité la ropa y al poco tiempo la alcancé.
Ella se sorprendió al verme y nadó más velozmente para que no pudiese alcanzarle.
- Chica astuta - solté mientras ella me echaba la lengua y me miraba descaradamente - ¿Así que quieres jugar? - levanté una ceja retozón.
- Me has leído el pensamiento.
De pronto, seguí nadando en dirección a ella. Lola continuó nadando mientras sus risas aumentaban con rapidez.
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Y descubres que ya no eres un puto murciélago. Te arriesgaste sin pensar en como se lo tomará o en las circunstancias de ello por eso debes sentirte orgulloso.
Eres más fuerte de lo que crees. Solo debes cerrar los ojos y abrir tus alas a un nuevo desafío.
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