sábado, 19 de marzo de 2016

CAPÍTULO 31: EL CEMENTERIO DE LA SOLEDAD










DÍA: 19 DE AGOSTO













Narra Pris:





Por fin llegó el gran día. Hoy Coque se operaba. Ya lo tenía decidido, la verdad era que tomó la mejor decisión posible.
Miriam tenía miedo de no volver a ver a su hermano. Todos esperábamos que todo fuera bien y que no hubiese nada que complicara las cosas.
Nada más levantarme por la mañana, me duché mientras la radio me daba los buenos días como cada día rutinal.
Eran las once de la mañana de un miércoles. El tiempo no ayudaba demasiado. Fuertes lluviazcos invadían la ciudad y en el cielo ni siquiera se distinguía algún rayo de luz. ¡Qué cruz! Solo de escuchar las fuertes lluvias me daban ganas de meterme de nuevo en la cama y no salir de ella hasta muy, muy tarde.
Al hacer tan mal tiempo, saqué mi anorak del fondo del armario y no dudé en ponérmelo hasta mi trayecto a mi auto.
No tenía hambre así que no me paré a pensar en lo que desayunaría hoy. Encendí mi auto y puse la calefacción a lo máximo posible. Me calenté las manos frotando la una contra la otra y me dirigí al hospital.
Todos me esperaban ansiosos. Llevaban allí desde las siete de la mañana y parecían bastante nerviosos. Sobre todo Miriam, que fue la causante de que me despertara a estas horas. Ya que su llamada interrumpió mi dulce y delicioso sueño. Soñar con patatas fritas y una hamburguesa doble era como estar en la gloria.














Narra Miriam:





Mis nervios eran cada vez más y más notables. ¡Estaba súper nerviosa! Hoy operaban a mi hermano. ¡Dios! Ojalá todo fuera bien y pudieran extirpar todo el tumor posible.
Apenas había podido dormir esa noche. Fui a casa a cambiarme después de pasar la noche con Dylan. Él me deseo mucha suerte, a mi y a mi hermano con la operación. Se lo agradecí muchísimo y le dejé claro que hoy, lamentablemente, no podría visitarle. Dylan, fue muy maduro y lo comprendió diciéndome que no me preocupase y que cuidase de mi hermano como solo yo sabía hacerlo.





Estaba preparada para todo lo que pudiese pasar. Jessy no estuvo muy animada estos días. Ella y Coque apenas hablaron durante ese tiempo.
No parecía muy contenta con la decisión que Coque decidió tomar. Tal vez, tenga sus razones aunque no sé... ¿Por qué no querrá que Coque se opere? ¿Qué luche por sobrevivir?
Tantas preguntas y tan pocas respuestas. Además, que sea tan cerrada dificulta mucho las cosas.
Ayer por la noche, Derek tuvo que irse a Madrid. Justo, en la cena que celebramos de despedida, le entregué los papeles y el contrato de trabajo firmado.
Él se alegró muchísimo. La verdad, era que le echaría de menos durante todo el mes. Necesitaba un apoyo moral para atravesar esta situación y que él se fuera dificultaba mucho las cosas. A distancia, ese apoyo no lograría funcionar.
Ayer, me despedí de él y le ayudé a encartar la ropa para el viaje. Necesitamos tres maletas, creo que solo una ya era exclusivamente para la ropa interior.
Derek, tenía que irse al aeropuerto la noche anterior.
Le acompañé y hundiéndonos en un delicioso beso con lengua me despedí de él con ojos humedecidos. Sabía que volvería pero estaba claro que no quería que se fuera.






Lo visualicé hasta que embarcó en el avión y tuve que perderlo de vista. Esperaba que todo le fuese divinamente y que me llamase cuando pudiese.
Él me dejó al cuidado de sus plantas. Debía regarlas al menos tres veces por semana. Suerte que tenía la llave. Aunque no me hiciera mucha gracia visitar el apartamento (básicamente por que me acordaría de él y de su ausencia), le tomé la palabra sin rechistar.
Esta mañana, me llamó para tranquilizarle y desearle la mayor suerte del mundo a mi hermano durante la operación. No se podía ser más dulce. Viniendo de él, todo era posible...







Narra Jessy:



Hace unos días, recibí una llamada de Carlos. Me sorprendió demasiado que tuviese mi número en la memoria de su teléfono. Fue muy extraño que se acordase de mi. A la otra línea, lo sentí muy cariñoso hasta tal punto que se podría decir empalagoso. Me preguntó como estaba y no me quedó más remedio que contarle todo el rollo. Todo lo ocurrido durante esa semana.
Él pareció comprenderlo completamente todo. Me dijo que había hecho muy bien al contarle lo que pensaba aunque no tanto, al pedirle que no se operara. Estaba claro que Coque tenía que tomar sus propias decisiones y nadie, exactamente NADIE debía influír en ellas.
Las palabras de Carlos me dejaron totalmente tocada, la verdad. Apenas me di cuenta de la confusión mental que le podía estar provocando a Coque.
Agradecí a Carlos su preocupación por mi. Le sorprendió mi ausencia el otro día en el cine. No me apetecía mucho ir, mi estado de ánimo estaba por los suelos y eso solo lo empeoraría.
Pensareis que estaba loca por desear que no intervinieran a Coque.
Tenía mis propias razones para pensar eso. Mi abuelo, falleció al intervenirse cuando le quedaban escasos meses de vida para disfrutar. Debió de aceptar no operarse y seguir con su vida normal hasta la hora de su ida. Siempre, ese estúpido recuerdo se almacenó en mi mente como esa primera vez que recibí una bronca de mi padre por terminarme el chocolate de los armarios de la cocina yo solita.
No entendía porque los malos recuerdos quedaban grabados en tu mente y en cambio los buenos, se olvidaban con facilidad. Por eso, no lograba recordar mi infancia pero si, recordaba cada momento ocurrido después de la muerte de mi padre, del accidente de coche.
Muchas veces, la vida era terriblemente injusta. Regalándote lo bueno y arrebatándotelo poco después.
Pues eso, intervendrían a Coque hoy a las cinco en punto. Madrugamos lo suficiente para darle ánimos durante toda la mañana y para que no sintiese sólo en este día tan... Importante supongo.
Carlos, me obligó a ir después con él a la playa. Después de negarme numerosas veces, él siguió insistiendo sin importarle ni mi más mínima opinión. Eso no me causaba la menor gracia, al final para no tener que aguantarle, decidí aceptar su invitación. Justamente, tuvo que eligir este día para ir. Aunque por la mañana lloviese a mares, por la tarde, los rayos de sol volverían a iluminar el cielo. El tiempo estaba totalmente descontrolado, como las personas.




Narra Lola:



Esta mañana, sonó el timbre de la puerta. La verdad era que no me imaginaba quien podía ser a esas horas. Cuando abrí la puerta de mi departamento, encontré un pequeño ramo de rosas sobre el felpudo de mi puerta. Leí la inscripción que se encontraba justo a su lado.










" Mira fijamente el rellano".
Fruncí el ceño y con las rosas aún en la mano. Levanté la mirada y las olí. Eran frescas y su olor era terriblemente perfecto.
Sonreí, esto solo podía ser obra de una sola persona.
De pronto, apareció Henry con una sonrisa y un pequeño sobre en la mano. Lo abrió mientras caminaba detenidamente hacia mi. Me hizo gracia la forma del sobre, era un corazón rosado.
Lo leyó con lentitud y con una dulzura indiscutible.
- Eres el sol que me alumbra cada mañana. En medio de las nubes, apareciste tú, disparándole una flecha en mi pequeño corazón. ¿Por qué me enamoraría de ti? Un tesoro, una princesa, una pequeña diablilla que me robó la razón... No sé lo que eres realmente, solo puedo decirte que eres lo más grande que ocupa mi corazón - murmuró mirándome a los ojos mientras mi rostro intensificaba una increíble sonrisa y corría rápidamente ha abrazarle.
Él me siguió el abrazo con ternura. Le rodeé el cuello y lo miré fijamente.
- ¿Enserio lo has escrito tú? - le miré alzando una ceja.
- Mmm... En realidad... La de la floristería me echó una mano. Unir palabras no es lo mío, princesa - susurró muy cerca de mis labios mientras acariciaba mi mejilla.
- Eres temiblemente perfecto, Henry - apoyé mi frente sobre la suya mientras cerraba los ojos y sonreía como una boba.
- Creo que me estoy enamorando de ti - expresó muy sincero buscando mi mirada.
- Yo ya lo estoy - murmuré mientras soltaba una risita muy floja.
- Mmm... Si me quitaran ahora tus labios no sabría que hacer - se relamió los labios mientras bajaba sus manos por mi cintura.
- Eso nunca. Mis labios ya están pegados a los tuyos con súper glu - reí mientras hundía mis labios en los suyos y saboreaba el tierno sabor de su boca - ¿Has desayunado ya?
- La verdad es que no. Tengo un hambre... Moriría por unos Woffles de chocolate extrafino -  indicó alargando la última palabra.
- Mmm... ¿Te vale chocolate con leche? - dije embozando una sonrisa mientras inclinaba la cabeza.
- Mientras esté contigo, cualquier cosa me vale - murmuró mientras me cogía de la mano tirando de mi.
- Pues entonces entra. Los woffles te esperan - me separé de él y sabiendo que su mirada estaba fija en mi. Meneé las caderas sonriendo abiertamente.
Me gustaba torturarlo aunque solo fuera un poco.
Nada más entrar, dejé el ramo de flores en un jarrón lleno de agua. Así, evitaba que las rosas se marchitarán.
Después de zamparnos todo el desayuno y la tarrina entera de Woffles. Nos sentamos a conversar en el sofá.
Henry me atrapó entre sus brazos sentándome sobre sus piernas. Lo hice sin rechistar y me volteé para mirarle fijamente a los ojos.







- ¿Qué somos exactamente? - dije mientras le rodeaba el cuello con mis brazos y Henry bajaba las manos hasta mi trasero.
- ¿Y tú, qué quieres ser? - mencionó juguetón mientras recorría mis papilas gustativas. Al
separarse de mis labios, le miré pensativa.
- No lo sé, pero estoy completamente segura de que una amistad es lo que menos deseo - me mordí el labio mientras él acariciaba mi espalda con suavidad.
- Podemos ser algo más... Siempre que tú lo desees - susurró sensualmente a mi oído mientras yo emitía un gemido muy suave.
- Me has leído la mente. Lo deseo tanto... - le sonreí alzando la mirada.
Él continuó su trayecto por mi cuerpo.
Me subió la camiseta de tiras cuidadosamente. Yo alce mis brazos para facilitárselo. Me la quitó completamente y se deshizo de ella dejándola sobre la otra plaza del sofá.
Continuó acariciando mi trasero mientras me deleitaba dejando una línea de numerosos besos desde el lóbulo de mi oreja hasta mi vientre totalmente desnudo. Gemí muy bajo sonrojándome. Por un momento quise pararlo, apartarlo de mi cuerpo pero no era capaz de hacerlo. Él me lo impedía. Hundió la cabeza en mi cuello y comenzó a besármelo provocando ligeras marcas en el mismo.
Mis caderas comenzaron a moverse. Henry continuó besándome mientras emitía suaves risas que recorrían mi cuerpo como si fuera un escalofrío.







- Así que lo estás deseando... - susurró mientras accedía al abrocho de mi sujetador y acariciaba mi espalda.
- Y- yo n- no he dicho e- eso - dije tartamudeando mientras mi pulsación comenzaba a acelerarse por momentos.
Sonó un "Clip". Y noté como mi sostén se aflojaba mostrando mis senos.
Antes de que Henry pudiera verlos, me abracé a mi misma para que no tuviese acceso a ellos. Mis mejillas se tiñeron de rojo y mi cuerpo comenzó a temblar notablemente.
Henry, se recompuso y me miró fijamente.
- ¿Por qué te escondes? - dijo sonriendo mientras ponía sus manos sobre las mías.
- No puedo hacerlo, Henry. No... No quiero hacerlo - susurré nerviosa mientras él me observaba sin entender nada de lo que estaba pasando.
Él me miró a los ojos y luego ladeó la cabeza bajando la mirada.
- No lo entiendo. Siempre que deseo dar el siguiente paso... Te opones a ello. ¿Por qué coño no quieres acostarte conmigo? No tengo el SIDA si es lo que piensas - murmuró alzando la voz mientras apartaba sus manos de mi cuerpo.
- No es que no quiera hacerlo contigo. Verás... Puedo explicártelo. Si me dejas... - susurré cortante mientras bajaba la mirada.
- Si, por favor quiero oírlo - murmuró cruzándose de brazos..
Cogí mi camiseta y me la puse sin que él pudiera ver nada.
Luego, me senté a su lado y lo tomé de la mano. Él, me miró con seriedad esperando mis palabras.
- Me da mucha vergüenza ir contándolo por ahí. Por eso... No me atrevía ha contártelo - bajé la mirada nerviosa mientras mis piernas se balanceaban con nerviosidad.
- ¿Y bien? - preguntó invadiendo mis pensamientos.
¿Y ahora como podía explicárselo? ¿Me trataría de manera diferente cuando se lo contara?
Decidí probar suerte. La sinceridad siempre fue el mejor recurso.
- Soy creyente. Creo en Dios y en todo lo que tiene que ver con Jesucristo y la virgen. Siempre he tenido un cierto concepto propio sobre lo que es el sexo. Nunca, he querido hacerlo con un hombre hasta que él me demostrase que realmente me quería. Esas son mis condiciones pero nunca... Me atreví a hacerlo. Aunque, él tuviese muchas ganas y me lo suplicase. Tengo mis propias normas.
De pequeña, a los 13 años, soñaba con esto. Con este momento, con lo que debía hacer. Así no es como debe ser, así no es como debo comprobarlo... No es como yo soñé - expliqué en un murmullo mientras mordía mi labio inferior pensativa. Por fin, había podido soltarlo. Contarle mis mayores preocupaciones e intentar resolverlas como pudiésemos.
- ¿Qué...? ¿Intentas decirme? - me miró inexpresivo mirándome fijamente a los ojos.
- Nunca... Me acosté con ningún hombre y eso... Me asusta verdaderamente - acaricié su mano con ternura y alce mi mirada con los ojos humedecidos - Henry, soy... Virgen.
Henry, tragó saliva mirándome fijamente. Un silencio inundó la sala. Mientras él, se mantenía consumido en su mente. Yo me mordí el labio esperando que esta confesión no lo arruinara completamente todo.





Narra Érica:

La semana pasada la pasé muy cruda. Náuseas, vómitos, mareos... Y cada vez iba a peor. Esto llegó a preocuparme hasta el punto de dejarme convencer por mis amigas para darle una visita a mi médico personal. Además, frecuentemente voy continuamente al baño y solo tengo ganas de echarme a dormir todo el día. Antes estaba claro que no era así. Siempre fui muy activa aún para las cosas que nunca me chistaron demasiado el ojo.

Betsy y Allison, mis mejores amigas desde el instituto, se ofrecieron a acompañarme a la consulta del médico. La idea me pareció estupenda ya que era verdad que necesitaba cierto apoyo en esta situación.  Acepté su propuesta y quedamos a una hora concreta para acudir hoy mismo.
También hoy, operaban a Coque y los nervios eran totalmente de acero inoxidable. Se almacenaban en mi tripa provocándome un dolor insoportable desde diferentes puntos posibles.
Iría primero al hospital y luego al médico de cabecera con las chicas. Todo estaba planeado y no pensaba que nada fuese a fallar en el último momento.
Me vestí muy sencillamente. Lo primero que encontrara en el armario me iba bien.
Una camiseta de tiras, unos pantalones ajustados y las Nike de siempre. No me apetecía calzar zapato alto o sino me cansaría más. 




Nada más terminar de vestirme, unas ganas gigantescas de volver a potar inundaron mi cuerpo. Esto era una verdadera tortura...






Narra Coque:






El gran día había llegado y todos se alegraban de la decisión que había tomado. Jessy seguía impasible sin dirigirme apenas la palabra. Se supone que el que tendría que estar enfado fuera yo, ¿no?
La dejé a su aire. A veces no lograba seguirle el paso. Supuse que ya se le pasaría y seguí a lo mío. Llevaba toda la mañana firmando papeles y recibiendo numerosas visitas antes de la operación. Papeles sobre el permiso para la operación, el seguro del hospital, la plaza del quirófano, permisos para la reanimación y varias cosas más. Tantos papeles me estaban liando la cabeza. ¿Por qué había que firmar tantas cosas? Solo era una operación. No lo entendía.

Todos y cada uno de mis conocidos, amigos y familia se encontraban en la sala de espera unos minutos antes de que me llevasen al quirófano. 
Tenía ganas de verles, de charlar con ellos un poco antes de que ingresara en el mismo. Podía no volver a verlos jamás y tenía cierta ventaja sobre eso. No podían evitar que viera a mis familiares minutos antes de la misma.
La doctora se encontraba a mi lado controlando el riego sanguíneo y preparándome finalmente para la intervención. Parecía bastante segura de si misma y decidida en que haría todo lo posible para salvarme el pellejo. Eso calmaba mis nervios.

- Hoy es la operación. ¿Nervioso? - recordó mientras apuntaba en su pequeña libreta mi temperatura corporal y mi presión.
Miré a los alrededores distraído e intenté prestar atención a sus sabias palabras. Ella me estuvo apoyando durante todo este tiempo y me alegraba mucho de que fuera ella quien me operase hoy.
- Bastante -sonreí como pude jugueteando con mis dedos.
- Si todo sale bien, que saldrá - pronunció mirándome penetrante - Volverás de nuevo a casa en un abrir y cerrar de ojos.
- ¿Y si no puedes extirpar todo el tumor? - me apresuré a preguntar tragando saliva con nerviosismo.
- En el peor de los casos, si sale mal, tendrás que quedar un tiempo más extenso ingresado en el hospital. Pero tranquilo, todo está controlado y tiene muy buena pinta. Has mejorado mucho con la medicación y creo que todo saldrá estupendamente - me sonrió abiertamente con confianza y recogió todos los utensilios de medicina que se encontraban a mi alrededor.
- Eso espero, que lo extirpes completamente todo. Confío en usted, doctora - sonreí a su vez con cariño.
- ¡Ajá! Eso es lo importante, pensar en positivo - asintió haciendo una señal con las manos.
- Todo saldrá bien - dije más para mi mismo que para ella. Tenía que tener confianza en mi mismo y así tendría más posibilidades de salir del bache en el que me había metido.
- Verás... Tengo que decirte algo. Como sabrás, tienes a un montón de amigos, familia y compañeros aguardando poder verte antes de ingresar en el quirófano. Queda muy poco tiempo y las normas del hospital solo permiten que estén en una habitación como mucho cinco personas. Siento que tengas que elegir. Es una decisión importante. Yo me lo pensaría bien - se sentó a mi lado observándome con pena, compasión... 

Bien, tenía que pensar en esas cinco personas a las que podría no volver a ver nunca jamás. Estaba claro que algunas personas ya las tenía en mente pero... ¿cómo elegir entre todo el resto? 
Mi cabeza ya empezaba a dar vueltas y vueltas.

- ¿Solo cinco personas? ¿Ni una más ni una menos? - pregunté para aclararme.
- Ni una más ni una menos - me aclaró no resolviendo demasiado el lío mental que tenía entre mis manos.
Bufé contemplando a la doctora y ladeando la cabeza a la vez.
- Esto es muy duro.
- Lo sé por eso es importante que pienses bien a quien vas a elegir - me aconsejó con una entre sonrisa. 
Miré hacia en techo intentando buscar las respuestas en alguna parte de mi mente. Nadie me podía ayudar esta vez. Esta decisión la tenía que tomar yo solito. 
- Puede ser la última vez que vea a esas cinco personas. ¿Qué pasa con el resto? - pregunté mientras el corazón amenazaba con salirme del pecho.
- Coque, sintiéndolo mucho... Tengo que saber tu respuesta ya. No podemos esperar más. El tiempo se agota - mencionó irguiéndose mientras contemplaba por unos segundos su reloj de pulsera y fruncía el ceño.
- .................... - mencioné como si mi corazón estuviera a punto de estallar como un espejo.
Esta decisión me había costado sangre y sudor tomarla. Esperaba no haberme equivocado.
Mis ojos amenazaron con humedecerse pero estaba claro que yo era más fuerte y pude contra ese dolor inmenso que inundaba mis sentidos.
- Les diré que pasen. Tienen siete minutos. Ni uno más ni uno menos - pronunció firme saliendo por la puerta del cuarto. Suspiré mirando los alrededores y le dejé un lindo mensaje a mis padres recordándoles todo el amor que sentía por ellos. No obtuve respuesta. No me sorprendió lo bastante la verdad. Estarían ocupados, como siempre.

Poco tiempo después, entraron las cinco personas más importantes en mi vida: Mi hermana que lucía una sonrisa de oreja a oreja, Érica que aún se limpiaba los ojos de tanto sollozar, mis dos mejores amigos que vacilaron nada más verme y... Pris, que me había ayudado y apoyando desde que había ingresado en el hospital, obsequiándome con lindas visitas y contagiándome su buen humor.

- ¡Coque! - exclamó alzando la voz de mi hermana mientras corría rapidamente a abrazarme con ternura.

Todos me abrazaron, dejándome rojas las mejillas de tantos besucones en ellas y charlamos un largo rato sobre la operación. Ya faltaban pocos minutos y decidí expresarles el textazo que me había currado la noche anterior.

- Sé que puede ser la última vez que os vea, que hable con vosotros, que os vea felices y coreando... Sois las personas más importantes de mi vida. Esto va a sonar muy cursi pero es cierto, os quiero muchísimo. Y... pase lo que pase, ocurra lo que ocurra quiero que me prometáis que aunque yo no esté, vosotros seguiréis con vuestra vida y os olvidaréis de mi aunque yo nunca pueda olvidarme de vosotros - miré a cada uno de los presentes.

Ladeé la cabeza arrepintiéndome con mi decisión. Estaba claro que aunque Jessy estuviera enfadada conmigo o yo con ella, era la última vez que podría verla y eso me asustaba. Las lágrimas comenzaron a amenazar con salir de mi rostro. Esto era demasiado para mi y la necesitaba a ella. Mi dulce y preciada Jess que me había apoyado en todo momento siendo la más fiel de todas.

- Nunca, ¿me oyes? Nunca nos olvidaremos de ti - exclamó Érica mientras estallaba a sonrisas mientras gotas de agua salían sin freno por sus pupilas.

- Pase lo que pase. Siempre te llevaremos aquí, hermano - mencionó Miriam golpeándose el corazón levemente.

Sonreí bajando la mirada.

Esta, me cogió de la mano y besó mi mejilla de nuevo. ¿Cómo poder dejar todo esto? Tenía una hermana fantástica, una novia hermosa y unos amigos generosos que siempre se encontraban a mi lado cuando lo necesitaba. ¿Podía pedir algo más?


- Te quiero - susurró Érica volviendo a ocupar un lugar a mi lado y acariciando mi mejilla con ternura.

- Yo más y lo sabes. Nunca lo olvides, ¿vale? Tú y yo... - dejé la frase incompleta intentando aguantar las lágrimas de nuevo.

- ...Juntos hasta que Tom consiga cazar a Jerry - rió leve besándome con cariño y recuperó su compostura sin dejar de sujetarme la mano.

La abracé finalmente y esta dejó lugar a mis amigos.
Me soltó de la mano y se colocó justamente al lado de Miriam. Ambas se sonrieron mutuamente mientras Pris se mantenía lo más lejos posible del mundo.

- Eres mi mejor amigo, tio. Eres más fuerte que esa bestia infernal. Demuéstrale quien eres y dale su merecido - me apoyó Alex guiñándome el ojo y sonriéndome de oreja a oreja. Le abracé mientras las lágrimas salían por mis ojos. No podían aguantar más, tenían que salir disparadas fuese como fuese. No sabía si eran de alegría, de tristeza... Solo sé que eran sinceras y comunes.

- Exacto, hermano. Te pondrás bien - le siguió Mark abrazándome con más fuerza de la debida. Siempre fue un grandullón...

- Gracias chicos. Sois mi puta vida - sonreí intentando disimular las lágrimas y todos se colocaron al mi alrededor observándome con compasión.

Mi hermana dio un paso hacia delante y se sentó a mi lado. Me cogió de la mano y comenzó su discurso, su prueba moral... Sus votos. Eso me causó una sonrisa.

- ¿Te acuerdas de una frase muy sabia que nos dijo mamá? - preguntó sonándose la nariz.

- Recuerdo muchas - exclamé haciendo memoria.

- Nos dijo: "En lo bueno y en lo malo los que son verdaderos amigos siempre te apoyarán hasta el final y serán tu paño de lágrimas cuando lo necesites".

- Lo recuerdo. Me lo dijo cuando James se portó muy mal conmigo. Mamá y sus consejos... - puse los ojos en blanco acordándome de pequeños detalles. Mi vida en dos segundos. Si, eso fue exactamente lo que vi.

- Y siempre te ayudaron. Pensarás que todos nos despedimos de ti y te asusta pensar que vas a morir pero si tienes confianza y luchas por sobrevivir lo harás. Todo está en tu mente, hermano. Lucha y vence al tumor que te acecha por dentro. Has actuado bien, no has sido un hermano para mi sino un padre. Gracias por todo, por no dejarme caer y por levantarme siempre. Te quiero - aclaró con los ojos humedecidos mientras nos hundíamos en un tierno abrazo.

- Tu hermano mayor es duro de pelar - le guiñé un ojo nada más separarse y miré a los alrededores sonriente.

Las lágrimas rodaron por sus mejillas. Verla en ese estado hacía que me congelara la moral. Nunca la había visto así.

- Te quiero, hermanita - le recordé con una entre sonrisa.

Sentimos como la puerta se abría de golpe. Todos miramos en esa dirección. La doctora se asomó por la puerta y nada más vernos cambió su expresión.

- Es la hora - mencionó volviendo a desaparecer por la puerta.

Todos salieron de la habitación y justo en el momento en el que Pris estaba a punto de desaparecer por la puerta balbuceé su nombre en voz alta.

Ella se acercó a mi.

- Aunque no te conozca desde hace mucho eso no impide que no me pueda despedir como dios manda - reí flojo y ella sonrió abrazándome con ternura - Gracias por todo, enserio. Tu apoyo fue muy importante para mi. Ya eres parte de la familia - sonreí de medio lado agradeciéndoselo.

- No hay de qué - asintió cariñosa - Ya verás como todo sale bien.
Otra dándome ánimos. ¿Siempre tenían que decir eso?

- Eso espero - suspiré y ella se volteó intentando seguir su camino.

- Una cosa más antes de que te vayas... - se giró mirando a mi dirección - Dile a Jess que la quiero y que lamento todo esto. Dile que no estoy enfadado y que gracias por todo lo que hizo por mi. ¿Si?

Ella sonrió aguantándose en el pomo de la puerta.

- Se lo diré, no te preocupes.

Aquellas fueron sus últimas palabras antes de perderla de vista por la puerta. Salió de la habitación y poco después, la doctora volvió a asomarse.

- ¿Preparado? - se acercó a mi camilla apoyando sus manos en la misma.

- Eh... si - me sequé el resto de las lágrimas que aún rodaban por mi rostro y sonreí forzosamente.
- ¿Seguro? - insistió alzando una ceja.
- Nunca he hablado tan enserio - la miré fijamente afirmando. 

Ella me observó a la vez y al verme verdaderamente decidido, decidió emprender el viaje hasta el quirófano. 

- Pues vamos allá.
Y así fue, me llevó por los corredores del hospital junto a un montón de enfermeras y el anestesista.
Pasamos justo por en lado de la sala de espera. Allí estaban Pris y Miriam hablando sobre cuanto duraría la operación, Alex y Mark mordiéndose las uñas, viejos compañeros de clase despidiéndose del resto y un poco más al fondo, visualicé a la pequeña Jess jugueteando con el colgante que le regalé por su cumpleaños. La miré con tristeza, ella se notaba que estaba terriblemente asustada. No pensé en ello, cuando me dijo que no me operase. Tal vez tuviese miedo, miedo a perderme, a no volver a verme...
Mis pensamientos se encontraron en el interior del ascensor. La doctora me cogía de la mano para tranquilizarme mientras el anestesista preparaba todos los utensilios necesarios.
Esos cinco minutos en el ascensor se me hicieron tan poco, mis pensamientos no dejaban de atiborrarme la cabeza. ¿Por qué no me despedí de Jess? ¿Por qué? Tal vez, nunca volviera a verla.
Nada más llegar, entramos en el quirófano número 4.
Solo recuerdo, que había mucha luz y un montón de máquinas que ignoraba la función que realizaban.
Mientras me trasladaban de una camilla a otra, la doctora se fue a lavar y desinfectar las manos.
Cuando volvió, las enfermeras le ayudaron a ponerse los guantes y a hacer el nudo de la mascarilla de su nuca.
El anestesista me acercó una mascarilla para anestesiarme.
La doctora le paró y se acercó a mi con una sonrisa forzada. Mis ojos se humedecieron, expresaban un miedo incondicional a lo que pudiera suceder.
- Te prometo que haré todo lo posible para matar a ese monstruo que te come las entrañas.
Solo pude asentir, eso me tranquilizó un poco aunque no lo suficiente.
- Una cosa, si me ocurre algo... Dile a Jess... Que lo siento mucho y que sigo conservando su corazón - llevé mi mano hacia mi pecho y se lo mostré con una sonrisa- como ella siempre conservará el mío.
- No hará falta, podrás decírselo tú mismo - rió flojo volviendo a acomodarme los brazos - Y ahora cuenta desde diez hasta cero.
- Vale - miré hacia al techo y resoplé - Pensaré en ovejitas.
La doctora sonrió sin decir nada.
El anestesista me colocó la mascarilla con cuidado.
Comencé la cuenta atrás. Noté como al ir avanzando, mis ojos se entrecerraban y el sueño comenzaba a apoderarse de mi.
- Diez, nueve, ocho, siete, seis, cinco,cua...
Y cerré los ojos, aunque sentía todo lo que ocurría. Mis oídos estaban alerta.
- Es un gran día para salvar vidas. Comencemos. ¡Bisturí!
Sonreí inconscientemente y me profundicé entre mis propios pensamientos. ¿Qué podía pasar?









Narrador Omnisciente



Miriam se encontraba con Dani en la sala de espera. Este, decidió darle una sorpresa y acompañarle en un día como este. Suerte, que hoy se había cogido el día libre.

Pris, se mantenía un poco alejada charlando tranquilamente con los amigos de Coque. Maioritariamente de la operación en si.
Jessy se mantenía alejada del resto, sentada sobre uno de los asientos mientras controlaba la hora para encontrarse con Carlos un rato más tarde.
Todos estaban que se
subían de las paredes. Nerviosos, extresados, apenados, inquietos... Aunque ninguno perdía la esperanza.
Los demás compañeros de Coque ya se habían ido. Solo quedaban sus familiares y sus amigos más cercanos.
Todo tendía de un hilo. O el tumor era vencido o este se proclamaba el ganador.









Narra Érica:



Según la enfermera, la operación duraría nueve horas o incluso más si se encontraban con algún tipo de complicaciones.
Decidí irme de allí con la excusa de que tenía una revisión médica. Lo cual era cierto.
Le pedí a Miriam que me llamara si surgía algo... Ella me dijo que no me preocupase que todo estaba controlado y que me llamaría en el peor de los casos. Se lo agradecí muchísimo.
Quedé con mis mejores amigas frente la consulta de médico.
Ellas, aguardaron en la sala de espera mientras a mi me tocaba entrar. Era mi turno.
Nada más entrar, lo único que visualicé fue al doctor sentado en su mesa ordenando un lote de papeles sobre sus pacientes.
Levantó la mirada y me saludó.
- Buenos días. Soy el doctor Julián - se presentó levantándose y tendiéndome la mano con seriedad. La acepté y permanecí seria.
- Encantada... - pronuncié no muy confiada. ¿Dónde estaba mi doctor de cabecera?
¿Se había largado sin dejar huella?
- Igualmente. Tome asiento - mencionó apuntando en su cuaderno y visualizando en su ordenador.
Me senté cómodamente cruzando mis piernas y miré a los alrededores sin saber muy bien que hacer.
- ¿Y el doctor Harrison? - murmuré para interrumpir el silencio.
- Se encuentra de vacaciones - asintió sin mirarme - Deme su tarjeta sanitaria, por favor - pidió extendiendo la mano.
La saqué de mi cartera y se la entregué al momento.
- Gracias - agradeció mientras se pasaba un buen rato tecleando en su ordenador mirando todos mis datos personales y prosigió a interrogarme finalmente.
- Dígame. ¿Qué le ocurre? - se acomodó sus gafas tan enormes que se apoyaban en la punta de su nariz y me observó con los brazos cruzados.
- Pues... Hace una semana, más o menos que no me encuentro bien. Y empieza a ser...preocupante - le solté tensa.
- ¿Síntomas? - siguió apuntando en su ordenador. ¿Enserio? ¿Lo va a dejar todo escrito en su portatodo?
- Mareos, náuseas, vómitos, dolor de cabeza, de estómago, insomnio... - dejé las palabras en el aire.
- Entiendo... Túmbese en la camilla. Voy a examinarle - aclaró poniéndose de pie y alistando la camilla para mi.
Me tumbe como me dijo mirando al techo y Julián me tomó la tensión, comprobó mi respiración, los latidos de mi corazón y me hizo una prueba para saber la cantidad de glícidos que contenía en mi cuerpo.
Él asentía a cada vez y finalmente, terminó de examinarme por completo.
Nos sentamos y prosigió a explicarme mi estado físico.
- Bien. Mire... Todo apunta a que pueda ser una leve gastroenteritis - anunció acomodándose en su asiento.
- Si, puede ser.
- ¿A tenido relaciones sexuales últimamente? - me preguntó entrometiéndose. ¿Pero a usted que coño le importa con quien lo haga o deje de hacerlo?
- Hace unas semanas. ¿Por qué? - fruncí el ceño incómoda ante tal pregunta.
- ¿Tomaste protección? - insinuó mirándome fijamente aguardando una respuesta.
Me quedé pensativa sin saber que responder. ¿Henry tomó precauciones? ¿Se preocupó a caso de hacerlo?
Tragué saliva mirando hacia otro lado.
- Me lo imaginaba. Verá, yo le daré este test de embarazo y luego tendrá que pedir cita en el ginecólogo. Si, da negativo. No se olvide de volver por aquí y le recetaré los antibióticos necesarios para la gastroenteritis.
Yo podría saber si está embarazada pero no tengo las maquinarias necesarias. Aunque no se preocupe, lo más seguro es que sea una simple gastroenteritis.
- Si... Gracias por todo... - dije sin saber como reaccionar.
- Bien.
Me entregó el test y los papeles con la tarjeta sanitaria. Me levanté y me dirigí a la puerta.
- Gracias doctor. Espero verle pronto - me despedí mirándole por última vez.
Y era cierto, lo deseaba con todas mis fuerzas. Si no... Eso significaría que estaba embarazada.
- Buenas tardes - susurró siguiendo a lo suyo.
Las chicas no estaban en la sala de espera. Al salir a fuera, me las encontré sentadas en un banco comiendo pipas Facundo y charlando de sus cosas.
Me acrequé a ellas con la cabeza gacha. ¿Enserio? No podía ser... Henry no podía ser tan idiota como para no usar un puto condón.
- ¡Hey! ¿Ya terminaste? - preguntó Betsy sentándose sobre sus piernas y mirándome fijamente con curiosidad.
- Emm... - no sabía que responderle.
- ¿Estás bien? ¿Qué te dijo el doctor?- se volteó Allison insistiendo a la vez.
- ¡Érica!
Fue lo único que escuché salir de la boca de ambas antes de perder el conocimiento.
Casi termino comiéndome el suelo. Menos mal, que Betsy me cogió a tiempo del brazo. Buenos reflejos, si señor. Ambas me cogieron y me sentaron sobre el banco.
Cuando comencé a recuperar el sentido, la vista volvió a su normalidad y recuperé el color con rapidez.
- ¿Estás mejor? - me preguntó Allison preocupándose por mi.
- Si, fue un pequeño mareo. Los nervios... - me toqué la frente haciendo una mueca.
-Son traicioneros - continuó Betsy.
- Eri, ¿Qué pasó en la consulta? ¿Por qué te encuentras tan mal? - volvió a interceder Allison.
Me acarició el brazo con delicadeza y me sonrió con ternura.
- Pues, el médico me dijo que podía ser gastroenteritis o... - me quedé callada con la cabeza gacha.
- ¿ O qué? - se interesó Betsy de nuevo.
Saqué del bolsillo de mi cazadora, el test de embarazo que me dio el médico. Lo miré con detenimiento.
- ¡No! ¡No puede ser! - exclamó Betsy tapándose la boca con ambas manos.
- ¡Dios mío! - balbuceó Allison poco después.
- Justamente ahora, ahora que Coque está entre la vida y la muerte y Henry... Desapareció. Justo ahora - refunfuñé para mi misma recordando a Coque.
- No digas eso. Seguro que solo es un susto sin importancia - dijo Allison acariciando mi espalda con cariño.
- Eso - le siguió Betsy - Oye, veniros a mi apartamento. Hazte la prueba allí - propuso como si fuera una espléndida idea.
- Si, en la mía están mis padres y no creo que les haga mucha gracia todo esto - ladeé la cabeza. ¡Mis padres! Me matarán cuando se enteren.
- Ya... - me dio la razón Alli.
- Venga. Vámonos - se levantó Betsy tirando de nosotras para que le acompañásemos.
El edificio de Betsy estaba muy cerca. Caminamos hasta allí charlando sobre las posibilidades de que estuviera preñada. Algunos comentarios me hacían reír en cambio otros... Me dejaban pensativa.
¿Y si salía positivo? ¿Qué haría?
- No te preocupes, Eri. Todo saldrá bien - me sonrió Betsy.








Narra Miriam




Mi hermano se encontraba ya en quirófano. Derek me llamó por la mañana para darme ánimos. La verdad es que agradecí su llamada ya que me tranquilizó un poco los nervios.
Dani, me había sorprendido haciéndome compañía mientras aguardaba. Estar con él me ofrecía mucha confianza.
Me calmaba, me decía cosas lindas... Positividad ante todo. ¡Si, señor!
Yo solo aguardaba mientras Jessy se mantenía alejada jugando con un colgante que tenía colgado en el pecho, Pris me tranquilizaba de vez en cuando y los amigos y conocidos de Coque se iban marchando a ratos.
Solo quedamos Pris, Alex, Mark, Jessy, Dani y yo. Mientras las horas no dejaban de pasar y pasar.
- Ya pasaron dos horas - anunció Mark jugueteando con sus dedos mientras miraba aburrido su reloj de pulsera.
- Si - comprobó Dani.
- Dijeron que nos informarían, macho - protestó Alex.
- Solo si todo salía bien - se entrometió Pris que se sentó al lado de Mark y el mío.
- Y no había complicaciones - rematé mirando a todos.
Jessy, nos escuchaba pero no miraba en nuestra dirección. Se mantenía alejada de nosotros.
- Jessy - llamé su atención - ¿Estás bien? - fruncí el ceño mirándola.
Ella rodó los ojos y se levantó con el móvil en las manos.
- Tengo que irme. No aguanto estar aquí. Las enfermeras se debieron de perder y las noticias seguro que son malas - dijo mirando lo que tenía entre las manos.
- Te entiendo - susurré no muy segura.
- Me piro - suspiró cogiendo su cazadora.
Siguió su camino sin ni siquiera despedirse de nosotros y todos nos miramos sin saber como reaccionar.
- Tranquila, me quedaré contigo el tiempo que haga falta - murmuró bajo Dani a mi oído.
- Gracias - le miré con cariño besando su mejilla.
- Todo saldrá bien - inclinó la cabeza para verme mejor y acarició la palma de mi mano con ternura haciéndome cosquillitas.
- Lo sé - miré al frente y bufé. Todo esto me agobiaba demasiado.















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