domingo, 5 de abril de 2015

CAPÍTULO 21: NO ME OBLIGUES A DEJARTE SOLA


DÍA: 8 DE AGOSTO









Narra Miriam:


Pues continuamos hablando hasta que llegamos a la cafetería. De regreso a la UCI, Pris me estuvo contando su aventura entre Álvaro y el policía nacional. ¿Quién iba a decir que se encontrarían en ese justo momento?



- ¿Ascediste los límites de velocidad? - le pregunté asombrada.

- Si, ciento ochenta por hora por la autopista del centro.
Lo cual me costó quinientos euros.

- Madre mía - exclamé - a esa velocidad no me impacta que te hallan puesto una multa de cifras tan elevadas.

- ¿Nunca has probado la sensación de acelerar a una velocidad devastadora por las calles más conocidas de Barcelona? -  noté una emoción en su mirada.

- No, ¿por qué avanzar a esa velocidad cuando no necesito llegar urgentemente a un lugar?

- Es por la adrenalina que recorre tus sentidos, es algo emocionante. Deberías probarlo, un día iremos juntas - me sonrió, era muy atrevida y audaz. A veces, esta chica me daba miedo...

- Estás loca - le dije en tono irónico, sin levantar mucho la voz por los pasillos del hospital.

- Bueno, parece que Coque va mejorando - cambió inmediatamente de tema.

- Si - mi sonrisa desaparece y mi rostro se vuelve de pronto preocupante - le han realizado las pruebas y más tarde nos darán los resultados de las mismas.

- ¿ Y tú como estás? - preguntó rozándome el brazo.

-  ¿Yo? - asintió y hice una pequeña pausa - Aquí el importante es mi hermano. Su salud corre peligro por una infantil pelea.

- Eii, tú también importas, eres su único apoyo familiar en estos momentos. Te necesita fuerte, con muchos ánimos y positiva.

- Me siento...triste pero al ver que está mejorando radicalmente pues...me alegra.
Pienso que él no se merecía lo que le ha ocurrido y daría lo que fuera por ocupar su lugar en en estos momentos, necesito saber lo que realmente siente y lo que quiere hacer después de todo lo que ha pasado estos días.

- Vamos, no digas eso. ¿Te sientes culpable?

- Un poco.

- Ni tú, ni Henry, ni Coque tenéis la culpa de que ahora mismo él este en el hospital.
Fruncí el ceño consternada, sorprendida y anonadada.

- ¿Entonces quién tiene la culpa sino Henry?

- La chica de quien los dos están enamorados.

- ¿Insinuas que Érica es la culpable de todo este lío y que Henry no tiene absolutamente nada que ver?

¿Enserio? ¿No tiene Henry la culpa de que pegara a mi hermano? ¿No es culpable? ¿Sus manos no fueron las que le hicieron daño a Coque?
Pris escondía la verdad, le daba la vuelta a la tortilla. Nadie, absolutamente nadie, opinaba lo mismo que ella.

- Fue ella quien ocultó toda la verdad, le dijo a Henry que estaba saliendo con tu hermano y si se hubiera callado la boca no estaríamos hoy aquí preguntándonos por unos dichosos análisis.

- No opino lo mismo pero fuera de quien fuera la culpa, todo lo peor se lo ha cargado Coque y esto no quedará así. Pagarán justos por pecadores. Como alguien vuelva a tocarle un sólo pelo a mi hermano, se las verán conmigo.

- Y nosotras te ayudaremos - sonrió para tranquilizarme pero no le funcionó.

- Gracias, es muy importante para mí que me apoyéis en esto - me acerqué a ella y le dí un agradable abrazo. Aquello me hizo sentir mucho mejor.
Necesitaba un apoyo moral para superar esto y los abrazos que me regalaba Pris eran de lo más irresistibles y tiernos.

Nos separamos y seguimos recorriendo las espantosas habitaciones de la planta de pediatría.

- Oye, Miriam.

- Dime.

- ¿Dani no te ofreció su número de teléfono?

- Si, ¿qué tiene que ver eso con lo que estamos hablando?

- ¿Por qué no lo telefoneas y elegís un sitio concreto para quedar y veros?
Es un privilegio tener el número de tu ídolo y no utilizarlo es una aberración.
Él te aconsejará, ha tenido problemas como los tuyos en su familia y sabrá entender todo lo que te está pasando.

- Es...una buena idea pero no estoy segura de que llamarlo para que me ayude a subir la moral le parezca decente y acepte. Me ofreció su número para informarlo sobre mi carrera no para que le cuente mis problemas que para eso están los psicólogos.

- ¿Quieres ir al psicólogo?

- Claro que no, era un ejemplo digno a lo que estamos hablando.

- Bueno... haz lo que creas correcto pero yo te lo recomiendo. Te hará sentir mucho mejor.

Llegamos a la UCI y como me apetecía continuar la intensa conversación con Pris, nos sentamos en los asientos que componían la sala de espera, nos acomodamos y retomamos el rumbo de nuestra conversa hace unos minutos.


- Yo respecto tu opinión pero creo que Henry es el culpable de todo esto.
Le pegó a mi hermano - intenté que cambiara de opinión pero realmente era imposible y me cabreaba que defendiera a mi ex-mejor amigo.

- Yo opino que Henry no tiene la culpa, se lo ocultaron, cuando Érica sabía que estaba enamorado de ella. Todos estáis cabreados con él cuando a mí no me parece justo, sólo intenta conquistar a la chica de sus sueños. No sé realmente lo que es estar enamorada pero comprendo que es duro ver como la chica de quien estás enamorado pasa completamente de ti - parecía muy convincente pero seguía sin entender porque opinaba de esa manera, veía las cosas del revés, se fijaba en los pequeños detalles y no le importaba lo esencial en toda la disputa.

- ¿Intentas protegerle? Te recuerdo que por su culpa Coque está ahora mismo en una cama de hospital pensando si morirá o si será un fiambre el resto de su vida - le contesté levantando el tono de voz.

- No me esperaba esto de ti. Comprende que está sólo en esto y necesita un apoyo igual que Coque.
La diferencia es que Coque posee un gran apoyo pero él no - me recriminó cogiendo su cazadora y erguiéndose.

- Priscila Mareu, ¿a dónde coño vas?

- A disfrutar de la vida a mi manera.

- ¿Cómo?

- Bye - dijo marchándose.

No pude evitar ponerme de mal humor.

- Te advierto que como elijas a Henry no te molestes en volver - le grité desde lo lejos.

- Es tu mejor amigo y, ¿ahora no quieres saber nada acerca de él? ¿Qué coño te pasa, Miriam? - se volteó observándome.

- Era mi mejor amigo, ya no - mi enfado se hizo más intenso.

- ¿No sabes perdonar?

- Una cosa así no se perdona tan fácilmente - mi voz se apagço convirtiéndose en tenue y ronca.

- Deberías avergonzarte por tus actos.

- No tengo por qué.

Se alejó dejándome completamente sola.

- Como salgas por esa puerta no habrá vuelta atrás - chillé en un intento fallido.

Pasaba de mí, creo que estaba enfadada o algo por el estilo. Tendría que ser yo la que estuviese ecabreada, teniendo en cuenta las fuertes palabras que me dijo. No la entendía.

Sostení en mis manos la botella de agua. Pensando la mejor forma de salir de esta.

-  Tranquila, lo he oído todo y... - mencionó Derek compasivo.

Le miré y sin responderle miré al frente persuasivamente.

Se sentó en el asiento de al lado. Apoyé mi cabeza en su hombro mientras me acariciaba la mejilla.

- ¿Puedes contarme que ha pasado?
Se escuchaban los gritos desde el final del pasillo - me preguntó intrigado, compadeciéndose de mí.

- No es nada - bajé la cabeza trastornada, confundida. Tenía un lío impresionante y necesitaba aclarar mis ideas.

- ¿No confías en mi? - me miró fijamente.

- Claro que confío en ti.

- Pues cuéntamelo. Te sentirás mejor si lo compartes con una persona - me cogió cariñosamente de la mano y me la besó consternado.

- Pues... es sobre el tema de la refriega entre Coque y Henry - hice una pequeña pausa. Recordé que a Derek no le iban esos rollos de peleas y luchas. Tal vez, le resultase incómodo escuchar mi horrible resumen de la disputa con Pris.

- Sin dudar, sin miedo. Recuérdalo - ¿Por qué cada vez que abría la boca resultaba tan tierno?
Él me tranquilizaba y realmente me entendía.

- Pris opina que toda la culpa fue de Érica por contarle a Henry que estaba comprometida y defiende a Henry. Piensa que cuando uno está enamorado hace todo lo posible por conseguir a la chica de sus sueños. No lo entiendo, el afectado es Coque y no tengo ningún rastro de compasión ante Henry.
Tiene lo que se merece.

- Yo si me pusiera en su lugar...si tú estuvieras enamorada, por ejemplo, de otro hombre, lucharía por ti pero si descubro que verdaderamente le quieres con locura y él a ti pues te dejaría ir porque prefiero verte feliz a que estés a mi lado. ¿Por qué intentar tener una relación con una chica que no te desea y que no es feliz a tu lado? Pero hay personas que no lo entienden, que luchan a más no poder para conseguirla pero hay que saber también parar. Contemplarla desde lo lejos.

- Henry nunca se rinde, lucha y es muy valiente. Es una de sus mayores cualidades pero a veces...le perjudica - alcé la mirada y centré toda mi atención a la dulce y llena de deseo mirada de Derek.

- Tienes que comprender que no todos opinan igual que tú pero...si en algo se equivocó gravemente fue en pegarle a tu hermano por una chica. Siempre he pensado que la amistad está por encima de todo.

- ¿Tú de que parte estás? - pregunté intrigada.

- Eso no importa.

- No has respondido a mi pregunta - respondí bruscamente bajando la mirada a los nudillos de mis puños cerrados.

- Miriam, no estoy a favor de ningún bando. Entiende que las luchas no son lo mío, es más, las odio.

- Lo sé. Lo entiendo, por supuesto.

- Lo arreglarás con Pris, ya verás - me sonrió y me acarició la mejilla.

- Ojalá.

- Oye, tengo que hablarte de un negocio que tengo entre manos. Si estás mejor claro.

- ¿Qué sucede? - pregunté sorprendida.

Derek nunca me había hablado de "negocios" ya que sólo con escuchar la palabra ya me resultaba aburrido.

- Verás... ¿no me has contado que buscabas trabajo?

- Si, cuando empiece con las clases me gustaría tener un trabajo aparte para tener mi propio sueldo.

- Pues tu búsqueda a terminado.

Fruncí el ceño. ¿Mi búsqueda había terminado? ¿Cómo? Sólo llevaba una semana buscando trabajo y llegaba él y...me sorprendía siempre, por eso era tan especial.

- En mi tienda, una de las trabajadoras ha abandonado el trabajo por su inesperado embarazo. No estaba previsto que abandonara de un día para otro. Necesito otra ayudante, el trabajo es muy sencillo. ¿Recuerdas cuando te mostré el Toyota?

Como no acordarme, allí fue donde comenzó todo.
Si no tuviese la maravillosa idea de comprar un coche ahora mismo no conocería a Derek.
Asentí y le ofrecí una de mis mejores sonrisas.

- Te encandilé para venderte una pieza de mi preciada colección y eso es lo que tendrías que hacer tú.

- ¿Estás ofreciéndome trabajo en tu empresa? - pregunté asombrada.

- Piensa que estaríamos constantemente juntos y que podríamos vernos en cualquier momento, quiero decir...

- Sé lo que quieres decir pero... ¿por qué yo?

- Eres tan inocente. Resultas increíblemente perfecta y adecuada para el puesto, tienes un potencial impresionante. Además, sabes negociar bastante bien, conseguiste que te rebajará casi el 50% del precio original del vehículo.

Derek realmente me quería para el puesto. Era una muy buena oferta.

- Tengo que pensármelo pero me parece una muy buena idea.

- ¿Si? - su cara de sorpresa me hizo ruborizarme y sonreí tímidamente.

Siempre encontraba las palabras perfectas para encandilarme. Tenía años de experiencia en el mundo de los negocios, trampas e informes. Ese hombre sabía perfectamente lo que hacía.

- Podemos comentarlo, ¿cuándo te parece bien?

Valla que impaciente. Mi novio quería ofrecerme trabajo era algo muy ¿amable y romántico por su parte?

Vale.

- O sea que si accedo, pasarás de ser mi novio a ser mi... ¿jefe?

- ¿ Lo preguntas o lo afirmas?

- Lo pregunto.

- Seré tu jefe en horas de trabajo.

¡Madre mía! ¿Soportar los encantos de Derek durante horas y horas? Era un sueño hecho realidad.

- Una cosa, no tengo mucha experiencia en automóviles.

- Ohh, no te preocupes por eso. Tendrás una tableta donde podrás buscar toda la información del vehículo en nuestra página oficial.

¡Valla, esto va enserio! Derek estaba muy modernizado y la idea de trabajar para él era tentadora.

- Eso si, nadie se podría enterar de lo nuestro. La nueva ley prohibe las relaciones entre empleados y menos entre el jefe y su funcionaria - hizo una pequeña pausa - te adaptarías muy bien a los compañeros y a la clientela.

La idea de trabajar y de que Derek fuera mi jefe se me hacía irresistible, no se podía decir que no a semejante propuesta.
Me mordí el labio inferior pensativa.

- Piénsatelo y lo hablaremos pero cuanto antes comiences a trabajar mejor.

- Gracias Derek. Me apasiona la idea de trabajar a tu lado. ¿Qué pasaría si hiciera algo mal?- preguntó en voz sensual y persuasiva.

- Te castigaré y el castigo... créeme, será muy agradable para los dos.

Mmm... cada vez tenía más fuerzas, más valor y más ganas de decirle que si.

- ¿Te parece que hablemos sobre esto el miércoles?

- Claro, piénsatelo, cenaremos y hablaremos del contrato - no pude evitar soltar una media sonrisa, no me lo esperaba, era algo emocionante.

- Te quiero, tonto - le susurré al oído mientras seguía apoyada en su hombro, era tan...










Narra Henry:




- ¿A dónde crees que vas?

Me giré para ver quien era y porque me hablaba de esa forma tan vulgar e inocente.
Rápido, debía pensar una excusa o los lobos me comerían. No dudes, sabes mentir, sabes hacer lo que te propongas y nadie puede impedirte hacerlo.

- Venía a ver a Érica.

Bien hecho, me decía la voz de mi subconsciencia. Engañar al padre de Érica era una cosa bastante complicada pero lo había conseguido aún sin saber mentir.

- Érica se marchó hace un rato. ¿Por dónde entraste?

- La puerta estaba abierta. La abrí con facilidad.

- La habrá dejado alguien abierta.

No me lo podía creer, esto funcionaba.

- Si quieres le digo que has venido o le digo algo de tu parte.

- No hace falta Señor Sloan. Ya la llamaré.

- ¿Estás seguro?

- Si.

- ¿Eres amigo de mi hija?

- Si.

- ¿Quieres tomar un Red Bull o algo?

- Gracias pero no bebo.

- ¿Cuántos años tienes?

- Dieciocho. Tengo que irme señor, me alegro de haberle conocido.

- Y yo a ti.

Le di un apretón de manos y le sonreí como diciendo " Me cae usted bastante bien, Señor Sloan". La verdad era que intentaba darle una buena impresión a los padres de Érica.

- Hasta pronto.

- Adiós.

Sonreí cálidamente y le di las gracias. Por fin, salía victorioso de la casa infernal y recorría las deslumbrantes y ajenas calzadas hasta mi moral casa.


¿Le habría caído bien?



Me preguntaba ante tal expectación.










Narra Pris:



Salí precipitadamente del hospital. Una rabia recorría mi cuerpo.

Necesitaba hablar con Henry, quería escuchar su propia versión de todo lo ocurrido.
Creo que él no se merecía esto, que todos los rechazaran y lo dejaran de lado.

Subí a mi 4x4 y recordé mi multa de hace unas horas, reducí mi velocidad y me aventuré por la autopista pensando en mi encuentro con Álvaro.
Me arrepentía de no haberle propuesto tomar un café en el restaurante más próximo, necesitaba alguien que me escuchara y poder desestresarme. En pocos minutos, llegué a casa de Henry, gracias a la dirección que me había dado hace mucho tiempo Miriam, no sabía si tenía que fiarme de ella...       ¿realmente estaba cabreada por una tontería como la de apoyar a una persona?¿Qué había hecho Henry? No mató a nadie (bueno...estuvo a punto.)










Narra Coque:







Estaba demasiado cerca de Jessy, sentía su aliento en mi cabellera y su olor...me encantaba.

Olía a perfume de rosas blancas y ese olor me encantaba.

De repente, volví a escuchar el sonido de la puerta. Al parecer, Jessy también lo escuchó y se erguió de la cama en un abrir y cerrar de ojos.

Que oportuna, la doctora se acercó. Llevaba unos informes en la mano y parecía bastante más seria de lo normal.

- Buenos días -  nos saludó contemplándonos detenidamente.

- Dígame que lo que tiene en las manos son los papeles del alta - sonreí irónicamente.

- Me temo que no - no le hizo gracia para nada mis comentarios - son los resultados de las pruebas.

Jessy levantó la cabeza, sorprendida, me miró fijamente y luego a la doctora.

Si, has escuchado bien.

- Por lo visto - suspiré - los resultados no...son de lo más agradable - me miré las manos dudoso.

- Álvaro.

- Si no le importa, prefiero que me llame Coque.

- Por supuesto, Coque. Hablaré con tu hermana de los resultados y después los comentaré contigo. Lo único que necesitamos ahora es que te sientas extresado y que pienses en negativo...lo empeora.

- Gracias doctora.

- Descansa. Ah, por cierto, tienes una visita muy especial. ¿Le dejó entrar?
Fruncí el ceño, no esperaba más visitas.

- Vale, díselo.

Escuché unos susurros, la doctora estaba hablando con una chica, no puede entender con claridad de lo que estaban hablando.

En unos segundos, vi entrar a Érica que corría a abrazarme casi llorando. Lancé una mirada a Jessy que nos observaba entrecortada en una esquina de la habitación, bajó la cabeza.

- Me alegro de verte, ¿estás bien? - me cogió de la mano y me miró con ojos saltones llenos de preocupación.

- Bien, ¡ja! - susurró Jessy desde el fondo del cuarto.

- ¿Tienes algo que decir, bonita?

- Si te digo lo que pienso posiblemente tengan que venir a separarnos - sonrió ingenuamente.
Érica me soltó de la mano y presionó levemente los puños.
¡Oh no! Ya empezabamos... Clara señal de que se estaba cabreando y eso me ponía muy nervioso.

- Dilo, venga. ¿No te atreves? ¿Acaso me tienes miedo? - dijo en tono de burla, provocándola.

- No deberías ni presentarte aquí después de lo que has hecho. Te mereces que te echen a patadas - hizo una mueca de disgusto y de asco.

- ¿¿Perdona?? Aquí la que sobras eres tú, bonita - la mira de soslayo y pone mala cara.
 Jessy dió un paso al frente como retándola y demostrándole que ella mandaba aquí.

 - Yo le acompañé desde el primer momento y tú aún te acabas de enterar.

- ¿Y? No pude enterarme hasta esta mañana. ¿Algún problema?

- Excusas, ¡¡da la cara, joder!! ¿Tienes miedo de que Coque te diga "¡Bye!"? - levantó la voz haciendo que Érica se extresase y se pusiese aún más de los nervios.

- ¿Cómo que no doy la cara? ¿No me ves? Estoy aquí.

- Ojalá no estuvieras... - susurró mirando a otro lado y cruzando los brazos.

- ¿Pero tú eres idiota niña? ¿Me vas a enseñar tú lo que es ser madura y enfrontar la realidad? - dijo Érica.

- Como te atreves a...

- Lo que te digo.

- Eii, ¡ya basta!  Jessy acompaña a mi hermana a ver los resultados.

- Claro.

Jessy se dirigió a la puerta cuando al pasar por el lado de Érica le golpeó aposta el brazo.

- Aparta - susurró Jess.

Se fue riéndose.

- ¿Es que no piensas defenderme? Me estaba insultando.

- No estoy para más peleas, Eri.

- Yo... quería pedirte perdón.

- No tienes porqué. Además, algún día tendrían que enterarse de que tú y yo estábamos manteniendo una relación estable.

- Pensé que contárselo a Henry sería la mejor forma de que me dejara en paz, nunca imaginé que se pondría en contra tuya - susurró a la vez que su voz diminuía.

- Anda, ven aquí.

Nos dimos un abrazo y un dulce beso en los labios. Me sentía más tranquilo a su lado.

- ¿No estás enfadado conmigo? - preguntó mirándome fijamente con mirada muy tierna y sensual.

- Pues claro que no.

- Ahh - suspiró aliviada.

- Te quiero - hice una pausa entre cada palabra y le volví a besar.

Era realmente irresistible, me encantaba...









Narra Jessy:






Abandoné la habitación sin ganas.
Esa zorra había estropeado un momento perfecto entre Coque y yo. Le había causado mucho daño y nunca se lo perdonaría aunque él si lo hiciera.















Observé a Miriam, estaba abrazando muy tiernamente a Derek. Parecía que él lograba tranquilizarla, algo que ni yo, ni Pris habíamos logrado nunca.














Después, Miriam siguió a la doctora al interior del despacho.

Llamé a la puerta y me senté al lado de Miriam.
Miriam y yo hablamos susurrando mientras la doctora buscaba informes en su portátil.

- ¿Y Coque? ¿ Está solo?

- No, la última vez que le ví se quedaba con Érica, su novia.

- Ah, vale. ¿No estás nerviosa?

- Un poco - le regalé una sonrisa forzada.

La doctora se acomodó y sostuvo en sus manos los informes.

- Vamos a ver. Chicas, los resultados no son ni buenos ni malos.

- ¿Qué ocurre doctora? - preguntó Miriam preocupada.

- Veamos. Todo parece estar correcto. Sus ánalisis, su cerebro, los escáners, las resonacias no muestran nada... que era lo que más nos preocupaba pero al hacerle pruebas más intensas, concretamente la biopsia fue lo que nos ayudo a averiguarlo.

- Las biopsias son para detectar... - me asombré cuando no me dejó terminar la frase.

¿Era lo que estaba pensando?

- Si.

Parece que si. ¿Me leyó el pensamiento o algo?

- La causa que llevó a Coque a tener regurgitaciones entre otras cosas fue porque...

- ¡DIOS! - exclamé ante tanta expectación.

- ¡NO PUEDE SER! - las palabras de Miriam demostraban sorpresa y desaprobación ante lo que acababamos de escuchar.




Alucinante, me quedé sin palabras...


¿Era una broma? ¿Un sueño?

Yo no me lo creo.











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