Narra Derek:
- Esto es genial. Tienen barra libre - reí mientras Miriam se dirigía al ascensor - ¿No vas a cenar?
- Solo quiero echarme. Llevamos 6 horas de viaje y estoy reventada - me miró con ojos pesados acicalándose el cabello.
- Está bien. Te llevaré un poco de champán luego.
Me paseé con mi plato de aquí para allá escogiendo un poco de todo.
Una vez lleno mi plato, me dirigí a las bebidas con una sonrisa de oreja a oreja pero alguien entorpeció mi estrecha relación con los hielos.
- Upps, lo siento. No te había visto.
Su bebida acabó en mi camisa nueva.
Sin ni siquiera mirarla comencé a secarme con algunas servilletas que me topé en la barra.
Ella recogió su vaso y el mío.
La miré directamente a los ojos. No puede ser.
- Derek - susurró ella mientras una sonrisa inocente iluminaba su cara.
Narra Pris:
- Soy gilipollas.
Es lo que me repito una y otra vez dando vueltas frente a la puerta del piso de David y Álvaro.
- Seguramente no estén en casa. Estén ensayando o yo que sé...
Pongo los ojos en blanco.
- Vale, si has venido aquí. Que no sea en vano.
Y elevo mi puño frente a la puerta. No puedo, me tiemblan las manos y el cuerpo entero.
- Mierda - bramo furiosa conmigo misma - ¿A quién voy a engañar? - bajo la mano lentamente.
Bajo la mirada con el ceño fruncido.
¿Por qué vine hasta aquí? ¿Con qué intención? ¿Y qué pensaba decirle?
Camino directa a la salida pero una voz interrumpe mis pensamientos.
- ¿Pris?
Me volteo totalmente sonrojada. Sus ojos marrones me interrogan con la mirada. Le observo, se me hace gracioso verle con una bolsa de basura entre las manos y con el pelo totalmente alborotado como si hiciese meses que no lo peinase.
- ¿Qué haces aquí?
Pregunta después de un rato aguantando un incómodo silencio.
- Pues... pasaba por aquí y me dije. ¿Por qué no hacerle una visita a Álvaro? - sonrío mientras guardo mis manos en los bolsillos de atrás del pantalón. Me encojo de hombros mientras su ceño se frunce cada vez más.
- Dado como terminamos...- traga saliva - pensé que no querías saber más nada de mi.
Le miro confundida. Si, yo pensé lo mismo de ti sobre mi... Es decir, fue mi culpa.
No, no pienso decirle eso.
- ¿Yo?
Dios, soy gilipollas.
Él se acerca a mi y con ojitos de cordero degollado acaricia mi mejilla suavemente.
Me estremezco al sentir su contacto. Es dulce pero a la vez intimidante.
- Pris, lo siento. Fue... una tontería por mi parte. Demonios, no sé que tenía en la cabeza - se golpea el rostro de forma divertida.
- Oh vamos - suelto una carcajada leve y poso mi mano en su hombro - Eres impulsivo. No pasa nada... solo me descolocó un poco... - respondo pensativa.
- ¿Tú crees? - se rasca la nuca con una sonrisa inocente.
Asiento y me acerco a él. Álvaro me observa con curiosidad.
Le abrazo y él me corresponde totalmente aliviado.
No quiero separarme jamás de sus brazos.
Calla, voz de mi subconciencia.
Calla tú y dale un buen morreo.
No.
Vamos si lo estás deseando.
Me separo y él se queda un rato mirándome mientras echa un mechón de mi cabello detrás de mi oreja.
Me muerdo el labio sonrojada.
Le agarro por la cintura y acorto la distancia.
Puedo sentir su respiración agitada, consumiéndose a medida que voy reduciendo la distancia.
Cierro los ojos y justo cuando voy a posar mis labios sobre los suyos...
David nos interrumpe.
- Hey chicos - saluda como si no ocurriese nada.
Nosotros nos separamos sonrojados.
- Emm... si, pues hablamos mañana - me rasco la nuca y trago saliva. Solo quiero que la tierra me trague.
- Vale, te llamaré - responde Álvaro mientras me alejo.
David se saca los cascos de las orejas y mira a Álvaro interrogante.
- ¿Qué sucede? ¿Por qué se comportó tan extraño? - susurra antes de que yo desaparezca de su vista.
Álvaro se encoje de hombros sin saber muy bien que responder y entra de nuevo al apartamento.
Narra Érica:
- Tia estás... espectacular. Dios este es el vestido.
- ¿Qué dices Betsy? Es mejor el otro.
- ¿Pero quién eres tú para elegirlo?
- La dama de honor.
- Yo soy la madrina, tengo más poder en la decisión.
Volteo lo ojos. Llevan así toda la tarde. Miro a la modista con expresión de disculpa a lo que ella me sonríe forzosamente.
- Voy a probarme el último - digo cogiendo la cola del vestido.
Pero ellas están demasiado ocupadas discutiendo como para prestarme atención.
- Okey, ¿a alguien le importo?
No obtengo respuesta. Me froto la tripa. Ya estoy empezando a tener más y lo cierto es que 5 meses se notan muchísimo.
Reconozco que al principio me parecía un horror por las naúseas y demás pero ahora es más llevadero y Coque me contagia su ilusión.
- Tú si me escuchaste, ¿no? - rio observando mi barriga y la modista mientras tanto me ayuda a quitarme el vestido y a colocarme el siguiente.
Me miro al espejo impresionada. Me disimula muchísimo la barriga y la pedrería es preciosa sin duda.
Los volantes y la pomposidad que lo forman es sorprendente.
- ¿Quieres enseñarlo?
- No pero este es el vestido. Sin duda.
La modista me sonríe mientras toma las medidas necesarias.
Salgo del probador ya vestida con mi ropa habitual. Veo que las dos siguen discutiendo sobre el vestido. Me cruzo de brazos aburrida.
- Son unas tigresas - susurra la dependienta mientras coloca unos cuantos vestidos de novia en su lugar correspondiente.
- Y que lo digas.
- ¡Chicas! He elegido ya mi vestido. Podemos irnos.
Capto la atención de ambas que se me quedan mirando atónitas.
- ¿Cómo? - mencionan a la vez.
- Que nos vamos. Tengo que ir a buscar los anillos antes de ir a casa - miro el reloj despreocupada.
- Pero no vimos el vestido - responde Betsy por ambas.
- Haber estado atentas y no discutiendo - ruedo los ojos.
- Érica... - se queja Alli.
- Me tenéis hasta el moño ya. Vámonos - digo enfurecida dirigiéndome hasta la salida.
Ellas me siguen mientras siguen discutiendo.
- Todo esto es tu culpa.
- No, es tuya.
Inflo los mofletes mientras vuelvo a frotarme la tripa.
- Nadie nos entiende pequeñín - balbuceo irritada.
Narra Derek:
- Melanie - gruño fuertemente mientras la cocacola se me cae de las manos.
- Vaya - se relame los labios - que sorpresa tan agradable - ladea la cabeza riendo.
- Y que lo digas - le doy un apretón de manos falso.
Estoy empezando a pensar que mi exnovia es una acosadora obsesiva que me sigue a mi y a mi novia.
- ¿Viaje de negocios?
- Vacaciones - susurro frunciendo el ceño.
- Interesante. ¿Tú solo?
- No sé si recuerdas a Miriam.
- ¿Así que al final despertó del coma? Yo la daba por muerta. Fíjate - se cruza de brazos fingiendo sorpresa.
- No se juega con la muerte de nadie, Melanie.
- Claro, papi. Tendré más cuidado la próxima vez - suelta una carcajada.
- Eres irritable, Melanie - hago una mueca de asco.
- Estoy irritablemente buena. Lo sé. Sé que sigues colado hasta las trancas de mi - se suelta el cabello.
- Sigue en tu nube soñadora querida. Nadie te quiere, asúmelo.
- Lo asumiré cuando tú comprendas que solo estás con Miriam para olvidarme a mi.
- Sabes que no es cierto - gruño. Me saca de mis casillas.
- Sabes que si, si no no te enfadarías de esta forma - me señala riendo mientras se muerde el labio Dios, eres tan sexy enfadado - susurra al lado de mi oído mientras pasa la palma de su mano por mi pecho.
Aparto su mano con fuerza mientras miro a los alrededores.
Ella niega con la cabeza.
- ¿Qué te crees que estás haciendo?
- Apuesto a que echas de menos nuestros polvos. Si, lo recuerdo tan bien. Siempre te apetecía Derek. Estuviesemos en el sitio que estuviéramos. Eso me encantaba. Daba muchísimo morbo. De hecho, lo repetería ahora sin dudarlo - afirma observándome penetrante.
- No sé como coño te ofrecí quedarte en mi apartamento.
- Porque me sigues amando, estúpido. Abre los ojos.
- Los tengo abiertos y solo puedo ver a Miriam.
- Sabes que no. Sabes que no tenéis ningún tipo de futuro.
- ¿Sabes? Me importa una mierda tu opinión de novia despechada.
- ¿Despechada? Recuerda que te dejé yo - brama soltando una carcajada.
- Adios para siempre, Melanie. Deja de entrometerme en mi vida.
- Al contrario que tú, estoy aquí por trabajo. Gracias - me da un pequeño empujón pasando por mi lado.
La observó rabioso y cuando desaparece de mi vista doy una patada a la máquina de hielos atrayendo la atención de todos los presentes.
Subo hasta la habitación 113.
Una vez dentro, me encuentro a Miriam en el jacuzzi.
Dios está increíblemente sexy entre ese mar de espuma.
La contemplo, hacía tiempo que no la veía así.
Una pequeña sonrisa iluminaba su rostro mientras los altavoces emitían la canción 5 In The Morning - Charli XCX.
Ella meneaba su cabeza de lado a lado con los ojos cerrados.
Me acerqué a ella por detrás mientras todo mi cabreo desaparecía.
Rodeé su cuello con mis brazos. Ella soltó un grito ahogado mientras yo la apretaba con fuerza riendo. Miriam me aporreó llenándome el torso de espuma y también el rostro.
- Te vas a enterar - murmuró traviesa mientras depositaba más espuma en mi camiseta.
- Mira lo que hiciste - digo con la boca abierta mostrándole mi camiseta empapada.
- Te lo mereces por casi matarme del susto - suelta riéndose.
Termino quitándome la ropa y sumergiéndome con ella en el jacuzzi.
- Mmm... está templada - digo acariciando su cabello mientras hundo mi nariz en su cuello.
Ella suelta un gemido estremeciéndose y se voltea cogiéndome las manos y posándolas en su trasero.
Ambos sonreímos sumerguiéndonos en un apasionado beso.
Le miro a los ojos mientras subo y bajo mis manos a lo largo de todo su cuerpo.
Ella baja sus manos a mi miembro a lo que yo me sorprendo abriendo mucho los ojos.
Comienza a acariciarme mientras muerdo su cuello cuan vampiro. Ella gime y yo suelto un gemido detrás del suyo.
Terminamos hundiéndonos el uno en el otro por primera vez después de hace meses.
Finalmente, nos fuimos a dormir totalmente cansados.
- Mierda.
- ¿Qué?
- Se me olvidó el champán.
Me pegó suave en el hombro y se abrazó a mi. Así permanecimos toda la noche.
Narra Érica:
- Te eché de menos - bramo sin dejar de darle besitos por todo el rostro.
Estoy encima de él sobre el sofá de la sala de su casa. Todo está tan silencioso que hasta asusta.
- Solo estuvimos separados una semana.
- Aún así, la decisión del vestido fue muy agoviante.
- Dímelo a mi. Aún encima mi hermana está de viaje y no pudo echarme una mano. Le pedí ayuda a Jessy pero le gustaban todos - ríe contagiosamente.
Frunzo el ceño.
- ¿Fuiste solo con ella?
- No, vinieron también mis amigos. ¿Recuerdas a Mark?
- Como no - sonrío leve.
- Al final consiguió una cita con la doctora.
- ¿Enserio?
- Y tanto. Hoy tendrán su segunda cita. Él está súper entusiasmado.
Acaricia mi tripa con una sonrisa de oreja a oreja.
- ¿Cómo está el pequeño Coquito? - posa su oído sobre ella.
- Hoy fue tolerante con las patadas y no hizo vomitar a mamá. Estuvo tranquilo.
- Eso es genial - ríe. Cada vez tengo más ganas de saber como será. Si heredará tu nariz y el color de mis ojos o si será rubio o castaño.
- Y yo de saber si será Coquito o Ériquita.
Él suelta una gran carcajada pero se detiene al momento.
- ¿Has oído eso?
- ¿El qué? - frunzo el ceño curiosa.
- ¡A dado una patadita! - sonríe sorprendido.
Le miro completamente feliz mientras me toca la tripita otra vez.
- Te amo, Coque y a ti también Coquito - digo mirando mi barriga que cada vez comienza a tener más forma.
- Yo si que te amo amor. Estoy deseando casarme contigo con anillos de verdad y no con chasquis - rueda los ojos juguetón.
- Yo simplemente promerte una vida a tu lado.
- Que hermosa eres - brama acariciando mi mejilla y depositando un beso en la comisura de mis carnosos labios.
Narra Miguel:
- ¿Qué haces aquí?
- ¿A ti qué te parece? ¿Qué forma es esa de recibirme? - bramo entrando en el interior del apartamento. Tomo asiento y ella me mira indiferente.
Lo sé nena. Soy un grosero y lo que tú quieras pero vas a explicarme todo esto.
Ella se acerca arrastrando su larga manta por el suelo. Se sienta frente a mi y coje su taza de café entre las manos. Da un pequeño sorbo y la posa de nuevo en la mesa de la sala.
- ¿Y bien? - murmura con la voz entrecortada.
- Vas a contarme de que va todo esto. ¿Oiste? Henry está muy preocupado por ti.
Digo intimidante alzando la voz.
- ¿De qué vas? ¿Qué tengo que contarte? - murmura sin darse cuenta de la situación, totalmente perdida.
- Deja de hacer preguntas. Pareces estúpida. Céntrate anda. ¿Qué se te ha escapado por contar?
- No sé de lo que hablas, Miguel.
- No te hagas la tonta. Las vi.
- ¿Qué viste? - susurra cada vez en voz más baja.
Me levanto con rápidez a lo que ella pega un chimpo asustándose.
Cojo su brazo con fuerza y ella suelta un quejido de dolor.
Remango su brazo y señalo las cortadas.
- Hablo de esto, Lola. No te hagas más la tonta. ¿Cuándo pensabas decírnoslo?
Ella suelta un bufido y se tapa aún más con las mantas. Baja la mirada sin dignarse siquiera a mirarme.
- ¿Lo sabe Henry?
- No, por tu suerte quiero que se lo digas tú.
- Bien...
- Dime. ¿Qué coño te pasa por la cabeza? Hacerte daño de esa forma.
- Mierda, Miguel. Tú no lo entiendes. Nadie lo entiende - grita sacándose de sus casillas.
- Sé que lo que pasaste es muy traumático pero nos tienes aquí. No seas una debilucha Lola. Echale ovarios - le reprendo mientras ella se queda callada mirando el suelo - Oh vamos. Si Henry se entera de esto si que estás literalmente muerta, es que vamos ni se lo piensa un mínimo segundo - me levanto y comienzo a dar vueltas alrededor de la sala - Además, ¿por qué cortaste con él? Henry te salvó Lola, tendría que ser lo contrario...
- Estoy embarazada - suelta de la nada levantando la cabeza por primera vez.
Trago saliva mientras observo sus ojos brillosos.
- Estoy embarazada de 1 mes y no sé como contárselo a Henry.
- Lola... - me siento totalmente aturdido.
- Ya le he hecho sufrir demasiado y le quiero. No quiero que sufra más por mi y menos tener conmigo un hijo del cual él no es responsable.
- ¿Vas a tenerlo?
- No tengo dinero para abortarlo.
- Yo te lo prestaré si hace falta pero no hace falta que te responsabilices de un hijo que te recordará toda la vida este terrible suceso.
Le miro comprensivo.
- No puedo abortarlo, no tengo ovarios suficientes para ello.
No podré con la culpa, Miguel...
- Pero no es culpa tuya, Lola. Es de lo más comprensible que te deshagas del feto.
- No, Miguel. Debo tenerlo.
La decisión está tomada y Henry nunca debe enterarse de esto. ¿Si?
- ¿Te estás escuchando? Recapacita, Lola.
- Cállate. Es mi vida y mi decisión.
- ¿Por qué te cortas?
Pregunto sumado en mis pesamientos mientras unas lágrimas pequeñas comienzan a brotar de sus ojos.
- Es la única forma de sentir que sigo estando viva aunque sea por medio del dolor.
- Lola... Hay más formas de sentir. Hacerte daño a ti misma es mucho peor. Tú no eres culpable de todo lo que te está pasando - me acerco a ella y le cojo de la mano.
Dios, está temblando.
- Si lo soy, si no hubiera accedido a la copa... Tal vez esto no hubiera pasado - murmura temerosa mientras se seca las manos con la otra mano.
- No, ¿cómo ibas a saber eso? Anda, déjame.
Cojo el pañuelo y le limpió las lágrimas y los mocos.
- Todo va a salir bien. Estás a salvo, no va a ocurrir nada más. Nadie permitirá que te hagan más daño.
Ella me abraza mientras intenta calmarse.
Me separó de ella y seco las últimas lágrimas que aparecen en su rostro con el dedo pulgar.
- Voy a hacerte una tila, ¿si? - murmuro acercándome a la cocina.
Ella asiente y se vuelve a tapar con las mantas.
Se la preparo pero cuando regreso para entregársela, las mantas están esparcidas por el suelo y la puerta del apartamento totalmente abierta.
La taza se me cae de las manos.
- Mierda.










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