viernes, 30 de enero de 2015

CAPÍTULO 19: ¿7?





DÍA: 7 DE AGOSTO








Narra Miriam:






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 Intentas romper esa barrera que nos separa, pero...¿Cuál es el motivo de que tú y yo no podamos estar juntos? ¿ Por qué no puedo decirte "te quiero" sin sentirme culpable de haberlo hecho?

No puedo más, esto me esta matando y destruyendo el corazón. Necesito decírtelo así sin mas y olvidarme de las cosas malas de la vida centrándome solo en ti y en tu sonrisa que me despierta cada mañana.

¿Podemos ser felices? Si, solo si tú quieres serlo o no... no compliques más las cosas...



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Salí como un rayo del apartamento de Derek. 
Estaba de cara a la puerta ,cerrándola lentamente cuando una voz detrás de mí me hizo asustarme durante unos segundos y dar un grito agudo que podría despertar a un nido de pájaros.
Me dí la vuelta e intente relajarme inspirando y expirando aire.
Cuando recuperé mi ritmo cardíaco normal, unas frases salieron de mi boca:


- Jerry, que... ¡qué susto me acabas de dar! - le dije con una mano apoyada en mi muslo izquierdo y con la otra apartando un mechón de pelo de mi rostro.

- Perdone, señorita Fernández-  dijo mirándome fijamente. Apoyó la escoba con la que limpiaba el recinto de la planta séptima y se acercó a mí.

- No me llame por mi apellido, Jerry. Llámeme Miriam- le respondí con una sonrisa.

- Por supuesto, señori... Miriam- pronunció tartamudeando- Veo que ha pasado la noche con el señorito Karev. ¿No es cierto?

- Que salga de su casa a las...- observé un momento el reloj para comprobar la hora que era- ...nueve de la mañana no significa que me quedara a dormir con él.

- No hace falta que me oculte la verdad, Miriam. Llevo diez años trabajando en este bloque de apartamentos. He visto entrar y salir a un montón de chicas de esa misma habitación.
Y...sólo fijarse en los pelos que lleva...

- Emm...Jerry...tú y yo como si no hubiéramos tenido esta conversación ¿¿ehh??

- ¿Así que es cierto?- dijo volviendo a coger la escoba y apoyándose en la parte superior ,imitó a una de estas viejas cotorras a las que les encanta la vida de los demás.

Miré al alrededor, en aquel momento me sentí perdida.


- ¿ La acompaño a la planta baja?

- Si, gracias, si no es molestia.

- Que va, si me viene de paso- dijo sonriendo.

Subimos al estridente ascensor y una vez dentro,las puertas se cerraron.

- Jerry... ¿Cuántos años tiene?- le pregunté sabiendo que no me iba a responder pero no fue así...

- Tengo 48, me conservo bien- dijo pulsando el botón "P0" que significaba "Planta Baja"- Le voy a preguntar algo que espero que no le incomode...¿Usted...va enserio con el señor Karev?

- Desde que lo conocí no dejo de preguntarme la misma pregunta, que ronda por mi cabeza cada vez que le veo. ¿Me estoy enamorando de él de verdad?
Lo intento y lo vuelvo a intentar pero no consigo...-tartamudeé-...darle respuesta a esa pregunta .¿Qué debo hacer?- suspiré- valla,lo siento. Nos acabamos de conocer y te estoy contando mis problemas- bajé la cabeza sin mirarle y me apoyé en el fondo del ascensor.Jerry susurró unas palabras que fueron escasamente irreconocibles tras el ronroneo de los cables que ayudaban al ascensor a parar en la planta adecuada.

- Sólo...debes imaginarte...una vida con él, debes imaginarte como sería tu futuro a su lado y si él es realmente la persona con la que quieres pasar el resto de tu vida o unos años.
Si él está completamente enamorado de ti se lo notarás y te sentirás con muchas más fuerzas para tomar tu decisión .

Las palabras de Jerry me llegaron muy adentro. Sabía que tenía razón.

- Yo...es...único. Me hace sentir cosas que nunca he sentido con otro chico.

- Pues eso es lo que debes sentir.

- ...

Un  silencio inundó el ascensor pero Jerry lo mató.


-  Le quería comentar una cosa...- dijo poniéndose serio. Era la primera vez que lo hacía delante de mí- ¿ No ha escuchado esta noche ruídos extraños?

- ¿Ruídos extraños?- repetí sorprendida.

- Si, como unas garras y unos gemidos bastantes suaves y penetrantes.

- No, no he escuchado nada.

- Me lo habrá parecido a mi estos días. Seguro que es alguna tubería rota o algo por el estilo.

- Si.

Las puertas del ascensor se abrieron y salimos los dos del interior del ascensor.

- Espero verla a menudo, Miriam- dijo Jerry como dándome la despedida.

- No se preocupe, lo hará- dije riéndome.

- Jajjjaj, por cierto, dile a Karev que cambie la cerradura de la puerta que está muy vieja ya.

- Se lo diré. Adiós Jerry.

- Adiós.

Me despedí con la mano y me dirigí a la puerta. Antes de salir volví a mirar atrás y ví como una sombra, la sombra de Jerry pero sin Jerry, pero luego al pestañear ya no estaba... su sombra había desaparecido y Jerry no se encontraba en ningún lugar.

¿Qué coño...?






















Narra Jessy:








Ayer, Pris se fue a las 00:00 al final a casa y yo me quedé toda la noche durmiendo en la sala de espera.

Por la mañana, una voz muy fina me despertó:

- ¡¡¡Señorita, señorita!!! ¡Despierte por favor!- intentó despertarme la doctora sin levantar mucho el tono de voz por los pacientes y la enfermera que había en la otra punta de la planta que la miraba con cara de mala ostia.

- ¿Qué, qué pasa?- dije frotándomelos ojos.

- Ya es de día. Vengo a informarle.
Hemos escayolado a Coque y lo hemos examinado, lo más rutinario y no le encontramos nada pero para asegurarnos le haremos unas pruebas que correrán de nuestra cuenta.

Si quiere puede verlo un minuto antes de que nos lo llevemos.

- Pero...es que tendría que avisar a la hermana del paciente... se lo prometí y...- no me dejo acabar la frase, que maleducada.

- No hay tiempo, es ahora o dentro de unos días, usted decide.

- Vale,gracias doctora.

- Nada, valla a la habitación número 7.




Le hice caso y recorrí los pasillos de la planta de consulta buscando el misterioso número 7.
La encontré, giré sigilosamente el pomo engrosado y brillante de la puerta, la puerta se abrió poco a poco como en las pelis de miedo cuando las visagras están muy viejas y hacen ese estridente ruído que asusta hasta a un elefante.

Pude ver su rostro, su sonrisa y sus ojos acaramelados mirándome.

Si, era él...














Narra Henry:







Me dí cuenta de que realmente " LA HABÍA CAGADO" .

No sabía nada de Coque, Miriam estaba enfadada conmigo y Jessy no me hablaba. Todos estaban enfurecidos con mi existencia en este mundo.

Había llegado la hora, decidí aventurarme hasta la casa de Érica y hablar con ella seriamente de lo ocurrido y lo que ocurriría.

No sé que pasaría...










Narra Érica:

  



  Era un día súper caluroso de verano, no aguantaba esa órbita de calor que no dejaba de dar vueltas y vueltas alrededor de mi rostro exterior.

Mis padres se habían ido dejándome sola en casa, sólo con la compañía del inusual ruído de la cafetera donde tranquilamente se hallaban los polvos de café descafeinado mezclado con agua y leche semidesnatada. Todo esto, hacía una combinación impresionante, lo que daba más morbo, era cuando, sonaba el "¡Din!" avisándote de que esa preciosa taza de café ya estaba lista para conquistar tus papilas gustativas mientras esa deliciosa mezcla bajaba por tu garganta conduciéndote a tu propio mundo.

Por increíble que fuera, esa taza no contenía nada más que un simple café pero para mí, era la luz que iluminaba mi día, lo mejor que me había pasado hoy.

Alargué mi mano y bebí un sorbo de mi descafeinado. El borde exterior de mis labios, se inundó por el escalofriante café negro. Cogí un pano y me limpié los morros iluminando una apetecible sonrisa.

Un ruído sonó del exterior, era la puerta principal.
Parece que detrás de la puerta se hallaba un invitado, lo que me fastidió mucho por mi parte ya que quería acabarme el café tranquila.

Abrí la puerta y apareció delante de mi Henry, el chico más cabezón del mundo y él que menos quería ver en estos momentos.
Pensé en cerrar la puerta y dejarle allí con una cara de cateto pero sería bastante inapropiado y vil por mi parte.
Ninguno de los dos pronunciaba palabra y yo aún seguía con mi descafeinado en las manos.

- Emm...Hola - dijo interrumpiendo el intrigante silencio.

- ¿Qué haces aquí?- le pregunté inocentemente.

- Necesito apoyo moral - respondió, entrando en casa sin que yo le diera permiso para pasar.

- Pues como en tu casa entonces - pronuncié en voz baja.

Cerré la puerta y le dije a Henry que fuéramos a hablar a mi cuarto dado que era la habitación más apropiada y con mayor calefacción.

- Entra. Mis padres no están y no volverán hasta las doce del mediodía así que si quieres hablar este es el momento - dije ofreciéndole asiento.

- Estoy bastante confuso.

- Ya...

- ¿Qué piensas?

La verdad es que no le podía decir que estaba pensando en la elaboración del café, de como, seres humanos podrían crear una cosa tan deliciosa y a la vez tan mágica como para enamorarse de ella.

Es que no le podía encontrar ningún defecto a esas burbujas que sobresalían haciéndose cosquillas unas a las otras al tocarse por culpa de la inestabilidad del plato que mantenía la taza de café.

Era maravilloso y justo Henry tuvo que venir y estropearme "MI MOMENTO".

- Sé que me vas a preguntar si pensé lo que me dijiste el viernes.

- No te lo voy a exigir pero me gustaría saber tu respuesta.

- Mi respuesta desde el principio siempre fue la misma.

Henry esperó en silencio a que yo prosiguiera.
Me hecho un ojo contemplando mi vestido nevado de punto con adornos ilustrados de esmeraldas originales y mis bailarinas negras como el carbón que se disipaban cuando era de noche.












Yo no proseguí y eso le incomodó lo suficiente como para dar un suspiro lo suficientemente apto para que yo lo escuchara.


- Sé tu respuesta.

- Si la sabes ya no hace falta que te lo diga.

- Coque...- me interrumpió.

- Coque es el chico de quien estoy enamorada y eso por mucho que quieras no va a cambiar.
Lo siento Henry, pero ya sabes que entre nosotros solo puede haber una fuerte amistad y nada más.

- Y lo acepto... - dijo mirando al suelo.

- Mírame - dije levantándome y cojiéndole de la barbilla - tienes que olvidarte de lo que sientes por mí porque no es real, es ficticio.

- No lo entiendo - dijo susurrando y levantándose al mismo tiempo. Caminó hacia un lado de la habitación y yo dejé mi taza de café en la mesita de mi cuarto.
Me acerqué a él.

- Debes entenderlo, no estamos hechos el uno para el otro - se volvió hacia mí y me miró. Esa mirada nunca la contemplara en el rostro de Henry. No era tierna, ni amable, todo lo contrario, ERA FRÍA.

- No entiendo porque no puedo siento nada ante estas palabras. No siento nada, absolutamente nada.
Ni dolor, ni compasión, ni celos, ni desesperación. Siento liberación porque en el fondo sabía que pasaría esto pero una parte de mi pensaba que no. No...no lo entiendo.

- No digas nada... - dije acercándome lentamente a él mirándole a los ojos, le sonreí y me incliné.

Él dudo pero al final me rodeó la cintura con sus suaves manos y yo me estremecí por un segundo.

Apoyé mi frente con la suya y cerré mis ojos lentamente. Le acaricié sus rasgos que estaban hechos a la perfección para mis cálidas manos. Al hacer este sencillo gesto, las mejillas de Henry se tiñeron de rojo oscuro pudiendo apreciar en su sonrisa un gesto de seguridad y felicidad.

Me centré en su suave pelo que llamaba toda mi atención en ese mismo instante.

Bajé la cabeza y parpadeé pudiendo ver en la pierna derecha de su pantalón, el numero 7 dibujado en color turquesa.








Levanté la mirada y centré mi atención en su amable sonrisa que me llegaba al corazón.

Él bajó sus manos a mis posaderas deslizando sus manos al mismo tiempo que se escuchaba el ruído de las agujas del reloj que musitaban a cámara lenta dentro de mi mente.

Miré al techo y luego a Henry que seguía con sus manos en mi trasero sin decir ni una sola palabra que pudiera estropear este momento tan perfecto.
Me acerqué a él, sentí que había llegado el momento y que los dos estábamos impacientes porque eso ocurriera.
Asentí en mi mente y dejé mis pensamientos, miedos y cargos de conciencia atrás. Debía hacerlo, cueste lo que cueste.

Cogí su cara con mis dos manos, me abalancé suavemente sobre él y le dí un apetecible beso en los labios lleno de dulzura y desaprobación.


Él siguió besándome hasta que nos tuvimos que separar por culpa del aire que se respiraba en el ambiente.







- ¿Y ahora...Sientes algo? - dije sonriendo y dirigiéndome a la puerta de mi cuarto, atravesando la puerta y refugiándome en el baño para dejarlo allí, sólo, pensativo.

Pasó poco tiempo y decidí salir del baño, pensé que ya se habría ido pero no, seguía allí de pie pensativo mirándome desde el otro extremo del pasillo.

- No entiendo.

- ¿Qué no entiendes?- dije apoyándome en el marco de la puerta.

- ¿Quieres a Coque o me quieres a mí? Me estoy liando, confundiendo e imaginando cosas que de verdad no son - me acerqué lentamente a él y a pocos centímetros le susurré al oído.


- Intento demostrarte que el beso que yo te acabo de dar, no fue con amor si no por placer propio. No estás enamorado de mí, solo lo crees por el hecho de pasar la mayoría del tiempo juntos.
Quiero demostrarte que...que es cosa de tu imaginación y de que pronto te olvidarás de mí encontrando otras chicas- le acaricié la mejilla- esto no es amor y lo sabes.

- No puedo resistirme- él muy idiota me vuelve a besar y yo caigo en su seducción sin darme cuenta.

- Apártate- digo sin parar de besarle.

- ¿Por qué no te apartas tú?- preguntó con ironía.

- Oye- vacilé dándole un pequeño empujón, apartándole de mí con mis manos apoyadas en su pecho- no puedo besarte.

- Nadie se enterara- anunció apoyando la punta de su nariz en mi oreja.

- Joder- me abalancé sobre él y trás dulces besos, él deslizó su lengua por mi cuello hasta llegar a mi pecho.




Hizo que me tumbará en la cama y él se puso encima mía. Agarró mis brazos y los deslizó poniéndolos encima de mi cabeza para que no pudiera escurrirme.

Siguió dándome pequeños mordiscos en la oreja, un escalofrío recorrió mi cuerpo.
Acaricié su pelo pero él volvió a cogerme las manos.

- Eres malo- dije mientras él bajaba la cremallera lentamente de mi vestido de tela francesa.

- Lo sé- dijo con una leve sonrisa.

Acabó quitándomelo por completo y siguió besando cada parte de mi cuerpo.
Entre terribles gemidos, miré el reloj. Era demasiado pronto y noté como el café que se encontraba en mi mesilla se iba enfriando poco a poco.

Henry se levantó un poco y se quitó los pantalones volviendo a ponerse encima de mí.
Bajé mi mirada y apuesto a que él sabía lo que estaba mirando mientras me mordía el labio superior.

Deslicé mi mano por su cuerpo semidesnudo cubierto por su ropa interior...









Narra Coque:





Me acababa de despertar cuando la doctora dijo que antes de hacerme los escáneres podría recibir la visita de un familiar que se encontraba fuera.

La doctora cerró la puerta y me comunicó que avisaría a esa persona de que podía pasar.
Mientras, trás saber que se habían acordado de mí, mi estado de humor mejoró y me imaginé que sería Miriam.

Está siempre en todo.

Me reí y sonreí.

Llamaron a la puerta.

- Puede pasar- exclamé con la voz algo grave y desentonada.

La puerta se abrió, me sorprendí al comprobar que no era Miriam, era Jessy.

Me sonrojé, pensar que ella llevaba puesto un vestido muy estiloso y yo vestido con un trapo de hospital...

 Se acercó a mí después de cerrar la puerta.

- ¿Te ha comido la lengua el gato?- me preguntó riéndose y cogiéndome la mano.

- Sigo sorprendido. Me alegro muchísimo de verte ,Jessy.

Dije mientras le daba un abrazo.

- Me quedo más tranquila al saber que te encuentras mejor- empezó a llorar y a reír al mismo tiempo.

- Eh...Pequeña, ¿qué te pasa?- dije agarrándole la mano.

- Es que... por un momento...sentí miedo.
Al desmayarte y...- no podía pronunciar palabra. 

- Anda ven aquí.

Se acurrucó en mi pecho y se limpió las lágrimas que caían por su mejilla.
La abracé suavemente. Me acerqué a su oído y le susurré en tono de súplica.






-Estoy bien. Me harán pruebas y ya verás como no me pasa nada. Tenía muchas ganas de verte.
Si no fuera por tí, no estaría vivo y hablando contigo ahora mismo. Gracias, Jessy. No sé que haría sin tí - al acabar le dí un beso en la cabeza.
Se tranquilizó y un silencio inundó la habitación. Ví como cerraba los ojos y más tarde los volvía a entre abrir.

- ¿Eres feliz con Érica?- soltó mirándome a los ojos.

- ¿A qué viene eso?- pregunté separándome un poco.

- Solo preguntaba. Después de lo que pasó... Sabes...dejémoslo - dijo bajando la cabeza.

- Si, la quiero. Y a pesar de lo que pasó, la seguiré queriendo.

- Me alegro - dijo finjiendo una falsa sonrisa - por cierto, Miriam está de tu parte.

- ¿A si?

- No le habla a Henry. Está cabreada con él.

- ¿Y tú lo estás? - pregunté acariciándole la mejilla.

- Ese chico...nunca ,me cayó bien y después de esto aún... menos.
Si quieres a una persona y esa persona no te quiere es mejor dejar que sea feliz. ¿No crees?

- Ahora enserio. ¿De quién estas enamorada?

- ¿Yo?

- Si, Jessy. Lo estás y no sabes cuanto se te nota.
Cuéntame. ¿Quién es?

-Es uno.

- Venga, ¿no tienes compasión por un chico enfermo?

- Me da que no - sonrió - es un chivo que me hace ser otra persona y que influyó mucho en mi vida desde que nos conocimos. Pronto lo sabrás.

- Jessy.

- No, no te lo voy a decir - me dijo sonriendo.

Cogí un recipiente y ante un impulso vomite.
Al observarlo un segundo, ví que había sangre. Lo que hizo que Jessy se preocupara aún más.

Me dió palmaditas en la espalda.

- ¿Estás bien?

- Si.

- Espera un segundo, voy a... voy a avisar a la enfermera.
Estás muy pálido.

Apoyó su mano en mi frente.

- Y además tienes fiebre.
¿Puedes esperar aquí un segundo?

Asentí y observé como salía del cuarto casi corriendo. Se puso muy nerviosa, se notaba solo con ver sus manos temblando al ponerme la mano en la frente.
Cerré los ojos y pensé en cosas bonitas...me estaba muriendo, lo notaba.











Narra Jessy:







Fui corriendo por el pasillo cuando al fin, encontré a una enfermera. Estaba firmando unos documentos.


- Hols, perdone. Necesito ayuda. En la habitación número 7 se encuentra un chico que no se encuentra bien y yo como amiga suya que soy pues me preocupa. ¿ Podría ayudarle?

- ¿ Qué eres un familiar del chico?

- Soy su... mejor amiga.

- Vamos, no hay tiempo que perder.


Seguí a la enfermera y recorrimos juntas el pasillo de la planta de la UCI.
Llegamos a la habitación donde se encontraba Coque.

- ¿ Es aquí?

Asentí y entramos.
Ella se acercó a él.


- Buenas, ¿cómo se llama? - dijo mientras cogía el historial del paciente.

Ví como Coque intentaba aguantar las ganas de vomitar.
La enfermera cojió un recipiente que se encontraba debajo de la cama y se lo colocó debajo de la barbilla.

- Me llamo Coque.

- Tranquilo Coque, te pondrás bien. 
Veo que tenía reservadas para hoy unos escáners y otras pruebas.

Se acercó a mi.

- Lo siento pero usted tiene que salir de la habitación.

- Claro, ¿ me informará?

- Si, por supuesto.

Me acerqué a Coque y le dí un beso en la frente y cuando iba a irme, me cogió de la mano.





- No olvides que te quiero muchísimo, Jessy.

- No digas eso, esto no es final, Coque.

Me soltó la mano y yo salí de la habitación y empecé a dar vueltas por la sala de espera.

- ¡Mierda!- grité dándole una patada a una máquina de agua.

Miriam estaba sentada en la otra punta y nada más verme, se acercó a mí y me dió un abrazo.

- ¿Qué tal está Coque?

- Me dejaron verlo.

- ¿Y por qué no me avisaste? - me preguntó medio sorprendida.

- Porque me dijo la doctora que solo podría verle unos minutos y luego le harían las pruebas- en realidad quería hablar a solas con él pero no podía decirle eso, una que me daba corte y otra que se enfadaría

- Ah, vale.

- Pero tranquila, se pondrá bien. Ahora le harán las pruebas.

No quería contarle que en el ultimo momento se puso mal por no decir fatal. Yo nunca miento pero era lo mejor que podría hacer en estos momentos.

- ¿Qué tal? ¿ Dormiste?

- Si...

- Sentemos y hablemos- le dije intentando aguantar las ganas de no contarle lo que le ocurría a Coque.¿ Tendría que decírselo, ¿verdad?

- Si.

No sentamos y charlamos de un número infinito de cosas ya que la doctora tardaría en avisarnos.












Narra Coque:






La enfermera no sabía que hacer así que llamó a la doctora para que la viniera a ayudar pidiendo Código Azul.
Sabía que ese botón... es para las personas críticas.

No me acuerdo de nada más, solo de perder el conocimimiento.











Narra Miriam:



Hoy al estar muy liada y angustiada, no pude ir a ver a mi hermano al hospital. Tardaban mucho y me dí cuenta de que se me hacía tarde. Jessy y yo decidimos que mañana por la mañana lo veríamos. Necesitaba ver a Derek y hablar con él.. Pedí un taxi, que me llevó a donde él se encontraba.

Me aventuré hacia el establecimiento de coches. Note, como mis tacones Loures hacían un suave ruído al tocar el suelo. Eso me intimidaba y a la vez, me tranquilizaba.

Seguí avanzando hasta que llegue a la puerta principal.


-Hola, señorita. ¿Puedo ayudarla?- dijo un chico dándome un susto.

Parecía joven de ojos oscuros y rubio. Con una enorme sonrisa, el chico de 21 años se acercó a mí.
Me peiné el pelo en respuesta a su saludo y le sonreí.






- Busco el despacho del Señorito Karev.

- Disculpeme un momento- respondió mirando la tablet donde tenía apuntado el horario- a las 18:00 tuvo una cita de negocios con el señor Sulivan y ahora se encuentra en el despacho con los papeleos.

- Hola, buenos días, vengo a recoger un Nissan A4- reclamó una chica desde el otro lado del mostrador.

- Disculpe, espere un segundo y ahora la atiendo- me respondió. Yo me quedé observando el lugar ya que se me hacia extraño encontrarme allí.
El chico se volvió hacia mi.

- Sígame- me dijo.

Recorrí los pasillos del establecimiento me enseñó donde se encontraba el despacho de Derek .

- Gracias emm...- le respondí mientras me miraba de arriba a abajo.

- Justin, Justin Hartley encantado. ¿Y usted como se llama?

- Miriam, Miriam Fernández, señor Hartley y igualmente.

- ¿Así que viene a ver al señor Karev?

- Si, señor. Vengo a proponerle una negociación sobre la compra de un coche.

- Me alegro de haberla conocido, señorita Fernández. Valla, le estoy haciendo perder el tiempo, mejor me voy. Lo siento.

- Que va. Es usted de lo más encantador señor Hartley.

- Muchisimas gracias. Usted también lo es señotita Fernández. Espero verla a menudo por aquí.

- Lo hará, no se preocupe.

 Me cogió la mano y la besó. Pude sentir sus labios recorriéndome todo el cuerpo sintiendo un escalofrío, le miré a los ojos y él se incorporó.






Luego, se marchó riéndose y se volvió a girar para mirarme, yo le sonreí.
Se vuelve a girar y justo hago que se detenga en la esquina.

- ¡Señor Hartley!- le reclamó.

 Se vuelve a girar.

- ¿Si?

- Gracias- dije sonrojandome.

- Un honor- me hizó una reverencia- señorita Fernández.

Lo perdí de vista y me dí la vuelta en dirección a la puerta del despacho de Derek.
La verdad es que la iluminación era estupenda y el color blanco del pasillo iluminaba por la radiante sonrisa del señor Hartley. Muy amable de verdad.



Llame a la puerta:

-Entre- respondió una voz del interior.

Abrí la puerta del despacho número 7 y me apoyé como una stripper en el marco de la puerta.





- ¿Intentas impresionarme?- preguntó Derek con picardía y levantando el entrecejo.

- Señorito Karev- dije acercándome a su mesa y apoyándome en ella dejando mi escote al aire.






Derek no pudo evitar morderse el labio mientras contemplaba aquella buenas vistas.

- Vengo a buscarte para irnos a casa, bueno a su casa- dije con una voz bastante sensual.

- Cielo- le toqué la punta de la nariz y él se ruborizó. Derek, el temible Derek, ruborizandose. Sonreí.

- ¡¡SHHTT!!!- susurré poniéndole un dedo entre los labios- nadie puede enterarse de nuestra relación secreta Señorito Karev.

- ¿Relación secreta?- preguntó confundido.

- Nuestro noviazgo en horas de trabajo- me levanté y cerré la puerta con pestillo.
Lo miré con ganas y con ganas me refiero a ganas sexuales.

Fui otra vez a su lado y me senté en su regazo mientras él me miraba con esos ojos de enamorado perdido que me encantaban.
Me acomodé en su regazo dejando a la vista mi ombligo.
Una falda corta no era la mejor opción.
Me mordí el cordón de la sudadera de una manera bastante sexual como para hacer que Derek me mirara frunciendo la ceja derecha.

- Eres...tan...

- ¿Sexy? ¿Erótica? ¿Linda?- dije atrapándolo y al mismo tiempo rodeándole la cintura con mis piernas.

- Iba a decir...manipuladora.- dijo sonriendo al mismo tiempo que me rodeaba el cuello con sus brazos.

- Soy única y lo sabes cielo - dije abalanzándome sobre él.

- Déjame comprobar lo buena que eres haciendo lo que mejor sabes hacer - dijo rozando su mano contra mi culo al mismo tiempo que me elevaba la falda.

- Karay, señorito Karev, ¿ Atiende a si a todas sus clientas? - dije mordiéndome el labio.

- No, solo a las que me regalan una noche sexual y se ponen mis camisas para dormir.

- Señorito Karev, ¿que le parece si me enseña este coche?

- ¿Señorita, que le parece si le enseño algo mejor? - anunció mientras se me echaba encima del cuello como un vampiro hambriento, yo solo podía reírme.

-Le limpiaré la mesa con mi culo- dije tirando los papeles al suelo y sentándome en la mesa, acercándome a él.

- Señorita, le enseñare el mejor auto de la casa- cogí el boli que tenía en sus manos con la boca y luego lo tiré hacia la puerta.

- Valla, valla.

- Señorito Karev, ¿que le parece si le enseño una de mis mejores cualidades?- dije mientras me ponía encima de él que se encontraba encima de la silla.

- Ohh si. Porque no, muñeca- dijo mientras se mordía el labio superior en un gesto indeseablemente sexy.

Me quité la sudadera y la tiré hacia la pared, está cayó al suelo haciendo que Derek se excitase de una de las mejores formas.

- ¿Sabes? Eres la única clienta que me pone a 1000.

- Soy muy...sexy- dije mordiéndole la oreja y haciendo que un escalofrío recorriese su cuerpo.

Él, bajó sus manos a mi cintura y según lo iba besando por el cuello y boca.
Derek iba bajando cada vez más sus manos hasta centrarse en mi trasero.
Me lo rozó suavemente con sus cálidas caricias que me provocaban bastante.

- Muy mal nena, eso no se hace- me regañó mientras hacia suaves movimientos encima de él y de su miembro - voy a tener que hacer que te mantengas quieta.

- Te pone bastante.

- Me pone palote- sonreí y le quité la camisa al mismo tiempo que besaba sus abdominales.
Él se inclino hacia atrás y luego me subió la falda lentamente al mismo tiempo que me besaba.

A pesar de ser las 9 de la noche y de estar el establecimiento casi vació, se respiraba un aire cálido que recorría mi cuerpo.

Luego de quitarme la falda, Derek se levantó y me acorraló entre él y la pared mientras jugaba con la goma de mi tanga.

- Quítamela de una vez- repetía varias veces entre profundos gemidos de satisfacción.

El sexo con Derek era el paraíso.Si, el mismo.
Cada vez que nuestras lenguas jugueteaban, que nuestros cuerpos sudados por el esfuerzo se rozaban, cuando accidentalmente rozabamos nuestras partes mas íntimas, cuando nos provocabamos el uno al otro y sobre todo cuando me introducía su miembro dentro de mi cuerpo...este proceso era mágico y disfrutaba mucho haciéndolo, pero con el paso del tiempo me dí cuenta de que solo podía ser tan maravilloso el sexo, con él.
¿Por qué? Bueno, porque entre nosotros dos había química que era lo que realmente nos unía. El amor que sentíamos el uno con el otro y el placer que compartíamos a la hora de hacerlo.

Derek, me quitó la ropa interior dejándome completamente desnuda mientras yo conteplaba su increíble cuerpo.

Se había quitado los pantalones y reconozco que estaba muy provocativo.

Hizo unos suaves movimientos que me acorralaban aún más entre él y la pared.

 - Joder, pero si aún tienes los boxers puestos.

- Si- afirmó sonrojado.

- Pues te puedo sentir rozando mi anatomía sexual.

- Jajajaj. Estas ansiosa.

- Uff, no sabes cuanto- lo cojí desprevenido y lo empujé contra la silla, besé cada parte de su cuerpo excitándolo.

-¿Lista?- preguntó mirándome fijamente con una ternura impresionante. Me dió ganas de comérmelo a besos.

- Claro que sí- le dí un beso y él prosiguió.





- Relajate, estás muy tensa - dijo con una voz muy sexy rozándome la piel.

- ¿Yo?¿Tensa?- reaccioné extrañada.

- Ehh, ¿por qué estás nerviosa? No es la primera vez- me preguntó acariciándome el brazo.

- No lo estoy.

- Debes tranquilizarte si no, no podré...o sea que no llegarás al climax. Perdón, llegaremos.

- Estoy tranquila.

- Te doy unos minutos si eso y te tranquilizas.

- No hace falta.

- Hazme caso, señorita.

- Jajajaj, idiota...

Pasaron 10 minutos y entre risas y algún beso, logré tranquilizarme.

-¿Lista?- volvió a preguntar.

- Si.

- Jajajaj.

Me agarré a su espalda mientras él se introducía dentro de mí, varias veces.

Valla, en pocos segundos, llegué al orgasmo.

- ¿Paro?- preguntó mientras las gotas de sudor le caían de su rostro.

- ¡No! Ohh, debes seguir, ohh... o me matarás- me besó y casi sin respiración besé sus mejillas sonrojadas mientras seguía dentro de mí.


Me cogió por la cintura y me pusó encima de la mesa.

- Joder, que fría está.

- Jajajjaj, mejor- seguía acariciándome la espalda y dándome suaves besos en mi pecho.
Yo me incliné hacia atrás dejándole hacer su trabajo.

Besaba cada rincón de mi cuerpo hasta que se paró en mi cintura.
Mejor dicho,yo le paré en mi cintura.


- Jajja te voy a enseñar algo  - dije volviéndole a besar mientras colocaba una de mis  manos en su abdomen- está es la marca de un antes y un después contigo- dije mirándole fijamente.

- Joder, que bonito ajjajja- me volvió a besar.

- Te propongo un juego- levantó el ceño y me miró.

-Mmm... ¿Cuál?

-¿Tienes un rotulador?

Estiró su brazo y cogió un rotulador permanente del cajón.
Me lo dió y me besó el hombro mientras me acariciaba la espalda.




- Lo que haremos será escribir cada uno en el cuerpo del otro lo que más le guste de esa persona.

- Permanente ¿ehh?

- Si- le sonreí y me mordí el labio mientras él me abrazaba fuertemente.






- Empiezo yo, acurrúcate.

Me apoyé en su regazo. Él estaba sentado en la mesa.

-Cierra los ojos. Sin miedo.

- Tengo miedo de lo que vallas a hacerme.

- Jajjajjaj, escribir en tu cuerpo- dijo cogiéndome de la cintura y mirandome fijamente.

Cerré los ojos en señal de respuesta. Él me colocó una venda azul en los ojos.





- Esto no se hace- dije sonriendo.

- Para darle emoción- solo podía escuchar su voz- Voy a empezar.Espero que no tengas cosquillas.

Empezó rozando sus dedos por mi barriga y luego fue subiendo hasta mi pecho.

- ¡¡Eso es acoso!!

- ¿Em?

Me apoyó en la mesa y luego él, suavemente, se abrió paso entre mis piernas y sentó encima de mis partes.

Notaba la cálida punta del rotulador rozando el costado derecho de mi barriga, moría de ganas por verlo.

-Listo.

Me saqué la venda y me pusé a su altura.

- ¿Estás cómodo ahí sentado?

- No sabes cuanto- le dí un leve empujón y él se quitó de encima mía.

Miré lo que ponía, " I LOVE FOR LIFE" y un corazón dibujado.





Le dí un beso y me abalancé sobre él.

- Me toca.

Se apoyó en la mesa  y puso su manos a la altura de su cabeza como si estuviera tumbado en la toalla de la playa.

- Te faltan las gafas de sol.

- Tengo la venda- dijo giñándome el ojo.

-¿Y el rotulador?- pregunté sonriéndole y poniéndome encima suya.

- Aquí- miré para él y justamente lo tenía en la boca.
Me acerqué a él y al mismo tiempo que me apoyaba en su pecho, le besé quitándole el rotulador de su boca.





- Malota- respondió colocándose bien la venda de los ojos.






Me acerqué a él e hice un brusco movimiento encima de él como señal de que iba a comenzar, Derek se mordió el labio lentamente, apoyó sus manos en mi trasero haciendo que me cayera encima de él.
Me besó, acariciándome la espalda y yo me aparté de él tocándole las mejillas.

- No se vale tocar- dije riéndome.

-Mmm...

Solté una risita casi invisible y proseguí a escribirle algo en su cuerpo.

Me lo pensé y luego al rozar el rotulador con cuerpo se estremeció gimiendo.

- Fiera- le grité- ya está.

Dió un chimpo y se quitó la venda.

Miró la inscripción.

"QUÍMICA ES LO QUE HAY ENTRE NOSOTROS Y LO DEMÁS SON TONTERÍAS".

-Bastante largo, lo sé.

Se acercó a mí y me rozó la mejilla.

-Te quiero, eres única.

Me sonrojé y no pude evitar soltar unas lágrimas de felicidad.

- ¡Eiii! No me llores que me derrito- me cogió del mentón con la mano derecha y con la izquierda me acarició la mejilla- no me bajes la cabeza.

Me secó las mejillas con cautela y luego le besé.

- Ven aquí que te como a besos.

- Te amo- me susurro al oído con una sonrisa de oreja a oreja.

Se abalanzó sobre mí y se metió dentro de mi.

Creo que los gemidos se podrían escuchar detrás de la puerta.

-Derek- susurré sin respiración.

- Calla y disfruta- dijo entre gemidos.

- Puto amo, como pares te rajo.

Sonrió.

-Oye, Miriam - dijo sin parar.

- Dime - dije inclinándome hacia atrás y apoyando mis manos en el escritorio. Él me tenía rodeada la cintura con sus brazos.

- ¿Quieres...salir conmigo?

 Hizo un suave movimiento que me hizo soltar un chillido descomunal.

Se escuchó una voz desde fuera.

- ¿Va todo bien por ahí jefe?- era la voz de Justin.

- Emm...si.

- Necesito hablar con usted.

- Esperese un minuto que ahora salgo.

- Vale, le espero en recepción- se sintieron los pasos de Justin alejándose.

Derek se separó un poco de mí y apoyó su mano en mi hombro.

- ¿Estás bien?

- Si- dije casi sin poder hablar.

El dolor me consumía por dentro, no pude evitar soltar unas lágrimas que cayeron por mi mejilla. Era un dolor insoportable.

Me recordaba a aquella noche con Jimmie Bolter en la que perdí mi más preciada virginidad.
Aquel momento en el que sentí un dolor tremendo como el que ahora mismo estaba sintiendo.

- Dios, lo siento. ¿Te hice daño?-preguntó preocupado y arrepentido.

- Me...me duele pero se me pasará. Vete vistiendo.

-¿Seguro?

Asentí y el cojió su ropa vistiéndose a toda prisa y peinando su pelo color azabache muy fuerte.

Se acercó a mí.

Yo me pusé la parte de arriba de mi ropa.

- Oh, dios. Estás...¿sangrando?

Miré y sí, definitivamente estaba sangrando. Puta vida.

- Joder.

- Te duele y mucho. Déjame ayudarte.

- No pasa nada. Tengo...tengo una compresa en el bolso. Ya después en casa si eso pues...no sé.

Me miró apenado y me ayudó con la ropa.
Me cogió de la mano y salimos los dos del despacho.

Él me acopaño hasta su coche cogiéndome de la mano, salimos por la parte de atrás para no levantar sospechas.

- Espera un momento aquí, cerraré todo y nos iremos a casa.
¿Vale?

- Si, claro.

Me dió un beso en la mejilla y me quedé sola en el coche... el dolor cada vez era más profundo. No lo aguantaba.











Narra Derek:




Me sentía fatal por lo de Miriam, era todo por mi culpa.

Fui al vestíbulo y después de cerrar todo con llave, Justin se dirigió a mí.

- Oye, la clienta, Miriam. Hablé un rato con ella y...parece muy amable y super guapísima. Será más o menos de mi edad. ¿Crees que tendría posibilidades con ella?- ese tío me empezaba a tocar un poco los huevos.

Le sonreí.

- No sé. Lo más seguro es que te rechace. Supongo que tendrá novio y eso.

- Gracias por los ánimos. Yo me lanzó haber que pasa- me sonrió y se fue.

- Pasa, que te rechaza - dije cabreado.

Yo cerré la puerta principal, la que me quedaba y entré en el coche.

- ¿Qué tal?- dije tocándole la pierna.

- Mejor.

- Vamonos a casa.

El camino a casa la verdad es que fue un poco incómodo.

Nos aventuramos en el edificio donde nos encontramos con Jerry que nos saludo guiñándole un ojo a Miriam, ella sonrió en señal de respuesta.
Jerry estaba en la entrada pasando la fregona por última vez.

Entramos en mi cuarto y le preparé algo de cenar, bueno cena para los dos.

Después, de una fuerte tensión el la mesa, ella se fue al baño y al salir yo estaba en la puerta esperándola.

Ella sonrio y me dió un beso en la mejilla.

- ¿Qué tal estas? ¿ Has cesado de sangrar?- pregunté interesándome por ella y su salud.

- Mucho mejor, me he tomado algo para el dolor y ya no sangro así que sí, estoy bien, cielo- dijo mirándome fijamente.

- Lo siento muchisimo, Miriam- dije abrazándola y ella se acurrucó en mi pecho- no sé como pudo pasar.






- A juzgar por lo que ha ocurrido, yo creo que fue por culpa del condón que me rasgo.
No sé.

- Pudo ser. Mañana si quieres te acompaño al ginecólo. 

- Veré como voy esta noche y si eso pues pido una cita de urgencia.

- Claro. Venga, vamos a dormir.

Entramos en mi cuarto, después de que ella saliera del baño y de tener la conversacion anterior pues...se puso el pijama.

Yo igual, me acurruqué en la cama.

- Buenas noches, te quiero - me dijo mientras me daba un dulce beso con lengua yo se lo continué y luego le volví a pedir perdón por lo sucedido.

- Estoy bien, cielo. Vamos, a dormir. Buenas noches.

- Buenas noches. Descansa.

Me abracé a Miriam y ella se acurrucó en mi pecho.

Apagé las luces y todo se volvió negro...



Miriam se despertó por la noche dando un chimpo y levantándose alterada a toda velocidad.
Me levanté a su vez y le acaricié la espalda con suavidad para que se relajara mientras le dedicaba una de mis mejores miradas. Siempre le relajaba que le frotasen la espalda.

-¿Qué pasa? ¿Te encuentras bien?

- ¿Has escuchado eso?-  espero a que termine la frase pero no lo hace.

- ¿Qué has escuchado?- pregunté preocupado.

- ¡¡¡Dios!!!

- ¿Qué tendría que haber escuchado?

- Ese ruído. Era la voz de una mujer que susurraba: "El miedo te acorrala, solo intenta comprenderlo".

- No he oído nada, anda, sigue durmiendo. Seguro que fue una pesadilla. Aquí no hay nadie, Miriam.

Se acostó y miró hacia el techo.
Le cogí la mano y mientras le peinaba el pelo con la otra mano, suavemente. Me quedé dormido en su pecho.






Antes de dormirme pude ver en una de las paredes de la habitacion la sombra del número 7 .
Me pareció extraño.





                                      


     




"Está es la marca de un antes y un después contigo..."


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