Narra Lola:
Me dolían los pies. Era como si tuviese trocitos de cristales en ellos y apenas pudiese moverlos.
Empezaba a odiar los tacones. Los tennis eran sin duda mucho más cómodos para bailar.
No es por nada pero Mason bailaba estupendamente bien. No intentó nada brusco conmigo. Fue amable y un verdadero caballero.
De repente, la música electro desapareció y una sonata suave y pausada invadió el ambiente.
Mierda. Era una música apagada y triste. No me gustaba en absoluto. Noté como unas lágrimas pequeñas bailaban en mis ojos. Miré al cielo conteniéndolas.
Mason sonrió. Tal vez su aspecto engañe mucho. No es frío, es agradable y muy carismático. Me agrada.
Rodeó mi cintura con su brazo izquierdo y apoyó su dulce mano en mi hombro.
- No sé bailar este tipo de canciones - murmuré a su oído mientras enrollaba mis manos en su cuello con cierta timidez.
- Tú solo déjate llevar - soltó sonriente mientras comenzaba a moverse por la pista.
Creo que le pisoteé unas cuantas veces pero no se quejó ni una sola vez, ni siquiera se inmutó. Era un chico realmente adorable.
Miré a los alrededores.
Keyla se reía junto a Yely en un rincón del local, parecían estar pasándoselo en grande.
Kelly seguía bailando junto al chico bastante atractivo de antes y finalmente, Maddy se encontraba en la barra pidiendo una buena ronda de chupitos mientras apostaba con un montón de chavales.
Sonreí. Todo había empezado tan mal que me extrañaba que pudiese acabar tan bien.
Seguí observando a las parejas bailar en la pista y de pronto, algo me llamó la atención.
Henry estaba entrando por la puerta principal. No, no podía ser él aunque se parecía muchísimo.
Su cabello revuelto y castaño, sus ojos brillantes y expresivos, su boca comestible y adorable... Por no hablar de su camisa descolocada y esos pantalones que le hacían un culo espléndido.
Si no era él se parecía muchísimo.
Entonces, su mirada se cruzó con la mía y fue cuando supe que era él porque el dolor que destacaba en su mirada era inmenso y me hacia sentir completamente mal y culpable.
Me separé de Mason y le sonreí.
Él me observó extraño.
- Necesitó ir al baño. Vuelvo ahora - le grité para que pudiese escucharme sobre el sonido de la música.
Él asintió y yo me encaminé al cuarto de baño a la velocidad de la luz.
Henry me observó y yo a él y entonces las lágrimas contenidas salieron a la luz.
¡Mierda!
¿Por qué ha venido? ¿Por qué está aquí? Y lo peor, ¿por qué me mira con ojos de cordero degollado?
No, llevo toda la noche pensando en ti y cuando al fin, mi mente desconectó...Vuelves a incidir en ella.
Te odio y al mismo tiempo te amo, nunca había sentido algo así pero en cierto modo, nunca había sentido algo como lo que siento por ti, Henry.
Narra Miriam:
- No puedes quedarte aquí, Miriam.
- No quiero quedarme - murmuré mirándole mientras continuaba caminando por el pasillo.
- Si quieres, es más fácil. ¿Quieres dejar de dar vueltas? - me cogió del brazo y me solté de su agarre con fuerza. No tenía derecho a hablarme así.
- ¿Sabes? Cuando estabas vivo eras más agradable.
- Derek te quiere y tú a él. ¿Enserio pensaste en abandonarle? Y que me dices de Coque. Ha superado una operación, se está recuperando. Perder a su hermana debe de ser un golpe tan grande para él.
- ¡Vasta! - grité empujándole y puse ambas manos sobre mis oídos. No quería escucharle. Solo decía chorradas que me hacían sentir mal.
Al momento, se acercó de nuevo a mi y me cogió las manos inmovilizándome.
Sentí su aliento frío y sin fuerza sobre mi rostro.
Me retorcí pero era imposible escapar de su agarre.
- Llevo más tiempo muerto que tú. Sé lo que sentirás, sé todo el dolor que te queda por experimentar. Si no te liberas ahora, nunca tendrás la oportunidad de hacerlo.
Me sermoneó mientras sus ojos grises incidían sobre mi. No lo soportaba más.
- ¡Cállate! - grité con todas mis fuerzas. Las lágrimas salieron sin parar por mis mejillas.
Sabía que llevaba la razón y eso me asustaba. Me asustaba mucho.
Cuando abrí los ojos ya no estaba.
Sentí mi corazón latir a cien por hora e intenté recuperar la respiración.
Narra Lola:
Me miré en el espejo sintiéndome una completa idiota. Había huído de Mason y me había escondido de Henry.
No me siento orgullosa de mi misma si no todo lo contrario. Me siento una verdadera cobarde. Si, eso es lo que soy.
- No le mires, no le hables, no sientas compasión. Es agua pasada para ti - suspiré limpiándome las últimas lágrimas del rostro con un pañuelo y mirando mi reflejo en el espejo. Hablar con mi propio reflejo es la chorrada más grande que había hecho en mi vida pero lo necesitaba, necesitaba esa fuerza en esos instantes.
Menos mal que no había nadie. No me agradaría que todo el local se enterase de que era una frágil y debilucha.
Cuando estaba dispuesta a salir después de unos minutos, la puerta del baño se abrió y tras ella apareció Mason con ojos dilatados y brillantes.
- ¿Qué haces aquí? Te dije que no tardaría - le reproché mientras él se acercaba a mi rostro e inclinaba la cabeza.
- Me preocupaste. Solo eso.
- Eres un encanto, Mason - sonreí como pude y accedí a la puerta para salir de aquel lugar que empezaba a ahogarme.
Me sentía mareada y sin fuerzas. Se me habían pasado las ganas de bailar, incluso de beber.
Cuando intenté forzar la puerta, esta no abría. Pestañeé numerosas veces. ¿Qué me estaba pasando?
Me senté junto a la puerta y cerré los ojos con fuerza. Pensé que al abrirlos de nuevo, todo el mareo pasaría de golpe pero por lo visto me engañé.
- ¿Por qué no abre la puerta? Me encuentro muy mal - susurré mientras Mason se acercaba a mi. Se puso de rodillas justo a mi lado izquierdo y acarició mi rostro con delicadeza. - Mason...
- Es por tu bien, Lola. Lo hice por tu bien - volvió a repetir mientras mordía lentamente mi oreja. Mi respiración se aceleró y mi pulso también. Intenté separarme de él pero no tenía suficiente fuerza y no veía más que puntos borrosos.
- ¿Qué me hiciste?
- Solo te eché algo en la bebida. Ya verás lo bien que nos lo vamos a pasar - susurró justo a mi oído mientras ponía sus manos en mis piernas y las acariciaba siempre en el mismo sentido.
- Por favor, no me hagas daño - murmuré intentando apartar su mano de mis piernas.
Entonces, me agarró por la cintura aprisionándome contra la pared. Sentía su fuerte aliento en mi rostro. Me retorcí pero fue en vano. Mi fuerza fue consumida por esa mierda que me echó. Ni siquiera podía gritar y pedir auxilio.
Giré mi rostro. Él besó mi cuello con rapidez mientras sus manos volvían a subir por mi pierna. Me encogí intentando que soltase mis manos pero fue imposible.
Noté como entrometía su mano entre mi entrepierna. Quise gritar, liberarme y salir corriendo de allí.
- No te muevas, estúpida - susurró mientras se desacía de mi ropa poco a poco y besaba cada parte de mi cuerpo.
Cuando me desnudó por completo comenzó con una tortura que jamás podré olvidar.
Un dolor inmenso me inundó por completo. Actuaba de manera brusca y rápida.
Lloré como nunca antes había llorado.
Parecía que el sufrimiento nunca acabaría.
Solo quería escapar, huir muy lejos de él.
Todo fue mi culpa. Nunca debí acercarme a él.
Y cuando todo parecía acabar, cerré los ojos con fuerza deseando que todo esto solo fuera un sueño. Entonces, escuché un fuerte sonido. El hombre me empujó bruscamente haciendo que cayese en el suelo. Creo que marchó, que se escapó y huyó de allí.
No lo sé, solo me alegraba de que todo hubiese terminado pero el dolor que sentía era demasiado duro de aguantar. Nunca me había sentido tan indefensa, tan insegura y tan estúpida.
El golpe que me di en la cabeza también me dolía a más no poder. Ya no podía ver nada. solo tenía frío, mucho frío y ni siquiera tenía las fuerzas suficientes para abrazarme a mi misma.
Mi respiración seguía agitada, mi corazón no paraba de latir a la velocidad de la luz y la tensión debió subirme por las nubes.
No sé cuanto rato había pasado. Cuando abrí los ojos, le vi. Me asusté e intenté alejarme de él pero recordé que no tenía fuerzas.
- Soy Henry. No te haré daño. Tranquila - noté su voz muy ronca, sin vida.
Caminó hacia mi después de cerrar la puerta. Noté como largas e inmensas lágrimas recorrían su rostro. Me miró y cerró los ojos con fuerza.
- Lo siento, debí de llegar antes. Debí protegerte de él y no lo hice - noté como apenas podía pronunciar palabra. Seguía llorando como si no hubiese un mañana en cambio, mis lágrimas ya se habían secado y yo ni siquiera tenía fuerzas como para seguir llorando.
Y se arrodilló a mi lado, mirarme le dolía. Le dolía saber que pudo hacer algo, que no debió de esperar tanto antes de intervenir.
- Solo te tocaré si me das tu permiso.
Le observé con un mirada completamente pérdida. Me alegraba de que estuviese aquí y de que accediera a ayudarme.
Eso calmaba un poco mi dolor interior. Era más fuerte que el exterior.
Asentí como pude y el me abrazó apretándome fuertemente contra su pecho.
- Te juro que si alguna vez le vuelvo a ver, no estará vivo para contarlo.
Noté como la rabia se apoderaba de él. Lloré en su regazo mientras me apropiaba de su calor corporal.
Poco a poco estaba recuperando la vista y creo que eso era buena señal.
- Prometo que nunca dejaré que te hagan daño - besó mis nudillos mientras continuaba llorando con fuerza.
Le observé por unos minutos sin demostrar ninguna expresión.
Se quitó la camisa junto a la cazadora y me vistió con delicadeza y cuidadosamente.
- Recogeré tu ropa. Ahora debo mirarte esas heridas y luego te llevaré al médico - dijo cogiéndome las manos con cariño y besando de nuevo mis nudillos. - ¿Vale?
Su respiración era igual de agitada que la mía. Cerré los ojos poco a poco.
- Oye, no te duermas. Sigue conmigo por favor. No te duermas - repitió mientras soltaba mi mano.
No quería que soltase mi mano. No quería que se alejase de mi. No quería estar sóla.
Abracé su pierna derecha. Él se quedó a mi lado y volvió a abrazarme.
- Está bien. No te dejaré.
Me cogió entre sus brazos y me cargó con cuidado. Acarició mi rostro lentamente y suspiró mientras se limpiaba las lágrimas de sus ojos.
- Te pondrás bien. Te lo prometo.
Alcé mi mano y él la juntó con la suya enrollando sus dedos con los míos.
Salimos por la puerta de atrás. Apoyé mi cabeza en su regazo. Por primera vez en toda la noche, me sentía segura a su lado y el dolor parecía menos doloroso.
Me dejó sobre el asiento del copiloto y me cubrió con una manta mientras besaba mi frente con dulzura.
- Te quiero - dijo entre sollozos mientras apartaba un mechón de cabello de mi rostro.
Fue lo último que pude escuchar antes de sentir un fuerte dolor en la parte inferior de mi barriga y perder la consciencia.
Narra Miriam:
Nada más ver a Jerry en una esquina, fruncí los labios y luego el ceño.
Sabía que debía contárselo, no podía callármelo más.
Suspiré y caminé hacia él. Jerry estaba en un rincón y me observaba de reojo.
Me senté a su lado. Giró un segundo el rostro para mirarme y luego continuó mirando al frente.
Yo miré el techo y bufé.
- Derek me advirtió de que no entrase. Pase totalmente de él y sé que estuvo a punto de perseguirme, que estuvo a esto de ir a por mi pero no lo hizo porque respetó mi decisión y mis deseos aunque fuera la idea más alocada del universo.
Todo iba bien hasta que él llego. Yo solo quería proteger a mi madre. Por un segundo pensé: "mejor yo que ella"y si, caminé hacia mi muerte cuando a lo mejor, podría darme tiempo a esconderme. No sentía miedo, ni inseguridad. Estaba bastante convencida de la decisión que acababa de tomar.
Ahora el recuerdo de aquel hombre disparándome y yo desangrándome siempre permanece en mi mente como si fuera una lección de la vida.
- ¿Desde cuando lo recuerdas? - pronunció mirándome detenidamente mientras intentaba contener mis lágrimas.
- Desde que me desmayé por última vez. Ahí lo recordé completamente todo.
- ¿Pero por qué te rendiste? ¿Qué te hizo ir directamente hacia tu muerte? ¿Por qué dejaste de luchar?
Le miré a los ojos completamente contenida. Me encogí de hombros y ladeé la cabeza.
- ¿Nunca sentiste que no encajabas? ¿Qué siempre hay otra persona que rápidamente te roba tu lugar y hace que te conviertas en la chica invisible? - reí flojo mientras pequeñas lágrimas resbalaban por mi mejilla - Simplemente pensé que mi muerte no le importaría a casi nadie. Pueden vivir sin mi. Estarán bien - le miré y asentí con la cabeza. - ¿Esto está pasando de verdad? Porque si la muerte es así déjame decirte que es un asco - exclamé bruscamente mientras él me miraba y se reía.
- Tal vez, si lo sea.
Le miré nuevamente y sonreí.
- Sé que intentaste avisarme de que sucedería. Tus señales fueron claras pero que lástima que no pudiese darme cuenta antes.
- Hasta tuve que morir para avisarte y de nada sirvió.
- Eres un buen guardaespaldas, Jerry - afirmé sonriendo forzadamente.
Narra Carlos:
David se había ido a comprar unas cuantas cosas para comer esta noche.
Había visto una noticia en la televisión bastante alarmante.
Se había producido un tiroteo en un hospital de la zona. Eso me causó varios escalofríos.
Hace varias semanas, estuve allí... Imagínate que hubiese ocurrido en ese mismo instante, me cagaría en los pantalones.
Cuando estaba apunto de coinciliar el sueño, el timbre de la puerta sonó.
Tuve que levantarme e ir a abrir a duras penas.
Seguramente sería David, fijo que se olvidó las llaves como hace siempre.
Arrastré los pies apesaradamente. Y abrí frotándome los ojos aún soñoriento.
Nada más abrir la puerta, pude contemplar a una chica indefensa, cohibida e insegura.
Me abrazó con fuerza mientras sollozaba en mis brazos. Me quedé en shock. ¿Qué hacía ella aquí? Pensé que nunca jamás volvería a verla.
Aún con tantas dudas en mi mente, le seguí el abrazo consolándola.
Imaginé que ya no quería verme más. Sus evasivas me lo dejaron muy claro. Aunque allí estaba, frente a mi y estrugándome como nunca nadie lo había hecho.
- Lo siento mucho. Nunca debí decirte lo que te dije y mucho menos actuar como una completa imbécil.
Sé que tienes muchos motivos para odiarme. Solo quería disculparme - susurró débil mientras se separaba de mis brazos y me miraba a los ojos con una mirada triste y apagada. Las lágrimas seguían recorriendo sus mejillas.
- Jessy, ¿estás bien? - murmuré preocupado mientras acariciaba su cabello.
- Casi muero hoy - mencionó tartamudeando mientras pasaba sus manos por su rostro secándose las lágrimas con el dorso de su mano - Y en lo único que pude pensar fue en que me comporté como una gilipollas contigo. ¿Cómo cargar con esa culpa por el resto de mi eternidad?
Puse mis manos sobre las suyas. Las aparté de su rostro y apoyé mi frente sobre la suya.
- Si te pasase algo, que fueras gilipollas sería en lo último que pensaría. Y sin duda, aquí el único cabeza hueca, estúpido, egoísta y realmente idiota soy yo.
Siento lo que pasó.
Siento haberme enamorado de ti - gruñí y miré al cielo mientras me mordía los labios - Siento haberte asustado y presionado.
- ¡No! Actué de una forma horrible, no dejé ni que te explicases y esos mensajes me pusieron de los nervios. Fui una estúpida.
No es culpa tuya, nadie predice lo que va a ocurrir ni como... te vas enamorando poco a poco.
Fuiste valiente. Me lo dijiste sin más y de la forma más dulce del universo.
Acarició mi rostro y sonrió forzadamente.
- Valiente o no. Te perdí y eso es como si me arrancasen... - me interrumpió poniendo el dedo índice en mis labios. Alcé la mirada con ojos lagrimosos y ella sonrió escasamente.
- Sigo aquí. He venido a pedir tregua y si te parece bien, me gustaría volver a ser tu amiga - se lamió el labio inferior mientras pasaba sus manos por detrás de su espalda.
Me quedé obserándola como si fuese la cosa más delicada y dulce del mundo. Pensativo por unos instantes, acaricié su mejilla e incliné mi rostro.
- Como decir que no.
- Eres un buen chico, Carlos.
No te merezco - susurró alzando una ceja mientras notaba su respiración cada vez más cerca de mi rostro.
- Creo que es al revés - bramé dulce mientras ella se acercaba más a mi y depositaba un pequeño beso en mis labios. Mis ojos se abrieron de par en par. Sentí sus labios fríos y mojados pero sensibles, irresistibles y realmente, sentí la necesidad de volver a besarlos pero tal vez, a ella le pareciese mal.
Ambos sonreímos con timidez.
- ¿Amigos? - alcé una ceja meneando la cintura mientras mi sonrisa aumentaba en cantidad.
- Calla, estúpido - puso los ojos en blanco mientras me daba suave en el brazo - Te echaba de menos.
- Y yo, estúpida.
Ambos sonreímos y ella volvió a presionar sus labios contra los míos. Esta vez nos hundimos el uno en el otro durante un tiempo mucho más extenso que para mi fue como si cesase y todo a nuestro alrededor desapareciese.
- Debo irme. Quieren hacerme unas pruebas en el hospital... - bramó aún recuperando la respiración mientras se agarraba fuertemente de mis brazos.
- ¿Seguro que estás bien?
Pregunté mientras ella me miraba fijamente.
- Ahora sí. Ahora si lo estoy.
Y ambos sonreímos mientras yo me perdía en su mirada una vez más.
Narra Miriam:
- Tú muerte no fue justa - le dije a mi abuela abrazándola con fuerza mientras sollozaba en sus brazos.
- La tuya tampoco - me sonrió acariciando mis hombros.
Y nada más voltearme, la vi. Vi a mi madre que me observaba de pie junto al umbral de la puerta.
Sus ojos estaban húmedos y sus labios totalmente secos.
Me quedé observándola un rato. La había buscado durante tanto tiempo... Aunque ahora era la persona con la que menos deseaba encontrarme.
- Siento todo lo que pasó. Fue culpa mía - dije mientras ella se abalanzaba sobre mi acogiéndome entre sus brazos y sonreía momentáneamente.
- No deberías de estar aquí. Aún puedes salvarte.
- No me iré sin ti, mamá - pronuncié cogiendo su manos con fuerza mientras las lágrimas salían disparadas de mis ojos.
- Coque y papá te necesitan. Hazme caso por una vez - acarició mi mejilla con delicadeza y me sonrió una última vez.
Sus manos estaban frías y todo su cuerpo se encontraba pálido y sin vida.
- Mamá... Siento todo lo que dije, nunca fui un buena hija. Solo... debí portarme mejor.
- Cállate. Estoy orgullosa de ti y también de tu hermano. Debí estar a vuestro lado siempre - me paró en seco y su sonrisa se borró de su rostro.
- Te quiero, mamá.
Solté sus manos y le miré por última vez mientras mis sollozos aumentaban por momentos.
- Corre.
Y sin más, me di la vuelta y caminé hacia mi destino. Sin miedo, sin lástima, sin remordimientos.
Tal vez, elegí mal una vez pero tenía otra oportunidad para elegir mejor.
Quería a mi madre. La amaba con todo mi corazón aunque nunca se lo demostrara en su totalidad.
En estas semanas, me sentí tan cercana a ella que eso recompensó a todos aquellos años pasados.
Ella me defendió.
Ella se sacrificó por mi.
Ella antepuso su propia vida para salvarme.
Nunca podría agradecerle todo lo que hizo por mi.
Completamente todo.
A veces la vida puede resultar tan corta que ni siquiera podemos apreciarla. Solo cuando la perdemos, podemos darnos cuenta de nuestros actos, de nuestros errores y de nuestros pensamientos.
Somos personas, nos equivocamos constantemente pero esa es nuestra función y nuestro trabajo.
Levantarnos para volvernos a caer y retomar el camino de nuevo.
Así maduramos, así aprendemos.
La base es no rendirse y continuar pase lo que pase y sea como sea.
Aunque a veces, nos sea totalmente imposible...
A menudo el sepulcro encierra, sin saberlo, dos corazones en un mismo ataúd.






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