domingo, 29 de diciembre de 2019

(T3) CAPÍTULO 53: UNA TRAGEDIA MÁS


Narra Derek:

Un día te despiertas y piensas que todo lo que te rodea es falsedad. Una gran mentira que jamás te habías imaginado descubrir y peor aún, un dolor incapaz de describir con palabras. Simplemente, eso. Una tragedia más.
El nerviosismo sube lentamente por tus arterias y un cabreo incontrolable inunda tu mente. 
La gente es tremendamente egoísta. 
Solo pensamos en nosotros mismos e intentamos hacer creer a los demás que nos importan cuando no es así. 

Cuando Miriam me contó aquello, sentí como mi sangre dejaba de circular. Me sentí helado, petrificado y lo más impactante es que tenía muchas cosas en mente que deseaba decir pero ninguna lo suficientemente apta como para expresar con palabras. 

Mi padre, una vez, cuando estaba en el limbo entre la vida y la muerte, se acercó y me dijo "¿Recuerdas aquella vez que dije que había estado trabajando hasta tarde? Pues en realidad, le estaba poniendo los cuernos a tu madre".
Eso fue lo que dijo. Explícitamente, duramente y sin titubear. 
 Me sentí roto por dentro. Como una estrella que había dejado de brillar.  
Con el tiempo comprendí a mi padre y las razones de porqué durante 10 años mantuvo ese pequeño desliz en un encogido rincón de su memoria y disfrutó de su familia como cualquier padre podría haber hecho.
 Me dio todo el amor y conocimiento del mundo y me dejó sus bienes más preciados. La empresa por la que tanto había luchado durante toda su vida. 

Había pasado una semana desde que me había marchado precipitadamente de casa de Miriam. Aún no sabía que decirle y mi celular estaba repleto de llamadas perdidas y mensajes de ella pero aún no estaba dispuesto a responder hasta no aclarar mis ideas. 
Me senté en mi despacho y comencé a hacer las cuentas del local que llevaba atrasadas desde la boda. 

Una llamada en la puerta me distrago de mis pensamientos. Justin apareció de repente acompañado de Miriam.

- Jefe, debemos de reunirnos con el señor Clarín en la sala B2. Tenemos la presentación lista y Miriam hará los sonores. Se aprendió el texto como la palma de su mano y tiene una facilidad increíble para conectar con el público.
Justin pasó su mano por sus hombros a lo que ella respondió con una cálida sonrisa. Un calor comenzó a subir por mis puños. 

- Os veo allí. - concluí saliendo de mi despacho apresuradamente antes de soltar cualquier disparate fuera de lugar. 
Durante la reunión, notaba la mirada de Miriam fija en mi. Yo me limité a bajar la cabeza y centrarme en el papeleo aunque mi cabeza no dejaba de dar vueltas y más vueltas.
Al salir, Justin pegó un chimpo emocionado.

- ¡Miriam, estuviste genial! - dijo entusiasmado mientras ella sonreía sonrojada - Debemos celebrarlo, os invito a tomar una copa. Venga, no os rajéis - nos guiñó el ojo y fue a cambiarse de ropa para ponerse una formal.




- Derek... Yo... Me gustaría que hablásemos.

- No hay nada de que hablar, Miriam.

- ¿Por qué te fastidia tanto? - pregunta siguiéndome hasta el despacho. Cerré la puerta y ambos nos encontramos de nuevo sólos y como siempre acabaríamos gritando. Llevé mis manos a mi cabello y con nerviosismo me despeiné.

- Porque no tuviste en cuenta mi opinión Miriam. Te tiraste al vacío como si lo que yo pensase no contara y esto que ambos tenemos se llama RELACIÓN. Se basa en la cooperación, comunicación y confianza entre ambos. ¿Te parece normal ocultarme esto hasta ahora y comenzar con los trámites antes de contármelo?






- Es Dylan. Pensé que tú... sentías lo mismo que yo siento por él. Es un pobre niño Derek... - bajó la cabeza con la mirada perdida.

- Si te encuentras otro niño en la misma situación ¿también lo adoptarás? - me senté sobre el escritorio y crucé los brazos desafiante.

- Derek, ese fue un golpe muy bajo. Sabías perfectamente el cariño que le tengo a Dylan - se acercó a mi alzando un dedo.

- Pensaba que sabía también lo que significaba para ti pero veo que no... - giré la cabeza evitando su mirada. Sé que si la miro directamente a los ojos me desplomaré.

- Claro que significas. No digas tonterías. Sabes perfectamente que eres el niño de mis ojos... -susurró bajo mientras se mordía el labio - Lo digo completamente en serio - me cogió de la mano. Quise apartarla pero algo me evitó hacerlo y alcé la mirada.

- Demuéstramelo. Las palabras se las lleva el viento. Necesito actos.

Ella sonrió timidamente y acercó sus labios a los míos poniéndose ligeramente de puntillas. Besé sus labios con ternura mientras ella acariciaba mis músculos con suavidad al ritmo que nuestras lenguas jugaban. Abrí los ojos en medio de aquel fugaz beso pero volví al cerrarlos al sentirla tan cerca de mi. Respiración con respiración. El uno con el otro.



- ¿Esto sirve? - dijo separándose unos centímetros con una sonrisa pilla.

- Debes elegirme Miriam.

Ella me observó pensativa frunciendo el ceño y levantó los hombros.

- ¿A qué te refieres?

- Dylan o yo. Tú decides - dije con claridad volviendo a cojer sus manos.

- ¿Estás loco? ¿Enserio vas a hacerme elegir? - dijo ofendida pero sin soltarme las manos.

Asiento seriamente y ambos nos miramos fijamente durante unos segundos sin decir absolutamente nada.
Ella suelta mi mano.

- Ya veo lo que te importo al hacerme elegir - se dirige a la puerta - Creo que ya sabes la respuesta. Buena suerte, Derek.

Y al cerrar la puerta, un escalofrío recorrió cada zona de mi cuerpo como si me hubieran roto en pedazos cada vez más pequeños que se triplicaban. Y es cierto, me habían roto el corazón en pedacitos.



Las lágrimas comenzaron a deslizarse rápidamente por mis mejillas. Me senté en mi despacho y suspiré hondo mientras un dolor recorría mis entrañas. Cada vez más fuerte, cada vez más intenso.






Narra Jessy:

Los días seguían pasando y seguíamos sin respuestas. Obviamente, no sabíamos nada sobre Érica y el bebé pero tampoco teníamos ni idea de Coque. Me molesté en dejarle mensajes pero ni siquiera le llegaban y la esperanza cada vez era más reducida. 
Lo echaba de menos y me sentía culpable, si hubiera respondido antes, esto no habría pasado.
Carlos se me pasó por la cabeza, en toda la semana no me había acordado de su existencia y por lo visto él tampoco.
Tal vez, decidió dejarme espacio después de todo. 

Eso era lo que menos me preocupaba.

Tenía una carta escrita para Coque, diciendo cuanto lo lamentaba y lo mucho que lo quería. Aunque ciertamente sabía, que nunca saldría a la luz.
A lo mejor, no volvía jamás.

Fueron demasiados acontecimientos juntos, la muerte de su madre, la infidelidad de Érica y sobre todo el bebé tan deseado... Se había hecho a la idea de que sería un padre ejemplar y que seguramente tendría su pelo.

Yo también estaría destrozada, con los sentimientos a flor de piel y además... Con el corazón totalmente destrozado. 

Se escuchó la puerta de casa. Miriam apareció con los ojos rojos y un niño pequeño a su lado.


- Jessy, acabo de cometer una verdadera locura.

Me quedé perpleja.

- ¿Dylan?

La cara de Miriam emblanqueció y la mía también.










Narra Pris:  



Joder, estar en un pav a las doce de la madrugada con Álvaro se sentía fatal.
Hacía una semana del revuelo y con Coque desaparecido y la mayoría de mis amigos rotos en pedazos, no era un gran momento para irse de fiesta con él.


Aún no tengo muy claro lo que somos y creo que el tampoco pero prefiero no ponerle etiqueta por el momento. O tal vez nunca.

De pronto, aparecieron David y Blas con su mejor sonrisa.

Obviamente, Carlos no apareció por lo de la boda supongo y Dani.... No era de fiestas aunque seguramente, si estuviera Miriam fijo que se venía. Creo que le encanta aunque ella esté completamente enamorada de Derek.

- Hey Pris, tierra llamando a Pris.

Veo la mano de David moviéndose por delante de mi rostro y alzando mucho la voz por encima de la música.

- Dime.

- Te invito a tomar algo.

Pido una Estrella y salimos a la terraza del pav mientras Álvaro y Blas se quedan hablando dentro.

- ¿Qué es lo que tienes con Alv? - sonríe llendo completamente directo al grano.

Me sonrojo sin saber muy bien que contestar. Sabía que tarde o templano llegaría este momento incómodo pero no me lo imaginé tan pronto.
  
- Sinceramente, ninguno de los dos lo sabemos - me encojo de hombros.


- Para serte sincero, nunca había visto a Alv tan feliz. Desde que te conoce, no rechista en ningún ensayo y no se enfada cuando le como las galletas de chocolate. Nunca lo había visto así, hasta pensé que podía estar enfermo. Pero es la enfermedad del amor, ¿no es así? - acompaña el comentario con una sonrisa boba y un guiño.

- No sé que responder a eso. Si es una forma de incidir en que le pida salir. Estás pirado - pong0 los ojos en blanco.

- Por supuesto que no. Ya te lo pedirá él. En el momento que más rabia te dé. Confió en Alv y tiene mi aprobación en cuanto a ti.

- ¿Por qué tendría que tener tu aprobación para salir con una chica? - digo olvidando los demás comentarios detestables.

- Porque soy su hermano, no de sangre pero ya me entiendes. Y debes de estar dándole unos polvos increíbles porque parece Bob Marley cuando se fumaba unos petas.

- David - le pego leve en el brazo y él se sonroja.

- Lo siento, creo que esta mierda empieza a subirme - dice enfocando su atención al culín del cubata.


David desaparece de mi vista y me sumerjo en el paisaje que se contempla desde la terraza. Siento unas manos rodeándome por la espalda.



- Espero que David no fuera muy irritante. Cuando bebe se pone sincero.

Noto su respiración en mi oído y mi cuerpo se estremece. Me volteo y deposito un beso en la comisura de sus labios.
 Paso las manos alrededor de su cuello y acaricio su cabello.



- Tan solo nos dió bendiciones. Papá David, acepta nuestra... - me cayo antes de joderla y sonrío - aventura.

- Me gusta esa etiqueta.

Me pierdo de nuevo en sus labios y todo el dolor y preocupación de hace unas semanas se desvanece.

El ambiente me vuelve loca. 
El alcohol me vuelve loca.
Álvaro me vuelve completamente loca.






Narra Henry: 


No, es un intento en vano. Hablar con ella no servirá de nada y además después de todo lo que ha pasado. 
No sé ni que decir, estoy roto por ambas partes. Por mi situación sentimental y por... la familiar supongo.

Aún no me acostumbro a la idea de tener un bebé y menos con la mujer a la que tanto amaba y me traicionó y destrozó el corazón.
Ya no sentía nada, pasé del amor, al odio y del odio a la indiferencia gracias a Lola.

No sale de mi cabeza aunque ahora mismo tenga problemas en mi vida mucho más importantes.

Mi vida gira alrededor de esa pobre chica y su trauma.

Me siento como si la abandonase... Aunque ella fue la que no quiso saber más nada de mi.
Rompimos por Érica y cuando había una pequeña gota de esperanza... Todo se fue a la mierda y desearía con todas las fuerzas estar a su lado pero es imposible. No me quiere a su lado. Ni a mi ni a nadie y eso me asusta.

¿Qué podría hacer?

Desobedecerla sería a un peor. No respetar sus decisiones y su vida. Entrometerme hasta el fondo y resultarle pesado pero desentenderme de su vida y sus problemas era cruel y sin corazón. 

La cabeza parecía que me explotaría en cualquier momento.

Llevaba una vida tan tranquila, tan feliz al lado de Miriam... Pero la cagué y ahora la razón de mi cagada, me la devolvió.

La puerta se abrió y desconecté de mi mente centrándome en ella.

- Hola, tenemos que hablar. No me vale un no por respuesta, te dejé una semana de margen - me hice hueco y entré en su casa. 

Ella se quedó callada mientras se sonaba los mocos y tomó asiento en el sofá. Sin ni siquiera ofrecerme algo de beber, se tapó con las manos y limpió los mocos.

Esa imagen me recordaba tanto a Lola que una terrible culpa y pena me atormentó por dentro...
Pero era diferente, Érica se merecía todo lo que le estaba ocurriendo. Es mala persona, una mentirosa a la que le gusta jugar con las personas. Se merecía esto y más.

- ¿Qué quieres? - intervino en mis pensamientos muy ruda.

La pena que sentía repentinamente por ella, se apagó y volví a la realidad.

- Creo que es obvio el porqué he venido.

- Todo está aclarado. Jessy y tú lo dejásteis claro y también la chica del pelo corto...

- Pris - respondí tanjante.

- Esa. Me dejásteis como una bruja embarazada delante de familiares y amigos. He perdido muchas relaciones amistosas por vuestra culpa y no sé nada de mi familia desde la boda. 

- ¿Te quejas? ¿Sabes como me sentí al saber que el hijo que esperas es mío? ¿Y Coque? - fruncí el ceño y pasé mi mano por el flequillo - Nos has hecho mucho daño. Toda la culpa es tuya aunque yo también tengo parte de culpa al dejarme engatusar por ti. El único que se salva es Coque, ese hombre te quería de verdad y lo arruinaste todo.

Érica aguantó fuertemente las ganas de llorar y puso una sonrisa falsa.



- Me importa una mierda que estés mal. He perdido a Coque, y eso es por tu culpa.

- ¿Mi culpa? Yo no tenía novia cuando nos revolcamos. Yo fui legal, en cambio, tú... - alcé mis manos excusándome.

Se levantó y se sentó a mi lado con mirada intimidante pero esta mujer ya no provocaba ni el más mínimo sentimiento en mi.

- Todos cometemos algún que otro error y yo continúe con mi vida hasta que apareciste de nuevo. Jodiéndolo todo de nuevo, como siempre - se rascó la nuca como si ni ella misma se creyese todo lo que estaba diciendo.

- Era mi bebé y creéme no voy a renunciar a él aunque me disguste quien sea la madre.

Su expresión ofendida me causó risa. ¿Es qué acaso pensaba que después de todo la seguiría queriendo?

- Si pudiera abortar, lo haría ahora mismo.

- Tuviste tu oportunidad pero preferiste decir que el bebé era de Coque y continuar con tu feliz boda de princesa y cuentos de hada pero nunca existe un final feliz.

- Estúpido - dijo alzando los puños para empujarme. Logré parar el golpe agarrándola de los puños. La cogió de imprevisto y se precipitó sobre mi. A unos cuantos centímetros de mi rostro.

Miré sus ojos llorosos y brillosos. 
Se fue acercando poco a poco a mis labios y justo cuando la tenía a escasos milímetros. La agarré de los hombros y la retiré de encima mía.




- Nunca cambiarás, Érica - murmuré levantándome y dirigiéndome a la puerta principal.

- Tú tampoco, casi no reaccionas y me dejas besarte. Admite que sigues coladito por mi - dijo sonriente mientras se acomodaba en el sofá.

- Ojalá nuestro hijo no tuviera un tan mal ejemplo de madre - di por cerrada la conversación y salí de su casa.

No me podía creer que Érica intentase besarme. Ya no me extrañaba nada de ella. No podía ni siquiera culpar a las hormonas del embarazo. Era ella así. Siempre. 

No había explicación. Era una persona que odiaba estar sóla. Necesitaba cariño, el cariño que nunca su familia le dió, por eso era así.
Fría, malvada, poliamorosa, mentirosa... Ocultaba realmente su verdadera forma de ser, de pensar y hablar. 

Érica fingía ser una persona fuerte cuando en verdad, no era nadie...






Narra Coque:



Querida Jess:

Nueva York es increíble, la mejor terapia post-sentimental del mundo. Ahora entiendo porque la zorra de mi esposa quería venir aquí. 
No sé cuando tardaré en volver a Barcelona. Se está genial aquí y tengo todo un mes aún por disfrutar. 
Si lo preguntas, sí. Estoy algo bébedo. Pero no es muy grave dado que por el momento aún logro escribir con claridad y llevaba días pensando en escribirte aunque no fuese a mandártelo. No lo sé, estoy demasiado pedo para pensar en que hacer.

Ojalá tenerte aquí y comerte la boca. Me encanta hacerlo borracho o cuando ambos lo estamos y es que la imagen de ese día no se va de mi cabeza ni por un segundo y lo de echarte de menos tampoco ayuda mucho. (Creo).

Bueno, debo dejarte, una de las camareras de este bar está intentando echarme porque van a cerrar pero cada vez que me habla en inglés, no la entiendo y cuando le hablo yo, me entiende aún menos. Así que creo que aunque esté terriblemente buena, no tengo posibilidades. Ya que ligo con ella y no me entiende.

Adiós, Jess. Hasta pronto.



Coque.




 Resultado de imagen de gif anillo tirar