Narra Jessy:
Bajé las escaleras aún haciendo un esfuerzo por recuperar la consciencia. Me froté los ojos y entré en la cocina acompañada de un fuerte e intenso bostezo.
Cuando al fin era consciente de lo que sucedía al mi alrededor, vi a Coque en gallumbos tarareando una canción mientras hacía el desayuno. Ese era el motivo de que toda la casa oliera a tortitas.
- Buenos días - le dije sonriendo mientras me sentaba a un lado de la encimera con las piernas colgando.
- Buenos días, Jess - murmuró volteándose hacia mí. Se apoyó en frente de mí, dejando sus brazos alrededor, impidíendome escabullirme. Se acercó cuidadosamente y depositó un beso tierno en mis labios.
Como si me fuese la vida en ello, lo enrollé con mis piernas y lo atraje más a mí. Le sujeté del cabello tirando un poco de el y respondí con otro beso intenso pero con lengua.
Se alejó unos centímetros para coger aire y me miró fijamente a los ojos con una sonrisa.
- Tengo algo que proponerte - dijo captando mi atención aunque ciertamente, ya la tenía - ¿Qué te parece un viaje a Irlanda? Es un país con mucha cultura y a muchos, muchos kilómetros de todo lo que nos rodea. No sé tú, pero tengo ganas de desconectar de todo.
- ¿Solos tú y yo? Además, acabas de volver de Cuba. Estuviste desaparecido sin dar señales de vida, meses. ¿Pretendes volver a irte y dejar a tu hermana sola de nuevo? - me sorprendí sermoneándole por su falta de empatía y su poco sentido de la responsabilidad.
- Mi hermana está encoñada del rarito de los coches. ¿Crees que le importa lo que haga y con quién? No conoces bien a mi hermana entonces - respondió entornando la mirada y obviando lo evidente.
- Ajá. Y digo yo, ¿no le parecerá raro ir nosotros dos solos?
- Jess - murmuró cogiéndome las manos con una sonrisa - Me da igual lo que piense, nos llevamos guay y estoy pasando por un mal momento. Tú acabas de romper con el rubito y también lo estás pasando mal. ¿Por qué no compartir nuestra mierda? - Me agarró de la mano poniéndome ojitos como un corderito enamorado.
- Yo no quiero solo compartir nuestra mierda. Si nos vamos juntos a Irlanda estarás dando comienzo a algo más serio...
- ¿Cómo algo más serio? No te pillo, Jess - respondió separándose unos centímetros para observarme mejor.
- A tener algo más... estable. Tú y yo. Me refiero a nosotros. A lo que tenemos o a lo que estamos estableciendo. Bueno, da igual - susurré en tono bajo mientras desviaba la mirada y notaba como mis mejillas cambiaban a un color más resultón.
- Oh Jess...-me cogió de la barbilla buscando mi mirada y acercándose a mis labios. Pude sentir su aliento en mi rostro. La piel se me puso de gallina - Ahora mismo no es que tenga muy claro que cojones quiero hacer con mi vida, lo que si sé claro es que he perdido muchas cosas y personas importantes para mí que finalmente, no merecían serlo. Lo único que tengo claro es que quiero pasar tiempo contigo. Quiero besarte, abrazarte, dormir a tu lado y reírnos juntos. Solo quiero desconectar de todo y disfrutar con alguien que si me aporte algo en mi vida. Y tú querida - dijo empujándome para atrás con su dedo índice - Eres la única persona con la que quiero hacer todo eso.
- Eres horrible, Coque. Yo tampoco tengo muy claro que hacer - le confesé poniendo los ojos en blanco mientras le cogía de las manos.
- Entonces, déjate llevar y vente a la agencia de viajes conmigo. Pago yo.
- No, eso si que no - le corté de inmediato pensando en partirle el cuello con la mente.
- ¿Por qué no aceptas un regalo? Eres tan testaruda - dijo mientras se acercaba con una sonrisa a mis labios. Comenzamos a comernos a besos mientras los dos sonreíamos como completos lerdos. O como lerdos enamorados.
Ojalá estuviera en la mente de Coque para averiguar que es lo que siente por mí. Es demasiado desconcertante no saberlo, a veces, es como si me amara y quisiera hacerme hijos. Otras, es como si le diera igual y simplemente, fuera otra florecita más en su camino. Tal vez, el viaje fuera la clave para aclarar nuestros sentimientos de una vez por todas. Tanto los de él como los míos.
De repente una voz nos distrajo de nuestros pensamientos.
- ¿Hola? ¿Qué cojones? ¿Desde cuando os liais y es más, desde cuando en mi puta cocina?
Ambos dejamos de besarnos y nos sorprendimos al ver a Miriam, mirándonos con cara de culo desde la puerta de la cocina acompañada de dos maletas que sujetaba con las manos, que pasados unos segundos depositó en el suelo. Vimos como se cruzaba de brazos furiosa mientras Coque y yo nos mirábamos sin saber que decir.
- ¿Vais a explicarme que está pasando aquí?
- Déjame a mí - me susurró Coque a lo bajo mientras se despegaba de mi lado y se acercaba a Miriam.
- Surgió hace unas semanas, no te dijimos nada porque tampoco es que sea algo... Serio - me miró de reojo sin saber muy bien que palabras utilizar para que no sonase mal o me hiciesen daño.
- Eres mi hermano - murmuró levantando el tono de voz- Luego, me miró a mi - Y tu mi mejor amiga. ¿Cómo se os ocurre? Sois las personas más importantes en mi vida y... ¿Os puto coméis la boca?
- Miriam, somos ambos adultos para saber que hacer. Gracias por preocuparte por nosotros pero somos perfectamente conscientes de lo que estamos haciendo. Yo estoy pasando un mal momento por lo de Érica y ella pues igual. ¿Qué más da?
- ¿Íbais a contármelo algún día? ¿O era la única forma de descubrirlo? - volvió a interrumpir a Coque con el mismo tono de voz pero mucho más cabreada.
- No creo que fuese una información muy relevante. Al menos, eso creo. Además, nunca estás en casa Miriam. Entre tu chico de los coches y la academia de música...
O no... Eso la va a hacer estallar...
- ¿De qué vas? Estoy esforzándome por construír un futuro. Trabajo para el chico de los coches para pagarme la maldita academia y ser dueña de mi futuro. No me gustaría acabar como tú, dejando mis sueños de lado por miedo al fracaso y estudiando una carrera que no me llena lo suficiente. Casándome con una estúpida que tiene un hijo con un amigo mío y liándome con la mejor amiga de mi hermana para calmar el picor de polla. Lléndome, hasta el otro lado del continente porque no soporto mi vida y simplemente, evado los problemas como siempre. Hiciste lo mismo con la muerte de mamá. Simplemente, fue el funeral y comenzaste a currar al día siguiente. Te importó una mierda. Me veías llorar cada día y te la sudaba - gritó fuertemente dejando que toda la rabia que tenía dentro se fuese apresuradamente.
- Al menos, no me enrollo con un empresario que vende coches que me lleva casi el doble de mi edad y termino trabajando para él y queriendo adoptar un hijo con él. Mi vida es real no un maldito cuento de hadas como el tuyo. Te veo muy tranquila ahora porque todo te va bien, pero no siempre es así. Cuando todo se complique a ver como reaccionas. A ver como consigues recomponer el rompecabezas y levantar cabeza. Cuando tengas que enfrontarte a engaños, a desamores, a sueños frustados y a hijos que no son tuyos.
- Chicos... Os estáis llendo por las ramas... Calmaros, por favor - murmuré yo con tono bajo viendo el panorama como si se tratase de una guerra de lobos. Constantemente, uno quería quedar encima del otro y se tiraban toda la mierda del mundo centrándose en los puntos débiles. Esta conversación parecía desbordarse por minutos. Era hora de detenerlo antes de que terminasen tirándose de los pelos.
- Sois los dos tan estúpidos. Así no solucionaréis nada, solo arruinar vuestra amistad y la relación conmigo porque después de esto, no pienso miraros de la misma forma que antes. Eso tenedlo claro.
- Nos quedo claro. Es culpa tuya eso. Nosotros somos libres de hacer lo que queramos. Si te molesta es tu problema - respondió Coque cruzando los brazos y haciendo gestos obscenos.
- Por cierto, ¿a dónde vas con esas maletas? - interrumpí para que no volviesen a discutir de nuevo.
- He cogido la beca al final. Me voy a California - dijo tan serena como si estuviera meditando desmasiado esa toma de decisión.
- ¿Cómo? ¿En qué momento...? ¿Te vas ya hoy? - dije sorprendida ante lo que acababa de escuchar.
- Me lo comentaron hace una semana, lo estuve cavilando y es una gran oportunidad. No puedo rechazarla y me decidí ayer.
- ¿Cuánto tiempo? - intervino Coque de la nada aún furioso ante la situación.
- Dos años en un principio.
- ¿Enserio? ¿Qué pasa con Dylan y Derek? ¿Irá contigo? - pregunté al ver que ella lo tenía demasiado decidido como para pensar en todo lo que dejaba aquí.
- Derek se queda y lo de Dylan... Lo intentaré de nuevo cuando vuelva. Ahora no es el momento.
- ¿Y se lo tomó bien? - volví a preguntar. Al menos así, no volvían a discutir.
- ¿Podemos dejar de hablar de esto? Tengo que irme al aeropuerto, el vuelo sale en dos horas y aún debo ir a despedirme de Dylan.
- Está bien, ¿te acompañamos? - preguntó Coque relajándose aún por los últimos minutos de discusión de antes.
- No, ya hicisteis suficiente hoy. Tendré pesadillas en el avión con tu lengua metida en la boca de Jessy, succionándole hasta el alma - volteó los ojos mientras soltaba una risilla inocente.
- En el fondo, estás contenta por nosotros - respondió Coque. Acercándose para abrazarla.
- Cuando vuelva espero que ya hayáis terminado con vuestras cochinadas - murmuró abrazando a Coque y depositando un beso en su mejilla.
- Quien sabe, a lo mejor, nos encuentras casados.
- Cállate - reí mientras Miriam venía hacia mí para abrazarme.
- Como le vuelvas a hacer daño te mato. Cuídalo, ¿sí? - dijo en voz baja en mi oído. Asentí depositando un beso en su mejilla.
- Me voy, os quiero. No hagáis muchas cochinadas en mi casa y aprended a cocinar, cerdos.
- También te queremos - respondió Coque mientras le ayudaba con las maletas.
Salimos todos fuera, le ayudamos a meter las maletas en el coche e intercambiamos miradas.
- Buen viaje hermana.
- Gracias - sonrió dedicándonos una última mirada con los ojos humedecidos.
Se metió en el coche y desapareció de nuestra vista en un par de segundos. Vimos el coche desaparecer en la primera salida. Nos abrazamos y volvimos a entrar en casa.
- Ni se te ocurra irte ahora, estoy más solito que un perro abandonado - dijo poniendo pucheros mientras me agarraba de la cintura.
- Nunca se me ocurriría dejarte - respondí abrazándole fuerte como una niña pequeña emocionada en la fiesta de su cumpleaños. Y era cierto, aunque quisiese, era imposible. No podía dejarle.
Narra Henry:
Desperté con la luz del exterior. Me encontré a Lola sobre mi hombro izquierdo mirándome como si fuese lo más valioso para ella. No la entendía.
Me había dejado, abandonado... Ahora estaba en mi cama, diciéndome que me quería mientras me miraba fijamente sonrojada. Parecía la misma chica del principio. La tímida, sin experiencia en el amor, torpe y cariñosa. Aquella chica que me había robado el corazón desde el momento cero.
Sus celos terminaron con todo pero tal vez, era el momento de volver a recomponer las cosas. Mejorar la situación y emprender un nuevo viaje. Una relación más sana y pura. ¿Quién sabe? Era el momento de tratar las cosas con ella y ver en que punto estábamos de la relación.
- Buenos días pequeña - bostecé mientras esperaba que me dejase levantarme.
- Buenos días - respondió apoyando su mentón en mi pecho y mirándome con firmeza.
- ¿Cómo dormiste?
- Hacía tiempo que no dormía tan bien - suspiró poniéndome ojitos como si intentase que dijese o hiciese algo que la sorprendiese.
- Mis puertas están siempre abiertas, ya lo sabes. ¿Comenzaste a trabajar o sigues de baja?
- Empiezo en un par de semanas - contestó acercándose más a mi rostro.
- Me alegro mucho. Te veo mucho mejor. La última vez fue horrible la verdad.
- Lo sé, siento todo lo que te dije. No iba enserio. Pero estaba dolida y perdida. Pensé que te haría daño - murmuró desviando la mirada y cambiando su expresión facial.
- ¿Daño? El único daño que me hiciste fue separarme de ti, pequeña - dije acariciando su mejilla. Sorprendentemente, ya no se apartaba de mí cada vez que intentaba acercarme a ella o simplemente, rozarla.
- Lo sé, por eso quería disculparme. Hiciste mucho por mí, Henry. Quiero recompensarte - me contestó quedando a centímetros de mis labios mientras me acariciaba el rostro con cariño.
- ¿Recompensarme? - pregunté sin saber de qué estaba hablando. Pero no me dejó decir ni una palabra más, se abalanzó sobre mí y comenzó a besarme como si le fuera la vida en ello.
Le rodeé la cintura con mis brazos mientras ella me agarraba los mofletes con sus manos pequeñitas. Me deshicé de amor jugueteando con su lengua, mordiendo sus finos labios. Era como volver a casa por Navidad. Mi corazón comenzó a latir cada vez más rápido. Los sentimientos volvían a estar a flor de piel y no podía estar más feliz por recuperar a la chica que había iluminado mis días después del pozo en el que estaba perdido.
- Te quiero, quiero entregarme a ti Henry. Es el momento - soltó sin más mientras comenzaba a desabotonarse los botones del pijama que le había prestado.
- ¿Qué haces? Ni de broma voy a consentir que tu forma de recompensarme, sea esta - dije poniéndome serio mientras ponía mi mano sobre la suya evitando que siguiese desvistiéndose.
- Lo hago porque quiero, no porque quiera recompensarte de esa manera.
Apartó mi mano y continuó hasta liberarse de la parte de arriba del pijama.
- Para, por favor - murmuré intentando apartar la mirada de ella y su fantástico cuerpo.
Pero ella no quería parar, se puso a horcajadas sobre mi miembro y comenzó a moverse suavemente haciendo que mi amigo se pusiese duro apretándose sobre ella.
Dirigí la mirada a su rostro, jadeaba mientras mantenía la cabeza hacia atrás y se acicalaba el pelo al mismo tiempo. Puse la palma de la mano sobre uno de sus pechos aprentándolo con delicadeza. Me deshice rápidamente por debajo de su sujetador y apreté con fuerza. Se encorvó soltando un gemido. Reaccioné inclinándome hacia ella mientras jugaba al Rubik con el cierre de su sujetador. Al poco tiempo, conseguí deshacerme de el mientras le comía el cuello a besos. Bajé hasta sus pechos y los chupeteé hasta que ella se corriese de placer.
Luego, me deshice de la parte de arriba de mi pijama. Ella comenzó a toquetear mis pectorales mientras yo seguía comiéndole el cuello furtivamente. Noté su corazón bajo la palma de mi mano. Latía a una fuerza sobre humana.
Bajó su mano hasta mi paquete, lo apretó con delicadeza a lo que yo respondí gimiendo en su oído. Y como si no le importase absolutamente nada de lo que ocurría a su alrededor, entrometió su mano dentro del pantalón de mi pijama y comenzó a pajearme a un ritmo constante que cada vez aumentaba más. Eso hizo que perdiera el control. Y como pidiéndole permiso para entrar en casa, me acerqué a su oreja y la mordisqueé. Susurrando un casi inescuchable "¿puedo? ". A lo que ella, solo asintió mientras ambos moríamos de placer.
Me entrometí entre sus pantalones. Acaricié sus bragas de encaje mientras notaba como todo su cuerpo se arqueaba. La cogí de la cintura con el otro brazo poniéndola debajo de mi cuerpo semidesnudo. Me deshice de la última ropa que llevaba encima y continué mi trayecto introduciendo mi mano en el interior de su cuerpo mojado. Volvió a gemir y arquearse de placer. Seguí recorriendo con mis dedos toda la profundidad de su ser hasta que noté como se arqueaba más de la cuenta y paré.
- No, no quiero que termines ya - susurré en su oído mientras le bajaba las bragas del todo y me metía debajo de las mantas. Quería que tuviese la mejor experiencia que nunca había tenido. Que tuviese las mismas ganas que yo de volver a repetirlo una y otra vez. Quería hacerle el mejor oral que pudiesen hacerle. Pero a los cinco minutos de estar bajo las mantas. Noté como me agarraba y tiraba de mí hacia el exterior. Me miró fijamente a los ojos y lo dijo.
- Fóllame, ya - recalcando alto y claro el "ya" y con una sonrisa muy traviesa.
- Oído cocina - murmuré siguiéndole el juego.
Me apresuré a coger un condón de la mesita. Me lo pusé y volví a ponerme en horcajadas sobre ella. Con mucho cuidado me introduje en su interior. Obviamente después de la vivencia de unos meses, no sangró aunque si se inmutó. Soltó un largo gemido mientas me agarraba el trasero marcándome el ritmo que ella quería seguir. Me moví en su interior mientras jugueteaba con sus orejas. Eran tan suaves y comibles. En diez minutos, me encontré a una Lola excitada, empujándome contra el colchón y tomando el control. Se puso sobre mí, levanté las manos en señal de "ten cuidado" y me mordí el labio mientras volvía a meterme en su interior. Comenzó a moverse rápidamente encima de mí. Comenzó a botar sobre mi miembro y cada vez era más excitante. Notar su piel sobre mí, su respiración agitada sobre mi cuello y su pelo enredado volar de un lado a otro del cuarto.
De repente, nuestros aparatos parecieron estallar, ella apretó fuertemente su cuerpo sobre el mío mientras cerraba los ojos balanceándose hacia atrás. Se había corrido y como buena pareja, me corrí detrás de ella emitiendo ambos un gemido que parecía que habíamos terminado la clase de ópera.
Se lanzó sobre mi cuerpo acostándose a mi lado y sudando a chorro suelto. Nos destapamos del todo y nos miramos agotados sonriendo.
- ¿Qué tal? - dije aún jadeando mientras acariciaba mi cabello mojado.
- ¿Enserio aún lo preguntas? - respondió con cara de sorpresa. Nos reímos a la vez mirándonos con cariño. Besé su mejilla y la miré con dulzura.
- Yo también te quiero - murmuré respondiendo a su comentario de ayer por la noche.
Ella me miró de nuevo asombrada y sonrió como una niña pequeña mientras sus mejillas se teñían de rojo.
Narra Coque:
Llegué a la agencia de viajes con una sonrisa de oreja de oreja. Jessy iba detrás de mi cogiéndome de la mano igual de sonriente que yo.
Entramos y esperamos hasta que hubiese una mesa libre. De repente, como si el infierno se alzara ante nosotros vimos a Érica entrar y sentarse en frente de nosotros. Tenía una barriga enorme, pronto saldría de cuentas supongo. Alzó la mirada y nos vió, su cara ennegreció de un momento a otro.
- Vaya, que sorpresa - murmuró ella captando la atención de Jessy. La agarré de la mano porque sabía lo que podía pasarle por la mente y no quería que cometiese tal equivocación.
- Anda, da gracias de que no te denunciaste por secuestrarme y atarme en tu casa. ¿Sabías que es delito penal? - murmuró Jessy totalmente enfurecida.
- Aún te hice un favor, por lo que veo. No tardaste en comerle el culo como una perrita faldera.
- Al menos mis sentimientos son sinceros, no ando con varios teniendo hijos y esas cosas - respondió con una sonrisa de lado.
- Todos cometemos errores.
- ¿Y qué haces aquí? ¿Huyendo del país? ¿A quién más estafaste? - murmuró Jessy mientras apretaba mi mano con más fuerza.
- Estoy recuperando el dinero de mi billete a Cuba.
- Vaya, eres una bruja hasta para eso. Te importa una mierda lo que sientan los demás y siempre fue así.
- Seguro que vosotros os vais de vacaciones con esos billetes. ¿Qué ladras entonces? - dijo palpándose la barriga con malicia.
- Te equivocas reina, vamos a hacer nuestra propia luna de miel.
- Chicos, sois los siguientes - murmuró la chica acercándose a nosotros avisándonos.
- Bye Érica. Púdrete - se despidió Jessy.
###
Una vez compramos los billetes, ya teníamos la fecha de nuestra partida, era en una semana y teníamos que ir preparando todo y coger vacaciones en nuestros respectivos trabajos para poder partir sin preocupaciones. Estaríamos una semana allí. Lo estábamos deseando.
Antes de salir de allí pude percibir la voz de Érica.
- ¿A dónde va a ir la pareja que acaba de salir?
Me reí, era tan estúpida que no podía centrarse en su propia vida, tenía que meterse nuevamente en la mía. Si no la hubiera cagado, ahora seguiría con ese monstruo.
Narra Miguel:
- ¡Lola! Hace mucho que no te veía. ¿Cómo estás? - me sorprendí al encontrármela en el pasillo. La abracé como si la vida me fuese en ello.
- Muy bien, la verdad. Me sorprende no encontrarte en el baño o desnudos uno de los dos como de costumbre.
- Bueno, me pillaste bien esta vez - me reí mientras la miraba como si de una niña indefensa se tratase.
- ¿Pasaste la noche aquí?
- Sí, digamos que la relación con Henry ha mejorado.
- Me alegro, espero volver a poder llamarte cuñada. Me hacía mucha ilusión que alguien quisiera a mi hermano.
Se rió como solía hacerlo antes. Eso me hizo sonreír, al fin volvía a ser la misma Lola de antes. Poco a poco, claro, pero ese brillo en los ojos, volvía a aparecer.
- Ven, vamos a hacer de desayunar - la cogí por los hombros llevándola a la cocina.
###
- Y bueno, estábamos pensando en coger un vuelo la semana que viene, ya que están todos los billetes llenos y fue el único que pudimos encontrar disponible por la web. Es la compañía más barata que encontramos, ¿verdad cielo? - dijo Marina devorándose una magdalena mientras Lola y Henry la observaban con curiosidad.
- Sí, va todo dios al festival. Deberíais venir, podríamos ir en parejitas. Haremos un tour por la zona, cojeríamos dos habitaciones en el hotel, comeríamos comida irlandesa y beberíamos hasta caer muertos.
- ¿Lo dices enserio? - dijo Henry mirando a Lola esperando una respuesta por su parte.
- Claro, ahora que volvéis a estar bien, aunque no hayáis formalizado la relación. Es el momento para hacer una escapada - respondí mirando a Marina mientras ella asentía con una sonrisa.
- No es mala idea, Lola necesitas desconectar después de todo el estrés que sufriste estos últimos meses - respondió Marina apoyando mi propuesta.
- No digo lo contrario, pero llevo meses sin trabajar, no puedo permitírmelo - mencionó llevándose una magdalena a la boca.
- Te lo pago yo - reclamó Henry cogiéndole la mano. Marina y yo intercambiamos miradas sonriendo. Se notaba que estaban mucho mejor, de hecho, demasiado bien. Parecían una relación nueva, más madura y sana sin dudarlo.
- ¿Estás loco? - respondió agitada casi atragantándose con la magdalena.
- Ya me lo devolverás. Venga, nos lo pasaremos bien - ronroneó Henry poniéndole ojitos. A lo que ella, le besó en la mejilla con cariño.
- Está bien, cojan dos billetes más - dijo poniendo los ojos en blanco - Nos vamos a Irlanda.
Todos gritamos victoriosos mientras Henry abrazaba a Lola alegremente.




