DÍA: 9 DE AGOSTO
Narra Miriam:
- No debes preo... - dejé la frase incompleta.
Me quedé en shock contemplando la puerta del bar. Si, allí se encontraba él. Henry, mi ex mejor amigo acababa de entrar por esa puerta y en ese mismo instante. Me quedé de piedra y me di la vuelta intentando no ser vista. Respiré hondo y tragué grueso. No podía ni mirarle a la cara. Después de lo que hizo... Es un gillipollas en toda regla y debe de ser tratado como tal.
¡Mierda! Me había olvidado de Pris. Volví a colocar el auricular cerca de mi oído izquierdo.
- ¡Miriam! - escuché la voz de Pris al instante. Parecía agobiada sin saber muy bien como actuar.
- Per...dona Pris. Tengo que colgar... Nos vemos - finalicé la llamada sin esperar una respuesta por la otra línea. Guardé el celular de nuevo en mi cazadora y caminé hacia Dani que parecía bastante entretenido con su móvil. Me volví a sentar en mi lugar correspondiente. Henry seguía en la puerta.
- ¡Eii! Has vuelto. Pensé que habías huido de mi - sonrió tiernamente dejando su celular sobre la mesa.
- Lo siento... Me entretení más de la cuenta... - susurré nerviosa mordiéndome las uñas.
- ¿Te apetece comer algo? - siguió conversando.
- En estos momentos, no tengo apetito - miré la puerta de nuevo. Henry ya no estaba. Nerviosa, contemplé los alrededores. ¡DÓNDE SE HABÍA METIDO! Tragué saliva de nuevo y mi mirada se encaminó hacia la barra. ¡Mierda! Me estaba mirando fijamente con asombro o temor. Creo que más bien con temor. Se sentó al lado de una chica. No logré ver su rostro. Apartó la mirada de mi y me ignoró por completo.
- ¿Miriam? - dijo Dani alzando la voz.
- ¿Si? - ladeé la cabeza y le contemplé inexpresiva.
- Llevo rato aclamando tu atención. ¿Qué ocurre? ¿En qué mundo estás? - frunció el ceño.
<< En un mundo gris, muy oscuro y lleno de maldad y rencor.>> - susurró la voz de mi subconsciencia.
- ¡Sorry! No te escuché - mordí mis uñas con ansias.
- ¡Para o te comerás los dedos! ¿Qué coño te pasa? - cogió mi mano impidiendo que siguiera triturando mis uñas.
- Nada. ¿Por qué lo dices?
- Blas se muerde las uñas siempre antes de un concierto. Los nervios le juegan una mala pasada muy a menudo - bajó la cabeza observando mi mano.
- Verás... el tio que acaba de entrar en el bar es el que le pegó a mi hermano. Él que te dije - anuncié frunciendo los labios y haciendo una mueca reprobatoria.
- ¿Qué tio?
- Detrás de ti. Está en la barra junto a una chica - le dije mientras soltaba su mano y continuaba mordiéndome las uñas. ¡Era inevitable!
Dani se volteó rápidamente. Observó a Henry y se volvió hacia mi de nuevo.
- No me extraña que Érica le rechazase - se encogió de hombros mirándome fijamente.
Mis labios se curvaron y embocé una pequeña sonrisa de lado.
Le pegué en el brazo suavemente y bajé la mirada.
- Siempre me haces sonreír. No es justo.
- Mi chica indecente... - dijo con ternura poniendo su mano sobre la mía - No te preocupes por ese tio. Mientras no se acerqué a ti y te pegue el SIDA todo irá bien - me sonrió entrecerrando los ojos y asintiendo a la vez.
- ¡Blue! - comencé a reír sin poder evitarlo.
- Pues tienes razón. Soy el típico mago que con un truco de magia logro hacerte sonreír.
- No. No hay trucos solo palabras - le miré fijamente.
- Pues este mago tiene que hacer sus necesidades. Vuelvo ahora. Mi chica indecente - se levantó de la mesa y caminó hacia los baños. Observé a los alrededores y aguardé a que volviese. La verdad es que Dani me tranquilizó un poco después de todo.
Narra Henry:
Llegué al bar. Como siempre, llegaba tarde. Me tocaba disculparme ante la pequeña Lola. Tenía ganas de verla. Me gustó su forma de ser y nuestra peculiar forma de conocernos. Un amigo me telefoneó justo cuando me encontraba en la entrada del establecimiento. Al finalizar la llamada, me encaminé por el bar buscando a Lola. Contemplé la gente que estaba sentada en las mesas. Vi un rostro familiar. ¡MIERDA! ¡MIRIAM! ¿Qué estaba haciendo ella aquí? Recordé las palabras de Pris. Lo mejor era no empeorar las cosas y la ignorancia era un bonito método para no hacerlo.
Visualicé por fin a Lola en la barra. Sonreí y caminé hacia ella.
<<Recuerda Henry, ignorala.>> - mi subconsciencia apoyaba a Pris.
La miré una última vez. Nuestras miradas se encontraron. Eran frías y distantes. Miré hacia otro lado siguiendo los consejos de Pris y me acerqué sigilosamente a Lola. Ella estaba de espaldas frente a la barra.
Sonreí y le tapé los ojos con ambas manos. Ella colocó sus manos sobre las mías sorprendida y dio un pequeño brinco.
- ¿Quién soy? - pregunté mordiéndome el labio.
- Mmm... No serás... ¡BRAD PITT! - rió emocionada.
- No. Mucho mejor - fangoneé con obviedad.
- ¿Quién puede superar a Brad Pitt?
- Yo - aparté mis manos de su rostro y ella se volteó rápidamente ofreciéndome uno de sus mejores abrazos.
- Llegas tarde - murmuró seria pero con un tono bastante sexy.
-Lo sé, tengo fama de eso - sonreí agarrándola por la cintura.
Ella se separó de mi y me cogió de la mano.
- Siéntate. ¿Aceitunas? - sonrió tomando asiento y señalándome los pinchos.
- Si, gracias - cogí unas cuantas y comencé a picar. Me senté a su lado. Me encantaban estos taburetes, me sentía alto, un gigante y eso me encantaba.
- ¿Y qué tal? - me preguntó observándome de reojo mientras comía aceitunas.
- Tirando...¿ Y tú? - hice una mueca y repetí sus movimientos.
- Bueno... ya sabes... Alguna gente puede resultar bastante odiosa - rió centrando su mirada en mi.
- Mmm... ¿Roce amistoso? - entorné los ojos haciendo una mueca.
- Si, algo así. Mi ex resulta que se ha empeñado en hacerme la vida imposible. Más bien entrometerse en mi vida - se encogió de hombros negando con la cabeza.
- Oh. No sé que decirte. Yo también tengo problemas amistosos - reí flojo.
- Por lo menos no soy la única - alzó ambas manos con ilusión y forzó una sonrisa - Cuéntame lo tuyo - siguió comiendo sin apartar la mirada de mi.
- Mmm... ¿y si no quiero? - dije juguetón.
- Pues te torturaré hasta que lo sueltes - fangoneó.
- ¿ Te pasó alguna vez? Te enamoraste... ¿de la persona incorrecta?
- Si. ¿Quién no lo hace? - me sonrió tierna.
- Pues yo me enamoré de la novia de un amigo. Al final... todo terminó... mal - conseguí decir.
- Upps, lo siento - susurró apoyando una mano sobre mi pierna y acariciándome el muslo - Siempre ocurre lo mismo. Te enamoras de la persona que no te ama mientras otros se enamoran de ti y no te das cuenta. Estás tan pendiente de esa persona que no eres capaz de prestar atención a lo demás.
- Exacto... Somos unos completos idiotas. Andamos detrás de ellas como si fueran lingotes de oro cuando no lo son. Por eso, he decidido olvidarle. Dejar que ella sea feliz - me expliqué.
-Bonita forma de pensar. ¿Ella lo sabe? ¿Sabe lo que sientes por ella?
- Si, lo sabe. Pero ya ves lo que le importó - bajé la cabeza respirando hondo.
- Tranquilo, cielo. Hay millones de mujeres ahí fuera que pueden hacerte feliz. No lloriquees por una persona que realmente no lo merece, ¿si? - me cogió de la mano con cariño e intentó reconfortarme.
- No lloriqueo... - pronunció bajo.
- Henry, seguro que encuentras a alguien que te quiera de verdad - me miró fijamente acariciándome el hombro.
- No. ¡Lo harás! Mírate, eres un chico lindo, inteligente, tierno, poético... ¿Quién no te va querer? Si eres realmente perfecto - intentó convencerme con un brillo especial en los ojos - Solo debes olvidarla. El tiempo es el principal recurso.
- Ojalá tengas razón... - mencioné sonriendo de lado - Lola.
- ¿Qué?
No, no me mires así...
- Me caes bien. Es más... ¡Estupendamente! - expliqué con emoción.
- Y tú a mi, my heartbreaker - arqueó una ceja divertida y soltó mis manos.
- Por lo que a mi respecta... no tienes novio...
- ¿Lo preguntas? - me observó de reojo.
- Mmm... no... Supongo - me rasqué la nuca pensativo.
- No, no tengo - confirmó volviendo a su vaso de bebida alcohólica.
Vamos. Henry. Eso ya estaba claro sino... ¿por qué te besó?
Vi a un chaval pasar por mi lado. Me sonaba su rostro. De pronto, se detuvo y se dio la vuelta.
Caminó hacia mi con cara de enfado.
- Tío, ¿quieres algo? - hice girar mi taburete para mirarle a la cara.
Lola seguía con su bacardi. No estoy seguro de que nos estuviera prestando atención. Parecía sumergida en sus pensamientos.
- ¿Qué si quiero algo, soplón de mierda? - levantó la voz poniéndose en mi contra.
- ¿Qué me has llamado? - alcé ambas cejas sin elevar mi voz.
- Lo que oíste - se chuleó manteniendo las distancias.
- ¿Qué te pasa conmigo, gilipollas?- me erguí del taburete y caminé hacia él con actitud amenazadora.
- ¿Ahora te me pones chulo? - dijo sin creérselo - ¿Me pones la zancadilla y me vienes con estas? - alzó más la voz mosqueado y me dio un ligero empujón.
- Chaval, creo que te estás equivocando de tio. ¿Por qué no te vas a dormir la mona? - exclamé sin alarmarme y manteniendo la compostura.
- ¡Dani! ¿Qué coño haces? ¡Anda, vámonos! ¡Déjale en paz!
La voz de Miriam me distrajo de nuestra pelea de miradas.
Claro, ahora entiendo porque me resultaba familiar... Es Dani, el del concierto. Miriam, le coge del brazo y tira de él intentando moverle.
- ¡No! Miriam. ¡No! - gritó mirándola - Lo que le hizo a tu hermano es... horrible y no voy a dejar que se vaya de rositas.
- ¿Es por eso? Le di lo que se merecía - afirmé entrando en combate.
- ¿Pero qué dices, tio? ¿Quién te da derecho a meterte en la vida de los demás? Cada uno tiene suficiente con lo suyo. Déjalos en paz, ¿ok? - contraatacó Dani.
Lola reaccionó levantándose del taburete y mirándonos a todos con cierta confusión.
- Oh, vaya. ¿Qué eres? ¿Su novio? - dije con cara de asco.
- ¿Acaso importa, gilipollas? - respondió aún más cabreado.
- Oye, ya vale, ¿no? Dejadle en paz - intervino Lola en el momento exacto. Se puso entre ambos con expresión seria y definida. Miriam observaba el espectáculo con cara inexpresiva.
- ¿Qué eres? ¿Su protectora ahora? - meneó la cabeza burlándose.
Cogí a Lola del brazo apartándola de delante mía y me coloqué frente a Dani, amenazador.
- Oye, ¿por qué no te vas? - pregunté firme sin pestañear.
- Tiene razón, Dani. Anda, déjalo estar... - intervino Miriam haciéndole razonar.
- ¡Te he dicho que no! - volvió a gritar. Se dirigió de nuevo a mi - Te gustar pegar a la gente, ¿o qué?
- ¿Pero de qué está hablando, Henry? - susurró Lola.
- Ya te lo explicaré... - susurré a su vez.
- Vamos, Henry. ¿Te gusta destrozar a los demás? - siguió guerreando poniendo pucheros con expresión divertida.
- ¡Ya, basta! - dijo Lola poniéndose ante nosotros de nuevo. Notaba su enfado recorrer sus venas sanguíneas. Levantó el puño de su mano izquierda y con un rápido movimiento, fue parar al rostro de Dani con gran fuerza. Creo que hasta Lola quedó impresionada ante su propia reacción.
- ¡Lola! - exclamé asombrado.
Dani comenzó a sangrar por la nariz quejándose. Él se limpió con rapidez.
- ¡Será puta! - exclamó con enfado.
- ¡Eh! No te metas - proseguí poniéndome a su altura.
Dani repitió el gesto de Lola y me dio un puñetazo en el rostro. Comencé a reír, el dolor fue mínimo.
- ¿Estás bien? - pronunció Miriam acercándose a Dani. Susurró unos cuántas palabras más al oído de Dani a lo que él negó.
- Ah si - respondí acercándome a él amenazador.
Dani empujó a Miriam con suavidad para que retrocediese unos pasos.
- ¿Quieres pelea? - preguntó Dani sin apartar la mirada de mi.
No me enteré. Lola estaba delante de mi de nuevo.
- Si, gilipollas. ¡Quiero pelea!
Y de pronto, se lanzó encima de él retorciéndole el cuello con ambas manos y con una cara llena de odio y rencor.
- ¡Lola, para! - anuncié, aunque sin acercarme por si las moscas.
- ¡Estás loca! ¡Para! - gritó Miriam a mi vez.
Reaccioné y cogí a Lola por la cintura llevando golpes y patadas por su parte antes de que asesinase a Dani.
Aunque por dentro disfruté de esa escena.
- ¿Quieres más? - gritó Lola intentando aún escurrirse de mis brazos.
- Para, tranquilízate - le susurré al oído.
- ¡Cierra la puta boca! - se cabreó Dani mientras Miriam secaba la sangre se su nariz con un pañuelo de tela.
- Zorra, ¿a ti qué te pasa? ¡Deberían de encerrarte en un psiquiátrico por loca! - defendió Miriam terminando de secar la nariz de Dani.
- ¿Qué me has llamado?- noté como la sangre fluía en su interior. No sé como lo hizo pero se escapó de mis brazos y sin que yo pudiese pararla, corrió a más no poder hasta alcanzar a Miriam y tirarle de los pelos con fuerza.
Miriam soltó un chillido pero no se quedó de brazos cruzados contraatacó empujándola con fuerza.
- Lo que dije. ¡Estás loca! - volvió a gritar.
Cogí a Lola de nuevo por la cintura. Ella quería escurrirse de nuevo. Aunque esta vez me aseguré de que no lo hiciera.
- Estúpida niñata, ¡no sabes ni pegar! No tienes apenas fuerzas- pateó Lola.
- Como te coja, no sales viva - refunfuñó Miriam disponiéndose a caminar hacia ella. Dani la detuvo cogiéndola de brazo. La acercó a su cuerpo y la agarró por la cintura.
- Shhh... Cálmate... - susurró no muy bajo.
- ¡Basta! ¿Saben el ruido qué están armando? Vais a terminar con el local. Solucionad vuestros problemas en otra parte pero no aquí. No quiero volver a veros poner un pie en este local. ¡Y ahora marcharos, ya estáis tardando, panda de sinvergüenzas! - una de las camareras nos llamó la atención. Se encontraba bastante molesta y con razón.
- ¡Lo siento! - se disculpó Lola mientras la soltaba de mi agarre.
Miré a los alrededores. Todo el local nos miraba alarmado. Algunos con ganas de ver acción, otros con cara de enfado y una pequeña minoría parecía ignorarnos.
Cogí a Lola de la mano y ambos cruzamos el lugar directos a la salida. Miriam y Dani fueron caminando hacia otro lado. La salida de atrás.
Narra Lola:
Ambos salimos corriendo del lugar. Agarré la mano de Henry para no perderle entre la multitud.
Nos encontrábamos en la calle, Henry comenzó a caminar por la acera a paso liguero.
Yo intenté seguirle pero era imposible debido a los tacones que llevaba.
Me detení un misero segundo, me quité los zapatos y comencé a caminar más deprisa con cuidado de no pisar algo puntiagudo o dañino ya que las medias eran lo único que protegían a mis pies. Henry me contempló serio.
¡No! ¿Se había cabreado? Yo solo quería defenderle... Además, aquella zorra me ponía de los nervios y una cosa, ¡no estoy loca!
Nos encontrábamos en la calle, Henry comenzó a caminar por la acera a paso liguero.
Yo intenté seguirle pero era imposible debido a los tacones que llevaba.
Me detení un misero segundo, me quité los zapatos y comencé a caminar más deprisa con cuidado de no pisar algo puntiagudo o dañino ya que las medias eran lo único que protegían a mis pies. Henry me contempló serio.
¡No! ¿Se había cabreado? Yo solo quería defenderle... Además, aquella zorra me ponía de los nervios y una cosa, ¡no estoy loca!
Llegamos hasta un auto. Concretamente un Peugeot... ¿200? Ni idea.
Solo sé que era de color negro. Muy lindo. Sobre todo las llantas.
¡Ok! Ya paro. No pretendía aburrir a nadie con mi estúpida conciencia.
Volvamos con el castaño de ojos claros. ¡Oh si! Tenía muchas cosas que explicarme.
¿Arruinar la vida a los demás? ¿Henry?
¿Arruinar la vida a los demás? ¿Henry?
- Sube - me ordenó sin cambiar su expresión facial y abriéndome la puerta del copiloto para que entrase.
Parpadeé sorprendida. Entré en el auto sin mirarle a la cara y me acomodé en el asiento. Él, cerró la puerta con fuerza. Estaba cabreado.
Henry era capaz de cambiar totalmente su personalidad al enfadarse.
Henry era capaz de cambiar totalmente su personalidad al enfadarse.
Dio la vuelta y entró en el auto.
Giró la llave e hizo rugir el moto. Me agarré al asiento. Sabía que conduciría a gran velocidad debido a su cabreo.
Giró la llave e hizo rugir el moto. Me agarré al asiento. Sabía que conduciría a gran velocidad debido a su cabreo.
Me equivoqué, Henry iba a su propio ritmo y siguiendo las reglas a la perfección.
Mmm... Mi chico bueno. No era capaz de cometer una desfachatez, ¿no?
Mmm... Mi chico bueno. No era capaz de cometer una desfachatez, ¿no?
Miré por la ventanilla mientras nos encaminábamos por la autopista. Apoyé en codo en la puerta mientras sujetaba mi cabeza con la mano. Curvé los labios aburrida.
Henry permaneció callado. ¡Vaya, qué tio más testarudo!
¿Es que no piensa decirme nada?
Me puse los tacones. Paramos para repostar gasolina. Henry salió del auto cerrando la puerta con fuerza. Hice una mueca sacando el móvil de un bolsillo de la chaqueta. Hacía calor así que también me la quité.
Me puse los tacones. Paramos para repostar gasolina. Henry salió del auto cerrando la puerta con fuerza. Hice una mueca sacando el móvil de un bolsillo de la chaqueta. Hacía calor así que también me la quité.
- ¿Oui? - escuché una voz masculina en la otra línea.
- ¡Atontao! Pásame con Roxi - le ordené.
- ¿Cómo se dice?
Bufé.
¡Elliot te odio! - dijo mi subsconciencia. Estoy de acuerdo - le respondí.
¡Elliot te odio! - dijo mi subsconciencia. Estoy de acuerdo - le respondí.
- Por favor... - susurré entre dientes.
- ¿Cómo, cómo? - preguntó irónico.
Suspiré, ya me conocía todo ese cuento. Elliot... Siempre con la misma estrategia.
Aunque... Si le llevaba la contraria, al final no conseguiría hablar con Roxi.
Aunque... Si le llevaba la contraria, al final no conseguiría hablar con Roxi.
- Oh, bello y guapísimo Elliot. ¿Por qué eres tan hermoso? Por... - me puse como un tomate. Henry había entrado en el coche hacía rato y no me enteré hasta ahorita - ¡Déjame hablar con Roxi!
- Mmmm... No.
- ¿Por qué? - murmuré aturdida.
- Porque le están haciendo pruebas- comenzó a reírse desde la otra línea.
- ¿Y por qué no me lo dijiste al principio?
Henry arrancó de nuevo el auto. Me miró de reojo y se concentró en la conducción ponendo la oreja de vez en cuando.
- Porque si no, no tenía gracias - sé que está poniendo cara de pillin en estos momentos.
- ¡Eres odioso, Elliot!
- Nena, lo de llamar a Roxi se que fue una excusa para hablar conmigo. Tú bien sabías que a esta hora le harían los análisis.
- Tan creído como siempre. ¡Eres repugnante! - elevé mi voz. Henry me observó de nuevo.
- Sigue escondiendo tu amor por mi cielo. Me encanta que lo hagas - rió irónico.
¿Y ahora se está metiendo con nuestra ex- relación?
¿Cómo pude salir con él alguna vez?
Bebió algo. Se escuchaba el sonido.
- ¡Vete a la mierda! - colgué poniendo los ojos en blanco y estrujando el teléfono.
Lo puse entre mis piernas y seguí contemplando por la ventana. Mis ojos ya comenzaban a cerrarse cuando Henry intervino entre mis pensamientos que trataban exclusivamente sobre Elliot.
- Me encanta verte cabreada estás... muy sexy... - susurró sin sonreír ni un momento.
¡Dios! ¡Qué lindo me es! Pienso comérmelo. ¡AWWWW!
- ¿Sabes? Me importa una mierda lo que me digas. ¡¡¡Has pasado de mi puto culo durante 1h!!! - grité alarmada aunque por dentro sus palabras comenzaban a hacer efecto.
- Solo... Necesitaba poner mis pensamientos en orden. Organizarlos por orden para intentar comprender algo de lo ocurrido estos días. Algo... Aunque sea solo una cosa mímima - se explicó girando el volante hacia la izquierda.
- ¿Crees que eres el único? Te he defendido y me he peleado con dos chicos que no conozco ni su nombre, solo por ti. No sé, el porqué, ni tampoco sé porque reaccionaron de esa forma. Solo logré entender algo de todo esto...
- ¿El qué? - me observó con frialdad en su mirada.
- Qué... Tu vida es... Tan diferente a la mía. Está tan... llena de desafíos que parece un videojuego de acción. ¿Y sabes qué? Eso me...
- Ya. Entiendo que quieras salir corriendo. Yo también lo haría sinceramente - continuó concentrado en la conducción.
- No, no. Henry...Iba a decir que encanta. ¿Sabes el subidón que me entró cuando me peleé con ellos defendiéndote?
- ¡Ha sido increíble! No me sentí nunca tan llena... - le sonrió. Él detubo el auto.
- ¡Ha sido increíble! No me sentí nunca tan llena... - le sonrió. Él detubo el auto.
Suspiró.
¿Eso es bueno o malo?
¿Eso es bueno o malo?
- Tú si que eres increíble - se acercó a mi. Juntó su frente con la mía y rozó su labio superior con los míos. Rodeé su cuello acercándolo aún más a mi. Sonreí con ternura y juntamos nuestras bocas hundiéndonos en un lindo beso.
Nos separamos al cabo de poco rato.
- Mmm... Bonita forma de distraerme - sonreí acariciando su mejilla. Él pasó su mano derecha por mis piernas casi desnudas. Me estremecí contemplando su mano.
Me separé y cambié de tema.
Me separé y cambié de tema.
- ¿En dónde es...? - miré a los alrededores. Este lugar me sonaba. Pero... ¡Si es la entrada de mi edificio! Como lo ha... Oh, es verdad, se lo conté cuando nos conocimos... - ¿Me traíste a casa? - le miré con pena.
- Si. Siento que fuera tan corto nuestro encuentro pero después de lo ocurrido... Solo quiero irme a casa.
- Mmm... ¿me prometes que me llamarás? - puse ojitos de cordero devollado.
- Eso ni se pregunta, cielo.
- Aún tienes muchas cosas que explicarme, jovencito - puse ambas manos sobre la cintura y fruncí el ceños. Imitando a una profesora cabreada por que uno de sus alumnos no hizo los deberes.
- Mmm... Lo sabrás algún día... - se encogió de hombros inocentemente.
- Nos vemos - besé su mejilla con ternura y abrí la puerta del auto. Salí al exterior. Me volteé para despedirme por última vez de él.
Justo en ese momento, pillé a Henry mirándome el trasero con disimulo. Reí mandándole una mirada asesina.
Cerré la puerta y me despedí con un gesto.
Subí hasta mi departamento. ¡Mierda! Mi cazadora. ¡Me la olvidé en su auto!
Miré por la ventana. Su auto se acababa de marchar.
Miré por la ventana. Su auto se acababa de marchar.
Narra Miriam:
Salimos de local. Yo iba caminando un poco más adelante que Dani.
¿Por qué todo esto no puede olvidarse de una puñetera vez? ¡Estoy harta de todo esto! Peleas, peleas y más peleas. No podía más...
Los ojos comenzaron a humedecerseme pensando en lo sucedido. Dani permanecía callado siguiéndome. Sabía que no me apetecía hablar, que necesitaba estar... tranquila por un rato.
- ¡Miriam! ¡Cuidado! - escuché un grito procediente de Dani.
Miré al frente, un coche a toda velocidad se acercaba a mi. Estaba tan sumergida en mis pensamientos que no me di cuenta.
¿Cómo había terminado en el medio de la carretera?
Una de las nanas que cantaba mi madre comenzó a resonar en mi mente junto con una melodía que me sonaba de alguna película.
" Nunca dejes de respirar. Escondete muy bien o la muerte vendrá". Todas y cada una de las noches me cantaba la misma nana. Una y otra vez...
Me quedé inmóvil sin poder reaccionar. Contemplé a los alrededores.
Todo pasaba a cámara lenta. Absolutamente todo.
Decidí no luchar. Dejarme llevar por mi propio destino. Total, nadie se lamentaría mi. No podía pensar, mi mente estaba colapsada y totalmente en blanco.
Mi mirada se clavó en la ventana de un edificio. Pude ver el rostro deformado de Jerry. Pestañeé pero ya era tarde...
Ya no volví a abrir los ojos...







