DÍA: 19 DE AGOSTO
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Un día, un lloro, una salvación...
Cuando te das cuenta de que algo grave a ocurrido, te limitas a sollozar, a ver las horas pasar y seguir en tus lamentos. Pero de nada te servirá.
Las ceremonias llegan, las flores negras te consumen, el miedo a perderle se incrementa hasta el punto de no poder pensar más.
Eres feliz por unos intantes y de repente, tu vida cambia, tu sonrisa desaparece y te das cuenta de que ya no eres nada.
La vida o la muerte. Esa es la cuestión...
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Narrador Omnisciente:
Estaba claro que Jessy no podía aguantar tanta presión y se sentía apartada del resto.
Ella era quien se separaba, no eran ellos quien la marginaban.
Se encontraba en casa de Miriam, sumergida entre las mantas de la habitación de invitados.
Lágrimas salían sin cesar de sus ojos y pensar que Coque no había querido despedirse de ella le hacía sollozar aún más.
¿Enserio la odiaba tanto como para ignorarla por completo?
Al entrar en ese quirófano, sacrificó su vida cuando aún podía disfrutarla durante un período de tiempo.
Se había condenado al matadero y ya no había forma de salir de allí.
El tiempo pasaba y ella continuaba sumida en sus pensamientos.
No pudo despedirse, no logró decirle que le amaba. El destino se había puesto en su contra y había impedido su encuentro.
De entre tanto, se le olvidó que había quedado con Carlos para ir a la playa aunque llovía a chorros y sería imposible realizar la quedada.
Llevaba dos días sin probar bocado y aún así seguía sin tener apetito. Ni siquiera el sueño amenazaba con cerrar sus párpados.
Mientras tanto, Carlos aparcaba su auto frente a su casa y la contemplaba asombrado.
- "Estos deben de tener pasta". - Pensó silbando para si.
Llamó a la puerta repetidas veces sin respuesta y entonces, comprobó que la puerta no estaba cerrada con llave.
La manipuló con facilidad y entró sin ninguna dificultad.
Comenzó a buscarla por los alrededores sin lograr dar con sus esperanzas.
La casa era extremadamente grande.
Una hormiga podría perderse en ella.
Pero Carlos no se rendía, tenía tiempo y pensaba encontrarla como fuese.
Mientras tanto, Jess seguía lamentándose. Sus lloros eran cada vez más sonoros y fuertes.
Nada más atravesar Carlos la segunda planta, la escuchó.
Era difícil no hacerlo.
Este, caminó a paso rápido hacia la puerta y posó su oreja en ella intentando escuchar con claridad.
Si, no eran cosas de su imaginación.
Era ella.
Abrió la puerta con delicadeza y la vió acostada en su placentera cama.
Las mantas estaban amontonadas y rozaban el suelo.
A lo que Carlos pensó - ¿Ella tampoco hace la cama? -.
Carlos ladeó la cabeza y pensó de nuevo que no era el momento para sus estupideces. Tenía claro lo que debía hacer a continuación.
Ella no se había dado cuenta de la intervención del chico ya que las sábanas tapaban su rostro.
Carlos se acercó a ella no muy seguro de si mismo.
Se sentó sobre sus rodillas y acarició su pelo con ternura.
Le sorprendió lo sedoso que era, lo fino y liso que se mantenía ante el tacto.
Jessy abrió los ojos y dió un brinco al nada más verle.
¿Qué hacía él aquí? ¿Cómo había entrado? ¿Acaso había subido por el balcón como Romeo?
¡Espera! ¡Si no había balcón!
- Carlos... - murmuró sorprendida con voz dulce y aún sonándose. - ¿Como has...?
Él la interrumpió.
- No te acuerdas, ¿verdad?
Ella le miró extrañada frunciendo el ceño.
- Habíamos quedado para ir a la playa. Esa cabeza... - rió flojo. Jess no pudo evitar sonreír.
Esa muestra hizo feliz a Carlos en el fondo de su corazón.
- Y bien, ¿cómo se te ocurre no cerrar la puerta? Si no llego a venir te podría haber secuestrado cualquiera. - continuó apoyando su frente sobre su cabeza.
Jessy le atrajo a ella y le obsequió con un fuerte achuchón.
En esos instantes era lo que más necesitaba.
Tal vez la soledad no fuera la mejor solución para sus problemas. Necesitaba a alguien a su lado y como no, Carlos había llegado en el momento idóneo.
- ¿Y ahora me vas a contar porque mi preciosa princesita suelta lágrimas de cocodrilo? - balbuceó guiñándole un ojo.
Jessy le miró a los ojos con expresión tímida. Sus ojos brillaban con fuerza. Ojos grisáceos tan penetrantes pero a la vez tan sinceros.
- No creo que te interese. - negó con la cabeza acompañando sus palabras.
- Tienes razón, seguro que no es nada. De arena siempre haces castillos.
Claro que le interesaba pero a veces, mostrarlo era peor que esconderlo.
La jugada maestra de Carlos funcionó y en poco rato comenzó a contarle todo lo ocurrido con Coque.
Él, se hizo un hueco a su lado y se tapó con las mantas escuchando cada una de sus palabras.
Asentía a cada rato pero cuando mencionaba el nombre de "Coque" no podía evitar que un cosquilleo bastante molesto recorriera su cuerpo.
¿Por qué sentía esa sensación tan extraña?
- ... No pude decírselo, Carlos. No le dije que le quería, que le amaba y ahora ya es tarde... - terminó mientras las lágrimas volvían a amenazar con salir de sus ojos.
- No seas tonta. Ya verás como todo sale bien y podrás decírselo todas las veces que quieras. - le animó aunque él no pensaba lo mismo.
Le molestaba que llorara por Coque, que se sintiera así por él...
Pero... ¿En qué coño estaba pensando?
Le daba igual lo que Jessy hiciera o no con su vida.
- No, no creo que salga de esta. Se lo advertí y me ignoró. - bajó la cabeza lamentándose.
- Hay que pensar en positivo, mujer.
Pero por más que Carlos intentara animarle, no había forma de sacarla de sus pensamientos.
El tiempo seguía corriendo. Ambos miraban al techo pensativos.
Carlos la observaba con lástima. Odiaba verla así.
- ¿Tienes hambre?
Ella le miró como diciendo " ¿Enserio? Me preguntas esto ahora".
Aún así, se mantuvo callada y ladeó la cabeza en señal de negación.
- ¿Comiste algo?
Carlos siguió insistiendo a pesar de las miradas asesinas que ella le apropiaba.
Volvió a negar.
- Jess, debes ponerte bien. No dejes de cuidar de ti misma por él. Entiendo que estés preocupada por Coque pero tú también importas. - le recordó jugueteando con su mano derecha.
Esta comenzó a pensar en sus palabras.
Jess... Tantas veces lo había escuchado salir de la boca de Coque.
- No quiero comer, no puedo dormir, no dejo de pensar y... Ya no puedo más. - tapó su rostro con ambas manos intentando que él no pudiera verla sollozar.
- Oh, Jess. - exclamó Carlos acogiéndola en su regazo y abrazándola con fuerza.
- No puedo más. - volvió a susurrar en voz baja sin que fuera percibida por él.
Carlos le cogió la cara tan pálida con las dos manos y se acercó lentamente a ella limpiando sus lágrimas con los pulgares.
- Todo saldrá bien. Ya verás, Jess. Pronto todo esto pasará y volverás a ser quien eras. ¿O tú no te acuerdas de esa dulce niña que se emocionaba solo con que su ídolo le firmaba un CD? Yo la añoro tanto... - murmuró mordiendo su labio inferior sin soltarla.
Ella levantó la mirada y se perdió en su ojos grises.
¿Qué mierda tenían para que no pudiese dejar de mirarlos?
Él continuaba hablando pero ella no podía prestarle atención.
Carlos se acercaba para volver a consolarla con un abrazo cuando ella movió la cabeza en un impulso y ambos se toparon a pocos centímetros.
La distancia se fue acortando poco a poco y finalmente, Carlos rozó sus labios con los suyos. Ambos se hundieron en un profundo beso mientras aún salían pequeñas gotas de los ojos de Jessy.
Ella no pudo separarse de su boca.
Se sentía débil y además la apresionaba fuertemente contra él.
Sus labios eran irresistibles. Se notaban flácidos y moldeables. Como si estuvieses jugando con plastilina.
Y no lo dudó. Mordió delicadamente aquellos labios tan bien hechos.
Al poco rato, la falta de aire les obligó a separarse.
Carlos respiraba con dificultad. Jessy se sentía aturdida y no muy segura de lo que acababan de hacer.
Él se le quedó mirando mientras toqueteaba sus labios levemente hinchados por tanta pasión.
Aquel morreo le había fascinado y sin duda, moría de ganas de volver a repetirlo.
Aunque pensándolo mejor, era como si estuviese aprovechándose de ella.
Jess se sentía confusa. Le miró tragando saliva.
- Vete - le ordenó viendo que él no daba señales de vida - Quiero estar sóla.
- ¿Seguro? - le observó sin poder creérselo.
¿Le acababa de echar después de haberle seguido el beso?
Ella asintió.
Carlos se levantó y cogió su cazadora.
Se acercó a ella para darle un beso en la mejilla pero este fue rechazado por ella. Giró la cabeza y Carlos continuó su camino a la salida.
Definitivamente, estaba decepcionado.
Narra Érica:
- ¡Eri! Llevas media hora ahí encerrada - escuché la voz de Allison en el exterior.
- ¡Mear en un palito lleva su tiempo! - balbuceé alzando la voz.
Al poco tiempo, salí del cuarto de baño con el test de embarazo entre las manos.
Estaba nerviosa, demasiado nerviosa.
Últimamente, la buena suerte no estaba de mi parte.
¿Qué pasaría si diese positivo? ¿Cómo explicarle a Coque que estaba embarazada y no sabía de quien?
Y lo peor, ¿cómo podría seguir desfilando por todas las ciudades de España?
Desde pequeña, soñaba con ser modelo. No dejaría mi sueño atrás por un mocoso. Eso estaba bien claro.
Nada más llegar a la sala del apartamento de Betsy, ambas me miraron sin saber como reaccionar.
- Trae - extendió su mano Allison.
Se lo entregué frotándome las manos con nerviosismo y me senté en el sofá.
Esta comenzó a darle vueltas y a frotarlo entre las manos.
- Aún que lo frotes no cambiará de color. Tienes que esperar un rato - mencionó Betsy poniendo los ojos en blanco.
- ¿Es qué acaso tú lo hiciste alguna vez? - discutió Allison.
- No... - susurró Betsy bajando la voz.
- Pues entonces no te hagas la sabionda. Cierra el pico - respondió.
- A mi nadie me manda callar y menos tú.
- ¿Yo?... - alzó la voz Allison.
Yo ladeé la cabeza y dejé de prestarles la más mínima atención. Siempre igual.
Se peleaban por cualquier tema sin sentido y podían pasarse horas y horas discutiendo por ver quien tenía razón.
- ¡Chicas, chicas! Esto ya está - interrumpió Betsy con cara pícara.
- ¿A qué esperáis? Miradlo. Yo no pienso hacerlo - levanté ambas manos justificándome mientras ellas se miraban mutuamente.
- Está bien - murmuraron casi a la vez.
Sus miradas quedaron fijas en el test. Yo me limité a morderme las uñas con nerviosismo. Aguardando una simple respuesta.
- ¿Qué? ¿Estoy o no embarazada? - murmuré mirando a ambas con curiosidad.
- Compruébalo tu misma - dijo Betsy entregándome el test y observando mi expresión.
Todo se limita a un si o a un no.
Hay varias respuestas para todo.
Narra Miriam:
Me encontraba charlando con Derek por teléfono. Me había llamado para preguntarme sobre la operación.
La verdad era que fue un lindo gesto por su parte. Sus consuelos me hacen sonreír de vez en cuando.
- Tranquilo, estoy bien. Estamos bien.
Tus plantas artificiales también están bien. Me ocupo de ellas cada día - le recordé con una sonrisa.
Él siempre me ayudaba a no estar triste en momentos así. Con solo una palabra ya me hacía la chica más feliz del universo.
- Me alegra saber que utilizas la llave que te regalé - dijo en un tono bastante pícaro.
- Y a mi que no te olvidases de mi.
Jugueteé con mis dedos mientras visualizaba a Jessy entrar por la puerta de la UCI.
- Más bien por tu hermano.
- Oye De, tengo que dejarte. Acaba de llegar Jessy y no parece estar de muy buen humor.
- Okey, llámame cuando sepas algo. ¿Vale? - sentí a una mujer hablar al fondo.
- Claro. Que estás... ¿en una reunión? - pregunté curiosa.
- Si, va a empezar dentro de poco. Voy a negociar para ampliar el negocio.
Notaba su entusiasmo en la otra línea.
Eso me hizo sonreír.
- Eso es genial. Seguro que todo sale bien.
- Te quiero - susurró con voz dulce.
- Y yo a ti. Ya hablaremos - me despedí sin dejar de sonreír.
- Adiós.
Y colgué.
Me acerqué a los demás. Todos interrogaban a Jessy como auténticos posesos.
¿Qué coño...? ¡Me han robado el trabajo!
- ¿Y a vosotros que mierda os importa? Necesitaba desconectar y punto. Ni que fuera para tanto, por dios - se quejó mirando hacia el techo y alzando la voz.
- Jessy, no te has perdido nada. Aún no nos han avisado de su estado - le protegí mirándola con el ceño fruncido.
- ¿Veis? Y ahora, ¿podéis dejar de acosarme?
Dani y los amigos de mi hermano se alejaron repitiendo numerosos insultos.
- ¿Estás bien? - preguntó Pris acariciando su brazo derecho.
- Si, lo estoy - refunfuñó entre dientes.
- ¡Miriam! - bramó Dani - ¡Miriam!
- ¿Qué? - me volteé para observarle.
Estaba sentado en una de las sillas que componían la sala de espera.
- Ven, anda - puso morritos y junto sus ambas manos con tono suplicante.
- No tienes remedio - reí poniendo los ojos en blanco y me senté a su lado en un abrir y cerrar de ojos.
- Tu amiga tiene muy mal genio - mencionó alzando una ceja.
Estaba tan mono así. Daban ganas de tirarle de los mofletes.
- Ya, está... Muy rara. Supongo que lo de Coque le afectó más de lo esperado - justifiqué.
- Yo creo que está con el periodo - susurró a mi oído.
No pude evitar reírme. Él también comenzó a descojonarse a mi vez. Mi risa le resultaba bastante contagiosa.
Justo en ese instante, una enfermera apareció de repente. Me callé de inmediato nada más verla.
Todos nos pusimos de pie excepto Jessy que se encontraba en su mundo sumergida en sus pensamientos.
- ¿La familia de Álvaro Pose? - pronunció mirando a los alrededores.
- Aquí - llamé su atención levantando el brazo como solía hacer en el colegio. Que tiempo aquellos.
- ¿Cómo está? - se entrometió Dani.
- Tranquilícense, respiren hondo - ordenó seria haciendo gestos con las manos.
- Llevamos horas aguardando a que alguien se dignase a venir así que no nos pida que nos calmemos - apareció Pris de la nada hablando con voz amenazadora.
- Lo sabemos y sinceramente lo sentimos. Pero tuvimos ciertos problemas para acceder hasta el tumor. Aunque de momento todo va bien. Lo más difícil, comienza ahora.
Esta observaba a los alrededores mirando a cada uno de los presentes.
- ¿Falta mucho para que terminé la operación? - se entrometió Alex que apenas había escuchado palabras sueltas de la conversación.
- Como dije, nos costó más de lo esperado acceder hasta el estómago. Esperamos terminar dentro de unas cinco o seis horas. No podemos tenerle mucho más tiempo anestesiado.
- Bien - exclamó Mark que se encontraba al lado de Alex.
- Tengo que marcharme. Me aguardan en quirófano - informó la enfermera - Vendré a informarles o mandaré a otra persona en mi lugar.
- Gracias - murmuré abrazándome a mi misma.
Esta asintió y se marchó de nuevo.
Todos volvieron a sus respectivos lugares.
- Blue, tengo que... Ir a casa. Es un momento, volveré lo antes posible - le avisé entrecortada.
- Por supuesto, me quedaré y te llamaré si ocurre algo.
- Me has robado las palabras. Gracias por todo, enserio - le sonreí inclinando la cabeza.
Me alejé de él y me despedí del resto.
Nada más salir del hospital me alegré de poder respirar aire fresco.
¶¶¶¶¶¶¶¶
Estaba dispuesta a salir por la puerta.
Ya había cogido todo lo necesario. Ropa y cosas personales de Coque para cuando despertara. Supongo que se alegraría.
Nada más girar el pomo escuché que llamaban a la puerta.
¿Pero qué?
Confusa y sin saber quien podría ser a esas horas, abrí la puerta rápidamente.
- ¡Hello hija!
Esa voz me sonaba muy familiar. Oh no...
- ¡Mamá! - exclamé más que sorprendida asustada.
Nada más verme se abalanzó sobre mi achuchándome durante un buen rato y casi dejándome sin respiración.
Entró en el interior de la casa observando los alrededores.
- Hola - saludó mi padre dándome un beso en la frente. Él siempre resultaba muy frío en estas cosas.
- ¿Qué coño hacéis vosotros aquí? - mencionó abriendo los ojos de cuajo.
- Ese vocabulario. Yo no te enseñé esas cosas - me riñó mi madre volteándose y dejando las maletas en el suelo - Respondiendo a tu pregunta. Ya te dije por teléfono que habíamos acabado.
- No, no, no. Dijiste que os quedaba terminar un trabajo y después regresaríais - la contradije mientras mi padre se inflaba a comer una bolsa de patatas fritas.
- Hija, ¿acaso tantas ganas tienes de echarnos? Solo queríamos daros una sorpresa. ¿Qué hay de malo en ello? - sonrió mamá mirando a ambos.
- Nada, me alegro de que estéis aquí - aclaré jugueteando con mis cejas.
- Bien, te veo muy cambiada - observó mi madre acariciándome el cabello - Así que rubia, ¿eh?
- Si, me apetecía un cambio y ya ves.
- Tengo ganas de darme un buen baño caliente y vaciar la nevera - exclamó mi madre emocionada entrando en la cocina - Por cierto, ¿y Coque? ¿No está en casa? Tengo ganas de darle un buen achuchón.
¡Mierda! Justo tenía que pronunciar la pregunta prohibida. Supongo que tendría que explicárselo completamente todo. ¡Preparados, listos... A por la acción!
- Veréis... Coque está...
Salvada por la campana.
Mi teléfono comenzó a sonar.
Mi padre accedió a la vez a la cocina y yo mientras tanto me decidí a responder.
Me volteé para que no pudiesen escucharme. Era Dani y seguramente si llamaba era porque no había pasado nada bueno.
- Dani, ¿qué ha ocurrido? - pronuncié con el ceño fruncido nada más escuchar su respiración.
- Tienes que volver ahora mismo - parecía bastante preocupado y su tono de voz era muy cortante.
- ¿Qué ha pasado? ¡Dani! - mencioné mientras mi rostro palidecía por momentos.
- Es Coque. No está bien.
- Está bien, voy enseguida - respondí decidida con voz fría.
Las lágrimas amenazaban con salir de mis ojos. ¡Oh no! Todo esto estaba superando mis limites. No podía echarme a llorar delante de mis padres.
Se preocuparían.
- ¡Hija! ¿Queda crema de cacahuete? - susurró mi madre frente el frigorífico.
- ¿Ocurre algo? Pareces preocupada - preguntó mi padre asomándose por la puerta.
- Tenemos que irnos.
- ¿A dónde? Son las ocho de la tarde - se quejó mi madre sin creérselo.
- Coque... Se está muriendo. Están operándole en el hospital y... Se... Muere - dije como pude mientras notaba como la biles subía hasta mi garganta.
Ambos me miraron incrédulos.
Yo me limité a observarnos con los ojos llenos de lágrimas. Mi madre ladeó la cabeza dando por entendido que era cierto y que lamentablemente, su hijo estaba en peligro.

Narra Derek:
La reunión por fin se había terminado. Decidí recoger mis cosas y marcharme rápidamente al motel.
Había sido un día desgarrador y añoraba la dulce ledicia de descansar los ojos.
Alguien llamó a la puerta. La secretaria ( mi secretaria, no acostumbraba llamarle así) se asomó de repente.
- Señor Karev. Una mujer pregunta por usted - habló claro y con seriedad.
Alcé la mirada. ¿Quién podría ser a estas horas? Mi jornada había terminado y solo deseaba hacer compañía a la cama.
- Dile que pase - ordené pensando que sería durante poco tiempo.

- Si, señor.
Y desapareció de mi vista.
Al poco rato, la puerta volvió a abrirse.
Me apoyé frente al escritorio y observé detenidamente la puerta mientras me acomodaba la corbata.
Una mujer entró en el interior. No pude verle el rostro ya que un sombrero ocultaba su verdadera identidad.
- Derek Karev... No sabes cuanto tiempo llevo esperando este momento - ella alzó la mirada.
Esa voz se me hacía conocida y como no. Era ella.
Aquella mujer que meses atrás me había dejado plantado para vivir su vida a su manera.
Si, ella. De la cual aún seguía terriblemente enamorado.
- Melanie... - balbuceé tragando saliva.

¿Qué hacia ella aquí?
Esta sonrió maliciosamente y cerró la puerta del despacho con un pequeño gesto.
Narrador Onmisciente:
Miriam acompañada de sus padres entraron en el edificio. Nada más cruzar las puertas de trauma, percibieron a todos los presentes con caras decaídas, blancas como la nieve, apenadas...
Dani no dijo nada, se limitó a abrazarla con fuerza mientras Alex y Jessy luchaban contra las lágrimas.
Mark y Pris no podían creer lo que estaba ocurriendo.
Jess deseó con todas sus fuerzas no tener razón. Deseo que todo saliera bien aunque ella anteriormente dijera que no.
Miriam comenzó a sollozar mientras sus padres, no muy conscientes aún de lo que estaba ocurriendo, se mantenían alejados del resto. Estaban bastante preocupados.
- ¿Qué ha ocurrido? - preguntó Miriam como pudo aún entre los brazos de Dani.
- Hubo complicaciones al llegar al tumor. No son capaces de extirparlo sin... Matarle. Coque está muy grave - le explicó con voz tenue y tragó saliva.
- Todo iba bien - recordó Miriam para si.
Mientras Miriam consolaba a sus padres y trataba de contarles y explicarles todo lo sucedido estos meses, Érica entraba por la puerta preguntando que había ocurrido con cara de preocupación. Su pulso se aceleró y el miedo a perderle justo ahora comenzó a amenazarle cada vez más.
Mientras la sala de espera parecía un valle de lágrimas en el quirófano, la doctora intentaba por todos los medios salvarle la vida al pequeño Coque.
- El tumor se encuentra en el sector 4 - exclamó llamando la atención de sus compañeros.
- No, se encuentra en el 5. Fíjese bien - corrigió el jefe de cirugía general.
- No, fíjese usted. Es mi paciente así que las decisiones las tomaré yo - defendió esperanzada la doctora.
- Doctora Wilson, sus constantes están bajando - revisó la enfermera.
- ¡Mierda! El tumor ha invadido una parte del duodeno.
- ¿Podrás extirpárselo? - preguntó una interna curiosa.
- No creo que haya problema aunque tendremos que conectar el resto del estómago con la otra parte del duodeno.
Una sola equivocación podría dañar la vida de Coque por completo.
Gotas de sudor rozaban sin cesar por el rostro de la doctora.
Prosiguieron mientras las horas seguían pasando y pasando.
- Su estómago será mucho más reducido de lo que pensábamos. Esperemos que tu increíble idea no le condene a la muerte directamente - bramó el jefe de nuevo.
- Ya casi esta solo queda el toque final... - murmuró Wilson bastante concentrada en lo que hacía.
Jugó con las pinzas de una manera maestra y suspirando aliviada dejó los utensilios en su lugar y levantó la vista del cuerpo.

- Buen trabajo doctora Wilson - murmuró el jefe admirando su trabajo.
Ella asintió.
De pronto, una de las máquinas comenzó a sonar. Los latidos eran cada vez más fuertes.
- La presión está bajando - avisó el anestesista.
- Tiene una hemorragia - alzó la voz la enfermera.
La doctora continuó manipulándolo.
- Gasas. ¿De dónde sale toda esta sangre? Es imposible averiguar su procedencia - continuó rebuscando algún punto clave, alguna herida abierta pero el estómago estaba limpio.
-Te olvidas de algo... - recordó el jefe alzando una ceja.
- ¡El duodeno! - exclamó dando con la repuesta.
Y así fue como la encontró.
- Clan - pidió concentrada en su trabajo - ¡Vamos, vamos! ¿Por qué sigue sangrando? ¿Qué he hecho mal?
- No coagula. Tendremos que pasar al plan B.
- ¡No hay plan B! - exclamó Wilson.
- Sus constantes están bajando. 70, 60... - avisó la enfermera.
- Está bien. Concéntrate Wilson. ¿De qué se está olvidando? - murmuró el jefe dándole ciertas pautas que debía seguir.
- El corazón...
- Lo estamos perdiendo - recordó un interno mientras el sonido era cada vez más continuado y sonoro.
- ¡Palas! - gritó Wilson mientras el sudor seguía cayendo por su rostro - Warren, ocúpate de la hemorragia.
La doctora caminó con rapidez hacia el otro lado del paciente y su interno ocupó su lugar.
Las gasas no hacían nada. La sangre salía sin freno de aquel cuerpo.
- Está en paro - avisó la doctora mientras un chirriante ruido invadía sus oídos.

Más y más sangre inundaba el suelo.
- Se está desangrando - mencionó el jefe.
- No puedo controlar la hemorragia.
- Está bien. Carga a 200. ¡Apártense todos! - gritó la doctora Wilson cogiendo las palas entre las manos.
- Su corazón no lo aguantará - mencionó el jefe - Lleva demasiado tiempo anestesiado.
- Morirá de todos modos.
¡Fuera!
Todo el mundo apartó sus manos del paciente. Dieron un paso atrás y observaron detenidamente sus constantes.
Seguía en paro. Otra descarga invadió el cuerpo de Coque.
La vida de Coque estaba en juego.
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La vida es tan injusta, nunca puedes conseguir lo que quieres. Si no tienes salud no eres nadie.
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- Vamos Coque. Prometiste no rendirte - mencionó la doctora - Carga a 300. ¡Fuera!
Probó suerte de nuevo pero de nada sirvió.
Comenzó a hacerlo manualmente, eso logró sacarle del paro y mantenerlo bien aunque si dejaba de hacerlo moriría.
- Doctora Wilson, lleva mucho tiempo así. Déjelo - mencionó el jefe.
Ella no parecía prestarle atención.
- Lucha, sé fuerte... - exclamó sin dejar de comprimir.
- No podemos hacer nada más. Entiéndalo. No podemos salvarlos a todos - intentó hacerla entrar en razón - Justifique su muerte.
- He logrado parar la hemorragia - susurró el interno con timidez.
- Deje que se vaya en paz.
- Aún podemos salvarle. Quedan esperanzas - balbuceó observando el rostro pálido de Coque.
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Y te das cuenta de que en unos segundos lo puedes perder todo. Es tan simple.
La cuestión es... ¿la vida o la muerte?
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¿FIN?








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