Narra Henry:
Unos gritos desgarradores, hicieron que recuperase la consciencia.
Abrí los ojos lentamente sin ser capaz de reconocer la panorámica que tenía frente a mis ojos.
El avión se había estrellado. Un grupo de supervivientes chillaba a más no poder entre el medio de los árboles.
Una niebla espesa opacaba prácticamente todo el lugar. Era muy difícil saber donde nos encontrábamos.
Pude ver a lo lejos una de las alas del avión, más destrozada que intacta. O eso parecía.
Había restos del mismo por todos los lugares del bosque.
La niebla era provocada por el humo y por los motores de la aeronave, totalmente quemados.
¿Dónde estaría Lola? ¿Miguel y Marina estarían bien? Debía buscarles entre la muchedumbre y los árboles.
Coloqué mis manos en el suelo, sobre un montón de hojas y tierra seca pero me fue imposible estirar el brazo derecho. Creo que estaba distendido.
Intenté apoyarme en el izquierdo, haciendo toda la fuerza posible para poder impulsarme y así, levantarme.
Encontré una de las ruedas del tren de aterrizaje en mi intento, totalmente cubierta de tierra y carcomida.
Me puse de cuclillas y apoyándome nuevamente en el brazo izquierdo, por fin, conseguí erguirme de pie. Al estar recostado, no me resultó tan complejo.
Di un paso al frente comprobando mis capacidades cognitivas. Mis cinco sentidos parecían estar en orden. Aunque un grave dolor de cabeza, me consumía por completo.
- Lola - murmuré aún resentido por el dolor que estaba sintiendo - ¡Lola! - bramé esta vez más fuerte para que pudiese escucharme.
Los pasajeros seguían chillando sin cesar. Eran gritos incomprensibles, no sabía de donde provenían.
- ¡Miguel! ¿Dónde estás? - grité un poco más fuerte esta vez para que pudiesen escucharme - No veo nada.
Tropecé contra algo y me caí de rodillas.
- Maldita sea - susurré mientras intentaba incorporarme apoyando una mano en la tierra. Pero esta vez, no era lo que estaba tocando. Bajé la mirada y vi un cuerpo totalmente desfigurado.
-¡Joder! - grité mientras me desplazaba por el suelo intentando apartarme lo máximo posible. Me quedé sentado mientras las lágrimas comenzaban a botar bruscamente por mi rostro.
Nos íbamos de vacaciones, a pasar unos días de relax, lejos de la rutina y de los problemas que nos rodean y aquí estamos, en un círculo de miedo y terror. Lleno de sangre, de almas sin vida y olor a hierro.
Había convencido a Lola para venir y había puesto su vida en riesgo. Solo esperaba que estuviese bien. Todo esto había sido mi culpa, la he expuesto a este dolor, después de aquella noche en el pub que aún ronda su mente. No iba a perdonarme en la vida.
- ¿Henry? - escuché una voz conocida a lo lejos. Mis sentidos parecieron ponerse alerta de nuevo - Me pareció escuchar tu voz.
Vi a alguien entre la niebla que de repente, se desplomó ante mis ojos. Me acerqué como pude, aún entre lágrimas. Pude ver el rostro de Marina. Tenía alguna herida en el rostro, no parecían profundas. Su jersey estaba lleno de sangre y deshilado. Levanté el jersey buscando alguna herida en el torso, no había ninguna salvo pequeños moratones. La sangre no era de ella.
- Marina, ¿me oyes? - puse ambas palmas de las manos en su rostro. Comencé a zarandearla intentando que recuperase el conocimiento. Puse la oreja sobre su sistema respiratorio, le costaba respirar.
- No te vas a ir, tú no - comencé a realizarle una reanimación cardiopulmonar. Esperando no romperle las costillas. Era la primera vez que la hacía, aunque la teoría me la sabía a la perfección.
Le hice compresiones, mientras el dolor de mi brazo aumentaba por minutos. Era muy complicado hacerlo bien de esta forma. Presioné con un poco de fuerza sobre el esternón mientras la canción de "Stay in Alive" resonaba en mi mente. Realicé 30 compresiones y luego comencé con el boca a boca, Colocándole dos dedos bajo la barbilla, incliné su cabeza hacia atrás con la otra mano y abrí su boca.
Apreté con suavidad su pequeña nariz y tomé una respiración profunda antes de sellar su boca con mis labios y expulsar todo el aire contenido en ella. Su pecho comenzó a elevarse. Eso significaba que lo estaba haciendo bien. Cuando bajó de nuevo, repetí los pasos una vez más. Al terminar, volví a realizar las comprensiones y de nuevo, dos respiraciones.
De repente, Marina comenzó a toser y poco a poco fue abriendo los ojos.
- Pensé que me moría - habló entre susurros mientras aún recuperaba el aliento.
- No hables, debes recuperar fuerzas. Inhalaste mucho humo - susurré mientras acariciaba su rostro con mis pulgares y una pequeña sonrisa se dibujaba en mi rostro.
- Perdí mi anillo. Perdí mi anillo - escuchamos una voz masculina resurgir de entre los árboles - ¿Podéis ayudarme a encontrarlo? Perdí mi anillo.
Era un hombre de mediana edad. Tenía una gran herida en la cabeza que aún sangraba y nos mostraba su mano, tan solo tenía dos dedos. El accidente había provocado que tres de ellos fuesen rasurados.
- Perdí mi anillo.
- Tranquilícese, está en estado de shock - le respondí sin separarme de Marina que continuaba callada recuperando aliento.
- Por favor, ¿podéis ayudarme a encontrarlo?
El señor hacía caso omiso a mis palabras. Me acerqué a él, ni siquiera me buscó con la mirada. Tenía la mente totalmente ida, estaba en su mundo. Le cogí de la mano que tenía sana.
- Me llamo Henry, tengo veintidós años y estoy esperando un hijo. ¿Y usted como se llama?
- Perdí mi anillo.
- Por favor, hábleme de usted. Así no voy a poder ayudarlo - insistí mientras su mirada seguía congelada y continuaba mostrándome su mano herida.
- Por favor, ¿podéis ayudarme a encontrarlo?
- Sí, te ayudaremos - respondí siguiéndole el cuento. Era imposible sacarlo del estado de shock en el que estaba.
- Es mi anillo de casado - me dijo antes de darse la vuelta y desaparecer entre la niebla.
- ¡Señor, señor! - bramé sin resultado alguno. Vagaba como un completo zombie, sin rumbo.
Era imposible sacarle del ensimismamiento en el que estaba hundido.
La penumbra parecía disiparse cada vez más. Marina permanecía tumbada en el mismo sitio que hace un rato y mientras, yo estaba sentado a su lado cogiéndole de la mano. Ambos en silencio totalmente absortos pensando en nuestro destino o en nuestro final.
Parecía que las palabras no eran necesarias, tan solo los chillidos de la gente y el sonido aún de alguna de las partes del avión deteniéndose por completo, eran suficientes para nosotros.
Cerré los ojos poco a poco hasta no pensar en nada más.
Narra Coque:
Los ojos comienzan a entrecerrarse. Llevo bastante tiempo tendido en el suelo, con los labios rasgados del frío, las manos entumecidas, el cuerpo completamente congelado y sin llegar a sentir las articulaciones inferiores.
Tengo muchísimo miedo, lo reconozco.
El avión se ha estrellado, no veo a ningún superviviente y tampoco tengo las fuerzas necesarias para levantarme e ir a ver si alguien aún permanece con vida.
Giré la cabeza hacia el lado izquierdo, pude ver los timones y estabilizadores del avión totalmente destrozados y más al fondo, una pequeña fogata de fuego.
Volví a mirar al frente, el cielo estaba nublado y algo ennegrecido. Ojalá se pusiera a llover, al menos tendríamos agua potable para hidratarnos. Creo que en mi equipaje llevaba una cantimplora de agua. Salvo que se me olvidase sobre la cama. Llevábamos mucha prisa cuando hicimos las maletas, Jess no se estaba quieta de la emoción, me dio tiempo a coger lo indispensable.
Menos mal que la idea de viajar como un mochilero, fue descartada de mi mente con rapidez.
Creo que me encontraba en estado de shock.
Narra Marina:
La tos iba en aumento. Era algo bueno, mi cuerpo estaba encargándose de limpiar todo el humo que había inhalado mis pulmones durante el accidente. Gracias al sonido de la voz de Henry, pude caminar entre la niebla totalmente desorientada, buscándole y poniendo fin a esta agonía. Me costaba caminar a causa de que tenía un esguince en el tobillo pero eso, no evitó que pudiera encontrar a Henry.
La niebla se había disipado más y ya se podía ver mucho mejor lo que nos rodeaba. Hacía un día soleado opacado por la niebla pero en cambio, la temperatura era reducida. No me sobraba el jersey, de hecho, si me dieran otro me lo pondría. La cola del avión estaba bastante conservada, había supervivientes dentro intentando buscar cosas útiles entre el equipaje. El hombre del anillo, se encontraba sentado sobre una roca, con la mirada totalmente perdida mientras sostenía una foto entre sus manos.
No había rastro de la hélice del avión ni de la zona de los tripulantes, lo que me hacía pensar, que había estallado en pedazos y que nada era servible.
Tampoco sabía donde estaban Miguel y Lola. Estaban a nuestro lado en el avión, no tenía sentido que hubiesen caído más lejos de lo que estábamos nosotros.
- Henry - susurré mientras lo zarandeaba. Estaba dormido o totalmente ido. Cualquiera de las dos era válida en estos instantes - Henry, despierta.
- ¿Estás bien? - respondió lentamente mientras abría los ojos.
- Sí, lo estoy. Gracias por salvarme.
Intentó esbozar una sonrisa pero no fue capaz. Miró a los alrededores intentando orientarse.
- Vamos a unirnos al resto. Necesito que me recoloques el brazo , ¿podrás? - mencionó intentando levantarse.
- Sí - respondí de forma concisa mientras imitaba sus pasos - Necesito que me ayudes a caminar, tengo un esguince.
- Apóyate en mis hombros - anunció mientras se agachaba un pelín y hacía una mueca de dolor. Procuré no hacer mucha presión sobre su espalda, eso repercutía en su brazo.
Caminamos entre los restos del avión, acercándonos a la cola del mismo, la escena era terrorífica.
Había una chica con la pierna totalmente destrozada, haciéndose un torniquete para no morir desangrada, luego; dos hombres con moratones en el cuerpo rebuscaban entre las maletas intentando encontrar objetos de valor para poder subsistir. Luego, una madre y lo que parecía ser su hijo, estaban sentados en unos de los asientos de la aeronave que se habían conservado. La mujer acariciaba al niño que temblaba entre sus brazos mientras ella tosía, por culpa del humo.
Seguía sin haber rastro de Lola y Miguel. Pero no era momento de pensar en ellos, debíamos ayudarnos mutuamente entre los supervivientes. La chica de la pierna no dejaba de gritar, me acerqué a ella mientras Henry ayudaba a los muchachos a rebuscar en las maletas. Me puse a su altura.
- ¿Puedo echarte un cable? - murmuré observando su rostro de sufrimiento.
- Dudo que puedas hacer que mi pierna sirva para algo más que para dar de comer a esos buitres que vuelan sobre nuestras cabezas - respondió estallando a reírse dando por hecho que la situación, le sobrepasaba.
Miré al cielo, estaba en los cierto, no se dónde podíamos estar, pero el bosque parecía bastante gigantesco teniendo en cuenta que no se escuchaba ningún sonido de civilización al respeto.
- Te ayudaré a ajustar el torniquete, si me dejas - susurré mirándola a los ojos, intentando que su confianza en mí aumentase.
- Estoy bien, gracias. Aunque con unos calmantes estaría mejor - elevó la voz soltando un chillido mientras intentaba poner recta la pierna.
La herida le llegaba hasta la rodilla, un objeto de metal ayudaba a que la hemorragia no se excediera.
- Déjame ayudarte.
Ambas nos miramos en completo silencio. Ella asintió con la cabeza, adoptando una postura relajada. Dándome a entender que depositaba toda su confianza en mí.
Me acerqué y agarré las vendas que tenía a su lado. Provenían de un pequeño botiquín de primeros auxilios.
- Estaban debajo de unos asientos del interior de la cola del avión - murmuró como leyéndome la mente - Me la entregó aquella mujer que está con el niño.
- Bien - respondí envolviendo el objeto de metal con las vendas para evitar que se infectase y así siguiese taponando la hemorragia. Sus gritos de dolor, hacían que me temblasen las manos. Aseguré el torniquete con una tabla y las pocas vendas que quedaban. Intenté hacerlo lo más rápido posible para causarle el menos dolor.
- Gracias - susurró en voz baja mientras sus gritos de dolor cesaban - Me llamo Sophie. Iba a Irlanda por mi despedida de soltera - elevó su palma de la mano con el anillo en el dedo anular. El anillo de compromiso - Éramos cinco amigas. Katie no pudo venir porque su abuelo estaba enfermo. Carol posiblemente este muerta, igual que Julieta y Nuria. Sin mis damas de honor y con la pierna echa morcilla, se me han quitado las ganas de casarme - embozó una pequeña sonrisa mientras su expresión volvía a trasmitir el dolor que estaba padeciendo - ¿Y tú? ¿Qué te hizo montar en ese avión?
- Veníamos de vacaciones. Mi pareja, mi cuñado y su novia. Aún no sé donde están, al menos mi cuñado me encontró. Desperté y solo pude ver el puto cielo sobre mi cabeza. Todo al mi alrededor estaba echo añicos.
Henry se acercó a nosotras con una manta de franela en su manos. Se la puso encima a Sophie mientras se ponía de cuclillas a nuestro lado.
- Así al menos no tendrás tanto frío.
- Gracias.
Henry se levantó y me hizo una seña con las cejas para que nos apartásemos a un lado. Lo hice.
- Lola y Miguel deben estar más en el interior del bosque. Podemos dividirnos e intentar buscarlos. Seguramente necesiten ayuda. Aquí ya hemos ayudado todo lo posible, debemos buscar supervivientes - anunció susurrando mientras miraba a ambos lados.
- Vale, sí, tienes razón.
- Bien, yo iré hacia el norte, viendo la trayectoria de como están distribuidas las piezas sin vida del avión, lo más probable es que estén en esa dirección.
- Siento decirte que eso es irrelevante, pueden estar en cualquier lugar del bosque - murmuré con ojos lacrimosos mientras Henry me miraba con desaprobación.
- Tú ve hacia el oeste. En una hora nos encontraremos en este mismo punto. ¿De acuerdo?
- Sí, está bien - dije viendo como hacía caso omiso a mi comentario.
Narra Coque:
En un amago por levantarme de lugar donde me encontraba, casi pierdo el conocimiento. Una herida ocupaba gran parte frontal de mi cerebro.
No sé si es mi imaginación o es real pero unas voces comienzan a resonar a lo lejos. Me apoyo contra uno de los árboles aguardando que mi visión se enfoque, algo que resulta imposible.
- Coque, ¿eres tú? - las voces se acercan mientras la vista se me nubla. Creo que voy a perder el conocimiento - No tienes muy buena cara - repite la voz consiguiendo agarrarme de la cintura antes de desvayecer.
- Creo que nunca tuve tanta alegría por verte - respondí mientras me iba encontrando mejor al sentarme.
Visualicé a Henry y aunque en otra ocasión le hubiera escupido en la cara, me alegraba de verlo en estos momentos. Verlo me tranquilizaba y me hacía ver que no era el único superviviente.
- Yo también me alegro de verte, Coque. Te daba por muerto.
- A lo mejor eso te hacía feliz - reí mientras una tos me atacaba dejándome paso de nuevo a la realidad. Seguía algo mareado y en shock.
- ¿Pero qué dices? Eres tú el que estaría feliz, me odias Coque y es entendible. Sigue sin ser el mejor momento para decírtelo pero lo siento. Siento todo lo que ha pasado, todo sería muy diferente si nunca hubiera hecho lo que hice, ahora mismo estaríamos los dos viajando y no por separado.
- Me hiciste un favor, Henry. Érika es una puta, lo hubiera hecho con otra persona. Tú solo eras un loco enamorado rogando amor. Aunque sabías que estábamos juntos cuando os liasteis. Además, lo hiciste varias veces, eso no te priva de la culpa - sonreí mientras nos sincerábamos por primera vez en mucho tiempo. No era el momento, estábamos envueltos en una enorme tragedia y nos encontrábamos sentados al lado de un árbol de bastante edad mientras mirábamos a la nada. Pensando en nuestro futuro, en si saldríamos de esta y si en la gente desaparecida estaría viva.
- Lo sé, por eso quiero volver a disculparme.
- Me jode estar así contigo, Henry. Eras un gran amigo para mí y el mejor para Miriam. Siento que he roto vuestra linda amistad. No puedo prometerte que vuelva a ser igual pero me gustaría dejar todo atrás y llevarnos bien.
- ¿Lo dices enserio? - se asombró Henry irguiéndose de repente con lágrimas en los ojos.
- Por supuesto, ahora vamos a buscar supervivientes. Me encuentro mejor, ayúdame a levantarme - mosqueé mientras él me ofrecía su hombre. Suspiró de dolor mientras me posaba en su hombro.
- ¿Te duele?
- Me disloqué el hombro, no es nada de verdad - susurró mientras emprendíamos el camino hacía el bosque.
- ¿Y la gente con la que ibas Henry? Uno era tu hermano, ¿no?
- Y mi novia junto a mi cuñada - bajó la cabeza mientras su expresión se nublaba.
- ¿No las encontraste?
- Solo a mi cuñada. No hay rastro de ellos, Coque.
- Debemos empezar la búsqueda. No te desanimes antes de empezar. ¿Dónde dejaste a tu cuñada? - susurré mientras seguíamos caminando sin rumbo fijo y a paso lento para no tropezar en las raíces de los árboles.
- Nos separamos para buscarlos.
- ¿Sabes que eso es lo que suelen hacer en las pelis y nunca sale bien? - sonreí intentando mantener la calma aunque sin muchas ganas.
- Tienes razón, esto parece una maldita peli de terror, solo hay sangre y muertos.
- La encontraremos de nuevo, no te preocupes.
- ¿Y tú venías solo? - preguntó Henry sacándome de mi ensimismamiento.
- Mierda, Henry. He venido con Jess. No está - grité mientras el shock se iba desvaneciendo dando paso a la locura. Henry me abrazó por los hombros mientras susurraba que todo iba a salir bien.
- La encontraremos.
Me alejé y continuamos caminando. Un silencio bastante molesto cubría el ambiente ennegrecido. Las nubes iban cubriendo el cielo y poco a poco se iba desvaneciendo más la luz del día. No sabíamos como pasaríamos aquí la noche, entre el frío y los animales salvajes que escuchábamos atemorizados en el interior del bosque.
No se cuanto tiempo llevábamos caminando pero ambos estábamos agotados. Necesitábamos descansar, nos sentamos en una gran piedra al lado de otro roble antiguo.
- No sé ni donde estamos.
- Yo tampoco lo sé, tengo mucho frío. Como no encontremos un lugar donde protegernos del frío, moriremos de hipotermia. Aún nos quedan un par de horas de luz creo - anuncié mientras intentaba taparme con la ropa que tenía puesta.
Un resplandor en el medio de la hierba llamó mi atención. Me levanté con la ayuda de Henry y lo recogí del suelo.
Era el collar de Jess. El que me había regalado cuando éramos mejores amigos, aunque ambos sabíamos que lo que teníamos no era para nada una amistad. Estaba tan ciego por Érika que no me atrevía a ponerle fin y decirle a Jess lo mucho que la amaba.
Dios santo, Jess. ¿Dónde estás? Nunca podré perdonarme no habértelo dicho si te pasa algo.
Henry volvió a abrazarme mientras las lágrimas rozaban mis mejillas.
- Es de ella Henry, es de ella.
- Tranquilo, la vamos a encontrar - dijo relajándome mientras seguía abrazándome.
- Menos mal que os he encontrado - susurró una voz de mujer apareciendo de repente.
- Marina, al fin - respondió Henry abrazándola sin soltarme a mi. Se lo agradecía la verdad, el calor corporal que podíamos darnos entre todos era agradable. Cada vez hacía un frío más insoportable y como no encontráramos un refugio, nos íbamos a congelar.
- Encontré a Lola. Tienes que venir conmigo Henry.
- Dios santo, gracias a dios - bramó Henry suspirando de alegría mientras emprendía el camino de nuevo.
- No está muy bien Henry... - le preparó Marina mientras le seguíamos desde cerca.
Tuvimos que caminar un rato hasta que Marina se paró en seco.
- ¿Es aquí? ¿Dónde está? - pronunció Henry como loco mirando hacia todos los lados.
Marina se acercó hacia una de las partes del avión. Se puso de cuclillas con dificultad y nos miró con lágrimas en los ojos.
- ¿Cómo te encuentras Lola? Te he traído a alguien.
- Sigo sin sentir la parte izquierda de mi cuerpo, no se si está ahí - susurró en voz muy baja mientras intentaba acabar la frase entre sílabas dispares.
Henry se acostó en la hierba mientras comenzaba a llorar sin dar credibilidad a lo que estaba viendo.
Lola se encontraba debajo de una parte del fusilaje del avión. Una de las partes frontales estaba aplastándole el cuerpo y solo podíamos ver su cabeza y uno de sus brazos. Tenía la cara cubierta de heridas y la sangre brotaba desmesuradamente de su boca.
- Lola, estás bien. Todo va a salir bien. Vamos a sacarte de ahí, ¿sí? - susurró Henry mientras se levantaba y agarraba una de las partes del fusilaje.
Me senté al lado de Marina que permanecía en cuclillas mientras sus ojos no dejaban de derramar lágrimas. Le agarré de la mano, aún sin conocerla notaba su desesperación y lo mal que lo estaba pasando presenciando esta escena.
- ¿Qué hacéis ahí? ¡Ayudadme! - bramó Henry haciendo toda la fuerza posible con muecas de dolor por su hombro dislocado.
- Saben que no va a servir de nada - exclamó Lola en un pequeño susurro mientras luchaba porque su voz fuese escuchada.
- No digas eso. ¡Ayudadme joder! - volvió exclamar Henry mientras volvía a coger fuerzas e intentar levantar el fusilaje de nuevo.
- Déjalo ven aquí - dijo Lola entre tartamudeos mientras extendía su mano.
- Voy a sacarte de aquí, aunque sea lo único que haga - bramó Henry volviendo a intentarlo. Me levanté e intente ayudarle por otro extremo.
Ambos sin suerte, nos miramos mutuamente mientras los sollozos de Marina eran los únicos que se escuchaban en el lugar junto los aullidos de los lobos en la penumbra.
Henry se limpió las lágrimas con el dorso de la mano y se dio por vencido. Se echó en la hierba y agarró con fuerza la mano de Lola.
- Te quiero, ¿me oyes? Vamos a salir de esta, los servicios de emergencia deben estar de camino.
- Si no han venido aún, no van a venir - murmuró Lola con una sonrisa triste en la cara - Yo también te quiero Henry. Veniste de supetón y no supiste que hacer hasta que aceptase ser tu maldita novia.
Aunque le costase hablar, Henry mantenía la mano agarrada a la suya. Comenzó a acariciarle la cara como podía y a darle besos por la cara mientras su boca seguía sangrando desmesuradamente.
- Ha sido un año caótico. Siento lo que pasó, tendría que haber estado contigo.
- No... No tienes la culpa. Tengo que contarte - la tos interrumpió lo que quería decirle.
- No te preocupes, no te fuerces - murmuró Henry mientras seguía dándole besos por la cara.
Marina y yo nos manteníamos con la mano agarrada también contemplando aquella terrible escena. Henry estaba con el corazón desgarrado y aún no había pasado lo peor. Las despedidas siempre fueron dolorosas pero, ¿quien está preparado para decir adiós para siempre?
- He tenido un aborto. Después del pub, no pude contártelo.
- Dios Lola, tenías que habérmelo dicho. ¿Por eso desapareciste?
- No sabía como contártelo - susurró mientras su aliento iba desapareciendo.
- Te habría apoyado pequeña. Lo tuviste que pasar fatal tú sola - dijo Henry mientras las lágrimas seguían rozando sus mejillas y mientras le acariciaba el rostro con cariño.
- Te quiero, Henry.
- Y yo a ti, pequeña. Vamos a ser muy felices, vamos a casarnos y tener dos bebes muy lindos. Tu pastelería va extenderse por el mundo, vamos a tener todo lo que queramos mi pequeña. Vamos a ser muy felices juntos.
- David y Valeria - susurró mientras sus ojos iban perdiendo la luz y con una sonrisa en el rostro.
- Si mi pequeña. Vamos a formar una gran familia, van a querer mucho a su madre. Te verás preciosa con el vestido de novia y tu madre se sentirá muy orgullosa de ti - dijo Henry entre sollozos mientras acariciaba su rostro con intensidad y volvía a darle besos por el rostro - Te quiero muchísimo pequeña. Te quiero, mucho. Te quiero.
La luz en los ojos de Lola se desvaneció por completo y perdió la fuerza de su mano. Henry continuaba repitiendo una y otra vez cuanto la quería mientras no dejaba de llorar.
Marina y yo nos miramos sin decir palabra mientras el frío de la noche y los aullidos de los lobos se hacían cada vez más cercanos. Se había hecho de noche por completo, la luz había desaparecido.