domingo, 2 de noviembre de 2014

CAPÍTULO 16: FALLO IMPRUDENTE





DÍA:4 DE AGOSTO
















Narra Miriam:




Pasaron dos días, me sentía con muchísimas ganas de ingresar en las clases.

Me aburría en casa y decidí buscar un trabajo aparte de las clases.

Quedaba con las amigas el fin de semana pero Jessy y Pris no se venían con el resto de la panda.
Bueno eran las cinco de la tarde y me encontraba con Sofía y Melanie en el centro comercial.
Era una tarde de chicas, después de recorrer todas las tiendas de ropa del lugar, fuimos al cine y finalmente a una cafetería.

- Bueno Miriam, vamos a pedir algo de beber al mostrador. Espera aquí, enseguida volvemos - mencionó Mel.

Nada más marcharse, mi móvil comenzó a sonar. Al abrirlo, descubrí que era un número totalmente desconocido. Decidí cogerlo y terminar con aquel misterio.


- ¿Diga? - pregunté siniestramente.


- Hola Miriam - desde la otra línea sonó una voz ronca de un hombre de poca edad. No tenía ni idea de quien podría ser.

-  ¿Quién es? ¿Cómo sabe mi nombre? - pregunté mientras mi ceño se mantenía fruncido.

- Soy Derek Karev - sonrió cariñosamente.

- Derek - murmuré escondiendo mi sorpresa - ¿No me digas que ya tienes el auto listo?

- No, aún no. Decidí telefonearte por otro motivo - creo que por los ruidos que se escuchaban desde la otra línea, Derek estaría conduciendo.

- Bien - fue lo único que pude decir.

- Me gustaría quedar para cenar contigo en el restaurante "Petit Pau" - nervioso se acomodó.

- Verás...

-  Miri, ¿de qué saber quieres el batido? - me interrumpió Melanie.

- Un segundo - le susurré a Derek y aparté el móvil de mi oído.

- De chocolate - mencioné y volví a apoyar el móvil a la altura de mi oído.

- Dos de chocolate y uno de multifrutas, por favor - le pidió al chico de detrás de la barra.

- ¿Y bien? - raccionó Derek.

 - Hoy me resultaría técnicamente imposible.

No tenía el valor de volver a verle después de lo ocurrido. Si, solo era una cena entre dos desconocidos pero aún así seguía avergonzada.

- ¿Y el próxima día? - se mordió el labio con esperanza.

- Tampoco - me excusé.

- Pues concreta tú el día que te venga bien - sonrió.

- Derek... creo que es mejor olvidar lo de ir a cenar.

- Genial, entonces también olvidemos lo de la oferta. El precio auténtico del coche, veinticinco mil sigue en pie - comentó con voz distante y elevada con cierto enfado.

- ¡No! - exclamé y todo el mundo me observó sorprendido.

- ¿Qué ocurre, Miriam? Hace dos o tres días ardías de ganas por cenar conmigo y hoy... ¿me dices que es mejor olvidarlo? - mencionó molesto.

- Porque te soborné. Solo quería que me rebajases el precio del coche dándote falsas esperanzas sobre una posible relación entre nosotros. Fui una egoísta, pensé solo en mi conveniencia. Lo siento. Me siento tan avergonzada que no tengo el valor para volver a encontrarme contigo - le expliqué finalmente.

- ¿Así que era eso? Miriam, es una cena. No intento absolutamente nada contigo, tal vez pueda existir una posible amistad pero nada más. Tengo veintiseis años y tu dieciocho. ¿Piensas que cabría la posibilidad de tener una relación estable entre ambos?

- Perdóname, soy una estúpida. ¿Cómo puedo arreglar esto? - reconocí bajando la mirada con expresión perdida.

- Concediéndome una cena esta noche a las nueve en punto en el restaurante "Petit Pau" - susurró divertido.

Reí pensativa.

- Está bien, acepto.

- ¿Voy a buscarte a tu casa o vienes tú directamente al restaurante? - preguntó más tranquilo.

- Ya me buscaré yo la vida. Gracias de todas formas - sonreí haciendo una mueca.

-  Por cierto, yo pediría el batido de vainilla y crema está para chuparse los dedos.

- Gracias por el consejo - reí - La próxima vez lo probaré.

- ¡Derek! ¿Qué haces? - se escuchó la voz de una mujer.

- Tengo que colgar, hasta las nueve - colgó sin dejarme ni despedirme.

- Mierda - susurré e incluí su número en mi lista de contactos.


Volvieron Sofía y Melanie y se sentaran junto a mi en una mesa cerca de la ventana.
Ambas traían en sus manos los batidos, pajitas de colores, servilletas y poco más.


































- Aquí tienes, tu batido - me sonrió Sofía entregándomelo.

- Gracias Sof - reí bebiendo un sorbo mientras dirigía la mirada a mi móvil.

- Dios, el chico de la barra está para comérselo - cambió Melanie de tema mientras se mordía el labio.

- Ojalá él estuviera incluído en el menú - mencionó Sofía mirándolo.

Sonreí al ver a ambas y me volteé para contemplarlo. Era un chico de unos treinta y pico, de mirada intensa, ojos verdes y penetrantes, pelo moreno y labios anchos. Sonreía mientras le entregaba unos batidos de crema a unas chicas más o menos de su edad. Su vestuario constaba de un delantal del local y un cartelito con su nombre un poco más arriba del pecho.


- No está nada mal - sonrió Sofía mientras absorbía el batido de multifrutas y se manchaba la punta de la nariz de lo distraída que se encontraba.

Comencé a reírme.

- Y la bebida tampoco está nada mal. Tenemos que venir más veces aquí - exclamó Melanie.

- Sof, estás manchada de batido rosa en la nariz - reí pasándole una servilleta.
Se limpió exclamando un grito de horror entre cortado.

- Oye, Miriam. ¿con quién hablabas? - preguntó Sofía al terminar de limpiarse.

- Con el encargado de mi auto. Hemos quedado esta noche para cenar - les expliqué mientras bebía otro sorbo de mi batido.

- ¡WOA! Aquí hay temita calentito - exclamó Mel mientras juntaba ambas manos y las frotaba con interés.

- ¡NO! ¿Qué te esnifas? - levanté la voz molesta.

- Colacao - Mel se lamió los labios.

- ¿Cómo se llama? - preguntó Sofía entrometiéndose.

- Derek.

- Me gusta - apoyó sus brazos en la mesa y bajó la cabeza con detenimiento.

- ¿Queréis ver una foto de él? - mencioné.

- ¡Por favor! - exclamaron ambas a la vez.

- ¿Por qué tienes una foto en el móvil de él? - anunció Mel frunciendo el ceño.

- Es la que tiene en el perfil del WhatsApp -. me expliqué.

¡¡¡NO ME GUSTABA!!! ¿Es qué no lo entendían?


Les mostré a ambas la foto. Ellas miraron fijamente la pantalla impresionadas.







- ¡Madre mía! Pero... está buenísimo - se asombró Meli.

- Derek, por favor. ¡Qué buenorro! - sonrió Sof.

- Tampoco es para tanto - puse los ojos en blanco.

- ¿Él es cantante? - preguntó Mel.

- No, es jefe de un local de automóviles.

- ¿Y dices que te invitó a cenar? - mencionó Sof.

Asentí.

- Así es.

- Dios, ¡tienes una cita con el papasito! - rió Sofi.

- Papasito... si, es un buen apodo. Choca - le siguió Mel.

- Alto, alto. No es una cita sino una cena. Y no me gusta - expliqué elevando la voz.

- Le acabas de conocer. Ambas tenemos fe. Ya verás como ocurrirá algo entre ustedes dos - sonrió Mel arqueando una ceja.

- No sé lo que es estar enamorada pero cuando lo sepa seréis las primeras en saberlo - anuncié.

- Hablando de amor. ¿Adivinas quién está colada por un jovencito? - rió elevando ambas cejas mientras golpeaba a Sofía en el antebrazo.

- ¡¡Sof!! ¿¿¿Enserio??? Va, suelta - terminé mi batido.

-  Es un chico ¿va?
Viene a clase conmigo y... me gusta. Solo eso - dejó claro.

- Quedan para estudiar y se lo pasan a risas pero esta tonta no le quiere pedir salir algún día - Mel me ofreció más detalles.

- Es que no sé... no creo que llegue a aceptar - mencionó jugando con la pajita.

- Él es el que tiene que pedirte salir, nana - me levanté cogiendo mi bolso.

- ¿ A dónde vas? - susurró Melanie desconcertada.

- Tengo que irme, debo ayudar a mi hermano con un asunto. No vemos pronto chics - sonreí colocándome el bolso en mi hombro derecho.

- Ya nos veremos, tia - se despidió Sof dándome dos besos en ambas mejillas.

- Por supuesto - sonreí.

- Adiós linda - abracé a Mel ofreciéndole un beso en la mejilla.

- Bye - volvió a despedirse Sof.

Me alejé sonriendo y me acerqué a la barra con el vaso vacío en mis manos.

- Aquí tienes. Gracias por todo. Estaban buenísimos - le entregué el batido al chico de la barra.

- Oh, no hay de qué - me sonrió apeteciblemente.

- Por cierto, mis amigas se han enamorado de tu sonrisa. Te agradecería que le pidieras una cita a alguna de ellas - le guiñé un ojo.

- Lo siento pero no salgo con clientas - rió - La sonrisa es parte de mi trabajo.

- Ok, adiós - me despedí bordemente.

¿La sonrisa es parte de su trabajo? Que chico más ignorante.

Me fui y me dirigí a mi casa.

¿Aún no os la enseñé? Mirad.



EL  BAÑO (son tres en total pero este es el más utilizado):









                                                                                                            LA COCINA:







              MI HABITACIÓN (mi guarida secreta):



                                       






LA HABITACIÓN DE COQUE :









                                                                             LA HABITACIÓN DE JESSY:









                                     Y EL EXTERIOR DE LA CASA:

















Narra Jessy:



Coque y yo estábamos sólos en casa cuando Miriam llegó del encuentro con sus amigas.
Coque y yo, después, de lo del otro día no nos dirigimos mucho la palabra.

Intentábamos no coincidir.
Estaba en mi cuarto hablando con Jeremy por las redes cuando Miriam gritó mi nombre con urgencia.
Mi cuarto estaba casi al lado del suyo así que le escuchaba perfectamente.

- ¡¡¡Jessy!!!

- ¿Qué? - volteé los ojos.

- ¡¡¡Ven!!!


Eran las 8 de la tarde.

Me erguí dejando el móvil a un lado. Me asomé por su puerta que se encontraba abierta.

- ¿Qué ocurre? - pregunté.

- Ven. Bueno siéntate a mi lado - mencionó observándome. Ella se encontraba sentada al borde de la cama con un tejido entre sus manos. Lo observaba detenidamente.

Me senté a su lado con curiosidad.

- Necesito que me ayudes - pronunció al fin levantando la mirada

- ¿A qué? - pregunté confusa.

- ¿Te acuerdas de Derek?

- El chico del local donde compraste tu auto - susurré.

- Pues... me ha llamado - bajó la mirada frunciendo los labios.

- ¿Qué te ha llamado? - repetí sin creérmelo.

- Si - asintió.

-  ¿Y qué te dijo?

- Me preguntó si podíamos quedar esta noche - mencionó frotándose la frente.

-  Haber si adivino... ¿Le dijiste que si? - me sorprendí.

- Si... Es que si no me cancelaba la oferta.
Además no es una cita solo es una cena sin importancia - explicó brevemente.

- Empieza siendo una cena y se convierte en merengue del bueno - abrí los ojos con cautela.

- ¿Estás loca? - se ofendió - No me atrae.

-  Eso ya lo veremos. ¿A qué hora quedaste con él? - me interesé.

- A las nueve - confirmó dejando el tejido a su lado y cruzando las piernas.

- ¿Qué haces en albornoz? ¿No tendrías que irte preparando? - mencioné irguiéndome.

- Ya me duché y me he pintado las uñas - explicó.

- Bien. Dijiste que necesitas ayuda - le recordé acomodándome el cabello.

- ¡Si! No sé que ponerme. Quiero que sea un conjunto elegante pero a la vez moderno.

- Genial, te ayudaré con el look. Manos a la obra. Y por favor, quítate ese albornoz - exclamé con asco mientras me dirigía a su armario.







Narra Miriam:



Jessy me ayudó con la ropa.
Era bastante difícil elegir un conjunto ya que cada camiseta que le enseñaba, cada falda, la miraba, ponía mala cara y la rechazaba poniéndola junto al resto.


- ¿Qué te parece esta? - mencioné elevando una camisa entallada.

- Mmm... no. Para nada - la miró frunciendo el ceño y continuó con la búsqueda.

- Ya - bajé la mirada y continué buscando.

Después de tanto pensar, Jessy, cogió unos cuántos vestidos que le gustaban y me los probé. Al final, ella se decantó por uno muy peculiar.

Me hice un peinado sostificado y me puse sombra de ojos un poco recargada.

- ¡Lista!
Estás divina - sonrió Jessy adorando su trabajo.

- Joder - dije mirándome en el espejo.

- ¿Qué te parece? - sonrió mientras sostenía el peine en la mano.

- Voy muy... provocativa, ¿no? - dije mientras me observaba en el espejo mirándome desde todos los perfiles.

- Que va. Vas muy linda - me guiñó un ojo mientras apoyaba una mano en mi hombro izquierdo.


Jessy observó la hora.


- ¡Tienes que irte ya, venga! - gritó empujándome al exterior de mi habitación.

-  ¿Y si cancelo la cena? No tengo ganas de verle - susurré mientras me volteaba.

- Miriam, necesitas esa oferta. ¡Son mil euros! - anunció cogiéndome por los hombros.

- Está bien. Me enfrentaré a ello - anuncié.


Bajamos a la cocina y antes de entrar atrapé a Jessy del brazo.

- ¡Jessy! - susurré.

- ¿Qué ocurre? - preguntó confundida.

- De esto a Coque ni una palabra. ¿Ok? - mencioné mientras le soltaba.

- Tranquila, no diré ni mu - sonrió tranquilizándome.

Entramos ambas a la cocina.

Coque se me quedó mirando sorprendido.

Me apetecía ir a cenar pero no con Derek.



Mi conjunto era este:















Narra Jessy:




Miriam iba preciosa.
Que decir si yo le elegí la ropa.

Bueno bajamos y Coque se quedó un poco sorprendido.
Ver a su hermana bajar tan elegante a las nueve de la noche no era muy normal.

- ¡Karay!
¿Pero tú a donde vas? - mencionó Coque.

- Muchas ganas de ir no tengo - susurré suspirando.

- ¿A dónde? - sonrió.

- He quedado para ir a la discoteca Soho - inventó con naturalidad. Yo sería incapaz de mentir de esa forma.

- ¿Cómo que a...? - preguntó Coque.

- A... ¿quedado con las chicas? - sonreí interrumpiéndole con una excusa inventada.

- ¿Y tú no te apuntas? - sonrió mirándome fijamente.

- ¿Tú crees que tengo pinta de ir? - susurré mientras bajaba la mirada a mi propio vestuario.

Coque me miró de arriba a abajo con una amplia sonrisa.





Iba así:










- Mucha pinta no tienes.
Salvo que sea una fiesta de pijamas - arqueó la ceja divertido.

- ¿Tú crees? - bajé la mirada.

- Tal vez - se llevó el dedo índice al mentón y frunció el entrecejo.

- Emm... sigo aquí - Miriam nos observó perdida.

Coque se sonrojó sonriendo por lo bajo.

- ¿Con quién has quedado está vez? - volvió a mencionar.

- Emm... con Lia, Polly, Rina, Susi, Yena. Elena, Bonnie, Katherine, Bambi... - respondió tímidamente.

- Con todas, vamos - volteó la mirada con obviedad.

- Si y Jason también se viene - exclamó. Hasta yo me lo estaba tragando. Era muy realista.

- Genial.
Bueno pásatelo bien y vuelve pronto - rió amenazador.

- Gracias - sonrió dándole un beso en la mejilla.

- ¡Anda, vete ya. Qué llegarás tarde a la cita! - anuncié y al darme cuenta de mis palabras me tapé la boca con ambas manos.

- ¿Cita? - frunció el ceño dirigiendo la mirada a su hermana.

- Quería decir fiesta - sonrió Miriam muy naturalista.

- Si, exacto. ¡La fiesta! - reí preocupada.

- Ah, va.

Miriam se acercó a la salida y yo le seguí.

- Casi la jodes - mencionó frunciendo el ceño.

- Perdona, se me fue de las manos - bajé la mirada mordiéndome el labio inferior.

- No importa, no se enteró - sonrió despreocupada.

- Bueno me voy - abrió la puerta principal.

- Cuidado con lo que haces y con lo que tocas - le advertí.

- No tengas duda - frunció el ceño acomodándose el vestido.

- Chao - se despidió Coque desde la cocina mientras colocaba la mesa.

- Antes de nada, te olvidas de la cazadora - reí poniéndosela por los hombros y dándole un beso en la mejilla.

- Gracias, ya se me olvidaba - rió convincente mientras salía por la puerta.

- Mañana me cuentas.

- Claro bebé. Bye - se despidió.

- Dew - se alejó y cerré la puerta.
Suspiré hondo y me dirigí a la cocina.

Me senté alrededor de la mesa y bajé la mirada sonrojada.






- ¿De que te ríes? - mencionó Coque sentándose a mi lado.

- Nada, nada - me excusé mirándole.

- Suelta.

- Cosas mías - susurré tímidamente.

- Secretos de chicas. Va - se apartó mientras comenzaba a cenar.

Yo repetí sus pasos mirándole de reojo sin balbucear palabra. El silencio me consumió y decidí interrumpirlo.

-  ¿Por qué le ocultas a tu hermana que sales con Érica? - observé mi plato medio vacío.

- ¿Y a ti que te importa? - sonrió mirándome.

- ¿Me lo cuentas a mi y a ella no? No lo entiendo - elevé los hombros meditando sus palabras.

- Ella no lo comprendería pero tú si.

- Miriam es tu hermana. Sea como sea, lo comprenderá - intenté convencerlo - Explícame tus razones. ¿Por qué no se lo cuentas? El mundo no se acabará por ello - sonreí compadeciéndole.

- Jessy de verdad...

- Coque, no. Yo no tenía derecho a saberlo pero ella si - le interrumpí.

- Jess, confio en ti. Desde el momento en el que apareciste por esa puerta te convertiste en mi mejor amiga - levantó el tono de voz, molesto.
Permanecí en silencio asimilando sus palabras.
Me he convertido en su mejor amiga en tan solo unos meses. No sé si eso servía para iluminarme una sonrisa o para entristecerme aún más. Ser su best friend solo podía significar dos cosas: la primera, que me estaba acercando más a él y tenía posibilidades o la segunda, solo me consideraba como una simple amiga. Tenía fe en que la primera opción fuese la más posible. Le miré con ojos vidriosos.


- Jessy no se lo conté a Miriam porque tengo... miedo - explicó interrumpiendo mis pensamientos.

- Miedo - repetí haciéndome a la idea.

Asintió para avisarme de que he escuchado bien.

- ¿Miedo a qué? - pregunté interesándome por él.

-  No sé.
Supongo que mi hermana no se lo tomaría muy bien - aclaró ingenuo.

Me reí por lo bajo.

- Vete a la mierda. ¿Te estoy hablando enserio y te ríes de mi? - exclamó ofendido.

-  No Coque. No, perdona.
No me río del hecho de que tengas miedo lo que pasa es que no entiendo porque no quieres que nadie lo sepa - me justifiqué cogiéndole del brazo para que me prestase atención.

- Olvídalo.  ¿Quieres? - sonrió mostrando una botella de Montecastro. Un tinto de crianza que según muchos estaba buenísimo.

- No gracias. No bebo - fruncí los labios terminando mi plato.

- Solo es una copa. Nada más - rió virtiendo el contenido de la botella en dos copas prácticamente idénticas.

- Te he dicho que no - repetí intentando ocultar una sonrisa.

- Pruébalo y luego hablamos - me miró fijamente.

¿Cómo resistirse a sus hermosos ojos verdes? Imposible decirle que no.

- Está bien, sírveme - le miré sonriendo mientras ladeaba la cabeza con desaprobación.

Me entregó la copa y absorvió el vertido de su copa. Lo cogí en mis manos y lo observé con detenimiento. Luego, lo llevé a mi barbilla y finalmente, me animé a saborearlo. La verdad era que Coquen tenía razón. Tenía un sabor exquisito. Al terminármela, Coque me miró sorprendido.

- Vaya, ¿otra? - preguntó sonriendo y arqueando una ceja.

Asentí mirándolo de reojo.

- ¿Intentas enborracharme? - susurré sonriendo mientras me servía la quinta copa.

- No, ¿por? - me miró riendo.

- Si que lo intentas - reí sin poder evitarlo.

Se irguió tomándome de la mano. Se la acepté y ambos nos dirigimos al jardín. Abrió la puerta corredera y empezó a correr por el césped con una amplia sonrisa. Intenté seguirle con el mismo entusiasmo. Coque contenía la botella de tinto en su mano izquierda y con la otra mano me conducía hasta la piscina.

- ¿Por qué me traes aquí? - le miré sin entender nada.

Sin decir nada, apoyó la botella al lado de la piscina y se acercó a mi.

- ¿Qué haces? - sonreí mientras me agarraba por la cintura. Me sujeté a sus hombros para no darme de bruces contra el suelo.

Me empujó aún tomándome por la cintura lo que hizo que cayera sobre la hamaca, cerca de la piscina.

Él estaba sobre mi mirándome fijamente. Eso me recordó a la escena del otro día en la cocina. Realmente, este lugar se convirtió en mi lugar preferido por siempre.

- No sé si es porque estoy ebrio o por otro motivo pero realmente deseo besarte - sonrió bajando las manos por mis piernas y mirándome fijamente la boca. Me apoyé en sus hombros con disimulo.

¿Enserio acababa de decir eso? Vale, estaba soñando.

Le miré fijamente a los ojos sin decir nada. Si abría la boca seguramente estropearía el momento.

-  Solo lo haré si tú me lo pides - sonrió cerca de mis labios.

Le miré detenidamente. El chico del que realmente me estaba enamorando me estaba ofreciendo un beso con él. El problema era que ese chico ya estaba cogido y probablemente él no sentía lo mismo por mi.

- ¿Y bien? - susurró acariciándome la mejilla.

Tal vez me equivocaba. Tal vez él no lo admitiese pero en el fondo sintiese algo aunque solo fuera un poco por mi. Las dudas invocaban en mi mente mientras él me contemplaba, mirándome fijamente con ojos esperanzados. Recordé el dicho que mi padre que en paz descanse repetía una y otra vez: "No pienses, solo actúa".

- Bésame, Coque - susurré con firmeza y devolviéndole la mirada. Las palabras salieron solas de mi boca. Se notaba que llevaban tiempo esperando a ser pronunciadas.

Él sonrió y me acorraló entre su cuerpo. Apoyó ambas rodillas en los bordes de la hamaca dejando mis piernas debajo de su entrepierna.

- No muevas las piernas, por favor. Ya he llevado por tu parte bastantes golpees en mi... ya sabes - rió apoyando la mano izquierda en el brazo de la hamaca.

Enrollé ambos brazos en su cuello y lo tomé con fuerza sonriendo ante sus palabras.
Él, me acarició la barbilla con la mano derecha y se acercó a mi con lentitud al mismo tiempo que su otra mano se deslizaba por mi pecho levantándome poco a poco la camiseta de tiras.

- Bésame - repetí en un susurro aclamando un gemido.

Sonrió atrayéndome a él y uniendo mis labios con los suyos. Le seguí el beso con intensidad y bajé mis manos por su cintura hasta llegar a su bragadura. Le bajé suavemente la bragueta de sus pantalones pitillo mientras él bajaba sus labios hacia mi cuello. Introducí los dedos índice y corazón en el interior de su bragueta abierta y él se apartó un poco molesto. Se irguió un poco mareado y se agachó para coger el tinto que se encontraba al lado de la piscina. Me manoseé los labios, estaban hinchados del increíble beso que acababa de presenciar. Me erguí y me acerqué a él.
Coque se volteó observándome fijamente con los ojos rojos, su voz era muy confusa.
Se limpió el gloss de sus labios debido a nuestro beso anterior y se acercó a mi mientras bebía otro sorbo del delicado tinto.

- No puedo ocultarlo. Esté o no ebrio sé lo que siento por ti y eso nunca va a cambiar porque te quiero - levantó la voz con ojos vidriosos y me plantó un dulce beso en los labios mientras enrollaba sus brazos en mi nuca. Después de unos segundos, se apartó sin mirarme y volvió al interior de la casa.




Visualicé la botella al lado de la hamaca. La agarré y bebí de la boquilla mientras observaba el colgante de mi pecho. Este repentino beso significaba el principio de todo lo que aún estaba por llegar. Me recosté en la hamaca observando las dulces estrellas del firmamento. Me olvidé del mundo exterior, solo Coque y yo existíamos en mi mente.







Narra Pris:




Había quedado como hace dos horas con Jessy. Ella se quedaría a dormir en mi casa solo por hoy.

La telefoneé varias veces y le dejé varios mensajes pero nada. Se encontraba desaparecida. Después de tardar siglos en arreglarme ocurría esto. Decidí irme a dormir y olvidar la noche de pijamas que habíamos planeado entre las dos. Esperaba que mañana recibiese noticias por su parte.

















Narra Miriam:





En el restaurante:








Llegué al restaurante. Los grandes ventanales impactaban al nada más entrar. El restaurante se encontraba en un edificio bastante alto por eso la gente murmuraba que la mayoría de las personas no acudían al restaurante por su exquisita comida sino por las maravillosas vistas que se podían contemplar desde allí. Era realmente impresionante, se veía todo Barcelona. El espacio era enorme y favorecedor. Las luces se encontraban apagadas y solo se destacaban las velas y los pétalos de rosa alrededor de las mesas redondas que se distribuían por el recinto. Los camareros se movían elegantemente de mesa en mesa tomando los pedidos. La verdad, estaba repleto de gente.

Busqué a Derek con la mirada. Él, se encontraba al lado de uno de los grandes ventanales, sentado alrededor de una de las mesas.







- Buenas noches, señorita - se irguió tomándome de la mano mientras me la besaba con disimulo.
Sonreí ante su gesto y tomé asiento.

- Buenas - saludé mientras colgaba mi bolso en uno de los extremos de la butaca.

Se sentó y me sonrió apeteciblemente.

Estaba bastante elegante y embriagador. Su pelo se encontraba ligeramente alborotado, sus ojos reclamaban deseo y sus labios destacaban una amplia sonrisa.





Me desposé de la cazadora y la apoyé en el respaldo de la silla.

- Así que americana... - arqueé una ceja mientras me fijaba los pendientes.

- En un lugar tan distinguido y estiloso no puedes venir de vaqueros y camiseta, ni te dejarían entrar con eso puesto - sonrió mirándome de arriba a abajo - ¿Te costó encontrar el bufé?

- No me costaría tanto si el cabezón del dependiente que me atendió el otro día me consiguiese el auto lo antes posible - sonreí frunciendo el ceño.

- Pues este cabezón tiene más asuntos de los que ocuparse que de tu simple conveniencia - junto ambas manos y me miró distante - Te recuerdo que me ofrecí como chófer para ir a buscarte para que no tuvieras problemas para llegar pero lo rechazaste.

- Vale, tienes razón. La cabezota soy yo - hice una pequeña mueca y desvié la mirada - ¿Sabes? Estas vistas son realmente impresionantes - susurré mirando a través del gran ventanal.

- Tú también estás despampanante - murmuró sin dejar de clavar la mirada en mi.

-Bien, el primer piropo de la noche. ¿Algo más que decir? - le devolví la mirada mientras mis labios fruncían una línea fina.

- ¿Sabes que el soborno puede resultar un delito penal? - se lamió el labio inferior.

- ¿Intentas amenazarme? - reí sorprendida.

- Intento resultar lo más intimidante posible - me miró impasible.

Me acerqué a él sin cambiar mi expresión.

- Pues vas por mal camino - le susurré al oído mientras me mordía el labio.

Volví a mi sitio anterior desviando la mirada.

- Acabo de visualizar tu ropa interior y no me refiero a que pueda ver a través de las cosas - susurró con ojos llenos de deseo.

Bajé la mirada y oculté mis bragas tirando del vestido suavemente. Él sonrió por lo bajo mordiéndose el labio inferior.

- ¿Invitas tú? Es que me he olvidado la cartera en casa - cambié de tema precipitadamente. Esto no se me podía ir de las manos.

- Por supuesto, querida - sonrió aún por la escena de antes.

- ¿Te estás riendo de mi? - mencioné ofendida.

- No, para nada aunque déjame decirte que tienes un buen gusto para la ropa interior - se mordió el dedo índice de su mano izquierda como descargando una especie de energía.

- ¿Quieres cerrar el pico? - dije molesta.

- Está bien, no diré nada más - prometió mientras me guiñaba el ojo.

Por favor, denme paciencia.

- ¿Cuántos años tienes?

- Veintiséis, ¿tú? - preguntó con indiferencia.

- Dieciocho.

- Espera, estoy realizando cuentas mentales - sonrió - Te llevo ocho años.

- Pronto te jubilarás - sonreí.

- Jaja, no tiene gracia - se burló - Que tú seas una enana no te da derecho a juzgarme y añadirme al grupo de la tercera edad.

Volteé los ojos y agarré al camarero del brazo justo cuando cruzaba por mi lado.

- Camarero, ¿puede traerme un Coñac? Gracias - le sonreí.

- Lo siento, no está incluído en el menú, señorita.

- Ohh, no importa.

- Si quiere puedo ofrecerle una copa de Chartreuse - mencionó el camarero sonriente. Parecía muy agradable y amable.

- Si, por favor. Dos copas - señalé a Derek con el dedo índice y él sonrió alegremente.

- Ahora mismo, señorita - dijo el camarero y finalmente, se ausentó.

-  Bueno, Derek. Cuéntame cosas sobre ti. ¿Estás casado? ¿Tienes hijos? - me incorporé mirándole con una amplia sonrisa.

- No y no - exclamó sorprendido ante mi pregunta.

- Lo intuía - me sinceré.

- ¿Y tú?

- Sigo sin comerme ni un colín - reí sinceramente.

- No eres de relaciones serias - no sé si lo afirmaba o lo preguntaba.

- No, solamente me comprometí a una y duró unas semanas - hice una mueca - Por eso nunca me he enamorado.

- ¿Nunca? - me observó sorprendido.

Asentí.

- Nadie me robó el corazón - le observé con picardía.

- Ya lo encontrarás. ¿Y te gustan los niños?

- Si, de pequeña me imaginaba cuidando de tres hijos y aún tengo esa idea - sonreí recordando mi pasado.

- Ohh, a mi no me...

- Su pedido, señoritos - el camarero se entrometió en nuestra conversación dejando ambas copas sobre la mesa. Vertió muy poco líquido en la copa que rellenaba solamente el fondo de la copa.
Observé la copa con desaprobación mientras Derek recogía su copa.

- Muchísimas gracias - susurró - Miriam, esto solo es para probar. Si te agrada la bebida luego te rellena la copa - sonrió leyéndome el pensamiento.

- Si, lo sabía - intenté parecer convincente.
Absorbí el contenido del vaso y asentí lamiéndome los labios.

- Está exquisito - el camarero me rellenó la copa y la de Derek

- Gracias.

El camarero volvió a marcharse dejando la botella en el centro de la mesa.

- ¿Cuánto vale la botella? - pregunté absolviendo el líquido.

- Cada botella cuesta quinientos euros - respondió recordándome a uno de "Callejeros Viajeros".
Al escuchar su respuesta casi vierto el vino por los aires.

- Está bien, si - mentí bajando el tono de voz.

- Tranquila, puedo permitírmelo - rió al ver mi expresión - ¿Vas a clases aún?

- Acabé bachiller pero ahora voy a comenzar con unas clases profesionales - le expliqué.

- Genial, ¿a qué quieres dedicarte? ¿Tienes trabajo? - me interrogó.

¿Cómo responder a todo?

- Quiero ejercer como cantante y no, estoy buscando - reí.

- Espero que encuentres algo que te guste - terminó el vertido de su copa.

- Gracias - hice una pequeña pausa - Derek, una pregunta.

- Dime - susurró dirigiéndome la mirada.

- ¿Enserio no quieres nada conmigo? - pregunté insegura.

- ¿Acaso tú si quieres?

- ¿Yo? No. ¿Por qué todos me preguntan lo mismo? - suspiré hondo bajando la mirada.

- ¿Cómo que todos? - se asustó.

- Déjalo - esquivé el tema.

- Oye, no creo que entre nosotros quepa la posibilidad de establecer una relación seria - se llevó la copa a la barbilla sin mirarme.

- ¿Por? - reí nerviosa acomodándome el vestido.

- Soy demasiado mayor además, tú nunca te enamoraste y no creo que yo sea el afortunado - dejó el vaso en la mesa y clavó la mirada en mis labios.

- ¿Por qué no? Eres... atractivo... simpático... - mis mejillas ardían. Desvié la mirada sonrojada.

- ¿Enserio? - sonrió divertido.

- ¿Sabes? Olvida lo que acabo de decir - me justifiqué. Ni yo misma lo sabía.

- Imposible olvidarlo - exclamó firmemente.

Justamente, el camarero interrumpió nuestro concurso de miradas. Ambos nos mirábamos como si la vida nos fuera en ello.

- Tomen, la carta del menú - susurró amablemente.

- Gracias.

- Gracias, caballero - repitió Derek mirándome.

El camarero fue a atender a una mesa cercana de la nuestra y yo mientras tiempo observaba el menú con la atenta mirada de Derek. Eso me ponía nerviosa.

- ¿Ya has elegido que tomar?

- Vengo con frecuencia a este lugar. Ya tengo en mente un plato preferente al resto.

- Pues experto, recomiéndeme que plato escoger - le visualicé por encima de la carta de menú.

- Señorita, le recomiendo el suflet de ternera con mejillones al escabeche y patatas cocidas - anunció de memoria





- Tiene una pinta espectacular. Tomaré eso - encarté el menú.

- Lo mismo que yo.  ¿Y de postre? - preguntó de nuevo.

- Mmm... tarta de arándanos - me mordí el labio arqueando el entrecejo.





- Te acompaño. Tomaré lo mismo - rió mientras saboreaba mentalmente mi labio.

- Cuéntame, ¿qué haces aparte de vender automóviles? - me interesé.

- Jugar al golf, irme de fiesta, quedar con los amigos para ir al karaoke, ver una peli, llevar a mis clientas a cenar a un sitio lujoso... - arqueó la ceja.

- Oh, lo último no me ha gustado mucho.

- ¿Por?

- Pensé que yo era la única. Me sentía... especial - hice pucheros aguantándome la risa del momento.

- Y lo eres, créeme - sonrió.
Me sonrojé mirándolo fijamente.

- ¿Te gusta tu trabajo? - cambié de tema inocentemente.

- Bueno... mi padre falleció hace unos meses y fue la herencia que me quedó por su parte. Aún me estoy acostumbrando a esto pero creo que mi padre estaría feliz de ver que sigo adelante con lo que él siempre ha querido no solo para él sino para mi. Creo que esté donde esté le hará feliz - embozó una sonrisa mientras bajaba la mirada. En aquel instante, me compadecí de él y le agarré de la mano.

- Lo siento mucho, no tenía ni la remota idea. Perder a un padre debe de ser realmente duro de superar - susurré tiernamente.










- Gracias por tus palabras - sonrió soltándome de la mano.


-  Si te sirve de consuelo... El padre de mi mejor amiga falleció en un accidente de coche hace unos años

- Oh, lo siento. No le deseo esto a nadie - justo al terminar de decir estas palabras, al apoyar la copa, esta perdió el equilibrio vertiendo el contenido sobre la mesa y aterrizando en mi vestido.

- Oh, perdona - se lamentó nervioso recogiendo la copa.

- No pasa nada. Fue un simple accidente, pudo ocurrirle a cualquiera - sonreí sin rencor.
Cogí un pano limpio de debajo de mi plato y me limpié el lugar que se encontraba empapado. El pecho. Derek cogió una servilleta y extendió el brazo. Me ayudó a limpiarme y yo me sonrojé.


- Ohh, no hace falta - sonreí nerviosa.

- Perdona. Enserio, lo siento - volvió a repetir.

- Tranquilo, déjalo - aparté su mano.

- Si que pasa. Te pagaré la tintorería.

- Cierra el pico, olvídalo - le susurré.

- Está bien - suspiró.

- Voy un momento al cuarto de baño.  Necesito limpiarme - susurré irguiéndome.

- Por supuesto.

- Vuelvo ahora - me alejé y le escuché lamentarse por haber cometido ese error.

- Mierda, Derek eres idiota - pronunció.

Me reí y busqué el cuarto de baño. Me retoqué el maquillaje y me miré al espejo. La mancha había desaparecido. Justo, antes de marcharme decidí mandarle un WhatsApp a Jessy para ver como iban las cosas.



[ 04/08/2010; 22:38] Miriam: A pesar de que me he empapado en el vino la cena está resultante bastante agradable. ¿Y vosotros qué tal? ¿Bien?


Agarré mi bolso y guardé mi móvil. Salí del baño y caminé segura dirigiéndome a mi sitio anterior.
Me senté volviendo a dejar el bolso en el respaldo del asiento.

- Ya estoy. Perdona la tardanza - le sonreí.

- No importa, no hay prisa.

- La mancha ha salido.

- Menos mal, pensé que el corazón se me salía del pecho. Es un vestido realmente precioso.

- Gracias. Me costó bastante elegir que ponerme.

- Pues déjame decirte que has elegido estupendamente - me sonrió observándome.

Pasaron unos minutos y los dos nos manteníamos en completo silencio.

- El camarero se está retrasando mucho - susurré. Mi comentario no obtuvo respuesta - ¿No?
Le miré fijamente.

- ¿Derek? - levanté el tono de voz chasqueando los dedos. Estaba realmente perdido en sus pensamientos. Me dí cuenta de que su vista estaba fija en mis senos.

- ¿Te gustan las vistas? - me acomodé el escote.

Apartó la mirada rápidamente.

- No tienes ni idea de lo que me encantan - susurró mordiéndose el labio - Quiero decir... perdona - desvió la mirada ladeando la cabeza.

- Oye, ¿te encuentras bien?

- Si, ¿Por? - rió con naturalidad.

- Estás sudando - mencioné preocupada.

- Será del alcohol. Bebí mucho. Mierda - se explicó. Uno de los tenedores que se encontraban sobre
la mesa resbaló cayendo al suelo.

- Tranquilo, yo lo recojo. A caído sobre mis pies - sonreí despreocupada.

Me bajé y recogí el tenedor. Se lo entregué mientras sonreía.

- Aquí tienes.

- Gracias - rió intentando no preocuparse.

- Perdonen, ¿saben ya lo que desean tomar? - se acercó el camarero con una libreta en sus manos.

- Por supuesto, tiempo no nos ha faltado - dije observando la hora.

Derek tosió de una forma amenazadora.

- Cuéntenme.

- Verá, dos sufles de ternera y de postre... dos porciones de tarta de arándanos - respondió Derek llevándose el dedo índice a la barbilla.

- Bien, en quince minutos estará todo listo - comentó.

- Gracias - agradeció Derek mientras se alejaba.

Me miró amenazante.

- No hagas esos comentarios delante del mozo - me riñó.

- Derek, llevamos aguardando demasiado tiempo - me defendí.

- Pero ese no es motivo para ser desagradable. Tienen mucho trabajo. Mira al tu alrededor.

- Ok, lo siento - bajé la mirada.

Me levantó el mentón.

- Tranquila, no importa - le miré sonriendo ante sus palabras.

Me apartó un mechón de pelo de delante de mi rostro y apoyó el brazo en la mesa.

- ¿Queda bebida? - susurré observando a ambos lados.

- Si, te sirvo - cogió la botella entre sus manos y me lleno la copa.

- Brindemos - levanté la copa.

Él sonrió elevando la copa al igual.

- ¿Por? - rió.

- Por esta gran noche - mencioné arqueando una ceja.

Brindamos y ambos absorbimos el vertido de nuestras copas.

- Ojalá se repita - sonrió.

- No exageres - le amenacé mirándole fijamente.

Dejamos nuestras copas en la mesa y Derek me rellenó de nuevo el vaso.

- ¿Así que el que te acompañaba el otro día era tu hermano? - inició la conversación.

- Si, vivo con él y con mi mejor amiga. Mis padres trabajan como periodistas y no nos visitan con frecuencia - le expliqué. No sé porque le solté todo el rollo.

La abundancia de alcohol recorrió mis venas. Apoyé el codo en la mesa mientras sujetaba mi cabeza.

- Mmm... yo convivo sólo en mi departamento - explicó.

Extendí mi pierna derecha hasta su entrepierna. Empecé a jugar debajo de la mesa.

- Tienes que enseñármelo algún día - me mordí el labio mientras jugueteaba con mis piernas.

- ¿Te diviertes? - dijo mientras me agarraba el pie derecho.

- Bastante - reí - Creo que el alcohol me está afectando.

- Y que lo digas - puso los ojos en blanco soltándome el pie.

Nos trajeron la comida y nos pasamos la cena charlando y entre risas. Tenía que reconocer que me lo pasé genial. Acabamos de comer y él pidió la cuenta. Pocas personas quedaban en el restaurante.
No quise ni mirar la factura de la cena. Me erguí observando las vistas por el gran ventanal mientras me tambaleaba.

Noté como apoyaba su mano en mi brazo derecho y dirigía la mirada al exterior de la ventana.

- Ya está, querías que te mostrase mi departamento, ¿verdad? - susurró sonriendo.

Asentí sonriendo.

- Entonces, ¿aceptas venir a mi casa a tomar la última? - rió.

- Por supuesto, vamos - le cogí de la mano tirando de él.
Derek accedió y nos despedimos de la mayoría de los camareros.
Salimos por la puerta principal y tomamos el ascensor.
Subimos y un grupo de chefs se encontraban en el interior. Me fijé en que Derek seguía agarrándome de la mano. Miré a mis alrededores y justamente en la quinta planta, los chefs se bajaron del ascensor y ambos quedamos a solas en su interior. Comencé a reírme.

- ¿Te has fijado en la pinta que tenían aquellos hombres? - me apoyé en su pecho mientras no podía evitar sonreír.

Derek me devolvió la sonrisa.

- La verdad es que si.

Las puertas se volvieron a abrir y ambos nos dirigimos a la salida. En el aparcamiento, encontramos el auto de Derek. La verdad, es que era tan estiloso como él y lo definía a la perfección.

- Con razón eres jefe de un local de venta de automóviles - susurré mientras me abría la puerta del mismo.

Rió sin responder y entró en el auto. Nos dirigimos a su edificio por las calles principales. Me acomodé en el respaldo del copiloto mirándolo detenidamente al mismo tiempo que recordaba las palabras de mis amigas. Tenían razón, era realmente un chico irresistible e increíblemente hermoso.
En muy poco tiempo, llegamos a su casa. Me abrió la puerta mientras observaba a todos mis alrededores. Era un lugar apartado de la ciudad y muy interesante.

Entré y era un edificio muy espacioso y de alta altura. Moderno...





EL EDIFICIO:








Entramos en el departamento y la verdad es que su gran sala de estar me sorprendió. Entré y visualicé la zona. Era muy luminosa, repartida y voluminosa. Solo una planta de plástico adornaba el lugar y algunos cuadros de él mismo y personas irreconocibles. La pantalla de plasma se situaba frente el sofá a una altura razonable. Parecía un lugar muy interesante y cómodo. El beys le favorecía en los dos sentidos ya que le daba más fosforescencia.




                                                                                                                   LA SALA:








Me volteé para observar el rostro de Derek.
Él estaba apoyado contra la puerta de la sala con las manos en los bolsillos y mirándome con una sonrisa. Se mantenía realmente sexy e irresistible.
Sonreí por lo bajo mientras bajaba la cabeza mordiéndome el labio.

- ¿De que te ríes? - dijo mientras me acercaba a él.

- Eres realmente muy atractivo y no me cansaré nunca de decírtelo.

Sonrió observándome de arriba a abajo.

- No te rías de mi. De verdad, iba enserio - mencioné asombrada ante su reacción.

- Supongo que... gracias.

Me ayudó a desposarme de mi chaqueta y me agarró el bolso dejándolo en el perchero de detrás de la puerta.

- Vuelvo ahora. Siéntate en el sofá - sonrió marchándose a la cocina.

Me senté acomodándome el vestido. Mi escote brillaba más que la luna. La mancha había dado su fruto dejando un enorme brillo. Puto tinto. Me acoplé en el sofá sentándome sobre mis piernas.
Derek volvió con dos copas de ginebra.




Se sentó a mi lado y posó la botella en una pequeña mesa de cristal ofreciéndome la copa.

- ¿Qué hora es? - pregunté absorbiendo el contenido de la copa.

- Las dos de la madrugada - exclamó observando su reloj de pulsera.

- Se me está haciendo tarde - mencioné desviando la mirada.

- Si quieres te puedes quedar a dormir - rió.

- Pero duermo en el sofá - mencioné mostrando una sonrisa.

- Mala -  rió absorbiendo la ginebra y posando la copa en la mesa.
Se desabrochó la americana y la desplazó por sus hombros. La dejó sobre uno de los brazos del sofá y se acomodó la camiseta de tiras.

- ¿Usas americanas habitualmente?

- No, solo para ocasiones especiales - sonrió.

- ¿Y esta es una ocasión especial? - fruncí el ceño extrañada.

Asintió volviendo a recoger la copa.

- ¿Tú eres más de relaciones largas o de rollos pasajeros? - preguntó observándome mientras apoyaba su codo en el respaldo del sofá.

- Rollos. O sea, alcohol, cama y adiós - reí forzosamente.

- Vaya, me gusta - se acercó más a mi mientras se mordía el labio inferior.

- ¿Y tú? - me alejé apoyando mi cabeza en uno de los brazos del sofá y mirándolo desde abajo.

Sus ojos brillaban velozmente.

- ¿Yo qué? - rió bajando la mirada.

- ¿Eres de relación o rollo de una noche? - me expliqué mientras entre cerraba los ojos.

- Depende, si realmente me gusta esa persona no la dejaría escapar por nada en el mundo - volvió a morderse el labio mientras acariciaba su mentón.
Me erguí sentándome a su lado y nos miramos fijamente durante unos minutos.

- ¿Qué sucede? ¿Por qué me miras de esa forma? - susurré mientras arqueaba una ceja.

- Porque eres preciosa - desvió la mirada haciendo una mueca.

- Enserio, debes parar - dije seriamente.

- ¿Qué he hecho yo ahora? - sonrió acercándose a mi.

- Me pones nerviosa.

- ¿Por? - rió mientras bajaba la mirada hacia mis labios.

- Porque te acercas a mi de una forma muy provocativa - me expliqué intimidada.

- Así que pasé de atractivo a provocador - se asombró rozándome el brazo izquierdo.
Noté como la piel se me ponía de gallina.

- Eres... - sonreí sin poder deletrear palabra.

- ¿Qué soy?

- Un completo gillipollas - le abofeteé la cara suavemente pero él me agarró por la muñeca mirándome fijamente. Bastante intimidante la verdad.

- ¿Así que le llamas gilipollas a la persona que acaba de llamarte preciosa? - se ofendió.

- También eres muy idiota - arqueé la ceja funciendo los labios.

Asintió como quien no está escuchando tus palabras.

- ¿Quieres soltarme y dejar de tomarme el pelo? - mencioné.

- ¿Y si no quiero soltarte? - frunció el ceño mientras me observaba fijamente.

- Pues no lo hagas - mencioné mientras mi pulsación se aceleraba.

Se acercó más a mi hundiendo las manos en mi cabello mientras me sujetaba de la nuca. Me incliné y terminé apoyada en el brazo del sofá. Derek se colocó encima de mi, inmovilizándome. Me rozó los labios con su dedo pulgar y se acercó a mis labios. Cerré los ojos al mismo tiempo que acariciaba su sedoso pelo. Al abrirlos, me encontré técnicamente en su boca. Bajé mis manos por su abdomen mientras mi lengua se entrometía entre nosotros y comenzaba a juguetear con la de él. Al final, tuvimos que separarnos por la falta de aire. Le miré fijamente inmovilizada y él se apartó irguiéndose.







- No te di permiso para besarme - seguí impasible.

- Lo siento, no debí hacerlo - se tapó el rostro con las manos reflexionando sobre lo que acababa de hacer.

- ¿Sabes? Estoy demasiado ebria para echarte la bronca - me levanté acomodándome de nueve el bajo del vestido.

Derek me miró sin pronunciar palabra.


- Creo que mejor me voy - susurré sin mirarle.

- No te vayas.

- Si por mi me quedaba un rato más pero mi hermano seguramente estará preguntándose donde estoy - sonreí mientras me tambaleaba.
Derek me agarró de los hombros.

- Siéntate, estás demasiado ebria para irte a tu casa - me explicó.

- Está bien, un poco más. A las tres me voy - anuncié observando mi reloj de pulsera.

- Genial, ¿quieres tomar algo que no sea bebida alcohólica? - susurró enseñándome la botella de Ginebra vacía.

Me senté.

- No, me duele cabeza - reí inútilmente.

- Vale, estás borracha y apestas a alcohol.
Se sentó a mi lado.

- Oh, el jefe de un local de automóviles me ha emborrachado para robarme un beso - exclamé con emoción - Es un buen titular para el periódico - me senté sobre mis rodillas mientras me acicalaba el pelo.

- Ya te perdí perdón. Aunque lo disimule estoy tan alcoholizado como tú - rió sentándose a mi lado.

- Oye, ¿dónde está el baño? - susurré con inmensas náuseas.

- Al fondo a la izquierda - me señaló no muy consciente de a donde apuntaba.

Nada más terminar él de hablar, me dirigí al cuarto de baño casi corriendo y vomité sobre el wáter.
No me dió ni tiempo a explorar la zona en donde me encontraba. Cuando las náuseas cesaron, me senté al lado del excusado y cerré los ojos. Cuando volví a abrirlos, Derek se encontraba frente a mi de cuclillas.

- ¿Estás bien? - comenzó a reírse como nunca lo había visto.

- No te rías de mi - volteé los ojos desviando la miraba.

- No lo hago - se sentó a mi lado y yo me apoyé en su pecho mientras él me acariciaba el cabello.

- Siempre pensé que las náuseas solo podían sufrirlas las embarazadas pero creo que me equivoqué - fruncí el ceño mientras me agarraba fuertemente a su camiseta.

- Dios - rió inclinando la cabeza hacia atrás - Eres muy graciosa.

- Me duele la cabeza - puse morritos mientras me acomodaba en su regazo para poder observarlo.

- Creo que deberías descansar - se irguió ayudándome a levantarme del frío suelo de su cuarto de baño.

- No - protesté.

- Soy capaz de cogerte en brazos y cargarte hasta el cuarto - me amenazó.

Sabía que si lo hacía volvería a vomitar.

- Está bien - refunfuñé cogiéndole de la mano que él mismo me ofrecía.





Me llevó hasta su cuarto y cerró la puerta con pestillo.
Se giró acercándose a mi.

- Échate en la cama. Necesitas descansar - me ordenó.

Me tumbé en ella cerrando los ojos. Él se acercó a mi con una pastilla en sus manos.

- Toma, para el dolor de cabeza. Son muy efectivas - me la entregó y yo la recogí tragándomela.

- Aparte de dependiente también eres farmaceútico. Nunca dejarás de sorprenderme - sonreí mientras entre abría los ojos.

Él sonrió mientras me quitaba los tacones apoyándolos a un lado.

- Estás muy tensa - exclamó en un tono demasiado sexual - Voy a darte un masaje en los pies.

Sonrió mientras me miraba de reojo.

- ¿Enserio? - suspiré - Derek, eres un tio de puta madre - le piropeé.

- Lo sé, querida. Lo sé - me guiñó un ojo.

Se arrodilló y tomó mi pie derecho entre sus manos comenzando a acariciarlo en círculos.
Me relajé cerrando los ojos.

- Esto es la gloria - susurré mordiéndome el labio.

- Aún no he llegado a la mejor parte -sonrió.

Deslizó sus manos hasta la palma inferior de mi pie. Presionó suavemente esa zona haciéndome sentir un fuerte dolor satisfactorio en mi entrepierna. Volvió a repetir el mismo gesto y no pude evitar abrir los ojos mientras expulsaba un suave gemido demasiado sonoro.

- ¡Dios! - me hundí entre las mantas.

- ¿Lo has sentido? - sonrió observándome mientras volvía a presionar la misma zona.

Una fuerza recorrió mis sentidos y soltando un último gemido me corrí yo sóla con la atenta mirada de Derek.

Él se detuvo y se irguió acercándose a mi.

- ¿Mejor? - arqueó una ceja con naturalidad.

- ¿Cómo he podido correrme si ni siquiera me has tocado... ahí? - anuncié casi sin respiración.

- Todas las mujeres tienen una especie de punto G en la planta de ambos pies. Solo hay que buscarlo - me guiñó un ojo divertido.

- Ha sido increíble. Hasta se me ha pasado el dolor de cabeza - sonreí observándolo mientras inclinaba mis piernas.

- Si quieres puedo pasar directamente a masajear tu ingle - se mordió el labio con ojos llenos de deseo.

- ¿Estás de coña? - reí - Anda, ven aquí - susurré con voz provocadora.

Se acercó aún más a mi y se tumbó a mi lado derecho mientras me sonreía satisfactoriamente.

- Me parece que no has entendido la indirecta - susurré.

Él se volvió hacia mi y se colocó sobre mi con extremo cuidado. Cuando estaba lo suficientemente cerca enrollé mis manos a su nuca mientras le mordía el labio inferior.




Él, apoyó ambas manos en mis pechos y los acaricié ligeramente.

- Ahora si que te doy permiso, hazme tuya - grité en un gemido.

Sonrió mientras se acercaba para lamer mi cuello. Finalmente, a unos centímetros de mi boca. Me impulsé hacia él hundiéndonos en un profundo beso mientras mis piernas se agarraban firmemente rodeando sus caderas. El beso cada vez se hacia más intenso y yo no tenía la intención de cesar.








- Me pierdo en tus labios - susurré mientras me volvía a halar por los hombros.

- Yo me pierdo pero del mundo exterior - rió mientras se erguía.

Me agarró el bajo del vestido con los dientes subiéndolo lentamente hasta mi cintura. Luego me agarró por los tobillos lamiendo mis piernas en sentido perpendicular.

- Pervertido - reí observándolo mientras levantaba la ceja.

- Lo sé - me miró sonriendo.

Me empezó a besar el cuello. Yo me agarré a él pero Derek paró de besarme frunciendo el ceño.

- ¿Qué sucede? - pregunté acariciándole el mentón.

- ¿Estás segura de qué quieres hacer esto? - preguntó bajando la vista a mis labios.

- Nunca he estado tan segura de ello en toda mi vida - le sonreí tímidamente mientras acariciaba su cabello.

Juntó mi nariz con la suya acariciándola con ternura y me miró a los ojos detenidamente.

- ¿Sabes? Soy muy bueno en la cama - hizo una mueca riendo.

- Lo que tú digas - le golpeé en el brazo.

- ¿Quieres probar lo bueno que soy? - dijo mientras le rodeaba el cuello con mis brazos.

- Lo estoy deseando, cariño - reí ante mi cursilada. Se notaba que estaba muy bebida.
Me robó un beso mientras bajaba mis manos por mi torso.


- Se acabó la charla - arqueó una ceja.

- Y que lo digas - suspiré.

Luego me besó el cuello y yo me agarré a Derek fuertemente con mis uñas.
Él me volvió a besar en los labios.
Me agarró por el culo pegándome más a él.

Empezó a besar mi escote.
Yo me incliné hacia atrás y le acaricié el pelo.



Miriam: Eres el puto amo.



Él me hizo callar con un beso en los morros.
Le quité la camiseta y la retiré al suelo.
Empecé a darle suaves besos por todo el cuerpo mientras él me miraba fijamente.
Paré y le miré.
Tenía unos ojos brillantes que iluminaban la habitación.

Me volví a tumbar mientras él se erguía sin dejar de clavar la mirada en mi.

- Quítame los pantalones - me ordenó.

Me mordí el labio mientras me ponía a la altura de su cintura y le agarraba la cremallera de sus vaqueros acercándolo mucho más a mi.
Se la bajé con la boca haciéndole suaves cosquillas en su entrepierna.
Luego los deslicé por sus piernas hasta que terminaron cayendo en el suelo junto con el resto de la ropa.
Se acercó a mi tumbándose sobre mi.

- Una cosa, no serás virgen - exclamó.

- Ni de coña - reí ante su pregunta.

- Esta noche vas a despertar a los vecinos con tus mil y un gemidos - rió cerca de mis tímpanos.
Me estremecí mientras él me acariciaba el trasero al mismo tiempo que rozaba sus labios sobre mis piernas.

- Me encantas... - se mordió el labio mientras le besaba la nuca.

- Pues tú a mi no - reí.

Derek tampoco estaba nada mal. Se notaba que iba mucho al gimnasio por los abdominales y los bíceps que abundan en su cuerpo.

Se levantó un poco.

Me empezó a besar el cuello por detrás, me apartó el pelo hacia un lado y me susurró al oído:

- Que sonrisa más pervertida - rió rozándome el lóbulo de la oreja.


Yo sonreí y él me siguió besando hasta que me bajó la cremallera del vestido.

Luego, me besó la espalda.
Me giré y le besé.

Introduje mis manos por dentro de sus calzoncillos y se lo fui bajando poco a poco hasta que se lo quité y los lancé al otro lado de la habitación.

Él me subió el vestido poco a poco hasta que me lo quitó completamente.
Derek empezó a besarme los hombros hasta que hizó que se me bajarán las tiras del sostén.
Luego se puso encima de mi mientras me daba suaves besos en la tripa.

Se sentó al borde de la cama separándose de mi mientras rozaba todo mi cuerpo con sus labios.

- Ven aquí - dijo con voz ronca.

Me levanté sentándome en sus piernas frente a él. Derek comenzó a juguetear con la goma de mis bragas. Reí mientras me erguía bajando la mirada. Él se levantó rodeándome la cintura y mirándome fijamente mientras deslizaba mis bragas por mis piernas. Volvió a sentarse mientras me plnataba un dulce beso. Le pegué en el brazo suavemente mientras me sentaba sobre él y nuestros sexos se rozaban suavemente. Le agarré la nuca con mis brazos y lamí su pecho mientras él desplaza su mano hacia mi trasero.

Me fue besando todo el cuerpo hasta que llegó a una parte concreta.
Al besarme ahí un escalofrío recorrió mi cuerpo.


- Para - cerré fuertemente los ojos.

Siguió besándome y yo aparté su cabeza de mi ingle.

- Te he dicho que pares - susurré ofendida.

- Perdona - apartó las manos mientras bajaba la mirada - ¿Sigo?

- Sigue - sonreí.


Me volvió a besar en los labios y yo acaricié todo su cuerpo.
Me paré un segundo para mirarle fijamente a los ojos.
Le besé y él me siguió el beso.

- Eres hermosa - dijo acariciándome el cabello mientras yo le miraba fijamente a los ojos.

- Como me haces la pelota - fruncí los labios riendo.

- ¿Yo? Solo digo la verdad.

- Ya, ya - susurré cerca de sus labios.
Entrelazó sus manos con las mías apegándome más a él.

Me volteé dándole la espalda.


- Está es nuestra noche - me susurró al oído con una ampla sonrisa.
Me apartó el pelo de la espalda dejándolo a un lado.

Me besó el cuello al mismo tiempo que me desabrochaba el sujetador y lo dejaba a un lado.
Yo me reí.

- Que risa más sexy - dijo levantándome los brazos al mismo tiempo que elevaba los suyos.

- Pervertida mejor dicho - sonreí cerrando los ojos.

Me volví a voltear y él desvió la mirada hacia mi pecho. Sonrió y mientras Derek me acariciaba los pechos yo le besaba levemente el cuello dándole pequeños mordisquitos.

Se rió cuando me mordí el labio.
Luego me tumbé y él se puso sobre mi.

- Voy a comenzar, ¿vale? - me sonrió.

- Lo estoy deseando - me agarré fuertemente a sus hombros mirándolo con timidez.

Se sacó los zapatos y cogió un condón. Abrió el paquetito y se lo puso.

- Ya - rió haciendo un suave movimiento para que me acercara más a él.

- ¿Crees...? Da igual - me sonrojé bajando la mirada a su entrepierna.

- ¿Qué? - preguntó interesado.

- Nada, nada. es una tontería - reí volviendo a halarlo por la nuca.

Hizo un pequeño movimiento hacia delante introduciéndose dentro de mi

Así varias veces siguiendo el mismo ritmo. Se veían sus ojos negros deslumbrando en la penumbra de la noche.
Solté un suave gemido mientras entrelazaba mis piernas alrededor de su cintura.
Derek sonrió mientras me observaba de reojo.

Le sonreí y me agarré a él haciendo que se acercará más a mi.
Él seguía moviéndose cada vez mas rápido dentro de mi.
Unos suaves gemidos resonaron por la habitación.
Me besó e hizo que mis quejidos cesaran.







- ¡Oh, Dios! - me agarré fuertemente a él clavando mis uñas en su espalda. Sabía que no le hacía daño porque aún poseía la camiseta.

- Te dije que era buenísimo - rió volviendo a profundizar más en mi.

Me abalancé sobre él y comencé a llenarle de besos. Él siguió hasta que sentí un profundo placer. Incliné la cabeza y me corrí sobre él.

De solo verlo era irresistible no comérselo a besos.
Lo empujé haciendo que se tumbara en la cama y le cogí el bajo de su camiseta mientras la deslizaba por su torso. Él levantó los brazos dejándome extraérsela. Luego le empujé recostándolo.

Me deslicé por su abdomen lamiéndolo. Reí apoyándome en su pecho mientras Derek deslizaba sus manos por mi ingle. Me apoyé en sus antebrazos y le agarré los brazos posándolos sobre mi tripa. él me agarró con fuerza mientras me mordía el lóbulo de la oreja.

- De verdad - reí volteando los ojos.

- Me centró en lo que me importa - rió besándome el cuello.


Me recosté a su lado entrelazando mis manos con las de él.



Y la luz de las velas se apagó consumiéndonos en una gran oscuridad...











Narra Coque:



Agarré una botella de Tequila que aguardaba a ser bebida en el frigorífico y cogí una de las copas. Subí las escaleras entrometiéndome en mi habitación. Posé la botella en la mesita de noche y me recosté en mi cama. La verdad es que no era consciente de mis actos ni de mis palabras. Los ojos se me entrecerraban y cuando me di cuenta, la botella de Vozca había derramado el vertido por el piso de la habitación.

Dentro de unos minutos, la puerta de mi cuarto se abrió. Jess se encontraba apoyada en el marco sonriéndome mientras me miraba fijamente.

- Entra, aún queda Vozca - levanté la botella en el aire mientras desviaba la mirada.

Entró, me moví a la izquierda para dejarle sitio y ella se sentó a mi lado arrebatándome la botella de las manos.

Me sonrió y bebió de la boquilla sin decir palabra.

- Está bueno - reí robándole la botella.

- Trae - extendió el brazo recostándose a mi lado.

- No, es mía - reí.

Se colocó sobre mi intentando robarme la botella de Vozca.

- Déjame - le miré fijamente mientras intentaba soltarme.

Se abalanzó sobre mi y me besó con fuerza mientras me agarraba de la nuca con la mano izquierda y con la derecha me robaba la botella.




Se separó de mi con la botella en sus manos y me echó la lengua mientras yo me relamía los labios.

- Soy una estratega máxima - rió irguiéndose mientras absorbía el resto del líquido de la botella.

Me levanté acercándome a ella y quitándole la botella de las manos.

- Eso es trampa, me has engañado - dije tambaleándome - Mira, te has acabado la botella.

- ¿Tienes más? - rió mientras se acercaba a mi tomándome de los hombros.

- No - mencioné riéndome.

- Sino estuviera tan borracha te echaría la bronca - dijo mientras se volvía a tumbar en mi cama.

- ¿A mi? ¿Por qué? - exclamé volteándome mientras ella me hacía una señal para que me acostase a su lado.

- Por emborracharme y por besarme a traición - rió mirándome fijamente.

Me tumbé a su lado sin dejar de mirarla.

- Tú me lo pediste - susurré seriamente.

Jessy paró de tomárselo en broma y me acarició la mejilla mientras me miraba dulcemente.

- ¿Y si te lo volviese a pedir volverías a hacerlo? - preguntó confusa.

- Prueba - respondí con el mismo gesto.

- Coque, vuelve a besarme, por favor - se mostró sincera sin dejar de mirarme.

Acaricié su nuca y me introducí dentro de su boca con fuerza. Jessy me siguió el beso jalándome por la camiseta para que me acercase más a ella y acariciando mi barbilla.











Seguí besándola hasta que perdí el conocimiento...







Narra Derek:


























ADELANTO EXCLUSIVO (CAPÍTULO 17):






Escena de *****:



Salí de aquel lugar con los ojos inundados de lágrimas.

Querer tanto a alguién y poder perderlo en unos segundos...







jueves, 4 de septiembre de 2014

CAPÍTULO 15: UN CORAZÓN PARTIDO POR LA MITAD



Narra Miriam:



Me sorprendí al verle entrar por esa puerta:

- ¡Eeeiii! ¿No vienes a darme un abrazo? - sonrió mientras caminaba al interior de la habitación.
Me tapé la boca con mis dos manos intentando reprimir un grito de admiración.
Estaba realmente impresionada. La ilusión recorrió mi cuerpo en apenas segundos.

- Es que no me creo que seas tú. ¿Enserio lo eres? - sonreí mirándole fijamente. Estaba en shock.

- Si, soy yo. En carne y hueso - me devolvió la sonrisa con timidez. Me erguí y me abalancé sobre él mostrándole un cálido abrazo. 
No podía creérmelo. ¡Había venido a verme!




- Impresionante.¡¡¡Eres tú!!! - me abracé a él con fuerza casi sin dejarle respirar.









Narra Coque:



Mis ganas indeseables de hacer una de mis locuras o más bien... deseos prohibidos me consumieron totalmente.
Tenía por sentado no volver a acercarme a ella y mucho menos lo que tenía pensado hacer.
Me acerqué a ella y me senté a su lado.

La miré, dormía profundamente.

Me acerqué mucho a ella mirándolmuchacho
te a los ojos mientras acariciaba su mejilla. Mis labios se encontraban justamente a cuatro centímetros de los suyos esperando un pequeño impulso para que ambos emcajaramos a la perfección.







Narra Miriam:



Me separé de él después de un largo achuchón mirándolo de arriba a abajo.

-  ¡¡¡Brandon!!! - exclamé con una sonrisa rn los labios.

Brandon era mi mejor amigo. Lo conocí antes que a Henry. Él siempre me protegía y nos lo pasábamos muy bien jugando de pequeños.

Nos conocimos en la guardería a los 2 añitos.

En cambio, a Henry, lo conocí cuando tenía
10 años.

Brandon tenía 3 años más que yo y los sigue teniendo.

Siempre estuvimos juntos e incluso hubo como una especie de romance entre nosotros a los 11 años.

Siempre nos tocaba en la misma clase.

Como decía anteriormente, tuvimos una especie de romance.
De pequeños hasta nos casamos en la casa del árbol. Juegos de pequeños.

La relación fue madurando y a los 12 años me besó.
Con él tuve mi primer beso y el que más recuerdo.

La relación entre nosotros se acabó porque sentimos que no estábamos hechos el uno para el otro pero seguimos
siendo amigos.

Nosotros compartíamos la misma ilusión, el mismo sueño durante años: COMPARTIR NUESTRA VOZ.

Recuerdo que cada día quedábamos en mi casa después de clase y nos entregábamos en lleno a nuestras composiciones y nuestros cantos a capella.
El dúo perfecto.

Pero él al final, cumplió los diecisiete. Se marchó y llegamos hasta el punto de no volver a vernos.

- Veo que me recuerdas - soltó de inmediato.

- ¿Comó no iba a recordarte? Siempre estuviste en una pequeña parte de mi corazón.

- Y en tu mente sobretodo - rió mientras apretaba mis manos con fuerza.

- Nunca logré olvidarte. Tampoco quería hacerlo.

- Ni yo te olvidé a ti. La despedida fue muy dura para mi.

- Lo sé - reí recordando vagos recuerdos.

- Era una decisión muy dura para mi. Tenía que elegir entre cumplir mi sueño o estar con la gente que me rodea y que siempre me ha apoyado. La oferta de Warner Music me resultaba superior a lo que yo consideraba que valía como compositor pero lo de irme a grabar mi primer maqueta en Londres no estaba en mis planes - me explicó con pelos y detalles.

- Tranquilo. No te disculpes por haberlo hecho. Yo también lo haría. Un sueño es un sueño y por mucho que intentes olvidarlo o evitar que se cumpla por otros motivos irrelevantes nunca podrás hacerlo.


- ¡Dios, echaba de menos tus frases! Aunque no lo creas me encantan. Siempre me suben la moral - me abrazó de nuevo sin dejar de agarrarme de las manos.

- Yo echaba de menos tu capacidad para hacerme sonreír - soltó mis manos volviendo a centrar su mirada en mi.

- Nunca pensé que seguirías viviendo en vasa de tus padres.

- Ya ves - susurró - Aquí sigo yo - exclamé cantando.

- Volviéndome loco, haciendo lo imposible - continuó a capella.

- Por tenerte por momentos - canté mi parte favorita de la canción.

- Aún la recuerdas - sonrió.

- Como en los viejos tiempos - le devolví la sonrisa - ¿Cómo hiciste para entrar en casa sin ser visto? - pregunté. La verdad es que la respuesta me tenía intrigada. Por más que le daba vueltas y vueltas era imposible sacar una conclusión decente y posible.

- Tenía guardado el número de teléfono de tu hermano. Le telefoneé preparando la sorpresahace como un mes. Al llamar a la puerta, él sabía a ciencia cierta que era yo así que... discretamente me abrió la puerta.

- Gracias por hacer esto por mi. Es realmente especial - sonreí con ternura.

- Tenía ganas de volver a verte. Nada más - me miró frotándose la nuca. Sólo lo hacía cuando se sentía intimidado o no sabía que decir.

- Cambiando de tema. Tienes muchas cosas que contarme - sonreí sentándome sobre mi pierna derecha.

- No te creas - me miró tímidamente.

- Lo primero de todo.¿Tienes algún sitio para quedarte esta noche? - pregunté ignorando su respuesta.

- Si, me he alistado en un hotel de la ciudad.

- Genial. ¿Y qué tal por Londres? - cambié de tema.

- La ciudad es realmente preciosa. A lo que más me ha costado adaptarme fue al idioma.
No sé si es cierto que existen los vampiros por esa zona pero he confirmado que la niebla si inunda todo Londres - sonrió.

- Y seguro que a unas horas de sacar la maqueta ya se convirtió en disco de oro - pensé en alto.

- La verdad Miriam...No conseguí
un disco de oro, ni de plata... - se frotó la nuca nervioso.

- Entonces seguro que estás de gira por Europa.

- No exactamente, Miriam.

- ¿Entonces? - meneé la cabeza en forma de negación.

-  Al grabar la maqueta todo iba realmente perfecto. Todas las canciones se encontraban compuestas por mi. Al finalizarla, se la entregué a Warner Music para la última revisión. No les convenció así que decidieron no sacarla a la venta y perdí mi gran oportunidad.
En simples palabras...no conseguí mi sueño- bajó la cabeza con decepción.




- ¿Cómo? - mis labios formaron una "O".

-  Decidí registrarme en la universidad de Londres durante cuatro años y medio y luego decidí irme a California al estudio a reintentar convencer a otra compañía con mi maqueta pero... volvieron a rechazarla criticando mi penosa forma de cantar y alabando las letras de la mayoría de las canciones que formaban el disco.

- ¡Válgame dios! Sus oídos deben de estar repletos de cera para no poder apreciar tu buena voz - grité ante un espasmo.

- Pero volveré y no a Londres si no a New York. No me rendiré.

- Así se habla. ¿Y cuándo partirás? - me impresioné. Una de las buenas cualidades de Brandon era lo de no rendirse nunca e intentar luchar hasta conseguir sus propósitos.

- Mañana - sonrió complaciente.

- ¿Tan pronto? - me quejé. Sentí como se acercaba ese espantoso momento recordando la anterior despedida. Fue terriblemente lo peor del año. No volver a ver a tu mejor amigo hasta dentro de unos años era
bastante perturbador y no me apetecía volver a pasar por lo mismo.

-  Voy a seguir intentándolo. Cierta persona me enseñó una vez a no rendirme nunca - susurró desviando la mirada. 
Espera, ¿se refería a mi?

- Siento mucho lo que te ha pasado.
Merecías sacar tu disco porque tu voz es preciosa.
Pero triunfar Brandon, es muy difícil y pocas personas lo consiguen. Siento no darte mejores consejos pero ahora que has vuelto no quiero volver a perderte así que haré todo lo posible porque no te vuelvas a ir.
     
- Miriam, ni lo intentes - rió - No me harás cambiar de opinión. Ahora dime, ¿qué me cuentas de tu vida?

- Sigo conviviendo con mi hermano, he arreglado las cosas con mis padres y he conocido a unos chicos que me ayudarán con mi carrera musical - dije con naturalidad.

- ¿La uni? ¿Te apuntaron? - sonrió emocionado.

- No es justamente la universidad. Son como unas clases para prepararte en el mundo musical.

- Joder, ¡es genial!
Ojalá cumplas tu sueño - ante un impulso me abrazó tiernamente.

- Se empieza poco a poco. Paso a paso.

- Con esfuerzo y sudor, pequeña - sonrió con ternura dejándome respirar.

- Tú también lo conseguirás. Ya verás - le miré fijamente ofreciéndole mi apoyo.

-  Has cambiado mucho - susurró levantándose y cogiéndome de la mano al mismo tiempo.

- Lo mismo dijo - anuncié mareada ante las vueltas que me hacía dar Brandon mientras me observaba de arriba a abajo.

- Y luego dicen que 5 años pasan volando -
sonreí.

- ¿Cuántos años tienes? Para hacerme una idea - lo miré penetrante.

- Ventidos - afirmó.

- Joder, con razón estás muy cambiado.

- Dime, ¿tienes pareja? - cambió de tema.

- No, no tengo - reí al escuchar sus palabras.

- Ohh...Que raro... - noté su ironía enseguida.

-  Es que no me van las relaciones - mencioné con cara de espanto sin mirarle a los ojos.

- Lo que no te va es enamorarte - rió acercándose a mi con disimulo.

- ¿ Y tú?

- Yo... ¿qué? - sonrió interesado.

- ¿Tienes pareja? - me imaginaba su respuesta. Seguramente con el tema de la maqueta seguía soltero.  El estudio le robaría mucho tiempo.

- Si - respondió colorado.

- ¿Comó se llama?

- Holly.

Me sorprendí. No imaginaba que tuviera pareja.

- Cuéntame, ¿cómo es? - pregunté ansiosa por saber más de la vida de mi amigo.

- Algo mejor que contártelo... te enseñaré una foto de ella - sonrió mientras extraía de su bolsillo delantero su cartera. Agarró una pequeña foto con sus manos y me la entregó al mismo tiempo que su cuerpo temblaba.

Observé la foto con detenimiento. Era una mujer joven de unos 20 y tantos casi treinta.
Tenía el pelo castaño oscuro lo que hacía muy buena combinación con sus ojos verdes. Sus cejas se encontraban recién depiladas y su gran sonrisa la definían como una gran persona. A su lado se hallaba un bebé que se podría decir que era recién nacido. Se parecía muchísimo a ella.





- Es muy hermosa. Parece ser muy buena persona. A su lado está recostado un bebé, ¿es vuestro? - pregunté clavando su mirada en él.

- Si - afirmó avergonzado. Sus mejillas cobraron color y sus manos comenzaron a tembrar.

- Se parece a ti - volví a observar la foto.

- Es muy juguetón y divertido. A parte de rebelde. Yo de pequeño también era muy reboltoso. Mi madre ya no sabía que hacer conmigo - sonrió como recordando vagos recuerdos.

- ¿Qué nombre le pusisteis?

- Damon - afirmó mientras recogía la foto de mis manos.

- ¿Y estáis casados? - pregunté insegura - Como digas que si te mataré por no invitarme a la boda - le avisé interrumpiendo su respuesta.

-  No. Esperaremos a que estemos de vuelta en España para casarnos. Conviviremos en New York mucho tiempo así que aún falta. Y por supuesto que te invitaré a la boda.

- Hablas en plural.

- Ella y el bebé me acompañan.

- Vaya - exclamó extrañada. Holly debía de estar realmente enamorada de Brandon para mudarse con él a otra parte del mundo - Dime, ¿cómo es el carácter de Holly? - sentía mucha curiosidad.

- Pues... tiene mucha compasión por los demás, es muy cariñosa, inteligente... Lo único es que es muy celosa. También, ese es el único defecto que le encuentro.

- Woa, me encanta ¿Y comó os conocisteis? - crucé las piernas y volteé la mirada. Mi tono de voz era de intriga. Sentía muchas ganas por continuar eacuchando su historia.

- Ella es productora. Prepara los focos e intrumental además de realizar las grabaciones necesarias de los artistas. 
Yo nunca me había fijado en ella hasta qur un día le tocó grabar unas de mis canciones para la maqueta. Así fue como vino a felicitarme por la música que realizaba. Le encantaba. Gracias a eso, quedamos y mantuvimos varios encuentro más hasta que le besé por primera vez y ahí fue cuando decididimos dar el paso de mantener una relación estable - me explicó con emoción.

- ¡Qué bonito! - escuché atentamente sus palabras sin perderme en ellas - ¿Y hace cuánto tiempo os conocéis?

-  Cuatro añitos. El tiempo pasa volando -suspiró sin pensar.

- Me alegro muchísimo - sonreí mientras me transmitía su propia ilusión.

- Perdona por no haberte llamado. He estado muy ocupado y no atendí mucho el móvil - se disculpó.

- No pasa nada. Es normal.
Lo importante es que estas aquí y mañana partirás a New York así que me gustaría disfrutar a tope de cada segundo que pase contigo - mencioné.

- Por supuesto. Toda la noche si hace falta.

Impresionante, la llegada de Brandon me encantó.
Lo que no me convenció tanto fue su marcha de nuevo. No soportaría volver a perderlo.

- ¿A qué hora sale tu avión?

- A las cinco de la tarde - levantó la mirada intentando hacer memoria y se rascó la barbilla desesperado.

- Y...¿A Holly no le importa irse tan lejos?

-  No. Está realmente maravillada y encantada de poder acompañarme en este viaje tan especial - habló tratando de convencerse a si mismo.

Asentí y el continuó hablándome de ella.

- Lo primero de todo es que tiene un pequeño estudio por esa zona y podrá tener un trabajo fijo durante unos cuantos años. También me convence diciendo que me quiere y que haría cualquier cosa por estar a mi lado. Eso me basta para seguir adelante. Ella es mi gran apoyo.

- Que lindo. Es súper lindo y amable por su parte su comprensión  y seguridad por intentar cumplir tu sueño.

- Ya ves. Es fantástico y fabuloso - sonrió.

- Tu positividad y tus grandes apoyos harán que tu sueño se haga realidad - susurré mirándole a los ojos.

- Ojalá.

- No, Brandon.
Tienes que tener confianza en ti mismo - bajé la mirada al no obtener respuesta de la misma.

- Lo sé.

- ¿Te acuerdas de pequeños?¿Cuándo nos casamos en la casa del árbol? - me vino a la mente una parte de nuestra infancia.

- Como para no acordarme.

-  Los anillos de compromiso eran cordones de unas zapatillas viejas - reí con ganas.

- Ese anillo aún lo tengo en casa.
Guardado - embozó una sonrisa mientras me miraba fijamente.

- ¿Enserio? - me sorprendí. ¿Le importaba tanto nuestro noviazgo de pequeños o simplemente no tenía el valor suficiente para arrogarlo al contenedor de la basura?

- Si - asintió confundido ante mi asombro.

- Celebramos la boda nosotros solos y el sacerdote era mi hermano - reí acordandome de la túnica que llevaba ese día Coque. Era una manta de "Las Supernenas" que cubría parte de su pecho y todo su cuello. Le dió la vuelta y lo colocó alrededor de su pescuezo.

- Si. Me acuerdo de todo y sobre todo del final cuando nos besamos - sonrió bajando la cabeza y buscando un lugar donde esconderse.

- Fue precioso - reí ante su reacción.

- Fue una idiotez. Eramos amigos y de repente empezamos una relación.

- Fue lo peor que pudimos hacer.
Dentro de dos meses ya estábamos divorciados - hice memoria.

- Anda que... - reí.

- Si, pero no recuerdo el porqué - mentí. Necesitaba averiguar si el aún recordaba el motivo de nuestra ruptura.

- Todo era perfecto pero lo único que teníamos en común era nuestra pasión por la música. No coincidíamos.

- Ojalá pudiera volver a esos tiempos.
Cantando en dúo formabamos una armonía perfecta.

- Nos pasabamos horas y horas cantando - volteó la mirada.

- No quiero que me abandones de nuevo - susurré desviando la mirada hacia la ventana para comprobar si ya era muy tarde.

- Volveré, no te preocupes. Tienes mi número, ¿no?

- Si, tenemos muchas cosas de que hablar - aparté un mechón de pelo de mi rostro.

- Nos veremos pronto - sonrió intentando tranquilizarme.

- ¿Cuánto tiempo estarás en New York? - ignoré volviendo a centrar mi mirada en él.

- Dos o tres años - hizo memoria.

- Es mucho tiempo - hinché los mofletes y respiré profundamente.

- Pronto trascurren.

- Eso espero.

- Me enteré de que Henry me había robado el puesto - rió bajando la mirada.

- Te fuiste, Brandon. No esperes que las cosas sigan siendo como antes. Han pasado muchos años. Pensé que no volvería a verte.

- Pero estoy aquí.

La verdad era que Brandon y Henry nunca se habían llevado bien pero ante mis ojos pretendían hacerlo para no decepcionarme.
Cierta rivalidad surgía desde hace tiempo entre ellos.

- Lo sé.

Con Brandon tenía una gran amistad qur con el tiempo y su ausencia se fue perdiendo. No me agradaba para nada la idea de que se marchase de nuevo a dios sabe donde.
Él ya tenía su familia y solo le quedaba cumplir su sueño.






Narra Coque:



Me acerqué más a ella y esos cuatro centímetros se fueron acortando poco a poco.
Froté nuestras narices mientras embozaba una dulce sonrisa. Cada vez, las ganas de besarla se me hacían más insoportables.






No lo hice y mis labios se volvieron hasta su mejilla.
La besé timidamente y me alejé de ella dirijiéndome a mi cuarto.

¿Por qué las ganas de besarla inundaron mi mente? ¿Enserio pretendía hacerlo? ¿Por qué no pensé ni unos segundos en Érica?


Me senté en el borde de mi cama.
Decidí llamar a Érica para desconectar un poco de todo lo ocurrido y olvidarme de Jessy. Tenía que alejarme de ella o todo esto tendría un final infeliz. Érica no respondió. Me imaginé que ya se habría ido a dormir.















DÍA: 2 DE AGOSTO













Narra Miriam:




Me levanté por la mañana. Bueno, la verdad es que me había pasado la noche en vela hablando con Brandon.

Recordé todo lo de ayer: Los aplausos, las 10.000 personas que bailaban con nuestra música y Dani me ofreció su número de teléfono. Cumpliría mi sueño y me alistaría en las clases de canto.
Sus palabras fueron fabulosas. Me dijo que tenía una voz preciosa y que merecía ser escuchada por millones de personas. Nunca me habían dicho nada parecido.
Me alegré muchísimo pero me dió pena que mis amigas no pudieran acompañarme en mi gran aventura.

Me despedí de Brandon ya que no le volvería a ver porque tenía que hacer las maletas y le gustaría dar una vuelta por la ciudad.
Normal, después de pasar cuatro años en Londres... supongo que le gustaría volver a recordar la ciudad.


Salimos del cuarto y nos dirigimos a la entrada. Abrí la puerta principal.

- ¿Seguro que no quieres desayunar? - me preocupé.

- No, tranquila. El hotel se encuentra justo al lado.

- Ya. Supongo que esto es un adiós.

- Otra vez.
Lo siento Miriam. Yo... me quedaría aquí pero mi sueño me espera en New York - sonrió.

- No es culpa tuya. Soy yo que no aguanto estas cosas.

No pude evitar que unas lágrimas cayeran por mi mejilla y yo no soy de expresar mis sentimientos.
Soy muy cerrada.

- ¡¡¡Eii!!! No me llores  - sonrió secándome las lágrimas con la palma de su mano.

- Te llamaré te lo prometo e intentaré ir a uno de tus conciertos.
Cuando empieces con las giras claro.

-  Aún falta mucho si es que sucede - bajé la mirada sonriendo.

- Oye Miriam, siempre serás mi mejor amiga y la que siempre estuvo a mi lado, apoyándome y acompañándome en mi carrera musical. Nunca me olvidaré de ti y lo sabes.

- Lo sé pero no quiero que te vallas - le agarré de la mano sin darme cuenta.

- Esto no es un hasta nunca es un hasta pronto - sonrió mirándome.

- Ya. Cuídate - me abrazó fuertemente dándome dos besos en ambas mejillas.

Sonreí separándome de él y volviendo a agarrarle de las manos.






- Adiós. Llámame cuando puedas y mucha suerte - me despedí mientras le soltaba la mano.

- Hasta pronto - rió alejándose.

Le miré fijamente hasta que se fue por completo.



 BRANDON:






Cerré la puerta y volví a mi cuarto. Me tumbé deseando volver a quedarme dormido.
Noté que esto ya lo había vivido antes.

No sabéis lo duro que es pensar que recuperaste a un amigo y que en unos segundos...lo vuelvas a perder...










Narra Coque:





Desperté por la mañana. Me di cuenta de que ayer me quedé profundamente dormido esperando la rellamada de Érica. Me peiné y me pusé una camiseta de tiras, unos pantalones vaqueros y unas zapatillas negras.










Bajé a la cocina, desayuné y más tarde decidí irme a la sala a ver la tele o jugar un rato a la Play. Nada más entrar, vislumbré a Jess dormida aún en el sofá central. Me acerqué a ella sonriendo y pellizqué sus mofletes intentando despertarle.


- Despierta dormilona - grité riendo.

Acaricié su mejilla al mismo tiempo que estiraba sus extremidades y abría los ojos con timidez.






-  ¿Qué haces? - me miró fijamente bostezando.

-  Intento despertarte.

- ¿He dormido aquí toda la noche? - preguntó nerviosa.

- Si - me fijé en su vestuario. Seguía con ese hermoso vestido ceñido a su cuerpo - Oye, necesito hablar contigo.

- Así que, ahora quieres hablar... - se irguió sin dirigirme la mirada.

- Si - susurré.

- No tengo nada de qué hablar contigo - se marchó pero antes de hacerlo le agarré de la muñeca. Se paró en seco y me miró fijamente.

- Por favor. Tenemos que aclarar esto - intenté hacerle entrar en razón.

- No, no tengo nada de que hablar contigo - se soltó de mi mano y salió enfurecida de la sala.

Me senté en el sofá y miré hacia el techo enfurecido. Crucé los brazos y encendí la televisión.








Narra Jessy:



No pensé en mis palabras. De verdad, deseaba aclarar mis cosas con él y no entendía porque de mi boca salieron esas palabras.
Había perdido mi oportunidad de arreglar todo con él. Tal vez, fuera lo mejor que podía hacer aunque no estoy completamente segura.

Accedí a mi habitación y rebusqué en mi armario la ropa adecuada para cambiarme.
Me desmaquillé de ayer y luego me volví a maquillar.
Me pusé un pantalón corto, un top corto que dejaba mi tripa a la vista y unos zapatos de tacón blancos.














Narra Miriam:



Me desperté gracias a la alarma del móvil. Bajé a desayunar aún en pijama pero al darme cuenta de que Coque se encontraba en el salón, decidí hablar con él.

- Buenos días. Quería agradecerte lo de Brandon - me senté a su lado mientras el mantenía la cabeza baja e ignoraba mis palabras - ¿Pasa algo? Te veo... cabizbajo.

- Tranquila, estoy bien - me miró sin cambiar su expresión.

- Coque, soy tu hermana. Te conozco como a la palma de mi mano. No intentes mentirme ni mucho menos - amenacé.

- Estoy bien - repitió con cierta frialdad.

- ¿Seguro? - volví a asegurarme.

- Que si - afirmó poniendo los ojos en blanco.

Bajé la mirada sin pronunciar palabra.

- Brandon... ¿Se fue? - preguntó cambiando de tema.

- Si. Vuelve a New York - desvié la mirada y al levantarla, Coque me abrazó como consolándome.

- Tranquila, volverá. Ya verás - me tranquilizó dejándome respirar.

- Lo sé pero esto me recordó la despedida anterior.

- Volverá.

- Ya - intenté sonreír.

- Todo desaparece y no puedes hacer nada, solo esperar a que se solucione - intentó calmarme.
El silencio volvió a inundar la sala. Me separé de Coque mientras observaba el televisor e intentaba olvidar.

- Va - me erguí - Voy a intentar cumplir mi sueño como él está cumpliendo el suyo.

- Bien - rió.

- Que te iba a decir... - pensé - ¿Puedes llevarme a Fresser? - pregunté.

- ¿Fresser? ¿La tienda de automóviles? ¿Por? - me miró extrañado.

- Hace casi un año que me saqué el carnet de conducir y necesito independizarme. El coche es prácticamente imprescindible para recorrer las grandes ciudades principales. Además, quiero poseer algo que esté a mi nombre. Estoy harta de que papá y mamá nos presten dinero para comprar nuestras cosas. Quiero pagarlo con mi propio dinero - expliqué.

- Está bien. Me parece justo - mencionó.

- Entonces... ¿me acompañas? - sonreí con emoción.

- Ve a cambiarte - rió irguiendose.

Asentí y accedí a mi cuarto.

Me pusé una camisa,una falda negra corta y unos botines rosas a juego con un bolso rosita.















Narra Coque:




Nada más bajar Miriam por las escaleras, nos dirigimos a la salida y partimos hacia Fresser.
Al llegar, un hombre nos interrogó. Nos preguntó que marca estábamos buscando, que comodidades necesitábamos... Nos explicó más o menos el protocolo y al no tener una marca concreta, el chico decidió conducirnos por el local para enseñarnos algunos modelos de nuestro gusto pero a Miriam no le convencían. El chico hacía de todo para convencerla pero no le fue posible.

- ¿Qué busca exactamente? - sonrió el chico mientras contemplábamos un Fiat 500 que según él pensó que tendría alguna posibilidad.

- Necesito un coche moderno, cómodo, un monovolumen, rápido... No me importa lo que consuma.

- ¿Alguna preferencia imprescindible?

- Me encantaría que fuera de color rojo. Si es posible - sonrió.

- El nuevo Toyota que salió este año creo que les gustará.
Vengan por aquí - comenzó a caminar distraídamente.
Hasta que nos presentó el Toyota. Lo observamos de arriba a abajo mientras el chico se peinaba el pelo con la punta de sus dedos y proseguía su explicación.

- Este es el nuevo modelo, el auténtico Toyota Scion FR-S . Lo tenemos en blanco, rojo y negro - dimos vueltas a su alrededor y el muchacho nos mostró el interior del automóvil.

- Joder, ¡es relindo! - sonrió dando pequeños saltitos mientras aplaudía. 
Se mordió el labio volviendo a clavar su mirada en él.

- ¿Es de su gusto? - sonrió el dependiente. Creo que por primera vez en toda nuestra visita.

- Por supuesto - le devolvió Miriam la sonrisa.







- ¿Qué te parece?¿Te gusta? - anunció cogiéndome de la mano y clavando su mirada en mi expresión. Me quedé un rato callado inspecionando el auto - Di algo, me pones nerviosa - volvió a dar otro salto.

- Creo que es un coche muy lindo y súper apropiado para ti. Me gustaría saber más sobre él. No creo que todo sea tan perfecto - observé fijamente al muchacho que se encontraba a mi lado.

- Bueno, para vosotros es un auto ideal. Soys una pareja muy moderna y el coche resaltará vuestro estilo y elegancia - mencionó mientras introducía sus manos en ambos bolsillos.

- Me temo que se equivoca - sonrió Miriam - no somos novios sino hermanos.

-  Perdonad, es que como os parecéis tanto y además, parecéis llevaros tan bien.

-  Tranquilo. No es usted el único que se confunde, mucha gente lo hace - observé a ambos.

- Bueno. Como iba diciendo, el Toyota Scion FR-S les ofrece 2 cómodos asientos, motor Diesel, potencia:110 kW (150 CV y consumo de combustible:6,7l/100 km.(Combinado).

Además de ser completamente nuevo y mantener una garantía de 2 años.Y sobretodo el equipamiento del vehículo es muy completo y asombrante:

  • ABS
  • Airbag Acompañante
  • Airbag Del Conductor
  • Airbags Laterales
  • Cierre Centralizado
  • Climatizador
  • Control De Velocidad
  • Dirección Asistida
  • Elevalunas eléctrico
  • ESP
  • Faros Antiniebla
  • Inmovilizador
  • Sensor de Lluvia
  • Sistema de Escape
  • Almoadilla de Tope
  • Volante Multifuncion
  • Techo Panoramico
  • Las Marchas Son Manuales...


Nos empezó a contar todos loa materiales y elementos que contenía el auto y Miriam intentó fijarse en cada palabra que el hombre pronunciaba al mismo tiempo, yo observaba las manecillas del reloj mientras me apoyaba en el techo solar del Toyota intentado no quedarme profundamente dormido.
Creo que mantuvo una charla de una media hora intentando convencer a Miriam de la compra del vehículo. Por fin, después de séculos aguardando, el dependiente acabó su largo discurso ofreciéndole a Miriam la palabra.


- ¿Podemos dar una vuelta? - sonrió Miriam.

- Claro. Conduce usted - le lanzó las llaves del
auto desde el otro lado del mismo.
Miriam las cogió entre sus manos y se sonrojó.

- ¿A qué espera? Entre sin miedo - mencionó el chico ya acomodado en el asiento del copiloto - ¿Quiere venir usted también? - se dirigió a mi.

- No estaría mal - me aclopé en los asientos de atrás del automóvil.

Al fin, los tres en sus respectivos asientos nos
atamos los cinturones de seguridad y levantamos la mirada. Miriam apoyó ambas manos en el volante y recostó su espalda en el asiento. Parecía muy relajada.

- Bien. Ya puede comenzar. Quite el freno de mano y apriete el acelerador pero no mucho. Solo lo suficiente - le indicó las partes del auto. Ella asemejaba realmente concentrada y siguió los pasos que el vendedor le indicaba.

- Bien, ahora prosiga. Ya sabe que cuando pase de los veinte kilómetros por hora debe cambiar a la segunda marcha. El volante se maneja con facilidad girándolo en la dirección 
que desee. Los tres pedales que mantiene bajo sus pies son muy prácticos. Los más utilizables son siempre el acelerador para aumentar la velocidas y el freno para reducir la velocidad. Acuerdesé de no frenar en seco, debe reducir poco a poco. El reproductor de música es muy fácil de utilizar. Puede añadirle su IPod para escuchar sus canciones favoritas; su móvil, su MP3, MP4, MP5... y sobre todo, puede acceder a la radio ain ninguna dificultad o insertar un CD en la ranura. Lo que usted desee. Debajo del volante, se encuentra un control para manejar el reproductor y los limpiaparabrisas.
Luego, al pulsar estos botones - anunció señalándolos podrá abrir el techo solar y bueno, el resto es pan comido. Si necesita cualquier cosa puede telefonearme sin ningún problema.

Creo que los tres meses de las clases para sacar el carnet de conducir que realizó Miriam, el dependiente lo había resumido a la perfección en 2,03 minutos.
Mi hermana sabía conducir, no necesitaba que ningún experto en la venta de automóviles se lo recordara. Comenzamos a avanzar por la general de Barcelona. El muchacho pulsó el botón del techo solar y la solapa se deslizó de inmediato trayendo en si la hermosa luz del sol.
Miriam no dejaba de sonreír mientras contemplaba al hombre de reojo.

- Esto es realmente fantástico - soltó cuando el chico la observaba desde su asiento con seguridad y una amplia sonrisa.
Transpasamos las carreteras principales y los numerosos árboles y la gran civilización desaparecieron por completo llevándonos a un extenso descampado.

- Bien, espero que hayáis disfrutado del viaje pero es hora de volver al establecimiento y realizar ciertos acuerdos - sonrió mientras juntaba ambas manos y las frotaba lentamente.
Miriam dió la vuelta y en pocos minutos llegamos al mismo lugar de antes.
Bajamos del automóvil aún sumidos en nuestra expléndida aventura.

- Decidme chicos, ¿qué os ha parecido? - noa preguntó mientras nos dirigiamos a su despacho por unos pasillos muy siniestros y opácos.

- Si, Por lo menos a mi me vuelve loca - rió emocionada mientras tomaba asiento - Solo necesito saber el valor del vehículo.

- Veinticinco mil.
Equipado y completo - sonrió al ver la reacción de Miriam.

- Bien, ¿podemos hablar un momentito? - preguntó Miriam señalándome.

- Si, sin contratiempo - pronunció mientras mi hermana se levantaba y nos alejábamos un poco del despacho del muchacho.

 - Haber... está realmente fenomenal. Es maravilloso y su equipamento ea realmente fantástico pero el precio se me va de las manos.

- Si, pero vale la pena.¿No? ¿Tienes el dinero suficiente? - su expresión corporal me dió a entender su respuesta.

- Si me rebajara el precio al menos un poco...
- susurró bajando la cabeza y jugueteando con los cordones de sus zapatos.

- Eso sería soborno.

- Coque, no sabes la idea que me acabas de dar - se frotó la barbilla con el dedo índice.

- ¿El qué? - pregunté - ¡Miriam! - exclamé al ver que no mostraba el mínimo interés a mi llamada de atención. Se subió la falda, se acicaló el cabello y se desabrochó los dos primeros botones de su camisa.

- Ya verás - sonrió mientras regresaba al despacho del vendedor. Me acerqué a la entrada del despacho.

El muchacho debería de tener unos veinte y pico, no más. Parecía muy atrevido, simpático y moderno. No poseía un look como el resto de los dependientes que llevaban traje y corbata. Él mantenía una camisa celeste con las mangas subidas hasta el codo, unos pantalones ceñidos y rotos por las rodillas y unas zapatillas deportivas. En el bolsillo de la camisa se podía apreciar un pequeño cartelito con su nombre. Aún me había decantado en ese momento de ese pequeño detalle. Se llamaba "Derek Karev". Al contrario de su estilo para la ropa, su pelo se mantenía bien peinado y refinado. Tenía que reconocerlo, el chaval no estaba nada mal.

Derek, al verla volver, dejó de escribir en unas hojas y la miró fijamente.

- Has vuelto - tragó saliva - ¿Habéis tomado ya una decisión?

- Verás... El auto es perfecto pero tenemos un pequeño problema con el precio del mismo - apoyó ambas manos en el escritorio de su despacho.

- Entiendo - sonrió.

- Por cierto, ¿cómo te llamas? - le preguntó.

- Derek. Encantado - le ofreció la mano.

-  Derek...Un nombre realmente precioso - rió devolviéndole el saludo - Yo soy Miriam.

- Miriam aún es más lindo - mantuvo por unos segundos la vista fija en su pecho.

- Oye Derek, ¿enserio trabajas aquí? - cambió de tema.

Asintió nervioso revolviéndose en su asiento.

- Eres un empleado, ¿no? - se sentó encima de la mesa del escritorio.

- No, soy el jefe del local - anunció entre abriendo los ojos.

- Vaya, no lo pareces - arqueó una ceja.

- ¿Por? - jugueteó con el bolígrafo que contenía en sus manos mientras se mordía el labio.

- No eres formal, serio... Pareces un chico muy agradable y simpático - sonrió.

- Tengo veintiseis años. No quiero ser un patético aburrido - se irguió poniéndose de pie, a la altura de Miriam.
He estado muy cerca. Ventiseis...

- Espero que no te moleste - bajó la mirada - pero los empleados encargados de convencer a la gente para comprar sus productos me parecen antipáticos y no sociales. A ti se te nota tu entusiasmo y joventud.

¿Dejará de una vez este estúpido juego? No conseguirá absolutamente nada.

- Todo lo contrario. Para mi es un verdaderp halago - rió mientras se disponía a rebuscar unos informes en la estantería pegada contra la pared del fondo.
Miriam le siguió y nada más coger los informes, Derek se encontró a mi hermana a su lado apoyada en la base de arriba justamente en la esquina de la estantería.

- Derek, me encantaría que me rebajases el precio del auto - susurró Miriam mientras manoseaba sus botones de la camisa.

Derek le apartó la mano con brusquedad y su corazón comenzó a latir más velozmente.

- Lo siento, me resulta imposible - susurró volviendo a su sitio anterior y tomando unos apuntes. Se llevó el bolígrafo a la boca.

- Seguro que habrá alguna forma de poder cambiar eso - mi hermana mordió la tapa del bolígrafo al mismo tiempo que le arrebata el mismo de la boca.

- Me parece que no - se lo robó de las manos y continuó con lo de antes.

- ¿Mi chico favorito no puede mover unos cables para conseguirlo? - le guiñó un ojo mientras él volvía a dirigir su mirada a su pecho.

- ¿Estás... negociando? - bajó la mirada con una sonrisa maliciosa.

- Haré cualquier cosa que desees a cambio de 
que me rebajes el precio del auto - se bajó de la mesa sonriendo.

- Veinticuatro mil y que no se hable más - levantó la mirada.

- Genial - rió mientrás apoyaba ambas manos 
en el escritorio.

- A cambio de que la señorita me conceda una 
cena en el restaurante más lujoso de la ciudad 
- mencionó arqueando una ceja.

- Una cena y no lo consideres como una cita -le amenazó.

- Sin compromiso - meneó la cabeza expresando su negación.

- Y... ¿cuánto tiempo tendré que esperar hasta que lo tengan preparado? - cambió de tema.

- Más o menos una semana. Depende de como esté el formato fábrica. Luego, te avisaré. Pero... verás. Tengo todo el papeleo y solo necesito tu firma cuando vengas a recoger el auto pero también necesito tu número de teléfono para llamarte cuando este
listo - le explicó - Es una muy buena oferta. Entonces... ¿decides comprarlo?

- Por supuesto. Déjame un boli. Te apuntaré mi número - Derek le ofreció un bolígrafo y le indicó un pequeño espacio en una hoja de papel para anotarlo. Miriam, rechazó el papel y le cogió de la mano firmemente.
Se la agarró y justamente en la muñeca le dejó grabado a tinta azul su número de teléfono.

- No me gusta malgastar el papel. No es ecológico - le miró desde abajo soltándole la muñeca.

Se podía distinguir al lado del número un pequeño corazón dibujado desde otra perspectiva.

- Llámame para concertar la cena - rió mientras seguía mirándole.

- Por supuesto. Me gusta el tatuaje de mi muñeca - lo observó.

- Soy una auténtica artista, querido - se acomodó el cabello.

Derek asintió mordiéndose el labio discretamente.

- Tengo que irme, mi hermano aguarda en la puerta - ambas centraron su mirada en mi y yo intenté mirar a otro lado haciéndome el distraído.

- Hasta la próxima y gracias por su compra - sonrió volviendo a sentarse.

- Adiós. Gracias a ti por todo lo que he aprendido hoy con tus mini explicaciones - sonrió dirigiéndose a mi.

- Nada - nos observó y se despidió de Miriam meneando la mano de lado a lado hasta que salimos de su despacho. Recorrimos el  establecimiento y salimos al aparcamiento.

-  ¿Qué coño pasó allí? - miré fijamente a mi hermana con el ceño fruncido.

- Lo que acabas de contemplar querido hermano es el llamado soborno sexual. Y lo conseguí. Me bajó mil euros el valor del auto - sonrió abrochándose los dos botones de arriba de su camisa.

- Si, lo escuché. ¿Seguro que solo tratabas de sobornarle? - arqueé una ceja divertido.

Asintió.

- Haber... reconozco que es amable, simpático , tierno y está bastante bueno pero no - se explicó.

- Vale, vale. Había mucho feeling entre ustedes - sonreí.

- ¡Qué no! Pesado - me miró de reojo.

- Sigo realmente impresionado. Acabo de ver el ligoteo extremo de mi hermana - susurré apoyándome en el capó de mi auto.

- ¿Quieres cerrar el pico? - reprimió una entre sonrisa.

- Venga, nos vamos - sonreí subiendo al auto.

 - Enserio... ¿Lo escuchaste todo? - se sentó en el asiento del copiloto mientras yo tomaba el volante entre mis manos.

- Todo y la verdad es que me hubieras enganchado hasta a mi - reí fuertemente.

- Dios, me siento ridícula - se llevó ambas manos al rostro intentando ocultar su cara.

- Hiciste bien. Conseguiste una oferta de mil euros. ¿Quién sería capaz de conseguir lo mismo?

- No sé... - se frotó la nuca preocupada.

- ¿Crees que me precipité al tomar la decisión? - se recostó en el asiento.

- Oye, nos cagamos en todo para buscar el coche perfecto para ti ya que ninguno te convencía lo suficiente y cuando por fin encontramos uno con tu aprobación... ¿piensas echarlo a perder? - la tranquilicé haciéndole entrar en razón.

- ¿Tú crees? - suspiró más relajada rozándome el brazo derecho.

- Deja de pensar en ello. Lo hecho, he hecho está. Además, si al recapacitarlo bien te llevas un chasco y piensas que tomaste una pésima decisión puedes o cargar con ello y pedir papas o hacerle una sesión erótica al jefe del establecimiento para que acceda a devolverte el dinero - le expliqué con naturalidad.

- Gillipollas - sonrió desviando la mirada hacia su ventanilla mientras avanzábamos por el centro de la ciudad.

- Fuiste tú la que me pediste mi opinión y eso es lo que pienso - le guiñé un ojo divertido.

Ella no respondió así que dimos nuestra conversación como finalizada.
Al coger uno de los callejones, en poco rato visualizamos nuestra casa desde lejos.
Nada más llegar, bajamos del auto, entramos en casa y Miriam rebuscó a Jessy para contarle lo ocurrido. Las dejé charlar a solas en el salón y me dirigí a la cocina.
Saqué el móvil del bolsillo de mi pantalón y rebusqué mi historial de llamadas.
Nada. Érica no me había telefoneado ni una sola vez desde ayer. Esto comenzaba a preocuparme. Me apoyé en la encimera nervioso con los brazos cruzados cuando detrás mía sentí una pequeña vibración que despertó mis sentidos.
Me volteé y observé el móvil de Jessy justo detrás de mi espalda a un palmo de ser aplastado por mi trasero. El móvil volvió a sonar.
Miré a ambos lados y sonreí intencionadamente. Rápidamente cogí el móvil y abrí la pantalla.

Abrí el WhatsApp y vi que tenía dos mensajes: uno de Pris y otro de James.

Antes de nada, abrí el chat de James:


 [ 02/08/2010; 18:45] James :-) : Jessy, necesito volver a verte. 

La rabia recorrió mis sentidos. Maldito hijo de puta. ¿Es qué no entendía que ella no quería saber nada más de él?
Cogí el móvil entre mis manos y pulsé la pantalla para responderle:







[ 02/08/2010; 18:47]  Jessica ♡: Hijo de perra, 
no quiero saber nada más de ti. ADIÓS

Le bloqueé borrando la conversación y accedí a la página principal para visualizar el mensaje que le envió Pris:


[ 02/08/2010; 18:51] Pris: De verdad, no entiendo porque sigues enamorada de él. Si de verdad le quieres debes decírselo cuanto antes.

Una gran intriga invadió mis sentidos. Mierda, los mensajes anteriores se encontraban eliminados y en la pantalla del chat solo se podía apreciar el whatsapp enviado por la amiga de Jessy.
Volví a responderle.

[ 02/08/2010; 18:53] Jessica ♡: ¿De quién estás hablando?  ¿A quién debo decírselo?

Pulsé enviar y aguardé con el móvil en mis manos a la respuesta de Pris.
Jess enamorada. Esto era nuevo. 








Narra Jessy:



Miriam me contó todo lo ocurrido durante las horas anteriores. Yo le escuché con curiosidad y finalmente, cuando ella fue a cambiarse, yo decidí volver a la cocina a por mi móvil. Me lo había olvidado en la encimera mientras preparaba la comida.
Nada más entrar vi a Coque con mi móvil en sus manos. Él me observó y bajó la mirada ignorándome. Me acerqué rápidamente a él.

- ¿Qué coño estás haciendo? - me dirigí a él.

- ¿Es que no lo ves? Estoy respondiendo a tu nombre - levantó la mirada embozando una sonrisa.

- Trae, no permitiré que cojas mis cosas sin permiso. No es justo - se lo arrebaté de las manos. Y vi el mensaje de Pris y el que él envió a mi nombre.
Mi corazón aumentó su ritmo cardíaco. ¿De verdad Coque se había enterado de mis sentimientos hacia él?

- Te recuerdo que hace tan solo unas semanas tú eras la que tenías mi móvil en tus manos - levantó el tono de voz. Le robé el móvil de las manos.

- Pero esto es diferente. Yo no llegué a falsificar tu nombre respondiendo en tu lugar pero tú si - le señalé explicándome.

- Tienes razón. Es muy diferente. Tú lo hiciste por puro recelo en cambio, yo lo hice por venganza. Aunque lo intente no tengo tan mal corazón como tú y aunque te disculpes o intentes justificarlo no servirá de nada porque las palabras son simples pero el corazón es más complicado de entender.

¿Por qué siempre me hacía sentir mal? Sentí como unas lágrimas recorrían mis mejillas y rozaban mis manos.

- Gracias Coque. Por fin, me has mostrado lo que en verdad piensas sobre mi. Gracias - mis manos se debilitaron y sin ni siquiera parar para mirar su expresión, aceleré el paso, me volteé y subí las escaleras corriendo. Me encerré en el cuarto de baño pero no me acordé de poner el pestillo.
Escuché sus pasos acercarse cada vez más.
Extragí un clines de la caja de pañuelos y me apoyé en la pileta contemplando mi rostro en el espejo frontal.
La puerta se abrió lentamente y Coque se mantuvió de pie observándome.
Yo seguí contemplando mi reflejo en el espejo 
mientras él buscaba por mi parte la respuesta a su mirada. El espejo era como un medio de comunicación para él pero sin respuesta.

- ¿Por qué aunque quiera odiarte o separarme de ti siempre existe algo que me impide hacerlo? -susurró y al no obtener respuesta continuó hablando - No sé porqué no intentamos llevarnos bien. Está claro que ninguno de nosotros puede vivir sin el otro.
Lo único que sé es que realmente necesito que formes parte de mi vida. Tú me haces ver más allá de la realidad, me haces comprender que la felicidad se encuentra cuando deja de buscarse. Te conozco hace apenas un mes pero me he dado cuenta de que de verdad eres mi alma gemela. Quiero pedirte perdón porque en verdad tú no debes disculparte si no yo. Prácticamente no hubiera pasado todo esto si te dijera que estabas perdonada desde el minuto cero porque en verdad era cierto. Soy un lerdo egoísta pero que es incapaz de ver a una dulce dama sollozar sin derrumbarse y sentir compasión por ella.

Me giré mirándolo. Encontrando las palabras perfectas para soltarlas en ese preciso momento.


- Álvaro Fernández, lo que acabo de escuchar son las palabras más bonitas que me han dicho en mis dieciocho años de vida - las lágrimas que recorren mis mofletes ya no son de tristeza sino que son producto de la felicidad que sentía en ese preciso momento.


Se mantuvo inmóvil rebuscando en el bolsillo de su pantalón. Fue acercándose a mi poco a poco y finalmente, extrajo del bolsillo derecho la otra mitad del corazón del colgante que me regaló por mi cumpleaños. Cuando se encontraba lo suficientemente cerca de mi, le agarré con mis manos y él me mostró el colgante. Luego, lo estrujó entre sus manos y yo le señalé mi pecho. Coque me miró arqueando una ceja. Observó el pequeño artilugio que colgaba de mi pecho. Agarró mi colgante con sus dedos índice y anular y los sostuvo mientras me rozaba el pecho levemente. Lo mantuvo inmóvil a su altura y mostró de nuevo el colgante que contenía en su mano. Finalmente, los unió y sonrió con cariño mirándome fijamente para ver mi expresión.


- Esto es un para siempre. Mi corazón es tuyo pero tu corazón me pertenece - me soltó de la mano para poder colocarse la otra mitad de mi colgante. La cadena del colgante rodeó su cuello firmemente. Mi otro colgante volvió a su lugar.

-No quiero volver a perderte - susurré mientras él me abrazaba y yo entrelazaba mis brazos alrededor de su nuca. Lloraba en su hombro sin poder evitarlo.
Me separé de él y le miré con dulzura.
Justamente en ese momento, mi móvil vibró. Coque lo sacó de su bolsillo izquierdo y lo abrió.
Yo me precipité para atraparlo pero él al darse cuenta de lo que iba a hacer, sonrió escondiéndolo detrás de su espalda.

- Trae - le susurré extendiendo la mano. Él, negó con la cabeza relamiéndose los labios - Te he dicho que me lo des - volví a mencionar mientras mis labios fruncían una línea fina.

- ¿Quién te gusta? No será James, ¿verdad? - mencionó frunciendo el ceño.

- Te he dicho mil veces que él no me atrae - puse los ojos en blanco. Me encantaría soltarle: pero tú si me atraes.

- Entonces... ¿quién? - sonrió mostrando mi móvil.

- Está más cerca de lo que crees - bajé la mirada sonrojada mientras apartaba un mechón de pelo de mi rostro.


- Pero dímelo. Quiero escucharlo de tu boca - me levantó con el pulgar de su mano derecha la barbilla para mirarle. Mierda, ahora si que me pondría colorada como un tomate.
Reaccioné rodeándole la cintura con ambos brazos. Coque me observó sonrojándose y se acercó a mis labios con lentitud mientras acariciaba mi mejilla. Rozó mis labios a apenas unos milímetros y yo me abalancé para arrebatarle mi móvil y comencé a correr saliendo del baño y bajando las escaleras principales. Me resguardé en la cocina y como tenía hambre rebusqué en el frigorífico una tetilla de queso fresco. Al no encontrarla, cerré la puerta del mismo, me di la vuelta y me sobresalté omitiendo un grito.
Coque se encontraba detrás de mi con ambas manos en los bolsillos mientras jugueteaba con sus labios. Los mordía, los lamía, los fruncía y volvía al comienzo.

- Mierda, ¿sabes el susto que me has dado? - suspiré aliviada poniendo la palma derecha sobre mi pecho.


- Perdón, no pretendía asustarte. Solo... - se acercó lentamente a mi con los brazos detrás de la espalda - ... robarte el móvil - susurró mientras lo cogía del bolsillo trasero de mi pantalón.
Se volteó y abrió la pantalla. Aprovechando que se encontraba de espaldas salté acorralando y enrollando mis brazos alrededor de su cuello. Al mismo tiempo, mis piernas rodearon su cintura.

- ¡¡¡Bájate!!! Pesas un quintal - gritó mientras intentaba librarse de mi.

- Espera, tengo que hacer algo antes - le arrebaté el móvil de sus manos y cuando iba a bajar, Coque me agarró de los brazos volteándose. Me elevó en el aire y yo ante un impulso me agarré con fuerza a sus hombros para no caerme. Me rodeó la cintura con sus brazos.

- Te atrapé así que devuélveme el móvil o tendrás graves problemas - mencionó haciendo una mueca.

- Te juro que o me sueltas o grito - enrollé mis piernas a su cadera mientras lo agarraba por la nuca. Él me tenía sujetada con fuerza - ¡¡¡Socor...!!! - antes de dejarme acabar la palabra me tapó la boca con la mano derecha. Yo se la mordí para poder huír.

- Está bien, te liberaré - caminó hasta la encimera y me apoyó en la misma. Yo aún seguía tomándolo por los hombros. Mi trasero estaba apoyado en la encimera y mis piernas se encontraban a la altura de sus rodillas colgando.





Me agarró por la cintura mirándome fijamente a los ojos.

- Jess, si no me sueltas... - pusé el dedo índice entre sus labios evitando que continuara hablando.

- Cierra el pico - arqueé una ceja mientras me mordía el labio y llevaba mis manos por su torso hasta rozar sus ambas mejillas.






- ¿Qué...? ¿Qué haces? - me miró extrañado mientras inclinaba la cabeza hacia delante.

Volví a rodear su cuello con mis brazos mientras la distancia entre nosotros se acortaba.


- ¿Prometes no volver a robarme el móvil? - susurré al lado de su oído mientras mordía el lóbulo de su oreja. Coque se estremeció mientras cerraba los ojos lentamente. No obtuve respuesta y mis labios rozaron lentamente su cuello estirado. Me paré dándole un mordisco muy suave.






Parpadeó observándome de reojo con los labios fruncidos y bastante tenso bajando ambas manos hacia mi trasero. Me acarició mientras yo lamía su barbilla hasta llegar a sus labios. Eran unos pocos milímetros los que separaban mi lengua de sus labios. Lamí su boca sin llegar a besarla pero él reaccionó asomando su lengua. Ambas comenzaron a juguetear entre si sin ser besadas. Sonreí cuando ...







Narra Miriam:

Me encontraba en mi cuarto tumbada recapacitando de nuevo mi decisión. ¿Enserio había elegido bien? No lo sé. Al mismo tiempo, me sentía ridícula ante el momento anterior con Derek.
En verdad, ¿queréis saber como es Derek?
Ojos marrones llenos de sentimiento, pelo castaño bastante repeinado y facciones respectadas.


DEREK:






Reconozco que era lindo pero no creo que llegué a esos extremos de gustarme. Su físico era lo de menos, su carácter era el que debía descubrir.

Después de ducharme me puse: una blusa muy recargada de color blanco roto, una falda voluctuosa negra y unas bailarinas repletas de brillantina.

Me dejé el pelo suelto y me maquillé un poco con la sombra de los ojos.







Seguí pensando en Derek, tan siniestro, misterioso y elegante. ¿Me llamaría realmente? No creía que fuese cierto.
Recogí mi móvil y bajé las escaleras para dirigirme a la cocina.







Narra Coque:



Jess me agarraba por la nuca mientras entrelazaba sus piernas alrededor de mi cintura. Al principio no tenía ni idea de lo que pretendía hacer pero cuando se acercó más a mi lamiendo mi cuello, lo entendí perfectamente. Bajé mis manos a su trasero y mis manos se introducieron por dentro de sus shorts. Ella se puso nerviosa y lo único que pude hacer fue sonreír. Su piel se tensó y todo su cuerpo comenzó a temblar. Comencé a retozar con la tira de su tanga.
Me acerqué a su oído.

- Así que tanga, ¿ehh? - reí susurrándole. Sus mejillas se tiñeron de rojo y mientras lamía mi barbilla me entrometí rodeando su tanga e introduciendo mis dedos pulgar, índice y corazón en el interior de su tanga.
Soltó un leve gimido mientras proseguía a lamer mis labios con precisión. Me acerqué a su entrepierna mientras nuestras lenguas jugueteaban entre si. Decidí retirar la lengua para besarla cuando ...





... la puerta de la cocina se entre abrió.


Jess abrió los ojos e irguió la pierna con rapidez dándome un fuerte patadón en la entrepierna.

Me separé de ella y retiré mi mano de su trasero mientras me encogía asimilando el dolor que estaba sintiendo en esos momentos.

- ¿Qué estábais haciendo? - preguntó mi hermana asombrada mientras aparecía en la puerta de la cocina.

Intenté tragar mi dolor y abrí los ojos embozando una falsa sonrisa. Jessy y yo nos miramos mientras ella se ponía de mil colores.

- Es... es que me hice una pequeña herida en el marco de la puerta y Coque me la estaba revisando - anunció tartamudeando mientras me miraba frunciendo los labios.

Asentí.

- Si pero no es nada. Está bien - sonreí bajando la mirada.

Jess se bajó de la encimera dirigiéndose a la salida.

- Oye, Jessy. ¿has encontrado ya empleo? -la detuvió Miriam,

- Oh... no. He encontrado un anuncio que ofrecía un cargo como camarera. Creo que... pagan bien - mencionó haciendo una mueca.

- Espera, ¿camarera? - pregunté exaltado.

- Si, es lo único que encontré - se volteó mirándome forzosamente durante unos segundos. Se acomodó el pantalón corto relambiéndose los labios. Sonreí al pensar que debía de ser uno de los únicos chicos que debía de conocer la ropa interior de Jess por no decir el único.

Un montón de preguntas se acumularon en mi mente.

- Bueno, voy a ordenar el cuarto - se excusó.

- Si quieres te ayudo - mencioné. Necesitaba hablar con ella. La miré por encima del entrecejo con ojos brillantes.

- No, no hace falta. Gracias de todos modos - me miró desafiante.

- Bueno, yo he quedado con Paul y Melinda - interrumpió Miriam - Volveré a eso de la medianoche. Hasta luego - volvió a mencionar Miriam

- ¿Vas a dejarnos solos? - preguntó Jessy tragando saliva al mismo tiempo que la agarraba del brazo.

- Si, ¿por? Coque no muerde - sonrió Miriam.

- Eso no lo veo tan claro - se mostró bajando la mirada.

- ¿Te mordí alguna vez? - incliné la cabeza mordiéndome el labio inferior.

- No me hagas hablar - frunció los labios encogiendo los mofletes.

Me relamí la boca frotándome la nuca mientras le miraba fijamente.

- Eres libre de decir lo que quieras - mencioné.

Miriam nos observaba a ambos confusa.

- Yo... debo irme o llegaré tarde - Miriam dio un beso en la mejilla a ambos y se despidió - Chao.

- Adiós - susurró Jessy.

- Hasta medianoche - la contemplé amenazante.

- Lo sé. Medianoche - se volteó sin mirarme y desapareció por la puerta.

Jessy observó la puerta principal, me acerqué a ella sigilosamente.

- Jess - la miré suplicante.

- Lo siento Coque. No tengo ganas de hablar ahora mismo - evitó rozarse conmigo y se incorporó intentando dejar los nervios atrás.

- Está bien. Lo entiendo. Pero recuerda que tenemos una conversación pendiente - elevé las pupilas perdiéndome en su mirada.

- Okey - se volteó subiendo las escaleras con reprimiento. Aún después de lo ocurrido, Jess seguía temblando.

Contemplé sus posaderas, daría lo que fuese por volver a rozarlas y tenerlas entre mis manos.
Ya tenía otra cosa para burlarme de Jessy. Sus tangas.
Reí acicalándome el pelo cuando ella se desvaneció de mi vista. Me dirigí al salón y me recosté en el sofá con la panza para arriba. Pusé el FIFA 2010 y me entretení durante horas jugando solo...