lunes, 4 de mayo de 2015

CAPÍTULO 23: CARPE DIEM







DÍA: 8 DE AGOSTO











Narra Henry:


Las ganas de salir de allí pitando me consumieron. Ante el cabreo y las ganas indeseables de marcharme por la ridiculez que estaba sintiendo en mi interior. Enamorarme de una persona que no merecía ser querida ni merecía querer.
Eso era lo que le ocurría a esa chica, el egoísmo era tan influyente que no dejaba que sus sentimientos hacia los demás diesen fruto por ser visibles.
Al unísono, Eri no comprendía lo que realmente sentía hacia ella y como siguiese por este camino no lo entendería jamás.

Yo realmente no le importaba, era como una toallita de usar y tirar pero con sentimientos sacados a la luz que pasan desapercibidos.
¿Algún día lo comprendería?


Me dirigí a la cafetería del hospital dispuesto a olvidar lo ocurrido y a olvidarme al fin de ella.
Allí había quedado con Pris después de haber hablado con Coque.
Me apresuré, estaba tardando lo suficientemente como para que Pris se hartara y se fuera sin mí.


Recorrí los pasillos de cirugía con la esperanza de encontrar la salida. Vale, lo admito, me había perdido.
El centro sanitario era de un tamaño inmenso y ni siquiera sabía en que planta me encontraba. No se hallaban ventanales, el color blanco inundaba toda la planta y cada esquina que recorría parecía ser la misma que la anterior. Comencé a pensar que estaba recorriendo el mismo camino cientos y cientos de veces sin ni siquiera darme cuenta.
Las escaleras desaparecieron y apenas se encontraban enfermeras en la estancia.
Crucé la esquina que volvía a dar al mismo pasillo que recorrí hace unos miseros minutos, accidentalmente tropecé con una chica.

Levanté la mirada, parecía una chica joven de unos veinte y tantos. Sus ojos azules cielo destacaban bajo su melena de color castaño madera. Solo con verla aparentaba ser bastante amable y alegre. Lo que digamos una muy buena impresión.

Ella al encontrarse conmigo, derramó al suelo un lote de papeles escritos a pulso. Asemejaban apuntes.

- Lo siento, perdóneme - escondió su mirada bajo su flequillo, tal vez para no sentirse una imbécil trás una peculiar manera de conocernos.
Le sonreí para demostrarle confianza y dar una primera buena impresión.

- No...no te preocupes. La culpa es mía. Estaba pensando en mis cosas y me despiste - reconocí asumiendo mi error,

- No - sonrió - fue por mi culpa, me encontraba despistada buscando una habitación pero no sé si estoy en la planta adecuada.

Le ayudé a recoger los folios esparcidos por los alrededores.

- Si, la verdad es que esto es un gran laberinto. Es una pena que dejara la brújula en casa - arqueé una ceja divertido. Me miró al fin y ocultó su grata sorpresa.
Sonrió de inmediato y se levantó tímidamente.

- Gracias por ayudarme a recoger la Biblia - sonrió.

- Tantos papeles juntos es cierto que lo parece y tranquila, no es nada. Faltaría más ya que fue culpa mía - puso los ojos en blanco.

- Ya te dije que la culpable soy yo.

- ¿Sabes? Da igual quien fuera, lo importante es que ahora te conozco - le respondí guiñándole un ojo.

- ¿Intentas ligar conmigo, chico sin nombre? - me dedicó una sonrisa con picardía.

- Puede ser, tal vez. Por cierto, me llamo Henry.

- Yo Lola, encantada - después de sonreírle le dí un beso en la mejilla.

- Un nombre muy bonito para una chica muy bonita.

- Henry también es un nombre muy lindo - se sonrojó.

- Así que tienes genes argentinos... - sonreí bajando la mirada.

- Nací allí, me mude hace unos años. De ahí el acento - sonrió.

- Se te nota en la voz, Lola - bromeé.

- Puedes llamarme Loli si quieres jjajaj, guapo.

- ¿Guapo? ¿He escuchado bien? - me sorprendí.

- Es que no se que decir...me pones nerviosa - soltó un gemido.

- ¿Qué son todos estes papeles? - pregunté señalándolos.

- Tengo a mi abuela ingresada en el hospital y mis padres murieron cuando yo tenía tres años así que ella es la única que me cuida en estos momentos. Estos son los papeles del hospital - Escondió su rostro entre su melena de forma que no podía verla.

- Vaya, lo siento. No debí preguntar.

- ¿ A qué me ha salido una historia cojonuda? - levantó la mirada con una entre sonrisa.
Bajé la mirada para que no se escapará una carcajada.

- Capulla, y yo creyéndomelo- sonreí con picardía.

- Tu risa es contagiosa - se miró los nudillos - tengo a una amiga en el hospital y estos son los deberes de la universidad.

- ¿Tu vas a la uni? - pregunté sorprendido.

- No, es que su titor me los pasó para dárselos a ella.

- Ahh y, ¿cuántos años tienes? - pregunté con intriga.

- Tengo dieciocho y... ¿tu?

- Yo también, ¿coincidencia? - sonrió - ¿ y vives aquí?

- No, no vivo en un hospital.

- ¿ No me digas? - sarcasmo.

- Jaja, vivo en la calle Zahara, ha tres manzanas de aquí - me miró fijamente.

- Yo vivo en la calle Rutt.

- Vivimos cerca, ¿casualidad?

- Creo que es el destino - soneí - ¿y que le pasa a tu amiga? Perdona -
Soy muy preguntón lo sé, pero la curiosidad gana a la pesadez.

- Se llama Roxana y la operan hoy de apendicitis.

- Pues dile de mi parte que se recupere - le cogí de la mano sin darme cuenta.

- Oye, te invito a tomar una copa, por las molestias.

- No puedo, necesito encontrar la habitación de mi amiga.

- ¿ Te ayudo?

- Pero si tú también estás perdido - rió.

- Ya no porque te encontré a ti - me sonrojé.

- Vamos - me cogió de la mano sonriéndome.

Recorrimos la planta y por fin encontramos la salida. Unas escaleras escondidas detrás de unas puertas de cristal llevaban a la planta número seis.

- Roxi debe de encontrarse en la planta número diez.

- Mira, unos ascensores - señalé a la vez.

-Mmm...tienes buenos reflejos - me soltó la mano con picardía y se dirigió al ascensor.

Me quedé observándola, era muy... amable. Tenía algo...escondía algo detrás de esa sonrisa.

- ¿No vienes? - me miró fijamente.

- Jjja - la seguí y entré al ascensor a su lado, estaba lleno.

Nuestras miradas se cruzaron unos segundos, eso hizo que ella se sonrojase.

- Me resultas intimidante.

- Mmm... ¿tú crees? - las viejas nos miraban con recelo.

Lola se calló y hasta que no llegamos a la planta propuesta no abrió la boca, tal vez por la incomodidad de las señoras mirándonos. No la culpé. Yo sentí lo mismo.


- Veamos, estamos justo aquí - indicó mirando para el mapa del edificio.

- ¿Tenías un mapa pillina y no me lo dices? - fruncí el ceño.

- Ahh pero...¿no eras un experto en esto?

- Jajaj, te recuerdo que también estaba perdido.

- Según tú me encontraste y te volviste a encaminar - se sonrojó.

- Bueno... habitación número 456, veamos... - confuso miré el papel que tenía entre mis manos.

- No cambies de tema - me cogió de la barbilla para que la mirase.

- Se me hace tarde y...vamos - le cogí de la mano y seguimos buscando la habitación de su amiga.

Recorrimos los pasillos en busca de la puñetera habitación.

- La próxima vez dile a tu amiga que la ingresen en la primera planta.

- Ja, si claro - sonrío - ¡mira! Es aquí.

- Por fin.

- Bueno...esto es un adiós... - susurró bajando la mirada.

- Podemos quedar algún día...

- ¡Lolii! Valla, por fin has llegado - susurró una chica acomodada en la cama del hospital.

- Si, me he perdido y este chico me ha ayudado.

- Ohh - sonrió observándome.

- Encantado, me llamo Henry - me acerqué a la camilla.

- Yo soy Roxana.

- Bueno... Henry ya se iba.

- Me echas que es diferente.

- Jajaja, valla me caes bien - respondió Roxana - ¿os acabáis de conocer?

- Si, por desgracia - bromeó Loli.

- No digas eso mujer - respondió Roxana.

- Bueno... ya quedaremos, ¿ehh? - arqueé la ceja.

Cogió un boli y me agarró la mano. Me apuntó su número mientras la observaba con curiosidad.

- Ahora solo tienes que llamarme - me guiñó el ojo.

- Eso no lo dudes - sonreí mirando el garabato de mi mano izquierda.

- Hasta otra.

Le di un beso en la mejilla seguido de un abrazo y finalmente me despidí de Roxi al igual.

Salí por la puerta.

- ¡Espera!

- ¿Si? - me giré para mirarla detenidamente.

- Te olvidas de algo.

- ¿ El qué? - pregunté confundido.

- De esto - me cogió la cara con las dos manos y me plantó un corto beso que solo duro unos miseros segundos - ya puedes irte - se relamió los labios con mirada ardiente y entró en el cuarto.


- ¿Qué ha sido eso? - sonreí con satisfacción al escuchar las palabras de Roxana.


Yo asombrado, empecé a caminar con las manos en los bolsillos conforme con mi victoria.


Miré los nueve números escritos a tinta roja en mi mano, alcé la mirada y me adentré en el ascensor.
Me apoyé en la barra de atrás ya que el ascensor estaba completamente vacío.
Ya en el interior, pulsé la tecla de la planta principal y en pocos minutos me encontraba en la cafetería del hospital. Busqué con la mirada a Pris y me la encontré en la barra tomándose una CocaCola.
Me acerqué a ella con agilidad.

- Ya estoy aquí - dije rozándole el hombro.

- Joder, que susto.

- ¿Nos vamos? - insinué con dulzura.

- Si, ¿quieres tomar algo?

- No, gracias - sonrió.

- ¿Seguro? Invito yo - se levantó dejando el billete en la barra, no vi cuanto era.

- No quiero, gracias de todas formas - le cogí de la mano - venga vamos.

Nos fuimos corriendo hacía el coche de Pris y entramos en menos que canta un gallo. Cogimos la autopista y empezamos a charlar de lo ocurrido aunque no me apeteciera.

- ¿Estás pintado de barra de labios? - me cogió de la barbilla y me observó con destreza.

- ¿Yo? - pregunté finjiendo estar extrañado. Me limpié los labios.

- ¿Qué coño...?

- No es nada, luego te lo explico.

- Bueno...¿qué tal con Coque? - preguntó sin quitar ojo de la carretera, muy intrigada.

- No hubo beso por desgracia - sonreí.

- Bobo - puso los ojos en blanco.

- Le pedí perdón - miré mis nudillos.

- ¿Y? - me miró con recelo.

- Nada, no me perdona y con mucha razón - me rasqué el labio en modo de desilusión, como si supiera que ocurriría.

- Intentaré hablar con él - susurró con cariño, mirando a los alrededores.

- Gracias pero ni te esfuerces - suspiré y me acomodé - No quiero que te metas en líos por mi culpa.

- ¿Y tardaste tanto para que solo te diga que no te perdona?


- Me perdí, soy un auténtico desastre - la miré y noté en su mirada un cabreo acelerado.

Tal vez fuera por Coque, por Eri o tal vez fuera por mí.
Era un completo imbécil, me lo aconsejaron " no te acerques a Eri " y en esos instantes me encontraba entre la espada y la pared. Mi corazón se paró en seco y mi riego sanguíneo estaba en su recta final.
Estaba muriendo de amor por segundos...
¿Lola? Era una chica bastante...alegre pero no estaba preparado para olvidarme completamente de Érica y comenzar de cero.
Tenía por sentado que la olvidaría y se desvanecería de mi vida en una temporada pero mientras tanto debía sonreír y abstenerme de cualquier contacto directo con ella y sobretodo con Coque.
¿Cómo mirarle a la cara después de haberme acostado con su novia? Imposible.


- No te culpo - sonrió - el hospital es inmenso.

- He conocido a una chica y gracias a ella pude encontrar la salida.

- ¿Cómo se llamaba? - no quitaba los ojos de la carretera.

- Lola. Tenía la misma edad que yo y parecía una chica bastante agradable.
Hablamos y como los dos estábamos perdidos, nos ayudamos mutuamente. Ella buscaba la habitación de su amiga, la acompañe y luego regresé a la cafetería.

- ¿Nada más? ¿No quedásteis?

Le mostré mi mano, aún escrita. Ella me miró un segundo y comenzó a reírse descaradamente.

- Bien hecho, amigo.
Me sonrojé mientras observaba por la ventanilla del automóvil lo que ocurría a nuestro alrededor.

- He decidido olvidarme de Érica por completo. Me llevará algún tiempo, lo sé pero no demos falsas esperanzas antes de intentarlo. Coque y ella se desean de una forma bastante especial y cuando quieres tanto a una persona, debes dejarla marcharse...apartarse y dejarle ser feliz de la mejor forma posible - alzó la mirada sorprendida y pestañeó mientras intentaba entender lo que acababa de decirle. Ponerle sentido a las cosas.

- Me...asombra que por fin te hayas dado cuenta. Has tomado la mejor decisión de tu vida y te juro que no te arrepentirás de la decisión que acabas de confirmar.


Las palabras de Priscila, me dieron más fuerza para continuar mi camino y para entender la realidad que me rodeaba. Durante esos meses, estuve dentro de mi propia fantasía y he superado mis límites infranqueables. Era digno de mi propia vida y dejé de intentar cambiar mi propio destino. Lo acepté y no usé riendas, ni excusas a lo que me preparase el futuro.


No tenía nada más que decir...












Narra Pris:



No quería darle más vueltas al tema. Para mí estaba finiquitado, obsoleto y excluído. Todo el mundo hablaba de ello y de las razones de Henry por hacer lo que hizo. La pelea, los rencores, la inseguridad, el amor...todo es cosa de nuestro cerebro, esto realmente no existía. Si no le prestáramos atención a las cosas negativas de la vida podríamos ser realmente felices sin importarnos nada más.
Yo quería ser feliz, ¿quién no deseaba serlo?

En fin, acompañé a Henry a su casa. Él parecía inquieto, creo que me ocultaba algo pero tenía miedo de comentárselo por la reacción que podría presentar.
La pertinente idea que me venía a la cabeza era la posibilidad de que a Henry le pareciera Lola algo más que una simple chica amable y a la vez alegre.

- Hemos llegado.

- Gracias por traerme - anunció desabrochándose el cinturón de seguridad.
Bajé la mirada impulsivamente.

- ¿Llamarás a la chica de ojos azules? - alcé una ceja con precisión mostrándome lo más creíble posible.

- Supongo. No lo sé. ¿Por? - frunció el ceño.

- Creo que ha ocurrido algo más entre vosotros pero no quieres contármelo - rosmé en voz baja.

- ¿Por qué insinúas eso?

- No te veo como un chico con genes femeninos.

- ¿Femeninos? - repitió recalcando la palabra.

- ¿Rimel en los labios?

- Te fijas en lo que no te tienes que fijar.

- No has contestado a mi pregunta - abrí los ojos.

- Me besó.

- ¿Lola? - pronuncié con sorpresa.

- ¿Quién sino?

- ¿Ella a ti?

- Supongo que no sé... quiso dármelo en la mejilla y...pues se desvió - contestó no muy seguro de su respuesta.

- Claro - ironía pura y dura - le gustas - exclamé con emoción.

- NO - se sonrojó.

- ¿ Y a ti te gusta?

- No, tengo aún muy reciente lo de Érica, creéme - puso los ojos en blanco.

- Debes olvidarte de ella y de su nombre. Tienes que conocer a otras chicas y así te será más fácil olvidarte de Érica.

- ¿Por ejemplo?

Sonreí.

- No te hagas el gilipollas. ¿A quién va ser? A Lola - grité descarada.

Se separó y volvió a poner los ojos en blanco.

- Llámala, sólo llámala.
Debes intentarlo - expresé con emoción.

- ¿Por qué estás tan empeñada?

- Porque eres muy buena persona y te mereces a una chica que te quiera y que no esté comprometida con tu mejor amigo.

- Deberías dedicarte a pensar también en tu futuro.
¿ No tienes novio, no estás enamorada?

- El amor no llegó a mi puerta y si llegara ahora mismo, le daría pasaporte - sonreí..

- Estás cerrada, consumida - suspiró.

- No necesito que un chico me ahogue la fiesta y me destruya la vida.

- Valla definición tienes tú del amor - pestañeó.

- Es que he pasado por eso y no quiero que se vuelva a repetir. No se lo deseo a nadie.

Los ojos se me llenaron de lágrimas pero pensé que sería una ridiculez echarme a llorar en ese justo momento así que me las aguanté con cautela.

- Venga, llámala - sonreí forzosamente.

- Está bien - me miró sonriendo - la llamaré.

Se bajó del coche.

- Es verdad, ¿quieres pasar? - preguntó con dulzura.

- No, gracias. Tengo un trabajo que atender - ladeé la cabeza con negación.

- Siempre trabajando - puso los ojos en blanco dirigiéndose a la entrada de su vivienda.

- Llámala.

- Pesada - introdució la llave en la cerradura y giró el pomo de la puerta con facilidad.

- Jajaj, hasta mañana.

- Adiós y por cierto - me giré para mirarle mientras encendía el motor del coche - suerte y...no pienses que el amor no existe. Sólo debes encontrar a la persona adecuada y esperar a ser encontrada.

Asintió y sonrió.

Miré el volante y mientras escuchaba el sonido de la puerta al cerrarse, encendí la radio del automóvil y me sumergí en el mundo de los "Rolling Stone".

Mientras aceleraba pensé en todo lo que puede ocurrir en un día, en las posibilidades de morir en un sólo día. En pocos segundos tu vida puede cambiar, sólo si tú lo decides...


Llegué a casa. Me vestí apresuradamente e intenté evitar el contacto directo con mis padres.

Si le decía que me habían puesto otra multa este mes...se armaría una buena.

La multa esa vez, tendría que pagarla yo misma con mis sueldo e intentar que mis padres no se hulieran nada de eso.



Me puse esto:







Un conjunto bastante cómodo y sencillo para trabajar.

Volví a mi querido Audi 4x4 y en poco tiempo estaba en mi lugar preferido, mi tienda de ropa "Star".

La gran pasión y fuerza que puse para conseguir que mi negocio fuera adelante fueron inmensas y me alegraba mucho de haber llegado hasta aquí.









Narra Miriam:




Seguíamos en la consulta de la doctora esperando la razón de las molestias que sufría Coque.


La doctora se acomodó y sostuvo en sus manos los informes.

- Vamos a ver. Chicas, los resultados no son ni buenos ni malos.

- ¿Qué ocurre doctora? - pregunté preocupada.

- Veamos. Todo parece estar correcto. Sus ánalisis, su cerebro, los escáners, las resonacias no muestran nada... que era lo que más nos preocupaba pero al hacerle pruebas más intensas, concretamente la biopsia fue lo que nos ayudo a averiguarlo.

- Las biopsias son para detectar... - susurró Jessy.

- Si - respondió muy seria la doctora.

- Usted está seria así que las noticias que nos va a dar no son buenas - añadí con delicadeza.

- Ante todo, Coque está bien...

- Que esté bien es lo de menos, lo importante es si estará bien durante más tiempo.

- Verán, la causa que llevó a Coque a tener regurgitaciones entre otras cosas, los vómitos con sangre, la pérdida de conocimiento...en simples palabras, fue porque hemos detectado un tumor. Entre las diversas pruebas y conocimientos que le realizamos...los resultados llevaron todos a la misma razón, a la misma meta. Mediante la biopsia y los escáneres, descubrimos que Álvaro tiene un tumor en la zona estomacal.

- ¡Dios! - dijo Jessy ante el asombro.

- No puede ser. ¿Esto es una broma? Si estaba bien.

- Siento decirle que no es una broma señorita Fernández - la doctora entrelazó sus manos y bajó la mirada con indeterminación.

- Mi hermano se muere - unas lágrimas cubrieron mis ojos mientras Jessy estaba en shock tras lo que acababa de escuchar.

- Tranquilícense. Trás la disputa entre el señor Fernández y la otra persona, usted lo condujo al hospital inmediatamente y si no respondieran de esa forma ahora mismo Coque, no sabría lo que le ocurre.
Al venir y hacerle las pruebas, hemos descubierto con antelación el tumor que aún no se ha desarrollado hasta acadar los límites.
En simples palabras, gracias a la pelea, los síntomas del tumor han salido antes a la luz y lo hemos localizado a tiempo. Lo que significa que podemos operarle.

- ¿Enserio? - mi corazón se calmó mientras miraba a Jessy que estaba secándose las lágrimas discretamente.

- Si y le explicaremos al paciente la operación que le podremos realizar si él está dispuesto a someterse a ella.

- ¿Hay riesgo de fallecimiento durante o después de la operación? - pregunté más calmada.

- Tiene un 45% de posibilidades de que el paciente supere la operación.

- Pero doctora, no llega ni al 50%. ¿ No hay otra posibilidad de eliminar el tumor sin realizar ningún corte en el paciente? - intentó convencerle Jessy.

- Hemos recurrido ha esa posiblidad pero...la quimio no solucionaría nada.

- ¿ Y si no se opera? - pregunté imaginándome la respuesta.

- No sobrevivirá. Sólo tenéis esa posibilidad, o se opera o... - miró fijamente al suelo frunciendo los labios.

- Gracias, doctora - responde Jessy mientras yo me apodero de las fuertes ganas de romper a llorar y cuando las ganas se hacen más poderosas, estallo en mil pedazos.

- No...es nada. Miriam, haré todo lo posible por salvarle la vida. Te lo prometo - dijo cogiéndome la mano con dulzura.

- Pensaremos la posibilidad de operarle - dijé levantándome torpemente.

- Mañana me pasaré por la habitación de Coque y le explicaré la operación y los riesgos que puede suponer. Él es quien tiene que decidir - susurró - bueno, tengo que atender a un paciente. Gracias por su atención y luchen todo lo que sea necesario. Suerte. Buenas tardes - salió del despacho.

- Adiós - susurró Jessy antes de que desapareciese por completo.

Inmediatamente, salimos conjuntamente Jessy y yo.
El dolor me absorbía por dentro, llorar era poco en esos momentos. Observé por la ventana de la planta la lluvia rozando los ventanales y el viento siguiendo su ritmo al unísono, creando una gran escena y al mismo tiempo, una orquesta suave y profunda de sonidos.

Apuesto a que nunca te has puesto a imaginar y a pensar en la maravillosa sinfonía que produce la naturaleza y los medios meteorológicos.

Las lágrimas seguían acariciando mis mejillas sensibles y suaves, ya no importaba, ya no podía sentirlas, ya no podía pensar. La vida era injusta, Jesús era injusto. Te entregaba lo que deseabas y te arrebataba al mismo tiempo tu felicidad. "Nunca puedes tener todo lo que te enorgullece".

- Miriam, ¿qué te ocurre?¿estás bien?

Me encontraba tumbada en el suelo y un grupo de gente me miraba extrañada y confundida.
Derek me susurró mientras intentaba aclarar la vista. ¿Por qué estoy aquí?

- Miriam - me abrazó - ¿te encuentras bien? Jessy ha ido a buscarte una botella de agua fresca.

Me levanté aceleradamente.

- Con cuidado - insinuó Derek ayudándome a erguirme.

- ¿Qué ha ocurrido? - pregunté confundida mientras intentaba asimilar mi dolor de cabeza.

Miré al mi alrededor, los grandes ventanales fueron remplazados por unas ventanas enanas en la parte superior de la pared y podía contemplarse los cristales evaporados y una suave brisa en la estancia.

Ya no llovía.

- Te has desmayado, cielo - respondió Jessy ofreciéndome una botella congelada.

- ¿Pueden dejar de mirarme como si fuera un bicho raro? ¿No tienen mejores cosas que hacer? - suspiré mientras la gente apartaba la mirada y se marchaba.

- Valla, creo que estás mucho mejor - me sonrió Derek.

- ¿Me he desmayado? - pregunté confusa.

- Estabas tranquila cuando de repente perdiste el conocimiento - respondió Jessy.

Cogí la botella de agua y bebí pequeños sorbos.

- Fue justo al salir del despacho de la doctora - susurró Derek con dulzura.

- Ah.

- ¿Puedes incorporarte?

- Por supuesto - me levanté con la ayuda de Derek y Jessy. Luego, me senté en uno de los sillones de la gran sala de espera de la planta.

- ¿Tienes idea de porque te has mareado? - preguntó Derek.

- No lo sé.

- Fue por lo que nos dijo la doctora - respondió Jessy.

- Vale...me estáis acojonando... - sonrió Derek - ¿qué pasa?

- Mi hermano tiene un tumor estomacal - bajé la cabeza sin mirar la reacción de Derek.

- ¿Qué? ¿Pero puede operarse o solucionarse de alguna forma? - miró a todos lados con nerviosismo.

- Puede operarse pero sólo hay un 45% de posibilidades de que sobreviva a la operación.

- ¿Y si no se opera?

- Morirá...

- Lo siento muchísimo Miriam - dijo sentándose a mi lado mientras me abrazaba con fuerza - ¿qué vais a hacer?

- No lo sé - respondí bajando la mirada.

-  Coque no debe operarse, las posibilidades de que sobreviva son remotas. No se operará - afirmó Jessy con lágrimas en los ojos.

- Esa opción es... La decisión tiene tomarla Coque no nosotros - respondí mientras Derek nos observaba miticulosamente a las dos.

- Lo convenceré para que no lo haga.

- Jessy, Coque tomará su propia decisión y tú, yo y todos la respetaremos - susurré intentando convencerle.

- ¿Y cómo se lo vamos a decir? - preguntó Jessy.

- Yo...no puedo. Empezaré a llorar y...no podré decírselo.

- Me ocuparé yo - respondió Jessy - cuando Érica se valla si no se ha largado ya.

- Muchas gracias, enserio.

- No es nada - susurró Jessy acariciándome la mejilla.

- Yo me tengo ir. Tengo una reunión con un representante - susurró Derek - ¿estarás bien sin mí?

- Claro, puedes irte. No te preocupes por mí. Ya has hecho bastante acompañándome al hospital.

- Todo saldrá bien - se levantó, se inclinó y me dió un beso en la mejilla - Hasta luego. Suerte.

- Jessy, son las diez de la noche. Deberías irte tu también.

- Yo me quedo.

- Vete, siempre te quedas tú y no me parece justo.

- Vale. Mañana antes de que llegue la doctora, hablaré con Coque.

- Me parece justo y ahora vete.

- Chau, te quiero - me dió un beso en la misma mejilla que Derek - Llámame si necesitas cualquier cosa.

- Tranquila, chau - respondí con una sonrisa forzada.

Se alejó hasta que la perdí de vista.

Jessy se estaba portando muy bien y se preocupaba mucho por Coque. Eso era muy amable por su parte. Ella siempre fue muy buena amiga y le agradecía muchísimo que estuviese ayudándome en esos momentos, pero ella no podís ayudarme a resolver mis dudas, no podía consolarme, ni podía abrirme los ojos a la realidad.

No se encontraba casi nadie por los alrededores y las enfermeras habían desaparecido.

Cogí mi móvil y marqué el número correspondiente. La voz de la otra línea contestó casi de inmediato:

- ¿Si?

Sonreí forzosamente.

- Hola, soy Miriam. No sé si te acuerdas de mí...

- Por supuesto que me acuerdo.

- Pensaba que no te acordarías.

- ¿Estás llorando?

- No - respondí intentando ocultar mis lágrimas.

- Estás llorando.

- No creo que quieras escuchar los problemas de mi vida.

- Te equivocas. Quiero escucharte.

- ¿Quedamos y te lo cuento? No es muy recomendable decirlo por teléfono.

- Tranquila, ¿En el bar "Vecina" de la calle "Flo"?

- ¿Mañana a las dos?

- Si, estoy libre.

- Entonces quedamos así. Gracias y hasta mañana.

- Claro y Miriam.

- ¿Si?

- Me alegro de volver a escuchar tu voz.

- Y yo de escucharte a ti.

- Voy a colgar, adiós.

Nada más colgar el teléfono, me aferré a las ganas intensas de llorar. Me sumergí en el mundo de las lágrimas.

Mi hermano tenía que tomar una decisión y esperaba que esa decisión no le perjudicase para el resto de sus días...

Rompí a llorar de rabia y de desesperación.


















                      



domingo, 5 de abril de 2015

CAPÍTULO 22: OLVÍDAME



DÍA: 8 DE AGOSTO






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Sabes que no debiste hacerlo aunque te forzara a que lo hicieras. Fuiste tan idiota que seguiste a tu instinto interior y fue ahí cuando la jodiste bien jodida... no hay más palabras que puedan definir este sentimiento de culpabilidad...

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Narra Henry:





No podía dejar de pensar en todo lo ocurrido, me sentía culpable pero para nada arrepentido. Necesitaba desconectar y pensar en otro tema.
Me dediqué a ver la tele un rato para relajarme, no quería que me molestasen. 
Una novedad. Me estaba empezando a quedar dormido en el sofá de cuatro plazas que constituía el salón cuando escuché el claro sonido de la campanilla de la entrada.
Me apresuré a abrir la puerta. Era...¿Pris?
Me miró muy seria y se apoyó en el marco de la puerta. Apartó su flequillo de los ojos:

- Pris, ¿qué haces aquí? - exclamé muy extrañado.

Era la tercera componente del grupo de las "friends heartbreaker" (llamadas así por su mal genio según tengo entendido) me sorprendía muchísimo que no estuviera con las otras en el hospital.

- Buenos días, quiero decir tardes. Lo primero es saludar - sonrió con tono contagiador.

- Ya, jajaj. Es que me ha extrañado, solo eso.

- Vengo a hablar y de paso a hacerte compañía - dijo rozándose lentamente el brazo con timidez.

- ¿No estás enfadada?

- ¿Por qué iba a estarlo?

- Por lo de Coque y eso... - apreté los labios y pestañeé rápidamente - Todo el mundo lo está.

- La gente es muy gilipollas a veces - puso los ojos en blanco - ¿puedo entonces entrar y hablamos? Es que empieza a hacer frío y no quiero coger un resfriado.

- Claro, entra - le sonreí levemente - estás como en tu casa.

Accedió al interior y recorrió la habitación con la mirada. Era como si fuera a visitar un museo, prestó atención a cada detalle característico.
Se escuchaba desde la entrada a mis padres discutiendo en el salón. 

- ¿Vamos a hablar a mi cuarto?

- Si... - respondió con poca confianza.

- Vamos, no muerdo - sonreí y le ofrecí mi mano para ayudarla a subir.
Ella la cogió y los dos subimos a mi habitación. La puerta estaba entreabierta, no recuerdo haberla dejado así al salir.

- Siéntate donde quieras y perdona por el desorden.

- No, si la mía está igual - respondió sonriendo.

- Jaja.

- Oye, ¿es normal que tus padres discutan?

- Lo hacen a menudo. Ya sabes, por tonterías.

- Lo siento, no pretendía... - bajó la cabeza repentinamente.

- No, no es nada. Discuten porque mi padre llega siempre bebido a casa y mucho después de medianoche, mi madre no lo aguanta. Es... siempre lo mismo, ya estoy acostumbrado, no te preocupes.

- Lo debes estar pasando mal. Una amiga mía tiene...

- ¿Podemos hablar de otro tema si no te importa? - levantó la cabeza y me visualizó con mirada arrepentida, noté miedo en sus ojos.

- Si, claro.

 - No me gusta que las personas se compadezcan de mí. No quería ofenderte, Pris.

- No, no estoy ofendida. Me parece normal que no quieras hablar de ello.

- Oh, perdona. ¿Quieres tomar algo? Es que no suelo recibir visitas los domingos.

- No, no me apetece en estos momentos.

- Oye Pris, ¿por qué te presentaste en mi casa en vez de estar en el hospital con Coque?

Sonrió con picardía. No la conocía demasiado pero parecía una chica muy alegre. Me caía bien.

- He discutido con Miriam. 

- ¿Por mí? - preguntó extrañado, se notab cierta tensión en mi tono de voz, me la aclaré.

Ella asintió y miró sus manos, distraída.

- ¿Por qué?

- Estuvimos hablando de la pelea. Te defendí delante de ella y se cabreó así que me largué de allí.

- ¿¿Me defendiste?? - hice una pequeña pausa y proseguí - Gracias pero no hacia falta. ¿Te compadeces de mí porque el resto no me hable o...?

- No, no te defendí por eso.

- ¿Entonces?

Pris me había defendido, la idea se me hacía rarísima ya que todos protegían a Coque, con razón.

- ¿Sabes? Cuando conoces a una persona y te enamoras de ella, haces lo que sea, lo que sea por ese ser y eso es lo que tú hiciste. Me pareció muy valiente por tu parte, varonil... Demostraste que eres fuerte y que no te rindes. Defendiste tu amor.
Le pegaste a Coque y... ¿qué? Estabas cabreado y nada más llegar a su casa perdiste los nervios, le puede pasar a cualquiera. Ellos te lo ocultaron. Yo creo que lo único que hiciste fue intentar conseguir que Érica se enamorara de ti y por eso no se tienen que enfadar contigo.
No entiendo porque se ponen así.

- Gracias...pero en realidad soy un idiota y la he cagado pero bien.

- Ei - se acercó a mi y me cogió del hombro - Coque se pondrá bien, ya verás. 
No te preocupes, tarde o temprano se irán olvidando de todo lo ocurrido.

- No hablo de la pelea.

Bajé la cabeza con rostro de culpabilidad ante mi mismo.

- Mierda Henry, ¿qué has hecho? - me soltó y recuperó su mirada miedosa y perdida.

- Te lo voy a contar porque veo que estás conmigo en esto y me apoyas. Confío en ti, no se lo cuentes a nadie. ¿Me oyes?...a nadie.

- Henry, me estás asustando. ¡Suéltalo ya! - exclamó dándome un pequeño codazo en el brazo.

- Esta mañana, decidí hablar con Érica y me presenté en su casa.
Poco a poco, me di cuenta de que no sabía absolutamente nada de la disputa.
Estuvimos a esto de hacerlo allí mismo, en su cuarto. Por suerte, su madre nos interrumpió obligándome a esconderme debajo de su cama...
Luego, le conté lo de que Coque se encontraba en el hospital, era lo único que podía hacer para no sentirme como un auténtico capullo, ignorante.
Y eso es todo.

Ella se quedó boquiabierta al escuchar mis palabras.

- ¿¿¿Qué??? ¡¡¡Madre mía!!! ¿Su madre no os pillaría in fraganti, no?

- No, no llegamos a tanto - bajé la cabeza, hablar de ella me entristecía.

Pris me cogió de la mano. Elevé mi mirada y la clavé en ella.

- Ya sé que la quieres pero ella a ti no - dijo tiernamente con tono de tristeza.

- Gracias por preocuparte por mí. Eres la única persona que me entiende - le guiñé un ojo sonriéndole.

- Ven, necesitas un abrazo.

Nos dimos un abrazo muy sentimental.

- Aún no has ido a ver a Coque, ¿verdad? ¿Quieres ir a visitarlo?

- Me encantaría pero él seguramente, no me quiera ni ver.

- Yo te cuelo - me quedé pensativo un rato - venga, no tienes nada que perder.

- ¿Nos vamos?

- Jajaja, ¡Vámonos! - dijo poniéndose las gafas de sol que guardaba en el bolsillo.






Cerré la puerta de mi habitación y bajamos las escaleras hasta encontrarnos en la entrada principal.
Mis padres seguían discutiendo. Pasé de ellos.

- ¿No les dices que te vas?

- No hace falta. Nunca lo hago.

Pris me cogió de la mano.

- Corre, jajjaja. ¿Vamos en mi 4x4?
Veía que estaba emocionada y asentí.

- Conduzco yo - exclamó agitando las llaves en su mano.

Me subí en su Audi 4x4, la verdad era que su color granate era muy característico y el auto se encontraba en muy buen estado. Había que reconocerlo, era precioso.
Mi coche no le tenía nada que envidiar al suyo.

- ¿Tú que coche tienes?

- Dogde Charge azul.

- Mmmm... muy buen coche.

- Jajaj.

- No vallas a veinte por hora todo el rato por la autopista, ¡Eh! - dije burlándome de ella.

- Jaja, ¿crees que los chicos sois los únicos que sabéis correr? - preguntó ofendida mirándome por encima de sus gafas de sol plateadas.

- Pues...si - sonreí y la miré con picardía.

Pris, giró la llave y comenzamos el viaje. Fue nada más meterse en la autopista cuando Pris fue aumentando poco a poco la velocidad hasta llegar a ciento veinte por hora.

- ¿Qué decías? - se chuleó.

- Jaja, no corras tanto que te van a poner una multa.

- Ya me pusieron una por la mañana - sonrió con cara traviesa y yo solo pude devolverle la sonrisa.

- Miriam no quiere ni verme, ¿verdad? - conseguí decir cuando se me pasó el ataque de risa.

Me miró y pisó el acelerador hasta llegar a los ciento cincuenta y siete por hora.

- Está enfadada pero ya se le pasará, tu tranquilo - respondió al fin.

Teniendo en cuenta que también Miriam se había cabreado con Pris...se lo tomaba de muy bien ver y parecía no importarle demasiado, tenía fe en que cesase el enfado de Miriam.

En poco tiempo, llegamos al hospital y por suerte sin rastro de policías.


Entramos y sin distraernos por el camino llegamos a la UCI.
Cogí de la mano a Pris:

- ¿Está ingresado en la UCI?

- Si - responde confundida - ¿pasa algo?

- La UCI es para personas críticas.

Por fin, llegamos a la habitación de Coque. Esperamos un rato delante de la puerta.

- Vale. Primero, entro yo y tú quédate mientras tanto fuera y cuando te llame entras, ¿entendido?

- Vale - me soltó la mano y llamó a la puerta.
Yo, me senté en la sala de espera y observé los alrededores, esto parecía muy tranquilo para ser domingo.






Narra Coque:




Escuché que llamaban a la puerta:

- Pase.

Érica y yo estuvimos hablando un buen rato y riéndonos en algunas ocasiones.
Gracias a ella, se me había pasado la tristeza que llevaba encima.
Entró Pris en la habitación, se le notaba muy tímida.

- ¡Hola!, perdón por interrumpir, sólo quería saber como te encuentras.

- Mejor, gracias.

- Bueno, yo me voy. Así os dejo hablando solos. Estaré en la cafetería y luego vuelvo, ¿vale? - me susurró Érica en voz baja.

- Vengo más tarde. Te quiero.

- Adiós.

Érica me dió un beso en la mejilla por la presencia de Pris y se despidió.

- Encantada Priscila, ya nos veremos - mencionó.

- Por supuesto e igualmente. 

Se dieron la mano, un gesto muy cortés por parte de Érica.

- Adiós.

- Chao - soltó Pris.

- Adiós - susurré al ver que todo el mundo se despedía.

Pris cerró la puerta y se quedó apoyada en ella.

- No te quedes ahí, acércate - sonreí - Oye, no te conozco pero pareces buena persona y no tienes porque avergonzarte o sentirte incómoda.

- Yo no...

- ¿Qué? - sonreí al ver que se acercaba a mí - ¿Tú también te has apuntado a la nueva moda del pelo corto?

- No - dijo sonrojándose.

- ¿Entonces, te lo has cortado...así porque te gustaba?

- No exactamente, la peluquera tuvo un pequeño desliz.

- Valla. Pues valla desliz.

- Suerte que vuelve a crecer - sonrió.

Nos quedamos en silencio un rato, Pris se limitaba a contemplar el cuarto.

- Y... ¿dónde vives?

- Acabo de mudarme a Barcelona.

- Ohh, ¿dónde vivías antes? - pregunté interesado.

- En Zaragoza pero me mudé a España hace como unos tres años. Yo convivía en Italia.

- ¿Eres italiana?

Asintió.

- ¿Y cuántos años tienes?

- Diecinueve.

- Pues no los aparentas.

- Ni tú veintidós.

El silencio vuelve a invadir la habitación.

- Alguien a venido a visitarte.

- ¿Quién? - pregunté extrañado.

Ya han venido a visitarme muchas personas.

- ¿Le digo que pase?

- Si, gracias.

Abrió la puerta y susurró:

- Entra.

En poco segundos, visualicé a Henry. Pestañeé un segundo y al volver a abrir los ojos me di cuenta de que era él, estaba enfrente de mí.

- Os dejo a solas para que podáis hablar.

- Priscila, ¿ha venido contigo, no?

- Si, quería hablar contigo de lo ocurrido.

- Suerte - le susurró al oído a Henry mientras le rozaba el brazo derecho sonriendo.

- Gracias.

Se escuchó el ruído de la puerta al cerrarse. Henry, se acercó a mi cama.

- ¿Vas a pegarme? Ya estoy bien así que puedo defenderme.

- No volveré a pegarte.

- ¿Qué coño haces aquí? ¿Vienes a ligarte a mi novia?

- Quiero pedirte perdón y...Érica es tuya, quédatela.

- ¿Cómo?

- Ella no me quiere a mi sino a ti. Me lo dijo y me lo sigue diciendo mil veces y me cansé de seguir luchando por algo que es imposible.

- Es mía... interesante. ¿Gracias?

- Perdóname, te traicioné por una tia. Los amigos están por encima de todo.

- Tengo muchos amigos...muchos, creeme pero ninguno es tan gilipollas como para que no pueda desprenderme de él.
Aunque quiera, no puedo ni mirarte a la cara. Intentaste robarme a mi novia, me pegaste y ahora por tu culpa estoy aquí, entre estas cuatro putas paredes. No puedo estar tranquilo, pienso continuamente en ti y en Érica. Me imagino cosas que no son...joder.

- Y tú me engañaste, perdón, nos ocultaste a todos que estabais saliendo y lo hubieras dicho antes esto no habría pasado.

- ¿¿¿Perdona??? Érica te lo contó y veniste contra mi. ¿Qué te lo contara antes evitaría que te cabrearas y vinieras en contra mía?

- No...no lo sé.

- ¿Sabes porque se lo oculté a todo el mundo?
Porque sabría que criticaríais nuestra relación desde el minuto cero y aún así sin contároslo mirad como os ponéis.

- No os criticaríamos, el amor no se puede criticar, Coque. Yo...me puse así contigo...no sé es que...estaba tan cabreado porque ninguno de los dos me lo contara hasta unos días. Te juro que quería hablar tranquilamente contigo y explicártelo todo pero los nervios me superaron.

- Anda, vete a la mierda. Lo hiciste porque no soportas que Érica y yo salgamos y punto pero te vas a joder porque no voy a romper con ella - sonreí - y ahora por favor, déjame a solas, anda.

- Ya te he explicado mis motivos, si no quieres perdonarme allá tú.

Se marchó dejándome sólo. Sonreí para mis adentros. Le había hecho frente a Henry, no me lo podía creer.
Me dormí, olvidando todo lo ocurrido. No podía perdonar a Henry, me había hecho mucho daño...







Narra Érica:


Me encontrabando en frente de la habitación de Coque. Él me había perdonado por decirle a Henry que estábamos saliendo. Miraba mi móvil con curiosidad cuando salió Henry del cuarto, me quedé atónita, en shock. ¿Qué coño hacia él aquí? 

Henry, al igual que yo, se quedó perplejo al verme.


Le agarré del brazo y fui a hablar con él a una esquina:


- ¿Qué coño haces aquí?- le susurré en un intento fallido.

- ¿Acaso de molesta que venga a visitar a Coque? - me dijo en tono insinuante.

Una enfermera, ante los chillidos descomunales que producíamos, se acercó a nosotros.

- ¿Podéis discutir en otro lugar? Estamos rodeados de pacientes y no creo que a ellos le haga mucha gracia escuchar vuestros gritos.

Se marchó, parecía una enfermera muy presumida a parte de llevar unos taconazos de por lo menos trece centímetros de alto y dos de ancho.

Henry me cogió del brazo con brusquedad.

- Venga, entra aquí y hablamos - dijo señalando el aseo de los chicos.

- De eso nada. Yo no entro ahí ni de coña - crucé los brazos enfurruñada.

- ¿Qué pasa? ¿Tienes miedo? - intentó que entrase en el cuarto de baño comparándome con una gallina.

- ¿Si me da miedo? - entré en el aseo muy segura de mi misma.

Henry entró después de dejarme pasar a mi. Cerró la puerta con pestillo incluído y se acercó lentamente con las manos en los bolsillos delanteros de sus vaqueros.

- ¿Enserio has venido solamente a ver a Coque?

- ¿A quién voy a venir a ver sino?

- A mi... - susurré en un tono casi irreconocible - no puedes venir a ver a Coque.

- ¿Por?

- ¿Crees que quiere hablar contigo después de que le partieras la cara?

- Jajaja, ¿sabes de qué hablamos?

- ¿De qué? - sonreía mientas se apoyaba en el lavabo de los aseos. La forma en la que se reía era muy pícara como si hiciera algo malvado y extremadamente perjudicial.

- De nuestra mañana de pasión - se burló.

- Te mato - sabía que Henry era muy cortado para contárselo a Coque.

- Que cara has puesto - se rió a carcajadas intentando mantenerse en pie - no se lo he dicho pero créeme - se acercó a mi rostro y me rozó dulcemente la mejilla - ganas no me faltaron.

- Idiota - puse los ojos en blanco apartando su mano de mi rostro.

- Le pedí perdón con razón y le prometí que no me acercaría a ti. No voy a seguir intentando que... - me miró fijamente - renuncio a ti.

- No, estás mintiendo. No podrás olvidarte de mi porque sigues loco por mis huesos y por mucho que quieras, eso no va a cambiar.

- De verdad, ¿crees eso? - levantó el entrecejo y retrocedió hasta apoyarse otra vez en el lavabo. Cruzó los brazos y evitó el cruce de nuestras miradas.

- Se nota en como me miras y en tu deseo de besarme cada vez que te acercas a mi - ladeó la cabeza de un lado a otro y siguió evitando mis miradas interrogantes.

- Estás muy equivocada. Se te nota a ti cuando al acercarme cada vez más a ti, intentas provocarme.

- ¿Yo? ¿Provocarte? - me hice la loca, extrañada... aunque en el fondo sé que era cierto - solo un poco - insinué frunciendo el ceño - mírame - le ordené.

Levantó la cabeza y me miró fijamente.

- No me hagas follarte aquí mismo - siguió serio, mirándome fijamente sin pestañear .
Sonreí muy sensualmente.

- Hazlo - fruncí los labios mirándole fijamente a los ojos.

- ¿Qué? - rió sin creer lo que acababa de escuchar.

- Fóllame Henry - me acerqué a él, me acomodé el pelo y sonreí entre cortadamente mientras me miraba boquiabierto ante lo que acaba de escuchar.

- No sabes lo que dices - se mordió el labio.

- Vamos, ¿tienes miedo? Gallina - le susurré mientras le acariciaba la mejilla y fui bajando hasta llegar a su cuello.

- Mierda, Eri. Mi autocontrol se va a la borda - rápidamente, me agarró la cara con sus dos manos y se acercó a mis labios mirándome a los ojos. Sonrió un segundo al ver que mi pulso se aceleraba con el deseo de rozar sus labios.





- Bésame Henry - susurré casi sin respiración.

- ¿No decías que querías a Coque? - se separó de mi.

- Que le den, ahora no estamos hablando de él - le sonreí - bésame coño.

Le rocé la mejilla y le besé. Él respondió a mi pasional beso con lengua, la temperatura aumentó y mis labios ardieron trás el beso inesperado que le ofrecí.

- Me gusta tu teoría - sonrió - olvidémonos de Coque - me rodeó el cuello con sus manos.

- ¿Enserio? - trás mi respuesta, deslizó su mano suave e intensa por mi torso hasta mi cintura.

- Si - dijo mientras me subía encima del lavabo con suavidad.

- ¿Seguro? - le besé el cuello.

- Te...he...dicho...mil...veces...que...si... - respondió haciendo una pequeña pausa entre cada palabra - ¿y qué pasa si hago esto? - se movió suavemente hacia delante.

Madre mía, que fiera. Este chico tenía experiencia.
Me mordió el cuello con brusquedad.
Henry se quitó la camiseta y la dejó a un lado.


- ¡Henry! ¿Quieres hacerlo de una vez?
Se rió y me besó los hombros con suavidad.
Deslicé mis manos por la cremallera de sus pantalones, rápidamente me cogió de las manos.

- Yo también sé jugar preciosa - bajé la mirada - tendrás que esperar.

- ¡Henry!

Dentro de un rato dejó de darme besucones por todo el cuerpo, dejó de provocarme y me ordenó que le quitara los pantalones. Así lo hice.

- ¿Por qué eres tan perfecta? - me saqué la camiseta y lo besé repentinamente.

- Cállate y bésame - sonrío y junto mi frente con la suya.

Henry me miró con sus ojos brillantes y destellantes de deseo. Me besó la espalda desnuda, era mi punto fuerte.

- Tenemos que terminar lo que empezamos.

Me levanté y me di la vuelta entrecortadamente.

- Dejemos de hablar y empecemos a divertirnos.
Henry me provocaba incluso con la ropa interior puesta. Me bajé el pantalón corto rápidamente y él se apoyó en la pared.
Estabamos en ropa interior.

- Acércate - me mordí la uña y me acerqué a él - date la vuelta - me susurró sexualmente al oído.

- Agárrate al lavabo, te darás de bruces si no lo haces - sonreí y lo hice.

En poco tiempo, nos sacamos la ropa interior. Me dió una palmadita en el trasero y sonrió.

- Idiota.

- Tienes una muy buena línea. Te cuidas.
Asentí. Me cogió por la cintura y se introdució dentro de mí. Me pilló por sorpresa así que gemí desconsoladamente.
- Te va a escuchar medio hospital, querida - sonrió sin parar mordiéndome el labio inferior.



Mis gemidos se hacían cada vez más intensos. Era su juguete sexual.
Era el llamado sexo anal, nunca lo había probado, ni siquiera con Coque.
Henry era muy brusco, en cambio, los demás chicos con los que me he acostado eran mucho más dulces a la hora de hacerlo.

- ¡Por favor! - grité mientras llegaba al clímax lentamente.

Al poco tiempo, Henry se corrió al igual que yo y salió lentamente de mi cuerpo.

- Estás sudando. ¿Qué tal? - me guiñó el ojo y yo casi no podía ni pronunciar palabra.

- Ha sido...muy rápido y...

- Túmbate a mi lado - me dijo acostándose en el suelo - Le sigo.

- Ha sido agotador. Estoy muy cansada - estaba a su lado, completamente desnuda y casi no podía ni respirar.






El repentino orgasmo me dejó sin aliento pero me gustó. Era una fiera, mi fiera.

- La he follado - sonrió.

- Buff, me ha gustado.

- Mmm... soy muy bueno.

- Me ha gustado... Dios, ¿qué coño he hecho? - me levanté precipitadamente.

- ¿Qué? - frunció el ceño cabreado.

- He engañado a Coque y... yo le quiero. Me ha perdonado y... y... Lo siento, te he... es culpa mía - bajó la cabeza - podemos seguir siendo amigos pero... esto no... olvida lo que acaba de pasar porque no volverá a suceder nada entre nosotros - se levantó y me miró fijamente.

- O sea, me suplicas que me acueste contigo, nos acostamos, dices que te ha encantado y, ¿ahora me vienes con esto? Si tanto quieres a Coque márchate con él y deja de hacerme perder el tiempo. Me estás haciendo un lío. Tengo mejores cosas que hacer que perseguir a una chica que no me desea. Tú eliges, ¿Coque o yo? - levantó el tono de voz y su rostro se oscureció volviéndose serio.
Bajé la cabeza, confundida, sin responder.

- Lo sabía - cogió su ropa, se vistió apresuradamente y golpeó con fuerza la pared - mierda Érica - se acercó a mi y me rozó la mejilla haciendo que elevase la cabeza y le mirara fijamente.

Me besó lentamente, al acabar de vestirse. Quitó el pestillo.

- Henry no...

Abrió la puerta y salió de los aseos dejándome completamente sóla.

- ... te vallas - suspiré.

Me había acostado con Henry. ¿Cómo mirarle a la cara a Coque después de esto? Me encontraba muy arrepentida de lo sucedido. Había herido los sentimientos de Henry y puesto los cuernos a Coque con casi su mejor amigo.

Me sentía culpable, desconcertada, anonadada conmigo mismo.

Después de recapacitar, de vestirme y de salir del cuarto de baño aterrador donde acababa de vivir el mejor orgasmo de mi vida, me acerqué a la habitación de Coque y después de darle vueltas a la idea y de comerme el coco, disimulé y llamé a la puerta:

- Pase - se escuchó desde el interior.

Entré y escuché las risas de Pris y Coque.

- Ohh, Ola cielo - me saludó Coque - así que... ¿se te da bien jugar a las cartas?

- Si, una gran cualidad desde que era una enana - le respondió Pris.

- Te reto a jugar un día de estos.

- Trato hecho - se dieron un apretón de manos - me tengo que ir. A sido un placer hablar contigo.

- Ha servido para conocernos mejor.

- Si - sonrió - hasta pronto. Recupérate.

Me miró y bajó la cabeza. Le dejé salir y cerré la puerta.

- ¿Dónde estabas? Has tardado mucho.

- ¿Ella es amiga de tu hermana? - le pregunté señalando la puerta.

- Si, ella y Jessy son sus mejores amigas - sonrió - No has respondido a mi pregunta - frunció los labios tornándolos.

- Es que me encontré con una amiga en el hospital y ya ves, me entretení.

- ¿Estás llorando? - me preguntó preocupado.

- No, yo no... - mierda.

- Anda, ven aquí. ¿Por qué lloras?

Me tumbé a su lado y me apoyé en su pecho.

- Es que... tengo miedo. No me gusta verte así.

- Oye, no me va a suceder nada. Me pondré bien y luego volverá a ser todo como antes.

- Si, como antes...

- Ya verás - sonreí forzosamente y le abracé entrelazando mis brazos en su cintura.
- Te quiero - me susurró besándome el cabello.











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Tal vez puedas librarte de mis encantos pero nunca podrás librarte de los malos hechos e indeferencias pasajeras... no todo se arregla con un "lo siento"...

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Espero que os allá gustado el maratón y hasta la próxima ;)







CAPÍTULO 21: NO ME OBLIGUES A DEJARTE SOLA


DÍA: 8 DE AGOSTO









Narra Miriam:


Pues continuamos hablando hasta que llegamos a la cafetería. De regreso a la UCI, Pris me estuvo contando su aventura entre Álvaro y el policía nacional. ¿Quién iba a decir que se encontrarían en ese justo momento?



- ¿Ascediste los límites de velocidad? - le pregunté asombrada.

- Si, ciento ochenta por hora por la autopista del centro.
Lo cual me costó quinientos euros.

- Madre mía - exclamé - a esa velocidad no me impacta que te hallan puesto una multa de cifras tan elevadas.

- ¿Nunca has probado la sensación de acelerar a una velocidad devastadora por las calles más conocidas de Barcelona? -  noté una emoción en su mirada.

- No, ¿por qué avanzar a esa velocidad cuando no necesito llegar urgentemente a un lugar?

- Es por la adrenalina que recorre tus sentidos, es algo emocionante. Deberías probarlo, un día iremos juntas - me sonrió, era muy atrevida y audaz. A veces, esta chica me daba miedo...

- Estás loca - le dije en tono irónico, sin levantar mucho la voz por los pasillos del hospital.

- Bueno, parece que Coque va mejorando - cambió inmediatamente de tema.

- Si - mi sonrisa desaparece y mi rostro se vuelve de pronto preocupante - le han realizado las pruebas y más tarde nos darán los resultados de las mismas.

- ¿ Y tú como estás? - preguntó rozándome el brazo.

-  ¿Yo? - asintió y hice una pequeña pausa - Aquí el importante es mi hermano. Su salud corre peligro por una infantil pelea.

- Eii, tú también importas, eres su único apoyo familiar en estos momentos. Te necesita fuerte, con muchos ánimos y positiva.

- Me siento...triste pero al ver que está mejorando radicalmente pues...me alegra.
Pienso que él no se merecía lo que le ha ocurrido y daría lo que fuera por ocupar su lugar en en estos momentos, necesito saber lo que realmente siente y lo que quiere hacer después de todo lo que ha pasado estos días.

- Vamos, no digas eso. ¿Te sientes culpable?

- Un poco.

- Ni tú, ni Henry, ni Coque tenéis la culpa de que ahora mismo él este en el hospital.
Fruncí el ceño consternada, sorprendida y anonadada.

- ¿Entonces quién tiene la culpa sino Henry?

- La chica de quien los dos están enamorados.

- ¿Insinuas que Érica es la culpable de todo este lío y que Henry no tiene absolutamente nada que ver?

¿Enserio? ¿No tiene Henry la culpa de que pegara a mi hermano? ¿No es culpable? ¿Sus manos no fueron las que le hicieron daño a Coque?
Pris escondía la verdad, le daba la vuelta a la tortilla. Nadie, absolutamente nadie, opinaba lo mismo que ella.

- Fue ella quien ocultó toda la verdad, le dijo a Henry que estaba saliendo con tu hermano y si se hubiera callado la boca no estaríamos hoy aquí preguntándonos por unos dichosos análisis.

- No opino lo mismo pero fuera de quien fuera la culpa, todo lo peor se lo ha cargado Coque y esto no quedará así. Pagarán justos por pecadores. Como alguien vuelva a tocarle un sólo pelo a mi hermano, se las verán conmigo.

- Y nosotras te ayudaremos - sonrió para tranquilizarme pero no le funcionó.

- Gracias, es muy importante para mí que me apoyéis en esto - me acerqué a ella y le dí un agradable abrazo. Aquello me hizo sentir mucho mejor.
Necesitaba un apoyo moral para superar esto y los abrazos que me regalaba Pris eran de lo más irresistibles y tiernos.

Nos separamos y seguimos recorriendo las espantosas habitaciones de la planta de pediatría.

- Oye, Miriam.

- Dime.

- ¿Dani no te ofreció su número de teléfono?

- Si, ¿qué tiene que ver eso con lo que estamos hablando?

- ¿Por qué no lo telefoneas y elegís un sitio concreto para quedar y veros?
Es un privilegio tener el número de tu ídolo y no utilizarlo es una aberración.
Él te aconsejará, ha tenido problemas como los tuyos en su familia y sabrá entender todo lo que te está pasando.

- Es...una buena idea pero no estoy segura de que llamarlo para que me ayude a subir la moral le parezca decente y acepte. Me ofreció su número para informarlo sobre mi carrera no para que le cuente mis problemas que para eso están los psicólogos.

- ¿Quieres ir al psicólogo?

- Claro que no, era un ejemplo digno a lo que estamos hablando.

- Bueno... haz lo que creas correcto pero yo te lo recomiendo. Te hará sentir mucho mejor.

Llegamos a la UCI y como me apetecía continuar la intensa conversación con Pris, nos sentamos en los asientos que componían la sala de espera, nos acomodamos y retomamos el rumbo de nuestra conversa hace unos minutos.


- Yo respecto tu opinión pero creo que Henry es el culpable de todo esto.
Le pegó a mi hermano - intenté que cambiara de opinión pero realmente era imposible y me cabreaba que defendiera a mi ex-mejor amigo.

- Yo opino que Henry no tiene la culpa, se lo ocultaron, cuando Érica sabía que estaba enamorado de ella. Todos estáis cabreados con él cuando a mí no me parece justo, sólo intenta conquistar a la chica de sus sueños. No sé realmente lo que es estar enamorada pero comprendo que es duro ver como la chica de quien estás enamorado pasa completamente de ti - parecía muy convincente pero seguía sin entender porque opinaba de esa manera, veía las cosas del revés, se fijaba en los pequeños detalles y no le importaba lo esencial en toda la disputa.

- ¿Intentas protegerle? Te recuerdo que por su culpa Coque está ahora mismo en una cama de hospital pensando si morirá o si será un fiambre el resto de su vida - le contesté levantando el tono de voz.

- No me esperaba esto de ti. Comprende que está sólo en esto y necesita un apoyo igual que Coque.
La diferencia es que Coque posee un gran apoyo pero él no - me recriminó cogiendo su cazadora y erguiéndose.

- Priscila Mareu, ¿a dónde coño vas?

- A disfrutar de la vida a mi manera.

- ¿Cómo?

- Bye - dijo marchándose.

No pude evitar ponerme de mal humor.

- Te advierto que como elijas a Henry no te molestes en volver - le grité desde lo lejos.

- Es tu mejor amigo y, ¿ahora no quieres saber nada acerca de él? ¿Qué coño te pasa, Miriam? - se volteó observándome.

- Era mi mejor amigo, ya no - mi enfado se hizo más intenso.

- ¿No sabes perdonar?

- Una cosa así no se perdona tan fácilmente - mi voz se apagço convirtiéndose en tenue y ronca.

- Deberías avergonzarte por tus actos.

- No tengo por qué.

Se alejó dejándome completamente sola.

- Como salgas por esa puerta no habrá vuelta atrás - chillé en un intento fallido.

Pasaba de mí, creo que estaba enfadada o algo por el estilo. Tendría que ser yo la que estuviese ecabreada, teniendo en cuenta las fuertes palabras que me dijo. No la entendía.

Sostení en mis manos la botella de agua. Pensando la mejor forma de salir de esta.

-  Tranquila, lo he oído todo y... - mencionó Derek compasivo.

Le miré y sin responderle miré al frente persuasivamente.

Se sentó en el asiento de al lado. Apoyé mi cabeza en su hombro mientras me acariciaba la mejilla.

- ¿Puedes contarme que ha pasado?
Se escuchaban los gritos desde el final del pasillo - me preguntó intrigado, compadeciéndose de mí.

- No es nada - bajé la cabeza trastornada, confundida. Tenía un lío impresionante y necesitaba aclarar mis ideas.

- ¿No confías en mi? - me miró fijamente.

- Claro que confío en ti.

- Pues cuéntamelo. Te sentirás mejor si lo compartes con una persona - me cogió cariñosamente de la mano y me la besó consternado.

- Pues... es sobre el tema de la refriega entre Coque y Henry - hice una pequeña pausa. Recordé que a Derek no le iban esos rollos de peleas y luchas. Tal vez, le resultase incómodo escuchar mi horrible resumen de la disputa con Pris.

- Sin dudar, sin miedo. Recuérdalo - ¿Por qué cada vez que abría la boca resultaba tan tierno?
Él me tranquilizaba y realmente me entendía.

- Pris opina que toda la culpa fue de Érica por contarle a Henry que estaba comprometida y defiende a Henry. Piensa que cuando uno está enamorado hace todo lo posible por conseguir a la chica de sus sueños. No lo entiendo, el afectado es Coque y no tengo ningún rastro de compasión ante Henry.
Tiene lo que se merece.

- Yo si me pusiera en su lugar...si tú estuvieras enamorada, por ejemplo, de otro hombre, lucharía por ti pero si descubro que verdaderamente le quieres con locura y él a ti pues te dejaría ir porque prefiero verte feliz a que estés a mi lado. ¿Por qué intentar tener una relación con una chica que no te desea y que no es feliz a tu lado? Pero hay personas que no lo entienden, que luchan a más no poder para conseguirla pero hay que saber también parar. Contemplarla desde lo lejos.

- Henry nunca se rinde, lucha y es muy valiente. Es una de sus mayores cualidades pero a veces...le perjudica - alcé la mirada y centré toda mi atención a la dulce y llena de deseo mirada de Derek.

- Tienes que comprender que no todos opinan igual que tú pero...si en algo se equivocó gravemente fue en pegarle a tu hermano por una chica. Siempre he pensado que la amistad está por encima de todo.

- ¿Tú de que parte estás? - pregunté intrigada.

- Eso no importa.

- No has respondido a mi pregunta - respondí bruscamente bajando la mirada a los nudillos de mis puños cerrados.

- Miriam, no estoy a favor de ningún bando. Entiende que las luchas no son lo mío, es más, las odio.

- Lo sé. Lo entiendo, por supuesto.

- Lo arreglarás con Pris, ya verás - me sonrió y me acarició la mejilla.

- Ojalá.

- Oye, tengo que hablarte de un negocio que tengo entre manos. Si estás mejor claro.

- ¿Qué sucede? - pregunté sorprendida.

Derek nunca me había hablado de "negocios" ya que sólo con escuchar la palabra ya me resultaba aburrido.

- Verás... ¿no me has contado que buscabas trabajo?

- Si, cuando empiece con las clases me gustaría tener un trabajo aparte para tener mi propio sueldo.

- Pues tu búsqueda a terminado.

Fruncí el ceño. ¿Mi búsqueda había terminado? ¿Cómo? Sólo llevaba una semana buscando trabajo y llegaba él y...me sorprendía siempre, por eso era tan especial.

- En mi tienda, una de las trabajadoras ha abandonado el trabajo por su inesperado embarazo. No estaba previsto que abandonara de un día para otro. Necesito otra ayudante, el trabajo es muy sencillo. ¿Recuerdas cuando te mostré el Toyota?

Como no acordarme, allí fue donde comenzó todo.
Si no tuviese la maravillosa idea de comprar un coche ahora mismo no conocería a Derek.
Asentí y le ofrecí una de mis mejores sonrisas.

- Te encandilé para venderte una pieza de mi preciada colección y eso es lo que tendrías que hacer tú.

- ¿Estás ofreciéndome trabajo en tu empresa? - pregunté asombrada.

- Piensa que estaríamos constantemente juntos y que podríamos vernos en cualquier momento, quiero decir...

- Sé lo que quieres decir pero... ¿por qué yo?

- Eres tan inocente. Resultas increíblemente perfecta y adecuada para el puesto, tienes un potencial impresionante. Además, sabes negociar bastante bien, conseguiste que te rebajará casi el 50% del precio original del vehículo.

Derek realmente me quería para el puesto. Era una muy buena oferta.

- Tengo que pensármelo pero me parece una muy buena idea.

- ¿Si? - su cara de sorpresa me hizo ruborizarme y sonreí tímidamente.

Siempre encontraba las palabras perfectas para encandilarme. Tenía años de experiencia en el mundo de los negocios, trampas e informes. Ese hombre sabía perfectamente lo que hacía.

- Podemos comentarlo, ¿cuándo te parece bien?

Valla que impaciente. Mi novio quería ofrecerme trabajo era algo muy ¿amable y romántico por su parte?

Vale.

- O sea que si accedo, pasarás de ser mi novio a ser mi... ¿jefe?

- ¿ Lo preguntas o lo afirmas?

- Lo pregunto.

- Seré tu jefe en horas de trabajo.

¡Madre mía! ¿Soportar los encantos de Derek durante horas y horas? Era un sueño hecho realidad.

- Una cosa, no tengo mucha experiencia en automóviles.

- Ohh, no te preocupes por eso. Tendrás una tableta donde podrás buscar toda la información del vehículo en nuestra página oficial.

¡Valla, esto va enserio! Derek estaba muy modernizado y la idea de trabajar para él era tentadora.

- Eso si, nadie se podría enterar de lo nuestro. La nueva ley prohibe las relaciones entre empleados y menos entre el jefe y su funcionaria - hizo una pequeña pausa - te adaptarías muy bien a los compañeros y a la clientela.

La idea de trabajar y de que Derek fuera mi jefe se me hacía irresistible, no se podía decir que no a semejante propuesta.
Me mordí el labio inferior pensativa.

- Piénsatelo y lo hablaremos pero cuanto antes comiences a trabajar mejor.

- Gracias Derek. Me apasiona la idea de trabajar a tu lado. ¿Qué pasaría si hiciera algo mal?- preguntó en voz sensual y persuasiva.

- Te castigaré y el castigo... créeme, será muy agradable para los dos.

Mmm... cada vez tenía más fuerzas, más valor y más ganas de decirle que si.

- ¿Te parece que hablemos sobre esto el miércoles?

- Claro, piénsatelo, cenaremos y hablaremos del contrato - no pude evitar soltar una media sonrisa, no me lo esperaba, era algo emocionante.

- Te quiero, tonto - le susurré al oído mientras seguía apoyada en su hombro, era tan...










Narra Henry:




- ¿A dónde crees que vas?

Me giré para ver quien era y porque me hablaba de esa forma tan vulgar e inocente.
Rápido, debía pensar una excusa o los lobos me comerían. No dudes, sabes mentir, sabes hacer lo que te propongas y nadie puede impedirte hacerlo.

- Venía a ver a Érica.

Bien hecho, me decía la voz de mi subconsciencia. Engañar al padre de Érica era una cosa bastante complicada pero lo había conseguido aún sin saber mentir.

- Érica se marchó hace un rato. ¿Por dónde entraste?

- La puerta estaba abierta. La abrí con facilidad.

- La habrá dejado alguien abierta.

No me lo podía creer, esto funcionaba.

- Si quieres le digo que has venido o le digo algo de tu parte.

- No hace falta Señor Sloan. Ya la llamaré.

- ¿Estás seguro?

- Si.

- ¿Eres amigo de mi hija?

- Si.

- ¿Quieres tomar un Red Bull o algo?

- Gracias pero no bebo.

- ¿Cuántos años tienes?

- Dieciocho. Tengo que irme señor, me alegro de haberle conocido.

- Y yo a ti.

Le di un apretón de manos y le sonreí como diciendo " Me cae usted bastante bien, Señor Sloan". La verdad era que intentaba darle una buena impresión a los padres de Érica.

- Hasta pronto.

- Adiós.

Sonreí cálidamente y le di las gracias. Por fin, salía victorioso de la casa infernal y recorría las deslumbrantes y ajenas calzadas hasta mi moral casa.


¿Le habría caído bien?



Me preguntaba ante tal expectación.










Narra Pris:



Salí precipitadamente del hospital. Una rabia recorría mi cuerpo.

Necesitaba hablar con Henry, quería escuchar su propia versión de todo lo ocurrido.
Creo que él no se merecía esto, que todos los rechazaran y lo dejaran de lado.

Subí a mi 4x4 y recordé mi multa de hace unas horas, reducí mi velocidad y me aventuré por la autopista pensando en mi encuentro con Álvaro.
Me arrepentía de no haberle propuesto tomar un café en el restaurante más próximo, necesitaba alguien que me escuchara y poder desestresarme. En pocos minutos, llegué a casa de Henry, gracias a la dirección que me había dado hace mucho tiempo Miriam, no sabía si tenía que fiarme de ella...       ¿realmente estaba cabreada por una tontería como la de apoyar a una persona?¿Qué había hecho Henry? No mató a nadie (bueno...estuvo a punto.)










Narra Coque:







Estaba demasiado cerca de Jessy, sentía su aliento en mi cabellera y su olor...me encantaba.

Olía a perfume de rosas blancas y ese olor me encantaba.

De repente, volví a escuchar el sonido de la puerta. Al parecer, Jessy también lo escuchó y se erguió de la cama en un abrir y cerrar de ojos.

Que oportuna, la doctora se acercó. Llevaba unos informes en la mano y parecía bastante más seria de lo normal.

- Buenos días -  nos saludó contemplándonos detenidamente.

- Dígame que lo que tiene en las manos son los papeles del alta - sonreí irónicamente.

- Me temo que no - no le hizo gracia para nada mis comentarios - son los resultados de las pruebas.

Jessy levantó la cabeza, sorprendida, me miró fijamente y luego a la doctora.

Si, has escuchado bien.

- Por lo visto - suspiré - los resultados no...son de lo más agradable - me miré las manos dudoso.

- Álvaro.

- Si no le importa, prefiero que me llame Coque.

- Por supuesto, Coque. Hablaré con tu hermana de los resultados y después los comentaré contigo. Lo único que necesitamos ahora es que te sientas extresado y que pienses en negativo...lo empeora.

- Gracias doctora.

- Descansa. Ah, por cierto, tienes una visita muy especial. ¿Le dejó entrar?
Fruncí el ceño, no esperaba más visitas.

- Vale, díselo.

Escuché unos susurros, la doctora estaba hablando con una chica, no puede entender con claridad de lo que estaban hablando.

En unos segundos, vi entrar a Érica que corría a abrazarme casi llorando. Lancé una mirada a Jessy que nos observaba entrecortada en una esquina de la habitación, bajó la cabeza.

- Me alegro de verte, ¿estás bien? - me cogió de la mano y me miró con ojos saltones llenos de preocupación.

- Bien, ¡ja! - susurró Jessy desde el fondo del cuarto.

- ¿Tienes algo que decir, bonita?

- Si te digo lo que pienso posiblemente tengan que venir a separarnos - sonrió ingenuamente.
Érica me soltó de la mano y presionó levemente los puños.
¡Oh no! Ya empezabamos... Clara señal de que se estaba cabreando y eso me ponía muy nervioso.

- Dilo, venga. ¿No te atreves? ¿Acaso me tienes miedo? - dijo en tono de burla, provocándola.

- No deberías ni presentarte aquí después de lo que has hecho. Te mereces que te echen a patadas - hizo una mueca de disgusto y de asco.

- ¿¿Perdona?? Aquí la que sobras eres tú, bonita - la mira de soslayo y pone mala cara.
 Jessy dió un paso al frente como retándola y demostrándole que ella mandaba aquí.

 - Yo le acompañé desde el primer momento y tú aún te acabas de enterar.

- ¿Y? No pude enterarme hasta esta mañana. ¿Algún problema?

- Excusas, ¡¡da la cara, joder!! ¿Tienes miedo de que Coque te diga "¡Bye!"? - levantó la voz haciendo que Érica se extresase y se pusiese aún más de los nervios.

- ¿Cómo que no doy la cara? ¿No me ves? Estoy aquí.

- Ojalá no estuvieras... - susurró mirando a otro lado y cruzando los brazos.

- ¿Pero tú eres idiota niña? ¿Me vas a enseñar tú lo que es ser madura y enfrontar la realidad? - dijo Érica.

- Como te atreves a...

- Lo que te digo.

- Eii, ¡ya basta!  Jessy acompaña a mi hermana a ver los resultados.

- Claro.

Jessy se dirigió a la puerta cuando al pasar por el lado de Érica le golpeó aposta el brazo.

- Aparta - susurró Jess.

Se fue riéndose.

- ¿Es que no piensas defenderme? Me estaba insultando.

- No estoy para más peleas, Eri.

- Yo... quería pedirte perdón.

- No tienes porqué. Además, algún día tendrían que enterarse de que tú y yo estábamos manteniendo una relación estable.

- Pensé que contárselo a Henry sería la mejor forma de que me dejara en paz, nunca imaginé que se pondría en contra tuya - susurró a la vez que su voz diminuía.

- Anda, ven aquí.

Nos dimos un abrazo y un dulce beso en los labios. Me sentía más tranquilo a su lado.

- ¿No estás enfadado conmigo? - preguntó mirándome fijamente con mirada muy tierna y sensual.

- Pues claro que no.

- Ahh - suspiró aliviada.

- Te quiero - hice una pausa entre cada palabra y le volví a besar.

Era realmente irresistible, me encantaba...









Narra Jessy:






Abandoné la habitación sin ganas.
Esa zorra había estropeado un momento perfecto entre Coque y yo. Le había causado mucho daño y nunca se lo perdonaría aunque él si lo hiciera.















Observé a Miriam, estaba abrazando muy tiernamente a Derek. Parecía que él lograba tranquilizarla, algo que ni yo, ni Pris habíamos logrado nunca.














Después, Miriam siguió a la doctora al interior del despacho.

Llamé a la puerta y me senté al lado de Miriam.
Miriam y yo hablamos susurrando mientras la doctora buscaba informes en su portátil.

- ¿Y Coque? ¿ Está solo?

- No, la última vez que le ví se quedaba con Érica, su novia.

- Ah, vale. ¿No estás nerviosa?

- Un poco - le regalé una sonrisa forzada.

La doctora se acomodó y sostuvo en sus manos los informes.

- Vamos a ver. Chicas, los resultados no son ni buenos ni malos.

- ¿Qué ocurre doctora? - preguntó Miriam preocupada.

- Veamos. Todo parece estar correcto. Sus ánalisis, su cerebro, los escáners, las resonacias no muestran nada... que era lo que más nos preocupaba pero al hacerle pruebas más intensas, concretamente la biopsia fue lo que nos ayudo a averiguarlo.

- Las biopsias son para detectar... - me asombré cuando no me dejó terminar la frase.

¿Era lo que estaba pensando?

- Si.

Parece que si. ¿Me leyó el pensamiento o algo?

- La causa que llevó a Coque a tener regurgitaciones entre otras cosas fue porque...

- ¡DIOS! - exclamé ante tanta expectación.

- ¡NO PUEDE SER! - las palabras de Miriam demostraban sorpresa y desaprobación ante lo que acababamos de escuchar.




Alucinante, me quedé sin palabras...


¿Era una broma? ¿Un sueño?

Yo no me lo creo.











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