lunes, 1 de junio de 2015

CAPÍTULO 24: SOLO HAY QUE TENER FE






DÍA: 9 DE AGOSTO






Narra Miriam:


Me desperté mirando al mi alrededor. Me dí cuenta de que seguía en la sala de espera del hospital, no se escuchaba ni el sonido del viento trás las minúsculas ventanas, sólo se escuchaba mi respiración acelerada.

Cogí el móvil para mirar la hora. Eran las seis y diez de la madrugada.
No me sentía con sueño,ni me apetecía seguir acostada. Me levanté y decidí dar una vuelta por el hospital. Tenía la parte inferior de mi cuerpo totalmente dormida, necesitaba moverme.

El hospital estaba desierto a estas horas: las enfermeras se encontraban dormidas en un rincón del hospital y los pocos doctores que se hallaban eran internos cuidando de los pacientes y vigilándolos.

No quería alejarme mucho de la habitación de Coque. Si pudiera,ahora mismo estaría con él pero las horas de visita habían terminado hace un rato.

Seguí caminando mientras bostezaba por los pasillos de la planta. Fui parar a una habitación donde un niño le cogía de la mano a su pobre padre pálido y conectado a un montón de aparatos médicos.
El pequeño estaba sólo y unas lágrimas le caían por las mejillas. Su padre parecía estar en el limbo hacia la muerte.
Interrumpí en la habitación y me acerqué con cuidado. Sabía que no debía de estar allí en ese momento.
El niño clavó su mirada en mí.









- ¿Quién eres? - preguntó aún con lágrimas en los ojos.

- Perdona, pasaba por aquí y no he podido fijarme en tu padre - le expliqué con dulzura.

- Mi padre va a morir - me miró fijamente.

- No lo hará, ¿por qué dices eso?

- Porque escuché a las enfermeras decir que mi padre era un fiambre - le apretó la mano con fuerza.

- Eso es mentira.

- ¿Y por qué mintieron?

- Las personas mentimos muchas veces y eso no está bien. Todos alguna vez no decimos la verdad.

- Mi madre me castigaba cada vez que mentía - me miró.

- ¿Dónde se encuentra tu madre? - pregunté acercándome.

- En el cielo con los ángeles y el señor con barba blanca que creó el mundo.

- Lo siento mucho - dijé compadeciéndome de él.

- Mi padre me ha dicho que ahora se encuentra en un sitio mejor. En el paraíso.

- ¿Y por qué falleció tu madre? - me senté en una silla al lado del niño.

- Cáncer.

- ¿Le echas de menos verdad?

- Supongo que si - respondió mirando a su padre.

- ¿ Y tu por qué estás aquí?

- Mi hermano está ingresado en esta planta.

- ¿Por qué no estás con él?

- Las horas de visita han terminado hace rato.

- Pues yo siempre estoy con mi padre sin hora límite.

Bajé la cabeza.

- ¿Qué le pasa?

- Tiene cáncer.

- ¿Se va a ir al cielo como mi madre?

- Si cariño, estará con los ángeles y con el hombre de barbas blancas llamado "Dios"  - unas lágrimas rozaron mis mejillas.

- Tranquila, estarás triste durante una temporada pero lo olvidarás poco a poco - el niño me cogió de la mano.

- ¿Cómo te llamas? - sonreí forzosamente mientras seguía llorando levemente.

- Dylan, ¿y tu?

- Miriam

- Pareces muy mayor.

- Tengo 18 años, ¿tú?

- 7 - dijo mirándome fijamente.

- Eres un niño bastante fuerte, valiente y luchador para tener solamente siete añitos. Apoyar a tu padre en estos momentos es un gran logro - sonreí cogiéndole de la mano.

- ¿Se pondrá bien verdad?

- Seguro. ¿Qué le ha pasado?

- Él es soldado en Iraq y le dispararon.

- Trabajar de soldado es muy peligroso.

- Lo sé. Le hirieron en la zona próxima al corazón. La doctora dijo que si le diera en el corazón lo que pasaría es que dejaría de latir y se pararía.

- ¿Le operaron para quitarle la bala?

- Si pero desde que lo operaron no despierta.

- ¿Cuándo le operaron?

- Hace dos días.

- Tranquilo, es normal. Se despertará. ¿ Y por qué no estás durmiendo?

- Tengo miedo de cuando esté durmiendo, él se despierte. No quiero que se despierte y se vea sólo.
Quiero que sepa que estoy aquí.

- Venga, tienes que dormir. Me quedaré aquí contigo y lo vigilaré mientras tú duermes.

- ¿Qué pasa con tu hermano? - preguntó alterado.

- Sabe defenderse por si sólo. Además, una doctora le vigila todas las noches por si acaso.

Mi móvil comenzó a sonar.

- Perdona - le respondí a Dylan y cogí mi móvil del bolsillo trasero de mi pantalón.

- ¿Diga? - pregunté con curiosidad.

- Hola Minnie. Me acabo de despertar. ¿La doctora ha hablado con Coque ya?

- No, aún no. No la he visto entrar aún en la habitación. Esto está completamente vacío - miré de reojo a Dylan. Parecía distraído.

- Me acercaré hasta allá.

- Vale, yo necesito descansar y darme una ducha.

- Ok, nos vemos.

- Chau cielo - colgué.

- ¿Era tu novio? - preguntó arqueando una ceja.

Por primera vez en unos días, le sonreí apeteciblemente. No fue forzado sino todo lo contrario, sincero y lleno de esperanza.

- Mi mejor amiga - le miré con cariño.

- ¿Y tu novio? - preguntó curioso.

- ¿Cómo sabes que tengo novio?

- Aja, así que lo tienes. Lo sabía - su sonrisa es contagiosa.

- Eso es trampa. Me has engañado - sonreí.

- No es trampa, es una estrategia.

- Valla, viéndolo así...

- ¿Te cuento un secreto?

- Haber - le guiñé un ojo.

- Yo también tengo novia.

- ¿Si? Vaya, eres aún demasiado pequeño.

- No se lo cuentes a nadie. Es un secreto - bajó el volumen de su voz.

- Tranquilo, no se lo contaré a nadie. Confía en mí.

Bostezó.

- Duerme - se apoyó en mi hombro y en pocos minutos se quedó profundamente dormido.

Mientras, observé que en la mesilla al lado de la camilla se encontraba un libro.

Con cuidado, me levanté del sillón y atravesé la habitación. Cogí el libro entre mis manos y volví al sitio donde me encontraba.

Se llamaba " Mi vida en tiempos mejores" Sharon Michael.

Parecía una especie de diario. Abrí con cuidado el libro y me encontré en la primera pájina. Leí silenciosamente el texto que se podía apreciar:




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15 de diciembre de 1999

Querido Dylan:

Sé que aún no has nacido y tampoco sé si llegarás a nacer. Tu madre y yo hemos pensado en esto. Dentro de diez años seré feliz porque te tendré en mis brazos y serás una criatura más que ha llegado a este mundo. Te llamarás Julian como nuestros antepasados alemanes.

Hoy, 15 de diciembre de 1999, empiezo la historia de mi vida. Me preguntarás porque, muy fácil. Quiero que me recuerdes, que te acuerdes de mí como Sharon, el soldado que acabó con la guerra en el mundo. Tu madre no está muy de acuerdo en que yo me valla a Iraq durante 6 meses al año por causa de la guerra pero quiero derrotar a los farsantes, declarar la paz en el mundo y conseguir el dinero suficiente para que podamos vivir sin problemas.
Será como mi diario. Iré escribiendo en este pequeño cuaderno de vez en cuando y luego, cuando te lo entregue al cumplir los 8 años sabrás toda mi historia y mi pura realidad. 
Estoy deseando poder verte y tenerte en mis brazos, verte crecer, enseñarte, ayudarte y hacerte comprender la más bella felicidad. Tu serás un soldado como tu padre. Los Michael somos fuerte, ¿verdad amigo? 

Hasta la próxima.

Atentamente: Sharon Michael

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Valla, Dylan... Había cinco libros más del mismo tamaño que el que tenía en mis manos.

Sharon creo que era el padre de Dylan  El niño que se encontraba a mi lado estaba predestinado a acabar como su padre: herido en una batalla contra los inmigrantes, defendiendo a su país.

Seguí leyendo aquel diario hasta que lo dejé en su sitio y me fui un segundo al baño.

Recorrí los pasillos del hospital. Las luces se apagaron y todo se oscureció.
 No podía ver absolutamente nada. ¿Estaría bien Dylan?

Seguí caminando y tropecé con alguien. Levanté la mirada sin obtener resultado.
Me ayudó a incorporarme.
Creo que era un hombre, joven y un poco musculitos la verdad.

- Uff, perdóneme. Se fueron las luces y...

- ¿Derek?

- ¿Miriam?

- Gracias a Dios, estás aquí - suspiré aliviada abrazándole con ternura.

- Esta situación me recuerda a nuestra aventura salvaje en el desván.

- Idiota - sonreí y le acaricié la mejilla.

- No me digas que no te gusto, pequeña.

- Me encanto - me sonrojé sabiendo que él no podía verme.

Le cogí de la mano tímidamente.

- Acompáñame.

- Mmm... ¿Qué estás pensado? - aunque la oscuridad me cegase, tenía la confianza de que arqueó una ceja en el sentido de mal pensar.

- Ven - recorrí los pasillos acompañada por la atenta mirada de Derek.

- Estamos perdidos. Hasta que no arreglen el tema de la luz...

- ¡La linterna del móvil! - registré mis bolsillos sin obtener resultado. Seguro que me lo habría olvidado en la habitación de Sharon - Mierda, se me quedó en la habitación.

- ¿No estabas en la sala de espera?

- Verás, dí una vuelta por el hospital y conocí a un niño de siete años llamado Dylan. Le prometí que mientras él descansaba, yo vigilaría a su padre, por si despertaba de la operación.

- Entiendo.

- Por eso, necesito volver a la habitación. Una promesa es una promesa - soltó mi mano.

- Ya está - me miró sonriendo.

Había encendido la linterna de su móvil. Este chico me vuelve totalmente loca.

- Por eso te quiero.

- ¿Si? - me vaciló.

- Si, cari - le besé mientras embozaba una pequeña sonrisa.

La luz del móvil era lo único que nos iluminaba. Resultaba un momento mágico y no quería que se terminase pero la idea de que Dylan pudiera despertarse en cualquier momento me alporizaba.

Me separé cogiéndole de las manos con timidez.

- ¿Se acabó? - preguntó poniendo morritos.

- Si, lo siento pero hasta que no encuentre al pequeño no estoy tranquila.

- ¿Estaba sólo?

- Su madre falleció por culpa del cáncer y su padre está ingresado en el hospital a causa de un disparo cerca del corazón. Si muere estará completamente sólo, Derek - le acaricié la mejilla - ayúdame a encontrarlo, por favor.

- ¿Cómo no te voy a ayudar? Vamos a buscar a ese pequeñín.

- Te amo, ¿lo sabías? - sonreí.

- Por verte feliz, cielo, haría cualquier cosa que estuviera en mis manos.

- Eso me enamora más aún.

-  ¿Vamos? - me ofreció la mano. Se la agarré con dulzura y le miré fijamente a los ojos.

- Vamos.

Caminamos por los pasillos mientras le indicaba a Derek el sitio concreto. Al poco tiempo, nos encontramos a una enfermera.

- Buenos días - susurró Derek.

- Buenas, siento mucho el apagón. Lo estamos solucionando.

- Tranquila, no pasa nada - respondió Derek.

- ¿Necesitáis ayuda? - preguntó sonriendo con amabilidad.

- Emm...la verdad es que si - respondí inmediatamente.

- Dígame.

- Estamos buscando la habitación de Sharon Michael. Está en esta planta.

- Ohh, le alegrará saber que tiene una visita cuando despierte de la operación. De momento, son los únicos familiares o amigos que vienen a visitarle desde que ingresó en el hospital.

- Somos amigos, venimos de muy lejos y cuando nos enteramos de lo de Sharon acudimos lo más rápido posible - mentí con compasión.

- Me alegra. Seguidme, es la habitación número nueve. Está aquí mismo.

Dirigí mi mirada a Derek, él cuál me guiñó un ojo, divertido.

Seguimos a la enfermera.

- Es aquí.

- Muchísimas gracias.

- A usted, señorita - y se marchó a su puesto anterior.

El pequeño Dylan despertó.

- Vaya, hola - dijo levantándose. No se dio cuenta de mi ausencia.

- Hola Dylan - respondió Derek sonriente.

- ¿Quien eres?

- Soy...el novio de Miriam.

- Valla, Miriam sabes elegir - me guiñó un ojo.

- Dylan. Seguro que tu novia también es guapísima - respondí.

- No como...

- Derek - se presentó - bueno enano, has dormido muy poco.

- No tengo sueño.

- Eso no es cierto. Tienes unas ojeras que te llegan a los pies - Derek le hizo sonreír.

- Miriam, tú debes de tener sueño.

- Un poco, Dylan pero no me importa.

- Vete a casa y descansa.

- No, no voy a dejarte sólo.

- No estoy sólo, mi padre está aquí conmigo. Además, las enfermeras a veces, juegan conmigo a las damas y mantienen una conversación bastante profunda.

- Aún así...- miro al mi alrededor - se ha ido la luz y... Me da miedo dejarte sólo - le miré fijamente.

- Estaba bien antes de que me conocieras, ¿por qué eso va a cambiar ahora?
Vete, hazme caso. Luego, cuando te encuentres mejor y descanses, ven a visitar a tu hermano y si te apetece... a mí también.

- Dylan tiene razón. Luego volveremos.

- Vale - puse los ojos en blanco - Dylan, mi amiga se encuentra en la habitación número siete de esta misma planta. Si necesitas cualquier cosa, avísala.

- No habrá ningún problema. Gracias por todo Miriam y a ti también Derek.

Derek y Dylan se dieron un abrazo amistoso y luego abracé con ternura al pequeño.


- Hasta luego - se despidió el niño.

- Adiós - respondimos Derek y yo al unísono.

Salimos de la habitación y comprobamos que las luces volvían a encenderse.

- Por fin - sonrió Derek mirando el techo.

- Un poco tarde - nuestras miradas se unen y forman un gran núcleo de pasión.

- ¿Te vienes a mi casa? Yo te llevo.

- ¿Por qué no? Vamos.

Sonrió mientras salimos del hospital y me rodeó la cintura con sus brazos.

Entramos en el automóvil y en pocos minutos desaparecimos de la calle Rosalinda...











Narra Jessy:




Después de llamar a Miriam me fui al hospital. Todo estaba extrañamente silencioso y sólo me había cruzado con una enfermera en todo el trayecto hasta la habitación de Coque.
Miré el reloj de mi mano izquierda. Eran casi las 7:30 de la mañana y el hospital estaba siniestro daba un poco de miedo aventurarse por aquellos pasillos a estas horas.

Caminé hasta que al fin llegué a la planta de la Uci. Pregunté a una doctora que se encontraba en el mostrador si se podían realizar visitas a los familiares, me contestó que si y me condució a mi destino.

Giré lentamente el pomo de la puerta y ella surgió de la nada imponiéndose en mi camino...

Dí un paso atrás y observé como cerraba la puerta del cuarto y se disponía a marcharse del hospital.

- Eh, tú, ¿has dormido aquí? - dije frunciendo el ceño a la vez que me cruzaba de brazos.

- Si y por cierto, hola - respondió Érica. Se giró y quiso alejarse. La cogí del brazo haciendo que se deteniera - Ohh, ¿estás celosa? - se rió.

- ¿Celosa? ¿De ti? Por dios, no me gustaría ser una "puta" que engaña a su supuesto novio con su mejor amigo y tampoco me agradaría mucho ser una idiota al hacerlo.

- Lo sabía. ¡¡Estás colada por Coque!! Y estás cabreada porque a mi me quiere y a ti no - fardó.

- Gilipollas, enserio.

- He dado en el clavo, niña - presumió de si misma.

- No me llames niña porque soy más madura que tú.

- JAJAJA. Eres graciosa, que pena que me caigas tan mal.

- ¿Y dices que Coque te perdonó? ¿Como se ha podido fijar en ti? Das puto asco.

- Por lo menos yo no le husmeo el móvil aunque sea mi novio.

- ¿Cómo coño sabes tú eso? - murmuré enfadada.

- Emm...me lo cuenta todo - puso los ojos en blanco -¿Enserio me ibas a contestar en su nombre?
Que bajo has caído.

- ¿Perdona? Yo no te he visto en ningún momento cuando a Coque le ocurrió esto. ¿Dónde estabas?

- ...

- Eso pensaba.

- Le he sido fiel.

- ¿Por qué hablas en pasado? ¿Es que acaso ya no lo eres?

- JAJA. Siempre le seré fiel.

- Ya veremos,"niña" - me burlé - Yo no me creo que Henry te dijera que te quería y que no hicieras absolutamente nada porque sino se lo contarías a Coque. ¿O no?

- Me tienes harta, niña - me empujó y mantení el equilibro. Cogió el bolso y caminó con tranquilidad. En aquel momento, dí un brinco y me agarré fuertemente con mis brazos a su cuello mientras ella intentaba mantenerse en pie, algo que le resultó imposible y se desplomó en el suelo.

- No te atrevas a tocarme ni un pelo. ¿Ok?

- Suéltame - intenté inmovilizarla. Enrolló sus manos en mi cuello y me lo apretó fuertemente.

Le golpeé en la faz y me levanté del suelo maldeciéndola a ella y al dolor que sentí en el cogote. Sus manos dejaron marca en mí.

Sin darme cuenta, ella me atizó por la espalda y me dí de bruces contra el suelo de PVC.

Apoyé mi brazo izquierdo en la superficie intentando levantarme. Érica me observó y se puso de cuclillas a mi altura. Me estrujó la cara con sus dos manos.

-Creo que necesitas un poco de alcohol para esa herida de la nariz - me dió una bofetada y se alejó.

Palpé mi nariz con mis manos y al retirarla, observé como la sangre recorría mis dedos.

- Puta - susurré levantándome.

Entré en el cuarto de baño, me acicalé el pelo e intenté parar la hemorragia de la nariz. Observé mi reflejo en el espejo al mismo tiempo que repitía en mi conciencia diversos insultos hacia Érica.

Ahora me encuentraba delante de la puerta de la habitación de Coque. Accedí al interior y clavé mi mirada en Coque que me contemplaba estudiando mi reacción...










Narra Lola:





ROXI:










Roxi y yo seguíamos jugando al ajedrez mientras Elliot (el novio de Roxi) nos hablaba de su torneo contra los Toros, él formaba parte de los Bulldogs.

- ...Y Dominic se la pasó a Aaron y él pasó por la delantera como si nada, me la lanzó a mí y...¡¡¡GOL!!! Fue increíble la gente gritaba nuestro nombre y los medios de comunicación exclamaban a nosotros, los ganadores.

- ¡¡¡Impresionante!!! ¿Y me lo he perdido? Odio tener apendicitis - exclamó Roxana.

- No pasa nada cielo. Podrás acudir a los demás partidos de la Liga. ¿Y tú?  Lola, ¿qué te parece?

- ¿Lola? Estamos en el planeta Tierra. ¿Dónde coño estás? - sonrió.

- Perdonad. Me parece genial Elliot - bajé la cabeza sonrojándome.

- Llegas tarde - respondió mirándome fijamente a los ojos.

- Mmm... - puse los ojos en blanco.

- Estás un poco...perdida. ¿En qué piensas? - Roxana movió la torre unas dos casillas y me realizó un "Jaque Mate" - ¡He ganado! - victoreó.

- No es nada...

- Roxi tiene razón, no sueles perder al ajedrez y hoy...

- No será...¿el chico de ayer? - exclamó Roxana levantando el entrecejo.

- ¿Qué chico? - Elliot frunció el ceño y me miró sorprendido.

- Ayer, esta chiquilla conoció a un chico jovencito y le besó. Desde ayer, no ha pronunciado palabra sobre él.

- ¿Enserio?

- Chicos, sigo aquí.

- ¿Es él? ¿Piensas en él? - anunció Roxana.

- Si y...¿qué? - reproché.

-  La pequeña Loli se ha enamorado - Elliot me echó la lengua.

- Has elegido bien. Es muy guapo - sonrió Roxi.

- Queréis callaros - puse los ojos en blanco y miré a otro lado sonriendo.

Más tarde, mi móvil comenzó a sonar.

- Si y aquel día en la playa...tenemos que repetirlo bebé - contestó Elliot.

- Hombre, como no - sonrió Roxana acercándose a él.

- Perdonad - me levanté y salí del cuarto de Roxi. Me escondí al lado de la puerta y lo cogí antes de que la otra línea colgase.

- Emm...¿Hola número desconocido? - el chico de la otra línea sonrió.

- Hola, no sé si te acordarás de mí. Soy el chico de ayer, el que se perdió en el hospital.

- Ahh,¿eres aquel chico tan feo que me encontré ayer?

- ¿Feo? Entonces ese que tú recuerdas no soy yo.

-  Entonces eras el chico lindo de ojos azules que se parece tanto a Brad Pitt.

- Si, ese si que lo soy.

- Tampoco te pases - sonreí sonrojándome.

- Mmm...¿No? Tú si que eres guapa.

- ¿Yo? ¿Guapa? Te equivocas entonces.

- No se qué decir. Me has dejado sin palabras con tu hermoso sentido del humor.

- ¿Qué tal si me invitas a tomar algo?

- Me parece razonable.


- Entonces... - sonó en un tono interrogador.

- Si, acepto - una sonrisa de niña pequeña se me dibujó en el rostro.

- Bien. ¿Cuándo te viene bien?

- Hoy mismo. O sea...si es posible. No quiero parecer impaciente ni mucho menos - sonreí complaciente.

- ¿Te parece bien hoy a las 14:00 en el Bar  "Vecina"?

- Perfecto. Estoy deseando que llegue la hora - me mordí el labio.

- Mmm... pues siento decirte preciosa que tendrás que esperar.

- Uppss. Tengo que colgar. Hasta las 14:00 - me despedí.

- Hasta luego, un beso - y colgó.

Me apoyé contra la pared y cerré los ojos. ¿Había conseguido una cita con el chico de ojos verdes? Agarré mi móvil y lo apreté fuerte contra mi pecho. Las mejillas se me tiñeron de rojo y mi corazón se aceleraba solo de pensar en el beso de ayer con él...

- Apuesto a que era el chico de ayer. Esa sonrisita de idiota no te la quita nadie - sonrió Elliot apoyándose en el marco de la puerta.

- JA, era él si y... ¡Hemos quedado! - sonreí eufórica.

- Me encanta verte sonreír. Este chico te ha llegado y mucho - sonrió mirándome con cariño.

- Buff, no sabes cuanto...es... perfecto - escondí mi cara que parecía un tomate y le devuelví la mirada a Elliot - Amm...¿entramos?

- ¿Te pone nerviosa que te mire? - sonrió.

-Que va... Roxi está esperando.

- Roxi está durmiendo.

- Ah si... ¡Casualidad! - sonreí forzosamente.

- Me gustaría saber lo que te pasa por la cabeza - susurró dudoso.

- Ahora mismo pienso que deberías dejarme entrar.

- Está durmiendo.

- Gilipollas.

- Me encanta cuando te enfadas - se mordió el labio acorralándome contra la pared.

- Te vas a llevar una ostia, enserio - sonreí.

- Prepárate que a las 14:00 ves a tu principe azul.

- ¿Has estado escuchando nuestra conversación?

- No... solo lo de preciosa.

- Te odio - le empujé sonriendo.

- Mmm... ya, ya - entró en el cuarto mirándome de reojo.

Sonreí y bajé las escaleras de la planta hasta encontrarme en la planta principal.
Decidí irme a casa a prepararme y a darme una ducha. Seguidamente, decidí que ponerme. Opto por una falda sencilla blanquecina, un top negro, unas sandalias de tacón alto de color negro carbón y un lazo plateado, brillante en el pelo.















Creo que el maquillaje y el colgante que me regaló Elliot hace 3 años y medio completaban el conjunto a la perfección.
Esperaba no estropear mi encuentro con Henry. Siempre metía la pata...









Narra Coque:



Érica se había ido mientras yo dormía. Poco después de escucharla marchar, sentí como la puerta se volvía a abrir.
No abrí los ojos.

- Oinnss, que mono que está durmiendo. Da pena despertarle - sonreí. Era Jess.

Escuché como se acercaba a mi cama.
Se sentó en el borde y me acarició la barbilla. Escuchaba cada vez más cerca de mi su respiración.

- Por favor, no te derrumbes, sigue en pie, pase lo que pase estaré aquí contigo, ¿vale? TE QUIERO... - unas lágrimas rozan mi mano. Está llorando.

Aún con los ojos cerrados, le cogí la cara con las dos manos y apoyé mi frente con la suya.

- Yo no te quiero, te amo. ¿Entiendes? - le limpié las lágrimas con los pulgares.

Abrí los ojos mientras me fundía en un gran abrazo amistoso.

- No sabía que estabas despierto - sonrió.

- No puedo dormir.

Jessy se incorpora y me cogió de la mano con suavidad.

- ¿Por?

- No lo sé, una preocupación inunda mi mente - le miré fijamente - ¿Has ido a casa?

- Aja. Miriam se quedó esta noche mientras yo fui a dormir a casa.

- No hacía falta que se quedara.

- Si que hacía y hace falta. No permitiría que te pasara algo y estuvieras completamente solo.

- Oye Jessy. Quiero darte las gracias por curarme, traerme al hospital, impedir que yo y ese hijo de puta nos matásemos, por estar siempre a mi lado, cuidándome, ayudándome, por nunca dejarme desprotegido y estar siempre a mi lado. También quería agradecerte todo el apoyo que le estás dando a mi hermana ya que lo necesita. Por todo lo que me demuestras. Sabes que todo lo que estás haciendo hoy por mí, mañana lo haré yo por ti.
Y te pido por favor, que me perdones por enfadarme por semejante tontería y que nunca me abandones. ¿Me has escuchado? Nunca.

- ¿Abandonarte? ¿Cómo iba a hacer eso? No lo haré. Nunca. ¿Me oyes? Nunca - dijo entre lágrimas, acariciándome la mano.

- No llores enana, tranquila. Ven - nos dimos un abrazo de oso, muy tierno y fuerte.

Sentía sus lágrimas resbalando por mi hombro y sus quejidos de sufrimiento cerca de mi oído. Su olor y su cuerpo siempre me tranquilizaban.
Me encantaba estar con ella.
Se incorporó mientras sacaba del bolso un pañuelo de tela azul.

- No puedo dejar de llorar aunque me lo pidas.

- ¿Por qué? - le miré con dulzura.

- Por ti. Porque estás atrapado en un mundo de desafíos y cuando das un paso tu mundo se desmorona y yo intento ayudarte, intento entrar en tu mundo pero...me es imposible. Sólo pretendo ponerme en tu lugar sin embargo, al enfrentarme a tus propios retos me doy cuenta de que yo no puedo ocuparme de tus problemas sino que tengo que dejar que los soluciones tú por tu cuenta. Puedo echarte una mano pero no puedo impedir que te desvanezcas de mi lado - empezó a llorar desconsoladamente.


- No entiendo lo de..."Un mundo de desafíos". Cada uno es dueño de su vida, de sus intenciones, de sus planes, de su pasado, de su futuro y de su presente. Yo tengo mi mundo y tú el tuyo no se parecen en nada pero... los dos, son especiales.

- No lo entiendes.

- No llores, por favor - apoyé mi frente con la suya y acaricié suavemente su mejilla izquierda.

- Tienes que dejar a Érica.

- ¿Qué? - exclamé sorprendido.

- Es...no... Es mala persona, controladora y metomentodo.
No es buena para ti cuando te mereces mucho más que eso.

- ¿Qué ha pasado? Te estaba empezando a caer... bien.

- No ha ocurrido nada. Solo sé que te va a hacer daño. Tal vez, no hoy, ni mañana pero algún día te romperá el corazón y tendrás que volver a unir las piezas del puzzle.

- Enserio, ¿que ha sucedido? - me miró fijamente.

- Nos hemos peleado, no te preocupes, no ha sido nada grave.

- Esa marca de tu muñeca...¿Te lo ha hecho ella?

- Creéme no es nada.

- Hablaré con ella. No tiene derecho a hacerte daño. ¿Me oyes? - exclamé cabreado. EÉrica no tenía ningún derecho a enfrentarse a mi mejor amiga.

- Fue culpa mía, no de ella - susurró mirando los nudillos de sus manos estremecedoras.

- Se va ha enterar, será gilipollas. No volverá a tocarte ni un pelo. Si vuelve a ocurrir dímelo.

- No le digas nada, por favor - suplicó.

- Se lo diré. Jessy, no te preocupes. Todo lo que nos está pasando finalmente cesará y volveremos a ser como eramos antes.

- ¿Mejores amigos?

- Mejores amigos. Y ahora, ven - me moví hacia la izquierda dejándole sitio y aparté las mantas.

- ¿Quieres que duerma contigo?

- Tú métete y luego ya veremos - sonreí complaciente.

- Mmm... me das miedo.

- ¿Crees que te voy a meter mano por debajo de las sábanas?

-  Como lo hagas te pego - intentó reprimir una sonrisa.

- Pero no has dicho que no - sonreí.

- Lo haré por ti pero no por mí.

Se quitó los botines y su chaqueta fina de color beis.

Se acurrucó a mi lado y agachó la cabeza en mi pecho haciéndome cosquillas. La abrigué con la manta y la abracé dulcemente acogiéndola entre mis brazos.

En pocos minutos se quedó dormida.

Asimilé sus palabras en mi mente. Nunca habría imaginado que Jessy pensara que nuestros mundos no estaban destinados cuando yo siempre he pensado que estábamos hechos el uno para el otro.

Acaricié su sedoso pelo que olisqueaba a dulce marfil de caramelo y que recorría mis fosas nasales con un exquisito olor inimaginable.

Tengo una conversación pendiente con Érica. Cada vez me decepcionaba aún más. No sé como pudo hacerle daño a Jessy.

Miré fijamente a Jess, dormida parecía un osito de peluche y te entraban ganas de achucharlo y nunca más soltarlo.

La pobre estaba sufriendo por mi culpa y no lo podía soportar.

- No sabes lo que te quiero pequeña. Eres más que una amiga y siempre lo serás - susurré.

Finalmente, el sueño se apoderó de mí y me quedé frito en su regazo.

Soñé con un paraíso donde solamente yo me encontraba y donde la esperanza siempre acechaba en el momento oportuno...










Narra Miriam:





Llegamos al apartamento de Derek. Aún no había amanecido y el cielo iluminaba aún la dulce luna.

Me encontraba decaída, sin fuerzas y no podía ni pronunciar una sola palabra.

- Hemos llegado. ¿Entramos?

Asentí mientras Derek me abría la puerta del edificio y me cogía de la mano ayudándome a incorporarme.

- ¿Estás bien? - pregunta mirándome a los ojos.

- Si, tranquilo - me mira con compasión mientras nos subimos en el ascensor y ascendemos hasta el apartamento de Derek.

- Nunca...has venido a mi casa.

- Eso es porque tú nunca me has invitado.

- ¿Quieres venir a mi casa algún día?

- Por supuesto. Sólo por verte sonreír haría cualquier cosa.

- Te quiero. Gracias por apoyarme en estos momentos tan difíciles - susurré entre lágrimas.

- ¿Estás llorando? Eso es que me quieres demasiado, ¿no? - sonrió besándome.

- ¿Cómo lo sabes? - le devolví la sonrisa y apoyé mi frente con la suya - No se que haría sin ti en estos momentos tan difíciles para mi.
No respondió.

Entrelazó mi mano con la suya y me fundí en un dulce beso que parecía que nunca iba a terminarse.

- ¿Has pensado en lo de trabajar en mi empresa? Tal vez, cuando todo esto terminé te...

- Claro que quiero pero...si no te importa...¿puedo empezar a trabajar después de que mi hermano salga del hospital?

- Por supuesto. Cuando estés preparada hablaremos del tema.
Creéme serás una gran secretaria y formarás parte de mi negocio - sonrió orgulloso por su victoria.

- Lo sé. ¿Qué mejor que trabajar con tu novio? ¿O no?

Las puertas del ascensor se abrieron interrumpiendo nuestra conversación que no volvería a repetirse.

Derek abré la puerta de la vivienda y accedemos al interior. Todo parece estar como siempre. La decoración afrodisíaca, los muebles colocados a la perfección y la colección de vinos caros ordenados por orden alfabético.

- Bueno, ya estamos. ¿Has dormido por lo menos unas horas?

- No, no mucho.

- Debes descansar - me acarició la mejilla y colgó mi chaleco en una de las perchas del armario de la entrada - ¿Has desayunado?

- Una galleta. No tengo apetito, en estos momentos, mi estómago está cerrado.

- ¿No quieres probar mis asombrosos spaguettis a la boloñesa?

- ¿Spaguettis? ¿¿¿A las siete de la mañana???

- No...a las siete y cinco - dijo mirando el reloj de la pared.

- Aún así... me parece que no.

- Siéntate en el sofá. Vuelvo enseguida.

- Vale - susurro.

- Toma, sirvete tu misma - anunció señalando la bodega de vinos.

- Gracias.

- Vuelvo ahora - repitió dándome un beso en la mejilla al mismo tiempo que entraba en la cocina.

Me senté en el sofá y cogí la botella de "Tabalí" de la vitrina que me mostrara Derek.


Me serví una copa y encendí la TV.

Decidí llamar a Pris, ayer me había portado fatal con ella y no se lo merecía. No sé porque todos nos enfadamos entre nosotros cuando es cosa de Henry, Érica y Coque todo este asunto. Nosotros no deberíamos entrometernos. Esto se había terminado, es cosa del pasado y ahora debo pensar en el presente porque es lo que realmente importa.

Pris siempre me ha apoyado y es una verdadera amiga. Por lo tanto, ahora debo de ser yo quién la ayude.



Abrí contactos y marqué su número. Mis dedos temblaban al rozar la pantalla táctil de mi móvil.

Saltó el buzón de voz.

- Hola, soy Pris. En estos momentos no puedo atenderle por motivos personales o porque estoy en el trabajo. Llámeme más tarde o deje un mensaje después de la señal. Gracias por su tiempo.

- Buenas Pris. Soy Miriam. Perdona por todo lo que te dije ayer. Estoy cansada y cabreada conmigo misma. Dije unas cosas muy fuertes que no quería decir.
Estoy harta del tema de la pelea. Tú no te mereces todo lo que te estoy haciendo.
Perdóname por favor, no soporto que estemos enfadadas. Tienes tus propias opiniones y debo respetarlas aunque no me parezcan justas. Te quiero muchísimo. Besos y llámame cuando puedas. Adiós - colgué y guardé el teléfono en el bolsillo de mi pantalón.

No sé si pasa de mí o simplemente no quiere ni verme en pintura.

Cogí el mando de la tele y empecé a hacer zapping rebuscando una buena película para entretenerme. Hasta que me fijé en una que parecía realmente interesante:

- ¿Por qué? ¿Por qué eres así? Eras mi amigo y ahora lo tiras todo por la borda.

- Porque la quiero. Ella es el amor de mi vida aunque sea la chica equivocada.
Perdóname, no sé como pude hacerte esto...

- No me toques, déjame en paz. Me hiciste muchísimo daño y no puedo perdonarte así sin más. Te odio - bebí un trago de la bebida que tenía en la mano.

- Por favor, eres mi mejor amiga, te necesito. Te quiero.

- No, lo siento. No soy el segundo plato de nadie y menos el tuyo. Vete con esa chica ya que tanto la deseas.
Te apoyé, te consolé, te entregué mi amor y...¿así me lo pagas? Estaba enamorada de ti y es más, lo estoy. No me atrevía a decírtelo y cuando esa muchacha llegó...te dí por perdido.

- ¿Me...quieres?

- Si. Pero yo a ti parezco no importarte lo suficiente.

- Eso es mentira. Yo...también te quiero.

Se besaron y la película terminó. Levanté la mirada y cuando me dí cuenta me había terminado la botella de vino.

Entonces pensé en todos los momentos que había pasado con Henry: las peleas que tuvimos, los secretos, los sentimientos, las caricias...todo.
¿Por qué me ocurría todo esto a mí?  Era feliz y quiero seguir siéndolo.

- He vuelto. Estaba cogiendo unas cosas. ¿Cómo te encuentras? - me acarició la mejilla.

- Bien, tranquilo.

- ¿Estabas viendo la tele? - se sentó a mi lado.

- Si, pero la peli ya ha terminado - sonreí - ¿Sabes? Cuando abrí la caja de terciopelo rojo y me encontré una puta llave en su interior pensé: "Mi novio es un completo gilipollas". ¿Una puta llave? ¿Enserio? - comencé a reírme sin parar.

Cogió la botella de vino.

- ¿Te has tomado toda la botella? - exclamó sorprendido.

- Que más da - ignoré.

- Miriam, enserio...¿estás bien? - preguntó confuso.

- Si - me reí inocentemente - ¿Sabes? Nunca puedes saber lo que ocurrirá porque en cualquier momento tu vida puede cambiar, a mejor o a peor pero siempre te sorprenderá. Cuando ocurren tantas novedades a la vez es como si Dios se centrara solo en ti y en querer destruirte la vida poco a poco.

- Sabías palabras para estar ebria. Todo esto te afecta, ¿verdad? Y por eso utilizas esto, para olvidar y seguir adelante - cogió la botella entre sus manos y me la ofreció con resentimiento.

- El alcohol lo utilizo para escapar y dejar el sufrimiento atrás - cogí la botella.

- Tú te vienes a la ducha. Apestas a alcohol - me rodeó la cintura con sus suaves brazos y me condució hasta el cuarto de baño.

- Si vas a aprovechar esta ocasión para acostarte conmigo... Te sugiero que...

- Calla - me interrumpió al mismo tiempo que me ponía un dedo entre mis labios.

- Un segundo, ¿ Me has mandado callar? ¿A mi? - pregunté atónita.

Abrió el grifo y el agua empezó a inundar el plato de la ducha.  Me agarró la mano y me empujó con suavidad contra la pared de la misma. Sentí como las gotas de agua rozaban mi cabellera y resbalaban por mi torso.
La ropa se pegaba a mi figura y al cabo de un tiempo, noté la atenta mirada de Derek en mis sentidos.

- Ducharse con la ropa puesta no es una buena opción - sonreí.

Me quité arrebatamente la camiseta y se la lancé bruscamente a Derek. Él, me miró arqueando una ceja y la dejó apoyada en un rincón del cuarto de baño. Al igual, me desposé de mis shorts.

- Siempre tan ordenado, Derek - le miré con ironía.

- Aprendí de la mejor - susurró quitándose la chaqueta.

Volví a dirigir mi mirada hacia él mordiéndome el labio

- ¿Te vas a quedar ahí... mirándome? - dije con ojos centellantes de deseo.

- Me gusta apreciar tu belleza, Miriam - cruzó los brazos y me miró fijamente desafiándome.

- ¿ Me ayudas con la ropa interior? - susurré dándome la vuelta al mismo tiempo que le guiñaba un ojo.

- Sé lo que intentas, muñeca. No voy a hacerlo por tu convenencia - deletreó mientras se mantenía inmóvil.

- ¿A no? - dije aguantando las inmensas ganas de reír a carcajadas.

- Debo irme. Te espero en la cama - se acercó para besarme cuando lo impulsé en torno a mí. El agua seguía fluyendo y el vapor del agua avanzaba rápidamente sobre nosotros.

- Así que te querías ir... - fruncí el ceño y lo inmovilicé contra las paredes de la ducha - Quiero hacerlo, aquí y ahora - susurré a su oído mientras le mordisqueaba la oreja.

- Estás...

- Cachonda es la palabra que buscas - le besé con pasión.
Él me agarró por la cintura y rodeó mis glúteos con sus manos fuertes y ágiles.

- Salida. Nadie puede resistirte a ti- se mordió el labio.

- Esto me trae recuerdos de la primera vez que te conocí - sonreí maliciosamente mientras hacia memoria.

- Oh si, muñeca - susurró mientras acariciaba mi espalda llegando al abrocho de mi sujetador.

Se retiró los pantalones y la camisa completamente mojada. Realmente, no sé como ocurrió. Tenía un odio inmenso por ese chico, me pareció el típico empresario amargado que no sabe sonreír pero desde aquella noche en el desván, pude comprobar que era un chico muy tierno, siniestro, romántico y que estaba jodido como yo. Se abrió a mi encandilándome y obligándome a amarlo con todo mi corazón.

Me besó mientras me agarraba las manos y las colocaba por encima de mi cabeza.

- Voy a bajarte las bragas sin tocarte con las manos - susurró con una entre sonrisa.

Deslizó sus manos por todo mi cuerpo hasta llegar a la goma de mis bragas. Una vez allí, se puso de cuclillas y atrapó mis bragas con la boca agarrándolas con los dientes mientras las deslizaba por mis piernas.

- ¡¡¡Derek!!! - grité absorbiendo un gemido mientras apoyaba mis manos en la pared de la ducha.

Él dejó lo que estaba haciendo y me miró detenidamente.

- No te he tocado - me guiñó un ojo.

- Ven aquí - reí mientras él se incorporaba.

- ¿Qué? - sonrió a pocos centímetros de mis labios.

- Quiero que me toques - dije poniendo sus manos en mi cintura mientras jugaba con su pelo revuelto.

Fui deslizando mis manos hasta llegar a sus Calvin Klein. Fruncí el ceño.

- ¿Qué ocurre? - preguntó notando mi desagrado.

- ¿Enserio? ¿¿¿Calvin Klein??? - abrí los ojos mientras me apoyaba en sus hombros.

- ¿No te gustan? - preguntó realmente tocado.

- Solo...me ha sorprendido - dije acariciándole la mejilla con cariño.
Él, aprovechando el momento me robó un beso muy apasionado y yo me deshice de sus Calvin Klein deslizándolos por sus piernas.


Me quedé mirándolo fijamente con ojos ardientes y audaces. No era la primera vez que lo veía desnudo frente a mi pero aún así me quedaba embobada con su impresionante cuerpo, sus bíceps, sus pupilas mirándome fijamente...


- Te voy a penetrar rápidamente y luego nos iremos a la cama.

- Si - levanté una ceja en señal de confirmación -Hazlo ya.

Y se introdució dentro de mi haciendo que suaves gemidos dieran a la luz.
Es impresionante la pasión que demuestra este chico.


Repitió el suceso varias veces hasta que llamaron inesperadamente a la puerta.


- ¡Noo! ¿No irás a abrir? - exclamé decepcionada.

- Tengo que ir, a lo mejor es importante.

- Estaba llegando...

- Luego continuamos - me besó la mejilla retirándose de dentro de mi.

Se enrolló una toalla en la cintura y salió del baño.
Escuché el chirriante sonido de la puerta principal.
Podía escuchar la conversación con dificultad pero con todas las palabras en su orden.

- Buenos días señor Karev. Vengo a entregarle el impuesto del edificio.

Valla es Jerry.

- No crees... que a estás horas...¿ la gente aún está durmiendo? - le dice Derek con aire amenazador.

Cogí una toalla y me la enrollé en el cuerpo.
Abrí la puerta del baño y me asomé.

Empecé a caminar hacia la entrada principal.

- ¡¡Hola Jerry!! - grité emocionada mientras me apoyaba en el hombro de Derek y observaba a los dos con perspicacia.

- Upps, ¿he interrumpido algo?

- Si, mi orgasmo mañanal. Pero no pasa nada, como me caes bien te perdono.

- ¡¡¡Miriam!!! - gritó Derek como echándome la bronca y sonrojándose a la vez.

- Señorita Fernández parece usted muy...animada.

- Se ha bebido una botella de vino y no le ha sentado muy bien que digamos - susurró Derek mientras evitaba mis agudas miradas espectantes.

- No quiero saber más detalles de su vida sentimental. No es... asunto mío.
Bueno, tome. Les dejo seguir con lo que estaban haciendo - puso los ojos en blanco y le entregó el impuesto a Derek.

- Gracias Jerry. Hasta mañana - le guiñé un ojo mientras empezaba a cerrar la puerta.

- Hasta lue...- susurró sin dejarle acabar la frase y cerrándole la puerta en las narices.

 Derek me miró fijamente con ira expresada en sus ojos. Yo me limité a sonreír tímidamente.

- A dormir, ya.

- Nooo - grité con desilusión mientras me dirigía al cuarto de baño.

- Quería dormir contigo pero ya que no quieres...

- Vale - me giré mirándole - Vámonos a la cama - sonreí cogiéndole de la mano y dirigiéndole hasta el cuarto.

- Espera, hay que recoger el baño.

- Pues venga - me dirigí al cuarto de baño.

Después de recoger todo y de estar completamente secos, Derek y yo nos dirigimos al dormitorio.

- Métete bajo las mantas - susurró.

Dejé caer la toalla que resbaló por mi cuerpo hasta caer finalmente en el suelo. Me acosté sobre las sábanas celestes que formaban parte de la decoración austera del cuarto.

Derek hizo lo mismo quedando totalmente los dos desvestidos.

- Buenas noches, mi ebria - se acercó a mi y me besó con ternura. Yo, aproveché para quedar suspendida encima de él. Empecé a lamer todo su torso mientras él se quedaba inmóvil mirándome.

- Miriam, para. De...debemos dormir - dijo mientras me cogía de la barbilla para mirarme a los ojos.

-Aburrido - susurré poniendo los ojos en blanco mientras me enfurruñaba y me tumbaba a su lado dándole la espalda y abrazando a la almohada con mucha rabia interior.

- Tampoco te pongas así, amor - me besó el hombro mientras me acariciaba el pelo con dulzura.

- Ni amor ni ostias - cerré los ojos ignorándole.

Él, se levantó de la cama y se dirigió a mi. Me acarició la mejilla con ojos culpables y llenos de arrepentimiento.

- Pienso en ti. Llevas días sin poder dormir y quiero verte descansada - susurró - ¿Si?

- Anda, métete en la cama. Es imposible ignorarte - puse los ojos en blanco mientras él sonreía y volvía a su sitio de antes.

Al ver, que seguía dándole la espalda. Hizo que me girara suavemente.

- ¿Enserio prefieres abrazar a la almohada antes que a mi?

- A lo mejor...la almohada si quiere tener relaciones sexuales conmigo - dije cerrando los ojos.

Él sonrió con una sonrisa muy contagiosa. Se acercó poco a poco a mi dado, que notaba su respiración en mi nariz y me hacia cosquillas.  Me rodeó con sus tiernas manos y las fue bajando a medida que su respiración se aceleraba. Finalmente, terminó acariciando mis piernas con dulzura. Eso fue mi perdición. Abrí los ojos y le besé con ternura.

- Mmm... me encanta el sabor de tus labios - dijo relamiéndose mientras seguía abrazado a mi.

Sonreí ante ese comentario y apoyé mi frente con la suya. Acaricié su mejilla con ternura.

- Desde que entraste en mi vida eres una droga para mi. Mi perdición - dije susurrando mientras me acurrucaba en su pecho con su permiso.

- Oye, has usado protección, ¿no? - pregunté y al no escuchar su respuesta me erguí y le miré - ¡¡¡Derek!!!










lunes, 4 de mayo de 2015

CAPÍTULO 23: CARPE DIEM







DÍA: 8 DE AGOSTO











Narra Henry:


Las ganas de salir de allí pitando me consumieron. Ante el cabreo y las ganas indeseables de marcharme por la ridiculez que estaba sintiendo en mi interior. Enamorarme de una persona que no merecía ser querida ni merecía querer.
Eso era lo que le ocurría a esa chica, el egoísmo era tan influyente que no dejaba que sus sentimientos hacia los demás diesen fruto por ser visibles.
Al unísono, Eri no comprendía lo que realmente sentía hacia ella y como siguiese por este camino no lo entendería jamás.

Yo realmente no le importaba, era como una toallita de usar y tirar pero con sentimientos sacados a la luz que pasan desapercibidos.
¿Algún día lo comprendería?


Me dirigí a la cafetería del hospital dispuesto a olvidar lo ocurrido y a olvidarme al fin de ella.
Allí había quedado con Pris después de haber hablado con Coque.
Me apresuré, estaba tardando lo suficientemente como para que Pris se hartara y se fuera sin mí.


Recorrí los pasillos de cirugía con la esperanza de encontrar la salida. Vale, lo admito, me había perdido.
El centro sanitario era de un tamaño inmenso y ni siquiera sabía en que planta me encontraba. No se hallaban ventanales, el color blanco inundaba toda la planta y cada esquina que recorría parecía ser la misma que la anterior. Comencé a pensar que estaba recorriendo el mismo camino cientos y cientos de veces sin ni siquiera darme cuenta.
Las escaleras desaparecieron y apenas se encontraban enfermeras en la estancia.
Crucé la esquina que volvía a dar al mismo pasillo que recorrí hace unos miseros minutos, accidentalmente tropecé con una chica.

Levanté la mirada, parecía una chica joven de unos veinte y tantos. Sus ojos azules cielo destacaban bajo su melena de color castaño madera. Solo con verla aparentaba ser bastante amable y alegre. Lo que digamos una muy buena impresión.

Ella al encontrarse conmigo, derramó al suelo un lote de papeles escritos a pulso. Asemejaban apuntes.

- Lo siento, perdóneme - escondió su mirada bajo su flequillo, tal vez para no sentirse una imbécil trás una peculiar manera de conocernos.
Le sonreí para demostrarle confianza y dar una primera buena impresión.

- No...no te preocupes. La culpa es mía. Estaba pensando en mis cosas y me despiste - reconocí asumiendo mi error,

- No - sonrió - fue por mi culpa, me encontraba despistada buscando una habitación pero no sé si estoy en la planta adecuada.

Le ayudé a recoger los folios esparcidos por los alrededores.

- Si, la verdad es que esto es un gran laberinto. Es una pena que dejara la brújula en casa - arqueé una ceja divertido. Me miró al fin y ocultó su grata sorpresa.
Sonrió de inmediato y se levantó tímidamente.

- Gracias por ayudarme a recoger la Biblia - sonrió.

- Tantos papeles juntos es cierto que lo parece y tranquila, no es nada. Faltaría más ya que fue culpa mía - puso los ojos en blanco.

- Ya te dije que la culpable soy yo.

- ¿Sabes? Da igual quien fuera, lo importante es que ahora te conozco - le respondí guiñándole un ojo.

- ¿Intentas ligar conmigo, chico sin nombre? - me dedicó una sonrisa con picardía.

- Puede ser, tal vez. Por cierto, me llamo Henry.

- Yo Lola, encantada - después de sonreírle le dí un beso en la mejilla.

- Un nombre muy bonito para una chica muy bonita.

- Henry también es un nombre muy lindo - se sonrojó.

- Así que tienes genes argentinos... - sonreí bajando la mirada.

- Nací allí, me mude hace unos años. De ahí el acento - sonrió.

- Se te nota en la voz, Lola - bromeé.

- Puedes llamarme Loli si quieres jjajaj, guapo.

- ¿Guapo? ¿He escuchado bien? - me sorprendí.

- Es que no se que decir...me pones nerviosa - soltó un gemido.

- ¿Qué son todos estes papeles? - pregunté señalándolos.

- Tengo a mi abuela ingresada en el hospital y mis padres murieron cuando yo tenía tres años así que ella es la única que me cuida en estos momentos. Estos son los papeles del hospital - Escondió su rostro entre su melena de forma que no podía verla.

- Vaya, lo siento. No debí preguntar.

- ¿ A qué me ha salido una historia cojonuda? - levantó la mirada con una entre sonrisa.
Bajé la mirada para que no se escapará una carcajada.

- Capulla, y yo creyéndomelo- sonreí con picardía.

- Tu risa es contagiosa - se miró los nudillos - tengo a una amiga en el hospital y estos son los deberes de la universidad.

- ¿Tu vas a la uni? - pregunté sorprendido.

- No, es que su titor me los pasó para dárselos a ella.

- Ahh y, ¿cuántos años tienes? - pregunté con intriga.

- Tengo dieciocho y... ¿tu?

- Yo también, ¿coincidencia? - sonrió - ¿ y vives aquí?

- No, no vivo en un hospital.

- ¿ No me digas? - sarcasmo.

- Jaja, vivo en la calle Zahara, ha tres manzanas de aquí - me miró fijamente.

- Yo vivo en la calle Rutt.

- Vivimos cerca, ¿casualidad?

- Creo que es el destino - soneí - ¿y que le pasa a tu amiga? Perdona -
Soy muy preguntón lo sé, pero la curiosidad gana a la pesadez.

- Se llama Roxana y la operan hoy de apendicitis.

- Pues dile de mi parte que se recupere - le cogí de la mano sin darme cuenta.

- Oye, te invito a tomar una copa, por las molestias.

- No puedo, necesito encontrar la habitación de mi amiga.

- ¿ Te ayudo?

- Pero si tú también estás perdido - rió.

- Ya no porque te encontré a ti - me sonrojé.

- Vamos - me cogió de la mano sonriéndome.

Recorrimos la planta y por fin encontramos la salida. Unas escaleras escondidas detrás de unas puertas de cristal llevaban a la planta número seis.

- Roxi debe de encontrarse en la planta número diez.

- Mira, unos ascensores - señalé a la vez.

-Mmm...tienes buenos reflejos - me soltó la mano con picardía y se dirigió al ascensor.

Me quedé observándola, era muy... amable. Tenía algo...escondía algo detrás de esa sonrisa.

- ¿No vienes? - me miró fijamente.

- Jjja - la seguí y entré al ascensor a su lado, estaba lleno.

Nuestras miradas se cruzaron unos segundos, eso hizo que ella se sonrojase.

- Me resultas intimidante.

- Mmm... ¿tú crees? - las viejas nos miraban con recelo.

Lola se calló y hasta que no llegamos a la planta propuesta no abrió la boca, tal vez por la incomodidad de las señoras mirándonos. No la culpé. Yo sentí lo mismo.


- Veamos, estamos justo aquí - indicó mirando para el mapa del edificio.

- ¿Tenías un mapa pillina y no me lo dices? - fruncí el ceño.

- Ahh pero...¿no eras un experto en esto?

- Jajaj, te recuerdo que también estaba perdido.

- Según tú me encontraste y te volviste a encaminar - se sonrojó.

- Bueno... habitación número 456, veamos... - confuso miré el papel que tenía entre mis manos.

- No cambies de tema - me cogió de la barbilla para que la mirase.

- Se me hace tarde y...vamos - le cogí de la mano y seguimos buscando la habitación de su amiga.

Recorrimos los pasillos en busca de la puñetera habitación.

- La próxima vez dile a tu amiga que la ingresen en la primera planta.

- Ja, si claro - sonrío - ¡mira! Es aquí.

- Por fin.

- Bueno...esto es un adiós... - susurró bajando la mirada.

- Podemos quedar algún día...

- ¡Lolii! Valla, por fin has llegado - susurró una chica acomodada en la cama del hospital.

- Si, me he perdido y este chico me ha ayudado.

- Ohh - sonrió observándome.

- Encantado, me llamo Henry - me acerqué a la camilla.

- Yo soy Roxana.

- Bueno... Henry ya se iba.

- Me echas que es diferente.

- Jajaja, valla me caes bien - respondió Roxana - ¿os acabáis de conocer?

- Si, por desgracia - bromeó Loli.

- No digas eso mujer - respondió Roxana.

- Bueno... ya quedaremos, ¿ehh? - arqueé la ceja.

Cogió un boli y me agarró la mano. Me apuntó su número mientras la observaba con curiosidad.

- Ahora solo tienes que llamarme - me guiñó el ojo.

- Eso no lo dudes - sonreí mirando el garabato de mi mano izquierda.

- Hasta otra.

Le di un beso en la mejilla seguido de un abrazo y finalmente me despidí de Roxi al igual.

Salí por la puerta.

- ¡Espera!

- ¿Si? - me giré para mirarla detenidamente.

- Te olvidas de algo.

- ¿ El qué? - pregunté confundido.

- De esto - me cogió la cara con las dos manos y me plantó un corto beso que solo duro unos miseros segundos - ya puedes irte - se relamió los labios con mirada ardiente y entró en el cuarto.


- ¿Qué ha sido eso? - sonreí con satisfacción al escuchar las palabras de Roxana.


Yo asombrado, empecé a caminar con las manos en los bolsillos conforme con mi victoria.


Miré los nueve números escritos a tinta roja en mi mano, alcé la mirada y me adentré en el ascensor.
Me apoyé en la barra de atrás ya que el ascensor estaba completamente vacío.
Ya en el interior, pulsé la tecla de la planta principal y en pocos minutos me encontraba en la cafetería del hospital. Busqué con la mirada a Pris y me la encontré en la barra tomándose una CocaCola.
Me acerqué a ella con agilidad.

- Ya estoy aquí - dije rozándole el hombro.

- Joder, que susto.

- ¿Nos vamos? - insinué con dulzura.

- Si, ¿quieres tomar algo?

- No, gracias - sonrió.

- ¿Seguro? Invito yo - se levantó dejando el billete en la barra, no vi cuanto era.

- No quiero, gracias de todas formas - le cogí de la mano - venga vamos.

Nos fuimos corriendo hacía el coche de Pris y entramos en menos que canta un gallo. Cogimos la autopista y empezamos a charlar de lo ocurrido aunque no me apeteciera.

- ¿Estás pintado de barra de labios? - me cogió de la barbilla y me observó con destreza.

- ¿Yo? - pregunté finjiendo estar extrañado. Me limpié los labios.

- ¿Qué coño...?

- No es nada, luego te lo explico.

- Bueno...¿qué tal con Coque? - preguntó sin quitar ojo de la carretera, muy intrigada.

- No hubo beso por desgracia - sonreí.

- Bobo - puso los ojos en blanco.

- Le pedí perdón - miré mis nudillos.

- ¿Y? - me miró con recelo.

- Nada, no me perdona y con mucha razón - me rasqué el labio en modo de desilusión, como si supiera que ocurriría.

- Intentaré hablar con él - susurró con cariño, mirando a los alrededores.

- Gracias pero ni te esfuerces - suspiré y me acomodé - No quiero que te metas en líos por mi culpa.

- ¿Y tardaste tanto para que solo te diga que no te perdona?


- Me perdí, soy un auténtico desastre - la miré y noté en su mirada un cabreo acelerado.

Tal vez fuera por Coque, por Eri o tal vez fuera por mí.
Era un completo imbécil, me lo aconsejaron " no te acerques a Eri " y en esos instantes me encontraba entre la espada y la pared. Mi corazón se paró en seco y mi riego sanguíneo estaba en su recta final.
Estaba muriendo de amor por segundos...
¿Lola? Era una chica bastante...alegre pero no estaba preparado para olvidarme completamente de Érica y comenzar de cero.
Tenía por sentado que la olvidaría y se desvanecería de mi vida en una temporada pero mientras tanto debía sonreír y abstenerme de cualquier contacto directo con ella y sobretodo con Coque.
¿Cómo mirarle a la cara después de haberme acostado con su novia? Imposible.


- No te culpo - sonrió - el hospital es inmenso.

- He conocido a una chica y gracias a ella pude encontrar la salida.

- ¿Cómo se llamaba? - no quitaba los ojos de la carretera.

- Lola. Tenía la misma edad que yo y parecía una chica bastante agradable.
Hablamos y como los dos estábamos perdidos, nos ayudamos mutuamente. Ella buscaba la habitación de su amiga, la acompañe y luego regresé a la cafetería.

- ¿Nada más? ¿No quedásteis?

Le mostré mi mano, aún escrita. Ella me miró un segundo y comenzó a reírse descaradamente.

- Bien hecho, amigo.
Me sonrojé mientras observaba por la ventanilla del automóvil lo que ocurría a nuestro alrededor.

- He decidido olvidarme de Érica por completo. Me llevará algún tiempo, lo sé pero no demos falsas esperanzas antes de intentarlo. Coque y ella se desean de una forma bastante especial y cuando quieres tanto a una persona, debes dejarla marcharse...apartarse y dejarle ser feliz de la mejor forma posible - alzó la mirada sorprendida y pestañeó mientras intentaba entender lo que acababa de decirle. Ponerle sentido a las cosas.

- Me...asombra que por fin te hayas dado cuenta. Has tomado la mejor decisión de tu vida y te juro que no te arrepentirás de la decisión que acabas de confirmar.


Las palabras de Priscila, me dieron más fuerza para continuar mi camino y para entender la realidad que me rodeaba. Durante esos meses, estuve dentro de mi propia fantasía y he superado mis límites infranqueables. Era digno de mi propia vida y dejé de intentar cambiar mi propio destino. Lo acepté y no usé riendas, ni excusas a lo que me preparase el futuro.


No tenía nada más que decir...












Narra Pris:



No quería darle más vueltas al tema. Para mí estaba finiquitado, obsoleto y excluído. Todo el mundo hablaba de ello y de las razones de Henry por hacer lo que hizo. La pelea, los rencores, la inseguridad, el amor...todo es cosa de nuestro cerebro, esto realmente no existía. Si no le prestáramos atención a las cosas negativas de la vida podríamos ser realmente felices sin importarnos nada más.
Yo quería ser feliz, ¿quién no deseaba serlo?

En fin, acompañé a Henry a su casa. Él parecía inquieto, creo que me ocultaba algo pero tenía miedo de comentárselo por la reacción que podría presentar.
La pertinente idea que me venía a la cabeza era la posibilidad de que a Henry le pareciera Lola algo más que una simple chica amable y a la vez alegre.

- Hemos llegado.

- Gracias por traerme - anunció desabrochándose el cinturón de seguridad.
Bajé la mirada impulsivamente.

- ¿Llamarás a la chica de ojos azules? - alcé una ceja con precisión mostrándome lo más creíble posible.

- Supongo. No lo sé. ¿Por? - frunció el ceño.

- Creo que ha ocurrido algo más entre vosotros pero no quieres contármelo - rosmé en voz baja.

- ¿Por qué insinúas eso?

- No te veo como un chico con genes femeninos.

- ¿Femeninos? - repitió recalcando la palabra.

- ¿Rimel en los labios?

- Te fijas en lo que no te tienes que fijar.

- No has contestado a mi pregunta - abrí los ojos.

- Me besó.

- ¿Lola? - pronuncié con sorpresa.

- ¿Quién sino?

- ¿Ella a ti?

- Supongo que no sé... quiso dármelo en la mejilla y...pues se desvió - contestó no muy seguro de su respuesta.

- Claro - ironía pura y dura - le gustas - exclamé con emoción.

- NO - se sonrojó.

- ¿ Y a ti te gusta?

- No, tengo aún muy reciente lo de Érica, creéme - puso los ojos en blanco.

- Debes olvidarte de ella y de su nombre. Tienes que conocer a otras chicas y así te será más fácil olvidarte de Érica.

- ¿Por ejemplo?

Sonreí.

- No te hagas el gilipollas. ¿A quién va ser? A Lola - grité descarada.

Se separó y volvió a poner los ojos en blanco.

- Llámala, sólo llámala.
Debes intentarlo - expresé con emoción.

- ¿Por qué estás tan empeñada?

- Porque eres muy buena persona y te mereces a una chica que te quiera y que no esté comprometida con tu mejor amigo.

- Deberías dedicarte a pensar también en tu futuro.
¿ No tienes novio, no estás enamorada?

- El amor no llegó a mi puerta y si llegara ahora mismo, le daría pasaporte - sonreí..

- Estás cerrada, consumida - suspiró.

- No necesito que un chico me ahogue la fiesta y me destruya la vida.

- Valla definición tienes tú del amor - pestañeó.

- Es que he pasado por eso y no quiero que se vuelva a repetir. No se lo deseo a nadie.

Los ojos se me llenaron de lágrimas pero pensé que sería una ridiculez echarme a llorar en ese justo momento así que me las aguanté con cautela.

- Venga, llámala - sonreí forzosamente.

- Está bien - me miró sonriendo - la llamaré.

Se bajó del coche.

- Es verdad, ¿quieres pasar? - preguntó con dulzura.

- No, gracias. Tengo un trabajo que atender - ladeé la cabeza con negación.

- Siempre trabajando - puso los ojos en blanco dirigiéndose a la entrada de su vivienda.

- Llámala.

- Pesada - introdució la llave en la cerradura y giró el pomo de la puerta con facilidad.

- Jajaj, hasta mañana.

- Adiós y por cierto - me giré para mirarle mientras encendía el motor del coche - suerte y...no pienses que el amor no existe. Sólo debes encontrar a la persona adecuada y esperar a ser encontrada.

Asintió y sonrió.

Miré el volante y mientras escuchaba el sonido de la puerta al cerrarse, encendí la radio del automóvil y me sumergí en el mundo de los "Rolling Stone".

Mientras aceleraba pensé en todo lo que puede ocurrir en un día, en las posibilidades de morir en un sólo día. En pocos segundos tu vida puede cambiar, sólo si tú lo decides...


Llegué a casa. Me vestí apresuradamente e intenté evitar el contacto directo con mis padres.

Si le decía que me habían puesto otra multa este mes...se armaría una buena.

La multa esa vez, tendría que pagarla yo misma con mis sueldo e intentar que mis padres no se hulieran nada de eso.



Me puse esto:







Un conjunto bastante cómodo y sencillo para trabajar.

Volví a mi querido Audi 4x4 y en poco tiempo estaba en mi lugar preferido, mi tienda de ropa "Star".

La gran pasión y fuerza que puse para conseguir que mi negocio fuera adelante fueron inmensas y me alegraba mucho de haber llegado hasta aquí.









Narra Miriam:




Seguíamos en la consulta de la doctora esperando la razón de las molestias que sufría Coque.


La doctora se acomodó y sostuvo en sus manos los informes.

- Vamos a ver. Chicas, los resultados no son ni buenos ni malos.

- ¿Qué ocurre doctora? - pregunté preocupada.

- Veamos. Todo parece estar correcto. Sus ánalisis, su cerebro, los escáners, las resonacias no muestran nada... que era lo que más nos preocupaba pero al hacerle pruebas más intensas, concretamente la biopsia fue lo que nos ayudo a averiguarlo.

- Las biopsias son para detectar... - susurró Jessy.

- Si - respondió muy seria la doctora.

- Usted está seria así que las noticias que nos va a dar no son buenas - añadí con delicadeza.

- Ante todo, Coque está bien...

- Que esté bien es lo de menos, lo importante es si estará bien durante más tiempo.

- Verán, la causa que llevó a Coque a tener regurgitaciones entre otras cosas, los vómitos con sangre, la pérdida de conocimiento...en simples palabras, fue porque hemos detectado un tumor. Entre las diversas pruebas y conocimientos que le realizamos...los resultados llevaron todos a la misma razón, a la misma meta. Mediante la biopsia y los escáneres, descubrimos que Álvaro tiene un tumor en la zona estomacal.

- ¡Dios! - dijo Jessy ante el asombro.

- No puede ser. ¿Esto es una broma? Si estaba bien.

- Siento decirle que no es una broma señorita Fernández - la doctora entrelazó sus manos y bajó la mirada con indeterminación.

- Mi hermano se muere - unas lágrimas cubrieron mis ojos mientras Jessy estaba en shock tras lo que acababa de escuchar.

- Tranquilícense. Trás la disputa entre el señor Fernández y la otra persona, usted lo condujo al hospital inmediatamente y si no respondieran de esa forma ahora mismo Coque, no sabría lo que le ocurre.
Al venir y hacerle las pruebas, hemos descubierto con antelación el tumor que aún no se ha desarrollado hasta acadar los límites.
En simples palabras, gracias a la pelea, los síntomas del tumor han salido antes a la luz y lo hemos localizado a tiempo. Lo que significa que podemos operarle.

- ¿Enserio? - mi corazón se calmó mientras miraba a Jessy que estaba secándose las lágrimas discretamente.

- Si y le explicaremos al paciente la operación que le podremos realizar si él está dispuesto a someterse a ella.

- ¿Hay riesgo de fallecimiento durante o después de la operación? - pregunté más calmada.

- Tiene un 45% de posibilidades de que el paciente supere la operación.

- Pero doctora, no llega ni al 50%. ¿ No hay otra posibilidad de eliminar el tumor sin realizar ningún corte en el paciente? - intentó convencerle Jessy.

- Hemos recurrido ha esa posiblidad pero...la quimio no solucionaría nada.

- ¿ Y si no se opera? - pregunté imaginándome la respuesta.

- No sobrevivirá. Sólo tenéis esa posibilidad, o se opera o... - miró fijamente al suelo frunciendo los labios.

- Gracias, doctora - responde Jessy mientras yo me apodero de las fuertes ganas de romper a llorar y cuando las ganas se hacen más poderosas, estallo en mil pedazos.

- No...es nada. Miriam, haré todo lo posible por salvarle la vida. Te lo prometo - dijo cogiéndome la mano con dulzura.

- Pensaremos la posibilidad de operarle - dijé levantándome torpemente.

- Mañana me pasaré por la habitación de Coque y le explicaré la operación y los riesgos que puede suponer. Él es quien tiene que decidir - susurró - bueno, tengo que atender a un paciente. Gracias por su atención y luchen todo lo que sea necesario. Suerte. Buenas tardes - salió del despacho.

- Adiós - susurró Jessy antes de que desapareciese por completo.

Inmediatamente, salimos conjuntamente Jessy y yo.
El dolor me absorbía por dentro, llorar era poco en esos momentos. Observé por la ventana de la planta la lluvia rozando los ventanales y el viento siguiendo su ritmo al unísono, creando una gran escena y al mismo tiempo, una orquesta suave y profunda de sonidos.

Apuesto a que nunca te has puesto a imaginar y a pensar en la maravillosa sinfonía que produce la naturaleza y los medios meteorológicos.

Las lágrimas seguían acariciando mis mejillas sensibles y suaves, ya no importaba, ya no podía sentirlas, ya no podía pensar. La vida era injusta, Jesús era injusto. Te entregaba lo que deseabas y te arrebataba al mismo tiempo tu felicidad. "Nunca puedes tener todo lo que te enorgullece".

- Miriam, ¿qué te ocurre?¿estás bien?

Me encontraba tumbada en el suelo y un grupo de gente me miraba extrañada y confundida.
Derek me susurró mientras intentaba aclarar la vista. ¿Por qué estoy aquí?

- Miriam - me abrazó - ¿te encuentras bien? Jessy ha ido a buscarte una botella de agua fresca.

Me levanté aceleradamente.

- Con cuidado - insinuó Derek ayudándome a erguirme.

- ¿Qué ha ocurrido? - pregunté confundida mientras intentaba asimilar mi dolor de cabeza.

Miré al mi alrededor, los grandes ventanales fueron remplazados por unas ventanas enanas en la parte superior de la pared y podía contemplarse los cristales evaporados y una suave brisa en la estancia.

Ya no llovía.

- Te has desmayado, cielo - respondió Jessy ofreciéndome una botella congelada.

- ¿Pueden dejar de mirarme como si fuera un bicho raro? ¿No tienen mejores cosas que hacer? - suspiré mientras la gente apartaba la mirada y se marchaba.

- Valla, creo que estás mucho mejor - me sonrió Derek.

- ¿Me he desmayado? - pregunté confusa.

- Estabas tranquila cuando de repente perdiste el conocimiento - respondió Jessy.

Cogí la botella de agua y bebí pequeños sorbos.

- Fue justo al salir del despacho de la doctora - susurró Derek con dulzura.

- Ah.

- ¿Puedes incorporarte?

- Por supuesto - me levanté con la ayuda de Derek y Jessy. Luego, me senté en uno de los sillones de la gran sala de espera de la planta.

- ¿Tienes idea de porque te has mareado? - preguntó Derek.

- No lo sé.

- Fue por lo que nos dijo la doctora - respondió Jessy.

- Vale...me estáis acojonando... - sonrió Derek - ¿qué pasa?

- Mi hermano tiene un tumor estomacal - bajé la cabeza sin mirar la reacción de Derek.

- ¿Qué? ¿Pero puede operarse o solucionarse de alguna forma? - miró a todos lados con nerviosismo.

- Puede operarse pero sólo hay un 45% de posibilidades de que sobreviva a la operación.

- ¿Y si no se opera?

- Morirá...

- Lo siento muchísimo Miriam - dijo sentándose a mi lado mientras me abrazaba con fuerza - ¿qué vais a hacer?

- No lo sé - respondí bajando la mirada.

-  Coque no debe operarse, las posibilidades de que sobreviva son remotas. No se operará - afirmó Jessy con lágrimas en los ojos.

- Esa opción es... La decisión tiene tomarla Coque no nosotros - respondí mientras Derek nos observaba miticulosamente a las dos.

- Lo convenceré para que no lo haga.

- Jessy, Coque tomará su propia decisión y tú, yo y todos la respetaremos - susurré intentando convencerle.

- ¿Y cómo se lo vamos a decir? - preguntó Jessy.

- Yo...no puedo. Empezaré a llorar y...no podré decírselo.

- Me ocuparé yo - respondió Jessy - cuando Érica se valla si no se ha largado ya.

- Muchas gracias, enserio.

- No es nada - susurró Jessy acariciándome la mejilla.

- Yo me tengo ir. Tengo una reunión con un representante - susurró Derek - ¿estarás bien sin mí?

- Claro, puedes irte. No te preocupes por mí. Ya has hecho bastante acompañándome al hospital.

- Todo saldrá bien - se levantó, se inclinó y me dió un beso en la mejilla - Hasta luego. Suerte.

- Jessy, son las diez de la noche. Deberías irte tu también.

- Yo me quedo.

- Vete, siempre te quedas tú y no me parece justo.

- Vale. Mañana antes de que llegue la doctora, hablaré con Coque.

- Me parece justo y ahora vete.

- Chau, te quiero - me dió un beso en la misma mejilla que Derek - Llámame si necesitas cualquier cosa.

- Tranquila, chau - respondí con una sonrisa forzada.

Se alejó hasta que la perdí de vista.

Jessy se estaba portando muy bien y se preocupaba mucho por Coque. Eso era muy amable por su parte. Ella siempre fue muy buena amiga y le agradecía muchísimo que estuviese ayudándome en esos momentos, pero ella no podís ayudarme a resolver mis dudas, no podía consolarme, ni podía abrirme los ojos a la realidad.

No se encontraba casi nadie por los alrededores y las enfermeras habían desaparecido.

Cogí mi móvil y marqué el número correspondiente. La voz de la otra línea contestó casi de inmediato:

- ¿Si?

Sonreí forzosamente.

- Hola, soy Miriam. No sé si te acuerdas de mí...

- Por supuesto que me acuerdo.

- Pensaba que no te acordarías.

- ¿Estás llorando?

- No - respondí intentando ocultar mis lágrimas.

- Estás llorando.

- No creo que quieras escuchar los problemas de mi vida.

- Te equivocas. Quiero escucharte.

- ¿Quedamos y te lo cuento? No es muy recomendable decirlo por teléfono.

- Tranquila, ¿En el bar "Vecina" de la calle "Flo"?

- ¿Mañana a las dos?

- Si, estoy libre.

- Entonces quedamos así. Gracias y hasta mañana.

- Claro y Miriam.

- ¿Si?

- Me alegro de volver a escuchar tu voz.

- Y yo de escucharte a ti.

- Voy a colgar, adiós.

Nada más colgar el teléfono, me aferré a las ganas intensas de llorar. Me sumergí en el mundo de las lágrimas.

Mi hermano tenía que tomar una decisión y esperaba que esa decisión no le perjudicase para el resto de sus días...

Rompí a llorar de rabia y de desesperación.