sábado, 18 de julio de 2015

CAPÍTULO 25: ENCUENTRO SORPRESA




DÍA: 9 DE AGOSTO













Narra Derek:



- Oye, has usado protección, ¿no? - me preguntó Miriam. Al no escuchar mi respuesta, se irguió y me miró con cara de espanto - ¡¡¡Derek!!! - se levantó y comenzó a vestirse.

- Miriam - la agarré del brazo. Me miró fijamente mientras esperaba mis palabras - Miriam, dime que te tomas la píldora.

- No lo hago - se acabó de vestir - ¡Levanta! Tenemos que solucionar esto - me golpeó en el brazo.

Me levanté y repetí sus pasos.

- Creo que en el armario del baño queda una caja de píldoras del día después - mencioné mientras me dirigía al cuarto de baño.

- Te sigo - me siguió hasta llegar a la puerta del baño. Me dirigí hasta la pileta y abrí la puerta del armario que se encontraba encima de ella.

Visualicé la caja y la retiré al exterior.

- Sabía que quedaba una caja - sonreí y se la entregué - Toma, voy a por un vaso de agua.

- Gracias - se sonrojó.

Salí del baño y me dirigí a la cocina. Llené un vaso de agua y volví a mi sitio anterior. Miriam me esperaba mientras observaba la pastilla que contenía en sus manos.

- Aquí tienes - le entregué el vaso de agua. Ella lo cogió entre sus manos y después de unos minutos raccionó.

Absorbió la pastilla y el contenido del vaso.

- Listo - reí abrazándola por la cintura.

- Quiero hacerte una pregunta - susurró dándose la vuelta y cogiéndome de las manos.

- Suelta - la observé fijamente.

- ¿Por qué guardas una caja de anti-conceptivos en tu cuarto de baño? - arqueó una ceja.

- Ohh, se la olvidó Melanie - respondí.

- ¿Quién es Melanie? - frunció el ceño.

- Mi ex - susurré.
La miré, su cara en esos instantes parecía un cuadro. Expresaba temor.

- Háblame de ella - dijo volviendo a la habitación y sentándose en el borde de la cama.

La seguí y me senté a su lado. Ella apoyó la cabeza en mi hombro izquierdo.

- Melanie era preciosa, divertida, risueña, amable y generosa aunque era muy fría, celosa y no era capaz de mantener una relación seria. Yo realmente la quería pero ella buscaba otra cosa. Mantuvimos una relación abierta durante unos meses. Justamente, el mes pasado cortamos definitivamente - sonreí al recordar a Mel.

- Le querías... - bajó la mirada.

Le agarré la mano con fuerza y ella elevó la barbilla mirándome fijamente pero sin una muestra de sonrisa.

- Si pero ahora te quiero a ti - la abracé con cariño y ella se acurrucó en mi hombro. Finalmente, me di cuenta de que se había quedado dormida. La tomé entre mis brazos y la acosté en la cama. Le despojé la chaqueta y la arropé con las mantas.

La miré fijamente mientras le acariciaba las piernas. Realmente, Miriam cambió mucho de humor desde lo que le ocurrió a su hermano. Estaba más distante, más fría y la verdad, no era ella.
Deseaba que terminara todo esto para recuperarla de una santa vez. Verla sufrir me angustiaba. La miré fijamente con dulzura y sonreí. Observarla mientras descansaba me tranquilizaba. Sentí la sensación de que debía protegerla pasase lo que pasase.

Me levanté y cerré la puerta del cuarto. Me senté en mi despacho y rellené unos papeles que debía entregar del trabajo.







Narra Miriam:


Me desperté y comprobé la luz tierna del sol que iluminaba todo el cuarto principal gracias a los grandes ventanales que componían la habitación.

Bostecé y miré al mi alrededor. Derek no se encontraba en la habitación. Miré el despertador de la mesita de noche. Eran las 12:31 de la mañana.

Me levanté estirando las extremidades. Me ausenté ocupando el pasillo y busqué a Derek.

- ¡Derek! - grité - ¡Derek!

Visualicé una puerta al final del pasillo. Nunca entré en esa parte del apartamento. Decidí comprar si Derek se encontraba allí. Abrí la puerta y una espantosa canción invadió mis tímpanos.
Miré al mi alrededor, el espacio era muy sobreacojedor, extenso y sencillo.
Era el despacho de Derek, tenía un estilo muy vintage.
Al fondo de la estancia destacaban grandes ventanales como en la mayoría de las habitaciones y la sala de estar que creaban un efecto luminoso y agradable.
Las paredes laterales estaban repletas de estanterías y estantes llenos de papeles, documentos, historiales y papeles informativos. Debajo de los estantes se encontraba un radiador de alta eficiencia para soportar el invierno. Como estábamos en época veraniega, el radiador se encontraba apagado y cubierto por una fina lona de algodón.
En el medio y medio del cuarto, un escritorio con una mesilla a su lado componía la decoración afrodisiaca que abundaba por todos los rincones de su casa.
Un ordenador, más documentos, bolígrafos de todos los colores en sus respectivos lapiceros, un radiocaset muy moderno que encajaba con el tono de color de la habitación... esos eran los materiales que se encontraban en encima del escritorio.
Por último, una lujosa alfombra de piel cubría el suelo de mármol de su despacho.

Él se encontraba de pie ladeando la cabeza al ritmo de la música mientras contemplaba las vistas por la ventana.

- ¡Derek! - volví a mencionar. Él se volteó y me miró embozando una dulce sonrisa.

- Despertaste, cielo - me agarró por la cintura mientras me obsequiaba con deleitoso beso en los morros.

- Es que he quedado con Dani - miré su reloj de pulsera - en dos horas.

- Dani...¿ el rubio? - frunció el ceño mientras se liberaba de mi.

- Si. Necesito hablar con él sobre unos asuntos - me expliqué mirándome de reojo.

- Amm...vale - me retiré y me senté en el escritorio.

- No estarás... ¿celoso? - me reí mientras me acercaba a él y apoyaba sus manos en el escritorio desde el otro lado de la mesa. Le miré fijamente mientras sonreía por lo bajo.

- No - cruzó los brazos y se apoyó en el respaldo de la silla.

Me aproximé a él y me senté en sus rodillas rodeándole el cuello con mis extensos brazos.

- Me gusta cuando te pones celoso - le acaricié la mejilla y me acerqué a sus labios sonriendo.

- Tonta - rió robándome un beso.

- Tú. Te amo - le abracé mientras me acurrucaba en su pecho.

- Venga, ¿tienes hambre? - me agarró de la mano y me ayudó a erguirme.

- No tengo hambre - le miré fijamente mientras él suspiraba.

- Miriam, desde lo de tu hermano...no eres tú.
No eres capaz de pegar ojo, bebes para intentar olvidarlo, no pruebas bocado y lo que más me preocupa; finjes estar bien cuando realmente no lo estás. Quiero que seas sincera conmigo, que me cuentes que sientes,
que te desahogues conmigo. Solo intento ayudarte pero es imposible porque te cierras tanto... - me miró con ojos cristalinos mientras me cogía de las manos - Por favor, Miriam. Cuéntame, ¿cómo te sientes? ¿qué necesitas? Solo dime algo... - desvió la mirada mientras silenciaba el reproductor de música.

- Necesito que dejéis en paz el tema de mi hermano y que no sintáis compasión por mi. Yo no soy la que tengo un cáncer que puede arrebatarme la vida. Así que pregúntale a mi hermano como se siente y luego ya hablaremos - bajé la mirada alejándome de él.
Salí rápidamente de la estancia sin ni siquiera mirarle a los ojos. Mientras avanzaba por la sala unas pequeñas gotas de agua muy finas resvalaban por mi mejilla consumiéndome en mi propia realidad. Pensé que al convivir con Derek... él me haría olvidar por unos segundos, minutos o incluso horas todo lo que estaba sucediendo en mi día a día, que me haría olvidar quien soy, donde me encuentro y porque estoy aquí. Mis expectativas no eran ciertas, Derek se empeñaba al igual que el resto en recordarme la triste verdad y los terribles sucesos que debía aguantar día a día, noche trás noche, segundo trás segundo...

Derek apareció de la nada rodeándome la cintura con sus musculosos brazos mientras me mordía la oreja.

- No te pongas así, solo me preocupo por ti - me susurró al oído mientras me abrazaba con ternura.

- Lo sé pero necesito un respiro, Derek - me dí la vuelta y le sujeté de las manos - Y gracias por preocuparte por mi.

- Bueno, he terminado de arreglar unas ventas pendientes. ¿Seguro que no tienes hambre? - me miró mientras embozaba una sonrisa forzada pero tranquilizadora.

- Debo irme a casa - le devolví la mirada mientras entrelazaba los dedos de las manos con los de él.

- Bien, ¿te llevo o...? - se frotó la testuz con inseguridad.

- Pediré un taxi, no quiero abusar de tu afabilidad - reí con timidez.

- Me gusta que abuses de mi - rió con ganas - Además, no me importa. Me viene de camino.

- Calla mi celosín - le rodeé el cuello con mis brazos - Bésame - se acercó a mi y rozó mis labios con suavidad mientras sonreía ante mi reacción. Nuestro beso se hizo más intenso hasta que tuvimos que separarnos por culpa del aire.

- Te acompaño a la salida - caminó hacia ella con una sonrisa de oreja a oreja.

Le seguí por el estrecho pasillo lleno de fotos de su infancia. Abrió la puerta principal y se apoyó en ella mirándome fijamente.

- Espero verte pronto - sonrió dejándome paso.

- Antes de lo que piensas - sonreí mirándole de reojo. Avancé hasta la salida y me volví para despedirme de él.

- Adiós - se despidió.

- Hasta la vista - sonreí mientras me dirigía al ascensor.

Cerró la puerta dirigiéndome una última mirada. Accedí hasta las puertas del ascensor y presioné la planta "0". Esperé y finalmente las puertas se abrieron y entré en el interior.
Aguardé en el interior hasta que el ascensor se detuvo. Esperé unos segundos a que las puertas se descubrieran pero no lo hicieron.

- ¿Hola? - levanté la mirada y apoyé mis manos en las puertas del ascensor.

No obtuve respuesta.

- Si esto es una broma de mal gusto... más vale que... - al apagarse las luces, mi frase quedó interrumpida y decidí no continuarla.

Golpeé las puertas del ascensor con extensas ganas. Mi respiración comenzó a acelerarse y mi corazón aumentó su velocidad rápidamente.

- ¡¡¡¿¿Hay alguien??!!! ¡¡¡Ayúdenme, por favor!!! - balbuceé casi sin voz.

Grandes lagrimones comenzaron a rozar mis mejillas con lentitud.

Yo era propensa a la claustrofobia. Los lugares cerrados me causaban nerviosismo y fustración.
Permanecer allí tanto tiempo con las luces apagadas... no era mi fuerte.

Caí derrotada en el suelo del ascensor y comencé a sollozar mientras sujetaba mis rodillas a la altura de mi cabeza.
Cerré los ojos fuertemente y pensé que todo esto era una simple pesadilla.
El ambiente seguía totalmente a oscuras, nadie se encontraba en el exterior, mis gritos eran insuficientes y el chirriante sonido de los cables conductores del ascensor me ponían aún más de los nervios.


- ¿Señorita Fernández? ¿Señorita Fernández? - escuché esas mismas palabras resonar en mi interior.

Abrí los ojos poco a poco y aclaré la imagen que tenía enfrente de mi.

- Menos mal que despertaste. Estuve a punto de llamar a la ambulancia - reconocí el rostro arrugado de Jerry.

Hablaba con compresión.

Miré a los alrededores. Me encontraba tumbada en uno de los sofás que componían la planta principal del edificio.

Me erguí con cuidado recordando lo del ascensor y observé a Jerry con miedo en mi interior.

- ¿Se encuentras bien? - me susurró.

- Si. Por supuesto - le miré sonriendo forzosamente - Lo siento, Jerry pero tengo que irme - dije dirigiéndome a la salida.

- Bien, espero volver a verla - me devolvió la sonrisa y se dispuso a continuar con su trabajo.

Salí corriendo del edificio y pedí un taxi que me recogió al instante.

Por el camino, me entretení observando los verdes paisajes que rodeaban el camino hasta mi destino.

Lo que ocurrió en el ascensor debió de ser parte de mi imaginación.
Si, fue eso.

Recorrimos el centro de la ciudad y la general. Finalmente, entramos en los límites de mi localidad y el auto se detuvo enfrente de mi morada.
Pagué y le agradecí el viaje.

El taxi se alejó y yo, me apresuré a subir los escalones de la entrada y a acceder al interior de mi hogar.

Todo parecía estar como siempre aunque más ordenado que la última vez. Jessy se puso las pilas.


Miré la hora. Las 13:07. Quedaba menos de una hora para mi encuentro con Dani.
Seguía sin tener mucho apetito así que me apresuré a prepararme.

Me alisé el pelo, me di una ducha caliente, me maquillé con un poco de rimel y gloss (no muy cargado)  y comencé a elegir el look.


























Me decidí por una falda colegial de color azul marino, una camiseta de tiras con estampados florales y unos sports a juego con todo el conjunto.








Me miré detenidamente en el espejo para comprobar el resultado de mi look. Sonreí al comprobar que había elegido correctamente.

Volví a llamar al taxi. En esta vez tardó unos minutos más que la vez anterior.

Al llegar el auto, saludé al conductor y le comuniqué el lugar al que debía dirigirme. El bar "Vecina".

Él, reconoció el lugar al momento y se puso en marcha.







Narra Jessy:




Me desperté comprobando la hora y mirando al mi alrededor. Eran las 12:35 de la mañana. Por dios, ¿cómo podía haber dormido tanto?
Por primera vez, me fijé en todos los detalles de la habitación que ocupaba Coque mientras seguía apoyada en su pecho. él me abrazaba dulcemente como si fuera de su posesión y eso me encantaba.

El espacio era luminoso, las paredes estaban recubiertas de un color blanquecino. El suelo antibacteriano de vinilo asemejaba ser de un color muy apagado y se dividía formando un mosaico por toda la estancia. No me gustaba para nada.
Al lado de la cama de hospital se encontraba una mesilla blanca que concordaba con el color de las paredes.
En el paredón izquierdo se encontraba una pequeña ventana con vistas a los demás edificios y plantas que formaba el hospital. ¿No podrían poner un bonito jardín para entretenerse con las vistas en vez de más bloques gigantescos de color grisáceo? Ahora entendía porque los pájaros no se admiraban por el mirador. Les parecería tan aburrido el color que rodeaba la estancia que ni siquiera le prestarían atención.


El resto del cuarto era sencillo y cutre pero todos los hospitales eran así. No era de extrañar...


Escuché un pequeño bostezo sobre mi testera.

Dirigí la mirada a Coque que se frotaba los ojos adaptándose al cúmulo de luz que entraba por la ventana.

- Buenos días - me sonrió acercándose a mi mientras me besaba la frente.

- Mejor dicho, buenas tardes - le devolví la sonrisa aún entre sus brazos.

Le observé timidamente. Poseía cara de cansancio, sus ojos verdes grisáceos estaban prendados en mi ser, sus labios finos y carnosos embozaban una sonrisa y su pelo lijeramente despeinado hacían la combinación perfecta. Estuvimos durante unos minutos mirándonos fijamente sin saber que decir.
Al final, bajé la mirada sonrojada.


- ¿Qué tal te encuentras hoy? - le acaricié la mejilla mientras volvía a clavar mi mirada en él.

- Muy bien. Parece que me voy recuperando - sonrió observando mi mano sobre sus pómulos.

- Oye... Ayer, la doctora nos habló y explicó los resultados de las pruebas - descendí la mirada hasta mis nudillos que temblaban asombrosamente.
La sonrisa se borró al instante de mi rostro y creo que él lo noto.

- Cuéntame. ¿Cómo han salido? - dijo irguiéndose un poco mientras buscaba la respuesta a su mirada.


Vale. ¿Cómo coño se lo decía? ¿Aguantaría las ganas de llorar en sus brazos cuando tendría que ser lo contrario?


- Siento decirte que no han salido muy bien - volví a bajar la cabeza evitando que se enterase de que me encontraba apunto de sollozar.


- Me estás preocupando... - sonrió para calmar el ambiente. Lentamente, levanté el mentón fijándome en su dulce y cariñosa sonrisa.


- No me mires así por favor... - mis ojos se volvieron cristalinos y me balanceé sobre él dándole un cálido abrazo para evitar que las lágrimas recorrieran mi rostro.


- Cuéntame - me siguió el abrazo y luego, me acarició el antebrazo mientras me apoyaba en su hombro.


- La doctora nos dijo que lo que te pasó no fue por culpa de la discusión sino que fue por otra causa que si no hubieras venido jamás sería diagnosticada a tiempo - intenté tranquilizarme mientras ligeras lágrimas rozaban mis mejillas. Coque se dió cuenta y me limpió las lágrimas con el dedo pulgar mientras apoyaba su mentón en la parte superior de mi cabello.

- Tranquilízate - me susurró lo suficientemente bajo para indicarme que prosiguiera.

- Te diagnosticaron un tumor estomacal que por el momento se está extendiendo poco a poco - empecé a sollozar sin límites. Me sentí ridícula y me cubrí el rostro con las dos manos mientras me separaba de él.


- Nunca pensé que lo que me ocurrió no fuera por culpa de la pelea sino por una enfermedad pero la verdad, lo que acabo de escuchar me tranquiliza pero al mismo tiempo... - bajó la mirada acariciándome la espalda para tranquilizarme.

Descubrí mi cara y evité observarle.

- ¿Cómo que te tranquiliza? ¿Es que no lo entiendes? Solo hay una posibilidad de que salgas de esta y es operándote. Aún así, existe un 45% de posibilidades de que sobrevivas a la operación. ¿Por qué no te afecta? - gimoteé mientras intentaba limpiarme las lágrimas.

- Oye... debemos de pensar en positivo. No podemos rendirnos tan fácilmente. Lucharé a muerte para salir de esta. Voy a operarme. Total, sino lo hago moriré de todas formas. Solo necesito que me apoyes en esto y que no te alejes de mi lado - me agarró de la mano mirándome con ojos cristalinos.

- Pues claro que te apoyaré. ¿Cómo no iba a hacerlo? Eres mi mejor amigo y recorrería cielo y tierra para salvarte de esto - me limpié las últimas lágrimas dirigiendo la mirada a su rostro.


- Gracias por confiar en mi. Lo único que no necesitamos es perder el tiempo lloriqueando por lo rincones. La clave del éxito es la esperanza y la despreocupación. Así que libérate de la tristeza y empieza a pensar en positivo - sonrió forzosamente mientras me miraba a los ojos.

- Tienes razón. Lo solucionaremos - le devolví una entresonrisa mientras me erguía y me volvía para observar su expresión.

- Ven, quiero enseñarte algo - me agarró de nuevo de la mano para que me sentase a su lado.
Se irguió - Solo le mostré a Érica lo que verás a continuación. Ni siquiera Miriam lo sabe.

Comenzó a desabrocharse la camisa mirándome de reojo. Nunca lo había visto sin camiseta. Hasta recuerdo la vez en la que disfrutamos los dos juntos de una tarde en la piscina. Él, llevaba una camiseta de tiras por encima evitando descubrir su abdomen y pectorales. Me sorprendí cuando la desechó.

- Mira, me lo hicé hace exactamente dos meses y sigue intacto - se volteó y sonrió señalándome un extenso tatuaje que cubría un palmo más arriba de su cadera. Justamente en el costado izquierdo.

Era un diente de león y gracias al viento, sus vilanos del fruto volaban cómodamente por el cielo.
Me sorprendió comprobar que los vilanos del fruto finalmente se transformaban en pequeños ruiseñores que aleteaban sus alas al son del ruido del viento.







- Es realmente sensacional y fascinante. ¿Tiene algún significado? - sonreí mientras me acercaba más a él para contemplarlo.

- Tiene un hermoso significado para mi. El diente de león está preso y unido al terreno por culpa de la raíz. Él, va creciendo día trás día, mes trás mes hasta que finalmente, se desarrolla por completo,
El viento interviene haciendo que los miles de vilanos de fruto se dispersen por el cielo y los alrededores liberándolos del fuerte martirio que tuvieron que soportar. Al terminar, los vilanos siguen su propio camino hasta que acaban convirtiéndose en hermosos y liderables ruiseñores.
Es una compleja metáfora de la vida. Al principio, te sientes atado y atrapado pero finalmente te das cuenta de que puedes escapar y terminar siendo liberado y libre - sonrió mientras me observaba de reojo.


- Nunca lo habría visto así. Es realmente fantástico pero está inacabado.

- ¿Inacabado? - exclamó sorprendido.

Asentí.

- Los ruiseñores no se detienen aún en ese instante - me expliqué ante su reacción.

- Por supuesto que no pero siguen siendo libres y ese es realmente el significado.

- ¿Puedo...? - pregunté timidamente. Sentía muchísimas ganas de pasar mis manos por ese asombroso tatuaje.

- Por supuesto - sonrió dejándome paso.

Me acerqué timidamente arrodillándome encima de la cama. Posé mis manos en sus hombros para acomodarme y no perder el equilibrio.
Deslicé mis manos hasta el tatuaje y mi dedo índice prosiguió a continuar las líneas que originaban el diente de león. Era asombroso. Aquel dibujo imprentado en su piel no tenía ningún defecto y era delicadamente especial. Sonreí al terminar de seguir las líneas volví a apoyarme en él pero esta vez, mis manos terminaron acariciando sus portentosos bíceps.


- Me encanta. Tu tatuaje es realmente especial y al contrario del resto... tiene su propio significado.
Una pregunta, ¿practicas levantamiento de pesas? - bajé la mirada aún acariciando sus bíceps.

- Hacía. Lo dejé hace unos meses. Antes, estaba alistado en el gimnasio pero con los estudios... no tenía tiempo así que lo dejé y me desapunté - se volvió de frente hacia mi y atrapó de nuevo su camisa de hospital.

- Se nota - me sonrojé mordiéndome el labio inconscientemente.

- Si tienes hambre hay una cafetería justo debajo de tus pies - susurró mientras se abrochaba la camisa de nuevo.

- No tengo hambre. ¿Por qué lo mencionas? - pregunté confundida.

- Te mordiste el labio superior. Debes de tener mucha hambre para comenzar a morderlo - sonrió descaradamente.
Golpeé su brazo izquierdo mientras recordaba la imagen de él sin camiseta. Era la silueta perfecta del chico perfecto.

- Idiota - reí.

Cuando me encontraba a su lado todos mis pensamientos negativos se difuminaban. Una sensación que solo me hacía sentir Coque.






Narra Miriam:



El taxi se paró enfrente del bar. Volví a pagar y salí del auto. Justamente antes de entrar. Mi teléfono comenzó a sonar.

No tenía ni idea de quien podría ser. Lo cogí sin reconocer el número.

- Diga - pronuncié extrañada.

- ¿Señorita Fernández? Soy Justin Hartley, el responsable de su Toyota. Tengo muy buenas noticias que anunciarle - sonrió desde la otra línea - Ya esta listo. Puede venir a recogerlo cuando quiera.

- Genial. Qué rápido - le devolví la sonrisa mientras caminaba de un lado a otro por la acera de la entrada.

- Ya ve. Somos muy serviciales - ¿serviciales?

- Iré a recogerlo cuando pueda. Espero que esta tarde me dé tiempo - reí.

-  No se preocupe. Aguardaré por usted - mencionó.

- Llevaré la documentación y el registro. Además, del cheque - me expliqué.

- Magnífico.

- Gracias por todo.

- A usted. Muy buenas tardes - se despidió.

- Igualmente. Hasta pronto - reí y colgué.

Si, esta tarde recogería mi auto y lo conduciría por primera vez.
Me adentré en el bar y busqué a Dani con la mirada. Al momento, él me reconoció y levantó la mano zalandeándola de un lado a otro para indicarme donde se encontraba.

Sonreí guardando el móvil y acercándome al reservado...









Narra Henry:




Eran exactamente las 13:50.  Había tardando tanto en arreglarme que no me fijé en la hora hasta ese momento. Yo era de lucir colores apagados así que la ropa que elegí era básicamente oscura.
Salí de casa a la velocidad de la luz. Entré en mi auto y me dispuse a conducir hasta llegar al sitio asignado. Tenía muchísimas ganas de hablar con Lola. Esa chica me había caído estupendamente.












Narra Pris:



A veces odiaba mi trabajo. Despertarse a las 7:30 de la mañana, elegir un look estupendo para no decepcionar a la clientela, coger el auto para llegar lo antes posible y pasarme la tarde en la tienda teniendo solo un descanso para comer.

Elegí la ropa y pensé en dejarme el pelo suelto.































Cuando me encontraba a punto de maquillarme, hallé una llamada perdida en mi móvil. Era de Miriam. También, descubrí que tenía un mensaje de voz en mi buzón. Desde ayer no lo cogí.

Lo escuché y me sorprendí al comprobar que Miriam deseaba con ansias hacer las paces conmigo.
Por supuesto que deseaba arreglar las cosas con ella.

Pensé en llamarla pero no me quedaba apenas tiempo. Debía de maquillarme y partir a la tienda para no llegar tarde y dar un mal ejemplo de mi superioridad en mi empresa.
Hoy me esperaba mucho trabajo y las empleadas no daban abasto con todo.

Decidí llamarla más tarde, en el descanso para comer.











lunes, 1 de junio de 2015

CAPÍTULO 24: SOLO HAY QUE TENER FE






DÍA: 9 DE AGOSTO






Narra Miriam:


Me desperté mirando al mi alrededor. Me dí cuenta de que seguía en la sala de espera del hospital, no se escuchaba ni el sonido del viento trás las minúsculas ventanas, sólo se escuchaba mi respiración acelerada.

Cogí el móvil para mirar la hora. Eran las seis y diez de la madrugada.
No me sentía con sueño,ni me apetecía seguir acostada. Me levanté y decidí dar una vuelta por el hospital. Tenía la parte inferior de mi cuerpo totalmente dormida, necesitaba moverme.

El hospital estaba desierto a estas horas: las enfermeras se encontraban dormidas en un rincón del hospital y los pocos doctores que se hallaban eran internos cuidando de los pacientes y vigilándolos.

No quería alejarme mucho de la habitación de Coque. Si pudiera,ahora mismo estaría con él pero las horas de visita habían terminado hace un rato.

Seguí caminando mientras bostezaba por los pasillos de la planta. Fui parar a una habitación donde un niño le cogía de la mano a su pobre padre pálido y conectado a un montón de aparatos médicos.
El pequeño estaba sólo y unas lágrimas le caían por las mejillas. Su padre parecía estar en el limbo hacia la muerte.
Interrumpí en la habitación y me acerqué con cuidado. Sabía que no debía de estar allí en ese momento.
El niño clavó su mirada en mí.









- ¿Quién eres? - preguntó aún con lágrimas en los ojos.

- Perdona, pasaba por aquí y no he podido fijarme en tu padre - le expliqué con dulzura.

- Mi padre va a morir - me miró fijamente.

- No lo hará, ¿por qué dices eso?

- Porque escuché a las enfermeras decir que mi padre era un fiambre - le apretó la mano con fuerza.

- Eso es mentira.

- ¿Y por qué mintieron?

- Las personas mentimos muchas veces y eso no está bien. Todos alguna vez no decimos la verdad.

- Mi madre me castigaba cada vez que mentía - me miró.

- ¿Dónde se encuentra tu madre? - pregunté acercándome.

- En el cielo con los ángeles y el señor con barba blanca que creó el mundo.

- Lo siento mucho - dijé compadeciéndome de él.

- Mi padre me ha dicho que ahora se encuentra en un sitio mejor. En el paraíso.

- ¿Y por qué falleció tu madre? - me senté en una silla al lado del niño.

- Cáncer.

- ¿Le echas de menos verdad?

- Supongo que si - respondió mirando a su padre.

- ¿ Y tu por qué estás aquí?

- Mi hermano está ingresado en esta planta.

- ¿Por qué no estás con él?

- Las horas de visita han terminado hace rato.

- Pues yo siempre estoy con mi padre sin hora límite.

Bajé la cabeza.

- ¿Qué le pasa?

- Tiene cáncer.

- ¿Se va a ir al cielo como mi madre?

- Si cariño, estará con los ángeles y con el hombre de barbas blancas llamado "Dios"  - unas lágrimas rozaron mis mejillas.

- Tranquila, estarás triste durante una temporada pero lo olvidarás poco a poco - el niño me cogió de la mano.

- ¿Cómo te llamas? - sonreí forzosamente mientras seguía llorando levemente.

- Dylan, ¿y tu?

- Miriam

- Pareces muy mayor.

- Tengo 18 años, ¿tú?

- 7 - dijo mirándome fijamente.

- Eres un niño bastante fuerte, valiente y luchador para tener solamente siete añitos. Apoyar a tu padre en estos momentos es un gran logro - sonreí cogiéndole de la mano.

- ¿Se pondrá bien verdad?

- Seguro. ¿Qué le ha pasado?

- Él es soldado en Iraq y le dispararon.

- Trabajar de soldado es muy peligroso.

- Lo sé. Le hirieron en la zona próxima al corazón. La doctora dijo que si le diera en el corazón lo que pasaría es que dejaría de latir y se pararía.

- ¿Le operaron para quitarle la bala?

- Si pero desde que lo operaron no despierta.

- ¿Cuándo le operaron?

- Hace dos días.

- Tranquilo, es normal. Se despertará. ¿ Y por qué no estás durmiendo?

- Tengo miedo de cuando esté durmiendo, él se despierte. No quiero que se despierte y se vea sólo.
Quiero que sepa que estoy aquí.

- Venga, tienes que dormir. Me quedaré aquí contigo y lo vigilaré mientras tú duermes.

- ¿Qué pasa con tu hermano? - preguntó alterado.

- Sabe defenderse por si sólo. Además, una doctora le vigila todas las noches por si acaso.

Mi móvil comenzó a sonar.

- Perdona - le respondí a Dylan y cogí mi móvil del bolsillo trasero de mi pantalón.

- ¿Diga? - pregunté con curiosidad.

- Hola Minnie. Me acabo de despertar. ¿La doctora ha hablado con Coque ya?

- No, aún no. No la he visto entrar aún en la habitación. Esto está completamente vacío - miré de reojo a Dylan. Parecía distraído.

- Me acercaré hasta allá.

- Vale, yo necesito descansar y darme una ducha.

- Ok, nos vemos.

- Chau cielo - colgué.

- ¿Era tu novio? - preguntó arqueando una ceja.

Por primera vez en unos días, le sonreí apeteciblemente. No fue forzado sino todo lo contrario, sincero y lleno de esperanza.

- Mi mejor amiga - le miré con cariño.

- ¿Y tu novio? - preguntó curioso.

- ¿Cómo sabes que tengo novio?

- Aja, así que lo tienes. Lo sabía - su sonrisa es contagiosa.

- Eso es trampa. Me has engañado - sonreí.

- No es trampa, es una estrategia.

- Valla, viéndolo así...

- ¿Te cuento un secreto?

- Haber - le guiñé un ojo.

- Yo también tengo novia.

- ¿Si? Vaya, eres aún demasiado pequeño.

- No se lo cuentes a nadie. Es un secreto - bajó el volumen de su voz.

- Tranquilo, no se lo contaré a nadie. Confía en mí.

Bostezó.

- Duerme - se apoyó en mi hombro y en pocos minutos se quedó profundamente dormido.

Mientras, observé que en la mesilla al lado de la camilla se encontraba un libro.

Con cuidado, me levanté del sillón y atravesé la habitación. Cogí el libro entre mis manos y volví al sitio donde me encontraba.

Se llamaba " Mi vida en tiempos mejores" Sharon Michael.

Parecía una especie de diario. Abrí con cuidado el libro y me encontré en la primera pájina. Leí silenciosamente el texto que se podía apreciar:




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15 de diciembre de 1999

Querido Dylan:

Sé que aún no has nacido y tampoco sé si llegarás a nacer. Tu madre y yo hemos pensado en esto. Dentro de diez años seré feliz porque te tendré en mis brazos y serás una criatura más que ha llegado a este mundo. Te llamarás Julian como nuestros antepasados alemanes.

Hoy, 15 de diciembre de 1999, empiezo la historia de mi vida. Me preguntarás porque, muy fácil. Quiero que me recuerdes, que te acuerdes de mí como Sharon, el soldado que acabó con la guerra en el mundo. Tu madre no está muy de acuerdo en que yo me valla a Iraq durante 6 meses al año por causa de la guerra pero quiero derrotar a los farsantes, declarar la paz en el mundo y conseguir el dinero suficiente para que podamos vivir sin problemas.
Será como mi diario. Iré escribiendo en este pequeño cuaderno de vez en cuando y luego, cuando te lo entregue al cumplir los 8 años sabrás toda mi historia y mi pura realidad. 
Estoy deseando poder verte y tenerte en mis brazos, verte crecer, enseñarte, ayudarte y hacerte comprender la más bella felicidad. Tu serás un soldado como tu padre. Los Michael somos fuerte, ¿verdad amigo? 

Hasta la próxima.

Atentamente: Sharon Michael

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Valla, Dylan... Había cinco libros más del mismo tamaño que el que tenía en mis manos.

Sharon creo que era el padre de Dylan  El niño que se encontraba a mi lado estaba predestinado a acabar como su padre: herido en una batalla contra los inmigrantes, defendiendo a su país.

Seguí leyendo aquel diario hasta que lo dejé en su sitio y me fui un segundo al baño.

Recorrí los pasillos del hospital. Las luces se apagaron y todo se oscureció.
 No podía ver absolutamente nada. ¿Estaría bien Dylan?

Seguí caminando y tropecé con alguien. Levanté la mirada sin obtener resultado.
Me ayudó a incorporarme.
Creo que era un hombre, joven y un poco musculitos la verdad.

- Uff, perdóneme. Se fueron las luces y...

- ¿Derek?

- ¿Miriam?

- Gracias a Dios, estás aquí - suspiré aliviada abrazándole con ternura.

- Esta situación me recuerda a nuestra aventura salvaje en el desván.

- Idiota - sonreí y le acaricié la mejilla.

- No me digas que no te gusto, pequeña.

- Me encanto - me sonrojé sabiendo que él no podía verme.

Le cogí de la mano tímidamente.

- Acompáñame.

- Mmm... ¿Qué estás pensado? - aunque la oscuridad me cegase, tenía la confianza de que arqueó una ceja en el sentido de mal pensar.

- Ven - recorrí los pasillos acompañada por la atenta mirada de Derek.

- Estamos perdidos. Hasta que no arreglen el tema de la luz...

- ¡La linterna del móvil! - registré mis bolsillos sin obtener resultado. Seguro que me lo habría olvidado en la habitación de Sharon - Mierda, se me quedó en la habitación.

- ¿No estabas en la sala de espera?

- Verás, dí una vuelta por el hospital y conocí a un niño de siete años llamado Dylan. Le prometí que mientras él descansaba, yo vigilaría a su padre, por si despertaba de la operación.

- Entiendo.

- Por eso, necesito volver a la habitación. Una promesa es una promesa - soltó mi mano.

- Ya está - me miró sonriendo.

Había encendido la linterna de su móvil. Este chico me vuelve totalmente loca.

- Por eso te quiero.

- ¿Si? - me vaciló.

- Si, cari - le besé mientras embozaba una pequeña sonrisa.

La luz del móvil era lo único que nos iluminaba. Resultaba un momento mágico y no quería que se terminase pero la idea de que Dylan pudiera despertarse en cualquier momento me alporizaba.

Me separé cogiéndole de las manos con timidez.

- ¿Se acabó? - preguntó poniendo morritos.

- Si, lo siento pero hasta que no encuentre al pequeño no estoy tranquila.

- ¿Estaba sólo?

- Su madre falleció por culpa del cáncer y su padre está ingresado en el hospital a causa de un disparo cerca del corazón. Si muere estará completamente sólo, Derek - le acaricié la mejilla - ayúdame a encontrarlo, por favor.

- ¿Cómo no te voy a ayudar? Vamos a buscar a ese pequeñín.

- Te amo, ¿lo sabías? - sonreí.

- Por verte feliz, cielo, haría cualquier cosa que estuviera en mis manos.

- Eso me enamora más aún.

-  ¿Vamos? - me ofreció la mano. Se la agarré con dulzura y le miré fijamente a los ojos.

- Vamos.

Caminamos por los pasillos mientras le indicaba a Derek el sitio concreto. Al poco tiempo, nos encontramos a una enfermera.

- Buenos días - susurró Derek.

- Buenas, siento mucho el apagón. Lo estamos solucionando.

- Tranquila, no pasa nada - respondió Derek.

- ¿Necesitáis ayuda? - preguntó sonriendo con amabilidad.

- Emm...la verdad es que si - respondí inmediatamente.

- Dígame.

- Estamos buscando la habitación de Sharon Michael. Está en esta planta.

- Ohh, le alegrará saber que tiene una visita cuando despierte de la operación. De momento, son los únicos familiares o amigos que vienen a visitarle desde que ingresó en el hospital.

- Somos amigos, venimos de muy lejos y cuando nos enteramos de lo de Sharon acudimos lo más rápido posible - mentí con compasión.

- Me alegra. Seguidme, es la habitación número nueve. Está aquí mismo.

Dirigí mi mirada a Derek, él cuál me guiñó un ojo, divertido.

Seguimos a la enfermera.

- Es aquí.

- Muchísimas gracias.

- A usted, señorita - y se marchó a su puesto anterior.

El pequeño Dylan despertó.

- Vaya, hola - dijo levantándose. No se dio cuenta de mi ausencia.

- Hola Dylan - respondió Derek sonriente.

- ¿Quien eres?

- Soy...el novio de Miriam.

- Valla, Miriam sabes elegir - me guiñó un ojo.

- Dylan. Seguro que tu novia también es guapísima - respondí.

- No como...

- Derek - se presentó - bueno enano, has dormido muy poco.

- No tengo sueño.

- Eso no es cierto. Tienes unas ojeras que te llegan a los pies - Derek le hizo sonreír.

- Miriam, tú debes de tener sueño.

- Un poco, Dylan pero no me importa.

- Vete a casa y descansa.

- No, no voy a dejarte sólo.

- No estoy sólo, mi padre está aquí conmigo. Además, las enfermeras a veces, juegan conmigo a las damas y mantienen una conversación bastante profunda.

- Aún así...- miro al mi alrededor - se ha ido la luz y... Me da miedo dejarte sólo - le miré fijamente.

- Estaba bien antes de que me conocieras, ¿por qué eso va a cambiar ahora?
Vete, hazme caso. Luego, cuando te encuentres mejor y descanses, ven a visitar a tu hermano y si te apetece... a mí también.

- Dylan tiene razón. Luego volveremos.

- Vale - puse los ojos en blanco - Dylan, mi amiga se encuentra en la habitación número siete de esta misma planta. Si necesitas cualquier cosa, avísala.

- No habrá ningún problema. Gracias por todo Miriam y a ti también Derek.

Derek y Dylan se dieron un abrazo amistoso y luego abracé con ternura al pequeño.


- Hasta luego - se despidió el niño.

- Adiós - respondimos Derek y yo al unísono.

Salimos de la habitación y comprobamos que las luces volvían a encenderse.

- Por fin - sonrió Derek mirando el techo.

- Un poco tarde - nuestras miradas se unen y forman un gran núcleo de pasión.

- ¿Te vienes a mi casa? Yo te llevo.

- ¿Por qué no? Vamos.

Sonrió mientras salimos del hospital y me rodeó la cintura con sus brazos.

Entramos en el automóvil y en pocos minutos desaparecimos de la calle Rosalinda...











Narra Jessy:




Después de llamar a Miriam me fui al hospital. Todo estaba extrañamente silencioso y sólo me había cruzado con una enfermera en todo el trayecto hasta la habitación de Coque.
Miré el reloj de mi mano izquierda. Eran casi las 7:30 de la mañana y el hospital estaba siniestro daba un poco de miedo aventurarse por aquellos pasillos a estas horas.

Caminé hasta que al fin llegué a la planta de la Uci. Pregunté a una doctora que se encontraba en el mostrador si se podían realizar visitas a los familiares, me contestó que si y me condució a mi destino.

Giré lentamente el pomo de la puerta y ella surgió de la nada imponiéndose en mi camino...

Dí un paso atrás y observé como cerraba la puerta del cuarto y se disponía a marcharse del hospital.

- Eh, tú, ¿has dormido aquí? - dije frunciendo el ceño a la vez que me cruzaba de brazos.

- Si y por cierto, hola - respondió Érica. Se giró y quiso alejarse. La cogí del brazo haciendo que se deteniera - Ohh, ¿estás celosa? - se rió.

- ¿Celosa? ¿De ti? Por dios, no me gustaría ser una "puta" que engaña a su supuesto novio con su mejor amigo y tampoco me agradaría mucho ser una idiota al hacerlo.

- Lo sabía. ¡¡Estás colada por Coque!! Y estás cabreada porque a mi me quiere y a ti no - fardó.

- Gilipollas, enserio.

- He dado en el clavo, niña - presumió de si misma.

- No me llames niña porque soy más madura que tú.

- JAJAJA. Eres graciosa, que pena que me caigas tan mal.

- ¿Y dices que Coque te perdonó? ¿Como se ha podido fijar en ti? Das puto asco.

- Por lo menos yo no le husmeo el móvil aunque sea mi novio.

- ¿Cómo coño sabes tú eso? - murmuré enfadada.

- Emm...me lo cuenta todo - puso los ojos en blanco -¿Enserio me ibas a contestar en su nombre?
Que bajo has caído.

- ¿Perdona? Yo no te he visto en ningún momento cuando a Coque le ocurrió esto. ¿Dónde estabas?

- ...

- Eso pensaba.

- Le he sido fiel.

- ¿Por qué hablas en pasado? ¿Es que acaso ya no lo eres?

- JAJA. Siempre le seré fiel.

- Ya veremos,"niña" - me burlé - Yo no me creo que Henry te dijera que te quería y que no hicieras absolutamente nada porque sino se lo contarías a Coque. ¿O no?

- Me tienes harta, niña - me empujó y mantení el equilibro. Cogió el bolso y caminó con tranquilidad. En aquel momento, dí un brinco y me agarré fuertemente con mis brazos a su cuello mientras ella intentaba mantenerse en pie, algo que le resultó imposible y se desplomó en el suelo.

- No te atrevas a tocarme ni un pelo. ¿Ok?

- Suéltame - intenté inmovilizarla. Enrolló sus manos en mi cuello y me lo apretó fuertemente.

Le golpeé en la faz y me levanté del suelo maldeciéndola a ella y al dolor que sentí en el cogote. Sus manos dejaron marca en mí.

Sin darme cuenta, ella me atizó por la espalda y me dí de bruces contra el suelo de PVC.

Apoyé mi brazo izquierdo en la superficie intentando levantarme. Érica me observó y se puso de cuclillas a mi altura. Me estrujó la cara con sus dos manos.

-Creo que necesitas un poco de alcohol para esa herida de la nariz - me dió una bofetada y se alejó.

Palpé mi nariz con mis manos y al retirarla, observé como la sangre recorría mis dedos.

- Puta - susurré levantándome.

Entré en el cuarto de baño, me acicalé el pelo e intenté parar la hemorragia de la nariz. Observé mi reflejo en el espejo al mismo tiempo que repitía en mi conciencia diversos insultos hacia Érica.

Ahora me encuentraba delante de la puerta de la habitación de Coque. Accedí al interior y clavé mi mirada en Coque que me contemplaba estudiando mi reacción...










Narra Lola:





ROXI:










Roxi y yo seguíamos jugando al ajedrez mientras Elliot (el novio de Roxi) nos hablaba de su torneo contra los Toros, él formaba parte de los Bulldogs.

- ...Y Dominic se la pasó a Aaron y él pasó por la delantera como si nada, me la lanzó a mí y...¡¡¡GOL!!! Fue increíble la gente gritaba nuestro nombre y los medios de comunicación exclamaban a nosotros, los ganadores.

- ¡¡¡Impresionante!!! ¿Y me lo he perdido? Odio tener apendicitis - exclamó Roxana.

- No pasa nada cielo. Podrás acudir a los demás partidos de la Liga. ¿Y tú?  Lola, ¿qué te parece?

- ¿Lola? Estamos en el planeta Tierra. ¿Dónde coño estás? - sonrió.

- Perdonad. Me parece genial Elliot - bajé la cabeza sonrojándome.

- Llegas tarde - respondió mirándome fijamente a los ojos.

- Mmm... - puse los ojos en blanco.

- Estás un poco...perdida. ¿En qué piensas? - Roxana movió la torre unas dos casillas y me realizó un "Jaque Mate" - ¡He ganado! - victoreó.

- No es nada...

- Roxi tiene razón, no sueles perder al ajedrez y hoy...

- No será...¿el chico de ayer? - exclamó Roxana levantando el entrecejo.

- ¿Qué chico? - Elliot frunció el ceño y me miró sorprendido.

- Ayer, esta chiquilla conoció a un chico jovencito y le besó. Desde ayer, no ha pronunciado palabra sobre él.

- ¿Enserio?

- Chicos, sigo aquí.

- ¿Es él? ¿Piensas en él? - anunció Roxana.

- Si y...¿qué? - reproché.

-  La pequeña Loli se ha enamorado - Elliot me echó la lengua.

- Has elegido bien. Es muy guapo - sonrió Roxi.

- Queréis callaros - puse los ojos en blanco y miré a otro lado sonriendo.

Más tarde, mi móvil comenzó a sonar.

- Si y aquel día en la playa...tenemos que repetirlo bebé - contestó Elliot.

- Hombre, como no - sonrió Roxana acercándose a él.

- Perdonad - me levanté y salí del cuarto de Roxi. Me escondí al lado de la puerta y lo cogí antes de que la otra línea colgase.

- Emm...¿Hola número desconocido? - el chico de la otra línea sonrió.

- Hola, no sé si te acordarás de mí. Soy el chico de ayer, el que se perdió en el hospital.

- Ahh,¿eres aquel chico tan feo que me encontré ayer?

- ¿Feo? Entonces ese que tú recuerdas no soy yo.

-  Entonces eras el chico lindo de ojos azules que se parece tanto a Brad Pitt.

- Si, ese si que lo soy.

- Tampoco te pases - sonreí sonrojándome.

- Mmm...¿No? Tú si que eres guapa.

- ¿Yo? ¿Guapa? Te equivocas entonces.

- No se qué decir. Me has dejado sin palabras con tu hermoso sentido del humor.

- ¿Qué tal si me invitas a tomar algo?

- Me parece razonable.


- Entonces... - sonó en un tono interrogador.

- Si, acepto - una sonrisa de niña pequeña se me dibujó en el rostro.

- Bien. ¿Cuándo te viene bien?

- Hoy mismo. O sea...si es posible. No quiero parecer impaciente ni mucho menos - sonreí complaciente.

- ¿Te parece bien hoy a las 14:00 en el Bar  "Vecina"?

- Perfecto. Estoy deseando que llegue la hora - me mordí el labio.

- Mmm... pues siento decirte preciosa que tendrás que esperar.

- Uppss. Tengo que colgar. Hasta las 14:00 - me despedí.

- Hasta luego, un beso - y colgó.

Me apoyé contra la pared y cerré los ojos. ¿Había conseguido una cita con el chico de ojos verdes? Agarré mi móvil y lo apreté fuerte contra mi pecho. Las mejillas se me tiñeron de rojo y mi corazón se aceleraba solo de pensar en el beso de ayer con él...

- Apuesto a que era el chico de ayer. Esa sonrisita de idiota no te la quita nadie - sonrió Elliot apoyándose en el marco de la puerta.

- JA, era él si y... ¡Hemos quedado! - sonreí eufórica.

- Me encanta verte sonreír. Este chico te ha llegado y mucho - sonrió mirándome con cariño.

- Buff, no sabes cuanto...es... perfecto - escondí mi cara que parecía un tomate y le devuelví la mirada a Elliot - Amm...¿entramos?

- ¿Te pone nerviosa que te mire? - sonrió.

-Que va... Roxi está esperando.

- Roxi está durmiendo.

- Ah si... ¡Casualidad! - sonreí forzosamente.

- Me gustaría saber lo que te pasa por la cabeza - susurró dudoso.

- Ahora mismo pienso que deberías dejarme entrar.

- Está durmiendo.

- Gilipollas.

- Me encanta cuando te enfadas - se mordió el labio acorralándome contra la pared.

- Te vas a llevar una ostia, enserio - sonreí.

- Prepárate que a las 14:00 ves a tu principe azul.

- ¿Has estado escuchando nuestra conversación?

- No... solo lo de preciosa.

- Te odio - le empujé sonriendo.

- Mmm... ya, ya - entró en el cuarto mirándome de reojo.

Sonreí y bajé las escaleras de la planta hasta encontrarme en la planta principal.
Decidí irme a casa a prepararme y a darme una ducha. Seguidamente, decidí que ponerme. Opto por una falda sencilla blanquecina, un top negro, unas sandalias de tacón alto de color negro carbón y un lazo plateado, brillante en el pelo.















Creo que el maquillaje y el colgante que me regaló Elliot hace 3 años y medio completaban el conjunto a la perfección.
Esperaba no estropear mi encuentro con Henry. Siempre metía la pata...









Narra Coque:



Érica se había ido mientras yo dormía. Poco después de escucharla marchar, sentí como la puerta se volvía a abrir.
No abrí los ojos.

- Oinnss, que mono que está durmiendo. Da pena despertarle - sonreí. Era Jess.

Escuché como se acercaba a mi cama.
Se sentó en el borde y me acarició la barbilla. Escuchaba cada vez más cerca de mi su respiración.

- Por favor, no te derrumbes, sigue en pie, pase lo que pase estaré aquí contigo, ¿vale? TE QUIERO... - unas lágrimas rozan mi mano. Está llorando.

Aún con los ojos cerrados, le cogí la cara con las dos manos y apoyé mi frente con la suya.

- Yo no te quiero, te amo. ¿Entiendes? - le limpié las lágrimas con los pulgares.

Abrí los ojos mientras me fundía en un gran abrazo amistoso.

- No sabía que estabas despierto - sonrió.

- No puedo dormir.

Jessy se incorpora y me cogió de la mano con suavidad.

- ¿Por?

- No lo sé, una preocupación inunda mi mente - le miré fijamente - ¿Has ido a casa?

- Aja. Miriam se quedó esta noche mientras yo fui a dormir a casa.

- No hacía falta que se quedara.

- Si que hacía y hace falta. No permitiría que te pasara algo y estuvieras completamente solo.

- Oye Jessy. Quiero darte las gracias por curarme, traerme al hospital, impedir que yo y ese hijo de puta nos matásemos, por estar siempre a mi lado, cuidándome, ayudándome, por nunca dejarme desprotegido y estar siempre a mi lado. También quería agradecerte todo el apoyo que le estás dando a mi hermana ya que lo necesita. Por todo lo que me demuestras. Sabes que todo lo que estás haciendo hoy por mí, mañana lo haré yo por ti.
Y te pido por favor, que me perdones por enfadarme por semejante tontería y que nunca me abandones. ¿Me has escuchado? Nunca.

- ¿Abandonarte? ¿Cómo iba a hacer eso? No lo haré. Nunca. ¿Me oyes? Nunca - dijo entre lágrimas, acariciándome la mano.

- No llores enana, tranquila. Ven - nos dimos un abrazo de oso, muy tierno y fuerte.

Sentía sus lágrimas resbalando por mi hombro y sus quejidos de sufrimiento cerca de mi oído. Su olor y su cuerpo siempre me tranquilizaban.
Me encantaba estar con ella.
Se incorporó mientras sacaba del bolso un pañuelo de tela azul.

- No puedo dejar de llorar aunque me lo pidas.

- ¿Por qué? - le miré con dulzura.

- Por ti. Porque estás atrapado en un mundo de desafíos y cuando das un paso tu mundo se desmorona y yo intento ayudarte, intento entrar en tu mundo pero...me es imposible. Sólo pretendo ponerme en tu lugar sin embargo, al enfrentarme a tus propios retos me doy cuenta de que yo no puedo ocuparme de tus problemas sino que tengo que dejar que los soluciones tú por tu cuenta. Puedo echarte una mano pero no puedo impedir que te desvanezcas de mi lado - empezó a llorar desconsoladamente.


- No entiendo lo de..."Un mundo de desafíos". Cada uno es dueño de su vida, de sus intenciones, de sus planes, de su pasado, de su futuro y de su presente. Yo tengo mi mundo y tú el tuyo no se parecen en nada pero... los dos, son especiales.

- No lo entiendes.

- No llores, por favor - apoyé mi frente con la suya y acaricié suavemente su mejilla izquierda.

- Tienes que dejar a Érica.

- ¿Qué? - exclamé sorprendido.

- Es...no... Es mala persona, controladora y metomentodo.
No es buena para ti cuando te mereces mucho más que eso.

- ¿Qué ha pasado? Te estaba empezando a caer... bien.

- No ha ocurrido nada. Solo sé que te va a hacer daño. Tal vez, no hoy, ni mañana pero algún día te romperá el corazón y tendrás que volver a unir las piezas del puzzle.

- Enserio, ¿que ha sucedido? - me miró fijamente.

- Nos hemos peleado, no te preocupes, no ha sido nada grave.

- Esa marca de tu muñeca...¿Te lo ha hecho ella?

- Creéme no es nada.

- Hablaré con ella. No tiene derecho a hacerte daño. ¿Me oyes? - exclamé cabreado. EÉrica no tenía ningún derecho a enfrentarse a mi mejor amiga.

- Fue culpa mía, no de ella - susurró mirando los nudillos de sus manos estremecedoras.

- Se va ha enterar, será gilipollas. No volverá a tocarte ni un pelo. Si vuelve a ocurrir dímelo.

- No le digas nada, por favor - suplicó.

- Se lo diré. Jessy, no te preocupes. Todo lo que nos está pasando finalmente cesará y volveremos a ser como eramos antes.

- ¿Mejores amigos?

- Mejores amigos. Y ahora, ven - me moví hacia la izquierda dejándole sitio y aparté las mantas.

- ¿Quieres que duerma contigo?

- Tú métete y luego ya veremos - sonreí complaciente.

- Mmm... me das miedo.

- ¿Crees que te voy a meter mano por debajo de las sábanas?

-  Como lo hagas te pego - intentó reprimir una sonrisa.

- Pero no has dicho que no - sonreí.

- Lo haré por ti pero no por mí.

Se quitó los botines y su chaqueta fina de color beis.

Se acurrucó a mi lado y agachó la cabeza en mi pecho haciéndome cosquillas. La abrigué con la manta y la abracé dulcemente acogiéndola entre mis brazos.

En pocos minutos se quedó dormida.

Asimilé sus palabras en mi mente. Nunca habría imaginado que Jessy pensara que nuestros mundos no estaban destinados cuando yo siempre he pensado que estábamos hechos el uno para el otro.

Acaricié su sedoso pelo que olisqueaba a dulce marfil de caramelo y que recorría mis fosas nasales con un exquisito olor inimaginable.

Tengo una conversación pendiente con Érica. Cada vez me decepcionaba aún más. No sé como pudo hacerle daño a Jessy.

Miré fijamente a Jess, dormida parecía un osito de peluche y te entraban ganas de achucharlo y nunca más soltarlo.

La pobre estaba sufriendo por mi culpa y no lo podía soportar.

- No sabes lo que te quiero pequeña. Eres más que una amiga y siempre lo serás - susurré.

Finalmente, el sueño se apoderó de mí y me quedé frito en su regazo.

Soñé con un paraíso donde solamente yo me encontraba y donde la esperanza siempre acechaba en el momento oportuno...










Narra Miriam:





Llegamos al apartamento de Derek. Aún no había amanecido y el cielo iluminaba aún la dulce luna.

Me encontraba decaída, sin fuerzas y no podía ni pronunciar una sola palabra.

- Hemos llegado. ¿Entramos?

Asentí mientras Derek me abría la puerta del edificio y me cogía de la mano ayudándome a incorporarme.

- ¿Estás bien? - pregunta mirándome a los ojos.

- Si, tranquilo - me mira con compasión mientras nos subimos en el ascensor y ascendemos hasta el apartamento de Derek.

- Nunca...has venido a mi casa.

- Eso es porque tú nunca me has invitado.

- ¿Quieres venir a mi casa algún día?

- Por supuesto. Sólo por verte sonreír haría cualquier cosa.

- Te quiero. Gracias por apoyarme en estos momentos tan difíciles - susurré entre lágrimas.

- ¿Estás llorando? Eso es que me quieres demasiado, ¿no? - sonrió besándome.

- ¿Cómo lo sabes? - le devolví la sonrisa y apoyé mi frente con la suya - No se que haría sin ti en estos momentos tan difíciles para mi.
No respondió.

Entrelazó mi mano con la suya y me fundí en un dulce beso que parecía que nunca iba a terminarse.

- ¿Has pensado en lo de trabajar en mi empresa? Tal vez, cuando todo esto terminé te...

- Claro que quiero pero...si no te importa...¿puedo empezar a trabajar después de que mi hermano salga del hospital?

- Por supuesto. Cuando estés preparada hablaremos del tema.
Creéme serás una gran secretaria y formarás parte de mi negocio - sonrió orgulloso por su victoria.

- Lo sé. ¿Qué mejor que trabajar con tu novio? ¿O no?

Las puertas del ascensor se abrieron interrumpiendo nuestra conversación que no volvería a repetirse.

Derek abré la puerta de la vivienda y accedemos al interior. Todo parece estar como siempre. La decoración afrodisíaca, los muebles colocados a la perfección y la colección de vinos caros ordenados por orden alfabético.

- Bueno, ya estamos. ¿Has dormido por lo menos unas horas?

- No, no mucho.

- Debes descansar - me acarició la mejilla y colgó mi chaleco en una de las perchas del armario de la entrada - ¿Has desayunado?

- Una galleta. No tengo apetito, en estos momentos, mi estómago está cerrado.

- ¿No quieres probar mis asombrosos spaguettis a la boloñesa?

- ¿Spaguettis? ¿¿¿A las siete de la mañana???

- No...a las siete y cinco - dijo mirando el reloj de la pared.

- Aún así... me parece que no.

- Siéntate en el sofá. Vuelvo enseguida.

- Vale - susurro.

- Toma, sirvete tu misma - anunció señalando la bodega de vinos.

- Gracias.

- Vuelvo ahora - repitió dándome un beso en la mejilla al mismo tiempo que entraba en la cocina.

Me senté en el sofá y cogí la botella de "Tabalí" de la vitrina que me mostrara Derek.


Me serví una copa y encendí la TV.

Decidí llamar a Pris, ayer me había portado fatal con ella y no se lo merecía. No sé porque todos nos enfadamos entre nosotros cuando es cosa de Henry, Érica y Coque todo este asunto. Nosotros no deberíamos entrometernos. Esto se había terminado, es cosa del pasado y ahora debo pensar en el presente porque es lo que realmente importa.

Pris siempre me ha apoyado y es una verdadera amiga. Por lo tanto, ahora debo de ser yo quién la ayude.



Abrí contactos y marqué su número. Mis dedos temblaban al rozar la pantalla táctil de mi móvil.

Saltó el buzón de voz.

- Hola, soy Pris. En estos momentos no puedo atenderle por motivos personales o porque estoy en el trabajo. Llámeme más tarde o deje un mensaje después de la señal. Gracias por su tiempo.

- Buenas Pris. Soy Miriam. Perdona por todo lo que te dije ayer. Estoy cansada y cabreada conmigo misma. Dije unas cosas muy fuertes que no quería decir.
Estoy harta del tema de la pelea. Tú no te mereces todo lo que te estoy haciendo.
Perdóname por favor, no soporto que estemos enfadadas. Tienes tus propias opiniones y debo respetarlas aunque no me parezcan justas. Te quiero muchísimo. Besos y llámame cuando puedas. Adiós - colgué y guardé el teléfono en el bolsillo de mi pantalón.

No sé si pasa de mí o simplemente no quiere ni verme en pintura.

Cogí el mando de la tele y empecé a hacer zapping rebuscando una buena película para entretenerme. Hasta que me fijé en una que parecía realmente interesante:

- ¿Por qué? ¿Por qué eres así? Eras mi amigo y ahora lo tiras todo por la borda.

- Porque la quiero. Ella es el amor de mi vida aunque sea la chica equivocada.
Perdóname, no sé como pude hacerte esto...

- No me toques, déjame en paz. Me hiciste muchísimo daño y no puedo perdonarte así sin más. Te odio - bebí un trago de la bebida que tenía en la mano.

- Por favor, eres mi mejor amiga, te necesito. Te quiero.

- No, lo siento. No soy el segundo plato de nadie y menos el tuyo. Vete con esa chica ya que tanto la deseas.
Te apoyé, te consolé, te entregué mi amor y...¿así me lo pagas? Estaba enamorada de ti y es más, lo estoy. No me atrevía a decírtelo y cuando esa muchacha llegó...te dí por perdido.

- ¿Me...quieres?

- Si. Pero yo a ti parezco no importarte lo suficiente.

- Eso es mentira. Yo...también te quiero.

Se besaron y la película terminó. Levanté la mirada y cuando me dí cuenta me había terminado la botella de vino.

Entonces pensé en todos los momentos que había pasado con Henry: las peleas que tuvimos, los secretos, los sentimientos, las caricias...todo.
¿Por qué me ocurría todo esto a mí?  Era feliz y quiero seguir siéndolo.

- He vuelto. Estaba cogiendo unas cosas. ¿Cómo te encuentras? - me acarició la mejilla.

- Bien, tranquilo.

- ¿Estabas viendo la tele? - se sentó a mi lado.

- Si, pero la peli ya ha terminado - sonreí - ¿Sabes? Cuando abrí la caja de terciopelo rojo y me encontré una puta llave en su interior pensé: "Mi novio es un completo gilipollas". ¿Una puta llave? ¿Enserio? - comencé a reírme sin parar.

Cogió la botella de vino.

- ¿Te has tomado toda la botella? - exclamó sorprendido.

- Que más da - ignoré.

- Miriam, enserio...¿estás bien? - preguntó confuso.

- Si - me reí inocentemente - ¿Sabes? Nunca puedes saber lo que ocurrirá porque en cualquier momento tu vida puede cambiar, a mejor o a peor pero siempre te sorprenderá. Cuando ocurren tantas novedades a la vez es como si Dios se centrara solo en ti y en querer destruirte la vida poco a poco.

- Sabías palabras para estar ebria. Todo esto te afecta, ¿verdad? Y por eso utilizas esto, para olvidar y seguir adelante - cogió la botella entre sus manos y me la ofreció con resentimiento.

- El alcohol lo utilizo para escapar y dejar el sufrimiento atrás - cogí la botella.

- Tú te vienes a la ducha. Apestas a alcohol - me rodeó la cintura con sus suaves brazos y me condució hasta el cuarto de baño.

- Si vas a aprovechar esta ocasión para acostarte conmigo... Te sugiero que...

- Calla - me interrumpió al mismo tiempo que me ponía un dedo entre mis labios.

- Un segundo, ¿ Me has mandado callar? ¿A mi? - pregunté atónita.

Abrió el grifo y el agua empezó a inundar el plato de la ducha.  Me agarró la mano y me empujó con suavidad contra la pared de la misma. Sentí como las gotas de agua rozaban mi cabellera y resbalaban por mi torso.
La ropa se pegaba a mi figura y al cabo de un tiempo, noté la atenta mirada de Derek en mis sentidos.

- Ducharse con la ropa puesta no es una buena opción - sonreí.

Me quité arrebatamente la camiseta y se la lancé bruscamente a Derek. Él, me miró arqueando una ceja y la dejó apoyada en un rincón del cuarto de baño. Al igual, me desposé de mis shorts.

- Siempre tan ordenado, Derek - le miré con ironía.

- Aprendí de la mejor - susurró quitándose la chaqueta.

Volví a dirigir mi mirada hacia él mordiéndome el labio

- ¿Te vas a quedar ahí... mirándome? - dije con ojos centellantes de deseo.

- Me gusta apreciar tu belleza, Miriam - cruzó los brazos y me miró fijamente desafiándome.

- ¿ Me ayudas con la ropa interior? - susurré dándome la vuelta al mismo tiempo que le guiñaba un ojo.

- Sé lo que intentas, muñeca. No voy a hacerlo por tu convenencia - deletreó mientras se mantenía inmóvil.

- ¿A no? - dije aguantando las inmensas ganas de reír a carcajadas.

- Debo irme. Te espero en la cama - se acercó para besarme cuando lo impulsé en torno a mí. El agua seguía fluyendo y el vapor del agua avanzaba rápidamente sobre nosotros.

- Así que te querías ir... - fruncí el ceño y lo inmovilicé contra las paredes de la ducha - Quiero hacerlo, aquí y ahora - susurré a su oído mientras le mordisqueaba la oreja.

- Estás...

- Cachonda es la palabra que buscas - le besé con pasión.
Él me agarró por la cintura y rodeó mis glúteos con sus manos fuertes y ágiles.

- Salida. Nadie puede resistirte a ti- se mordió el labio.

- Esto me trae recuerdos de la primera vez que te conocí - sonreí maliciosamente mientras hacia memoria.

- Oh si, muñeca - susurró mientras acariciaba mi espalda llegando al abrocho de mi sujetador.

Se retiró los pantalones y la camisa completamente mojada. Realmente, no sé como ocurrió. Tenía un odio inmenso por ese chico, me pareció el típico empresario amargado que no sabe sonreír pero desde aquella noche en el desván, pude comprobar que era un chico muy tierno, siniestro, romántico y que estaba jodido como yo. Se abrió a mi encandilándome y obligándome a amarlo con todo mi corazón.

Me besó mientras me agarraba las manos y las colocaba por encima de mi cabeza.

- Voy a bajarte las bragas sin tocarte con las manos - susurró con una entre sonrisa.

Deslizó sus manos por todo mi cuerpo hasta llegar a la goma de mis bragas. Una vez allí, se puso de cuclillas y atrapó mis bragas con la boca agarrándolas con los dientes mientras las deslizaba por mis piernas.

- ¡¡¡Derek!!! - grité absorbiendo un gemido mientras apoyaba mis manos en la pared de la ducha.

Él dejó lo que estaba haciendo y me miró detenidamente.

- No te he tocado - me guiñó un ojo.

- Ven aquí - reí mientras él se incorporaba.

- ¿Qué? - sonrió a pocos centímetros de mis labios.

- Quiero que me toques - dije poniendo sus manos en mi cintura mientras jugaba con su pelo revuelto.

Fui deslizando mis manos hasta llegar a sus Calvin Klein. Fruncí el ceño.

- ¿Qué ocurre? - preguntó notando mi desagrado.

- ¿Enserio? ¿¿¿Calvin Klein??? - abrí los ojos mientras me apoyaba en sus hombros.

- ¿No te gustan? - preguntó realmente tocado.

- Solo...me ha sorprendido - dije acariciándole la mejilla con cariño.
Él, aprovechando el momento me robó un beso muy apasionado y yo me deshice de sus Calvin Klein deslizándolos por sus piernas.


Me quedé mirándolo fijamente con ojos ardientes y audaces. No era la primera vez que lo veía desnudo frente a mi pero aún así me quedaba embobada con su impresionante cuerpo, sus bíceps, sus pupilas mirándome fijamente...


- Te voy a penetrar rápidamente y luego nos iremos a la cama.

- Si - levanté una ceja en señal de confirmación -Hazlo ya.

Y se introdució dentro de mi haciendo que suaves gemidos dieran a la luz.
Es impresionante la pasión que demuestra este chico.


Repitió el suceso varias veces hasta que llamaron inesperadamente a la puerta.


- ¡Noo! ¿No irás a abrir? - exclamé decepcionada.

- Tengo que ir, a lo mejor es importante.

- Estaba llegando...

- Luego continuamos - me besó la mejilla retirándose de dentro de mi.

Se enrolló una toalla en la cintura y salió del baño.
Escuché el chirriante sonido de la puerta principal.
Podía escuchar la conversación con dificultad pero con todas las palabras en su orden.

- Buenos días señor Karev. Vengo a entregarle el impuesto del edificio.

Valla es Jerry.

- No crees... que a estás horas...¿ la gente aún está durmiendo? - le dice Derek con aire amenazador.

Cogí una toalla y me la enrollé en el cuerpo.
Abrí la puerta del baño y me asomé.

Empecé a caminar hacia la entrada principal.

- ¡¡Hola Jerry!! - grité emocionada mientras me apoyaba en el hombro de Derek y observaba a los dos con perspicacia.

- Upps, ¿he interrumpido algo?

- Si, mi orgasmo mañanal. Pero no pasa nada, como me caes bien te perdono.

- ¡¡¡Miriam!!! - gritó Derek como echándome la bronca y sonrojándose a la vez.

- Señorita Fernández parece usted muy...animada.

- Se ha bebido una botella de vino y no le ha sentado muy bien que digamos - susurró Derek mientras evitaba mis agudas miradas espectantes.

- No quiero saber más detalles de su vida sentimental. No es... asunto mío.
Bueno, tome. Les dejo seguir con lo que estaban haciendo - puso los ojos en blanco y le entregó el impuesto a Derek.

- Gracias Jerry. Hasta mañana - le guiñé un ojo mientras empezaba a cerrar la puerta.

- Hasta lue...- susurró sin dejarle acabar la frase y cerrándole la puerta en las narices.

 Derek me miró fijamente con ira expresada en sus ojos. Yo me limité a sonreír tímidamente.

- A dormir, ya.

- Nooo - grité con desilusión mientras me dirigía al cuarto de baño.

- Quería dormir contigo pero ya que no quieres...

- Vale - me giré mirándole - Vámonos a la cama - sonreí cogiéndole de la mano y dirigiéndole hasta el cuarto.

- Espera, hay que recoger el baño.

- Pues venga - me dirigí al cuarto de baño.

Después de recoger todo y de estar completamente secos, Derek y yo nos dirigimos al dormitorio.

- Métete bajo las mantas - susurró.

Dejé caer la toalla que resbaló por mi cuerpo hasta caer finalmente en el suelo. Me acosté sobre las sábanas celestes que formaban parte de la decoración austera del cuarto.

Derek hizo lo mismo quedando totalmente los dos desvestidos.

- Buenas noches, mi ebria - se acercó a mi y me besó con ternura. Yo, aproveché para quedar suspendida encima de él. Empecé a lamer todo su torso mientras él se quedaba inmóvil mirándome.

- Miriam, para. De...debemos dormir - dijo mientras me cogía de la barbilla para mirarme a los ojos.

-Aburrido - susurré poniendo los ojos en blanco mientras me enfurruñaba y me tumbaba a su lado dándole la espalda y abrazando a la almohada con mucha rabia interior.

- Tampoco te pongas así, amor - me besó el hombro mientras me acariciaba el pelo con dulzura.

- Ni amor ni ostias - cerré los ojos ignorándole.

Él, se levantó de la cama y se dirigió a mi. Me acarició la mejilla con ojos culpables y llenos de arrepentimiento.

- Pienso en ti. Llevas días sin poder dormir y quiero verte descansada - susurró - ¿Si?

- Anda, métete en la cama. Es imposible ignorarte - puse los ojos en blanco mientras él sonreía y volvía a su sitio de antes.

Al ver, que seguía dándole la espalda. Hizo que me girara suavemente.

- ¿Enserio prefieres abrazar a la almohada antes que a mi?

- A lo mejor...la almohada si quiere tener relaciones sexuales conmigo - dije cerrando los ojos.

Él sonrió con una sonrisa muy contagiosa. Se acercó poco a poco a mi dado, que notaba su respiración en mi nariz y me hacia cosquillas.  Me rodeó con sus tiernas manos y las fue bajando a medida que su respiración se aceleraba. Finalmente, terminó acariciando mis piernas con dulzura. Eso fue mi perdición. Abrí los ojos y le besé con ternura.

- Mmm... me encanta el sabor de tus labios - dijo relamiéndose mientras seguía abrazado a mi.

Sonreí ante ese comentario y apoyé mi frente con la suya. Acaricié su mejilla con ternura.

- Desde que entraste en mi vida eres una droga para mi. Mi perdición - dije susurrando mientras me acurrucaba en su pecho con su permiso.

- Oye, has usado protección, ¿no? - pregunté y al no escuchar su respuesta me erguí y le miré - ¡¡¡Derek!!!