DÍA: 29 DE AGOSTO
Narra Coque:
Noté mis ojos pesados e intenté abrirlos poco a poco. Tenía frío, mucho frío. Me sentía como un helado acabado de salir del congelador.
Al fin, pude abrirlos. Pestañeé numerosas veces ya que la luz me cegaba por completo y me resultaba lo suficientemente molesto. Aclaré la vista y vi a la pequeña Jess durmiendo plácidamente entre mis piernas. Apenas tenía fuerzas para moverme y el tubo que tenía en la boca no me dejaba pronunciar ni una sola palabra. Necesitaba quitármelo.
En ambos brazos, varias vías pasaban por goteros hasta las agujas. Miré momentáneamente mi mano derecha, me habían colocado una pinza bastante molesta en el dedo índice. Moví mi mano izquierda lentamente hacía la pinza e intenté retirármela. Mis esfuerzos fueron en vano.
El "Bip, bip, bip..." de la máquina que supuestamente marcaba mi ritmo cardíaco me ponía más nervioso de lo que ya me encontraba pero al mismo tiempo, me alegraba de que funcionase. Eso significaba que seguía vivo y que todo esto no era parte de mi imaginación.
Me di cuenta de que el tubo que salía de mi boca conducía hasta un respirador. Me sentía extraño pero bien y eso me resultaba más raro aún.
Un cúmulo de sensaciones me envolvían y la verdad es que resultaban bastante confusas.
Todavía no podía creerme que hubiera abierto los ojos, que me viese perfectamente, que siguiese vivo...
Pensé que no despertaría jamás, que me sumaría en un sueño profundo del que nunca despertaría.
Tal vez, fue el destino.
Quizá, fue pura suerte.
A lo mejor, me dejé en buenas manos.
Igual....
Tenía la boca seca pero en cambio, no tenía hambre.
Miré detenidamente a Jessy. Ésta debió de sentirse muy intimidada ya que en un par de segundos, se despertó y se frotó los ojos con ambas manos. Luego, dirigió su mirada hacia mi.
Sus ojos entrecerrados por el sueño se abrieron completamente de golpe. Se cubrió la boca con las dos manos para no soltar un grito fuerte ante la sorpresa. En su lugar, liberó un grito ahogado.
Sonreí interiormente mientras ella me abrazaba con fuerza y unas lágrimas diminutas bañaban sus mejillas.
Oh, mi pequeña Jess - dijo cariñosamente la voz de mi conciencia.
- ¡Dios mío, Coque! Pensé que nunca despertarías, me alegro tantísimo de que vuelvas a estar con nosotros. No sé que haría sin ti - levantó la voz entre sollozos mientras seguía abrazada a mi.
Luego me soltó para verme mejor, sonrió y me miró fijamente a los ojos. Estos brillaban de felicidad y eso conmovió mi pequeño y hondo corazón.
¡Joder! No os imagináis cuanto la quiero. Cogí su mano débilmente, necesitaba disculparme por el estúpido que fui antes de la intervención en el quirófano.
Ella me la agarró con fuerza y sonrió de lado.
- No te imaginas lo feliz que me hace que estés bien. Llevo esperándolo durante muchísimo tiempo aunque nunca dejé de perder la esperanza - me transmitió mirando nuestras manos entrelazadas.
Cogí la palma de su mano y escribí con los dedos en ella. Fue la única forma que se me ocurrió para comunicarme con ella.
Pero mis fuerzas aún eran muy débiles y ella me miró frunciendo el ceño.
- No... lo entiendo - balbuceó con un tono de voz muy débil.
Le miré a los ojos y volví a repetir el gesto varias veces. Al final, ella rió como una niña pequeña.
Dulce, sensata, contagiosa... Eso me dio a entender que al fin, me comprendió.
- Yo también te extrañé - me respondió al oído en un susurro y besó mi mejilla con ternura.
Me encantaba que fuese ella quien estuviese aquí cuando desperté, no me lo esperaba. Bueno, tampoco era que tuviese esperanzas suficientes.
- Voy a avisar a la doctora y llamaré a Miriam y al resto para darles la noticia - se levantó sonriente - Vuelvo ahora, ¿vale?
Pestañeé en forma de afirmación y miré a los alrededores distraído.
A los pocos minutos, la puerta de la habitación volvió a abrirse. De repente, apareció la doctora Wilson y me dedicó una linda sonrisa nada más verme.
- Vaya, Coque. Acaba de avisarme tu amiga que acabas de despertar. No sabes cuanto me alegro - mencionó dejando los informes sobre la mesilla y encaminándose a mi lado - Ella ha pasado la mayoría del tiempo aquí, a tu lado. Aguardando un milagro el cual se hizo realidad. Tienes mucha suerte de tenerla. No la pierdas, tiene un corazón muy grande.
Desenrolló el estetoscopio y lo colocó sobre mi pecho. Escuchó detenidamente los latidos de mi corazón y fue alternando su colocación.
- Bien, mira mi dedo fijamente - dijo mientras extendía su dedo índice y lo zarandeaba en el aire.
No lo perdí de vista.
Estoy perfectamente, no sé porque me haces tantas pruebas inservibles.
Después de examinarme de los pies a la cabeza, sonrió y apuntó mi temperatura corporal en mi informe.
- Todo parece estar bien. Descansa un rato. Más tarde te haremos un TAC para comprobar que todo esté en orden. Aún no debemos de emocionarnos ni saltar de alegría. Tuvimos muchísimos inconvenientes durante la operación, perdiste mucha sangre e incluso entraste en paro. Tal vez, solo sea una mejoría. Suele ocurrir en pacientes que despiertan del coma y dentro de unas horas o incluso días vuelven a entrar en coma de nuevo.
Lo sé, es extraño y difícil de creer pero la verdad, es que aún se está investigando.
Bien, no voy a molestarte más. Te quitaré el respirador y ese tubo tan molesto ya que parece que respiras por ti mismo. Descansa - mencionó mientras abría las ventanas para ventilar la habitación y abandonaba el lugar.
Suspiré, cada vez me sentía con más fuerzas y aún no comprendía como podía haber despertado.
Narra Miriam:
- No puedes irte durante casi dos días y medio sin siquiera avisarnos. Estábamos muy preocupados por ti - me regañó mi madre por la mañana.
¡Mierda, debí quedarme en el hospital! Ahora tengo que escuchar su rollo barato.
- ¿Preocupados? No me hagas reír - me burlé poniendo los ojos en blanco y soltando fuertes carcajadas - Hace unas semanas ni siquiera estabas aquí y si, has vuelto pero durante estos seis meses que estuviste "de viaje" - mencioné marcando las comillas mientras mi tono de voz alcanzaba un valor más incrementado de lo normal - no te preocupaste por nosotros. Ni una llamada, ni una visita, ni un... Nada.
¿Y ahora estás intentando decirme que has cambiado? Ambas sabemos que no es cierto. Nunca has sido una madre propiamente decente.
Estos dieciocho años ya los perdiste así que ahora limítate a afrontar la realidad.
Ya no soy una niña, soy adulta y puedo valerme por mi misma durante dos putas noches - le solté sin pensar detenidamente en todo lo que estaba tratando de decir.
Ella cerró el pico ladeando la cabeza mientras las lágrimas amenazaban con salir disparadas de sus ojos.
Me pasé, si, fui demasiado estúpida y prepotente y sincera...
Si hoy pudiera volver atrás juro que lo haría sin dudar pero el tiempo no se puede controlar con tus propias manos así que tendré que seguir arrepintiéndome durante el resto de mi vida.
- Lo... Lo siento - bajé la cabeza sin ni siquiera atreverme a mirarla a la cara.
- No, has sido sincera y te lo agradezco. Es cierto, lo que dijiste. Me marché, me fui a la otra punta del mundo durante 17 años sin ni siquiera llamaros durante cierto tiempo para averiguar como estabais pero no tuve tiempo. Nuestro jefe nos asignaba entrevistas y reuniones cada día, mi agenda estaba súper apretada. Quería traer el dinero suficiente a casa para que no os faltase de nada pero supongo que me equivoqué - se explicó mientras las lágrimas salían desesperadamente de sus ojos.
¡Joder! Mi intención no era esa. Antes, de que pudiese hacer o decir algo para calmar la situación, mi móvil comenzó a sonar.
Miré el número en la pantalla de mi celular. Era Jess, no era de extrañar.
- Oye, Jess. No es un buen momento - susurré mientras contemplaba el rostro de mi madre detenidamente.
- ¡Cállate y escúchame por que lo que voy a decirte va a parecerte una auténtica mentira pero ten mi palabra de que es cierto y de que lo he visto con mis propios ojos! - soltó con cierta emoción a través de la otra línea. Hace mucho tiempo que no la veía así. Era ella, la pequeña Jessy. Tan jovial y risueña...
- Te escucho.
Me volteé disculpándome con la mirada pero mi madre no debió percibirlo. Espero que mi chorrada momentánea no estropeé de nuevo nuestra relación filial. Hacía muchísimo tiempo que no nos llevábamos así, como personas maduras y adultas. Hasta me atrevo a decir que nunca he tenido una afinidad así con ella.
- Coque se ha despertado. Abrió los ojos, Miriam. Lo ha superado, lo ha conseguido... No tiene ningún indicio. Es como si nunca se haya sometido a la operación.
Vuelve a ser Coque, nuestro Coque - exclamó mientras se sonaba la nariz emocionada.
- No puede ser. ¿Enserio? - me quedé abrumada. No era optimista ante aquella situación y la verdad es que según pasaba el tiempo iba perdiendo cada vez más la ilusión, las esperanzas...
Mi madre volteó la cabeza mientras escuchaba detenidamente.
- Si, Miriam. Está conectado a unas cuantas máquinas aunque ya puede respirar solo y por la tarde le harán un TAC para conocer mejor su estado. Según la doctora, es un puto milagro ya que tenía pocas probabilidades de despertarse después de todos los inconvenientes que sufrió durante la operación.
Fue extremadamente fuerte y nunca se rindió. Así es él. Firme, valiente y sólido. Un Fernández de la cabeza a los pies. ¿O no?
No pude evitar reírme. La adrenalina comenzó a consumirme por dentro. Seguía sin creer que de verdad fuese cierto. Necesitaba verlo con mis propios ojos.
- Dios mío, voy para allá. Preciso verlo, es urgente. ¿Sigue despierto?
- Si, creo que si. He ido a buscarle una botella de agua, está muerto de sed.
- No me extraña. Nos vemos ahora, Jessy. Cuídalo bien mientras tanto. Gracias por avisarnos - sonreí como una niña pequeña. Tuve que aguantarme las ganas de pegar saltitos.
- No hay de qué, cielo. Él está deseando veros.
- Y nosotros a él, no lo sabes tú bien - colgué y guardé mi móvil rápidamente mientras me daba la vuelta.
- Mamá, Coque se despertó del coma. Ya podemos ir a verlo - exclamé saciando mis ganas de saltar y dándole un abrazo. Ésta se sorprendió, no sé si por el abrazo, por Coque o por ambas cosas.
- ¿Pues a qué esperas? Vámonos al hospital - me cogió de la mano y tiró de mi suavemente.
- ¿Y papá? - frené mis pies obligándole también a ella a pararse en seco.
- Voy a avisarle. Mientras, ve encendiendo el coche.
No me dio tiempo a decir ni una sola palabra. Mi madre ya había salido disparada hacia el segundo piso en busca de mi padre.
Cogí mi cazadora y me apresuré a salir por la puerta. Nada más abrirla, me encontré cara a cara con Derek. Si, el canalla y traidor de mi ex-novio.
¿Qué hacía él aquí? ¿Qué se suponía que había venido a
buscar?
Ya hablé ayer con él y la verdad es que la cosa no terminó
lo suficientemente bien.
Sus ojos se mantenían prendidos en mi rostro y trasmitían
cierto disgusto, descontento y tristeza. No me gustaba verle así pero era lo
que se merecía.
Él, me observó desde abajo. Me sorprendí al ver su cabello mojado mientras las gotas de agua rozaban su rostro y le obligaban a pestañear continuamente.
Se encontraba frente a mi completamente encharcado de los
pies a la cabeza.
Parecía frágil, indefenso, débil...
Se estaba helando de frío, ya que no llevaba cazadora que le protegiese del rocío que había dejado la noche.
- ¿Qué mierda haces aquí, Derek? - me crucé de brazos cerrando la puerta que se encontraba detrás de mi.
Me puse la capucha de mi chaqueta, ya que llovía fuertemente. Algo sumamente extraño ya que apenas unas horas antes amanecía de una forma extraordinaria.
- Me dijiste que si quería recuperarte lo intentara, me esforzara y aquí estoy, completamente encharcado intentando recuperar al amor de mi vida. Suena estúpido pero es cierto. No voy a rendirme tan fácilmente aunque me lo pidas trillones y trillones de veces. Estoy aquí por ti y no voy a dejarte marchar - explicó mientras las gotas que caían del cielo se unían a sus lágrimas.
- Eso fue antes de descubrir que estabas viviendo con tu ex- novia. ¿Melenas no? Seguro que ella te agradecerá mejor tus palabras o tal vez haga como yo y se las meta por el culo - mencioné. No aguantaba que conviviese con su ex. Ella es parte del pasado... ¿Por qué tiene que entrometerse de nuevo en la vida de Derek? Ya le rompió el corazón una vez pero él debe de estar lo suficientemente ciego de amor como para no darse cuenta.
- Por favor, Miriam. No seas la típica novia celosa.
- Primero, no estoy celosa y segundo, ya no soy tu novia, ni tu pareja, ni tu amiga así que déjame en paz de una puñetera vez, Derek - traté de decirle sin levantar en ningún momento la voz. Ya lo había hecho demasiado por hoy y no quería estropear mi buen humor por una cosa sin importancia - Todo ha cambiado. Hemos dado un giro de ciento ochenta grados que no creo que vuelva a repetirse. Estoy harta de tantas complicaciones. Espero que seas muy feliz. Ya no puedo aguantar más esta situación - bajé la cabeza intentando no mirarle a los ojos - Se acabó.
Sentí como la mitad de mi corazón se desvanecía. Esta situación me dolía más de lo que me imaginaba.
Levanté la mirada. Él ladeó la cabeza mientras sus sollozos se hacían cada vez más intensos.
Si yo me encontraba así no podía imaginarme como se sentiría él. Seguramente como una patada en el culo.
De todas formas, todo fue por su culpa. Si no hubiera cogido ese avión y se hubiera traído a la zorra doña Melenas nada de esto hubiera ocurrido.
Me acerqué a él y le cogí de la mano. No soportaba verle así. Derek me miró a los ojos por última vez y fue soltando mi mano poco a poco.
Cerró los ojos con fuerza intentando contener las lágrimas algo que simplemente, le fue imposible.
Apenas podía deletrear palabra. Entre la lluvia y las sombras oscuras.
- Escúchame, por favor - intentó camelarme pero esta vez decidí no
sucumbir como la mayoría de las veces - Melanie, no tiene donde quedarse.
Pasará unos meses en Barcelona por eso le ofrecí un lugar donde quedarse.
Independientemente de que sea mi ex o no, no existe nada entre nosotros. Mi
relación con ella terminó hace muchísimo tiempo así que no debes preocuparte,
Miriam. La única a la que quiero es a ti. Te lo dije mil veces pero nunca me
crees y siempre lo he dicho enserio. Te... quiero - deletreó mientras las
lágrimas seguían saliendo por sus mejillas - Desde que te atendí en mi tienda
hasta ahora. Nada ha cambiado - susurró.
Me sorprendí cuando abrió la boca y soltó esas lindas palabras que ablandaron mi pequeño y helado corazón.
Mierda, me estaba convenciendo. No, Miriam. No debes ceder ante sus palabras, ni sus lágrimas de cocodrilo.
- ¿Cómo se puso esa perra en contacto contigo?
- Vino a mi despacho. Me quedé completamente de piedra al verla después de haber pasado unos cuantos meses. Me explicó su situación y no me quedó más remedio que prestarle mi ayuda - se encogió de hombros mientras intentaba reprimir las lágrimas.
- ¿Cuánto lleva conviviendo contigo?
- Dos o tres días. Llegué hace poco a Barcelona - me aclaró rascándose la nuca y mirándome con ojos brillantes. Aparté la mirada con rapidez - Miriam... Creéme por favor... Soy capaz hasta de someterme al polígrafo. No me dejes, no lo hagas. Te amo - murmuró ladeando la cabeza mientras las lágrimas rozaban sus mejillas de nuevo.
Sonreí mientras mi cabeza no dejaba de dar vueltas y más vueltas. Parecía lo suficientemente sincero.
¡No lo hagas! No caigas de nuevo en sus encantas - susurraba la voz de mi conciencia como una posesa.
Llegaste tarde, querida... - le respondí alzando una ceja y cruzándome de brazos.
- - Está bien. Confiaré en ti porque eso es lo que
debe de hacerse en una relación, confiar en la otra persona incluso cuando no
estés completamente seguro de hacerlo – rodeé mis ojos mientras sentí como sus
cálidos labios se apoderaban de los míos. Cuando ambos quedamos sin aliento, le
miré a los ojos apoyando mi frente sobre la suya – Pero dile a esa perra que
como toque un solo pelo a mi hombre se las verá con la perra guardiana.
- - No te preocupes, vivimos en el mismo
departamento pero apenas nos dirigimos la palabra. Trabajo todo el día y hasta
la noche no nos podemos ver y a esa hora ella ya está durmiendo. Mel es parte
del pasado, tú eres mi futuro, nena.
- - Me encanta que me llames nena – rocé su nariz
con la mía. Noté la punta de su nariz totalmente congelada - ¡Dios mío! Debes tomar más leche caliente,
estás completamente helado.
- -
Llevo aguardando una hora fuera intentando que
las palabras adecuadas llegaran a mi mente. No me atrevía a llamar a la puerta.
No puedo evitar que una sonrisa de oreja a oreja se dibuje
en mi rostro.
- - Te amo, Derek Karev. No vuelvas a pensar en
abandonarme en tu putísima vida o yo misma me encargaré de dejarte sin
descendientes – me abracé a él como un koala sonriendo como una tonta.
- - Nunca más lo haré. Te lo prometo – susurró a mi
oreja siguiéndome fuertemente el abrazo.
- - Lo sé – reí pegándole suave en el hombro.
- - Estás empapada por la lluvia pero aún así estás preciosa - dijo acariciando mi mejilla con cariño mientras se acercaba de nuevo para besarme. Ambos nos separamos al escuchar el ruido de la puerta.
- - Estás empapada por la lluvia pero aún así estás preciosa - dijo acariciando mi mejilla con cariño mientras se acercaba de nuevo para besarme. Ambos nos separamos al escuchar el ruido de la puerta.
La puerta tras de mi se abrió de golpe y mi madre junto a mi madre bajaron los escalones de la entrada con normalidad hasta que captaron la presencia de Derek. Mi madre dio un respingo y mi padre se limitó a observarle con curiosidad.
Supongo que ha llegado la hora de
que todos conozcan a Derek. Se terminó esconderse, eso es de cobardes.
- - Mamá, papá – miré a ambos entre dientes. Me
esperaba la peor reacción del mundo por parte de los dos. Ambos me observaron
de inmediato – Os presento a Derek, mi… novio – me encogí de hombros
observándoles con cuidado. Metí mis manos en los bolsillos de atrás de mis vaqueros.
- - ¡Vaya! Pensaba que nunca llegaría este momento –
mencionó mi madre caminando hacia a Derek.
- - Encantado, señorita – mencionó él con una enorme
sonrisa besando su mano derecha.
Derek me observó levantando una ceja. Yo me limité a asentir. Si, lo había hecho. Quería demostrarle que esto iba enserio y que de verdad, me importaba más de lo que él pensaba. Tanto como para presentarle a mis padres.
Mi madre miró
hacia atrás riendo como una tonta. Hacía tiempo que no la veía así.
- - Me alegra conocerte, Derek. Mi niña nunca nos
había presentado a ninguno de sus novios. Debes de importarle demasiado.
Pensábamos que era lesbiana – siguió mi madre hablando como si le conociese de
toda la vida. Ella siempre cogía confianza con facilidad.
- - ¡Mamá! – solté al escucharla.
- -
Es cierto, ¿verdad cariño? – mencionó pidiendo
auxilio a mi padre. Este se mantenía callado apartado de nosotros. Levantó la
cabeza y ladeó la cabeza mirando a su mujer tras el paraguas que sujetaba.
- - Debemos irnos. Dejad de darle a la lengua y
comenzad a caminar – respondió con expresión seria dirigiéndose a mi auto.
- - Perdona, Derek. Tiene un día malo. Me caes
fenomenal, enserio. Algún día de estos, te invitaremos a cenar. ¿A qué si,
hija? – miró hacia mi mientras yo me limitaba a poner los ojos en blanco –
Espero que te guste el pavo, es mi especialidad. La verdad es que no es por presumir
pero siempre me queda riquísimo – dijo mi madre pensativa sin dejar de hablar y
hablar y hablar…
- - Me encanta el pavo – soltó Derek siguiéndole el
rollo sin apartar la mirada de mi. Mis mejillas se sonrojaron. Sigo sin saber
el porqué.
- - Vamos mamá, tenemos que irnos. Ya sabes como es
papá cuando se enfada… - señalé apoyando mis manos sobre sus hombros y
empujándola con suavidad.
- - Bueno, ha sido un placer. Espero volver a verte
– se despidió mi madre ladeando la mano de un lado a otro.
- - El placer ha sido mío – sonrió Derek pasando una
mano por su cabello.
Cuando mi madre estuvo lo suficientemente lejos. Me acerqué
a Derek y le di un beso corto pero delicioso en los labios poniéndome de
puntillas. Él relamió su labio inferior y me miró con deseo mientras yo bajaba
la cabeza como diciéndole: “Siento lo de mi madre”.
Se limitó a reír sin decir ni una sola palabra y yo volví a
encogerme los hombros enredando mis manos detrás de la cintura.
- - ¡Miriam! – exclamó mi padre con cierto tono de
cabreo.
- - Ya voy – bramé sin dejar de mirar a Derek –
Tengo que irme. Mi hermano se despertó.
- -
Al fin, me alegro muchísimo – mencionó
acariciando mi mejilla.
- - Llámame, nene – dije guiñándole un ojo con tono
sensual mientras me alejaba de él costosamente.
- - No me robes los apodos, nena – sonrió violándome
con la mirada. Fue lo último que dijo antes de que yo entrase en el coche y
condujese hasta el hospital.
El ambiente se encontraba muy silencioso y eso me ponía los
pelos de punta. Mi madre tarareaba una canción de la radio mientras mi padre
seguía con expresión seria mirando por la ventanilla. Me preguntaba que estaría
pasando por su cabeza en estos instantes. Creo que Derek no le cayó tan bien
como a mi madre.
Subí el volumen mientras una amplia sonrisa se dibujaba de
nuevo en mi rostro. Las cosas habían ido mejor de lo que esperaba. Ayer
discutíamos fuertemente y hoy las miradas hablaban por nosotros. Supongo que la
clave está en la comunicación. Si no hubiésemos hablado del tema seguramente
esto se habría cortado por lo sano.
Me alegro muchísimo de que eso no llegase a ocurrir.
Llevamos muy poco tiempo juntos pero ese poco rato lo he disfrutado tanto que
no tengo ganas de que se terminé nunca. Derek es el sol que alumbró mi vida.
Supongo que eso era lo que necesitaba para que mi vida fuese técnicamente
perfecta. No puedo pedir más.
- Bájale el volumen a la radio. Me hace doler la cabeza - exclamó mi padre entre dientes mientras me miraba de reojo.
¿O si?
- Bájale el volumen a la radio. Me hace doler la cabeza - exclamó mi padre entre dientes mientras me miraba de reojo.
¿O si?
Narra Henry:
- Tio,
¿ya te hartaste de María Dolores? – murmuró mi hermano mientras se tomaba un
cómodo café al lado de la barra.
- ¿Por
qué lo dices?
Miró a los alrededores como si verdaderamente fuera obvio y luego
sonrió pidiendo una cerveza a la camarera.
Si, mi hermano era así de extraño. Después del café podía tomarse
hasta un helado. Ya lo hizo en alguna ocasión.
- No,
la mierda que tenemos sigue intacta – respondí mirándole de reojo.
- Últimamente
no la veo por eso preguntaba – soltó una risa ahogada y desbloqueó la pantalla
de su celular.
- Oye,
debo decirte algo.
Asintió emitiendo un sonido muy obsceno y siguió mirando su
celular como si nada.
- Te escucho
hermano.
- Lola
me confesó que era virgen – expresé de repente tragando saliva mientras miraba
a los alrededores convencido de que nadie nos había escuchado.
- ¿¿Qué??
– formuló la pregunta después de asimilarlo durante unos minutos. Guardó su
móvil con rapidez y meneó su culo para poder escucharme con claridad.
- No
pienso repetirlo – alcé ambas manos justificándome y sin devolverle la mirada.
- Entonces
ella y tú aún no…
Sus cejas se levantaron queriendo decir por si solas lo que él
estaba pensando.
- No,
aún no hicimos nada.
- Joder,
colega. Ya me parecía a mi que era muy santa – comenzó a descojonarse delante
de mis narices y volvió a voltearse para mirar a la camarera.
- ¿Qué
hago, bro? Ni siquiera estamos saliendo y justo me lo contó cuando íbamos más
allá… Ya me entiendes, tio. No quiero que se sienta presionada, tampoco sé si
esta mierda tiene futuro – jugueteé con la pajita de mi cocacola.
Miguel apoyó su mano sobre mi hombro y me miró descaradamente.
- Hermano,
en eso no te puedo ayudar. A mi la piva no te voy a mentir… me cae de puta
madre aunque eso tienes que decidirlo tú. Si te gusta y crees que existe una
puta posibilidad de que funcione pues ataca tigre pero si piensas que solo es
un jodido lío… Es mejor que cortes por lo sano. Debes decidirlo tú, bro.
- No
quiero hacerle daño. Lo de Érica aún está muy reciente. Tengo miedo de volver a
cagarla – mencioné cuando apartó su mano de mi y volvió a centrarse en la
cerveza.
- A
ella le gustas. Se le nota cuando te mira – dijo mientras sus ojos iban a parar
al trasero de la camarera.
Soltó un silbido bastante sonoro para mi parecer y volvió a girar
sobre su silla como un niño de preescolar.
- Nunca
me dijiste que las camareras de este bar estuviesen tan cachondas – explicó
guiñándome un ojo.
Volteé los ojos y un montón de insultos varios pasaron por mi
cabeza.
- Tienes
novia. Está trabajando para poder pagar ese puto viaje romántico que lleváis
planeando meses. Eses comentarios sobran.
- Eres
un puto aburrido. Los ojos están para mirar si no, ¿por qué mierda nos los hizo
Dios? – se defendió encogiéndose de hombros – Mientras no coja a esa zorra de
tetas grandes y me la empotre en los baños no puedes juzgarme – bebió el último
sorbo de cerveza y me miró detenidamente - ¿Nos vamos?
- Yo
aún no terminé – dije señalando mi vaso con la cabeza.
- ¿Y?
¿Crees que me importa, puto gilipollas? – rio contando el dinero mentalmente y
dejándolo sobre la barra – Yo soy el que paga y también el que dice cuando nos
tenemos que pirar.
- No me
hagas reír. Te esperas a que termine – dije sin levantarme del sitio mientras
sorbía el contenido de mi copa.
Él me observó alzando ambas cejas como diciendo “¿Enserio me vas a
hacer repetírtelo dos veces?”.
Me cogió de la oreja con fuerza y caminó hasta la salida del bar mientras yo me quejaba numerosas veces intentando que me soltase.
- Dije
que nos vamos – bramó él mientras un montón de gente nos observaba mientras
hablaban entre ellos, reían o nos miraban de mala manera.
No era de extrañar. Mi hermano solía ser así. Un puto sinvergüenza
que solo pensaba en si mismo. Ya estaba acostumbrado y a cosas aún más peores.
Seguía con la misma duda. ¿Lola me importaba de verdad o era un
simple rollo pasajero?
Narra Coque:
Desde que desperté, me sentía nuevo como si fuese una persona diferente en todos los sentidos.
Mi mente estaba despejada y lo único en lo que podía pensar era en como después de saber que había muy pocas posibilidades de que despertara lograse hacerlo.
La doctora que me atendió siempre sería para mi la gran diosa de la cirugía.
Ninguna como ella estaba a su nivel.
- Hay unas cuantas personas fuera que dicen que quieren verte. ¿Les digo que pasen? - anunció la doctora asomándose por la puerta.
- Si, que pasen - susurré observándole.
Ella me sonrió no sé porque pero le devolví la sonrisa.
Al poco rato, escuché un bullicio que cada vez se incrementaba más. La puerta de la habitación volvió a abrirse.
Todos estaban allí. Incluso Alex y Mark. Mi rostro cambió inmediatamente al nada más verlos.
Jessy y mi hermana sonreían sin parar observándome con ledicia.
- ¡Coquito! - gritó mi hermana con euforia al mismo tiempo que venía corriendo para darme un tierno abrazo para darme la bienvenida.
- Te dije muchas veces que no me llamases así - me quejé al mismo tiempo que reía ante la situación.
Miré a Jessy que se encontraba al otro lado. Le cogí de la mano y asentí con firmeza como diciendo "Soy más fuerte de lo que creía". Ella acarició mi palma de la mano mientras me observaba fijamente.
A veces, los actos hablan por si solos sin que haga falta que las palabras intervengan.
- ¡Oh dios mío! No sabes cuanto me alegro de que estés bien. Sabía que podías superarlo sin ninguna dificultad. Algunas personas ya habían perdido la esperanza pero yo nunca lo hice. Siempre aposté por ti.
- Supongo que he ganado la batalla. Mala hierba nunca muere - reí mientras ella se sentaba a mi lado acariciando mi espalda.
- Eso dicen aunque yo creo que fuiste tú. Nunca te rendiste. Me alegro muchísimo de que no lo hicieras.
- Yo también me alegro - dije con sinceridad mirando a cada uno de los presentes.
Alex y Mark se sentaron no muy lejos de nosotros mientras Miriam y yo continuábamos hablando.
- Te quiero mucho, Coquito - exclamó volviendo a abrazarme con fuerza mientras lágrimas de felicidad salían sin detenerse de sus ojos.
- Y yo a ti. Venga, deja tanto drama que me vas a hacer llorar a mi también - sonreí cuando el abrazo finalizó.
- Y a mi - soltó Jessy mirándonos a ambos con ojos brillantes.
- Aquí no se llora, ¿ehh? - susurré mientras la sonrisa seguía sin desaparecer de mi rostro.
Wilson entró en el momento justo. Se acercó a la camilla mirando con curiosidad a todos mis compañeros.
- ¡Hola chicos! Veo que estás bien acompañado, Coque - intervinió guiñándome un ojo y acercándose al otro lado de la camilla. Lo que le obligó a Jessy a tener que retroceder unos pasos.
- Ya ves. No los cambiaría por nada - miré a los alrededores con una sonrisa de oreja a oreja.
- Bien, espero que no armen un escándalo. Tantas personas en una misma habitación... - alzó ambas cejas dejando la frase incompleta.
- ¿Nosotros? Si somos unos santos. Díselo tú, Coque - murmuró Mark desde la otra punta del cuarto.
- ¿Quieres hacerme mentir? - le miré directamente desafiándole.
- Oiga, las mesas no son para apoyar su pompis. Lo mismo le digo al de al lado - les riñó la doctora mientras leía mi informe sin ni siquiera dirigir la mirada en su dirección.
Ambos se levantaron. Alex tenía la cara completamente roja y Mark se dedicó a echarle una mirada muy tentadora a la doctora. Metió sus manos en ambos bolsillos y se acercó al resto.
- Tengo buenas noticias - interrumpió Wilson mirándome con interés.
Me erguí adoptando una posición más cómoda y mis oídos se pusieron alerta.
Eso podía significar muchas cosas pero todas buenas.
- ¿Qué ocurre? - preguntó Miriam con curiosidad nada más escuchar sus palabras.
- Las pruebas que te hicimos al mediodía nos llevan todas al mismo punto. El tumor ha desaparecido y tu estómago parece estar desarrollándose correctamente. Te daremos el alta antes de lo previsto. Si todo va bien, claro.
- ¿Cuánto tiempo tendrá que quedarse más o menos si todo sale correctamente? - se entrometió Jess cruzándose de brazos con interés.
- Como mucho dos o tres semanas. Es lo más probable.
- ¿Cómo lo conseguiste? Dijiste al menos un mes y poco ante cualquier circunstancia - le observé con una sonrisa que nadie podría arrebatarme en estos instantes.
- Hablé con el jefe. No hay nada que pueda resistírseme de las manos - aclaró moviendo sus pies con impaciencia.
- Gracias por todo doctora. Sobretodo por salvarle la vida a mi hermano - mostró mi hermana dándole un cálido abrazo como agradecimiento.
- Oh, solo hice mi trabajo - sonrió la doctora sin saber como reaccionar ya que le cogió de imprevisto.
- Una pregunta, ¿ya no está en peligro? - dijo Miriam señalándome con la mirada.
- No puedo confirmároslo. Desde mi punto de vista, no creo que haya ningún problema pero tal vez, surja cualquier otro asunto. El cuerpo humano es así. Nunca podemos tener el control total del mismo. Siempre ocurren cosas que muchas veces son difíciles de comprender.
- Bien, esperemos que todo siga bien - dijo mi hermana observando a Jess la cual fruncía el ceño distraída.
- Yo también lo espero. De momento, lo mantendremos en la UCI y más adelante se trasladará a una habitación normal.
- Espero que tengan más ventanas que esto. Es como un armario cerrado con llave - protesté volteando los ojos.
- Si, tiene el doble que la UCI. Bueno chicos, tengo más pacientes a los que atender. Os veo luego - se despidió dándose la vuelta y encontrándose de frente con Mark y Alex - Y uestedes dos - les apuntó con su largo dedo índice levantando una ceja - Como vuelvan a sentarse sobre las mesas les amputo un brazo a cada uno - les retó con la cabeza bien alta.
- Atrévase - murmuró Mark aún con las manos en los bolsillos.
Ella sacó rápidamente un bisturí del bolsillo derecho de su bata y sonrió muy forzosamente mirándole.
- ¿Quiere probar? Nunca se meta con una cirujana. Múltiples estudios demuestran que son las peores cuando se enfadan y al enfrentarse a ellas se la está jugando.
Caminó hacia la puerta y se fue de la habitación en un abrir y cerrar de ojos.
- Ya sabes, Mark. Son las peores - murmuré desde mi camilla riendo.
- ¡Cállate puto! - se acercó a mi corriendo y me despeinó el cabello riendo - Pensé que tendría que comprarme un traje negro de pinguino para tu funeral. Nunca más me vuelvas a dar estos sustos, chupatintas.
Nada más decir eso, me dio un abrazo de hombres. Él siempre fue un puto bruto sin corazón aunque tenía sus momentos sentimentales.
- Este viejo aún tiene mucha caña que dar así que no os preocupéis - anuncié sin dejar de reír como un loco descerebrado.
- Pris está fuera.
- Dile que entre. Aquí nadie se escapa - dije jugueteando con las mantas de la cama.
- Ya iba - dijo Miriam dirigiéndose a la puerta. Al poco rato, Pris apareció sonriendo con timidez.
¿Cuándo demonios me cogería confianza? Ya nos conocíamos desde hace bastante tiempo y las únicas palabras que había intercambiado conmigo fueron "Hola" y "Adiós".
Lo sé, cada uno tiene su manera de ser pero su verguenza aumentaba según el tiempo pasaba y seguía sin parecerme normal.
- Hola Coque. Me alegra verte - dijo encogiéndose de hombros mientras miraba a los alrededores como si no supiera exactamente como reaccionar.
- A mi también - respondí sin dejar de juguetear con cualquier cosa que estuviese cerca de mi - Bueno Jess. ¿Encontraste trabajo al fin? Como me digas que no te pego una colleja - reí centrando mi atención en ella.
- Si, de hecho tendría que estar ahora trabajando. Mi turno termina bastante tarde.
- Siento haberte fastidiado la jornada - sonreí suave mientras bajaba la mirada.
- De eso nada. No lo sientas, me alegro de que lo hicieras - dice abrazándome con mucha ternura. Me es imposible no seguirle el abrazo con la misma ternura que ella misma me trasmite a mi.
- ¿Le has contado lo de que quieres escapar de nosotros? - sugirió Miriam observándole mientras se relamía los labios.
- ¿Escapar? - fruncí el ceño sin entender lo que estaba ocurriendo.
- Aún me lo estoy pensado - dice bajando la mirada mientras su sonrisa desaparece por completo.
- Dice que quiere irse de nuestra casa y buscar un piso ahora que tiene el suficiente dinero para hacerlo - me explicó Miriam mientras su expresión también cambiaba por completo.
- ¿Por qué? ¿ Acaso no estás a gusto en nuestra casa? - dije sorprendido dirigiéndome a Jess.
- No es eso. Es solo que... Necesito tener algo más que dos camisetas y un cuarto de baño compartido. Quiero tener algo por mi misma, no quiero alojarme eternamente en vuestra casa como si fuera una morosa - se explicó rodando los ojos con sinceridad.
- Si es por pensar que nos molestas estás equivocada. Desde que llegaste a nuestra casa, nos iluminaste con un toque de alegría y felicidad. No queremos que te vayas y nos abandones, Jess. Además, debes cuidar de mi cuando me den el alta - sonreí mirándola a los ojos.
- Mmmm... - exclamó en un susurro mientras sus mejillas cobraban un color rojizo y se encogía de brazos - Te prometo que me lo pensaré.
- Me alegra escuchar eso - acaricié sus nudillos mirándola con felicidad - ¿y tú, Miriam? ¿Qué tal todo?
- Bien, supongo. Nada ha cambiado.
- Yo creo que si - murmuró con voz débil la vergonzosa Pris.
Alcé ambas cejas con interés y miré a Pris intentando sobresacarle más información.
- Últimamente no deja de quedar con un chico muy guapo - respondió ante mis indirectas.
Observé a Miriam de la misma forma que a Pris.
- Chivata - murmuró ella entre dientes dándole un codazo a la misma.
- Quiero saber más de eso pequeña.
Miriam tragó saliva posiblemente pensando que se la tragase la tierra.
- Tenemos una sorpresa para ti - anunció cambiando de tema. Vaya, se le daba bastante bien.
- Si.
- ¿Cuál? Que yo sepa aún quedan meses para mi cumpleaños - reí incrédulo.
- Un segundo, no seas impaciente - murmuró mi hermana desapareciendo por la puerta. La escuchaba susurrar muy bajito. Eso aún me ponía más de los nervios. Las sorpresas no son mi fuerte. Prefiero saberlo con antelación antes que comerme la cabeza pensando en lo que podrá ser.
- ¡Entrad! - escuché un grito sonoro. Espero que las enfermeras no lo hubiesen percibido o si no desalogarían esta habitación en un par de segundos.
Hizo un pequeño gesto con las manos entrando de nuevo en el cuarto mientras yo seguía observándola con muchísima curiosidad.
De repente, vi entrar a mi padre y a mi madre. Ambos sonreían con ojos brillantes y me observaban como si llevasen años sin verme.
- ¿Qué mierda...? - pronuncié en shock mirando fijamente a mi hermana mayor. Fue una estremidante mirada asesina que ella captó y como respuesta se encogió de hombros haciéndose la inocente.
- Coque, papá y mamá llegaron hace unas semanas. Fue una gran sorpresa para todos. Incluso para mi. No tenía ni idea de que vendrían antes de lo previsto.
- ¿Le contaste todo? - preguntó notando un nudo en la garganta. Cogí el vaso y bebí un sorbo de agua. Mi gañote fue recuperando su normalidad y lo que parecía un desierto se llenó de Oasis.
- Solo... Algunas cosas - sonrió a la vez que tragaba saliva sin atreverse a cruzar la línea que separaba el pasillo de la habitación.
- Hijo, ¿por qué no nos avisaste? - se entrometió mi madre en el duelo de miradas. Su voz era cálida y suave. Se acercó a la camilla y se sentó a mi lado acariciándome la mano con cautela.
- No quería preocuparos. Solo eso - puse mi mano sobre la suya y le devolví la sonrisa.
- Era para preocuparse. En estos casos, lo primero que debes hacer es llamarnos y vendremos enseguida. ¿Capichi? - me riñó mi padre alzando ambas cejas.
- Está bien. Supongo que cometí un error. Aunque mamá, siempre nos dices que de los errores se aprende y así es como maduramos. ¿No es cierto? - la observé sonriendo de lado con ojitos de bebé.
- Dejémoslo estar. Lo importante es que estés bien.
Por cierto, ya conocimos a... ¿cómo se llamaba? - mi madre levantó la mirada y observó a mi padre con el ceño fruncido. Siempre fue conocida por tener memoria de pez aunque creo que mi padre le ganaba en ese asunto.
- ¿Érica? - susurró Miriam aún escondida tras la puerta.
- Eso, Érica - mencionó mi padre chasqueando los dedos a la par.
- Parece muy amable y también es bastante mona.
Típico de las madres. Cualquier mujer que esté con su hijo ya es la diosa del universo. Supongo que es por el tema que a todas les preocupa: "Con sesenta años y aún tengo que soportarle en casa..."
Supongo que alguna vez os habéis encontrado con una situación familiar.
- Lo es, mamá - susurré poniendo los ojos en blanco mientras una risita muy peculiar llega a mis oídos.
Giré la cabeza en dirección a Jess. Esta se me quedó mirando con una tímida sonrisa y alzó las cejas.
Le respondí imitando su gesto anterior.
- ¿Abrazo familiar? Es urgente - murmuré asintiendo con la cabeza y mostrando unos lindos pucheros que tenía escondidos bajo la manga. Ellos no lo pensaron ni un segundo y vinieron a abrazarme con ganas. Al poco tiempo, Miriam se sumó al abrazo a duras penas.
- Pensé que nunca os volvería a ver - dije entre lágrimas al separarnos.
- Cariño, te queremos mucho.
- Ya sabes que estamos aquí para lo que sea - mencionó mi padre sentándose a mi lado izquierdo.
- Yo también. Os quiero muchísimo - les guiñé un ojo sintiéndome verdaderamente orgulloso y feliz.
La familia es lo más importante del mundo. Nunca dejes que alguien o algo se entrometa y te obligue a perderla para siempre.
Es necesario tenerla siempre a tu lado. En los mejores y en los peores momentos. Eso te dará fuerza y valor para seguir adelante.
-----*-----
- ¿Así que tú eres la nueva amiga de Miriam? - preguntó mi madre observándola de arriba a abajo.
No pude evitar reírme. Ahora era el turno de Pris. Mi madre cuando comenzaba con el interrogatorio... podía llegar a ser bastante insistente.
- Si. Encantada. Me llamo Pris - le tendió la mano sonriendo falsamente. Se le notaba claramente que no le agradaba el interrogatorio casero de mi madre.
- Miriam nos habló muchísimo de ti - golpeó su brazo derecho con poca fuerza - Solo nos contó cosas buenas... - mencionó de nuevo mirándole como diciéndole "PIENSO SECUESTRARTE".
- Y ella muy bien de vosotros - soltó una risa floja y poco duradera.
-----*-----
La tarde siguió pasando con rapidez. Tuve que saltarme la hora de cenar ya que no podía aún tomar ningún alimento por culpa de la operación. Al menos, me alimentaba gracias a una sonda.
Un ruido llamó mi atención. Era el teléfono de Miriam que comenzó a sonar sin cesar durante largos segundos. Nadie parecía prestarle la mínima intención, ni les parecía un sonido lo suficientemente molesto.
Supongo que llegó la hora de entrar en acción. Contesté la llamada dirigida a mi hermana.
- ¡Hey nena! Me ha encantado conocer a tus padres aunque me viniese de imprevisto.
- ¿Quién es? - murmuré con una extremada curiosidad.
Nadie en su santo juicio podría tener tanta confianza con mi hermana como para dejar que le llamase "nena".
- Derek Karev al teléfono. ¿Puede pasarme a Miriam? - respondió con rapidez pero con mucha amabilidad. Tanta que hasta me trataba de usted.
- Ahora mismo no está. ¿Qué querías decirle? - mencioné interesado mientras Jess me observaba desde un poco más lejos levantando ambas cejas.
- Prefiero hablar con ella si no le importa - murmuró sonriendo muy falsamente desde la otra línea a mi parecer.
- Ni que fuerais agentes secretos. Llamando a 007... - susurré bajando el tono de mi voz - Dímelo y cuando vuelva le daré el recado.
- Solo quería invitarla a mi casa esta noche.
- Se lo diré. Aunque no creo que pueda ir. Mencionó algo así como que estaba ocupada esta noche... - mentí intentando que no se me notase.
- Oh... Entonces nada. Gracias de todas formas - colgó inmediatamente. Parecía algo confundido ante mis últimas palabras. Normal, yo si fuera él pensaría que había quedado con otra persona de distinto sexo.
No me hacía ninguna gracia que mi hermana se estuviese aún acostando con don Dineris. Pensé que su aventura ya habría finalizado pero por lo que veo... Parece que no.
Sé que ella puede hacer lo que le dé la gana pero aún así...
- ¡Hey! ¿Con quién hablabas? - se acercó Jess después de librarse de la conversación entre Pris y mis dos amigos.
- Nada. Un tio que debio de confundirse de número o algo... - murmuré dirigiendo la mirada a otro lado - ¿Has vuelto a hablar con tu madre o a ver a tu hermano?
- No. ¿Por?
- Según Miriam, estás rara y me gustaría saber el porqué - lamí mi labio inferior y luego la miré fijamente.
- Ya sabes como es tu hermana. Se inventa películas ella sola - puso los ojos en blanco riendo suave.
- ¿Qué te pasa? - pregunté ignorando sus últimas palabras.
- Nada - al ver mi expresión continúo intentando convencerme - ¿Qué? ¿Debo decírtelo en italiano para que me entiendas? - alzó la voz un poco más e inclinó la cabeza.
- Por favor... - supliqué arrastrándome para que al final cediera y me lo contase.
Ella me miró y sé que mi técnica funcionó ya que sonrió de lado con ojos brillantes y se sentó justamente a mi lado.
- Está bien. Te lo diré - hizo un sonido muy extraño que me hizo reír. Sonó como un pequeño arrepentimiento.
Mis oídos se pusieron alerta esperando a que ella comenzase a hablar. Creo que estaba buscando las palabras concretas.
- Verás. Quando si utilizzava, stavo attraversando un brutto momento. Carlos era il mio sostegno e abbiamo finito per baciare noi. Ho baciato anche se ha seguito e che voglio dire che... Abbiamo trascorso molto tempo ignorando noi. È una situazione molto complicata. Non so se voglio anche parlare con lui. Mi manca l'amicizia che esisteva tra di noi e spero che siamo in grado di recuperare. A mia mi piaci non lui. Spero che un giorno me uomo il coraggio di dirtelo.
[Cuando te estaban operando, yo estaba pasando por un mal momento. Carlos fue mi apoyo y terminamos besándonos. Le besé yo aunque él me lo siguió o sea que...
Llevamos un largo tiempo ignorándonos. Es una situación muy complicada. No sé si ni siquiera quiero hablar con él.
Hecho de menos la amistad que existía entre nosotros y espero que podamos recuperarla.
A mi me gustas tú no él. Ojalá algún día me atreva a decírtelo. ]
- ¿Enserio? Solo entendí Carlos. Pensé que lo de hablar en italiano no iba enserio. Bien, ¿quién es Carlos? ¿Es el supuesto chico que te gusta? - indagué alzando una ceja sin dejar de mirarla.
- ¿What?
- ¿Primero en italiano y ahora en francés? ¿Qué mierda tienes con los idiomas? - me quejé intentando aguantar la risa.
- Es inglés, gilipollas - rió ella dándome un golpe en el hombro - Y no, Carlos no me gusta.
- ¿Entonces quien coño es el chico misterioso del que estás enamorada? - seguí insistiendo mientras ella parecía mirar a la nada distraída.
- Un buen amigo. Me trata bien y me hace reír...
- Deberías hablar con él. Si de verdad es tu amigo, aunque le digas lo que sientes y él no sienta lo mismo seguiréis siendo amigos y la amistad no se perderá - le aconsejé intentando sacarla de la nube.
- Supongo que tienes razón... - susurró bajando la voz. Entre el bullicio del fondo y el bajo sonido de su voz, apenas podía escucharla.
- ¿Por qué no te lanzas así de repente sin pensar y punto?
- Supongo que cada vez que estoy cerca de él, no me sale ni una sola palabra y siempre que estoy apunto de decírselo o demostrárselo... Alguien nos interrumpe y nos jode el momento - bajó la mirada comenzando a juguetear con los cordones de su chaqueta de chándal.
- Entiendo - pensé en todo lo que me conté y empecé a unir clavos. Está claro que a ella le gusta su amigo pero no se atreve a decírselo y además siente miedo de la respuesta del mismo.
- Además tiene novia y eso siempre hecha atrás mis planes.
- Eso complica bastante las cosas. Mejor que no se lo digas.
- Sabía que eso cambiaría tu forma de pensar - me miró con los ojos muy abiertos como si estuviera acusándome de algo.
Mierda, no quiero que el tema de Henry y Érica salga de nuevo a la luz... Solo de hablar de eso los pelos se me ponen de punta.
- ¿Estás muy colada por él o es un amor de estos que vienen y van?
- Le quiero, Coque. Desde hace poco pero... no sé. Le quiero - me explicó mientras sus ojos comenzaban a humedecerse. Mierda, no pretendía hacerla llorar. Solo quería saber exactamente que sentía por el chico misterioso. Bien, creo que es hora de terminar el interrogatorio.
- No me gusta que sufras por él, enserio.
- No lo entiendes... - levantó la mirada de nuevo.
- ¿El qué? - pregunté curioso acariciando su mano derecha para tranquilizarla.
- No entiendes que yo te... te...O sea que quien me gusta e... - tragó saliva intentando que las palabras salieran de su boca lo cual fue bastante difícil por su parte. Su voz era apagada y temblorosa.
- ¿Qué ocurre, Jess? - le miré fijamente como si intentase leerle la mente.
Abrió la boca y justo cuando iba a pronunciar las palabras exactas, la puerta se abrió de repente.
- ¡Dios! ¡¡COQUE!! - mencionó Érica casi gritando y viniendo rapidamente hacia mi.
- Eri - susurré sonriendo calidamente - Me alegra que estés aquí - mi felicidad se incrementó de tal forma que se me olvidó por completo la conversación entre Jess y yo.
- Amor - murmuró mordiéndose el labio y dando un pequeño empujón a Jessy para situarse justo a mi lado. Esta, retrocedió unos cuantos pasos y se cruzó de brazos mirando hacia otro lado mientras Érica saboreaba mi lengua viperina.
- Bueno, os dejo intimidad. Supongo que tenéis muchas cosas de que hablar... - murmuró alzando ambas cejas.
- No lo sabes tu bien, guapa - respondió Érica zarandeando su cabello de un lado a otro mientras acariciaba mi cabello con ternura.
- Adiós - ignoró a mi novia y me observó. Estaba claro que sus palabras solo iban dirigidas a mi.
- Chao, luego hablamos - sonreí de lado mirando a Érica de reojo.
Cuando abandonó la habitación junto a Pris, Alex y Mark, Érica se separó un poco de mi y se sentó justo a mi lado ocupando el lugar de Jess.
- Te eché de menos. No lo sabes tú bien. Estaba esperando con ansias que vinieras - me expliqué mientras besaba los nudillos de su mano.
- Tu hermana me avisó. Vine en cuanto pude - se explicó después de responder un WhatsApp.
- ¿Por qué se habrá ido Jessy? - dije arrugando mi frente y mirando la puerta.
- Los celos, hacen rabiar a cualquier persona - me miró de reojo y siguió entretenida en el móvil.
- ¿Celos? ¿De qué? - pregunté confuso dirigiendo mi mirada a ella.
- Joder, Coque. ¿No me digas que no te diste cuenta? ¿No ves como te mira? Está coladita por tus huesos - levantó la mirada por unos segundos mientras su expresión cambiaba por completo.
- Por favor. ¿Es qué nadie entiende el término "A-M-I-S-T-A-D"? - mencioné marcando las comillas y separando bien las letras de la palabra.
- Te lo digo enserio. El otro día, se puso como una furia conmigo solo porque vine a verte. Me ordenó que me fuera y que te dejase en paz. Hasta me hechó a mi toda la culpa de que tu estuvieses en el hospital - me explicó resumiendo todo lo ocurrido.
- Jess y yo solo somos amigos. Es imposible que sienta algo por mi - mencioné pensativo.
- Mira, se puso mala solo de vernos besándonos - dejó el celular a un lado y siguió intentando que entrase en razón.
- A Jessy le gusta un chico.
- ¿Quién? - preguntó ella levantando una ceja incrédula.
- No me lo dijo.
- Ese chico eres tú - afirmó ella rodando los ojos y colocando sus manos sobre sus piernas.
- Imposible - comencé a reírme. Esta conversación me resultaba bastante estúpida.
No sé como pudo siquiera pasársele por la cabeza.
- ¿Y cómo sabes que no eres tú?
- Pues...
- Jessy te quiere. Desea comerte enterito y violarte cuando estés durmiendo - puso su mano sobre mi rodilla interrumpiendo lo que iba a decir y comenzó a reírse al ver mi cara. Estoy seguro de que parecía un testamento.
- No vas a convencerme por mucho que lo intentes - le recordé levantando mi dedo índice y situándolo ante su rostro para hacerle callar - ¿Me echaste mucho de menos? - cambié de tema al poco rato.
- Mucho, mucho, mucho... - sonrió apoyando su cabeza sobre mi pecho mientras rodeaba su cintura con mis brazos y besaba su frente con cariño.
Me limité a reír con fuerza mientras ella ponía sus manos sobre las mías.
- Echaba de menos este olor, la suavidad de tu piel, tu tierna voz susurrándome al oído...
- Te amo - murmuró en voz muy bajita cerca de mi oído.
Escondí mi cabeza en su cuello y sonreí ampliamente. Esta chica me volvía terriblemente loco.
Pensé en lo que me dijo por un momento. ¿Jessy celosa? Seguía pareciéndome terriblemente imposible. No podía ser. No conseguía creérmelo.
Sin darme la más mínima cuenta, me quedé dormido en los brazos de mi novia. Era tranquilizador y relajante volver a tenerla a mi lado después de unos cuantos días inconsciente, sin saber nada ni estar con nadie.
Volvía a ser yo. En carne y hueso y esa sensación me encantaba.


















