miércoles, 3 de agosto de 2016

(T2) CAPÍTULO 38: YA TE HE DADO EL HILO, AHORA SÍGUELO





DÍA: 29 DE AGOSTO



















Narra Coque:





Noté mis ojos pesados e intenté abrirlos poco a poco. Tenía frío, mucho frío. Me sentía como un helado acabado de salir del congelador.

Al fin, pude abrirlos. Pestañeé numerosas veces ya que la luz me cegaba por completo y me resultaba lo suficientemente molesto. Aclaré la vista y vi a la pequeña Jess durmiendo plácidamente entre mis piernas. Apenas tenía fuerzas para moverme y el tubo que tenía en la boca no me dejaba pronunciar ni una sola palabra. Necesitaba quitármelo.
En ambos brazos, varias vías pasaban por goteros hasta las agujas. Miré momentáneamente mi mano derecha, me habían colocado una pinza bastante molesta en el dedo índice. Moví mi mano izquierda lentamente hacía la pinza e intenté retirármela. Mis esfuerzos fueron en vano.

El "Bip, bip, bip..." de la máquina que supuestamente marcaba mi ritmo cardíaco me ponía más nervioso de lo que ya me encontraba pero al mismo tiempo, me alegraba de que funcionase. Eso significaba que seguía vivo y que todo esto no era parte de mi imaginación.

Me di cuenta de que el tubo que salía de mi boca conducía hasta un respirador. Me sentía extraño pero bien y eso me resultaba más raro aún.

Un cúmulo de sensaciones me envolvían y la verdad es que resultaban bastante confusas.

Todavía no podía creerme que hubiera abierto los ojos, que me viese perfectamente, que siguiese vivo...
Pensé que no despertaría jamás, que me sumaría en un sueño profundo del que nunca despertaría.

Tal vez, fue el destino.
Quizá, fue pura suerte.
A lo mejor, me dejé en buenas manos.
Igual....

Tenía la boca seca pero en cambio, no tenía hambre.

Miré detenidamente a Jessy. Ésta debió de sentirse muy intimidada ya que en un par de segundos, se despertó y se frotó los ojos con ambas manos. Luego, dirigió su mirada hacia mi.

Sus ojos entrecerrados por el sueño se abrieron completamente de golpe. Se cubrió la boca con las dos manos para no soltar un grito fuerte ante la sorpresa. En su lugar, liberó un grito ahogado.

Sonreí interiormente mientras ella me abrazaba con fuerza y unas lágrimas diminutas bañaban sus mejillas.

Oh, mi pequeña Jess - dijo cariñosamente la voz de mi conciencia.

- ¡Dios mío, Coque! Pensé que nunca despertarías, me alegro tantísimo de que vuelvas a estar con nosotros. No sé que haría sin ti - levantó la voz entre sollozos mientras seguía abrazada a mi.





Luego me soltó para verme mejor, sonrió y me miró fijamente a los ojos. Estos brillaban de felicidad y eso conmovió mi pequeño y hondo corazón.

¡Joder! No os imagináis cuanto la quiero. Cogí su mano débilmente, necesitaba disculparme por el estúpido que fui antes de la intervención en el quirófano.

Ella me la agarró con fuerza y sonrió de lado.

- No te imaginas lo feliz que me hace que estés bien. Llevo esperándolo durante muchísimo tiempo aunque nunca dejé de perder la esperanza - me transmitió mirando nuestras manos entrelazadas.

Cogí la palma de su mano y escribí con los dedos en ella. Fue la única forma que se me ocurrió para comunicarme con ella.

Pero mis fuerzas aún eran muy débiles y ella me miró frunciendo el ceño.

- No... lo entiendo - balbuceó con un tono de voz muy débil.

Le miré a los ojos y volví a repetir el gesto varias veces. Al final, ella rió como una niña pequeña.
Dulce, sensata, contagiosa... Eso me dio a entender que al fin, me comprendió.

- Yo también te extrañé - me respondió al oído en un susurro y besó mi mejilla con ternura.

Me encantaba que fuese ella quien estuviese aquí cuando desperté, no me lo esperaba. Bueno, tampoco era que tuviese esperanzas suficientes.

- Voy a avisar a la doctora y llamaré a Miriam y al resto para darles la noticia - se levantó sonriente - Vuelvo ahora, ¿vale?

Pestañeé en forma de afirmación y miré a los alrededores distraído.

A los pocos minutos, la puerta de la habitación volvió a abrirse. De repente, apareció la doctora Wilson y me dedicó una linda sonrisa nada más verme.

- Vaya, Coque. Acaba de avisarme tu amiga que acabas de despertar. No sabes cuanto me alegro - mencionó dejando los informes sobre la mesilla y encaminándose a mi lado - Ella ha pasado la mayoría del tiempo aquí, a tu lado. Aguardando un milagro el cual se hizo realidad. Tienes mucha suerte de tenerla. No la pierdas, tiene un corazón muy grande.

Desenrolló el estetoscopio y lo colocó sobre mi pecho. Escuchó detenidamente los latidos de mi corazón y fue alternando su colocación.

- Bien, mira mi dedo fijamente - dijo mientras extendía su dedo índice y lo zarandeaba en el aire.

No lo perdí de vista.
Estoy perfectamente, no sé porque me haces tantas pruebas inservibles.

Después de examinarme de los pies a la cabeza, sonrió y apuntó mi temperatura corporal en mi informe.

- Todo parece estar bien. Descansa un rato. Más tarde te haremos un TAC para comprobar que todo esté en orden. Aún no debemos de emocionarnos ni saltar de alegría. Tuvimos muchísimos inconvenientes durante la operación, perdiste mucha sangre e incluso entraste en paro. Tal vez, solo sea una mejoría. Suele ocurrir en pacientes que despiertan del coma y dentro de unas horas o incluso días vuelven a entrar en coma de nuevo.
Lo sé, es extraño y difícil de creer pero la verdad, es que aún se está investigando.
Bien, no voy a molestarte más. Te quitaré el respirador y ese tubo tan molesto ya que parece que respiras por ti mismo. Descansa - mencionó mientras abría las ventanas para ventilar la habitación y abandonaba el lugar.

Suspiré, cada vez me sentía con más fuerzas y aún no comprendía como podía haber despertado.
















Narra Miriam:






- No puedes irte durante casi dos días y medio sin siquiera avisarnos. Estábamos muy preocupados por ti - me regañó mi madre por la mañana.

¡Mierda, debí quedarme en el hospital! Ahora tengo que escuchar su rollo barato.

- ¿Preocupados? No me hagas reír - me burlé poniendo los ojos en blanco y soltando fuertes carcajadas - Hace unas semanas ni siquiera estabas aquí y si, has vuelto pero durante estos seis meses que estuviste "de viaje" - mencioné marcando las comillas mientras mi tono de voz alcanzaba un valor más incrementado de lo normal - no te preocupaste por nosotros. Ni una llamada, ni una visita, ni un... Nada.
¿Y ahora estás intentando decirme que has cambiado? Ambas sabemos que no es cierto. Nunca has sido una madre propiamente decente.
Estos dieciocho años ya los perdiste así que ahora limítate a afrontar la realidad.
Ya no soy una niña, soy adulta y puedo valerme por mi misma durante dos putas noches - le solté sin pensar detenidamente en todo lo que estaba tratando de decir.

Ella cerró el pico ladeando la cabeza mientras las lágrimas amenazaban con salir disparadas de sus ojos.

Me pasé, si, fui demasiado estúpida y prepotente y sincera...

Si hoy pudiera volver atrás juro que lo haría sin dudar pero el tiempo no se puede controlar con tus propias manos así que tendré que seguir arrepintiéndome durante el resto de mi vida.

- Lo... Lo siento - bajé la cabeza sin ni siquiera atreverme a mirarla a la cara.

- No, has sido sincera y te lo agradezco. Es cierto, lo que dijiste. Me marché, me fui a la otra punta del mundo durante 17 años sin ni siquiera llamaros durante cierto tiempo para averiguar como estabais pero no tuve tiempo. Nuestro jefe nos asignaba entrevistas y reuniones cada día, mi agenda estaba súper apretada. Quería traer el dinero suficiente a casa para que no os faltase de nada pero supongo que me equivoqué - se explicó mientras las lágrimas salían desesperadamente de sus ojos.

¡Joder! Mi intención no era esa. Antes, de que pudiese hacer o decir algo para calmar la situación, mi móvil comenzó a sonar.

Miré el número en la pantalla de mi celular. Era Jess, no era de extrañar.





- Oye, Jess. No es un buen momento - susurré mientras contemplaba el rostro de mi madre detenidamente.

- ¡Cállate y escúchame por que lo que voy a decirte va a parecerte una auténtica mentira pero ten mi palabra de que es cierto y de que lo he visto con mis propios ojos! - soltó con cierta emoción a través de la otra línea. Hace mucho tiempo que no la veía así. Era ella, la pequeña Jessy. Tan jovial y risueña...

- Te escucho.

Me volteé disculpándome con la mirada pero mi madre no debió percibirlo. Espero que mi chorrada momentánea no estropeé de nuevo nuestra relación filial. Hacía muchísimo tiempo que no nos llevábamos así, como personas maduras y adultas. Hasta me atrevo a decir que nunca he tenido una afinidad así con ella.

- Coque se ha despertado. Abrió los ojos, Miriam. Lo ha superado, lo ha conseguido... No tiene ningún indicio. Es como si nunca se haya sometido a la operación.
Vuelve a ser Coque, nuestro Coque - exclamó mientras se sonaba la nariz emocionada.

- No puede ser. ¿Enserio? - me quedé abrumada. No era optimista ante aquella situación y la verdad es que según pasaba el tiempo iba perdiendo cada vez más la ilusión, las esperanzas...

Mi madre volteó la cabeza mientras escuchaba detenidamente.

- Si, Miriam. Está conectado a unas cuantas máquinas aunque ya puede respirar solo y por la tarde le harán un TAC para conocer mejor su estado. Según la doctora, es un puto milagro ya que tenía pocas probabilidades de despertarse después de todos los inconvenientes que sufrió durante la operación.
Fue extremadamente fuerte y nunca se rindió. Así es él. Firme, valiente y sólido. Un Fernández de la cabeza a los pies. ¿O no?


No pude evitar reírme. La adrenalina comenzó a consumirme por dentro. Seguía sin creer que de verdad fuese cierto. Necesitaba verlo con mis propios ojos.

- Dios mío, voy para allá. Preciso verlo, es urgente. ¿Sigue despierto?

- Si, creo que si. He ido a buscarle una botella de agua, está muerto de sed.

- No me extraña. Nos vemos ahora, Jessy. Cuídalo bien mientras tanto. Gracias por avisarnos - sonreí como una niña pequeña. Tuve que aguantarme las ganas de pegar saltitos.

- No hay de qué, cielo. Él está deseando veros.

- Y nosotros a él, no lo sabes tú bien - colgué y guardé mi móvil rápidamente mientras me daba la vuelta.

- Mamá, Coque se despertó del coma. Ya podemos ir a verlo - exclamé saciando mis ganas de saltar y dándole un abrazo. Ésta se sorprendió, no sé si por el abrazo, por Coque o por ambas cosas.

- ¿Pues a qué esperas? Vámonos al hospital - me cogió de la mano y tiró de mi suavemente.

- ¿Y papá? - frené mis pies obligándole también a ella a pararse en seco.

- Voy a avisarle. Mientras, ve encendiendo el coche.

No me dio tiempo a decir ni una sola palabra. Mi madre ya había salido disparada hacia el segundo piso en busca de mi padre.

Cogí mi cazadora y me apresuré a salir por la puerta. Nada más abrirla, me encontré cara a cara con Derek. Si, el canalla y traidor de mi ex-novio.

¿Qué hacía él aquí? ¿Qué se suponía que había venido a buscar?

Ya hablé ayer con él y la verdad es que la cosa no terminó lo suficientemente bien.

¡Me engañó con esa tal Melenas!

Sus ojos se mantenían prendidos en mi rostro y trasmitían cierto disgusto, descontento y tristeza. No me gustaba verle así pero era lo que se merecía.

Él, me observó desde abajo. Me sorprendí al ver su cabello mojado mientras las gotas de agua rozaban su rostro y le obligaban a pestañear continuamente.
Se encontraba frente a mi completamente encharcado de los pies a la cabeza.



Parecía frágil, indefenso, débil...
Se estaba helando de frío, ya que no llevaba cazadora que le protegiese del rocío que había dejado la noche.

- ¿Qué mierda haces aquí, Derek? - me crucé de brazos cerrando la puerta que se encontraba detrás de mi.

Me puse la capucha de mi chaqueta, ya que llovía fuertemente. Algo sumamente extraño ya que apenas unas horas antes amanecía de una forma extraordinaria.

- Me dijiste que si quería recuperarte lo intentara, me esforzara y aquí estoy, completamente encharcado intentando recuperar al amor de mi vida. Suena estúpido pero es cierto. No voy a rendirme tan fácilmente aunque me lo pidas trillones y trillones de veces. Estoy aquí por ti y no voy a dejarte marchar - explicó mientras las gotas que caían del cielo se unían a sus lágrimas.

- Eso fue antes de descubrir que estabas viviendo con tu ex- novia. ¿Melenas no? Seguro que ella te agradecerá mejor tus palabras o tal vez haga como yo y se las meta por el culo - mencioné. No aguantaba que conviviese con su ex. Ella es parte del pasado... ¿Por qué tiene que entrometerse de nuevo en la vida de Derek? Ya le rompió el corazón una vez pero él debe de estar lo suficientemente ciego de amor como para no darse cuenta.

- Por favor, Miriam. No seas la típica novia celosa.

- Primero, no estoy celosa y segundo, ya no soy tu novia, ni tu pareja, ni tu amiga así que déjame en paz de una puñetera vez, Derek - traté de decirle sin levantar en ningún momento la voz. Ya lo había hecho demasiado por hoy y no quería estropear mi buen humor por una cosa sin importancia - Todo ha cambiado. Hemos dado un giro de ciento ochenta grados que no creo que vuelva a repetirse. Estoy harta de tantas complicaciones. Espero que seas muy feliz. Ya no puedo aguantar más esta situación - bajé la cabeza intentando no mirarle a los ojos - Se acabó.

Sentí como la mitad de mi corazón se desvanecía. Esta situación me dolía más de lo que me imaginaba.

Levanté la mirada. Él ladeó la cabeza mientras sus sollozos se hacían cada vez más intensos.







Si yo me encontraba así no podía imaginarme como se sentiría él. Seguramente como una patada en el culo.

De todas formas, todo fue por su culpa. Si no hubiera cogido ese avión y se hubiera traído a la zorra doña Melenas nada de esto hubiera ocurrido.

Me acerqué a él y le cogí de la mano. No soportaba verle así. Derek me miró a los ojos por última vez y fue soltando mi mano poco a poco.

Cerró los ojos con fuerza intentando contener las lágrimas algo que simplemente, le fue imposible.

Apenas podía deletrear palabra. Entre la lluvia y las sombras oscuras.


- Escúchame, por favor - intentó camelarme pero esta vez decidí no sucumbir como la mayoría de las veces - Melanie, no tiene donde quedarse. Pasará unos meses en Barcelona por eso le ofrecí un lugar donde quedarse. Independientemente de que sea mi ex o no, no existe nada entre nosotros. Mi relación con ella terminó hace muchísimo tiempo así que no debes preocuparte, Miriam. La única a la que quiero es a ti. Te lo dije mil veces pero nunca me crees y siempre lo he dicho enserio. Te... quiero - deletreó mientras las lágrimas seguían saliendo por sus mejillas - Desde que te atendí en mi tienda hasta ahora. Nada ha cambiado - susurró.


Me sorprendí cuando abrió la boca y soltó esas lindas palabras que ablandaron mi pequeño y helado corazón.


Mierda, me estaba convenciendo. No, Miriam. No debes ceder ante sus palabras, ni sus lágrimas de cocodrilo.

- ¿Cómo se puso esa perra en contacto contigo?

- Vino a mi despacho. Me quedé completamente de piedra al verla después de haber pasado unos cuantos meses. Me explicó su situación y no me quedó más remedio que prestarle mi ayuda - se encogió de hombros mientras intentaba reprimir las lágrimas.

- ¿Cuánto lleva conviviendo contigo?

- Dos o tres días. Llegué hace poco a Barcelona - me aclaró rascándose la nuca y mirándome con ojos brillantes. Aparté la mirada con rapidez - Miriam... Creéme por favor... Soy capaz hasta de someterme al polígrafo. No me dejes, no lo hagas. Te amo - murmuró ladeando la cabeza mientras las lágrimas rozaban sus mejillas de nuevo.

Sonreí mientras mi cabeza no dejaba de dar vueltas y más vueltas. Parecía lo suficientemente sincero.

¡No lo hagas! No caigas de nuevo en sus encantas - susurraba la voz de mi conciencia como una posesa.

Llegaste tarde, querida... - le respondí alzando una ceja y cruzándome de brazos.


-          - Está bien. Confiaré en ti porque eso es lo que debe de hacerse en una relación, confiar en la otra persona incluso cuando no estés completamente seguro de hacerlo – rodeé mis ojos mientras sentí como sus cálidos labios se apoderaban de los míos. Cuando ambos quedamos sin aliento, le miré a los ojos apoyando mi frente sobre la suya – Pero dile a esa perra que como toque un solo pelo a mi hombre se las verá con la perra guardiana.









-          - No te preocupes, vivimos en el mismo departamento pero apenas nos dirigimos la palabra. Trabajo todo el día y hasta la noche no nos podemos ver y a esa hora ella ya está durmiendo. Mel es parte del pasado, tú eres mi futuro, nena.

-         -  Me encanta que me llames nena – rocé su nariz con la mía. Noté la punta de su nariz totalmente congelada   - ¡Dios mío! Debes tomar más leche caliente, estás completamente helado.

-        -  Llevo aguardando una hora fuera intentando que las palabras adecuadas llegaran a mi mente. No me atrevía a llamar a la puerta.

No puedo evitar que una sonrisa de oreja a oreja se dibuje en mi rostro.

-          - Te amo, Derek Karev. No vuelvas a pensar en abandonarme en tu putísima vida o yo misma me encargaré de dejarte sin descendientes – me abracé a él como un koala sonriendo como una tonta.

-        -   Nunca más lo haré. Te lo prometo – susurró a mi oreja siguiéndome fuertemente el abrazo.

-         -  Lo sé – reí pegándole suave en el hombro.

-      - Estás empapada por la lluvia pero aún así estás preciosa - dijo acariciando mi mejilla con cariño mientras se acercaba de nuevo para besarme. Ambos nos separamos al escuchar el ruido de la puerta.



La puerta tras de mi se abrió de golpe y mi madre junto a mi madre bajaron los escalones de la entrada con normalidad hasta que captaron la presencia de Derek. Mi madre dio un respingo y mi padre se limitó a observarle con curiosidad.
Supongo que ha llegado la hora de que todos conozcan a Derek. Se terminó esconderse, eso es de cobardes.


-         -  Mamá, papá – miré a ambos entre dientes. Me esperaba la peor reacción del mundo por parte de los dos. Ambos me observaron de inmediato – Os presento a Derek, mi… novio – me encogí de hombros observándoles con cuidado. Metí mis manos en los bolsillos de atrás de mis vaqueros.

-         -  ¡Vaya! Pensaba que nunca llegaría este momento – mencionó mi madre caminando hacia a Derek.

-         -  Encantado, señorita – mencionó él con una enorme sonrisa besando su mano derecha.



Derek me observó levantando una ceja. Yo me limité a asentir. Si, lo había hecho. Quería demostrarle que esto iba enserio y que de verdad, me importaba más de lo que él pensaba. Tanto como para presentarle a mis padres.

    Mi madre miró hacia atrás riendo como una tonta. Hacía tiempo que no la veía así.

-         -  Me alegra conocerte, Derek. Mi niña nunca nos había presentado a ninguno de sus novios. Debes de importarle demasiado. Pensábamos que era lesbiana – siguió mi madre hablando como si le conociese de toda la vida. Ella siempre cogía confianza con facilidad.

-       -   ¡Mamá! – solté al escucharla.

-       -  Es cierto, ¿verdad cariño? – mencionó pidiendo auxilio a mi padre. Este se mantenía callado apartado de nosotros. Levantó la cabeza y ladeó la cabeza mirando a su mujer tras el paraguas que sujetaba.

-          - Debemos irnos. Dejad de darle a la lengua y comenzad a caminar – respondió con expresión seria dirigiéndose a mi auto.

-        -   Perdona, Derek. Tiene un día malo. Me caes fenomenal, enserio. Algún día de estos, te invitaremos a cenar. ¿A qué si, hija? – miró hacia mi mientras yo me limitaba a poner los ojos en blanco – Espero que te guste el pavo, es mi especialidad. La verdad es que no es por presumir pero siempre me queda riquísimo – dijo mi madre pensativa sin dejar de hablar y hablar y hablar…

-        -   Me encanta el pavo – soltó Derek siguiéndole el rollo sin apartar la mirada de mi. Mis mejillas se sonrojaron. Sigo sin saber el porqué.

-         -  Vamos mamá, tenemos que irnos. Ya sabes como es papá cuando se enfada… - señalé apoyando mis manos sobre sus hombros y empujándola con suavidad.

-        -   Bueno, ha sido un placer. Espero volver a verte – se despidió mi madre ladeando la mano de un lado a otro.

-         -  El placer ha sido mío – sonrió Derek pasando una mano por su cabello.

Cuando mi madre estuvo lo suficientemente lejos. Me acerqué a Derek y le di un beso corto pero delicioso en los labios poniéndome de puntillas. Él relamió su labio inferior y me miró con deseo mientras yo bajaba la cabeza como diciéndole: “Siento lo de mi madre”.

Se limitó a reír sin decir ni una sola palabra y yo volví a encogerme los hombros enredando mis manos detrás de la cintura.

-          - ¡Miriam! – exclamó mi padre con cierto tono de cabreo.

-          - Ya voy – bramé sin dejar de mirar a Derek – Tengo que irme. Mi hermano se despertó.

-         -  Al fin, me alegro muchísimo – mencionó acariciando mi mejilla.

-        -   Llámame, nene – dije guiñándole un ojo con tono sensual mientras me alejaba de él costosamente.

-          - No me robes los apodos, nena – sonrió violándome con la mirada. Fue lo último que dijo antes de que yo entrase en el coche y condujese hasta el hospital.






El ambiente se encontraba muy silencioso y eso me ponía los pelos de punta. Mi madre tarareaba una canción de la radio mientras mi padre seguía con expresión seria mirando por la ventanilla. Me preguntaba que estaría pasando por su cabeza en estos instantes. Creo que Derek no le cayó tan bien como a mi madre.

Subí el volumen mientras una amplia sonrisa se dibujaba de nuevo en mi rostro. Las cosas habían ido mejor de lo que esperaba. Ayer discutíamos fuertemente y hoy las miradas hablaban por nosotros. Supongo que la clave está en la comunicación. Si no hubiésemos hablado del tema seguramente esto se habría cortado por lo sano.

Me alegro muchísimo de que eso no llegase a ocurrir. Llevamos muy poco tiempo juntos pero ese poco rato lo he disfrutado tanto que no tengo ganas de que se terminé nunca. Derek es el sol que alumbró mi vida. Supongo que eso era lo que necesitaba para que mi vida fuese técnicamente perfecta. No puedo pedir más.

- Bájale el volumen a la radio. Me hace doler la cabeza - exclamó mi padre entre dientes mientras me miraba de reojo.

¿O si?



















Narra Henry:













 -  Tio, ¿ya te hartaste de María Dolores? – murmuró mi hermano mientras se tomaba un cómodo café al lado de la barra.

- ¿Por qué lo dices?

Miró a los alrededores como si verdaderamente fuera obvio y luego sonrió pidiendo una cerveza a la camarera.
Si, mi hermano era así de extraño. Después del café podía tomarse hasta un helado. Ya lo hizo en alguna ocasión.

 - No, la mierda que tenemos sigue intacta – respondí mirándole de reojo.

 - Últimamente no la veo por eso preguntaba – soltó una risa ahogada y desbloqueó la pantalla de su celular.

- Oye, debo decirte algo.

Asintió emitiendo un sonido muy obsceno y siguió mirando su celular como si nada.

- Te escucho hermano.

-  Lola me confesó que era virgen – expresé de repente tragando saliva mientras miraba a los alrededores convencido de que nadie nos había escuchado.

-  ¿¿Qué?? – formuló la pregunta después de asimilarlo durante unos minutos. Guardó su móvil con rapidez y meneó su culo para poder escucharme con claridad.

 No pienso repetirlo – alcé ambas manos justificándome y sin devolverle la mirada.

-  Entonces ella y tú aún no…

Sus cejas se levantaron queriendo decir por si solas lo que él estaba pensando.

- No, aún no hicimos nada.

- Joder, colega. Ya me parecía a mi que era muy santa – comenzó a descojonarse delante de mis narices y volvió a voltearse para mirar a la camarera.

-  ¿Qué hago, bro? Ni siquiera estamos saliendo y justo me lo contó cuando íbamos más allá… Ya me entiendes, tio. No quiero que se sienta presionada, tampoco sé si esta mierda tiene futuro – jugueteé con la pajita de mi cocacola.

Miguel apoyó su mano sobre mi hombro y me miró descaradamente.

- Hermano, en eso no te puedo ayudar. A mi la piva no te voy a mentir… me cae de puta madre aunque eso tienes que decidirlo tú. Si te gusta y crees que existe una puta posibilidad de que funcione pues ataca tigre pero si piensas que solo es un jodido lío… Es mejor que cortes por lo sano. Debes decidirlo tú, bro.

- No quiero hacerle daño. Lo de Érica aún está muy reciente. Tengo miedo de volver a cagarla – mencioné cuando apartó su mano de mi y volvió a centrarse en la cerveza.

- A ella le gustas. Se le nota cuando te mira – dijo mientras sus ojos iban a parar al trasero de la camarera.
Soltó un silbido bastante sonoro para mi parecer y volvió a girar sobre su silla como un niño de preescolar.

- Nunca me dijiste que las camareras de este bar estuviesen tan cachondas – explicó guiñándome un ojo.

Volteé los ojos y un montón de insultos varios pasaron por mi cabeza.

Tienes novia. Está trabajando para poder pagar ese puto viaje romántico que lleváis planeando meses. Eses comentarios sobran.

Eres un puto aburrido. Los ojos están para mirar si no, ¿por qué mierda nos los hizo Dios? – se defendió encogiéndose de hombros – Mientras no coja a esa zorra de tetas grandes y me la empotre en los baños no puedes juzgarme – bebió el último sorbo de cerveza y me miró detenidamente - ¿Nos vamos?

- Yo aún no terminé – dije señalando mi vaso con la cabeza.

- ¿Y? ¿Crees que me importa, puto gilipollas? – rio contando el dinero mentalmente y dejándolo sobre la barra – Yo soy el que paga y también el que dice cuando nos tenemos que pirar.

No me hagas reír. Te esperas a que termine – dije sin levantarme del sitio mientras sorbía el contenido de mi copa.

Él me observó alzando ambas cejas como diciendo “¿Enserio me vas a hacer repetírtelo dos veces?”.










Me cogió de la oreja con fuerza y caminó hasta la salida del bar mientras yo me quejaba numerosas veces intentando que me soltase.

- Dije que nos vamos – bramó él mientras un montón de gente nos observaba mientras hablaban entre ellos, reían o nos miraban de mala manera.

No era de extrañar. Mi hermano solía ser así. Un puto sinvergüenza que solo pensaba en si mismo. Ya estaba acostumbrado y a cosas aún más peores.

Seguía con la misma duda. ¿Lola me importaba de verdad o era un simple rollo pasajero?














Narra Coque:




Desde que desperté, me sentía nuevo como si fuese una persona diferente en todos los sentidos.
Mi mente estaba despejada y lo único en lo que podía pensar era en como después de saber que había muy pocas posibilidades de que despertara lograse hacerlo.

La doctora que me atendió siempre sería para mi la gran diosa de la cirugía.

Ninguna como ella estaba a su nivel.

- Hay unas cuantas personas fuera que dicen que quieren verte. ¿Les digo que pasen? - anunció la doctora asomándose por la puerta.

- Si, que pasen - susurré observándole.

Ella me sonrió no sé porque pero le devolví la sonrisa.

Al poco rato, escuché un bullicio que cada vez se incrementaba más. La puerta de la habitación volvió a abrirse.
Todos estaban allí. Incluso Alex y Mark. Mi rostro cambió inmediatamente al nada más verlos.
Jessy y mi hermana sonreían sin parar observándome con ledicia.

- ¡Coquito! - gritó mi hermana con euforia al mismo tiempo que venía corriendo para darme un tierno abrazo para darme la bienvenida.

- Te dije muchas veces que no me llamases así - me quejé al mismo tiempo que reía ante la situación.
Miré a Jessy que se encontraba al otro lado. Le cogí de la mano y asentí con firmeza como diciendo "Soy más fuerte de lo que creía". Ella acarició mi palma de la mano mientras me observaba fijamente.
A veces, los actos hablan por si solos sin que haga falta que las palabras intervengan.

- ¡Oh dios mío! No sabes cuanto me alegro de que estés bien. Sabía que podías superarlo sin ninguna dificultad. Algunas personas ya habían perdido la esperanza pero yo nunca lo hice. Siempre aposté por ti.

- Supongo que he ganado la batalla. Mala hierba nunca muere - reí mientras ella se sentaba a mi lado acariciando mi espalda.

- Eso dicen aunque yo creo que fuiste tú. Nunca te rendiste. Me alegro muchísimo de que no lo hicieras.

- Yo también me alegro - dije con sinceridad mirando a cada uno de los presentes.

Alex y Mark se sentaron no muy lejos de nosotros mientras Miriam y yo continuábamos hablando.

- Te quiero mucho, Coquito - exclamó volviendo a abrazarme con fuerza mientras lágrimas de felicidad salían sin detenerse de sus ojos.

- Y yo a ti. Venga, deja tanto drama que me vas a hacer llorar a mi también - sonreí cuando el abrazo finalizó.

- Y a mi - soltó Jessy mirándonos a ambos con ojos brillantes.

- Aquí no se llora, ¿ehh? - susurré mientras la sonrisa seguía sin desaparecer de mi rostro.

Wilson entró en el momento justo. Se acercó a la camilla mirando con curiosidad a todos mis compañeros.

- ¡Hola chicos! Veo que estás bien acompañado, Coque - intervinió guiñándome un ojo y acercándose al otro lado de la camilla. Lo que le obligó a Jessy a tener que retroceder unos pasos.

- Ya ves. No los cambiaría por nada - miré a los alrededores con una sonrisa de oreja a oreja.

- Bien, espero que no armen un escándalo. Tantas personas en una misma habitación... - alzó ambas cejas dejando la frase incompleta.

- ¿Nosotros? Si somos unos santos. Díselo tú, Coque - murmuró Mark desde la otra punta del cuarto.

- ¿Quieres hacerme mentir? - le miré directamente desafiándole.

- Oiga, las mesas no son para apoyar su pompis. Lo mismo le digo al de al lado - les riñó la doctora mientras leía mi informe sin ni siquiera dirigir la mirada en su dirección.

Ambos se levantaron. Alex tenía la cara completamente roja y Mark se dedicó a echarle una mirada muy tentadora a la doctora. Metió sus manos en ambos bolsillos y se acercó al resto.

- Tengo buenas noticias - interrumpió Wilson mirándome con interés.

Me erguí adoptando una posición más cómoda y mis oídos se pusieron alerta.
Eso podía significar muchas cosas pero todas buenas.

- ¿Qué ocurre? - preguntó Miriam con curiosidad nada más escuchar sus palabras.

- Las pruebas que te hicimos al mediodía nos llevan todas al mismo punto. El tumor ha desaparecido y tu estómago parece estar desarrollándose correctamente. Te daremos el alta antes de lo previsto. Si todo va bien, claro.

- ¿Cuánto tiempo tendrá que quedarse más o menos si todo sale correctamente?  - se entrometió Jess cruzándose de brazos con interés.

- Como mucho dos o tres semanas. Es lo más probable.

- ¿Cómo lo conseguiste? Dijiste al menos un mes y poco ante cualquier circunstancia - le observé con una sonrisa que nadie podría arrebatarme en estos instantes.

- Hablé con el jefe. No hay nada que pueda resistírseme de las manos - aclaró moviendo sus pies con impaciencia.

- Gracias por todo doctora. Sobretodo por salvarle la vida a mi hermano - mostró mi hermana dándole un cálido abrazo como agradecimiento.

- Oh, solo hice mi trabajo - sonrió la doctora sin saber como reaccionar ya que le cogió de imprevisto.

- Una pregunta, ¿ya no está en peligro? - dijo Miriam señalándome con la mirada.

- No puedo confirmároslo. Desde mi punto de vista, no creo que haya ningún problema pero tal vez, surja cualquier otro asunto. El cuerpo humano es así. Nunca podemos tener el control total del mismo. Siempre ocurren cosas que muchas veces son difíciles de comprender.

- Bien, esperemos que todo siga bien - dijo mi hermana observando a Jess la cual fruncía el ceño distraída.

- Yo también lo espero. De momento, lo mantendremos en la UCI y más adelante se trasladará a una habitación normal.

- Espero que tengan más ventanas que esto. Es como un armario cerrado con llave - protesté volteando los ojos.

- Si, tiene el doble que la UCI. Bueno chicos, tengo más pacientes a los que atender. Os veo luego - se despidió dándose la vuelta y encontrándose de frente con Mark y Alex - Y uestedes dos - les apuntó con su largo dedo índice levantando una ceja - Como vuelvan a sentarse sobre las mesas les amputo un brazo a cada uno - les retó con la cabeza bien alta.

- Atrévase - murmuró Mark aún con las manos en los bolsillos.

Ella sacó rápidamente un bisturí del bolsillo derecho de su bata y sonrió muy forzosamente mirándole.

- ¿Quiere probar? Nunca se meta con una cirujana. Múltiples estudios demuestran que son las peores cuando se enfadan y al enfrentarse a ellas se la está jugando.

Caminó hacia la puerta y se fue de la habitación en un abrir y cerrar de ojos.

- Ya sabes, Mark. Son las peores - murmuré desde mi camilla riendo.

- ¡Cállate puto! - se acercó a mi corriendo y me despeinó el cabello riendo - Pensé que tendría que comprarme un traje negro de pinguino para tu funeral. Nunca más me vuelvas a dar estos sustos, chupatintas.

Nada más decir eso, me dio un abrazo de hombres. Él siempre fue un puto bruto sin corazón aunque tenía sus momentos sentimentales.

- Este viejo aún tiene mucha caña que dar así que no os preocupéis - anuncié sin dejar de reír como un loco descerebrado.

- Pris está fuera.

- Dile que entre. Aquí nadie se escapa - dije jugueteando con las mantas de la cama.

- Ya iba - dijo Miriam dirigiéndose a la puerta. Al poco rato, Pris apareció sonriendo con timidez.

¿Cuándo demonios me cogería confianza? Ya nos conocíamos desde hace bastante tiempo y las únicas palabras que había intercambiado conmigo fueron "Hola" y "Adiós".
Lo sé, cada uno tiene su manera de ser pero su verguenza aumentaba según el tiempo pasaba y seguía sin parecerme normal.

- Hola Coque. Me alegra verte - dijo encogiéndose de hombros mientras miraba a los alrededores como si no supiera exactamente como reaccionar.

- A mi también - respondí sin dejar de juguetear con cualquier cosa que estuviese cerca de mi - Bueno Jess. ¿Encontraste trabajo al fin? Como me digas que no te pego una colleja - reí centrando mi atención en ella.

- Si, de hecho tendría que estar ahora trabajando. Mi turno termina bastante tarde.

- Siento haberte fastidiado la jornada - sonreí suave mientras bajaba la mirada.

- De eso nada. No lo sientas, me alegro de que lo hicieras - dice abrazándome con mucha ternura. Me es imposible no seguirle el abrazo con la misma ternura que ella misma me trasmite a mi.

- ¿Le has contado lo de que quieres escapar de nosotros? - sugirió Miriam observándole mientras se relamía los labios.

- ¿Escapar? - fruncí el ceño sin entender lo que estaba ocurriendo.

- Aún me lo estoy pensado - dice bajando la mirada mientras su sonrisa desaparece por completo.

- Dice que quiere irse de nuestra casa y buscar un piso ahora que tiene el suficiente dinero para hacerlo - me explicó Miriam mientras su expresión también cambiaba por completo.

- ¿Por qué? ¿ Acaso no estás a gusto en nuestra casa? - dije sorprendido dirigiéndome a Jess.

- No es eso. Es solo que... Necesito tener algo más que dos camisetas y un cuarto de baño compartido. Quiero tener algo por mi misma, no quiero alojarme eternamente en vuestra casa como si fuera una morosa - se explicó rodando los ojos con sinceridad.

- Si es por pensar que nos molestas estás equivocada. Desde que llegaste a nuestra casa, nos iluminaste con un toque de alegría y felicidad. No queremos que te vayas y nos abandones, Jess. Además, debes cuidar de mi cuando me den el alta - sonreí mirándola a los ojos.

- Mmmm... - exclamó en un susurro mientras sus mejillas cobraban un color rojizo y se encogía de brazos - Te prometo que me lo pensaré.

- Me alegra escuchar eso - acaricié sus nudillos mirándola con felicidad - ¿y tú, Miriam? ¿Qué tal todo?

- Bien, supongo. Nada ha cambiado.

- Yo creo que si - murmuró con voz débil la vergonzosa Pris.

Alcé ambas cejas con interés y miré a Pris intentando sobresacarle más información.

- Últimamente no deja de quedar con un chico muy guapo - respondió ante mis indirectas.

Observé a Miriam de la misma forma que a Pris.

- Chivata - murmuró ella entre dientes dándole un codazo a la misma.

- Quiero saber más de eso pequeña.

Miriam tragó saliva posiblemente pensando que se la tragase la tierra.

- Tenemos una sorpresa para ti - anunció cambiando de tema. Vaya, se le daba bastante bien.

- Si.

- ¿Cuál? Que yo sepa aún quedan meses para mi cumpleaños - reí incrédulo.

- Un segundo, no seas impaciente - murmuró mi hermana desapareciendo por la puerta. La escuchaba susurrar muy bajito. Eso aún me ponía más de los nervios. Las sorpresas no son mi fuerte. Prefiero saberlo con antelación antes que comerme la cabeza pensando en lo que podrá ser.


- ¡Entrad! - escuché un grito sonoro. Espero que las enfermeras no lo hubiesen percibido o si no desalogarían esta habitación en un par de segundos.

Hizo un pequeño gesto con las manos entrando de nuevo en el cuarto mientras yo seguía observándola con muchísima curiosidad.

De repente, vi entrar a mi padre y a mi madre. Ambos sonreían con ojos brillantes y me observaban como si llevasen años sin verme.

- ¿Qué mierda...? - pronuncié en shock mirando fijamente a mi hermana mayor. Fue una estremidante mirada asesina que ella captó y como respuesta se encogió de hombros haciéndose la inocente.

- Coque, papá y mamá llegaron hace unas semanas. Fue una gran sorpresa para todos. Incluso para mi. No tenía ni idea de que vendrían antes de lo previsto.

- ¿Le contaste todo? - preguntó notando un nudo en la garganta. Cogí el vaso y bebí un sorbo de agua. Mi gañote fue recuperando su normalidad y lo que parecía un desierto se llenó de Oasis.

- Solo... Algunas cosas - sonrió a la vez que tragaba saliva sin atreverse a cruzar la línea que separaba el pasillo de la habitación.

- Hijo, ¿por qué no nos avisaste? - se entrometió mi madre en el duelo de miradas. Su voz era cálida y suave. Se acercó a la camilla y se sentó a mi lado acariciándome la mano con cautela.

- No quería preocuparos. Solo eso - puse mi mano sobre la suya y le devolví la sonrisa.

- Era para preocuparse. En estos casos, lo primero que debes hacer es llamarnos y vendremos enseguida. ¿Capichi? - me riñó mi padre alzando ambas cejas.

- Está bien. Supongo que cometí un error. Aunque mamá, siempre nos dices que de los errores se aprende y así es como maduramos. ¿No es cierto? - la observé sonriendo de lado con ojitos de bebé.

- Dejémoslo estar. Lo importante es que estés bien.
Por cierto, ya conocimos a... ¿cómo se llamaba? - mi madre levantó la mirada y observó a mi padre con el ceño fruncido. Siempre fue conocida por tener memoria de pez aunque creo que mi padre le ganaba en ese asunto.

- ¿Érica? - susurró Miriam aún escondida tras la puerta.

- Eso, Érica - mencionó mi padre chasqueando los dedos a la par.

- Parece muy amable y también es bastante mona.

Típico de las madres. Cualquier mujer que esté con su hijo ya es la diosa del universo. Supongo que es por el tema que a todas les preocupa: "Con sesenta años y aún tengo que soportarle en casa..."
Supongo que alguna vez os habéis encontrado con una situación familiar.

- Lo es, mamá - susurré poniendo los ojos en blanco mientras una risita muy peculiar llega a mis oídos.

Giré la cabeza en dirección a Jess. Esta se me quedó mirando con una tímida sonrisa y alzó las cejas.
Le respondí imitando su gesto anterior.

- ¿Abrazo familiar? Es urgente - murmuré asintiendo con la cabeza y mostrando unos lindos pucheros que tenía escondidos bajo la manga. Ellos no lo pensaron ni un segundo y vinieron a abrazarme con ganas. Al poco tiempo, Miriam se sumó al abrazo a duras penas.

- Pensé que nunca os volvería a ver - dije entre lágrimas al separarnos.

- Cariño, te queremos mucho.

- Ya sabes que estamos aquí para lo que sea - mencionó mi padre sentándose a mi lado izquierdo.

- Yo también. Os quiero muchísimo -  les guiñé un ojo sintiéndome verdaderamente orgulloso y feliz.
La familia es lo más importante del mundo. Nunca dejes que alguien o algo se entrometa y te obligue a perderla para siempre.
 Es necesario tenerla siempre a tu lado. En los mejores y en los peores momentos. Eso te dará fuerza y valor para seguir adelante.



                                                                           -----*-----





- ¿Así que tú eres la nueva amiga de Miriam? - preguntó mi madre observándola de arriba a abajo.
No pude evitar reírme. Ahora era el turno de Pris. Mi madre cuando comenzaba con el interrogatorio... podía llegar a ser bastante insistente.

- Si. Encantada. Me llamo Pris - le tendió la mano sonriendo falsamente. Se le notaba claramente que no le agradaba el interrogatorio casero de mi madre.

- Miriam nos habló muchísimo de ti - golpeó su brazo derecho con poca fuerza - Solo nos contó cosas buenas... - mencionó de nuevo mirándole como diciéndole "PIENSO SECUESTRARTE".

- Y ella muy bien de vosotros - soltó una risa floja y poco duradera.




                                                                                -----*-----





La tarde siguió pasando con rapidez. Tuve que saltarme la hora de cenar ya que no podía aún tomar ningún alimento por culpa de la operación.  Al menos, me alimentaba gracias a una sonda.

Un ruido llamó mi atención. Era el teléfono de Miriam que comenzó a sonar sin cesar durante largos segundos. Nadie parecía prestarle la mínima intención, ni les parecía un sonido lo suficientemente molesto.

Supongo que llegó la hora de entrar en acción. Contesté la llamada dirigida a mi hermana.

- ¡Hey nena! Me ha encantado conocer a tus padres aunque me viniese de imprevisto.

- ¿Quién es? - murmuré con una extremada curiosidad.

Nadie en su santo juicio podría tener tanta confianza con mi hermana como para dejar que le llamase "nena".

- Derek Karev al teléfono. ¿Puede pasarme a Miriam? - respondió con rapidez pero con mucha amabilidad. Tanta que hasta me trataba de usted.

- Ahora mismo no está. ¿Qué querías decirle? - mencioné interesado mientras Jess me observaba desde un poco más lejos levantando ambas cejas.

- Prefiero hablar con ella si no le importa - murmuró sonriendo muy falsamente desde la otra línea a mi parecer.

- Ni que fuerais agentes secretos. Llamando a 007... - susurré bajando el tono de mi voz - Dímelo y cuando vuelva le daré el recado.

- Solo quería invitarla a mi casa esta noche.

- Se lo diré. Aunque no creo que pueda ir. Mencionó algo así como que estaba ocupada esta noche... - mentí intentando que no se me notase.

- Oh... Entonces nada. Gracias de todas formas - colgó inmediatamente. Parecía algo confundido ante mis últimas palabras. Normal, yo si fuera él pensaría que había quedado con otra persona de distinto sexo.

No me hacía ninguna gracia que mi hermana se estuviese aún acostando con don Dineris. Pensé que su aventura ya habría finalizado pero por lo que veo... Parece que no.

Sé que ella puede hacer lo que le dé la gana pero aún así...

- ¡Hey! ¿Con quién hablabas? - se acercó Jess después de librarse de la conversación entre Pris y mis dos amigos.

- Nada. Un tio que debio de confundirse de número o algo... - murmuré dirigiendo la mirada a otro lado - ¿Has vuelto a hablar con tu madre o a ver a tu hermano?

- No. ¿Por?

- Según Miriam, estás rara y me gustaría saber el porqué - lamí mi labio inferior y luego la miré fijamente.

- Ya sabes como es tu hermana. Se inventa películas ella sola - puso los ojos en blanco riendo suave.

- ¿Qué te pasa? - pregunté ignorando sus últimas palabras.

- Nada - al ver mi expresión continúo intentando convencerme - ¿Qué? ¿Debo decírtelo en italiano para que me entiendas? - alzó la voz un poco más e inclinó la cabeza.

- Por favor... - supliqué arrastrándome para que al final cediera y me lo contase.

Ella me miró y sé que mi técnica funcionó ya que sonrió de lado con ojos brillantes y se sentó justamente a mi lado.

- Está bien. Te lo diré - hizo un sonido muy extraño que me hizo reír. Sonó como un pequeño arrepentimiento.

Mis oídos se pusieron alerta esperando a que ella comenzase a hablar. Creo que estaba buscando las palabras concretas.

- Verás. Quando si utilizzava, stavo attraversando un brutto momento. Carlos era il mio sostegno e abbiamo finito per baciare noi. Ho baciato anche se ha seguito e che voglio dire che... Abbiamo trascorso molto tempo ignorando noi. È una situazione molto complicata. Non so se voglio anche parlare con lui. Mi manca l'amicizia che esisteva tra di noi e spero che siamo in grado di recuperare. A mia mi piaci non lui. Spero che un giorno me uomo il coraggio di dirtelo.

[Cuando te estaban operando, yo estaba pasando por un mal momento. Carlos fue mi apoyo y terminamos besándonos. Le besé yo aunque él me lo siguió o sea que...
Llevamos un largo tiempo ignorándonos. Es una situación muy complicada. No sé si ni siquiera quiero hablar con él.
Hecho de menos la amistad que existía entre nosotros y espero que podamos recuperarla.
A mi me gustas tú no él. Ojalá algún día me atreva a decírtelo. ]



- ¿Enserio? Solo entendí Carlos. Pensé que lo de hablar en italiano no iba enserio. Bien, ¿quién es Carlos? ¿Es el supuesto chico que te gusta? - indagué alzando una ceja sin dejar de mirarla.

- ¿What?

- ¿Primero en italiano y ahora en francés? ¿Qué mierda tienes con los idiomas? - me quejé intentando aguantar la risa.

- Es inglés, gilipollas - rió ella dándome un golpe en el hombro - Y no, Carlos no me gusta.

- ¿Entonces quien coño es el chico misterioso del que estás enamorada? - seguí insistiendo mientras ella parecía mirar a la nada distraída.

- Un buen amigo. Me trata bien y me hace reír...

- Deberías hablar con él. Si de verdad es tu amigo, aunque le digas lo que sientes y él no sienta lo mismo seguiréis siendo amigos y la amistad no se perderá - le aconsejé intentando sacarla de la nube.

- Supongo que tienes razón... - susurró bajando la voz. Entre el bullicio del fondo y el bajo sonido de su voz, apenas podía escucharla.

- ¿Por qué no te lanzas así de repente sin pensar y punto?

- Supongo que cada vez que estoy cerca de él, no me sale ni una sola palabra y siempre que estoy apunto de decírselo o demostrárselo... Alguien nos interrumpe y nos jode el momento - bajó la mirada comenzando a juguetear con los cordones de su chaqueta de chándal.

- Entiendo - pensé en todo lo que me conté y empecé a unir clavos. Está claro que a ella le gusta su amigo pero no se atreve a decírselo y además siente miedo de la respuesta del mismo.

- Además tiene novia y eso siempre hecha atrás mis planes.

- Eso complica bastante las cosas. Mejor que no se lo digas.

- Sabía que eso cambiaría tu forma de pensar - me miró con los ojos muy abiertos como si estuviera acusándome de algo.

Mierda, no quiero que el tema de Henry y Érica salga de nuevo a la luz... Solo de hablar de eso los pelos se me ponen de punta.

- ¿Estás muy colada por él o es un amor de estos que vienen y van?

- Le quiero, Coque. Desde hace poco pero... no sé. Le quiero - me explicó mientras sus ojos comenzaban a humedecerse. Mierda, no pretendía hacerla llorar. Solo quería saber exactamente que sentía por el chico misterioso. Bien, creo que es hora de terminar el interrogatorio.

- No me gusta que sufras por él, enserio.

- No lo entiendes... - levantó la mirada de nuevo.

- ¿El qué? - pregunté curioso acariciando su mano derecha para tranquilizarla.






- No entiendes que yo te... te...O sea que quien me gusta e... - tragó saliva intentando que las palabras salieran de su boca lo cual fue bastante difícil por su parte. Su voz era apagada y temblorosa.

- ¿Qué ocurre, Jess? - le miré fijamente como si intentase leerle la mente.

Abrió la boca y justo cuando iba a pronunciar las palabras exactas, la puerta se abrió de repente.




- ¡Dios! ¡¡COQUE!! - mencionó Érica casi gritando y viniendo rapidamente hacia mi.

- Eri - susurré sonriendo calidamente - Me alegra que estés aquí - mi felicidad se incrementó de tal forma que se me olvidó por completo la conversación entre Jess y yo.

- Amor - murmuró mordiéndose el labio y dando un pequeño empujón a Jessy para situarse justo a mi lado. Esta, retrocedió unos cuantos pasos y se cruzó de brazos mirando hacia otro lado mientras Érica saboreaba mi lengua viperina.

- Bueno, os dejo intimidad. Supongo que tenéis muchas cosas de que hablar... - murmuró alzando ambas cejas.

- No lo sabes tu bien, guapa - respondió Érica zarandeando su cabello de un lado a otro mientras acariciaba mi cabello con ternura.

- Adiós - ignoró a mi novia y me observó. Estaba claro que sus palabras solo iban dirigidas a mi.

- Chao, luego hablamos - sonreí de lado mirando a Érica de reojo.

Cuando abandonó la habitación junto a Pris, Alex y Mark, Érica se separó un poco de mi y se sentó justo a mi lado ocupando el lugar de Jess.

- Te eché de menos. No lo sabes tú bien. Estaba esperando con ansias que vinieras - me expliqué mientras besaba los nudillos de su mano.

- Tu hermana me avisó. Vine en cuanto pude - se explicó después de responder un WhatsApp.

- ¿Por qué se habrá ido Jessy? - dije arrugando mi frente y mirando la puerta.

- Los celos, hacen rabiar a cualquier persona - me miró de reojo y siguió entretenida en el móvil.

- ¿Celos? ¿De qué? - pregunté confuso dirigiendo mi mirada a ella.

- Joder, Coque. ¿No me digas que no te diste cuenta? ¿No ves como te mira? Está coladita por tus huesos - levantó la mirada por unos segundos mientras su expresión cambiaba por completo.

- Por favor. ¿Es qué nadie entiende el término "A-M-I-S-T-A-D"? - mencioné marcando las comillas y separando bien las letras de la palabra.

- Te lo digo enserio. El otro día, se puso como una furia conmigo solo porque vine a verte. Me ordenó que me fuera y que te dejase en paz. Hasta me hechó a mi toda la culpa de que tu estuvieses en el hospital - me explicó resumiendo todo lo ocurrido.

- Jess y yo solo somos amigos. Es imposible que sienta algo por mi - mencioné pensativo.

- Mira, se puso mala solo de vernos besándonos - dejó el celular a un lado y siguió intentando que entrase en razón.

- A Jessy le gusta un chico.

- ¿Quién? - preguntó ella levantando una ceja incrédula.

- No me lo dijo.

- Ese chico eres tú - afirmó ella rodando los ojos y colocando sus manos sobre sus piernas.

- Imposible - comencé a reírme. Esta conversación me resultaba bastante estúpida.

No sé como pudo siquiera pasársele por la cabeza.

- ¿Y cómo sabes que no eres tú?

- Pues...

- Jessy te quiere. Desea comerte enterito y violarte cuando estés durmiendo - puso su mano sobre mi rodilla interrumpiendo lo que iba a decir y comenzó a reírse al ver mi cara. Estoy seguro de que parecía un testamento.

- No vas a convencerme por mucho que lo intentes - le recordé levantando mi dedo índice y situándolo ante su rostro para hacerle callar - ¿Me echaste mucho de menos? - cambié de tema al poco rato.

- Mucho, mucho, mucho... - sonrió apoyando su cabeza sobre mi pecho mientras rodeaba su cintura con mis brazos y besaba su frente con cariño.

Me limité a reír con fuerza mientras ella ponía sus manos sobre las mías.

- Echaba de menos este olor, la suavidad de tu piel, tu tierna voz susurrándome al oído...

- Te amo - murmuró en voz muy bajita cerca de mi oído.

Escondí mi cabeza en su cuello y sonreí ampliamente. Esta chica me volvía terriblemente loco.

Pensé en lo que me dijo por un momento. ¿Jessy celosa? Seguía pareciéndome terriblemente imposible. No podía ser. No conseguía creérmelo.

Sin darme la más mínima cuenta, me quedé dormido en los brazos de mi novia. Era tranquilizador y relajante volver a tenerla a mi lado después de unos cuantos días inconsciente, sin saber nada ni estar con nadie.

Volvía a ser yo. En carne y hueso y esa sensación me encantaba.











miércoles, 29 de junio de 2016

(T2) CAPÍTULO 37: MIEDO A PERDERTE





DÍA: 29 DE AGOSTO


















Narra Miriam:









  


- Así que mi padre ha muerto - repitió para si mismo mientras yo me sentaba a su lado y acariciaba su espalda.

- Lo siento mucho, Dylan. Tu padre ha sido muy fuerte pero llegó la hora en la que no pudo aguantar más. No es un perdedor, siempre será un ganador - susurré para consolarle.

- Prometió llevarme al pueblo de Rupit antes de irse a Irak. Me lo prometió y ahora... ya no está - dijo con la cabeza bajada mientras sus ojos comenzaban a humedecerse.

Al verle así, mi corazón se conmovió en el interior de mi pecho. Este pequeño, no se merecía todo lo que le estaba pasando. No me extrañaba que no creyese en la felicidad ni en nada. 

- ¿Y ahora que pasará conmigo, Miriam?  - me miró fijamente aguardando una respuesta pero... ¿qué podía decirle? 

¿Qué desde ahora se había convertido en un huérfano y una familia totalmente desconocida se haría cargo de él? 

Desde luego que no, no pensaba terminar con su minúsculo corazón una vez más. 

- Pues... una familia muy maja te cuidará durante un largo tiempo pero antes debes de convivir con otros niños de tu misma edad, más pequeños o un poco más mayores - Miré su expresión deprimida y sin vida. Torcí los labios intentando darle ánimos y me puse a su altura mirándole fijamente - No te preocupes, Dylan. Es cierto que tu vida cambiará radicalmente pero con el tiempo lograrás adaptarte.

- Pero yo no quiero otro papá ni otra mamá. Solo quiero a mis padres, Miriam. No sabes los recuerdos que se me vienen a la mente cada vez que visito la tumba de mamá. Siempre termino más triste de lo que estaba porque sé que todos esos momentos tan bonitos e inolvidables nunca volverán a repetirse. Si pudiera dar marcha atrás te aseguró que haría todo lo posible para aprovecharlos mejor.
Pero no puedo vivir siempre en el pasado, me estoy perdiendo muchas cosas, tanto buenas como malas y aunque quiera no puedo olvidarlos - dijo mientras se derrumbaba tapándose el rostro con ambas manos.











No dudé en acojerlo entre mis brazos mientras le apretaba con fuerza. 

Sus palabras me habían dejado sorprendida. Nunca en toda mi vida había escuchado hablar a un niño de siete años con tanta madurez, seriedad...

Me había contado lo que de verdad sentía y solo por eso ya lo consideraba un verdadero héroe. 

Mis mejillas se mojaron con mis lágrimas que salían descontroladamente por mis ojos.

Mis lágrimas se unieron con las suyas y ambos nos miramos fijamente.

- Lo siento tanto, Dylan. Te lo digo enserio. Si pudiera hacer algo por ti... - me sequé la gotas con las manos.

- No puedes hacer nada, no es culpa tuya - defendió mirándome con cierto cariño como si agradeciese mi gesto.

- Buenos días. ¿Eres Dylan Michael? - escuchamos una voz justo detrás de nosotros. 

Ambos nos volteamos. Una mujer vestida con un traje negro muy oscuro nos observaba por encima de unas gafas enormes.  Tenía el pelo rizo y repleto de mechas rubias. 
 Muy revuelto y estropeado. 

Su expresión era seria y amargada como una caja completamente vacía.

- Si, lo soy. ¿Quién eres? - afirmó él extrañado al escuchar su nombre.

- Soy de servicios sociales. Me han asignado su caso. Debo hacerle una serie de preguntas acerca de su situación actual.

Dylan me observó dudoso. Yo le apreté la mano para darle seguridad.

- Adelante - exclamó al fin tomando la decisión adecuada.

- Usted, debe marcharse. Nuestra conversación debe de ser estrictamente confidencial - anunció excluyéndome y tomando asiento al lado del pequeño.

 - Por supuesto, estaré por aquí cerca - dije informando a Dylan. No quería dejarlo sólo ni un misero segundo.

Él asintió mostrando una pequeña sonrisa casi inexistente.

Me dirigí a la puerta. Justo en ese instante, vi a Dani sentado en la sala de espera. Nada más salir, este se levantó mirándome con una amplia sonrisa y guardando sus manos en los bolsillos traseros de su pantalón.

- Hola Miriam - me saludó mientras yo miraba a ambos lados perdida y me encaminaba hacia él.

- ¿Qué haces aquí? Te dije que no vinieras - le reñí con voz susurrante. Él me tocó el brazo derecho como muestra de apoyo.

- No soy tonto, Miriam. Te ocurre algo y quieras o no contármelo voy a estar a tu lado a cada segundo que pase. Solo pretendo ayudarte - se justificó mirándome con ojos brillantes.

- No me estás ayudando, solo lo empeoras.

- No seas tan negativa. Conseguiré sacarte una sonrisa. Me da igual, como si tengo que quedarme en calzoncillos y bailar la macarena. Quiero ver esa parte que tanto me gusta de ti - me guiñó un ojo ignorando mi comportamiento tan borde y desagradable.

Suspiré mirando hacia la habitación de Sharon. Dylan observaba a la mujer tembloroso e intentando pillar algo de lo que decía.

- Vamos, chica indecente. ¿Piensas ignorar esta carita? - hizo pucheros mientras me agarraba del brazo atrayéndome a él. Me quedé frente a él, di un paso atrás intentando no reírme en ningún momento y le miré desde abajo esperando que me soltase de su agarre.

 - ¿Piensas soltarme algún día? - mencioné meneando mis manos entre las suyas.

- Cuando te dignes a sonreír te soltaré.

Suspiré fuerte desviando mi mirada de él.

Él me agarró la cara con una mano. Intenté de nuevo soltarme de sus manos. Me fue imposible, era más fuerte de lo que me esperaba.

- Venga, aunque sea forzado... - dijo mientras usaba la técnica del gato con botas. Ladeé la cabeza sonriendo de lado mientras miraba al suelo de nuevo.

Dani se limitó a sonreír y a besarme la mejilla orgulloso de su logro.

Me soltó y se sentó en uno de los asientos sin dejar de mirarme.

- ¿Ahora piensas contarme algo o tengo que volver a esposarte? - probó suerte de nuevo mientras me sentaba a su lado con la mirada perdida en Dylan.

Ambos quedamos en silencio un rato. Dani me miró insinuante esperando aún una respuesta por mi parte.

Mantuve mi mirada en el pequeño y comencé a hablar.

- ¿Ves a ese niño? Su madre ha muerto hace poco y su padre ha fallecido hoy después de estar unos cuantos meses en coma. Quiero ayudarle y... no sé como. Está asustado y por mucho que intente convencerle de que todo irá mejor es imposible porque ni yo misma puedo creerlo - susurré mientras mis ganas de echarme a sollozar aumentaban por minutos.

- Eh, nada de echarte a llorar. Eres más fuerte que eso - sonrió mientras me obligaba a apoyar mi cabeza en su hombro. Me acarició el cabello intentando tranquilizarme mientras seguía sonriendo cerca de mi oreja.

- ¿Qué puedo hacer? - me separé de él encogiéndome de hombros.

- Salvo que le devuelvas a sus padres no veo otra cosa más. Le asignarán una familia y ya verás como se adapta fácilmente. ¿No tiene tíos, abuelos...? Una persona conocida le vendría bastante bien - mencionó aportándome ideas.

- No, no tiene a nadie Dani. Solo a... mi - bajé la mirada intentando indagar algo. Pero me era imposible pensar algo que ciertamente fuera estupendo y que pudiese ayudarle al pobre Dylan.

- Alguien conocido... ¿Puede valer una persona que haya conocido hace apenas un par de meses? - dije mientras me venía a la mente una idea pésima y alocada que tal vez, pudiese funcionar.

- Si, lo importante es que tenga una persona en la que confiar. No importa el tiempo que haya pasado con ella. Me estoy poniendo en su situación - murmuró pasando su mano derecha por su cabello pensativo.

- Gracias... Dani. No le conté esto a nadie así que espero que no te vayas de la lengua y perdóname por ser tan sumamente gilipollas porque... - ladeé la cabeza en forma de negación.

 - Shh - dijo poniendo un dedo sobre mis labios - No te disculpes. Me alegro de que estés más animada.

- Has sido tú aunque aún queda tiempo para el baile de la macarena - anuncié arqueando una ceja.

Él se removió en su sitio y besó mi frente.

- De eso nada, chica indecente. ¿Conoces el famoso sarcasmo? - pronunció entre risas señalándome con su dedo índice. Odiaba que me señalaran. Simplemente me parecía una falta de educación.

Al poco tiempo, el silencio me hizo perderme en mis pensamientos. Me di la vuelta y mi expresión cambió totalmente.

Me levanté y caminé detenidamente hacia Dylan tragando saliva.

- Miriam, ayúdame. No quiero que me acoja una familia que apenas conozco. ¿Qué pasa si son narcotraficantes o ladrones? Sácame de aquí - suplicó con el terror dibujado en sus ojos.

- Ei - me puse a su altura cogiéndole de las manos - No vas a ir a ningún sitio. Haré lo que pueda para que me cedan tu custodia. No te preocupes, Dylan. No me rendiré hasta conseguir la victoria - le anuncié acariciando su cabello mientras él sonreía por primera vez en toda la noche.

- ¿Enserio? ¿Cuidarás de mi? ¿Y cómo piensas conseguirlo?

- Con esperanza, un poco de suerte y con la ayuda de la lámpara mágica de Aladdín - le sonreí para para convincente.

- ¿Aladdín? - exclamó el niño sin enterarse de lo que estábamos hablando.

- Si. ¿No conoces la historia? Aladdín encontró en una cueva muy profunda una lámpara mágica y al frotarla salía de ella un poderoso genio, el cual concedía tres deseos. Un viejo malvado también perseguía la lámpara mágica pero Aladdín era mucho más audaz y listo que él.

- Vaya, una historia llena de fantasía. No parece muy interesante.

Hice una mueca sin darle mucha importancia.


Me levanté y caminé hacia la mujer rubia de aspecto serio.

- ¿Cómo puedo presentarme a su adopción? - le pregunté imaginándome los pasos que debía tomar.

- Es un proceso muy largo. Tendrá ciertos inconvenientes. Ciertos pros y ciertos contras. No todos pueden conseguirlo y no creo que esta vez pueda ser usted la afortunada. Tenemos una larga lista de familias que llevan esperando mucho tiempo tener un hijo. Es un asunto muy serio y no se debe tomar así de pronto. Es necesario pensarlo bien y detenidamente.

- Ya lo he pensado y no pienso dar marcha atrás - exclamé con firmeza mirándola desde abajo.

- Bien, si lo tiene tan claro... Aquí le dejo unos formularios con ciertas cosas que debe de cumplir para poder pedir la custodia de Dylan Richard - dijo abriendo su maletín y extendiéndome una serie de papeles que parecían no tener fin.

Me di la vuelta una vez me despedí de Dylan y de la mujer tenebrosa. 

Él se despidió desde lejos con cara triste y decepcionada. No quería marcharse con ella, en cierto modo, tenía miedo a todo lo que le venía encima.

- Miriam - exclamó Dani aspirando fuertemente mientras llamaba mi atención.

Me volteé observando su expresión. Se mantenía serio, con el ceño fruncido y la mirada perdida.

- ¿Qué coño has hecho? - me preguntó sin dar crédito a lo que había escuchado y ladeando la cabeza de lado a lado.

Yo le miré con una sonrisa de lado y me encaminé hacia él. 
Dani me observó una vez estaba frente a él. Contuvo la respiración y se mantuvo inmóvil.

- Lo que debía hacer - respondí mirándole fijamente, segura de mi decisión.




                                                       ~~~*~~~










Era de noche, mis piernas temblaban. Me encontraba tan cansada que no tenía tiempo ni a pensar.

El apartamento de Derek me quedaba lo suficientemente cerca, decidí ir caminando y pasar la noche allí.

Podrían ser tranquilamente las doce de la noche, todo esto me recordaba a cenicienta.
Lo único que fallaba era la existencia del príncipe azul.

Cenicienta no existe, es una historia infantil que transmitía una felicidad totalmente ficticia.
¿Cómo podía encajar solamente el zapato en el pie de Cenicienta?

Lo que decía, la felicidad es irreal y cuando crees que la puedes coger con las manos se escabulle como un ligero pajarito.
 Es así de simple.

Según Jessy, mi madre estaba preocupada por mi.
Llevaba dos días sin pisar la casa, nunca me había esfumado durante tanto tiempo.

Si no fuera tan tarde y no estuviese tan agotada posiblemente conduciría hasta mi cómoda cama pero la suerte no estaba de mi parte y además, debía de dejar las llaves del apartamento de Derek en su buzón. No creía que volviese a utilizarlas.

Llegué en más o menos media hora, un récord teniendo en cuenta mi malestar psicológico.

Ahora que lo pienso, eso ha sonado como si ciertamente tuviera una deficiencia mental que en cualquiera de los casos no es cierto.

Era extraño, Jerry no se encontraba por ninguno de los rincones del apartamento. No era frecuente en él desaparecer de la noche a la mañana. Siempre solía ocupar su puesto de trabajo.

Saqué la llave de la cartera y frunciendo el ceño comprobé que la llave no me haría falta. La puerta estaba totalmente abierta.
Pensé que tal vez, hubiese algún ladrón entrometido en la casa de Derek o tal vez no...

¿Qué puede tener Derek guardado de valor? ¿Peces de colores y maquetas de barcos?

La idea se fue de mi mente en un par de segundos.
Decidí entrar de una vez y dejar de discurrir en mi mente. No necesitaba gastar las pocas fuerzas que me quedaban.

Al entrar, lo único en lo que pude fijarme fue en las maletas que se encontraban al fondo del pasillo.

Derek había vuelto.

O tal vez había alquilado su piso aceptando el trabajo en Madrid.

Si, eso era más convincente. ¿No creéis?

De repente, comprendí que mi mente enloquecedora había acertado.

Vislumbré a Derek saliendo de la cocina.

En sus manos llevaba una copa de champán totalmente llena.
Me fijé en su pelo totalmente despeinado, su traje desplanchado y su corbata completamente descolocada y arrugada.

No era propio de él.

Se llevó las manos a su cabello y se quedó paralizado al nada más verme. Yo me mantuve inmóvil sin saber exactamente como justificar mi presencia allí.

Seguía siendo él, el chico tan rico y sexy que se mordía los labios cada vez que me tenía cerca.

Tal vez, intentase con aquello crear un efecto morboso y agraciado en mi y no comprendía que con una sola mirada ya era capaz de seducirme.

- Miriam - dijo por fin con una amplia sonrisa y recorriendo todos mis sentidos con su tierna voz.

No sé como lograba hacerlo pero de nuevo, mi corazón volvió a latir con más fuerza de lo normal.

- Verás... Yo... - intenté explicarme sin saber como comenzar. Mi voz era tenue, culpable... Quizá fuese así como me sentía. Culpable de mis actos, de mi deslealtad, de mi abyección...

Si, probablemente me había anticipado con la llamada de la noche anterior. Él había vuelto y yo era consciente de ello.

La puerta de su cuarto se abrió de golpe y de ella salió una mujer que podía ser tranquilamente de su edad.


- Derek - llamó su atención pronunciando su nombre con el mismo afecto que solía trasmitir yo.
Se quedó paralizada junto a la puerta mientras yo intentaba mantener la compostura y no dejar sin pelos a nadie. Me miró y se cruzó de brazos. Supongo que ambas pensamos lo mismo en el momento exacto.








- Tengo... que irme - anuncié mientras notaba como mi corazón se encogía por momentos.

Agarré mi bolso con fuerza y me dirigí a la puerta.

No podía creerlo. ¿Había buscado a otra en tan solo un día?

Ahora lo comprendía todo, no significaba nada para él.













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Cuando tenía cinco años, mi madre me perdió en un parque. No recuerdo mucho, solo que estaba montando en el carrusel y cuando me di cuenta ella ya no estaba. No recuerdo cómo la encontré. No recuerdo cómo llegué a casa. Lo único que recuerdo es lo que pasó después. Ella me dijo que no me preocupara, me dijo que todo iría bien. Me dijo que tenía que jugar a estar callada, así que sabía que no tenía que hacer preguntas. Si no, quizás le habría dicho que había olvidado mi muñeca. Me encantaba esa muñeca. Me mató dejarla. ¿Es gracioso verdad? La forma en que funciona la memoria. Las cosas que no puedes recordar y las que nunca puedes olvidar.


Las cosas no son siempre lo que parecen. A menudo son un indicador de que está pasando algo más grave, muy en el fondo. Síntomas, banderas rojas, señales de aviso, son cosas a las que deberíamos prestar atención, cosas que no deberíamos ignorar jamás, cosas que están mal, cosas que podrían hacernos realmente daño, cosas que puede que sea demasiado tarde para arreglar.


Fuente: Grey´s Anatomy

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 Tenía miedo, miedo a perderle, miedo a dejarle escapar y sobre todo, me entraba el pánico solo de pensar que ahora me tocaba volver a enfrentarme al pasado.


Me dirigí a la puerta con pies de plastilina, intentando no dar un paso en falso, pretendiendo no derrumbarme en ningún momento.

- Miriam, espera - escuché detrás de mi.

No sé porqué lo hice pero cada vez que pienso en ello me pongo a pensar en una sola razón que me impulsara a darme la vuelta y mirarle a los ojos.

Lloré, las ganas eran descontroladas y las razones bastante obvias.

Él se acercó a mi y me abrazó. Me rodeó con sus brazos con una fuerza indiscutible, difícil de describir y no dijo ni una sola palabra más.

Aunque intentase escurrirme me era totalmente imposible. Lo necesitaba, Precisaba de una muestra de cariño por su parte y no tenía las fuerzas suficientes para negarme a ello.

Fue un abrazo largo y dramático. Semejaba una despedida pero cuando se separó con ojos brillantes y rojos por las lágrimas lo comprendí mucho mejor.

- Te quiero - repitió apoyando su frente sobre la mía sin dejar de llorar y cogiéndome de las manos - Sé que posiblemente ya te he perdido hace mucho tiempo pero no pienso rendirme. Voy a luchar y a ganar porque tú eres lo que necesito, Miriam. No preciso de una gran empresa, ni de una gran cantidad de dinero, ni siquiera del fabuloso puesto que mi padre deseó toda su vida. Te deseo a ti y a  nada ni a nadie más.







Ladeé la cabeza mientras secaba sus lágrimas con mis pulgares.

-  No lo hagas, no...

- Claro que lo haré, un millón de veces si hace falta. Te quiero, Miriam Fernández - gritó mirando al techo mientras sonreía cerrando los ojos.

Le miré con ojos brillantes, no podía decirle que yo no sentía lo mismo porque no era cierto.



                                                                          ~~~*~~~



- He vuelto por ti y... No me arrepiento en absoluto de haberlo hecho. Quiero aclarar las cosas, hablar tranquilamente y llegar a un mismo acuerdo. Por favor, Miriam. Si te vas por esa puerta... - la señaló hablando con dificultad - ...Sé que no volverás. Quédate.
- Derek, has bebido y no sabes lo que dices - miré hacia arriba intentando no derramar ni una sola lágrima.
- Lo sé muy bien, Miriam. Llevo tiempo reflexionando sobre que decir, en que momento y en que lugar pero te anticipaste y mi puto discurso se fue a la mierda así que si, estoy improvisando pero mis palabras igualmente son ciertas aunque no lo creas - susurró afirmando.
No podía no confiar en él.  Realmente le creía y no entendía el porqué.
Me mordí el labio inferior y le observé pensativa. 
Debía de tomar un paso a continuación. 
Irme a casa y abandonar o creer en sus palabras y hablar sobre el tema.
Era así de simple y complejo a la vez. 
A veces, cuesta tomar una decisión por muy segura que estés de hacer lo correcto.
- Está bien. Es demasiado tarde y tu estado actual no es muy fiable así que terminemos cuanto antes - dije acomodándome en una de las sillas de la cocina y mirándole fijamente.
- Bien - se sentó frente a mi e intentó cogerme de la mano. Me negué en redondo apartando mi mano de entre las suyas. Él sonrió compadeciéndose a si mismo al verse rechazado y aún con lágrimas en los ojos comenzó a hablar - Me propusieron un viaje de negocios. A lo largo de toda mi carrera profesional me sugirieron muchísimos y algunos los aceptaba y otros no. Lo único que hacía allí era solucionar temas sin importancia o sustituir a algún empresario. Esta vez fue diferente. Durante estas dos semanas me entretuvieron con entrevistas y trabajos que no venían al cuento pero al final, esa señorita que acabas de ver salir por esa puerta me ofreció una oportunidad única. La oportunidad que mi padre llevaba deseando durante toda su puñetera vida - rió jugueteando con su copa de champán y me miró inexpresivo - Supongo que lo primero que se me vino a la mente fue esa increíble oportunidad. Tenía tiempo para pensarlo y lo hice. Por eso no te llamé durante unos días.  ¿Qué coño iba a decirte? Se me caía la cara de vergüenza.  Luego fue cuando recibí tu llamada que me dejó totalmente trastornado, desesperado y... Decidí regresar cuanto antes, abandonarlo todo y arreglar las cosas contigo.
Tenía un plan preparado, quería que te mudaras conmigo a Madrid. Te buscaría un buen empleo en la capital pero luego pensé que te negarías completamente y con razón.  Dejar tu familia, tus amigos, tus estudios... Técnicamente era una putada y no quería obligarte a hacerlo pero tampoco quería dejarte marchar.
Así que para tu información he rechazado el trabajo. Si, por ti. Porque te quiero y necesito que tú lo comprendas. Que te hagas a la idea de que no soy capaz de abandonarte aunque me lo supliques mil y una veces. Volví por ti - me miró con ojos esperanzados. Esos ojos que solía poner el gato con botas para conseguir todos sus propósitos. 
- Eres un completo idiota. Te dije que no debías de irte a Madrid. Intenté convencerte para que esa idea se fuera de tu mente pero no lo conseguí y sabía que estaba ocurriendo algo malo al no recibir noticias tuyas. Me preocupé pero pensé que me estabas engañando con otra, no me imaginé que fuera por motivos de trabajo. En cierto modo, fue un alivio para mi - suspiré, me costaba hablar con tanta facilidad de este tema con él.
- Lo siento, sabía que lo estabas pasando mal por lo de tu hermano. ¿Cómo se encuentra por cierto? - se interesó al fin.
- Desde que lo operaron no ha dado ni una señal de vida. Ni ha empeorado ni mejorado. Es como una uva pasa - reí intentando quitarle importancia al tema. Supongo que a esas horas mi cabeza no estaba en su sitio.
- Lo siento mucho, Miriam. Si no te importa me gustaría ir a visitarlo algún día...
- Cuando quieras - anuncié y minutos después, un silencio abrumador volvió a consumirnos.
- Oye,  Miriam. No me dejes. No puedo vivir sin ti. Esto se ha convertido en una puta costumbre. Te recuerdo a todas horas, a cada segundo... Te echo de menos - exclamó con los ojos llorosos y muy rojos.
Eso me llamó la atención.  Estaba drogado, sabe dios lo que llevaba bebiendo durante toda la tarde y estaba llorando.
Miré hacia otro lado, me mordí el labio e intenté no caer de nuevo en sus palabras. Ya había caído como una tonta numerosas veces pero esta vez no estaba dispuesta a volver a hacerlo.
- Yo puedo vivir sin ti. Llevo mucho tiempo viviendo a mi aire y ya estoy acostumbrada - sonreí mirándole a los ojos. Luego, cambié mi expresión y adopté una pose pensativa - Pero no quiero, Derek. No quiero vivir sin ti y eso me asusta. No sólo el hecho de quererte si no el miedo de perderte algún día.  No puedo vivir así continuamente, con ese cierto miedo porque es realmente agobiante y no puedo soportarlo.
- Pero Miriam, no me has perdido y no me vas a perder. Deja el miedo atrás, volvamos a empezar... - intentó cogerme de la mano. Yo la aparté, no estaba dispuesta a sucumbir, debía de mantenerme fuerte. No podía debilitarme o todo esto se iría a la mierda.
- No lo entiendes, Derek. Te fuiste y me abandonaste. ¿Cómo sé que no volverás a hacerlo ante cualquier posibilidad que se te presente? - fruncí el ceño mientras él ladeaba la cabeza sin darme la razón.
- No confías en mi. Tal vez sea eso lo que nos atormenta, lo que no nos deja dar el siguiente paso... Debes confiar en mi - expresó apoyando su mano izquierda en su pecho.
Puse los ojos en blanco. ¿Cómo iba a hacerlo? ¿Era imposible?
- Oye, Derek. Yo no te dije por teléfono.  "ESTO SE HA TERMINADO". ¿Me equivoco?
- Dijiste que si eso era lo que tú me importabas... - miró el suelo cruzándose de brazos y prosiguió en un suspiro - Fue una indirecta. Totalmente directa y la interpreté correctamente. No soy gilipollas, Miriam.
- Pensé que no volverías,  pensé que te quedarías escondido eternamente en Madrid y cumplirías tu puñetero sueño mientras yo me pudría aquí - me sequé las lágrimas.  Era inevitable no llorar ante esta situación  y por más que lo intenté no pude conseguirlo - Sigo en mi punto de partida, Derek. Te conocí,  me enamoré y ahora... ¡PAM! Me abandonas y este vache debo superarlo y continuar pero me es imposible porque estoy enamorada de ti aunque tú no sientas lo mismo.
- Otra vez... - susurró ladeando la cabeza de nuevo - No confías en mi.  ¿Cuántas veces tengo que decirte que abandoné todo por ti? ¿Qué más razones puedo contarte? Mi único propósito eres tú joder - levantó la voz mirándome a los ojos.
- Pues demuéstramelo. Que hayas vuelto a Barcelona no demuestra nada. Esfuérzate por volver a tenerme en tus manos.
- ¿Y cómo?




- No importa el como. Sólo hazlo - le dije mientras cogía mi cazadora y le miraba con los labios fruncidos - Vuelve a conquistarme. Haz lo mismo que hiciste la primera vez que te conocí y no me negaré ante nada.
- ¿Te marchas? - me preguntó con ojos suplicantes mientras cogía con su mano izquierda la botella de whisky que se había estado bebiendo poco tiempo antes.
- Voy un momento al baño. Dame eso - me acerqué a él y le arrebaté la botella - No pienso dejar que te compadezcas de ti mismo con una simple botella de alcohol - me la llevé al cuarto de baño conmigo mientras él ladeaba la cabeza con expresión nerviosa. 
Aproveché para beber un par de sorbos y pensar detenidamente que hacer.
Regresé en unos míseros segundos con una decisión tomada.
Me acerqué a la cocina intentando alegrar la cara.
- ¿Cuándo vas a contárselo?
Me detení al escuchar esa voz. Se trataba nada más y nada menos de la zorra de antes, la cual, seguía sin caerme bien y eso que no había ni abierto la boca.
- ¿Acaso debo hacerlo? Es irrelevante.
- Te aseguro que no lo es. Debe de conocer la verdad antes de que sea demasiado tarde - exclamó bajando el tono de voz.
- Pues adelante.  Yo no pienso enfrontarme de nuevo - escuché una risa ahogada por parte de él.
Entré. Tenía la mente totalmente confusa. Un sentimiento confuso se apoderaba de mi, tanto por lo que acababa de escuchar como por lo que mi mente llegaba a interpretar.
¿Estaba mintiéndome de nuevo?  ¿Tenía una relación con esa mujer y a la vez deseaba volver conmigo?
- Miriam, he pensado que podrías quedarte a dormir esta noche... Si no quieres dormir conmigo, tengo una habitación libre que tal vez sea de tu agrado.
No podía quedarme, debía de marcharme lo antes posible.
Quería aclarar mis ideas y la verdad... Desde que se fue no pude dormir ni siquiera una sola noche entera pensando en él.
- No, enserio. Mis padres deben de estar preocupados... Debo volver a casa - suspiré mintiéndole.
-Es verdad, ya no lo recordaba. Lo siento - se pasó una mano por la nuca y me miró desde abajo.
- Espero que todo... Te vaya bien, Derek - dije como despedida sintiendo algo en el pecho.
- Lo mismo digo, Miriam.
Me dirigía a la puerta cuando mi orgullo dejó de actuar en un momento concreto y aproveché para intervenir de nuevo.
- ¡Derek! - grité sin poder evitarlo volviendo a dirigirme a la cocina.
- ¿Qué? - se volteó para mirarme con ojos esperanzados. 
- Tengo un enorme dilema. Desde que llegué aquí, mi mente no para de dar vueltas y tengo que soltarlo o me volveré terriblemente loca - me expliqué extendiendo mis manos mientras él me observaba con ojos brillantes - ¿Quién es ella? - anuncié tragando saliva y desafiándolo. 
Se quedó callado durante unos segundos. Bajó la cabeza y sonrió para si.
- Es Melanie, la ex novia de la que te hablé.






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Pero cuando intentas solucionarlo y dar un paso adelante...
La otra persona te da otro motivo por el que tu mente vuelve a dar más y más vueltas y vuelves a encontrarte en el mismo punto de partida.
¿Que hacer o no hacer... ?
¿Perdonar o abandonarlo todo?
Parece fácil aunque sinceramente es todo lo contrario.


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Narra Érica:



- ¿Sonreirás algún día? Desde que ese monstruito se ha alojado en tu barriga no pareces tú. Has cambiado - vaciló Allison mientras se sentaba a mi lado dejando sobre la mesa montones de donuts y dos tazas de café.
- Sigo siendo yo - bufé cogiendo el café entre mis manos y esperando a que se enfriase.
- ¡Já! Eso dices tú.
- No me pongas los ojos en blanco - sonreí ante su expresión - Ambas sabemos que tengo mis razones.
- ¿Enserio? Eri, vas a tener un puto bebé. Yo creo que es lo más lindo del mundo. Albergar una criaturita durante nueve meses y ver su preciosa carita - destacó acomodándose a mi lado.
- Cállate. No compares mi caso con el de las demás. Soy muy joven y ni siquiera sé quien es el puto padre. 
Me he metido en un buen lío y tengo miedo a decírselo a Coque, bueno si es que se despierta.
- Es que a quien se le ocurre... 
Primero le rechazas y luego te acuestas con él. Muy bonito por tu parte - volvió a poner los ojos en blanco. Era una cualidad muy propia de ella.
- ¡Qué mierda! Yo al menos no me tiro a cualquier pendejo que me entre como haces tú - me enfurecí levantando el tono de voz. No me gustaba que mencionasen el tema siempre.
- Bueno, yo al menos no tengo una relación con alguno de ellos y me paso la vida poniéndole los cuernos. Creo que es justo darse cierto placer sin tener una relación estable - alzó las cejas al ver mi comportamiento.
- Fue una vez. Una sola vez - dije levantando mi dedo índice para que sonase más convincente.
- Pero eso no quita que se los pusieses bien puestos a Coque.
- No soy una puta, eso lo serás tú.
- En ningún momento te he insultado. Solo he dicho la pura realidad y si no te gusta ya sabes donde tienes la puerta - aclaró mirándome sin pestañear ni una sola vez.
Cerré el pico y me limité a sorber el café.
Al poco tiempo, Ryan, el nuevo rollete de Allison apareció por la puerta del salón. Aún se estaba poniendo la camiseta y traía una cara de adormilado que no podía con ella.
- ¡Vaya! El perezoso al fin se despertó - balbuceé observándole de arriba a abajo mientras Allison se volteaba con una sonrisa de arriba a abajo. Se mordió el labio violándole con la mirada.  
- Por lo menos no pesó una tonelada como tú - respondió guiñándome el ojo con una falsa sonrisa.
Le eché el dedo finjiendo que me importaba una mierda lo que dijera.
Él rió acercándose a Alli y dándole un buen morreo de buenos días. Aparté la vista relamiéndome los labios.





- Ya puedes mirar - anunció Allison mirándome desde su sitio mientras Ryan se acoplaba a su lado y le besaba la mejilla.
- A ver cuanto os dura el love - murmuré dejando la taza sobre la mesa y secándome los labios con una servilleta.
- Más que tú y el otro seguro - respondió Ryan cogiendo un par de donuts y observando a Allison con ojos brillantes.
- Supera mi récord, Eri. Tres semanas - mencionó Alli robándole los donuts al señor perezoso.
- Te recuerdo que ya lo superé hace tiempo. En unas semanas, haremos 2 años juntos.
- No me hagas hablar cariño - mencionó guiñándome el ojo.
- Pobre chaval. No me extraña que acabase en el hospital. Teniendo que aguntarte durante tanto tiempo... - añadió Ryan riendo como un poseso.
- Ya sabes, no todos son como tú que se rinden a la primera de cambio.
- Chiquita, por si no lo sabes yo no soy de esos. Siempre sois vosotras las que pasáis de nosotros - se defendió mientras Alli lo miraba con la boca entreabierta.
- ¿Perdona? Dime una sola vez en la que me haya rendido - frunció el ceño mirándole a la defensiva y esperando su respuesta.
- Cuando no me dejaste comer las aceitunas de anchoa de tu nevera. Se pasaron por tu culpa.
Ella se rió como una tonta y apoyó la cabeza en su hombro.
- Come algo, tonta. No has probado bocado - mencionó Allison recomponiendo su postura.
- No tengo hambre, enserio - alcé ambas manos para dejárselo bien claro. Cuando se le empeñaba algo no había forma de quitárselo de la cabeza.
- Estás embarazada, necesitas alimentar a tu bebé.
Lo sabía.
- No quiero pesar una tonelada. Ryan se burlaría de mi - susurré poniendo pucheros.
- Ya lo hago, aunque si quieres le aumento una más - respondió estirándose de una manera muy sensual.
- Tonterías, puedes comer lo que quieras. Eso es lo bueno de estar embarazada.
- Déjalo Alli, enserio. Tengo que irme, he quedado con la ginecóloga - me levanté y me puse la cazadora.
- Me compadezco de ella. Sabe dios lo que tienes ahí - rió Ryan como siempre.
- Ya te gustaría verlo, idiota - anuncié despidiéndome de Alli que lo único que hacía era descojonarse de nosotros dos.
- Adiós pequeña. Ya me contarás - dijo una vez recuperado el aliento.
- Claro - anuncié dirigiéndome a la puerta.
No tenía muy claro si me apetecía saber quien era el padre del bebé. 
Solo de pensarlo, la idea me asustaba.
Pero debía saberlo, la curiosidad vencía al miedo. 
Allison siempre fue muy directa. Me gustaba esa cualidad de ella, te decía lo que pensaba sin ningún impedimiento. La admiraba muchísimo aunque a veces, las cosas que llegaba a decirte eran bastante fuertes y te afectaban demasiado.
Sabía que tenía la razón respecto a lo de Henry pero me costaba reconocerlo. Nunca fui de reconocer mis errores, ni mucho menos. 
Prefería quedarme callada y tenerlo bien guardado en mi mente para que no volviese a repetirse.
De los errores se aprende y yo había aprendido la lección o tal vez no, aunque no necesitaba un bebé de aquel individuo. En cualquiera de los casos, tenía que ser de Coque.
Si, eso esperábamos todos. 
No quería ser la puta del barrio por acostarse una vez con el mejor amigo de su novio. Sería muy traumático.
La suerte debe de estar de mi parte. ¿No?




Narrador Onmisciente:


Él sabía donde podía encontrarla por eso no se rindió y decidió ir a disculparse de nuevo personalmente.
- Hola, ¿puedo hablar con Jessy? - dijo nada más ver la puerta abrirse.
- Lo siento, Jessy acaba de irse. Si quieres puedo decirle que has venido - exclamó la mujer con compasión. Su rostro le trasmitía cierto sentimiento de pena y no le gustaba ver al pobre chico de aquella manera.
- ¿Y sabe donde puedo encontrarla?
- En el hospital. Ha ido a hacerle una visita a mi hijo - bajó la mirada acariciándose a si misma con una mueca.
- Gracias.
La mujer no pudo decirle ni una sola palabra más. El chico hulló de golpe y sin despedirse subió de nuevo a su auto con la intención de encaminarse al hospital.
Prometió no rendirse, no retroceder ante nada y cumplir su cometido fuese como fuese. No fallaría su propia palabra.

                                                                           ~~~*~~~





- Hola Coquito - dijo ella bajando la mirada y sentándose justo a su lado - Sé que odias que te llamé así pero... Ya sabes como soy. Testaruda hasta la sanidad - embozó una pequeña sonrisa mientras sus ojos se llenaban de lágrimas. Cogió su mano izquierda con ambas manos y la llevó a sus labios. Estes le obsequiaron un dulce beso en los nudillos.









Ella le observó mientras intentaba reprimir las lágrimas lo cual aparentaba ser imposible.
- Miriam ha desaparecido del planeta. He recorrido el hospital de arriba a abajo y no... No la encuentro. Pensé que estaría aquí, sinceramente - interrumpió aquel silencio tan incómodo.
Él no podía moverse, responder... Ni siquiera podía escucharla con claridad. Estaba en su propio sueño, en su propio mundo y posiblemente, no era capaz de salir de el.
Se estaba perdiendo muchas cosas y no podía hacer absolutamente nada por evitarlo.
- ¿Sabes qué? Han ocurrido muchísimas cosas. Si, por increíble que resulte es completamente cierto - continuó ella limpiándose las lágrimas con los pulgares - Tus padres han vuelto y están muy preocupados por ti. De hecho todos lo estamos. Miriam está pasando por un momento muy difícil y no sé como es capaz de aguantar tanta presión.
Es fuerte y dura como un roble. Supongo que eso lo lleva en los genes.
Si Coque, por increíble y extraño que te parezca todos creemos en ti y tenemos fe en que algún día despertarás y nos alumbrarás con tu tierna y dulce sonrisa de nuevo. Te echamos muchísimo de menos - apretó su mano con más fuerza de lo habitual mientras las gotas de agua seguían rozando sus mejillas y resbalan por las manos de ambos.
Ella suspiró sintiendo como sus palabras se convertían en polvo. 
No tenían ningún valor. Él no podía escucharla ni tan siquiera hacer un mínimo gesto.
Coque estaba conectado a montones de aparatos médicos. Incluso, una de aquellas máquinas respiraba por él.
Jessy solo de observar aquella escena no podía evitar seguir llorando.
- Mierda, Coque. ¿Cómo ha acabado todo esto de esta forma? Te dije que no te operaras, te dije que no... - gruñó en un susurro - Bueno, ahora no hay nada que hacer... No vale la pena lamentarse por el pasado.
Carlos llegó al hospital y preguntó en recepción por la habitación de Coque. No tuvo ningún problema en emcontrarla ya que él era el único que se llamaba de esa forma en toda la planta.
Dio la casualidad de que la puerta estaba entreabierta. Carlos se decidió a entrar pero se paró en seco al escuchar la vocecilla apagada de la pequeña Jess.
- ¿Sabes qué? La doctora dijo que te había extirpado todo el tumor pero que al llevar tanto tiempo anestesiado es posible que no llegues a despertar - suspiró mirando al techo.
Carlos cerró los ojos con fuerza mientras el pomo de la puerta resbalaba lijeramente entre sus manos.
- Tienes que despertar. Debes hacerlo.
Daría lo que fuera por que abrieras los ojos, me miraras de nuevo con esos ojos azules tan sinceros y me dijeras: "Tranquila, estoy bien". 
Sé que te he fallado muchísimas veces, que te di la espalda en los peores momentos y que no merezco tu cariño pero tú si que mereces el mío y siempre lo tendrás. Ten fe en ello. 
Coque, me has hecho cambiar. Me has abierto una puerta llena de luz y esperanza. Algo que pensé que nunca vería, nunca. Pero tú me lo has entregado y si me abandonas ahora, si te vas de mi lado... - hizo una pequeña pausa. Su aliento cada vez se desvanecía más y más a causa de las increíbles ganas de echarse a llorar - Si te vas, yo me iré contigo porque no quiero volver a sentirme como antes, como un perro sin dueño, un avión sin destino o una mariposa sin alas. Tú eres mi dueño, mi destino y mis alas.
Y todo esto me está matando, no puedo acabar con esta soledad.
Quiero estar contigo, el problema es que no estás. Mi mejor amigo ha desaparecido y no puedo encontrarlo, no puedo hacer absolutamente nada. Solo esperar y tener confianza de que este hueco que ahora existe en mi corazón algún día pueda volver a renovarse, a cobrar vida....
Si, creo que estoy enloqueciendo - alzó la mirada sonriendo mientras las lágrimas seguían cayendo por sus mejillas - Tal vez, puede ser. Solo sé que daría todo por volverte a ver. 
Porque no sé como ocurrió ni porqué pero creo que estoy enamorada de ti - su risa desapareció por completo y las lágrimas volvieron a surgir. Carlos sintió un fuerte dolor en el pecho al escuchar sus palabras. 
¿Todo este tiempo le había engañado?
En cierto modo no era así. Ellos no tenían absolutamente nada, solo eran amigos hasta que él le dio un beso en los labios sin previo aviso el cual le continuó y le ordenó insistivamente que abandonara el lugar. 
Carlos no pensó en ello, en que posiblemente no significara nada. Solo se llenó la cabezas de posibles expectativas sobre lo que le llevó a darle esa respectiva muestra de cariño.
Miles de veces, ella se había sincerado ante él diciéndole lo que sentía por Coque pero nunca la había visto de esta forma. Tan perdida, triste, apenada...
Carlos se llevó una gran decepción y perdió toda la esperanza de arreglar las cosas y volver a ser como eran antes.
Tal vez, él si sintiera algo por ella pero propiamente, no estaba muy seguro de sus sentimientos.
- Lo sé. ¿Yo enamorada de ti? 
Si, fue esa misma pregunta la que se me pasó mil y una veces por mi cabeza pero no podía engañarme más y abrí los ojos de una puñetera vez.
No era capaz de decírtelo. ¿Sabes? Y menos aún, sabiendo que estabas teniendo una relación con una chica. Si, una chica guapísima, más o menos de la misma edad que tu, modelo y profundamente enamorada de ti que no te da problemas, ni te mete en rollos inmaduros que no tienen nada que ver contigo. Si, ella es técnicamente perfecta comparada conmigo y sé que siempre será Érica el primer plato pero necesitaba decírtelo de alguna forma. Soltarlo y no volver a mencionarlo nunca más. 
Te amo, Álvaro Fernández y siempre lo haré por muy descabezado e increíble que llegue a ser. Por eso tienes que curarte, tienes que abrir los ojos y seguir diciéndome que soy la mejor amiga del mundo aunque a mi me gustase ser la mejor novia del mundo - se encogió de hombros con timidez. Se levantó y le obsequió con un dulce beso en la frente. Luego supiró para si misma. Se había quitado un gran peso de encima y eso le reconfortaba un poco aunque no lo suficiente.
Carlos siguió su camino. Salió del hospital metiéndose de nuevo en el coche. Su cabeza no dejaba de dar vueltas y más vueltas.
Su corazón cada vez estaba más roto y sus ojos eran cada vez más incapaces de aguantar las ganas de llorar. Dio un golpe fuerte y lleno de rabia al volante y luego, se acomodó sobre él dejando salir de dentro todo lo que tenía acumulado.



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Somos grandespoderosos... Así nos hizo DiosFortalezaganas... Pero... ¿sirve de algo todo esto?
Los sentimientos son el peor elemento que puede sentir el hombre
¿Por qué?
Es muy fácil
Cuando todo parece ir bien puede convertirse en lo mejor del universo pero cuando todo da la vuelta...
Todo cambiaLos sentimientos son simples pero a la vez muy complejos. Rabiatristezacelosavariciaegoísmo... 
Es propio del alma
Sentir... Duelees como una brecha que cada vez se hace más y más honda y la cual parece no tener

 final.
¿Llorar? ¿Reír? 
Que importatodo se vuelve de color negro alguna vezEl arcoiris no existiría sin la lluvia ni las 

estrellas brillarían sin la noche.
Todo está hecho a la perfección.
La positividad no existiría sin la negatividadLo malo y lo bueno están totalmente relacionados y no existe manera de romper esa unión.
Todos y cada uno de nosotros estamos condenados...







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