jueves, 5 de enero de 2017

(T2) CAPÍTULO 41: UNA PARADA DE MÁS




DÍA: 8 DE SEPTIEMBRE













Narra Lola:






- ¡Dios! Estoy agotado. Eres muy buena jugando a la Wii - sonrió sentándose en el sofá y limpiándose las gotas de sudor con la palma de su mano.

- Tú también lo eres.





No dudé en sentarme a su lado y abrazarme a su cintura como si mi vida constase de ello. Olía a sudor pero no me importaba, eso no conseguiría apartarme de él.

Miguel me pasó el brazo por detrás de la espalda y yo me acomodé en su regazo mientras él besaba mi cabello. Era confortable, me hacía sentir bien. Me libré de su agarre y me volteé. Él me observó con sus increíbles ojos azules y se acercó lentamente a mis labios...










- ¿Lola?

La voz ronca de Henry me desconcertó. Abrí los ojos lentamente y me estiré con ganas. Miré a los alrededores. Estaba en el sofá, tumbada y tapada con unas cuantas mantas.

- ¿Cuánto tiempo llevo durmiendo? - dije sobándome los ojos y luego mirándolo fijamente.

- Mucho, mucho tiempo. Pensé que jamás despertarías - soltó suavemente mientras me robaba un beso de buenos días.

Le seguí el beso con ganas y le hice un hueco para que pudiera echarse a mi lado.

Henry acarició mi mejilla y luego siguió bajando por mi cintura y caderas.

- Eres tan dulce, incluso durmiendo.

- Tonto, ¿te quedaste ahí todo el tiempo mientras dormía? - le di flojo en el brazo y él no pudo evitar reírse fuertemente.

- No, todo el tiempo no. Fui a la cocina a por una taza de café, tenía sed.

- ¿No tienes sueño? - le miré a los ojos y apoyé mi cabeza en su pecho mientras Henry me acariciaba el cabello.

- Si pero Miguel no me dejaba dormir y esta vez no por lo que estás pensando. Está arreglando su auto y no para de hacer ruido.

- Oye - bajé la cabeza frunciendo el ceño - Hablando de tu hermano... Quería comentarte una cosa.

Volví a elevar la mirada. Este me observaba con la mirada totalmente perdida.

- Cuando él está... nuestra intimidad se va por la borda. El día que salimos a cenar me lo pasé tan bien - me rasqué la nuca y me senté como los indios - Y fue porque él no estaba. ¿Qué te parece si en vez de quedar siempre en tu casa quedamos en la mía? Así estaremos tranquilos y tu hermano no nos molestará más.

- ¿Tan mal te cae? - sonrió inclinando la cabeza y abrazándome por detrás mientras besaba mi cuello con delicadeza.

Apoyé sus manos sobre las de él y este me apretó aún más haciéndome sentir cosquillitas en el estómago. Reí flojo y me giré posando ambas manos en sus mejillas.

- Hablo enserio, Henry. Creo que nuestra relación está cogiendo el ritmo perfecto, no dejemos que terceras personas nos la estropeen - sonreí apoyando mi frente en la suya.

Él miró en otra dirección y se abalanzó sobre mi haciéndome quedar tumbada bajo su cuerpo.

Se inclinó y quedó a escasos centímetros de mis labios.

- Si así estás más tranquila entonces si. Acepto.

Sonreí notoriamente y acorté la distancia entre nosotros. Después de un largo rato entre besos y caricias, Henry colocó sus heladas manos en mi tripa. Yo me quejé y él sonrió mientras le cogía una de sus manos y la dirigía por mi cuerpo. Él lamió sus labios cuando la posé sobre uno de mis pechos.
Sentí un escalofrío cuando lo apretujó con sus dedos pero en ese momento, no me importó.

Henry me observó con cautela y yo asentí para dejarle claro que estaba bien, que no pasaba nada.
Entonces, me besó de nuevo para tranquilizarme y bajó su mano de nuevo a mi tripa.







- Aún no es la hora - me susurró sensualmente al oído.




Reí nerviosa y él continuó haciendo círculos en mi ombligo. Yo solo me reía, no tenía palabras para Henry solo... Sonrisas y más sonrisas.

- ¿Puedo preguntarte algo?

- Claro - dijo entretenido jugando con mi ombligo.

- ¿Te acostaste con ella?

Al escuchar mis palabras, se detuvo y me miró fijamente.

- ¿Con quién?

- Con Érica. Sé que no es asunto mío pero... necesito saberlo.

Se me encojió la voz y jugueteé con mis dedos esperando una respuesta por su parte.

- Si, una vez solamente. No tiene importancia - negó con la cabeza sin elevarla.

No debí de preguntárselo. Está claro que no le gusta que le hablen del tema.
Lola, debiste cerrar el pico. Me siento fatal...

-Perdona, no tenía que habértelo preguntado.

- No pasa nada, está bien que quieras saber ciertas cosas. Por algo eres mi novia - levantó la mirada y me sonrió muy forzadamente - Pregúntame, lo que quieras.

- ¿Enserio?

Asintió y tragué saliva. No sé si lo decía de verdad o solo lo afirmaba para demostrarme que lo había superado y era agua pasada.
Pero la curiosidad mató al gato y no pude evitar preguntarle sobre sus sentimientos hacia ella.

- Ella tenía novio así que le fue infiel. ¿No lo lamentó?

- ¿Por qué crees que solo fue una vez? - susurró sin mirarme.

- Vale, no voy a seguir preguntándote - alcé ambas manos como sobreprotegiéndome.

- ¿Por? Ya te dije que me puedes preguntar lo que sea. Te responderé - me miró fijamente y luego suspiró.

- Está claro que aún no superaste lo que pasó entre vosotros. No quiero incomodarte, hacerte sentir mal...

- ¡No! ¡Lo que pasó entre ella y yo se terminó! ¡Es pasado! - gritó ofendido mientras sus manos se convertían en puños.

Cerré los ojos con fuerza y tragué saliva.

Aquel arrebato, me asustó. Nunca le había visto así, tan cabreado.  Henry quiso tranquilizarme apoyando una mano en mi hombro. Antes de que lo hiciera, me aparté mirándolo con cautela y me abracé a mi misma.

- Lola, yo... No quiero que me tengas miedo. Lo... siento. Es que todo el mundo piensa que sigo sintiendo algo por ella y... - susurró en un suspiro mirándome con ojos brillantes llenos de dolor.

- Fue culpa mía. No debí sacar el tema - negué con la cabeza con unas inmensas ganas de ponerme a llorar. No sé porqué pero lo sentía. Sentía que él me estaba mintiendo y que Érica aún seguía formando parte de su corazón. Quería averiguarlo pero tenía miedo a que su reacción no fuese la esperada.

- No... La culpa es mía. Perdona.

Parecía realmente arrepentido lo que significaba que de verdad se sentía culpable y por lo tanto, mis objeciones eran ciertas.

- ¿Qué sientes ahora por Érica?

- No lo sé. Puff... - se rascó la nuca. Se estaba poniendo nervioso. Se encogió de hombros sin levantar la mirada ni una sola vez.

- ¿Rencor, amor, odio?

- ¡Te he dicho que no lo sé! - volvió a gritar fuertemente, agobiado como si no pudiera con esto. Quería huír, lo notaba en su mirada. Se levantó dirigiéndose a la puerta - Tengo hambre, ¿quieres algo?

Puse los ojos en blanco. Ya no me intimidaba que se pusiese histérico o furioso. Lo que ahora mismo me interesaba era llegar al final de todo esto. Quiero saber si lo que siente aún por ella es fuerte o no.

- ¿Por qué evitas hablar del tema? Te contradices. Dices que no te importa, que puedo preguntarte lo que me apetezca pero en cambio, huyes, intentas escapar, no quieres expresar lo que verdaderamente sientes... ¿Qué sientes por ella? - le miré fijamente intentando ser suave y concisa demostrándole que podía confiar en mi.

- ¿Qué quieres que te diga? ¿La verdad? - levantó la mirada y caminó hacia mi decidido - Si ella volviese suplicándome que me quiere y que de verdad quiere intentarlo conmigo no dudaría en decirle que si. Solo sé eso.

- ¿Enserio? Después de todo lo que te hizo... - noté como mis ojos se nublaban. No podía aguantar tanta presión. No me esperaba su respuesta, ni mucho menos.

- ¡Lo sé! ¿Vale? ¡Lo sé! Pero lo que ella me hizo sentir... Nunca experimenté una sensación igual. Me hizo estar en las nubes aunque solo fuese en una ocasión. Sé que está mal que piense eso después de todo lo que pasó pero es la verdad - gritó muy seguro de sus palabras.

- Eres un completo gilipollas. Estar enamorado de una mujer que lo único que hizo fue utilizarte. Henry, para ella eres un puto juguete. Te usó y te tiró al contenedor - me levanté notando como las lágrimas bañaban mis mejillas.

- ¿Crees que no lo sé? Ella no merece que la quiera pero no puedo evitarlo, no puedo dejar de hacerlo aunque no me guste y tenga remordimientos - continuó señalándose a si mismo y cerrando los ojos con fuerza.

- Que ciego es el amor, ¿no? Yo nunca te haría eso, Henry. NUNCA - exclamé entre lágrimas mientras él alzaba la mirada - Si la amas tanto... ¿Por qué estás conmigo?

- Porque tú apareciste como un rayo de sol a mi vida. Eres la única que me hace olvidarla aunque solo sea con tu presencia.

- Pero a ella le amas, Henry. Yo solo soy una sustituta para llenar el vacío que ella creó en tu corazón - me sequé las lágrimas intentando no alzar la voz.

- ¡No digas eso! ¡No te atrevas a decir que solo te utilizo para calmar mi dolor! - elevó la voz poniéndose a la defensiva.

- Eso es lo que me estás demostrando. No me quieres, puedes decir lo que te salga de los... - me paré en seco y ladeé la cabeza - No te creo.

- ¿Ves? Por eso no quiero hablar del tema. Ella siempre está, siempre es un problema... - señaló pegándole una patada a la pared.

Me estremecí y me abracé a mi misma. Estaba cabreado y hablar solo le enfadaba más. No podía seguir hablando con él. Quería marcharme corriendo de aquel lugar y no regresar más.

- Porque tú dejas que lo sea.

- Yo quiero quererte a ti - exclamó observándome fijamente y marcando cada una de las palabras.

- Pero tu corazón no te deja y debes fiarte de él.

Bajé la mirada y caminé directa a la puerta pero él se interpuso en mi camino impidiéndome marcharme.

- Henry... Creo que ya está todo aclarado...

- ¡NO!  Lola, por favor... Sin ti no soy nada. No puedes largarte. No puedes... - intentó retenerme colocándose frente la puerta.

- ¿Qué no puedo? ¿Dejarte solo? ¿Por qué? Tu corazón aprenderá a soportar el dolor como todos lo hicimos en su día. Yo no soy tu soporte. Tú lo eres - le aclaré mientras las gotas seguían cayendo por mis mejillas.

- Lola, no me abandones - suplicó mirándome a los ojos y cogiendo mi mejilla con su mano derecha. La acarició lentamente. Yo cerré mis ojos tambaleándome y negué con la cabeza.

- Henry, apártate.

Firme.

- No Lola, si te vas por esa puerta no vas a volver a entrar - afirmó enfadado mientras las lágrimas salían disparadas de sus ojos.

- Lo sé.

Impasible.


Le hice a un lado y salí de la sala. Me volteé una sola vez más antes de salir por la puerta principal. Mi mirada era fría aunque no había dejado de llorar durante mucho tiempo.






Él se mantuvo apoyado en la puerta observando cada movimiento que realizaba y aguantándose las ganas de correr a mis pies impidiendo que me fuera pero no lo hizo. Sabía perfectamente que era lo que yo quería y no intentó persuadirme ni nada por el estilo ya que sabía que hiciese lo que hiciese no conseguiría hacerme cambiar de opinión.

- Adiós Henry.

Y me fui, dejando atrás a un hombre desolado, triste, enfadado. apagado, taciturno, lúgubre...
Un sujeto que afirmaba quererme de verdad, amarme como nunca nadie lo había hecho antes.
Una persona con la que había compartido los mejores momentos de mi vida.
Un ser que se había convertido en mi amante, consejero, amigo... En definitiva, la persona más especial en mi vida.

¿Por qué? Yo le amaba como nunca había amado a nadie pero él en cambio, no estaba seguro.

No tenía claro sus sentimientos por mi pero en cambio, si tenía claro lo que sentía por Érica.

Necesitaba tiempo. Henry para aclarar sus ideas y yo para replantearme si era el hombre que llevaba esperando toda mi vida.



















Narra Miriam:






- ¡Dylan! - le acogí entre mis brazos con lágrimas en los ojos. Han pasado muchos días desde que los servicios sociales se lo llevaron. Le eché tanto de menos. Aún permitieron las visitas esta mañana y no pude esperar más tiempo, necesitaba verlo ya.

- Miriam, ¿por qué tardaste tanto en venir? Pensé que me habías abandonado... - murmuró el pequeño bajando la mirada mientras yo le cogía de las manos y le acariciaba la mejilla con cariño.

- No me dejaron verte hasta hoy. Nunca te abandonaré, ¿vale? Siempre estaré a tu lado - volví a acojerle entre mis brazos mientras Derek nos observaba sentado en uno de los sillones. No quiso entrar conmigo, se negó en seco. Fue una actitud muy extraña por su parte aunque lo importante, es que había accedido a acompañarme - ¿Qué tal te sientes aquí? ¿Los demás niños te tratan bien? ¿Jugáis juntos?

Se sentó a mi lado y se frotó los ojos antes de cogerme fuertemente de la mano.

- Al principio no me dejaban jugar con ellos al escondite. Decían que no formaba parte de su grupo. Luego, Jon hizo que al final me dejasen. Desde que conocí a Jon todos se portan bien conmigo.

- ¿Y quién es ese tal Jon? - le sonreí acariciando su mano. Él elevó su dedo índice indicándome quien era.

Detuve mi mirada en él. Parecía un chico mucho más mayor que Dylan. Tenía un aspecto fuerte y musculoso. El pelo lo tenía rapado y pequeñas marcas cubrían su cara. Aparte de que su ropa no era la más acertada para un niño de esa edad.
Jon saludó a Dylan y este le devolvió el saludo con una sonrisa.

- ¿Cuántos años tiene?

- Trece. Es muy bueno y también es mi compañero de cama. Me llama hermano pequeño - asintió sonriendo aún.

Parecía no disgustarle el lugar. Aunque... Aún llevaba pocos días aquí.

- ¿Te gusta este lugar?

- Prefería estar con mi padre en el hospital pero ahora que papá se ha reunido con mamá en el cielo supongo que tendré que quedarme aquí con Jon y la señorita Robin.

Los ojos se me llenaron de lágrimas. Odiaba toda esta situación. Ojalá el padre de Dylan estuviese vivo y él pudiese volver a su vida normal sin pasar por todo lo que está pasando.

- Conseguiré que salgas pronto de aquí, Dylan. ¿Te gustaría vivir conmigo?

- Si aunque ... ¿qué pasaría con Jon? - me miró fijamente mientras jugueteaba con sus pies.

- Podrás venir a visitarlo y jugar con él las veces que quieras - le sonreí para calmarlo y darle seguridad.

- ¡Sii! - se abalanzó sobre mi y me abrazó con fuerza. Le miré sorprendida y le seguí el abrazo - Te quiero, Miriam.

Esas palabras hicieron que mi corazón se ablandase. Pocas personas me lo habían dicho alguna vez. Recuerdo escasas veces en las que mi madre me lo dijo.

- Yo también te quiero, Dylan. Más de lo que imaginas - dije mientras lo sentaba en mi regazo y le hacía cosquillas en la tripa. Él comenzó a reírse con fuerza. Nunca lo había visto tan vivo, tan sonriente, tan... Feliz.

- Es hora de despedirse de tu visita, Dylan. Tienes que prepararte para ir a comer - le ordenó una mujer bastante seria que nos miraba a ambos con desprecio.

- No quiero que te vayas. Quiero que te quedes conmigo - dijo haciendo pucheros y con voz triste mientras me abrazaba con ganas.

- Ojalá pudiera quedarme. Mañana volveré y podré quedarme otro tiempo contigo - le sonreí tocando su nariz con la punta de mi dedo. Él me dedicó una sonrisa y se bajó de mi regazo.






- Adiós Miriam. Hasta mañana - se despidió con la mano mientras la mujer con cara de amargada se lo llevaba a la cocina.

- Adiós pequeñin - le lancé un beso y aguardé allí sentada hasta que le perdí de mi campo de visión.

Al salir del lugar, una mujer me tendió los papeles para la adopción de Dylan.

- Necesitarás un buen abogado y cumplir todos los requisitos de la lista. Cuando adoptas a un niño miran todo con lupa. No se les escapa ni un detalle. Suerte - me guiñó un ojo y continuó con su camino.

Guardé los papeles debajo del hombro y caminé hacia Derek. Este alzó la mirada al verme.

- ¿Qué tal? - preguntó levantándose y colocándose bien la cazadora.

- Dylan está contento. Ha hecho nuevos amigos y tienen una cuidadora que les trata fenomenal.

- Genial, ¿ves como no debes preocuparte? Está bien - susurró poniendo ambas manos en mis hombros y mirándome con ojos sinceros.

- Aún así... Este no es su lugar.

- En un tiempo, encontraran una familia para él. Todo saldrá bien, Miriam. Deja de preocuparte - me tranquilizó poniendo los ojos en blanco - Por cierto, ¿qué son esos papeles? - señaló frunciendo el ceño.

No debía contarle aún lo que tenía entre manos. No sé si le haría mucha gracia. Aún no es el momento. No quería mentirle pero no me quedaba otro remedio. Con el tiempo, se lo diré.

- Quieren saber cosas sobre Dylan y su situación. Me han pedido que rellene una serie de documentos. Nada importante - mentí bajando la mirada. Esperaba que no se diese cuenta.

- Miriam, creo que estás involucrándote demasiado en el tema. ¿No crees que deberías dejarlo en manos de la seguridad social?

- Ese pequeño está pasando por un momento muy delicado. Acaba de perder a sus dos padres. Soy lo único que le queda así que no me digas lo que tengo que hacer - mencioné mirándole y suspirando a la vez.

Es cierto, no debe de meterse en el tema. Dylan me necesita, ahora más que nunca. No pienso abandonarle.

- Si te conoce desde hace poco...

- Cállate y llevame al hospital, pendejo - le interrumpí mirándole extrañada y fingiendo estar enfadada.

Comencé a caminar directa a la salida. Él sonrió y me alcanzó al poco tiempo dándome una cachetada en el trasero.

- Todo esto es por lo que te quiero - me susurró al oído pasando sus manos alrededor de mi cintura.

- ¿Por insultarte? - bramé entre risas apegándome a su cuerpo.

- Por intentar siempre ayudar a los demás - soltó mientras me volteaba y le miraba a los ojos. Él me cogió de la nariz mirándome con ojos brillantes y no pude evitar reírme.






- Eres un completo idiota y te quiero - murmuré apoyando mi frente contra la suya.

- Buena teoría - miró a otro lado y luego asintió robándome un beso.






                                                                     






REQUISITOS PARA ADOPTAR UN NIÑO:




* Tener las suficientes capacidades para criarlo, darle educación y cuidarlo de la forma que se merece.

* Tener los medios suficientes para que no le falte de nada.

* No tener antecedentes penales ante un delito doloroso.

* Que la adopción sea beneficiosa tanto para el niño como para la persona que se ocupe de él.

* Ser la persona idónea para adoptar el niño.

* Adoptar no es como comprar ropa. No se puede devolver por eso debes tenerlo bien claro y pensarlo con detenimiento.

 
     • ¿Es lo mejor para él?

     • ¿Crees que serás capaz de ocuparte de él?

     • ¿Tendrás los recursos suficientes?

     • ¿Él se sentirá agusto y conforme con su nuevo hogar?


* La persona que quiere adoptar debe ser mayor de edad.

* Debe tener al menos 25 años ( en el caso de que sea una pareja, con que uno de los solicitantes lo sea, llegaría. )

* Además tiene que tener 14 años más que el adoptado.

* Debe estar en pleno ejercicio de los derechos civiles.


En Barcelona:

* Es importante que sea una pareja la que quiere adoptar un niño. No es necesario que estén casados pero si que lleven un mínimo de dos años conviviendo juntos.





IMPORTANTE:



Al principio, surgirán dudas, conflictos e incomodidades entre el adoptado y las personas que accedieron a adoptarle pero todo es cuestión de tiempo.

Debe ponerse en la situación del niño. No es fácil pasar de vivir una vida totalmente diferente a la que tenía antes.


Ayúdele y dele el cariño que se merece. Muéstrele que puede confiar en usted y que ahora, esta es su nueva familia.






                         







 - ¿Qué lees? - se entrometió Derek observándome de reojo.

- La mirada fija en la carretera. No quiero morir tan joven - protesté pegándole suave en la mejilla para que mirara hacia delante.

Él se rió y me siguió mirando por el rabillo del ojo.

- Mira a la carretera - bufé alzando la voz.

- Está bien pero dime que es eso.





Intenté entretenerle. Le agarré de la mejilla y besé suavemente sus labios. Él bufó sonriendo y yo apoyé mi cabeza en su hombro.

- Tus tácticas para cambiar de tema me gustan pero no funcionan conmigo, pequeña - bramó con voz sensual mientras me separaba de él quejándome por lo bajo. Finalmente, decidí contarle.



- Son los papeles que me entregaron. Los que debo cubrir sobre Dylan - mentí pasándole otro pequeño vistazo y luego guardándolos en el bolso.

- Ah, como te vi tan concentrada...

- Es que esto es importante, Derek. Estamos hablando de la vida de Dylan. De su futuro, de su presente - le interrumpí refunfuñando y negando con la cabeza.

- Miriam, ni que fueras la niñera de "The Sitter" - bramó poniendo los ojos en blanco.

- ¡No me compares con una bruja! - alcé la voz fingiendo estar cabreándome - ¿No me digas que no sientes compasión por el pequeño, solo y perdido Dylan? - pregunté mirándole con ojos brillantes y poniendo pucheros.

Él apartó la mirada de mi y frunció el ceño.

- Si, tal vez de pena pero no me gustan los niños, Miriam.

Eso me dejó terriblemente de piedra. ¿Por qué no me lo había dicho antes? Le miré atónita y suspiré. Él me miró durante unos segundos y volvió a centrar su atención en la carretera.

- Pues yo pienso tener muchos, muchos bebés así que vete haciendo a la idea, pendejo - le aclaré con obviedad mirando por la ventanilla.

Derek intentó aguantarse la risa, algo que le resultó imposible.

- Creo que tenemos mucho tiempo para pensar en eso - susurró con voz tierna dándome un beso en la mejilla.

Me quedé pensantiva. Ojalá tuviera más tiempo para convencerte...

- Claro... Tiempo... - sonreí forzadamente y continué callada el resto del trayecto.











Narra Lola:






Me senté en el bordillo de la carretera. Él me había traído, no tenía coche y no sabía como volver a mi apartamento. Estaba jodida y no volvería a llamar a su puerta para pedirle que me llevase a casa.

Sería muy incómodo para ambos...




Me limpié las últimas lágrimas que bañaban mi rostro y cogí mi celular intentando no derramar ni una sola lágrima más.

Elliot estaba de primero en mi lista de contactos, supongo que fue el último con el que hablé.
Borré el número de Henry mientras las gotas seguían fluyendo.

Todo esto me resultaba inimaginable. Hace tan solo unos minutos estábamos abrazados, haciéndonos cosquillas y comiendo chuches que lo único que hacían eran engordarnos y ahora, estaba aquí. Sola, helada de frío y sin saber que hacer frente a su casa cuando lo que me apetecía era llegar a casa y hartarme de helado de frambuesa y películas de Antena3.

Si, ver la vida perfecta de otras personas te distrae de la vida de mierda que tienes tú.

Llamé a Kinn. Hacía tiempo que no hablábamos. Desde que estaba con Henry me olvidé completamente de ella.

- Holaa, maricona de mierda. ¿Dónde te metiste todos estos días? Echaba de menos insultarte e irme a ligar contigo - bromeó como siempre solía hacer mientras me sonaba con uno de los pañuelos que tenía en el bolso.

- Enamorándome y echando mi corta y bonita vida a perder - suspiré con sinceridad mientras me acurrucaba sobre mi bolso y me abrochaba la cazadora.

- ¡Oh, nena! Te dije que enamorarse era solo un cuento de hadas. Los hombres no saben respetarnos, nos utilizan como si fuésemos títeres. Lo siento mucho, mona - me consoló con voz apagada y tranquilizadora. Me alegraba volver a hablar con ella. La echaba de menos.

- La culpa es mía. Vivía de los sueños. Pensaba que los cuentos de Disney podían hacerse realidad pero me equivocaba.

- Oye, tia. ¿Por qué no te vienes mañana con nosotras a una fiesta? Es el cumple de Sam y queríamos celebrarlo al máximo. Así te distraes, desconectas... No sé, piénsalo - me ofreció alzando la voz emocionada.

Y esa era solución número uno de Kinn. Bueno... creo que la única para ella. Beber, bailar, volver a beber, follar y al día siguiente, no recordar ni como te llamabas.

- No lo sé, Kinn. Lo veo muy precipitado.

-Tú piénsalo. Si accedes a venir, ya sabes donde es - rió mientras me subía el cuello de la chaqueta.




- Me das miedo. Mucho miedo. Eres capaz de venir a mi casa si no voy...

- ¿Lola? ¿Qué coño haces aquí fuera congelándote? - me interrumpió la voz de Miguel.

Me volteé y me quedé de piedra al verle con el pelo revuelto, la camisa completamente manchada y los pantalones holgados y rotos. Él mantenía el ceño fruncido y me observaba alzando una ceja con los brazos cruzados.

- Kinn, tengo que dejarte. Hablamos mañana - colgué sin dejar de mirar a Miguel y sentándome correctamente en vez de como una completa fulana.

- ¿Y tú que coño haces aquí? - señalé alzando el brazo mientras él me dedicaba una sonrisa traviesa.

Oh no... No estoy para tus chistes malos... Hoy no.

- Es mi puta casa. ¿Crees que voy a dormir en el coche teniendo una bonita cama?

- Oh dios, ¡cállate! - volteé los ojos levantándome y caminando a la vez, que le daba la espalda.

Las lágrimas volvieron a brotar por mis ojos, no quería que me viera llorar así que decidí irme cuanto antes.

- Emmm... Lola - llamó mi atención interrumpiendo en mis pensamientos.

- ¿Qué mierda quieres ahora? ¿Por qué siempre estás en medio joder? Eres como una puta mosca. Solo molestas y me tienes harta - alcé la voz mirándole furtivamente mientras me limpiaba las lágrimas con el pañuelo.

- Por ahí no es, ese camino no tiene salida. Es por allí - me señaló mientras su expresión cambiaba totalmente ante lo que acababa de escuchar - Pero gracias por tus palabras, yo también te quiero - vaciló dándose la vuelta mientras se secaba las manos llenas de grasa.

Le observé por unos instantes apretando los puños. Me había pasado y mucho. No solo le grité a él si no también a Henry. Tal vez, Henry se lo mereciera pero Miguel no...

Debía hacer lo correcto por una vez en todo el día. No lo dudé.

- Lo siento. No quería decir eso. Es solo que... - me mordí los labios intentando encontrar las palabras. Zarandeé la cabeza mientras comenzaba a llorar de nuevo. Me tapé la boca con la mano y cerré los ojos con fuerza.

Miguel caminó rapidamente hacia mi. Primero, se quedó inmóvil sin saber exactamente como  reaccionar y luego, me abrazó sin más calmándome.

Aparte de que olía a humo y a gasolina podrida, su acto tan repentino me ayudó a olvidarme de Henry durante unos segundos.

Una acción así por su parte me resultaba muy extraña. Debió de costarle lo suyo.
Supongo que debajo de ese caparazón de chico fuerte, duro y creído existía un hombre empático, amable y cariñoso. Tal vez, fue eso lo que conquistó el corazón de Marina.


Cuando dejó de abrazarme le miré a los ojos y me limpié las últimas lágrimas que bañaban mis mejillas.

- Hace frío. Vamos dentro - susurró sin levantar la mirada y comenzó a caminar hacia el garaje que se encontraba justo al lado de su casa.

- ¿Quieres Coñac? Ayuda en estos casos - me ofreció sirviéndose una copa a si mismo.

- ¿Ayudar a qué? - dije haciendo un gran esfuerzo por no volver a llorar.

- A no pensar, a olvidarte del mundo... Mientras no te pases dándole a la botella todo irá bien - sonrió sentándose sobre el capó del coche e indicándome que me sentase a su lado.

Dudé unos segundos pero finalmente me senté y aguardé a que me sirviera una copa.

- ¿Por qué te vas? O más bien... ¿Por qué te ibas? - preguntó sirviéndome a la vez que fruncía el ceño.

Suspiré y bebí el contenido de la copa de un tirón.

- ¡Wue! Como controlas, chorvo - rió sirviéndome de nuevo sin perder la vista de mi.

- Henry y yo lo dejamos - murmuré bufando mientras continuaba bebiendo.

- ¿Qué coño...? ¿Estábais saliendo? - se sorprendió levantándose y situándose frente a mi.

- ¿No te lo dijo? Me lo pidió en la cena de la playa. Se lo curró tanto... Y ahora todo se fue a la mierda - solté terminándome la copa de nuevo y extendiéndosela para que me la llenase nuevamente.
                                       
- Pensé que lo vuestro duraría. Se os vía tan... No sé - se encogió de hombros y apoyó sus manos en mis rodillas - ¿Pero quién dejó a quien?

Me estremecí y miré sus manos.
Tenía las piernas desnudas y su contacto hacía que la piel se me pusiese de gallina.

- Le pregunté sobre Érica, su ex. No debí hacerlo. Se puso furioso y dijo cosas que no debería de haber dicho... - murmuré mientras las lágrimas volvían a resbalar por mis mejillas.

- Henry sigue aún muy tocado con lo de esa chavala pero desde que te conoció no volvió a hablar de ella - me aclaró tendiéndome un pañuelo y volviendo a sentarse a mi lado.

- No lo entiendes. Me dijo que la seguía queriendo dándome a entender que solo era un juguete para calmar su corazón.

- ¡Joder! ¿Enserio dijo eso? Oye, él habló conmigo hace poco. Me preguntó si hacía bien al estar contigo y me confesó que no tenía muy claro si lo vuestro iba enserio o no. Él está haciendo un esfuerzo muy grande. Le conozco, tía. Sé que está súper pillado por ti pero lo de la chavala esa sigue fresco y necesita tiempo para aclarar la cachola. Ten seguro que te quiere - anunció alzando una ceja y asintiendo con la cabeza.

Tal vez tuviese razón, quiere olvidarse de ella porque le gusto y quiere empezar algo nuevo, a mi lado.

Me quedé un rato pensativa mientras Miguel me observaba y aguardaba una reacción por mi parte. Alcé la mirada.

- Voy a darle un tiempo... A él y también a mi. Necesito aclarar todo este revuelo cerebral - hice movimientos con las manos y sin querer le di a él en el rostro. Bajé mis manos y miré a los lados intentando no reírme. Me resultó imposible.

- Ni puta gracia, chorvo.


Su semblante era serio, su rostro lo decía todo. Estaba cabreado y que me riera lo empeoraba.

- Lo siento pero esta mierda me está afectando algo al coco - reí suave dándole vueltas a la copa.

- Mientras no te pongas a cantar "Soy una avioneta, mira como vuelo".

Comencé a descojonarme fuertemente. Lo cantó. ¡Si! Lo dijo cantando y en mi vida lo había escuchado cantar.

- ¿Pero quieres dejar de reírte de mi, joder? Vas a causarme un puto trauma - murmuró volviendo a ponerse serio. ¿Pero si hace unos míseros segundos se estaba riendo como un poseso?

- Bipolar de mierda. Ahora puedo reírme de ti hasta hartarme. Ya no eres mi cuñado - aclaré con obviedad bebiendo otro sorbo.

- Dame eso, te esta afectando y mucho, chorvo - murmuró cogiéndome la copa y dejándola bien lejos de mi.

- Aguafiestas - le eché la lengua y zarandee mis pies de delante a atrás con rapidez.

- No quiero que Henry me arranqué los cojines si te llegase a pasar algo.

- ¿Cojines? ¿Qué coño? - reí fuertemente hasta quedar tumbada sobre el capo.

- Fue el puto corrector, ¿vale? - rió a mi vez y se sentó en el suelo como un indio.

- No estamos hablando por WhatsApp. Me parece que alguien ha bebido más de la cuenta - moví mis cejas rápidamente y Miguel comenzó a reírse de nuevo.

- Pequeña alienígena, no sé como Henry pudo dejarte marchar.

Me encogí de hombros y mis mejillas cobraron un color cobrizo.

- Algunas personas no saben apreciar lo que tienen - bajé la mirada y él se sentó a mi lado.

- Dímelo a mi. Si Marina le diese la venada de largarse y abandonarme... No sé lo que haría la verdad pero nunca me arrastraría , eso seguro.

- Eso nunca va a pasar. No sé que mierda te vió pero te ama y nunca te dejará.

- Hablaré con Henry. Le echaré la bronca. En dos días lo tendrás debajo de tu falda de nuevo - sonrió mientras yo me mordía él labio y alzaba la mirada.

- No hace falta que lo hagas - murmuré mirándole fijamente a los ojos.




- Lola, mírate. Estás destrozada, no pienso dejar que Henry terminé con la mierda que tenéis. Me gusta meterme contigo, eres muy buena devolviéndolas y quiero seguir haciéndolo - bebió otro sorbo y comenzó a limpiar una pieza de su auto.

Puse una mano sobre su hombro y sonreí.

- Tú también lo eres.

Se volteó y asintió como si fuera muy obvio.

Me acerqué más a él y le miré a los ojos. Él me observó sin expresión intentando averiguar en que estaba pensando.



Sonreí y me acerqué a sus labios. Cuando estaba a punto de rozarlos, Miguel giró su rostro y bajó la mirada.

Me sentí avergonzada, una completa estúpida... ¿En qué estaba pensando?

No podía mirarle. Él se levantó y me dio la espalda mientras continuaba limpiando la pieza.

Esto se estaba volviendo muy incómodo, tal vez, era hora de irse a casa.

- Debo... Irme.

No contestó solo asintió con la cabeza sin ni siquiera voltearse. Mierda, la he cagado y como llegase a contárselo a Henry...

Me sentía una completa inútil. Me dejé llevar por la situación y está claro que él no tenía las mismas intenciones que yo.















Narrador Omnisciente: 









La doctora se encontraba en la habitación de Coque revisando sus constantes y comprobando que todo estaba en orden.

- Vaya, Coque. Estás mejorando más rápido de lo que esperábamos. Si todo va bien, la próxima semana te daremos el alta y podrás irte a casa - le sonrió Wilson mientras anotaba el estado del paciente en el historial. Ella estaba contenta. No lo admitió nunca pero Coque le importaba, le caía bien y tenía fe en que se recuperaría. De hecho, hizo todo lo posible para salvarle la vida cuando nadie esperaba que lo superaría.

- No sabes cuanto me alegra escuchar eso. Mis padres se alegrarán tanto - exclamó el chico eufórico mientras su mejor amiga le cogía de la mano y le sonreía con cariño.

- Les escuché decir a tus padres que vendrían más tarde - Jessy miró su reloj de muñeca y frunció el ceño - Están tardando.

- Tal vez, no encuentran la habitación. Desde que me cambiaron de la UCI siempre se equivocan.

- Tienes razón. Espero que se den cuenta - sonrió ella mientras el busca de la doctora sonaba.

Ambos amigos continuaban charlando mientras la doctora observaba el busca y tragaba saliva.
Jessy se dió cuenta y no dudó en preguntarle.

- ¿Ocurre algo, doctora?

- Acaban de mandarme un "Código Negro". Deben de haberse equivocado - guardó finalmente el aparato y terminó de rellenar el historial del paciente.

- ¿Qué significa "Código Negro" ? - preguntó Coque con curiosidad mientras miraba a ambas.

Jessy le apretó la mano con más fuerza pero él no se quejó.

- Amenaza de bomba - suspiró dirigiéndose a la puerta - Pero tranquilos, si fuese algo grave enviarían a alguien a avisarnos.

- ¿Ocurrió más veces? - preguntó Jessy preocupada sin dar crédito a lo que acababa de escuchar. No estaba muy confiada en que fuese solo una falsa alarma.

- No, "Códigos Azules" prácticamente todos los días pero...

- ¿Podría ir a comprobarlo? - le interrumpió Jessy mientras sus piernas flaqueaban.

- Jess, no pasa nada. Tranquila, no va a ocurrir nada. ¿No es cierto, doctora? - intentó tranquilizarla Coque mientras esperaba la respuesta de Wilson - ¿Doctora? - repitió al no recibir respuesta.

- Debo comprobarlo. Regreso enseguida - susurró con la mirada perdida. Se dió la vuelta y caminó hacia la puerta. Cuando estaba girando el pomo, unos chillidos llamaron su atención.

La gente estaba revolucionada. La doctora se asomó por el cristal y pudo comprobar que efectivamente, la alarma no era ninguna trola y que todos los presentes estaban en peligro.

Varios disparos resonaron por todo el hospital, un hombre armado se hizo presente en la planta y amenazaba a la multitud con un aire siniestro.

Las personas corrían de un lugar a otro, algunas se escondían, otras se tiraban al suelo y una pequeña minoría era captada por el hombre y herida en pocos segundos.

La doctora comenzó a respirar con dificultad. El miedo amenazó su cuerpo. Llevó una de sus manos a la boca y cerró los ojos con fuerza intentando tranquilizarse.

- ¿Qué está pasando, doctora? - bramó Jessy levantándose de su lugar con tono desesperado.

- ¿De dónde provienen todos esos gritos? - le siguió Coque frunciendo el ceño e intentando visualizar algo en vano.

- No hagan ruido. Quiero que se escondan, busquen un buen sitio donde nadie pueda encontrarlos. Su vida dependerá de ello - susurró con un tono de voz muy bajo - Un hombre armado está en la planta - tragó saliva.

Jessy estaba terriblemente atemorizada. Su cuerpo temblaba y sus nervios solo empeoraban la situación. Coque aún seguía intentando asimilarlo aunque le resultaba muy complicado.

La doctora volvió a mirar por el pequeño cristal de la puerta. El hombre se estaba aproximando a la habitación. Ya no quedaba nadie en la planta. Unos cuantos cadáveres se encontraban en el suelo y la sangre era la única que abundaba.

- ¿A qué esperan? Corred - bramó la doctora acercándose a la cama de Coque. Esta reclinó su cama con el pequeño mando - No te muevas, cierra los ojos y por el amor de Dios, no te muevas - murmuró tapándole el rostro con una manta e intentando calmar sus nervios.

Mientras tanto, Jessy se escondió en el baño. Cerró la puerta y se sentó en el inodoro intentando tranquilizarse. Se tapó el rostro con ambas manos intentando no sollozar ante la situación. Sus piernas no dejaban de moverse y hacer ruido.

La doctora se escondió debajo de la cama donde se encontraba Coque. Agarró sus rodillas con fuerza y no se movió ni un solo milímetro.

Jessy logró dejar de moverse cuando sintió la puerta de la habitación abrirse lentamente.

La puerta chirriaba y eso solo lograba poner de los nervios a todos los presentes.

El hombre armado se quedó paralizado frente a la cama. Wilson, observaba sus pies quietos mientras se tapaba la boca y las lágrimas salían disparadas de sus ojos.

Los zapatos del hombre comenzaron a moverse directos a la cama. Hacían un ruido bastante molesto que lograba incomodar a Jessy que se mantenía completamente callada en el cuarto de baño.

Los zapatos volvieron a detenerse y la doctora rezó mentalmente para que el hombre no se diera cuenta de su presencia.

Este, destapó el cuerpo de Coque. Coque se quedó quieto y mantenía los ojos completamente cerrados como la doctora le había indicado minutos antes.

- ¡Oh dios! ¿Cómo pueden hacer esto? - exclamó el hombre pasándose las manos por el rostro y tomando asiento en la silla donde Jessy estaba anteriormente sentada.

Wilson no entendió las palabras del hombre. Este, sacó una caja de cigarros del bolsillo y se dispuso a fumarlos dejando el revólver en el suelo.

La doctora se asustó y se engruñó aún más intentando no perder la calma y soltar un gran grito.


Nunca se supo el tiempo que estuvo allí sentado y fumando aquel hombre. Parecía interminable y a todos los presentes le incomodaba. Todos deseaban que se marchase de una vez y así poder salir de sus escondites.

Volvió a recoger su revólver y se dirigió a la salida. Algo le detuvo, se volteó nuevamente y caminó hacia la cama.

Jessy se levantó acercándose a la puerta. Se arrodilló frente a ella y posó una oreja intentando escuchar con claridad lo que estaba ocurriendo. Sus intentos fueron en vano pero aún así no se atrevió a abrir la puerta.

El hombre se sentó sobre sus rodillas y tiró de los pies de la doctora.

- ¡No! ¡Suélteme! ¡No! - gritó con voz alzada y fuerte intentando safarse de su agarre.

Wilson movía las manos sobre el suelo intentando hacer fuerza y oponerse a él.

Finalmente, el hombre armado logró sacarla de debajo de la cama. Esta se dió la vuelta y horrorizada se agarró a una de las patas de la cama.

Él pudo contemplar el horror en sus ojos. Estaba atemorizada, su vida estaba en peligro y no podía hacer absolutamente nada.

Alzó ambas manos en señal de defensa y tragó saliva sintiendo como su vida llegaba a su fin.

Todo lo que había logrado todos estos años no había servido para nada. La residencia, todos los años perdidos con su ex-marido... Y luego recordó a su novio, a sus hijos y a su pequeño perro guardián.

Nunca los volvería a ver y todo porque un chaval sin escrúpulos había invadido el hospital donde ella trabajaba y la había amenazado con una arma.

El hombre decidió no terminar aún con su vida y disfrutar del momento viendo como la doctora se arrastraba intentando salvar su propia vida.

- ¿Qué me ofreces a cambio de tu vida? - murmuró con rintintín mientras Wilson continuaba agarrada a la cama como si la vida le fuera en ello.

- No tengo nada que ofrecerte - gruñó ella expectante intentando simular que no tenía miedo cuando en realidad, los nervios la carcomían por dentro.

- ¿Eres cirujana? - continuó interrogándola el hombre mientras caminaba de un lugar a otro con el revólver en la mano derecha. Se acercó a la ventana y cargó el arma haciendo que la doctora cerrara los ojos con fuerza y se agarrara más fuertemente a la cama.

- No, si te parece soy veterinaria - soltó ella irónicamente mientras el hombre soltaba una risa apagada y sin vida.


- No me gusta tu sentido del humor - bramó el hombre acercándose de nuevo a ella y alzando su arma con fuerza.

La doctora se mantenía tumbada en el suelo, sin moverse y el corazón parecía irle a mil por hora cada vez que se acercaba a ella.

- Ojalá te pudras en la cárcel de por vida, gilipollas - murmuró con voz sincera y bien fuerte.



Nada más escuchar el hombre sus palabras no dudó en apretar el gatillo y disparar a la doctora en el centro de la frente.

El sonido de la bala retumbó en prácticamente toda la habitación.

El cuerpo sin vida de la doctora Wilson se mantenía tendido en el suelo con los ojos muy abiertos.

- Nos veremos en el infierno, zorra - susurró el hombre poniéndose a la altura de ella y riéndose levemente.

La sangre comenzó a inundar todo el suelo. Era de un color rojo pasión y cada vez se extendía más llegando casi a los zapatos del hombre.

Mientras tanto, Jessy se tapaba la boca y lloraba en silencio tras la puerta. Temía que aquel disparo fuera a parar en el cuerpo de Coque. Estaba terriblemente asustada y el miedo corría por sus venas.

Se acurrucó en el frío suelo y aguardó un rato a que el ambiente se calmase y el hombre se marchara.

Finalmente, el hombre se marchó de aquel lugar mirando por última vez a su alrededor. Cerró la puerta con fuerza y emprendió de nuevo su camino.

Coque y Jessy aguardaron un rato más escondidos por temor a lo que podría pasar.

Jessy fue la primera en reaccionar, salió del cuarto de baño con cuidado y abriendo la puerta con lentitud.

- ¿Doctora Wilson? ¿Coque? - murmuró entre lágrimas intentando visualizar lo que ocurría a su alrededor.

- ¿Jessy? ¿Estás bien? - exclamó Coque abriendo los ojos y mirándola fijamente.

- Si, ¿Y tú? - susurró frotándose los ojos inundados de lágrimas y aclarando así la vista.

Corrió hacia la cama donde se encontraba el chico pero resbaló cayendo sobre el cadáver de la doctora Wilson, el cual se encontraba bajo los pies de la cama.

Jessy aguantó sus ganas de gritar fuertemente y miró sus manos impregnadas de sangre.

- ¡Dios mío! - reaccionó al fin apartándose del cuerpo con rapidez y levantándose del suelo.

- ¿Qué ocurre? - preguntó Coque sentándose sobre la cama correctamente.
Este se asombró al observar a Jessy cubierta totalmente de sangre y con la mirada perdida.

- La doctora Wilson está muerta - susurró llorando aún más fuerte y quedándose de pie frente la cama de Coque.

- Por un momento, pensé que te habían disparado a ti. ¡Dios! Todo esto es de locos. Un tipo con una pistola ha entrado en el hospital y ha disparado a la doctora que me atendía - habló Coque para si mismo mientras Jessy se llevaba las manos a la cabeza y lloraba sin más - Tienes que ayudarme con estos cables - dijo Coque al poco tiempo mientras se deshacía de la sonda. Al ver que Jessy seguía bloqueada observando el cuerpo sin vida de Wilson. Se levantó de la cama y ayudándose del aparato que contenía el suero se dirigió hacia Jessy y apoyó una de sus manos sobre su hombro.

- Jess, sé que todo esto es muy fuerte pero debes reaccionar. Tenemos que irnos de aquí y buscar una salida. Puede volver y la próxima vez no saldremos ilesos de aquí - le susurró cariñosamente mientras ella dejaba de llorar y le miraba fijamente a los ojos.

- Esta...Esta bien - respondió tartamudeando mientras Coque le sonreía intentando calmarla.

- Así me gusta. ¿Puedes ayudarme a caminar? Así llegaremos más rápido.

Jessy le agarró por la cintura y él se apoyó en ella para poder caminar mientras aguantaba de la vía.

Antes de salir de la habitación, comprobaron que ya no quedaba nadie en la planta y salieron directos al ascensor caminando con lentitud por lo que pudiese pasar.

- Coque, ¿todos ellos son cirujanos? - murmuró Jessy dirigiéndose a los cadáveres y tragando saliva a medida que avanzaban entre ellos.

- Creo que si. Todos llevan el uniforme - soltó Coque contemplando la multitud de gente completamente muerta.

Al llegar al ascensor, Jessy presionó el botón pero no se sentía el ruido de los mecanismos bajar.

- Déjame a mi - soltó Coque volviendo a darle al botón y aguardando a que bajase o subiese. Volvió a darle repetidas veces pero el ascensor continuaba sin ir.

- ¡Mierda, mierda, mierda! - repitió Jessica entre gritos mientras pegaba con sus puños en la puerta del ascensor.

- Debieron de haberlos cortado por el tiroteo - bramó Coque tocando el hombro de Jess - Aunque le pegues cien mil patadas no va a ir.

Jess se volteó y le abrazó con fuerza mientras las lágrimas salían disparadas de nuevo por sus mejillas.

- Tranquila, ojalá pudiera decirte que todo saldrá bien pero para ser exactos... No lo sé - mencionó Coque siguiéndole el abrazo.

Jess alzó la mirada. Había manchado el camisón de Coque de la sangre de la doctora Wilson.

- ¿Qué vamos a hacer ahora? Tardaremos horas en bajar las escaleras y la planta baja no es segura.

- No tenemos otra alternativa. Si nos quedamos aquí tal vez vuelva - murmuró Coque observándola directamente a los ojos mientras le secaba las lágrimas con los pulgares.

- No quiero morir, Coque - soltó Jess creando un silencio incómodo entre ambos.
Ambos continuaron caminando por la planta buscando las escaleras principales.

La planta era inmensa y parecía no tener fin. Se encontraron con muchísimos cuerpos sin vida, sangre y un ambiente frío y aterrador.

Ambos deseaban salir de allí cuanto antes. Suerte que al menos, se tenían el uno al otro.













Narra Miriam:




Al llegar al hospital, un gran rebumbio de gente se encontraba frente a el. Cientos y cientos de coches de policías se encontraban justo en la entrada. Vallas para restringir el paso, conos de emergencia y cientos de agentes con trajes antibalas invadían el lugar.

Más coches camuflados llegaban al hospital.

El ruido que todo eso provocaba hacía que mis oídos quisieran salir huyendo de allí.

Derek se acercó a mi después de aparcar el auto. Contempló los alrededores con el ceño totalmente fruncido y me miró confundido.

- ¿Qué ha ocurrido? ¿Esos son policías armados? - señaló él sin dejar de contemplar los alrededores.

- Nada bueno, eso seguro - mascullé mientras uno de los policías pasaba apresurado por nuestro lado. Lo detuve inmediatamente.

- ¿Puede decirme que ha ocurrido? - le pregunté intentando no ponerme de los nervios.

- Un hombre armado ha entrado en el hospital. Ha disparado a un número importante de personas. Estamos preparándolo todo para poder entrar y hacer algo al respecto. No puedo decirle nada más, señora. Es lo que sé - me explicó - Va a tener que acudir a otro hospital.

- Mi hermano está ahí dentro - exclamé mirándole mientras el mundo se me caía encima.

- Lo lamento. Haremos todo lo posible para sacar al máximo número de personas - se lamentó volviendo a su trabajo.

Miré a Derek sin poder dar crédito a lo que estaba ocurriendo.

Él se limitó a cogerme de la mano con fuerza y mirar el hospital.

- No pienso dejar que Coque sea asesinado por un gilipollas con un arma - anuncié recapacitando sobre la situación que estaba viviendo. Coque estaba aún dentro, no podía ni imaginarme por lo que estaría pasando.

- Miriam, no te dejarán entrar. Además es muy peligroso - dijo mirándome a los ojos y leyéndome el pensamiento.

- Derek, ya pasé por esto una vez. Sentí que le perdía... No quiero volver a pasar por lo mismo.

Me mantuve firme y testaruda. Nada me haría cambiar de opinión. Iba a entrar, costase lo que me costase.

- Hazlo por mi, no quiero perderte Miriam. Acabo de recuperarte - murmuró sin dejar de cogerme de las manos y acariciando mi mejilla con ternura.

- Lo siento - susurré a su oído soltando sus manos y echando a correr directamente a la entrada del hospital. Un montón de guardias resguardaban el lugar. No tuve más remedio.

Opté por entrar por la puerta trasera de emergencias. No había moros por la costa. Tenía la vía libre.

Forcé las puertas pero estaban cerradas. Probé de nuevo y finalmente, cogí una barra de metal que se encontraba en el suelo e hice fuerza consiguiendo abrir la puerta.

Una vez dentro no pude ni imaginarme lo que había al mi alrededor.

El policía tenía razón. El hombre estaba armado y había matado a un número indecente de personas.

Aún así, no tenía miedo. Tenía que encontrar a mi hermano lo antes posible, previamente que el tipo armado.

El tiempo corría, debía darme prisa.

Me aventuré por los pasillos del hospital sin un rumbo fijo.

Sin miedo, sin rumbo, sin remordimientos y llena de esperanza.

Si, así me sentía.















martes, 30 de agosto de 2016

(T2) CAPÍTULO 40: UN BAÚL SI ABRIR






DÍA: 1 DE SEPTIEMBRE

















Narra Pris:







[ 1/9/10; 15:08 ] Álvaro: Intento 16: Por favor, accede a venir conmigo a la piscina. Espero tu respuesta.

Visto a las 15:10


[ 1/9/10; 15:11 ] Álvaro: ¡Vamos, Pris! Me gustan las palomitas pero en WhatsApp no me agradan.
Contéstame.

Visto a las 15:16


[ 1/9/10; 15:17 ] Álvaro: ¿Quieres que te suplique? Nunca lo hice pero por ti lo haría.

Visto a las 15:17


[ 1/9/10; 15:19 ] Álvaro: Por favor... Pequeña retorcida. Acepta mi invitación. Me harías el chico más feliz del mundo.


Álvaro ha enviado una foto.







[ 1/9/10; 15:21 ] Álvaro: ¿Ves? Es para que veas que no te miento. Nunca lo hago, nena.


No pude evitar soltar una sonora carcajada mientras miraba mi celular. Este chico no tenía remedio. Nunca maduraría.
Desde hace unos días, no paraba de enviarme mensajes pidiéndome que quedara con él en la piscina.
Eso me hacía gracia, apenas tenía tiempo para comer por culpa de mi trabajo. No podía aceptar su invitación tampoco es que me interesase mucho su oferta.

Decidí contestarle de una maldita vez ya que resultaba bastante insistente y eso me ponía de los nervios. Además, la foto que me envió me hizo muchísima gracia. Nunca pensé que sería capaz de enviarme una fotografía para convencerme.


[ 1/9/10; 15:29 ] Priis: Sales muy favorecedor ;) , Gango.


Escribiendo... Escribiendo... Escribiendo...


¡Oh no! Creo que no debí de contestarle. Ahora se emocionará pensando que aceptaré su proposición o al menos me convencerá para que lo haga.
Pris, definitivamente eres gilipollas.


[ 1/9/10; 15:29 ] Álvaro: ¡¡¡Al fin!!! Pensé que me castigarías eternamente. Bien, ¿mañana a las cuatro te viene bien?

[ 1/9/10; 15:35 ] Priis: Para el carro, Gango. ¿En qué momento dije que aceptaba quedar contigo?

[ 1/9/10; 15:36 ] Álvaro: Acabas de hacerlo, nena.

[ 1/9/10; 15:39 ] Priis: Tengo mucho trabajo en la tienda. No puedo quedar.


Visto a las 15:39


Creo que al fin lo ha comprendido. Celebré mi victoria y salí de mi auto.

Hacía un muy buen día, pues el sol se había apoderado del cielo y las nubes se habían desvanecido por completo. La luz reflectaba con fuerza y la calor era casi insoportable.
Me encaminé hacia ella mientras me colocaba las gafas de sol en su lugar.

Toqué el hombro de Miriam. Esta se dio la vuelta en un par de segundos y me obsequió un abrazo de muerte estrujándome con fuerza.

- Miriam... Soy muy joven para morir - susurré apenas sin aire. Ella se separó con rapidez y me observó de arriba a abajo - Gracias - mencioné suspirando aliviada mientras disfrutaba del aire que respiraba. Pena que fuera muy escaso.

- ¿Zapatos nuevos? ¿Pretendiente nuevo? - arrugó su frente y alzó una ceja mientras se cruzaba de brazos interrogante.

- Me los compré yo, tonta. Ya sabes que no tengo tiempo para enamorarme - volteé los ojos y miré mis nuevos zapatos.

¡Vaya! Se había dado cuenta nada más verme. Propio de ella y su mente descabellada.

- ¡Já! No necesitas tener tiempo para eso. El amor llega cuando menos te lo esperas - espetó observando a los alrededores.

- Ya veo... A ti te vino de regalo con tu auto - reí suave mientras ella golpeaba mi brazo indignada.

Sus mejillas cobraron color mientras sus manos se volvían puños.
Parecía un tomate y eso me hizo reír aún más.


- No tengo culpa de que los dependientes de las tiendas estén para comérselos.

- Claro, amiga. Lo entiendo - alcé ambas manos para que su ira se calmara y decidí abordar el tema - ¿Qué hacemos aquí?

- Esta es la entrada del edificio de Derek - se explicó cambiando totalmente su expresión.

Observé el edificio y silvé contemplando cada rincón. Era un gran bloque de apartamentos. Como en los que suelen vivir los niños pijos y ricos los cuales se piensan que son los mejores por tener todo lo que desean con solo chasquear los dedos. Poco conocía a Derek, apenas hablamos para decirnos los buenos días. Aún así no parecía el típico chico egoísta y engreído que sale en las películas.
Aparentaba ser un chico sencillo, con modales y bastante maduro. Bueno, ya sabes lo que dicen. La apariencia no es lo que importa ni las cosas que posea si no, el interior de esa persona.





- ¿Qué te hizo el pobre chaval? ¿Acaso quieres tdepositar dinamita a todo el edificio? Piensa que hay cientos de personas que no tienen la culpa de que tu novio sea un iluso - exclamé dirigiendo de nuevo mi mirada hacia ella.

- No, perra. Él no hizo nada... bueno, al menos aún no - meneó sus pestañas cuidadosamente - Simplemente... Estamos aquí por una buena razón. Algo me ronda por la mente últimamente...

- ¿Tienes miedo de que te esté poniendo los cuernos con la cartera? ¿Por eso estamos aquí? ¿Vamos a espiarle? - me sorprendí haciendo numerosas preguntas mientras me frotaba las manos con curiosidad.

Siempre quise hacer algo así. Dejar mi típica y aburrida vida y entrometerme en un alocado e intrépido desafío. ¿Y qué mejor que espiar al infiel novio de tu amiga?

- ¡NO! - gritó volviendo a contener su rabia - Verás, hace varios días que el portero del edificio desapareció y nadie sabe nada de él. Pregunté a unos cuantos vecinos del edificio y todos dicen lo mismo. La última vez que le vieron fue el martes pasado cuando estaba limpiando el rellano...

- ¿Y qué pasa? - le interrumpí bordemente.

- ¿Cómo que qué pasa? Conseguí su dirección. Vive justo aquí en frente - señaló su casa y luego volvió a dirigirse a mi - Me daba un poco de corte ir yo sóla por eso te llamé.

- ¿Por qué te importa tanto? ¿Es qué acaso estás engañando a Derek con él? - me llevé ambas manos al rostro y le miré con cara de sorpresa - Nunca pensé esto de ti, Minnie.

Volvió a cruzarse de brazos poniendo los ojos en blanco.

- Estoy hablando muy enserio, Pris. Guárdate ese tipo de comentarios, ¿ok?  - suspiró seria cambiando su expresión por completo.

- Está bien. Vamos a ver al viejecito - dije encaminándome hacia su casa mientras Miriam me miraba de muy mala manera y me seguía desde un poco más atrás.


Mi móvil vibró. Miré a Miriam la cual parecía estar metida completamente en su mente. No dudé en mirarlo pensando que sería Jess o alguno de mis padres.

[ 1/9/10; 16:05 ] Álvaro: Pues seguiré mandándote mensajes cada día hasta que aceptes quedar conmigo.

¡Oh no! ¿Es qué este chico nunca se cansaba? ¿Nunca se daría por vencido?

[ 1/9/10; 16:07 ] Priis: Hazlo y te denunciaré por acoso.

[ 1/9/10; 16:10 ] Álvaro: Intento 17: Por favor Pris, acepta quedar conmigo. Me da igual si es en la piscina o en el gallinero pero tú solo... di que si.

¿En el gallinero?  ¿Eso iba con segundas o qué?

Visto a las 16:11

[ 1/9/10; 16:13 ] Álvaro: Vamos, nena. No te hagas la desentendida.

Visto a las 16:13

[ 1/9/10; 16:14 ] Álvaro: P

[ 1/9/10; 16:14 ] Álvaro: R

[ 1/9/10; 16:14 ] Álvaro: I

[ 1/9/10; 16:14 ] Álvaro: S

[ 1/9/10; 16:14 ] Álvaro: A

[ 1/9/10; 16:14 ] Álvaro: C

[ 1/9/10; 16:14 ] Álvaro: E

[ 1/9/10; 16:14 ] Álvaro: P

[ 1/9/10; 16:15 ] Álvaro: T

[ 1/9/10; 16:15 ] Álvaro: A

[ 1/9/10; 16:15 ] Álvaro: Te regalaré tus flores favoritas.


Visto a las 16:16 

[ 1/9/10; 16:18 ] Álvaro: Veo que no te gustan las flores.

[ 1/9/10; 16:18 ] Álvaro: ¿Y bombones?


Visto a las 16:18 

[ 1/9/10; 16:19 ] Álvaro:¡Vamos! No puedes decir que no al chocolate.

[ 1/9/10; 16:19 ] Álvaro: Es un delito muy grave.

[ 1/9/10; 16:19 ] Álvaro: Te condenarían a cadena perpetua.

[ 1/9/10; 16:19 ] Álvaro: PRIS

[ 1/9/10; 16:20 ] Álvaro: SOLO DI SI


Visto a las 16:20


Me hacía muchísima gracia. Lo que podía llegar a decir con tal de que quedase con él. Se inventa tantas películas...

[ 1/9/10; 16:20 ] Álvaro: Vale, haremos un trato. No tienes porqué decirlo.

[ 1/9/10; 16:22 ] Álvaro: Si me dejas en visto significa que vendrás mañana a las cuatro a la piscina conmigo.


Visto a las 16:24

[ 1/9/10; 16:24 ] Álvaro: No sabes lo feliz que me has hecho. Miraré si mi bañador está limpio.

Has bloqueado a Álvaro.
Toca dos veces para desbloquear este contacto.


No quería hacerlo pero él mismo me obligó.
Puede llegar a resultar muy insistente y pesado a la vez. Miriam me observó de reojo mientras seguíamos caminando en completo silencio.
Guardé mi teléfono y acicalé mi cabello.

Mañana tal vez lo desbloquease. Me sentía mal por bloquearle aunque no me dejó otra opción.
Al menos, ahora podré estar tranquila sin escuchar continuamente el puto silvido de mi celular.

De repente, sentí mi móvil sonar en mi bolsillo. Volteé los ojos al ver que era él de nuevo. Corté la llamada y silencié el móvil con rabia.

Comencé a caminar más velozmente deseando llegar a la casa del portero.

- ¡Hey! Qué tu querido pretendiente te de la lata no son motivos para aumentar el paso - se quejó Miriam intentando no mostrar una ridícula sonrisa en vano.

- Conserva tu vista, querida. Con el tiempo la necesitarás - solté mientras sentía como la sangre me hervía por momentos.

- ¡Uoh! ¿Qué me perdí en aquella sala de cine? ¿Os metisteis mano como dos jóvenes adolescentes o optasteis por el conocido sexo oral?

Rió con fuerza observando mi rostro. Ahora mismo parecería un monumento.
¿Cómo podía sugerir que Álvaro y yo teníamos algo? ¡Es imposible! Aún me sentía un poquito mal por haberle bloqueado aunque pensándolo bien... aún le queda la piscina.

- ¿Sabes? Métete tus palabras en el culo. En vez de preocuparte por mi deberías de ir pensando a que hombre agarrarte después de que Derek corte contigo por lo sano.

- ¿Por qué iba a dejarme? Él me ama. ¿Acaso tienes celos de nuestra relación, Priscila Aliston? - se defendió dejando de caminar para mirarme desafiadamente.

- No, ¿qué mierda te pasa por la cabeza? Soy muy feliz sin estar agarrada a un hombre. No te envidio si no todo lo contrario. Me parece una tontería que te comprometas con alguien teniendo solamente dieciocho años. Deberías disfrutar de la vida como todos - murmuré siguiéndole el juego y deteniendo el paso.

- Claro papá - puso los ojos en blanco como si conociese mis simples palabras a la perfección - ¿Es que acaso tener veinte años y alejar a cualquier persona que tenga dos pelotas y un salchichón de tu vida es disfrutar? - le miré levantando ambas cejas, incrédula. Nunca me dijeron eso aunque en cierto modo, tenía algo de razón - Pris... Solo dejémoslo estar, ¿vale? Yo soy feliz y me alegro de que tú también lo seas pero deja de juzgarme. Yo elegí mi vida como tú en tu momento elegiste la tuya. No por eso eres más especial.

Mierda, ¿era feliz? Estaba claro que mi trabajo me entusiasmaba y me había costado sudor llegar a donde estoy pero... Era lo único que tenía aparte de a mis amigas. ¿De verdad era feliz? ¿Me conformaba solamente con eso?

Comenzó a caminar y al ver que yo continuaba inmóvil recapacitando en sus palabras, se volteó y exclamó mi nombre.

- ¿Vienes o te rajas? - me echó la lengua. Comencé a correr mientras una sonrisa se dibujaba en mis labios. Ella se sorprendió pero no por eso quedó atrás. Ambas corrimos hacia la casa del portero.

El viento era suave y soplaba cara al Sur. Reí mientras mi cabello disfrutaba de la ventisca.

Llegué y alcé ambos brazos sintiéndome una verdadera campeona.

- ¡Gané! ¡Llegué antes que tú! -  exclamé mientras apoyaba ambas manos sobre los muslos y recuperaba la respiración.

Ella me alcanzó y apoyó su mano sobre mi hombro mientras se limpiaba el sudor de su rostro.

- Estamos viejas para dar estos trotes. Con diez años menos, podría subir y bajar el Big Ben y ni enterarme - bramó entre risas recuperando su compostura.

- Y que lo digas, Minnie. Corres muy rápido. Me costó ganarte - murmuré alabando su capacidad de resistencia.

Ella asintió caminando hacia la entrada de la casa.

La contemplé mientras Miriam trataba de escuchar algo al otro lado de la puerta.
Era linda aunque parecía vieja y un poco descuidada. Las pocas flores que se podían distinguir frente a las ventanas lucían hermosas aunque estaban comenzando a secar. Podía hacer tranquilamente 5 días que no se regaban. Las ventanas eran grandes y blancas. Del siglo catapúm seguramente.
El tejado claramente era de tejas como en antaño aunque ya habían perdido su color natural.

Era una casa pequeña pero acogedora.





- Vaya, debe de tener unos 156 años - dije acercándome a donde se encontraba Miriam. La cual exploraba el lugar con mucha curiosidad.

- ¿Te refieres a Jerry o a la casa? - murmuró adivinando mis intenciones de burlarme del viejo portero.

- A ambos - reí sin ganas - ¿Vas a llamar o qué?

Esta tocó a la puerta. Naturalmente, era de esperar que ni siquiera tuviese timbre.

Apoyó su oreja en la puerta y negó con la cabeza. No se escuchaba absolutamente nada al otro lado de la puerta. La casa parecía estar desierta.

Miriam volvió a insistir numerosas veces pero el viejo continuaba sin dar señales de vida.

- Nada.

- Al menos lo intentamos - murmuré mientras me volteaba y me dirigía de nuevo a retomar el camino. Al ver que Miriam se había quedado atrás volví a girarme - ¿Qué pasa? ¿Sigues agotada por la carrera? Yo no soy Dani, no me ofreceré a llevarte a caballito - justifiqué alzando ambas manos y zarandeándolas a los lados.

- Cállate. Intento pensar - me ordenó distraída en sus pensamientos. De pronto, chasqueó los dedos y no dudó en entrometerse en la parte trasera del jardín de la casa.

No dudé en seguir sus pasos aclamando su atención.

- ¡Miriam! ¡Miriam! ¡Minnie! - bramé intentando alcanzarla - Esto es allanamiento, ¿sabías? - pasé mi lengua por mi labio inferior observando cada movimiento que realizaba -  ¿Y si nos pillan? ¿Quién se hará cargo de la tienda mientras yo esté en prisión?

De pronto, una puerta trasera se vislumbró ante mis ojos.

- ¡Bingo! Si por delante no hay manera inténtalo por atrás - se acercó a la puerta sin ni siquiera voltearse en mi dirección.

- ¿Enserio piensas que es la puerta mágica de Doraemon? Si la de delante está cerrada esta también lo estará - pensé en alto con obviedad mientras ella manipulaba la puerta sin ninguna dificultad.

Miriam me miró jugueteando con ambas cejas y yo no dudé en entrar detrás de ella.

Aún seguía sorprendida por la imprudencia del viejo. Debería de asegurarse de echarle el pestillo a todos los rincones de la casa en vez de andar desapareciendo por ahí.

El chirrido de la puerta alarmó mis siete sentidos. Miriam se sentía como Sherlock Homes pero en femenino y con más pelo.

Al fin, la puerta se abrió por completo y pudimos ver con nitidez lo que había en el interior.

- Miriam... Te dije que no era buena idea - murmuré con voz entrecortada mientras observaba el interior de la casa.
























Narra Coque:












- Bien Coque. Todo parece funcionar correctamente - mencionó la doctora guardando su estetoscopio y sonriéndome - Tus constantes están bien. Pronto podrás volver a comer.

- Menos mal. No sabes como me apetece una buena pizza - murmuré relamiéndome los labios mientras me imaginaba en mi mente una pizza de cuatro quesos con una muy buena pinta. El queso totalmente fundido, el pan tostado y el tomate sin salirse de su lugar.

- Pizza no. Eso no es saludable además es aún demasiado para tu estómago. Te traeremos una sabrosa ensalada y pudin de zanahoria.

- Joba, doctora. Ya me había hecho ilusiones - suspiré haciendo pucheros y miré a un punto fijo intentando hacerme la víctima.

- Lo siento. Podrás comer pizza en unos meses, no te preocupes - me sonrió nuevamente cogiendo los informes entre sus manos - Luego te veo. Por cierto, tienes visita - me informó saliendo por la puerta y dejando un silencio abrumador.

Gracias a las aspirinas que me cedió la doctora Wilson, la cabeza dejó de dolerme. Tenía mucha hambre. El suero ya no conseguía saciar a mi estómago recién operado.

De pronto, la puerta se abrió con sutileza y la pequeña Jess se quedó observándome unos segundos antes de entrar en el cuarto y cerrar la puerta.

- ¡Hey, Jess! - le saludé alzando una mano. Aparté todos los utensilios que tenía sobre la cama para que ella tuviese un lugar donde sentarse. Ella no pudo evitar reírse mientras me ayudaba con algunas cosas.

- Veo que hasta eres desordenado en el hospital. No tienes remedio - ladeó la cabeza y tomó asiento a mi lado mientras yo estiraba mis brazos y bostezaba por lo bajo.

- En casa aún es peor y lo sabes - bramé encogiéndome de hombros como si no tuviese la culpa de ser como soy - Por cierto, ¿hoy no trabajas? Apuesto una botella de suero a que te escapaste poniendo la excusa de " mi amigo está enfermo" - exclamé juguetón alzando una ceja.

Esta rió mientras se despojaba de su cazadora. Esto era como un búnker sin duda alguna, no había ventanas ni aire acondicionado y la verdad es que hacía una calor terriblemente horrorosa.
Menos mal que al día siguiente me cambiaban de habitación. Deseaba ocupar una de las lindas habitaciones de la planta superior.

- En todo caso diría "mi mejor amigo" y no, no me escapé. Solo terminé mi turno - apoyó su mano sobre una de mis piernas - ¿Cómo estás?

- Muy bien según la doctora Wilson. ¿Cuando comienzas el turno? - pregunté interesado mientras ella suspiraba. Tenía calor, lo sabía.

- A las seis de la mañana y termino a las cinco de la tarde.

- Joder, jornada completa. ¿Y los findes? -pregunté mientras llevaba mis manos a la frente y reclinaba la cabeza hacia atrás.

- Libro aunque puedo hacer algunas horas extra si me apetece - sonrió sin dejar de mirarme.

- Yo si tengo un trabajo así me muero - exclamé bufando y contando mentalmente cuantas horas trabajaba a la semana. ¡55 horas! Es muchísimo. Llegaría a casa derrotado y con ganas de abrazar a mi dulce cama.

- La suerte que tienes de seguir aún con los estudios.

- Y espero seguir así siempre, pequeña Jess - mencioné mientras ella me cogía de la mano y jugueteaba con mis dedos.




- A mi aún me queda terminar Bachiller. ¿Pero de qué me sirve? ¿Acaso se necesita estudiar algo para ser camarera? - rió contemplando mi expresión.

No esperaba su visita, la verdad es que pensé que sería Érica. Debe de estar muy ocupada con su vuelta al trabajo. El comienzo de septiembre nos afectaba a todos en cantidad. Aún así me alegraba muchísimo de que viniese a verme.

- Saber hacer malabares para llevar la bandeja - me burlé echándole la lengua mientras ella hacia una mueca e intentaba reprimir la risa.

- Eso impresionaría a los clientes - murmuró en un susurro como si se lo estuviera pensando.

Ambos nos reímos como dos niños pequeños y cuando las risas finalizaron un silencio inundó la habitación. Ella tosió como señal de que dijese algo. Me quedé pensativo, pues no se me ocurría nada decente de lo que hablar con Jess.

- ¿Hablaste con Carlos? - solté encogiéndome de hombros.

Ella me miró de una forma inexplicable. Creo que no debí abrir el pico...


- Los cinco tienen mucho lío en el estudio. No tienen tiempo para una fan loca y las risueñas de sus amigas - aclaró hablando en general cuando lo que de verdad le pregunté fue sobre Carlos - Aunque Dani no deja de quedar con Miriam últimamente.

- Seguramente con el tiempo lleguen a tener algo - le guiñé un ojo mientras ella negaba con la cabeza riendo.

- Miriam está muy encaprichada con Derek. ¿Sabes? El chico de la tienda de autos. Mientras tú estabas sabe dios donde, en alguna parte de tu remota mente, su relación se hizo más intensa - explicó tumbándose a mi lado mientras suspiraba agotada y se giraba para mirarme fijamente y seguir conversando.

- Así que está saliendo con ese tal... Derek - murmuré para mi mientras me acomodaba sobre la almohada y me volteaba para quedar rostro con rostro.

Sentí un sentimiento de rabia subirme por el pecho. Mis manos se volvieron puños y mis orejas estaban a punto de echar humo.
Estaba enfadado, si. Mi hermana y yo habíamos tenido antes una conversación sobre esto. Veo que no me hizo ni el más mínimo caso. ¡Por favor, si ese tipo le lleva ocho años! Podría ser su padre.
No me parecía normal que después de enrollarse varias veces al final, se acabaran comprometiendo.
Cuando venga Miriam tendré una larga charla con ella sobre esto. Me va a oír.

- Pensé que ya lo sabrías. Ya estaban saliendo cuando tú entraste en quirófano. ¿Seguro que no te dijo nada? - preguntó Jessy con delicadeza al ver mi cambio de humor.

Negué con la cabeza y la miré a los ojos mientras bufaba.

- Jess, no me gusta esto. Él es demasiado mayor y Miriam solo es una chica inexperta que no tiene ni la más mínima idea de lo que es enamorarse - me expliqué pensando que ella podría comprenderme.
Sus labios se curvaron y su mirada se desvaneció de la mía.

- ¿Tú la tenías? Cuando comenzaste una relación con Érica no pensaste en "¿Será cierto? ¿De verdad me gusta?". Ella créeme, lo pensó mil veces pero el amor llega solo, no tiene límites ni fronteras. Aunque te repitas mentalmente "No puedo enamorarme" es imposible no hacerlo. A pesar de los inconvenientes que exista entre ellos... El amor siempre vencerá la batalla. Cueste lo que cueste - intentó explicarme sintiendo la llamada empatía por su amiga. Volvió a elevar la mirada mientras se mordisqueaba las uñas esperando una respuesta por mi parte.

- Supongo que tienes razón. Yo fui como ella por eso no quiero que le pase nada ni que le hagan daño.

- Es normal, eres su hermano mayor. Es lindo que te preocupes por ella pero debes dejar que Miriam explore ella misma su propio camino. Esa es la mejor forma de madurar. Te costará un tiempo aceptarlo pero finalmente, te acostumbrarás y apoyarás la relación entre Miriam y Derek. Ese muchacho es un gran chico, le cuida, le mima y está siempre pendiente de ella. No le va a faltar de nada. Es perfecto para Miriam - me sonrió de lado. Posé una mano sobre su cintura y le devolví la sonrisa. Sentí como su cuerpo se revolvía nervioso. Me acerqué a ella y le di un abrazo de oso. Ella no dudó en seguírmelo bastante sorprendida de mi acto y respiró intranquila al lado de mi oído haciéndome cosquillas. Me reí y ese ademán pareció calmarla.

- Gracias, Jess. Eres la mejor amiga del mundo. No sé como agradecerte todo lo que haces por mi. Venir a visitarme, aconsejarme, preocuparte por mi, cuidar de mi hermana... Podría seguir así todo el día pero no quiero aburrirte - volví a guardar las distancias acurrucándome sobre uno de los cojines.

Jess se escondió entre las mantas sonriendo. Aparté las sábanas de su rostro con un pequeño gesto y le contemplé riendo como un niño pequeño. Ella se tapó la cara con ambas manos reprimiendo la risa. Sus mejillas estaban rojas como tomates. Me asombré al ver el efecto que le causó mi pequeño piropo, no pensé que causaría ese efecto en ella.

- ¿Aún no puedes comer? - intentó incluir un tema de conversación para que sus mejillas sonrosadas no robaran mi atención.

Decidí dejarlo pasar por esta vez. La próxima vez se enteraría de lo que de verdad es que te vacilen.

- Acaba de decirme la doctora que he mejorado muchísimo y me traerá una bandeja con comida suave pero saludable para ir acostumbrando a mi estómago.

- No sabes cuanto me alegra escuchar eso - sonrió con ojos brillantes mientras depositaba un beso en mi mejilla con ternura y enrollaba los brazos en mi cuello. Besé sus mofletes aún rosados sonriendo como un gilipollas. Aunque aún no podía comer con normalidad algo es algo. Estoy muerto de hambre y el suero ha dejado de hacer efecto en mi. Mi estómago comienza a volver a la normalidad. Menos mal ya que por poco me estaba quedando anoréxico por su culpa. Cuando toda esta mierda se termine, organizaremos una comida familiar para celebrarlo y poder recuperar esos kilos que perdí durante todo este tiempo.


- Y bien, ¿al final nos dejarás o tendremos que aguantarte por una larga temporada más? - bromeé mientras ella reía y me golpeaba el brazo.

Esperaba que su respuesta fuera un "¡Me quedo!" acompañada de otro abrazo sincero y cariñoso de los suyos. Me gustaba que viviese con nosotros. Le daba ese toque alegre y alocado a la casa. Nada más bajábamos las escaleras, Jessy se encontraba en la cocina preparando el desayuno y pegando saltitos para desearnos unos muy buenos días. Jess era el alma de la casa, sin ella nada volvería a ser lo mismo.

- Tendrás que aguantarme - dijo echándome la lengua con voz burlona y jugueteando con uno de los mechones de su cabello al mismo tiempo que se entretenía zarandeando sus piernas a un mismo ritmo - Hablé con Miriam y sus padres. A ellos no les molesta mi presencia en su casa, dijeron que le caía bastante bien y no les molestaba en absoluto. Decidí quedarme con la condición de pagar un alquiler todos los meses. Ellos insistieron en que no hacia falta pero al final, me salí con la mía.

- Bien, podré seguir molestándote durante un largo tiempo - exclamé alargando bien la "A".
Ella me echó el dedo corazón y ambos comenzamos a reírnos.

Me encantaba pasar el rato con ella. Simplemente nunca nos quedábamos sin tema de conversación e incluso en las situaciones en las que el silencio nos inundaba, no nos resultaba incómodo si no todo lo contrario. Con Jess me lo pasaba increíblemente bien. El tiempo volaba a su lado y todas las palabras se nos quedaban cortas. Cuando llegaba la hora de irse siempre aguardaba con ansias que volviese cuando aún no se había ni marchado.
 Era fácil de explicar, solo encajábamos así sin más.
Ojalá la relación entre Érica y yo fuese igual. Desde que ingresé en el hospital todo cambió, ya no era lo mismo. Nos habíamos vuelto más distantes, fríos y alejados. Cada vez que venía a visitarme, o se la pasaba con el móvil o evitando cualquier tema de conversación que le sacase. La luz que había entre nosotros se estaba haciendo más y más débil hasta el punto de que algún día, se acabaría apagando por completo. Ojalá eso no llegase a pasar. Espero que cuando salga de este cuchitril podamos recuperar el tiempo perdido y volvamos a iluminar esa llama.

Jessy se quedó un rato más y estuvimos charlando de cosas estúpidas y sin sentido, de momentos inolvidables y de todo lo que había ocurrido tras mi ausencia.

La verdad es que sin mi nadie continuó con su vida normal, todos estuvieron preocupados esperando respuestas y no dejaron de visitarme todos los días. Estaba tan agradecido por todo el apoyo y cariño recibido que no sabía como devolverlo.


















Narra Pris:







La sangre era oscura y abundante. El cadáver se encontraba en el suelo con los ojos aún abiertos de par en par y unas cuantas moscas a su alrededor. De repente, sentí un escalofrío recorrerme la espalda.

Miriam estaba arrodillada en el suelo. Cogió la mano del portero y comprobó si tenía pulso. Bajó la mirada conteniendo la respiración y cerró los ojos del portero para que pudiese al menos descansar en paz.

Tocó la sangre que inundaba el suelo.








- Está muy fría. Debe de llevar varios días... - apretó sus labios con fuerza sin poder continuar la frase.

- ¿Y ahora que mierda vamos a hacer? Hemos entrado sin permiso en una casa y profanado un cadáver. ¿Qué coño le diremos a la policía? - murmuré preocupada mientras caminaba de un lado a otro intentando pensar con claridad.

- La última vez que hablé con él... Fui muy borde, ¿sabes? Solo deseaba marcharme de una vez y ahora... Está muerto, Pris... Está... Muerto - murmuró mientras contemplaba el cuerpo de Jerry. Estaba pálido y olía peor que una bomba fétida.

- ¡Dios, Miriam! Estás en shock - me acerqué a ella zarandeándola para que volviese a la vida real y me ayudase a solucionar este puto problema que teníamos encima.

Ella ladeó la cabeza tocándose la frente y me observó con la mirada totalmente perdida.

Manchó su rostro de sangre igual que sus pantalones. La atraje a mis brazos y la abracé con fuerza para que se tranquilizase. Las lágrimas comenzaron a fluír por su rostro detenidamente.

Acaricié su espalda con delicadeza y al cabo de unos minutos, limpié su rostro con un pano y peiné su cabello con mis dedos.

- Escúchame. Vamos a salir por esa puerta. Cuando salgamos, lo que acabamos de ver se borrará de nuestras mentes para siempre. ¿Entendiste? - acaricié su mejilla mientras ella me miraba fijamente.

- No podemos dejarle así, Pris. Debemos llamar a la policía y contarles lo que pasó - exclamó aún entre lágrimas mientras dirigía su mirada al cadáver.

- ¿Llamar a la policía? ¿Estás loca? ¿Qué harán cuando sepan que entramos en la casa sin permiso? Sospecharan de nosotras. Pensarán que nosotras le matamos - intenté hacerla recapacitar mientras llevaba las manos a mi rostro.

- Jerry no merece esto, Pris. Merece estar en un lugar mejor -defendió volviendo a arrodillarse a su lado y cogiendo su mano de nuevo - O los llamas tú o lo hago yo. Tú decides - me amenazó mientras me mordía el labio con nerviosidad.

- Está bien, dame tu celular. Pero debes de comportarte. No deben saber que tocamos el cuerpo. ¿Capichi?

- Le cerré los ojos y le tomé el pulso. Lo detectarán cuando lo examinen.

Suspiré agitadamente. Todo eran problemas.

- No importa. Lo entenderán. Limpiaremos la sangre del suelo y... ponte una chaqueta para que no noten la mancha de tu pantalón.

Mientras Miriam se encargaba de lo que le dije, tomé su celular y marqué el número de la policía local.

- Hola, ¿en qué podemos ayudarle? - dijo amablemente una voz grave y sonora.

- Hemos encontrado un cadáver...





                                                           







- Así que usted conocía al señor Jerry Thomson... - apuntó el hombre de ojos azulados. Ya llevaban un tiempo haciendo numerosas preguntas. Los nervios de Miriam aumentaban a cada segundo que pasaba.

Varios hombres habían guardado el cadáver en una larga bolsa negra después de buscar pruebas y comprobar el lugar de lo ocurrido.

Ahora, estos se dedicaban a inspeccionar el lugar y sacar fotografías al cuerpo sin vida.

- Si. Nos llevábamos bastante bien. Hablábamos habitualmente. Como le dije es el portero del edificio en el que reside mi pareja - miró sus manos. Aún tenían restos de sangre. No dudó en esconderlas detrás de su espalda. Continuó explicando su versión de la historia - Como hacía tiempo que no sabía nada de él. Mi amiga y yo decidimos venir a visitarle. Vimos que la puerta estaba abierta y nos extrañamos pero aún así decidimos entrar - el agente apuntó todo lo que Miriam decía en una pequeña libreta - Era un buen hombre - murmuró ella tragando saliva mientras sus ojos volvían a nublarse a causa de las lágrimas - Atento, caballeroso y jovial. Era muy agradable charlar con él.
No sé que pudo haberle pasado. Esté donde esté espero que lograse encontrarse con su mujer. La amaba muchísimo y su muerte fue un golpe muy duro para él. Jerry no se merecía esto... La vida siempre es tan injusta - argumentó sin venir a cuento.

El policía levantó la mirada. Al ver las lágrimas de cocodrilo que resbalaban por las mejillas de Miriam sintió una insignificante compasión.

Cerró la libreta y asentó su gorra sobre su cabello de color azabache.

- Bien, eso es todo. Le llamaremos si surge algo. Gracias por su tiempo - se retiró no si antes ofrecerle un pañuelo a Miriam. Esta le dio las gracias y él se marchó para hablar con sus compañeros.

- Tus lágrimas le convencieron. Buen trabajo - le dediqué una sonrisa de lado mientras le observaba.

Mierda. No lo había hecho aposta. Estaba llorando de verdad. Pensé que lo del portero apenas le afectaría pero supongo que me equivoqué.

- Joder, Miriam. Vas a hacerme llorar a mi también - la jalé por los hombros hablándole con cierta compasión y caminé con ella hasta la puerta - Salgamos de este lugar. Está comenzando a provocarme náuseas.

Mientras ella se tranquilizaba y soltaba toda la mierda que tenía acumulada en su interior, caminamos por las calles para regresar a nuestros autos.

Miriam fue a contarle a Derek todo lo ocurrido. Mientras, me apoyé en mi auto aguardándola.

Miré mis WhatsApps.


6 mensajes de 2 conversaciones


[ 1/9/10; 17:01] Jessy: ¡Hey! ¿Por dónde andas mongola?


 [ 1/9/10; 17:02] Jessy: Acabo de terminar mi turno, voy a ir a darme una ducha y luego iré a ver a Coque para ver como está. Ayer le dolía la cabeza bastante.


 [1/9/10; 19:56] Priis: Como no. Tengo que contarte algo importante. Ya hablaremos.






---*---





[ 1/9/10; 17:36] Número desconocido: Hola Pris.

[ 1/9/10; 17:36] Número desconocido: ¿Sabes quién soy?

[ 1/9/10; 17:37] Número desconocido: Si lo adivinas te concederé una cita conmigo.

[ 1/9/10; 17:59] Número desconocido: Considéralo una gran recompensa ;)

[ 1/9/10; 20:00] Priis: Álvaro, estoy harta de tus juegos. NI MUERTA QUEDARÉ CONTIGO. Métetelo en esa pequeña cabeza que tienes.


Suspiré. Este chico no se rendía. ¿Enserio intentó contactar conmigo a través de otro número?
Ahora si que acabas de perder todas las posibilidades que tenías, amigo.


 [ 1/9/10; 20:06] Número desconocido: No acertaste. Soy Mark. Te quedas sin recompensa, querida.


¿Mark? ¿El depravado amigo de Coque? ¡Vaya! Y yo que pensé que Álvaro se había vuelto un poco inteligente...


[ 1/9/10; 20:08] Priis: Okey, no pensaba aceptarla de todas formas...

 [ 1/9/10; 20:10] Número desconocido: No dije que fuese una proposición.



Visto a las 20:10.




¿Qué mierda quería ahora? ¿No tiene más personas a las que molestar?

En el hospital no era así. Parecía atento, callado, alegre... Pero desde que Coque se despertó había cambiado por completo. Se volvió un canalla mujeriego, horrendo y desconsiderado mostrando su verdadera forma de ser. Al contrario que Álvaro, sus formas de conquistar a una mujer eran impropias y detestables. No tenían ni pizca de gracia y no aceptaba un no como respuesta. Al menos, Álvaro me hacía reír y no decía comentarios indebidos ni pasados de tono. ¿Pero qué estoy haciendo? Comparando a dos hombres cuyas personalidades son repelentes y desconsideradas.


De repente, un sonido llamó mi atención. Me di cuenta de que provenía del bolsillo de mi cazadora.

Era el móvil de Miriam. Mierda, se me olvidó devolvérselo.

Miré quien era. Me sorprendí al ver el nombre de "Érica" en la pantalla. Quise ver la foto de perfil lo que me hizo equivocarme y darle al manos libres.
Hoy Dios estaba en mi contra.

- Hola Miriam. Solo te llamaba para decirte que aún no se lo dije a Coque. Que no se te vaya de la lengua. Mi bebé aún es muy pequeño, apenas se ve en la ecografía. Estoy deseando contárselo a Coque, espero que le haga ilusión... - colgué inmediatamente dejándole con las palabras en la punta de la lengua.

Recapacité en las palabras que había escuchado salir de su boca. ¡Dios mío! ¿Érica está embarazada?
¿Es una broma? Y si el bebé... ¿Es de Henry? Cabe una pequeña posibilidad de que lo sea.

¿Porqué Miriam lo habrá ocultado? ¿Se lo pediría Érica? Tengo que decírselo a Henry... Aunque, ahora que está comenzando una pequeña relación con aquella chica... No quiero arruinárselo. Primero, debo asegurarme de que el bebé no sea de Henry. No se lo diré por el momento.
¡Dios mío! Sabía que esto terminaría muy mal. Solo debíamos tener fe y esperar que el bebé no fuese de Henry sino de Coque. Si, tenía que ser de Coque o ella pagaría muy caro su infidelidad.