sábado, 22 de abril de 2017

(T2) CAPÍTULO 43: UN ÚLTIMO RESPIRO




Narra Miriam:




                                                                         

                                                      

Algunas veces debes de sentirte orgullosa porque hiciste una buena acción y porque por una vez te sentiste como eras: TÚ misma.


Pero por otro lado, te sientes una completa estúpida porque en vez de hacerle caso a una de las personas que más quieres en el mundo, hiciste lo que tu perversa y elocuente mente te ordenó.

A veces, no somos conscientes de lo que estamos haciendo y de las consecuencias que eso conlleva. No somos nadie, solo títeres dirigidos por nuestro corazón.

Alguna vez aprenderemos, para volver a equivocarnos nuevamente. Así moriremos, cayéndonos y volviéndonos a levantar.




                                                                       







Mis ojos se abrieron después de recibir un notorio pinchazo.
Todo estaba oscuro, no veía absolutamente nada. Solo negro y más negro.

El silencio inmenso era tan real como el dolor que sentía en mis brazos.

No sé si era de día o de noche pero había abierto los ojos así que no estaba muerta.



No lo estaba. No estaba muerta.









Narra Lola:







- Oye, Mandy. No creo que sea buena idea - fruncí el ceño. Las chicas aún no habían llegado, éramos las primeras.

- No, Loli. ¿Cuánto ha pasado? ¿Una semana? Necesitas salir, liberarte... Debes demostrarle que puedes vivir perfectamente sin él y de paso te buscas un nuevo ligue - rió alzando ambas cejas.

Puse los ojos en blanco.

Nos encontrábamos justo delante del pav. La música hacía estallar mis oídos y las chicas me desesperaban cada vez más.

Ellas habían insistido durante toda la semana para que fuera. No pude negarme ya que si lo hacía, vendrían a mi apartamento y me llevarían ellas mismas como si de un saco se tratase.

No me sentía con ánimos para andar de juerga. Sé que Mandy y las demás solo querían que me lo pasase bien y desconectase pero no creo que fuese capaz.

Henry ocupaba mi mente a todas horas como si fuera una adición prohibida.
Necesitaba verle y sentir que todo volvía a ser como antes. Solo eso me alegraría.

Ayer telefoneé a su hermano. No volvimos a hablar de la locura e inmensa chorrada que intenté hacer hace unos días. Mejor así, estaba fuera de lugar, indignada y entristecida. Así no puedes pensar con claridad.

Bien, le pedí que me trajera algunas cosas que me olvidé en su casa. Según él, Henry no se percató de absolutamente nada. Acudió a mi apartamento para devolvérmelas y le invité a tomar un café.

Me explicó que Henry llevaba unos días bastante raro y sobre todo, estaba muy hundido. No parecía él.
Cuando Miguel intentó sobresacarle que le ocurría, no quiso decírselo y rápidamente se sumergió en su cuarto.

Así que ambos nos sentíamos de la misma forma. Sin fuerzas, sin ánimos, sin amor, sin compañía, sin el uno y sin el otro.

¿Hasta cuando podríamos seguir así?


- Lola, ya llegan. ¿Preparada para coger la mejor borrachera de tu vida? - interrumpió Mandy mis pensamientos mientras su sonrisa crecía sin más.

Le sonreí de nuevo como pude. Ya que me obligaban a ir, por lo menos, intentaría pasármelo lo mejor posible.








Narra Miriam:




Me erguí. Mis piernas estaban adormecidas y el fuerte dolor que consumía mis brazos desapareció en un par de segundos.
No sabía expresar como me sentía en aquellos instantes. Ciertamente, físicamente me notaba bastante bien pero psicológicamente encontraba mi mente totalmente colapsada. No era capaz de pensar y mucho menos recordar con claridad, Es como si una especie de energía me conteniese.

Miré a mis alrededores. Todo estaba oscuro aún aunque esa opacidad no me asustaba si no todo lo contrario. Me complacía y me relajaba.

El ambiente era manso, tranquilo y dócil como si en cualquier momento pudiese romperse y cambiar totalmente.

Y entonces, sentí la necesidad de levantarme. Me di cuenta de que continuaba aún en el suelo y eso me extrañó.
Suspiré fuerte y cerré los ojos. Pensé que al levantarme, un fuerte dolor me consumiría pero por lo visto me equivoqué. Me encontraba bien, me sentía como si acabara de nacer nuevamente y el dolor había desaparecido. No me costó tampoco mantenerme de pie -sin contar que al principio, los tenía dormidos- y caminé con sutileza por aquel estrecho pasillo de la UCI.

- ¿Mamá? ¿Estás bien? - murmuré deteniéndome justamente debajo del aparato de ventilación. No recibir ninguna respuesta me alarmó así que volví a llamarla una vez más. Tenía que estar bien. Si yo lo estaba, ella también debía estarlo. - Mamá. Estoy bien. Todo está bien.

Y seguía sin recibir una respuesta clara. Todo estaba en completo silencio. No había absolutamente nadie.

Entonces cerré mis ojos y pude contemplar el rostro pálido de mi madre por unos instantes y a aquel hombre amenazándome con aquel revólver. ¿Apretó aquel gatillo? ¿Me disparó realmente?
¿Pero que estoy diciendo?

Me senté en el suelo y abrí los ojos de golpe mientras me abrazaba a mi misma.
¿Qué está pasando?
¿Por qué no hay nadie?
¿Por qué mi madre ha desaparecido?
Y lo más extraño: ¿Por qué no siento miedo?

Mamá...
Derek...
Coque...

No puedo pensar con claridad. Solo son pequeños detalles, enanos recuerdos que apenas puedo recapitular perfectamente en mi mente.

Sé que atravesé esas puertas, sé que no le encontré pero sé que nos encontró él a nosotras.
Por dios... ¿Por qué no puedo acordarme de lo que pasó?

Noté una presión sobre mi hombro. Cuando me di la vuelta, allí estaba. Se encontraba de pie, mirándome con aquellos ojos verdes que tanto me apasionaban. Siempre quise tenerlos como ella.
Parecía más joven, más bella pero pude ver que continuaba siendo la misma.

Noté como mi pulso se aceleraba. Mi respiración se volvió muy agitada y no podía quitarle la mirada de encima. No podía estar pasando. Era imposible que estuviera delante de mi como si nada.

Cerré los ojos una vez más. Pensé que estaba delirando pero en cierto modo, cuando volví a abrirlos me di cuenta de que era cierto. De que era ella.

- ¿Estoy... muerta? - pregunté como si las palabras saliesen solas de mi mente.

- Así es - respondió ella al cabo de un rato totalmente inmóvil.

Y aquellas eran las palabras que más temía en el mundo pero sabía que eran ciertas incluso antes de preguntarlo.









Narra Lola:




Debería de estar disfrutando. ¡Si!
Llenarme el cuerpo de alcohol y salir a la pista para que todas las miradas se clavaran en mi pero no soy capaz.

En vez de eso, me escondo en el fondo del local mientras bebo agua del grifo y mis amigas se lo pasan de miedo bailando y riendo y bebiendo...

¿A quién voy a engañar? Soy un verdadero muermo. No me extraña que sea virgen y esté más sóla que una piedra en medio del desierto. Apesto, doy asco y pena a la vez. ¿Quién quiere estar con una chica así?


Cogí mi celular y marqué el número de Miguel. Después de unos cinco tonos, su voz ronca sonó a través del mismo.

- Siento molestar tu increíble sueño a las... - miré la hora en mi reloj y puse los ojos en blanco. ¡Es impresionante que este durmiendo a las once de la noche! Es como un niño pequeño que le regaña su madre y le obliga a dormirse pronto para ir al día siguiente a clase, - Olvídalo. No me meteré en tu apasionante horario durmiente.

- No estaba durmiendo. ¿Vale? Solo... Echaba una cabezadita - se justificó mientras intentaba aclarar la voz a la vez que bostezaba como un tremendo oso gigantesco y grotesco. - ¿Qué pasa estúpida?

- Me aburro. No soy capaz de divertirme y ser como tú. Un gilipollas y maleducado al que todo le da exactamente igual. Tal vez, el mundo me odia y no los culpo por que...¿Sabes? Creo que yo también me odio. Soy borde, un poco egoísta y tengo un mal humor impresionante.

- Oye, oye, oye - me paró en seco suspirando levemente - Eres una de las mejores personas que conozco. Nadie te odia. ¡Venga ya! Deja de compadecerte de tú misma y diviértete. Tómate dos putos cubatas y ligátelos a todos, puta alienígena.

- Amo tus impresionantes formas para hacerme cambiar de opinión. Gracias cabeza hueca. Tal vez sirvas para algo - sonreí leve y luego me terminé el agua y cogí el bolso.

- JAJAJA. Ojalá te folle un negro, cabrona. Anda, lárgate y zorreale a unos cuantos. Tengo que seguir con mis estudios intensivos.

- Tan "intensivos" que hasta babeas sobre los libros.

- Cállate, cerda.

Y sin más, me colgó. Me encantaba hablar con él. Siempre sabe las palabras exactas para hacerme sentir mucho mejor.

Me acerqué a la barra después de guardar el móvil en mi cazadora.

Después de pedir, me alisté un poco el cabello y respiré hondo mientras me bebía la copa de un sorbo. Tal y como dijo Miguel. Seguí sus indicaciones.

Sin preocupaciones, sin pensamientos oscuros, sin recuerdos pasados y sin culpabilidades.

- Hola, póngame un Martini y a la señorita otra ronda de lo que esté bebiendo.

Me volteé y un hombre de estatura media, talle fino, piernas largas y con unos brazos bastante musculosos y llenos de numerosos tatuajes se presenció justo a mi lado.

Sus labios eran finos de un color rosado, su nariz no era ni muy pequeña ni muy grande y sus ojos claros color miel no dejaban de observarme ni un misero instante.

Vestía un chaleco de cuero que dejaba ver sus brazos a la perfección, unos pantalones rotos de color oscuro y unas zapatillas de marca. Su cabello era tan oscuro que me llamó la atención.

No tenía absolutamente nada que ver con Henry. Parecía más oscuro, más frío y sin duda, Henry le superaba en cuanto a belleza física.

Aparté la mirada intentando aguantarme la risa. ¿Me faltó algo por analizar de él? Creo que no.

Me parece que ese es uno de mis peores defectos. Analizar a las personas como si tuviese miedo a lo que pudiese pasar.

La camarera me sirvió mi segundo cubata a cuenta de él y este se alejó viendo que no tenía ni la más mínima posibilidad conmigo.

Tal vez deba dejar de tener miedo. No debo esconderme, ni cohibirme, debo soltarme como hice con Henry cuando le conocí. Lo recuerdo como si fuera hoy. Él me trasmitió seguridad desde el minuto cero.
Era increíble la sensación que me hacía sentir solamente a escasos centímetros de él.

¡Ya basta! Debo parar de pensar en él.

Pedí otra ronda a la camarera mientras notaba como el alcohol comenzaba a hacer efecto.
Es una buena forma de olvidar.

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Narra Miriam:




- Sé que no es muy agradable escuchar eso. Creéme, es tan difícil para mi como para ti.

Alcé la mirada de nuevo. Llevábamos un rato caminando. Mi abuela no dejaba de darle vueltas al tema pero no podía decirme nada sobre lo ocurrido.

Me percaté en el camisón blanco que cubría su cuerpo y bajé de nuevo la mirada frunciendo el ceño.

Me acuerdo perfectamente de el. En sus últimos días de vida, no se desprendió de él ni una sola vez.
Siempre fue su camisón favorito.

La escena de su muerte en mi mente hizo que unas pequeñas lágrimas salieran de mis ojos.
Fue muy trágica, muy dolorosa y en mi vida había sentido algo como eso. El dolor de perder a alguien que de verdad amas, de perderlo para siempre y lo más difícil, aprender a vivir con ese dolor.

- Oh querida - dijo mi abuela mientras me acogía entre sus pequeños brazos e intentaba tranquilizarme - Sé que es duro. Todo esto es extraño y verdaderamente doloroso pero debes entenderlo para no volver a repetirlo.

- Abuela, no sabes lo que sentí cuando te perdí. Me encontré sóla, completamente inundada de dolor y lágrimas. Juré que nunca me sentiría así de nuevo. Siempre fuiste como una madre para mi. Nos cuidaste desde que teníamos seis años hasta que cumplí los trece. A la vez que mi hermano, siempre fuiste una referencia para mi. La persona en la que deseaba convertirme. Mi heroína.

Mi abuela se separó de mis brazos y me cogió por los hombros.

- Nunca estarás sola. Siempre estaré a tu lado cuidándote y también aquí - dijo señalando mi corazón mientras me dedica una tierna sonrisa. Eso consiguió devolverme al presente. Me sequé las últimas lágrimas que caían por mi rostro y le miré a los ojos.





- Es extraño - fruncí el ceño mientras me sentaba en uno de los asientos de la sala de espera,

Mi abuela se sentó a mi lado mientras me cogía de la mano.

- ¿El qué?

- Estoy muerta. Debería de sentirme perdida, entristecida y... - gruñí leve y alcé la mirada. - En cambio, me siento un poco aliviada, segura y liberada.

- Por eso estoy aquí. Quiero que me expliques lo que ocurrió.

No dejé de mirarla fijamente hasta que sentí un fuerte dolor en mis brazos.
Luego, el dolor se extendió a mi cabeza. Comencé a bramar fuertemente mientras me sujetaba la cabeza con ambas manos y contenía la respiración.
Era inaguantable, muy insoportable. No podía aguantarlo. Es como si cortaran cada parte de mi cuerpo en pedacitos.

- Por favor, haz que pare abuela - chillé con energía mientras hundía la cabeza entre mis muslos sin dejar de sujetarme la cabeza.

Pero ella seguía completamente rígida sin dejar de observarme y con la misma expresión que hace unos instantes.

¿Por qué no se inmutaba? ¿Por qué no me ayudaba?

- ¡Abuela! - grité mientras el dolor pasaba aceleradamente a mi tripa y la sangre salía disparada por mi boca.

Miré mis manos ensangrentadas y cerré los ojos con fuerza.

Al abrirlos, vi unos zapatos. Al levantar más la mirada, pude contemplar un rostro muy familiar.

- ¿Jerry? - susurré casi sin fuerzas mientras el dolor aumentaba dentro de mi y la sangre seguía fluyendo apresuradamente - ¿Qué hacéis todos aquí? Esto es...

- No, no es el cielo - murmuró Jerry leyéndome la mente.

-Tú nos has llamado - susurró mi abuela desde más lejos.

- ¿Qué yo os he...?

- Miriam, es importante. No debes entretenerte - me interrumpió mi abuela.

- No hay tiempo. Se te acaba el tiempo y a nosotros también. Debes escucharnos. Es importante.

- Tal vez...

Mis palabras fueron interrumpidas por un fuerte dolor que me hizo perder el conocimiento.










Narra Lola:





Me acerqué al chico misterioso. Miguel tenía razón. Debía liberarme y disfrutar y esta era la mejor forma de hacerlo.



Con siete copas encima y el alcohol subiendo por mi cuerpo como si se tratase de agua evaporada, toqué el hombro de aquel chico que se entretenía hablando con un hombre un poco más mayor que él.

- Quería agradecerle la copa. Aunque haga como un siglo que me la bebí - sonreí mientras él se daba la vuelta y me observaba de arriba a abajo.
El otro hombre se esfumó como si tuviese el SIDA o algo por el estilo. Fruncí el ceño pero decidí no darle mucha importancia.

- Fue un placer. ¿Cómo te llamas, linda? - me preguntó sin dejar de mirarme e invitándome a sentarme.

Pedí otra copa y ambos comenzamos a charlar abiertamente.

- Rogelia - le ofrecí mi mano intentando contener la risa. Este me miró con los ojos muy abiertos, bastante descolocado. Reí notoriamente - Lola. Debiste ver tu cara.

- Lo sé. Es muy linda de admirar - pronunció dándole un sorbo a su copa y observándome nuevamente.
Se sentó a mi lado y yo sonreí.

- JAJA. Deja de usar ese término. Me pone de los nervios - me mordí el labio y este se aproximó más a mi.

- Entonces... ¿No puedo decir que eres linda?

- Usa un sinónimo y todo arreglado.

Dije abiertamente mientras me encogía de hombros y me centraba en admirar mi copa.

- ¿Sabes qué los menores de edad no pueden beber alcohol?

- Tengo 18, gilipollas - bramé pegándole suave en el brazo.

Él volvió a observarme de arriba a abajo maravillado. Notaba su mirada clavada en mi a cada segundo.

- Yo 22 - aclaró alzando el dedo índice y corazón a la vez representando el símbolo de la paz.

- Sigo sin saber tu nombre. Haber si lo adivino... ¿Owen? No, no. Mejor, ¿Kevin? Si, tienes cara de Kevin - jugueteé con mi copa mientras él sonreía y se acercaba a mi oído lentamente causándome un pequeño escalofrío.

- Te lo diré porque me resultas divertida. No sé si es por lo bebida que vas pero...
Me llaman Mason.

Se separó de mi y yo sonreí ingenua.

Alcé ambas manos después de terminarme la copa.

- Está bien. No valgo para ser adivina. Acabo de demostrarlo.

- ¿Bailamos? - me ofreció él mientras se levantaba y miraba la pista.

Dudé unos escasos segundos y asentí mientras me levantaba también.

Sentí como todo me daba vueltas por unos instantes y hasta que él me ofreció su mano, no pude ver con claridad.

Ambos accedimos a la pista.

Kelly me guiñó un ojo mientras bailaba con un chico más o menos de su edad que a mi parecer parecía totalmente irresistible.
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Narra Miriam:




- Miriam, ¿ya estás lista para hablar o vas a perder aún más el tiempo?

Abrí los ojos de nuevo. Jerry se encontraba arrodillado justo a mi lado. Me observaba con curiosidad y al mismo tiempo, como con miedo a que escapase o algo por el estilo.

- ¿Así que podéis aparecer y desaparecer cuando os de la gana? - pregunté algo aturdida mirando a los alrededores. Seguíamos en el mismo lugar. Sucio, apagado y realmente oscuro.

Miré mi cuerpo. Ya no había sangre y el dolor desapareció nuevamente.

- ¿Qué pasó?

- No lo sé. No lo recuerdo - reí ingenua y me tumbé en el suelo mirando a la nada.

- Si no los supieras no nos habrías llamado.

- Yo no os pedí que vinieráis a mi funeral o lo que sea - afirmé indignada aún sin saber verdaderamente que hacía aquí - Si no es el cielo, ¿dónde estoy?

- Aquí quien hace las preguntas soy yo - dijo mientras yo ponía los ojos en blanco - Estás empezando a recordar lo ocurrido. No lo niegues. El dolor que sentiste hace unos instantes. Era un recuerdo.

- Él me miraba. Su expresión era repulsiva, extraña y rara. Estaba mal de la cabeza. No dejaba de meterse conmigo pero ya no tenía escapatoria. Mi madre estaba en peligro, mi hermano también y no podía escapar. Así que dejé de pensar, caminé hacia él y dejé que el destino hiciese su trabajo - confesé mientras mis ojos se llenaban de lágrimas.

- Si tienes tan claro lo que pasó. ¿Por qué estamos aquí?

- Ojalá lo supiese. Yo no quería morir. ¿Quién quiere eso? - reí flojo y paré en seco cuando no demostró ninguna muestra de divertimiento en su rostro.

- No. Me estás ocultando algo. ¿Qué ocurrió?

Fruncí el ceño. Ya le había contado todo lo ocurrido. ¿Por qué seguía presionándome? ¿Por qué no me dejaba en paz?

- Es una pérdida de tiempo. Nunca nos dirá nada - mencionó mi abuela apareciendo de la nada.

- ¿Queréis de dejar de aparecer y desaparecer? Me ponéis de los nervios.

- En mi opinión, no hay un término medio. Sé que lo sabe aunque si ni siquiera ella misma está segura de sus sentimientos, nosotros aún menos.

- ¿Hola? Sigo aquí - me entrometí alzando las manos y ladeándolas de un lado a otro - Dejen de actuar como si no existiese.

- Cállate. Esta es una conversación de adultos - bramó Jerry mientras yo me cruzaba de brazos y suspiraba alto - Estamos atrapados al igual que ella. Si no nos lo dice por las buenas, tendrá que hacerlo por las malas.

Mencionó finalmente y luego, desapareció como si nada.

Miré a mi abuela. Ella se encogió de brazos y volteó los ojos.













sábado, 8 de abril de 2017

(T2) CAPÍTULO 42: THE RING














Narrador Onmisciente:




Se resguardó en la oficina. Aquel era el único lugar donde podía dejar de pensar, centrarse en el trabajo y dejar todo lo ocurrido atrás. Nadie podía entrometerse entre sus pensamientos y él.

Han pasado casi dos meses y ojalá pudiera decir que todo ha vuelto a ser lo mismo pero sería engañarse a si mismo.

La ha perdido por completo, ella ya no estaba y eso solo le resultaba agobiante y desesperante. Se sentía culpable de lo ocurrido, si no le hubiese dejado ir... Tan solo si le parase los pies...
Ella seguiría a su lado pero no se puede cambiar el pasado. Solo debes aceptarlo y hacerte a la idea de que nada será lo mismo y que la vida que tenías o creías tener nunca volverá a ser igual.

Unas pequeñas lágrimas rozaban sus mejillas. No pudo aguantar más. Toda esa culpabilidad, desesperación y tristeza le estaban destrozando el aura por completo. Se encontraba harto de fingir que ya nada le importaba, que estaba bien y que no se preocupasen.

Unos golpes sonaron repentinamente en la puerta. Segundos después una cabellera castaña se asomó con una sonrisa tensa y a la vez consoladora.

Le molestó que entrara en su despacho justo ahora. Limpió su rostro con el dorso de su mano y suspiró levemente intentando que no se le notase la angustia.

- ¿Interrumpo? - bramó la chica para captar su atención. Se acercó a su mesa de oficina y se apoyó en ella observándole con ojos brillosos. - Oh, Derek...

Melanie se dio cuenta de que ha estado llorando. Se puso a su altura y le cogió de las manos para tratar de cesar su llanto. Derek apartó la mirada de ella. Le avergonzaba que le vieran de esa forma. Siempre presumió de ser un chico fuerte, sensato e inteligente. Que sabía reaccionar correctamente ante cualquier situación.

- ¿Es por Miriam? Deberías superarlo de una vez. Han pasado dos meses...

La voz dulce y tímida de Melanie no impidió que Derek se enfadase ante sus palabras.

Apartó sus manos de las suyas y le miró con lágrimas contenidas en sus ojos.

- Es por mi culpa. Todo lo ocurrido fue culpa mía. Así que no, no lo superaré, no lo olvidaré, cargaré con esa culpa hasta el resto de mis días.

- Ella se entrometió donde no debía. Hizo la mayor tontería que alguien se pudiese imaginar. Miriam fue la culpable. Tú debes de continuar con tu vida, Derek - señaló con una media sonrisa inocente mientras la rabia inundaba cada vez más a Derek. Miriam le importaba como nunca antes le había  interesado una mujer. Es decir, fue su luz después de la mierda que sucedió entre Mel y él.

El comportamiento de la joven le pareció insensato e infantil. Propio de alguien como ella.
Él solo venía a buscar un poco de tranquilidad pero Mel se lo había arrebatado.
Nunca la odió tanto como en ese mismo instante.
Profanando adjetivos negativos a la mujer que amaba y acercándose demasiado a él.

- Fue una estúpida, ya viste como no le importó abandonarte. Corrió detrás de su hermano como una perra en celo sin importarle más nada, Olvídala como ella te olvidó en su momento. Debes abrir tu corazón a otra persona que si te quiera de verdad y te lo demuestre.

Mientras ella continuaba hablando, sus manos se enroscaban en su cabello tirando de el levemente.
Derek apartó la mirada de ella y se cruzó de brazos. Melanie frunció el ceño al ver su reacción.
Melanie solo quería recibir cierto amor por parte de él pero Derek lo único que deseaba es que le dejase en paz de una vez por todas.

- Si viniste solamente a insultar a Miriam puedes irte por donde has venido. Me dan igual tus palabras. La quiero y siempre será así. Ahora lárgate, Mel - bramó de una vez por todas dejando detrás al chico amable y educado que acostumbraba ser.

Los ojos de Mel se entristecieron en cambio, la mirada intensa y llena de furia de Derek cada vez se mantenía más despierta.

- No la amas. Lo sabes. Sigues sintiendo algo muy fuerte por mi, Derek. No lo escondas - pasó sus manos alrededor del cuello de él y se sentó suavemente sobre él entrometiendo sus labios en su cuello.
Derek giró el rostro mientras intentaba respirar hondo y no ponerse de los nervios aunque tenía claro que esto no terminaría bien.

- Melanie, apártate, no quiero hacerte daño.

Ella pasó la lengua por su suave cuello y depositó suaves besos provocando que su piel se enrojeciera.

- ¿Ahora me amas? - dijo moviendo sus caderas en busca de una reacción por parte de él.

Derek la miró por unos segundos. Ella acarició su rostro con ambas manos y se acercó a sus labios lentamente y con una sonrisa muy pícara.

Él viendo sus intenciones rompió su paciencia y su lado más oscuro salió a la luz.

Alzó su mano empujándola con fuerza. Melanie cayó al suelo con gran rapidez dándose un golpe en la nuca muy leve.

Derek alistó su ropa colocándose bien el cabello y no le dirigió la mirada ni una sola vez.

Ella se quejaba de dolor mientras intentaba levantarse del frío suelo de la oficina.

Al conseguirlo, puso su mano sobre su nuca y soltó un quejido leve pero sonoro.

- Te avisé, Melanie. Pensé que lo de que estabas sin blanca iba enserio pero por lo que veo, todo lo que sale de tu boca son mentiras e idioteces. Tus intentos de volver a conquistarme no han funcionado ni funcionarán. Métetelo en la cabeza. Nunca volveré a quererte. Estás realmente loca. No quiero volver a verte, es más, quiero que recojas tu asqueroso equipaje de mi casa y que te marches bien lejos o no pararé hasta destruirte por completo. Si no lo haces, yo mismo me encargaré de ello - alzó por primera vez en largos minutos la mirada. Era seca y fría. Nunca antes Derek sintió algo así por Mel. Siempre le encantó, esa chica le volvía loco pero Miriam mucho más. Se coló en su corazón como nada y se adueñó de él como si toda la vida lo llevase haciendo. Definitivamente, la quería - Hasta nunca, Melanie - se despidió grotescamente y le dedicó una sonrisa notoriamente falsa antes de que ella frunciese el ceño y le mirara con desprecio.

- Ojalá te vaya como el mismísimo culo, Derek - hizo una mueca de asco y fingió ignorancia y resentimiento antes de abandonar el lugar cerrando la puerta con fuerza.

Ese sonido fue la inmensa felicidad para Derek. Nunca imaginó que algún día trataría de esa forma a una dama y mucho menos a la cual hace unos meses era aquella loca de la que estaba enamorado y en verdad, aún seguían vivos algunos sentimientos hacia ella.

La paz volvió a su oficina. Los pensamientos volvieron a comerle el coco y pronto, se vio sumergido de nuevo en su peor pesadilla. Perderla.












[Flashback]

Picnic 


No hacía un día que podamos decir confortable pero Pris se encontraba muy aburrida y como no tenía nada que hacer ( más bien no le apetecía ) decidió salir y dar una vuelta por el centro.

El cielo cada vez se llenaba más de nubes grises. Tristes y apagadas que no lograban bajar el ánimo de la pequeña Pris.

Se sentó en uno de los bancos y se distrajo leyendo un libro mientras escuchaba los sonoros ruidos que causaban los niños. Esos pequeños rebeldes de 8 brazos y 5 cabezas nunca le agradaron lo suficiente. Nunca supo comportarse con ellos. Es decir, no sabía como cuidar de ellos y tratarlos como lo que eran, niños.

Cuando los ruidos se hacían plenamente insoportables, Pris hizo una mueca descarada y guardó el libro al mismo tiempo que sacaba el celular.

Observó su última conversación con Álvaro y no pudo evitar sonreír. Hacía casi una semana que le bloqueó y realmente, echaba de menos sus estupideces y chorradas muy propias de él.

Álvaro era un chico que realmente le agradaba, tanto como persona que como amigo. Pensó en desbloquearle pero inmediatamente se le esfumó la idea de la mente.
Amaba hablar con él pero no tanto como hacerle rabiar.

Se levantó dispuesta a regresar a casa, pues el cielo se estaba nublando de más y no había traído paraguas.

Cuando alzó la mirada de su celular después de estar un rato hablando no pudo creer lo que vieron sus ojos.

Blas, cargado hasta las cejas de neveras y bolsitos caminaba a paso lijero mientras se quejaba de forma pesada.

Apretó sus labios y no dudó en ir a echarle una mano. Cargó una de sus neveras y el chico se sorprendió mucho al verla.

- ¡Pris! ¿Cuánto hace que no nos vemos? ¿Desde el concierto? - continuó caminando con una gran sonrisa en los labios. Le confortaba mucho volver a verla y sobre todo en ese mismo instante.

La pequeña chica sonrió y caminó junto a él mientras le observaba de arriba a abajo. Blas no había cambiando. Seguía siendo el mismo chico soñador, chismoso, alocado y parlachín de siempre y eso le agradaba lo suficiente.

- Puff. Ya ni lo recuerdo. ¿Qué tal? Te veo muy... muy Blas - finalizó sin poder encontrar un adjectivo que le describiese a la perfección. Cierto, Blas era único e inigualable.

- ¿Quieres decir caliente y sexy? - dijo marcando la última palabra con un movimiento suave de cadera y una voz ardiente.

Nada más llegar al césped, depositaron todas las bolsas en la hierba y Blas extendió una manta para que ambos pudiesen sentarse.

Pris rió y abrió alguna de las bolsas con curiosidad. Lo que más abundaba era comida, mucha comida. Luego, había cosas sin importancia como pañuelos, raquetas, pelotas, ropa y mantas.

- ¿Vas a comerte esto tú solo?

- Por desgracia no. Álvaro se apoderará de un poco más de la mitad - la miró con cariño y luego bostezó con firmeza estirándose como si fuera un gato afilando sus largas uñas - Mira, por ahí viene. Que cara de orgasmo trae el muy... - expresó observando a su amigo con cierta rabia y a la vez envidia.

Pris no pudo evitar seguir la mirada de Blas. Su cara de desagrado lo expresaba completamente todo. Álvaro charlaba desde lejos con una chica muy linda. A su forma de ver, superaba su propia belleza.
Pelirroja de ojos castaños y piel ligeramente morena por el solarium era lo que más destacaba de ella. Todo eso sin contar como su pantalón hacía que su trasero se viera lindo y acolchado. Sus senos eran increíblemente grandes, a ella le llamaban la atención.

Después de echar una mirada rápida a Álvaro, Pris bajó su mirada observándose a si misma. ¿A quién iba a engañar? Su cabello no tenía nada que hacer contra su gran melena roja, sus grandes pechos le superaban enormemente. Ojalá Dios la dotara con unos buenos melones como aquellos. Ella era flaca, casi anoréxica y en cambio, la perra odiosa tenía un buen cuerpo. Tal vez, 90/60/90, o tal vez no.

El caso es que Blas se percató de la incomodidad de Pris y le miró con un cierto hilo de tristeza. Ojalá pudiera ayudarla, reconfortarla... Pero por una vez en su vida, fue capaz de pensar con lógica. Eso no serviría de nada.

Cuando ambos llegaron hasta el jardín, Pris decidió ignorar su presencia. Ambos reían con descaro y eso provocaba que el enfado de Pris fuese más allá.

- ¡Hey! - saludó Álvaro que solo tardó unos pocos segundos en darse cuenta de la presencia de su amiga. Su sorpresa fue enorme. Hace una semana le pedía casi de rodillas que aceptara quedar con él y ahora se encontraba en una situación incómoda.
Se rascó la nuca sin saber exactamente como reaccionar y optó por ser amable y fingir que nada de esto le importaba - Hola Pris.

- Hola Álvaro.

Pris ni siquiera le dirigió la mirada. Sabía que verle cogido de la mano de otra mujer solo le haría sentirse peor.

- Me la encontré en el parque. Fue una grata sorpresa - sonrió Blas acariciando su espalda. Ella sonrió y miró a Blas con pánico.

- Oye Blas, me ha encantado charlar contigo peor debo irme. Mis padres me esperan - suspiró y alzó ambas cejas mientras él fruncía los ojos.

- Cla...Claro.

Pris se levantó teniendo que cruzarse con la mirada penetrante de Álvaro.
Su cuerpo se interpuso en su camino y ella no dudó en apretar sus puños alzando poco a poco la mirada.

- Quédate Pris, abunda numerosa comida y no creo que seamos capaces de comérnosla toda.

- No creo que sea buena idea. Debo irme - Pris se mordió el labio. Si no estuvieran acompañados de la chica pelirroja tal vez, accediese a quedarse con ellos.

Ella avanzó rozando su hombro derecho.

Álvaro se quedó pensativo durante unos segundos. Pris continuó su camino mientras su mente no dejaba de pensar en ese chico. Tal vez, odiaba que hiciese caso a otra chica que no fuese ella o lo había pensado mejor y se comportó como una zorra con él o simplemente... Él le importaba más de la cuenta.

Mientras estaba enfrascada en su mente, una mano se posó en su hombro. Ella se detuvo y se volteó casi de inmediato.

Álvaro mostró una de sus mejores sonrisas y se encogió de hombros.

- Te acompaño a tu casa y no es una pregunta - señaló comenzando a andar con las manos en los bolsillos. Luego, al ver que Pris no mostraba ninguna reacción la miró fijamente - ¿Vienes o qué? - hizo un gesto.

- ¿Qué pasa con Blas y...? - tragó saliva deteniéndose en seco.

- Ya me despedí de ellos. Espero que Blas y mi prima logren congeniar.

Pris le miró y luego cerró los ojos por unos segundos mientras una sonrisa iluminó su rostro.

Creo que fue la cosa más linda que escuchó en su vida.
Golpeó su brazo con fuerza y Álvaro dio un brote con sorpresa.

- ¿Qué coño haces? - bramó alzando la voz mientras se toqueteaba el brazo con el ceño fruncido.

- Eres un cerdo, Alv.

Comenzó a andar rápidamente y Álvaro se quedó pensativo sin entender su reacción. Luego, la siguió intentando llegar hasta a ella.

- ¡Oye, no corras tanto! Para ser tan flaca eres realmente rápida - bramó casi sin aliento mientras ella se detenía y reía observándole.

- Eres un viejo, Gango - le echo la lengua. Y al poco rato, el chico la alcanzó y le rodeó la cintura haciéndole cosquillas en la tripa.

Ella comenzó a reirse con fuerza pidiendo que se detuviese. Finalmente, tuvo que lanzar ciertos piropos a Alv para que le dejase en paz.

- ¿Cómo dices? No te escuché bien - dijo él una última vez muy sensualmente a su oído.

- Que eres el chico más guapo del mundo y con la mejor sonrisa del universo. Además, tienes un increíble pene... -se quedó pensativa y él la observó lentamente - No recuerdo el resto.

- ¡Más alto!

- Está bien, está bien... - Pris le agarró de las manos y él sonrió mientras esta intentaba apartarlas de su cintura - ¡Álvaro es el chico más gilipollas que he conocido en mi vida. Y seguramente, tendrá un pene enano del cual se siente orgulloso! - gritó con todas sus fuerzas - Y además se hace el duro pero es un puto... - Álvaro le paró los pies. Puso una mano sobre su boca evitando que continuara diciendo esa serie de barbaridades sobre él.

Cuando ambos contemplaron a su alrededor, un núcleo de personas les observaban con desprecio y rareza.

Finalmente, Pris le mordió la mano y este se quejó apartándola de su rostro. Luego, le dio un suave empujón mientras ella se reía más de la cuenta.

- Eres una zorra. Siempre odiaré el día que te conocí - murmuró con cierto asco mientras observaba su mano detenidamente.

- ¡Vamos! Ni que te hiciese tanto daño - puso los ojos en blanco acercándose a él.

-Ni te me acerques, bicho. Si haces esto con mi mano no sé que le harás a mi anaconda - bramó Álvaro retrocediendo mientras ella continuaba riéndose altamente.

- Dirás tu gusanito, Gango - indicó alzando ambas manos con obviedad.

En ese mismo instante, un niño se acercó a Álvaro y le señaló.

- ¿Tienes un gusanito? Mi madre dice que dan asco pero a mi me gustan.

Su voz dulce e inocente provocó una sonrisa en los labios de Álvaro.

- Tu madre tiene razón. Los gusanos no son buenos para ti - le despeinó poniéndose a su altura - Ahora ve a donde tu madre y no vuelvas a separarte de su lado, ¿entendido campeón? - mencionó guiñándole un ojo a la vez que chocaban sus puños.

El niño asintió y salió corriendo en busca de su madre. Álvaro no le perdió de vista.

Pris se acercó a él y le miró levantando ambas cejas mientras cruzaba sus brazos.

- Nunca pensé que el chico malote y perverso pudiera ser dulce y realmente cariñoso. Tienes un corazón muy grande, Álv.

- Cállate y mueve el puto culo. Empezará a llover si no nos damos prisa.

Álvaro comenzó a caminar. Sus mejillas se sonrojaron ante las palabras de Pris. Mostró su lado más cariñoso y le confortó que a ella le gustase.

La chica le siguió el paso y cuando estuvo lo suficientemente cerca, agarró su mano con firmeza y ambos caminaron de la mano en completo silencio.

Álvaro contempló sus manos unidas y sonrió inocentemente.
Ella le agradaba realmente.
No se parecía en nada al tipo de chica perfecta para él que tenia en mente pero en verdad, Pris se estaba ganando ese puesto.


- Es aquí - murmuró soltando su mano y volteándose para mirarle una última vez.

Álvaro bufó. Se lo estaba pasando increíblemente bien y no quería que se terminase. Miró a los alrededores y silvó. Era una casa muy bien cuidada, alegre y colorida.
Pris buscó de nuevo su mirada y sonrió.

- No me dijiste que el negocio en la tienda te fuese tan bien.

- En realidad, el dinero lo invirtió mi padre. En esta situación, no tuve nada que ver por muy extraño que te parezca - ladeó su cabeza mientras él se acercaba a su rostro.

- Me lo he pasado muy bien. Gracias por ridiculizar mi pene y dejar mi mano esteril - dijo mostrándosela mientras encogía los hombros.
Ella rió sin poder apartar la mirada de él.

- Recuérdame, que te debo una piscina - murmuró golpeando su hombro.

 Álvaro tiró levemente de su mano encontrándose con su rostro muy cerca de él.
Rió una última vez. Quería acabar el día de la mejor posible, necesitaba hacerlo, la necesitaba a ella.
Se abalanzó contra sus labios y antes de que pudiera siquiera rozarlos, ella se separó de él girando su rostro.






- Álvaro... - pronunció en un susurro - Debo irme.

La tez blanca del chico, expresaba correctamente lo que ahora mismo estaba sintiendo.
Pensó... que tal vez, ella podía sentir lo mismo que él sentía. Él la deseaba pero parece ser que no ocurría el efecto contrario.

Ella bajó el rostro soltando sus manos y le miró una última vez con cierta compasión mientras retrocedía. Finalmente, se volteó por completo mientras Álvaro se sentía como un completo idiota.

Había alejado de él a la única persona que de verdad le importaba, a la que de verdad le interesaba y todo porque dejó a la luz sus sentimientos.

Su temor se había hecho realidad. Siempre se comportó como un chico frío y siniestro por miedo a que alguien pudiese herirle. Todo el esfuerzo de nada sirvió.
La había asustado y tal vez, lo arruinó completamente todo.

Apretó sus puños y con una furia impresionante hacia si mismo, golpeó una de las papeleras que se encontraba en la calle. Su fuerza fue impresionante, pues de una sola patada la había hecho saltar por los aires.

Mientras ella, suspiraba pensativa en su cuarto sin poder dejar de comerse la cabeza, él metía las manos en los bolsillos y regresaba a su casa como si no hubiese ocurrido nada.
Aunque en verdad, lo sabía muy bien.

No le apetecía hablar, no lo apetecía regresar con los chicos y mucho menos pensar en ella.

Tenía que aprender a quitársela de su mente o acabaría perjudicándose a si mismo y a Pris también.












[Flashback]

Tiroteo



Coque ya no podía más y los nervios y lloros de Jessy le hacían perder la esperanza aún más. Él adoraba a su mejor amiga pero necesitaba que se tranquilizara o ambos obtendrían un destino muy oscuro.

Hablaba en alto, bastante alto aunque no se daba ni la más mínima cuenta.

Coque se detuvo frente a un laboratorio. Puso su mano sobre la boca de Jessy y le mandó callar mientras esta temblaba tanto por el contacto de su cuerpo con el de Coque como por la situación que estaban viviendo.

El hombre armado caminaba de un lugar a otro. Coque se acercó a uno de los pequeños ventanujos. Lo que pudo ver fue sangre, mucha sangre, objetos completamente destrozados y balas sin usar por el suelo.

Aquello se estaba llendo de las manos. Anteriormente, en aquella habitación lograron sobrevivir pero si esta vez los veía. ambos se volverían vegetales.
Jessy sollozaba intentando no decir absolutamente nada mientras Coque la presionaba contra su cuerpo para tranquilizarla y darle confianza pero le resultaba difícil ya que ni él mismo estaba seguro de tenerla en esos instantes.


Vieron al armado pasar con rapidez por el otro lado del pasillo y suspiraron aliviados mientras escuchaban como los pasos se alejaban cada vez más.

Coque dejó a la pobre Jessy respirar y la abrazó con fuerza no solo para calmarla si no también para tranquilizarse a él mismo.

- Tal vez lo que te dije antes no fuera de todo cierto - se rascó la nuca y tragó saliva mientras le cogía de las manos - De hecho, debimos de quedarnos en donde estábamos.

Jessy alzó la mirada. Se encontraba más tranquila pero el miedo seguía consumiéndola.

- C-creo que va-vayamos donde vayamos... Él nos encon-contrará - tartamudeó Jessy respirando hondo mientras Coque pasaba las manos por su rostro. Ella cerró los ojos con fuerza.

- Nos quedaremos en este laboratorio. Correremos las cortinas y nos mantendremos con la luz apagada por si las moscas. Tiene mucho espacio. Creo que es el lugar más acertado.

Jessy asintió volviendo a tragar saliva. Él limpió sus lágrimas con sus pulgares rozando levemente sus labios.

Ella abrió los ojos y le miró fijamente.

- No quiero mo-morir, Coque.

Exclamó con sinceridad lo que le carcomía los pensamientos. Coque hizo una mueca. Él tampoco lo quería pero eso no estaba en sus manos.

- Oh pequeña, te prometo que te protegeré en todo lo que este en mi mano.

Una sonrisa forzada apareció en su rostro. Eso animó bastante a Jessy.

Coque le tendió su mano y ambos entraron en aquel lugar.

Era frío y oscuro. Lo primero que hicieron fue correr todas las cortinas. Luego, observaron el lugar. Pocos muebles se mantenían intactos, casi todo estaba completamente destrozado.


Las paredes eran blancas como el resto del hospital y el suelo era de una extraña moqueta de un color apagado, no sabría decir cual exactamente.

Miró sus zapatillas completamente cubiertas de sangre y luego, gracias a la ayuda de Jessy accedieron más al interior del cuarto con mucho cuidado de no pisar nada realmente extraño. Los productos químicos y Coque nunca se llevaron bien. De hecho, detestaba física.

Jess quiso sentarse debajo de una de las mesas del fondo. Apenas se veía algo. El laboratorio estaba en completo silencio, solo se escuchaba el ruido del aire entrando y saliendo por sus fosas nasales.

- ¿Crees que saldremos algún día de aquí?

Acarició el cabello de Jessy. Su cabeza se mantenía reposada en sus muslos y no le molestaba ya que eso conseguía tranquilizarla.

Pensó detenidamente en una respuesta complaciente. En verdad, no lo sabía pero ¿quién realmente intúe la realidad? Nadie y las cosas sobrenaturales e irreales no entran dentro de sus conceptos. Siempre será un escéptico.

- Supongo que los refuerzos ya estarán a punto de venir a por nosotros. No te preocupes - la tranquilizó con una voz dulce y suave.

- Tengo hambre - protestó ella sin soltarle la mano - Mi turno empezaba a las siete - dijo unos segundos después contemplando el reloj.

Suspiró y reposó su cabeza en una de las patas de la mesa.

- ¿Te encuentras bien? - mencionó cogiéndole de la barbilla y mirándole lentamente con curiosidad - Estás pálido - torció los labios y él le miró a los ojos.

- Ingresé en el hospital porque un chico al que consideraba mi amigo resulta que no lo era y me golpeó, cuando me examinaban me encontraron un tumor en el estómago y después de superar esa operación tan sumamente arriesgada... Un tipo con una pistola amenaza con matarme. No es que crea en el karma pero si salgo vivo de esta rectificaré mis fallos, seré mejor persona y sin duda, no volveré jamás a un hospital - respiró hondo y agarró más fuerte su mano - Érica me dijo que vendría por la noche...

- Coque, estás vivo. No sé que mierda tienes para que Dios te amé con locura y te salve la vida continuamente pero joder, vas a salir de aquí. Es decir, vamos a irnos de aquí. Alguien vendrá a rescatarnos y así tú podrás ver a Érica y yo podré disculparme ante Carlos por tener un comportamiento tan infantil - puso los ojos en blanco. Ella se encontraba mucho más tranquila ahora que el hombre había abandonado la planta y por su mente no dejaban de pasar recuerdos bellos y hermosos que le hacían sonreír.

- ¿Al fin decidiste perdonarle?

Cambiar de tema y actuar como si realmente no pasase nada les servía para dejar de preocuparse y estar relajados por un tiempo.

- Si. Me comporté como una lagarta. No recuerdo quien besó a quien pero eso es igual. Iré a su casa y le pediré perdón personalmente.

- ¿Y qué ocurrirá después? ¿Amistad o algo más? - insistió él mientras ella sonreía y cerraba sus ojos.

- Obviamente amistad. No me imagino a Carlos como pareja.

- Yo tampoco me figuré que terminaría con alguien como Érica. La chica más popular y la más hermosa del curso.

Pensar en Érica solo lo entristecía más. Ya le hizo sufrir una vez y no consentiría volver a hacerle más daño.
Jessy lamentaba que el chico del cual estaba secretamente enamorada quisiera a su novia más que nada en este mundo. Iba a decírselo, iba a declararse justo cuando el tema de ella y Carlos salió a la luz pero al darse cuenta de que Coque solo pensaba en su novia, no dijo nada más y de nuevo, lo que sentía por el hermano de Miriam, seguía siendo secreto.

Cuando escuchó el revólver, quiso abrir la puerta con rapidez y ver con sus propios ojos que no le había disparado pero el miedo le paralizó y cuando pudo comprobar que el chico estaba bien e intacto se quitó un gran peso de encima. Ella no se podía imaginar una vida sin su mejor amigo. Le amaba aunque Coque no sintiese lo mismo.







Jessy tembló mientras se abrazaba a si misma. Tenía muchísimo frío y sus labios se estaban secando mientras su rostro emblanquecía.

Coque la contempló e hizo una mueca. No tenía ninguna prenda para abrigarla. Se encogió de hombros y le indicó que se sentara entre sus piernas. Él le abrazó la cintura aportándole calor corporal.
El rostro de Jessy cogió un color rojizo con rapidez y no dudó en colocar sus manos sobre los bíceps de él. Su cuerpo le aportaba calor y el frío desaparecía poco a poco.

Estar pegada a él le complacía y su corazón parecía salirle del pecho.

Los minutos continuaban pasando y la planta continuaba en completo silencio.

                                                               







El hospital era enorme. El ruido de sus tacones resonaba levemente y cada rincón que traspasaba le resultaba completamente idéntico. Tal vez, estaba dando vueltas en círculos y no se había dado ni cuenta pero cuando visualizó el cartel de la UCI supo con seguridad que estaba yendo por el camino correcto y que no estaba completamente perdida.

Mientras caminaba más deprisa, los únicos pensamientos que pasaban por su mente era la posibilidad de que ya fuese muy tarde para su hermano.

Desde que entró en la clínica solo contempló objectos completamente destrozados, sangre fría y fresca y cuerpos totalmente sin vida.

¿Qué ser podría hacer algo así? Asesinar a montones de personas en un lugar público porque se despertó con esa necesidad.

Ella intentaba ser rígida y despreocupada pero el miedo le amenazaba continuamente, sobre todo cuando un extraño sonido llegaba a sus oídos.

¿Existen de verdad personas tan insensibles como estas? Montones de insultos pasaron por la mente de Miriam.

Nada más llegar a la UCI, las puertas mecánicas no se abrieron. Estaban obstruidas por completo.
Miriam suspiró y apoyó ambas manos en los cristales de las puertas haciendo fuerza para que ambas se moviesen y pudiese entrar al fin. Al principio le costó pero finalmente, la puerta cesó y la satisfacción de Miriam comenzó a crecer hasta que presenció a su madre al fondo del pasillo.

Si no era ella resultaba muy parecida. De hecho, tenía sus mismos rasgos.

Miriam cruzó el pasillo teniendo que esquivar unos cuantos cadáveres en su camino.

Luego, alzó la mirada. No pudo evitar observarla con rabia porque ella estaba aquí y este lugar no era seguro para ninguna.

- ¿Qué haces aquí? No deberías estar en este lugar - se cruzó de brazos mientras sermoneaba a su madre.

- Tú tampoco.

Un fuerte ruido provocó que ambas se alarmasen. Lo sabían. Él estaba aquí y no tardaría en descubrirlas. Miriam observó a su madre con cierta inquietud.

- Debemos marcharnos de aquí - musitó en voz muy baja mientras aparentaba estar relajada. Aunque  se engañaba a si misma. Se encontraba totalmente horrorizada y no saber nada de Coque la ponía aún peor.

Susan en cambio, estaba asustaba y no podía esconderlo. Su aura lo trasmitía, sus gestos la delataban y su mente estaba completamente consumida.

- No hay tiempo, está aquí. Tenemos que escondernos

Nada más acabar la frase, Susan atrapó la mano de su hija y ambas corrieron desesperadamente por los pasillos encontrando un buen lugar donde no ser vistas.

Finalmente, Susan se detuvo y pensativa miró el conducto de ventilación que se mantenía en el techo.

- ¿Qué ocurre? ¿Te pasa algo mamá? - susurró Miriam al darse cuenta de que se había parado en el medio del pasillo.

Ella señaló el techo mientras las pisadas eran cada vez más constantes y sonoras. El hombre armado estaba cada vez más cerca de ellas. Si no se daban prisa en poco tiempo, se convertirían en un fiambre.

- Ayúdame a subir.

Y sin más, Susan se subió a la espalda de Miriam agarrándose a su cuello con delicadeza. Con una mano le resultaba imposible deshacerse de la rejilla. Finalmente, su hija pudo sujetarla con sus manos y ella aprovechó para retirarla haciendo un poco de presión.

Alzó un poco el talón de sus pies para facilitarle la subida.

Cuando Susan ya se encontraba dentro de su refugio, tendió ambas manos a Miriam para ayudarle a subir también.

Pero ya era tarde, no tenía tiempo y Miriam lo comprendía porque podía contemplar como un hombre con un revólver en sus manos se manifestaba desde el fondo del pasillo.

Todo ocurría con rapidez.
Miriam tragó saliva mientras su madre insistía en ayudarla. Sus manos se volvieron puños y aunque intentaba por todos los medios ser fuerte hasta el final, una pequeña lágrima se derrumbó por su mejilla. Los ruegos de Susan e intentos por detenerla no surgieron efecto.

- Miriam, no. No te atrevas a dar un paso más - bramó su madre estirando sus brazos y hundiéndose entre sus largos sollozos.

Pero ella no parecía escucharla. Avanzaba por el pasillo afrontando lo que estaba apunto de ocurrir.

El hombre sonrió y solamente un metro de distancia separó a ambos.

La mirada de Miriam se mantenía fija en la de él. Su madre se mantenía observando desde lejos, tapando su boca con su mano derecha mientras las lágrimas le obligaban a ver completamente borroso.








- Vaya, mira a quien tenemos aquí - murmuró el hombre con picardía mientras sonreía de lado caminando en círculos a su alrededor.

- A que esperas para apretar el gatillo - aclaró Miriam pareciendo más una afirmación que una pregunta. Los juegos del asesino no eran necesarios. Eso lograba ponerla aún más de los nervios.

El chico rió y acarició su mejilla con el revólver mientras se quedaba a pocos centímetros de su cara.
Ella volteó su rostro con una mueca preguntándose cuando acabaría todo aquello.

- Veo que hasta te asusta un simple roce. ¿Enserio quieres que te dispare? - murmuró esta vez él poniendo de nuevo el arma justo apuntando su cabeza. Apretó el gatillo provocando que Miriam cerrase los ojos con fuerza.

Volvió a reírse descaradamente y se volteó poniendo los brazos detrás de su nuca.

- ¿Por qué haces esto?

Él volvió a mirarla con una sonrisa muy falsa mientras su madre salía de su escondite y contemplaba como el hombre apuntaba a su hija con un arma. Se apoyó contra la pared mientras sus ojos se humedecían de nuevo.

- Porque los médicos se creen Dios cuando no lo son - volteó sus ojos y se encogió de hombros - Cometieron una negligencia y mi hermana falleció.

- Los pacientes no tenemos culpa de lo que hagan los médicos.

Miriam tragó saliva y el chico cargó su revólver. Esta vez, si apretaba el gatillo todo se esfumaría.

- ¿Quién dice que tú seas una paciente? No llevas puesto el camisón y pareces inteligente - volvió a apuntarle con el arma y meneó su cabeza a un lado haciendo un ruido obsceno. Ella alzó ambas manos y entornó la mirada.


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- Tú tampoco pareces un asesino pero ya ves. Ojalá te caiga la perpetua, no estaré viva para verlo pero lo disfrutaré desde el cielo - susurró bien alto bajando la mirada mientras el hombre se enfurecía.

Y de pronto, el gatillo apretó y el bramido de su madre fue consumido por el sonido de la pistola.

La bala fue a parar directamente en la parte de arriba de su brazo izquierdo. La aceleración de la bala provocó que Miriam perdiese el equilibrio y se diese de bruces contra el suelo.

Apretó su brazo con fuerza sintiendo un dolor indudable mientras todo se volvía inaudible. Apenas podía escuchar con claridad lo que sucedía a su alrededor. Llevó la mano a su rostro secando sus lágrimas y se sorprendió al ver numerosa sangre en la palma de su mano. Se estaba desangrando y probablemente la bala le había perforado el brazo más de la cuenta.



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- Eres un idiota, asqueroso, repugnante... - escupió sus zapatos y le miró asesinamente mientras se retorcía de dolor. Su voz era fuerte y dura - Espero verte en el infierno, no sabes cuanto disfrutaré viéndote sufrir por todo el daño que has hecho a tantas personas inocentes.

Nada más finalizar la frase, otro disparo fue a parar en el otro brazo de Miriam. Ella volvió a retorcerse de dolor y finalmente, quedó recostada sobre el suelo sin fuerza alguna.

- Bien, acabemos con esto de una vez - afirmó colocándose frente a ella y cargando el revólver nuevamente - Despídete de tu vida.

- Hazlo... - susurró con apenas fuerzas para mantener los ojos abiertos mientras lágrimas caían por su rostro.

Y cerró los ojos mientras el hombre se acercaba a ella contemplándola. 

Entonces a su mente llegó Derek, el chico al que amaba y que intentó protegerla desde el minuto cero. Debió hacerle caso. tenía que haberse alejado del hospital y aguardar como el resto para recibir noticias.

- Adiós, zorra - exclamó él con ironía volviendo a apuntarle con el arma aunque ya todo le daba exactamente igual. Sus fuerzas habían desaparecido y comenzaba a ver borroso. Sonrió unos instantes y pensó que era lo mejor para todos. Desaparecer.

- ¡No! - gritó Susan apareciendo de entre la nada e interrumpiendo sus pensamientos.

Ella amaba a su hija y aunque pasaron por unos baches terribles, no quería perderla por nada en el mundo.
Ya había pasado por eso. La desesperación de perder a una persona tan importante en tu vida es gigantesca.

De pronto, un disparo sonó y el dolor se consumió por completo.






Miriam terminó cerrando sus ojos totalmente y el daño desapareció, el silencio comenzó a estenderse por todo el lugar y de pronto, todo se desvaneció.

Unos segundos después, el equipo de policías consiguió entrar y no dudó en atrapar al asesino que reía con fuerza entregando su pistola.

El resto de los policías se distribuyeron por todo el hospital y consiguieron desalojarlo por completo.

Lo que antes era un hospital caótico y completamente agotador se convirtió en un lugar opaco, solitario y escalofriante. Nada volvería a ser lo mismo. Todo cambiaría a partir de ahora y nadie lo podría cambiar.

Jessy y Coque lograron ser atendidos. Casi cogieron una pulmonía debido al frío que inundaba el laboratorio pero lograron rescatarlos a tiempo y por supuesto, le dieron de comer a ambos ya que se mantenían pálidos y sensibles.

Los trasladaron a otro hospital de la zona y los ingresaron en habitaciones contiguas para que descansasen y repusiesen fuerzas.

Mientras tanto, la noticia comenzó a extenderse y las personas más cercanas a los chicos no dudaron en acompañarlos en esta situación tan traumática.

Derek estaba completamente desesperado. Se culpaba así mismo por haberla dejado entrar. La había perdido hace poco y no soportaría volver a perderla pero esta vez, para siempre.

Intentó numerosas veces que le dejasen entrar pero no lo consiguió y eso le angustió aún más y encima, Melanie no dejaba de llamarle para saber en donde se encontraba a estas horas de la noche.





Finalmente, todo se había esfumado. Las palabras cesaron y el tiempo también.


















jueves, 5 de enero de 2017

(T2) CAPÍTULO 41: UNA PARADA DE MÁS




DÍA: 8 DE SEPTIEMBRE













Narra Lola:






- ¡Dios! Estoy agotado. Eres muy buena jugando a la Wii - sonrió sentándose en el sofá y limpiándose las gotas de sudor con la palma de su mano.

- Tú también lo eres.





No dudé en sentarme a su lado y abrazarme a su cintura como si mi vida constase de ello. Olía a sudor pero no me importaba, eso no conseguiría apartarme de él.

Miguel me pasó el brazo por detrás de la espalda y yo me acomodé en su regazo mientras él besaba mi cabello. Era confortable, me hacía sentir bien. Me libré de su agarre y me volteé. Él me observó con sus increíbles ojos azules y se acercó lentamente a mis labios...










- ¿Lola?

La voz ronca de Henry me desconcertó. Abrí los ojos lentamente y me estiré con ganas. Miré a los alrededores. Estaba en el sofá, tumbada y tapada con unas cuantas mantas.

- ¿Cuánto tiempo llevo durmiendo? - dije sobándome los ojos y luego mirándolo fijamente.

- Mucho, mucho tiempo. Pensé que jamás despertarías - soltó suavemente mientras me robaba un beso de buenos días.

Le seguí el beso con ganas y le hice un hueco para que pudiera echarse a mi lado.

Henry acarició mi mejilla y luego siguió bajando por mi cintura y caderas.

- Eres tan dulce, incluso durmiendo.

- Tonto, ¿te quedaste ahí todo el tiempo mientras dormía? - le di flojo en el brazo y él no pudo evitar reírse fuertemente.

- No, todo el tiempo no. Fui a la cocina a por una taza de café, tenía sed.

- ¿No tienes sueño? - le miré a los ojos y apoyé mi cabeza en su pecho mientras Henry me acariciaba el cabello.

- Si pero Miguel no me dejaba dormir y esta vez no por lo que estás pensando. Está arreglando su auto y no para de hacer ruido.

- Oye - bajé la cabeza frunciendo el ceño - Hablando de tu hermano... Quería comentarte una cosa.

Volví a elevar la mirada. Este me observaba con la mirada totalmente perdida.

- Cuando él está... nuestra intimidad se va por la borda. El día que salimos a cenar me lo pasé tan bien - me rasqué la nuca y me senté como los indios - Y fue porque él no estaba. ¿Qué te parece si en vez de quedar siempre en tu casa quedamos en la mía? Así estaremos tranquilos y tu hermano no nos molestará más.

- ¿Tan mal te cae? - sonrió inclinando la cabeza y abrazándome por detrás mientras besaba mi cuello con delicadeza.

Apoyé sus manos sobre las de él y este me apretó aún más haciéndome sentir cosquillitas en el estómago. Reí flojo y me giré posando ambas manos en sus mejillas.

- Hablo enserio, Henry. Creo que nuestra relación está cogiendo el ritmo perfecto, no dejemos que terceras personas nos la estropeen - sonreí apoyando mi frente en la suya.

Él miró en otra dirección y se abalanzó sobre mi haciéndome quedar tumbada bajo su cuerpo.

Se inclinó y quedó a escasos centímetros de mis labios.

- Si así estás más tranquila entonces si. Acepto.

Sonreí notoriamente y acorté la distancia entre nosotros. Después de un largo rato entre besos y caricias, Henry colocó sus heladas manos en mi tripa. Yo me quejé y él sonrió mientras le cogía una de sus manos y la dirigía por mi cuerpo. Él lamió sus labios cuando la posé sobre uno de mis pechos.
Sentí un escalofrío cuando lo apretujó con sus dedos pero en ese momento, no me importó.

Henry me observó con cautela y yo asentí para dejarle claro que estaba bien, que no pasaba nada.
Entonces, me besó de nuevo para tranquilizarme y bajó su mano de nuevo a mi tripa.







- Aún no es la hora - me susurró sensualmente al oído.




Reí nerviosa y él continuó haciendo círculos en mi ombligo. Yo solo me reía, no tenía palabras para Henry solo... Sonrisas y más sonrisas.

- ¿Puedo preguntarte algo?

- Claro - dijo entretenido jugando con mi ombligo.

- ¿Te acostaste con ella?

Al escuchar mis palabras, se detuvo y me miró fijamente.

- ¿Con quién?

- Con Érica. Sé que no es asunto mío pero... necesito saberlo.

Se me encojió la voz y jugueteé con mis dedos esperando una respuesta por su parte.

- Si, una vez solamente. No tiene importancia - negó con la cabeza sin elevarla.

No debí de preguntárselo. Está claro que no le gusta que le hablen del tema.
Lola, debiste cerrar el pico. Me siento fatal...

-Perdona, no tenía que habértelo preguntado.

- No pasa nada, está bien que quieras saber ciertas cosas. Por algo eres mi novia - levantó la mirada y me sonrió muy forzadamente - Pregúntame, lo que quieras.

- ¿Enserio?

Asintió y tragué saliva. No sé si lo decía de verdad o solo lo afirmaba para demostrarme que lo había superado y era agua pasada.
Pero la curiosidad mató al gato y no pude evitar preguntarle sobre sus sentimientos hacia ella.

- Ella tenía novio así que le fue infiel. ¿No lo lamentó?

- ¿Por qué crees que solo fue una vez? - susurró sin mirarme.

- Vale, no voy a seguir preguntándote - alcé ambas manos como sobreprotegiéndome.

- ¿Por? Ya te dije que me puedes preguntar lo que sea. Te responderé - me miró fijamente y luego suspiró.

- Está claro que aún no superaste lo que pasó entre vosotros. No quiero incomodarte, hacerte sentir mal...

- ¡No! ¡Lo que pasó entre ella y yo se terminó! ¡Es pasado! - gritó ofendido mientras sus manos se convertían en puños.

Cerré los ojos con fuerza y tragué saliva.

Aquel arrebato, me asustó. Nunca le había visto así, tan cabreado.  Henry quiso tranquilizarme apoyando una mano en mi hombro. Antes de que lo hiciera, me aparté mirándolo con cautela y me abracé a mi misma.

- Lola, yo... No quiero que me tengas miedo. Lo... siento. Es que todo el mundo piensa que sigo sintiendo algo por ella y... - susurró en un suspiro mirándome con ojos brillantes llenos de dolor.

- Fue culpa mía. No debí sacar el tema - negué con la cabeza con unas inmensas ganas de ponerme a llorar. No sé porqué pero lo sentía. Sentía que él me estaba mintiendo y que Érica aún seguía formando parte de su corazón. Quería averiguarlo pero tenía miedo a que su reacción no fuese la esperada.

- No... La culpa es mía. Perdona.

Parecía realmente arrepentido lo que significaba que de verdad se sentía culpable y por lo tanto, mis objeciones eran ciertas.

- ¿Qué sientes ahora por Érica?

- No lo sé. Puff... - se rascó la nuca. Se estaba poniendo nervioso. Se encogió de hombros sin levantar la mirada ni una sola vez.

- ¿Rencor, amor, odio?

- ¡Te he dicho que no lo sé! - volvió a gritar fuertemente, agobiado como si no pudiera con esto. Quería huír, lo notaba en su mirada. Se levantó dirigiéndose a la puerta - Tengo hambre, ¿quieres algo?

Puse los ojos en blanco. Ya no me intimidaba que se pusiese histérico o furioso. Lo que ahora mismo me interesaba era llegar al final de todo esto. Quiero saber si lo que siente aún por ella es fuerte o no.

- ¿Por qué evitas hablar del tema? Te contradices. Dices que no te importa, que puedo preguntarte lo que me apetezca pero en cambio, huyes, intentas escapar, no quieres expresar lo que verdaderamente sientes... ¿Qué sientes por ella? - le miré fijamente intentando ser suave y concisa demostrándole que podía confiar en mi.

- ¿Qué quieres que te diga? ¿La verdad? - levantó la mirada y caminó hacia mi decidido - Si ella volviese suplicándome que me quiere y que de verdad quiere intentarlo conmigo no dudaría en decirle que si. Solo sé eso.

- ¿Enserio? Después de todo lo que te hizo... - noté como mis ojos se nublaban. No podía aguantar tanta presión. No me esperaba su respuesta, ni mucho menos.

- ¡Lo sé! ¿Vale? ¡Lo sé! Pero lo que ella me hizo sentir... Nunca experimenté una sensación igual. Me hizo estar en las nubes aunque solo fuese en una ocasión. Sé que está mal que piense eso después de todo lo que pasó pero es la verdad - gritó muy seguro de sus palabras.

- Eres un completo gilipollas. Estar enamorado de una mujer que lo único que hizo fue utilizarte. Henry, para ella eres un puto juguete. Te usó y te tiró al contenedor - me levanté notando como las lágrimas bañaban mis mejillas.

- ¿Crees que no lo sé? Ella no merece que la quiera pero no puedo evitarlo, no puedo dejar de hacerlo aunque no me guste y tenga remordimientos - continuó señalándose a si mismo y cerrando los ojos con fuerza.

- Que ciego es el amor, ¿no? Yo nunca te haría eso, Henry. NUNCA - exclamé entre lágrimas mientras él alzaba la mirada - Si la amas tanto... ¿Por qué estás conmigo?

- Porque tú apareciste como un rayo de sol a mi vida. Eres la única que me hace olvidarla aunque solo sea con tu presencia.

- Pero a ella le amas, Henry. Yo solo soy una sustituta para llenar el vacío que ella creó en tu corazón - me sequé las lágrimas intentando no alzar la voz.

- ¡No digas eso! ¡No te atrevas a decir que solo te utilizo para calmar mi dolor! - elevó la voz poniéndose a la defensiva.

- Eso es lo que me estás demostrando. No me quieres, puedes decir lo que te salga de los... - me paré en seco y ladeé la cabeza - No te creo.

- ¿Ves? Por eso no quiero hablar del tema. Ella siempre está, siempre es un problema... - señaló pegándole una patada a la pared.

Me estremecí y me abracé a mi misma. Estaba cabreado y hablar solo le enfadaba más. No podía seguir hablando con él. Quería marcharme corriendo de aquel lugar y no regresar más.

- Porque tú dejas que lo sea.

- Yo quiero quererte a ti - exclamó observándome fijamente y marcando cada una de las palabras.

- Pero tu corazón no te deja y debes fiarte de él.

Bajé la mirada y caminé directa a la puerta pero él se interpuso en mi camino impidiéndome marcharme.

- Henry... Creo que ya está todo aclarado...

- ¡NO!  Lola, por favor... Sin ti no soy nada. No puedes largarte. No puedes... - intentó retenerme colocándose frente la puerta.

- ¿Qué no puedo? ¿Dejarte solo? ¿Por qué? Tu corazón aprenderá a soportar el dolor como todos lo hicimos en su día. Yo no soy tu soporte. Tú lo eres - le aclaré mientras las gotas seguían cayendo por mis mejillas.

- Lola, no me abandones - suplicó mirándome a los ojos y cogiendo mi mejilla con su mano derecha. La acarició lentamente. Yo cerré mis ojos tambaleándome y negué con la cabeza.

- Henry, apártate.

Firme.

- No Lola, si te vas por esa puerta no vas a volver a entrar - afirmó enfadado mientras las lágrimas salían disparadas de sus ojos.

- Lo sé.

Impasible.


Le hice a un lado y salí de la sala. Me volteé una sola vez más antes de salir por la puerta principal. Mi mirada era fría aunque no había dejado de llorar durante mucho tiempo.






Él se mantuvo apoyado en la puerta observando cada movimiento que realizaba y aguantándose las ganas de correr a mis pies impidiendo que me fuera pero no lo hizo. Sabía perfectamente que era lo que yo quería y no intentó persuadirme ni nada por el estilo ya que sabía que hiciese lo que hiciese no conseguiría hacerme cambiar de opinión.

- Adiós Henry.

Y me fui, dejando atrás a un hombre desolado, triste, enfadado. apagado, taciturno, lúgubre...
Un sujeto que afirmaba quererme de verdad, amarme como nunca nadie lo había hecho antes.
Una persona con la que había compartido los mejores momentos de mi vida.
Un ser que se había convertido en mi amante, consejero, amigo... En definitiva, la persona más especial en mi vida.

¿Por qué? Yo le amaba como nunca había amado a nadie pero él en cambio, no estaba seguro.

No tenía claro sus sentimientos por mi pero en cambio, si tenía claro lo que sentía por Érica.

Necesitaba tiempo. Henry para aclarar sus ideas y yo para replantearme si era el hombre que llevaba esperando toda mi vida.



















Narra Miriam:






- ¡Dylan! - le acogí entre mis brazos con lágrimas en los ojos. Han pasado muchos días desde que los servicios sociales se lo llevaron. Le eché tanto de menos. Aún permitieron las visitas esta mañana y no pude esperar más tiempo, necesitaba verlo ya.

- Miriam, ¿por qué tardaste tanto en venir? Pensé que me habías abandonado... - murmuró el pequeño bajando la mirada mientras yo le cogía de las manos y le acariciaba la mejilla con cariño.

- No me dejaron verte hasta hoy. Nunca te abandonaré, ¿vale? Siempre estaré a tu lado - volví a acojerle entre mis brazos mientras Derek nos observaba sentado en uno de los sillones. No quiso entrar conmigo, se negó en seco. Fue una actitud muy extraña por su parte aunque lo importante, es que había accedido a acompañarme - ¿Qué tal te sientes aquí? ¿Los demás niños te tratan bien? ¿Jugáis juntos?

Se sentó a mi lado y se frotó los ojos antes de cogerme fuertemente de la mano.

- Al principio no me dejaban jugar con ellos al escondite. Decían que no formaba parte de su grupo. Luego, Jon hizo que al final me dejasen. Desde que conocí a Jon todos se portan bien conmigo.

- ¿Y quién es ese tal Jon? - le sonreí acariciando su mano. Él elevó su dedo índice indicándome quien era.

Detuve mi mirada en él. Parecía un chico mucho más mayor que Dylan. Tenía un aspecto fuerte y musculoso. El pelo lo tenía rapado y pequeñas marcas cubrían su cara. Aparte de que su ropa no era la más acertada para un niño de esa edad.
Jon saludó a Dylan y este le devolvió el saludo con una sonrisa.

- ¿Cuántos años tiene?

- Trece. Es muy bueno y también es mi compañero de cama. Me llama hermano pequeño - asintió sonriendo aún.

Parecía no disgustarle el lugar. Aunque... Aún llevaba pocos días aquí.

- ¿Te gusta este lugar?

- Prefería estar con mi padre en el hospital pero ahora que papá se ha reunido con mamá en el cielo supongo que tendré que quedarme aquí con Jon y la señorita Robin.

Los ojos se me llenaron de lágrimas. Odiaba toda esta situación. Ojalá el padre de Dylan estuviese vivo y él pudiese volver a su vida normal sin pasar por todo lo que está pasando.

- Conseguiré que salgas pronto de aquí, Dylan. ¿Te gustaría vivir conmigo?

- Si aunque ... ¿qué pasaría con Jon? - me miró fijamente mientras jugueteaba con sus pies.

- Podrás venir a visitarlo y jugar con él las veces que quieras - le sonreí para calmarlo y darle seguridad.

- ¡Sii! - se abalanzó sobre mi y me abrazó con fuerza. Le miré sorprendida y le seguí el abrazo - Te quiero, Miriam.

Esas palabras hicieron que mi corazón se ablandase. Pocas personas me lo habían dicho alguna vez. Recuerdo escasas veces en las que mi madre me lo dijo.

- Yo también te quiero, Dylan. Más de lo que imaginas - dije mientras lo sentaba en mi regazo y le hacía cosquillas en la tripa. Él comenzó a reírse con fuerza. Nunca lo había visto tan vivo, tan sonriente, tan... Feliz.

- Es hora de despedirse de tu visita, Dylan. Tienes que prepararte para ir a comer - le ordenó una mujer bastante seria que nos miraba a ambos con desprecio.

- No quiero que te vayas. Quiero que te quedes conmigo - dijo haciendo pucheros y con voz triste mientras me abrazaba con ganas.

- Ojalá pudiera quedarme. Mañana volveré y podré quedarme otro tiempo contigo - le sonreí tocando su nariz con la punta de mi dedo. Él me dedicó una sonrisa y se bajó de mi regazo.






- Adiós Miriam. Hasta mañana - se despidió con la mano mientras la mujer con cara de amargada se lo llevaba a la cocina.

- Adiós pequeñin - le lancé un beso y aguardé allí sentada hasta que le perdí de mi campo de visión.

Al salir del lugar, una mujer me tendió los papeles para la adopción de Dylan.

- Necesitarás un buen abogado y cumplir todos los requisitos de la lista. Cuando adoptas a un niño miran todo con lupa. No se les escapa ni un detalle. Suerte - me guiñó un ojo y continuó con su camino.

Guardé los papeles debajo del hombro y caminé hacia Derek. Este alzó la mirada al verme.

- ¿Qué tal? - preguntó levantándose y colocándose bien la cazadora.

- Dylan está contento. Ha hecho nuevos amigos y tienen una cuidadora que les trata fenomenal.

- Genial, ¿ves como no debes preocuparte? Está bien - susurró poniendo ambas manos en mis hombros y mirándome con ojos sinceros.

- Aún así... Este no es su lugar.

- En un tiempo, encontraran una familia para él. Todo saldrá bien, Miriam. Deja de preocuparte - me tranquilizó poniendo los ojos en blanco - Por cierto, ¿qué son esos papeles? - señaló frunciendo el ceño.

No debía contarle aún lo que tenía entre manos. No sé si le haría mucha gracia. Aún no es el momento. No quería mentirle pero no me quedaba otro remedio. Con el tiempo, se lo diré.

- Quieren saber cosas sobre Dylan y su situación. Me han pedido que rellene una serie de documentos. Nada importante - mentí bajando la mirada. Esperaba que no se diese cuenta.

- Miriam, creo que estás involucrándote demasiado en el tema. ¿No crees que deberías dejarlo en manos de la seguridad social?

- Ese pequeño está pasando por un momento muy delicado. Acaba de perder a sus dos padres. Soy lo único que le queda así que no me digas lo que tengo que hacer - mencioné mirándole y suspirando a la vez.

Es cierto, no debe de meterse en el tema. Dylan me necesita, ahora más que nunca. No pienso abandonarle.

- Si te conoce desde hace poco...

- Cállate y llevame al hospital, pendejo - le interrumpí mirándole extrañada y fingiendo estar enfadada.

Comencé a caminar directa a la salida. Él sonrió y me alcanzó al poco tiempo dándome una cachetada en el trasero.

- Todo esto es por lo que te quiero - me susurró al oído pasando sus manos alrededor de mi cintura.

- ¿Por insultarte? - bramé entre risas apegándome a su cuerpo.

- Por intentar siempre ayudar a los demás - soltó mientras me volteaba y le miraba a los ojos. Él me cogió de la nariz mirándome con ojos brillantes y no pude evitar reírme.






- Eres un completo idiota y te quiero - murmuré apoyando mi frente contra la suya.

- Buena teoría - miró a otro lado y luego asintió robándome un beso.






                                                                     






REQUISITOS PARA ADOPTAR UN NIÑO:




* Tener las suficientes capacidades para criarlo, darle educación y cuidarlo de la forma que se merece.

* Tener los medios suficientes para que no le falte de nada.

* No tener antecedentes penales ante un delito doloroso.

* Que la adopción sea beneficiosa tanto para el niño como para la persona que se ocupe de él.

* Ser la persona idónea para adoptar el niño.

* Adoptar no es como comprar ropa. No se puede devolver por eso debes tenerlo bien claro y pensarlo con detenimiento.

 
     • ¿Es lo mejor para él?

     • ¿Crees que serás capaz de ocuparte de él?

     • ¿Tendrás los recursos suficientes?

     • ¿Él se sentirá agusto y conforme con su nuevo hogar?


* La persona que quiere adoptar debe ser mayor de edad.

* Debe tener al menos 25 años ( en el caso de que sea una pareja, con que uno de los solicitantes lo sea, llegaría. )

* Además tiene que tener 14 años más que el adoptado.

* Debe estar en pleno ejercicio de los derechos civiles.


En Barcelona:

* Es importante que sea una pareja la que quiere adoptar un niño. No es necesario que estén casados pero si que lleven un mínimo de dos años conviviendo juntos.





IMPORTANTE:



Al principio, surgirán dudas, conflictos e incomodidades entre el adoptado y las personas que accedieron a adoptarle pero todo es cuestión de tiempo.

Debe ponerse en la situación del niño. No es fácil pasar de vivir una vida totalmente diferente a la que tenía antes.


Ayúdele y dele el cariño que se merece. Muéstrele que puede confiar en usted y que ahora, esta es su nueva familia.






                         







 - ¿Qué lees? - se entrometió Derek observándome de reojo.

- La mirada fija en la carretera. No quiero morir tan joven - protesté pegándole suave en la mejilla para que mirara hacia delante.

Él se rió y me siguió mirando por el rabillo del ojo.

- Mira a la carretera - bufé alzando la voz.

- Está bien pero dime que es eso.





Intenté entretenerle. Le agarré de la mejilla y besé suavemente sus labios. Él bufó sonriendo y yo apoyé mi cabeza en su hombro.

- Tus tácticas para cambiar de tema me gustan pero no funcionan conmigo, pequeña - bramó con voz sensual mientras me separaba de él quejándome por lo bajo. Finalmente, decidí contarle.



- Son los papeles que me entregaron. Los que debo cubrir sobre Dylan - mentí pasándole otro pequeño vistazo y luego guardándolos en el bolso.

- Ah, como te vi tan concentrada...

- Es que esto es importante, Derek. Estamos hablando de la vida de Dylan. De su futuro, de su presente - le interrumpí refunfuñando y negando con la cabeza.

- Miriam, ni que fueras la niñera de "The Sitter" - bramó poniendo los ojos en blanco.

- ¡No me compares con una bruja! - alcé la voz fingiendo estar cabreándome - ¿No me digas que no sientes compasión por el pequeño, solo y perdido Dylan? - pregunté mirándole con ojos brillantes y poniendo pucheros.

Él apartó la mirada de mi y frunció el ceño.

- Si, tal vez de pena pero no me gustan los niños, Miriam.

Eso me dejó terriblemente de piedra. ¿Por qué no me lo había dicho antes? Le miré atónita y suspiré. Él me miró durante unos segundos y volvió a centrar su atención en la carretera.

- Pues yo pienso tener muchos, muchos bebés así que vete haciendo a la idea, pendejo - le aclaré con obviedad mirando por la ventanilla.

Derek intentó aguantarse la risa, algo que le resultó imposible.

- Creo que tenemos mucho tiempo para pensar en eso - susurró con voz tierna dándome un beso en la mejilla.

Me quedé pensantiva. Ojalá tuviera más tiempo para convencerte...

- Claro... Tiempo... - sonreí forzadamente y continué callada el resto del trayecto.











Narra Lola:






Me senté en el bordillo de la carretera. Él me había traído, no tenía coche y no sabía como volver a mi apartamento. Estaba jodida y no volvería a llamar a su puerta para pedirle que me llevase a casa.

Sería muy incómodo para ambos...




Me limpié las últimas lágrimas que bañaban mi rostro y cogí mi celular intentando no derramar ni una sola lágrima más.

Elliot estaba de primero en mi lista de contactos, supongo que fue el último con el que hablé.
Borré el número de Henry mientras las gotas seguían fluyendo.

Todo esto me resultaba inimaginable. Hace tan solo unos minutos estábamos abrazados, haciéndonos cosquillas y comiendo chuches que lo único que hacían eran engordarnos y ahora, estaba aquí. Sola, helada de frío y sin saber que hacer frente a su casa cuando lo que me apetecía era llegar a casa y hartarme de helado de frambuesa y películas de Antena3.

Si, ver la vida perfecta de otras personas te distrae de la vida de mierda que tienes tú.

Llamé a Kinn. Hacía tiempo que no hablábamos. Desde que estaba con Henry me olvidé completamente de ella.

- Holaa, maricona de mierda. ¿Dónde te metiste todos estos días? Echaba de menos insultarte e irme a ligar contigo - bromeó como siempre solía hacer mientras me sonaba con uno de los pañuelos que tenía en el bolso.

- Enamorándome y echando mi corta y bonita vida a perder - suspiré con sinceridad mientras me acurrucaba sobre mi bolso y me abrochaba la cazadora.

- ¡Oh, nena! Te dije que enamorarse era solo un cuento de hadas. Los hombres no saben respetarnos, nos utilizan como si fuésemos títeres. Lo siento mucho, mona - me consoló con voz apagada y tranquilizadora. Me alegraba volver a hablar con ella. La echaba de menos.

- La culpa es mía. Vivía de los sueños. Pensaba que los cuentos de Disney podían hacerse realidad pero me equivocaba.

- Oye, tia. ¿Por qué no te vienes mañana con nosotras a una fiesta? Es el cumple de Sam y queríamos celebrarlo al máximo. Así te distraes, desconectas... No sé, piénsalo - me ofreció alzando la voz emocionada.

Y esa era solución número uno de Kinn. Bueno... creo que la única para ella. Beber, bailar, volver a beber, follar y al día siguiente, no recordar ni como te llamabas.

- No lo sé, Kinn. Lo veo muy precipitado.

-Tú piénsalo. Si accedes a venir, ya sabes donde es - rió mientras me subía el cuello de la chaqueta.




- Me das miedo. Mucho miedo. Eres capaz de venir a mi casa si no voy...

- ¿Lola? ¿Qué coño haces aquí fuera congelándote? - me interrumpió la voz de Miguel.

Me volteé y me quedé de piedra al verle con el pelo revuelto, la camisa completamente manchada y los pantalones holgados y rotos. Él mantenía el ceño fruncido y me observaba alzando una ceja con los brazos cruzados.

- Kinn, tengo que dejarte. Hablamos mañana - colgué sin dejar de mirar a Miguel y sentándome correctamente en vez de como una completa fulana.

- ¿Y tú que coño haces aquí? - señalé alzando el brazo mientras él me dedicaba una sonrisa traviesa.

Oh no... No estoy para tus chistes malos... Hoy no.

- Es mi puta casa. ¿Crees que voy a dormir en el coche teniendo una bonita cama?

- Oh dios, ¡cállate! - volteé los ojos levantándome y caminando a la vez, que le daba la espalda.

Las lágrimas volvieron a brotar por mis ojos, no quería que me viera llorar así que decidí irme cuanto antes.

- Emmm... Lola - llamó mi atención interrumpiendo en mis pensamientos.

- ¿Qué mierda quieres ahora? ¿Por qué siempre estás en medio joder? Eres como una puta mosca. Solo molestas y me tienes harta - alcé la voz mirándole furtivamente mientras me limpiaba las lágrimas con el pañuelo.

- Por ahí no es, ese camino no tiene salida. Es por allí - me señaló mientras su expresión cambiaba totalmente ante lo que acababa de escuchar - Pero gracias por tus palabras, yo también te quiero - vaciló dándose la vuelta mientras se secaba las manos llenas de grasa.

Le observé por unos instantes apretando los puños. Me había pasado y mucho. No solo le grité a él si no también a Henry. Tal vez, Henry se lo mereciera pero Miguel no...

Debía hacer lo correcto por una vez en todo el día. No lo dudé.

- Lo siento. No quería decir eso. Es solo que... - me mordí los labios intentando encontrar las palabras. Zarandeé la cabeza mientras comenzaba a llorar de nuevo. Me tapé la boca con la mano y cerré los ojos con fuerza.

Miguel caminó rapidamente hacia mi. Primero, se quedó inmóvil sin saber exactamente como  reaccionar y luego, me abrazó sin más calmándome.

Aparte de que olía a humo y a gasolina podrida, su acto tan repentino me ayudó a olvidarme de Henry durante unos segundos.

Una acción así por su parte me resultaba muy extraña. Debió de costarle lo suyo.
Supongo que debajo de ese caparazón de chico fuerte, duro y creído existía un hombre empático, amable y cariñoso. Tal vez, fue eso lo que conquistó el corazón de Marina.


Cuando dejó de abrazarme le miré a los ojos y me limpié las últimas lágrimas que bañaban mis mejillas.

- Hace frío. Vamos dentro - susurró sin levantar la mirada y comenzó a caminar hacia el garaje que se encontraba justo al lado de su casa.

- ¿Quieres Coñac? Ayuda en estos casos - me ofreció sirviéndose una copa a si mismo.

- ¿Ayudar a qué? - dije haciendo un gran esfuerzo por no volver a llorar.

- A no pensar, a olvidarte del mundo... Mientras no te pases dándole a la botella todo irá bien - sonrió sentándose sobre el capó del coche e indicándome que me sentase a su lado.

Dudé unos segundos pero finalmente me senté y aguardé a que me sirviera una copa.

- ¿Por qué te vas? O más bien... ¿Por qué te ibas? - preguntó sirviéndome a la vez que fruncía el ceño.

Suspiré y bebí el contenido de la copa de un tirón.

- ¡Wue! Como controlas, chorvo - rió sirviéndome de nuevo sin perder la vista de mi.

- Henry y yo lo dejamos - murmuré bufando mientras continuaba bebiendo.

- ¿Qué coño...? ¿Estábais saliendo? - se sorprendió levantándose y situándose frente a mi.

- ¿No te lo dijo? Me lo pidió en la cena de la playa. Se lo curró tanto... Y ahora todo se fue a la mierda - solté terminándome la copa de nuevo y extendiéndosela para que me la llenase nuevamente.
                                       
- Pensé que lo vuestro duraría. Se os vía tan... No sé - se encogió de hombros y apoyó sus manos en mis rodillas - ¿Pero quién dejó a quien?

Me estremecí y miré sus manos.
Tenía las piernas desnudas y su contacto hacía que la piel se me pusiese de gallina.

- Le pregunté sobre Érica, su ex. No debí hacerlo. Se puso furioso y dijo cosas que no debería de haber dicho... - murmuré mientras las lágrimas volvían a resbalar por mis mejillas.

- Henry sigue aún muy tocado con lo de esa chavala pero desde que te conoció no volvió a hablar de ella - me aclaró tendiéndome un pañuelo y volviendo a sentarse a mi lado.

- No lo entiendes. Me dijo que la seguía queriendo dándome a entender que solo era un juguete para calmar su corazón.

- ¡Joder! ¿Enserio dijo eso? Oye, él habló conmigo hace poco. Me preguntó si hacía bien al estar contigo y me confesó que no tenía muy claro si lo vuestro iba enserio o no. Él está haciendo un esfuerzo muy grande. Le conozco, tía. Sé que está súper pillado por ti pero lo de la chavala esa sigue fresco y necesita tiempo para aclarar la cachola. Ten seguro que te quiere - anunció alzando una ceja y asintiendo con la cabeza.

Tal vez tuviese razón, quiere olvidarse de ella porque le gusto y quiere empezar algo nuevo, a mi lado.

Me quedé un rato pensativa mientras Miguel me observaba y aguardaba una reacción por mi parte. Alcé la mirada.

- Voy a darle un tiempo... A él y también a mi. Necesito aclarar todo este revuelo cerebral - hice movimientos con las manos y sin querer le di a él en el rostro. Bajé mis manos y miré a los lados intentando no reírme. Me resultó imposible.

- Ni puta gracia, chorvo.


Su semblante era serio, su rostro lo decía todo. Estaba cabreado y que me riera lo empeoraba.

- Lo siento pero esta mierda me está afectando algo al coco - reí suave dándole vueltas a la copa.

- Mientras no te pongas a cantar "Soy una avioneta, mira como vuelo".

Comencé a descojonarme fuertemente. Lo cantó. ¡Si! Lo dijo cantando y en mi vida lo había escuchado cantar.

- ¿Pero quieres dejar de reírte de mi, joder? Vas a causarme un puto trauma - murmuró volviendo a ponerse serio. ¿Pero si hace unos míseros segundos se estaba riendo como un poseso?

- Bipolar de mierda. Ahora puedo reírme de ti hasta hartarme. Ya no eres mi cuñado - aclaré con obviedad bebiendo otro sorbo.

- Dame eso, te esta afectando y mucho, chorvo - murmuró cogiéndome la copa y dejándola bien lejos de mi.

- Aguafiestas - le eché la lengua y zarandee mis pies de delante a atrás con rapidez.

- No quiero que Henry me arranqué los cojines si te llegase a pasar algo.

- ¿Cojines? ¿Qué coño? - reí fuertemente hasta quedar tumbada sobre el capo.

- Fue el puto corrector, ¿vale? - rió a mi vez y se sentó en el suelo como un indio.

- No estamos hablando por WhatsApp. Me parece que alguien ha bebido más de la cuenta - moví mis cejas rápidamente y Miguel comenzó a reírse de nuevo.

- Pequeña alienígena, no sé como Henry pudo dejarte marchar.

Me encogí de hombros y mis mejillas cobraron un color cobrizo.

- Algunas personas no saben apreciar lo que tienen - bajé la mirada y él se sentó a mi lado.

- Dímelo a mi. Si Marina le diese la venada de largarse y abandonarme... No sé lo que haría la verdad pero nunca me arrastraría , eso seguro.

- Eso nunca va a pasar. No sé que mierda te vió pero te ama y nunca te dejará.

- Hablaré con Henry. Le echaré la bronca. En dos días lo tendrás debajo de tu falda de nuevo - sonrió mientras yo me mordía él labio y alzaba la mirada.

- No hace falta que lo hagas - murmuré mirándole fijamente a los ojos.




- Lola, mírate. Estás destrozada, no pienso dejar que Henry terminé con la mierda que tenéis. Me gusta meterme contigo, eres muy buena devolviéndolas y quiero seguir haciéndolo - bebió otro sorbo y comenzó a limpiar una pieza de su auto.

Puse una mano sobre su hombro y sonreí.

- Tú también lo eres.

Se volteó y asintió como si fuera muy obvio.

Me acerqué más a él y le miré a los ojos. Él me observó sin expresión intentando averiguar en que estaba pensando.



Sonreí y me acerqué a sus labios. Cuando estaba a punto de rozarlos, Miguel giró su rostro y bajó la mirada.

Me sentí avergonzada, una completa estúpida... ¿En qué estaba pensando?

No podía mirarle. Él se levantó y me dio la espalda mientras continuaba limpiando la pieza.

Esto se estaba volviendo muy incómodo, tal vez, era hora de irse a casa.

- Debo... Irme.

No contestó solo asintió con la cabeza sin ni siquiera voltearse. Mierda, la he cagado y como llegase a contárselo a Henry...

Me sentía una completa inútil. Me dejé llevar por la situación y está claro que él no tenía las mismas intenciones que yo.















Narrador Omnisciente: 









La doctora se encontraba en la habitación de Coque revisando sus constantes y comprobando que todo estaba en orden.

- Vaya, Coque. Estás mejorando más rápido de lo que esperábamos. Si todo va bien, la próxima semana te daremos el alta y podrás irte a casa - le sonrió Wilson mientras anotaba el estado del paciente en el historial. Ella estaba contenta. No lo admitió nunca pero Coque le importaba, le caía bien y tenía fe en que se recuperaría. De hecho, hizo todo lo posible para salvarle la vida cuando nadie esperaba que lo superaría.

- No sabes cuanto me alegra escuchar eso. Mis padres se alegrarán tanto - exclamó el chico eufórico mientras su mejor amiga le cogía de la mano y le sonreía con cariño.

- Les escuché decir a tus padres que vendrían más tarde - Jessy miró su reloj de muñeca y frunció el ceño - Están tardando.

- Tal vez, no encuentran la habitación. Desde que me cambiaron de la UCI siempre se equivocan.

- Tienes razón. Espero que se den cuenta - sonrió ella mientras el busca de la doctora sonaba.

Ambos amigos continuaban charlando mientras la doctora observaba el busca y tragaba saliva.
Jessy se dió cuenta y no dudó en preguntarle.

- ¿Ocurre algo, doctora?

- Acaban de mandarme un "Código Negro". Deben de haberse equivocado - guardó finalmente el aparato y terminó de rellenar el historial del paciente.

- ¿Qué significa "Código Negro" ? - preguntó Coque con curiosidad mientras miraba a ambas.

Jessy le apretó la mano con más fuerza pero él no se quejó.

- Amenaza de bomba - suspiró dirigiéndose a la puerta - Pero tranquilos, si fuese algo grave enviarían a alguien a avisarnos.

- ¿Ocurrió más veces? - preguntó Jessy preocupada sin dar crédito a lo que acababa de escuchar. No estaba muy confiada en que fuese solo una falsa alarma.

- No, "Códigos Azules" prácticamente todos los días pero...

- ¿Podría ir a comprobarlo? - le interrumpió Jessy mientras sus piernas flaqueaban.

- Jess, no pasa nada. Tranquila, no va a ocurrir nada. ¿No es cierto, doctora? - intentó tranquilizarla Coque mientras esperaba la respuesta de Wilson - ¿Doctora? - repitió al no recibir respuesta.

- Debo comprobarlo. Regreso enseguida - susurró con la mirada perdida. Se dió la vuelta y caminó hacia la puerta. Cuando estaba girando el pomo, unos chillidos llamaron su atención.

La gente estaba revolucionada. La doctora se asomó por el cristal y pudo comprobar que efectivamente, la alarma no era ninguna trola y que todos los presentes estaban en peligro.

Varios disparos resonaron por todo el hospital, un hombre armado se hizo presente en la planta y amenazaba a la multitud con un aire siniestro.

Las personas corrían de un lugar a otro, algunas se escondían, otras se tiraban al suelo y una pequeña minoría era captada por el hombre y herida en pocos segundos.

La doctora comenzó a respirar con dificultad. El miedo amenazó su cuerpo. Llevó una de sus manos a la boca y cerró los ojos con fuerza intentando tranquilizarse.

- ¿Qué está pasando, doctora? - bramó Jessy levantándose de su lugar con tono desesperado.

- ¿De dónde provienen todos esos gritos? - le siguió Coque frunciendo el ceño e intentando visualizar algo en vano.

- No hagan ruido. Quiero que se escondan, busquen un buen sitio donde nadie pueda encontrarlos. Su vida dependerá de ello - susurró con un tono de voz muy bajo - Un hombre armado está en la planta - tragó saliva.

Jessy estaba terriblemente atemorizada. Su cuerpo temblaba y sus nervios solo empeoraban la situación. Coque aún seguía intentando asimilarlo aunque le resultaba muy complicado.

La doctora volvió a mirar por el pequeño cristal de la puerta. El hombre se estaba aproximando a la habitación. Ya no quedaba nadie en la planta. Unos cuantos cadáveres se encontraban en el suelo y la sangre era la única que abundaba.

- ¿A qué esperan? Corred - bramó la doctora acercándose a la cama de Coque. Esta reclinó su cama con el pequeño mando - No te muevas, cierra los ojos y por el amor de Dios, no te muevas - murmuró tapándole el rostro con una manta e intentando calmar sus nervios.

Mientras tanto, Jessy se escondió en el baño. Cerró la puerta y se sentó en el inodoro intentando tranquilizarse. Se tapó el rostro con ambas manos intentando no sollozar ante la situación. Sus piernas no dejaban de moverse y hacer ruido.

La doctora se escondió debajo de la cama donde se encontraba Coque. Agarró sus rodillas con fuerza y no se movió ni un solo milímetro.

Jessy logró dejar de moverse cuando sintió la puerta de la habitación abrirse lentamente.

La puerta chirriaba y eso solo lograba poner de los nervios a todos los presentes.

El hombre armado se quedó paralizado frente a la cama. Wilson, observaba sus pies quietos mientras se tapaba la boca y las lágrimas salían disparadas de sus ojos.

Los zapatos del hombre comenzaron a moverse directos a la cama. Hacían un ruido bastante molesto que lograba incomodar a Jessy que se mantenía completamente callada en el cuarto de baño.

Los zapatos volvieron a detenerse y la doctora rezó mentalmente para que el hombre no se diera cuenta de su presencia.

Este, destapó el cuerpo de Coque. Coque se quedó quieto y mantenía los ojos completamente cerrados como la doctora le había indicado minutos antes.

- ¡Oh dios! ¿Cómo pueden hacer esto? - exclamó el hombre pasándose las manos por el rostro y tomando asiento en la silla donde Jessy estaba anteriormente sentada.

Wilson no entendió las palabras del hombre. Este, sacó una caja de cigarros del bolsillo y se dispuso a fumarlos dejando el revólver en el suelo.

La doctora se asustó y se engruñó aún más intentando no perder la calma y soltar un gran grito.


Nunca se supo el tiempo que estuvo allí sentado y fumando aquel hombre. Parecía interminable y a todos los presentes le incomodaba. Todos deseaban que se marchase de una vez y así poder salir de sus escondites.

Volvió a recoger su revólver y se dirigió a la salida. Algo le detuvo, se volteó nuevamente y caminó hacia la cama.

Jessy se levantó acercándose a la puerta. Se arrodilló frente a ella y posó una oreja intentando escuchar con claridad lo que estaba ocurriendo. Sus intentos fueron en vano pero aún así no se atrevió a abrir la puerta.

El hombre se sentó sobre sus rodillas y tiró de los pies de la doctora.

- ¡No! ¡Suélteme! ¡No! - gritó con voz alzada y fuerte intentando safarse de su agarre.

Wilson movía las manos sobre el suelo intentando hacer fuerza y oponerse a él.

Finalmente, el hombre armado logró sacarla de debajo de la cama. Esta se dió la vuelta y horrorizada se agarró a una de las patas de la cama.

Él pudo contemplar el horror en sus ojos. Estaba atemorizada, su vida estaba en peligro y no podía hacer absolutamente nada.

Alzó ambas manos en señal de defensa y tragó saliva sintiendo como su vida llegaba a su fin.

Todo lo que había logrado todos estos años no había servido para nada. La residencia, todos los años perdidos con su ex-marido... Y luego recordó a su novio, a sus hijos y a su pequeño perro guardián.

Nunca los volvería a ver y todo porque un chaval sin escrúpulos había invadido el hospital donde ella trabajaba y la había amenazado con una arma.

El hombre decidió no terminar aún con su vida y disfrutar del momento viendo como la doctora se arrastraba intentando salvar su propia vida.

- ¿Qué me ofreces a cambio de tu vida? - murmuró con rintintín mientras Wilson continuaba agarrada a la cama como si la vida le fuera en ello.

- No tengo nada que ofrecerte - gruñó ella expectante intentando simular que no tenía miedo cuando en realidad, los nervios la carcomían por dentro.

- ¿Eres cirujana? - continuó interrogándola el hombre mientras caminaba de un lugar a otro con el revólver en la mano derecha. Se acercó a la ventana y cargó el arma haciendo que la doctora cerrara los ojos con fuerza y se agarrara más fuertemente a la cama.

- No, si te parece soy veterinaria - soltó ella irónicamente mientras el hombre soltaba una risa apagada y sin vida.


- No me gusta tu sentido del humor - bramó el hombre acercándose de nuevo a ella y alzando su arma con fuerza.

La doctora se mantenía tumbada en el suelo, sin moverse y el corazón parecía irle a mil por hora cada vez que se acercaba a ella.

- Ojalá te pudras en la cárcel de por vida, gilipollas - murmuró con voz sincera y bien fuerte.



Nada más escuchar el hombre sus palabras no dudó en apretar el gatillo y disparar a la doctora en el centro de la frente.

El sonido de la bala retumbó en prácticamente toda la habitación.

El cuerpo sin vida de la doctora Wilson se mantenía tendido en el suelo con los ojos muy abiertos.

- Nos veremos en el infierno, zorra - susurró el hombre poniéndose a la altura de ella y riéndose levemente.

La sangre comenzó a inundar todo el suelo. Era de un color rojo pasión y cada vez se extendía más llegando casi a los zapatos del hombre.

Mientras tanto, Jessy se tapaba la boca y lloraba en silencio tras la puerta. Temía que aquel disparo fuera a parar en el cuerpo de Coque. Estaba terriblemente asustada y el miedo corría por sus venas.

Se acurrucó en el frío suelo y aguardó un rato a que el ambiente se calmase y el hombre se marchara.

Finalmente, el hombre se marchó de aquel lugar mirando por última vez a su alrededor. Cerró la puerta con fuerza y emprendió de nuevo su camino.

Coque y Jessy aguardaron un rato más escondidos por temor a lo que podría pasar.

Jessy fue la primera en reaccionar, salió del cuarto de baño con cuidado y abriendo la puerta con lentitud.

- ¿Doctora Wilson? ¿Coque? - murmuró entre lágrimas intentando visualizar lo que ocurría a su alrededor.

- ¿Jessy? ¿Estás bien? - exclamó Coque abriendo los ojos y mirándola fijamente.

- Si, ¿Y tú? - susurró frotándose los ojos inundados de lágrimas y aclarando así la vista.

Corrió hacia la cama donde se encontraba el chico pero resbaló cayendo sobre el cadáver de la doctora Wilson, el cual se encontraba bajo los pies de la cama.

Jessy aguantó sus ganas de gritar fuertemente y miró sus manos impregnadas de sangre.

- ¡Dios mío! - reaccionó al fin apartándose del cuerpo con rapidez y levantándose del suelo.

- ¿Qué ocurre? - preguntó Coque sentándose sobre la cama correctamente.
Este se asombró al observar a Jessy cubierta totalmente de sangre y con la mirada perdida.

- La doctora Wilson está muerta - susurró llorando aún más fuerte y quedándose de pie frente la cama de Coque.

- Por un momento, pensé que te habían disparado a ti. ¡Dios! Todo esto es de locos. Un tipo con una pistola ha entrado en el hospital y ha disparado a la doctora que me atendía - habló Coque para si mismo mientras Jessy se llevaba las manos a la cabeza y lloraba sin más - Tienes que ayudarme con estos cables - dijo Coque al poco tiempo mientras se deshacía de la sonda. Al ver que Jessy seguía bloqueada observando el cuerpo sin vida de Wilson. Se levantó de la cama y ayudándose del aparato que contenía el suero se dirigió hacia Jessy y apoyó una de sus manos sobre su hombro.

- Jess, sé que todo esto es muy fuerte pero debes reaccionar. Tenemos que irnos de aquí y buscar una salida. Puede volver y la próxima vez no saldremos ilesos de aquí - le susurró cariñosamente mientras ella dejaba de llorar y le miraba fijamente a los ojos.

- Esta...Esta bien - respondió tartamudeando mientras Coque le sonreía intentando calmarla.

- Así me gusta. ¿Puedes ayudarme a caminar? Así llegaremos más rápido.

Jessy le agarró por la cintura y él se apoyó en ella para poder caminar mientras aguantaba de la vía.

Antes de salir de la habitación, comprobaron que ya no quedaba nadie en la planta y salieron directos al ascensor caminando con lentitud por lo que pudiese pasar.

- Coque, ¿todos ellos son cirujanos? - murmuró Jessy dirigiéndose a los cadáveres y tragando saliva a medida que avanzaban entre ellos.

- Creo que si. Todos llevan el uniforme - soltó Coque contemplando la multitud de gente completamente muerta.

Al llegar al ascensor, Jessy presionó el botón pero no se sentía el ruido de los mecanismos bajar.

- Déjame a mi - soltó Coque volviendo a darle al botón y aguardando a que bajase o subiese. Volvió a darle repetidas veces pero el ascensor continuaba sin ir.

- ¡Mierda, mierda, mierda! - repitió Jessica entre gritos mientras pegaba con sus puños en la puerta del ascensor.

- Debieron de haberlos cortado por el tiroteo - bramó Coque tocando el hombro de Jess - Aunque le pegues cien mil patadas no va a ir.

Jess se volteó y le abrazó con fuerza mientras las lágrimas salían disparadas de nuevo por sus mejillas.

- Tranquila, ojalá pudiera decirte que todo saldrá bien pero para ser exactos... No lo sé - mencionó Coque siguiéndole el abrazo.

Jess alzó la mirada. Había manchado el camisón de Coque de la sangre de la doctora Wilson.

- ¿Qué vamos a hacer ahora? Tardaremos horas en bajar las escaleras y la planta baja no es segura.

- No tenemos otra alternativa. Si nos quedamos aquí tal vez vuelva - murmuró Coque observándola directamente a los ojos mientras le secaba las lágrimas con los pulgares.

- No quiero morir, Coque - soltó Jess creando un silencio incómodo entre ambos.
Ambos continuaron caminando por la planta buscando las escaleras principales.

La planta era inmensa y parecía no tener fin. Se encontraron con muchísimos cuerpos sin vida, sangre y un ambiente frío y aterrador.

Ambos deseaban salir de allí cuanto antes. Suerte que al menos, se tenían el uno al otro.













Narra Miriam:




Al llegar al hospital, un gran rebumbio de gente se encontraba frente a el. Cientos y cientos de coches de policías se encontraban justo en la entrada. Vallas para restringir el paso, conos de emergencia y cientos de agentes con trajes antibalas invadían el lugar.

Más coches camuflados llegaban al hospital.

El ruido que todo eso provocaba hacía que mis oídos quisieran salir huyendo de allí.

Derek se acercó a mi después de aparcar el auto. Contempló los alrededores con el ceño totalmente fruncido y me miró confundido.

- ¿Qué ha ocurrido? ¿Esos son policías armados? - señaló él sin dejar de contemplar los alrededores.

- Nada bueno, eso seguro - mascullé mientras uno de los policías pasaba apresurado por nuestro lado. Lo detuve inmediatamente.

- ¿Puede decirme que ha ocurrido? - le pregunté intentando no ponerme de los nervios.

- Un hombre armado ha entrado en el hospital. Ha disparado a un número importante de personas. Estamos preparándolo todo para poder entrar y hacer algo al respecto. No puedo decirle nada más, señora. Es lo que sé - me explicó - Va a tener que acudir a otro hospital.

- Mi hermano está ahí dentro - exclamé mirándole mientras el mundo se me caía encima.

- Lo lamento. Haremos todo lo posible para sacar al máximo número de personas - se lamentó volviendo a su trabajo.

Miré a Derek sin poder dar crédito a lo que estaba ocurriendo.

Él se limitó a cogerme de la mano con fuerza y mirar el hospital.

- No pienso dejar que Coque sea asesinado por un gilipollas con un arma - anuncié recapacitando sobre la situación que estaba viviendo. Coque estaba aún dentro, no podía ni imaginarme por lo que estaría pasando.

- Miriam, no te dejarán entrar. Además es muy peligroso - dijo mirándome a los ojos y leyéndome el pensamiento.

- Derek, ya pasé por esto una vez. Sentí que le perdía... No quiero volver a pasar por lo mismo.

Me mantuve firme y testaruda. Nada me haría cambiar de opinión. Iba a entrar, costase lo que me costase.

- Hazlo por mi, no quiero perderte Miriam. Acabo de recuperarte - murmuró sin dejar de cogerme de las manos y acariciando mi mejilla con ternura.

- Lo siento - susurré a su oído soltando sus manos y echando a correr directamente a la entrada del hospital. Un montón de guardias resguardaban el lugar. No tuve más remedio.

Opté por entrar por la puerta trasera de emergencias. No había moros por la costa. Tenía la vía libre.

Forcé las puertas pero estaban cerradas. Probé de nuevo y finalmente, cogí una barra de metal que se encontraba en el suelo e hice fuerza consiguiendo abrir la puerta.

Una vez dentro no pude ni imaginarme lo que había al mi alrededor.

El policía tenía razón. El hombre estaba armado y había matado a un número indecente de personas.

Aún así, no tenía miedo. Tenía que encontrar a mi hermano lo antes posible, previamente que el tipo armado.

El tiempo corría, debía darme prisa.

Me aventuré por los pasillos del hospital sin un rumbo fijo.

Sin miedo, sin rumbo, sin remordimientos y llena de esperanza.

Si, así me sentía.